DBSNL // Capítulo 205: Oro azul

DBSNL // Capítulo 205: Oro azul

“Recuerdo el sabor de su odio…”

El temblor en Jung se ha detenido. El demonio revela su nueva forma. Múltiples pinchos han brotado de su cuerpo, que ha obtenido un aspecto reptiliano.

Dibujado por Ipocrito

Gohan se posa en el suelo de nuevo, muy serio.

El diablo sonríe con chulería.

– “Je, je, je…” – ríe el dragón.

– “¿Has terminado?” – dice Gohan, manteniendo la compostura.

De repente, del suelo, al lado del demonio, brota una columna de piedra de la que se retira una capa de roca para revelar el rostro de un Baicha enclaustrado, que aprovecha para respirar desesperadamente.

– “¡BAICHA!” – exclama Gohan, asustado al ver al chico.

El demonio se cruza de brazos.

– “Ya no pareces tan tranquilo…” – fanfarronea el diablo.

Gohan aprieta los dientes y sus puños.

– “Te mataré…” – dice el mestizo.

– “Lo dudo.” – responde el enemigo.

De repente, del suelo nacen dos copias suyas hechas de oro azul.

Gohan se pone en guardia.

– “Divirtámonos…” – dice el dragón.

Las copias se abalanzan sobre Gohan.

El mestizo esquiva el puñetazo el primer clon y con un golpe en el abdomen lo destruye.

El segundo ha intentado flanquearlo y atacar por la espalda, pero de una patada lo destroza.

El demonio sonríe.

– “Bien…” – murmura.

Cuatro nuevos clones de oro azul nacen del suelo.

Mientras tanto, en la nave, que sigue hundiéndose tras el terremoto, Krilín ha llegado a los calabozos. Los patrulleros acuden a recibirlo cerca de los barrotes de energía.

El terrícola busca la cerradura y pide que se aparten.

– “¡¡HA!!” – dispara Krilín un ataque de ki.

La cerradura salta por los aires y los barrotes desaparecen.

– “¡¡LIBRES!!” – celebran algunos.

– “¡Hay que salir de aquí!” – dice el terrícola. – “¡Vamos!”

Krilín y los patrulleros corren por los pasillos de la nave, buscando la salida.

En Kabocha, Reitan y Trunks se encuentran incrustados en la fachada de la nave cangrejo.

El herajín usa sus filamentos de ki para intentar recuperar su espada, pero justo cuando ésta vuelve a su mano, Retsu carga contra él y le golpea en el abdomen, haciéndole escupir sangre. Luego agarra su cabeza con ambas manos y le propina un fuerte cabezazo que lo incrusta aún más en el metal.

Trunks se libera y dispara con una mano al enemigo, pero el ataque no le causa ningún daño. 

Elec apunta a Trunks y dispara. El ataque engulle al mestizo y lo empuja contra una montaña cercana.

Elec se prepara para dar un puñetazo a Reitan pero, como un rayo, Trunks carga contra él y le propina una patada en la cara, transformado en Súper Saiyajín 2, apartándolo de su amigo y lanzándolo lejos de allí.

La transformación de Trunks se desvanece, regresando al nivel 1.

Reitan se libera, sangrando por la nariz y la boca. Los dos descienden hasta el suelo.

– “No te quedan fuerzas, ¿eh?” – sonríe forzadamente el herajín.

– “Si estuviera fresco ya habría acabado con él…” – dice Trunks. – “Pero estoy agotado…”

Elec se pone en pie, se limpia el polvo y escupe al suelo.

Reitan y Trunks se preparan para un nuevo asalto. El mestizo reclama su espada y ésta regresa a él. Los dos se ponen en guardia, cada uno con su arma.

Retsu aviva su aura.

– “Ya me he hartado de juegos…” – gruñe el herajín.

Reitan y Trunks responden de la misma forma. Sus auras estallan. 

– “¡¡HYYAAAAAA!!” – gritan mientras cargan contra el enemigo.

Retsu proyecta sus hilos de energía hacia nuestros amigos, pero estos los repelen con sus espadas.

En el momento del impacto, los filamentos estallan, sorprendiendo a los espadachines y repeliéndolos.

– “Creo que subestimáis mis habilidades…” – sonríe Retsu, fanfarrón.

Los dos guerreros se ponen en pie de nuevo, chamuscados por la explosión.

Retsu proyecta de nuevo su ataque hacia Trunks, que evita los filamentos inclinándose hacia un lado… pero el herajín redirige su ataque con un certero movimiento de muñeca y los hilos de energía atrapan al mestizo por la espalda, enrollándose en su brazo derecho, que sostiene la espada.

– “¡¿EH?!” – se asusta Trunks.

Una explosión tiene lugar. Reitan sale repelido a varios metros de distancia. 

La espada de Trunks, que ha salido volando, se precipita girando sobre sí misma, hasta que finalmente queda ensartada en el suelo.

La polvareda se disipa lentamente.

– “Trunks…” – sufre Reitan al ver a su compañero.

El mestizo aparece con su brazo ensangrentado.

– “Maldición…” – gruñe Trunks. 

En Jung, Son Gohan retrocede ante la inmensa cantidad de clones a la que se enfrenta.

– “Esto es ridículo…” – refunfuña el mestizo.

Por cada clon que derrota, dos más aparecen.

– “¡MASENKO!” – dispara Gohan.

Un potente cañonazo de energía desintegra a una decena de enemigos, pero el espacio creado enseguida es invadido por una nueva horda.

– “Je, je…” – sonríe el enemigo.

Gohan se eleva rápidamente, seguido por una columna de enemigos que se amontonan el uno sobre el otro, mientras otros vuelan intentando flanquearle y rodearle.

El mestizo parece agobiado; los enemigos se le echan encima.

– “¡¡YYYAAAAAAAH!!” – grita con todas sus fuerzas, emitiendo una onda expansiva de energía que desintegra todo enemigo a su paso, convirtiendo a los clones de roca en simple polvo.

En la nave ovalada, que sigue hundiéndose, Krilín y los patrulleros no encuentran la salida.

El terrícola, agobiado, opta por la vía fácil.

– “Ka… Me…” – se prepara, apuntando a una pared. – “Ha… Me…”

Los patrulleros miran con cierto recelo al humano.

– “¡¡HAAAAA!!” – dispara Krilín.

Su técnica crea un pasillo hasta el exterior.

– “¡POR AQUÍ!” – anuncia Krilín.

Son Gohan desciende hasta el suelo, cansado.

El demonio sonríe satisfecho.

– “Vaya, vaya…” – dice el enemigo. – “Ya no pareces tan seguro de ti mismo…”

Gohan aviva su aura, pero un centenar de clones brotan del suelo a su alrededor.

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo.

El diablo niega con la cabeza, fanfarrón.

– “Mis clones están creados con poder mágico…” – dice el demonio. – “Puedo hacerlo todo el día sin cansarme.”

Gohan frunce el ceño, pero su mueca de preocupación se transforma lentamente en una sonrisa que confunde al enemigo.

– “Eso significa que ya no puedo andarme con chiquitas…” – dice Gohan. – “Tengo que eliminarte de una vez por todas.”

– “¿Cómo dices?” – protesta el diablo.

La musculatura de Gohan aumenta, sus ojos se quedan en blanco y su ki arde como fuego dorado.

– “¡¿EH?!” – se asusta el diablo.

Gohan embiste. 

– “¡AH!” – grita el demonio, creando una docena de clones entre él y el mestizo.

Pero Son Gohan los destruye a su paso sin detenerse, como una locomotora, y finalmente conecta un puñetazo directo en el rostro del enemigo, que sale proyectado con extrema violencia contra una montaña de oro azul que atraviesa.

En Kabocha, Trunks está malherido y ha perdido su transformación.

– “Esto va de mal en peor…” – piensa el mestizo.

Reitan mira a su compañero con horror.

– “Así no puede luchar…” – piensa el herajín. – “Tengo que hacerlo yo…”

Reitan aprieta el agarre sobre su espada.

– “Antepasados, dadme fuerzas…” – piensa el herajín. – “Por favor… Dadme el poder para defender nuestra raza…”

Desesperado y furioso, Reitan embiste a Retsu, dispuesto a partirlo en dos de un espadazo.

– “¡¡GYAAAAAAH!!” – grita el herajín.

Trunks, al ver a su compañero embestir de esa forma, teme lo peor.

– “¡¡REITAN, NO!!” – advierte el mestizo.

Retsu detiene la espada de colmillo de ozaru entre sus manos.

– “Pobre infeliz…” – gruñe el enemigo.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Reitan.

– “Pronto estarás con tu madre.” – dice Retsu.

Retsu inclina la espada hacia un lado para arrebatársela a Reitan y, con su mano derecha, proyecta filamentos de energía que se enredan nuestro amigo.

– “¡YAH!” – exclama Retsu, tirando de los hilos para estampar a Reitan contra el suelo. – “¡YAH!” – grita de nuevo, lanzando a Reitan en sentido contrario, lejos de allí.

Trunks ha caminado hasta su espada de hierro katchín, y con su mano izquierda, con ciertas dificultades, la levanta.

– “Maldita sea…” – protesta el mestizo, impotente.

Elec, armado con la espada de ozaru, camina hacia Reitan.

– “Has osado enfrentarte a mí…” – dice Elec. – “Oponerte a mi liderazgo no ha sido inteligente, Reitan…”

Reitan se levanta, magullado.

– “No dejaré que lleves a mi raza a la extinción, como casi hizo Bojack…” – responde Reitan.

– “Esta espada que me robaste será la que te juzgue por traición.” – dice Retsu.

– “Esa espada es un símbolo de hermandad entre herajín y saiyajín.” – dice Reitan. – “Y piensas usarla para matarnos a ambos… ¿Eso es lo que entiendes por liderazgo?”

Retsu embiste a Reitan a toda velocidad.

– “¡¡REITAN!!” – exclama Trunks.

El herajín mira a su compañero e instintivamente levanta la mano.

En un instante todo ha terminado.

Retsu y Reitan han intercambiado sus posiciones y se dan la espalda.

De repente, el arma de colmillo de ozaru se parte en dos. 

– “¡¿Qué…?!” – se sorprende Retsu.

Reitan empuña la espada de Trunks.

Retsu cae de rodillas. En su costado luce un corte que empieza a sangrar a borbotones.

– “No… no es posible…” – protesta el herajín, que cae de cara al suelo.

Trunks esboza una media sonrisa.

Reitan tarda en reaccionar, y lo hace con lágrimas en los ojos, en silencio.

Mientras tanto, en el planeta de Zeno, Moro espera sentado en su trono.

– “Señor.” – entra en escena Mojito en el cuerpo de Shiras. – “Parece que los terrícolas han llegado a Jung.”

– “No te preocupes, ángel.” – responde el brujo. – “Sesshoseki iba de camino.”

– “Ya están peleando.” – anuncia el ser celestial.

Moro cierra los ojos y se concentra.

– “Hmm…” – murmura el brujo.

En Jung, Gohan persigue al enemigo que, asustado, alza muros de piedra azulada para intentar detener su avance, pero el mestizo los atraviesa sin dificultad.

Gohan golpea de nuevo a Sesshoseki y desata sobre él una tormenta de patadas y puñetazos.

Moro puede ver el combate con su magia. 

– “¿Qué está haciendo…?” – se pregunta el brujo. – “¿Y quién es ese chico? Pelea como un demonio… Siento una ira desatada…”

Piccolo, meditando en una esquina de la sala, sonríe.

Moro abre los ojos.

– “Que Sesshoseki se deje hacer esto…” – gruñe el brujo. – “Esperaba mucho más de alguien con su rencor…”

– “¿Rencor, señor?” – pregunta Mojito.

Gohan manda a volar al demonio de un puñetazo, luego lo adelanta para remitirlo al suelo de una patada.

El mestizo desciende y se prepara para lanzar un Kamehameha con el que pretende finalizar el duelo.

– “Ka… Me…” – gruñe el mestizo. – “Ha… Me…”

Moro y Mojito continúan su charla.

– “Las almas olvidan sus recuerdos en el Makai…” – dice el brujo. – “Pero el sentimiento que las hizo llegar allí sigue latente para siempre… nutriendo su poder…”

El demonio, malherido, se pone en pie.

Gohan dispara.

– “¡¡GGRRAAAAAHH!!” – brama el mestizo, emitiendo un rugido más simiesco que humano.

Sesshoseki se cubre, aterrado ante un gigantesco torrente de ki que se aproxima a él.

El Kamehameha lo engulle.

Moro suspira.

– “Recuerdo el sabor de su odio…” – sonríe el brujo. – “Perder a alguien querido es un condimento delicioso…”

La luz se disipa en Jung. Un gran surco en el suelo es lo que queda del ataque de Gohan. El polvo y el humo se disipa lentamente.

El mestizo se sorprende al ver una silueta entre la polvareda.

Frente al brujo, una figura femenina hecha de oro azul, como si fuera otro clon, lo ha protegido, interceptando el ataque.

– “¿Eh…?” – se sorprende el mismísimo diablo.

DBZ/S – SAGA BLACK REIMAGINED / Capítulo 15: Clash

DBZ/S – Saga Black Reimagined / Capítulo 15: Clash

En el futuro, en la nave de Babidí, en el nivel más profundo, la bola del cristal del brujo se ilumina.

Dabra, que meditaba cerca de allí, es alertado por el resplandor del artefacto.

– “¿Eh?” – se extraña el demonio.

En una oscura habitación, el brujo está sentado en una pequeña cama circular, tapado con una manta, de espaldas a la puerta.

Dabra entra en el camarote.

– “Señor…” – dice el demonio. 

– “Jamás lo lograremos, Dabra…” – dice el brujo, apenado y sin ganas. – “Todo ha sido en vano… Hace falta demasiada energía… y este planeta está muerto…”

– “Hay alguien en la entrada…” – insiste Dabra.

– “Será otro dientes de sable…” – suspira el brujo.

– “No, Señor.” – dice el demonio. – “Tiene que verlo usted mismo.”

En la superficie, Gohan, Shin y Kibito espera frente a la puerta. El mestizo parece confiado, pero los Dioses tienen dudas. Despertar al temible Majin Bu les aterroriza.

– “¿Qué hacemos ahora?” – pregunta Shin.

– “Esperar.” – responde Gohan.

En el sótano, Babidí no se puede creer quién está en su puerta.

– “Es… es el Kaioshin del Este…” – titubea el brujo. – “Nos ha encontrado…”

– “¿Qué quiere que haga, Señor?” – pregunta Dabra. – “No podemos usar la energía de los Dioses… pero ese chico puede sernos útil… Percibo en él un poder muy por encima de los terrícolas que hemos visto hasta ahora…”

– “¿Muy por encima?” – pregunta el brujo, intranquilo.

– “Extraordinario para un humano…” – sonríe Dabra. – “Pero nada de lo que el Rey de los Demonios no se pueda encargar.”

El brujo sonríe.

– “Bien… bien…” – dice Babidí. – “Dejémosles pasar, pues…”

En la superficie, la compuerta se abre.

– “¡Ya era hora!” – sonríe Gohan, que con decisión entra en la nave.

Shin y Kibito se miran desconfiados antes de seguir al mestizo.

En el otro futuro, Mirai Trunks ha regresado a la Corporación Cápsula. Bulma, vestida con su mono de trabajo, prepara la Máquina del Tiempo para el nuevo viaje de su hijo. Shin y Kibito esperan en una esquina, sorprendidos y curiosos al ver tal aparato.

El mestizo ha contado a su madre el encuentro que tuvo con su versión contemporánea.

– “Me alegro de que esté bien.” – sonríe ella. – “Y también Son Gohan… y Goku…”

– “Están todos bien.” – reafirma el mestizo.

Bulma conecta una manguera de combustible al vehículo.

– “Pronto estará lista.” – dice Bulma, levantando el pulgar.

– “Gracias, mamá.” – responde el mestizo.

Bulma recuerda algo.

– “¡Casi se me olvida!” – exclama ella.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Trunks.

– “Tengo algo para ti.” – le guiña un ojo su madre.

En el presente, en la Atalaya de Kamisama, el cielo se ha teñido de morado con el poder de Zamas, cuyo ki se ha manifestado a su alrededor como si de una llama se tratara.

– “Mortales…” – refunfuña el mestizo. – “No entienden cuál es su lugar…”

Majin Bu y Trunks se preparan para lo peor.

– “Su poder es devastador…” – murmura el monstruo.

Una gota de sudor recorre la sien del mestizo.

– “Señor Kaioshin…” – le dice Trunks a Bu. – “¿Puede llevarse a los demás lejos de aquí?”

– “¿Eh?” – se extraña el Dios.

– “Tengo entendido que los Dioses pueden teletranspotarse a cualquier lugar del universo…” – dice Trunks. – “¿Puede hacerlo usted pese a estar en el cuerpo de Bu?”

Bulma, al oír a su hijo, se acerca a él, asustada y enfadada.

– “¡¡Trunks!!” – protesta ella. – “¡¿Qué estás diciendo?!”

El mestizo sonríe.

– “Hace un momento he podido sentir un futuro en el que no estabais vosotros…” – dice Trunks. – “No dejaré que eso ocurra de nuevo.”

– “¿El futuro?” – se extraña el Dai Kaioshin.

– “¡Kaioshin!” – exclama Trunks, apresurando al Dios. – “¡¿Puede hacerlo o no?!”

Bu sale de su trance y asiente.

– “Puedo hacerlo… Si algo tiene este cuerpo su adaptabilidad…” – dice el monstruo. – “Pero, Trunks… No puedes derrotar a Zamas tú solo…”

Trunks esboza una media sonrisa forzada.

El Dios se sorprende al entender la determinación del chico.

Trunks sale volando hacia el enemigo.

Bulma cae de rodillas mientras extiende la mano hacia su hijo.

– “¡¡TRUNKS!!” – grita la apenada madre.

Majin Bu vuela hacia ella y la agarra.

– “¡ACERCAOS TODOS!” – exclama Bu.

Trunks vuela hacia el Hakaishin.

– “Papá… Son Gohan…” – piensa el chico. – “Los dos lo habéis dado todo por este planeta… Ahora me toca a mí.”

Zamas mira a su enemigo acercarse a toda velocidad.

– “Insensato…” – gruñe el Dios, molesto.

Bu ha reunido a los demás en la Atalaya.

– “¡Nos marchamos!” – exclama el Kaioshin.

En el futuro, Son Gohan, Shin y Kibito esperan en el primer nivel de la nave del brujo.

– “¡Babidí!” – exclama Gohan. – “¡Saca ya a tus luchadores! ¡Pui-pui! ¡Yakkon! ¡O que venga Dabra directamente! ¡Quiero ayudarte a despertar a Majin Bu!”

El brujo y el demonio observan desde la bola de cristal.

– “¿Qué dice este tipo?” – suda Babidí. – “¿Cómo sabe todo esto?”

– “Yo me encargaré de él, Señor.” – dice Dabra. – “No se preocupe.” – añade, poniendo rumbo al ascensor.

Shin se acerca a Gohan con cierta preocupación.

– “Son Gohan…” – dice el Kaioshin. – “Estás seguro de que…”

– “Chico…” – añade Kibito. – “Subestimas al brujo…”

La compuerta de la sala circular se abre. El Rey de los Demonios aparece.

– “Je, je…” – sonríe Gohan.

– “Bienvenidos a la nave del Amo Babidí.” – saluda Dabra.

– “Es él…” – se asusta Shin.

– “Muchacho…” – dice el demonio. – “Parece que sabes mucho sobre nosotros…”

– “Es una larga historia… que ocurrió en otro mundo…” – se rasca la cabeza Gohan. – “Pero el asunto es que necesito hablar con un Dios que está encerrado dentro de Majin Bu… Así que estoy aquí para ayudaros a despertar a vuestro monstruo.”

– “¿Eh?” – dice un Dabra confundido.

El demonio mira de reojo a Shin y a Kibito, y ambos asienten.

– “¿Oye eso, mi Señor?” – pregunta Dabra.

– “Lo oigo…” – dice el brujo con telepatía. – “Pero no me fío de ese Dios de pacotilla… ¡Mató a mi padre!”

– “Está bien, Señor.” – sonríe el demonio. – “Le sacaré la verdad.”

Gohan frunce el ceño y su ki estalla, haciendo estremecer toda la nave entera.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Dabra.

Babidí cae al suelo por el temblor.

– “¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESO?!” – se pregunta el brujo.

Dabra aprieta los dientes, frustrado y furioso de tener frente a él a alguien más fuerte.

– “Maldito…” – gruñe el diablo.

De repente, sin que el demonio pueda reaccionar a sus movimientos, Gohan aparece delante de él y le golpea en el abdomen.

Dabra da un paso atrás, agarrándose la barriga, y se arrodilla de dolor.

– “No… ¿Cómo…?” – se pregunta el diablo. – “¿Cómo es posible?”

El demonio, humillado, tiene una idea perversa. Un pequeño carraspeo delata su intención.

Antes de poder hacer nada, Gohan le pisa la cabeza, incrustándola en el suelo de la nave.

– “Ni lo intentes…” – dice el mestizo. – “Conozco tus trucos.”

Babidí, que ya se ha puesto en pie, se queda de piedra al ver lo sucedido.

– “No… D… Dabra…” – titubea el mago.

Gohan habla de nuevo.

– “¡YA HE DERROTADO A TU MEJOR LUCHADOR!” – exclama el mestizo. – “¡HABLEMOS CARA A CARA! ¡QUIERO AYUDARTE A DESPERTAR A BU!”

El brujo, impotente, suspira resignado.

– “No tengo otra opción…” – dice Babidí. – “Paparappa…” – canta con desgana.

Gohan, Shin y Kibito aparecen en la superficie junto a Babidí, un inconsciente Dabra, y el huevo de Majin Bu.

– “Al fin…” – sonríe Gohan.

– “Babidí…” – frunce el ceño Shin.

– “Veamos…” – suspira el brujo. – “¿Qué queréis…?”

En el otro futuro, en la Corporación Cápsula, Bulma ha traído algo para Trunks.

– “Aquí tienes.” – sonríe ella.

– “¿Eh?” – se sorprende el mestizo. – “Esto es…”

Bulma le ha entregado al mestizo su vieja cazadora vaquera plegada y la espada.

– “Son tuyas… de mi hijo…” – dice ella.

– “Mamá…” – se emociona Trunks.

En ese instante, la Máquina del Tiempo hace un ruido extraño e interrumpe el momento. El tanque de combustible se ha vaciado.

Bulma sonríe mirando el vehículo.

Trunks salta a la cabina y mira el indicador.

– “Pero…” – se sorprende el chico.

– “Un viaje.” – sonríe Bulma, melancólica.

Trunks se pone serio y se enfunda su cazadora para luego ponerse la espada en la espalda y abrocharse la funda.

Bulma sonríe orgullosa.

– “Está todo en tus manos, hijo.” – piensa ella, recordando a su verdadero Trunks. 

En el presente, el joven Trunks carga contra Zamas.

El Dios apunta al mortal con la mano.

– “Desaparece con tu planeta, escoria.” – sentencia el Hakaishin.

Zamas dispara una esfera de energía del tamaño de su palma, pero que al avanzar unos metros se transforma en un gigantesco ataque que cubre el cielo terrestre.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Trunks.

El mestizo aprieta los dientes y, lejos de detener su marcha, aumenta su velocidad hacia el ataque enemigo.

En el futuro, Son Gohan ha dejado que el brujo robe su energía con una urna y éste la inyecta en el huevo de Bu, que enseguida empieza a emitir un humo denso a presión por los orificios de la base en la que está posado.

– “¡Im…! ¡Impresionante!” – exclama Babidí. – “¡Otra más y despertará!”

– “¿Estás bien, Gohan?” – pregunta Shin.

– “Sí…” – dice el mestizo, taponando la herida en su costado. – “No es nada…”

Kibito se acerca al mestizo y posa sus manos sobre él, recuperando así su energía.

– “Yo me encargo de reponer tus fuerzas.” – dice el ayudante de Kaioshin.

En el presente, el joven Trunks alcanza el ataque del enemigo y lo empuja con ambas manos, intentando frenar su caída. Su esfuerzo es brutal. Sus muñequeras se desintegran.

– “Grrrr…” – gruñe el mestizo, usando el Kaio-josho. – 

En el otro futuro, Trunks se despide de su madre con un abrazo.

– “Mucha suerte, hijo.” – dice Bulma.

– “Adiós, mamá.” – responde él.

En el presente, Trunks sigue esforzándose para detener el ataque, logrando ralentizarlo.

– “No…” – gruñe el mestizo. – “¡No dejaré que destruyas la Tierra!”

– “Idiota…” – protesta el Dios. – “¡¿Por qué no aceptas tu destino y mueres de una vez?!”

El Hakaishin lanza una nueva esfera de ki que avanza rápidamente y cae sobre la anterior, duplicando así el tamaño de esta.

– “¡¿EH?!” – se asusta Trunks.

El ataque del enemigo, ahora del tamaño de la luna, avanza de nuevo, haciendo retroceder a nuestro valiente amigo.

En el futuro, Babidí ha inyectado a Bu la segunda urna de ki, y el humo denso aumenta.

– “¡¡VA A DESPERTAR!!” – exclama Babidí, feliz.

Kibito cura a Gohan. Una gota de sudor recorre la frente de Shin.

En el otro futuro, Trunks ha subido a la Máquina del Tiempo, que se cierra, lista para marchar. Shin y Kibito se despiden del mestizo asintiendo.

– “Buena suerte, Trunks.” – murmura Shin.

En el presente, el joven Trunks está siendo empujado sin remedio por el ataque enemigo.

– “No… ¡Aún no…!” – gruñe el mestizo. – “¡¡NO PUEDO PERMITIRLO!!”

Su aura se reaviva y se vuelve más violenta. Su musculatura aumente y la parte superior de su gi se desintegra.

– “¡¡PADRE!! ¡¡GOHAN!!” – exclama Trunks. – “¡¡MIRADME!! ¡¡NO PIENSO RENDIRME!!”

De repente, el mestizo sufre una jaqueca. Imágenes de un futuro que le es extraño se cuelan en su mente.

En el futuro, la Máquina del Tiempo se eleva y empieza a brillar cuando el mestizo sufre como su contraparte.

En el otro futuro, el huevo de Majin Bu se abre ante la atenta mirada de los asistentes.

En el presente, el ataque de Zamas se ralentiza de nuevo.

– “¿Eh?” – se sorprende el Hakaishin.

Los músculos de Trunks se desgarran a medida que él empuja.

– “¡¡GGRRRUAAAAAAAHH!!” – brama el mestizo, llevando su cuerpo más allá del límite con el Kaio-josho.

Asombrado por la determinación y el poder del chico, Zamas se limita a observar. El Dios puede sentir tres presencias distintas oponiéndose a él.

Los recuerdos de los dos Trunks futuros han dado fuerzas al mestizo, que siente como gracias a ellos ha podido llevar su técnica hasta este extremo.

De repente, el ataque morado brilla más intensamente… y finalmente estalla en el cielo.

DBSNL // Capítulo 204: Golpe sísmico

DBSNL // Capítulo 204: Golpe sísmico

“Si vais a intentar detenerme, hacedlo como herajín.”

En el planeta Kabocha, Trunks, visiblemente cansado, se acerca al malherido Lemin, que yace en el suelo con la espada de hierro katchin clavada en su abdomen.

– “Saiyajín…” – gruñe Lemin, mirando a su enemigo, casi sin fuerzas, ahogándose en su propia sangre.

– “Lo siento…” – dice Trunks. – “No me has dejado elección…”

– “Grr…” – gruñe de nuevo el tetsuhada. – “La Patrulla Galáctica siempre dispuesta a defender el universo…”

– “Esto no se trata de la Patrulla, Lemin…” – responde el mestizo. – “Hay mucho más en juego.”

– “Sea cual sea el conflicto, terminará…” – dice el lagarto. – “… y cuando eso ocurra, hay que estar en el mando ganador…”

– “No hay bando ganador…” – dice Trunks. – “Ese brujo quiere rehacer el universo a su imagen… He estado en el Makai… en su mundo… y créeme, no quieres eso.”

Lemin mira el cielo de Kabocha.

– “No he podido cumplir mi promesa al señor Shamo…” – dice el tetsuhada. – “No estaré para protegerlo…”

– “Parece que aprecias a tu señor…” – dice el mestizo.

– “Aprecio mi palabra.” – responde Lemin.

– “¿Aunque cumplirla implique asesinar inocentes?” – pregunta Trunks.

– “Inocentes…” – sonríe Lemin. – “Jamás he conocido a nadie a la altura de ese adjetivo…”

Trunks agacha la cabeza, pensativo. Lemin exhala su último aliento.

En ese instante, Shula aterriza al lado del mestizo.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta el ira-aru.

Mientras tanto, Elec y Reitan han visto el resplandor en el cielo del golpe que ha acabado con la vida del tetsuhada.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Elec.

Reitan aprovecha la ocasión para saltar sobre el enemigo y propinarle un rodillazo en la barbilla, haciéndole retroceder.

– “Sucia rata…” – refunfuña Elec.

– “Por mis venas corre la misma sangre que por las tuyas, Retsu…” – dice Reitan. – “No lo olvides.”

Elec propina un puñetazo a Reitan, y el herajín se cubre con ambos brazos para detener el golpe, pero aún así sale repelido, aunque sin caerse, deslizándose sobre el suelo.

– “¿Osas usar ese nombre?” – gruñe Elec.

– “Elec, Maki, Oil…” – dice Reitan. – “Nombres de esclavo.”

– “Esclavo, ¿eh?” – sonríe irónicamente Elec. – “¿Crees que somos sirvientes de los Heeter?”

– “Retsu, Okure, Jidai…” – continúa Elec. – “Si vais a intentar detenerme, hacedlo como herajín.”

– “idiota…\” – gruñe Retsu, furioso. – “¡NOSOTROS SOMOS LOS VERDADEROS CABECILLAS DE LOS HEETER!” 

En el balcón de la nave cangrejo, Shosa Nádor escucha la conversación.

– “Debí suponerlo…” – murmura el lupino. – “Maldita sea… Esto se complica…”

Retsu embiste a Reitan, espada en alto, pero una patada en la cara del herajín lo desvía de su objetivo, haciendo que se estrelle contra el suelo y salga rebotado contra una pata de la nave.

– “Trunks…” – sonríe nuestro amigo herajín.

El mestizo, transformado en Súper Saiyajín, ha llegado para ayudar a su compañero.

– “Lo siento, pero tu amiga y Lemin me han retrasado…” – responde Trunks.

– “Lemin, ¿eh?” – dice Reitan. – “Ese Shamo…” – gruñe, enfadado.

– “Nos encargaremos de eso luego.” – responde Trunks.

Elec se pone en pie, furioso, y observa detenidamente al mestizo.

– “Cabello dorado… ojos verdes…” – murmura el herajín. – “Tú debes de ser el Súper Saiyajín de la Patrulla Galáctica…”

Trunks y Reitan se ponen en guardia y reavivan sus auras.

– “Luchemos juntos.” – dice Trunks.

Reitan sonríe al recordar las leyendas que se han transmitido verbalmente en su pueblo, de generación en generación, y asiente.

Dibujado por Beldum

En el balcón de la nave, Shosa se retira.

– “Esto no acabará bien…” – piensa el lupino.

En ese instante, Shula desciende frente a él.

– “Tienes razón.” – dice el ira-aru, que leyó su mente. – “No acabará nada bien.”

Mientras tanto, en Jung, Gohan, ahora transformado en Súper Saiyajín 3 completo, y el demonio se miran encuentran cara a cara.

– “Así que ocultabas todo este poder…” – murmura el diablo. – “Ya veo… No me extraña que derrotaras a mi hermano…”

– “Y contigo no tendré tanta piedad.” – responde Gohan.

El demonio sonríe.

– “Puedo sentir una rabia feroz en ebullición dentro de ti…” – dice el diablo. – “Qué interesante…”

– “La parte más primitiva de los saiyajín no es fácil de controlar.” – responde Gohan. – “Al transformarnos, nuestros viejos instintos intentan manifestarse.”

– “¿Y qué te impide darles rienda suelta?” – pregunta el demonio con retintín.

En un abrir y cerrar de ojos, Gohan aparece frente al enemigo y le propina un codazo en la cara.

– “Hablas mucho.” – dice el mestizo.

Gohan da una vuelta sobre sí mismo y propina una patada giratoria al diablo, haciéndole dar varias vueltas sobre sí mismo, como una peonza.

El enemigo se agarra a su martillo, apoyado en el suelo, para dejar de girar.

– “Bastardo…” – gruñe el demonio.

El diablo levanta un poco su arma y la estampa de nuevo contra el suelo, generando un muro de piedra azulada entre él y Gohan.

El demonio aprovecha el momento para recomponerse, limpiarse la sangre de su rostro y ponerse en guardia, martillo en mano.

El muro estalla en mil pedazos, Gohan lo ha destruido con un ataque de energía.

– “Cobarde…” – dice el mestizo.

El demonio aprieta los dientes, frustrado.

En la nave ovalada, Heeter ha sido atrapado por Krilín, que lo estampa contra una de las paredes del pasillo.

– “¡¿Dónde están los prisioneros?!” – pregunta el terrícola, agarrando al pirata de la solapa.

– “No lo sé…” – responde Heeter. – “Yo solo… ¡Yo ya no soy nadie!”

Krilín lo sacude de nuevo.

– “¡¿Dónde?!” – insiste nuestro amigo.

– “¡En el nivel dos!” – exclama Heeter, cerrando los ojos con fuerza, asustado. – “¡Ahí están los calabozos!”

Krilín deja al pirata sentado en el suelo y pone rumbo al nivel dos.

Heeter, furioso, recurre a la parte trasera de su cinturón y desenfunda una pistola que recuerda a un mosquetón pirata.

– “Desgraciado…” – gruñe Heeter. – “Me las pagarás…” – apunta a Krilín por la espalda.

El pirata aprieta el gatillo.

Un disparo de energía atraviesa a Krilín… que resulta ser una imagen residual.

El terrícola se encuentra de pie junto a Heeter.

– “Miserable…” – aprieta los dientes Krilín.

– “¡¿Qué?!” – se asusta el pirata. – “¡Yo…! ¡No…!” – intenta excusarse.

El terrícola arrebata el arma al enemigo y la estruja en su mano, destruyéndola. 

– “¡POR FAVOR!” – suplica Heeter. – “¡PIEDAD!”

Krilín propina un codazo sobre la cabeza del pirata y lo noquea.

– “Ahí te quedas.” – sentencia el terrícola, que se marcha rumbo a los calabozos.

Mientras tanto, Pino se encuentra junto a la destartalada nave de la Patrulla y ha dado píldoras senzu a Ten Shin Han y a Mai, que descansan en el suelo.

– “¿Eh?” – despierta Ten. – “¿Qué ha pasado?”

– “Os he dado cápsulas que había en el botiquín de la nave.” – explica Pino. – “No curarán vuestras heridas, pero os sentiréis mejor.”

– “Ay, ay…” – se queja Mai.

– “¿Y el enemigo?” – pregunta Ten.

– “Gohan se está encargando de él.” – dice Pino.

– “¡¿Y el niño?!” – se asusta la mujer. – “Huyó de la nave por la trampilla inferior…”

– “No lo sé…” – dice Pino. – “Parece que el enemigo desconoce su existencia, así que debería estar bien, siempre que haya evitado meterse en líos…”

Baicha corre por una mina, escurriéndose entre la batalla campal que ha tenido lugar entre esclavos y guardias, y metiéndose en una oscura gruta en la que no hay nadie.

De repente, frente a él, un hombre de roca se manifiesta, brotando del suelo, lo que aterra al chico, que aprieta la Dragon Ball de cinco estrellas contra su cuerpo.

En Kabocha, Trunks y Reitan embisten a Retsu, que detiene los dos puñetazos a la vez, uno con cada mano.

– “Acabare con vosotros…” – gruñe el enemigo.

Retsu tira de los brazos de nuestros amigos y hace que se estampen entre ellos. El herajín agarra a ambos por la cara y los estrella contra el suelo.

Las manos de Retsu empiezan a brillar de color verde, alarmando a nuestros amigos. Los dos patean a la vez la cara del enemigo, haciendo que se aparte de ellos y los ataques de ki impacten contra el suelo, provocando dos explosiones que levantan una gran polvareda.

Reitan y Trunks se levantan a la vez y cargan contra Retsu, propinándole un fuerte puñetazo combinado en el abdomen.

Elec encaja el golpe doblándose ligeramente, pero enseguida reacciona agarrando las cabezas de nuestros amigos y estrellándolas la una contra la otra, dejándolos aturdidos, y luego saltando para propinarles una doble patada que los lanza contra la nave cangrejo.

Mientras tanto, en el balcón, Shula ha inmovilizado a Shosa en el suelo, doblándole el brazo en su espalda con su extremidad metálica.

– “¡Suéltame!” – exige el lupino.

– “Lo siento, Nádor…” – dice Shula, que agarra el cráneo de Shosa con su mano. – “Voy a darme un garbeo por tu mente…”

– “¡¿Qué?!” – se asusta el lupino. – “¡No…! ¡NOO!”

De repente, los ojos de Shosa se ponen en blanco.

En Jung, Son Gohan propina una paliza al diablo que, desesperado, propina un martillazo al mestizo. 

Son Gohan detiene el golpe con una mano.

El demonio se sorprende al presenciar el poder de Gohan.

La mano del mestizo ejerce tal fuerza sobre la cabeza del martillo que ésta se fractura.

– “¡¿EH?!” – se asusta el demonio.

Gohan propina un puñetazo directo a la cara del enemigo que lo empuja hacia una montaña de oro azul cercana, en la que se estrella.

El mestizo embiste de nuevo, pero cuatro clones de roca nacen de la montaña y salen a su paso; Gohan acaba con ellos con suma facilidad.

Pero cuando vuelve a fijarse en el enemigo, algo ha cambiado. Su rostro ahora esboza una media sonrisa chulesca.

– “¿Hm?” – murmura el mestizo.

Un brazo de roca brota de la montaña, junto a la cabeza del demonio, portando la esfera del dragón, y se la da de comer.

– “¡¡NO!!” – exclama Gohan, que teme lo peor.

El diablo se traga la Dragon Ball y su poder estalla, haciendo temblar Jung.

El suelo se resquebraja y un terremoto sacude el planeta. La nave ovalada empieza a hundirse. Varias minas colapsan. Los soldados y los esclavos detienen su lucha para intentar escapar del desastre.

En la nave de la Patrulla, Pino, Ten Shin Han y Mai sienten el temblor. El guerrero de tres ojos sujeta a Mai para que no se caiga. Los tres se elevan.

Son Gohan levita unos centímetros para evitar los efectos del terremoto y mira con recelo el capullo de energía demoníaca que se ha formado alrededor del enemigo.

Especial DBSNL /// Boku no Patrolman // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: No Apto

Boku no Patrolman / Parte V: No Apto

“Recupérate, muchacho.” 

Tras lo sucedido en el examen de acceso a la Patrulla Galáctica, el examen se interrumpió. Los aspirantes fueron valorados por el jurado revisando las imágenes de la prueba y los resultados fueron publicados en un tablón de anuncios en la fachada de la sede.

Nerviosos, todos buscan su nombre en la lista.

– “¡Ahí estoy!” – celebra Mona. – “¡He aprobado!”

Otros muchos han pasado la prueba.

Jaco busca su nombre, pero no lo encuentra. El chico cae de rodillas, abatido. Su mundo se derrumba.

– “No… he fracasado…” – murmura el aridzuko. – “He suspendido…”

Mientras tanto, en el hospital, Pui-pui se está recuperando, pero sigue en coma.

Gicchin ha ido a visitarlo y deja un sobre con el logotipo de la Patrulla sobre la mesita.

– “Recupérate, muchacho.” – murmura el héroe.

Los años pasan. En el planeta Dardon, Jaco trabaja en un puesto administrativo dentro de la Patrulla Galáctica. Hoy es día de puertas abiertas y Jaco se dedica a registrar nuevos candidatos a las pruebas de acceso.

– “Rellene este formulario” – le entrega el aridzuko el documento a un beppan.

De repente, Pui-pui entra en el edificio vestido de Patrullero, con cara de pocos amigos, como es habitual. 

Jaco, que sigue con el papeleo, ve al zoon de reojo.

– “Ese es…” – se sorprende el aridzuko.

Ver a Pui-pui le trae recuerdos dolorosos, tanto por lo sucedido como por su suspenso.

– “Ha pasado mucho tiempo…” – murmura Jaco para sí mismo.

De repente, las alarmas suenan. El planeta está siendo atacado.

– “¡La alarma!” – exclama Jaco. – “¡TODO EL MUNDO A CUBIERTO! ¡DIRIGÍOS AL REFUGIO!” – dice el patrullero. – “¡POR AQUÍ! ¡VAMOS!” – dirige.

Pui-pui abandona el edifico rápidamente.

En medio de la metrópolis, una masa de barro con aspecto humanoide se enfrenta a los agentes locales.

El engendro ha salido de un banco intergaláctico y ha absorbido las bolsas de dinero con su viscoso cuerpo.

Los policías abren fuego contra el enemigo, pero las balas penetran en el enemigo sin causarle ningún daño; alguna incluso lo atraviesa.

– “¡JAJAJA!” – ríe el ser ameboideo. – “¡ESO NO FUNCIONARÁ CONTRA EL TEMIBLE PRUM!” – exclama.

El tipo agranda su brazo y con él golpea uno de los vehículos policiales, aplastándolo.

– “¡JAJAJA!” – ríe de nuevo.

De repente, una esfera de ki impacta en su pecho y estalla al instante, bañando de barro toda la zona.

– “¿Eh?” – se sorprende un agente.

Las bolsas de dinero caen al suelo.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta otro, mirando al cielo.

Pui-pui ha llegado y ha disparado desde una azotea cercana.

– “¡ES LA PATRULLA GALÁCTICA!” – exclama la policía, que enseguida celebra su llegada.

Desde la sede de la Patrulla, Jaco observa en el televisor la retransmisión del atraco, y puede ver a todos los presentes celebrando una victoria que para él es agridulce.

Mientras tanto, lejos de la atención de todos, parte del barro se filtra dentro de la bolsa del dinero.

Esa misma noche, las maletas son trasladadas de forma urgente a otro banco, pues el del planeta Dardon debe ser reconstruido parcialmente y sus medidas de seguridad revisadas. 

La Patrulla Galáctica custodia el paquete. Cuatro agentes de campo, entre los que se encuentra Pui-pui, y un administrativo que se encarga de corroborar que el protocolo se está llevando a cabo; nuestro amigo Jaco.

Los agentes que acompañan a Pui-pui son un varón imegga, una muchacha bas y un tipo con aspecto de rana.

La nave de la Patrulla surca el espacio en silencio.

Jaco está sentado en una esquina, fingiendo que repasa un informe, pero mirando de reojo a los agentes. El anfibio tontea con la chica bas, el imegga pilota la nave, Pui-pui duerme en el asiento del copiloto.

– “Me gustaría poder sentirme uno de ellos…” – piensa Jaco, decepcionado.

De repente, saltan alarmas; un objeto extraño ha aparecido en el radar. 

– “¡Algo se acerca!” – exclama el piloto.

– “¿EH?” – se despierta Pui-pui.

– “¡Lo tenemos encima!” – se pone nervioso el piloto.

Una explosión sacude la nave y ésta se desvía de su trayectoria.

El piloto forcejea con los manos.

– “¡Casi no tengo control!” – exclama asustado. – “¡Tenemos que aterrizar!”

La nave se dirige a un planeta cercano y entra en su atmósfera, incendiándose, pero un sistema de seguridad se activa y apaga el incendio.

Finalmente, el vehículo se estrella en un desierto, incrustándose en la arena.

Los patrulleros salen de la nave como pueden, rescatando con ellos las bolsas de dinero… pero Jaco se queda atrás. La arena está entrando rápidamente en la nave y el aridzuko no puede salir.

De repente, una mano atraviesa la arena y agarra a Jaco del pescuezo.; Pui-pui saca al aridzuko de la nave antes de que ésta sea engullida por el desierto.

– “Ha estado cerca…” – suspira Jaco. – “Gracias…”

Pui-pui ignora a su compañero y se cruza de brazos, de pie.

– “Esto no me gusta…” – dice el zoon.

– “A mí tampoco…” – dice el imegga.

– “¿Qué nos ha golpeado?” – pregunta la bas. – “¿Un asteroide?”

– “No…” – dice el piloto. – “Era metálico…”

– “Esto es una trampa…” – dice Pui-pui.

– “¿Quién podría hace algo así?” – se pregunta la bas.

– “Conozco este modus operandi” – interrumpe Jaco.

Todos miran de reojo al administrativo.

– “¿Tú?” – dice el imegga con cierto retintín.

– “Salía en varios informes del Gran Gicchin” – dice Jaco. – “Me gusta leerlos.”

– “No te enrolles…” – dice la bas. – “¿Quién ha sido?”

– “No me cabe la menor duda. Ha sido…” – dice Jaco, cuando es interrumpido.

Una nave desciende frente a ellos y toma tierra.

La compuerta del vehículo se abre se extiende una pasarela; una figura desciende por ella a contraluz.