DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 12: Sellado

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 12: Sellado

En el futuro, en el planeta del Gran Kaio, Goku y nuestro Gohan se encuentran sobre el ring del torneo.

Goku hace unos estiramientos y da unos brincos antes de ponerse en guardia.

– “Muéstrame de lo que eres capaz.” – sonríe Goku.

Gohan, al que los Kaioshin han vestido con el gi de su padre, se ajusta las muñequeras antes de ponerse también en guardia.

– “Puede que te sorprendas, papá.” – sonríe el mestizo.

Los dos guerreros se abalanzan el uno contra el otro y desaparecen.

– “¡OH!” – exclama el Kaio del Sur. – “¡Qué velocidad!”

Los guerreros Z y Paikuhan siguen el combate perfectamente. Los golpes retumban en todo el estadio.

En el cielo Gohan y Goku están enzarzados en un intercambio de golpes sin perder la sonrisa.

Finalmente, tras un choque, los dos dan varias volteretas hacia atrás en el aire y caen en guardia, listos para el siguiente asalto.

– “No está nada mal.” – dice Goku.

– “Je, je” – ríe Gohan.

– “Pero ahora se acabó el calentamiento…” – advierte su padre.

Goku se pone en pie y aprieta los puños. Su aura estalla, transformándose en Súper Saiyajín… pero el guerrero continúa.

– “¡HAAAAAAAAA!” – grita mientras su aura se torna aún más violenta, su cabello se eriza más, y rayos de ki chasquean a su alrededor.

Gohan no pierde la sonrisa.

– “Súper Saiyajín 2, ¿eh?” – dice el mestizo.

– “¿Eh?” – se sorprende Goku. – “¿Ya lo conoces?” – dice con cierta decepción.

Gohan se pone en pie, relajado.

– “Siento decírtelo, papá…” – dice el mestizo. – “Pero voy a ganar este combate.”

– “Je…” – sonríe Goku. – “Pareces muy seguro de ti mismo…”

– “Je” – ríe Gohan.

El mestizo aprieta sus puños.

– “¡HAAA!” – exclama Gohan.

Un estallido de ki incoloro barre el lugar, haciendo que varios Kaio caigan al suelo y que el Gran Kaio pierda el sombrero.

Shin, Kibito y los guerreros Z se cubren ante el devastador poder demostrado por el chico.

– “¡IMPRESIONANTE!” – exclama Mirai Gohan. – “¡¿ESE ES MI POTENCIAL?!”

Gohan deja de emitir energía y todo vuelve a la calma.

Goku se ha quedado boquiabierto.

– “No… no me lo esperaba…” – dice el saiyajín.

– “Sabía que el potencial de Gohan era extraordinario, pero…” – dice Piccolo.

Son Goku vuelve a su estado base y se cruza de brazos.

– “Vaya…” – protesta el saiyajín. – “No esperaba estar tan lejos de los límites de un saiyajín…”

Mirai Gohan, ante tal demostración, agacha la cabeza y cierra los ojos con fuerza. Un terrible pensamiento le perturba.

– “Con un poder así… podría haber derrotado a los androides…” – piensa el mestizo. – “Todo podría haber sido distinto… Maldición…”

Un súbito toque en su hombro le saca del trance; es nuestro Gohan.

– “Sé lo que estás pensando…” – dice el mestizo del presente. – “Y no es cierto. La llegada de Cell y Trunks a nuestro mundo cambió la historia. No te culpes por algo que no estaba bajo tu control.”

– “Pero yo…” – dice Mirai Gohan, mientras derrama una lágrima.

Piccolo pone la mano en su espalda.

– “Nosotros estamos orgullosos de lo que hiciste, Gohan”. – dice el namekiano.

– “Entrenaste a Trunks y le convertiste en un guerrero extraordinario.” – dice Krilín.

– “Pasar el testigo a veces es la parte más difícil.” – dice Goku, que baja del ring para reunirse con su hijo. – “No tienes nada de lo que arrepentirte.”

– “Chicos…” – se seca las lágrimas Mirai Gohan.

En el otro futuro, Mirai Trunks, Shin y Kibito, acompañados por Goku, Gohan y Trunks de esa línea, han viajado hasta el mundo de los Kaioshin.

Goku y Gohan están sentado en el suelo, soplándose las manos rojas. Trunks intenta arrancar la espada, transformado en Súper Saiyajín, pero ésta no se mueve; sus manos resbalan y él se cae sentado al suelo.

– “¡Es imposible!” – protesta el mestizo.

– “Vaya…” – suspira Trunks. – “Así que vosotros tampoco podéis…”

– “Qué extraño…” – murmura Shin.

– “Es que esto no es un artefacto apto para mortales…” – presume Kibito.

– “¿Tú puedes arrancarla?” – dice Goku mirando al Dios de reojo, con cierto retintín.

– “Ese no es el tema…” – responde Kibito, con una gota de sudor en su frente.

De repente, una terrible sensación embarga a la vez a los Dioses de las dos líneas temporales, que reaccionan del mismo modo.

– “¡¿QUÉ HA SIDO ESO?!” – pregunta Shin.

– “Ha… ha sido por allí…” – señala Kibito al cielo.

– “Eso… eso era…” – titubea Shin.

Los Piccolo tienen un terrible presentimiento.

– “Namek…” – murmuran aterrados.

En el presente, en el Planeta Sagrado, Black aparece. Solo el anciano Kaioshin le espera, sentado de rodillas.

– “Tú…” – murmura el Dios caído.

– “Ha pasado mucho tiempo, Hakaishin…” – responde el viejo.

El enemigo revela su verdadera forma. Un Kaioshin de piel azul y cabello blanco largo, con dos franjas rojas en la cara, los ojos inyectados en sangre, vestido con elegante ropajes negros y capa.

Dibujado por dsp27

Black levita lentamente hasta el anciano.

– “Ya sabes a lo que he venido, Gowas…” – dice el Hakaishin.

– “No te saldrás con la tuya.” – dice el Ro Kaioshin. – “No ganarás.”

– “¿Vas a enviarme a otro de tus elegidos?” – se burla el Dios caído.

El anciano suspira.

– “Me lo temía…” – dice el viejo. – “Pobre Piccolo… Puedo sentir su energía en ti.”

– “Ese namekiano me sirvió para recuperar mi cuerpo.” – dice Black. – “Gracias a él, vuelvo a caminar por este mundo.”

El viejo niega con la cabeza, resignado. Zamas sonríe.

– “Cuando te liberaste de tu encierro, era cuestión de tiempo que yo hiciera lo mismo.” – dice Black. – “Los sellos que impusieron los Dioses se debilitaron. ¡Y ahora podré vengarme! Podré recrear el mundo como debería ser…” – gruñe. – “Pero antes de la creación…”

– “No has cambiado…” – le interrumpe el Dios. – “Zamas.”

Black se sorprende de que el anciano pronuncie su nombre después de tantos años.

– “Ligar el poder que me robaste a tu vida fue un error.” – dice el Dios caído.

– “¿Eso crees?” – murmura el viejo.

Black levanta su brazo hacia el cielo. Una luz mirada baña la zona. El Dios de la destrucción ha activado su espada de ki.

– “Con tu muerte, recuperaré todo mi poder.” – dice Black.

El anciano cierra los ojos, meditando, y agacha la cabeza.

Black parece confuso y molesto ante la actitud contemplativa del Dios.

El anciano Kaioshin esboza una media sonrisa.

Un espadazo acaba con la vida de nuestro anciano amigo.

En los dos futuros, Kibito y Shin han viajado a Namek, pero se encuentran en mitad del espacio.

– “Es terrible…” – sufre el Kaioshin del Este.

En el futuro en el que está atrapado nuestro Gohan, él, Mirai Gohan y Goku están en el planeta de los Kaioshin, intentando arrancar la espada sin éxito.

– “Lo suponía… pero teníamos que intentarlo.” – dice Gohan.

– “Tendremos que encontrar a Trunks.” – sugiere Mirai Gohan.

– “Al fin y al cabo, él es el héroe que acabó con los androides y Cell…” – añade Goku.

Shin y Kibito aparecen en el planeta, interrumpiendo la conversación.

– “¿Qué ha pasado, Kaioshin?” – pregunta Gohan.

– “Namek…” – dice Shin. – “…ha desaparecido.”

Nuestros amigos quedan aterrados ante tan terrible información.

En el otro futuro, lo mismo ha ocurrido. Shin y Kibito han regresado al Planeta Sagrado y han informado a Mirai Trunks y a sus nuevos amigos, que han quedado devastados.

En el presente, Black ríe frente al cuerpo sin vida del Ro Kaioshin.

– “¡JAJAJAJAJA!” – su carcajada retumba en todo el planeta.

El Dios caído aviva su oscura aura, que arde como una llama morada… pero al poco tiempo siente que algo no va bien.

– “¿Eh?” – se extraña. – “¿Qué ocurre? ¿Por qué no soy más fuerte?”

El Dios cierra sus puños con rabia y aprieta los dientes, furioso.

– “Ese vejestorio…” – refunfuña. – “Ese viejo miserable… Me la ha vuelto a jugar… ¡¡MALDITO SEAS, GOWAS!!” – grita mientras hace estallar su energía.

En un planeta lejano, Son Goku abre los ojos de repente.

– “¡¿EH?!” – se incorpora, inquieto. – “¿Qué ha sucedido…?”

Goku se encuentra tumbado en mitad de un planeta de hierba amarillentsa alta que recuerda a un campo de trigo.

Shin y Kibito están cerca de allí, mirando al cielo, asustados ante el devastador poder del Hakaishin.

– “Antepasado…” – sufre el Kaioshin del Este. – “Lo siento…”

– “¿Qué?” – se pregunta Goku. – “¡¿Dónde estamos?!”

Shin y Kibito parecen ligeramente aliviados al ver que Son Goku ha despertado.

– “Son Goku…” – suspira Shin.

El saiyajín se pone en pie.

– “No siento el ki de Vegeta…” – se preocupa Goku. – “¿Dónde está?”

Shin y Kibito agachan la cabeza. Goku entiende la situación.

– “Maldita sea…” – refunfuña el saiyajín entre dientes. – “Esto va de mal en peor…”

Una violenta corriente de aire azota el Planeta Sagrado en los dos futuros.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se pregunta nuestro Gohan.

– “¡¿Qué es esto?!” – se pregunta Mirai Trunks en el futuro alternativo.

A los Dioses les embarga una terrible sensación.

– “Ese poder…” – sufren los Shin. – “Es…”

– “Es el poder de un Dios…” – responden los Kibito.

En la Tierra, en el presente, Dende se encuentra de rodillas en el suelo.

– “No… Namek…” – sufre el namekiano.

– “Kamisama…” – intenta ayudarle Mr. Popo.

– “¡¿Y mi padre?!” – se preocupa Trunks.

– “¡¿Qué le ha pasado a Vegeta?!” – pregunta Bulma. – “¿Ha ganado?”

Majin Bu alza su mirada hacia el cielo, preocupado, con una gota de sudor frío recorriendo su sien.

– “¿Qué ocurre, Bu?” – pregunta Trunks.

– “Nuestro enemigo sigue vivo…” – dice el monstruo.

Los presentes se quedan perplejos.

En el Planeta Sagrado, la realidad se resquebraja como si fuera un cristal; el cielo muestra grietas de luz morada, cuyo brillo tiñe la escena.

Finalmente, la realidad se rompe y sus fragmentos se precipitan contra el suelo del planeta de los Kaioshin. Una silueta oscura puede intuirse a través de la lluvia de cristales.

DBSNL // Capítulo 200: Heeter

DBSNL // Capítulo 200: Heeter

“No hagas nada estúpido…”


En Jung, nuestros amigos han aterrizado en una planicie

– “Oro azul…” – dice Pino al observar el brillo azulado que cubre el planeta.

Gohan, Pino y Krilín se disponen a salir del vehículo.

– “Quedaos en la nave.” – dice Gohan. – “No es necesario que vayamos todos.”

Ten Shin Han asiente.

– “Cuidaré de ellos.” – dice el maestro de Artes Marciales.

Gohan, el Número 16 y Krilín emprenden el vuelo. 

Muy lejos de allí, en el planeta Kabocha, Trunks, Shula, Reitan y Lemin han aterrizado en las afueras de una ciudad en ruinas y salen de la nave.

– “¿Por dónde empezamos?” – pregunta Trunks.

Reitan parece inquieto.

– “Me quedaré protegiendo la nave.” – dice el herajín.

– “¿Protegiéndola?” – se extraña Shula.

Lemin mira de reojo al herajín, con desconfianza.

Trunks se acerca a Reitan en tono conciliador.

– “¿Qué te ocurre?” – pregunta el saiyajín. – “Desde que nos dieron la misión estás muy irascible…”

– “No me gusta este lugar…” – protesta el herajín.

De repente, un ki sorprende a los presentes.

– “Alguien se acerca.” – murmura Shula.

Frente a ellos, la mujer pirata con rastas aterriza.

– “Hola, muchachos…” – saluda ella. – “Hola, Reitan.”

Shula y Trunks miran a su compañero, sorprendidos de que la mujer le conozca. Reitan frunce el ceño, incómodo.

En Jung, Gohan, Pino y Krilín sobrevuelan la zona y pronto se topan con un desfiladero artificial del que provine una escandalera.

– “¿Qué estará pasando ahí?” – se pregunta Gohan.

– “No seamos imprudentes…” – dice Krilín. – “Lo más sensato es buscar la Dragon Ball y…”

Gohan desciende. Pino lo sigue.

– “Maldita sea…” – protesta Krilín, que se resigna y se une a sus amigos.

Los tres aterrizan en el fondo del desfiladero. Soldados de armadura carmesí hacen guardia. Gente de múltiples razas trabaja picando piedra, muchos de ellos vestidos con harapos y con pintas de pordiosero.

Los gritos provienen de un soldado, que castiga con un látigo de energía a un anciano beppan muy cansado, que sufre de rodillas la penitencia a la que lo han sometido.

– “¡¡¿CREES QUE PUEDES DESCANSAR CUANDO QUIERES?!!” – grita el soldado, que azota al viejo. – “¡¡ESTÁS AQUÍ PARA TRABAJAR!! ¡¡AGRADECE QUE SIGUES VIVO!!”

Cuando va a azotar de nuevo al viejo, sin previo aviso, el soldado sale disparado y se estampa contra un muro, quedando incrustado en él; falleciendo en el acto. Gohan le ha propinado una patada por sorpresa. El látigo cae al suelo y se desactiva, quedando reducido a un cilindro metálico de unos veinte centímetros.

Una decena de soldados, alarmados por el estruendo, corren a ver lo ocurrido y pronto rodean a nuestros amigos.

Krilín socorre al anciano, mientras Gohan y Pino lo escoltan.

Los soldados desenfundan sus artefactos, pero estos al activarse revelan espadas de energía.

– “No queremos problemas.” – dice Pino.

Gohan aprieta sus puños con rabia.

– “Miserables…” – gruñe el mestizo. – “Esclavizar a esta gente…”

Gohan da un paso al frente y los soldados se ponen en guardia.

– “¡NO TE MUEVAS!” – exclama uno.

El mestizo alza su mano y con un empujón de energía hace saltar por los aires a varios enemigos.

– “¡MISERABLE!” – exclama otro soldado, que carga contra el mestizo.

Pero la voz de un superior lo detiene.

– “¡¡ALTO!!” – exclama el hombre de los Heeters.

Sus hombres se frenan sin dudar.

– “¡Estos hombres son invitados del señor Heeter!” – anuncia el superior. – “¡Son bienvenidos!”

– “¿Eh?” – se extrañan nuestros amigos.

– “Por favor, acompáñenme.” – añade el tipo haciendo una reverencia.

Nuestros amigos se miran entre ellos y luego siguen al soldado.

En Kabocha, la mujer se ha presentado ante Trunks y sus amigos.

– “Bienvenidos al planeta Kabocha.” – dice ella. – “El señor Nádor me envía para recibiros.”

– “¿Ha dicho Nádor?” – frunce el ceño Trunks, que ha oído ese nombre en la Patrulla.

– “Esto será un problema…” – murmura Shula.

La mujer sonríe.

– “¿No vas a presentarme a tus nuevos amigos, Reitan?” – dice ella en tono burlón.

El herajín parece nervioso.

– “¿De qué la conoces, Reitan?” – pregunta Trunks.

El cazarrecompensas ignora a Trunks.

– “No he venido a pelear, Macki” – dice Reitan.

– “Eso ya lo imagino…” – responde ella. – “No serías tan idiota.”

– “Déjanos hablar con el señor Nádor.” – dice Trunks. – “Nos iremos sin causar problemas.”

Macki ríe en tono burlón.

– “Aún no lo entendéis, ¿verdad?” – dice ella.

La mujer extiende su mano y dispara una esfera de ki verde. Nuestros amigos evaden el ataque saltando por los aires, pero la nave tek-tek es destruida

– “¡La nave!” – exclama Trunks.

– “Maldición…” – gruñe Shula.

Reitan agarra su espada, pero antes de poder desenvainar, Macki aparece a su espalda y le propina un golpe con sus puños unidos como un martillo.

El herajín se estrella contra el suelo.

– “¡REITAN!” – exclama Trunks.

Shula apunta a la mujer con su cañón de antebrazo y no duda en disparar, pero ella se revuelve y repele el golpe con una patada, desviándolo hacia el cielo.

Lemin aterriza en una colina cercana y se limita a observar.

Macki embiste a Shula, que con su brazo metálico se protege de una terrible patada que lo empuja contra una montaña cercana en la que se estrella.

Trunks lleva la mano a su espada, pero recuerda que la dejó en Dorakiya como fianza por la nave.

– “Maldición…” – protesta el mestizo.

Macki se abalanza sobre él y se dispone a propinarle un puñetazo, pero Trunks lo esquiva en el último momento y contraataca de la misma forma, sorprendiendo a su adversaria, que aún así logra esquivar el golpe sufriendo solo un pequeño arañazo en la mejilla.

Ambos guerreros retroceden a la vez y descienden, tomando tierra.

– “Hmmm…” – sonríe Macki.

La mujer se limpia la herida con el pulgar y observa como éste se ha manchado de sangre.

– “Eres hábil…” – dice ella. – “¿Quién eres?”

Trunks se pone en guardia.

– “Eso debería preguntar yo…” – dice el mestizo. – “¿Por qué nos atacas? ¿De qué conoces a Reitan?”

La media sonrisa de Macki se convierte en una mueca feroz. La mujer embiste a Trunks sin previo aviso, pero Trunks reacciona veloz, saliendo a por ella e interceptándola con un puñetazo en el estómago.

Macki sale volando hasta adentrarse en la ciudad en ruinas, destruyendo todos los edificios que encuentra a su paso.

Trunks suspira como alguien que ha terminado su trabajo.

Shula se acerca al mestizo.

– “Tu habilidad me sigue sorprendiendo.” – sonríe el ira-aru.

– “Tendremos que interrogarla…” – dice Trunks.

– “Yo me encargaré de eso.” – responde Shula.

La voz de Reitan les interrumpe.

– “Esto no ha terminado…” – dice el herajín. – “No será tan fácil…”

En Jung, nuestros amigos han sido guiados hasta la nave pirata ovalada.

– “Es aquí.” – dice el soldado. – “El señor Heeter os espera dentro.”

– “¿De verdad vamos a entrar?” – pregunta Krilín.

– “Esto me trae recuerdos…” – murmura Gohan.

– “Sabes que es una trampa, ¿verdad?” – dice Pino.

– “Siempre lo es…” – suspira el mestizo.

La entrada se ha abierto y una gran rampa se posa en el suelo, dejando pasar a nuestros amigos.

Gohan, Pino y Krilín se adentran en la nave.

Desde el despacho de Heeter, el pirata espacial observa al trío a través de un monitor.

– “Bien…” – sonríe el orondo líder, mientras con su dedo índice activa un auricular inalámbrico. – “Adelante.”

La compuerta se cierra tras nuestros guerreros, que se encuentran a oscuras en una habitación.

En la nave de la Patulla Galáctica, Ten Shin Han medita sober el techo de la nave, arrodillado, con los ojos cerrados.

– “¡¿EH?!” – despierta de sopetón.

Ten Shin Han logra evitar la acometida de un enemigo en el último momento, dando una voltereta en el suelo. Es el pirata grandullón que antes escoltaba a Heeter, que ha atravesado el casco de la nave de un puñetazo.

– “¡¿Quién eres tú?!” – pregunta Ten, poniéndose en pie.

El pirata sonríe con bravuconería.

En la nave pirata, nuestros amigos se encuentran a oscuras.

– “No veo nada…” – dice Krilín.

Los ojos de Gohan brillan de color verde, pero antes de que llegue a transformarse las luces del lugar se encienden e iluminan una gran sala circular.

– “¡BIENVENIDOS!” – saluda Heeter. – “Estáis en mi humilde morada. Soy el famoso y temido pirata Heeter. ¡Y vosotros sois mis invitados!”

– “¿De qué va esto?” – murmura Krilín.

– “¡Buena pregunta!” – responde el altavoz. – “Es muy sencillo.”

Las paredes se convierten en pantallas y éstas muestran a varios patrulleros encarcelados.

– “Vamos a jugar a un juego…” – dice Heeter. – “Yo me encuentro en lo más alto de esta nave. En cada nivel os espera uno de mis mejores luchadores que…”

Gohan aprieta los dientes mientas el pirata continúa su discurso.

– “No tengo tiempo para esto.” – refunfuña el mestizo.

– “¿Eh?” – dice Krilín. – “¿Qué quieres decir…?”

El ki de Gohan estalla, transformándose en Súper Saiyajín mientras atraviesa el techo de la sala.

– “¿Eh?” – se extraña Heeter en su despacho, que ve como sus cámaras se apagan piso a piso rápidamente. – “Pero, ¿qué…?”

Gohan atraviesa repentinamente el suelo del despacho, transformado en Súper Saiyajín.

– “¡¡¡YAAAAAAH!!!” – grita Heeter, aterrado, que cae de su silla de espaldas.

El mestizo se posa frente a él.

– “Libera a los patrulleros.” – dice Gohan, muy serio.

– “¿Qué…?” – dice Heeter, asustado. – “Pero… se suponía que… mi juego…”

Gohan le apunta con la mano.

– “Y libera a la gente que tienes esclavizada.” – añade el mestizo.

Krilín y Pino salen del agujero creado por Gohan y se posan a su lado.

Pino mira de reojo al mestizo con cierta suspicacia.

La mano de Gohan se ilumina.

– “La gente como tú…” – gruñe el mestizo. – “Freezer, Cell, Babidí… Sois todos deplorables…”

– “Gohan…” – se preocupa Krilín.

Una esfera de ki se materializa.

– “¡ESPERA! ¡ESPERA!” – exclama Heeter, nervioso. – “¡SI ME MATAS…! ¡VUESTROS AMIGOS…!”

Pino agarra el brazo de Gohan.

– “Espera.” – dice el androide. – “¿Nuestros amigos?” – le dice a Heeter.

El pirata respira aliviado.

– “Sí…” – se pone chulesco. – “Eso es… Vuestros amigos morirán si me hacéis daño…”

– “¿Qué amigos?” – pregunta Krilín.

De repente, un cuerpo atraviesa el techo de la nave, sorprendiendo al trio de guerreros; es Ten Shin Han.

– “¡TEN!” – exclama Krilín, que se agacha para socorrer a su compañero.

Gohan alza su mirada al cielo y, a través del agujero en el techo, puede ver a al grandullón, con Mai inconsciente bajo su brazo izquierdo.

– “Je…” – ríe el pirata, fanfarrón.

Heeter ríe aliviado.

– “Ja, ja, ja… Justo a tiempo, Oil…” – dice el pirata.

Gohan se coloca debajo del agujero y se prepara para alzar el vuelo, pero Pino le agarra el brazo.

– “No hagas nada estúpido…” – dice el Número 16. – “Desde que hemos llegado a Jung te estás precipitando.”

– “Me libraré de él en un instante.” – responde Gohan.

– “Si cometes un error, Mai lo pagará.” – le recuerda Pino.

Gohan parece contrariado, pero finalmente asiente.

– “Tienes razón.” – dice el mestizo. – “Tendré cuidado.”

Pino suelta a Gohan y éste sale de la nave por el orificio del techo.

– “Je, je, je…” – ríe el grandullón al Súper Saiyajín. – “Qué transformación tan curiosa…”

En Kabocha, Trunks y los demás ven a Macki caminar hacia ellos desde la ciudad en ruinas. Pese a haber recibido un duro golpe, no parece dispuesta a rendirse y en su rostro hay dibujada una sonrisa maliciosa.

En Jung, Oil lanza a Mai hacia Gohan, que la caza al vuelo.

– “¿Eh?” – se extraña el mestizo.

El pirata aprieta sus puños y una corriente de energía hace que su cabello se ondule, deshaciendo sus rastas. El pelo se tiñe de rojo y su piel azulada se torna verde.

– “¿Qué significa esto?” – se pregunta Gohan, confuso. – “Acaso sois…”

– “¡¡HAAAAAAA!!” – grita Oil, haciendo que su aura verde estalle y su musculatura aumente.

– “Herajín…” – murmura el mestizo.

En Kabocha, lo mismo ocurre con Macki, cuyo poder estalla al transformarse.

– “Me lo temía…” – murmura Trunks. – “Justo como Reitan…”

– “Justo como tú…” – dice el herajín.

– “¿Qué?” – reacciona confuso el mestizo.

ESPECIAL DBSNL /// El camino del ciego (Antología) // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte I: Inugami

El camino del ciego (Antología) / Parte I: Inugami

“¿Darías tu vida a cambio?”

En el lejano Inushisei, siglos antes de la creación de Hildegarn, un misterioso ser encapuchado vaga por las calles del planeta, que goza de una civilización próspera de carácter clásico.

La raza de perros humanoides disfruta de una época de esplendor. Varios de ellos han sido considerados para el puesto de Kaioshin en varias ocasiones; muchos lo fueron en el pasado… pero en los últimos milenios, ese honor ha caído siempre en manos de los habitantes de Ira-aru, que ya han fundado una Academia destinada a preparar a los futuros candidatos a tal puesto de responsabilidad.

Los inushi no buscan gloria ni poder. Son una civilización con un carácter muy espiritual. Milenios atrás, adoraban a un Dios vengativo llamado Inugami, pero su templo fue enterrado en el corazón de una montaña para evitar su culto, pues con el tiempo llegó a ser considerado peligroso; una leyenda negra del planeta.

Un misterioso encapuchado abandona la ciudad y camina a través de una zona desértica, caminando durante horas, hasta que llega al pie de la montaña. El misterioso forastero examina el lugar y pronto identifica una gran roca con el kanji “Shin” grabada en ella.

El forastero utiliza la uña de su dedo índice para escribir una serie de jeroglíficos alrededor de la inscripción, y luego coloca la palma de su mano sobre el kanji principal.

Los jeroglíficos se iluminan y hacen brillar el kanji con luz blanca, que pronto se torna roja. La piedra se resquebraja y finalmente se fractura por completo, derrumbándose y revelando una entrada.

El encapuchado entra en la tenebrosa cripta.

Tras un largo camino entre túneles oscuros, el forastero llega al viejo templo sepultado y, sin dudarlo, se adentra en él.

El encapuchado llega a la sala principal, una zona amplia adornada por un altar en el que se encuentra una reliquia sagrada; una cabeza de inushi momificada, de gran tamaño.

El forastero pretende agarrar la cabeza del perro, pero ésta brilla intensamente con luz blanca y hace que el encapuchado se detenga.

Un cuerpo de luz brota de la cabeza Inushi. Un gigantesco perro se planta frente al extranjero.

– “¿Quién eres?” – pregunta la fantasmagórica aparición.

– “Alguien que busca respuestas.” – responde el forastero.

– “Si has sido capaz de llegar hasta mí, creo que no te falta conocimiento, brujo.” – dice el perro.

– “Quiero más.” – insiste el forastero. – “Quiero saberlo todo sobre los Dioses.”

– “Ese conocimiento no está permitido entre los mortales.” – responde el fantasma.

– “Lo necesito.” – dice el brujo. – “Necesito saber.”

– “¿Darías tu vida a cambio?” – pregunta el cánido.

– “Sí.” – responde el encapuchado. – “Cuéntamelo todo y luego toma mi vida.”

El perro se sorprende de que alguien sea capaz de aceptar ese trato.

– “Está bien.” – dice el perro, intrigado. – “Responderé tus preguntas.”

– “¿Cuántos Dioses hay?” – pregunta el forastero.

– “El hecho de que preguntes eso ya me dice que sabes más de lo que deberías…” – murmura el Dios. – “Cuatro Kaioshin protegen los distintos sectores del Universo.” – revela. – “Todos bajo el mando del Dai Kaioshin. Juntos se encargan de velar por la seguridad de los mortales.” – explica. – “Su contraparte es el Hakaishin, encargado de mantener el orden del universo eliminando las grandes amenazas y anomalías que aparecen. Mantiene el curso natural de la creación.”

– “Tú eras uno de esos Kaioshin…” – murmura el encapuchado. – “Inugami.”

– “Así es” – dice el antiguo Dios. – “Los sacerdotes de mi pueblo estaban entre los elegidos por los Dioses para optar al puesto de Kaioshin.”

– “¿Qué pasó para que te repudiaran?” – pregunta el forastero.

– “Una gran pandemia azotaba este planeta. Mi mundo.” – narra Inugami. – “Compartí mi luz con sus habitantes para protegerles. Actué de forma egoísta, salvando a mi gente y alterando el curso del Universo.”

– “Y fuiste castigado…” – murmura el brujo.

– “Fui repudiado por los Dioses.” – dice Inugami. – “Regresé a mi planeta, relevado de mi cargo. Fui recibido como un héroe, construyeron templos en mi honor y fui alabado durante milenios…”

– “Pero te olvidaron…” – dice el forastero.

– “Me culparon de que los Dioses dejaran de confiar en los inushi para ocupar los puestos sagrados.” – dice el Dios. – “Enterraron mi templo y mi pasado. Solo unos pocos recuerdan mi historia.”

El encapuchado murmura mientras parece meditar.

– “¿Complacido?” – pregunta Inugami.

– “¿Se puede matar a un Dios?” – pregunta el forastero.

– “Hmm…” – gruñe el can. – “¿Qué pregunta es esa?”

– “Una que entra en nuestro acuerdo.” – le recuerda el encapuchado.

– “Los Dioses son mortales.” – dice el inushi. – “Su puesto no les da inmunidad.”

– “Interesante…” – dice el encapuchado. – “Pero… ¿Qué hay por encima de ellos?”

– “¿Eh?” – se extraña Inugami. – “¿Por encima?”

– “Has dicho que los Kaioshin son elegidos.” – dice el brujo. – “¿Quién los elige? ¿Quién los puso allí?”

– “Alguien que sobrepasa cualquier poder comprensible para los mortales… y para los Dioses.” – revela el perro. – “La creación y la destrucción personificadas.”

– “¿Dónde le encuentro?” – pregunta el brujo.

– “Ja, ja, ja…” – ríe el cánido. – “Eso no es posible…”

– “Que forma tan hipócrita de decir que no lo sabes.” – dice el forastero con retintín.

– “¿Cómo dices?” – se ofende el viejo Dios.

– “Tu información me ha sido útil, pero insuficiente…” – murmura el encapuchado.

– “Cuida tus palabras, forastero…” – replica Inugami. – “Puedo tomar tu vida con rapidez o regocijarme en tu sufrimiento…”

– “Eso no ocurrirá.” – dice el extraño.

El perro muestra los dientes y luego se abalanza sobre el encapuchado.

Rápidamente, éste retrocede, evadiendo el mordisco del inushi.

El encapuchado se planta de nuevo. El perro gruñe.

– “¿Olvidaste nuestro trato?” – pregunta Inugami.

– “La palabra de un Dios no vale nada…” – responde el encapuchado. – “¿Por qué debería seguir atado a la mía?”

Inugami gruñe y enseña los dientes.

– “Morirás, forastero.” – sentencia el perro.

– “Algún día…” – responde el forastero. – “Pero no será aquí… no será hoy…”

La capucha que ocultaba el rostro del personaje ha caído; un hombre de piel azul y aspecto cabrío, con hocico, cuernos encorvados y barba blanca corta, con unas pocas arrugas en su rostro.

– “¿Quién eres tú, que osas retar a un Dios?” – pregunta Inugami.

El forastero no responde. Su mirada revela una determinación de la que el inushi se percata.

El perro ataca de nuevo y embiste a su enemigo, que salta hacia un lado, dejando que Inugami se estrelle contra la pared de la sala.

El brujo alza su mano y una columna de piedra brota del suelo bajo la barriga de Inugami, empujándole y estrellándole contra el techo.

De repente, un pulso de luz nace del perro y derrumba la columna de roca, liberándolo.

Inugami embiste de nuevo, pero el brujo se escurre entre las piernas del enemigo, evadiéndolo una vez más.

El perro da un coletazo al brujo, que se protege y sale repelido contra una pared, golpeándose contra ella.

Inugami se da la vuelta y gruñe de nuevo.

– “Hasta aquí ha llegado tu insolencia…” – refunfuña el perro. – “¡DESAPARECE CON MI LUZ!”

Un gran estallido de luz blanca proveniente del inushi inunda la sala.

– “Hmm…” – respira el perro.

Pero de repente, entre el resplandor impoluto, una mancha negra empieza a aumentar de tamaño.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el viejo Kaioshin. – “¡¿CÓMO ES POSIBLE?!”

– “Tu poder es solo una sombra de lo que fue…” – dice el brujo.

La oscuridad avanza por la sala.

El perro frunce el ceño, aterrado.

– “¿Q… quién…?” – tartamudea Inugami. – “¿Quién eres tú?”

La luz desaparece por completo. La oscuridad ahora envuelve a los dos personajes.

El brillo del cuerpo de Inugami cada vez es más tenue.

– “Soy quien doblegará la voluntad de los Dioses…” – responde el brujo.

El cuerpo del perro se desvanece completamente y la cabeza momificada cae al suelo.

El forastero se acerca a ella y la pisa, destrozándola.

– “Me llamo Moro.” – sentencia el brujo.

La ciudad siente un violento temblor y en el horizonte algunos pueden ver la montaña derrumbarse.