DBSNL // Capítulo 324: Sistemas en línea

DBSNL // Capítulo 324: Sistemas en línea

“No tenemos mucho tiempo…”

Rodeados de oscuridad, Reitan y Okure hablan. El herajín está sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Okure camina frente a él de un lado a otro de la pequeña isla de realidad.

– “El odio y la ambición de Retsu corrompieron a nuestra gente.” – dice Reitan. – “¿No lo ves?”

– “Buscaba grandeza.” – responde Okure.

– “También el legendario Bojack.” – replica Reitan. – “Incluso el Emperador Cold.”

– “Los Heeter… eran… eran mi familia.” – protesta ella.

– “El Universo es más grande que nosotros, Okure.” – responde Reitan. – “Yo también quería venganza. ¡Luché contra Cooler y el Imperio! ¿Para qué? ¡Para luego luchar a su lado contra un brujo salido del mismísimo Makai!”

– “¡Eso es porque eres un vendido!” – le increpa Okure.

– “¡Eso es porque me di cuenta de lo insignificante que soy!” – dice Reitan. – “¡Reitan, el vengador! ¿Quién es cuando lo comparas con la inmensidad del Universo? ¡NADIE!”

Okure aprieta con rabia los puños con rabia.

– “Sé lo que se siente al perder a los tuyos.” – dice Reitan. – “No te culpo por odiarme. Lo acepto. Asumo esa culpa.”

– “¿Por qué?” – protesta Okure. – “¿Desde cuando hablas de esta forma tan molesta?”

Reitan se levanta y sonríe.

– “Desde que conocí a un guerrero mitad terrícola y mitad saiyajín.” – responde el herajín. – “Que pese a haber perdido su mundo, no perdió la esperanza.”

Reitan ofrece su mano a Okure.

– “Por favor.” – dice el herajín. – “Ayúdame a salir de aquí y proteger a los demás. Hagamos una tregua.”

Okure se sorprende ante la petición de su viejo compañero.

– “¿Una tregua…?” – refunfuña la herajín.

Mientras tanto, en otro punto de ese mismo sector, Turles se frota la cabeza, dolorido.

– “¿Qué demonios… ha pasado…?” – pregunta el saiyajín.

– “Ese, que te ha dado una lección…” – responde Liquir, señalando a Dabra.

El demonio se está comiendo un enorme trozo de lengua asada.

Broly sonríe al oír el comentario de Liquir, mientras se entretiene dibujando un hurón en la tierra con un palo.

Kamakiri está de pie frente al abismo.

– “¿Qué haces?” – le pregunta Ub.

– “Siento mucho lo ocurrido.” – responde el doctor.

– “Deja ya de lamentarte.” – responde el terrícola. – “Si has cometido un error, intenta compensarlo. Lamentarte no te llevará a ninguna parte.”

– “Eres un joven muy decidido.” – sonríe el doctor bajo su máscara.

– “Además, hay que aprovechar este pequeño descanso que nos han dado.” – sonríe Ub.

En otro sector de Raichi, Goten, Trunks, Avo y Cado juegan con una pelota de playa gigante que se ha salvado del apagón que ha sufrido el mundo en el que estaban.

– “¿Crees que hay para rato?” – pregunta Goten.

– “Deduzco que esto funciona como un sistema informático de algún tipo…” – dice Trunks. – “Supongo que acabará reiniciándose.”

– “Vaya… ¿te han dicho ya que…?” – dice Avo.

– “¿…eres un chico muy listo?” – añade Cado.

– “Mi madre es la mente más brillante de mi planeta.” – presume Trunks. – “Puede que del Universo.”

– “¡Oooh…!” – alucinan Avo y Cado.

– “Es cierto.” – confirma Goten.

En un tercer sector, Granola ha despertado y ha recibido una terrible noticia. Piccolo ha sido el encargado de hacérselo saber. 

Granola, Pan, Bra, Marron, Ikose y Baicha se encuentran sentados en el suelo. Piccolo de pie, formando parte del círculo. 

– “Lo siento.” – intenta consolarlo Pan, colocándole la mano sobre el hombro.

– “Esos idiotas…” – protesta Granola, recordando como se enfrentaron a Vegeta hace tantos años. – “Siempre haciéndose los héroes…”

El cereliano derrama una lágrima de su ojo natural.

Mirai Trunks, apartado del grupo, sigue observando al vacío, aparentemente pendiente de algo que sólo él puede ver.

– “No tenemos mucho tiempo…” – murmura Trunks, apretando los puños.

En la superficie del planeta oscuro, los chicos esconden a Ogilvie en una cueva, lejos de los Godgardons inertes, ocultando la entrada con unas rocas.

– “¿Estará a salvo?” – pregunta Goku.

– “Seguro que sí.” – responde Gohan.

– “Ahora es lo mejor que podemos hacer por él.” – dice Punch. – “No podemos quedarnos sin hacer nada… Debemos continuar.”

En el terreno helado, Freezer y Cooler esperan sentados sobre islote de hielo que flota en el frío mar.

– “¿Esto lo tenías planeado?” – pregunta Cooler.

– “No se puede tener todo…” – suspira Freezer.

En el desierto, Cell sigue derrotando clones de arena, uno tras otro, pero se replican sin fin.

De repente, una gran boca se abre bajo los pies del insecto, que se ve obligado a ascender mientras una gran figura como los otros clones brota del suelo con la boca abierta, intentando comérselo.

Cell apunta a su enemigo y dispara a discreción una ráfaga de rayos de energía que atraviesan la arena, pero no detienen al monstruo.

En el volcán, Vegeta sigue apalizando a Kamo, que poco puede hacer para defenderse.

En la fábrica, Gohan y Zahha se abalanzan el uno contra el otro, cada uno armado con una espada, cruzándolas en el choque.

En el laboratorio oculto en el corazón del planeta oscuro, los sistemas empiezan a recuperar energía.

– “Ya era hora…” – protesta Shido.

Raichi mira de reojo al demonio, juzgando su impaciencia.

Zamas y Champa son torturados por las máquinas que extraen su poder.

De repente, todas las luces del laboratorio se encienden.

Cada mundo de Raichi recupera su aspecto inicial. Los islotes de realidad se extienden ante la sorpresa de todos. Los daños causados por los combates han desaparecido.

En el parque de juegos, Trunks sonríe al confirmarse que tenía razón. 

– “¡Os lo dije!” – celebra el mestizo.

En la jungla, Reitan y Okure se sorprenden al ver que todo ha vuelto a la normalidad, interrumpiendo su acercamiento.

En otro sector, Mirai Trunks aprieta los puños, mientras Piccolo y los demás miran sorprendidos a su alrededor.

– “¡YA VIENE!” – exclama alarmado.

– “¿EH?” – se sorprenden todos.


En el horizonte, Onisen vuela a toda velocidad hacia ellos.

En el islote helado de los demonios del frío, el hielo refleja una extraña luz roja que alarma a los hermanos.

De repente, dos rayos láser rojos rompen el iceberg, obligando a los hermanos a salir volando.

– “¡Ha vuelto!” – exclama Cooler.

– “Era cuestión de tiempo…” – sonríe Freezer.

Golden sale a toda velocidad del agua, directo hacia ellos.

Los demonios del frío responden transformándose, Freezer en su forma 100% y Cooler en su forma aumentada.

Mientras tanto, Punch, Goku y Gohan se adentran en las profundidades del planeta.

– “¿Cómo sabes que es por aquí?” – pregunta Punch.

– “La luz venía de abajo.” – dice Goku. – “No sé si es el camino correcto… pero si descendemos nos acercamos, ¿no?”

– “Supongo que tiene sentido…” – se rasca la cabeza Gohan.

Desde el exterior llegan sonidos de Godgardons sobrevolando el terreno.

– “Han despertado…” – se preocupa Goku.

– “Hay que darse prisa” – advierte Punch.

NO HAY CAPÍTULO

 Hola a todos, 

Por cuestiones de trabajo, no he podido tener listo el nuevo capítulo de Red World. 

Retomaremos la historia el próximo miércoles con “XII: La Atalaya de Kamisama.”

El domingo tendremos DBSNL, como es habitual.

Aprovecho la ocasión para recordar que podéis uniros al Discord de DBSNL para enteraros de nuestras últimas noticias y formar parte de esta pequeña comunidad: https://discord.gg/UKNt2AYnZP

Ipocrito nos regala este dibujo de Pino y Octavio durante la batalla por la Tierra 😀

Dibujado por Ipocrito

Un saludo y disculpad las molestias,

Batosai

DBSNL // Capítulo 323: Ingenio heredado

DBSNL // Capítulo 323: Ingenio heredado

“Un guerrero es la unión de su cuerpo, su mente y su espíritu.”

En la fábrica de Godgardons, Son Gohan y Zahha se encuentran listos para un nuevo asalto. El mestizo ha manifestado su intención de pelear con todas sus fuerzas, a lo que Zahha responde reclamando sus armas, que orbitan de nuevo a su alrededor.

En un parpadeo, Son Gohan desparece.

El mestizo reaparece detrás de Zahha, pero el espadachín ya ha movilizado una de sus armas para interceptar al hijo de Goku.

La espada verde corta al mestizo por la cintura, pero resulta ser solo un espejismo.

Pronto una docena de imágenes de Son Gohan danzan alrededor del espadachín.

Zahha suspira con decepción.

– “Un truco muy burdo para alguien con tu caché…” – refunfuña el espadachín.

Los espejismos poco a poco se acercan a Zahha.

El espadachín lanza su espada morada contra los espejismos, que gira sobre sí misma y los corta a todos por la mitad.

De repente, Zahha siente como algo se aproxima rápidamente por su espalda, y sin dudarlo hace que la espada verde lo intercepte.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el espadachín al ver que ha cortado por la mitad una cabeza de Godgardon.


Zahha se revuelve rápidamente, suponiendo una trampa de Gohan, esperando que el mestizo intente sorprenderle de nuevo por la espalda.

Pero no hay nadie. Ni rastro de Son Gohan.

Zahha mira a cada lado.

– “¿Dónde se ha metido?” – se pregunta. – “¿Qué trama?”

Zahha desciende hasta posarse en el suelo. Sus espadas regresan a su órbita habitual.

– “¿Te escondes de nuevo?” – refunfuña el espadachín.

De repente, un blast de ki se eleva entre la maquinaria de la fábrica y estalla contra el techo, haciendo que se derrumbe sobre el espadachín.

Pero Zahha alza su mano derecha y, sin inmutarse, detiene los cascotes, dejándolos suspendidos en el aire.

El espadachín, con un elegante gesto los lanza hacia el origen del blast de ki, bombardeando esa parte de la fábrica con la intención de que alguna roca golpee al mestizo.

En ese instante, Son Gohan sale de su escondite y salta por encima de la lluvia de cascotes, con una esfera de energía azul entre sus manos.

– “¡Kamehame…!” – recita rápidamente. – “¡¡HAAAAA!!” – dispara.

El espadachín hace que sus armas vuelen a interceptar el ataque, colocándose en cruz en su camino.

– “Je…” – sonríe el mestizo.

Gohan cierra sus manos alrededor del Kamehameha como si se cerraran las fauces de un dragón, estrujando la fuente de la técnica y haciendo que el ki tenga que filtrarse entre sus dedos, dividiendo el torrente de energía en múltiples proyecciones menores.

Las porciones del Kamehameha evaden las espadas por encima y por debajo, sorprendiendo a Zahha, que se ve obligando a protegerse personalmente del ataque.

El espadachín se cubre cruzando los brazos frente a su rostro y recibe los impactos del Kamehameha, que estallan casi a la vez contra Zahha.

Mientras el espadachín está envuelto en una nube de humo, Son Gohan se abalanza sobre él, volando a toda velocidad, descendiendo a medida que avanza.

Al sobrevolar las espadas, el mestizo da una voltereta antes de pisar el suelo y extender sus manos hacia atrás para lanzar una onda de energía con cada una para, no solo propulsarse hacia el enemigo, si no para lanzar sus espadas lo más lejos posible.

Gohan avanza disparado a una velocidad vertiginosa y entra en la nube de humo.

Gohan sale por el otro lado de la nube. Ha golpeado a Zahha con ambos puños en su abdomen y éste escupe sangre mientras se dobla sobre la espalda del mestizo.

Zahha abre sus manos y reclama sus espadas, que acuden a su llamada, pero se encuentran a una considerable distancia gracias a la estrategia del mestizo.

De repente, el aura incolora de Gohan se torna amarilla y toma forma esférica, envolviéndolo.

– “¡¿EH?!” – se asusta Zahha.

– “¡¡¡HAAAAAAAAA!!!” – grita Gohan.

De su aura es proyectada una onda de energía que empuja a Zahha a través de la fábrica, rompiendo la barrera del sonido.

Gohan se detiene en el aire mientras ve alejarse a su enemigo, que rompe la pared de la fábrica para continuar hasta perderse en el horizonte.

Las espadas se aproximan a Gohan por la espalda, pero el mestizo, sin mirar, se aparta ligeramente hacia la izquierda para dejar pasar la morada, y luego hacia la derecha para dejar pasar la verde… pero con un rápido movimiento la agarra por el mango.

Una explosión sacude la zona, pues el ataque ha estallado en el horizonte.

En la zona desértica, los torbellinos creados por el demacrado anciano invaden el terreno de combate. 

Cell ve como su contrincante desparece entre la tormenta de arena.

– “Tsk…” – protesta el insecto. – “¿Intentas huir de nuevo?” 

Detrás de él, una silueta surge del suelo.

Sin dudarlo, Cell se revuelve y corta su cabeza.

Pero la figura decapitada propina un puñetazo ascendente al insecto, cogiéndolo desprevenido y haciéndole retroceder.

– “¿Hmm…?” – murmura Cell.

La figura resulta estar hecha de arena.

Alrededor del insecto, una docena de adversarios nacen de la tormenta, todos con un aspecto rejuvenecido de su contrincante, con una cresta de cabello, vestidos con ropajes que Cell ha visto antes, pero que le es difícil concretar entre la arena.

Los clones rodean a Cell, que se pone en guardia imitando la pose con la que hace tantos años su homónimo del Universo 7 se enfrentó a Súper Vegeta.

Un clon de arena se abalanza sobre Cell por su derecha, pero el insecto lo intercepta con un rápido movimiento, destruyéndole la cabeza con un golpe con el dorso del puño.

Los demás lo siguen y pronto están todos sobre el insecto.

Cell dispara a uno, atravesándole el pecho, dejándole un agujero de cristal.

El insecto se revuelve y corta a otro por la mitad con el canto de su mano, aunque las dos mitades se unen de nuevo para golpear a Cell, que encaja el golpe sin dolerse.

Pronto dos hombres de arena agarran los brazos del insecto, y un tercero se prepara para golpearle en el abdomen, pero Cell lo sorprende abriendo su boca y emanando un ataque de ki amarillo que desintegra a su adversario.

En la zona volcánica, Kamo, sintiéndose humillado ante el despertar de Vegeta, le embiste con todo su odio.

– “¡YAAH!” – grita el tsufur, intentando golpear al saiyajín.

Vegeta evade el primer puñetazo con facilidad, moviendo la cabeza hacia un lado.

El tsufur lo intenta de nuevo con un gancho ascendente, pero Vegeta lo esquiva inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás.

Kamo, desesperado, lo intenta de nuevo, cargando un fuerte puñetazo que lanza contra la cara de Vegeta con todas sus fuerzas.

Esta vez, el golpe impacta directo en la mejilla del saiyajín, haciendo que éste retroceda dos pasos, girando sobre sí mismo antes de recuperar la estabilidad.

– “Ja… jaja…” – ríe un victorioso Kamo.


Vegeta mira al tsufur con el labio sangrando y una media sonrisa pícara en su rostro.

– “¿Eso es todo?” – se burla el saiyajín. – “Hace un momento presumías de la superioridad de tu cuerpo…”

– “Maldito seas…” – gruñe Kamo. – “¡¡MALDITO SEAS, SAIYAJÍN!!”

Kamo aviva su aura y carga contra Vegeta, pero al dar el primer paso se topa con la mano del saiyajín a pocos centímetros de su cara.

– “Un guerrero es la unión de su cuerpo, su mente y su espíritu.” – sentencia Vegeta.

Con un empujón de ki invisible, Kamo sale repelido violentamente.

En la fábrica, Gohan empuña el sable verde de su adversario y presume sus habilidades aprendidas con la Espada Z.

Zahha, empuñando la espada morada, camina hacia el mestizo. Su ropa ha sufrido daños con el ataque de Gohan, pero no tarda en repararse mágicamente.

– “Insolente…” – gruñe Zahha, que alza su mano libre para reclamar su arma verde.

El arma que empuña el mestizo intenta escapar de sus manos, pero este la agarra con fuerza, clavando los pies en el suelo.

– “No… tan… rápido…” – protesta Gohan, esforzándose por retenerla. – “Yo… no quiero… pelear…”

Zahha detiene su reclamo repentinamente y Gohan casi se cae de espaldas, pero tras dar varios pasos atrás se estabiliza.

– “No es cualquiera que puede empuñar mis espadas…” – concede Zahha.

Gohan clava el espadón en el suelo.

– “Tu forma de usar luchar…” – dice el mestizo. – “Se parece a la de mi amigo Trunks.”

– “Hmm…” – murmura Zahha.

– “Y tu forma de moverte…” – continúa Gohan. – “No es la primera vez que me enfrento a tu soberbio estilo de lucha.”

Zahha frunce el ceño. Gohan sonríe al ver la reacción del espadachín.

– “¿Quién eres?” – pregunta el mestizo, usando la lengua de los Dioses.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XI: El Báculo Sagrado


Red World / Parte XI: El Báculo Sagrado

“Descansar es incluso más importante que trabajar.”

En la Torre de Karín ha salido el sol y Ten Shin Han ha superado la prueba del Duende, sobreviviendo al Agua Sagrada y demostrando la fuerza de sus convicciones.

– “No me puedo creer que sigas vivo…” – dice Karín, sorprendido.

– “Me siento bien…” – murmura Ten, mirándose las manos. – “¿Este poder yacía oculto en mi interior?”

– “Fascinante…” – murmura el felino. – “Me pregunto cómo de fuerte te harás si entrenas con Kamisama…”

Ten Shin Han se alegra al oír al Duende.

– “¿Significa eso que me gané su confianza?” – pregunta Ten.

– “Mi confianza… puede que no.” – responde Karín. – “Pero mi respeto, sin duda.”

– “No se arrepentirá.” – dice Ten haciendo una reverencia.

Karín saca un cascabel dorado y se lo muestra a Ten.

– “Esta es la muestra de que apruebo tu ascenso.” – dice el gato.

– “¿Ascenso?” – pregunta Ten.


El felino se da la vuelta.

– “Acompáñame.” – dice el Duende.

Mientras tanto, en el Palacio de Uranai Baba, la bruja observa su bola de cristal.

La esfera muestra una silueta demoníaca caminando entre fuego y ruinas antes de que se enturbie, impidiendo a la bruja mirar más allá. 

– “El futuro de la Tierra es incierto…” – murmura la bruja.

Ten Shin Han y Karín han subido al tejado de la torre. 

Karín señala al cielo con el dedo.

– “La Atalaya de Kamisama, la morada del Guardián de la Tierra, se encuentra ahí arriba.” – revela el felino.

– “Fascinante…” – dice Ten, asombrado, mirando al cielo. – “Ni siquiera yo puedo verla…”

– “Pero para subir te hace falta una herramienta.” – anuncia el gato, señalando al suelo.

En el centro de la cúpula hay un pequeño ornamento con un agujero central.

– “Aquí se coloca el Báculo Sagrado.” – dice el Duende.

– “¿Un báculo?” – se extraña Ten.

– “Una reliquia mágica.” – dice Karín. – “Un bastón capaz de alargarse y conectar con la atalaya.”

Ten asiente, prestando interés.

– “¿Y dónde está ese báculo?” – pregunta el guerrero.

– “Pues…” – se rasca la barbilla el felino. – “Se lo presté a un viejo alumno.”

– “¡¿EH?!” – se sobresalta Ten.

– “Muy poca gente llega hasta la torre…” – se excusa Karín. – “… y los que lo hacen nunca son dignos del tiempo de Kamisama…”

Ten se cruza de brazos, un poco molesto.

– “Vaya faena…” – protesta el guerrero.

Ten alza la vista de nuevo.

– “Aunque creo que podría llegar volando…” – sonríe con cierta prepotencia. – “¡Sí!” – se reafirma. – “Con el poder que tengo ahora, seguro que lo logro.”

Karín hace un gruñido de desaprobación y Ten se da cuenta.

– “Hmm…” – refunfuña el Duende.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Ten.

Pero el propio Ten no tarda en darse cuenta y agacha la cabeza.

– “Ya veo…” – suspira el guerrero. – “Mis intenciones quedan reflejadas en mis acciones…” – murmura la frase que le dijo Bora.

El felino asiente.

– “Si crees que yo soy severo, te llevarás una sorpresa cuando llegues a la Atalaya.” – advierte Karín.

Ten suspira de nuevo.

– “¿Y sabe dónde puedo encontrar a su viejo alumno?” – pregunta el guerrero.

– “Por supuesto… Aunque el muy caradura regaló el báculo sin mi permiso…” – murmura el felino, rascándose la barbilla. – “De todas formas, es posible que puedas encontrar a su actual dueño…”

– “¿Dónde?” – pregunta Ten.

– “Al oeste de aquí, al otro lado del mar…” – dice Karín. – “En un solitario lugar al que llaman Monte Paoz.”

Ten camina en esa dirección, con la mirada puesta en el horizonte.

– “¿Por allí?” – pregunta Ten.

– “Ajá…” – asiente Karín.

– “De acuerdo.” – asiente el guerrero, avanzando hasta el límite del tejado.

– “¿Vas a ir a buscarlo?” – se sorprende el gato.

– “No tardaré mucho.” – sonríe Ten.

Karín saca una semilla senzu y se la lanza. Ten la caza al vuelo y se la guarda.

Sin decir nada más, el guerrero se lanza al vacío para luego salir volando como un cohete a reacción, desapareciendo en el horizonte en un instante.

Karín se queda mirando al oeste.

– “Fanfarrón.” – protesta el Duende.

Ten Shin Han surca el cielo haciendo varias piruetas, poniendo a prueba su nuevo poder, volando a una velocidad a la que jamás había viajado.

De repente, el guerrero frena en seco.

– “¿Eh?” – murmura, confuso. – “Qué extraño… Siento una sensación muy peculiar… Hay algo en esa dirección.”

Ten aterriza y camina entre cañas de bambú hasta que se topa con una humilde cabaña.

– “¿Una casa?” – se pregunta Ten.

– “¿Puedo ayudarte?” – le interrumpe una voz.

Ten se da la vuelta y se encuentra a un joven de baja estatura, con la cabeza afeitada y seis puntos tatuados en la frente, vestido con un gi morado y cinturón blanco, que transporta leña.

– “Busco el Monte Paoz.” – responde Ten.

– “Estás en el lugar correcto.” – responde el joven.

El muchacho sigue su camino hasta la cabaña, pasando por al lado de Ten.

– “Llegar hasta aquí no es tarea fácil… Nunca vemos a nadie.” – dice el muchacho. – “Acompáñame y te prepararé una taza de té.”

– “Muy amable.” – asiente Ten. – “Pero tengo prisa…”

– “Descansar es incluso más importante que trabajar.” – responde el joven, que sigue caminando hacia la pequeña casita.

Ten se dispone a seguir al muchacho al interior de la cabaña, cuando se da cuenta del objeto que luce en su espalda.

– “El… el báculo sagrado…” – murmura Ten al ver el bastón rojo enfundado en una vaina naranja.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, el Oficial del Estado Mayor Black se encuentra en su despacho, atendiendo una llamada.

Al otro lado del teléfono, en una sastrería de ropa de un pequeño pueblo, el Coronel Sliver.

– “Parece que ha pasado por aquí.” – confirma Silver.

– “Cuando encuentre al viejo, hágamelo saber.” – dice Black.

– “¿Quiere que lo mate?” – pregunta el soldado.

– “Cuide su ego, Coronel.” – dice el Oficial de Estado. – “Puede parecer un viejo carroza, pero Tsuru sigue siendo un experto en artes marciales…”

En el Monte Paoz, Ten Shin Han se ha dado cuenta de que el joven lleva la reliquia de Karín atada a la espalda.

– “¿Has dicho algo?” – pregunta el muchacho.

– “Ese báculo…” – dice Ten, sorprendido. – “¿De dónde…?”

– “¿Mi bastón mágico?” – se extraña el chico. – “Es un regalo de mi maestro.”

Ten hace una reverencia.

– “Necesito el báculo.” – dice Ten Shin Han. – “Préstamelo, por favor.”

– “¿Qué te preste mi bastón?” – se extraña de nuevo el joven. – “Ni hablar.”

– “El mundo está en peligro.” – insiste Ten. – “Y necesito esa reliquia sagrada para poder ascender hasta Kamisama y…”

– “¿Kamisama?” – repite el joven con una mueca de desconfianza. – “Ya, claro… Que no te lo doy.” – sentencia. – “Ya puedes irte por donde has venido.” – dice mientras le da la espalda.

El rostro de Ten Shin Han cambia de repente, tornándose serio y frío.

– “Lo he pedido por favor.” – advierte Ten.

– “Lo siento, extranjero.” – responde el joven, sin darse la vuelta.

En un parpadeo, Ten recorta la distancia entre ellos y agarra el bastón.

La leña cae al suelo. El joven se revuelve en un instante y lanza a Ten por los aires con una llave de lucha. 

Ten da una voltereta en el aire y cae de pie.

– “Sabes pelear…” – dice Ten. – “Por las marcas de tu frente, diría que eres un monje del Templo Orin… ¿Qué haces tan lejos de tu hogar?”

– “No toleraré que vengas hasta aquí y seas tú el que me pida explicaciones.” – responde el muchacho.

Los dos se miran fijamente. La brisa hace que los árboles se contoneen en el tranquilo Monte Paoz.

En un parpadeo, los artistas marciales se abalanzan el uno contra el otro.

Ten intenta propinar un puñetazo a su contrincante, pero éste lo esquiva y contraataca con una patada giratoria que Ten detiene.

Los dos retroceden, recuperando la distancia entre ellos.

– “No eres un simple monje…” – dice Ten.

– “Ni tu un extranjero cualquiera…” – responde el joven.

De nuevo, los luchadores se embisten e intercambian golpes, tanteándose.

Los dos dan un puñetazo a la vez, chocando sus puños.

– “¡Piedra!” – exclama el joven.

El monje sorprende a Ten metiéndole los dedos en los ojos, pillándolo por sorpresa.

– “¡Tijera!” – exclama.

Ten retrocede, dolorido, cerrando los ojos con fuerza.

– “¡Y PAPEL!” – anuncia el monje, listo para empujar a su contrincante.

Pero Ten le agarra el brazo. Su tercer ojo sigue abierto.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden el joven.


Ten Shin Han lanza al joven contra un árbol con una técnica de judo.

El monje se levanta de un salto y se queja, sujetándose la espalda, dolorido.

– “Ay… ay…” – protesta el muchacho.

– “Maldita sea…” – Ten se frota los ojos. – “¿Cómo ha podido sorprenderme con una técnica tan simple…?” – se pregunta.

Ten levanta su dedo índice.

– “Te lo advierto, muchacho.” – amenaza con cierta vergüenza. – “Puede que no lo sepas, pero te estás enfrentando a Ten Shin Han.”

– “¿Tenshinhan?” – se extraña el joven. – “¿Cómo la tortilla de cangrejo?”

– “¡NADA QUE VER!” – protesta Ten.

El monje se pone en guardia.

– “Mira, muchacho… Yo me llamo Krilín.” – se presenta. – “No sé si debería conocerte o no, pero aquí arriba no llegan muchas noticias. No sé para qué quieres mi bastón, pero tampoco me interesa. Es un regalo y no te lo daré.”

Ten levanta de nuevo su dedo.

– “No me dejas alternativa.” – dice el guerrero de tres ojos con cierto pesar.

La punta de su dedo se ilumina.

– “¿Eh?” – se sorprende Krilín.

– “¡¡DODONPA!!” – Ten lanza su ataque.

Un rayo de energía amarillo avanza a toda velocidad hacia el monje, que reacciona instintivamente.

Desenfundando el bastón mágico, Krilín repele el Dodonpa de Ten hacia el cielo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Ten.

Krilín apunta a Ten con el báculo.

– “¡Alárgate, bastón mágico!” – ordena el monje.

El báculo se alarga y sorprende a Ten, golpeándolo en el abdomen y empujándolo a través del bosque colindante.

El bastón no tarda en recuperar su tamaño original y Krilín lo enfunda.

– “Eso era muy peligroso…” – protesta el monje. – “Podrías matar a alguien con esa técnica.”

Pero como si nada, del bosque regresa Ten Shin Han, con una mano agarrándose el abdomen.

– “Esto me pasa por intentar contenerme…” – sonríe el guerrero de tres ojos.

– “Qué insistente eres…” – suspira Krilín.

En un parpadeo, Ten desaparece y reaparece detrás del monje.

– “¿EH?” – se sorprende Krilín, incapaz de seguir sus movimientos.

Con un codazo en la nuca, el monje es proyectado hacia delante, chocando de cara contra el suelo, creando un surco en el la tierra con su rostro.

Ten arranca el bastón de la espalda de Krilín. 

– “Lo siento, muchacho.” – dice Ten. – “Pero el destino de la Tierra depende de esto.”

Pero el monje aún no ha dicho su última palabra. Dolorido, intenta levantarse.

– “Vaya…” – refunfuña Ten, con sorpresa y hastío. – “Qué resistente…”

De repente, Ten se da cuenta de que el joven se ha convertido en un espejismo, y tres más se encuentran dando vueltas alrededor del guerrero de tres ojos.

– “No puedes engañar a mi vista…” – sonríe Ten, mirando a cada una de las figuras danzantes.

Krilín se abalanza sobre Ten, que detiene cada golpe del monje con el bastón aún enfundado, pero el monje logra golpear la muñeca de Ten, haciendo que el bastón salte por los aires y caiga a varios metros de distancia.

El monje retrocede, de nuevo en guardia.

– “¡Ka… Me…!” – recita Krilín, juntando las manos y llevándolas a su costado derecho de su cadera. – “¡Ha… Me…!”

Una esfera de energía azulada se manifiesta entre sus manos.

– “¡NO PUEDE SER!” – se sorprende Ten.

– “¡¡HAAAAA!!” – el monje proyecta su ataque.

Ten Shin Han se apresura a realizar una serie de sellos con sus manos mientras el ataque se aproxima.

– “¡¡KYAAAA!!” – grita Ten en el instante que iba a recibir impacto.

La esfera de energía azul se frena repentinamente; fenómeno al que Krilín asiste atónito.

Y como una exhalación, a una velocidad incluso superior a la que había sido lanzado, el Kamehameha regresa a su emisor.

Krilín intenta cubrirse rápidamente, pero recibe el impacto de su propia técnica, que estalla y lo lanza al suelo, haciendo trizas la parte superior de si gi.

Ten Shin Han recupera el bastón y camina hasta el joven.

– “El Kamehameha… La técnica insignia de la Escuela Tortuga…” – piensa Ten.

Ten se da cuenta de que el joven aún respira, quejoso.

– “¿Quién demonios es este tipo?” – se pregunta Ten.

Una tos ronca llama la atención de Ten. La continua tos proviene de la cabaña. 

Ten se queda un instante ensimismado. Después mira de nuevo al joven malherido, y de nuevo al Báculo Sagrado en su mano.

Ten Shin Han se agacha y saca la semilla senzu que le dio Karín y se la da a su contrincante.

– “Cómete esto.” – dice Ten. – “Verás como recuperas tus fuerzas.”

El joven la mastica con dificultad y de repente abre los ojos, completamente recuperado.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado?” – se pregunta Krilín, mirándose las manos.

– “Es una semilla mágica.” – dice Ten, levantándose.

Krilín se levanta de un salto.

– “Increíble…” – dice el monje. – “¡Me siento genial!”

Ten entrega el báculo a Krilín.

– “Toma.” – dice Ten Shin Han.

– “¿Me lo devuelves?” – se extraña el monje. – “¿Por qué?”

Ten da la espalda al monje mientras esboza una media sonrisa.

– “Buena suerte, Krilín.” – se despide antes de alzar el vuelo a toda velocidad.

El monje se queda perplejo al ver a un humano volando.

– “Qué tipo tan raro…” – murmura el monje.

La tos del anciano continúa.

– “¡Maestro!” – exclama Ten, apresurándose a entrar a la cabaña.

Ten Shin Han no tarda en regresar a la Torre de Karín, donde el Duende ya lo espera en el tejado.

– “¿Y bien?” – pregunta Karín.

– “Lo siento.” – se disculpa Ten. – “No traigo el báculo.”

– “Hmm…” – sonríe el gato. – “Puede que te haya subestimado…”

– “¿Eh?” – se extraña un confuso Ten.

Karín saca de nuevo el cascabel.

– “Aquí tienes.” – se lo entrega.

– “¿De verdad?” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Dijiste que podías llegar volando, ¿no es así?” – sonríe Karín.

– “Creo que sí…” – dice Ten, mirando al cielo.

– “Mucha suerte.” – se despide el felino.

– “Gracias, Duende Karín.” – asiente Ten, con una sonrisa en su rostro.

El guerrero de tres ojos alza el vuelo y desaparece en el cielo azul.

En la cabaña del Monte Paoz, Krilín acerca un vaso de agua a un anciano tumbado sobre un futón.

El viejo luce un gran bigote blanco y una camiseta interior de tirantes blanca, cubierto hasta el cuello por edredón.

– “Aquí tiene, maestro…” – dice Krilín, sujetándole la cabeza para que pueda beber.

– “Krilín…” – dice el anciano. – “Eres un buen chico…”

Krilín le limpia la boca y reposa de nuevo su cabeza en la almohada.

El joven se cambia la parte superior del gi por una nueva.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el anciano.

– “Ha llegado un muchacho buscando pelea…” – responde Krilín, quitándole hierro al asunto.

– “Debía ser muy fuerte…” – dice el maestro.

– “Sí, mucho…” – dice Krilín, que sin darse cuenta esboza una media sonrisa.

El viejo maestro sonríe al ver a su alumno emocionado.

– “Ya veo…” – dice el anciano. – “Creo que… creo que ha llegado el momento de que sigas tu camino…” – dice el anciano.

– “¿Mi camino?” – se extraña Krilín. – “No voy a dejarle, maestro Gohan.”

Son Gohan sonríe y cierra los ojos.

– “El mundo es muy grande… y puede ser maravilloso…” – dice el anciano. – “Descubrirlo es una verdadera aventura mística.”

Krilín mira a su anciano maestro y sus ojos se llenan de lágrimas al ver que Son Gohan ha dejado esta vida con una sonrisa en su rostro.