OMG // Capítulo 18: Piratas
El navío se ha sumergido y entra en una gruta gigantesca en el fondo marino, donde navega hasta emerger en la base pirata vacía.
– “Hemos arribado” – anuncia un oficial.
Nuestros amigos salen a cubierta y observan el entorno.
– “¡Vaaaya!” – exclama Ikose asombrado. – “¡Es una base gigantesca!”
– “Al parecer, los piratas escondían aquí sus tesoros” – explica Erasa.
La tripulación amarra la nave y se prepara para repostar, mientras nuestros amigos desembarcan para echar un vistazo al lugar.
Todos parecen estar relajados, esperando a que el submarino esté listo para continuar el viaje, pero Shapner se percata de una mancha de combustible en el suelo y acerca para examinarla.
– “Parece reciente…” – murmura al darse cuenta de que es fresca.
El brazalete de Erasa empieza a brillar mientras suena una alarma.
– “¡Detecto algo!” – exclama la analista. – “Parece que…”
Gohan oye pasos y atisba varias sombras moverse dentro de los hangares.
– “No estamos solos.” – dice el mestizo.
En un instante, la situación se convierte en un duelo mexicano. Los piratas salen de sus escondites, vistiendo pantalones bombachos y turbantes, y apuntan a los soldados del Ejército Real, que reaccionan con el mismo talante.
– “¡Todos quietos! ¡No os mováis o dispararemos!” – gritan los piratas.
– “¡Alto en nombre del Rey!” – gritan los soldados. – “¡No deis ni un paso más!”
Gohan levanta las manos para evitar problemas.
– “No queremos pelear” – dice el saiyajín. – “Vamos a repostar y seguir nuestro camino”.
– “¿Repostar en mi base?” – dice una voz proveniente de un hangar. – “El combustible es un bien escaso… y muy caro”.
Un gigantesco personaje, de piel morena, cabello oscuro recogido en una coleta y un fino bigote, sale de las sombras. Lleva un pantalón blanco holgado con un ceñido cinturón azul, zapatos en punta, chaleco azul y brazaletes dorados.
– “Soy el Capitán Punta” – se presenta. – “Y esta es mi gente”.
– “Pues dile a tu gente que baje las armas si no queréis problemas” – le desafía Videl.
Punta se acerca a la Sargento intentando intimidarla.
– “Una chica descarada…” – murmura el pirata.
– “¿Crees que puedes intimidar a una Sargento del Ejército Real?” – le desafía ella.
– “¿Tú? ¿Sargento? ¡Jajajaja!” – se burla Punta.
– “No deberías burlarte de la hija del General Satán” – le dice Shapner.
– “¡¿La hija de Satán?!” – se sorprende el pirata, que enseguida se calma y sonríe de forma malvada. – “Qué interesante…” – murmura. – “Conozco a tu padre, niña, le conocí en el último torneo de artes marciales que se celebró. Le hubiera ganado, pero perdí injustamente contra ese Jewell… ¡Maldita sea!” – exclama enfadado. – “Pero estoy seguro de que habría derrotado a tu padre.”
– “¡Te recuerdo!” – exclama Videl. – “Ni siquiera pudiste con ese enclenque… ¿y dices que podrías ganar a mi padre?”
– “¡Te lo voy a demostrar!” – responde Punta furioso. – “¡Os propongo un trato! ¡Tú contra mí! Si me ganas, podréis repostar.”
Gohan sonríe ante la proposición del pirata.
– “¡Esto es absurdo!” – dice Videl. – “El Ejército Real no va a aceptar algo tan…”
– “La Sargento acepta” – la interrumpe Son Gohan.
– “¿¡Qué!?” – exclama Videl – “Pero, ¿qué estás haciendo?”
– “Es la forma más práctica y rápida” – responde el mestizo.
– “¡Gohan tiene razón!” – le apoya Shapner. – “Esto será pan comido! Mírale, será tan lento que no conseguirá ni tocarte.”
Punta hace un gesto para que sus hombres les dejen espacio y acto seguido retrocede dando unas volteretas con una agilidad pasmosa ante la incredulidad del teniente.
– “Bueno…” – murmura Shapner. – “Puede que me equivocara…”
– “¿Por qué me has metido en esto?” – le pregunta Videl a Gohan, mientras se quita la chaqueta beige del uniforme y se queda en su camiseta interior negra.
– “Tómatelo como parte del entrenamiento” – responde el mestizo.
– “¿Entrenamiento?” – dice ella.
– “¡Venga, chiquilla!” – la apresura Punta. – “¡Vamos a pelear!”
Videl se acerca al centro del corro formado por los soldados y los piratas y se pone en guardia frente a Punta, que sonríe viéndose victorioso ante la menuda Sargento.
– “¿Estás seguro de esto, Son Gohan?” – le pregunta Ikose.
– “¿Acaso dudas de la Sargento?” – le recrimina Erasa.
– “No es eso, pero es que el tipo es enorme…” – responde el joven soldado.
Punta es quién inicia el ataque e intenta golpear a Videl, que le esquiva saltando hacia un lado. El orondo pirata la persigue y ella se limita a esquivarle con cierta dificultad, sorprendida ante la velocidad del sujeto.
Videl se desliza entre las piernas de Punta e le sorprenderle por la espalda. Rápidamente golpea su rodilla, haciendo que pierda el equilibrio y caiga al suelo; pero cuando se dispone a darle el golpe de gracia, el pirata le agarra una pierna y la levanta del suelo.
Sujeta por una pierna y boca abajo, la Sargento golpea la barriga de Punta, que resiste los golpes y empieza a zarandearla como si fuera una muñeca de trapo, estampándola contra el suelo una y otra vez.
Shapner da un paso al frente, dispuesto a ayudar a Videl, pero Gohan le detiene.
Videl consigue dar una patada en la mano de Punta que la tiene sujeta y se libera, dando una voltereta hacia atrás para recuperar la distancia.
La Sargento sangra por la nariz y por la boca. También tiene un corte en la ceja derecha.
– “¿Quieres abandonar?” – fanfarronea el pirata.
– “No hables tanto y ataca” – le responde la Sargento en un tono desafiante que saca de quicio a Punta.
El pirata intentar golpear a Videl, que vuelve a esquivarle. Se repite la escena del principio del combate, con Punta persiguiendo a la Sargento y ella esquivándole, cambiando de dirección a cada pocos pasos. Punta parece que empieza a cansarse.
– “Videl ya ha ganado” – sonríe Gohan.
– “¿De qué estás hablando?” – dice Ikose confundido.
En el siguiente cambio de dirección, la rodilla de Punta cede, y el Pirata cae al suelo gritando de dolor.
– “Se acabó” – le dice Videl.
– “¿Qué acaba de ocurrir?” – pregunta Ikose.
– “Punta es un luchador muy ágil pese a su peso” – responde Gohan. – “Pero eso hace que sus rodillas sufran una carga extrema con cada cambio de dirección.”
– “Y Videl se ha dado cuenta y le ha obligado a forzar la rodilla hasta que ha llegado a su límite” – añade Shapner. – “¡Brillante!”.
– “Ya lo entiendo…” – dice Ikose asombrado. – “¡La Sargento es genial!”
Son Gohan sonríe satisfecho.
Varios piratas se acercan a Punta para intentar socorrerle, pero él los rechaza.
– “¡Apartaos!” – les grita. – “¡Maldita sea!” – se lamenta mientras se reincorpora cojeando de forma severa.
Shapner da un paso al frente.
– “La Sargento ha vencido” – dice. – “Esperamos que cumplas tu palabra y nos dejes repostar sin problemas”.
Punta agacha la cabeza humillado.
– “Os he dado mi palabra” – responde resignado. – “Proceded”.
Los soldados del Ejército Real se disponen a seguir con su trabajo y dejar el navío listo para seguir su viaje hacia la Muscle Tower.
– “¡Tú! ¡Espera!” – le dice Punta a Gohan.
Gohan y el resto se detienen para escuchar al pirata.
– “Ese Gi es de la escuela Tortuga, ¿verdad?” – pregunta Punta.
– “Es el Gi de mi padre” – responde el mestizo.
– “¿Quién es tu padre? ¿Dónde están los luchadores de la escuela Tortuga?” – sigue preguntando el pirata.
– “Muertos” – responde tajante Gohan.
Punta parece hundido por esa respuesta.
– “Es una lástima” – responde Punta. – “He oído grandes historias de primera mano… Tenía la esperanza de que lograrían derrotar a los androides.”
Gohan agacha la cabeza y se marcha en silencio.
– “Tranquilo” – interviene Ikose. – “Déjalo en manos del Guerrero Dorado”.
– “¿El Guerrero Dorado?” – repite Punta, que empieza a atar cabos mientras observa a Gohan alejarse.
Erasa se acerca a Gohan y le agarra del brazo, tan coqueta como siempre.
– “¿Estás bien?” – le pregunta al verle algo decaído.
– “Sí, no pasa nada” – responde el mestizo.
Gohan se acerca a Videl, que se está limpiando la sangre de la cara con un harapo.
– “Ha sido un buen combate” – la felicita Gohan.
– “¡Sí! ¡Impresionante!” – añade Ikose.
La Sargento se levanta enfadada con Gohan, a quien empuja con fuerza.
– “¡¿Qué pretendías metiéndome en esa pelea?!” – le recrimina. – “¿Por qué no has peleado tú?”
– “No parecía muy fuerte…” – se excusa Gohan. – “Además, si elevo demasiado mi ki en un descuido, podría alertar a Cell…”
– “Era la mejor manera de solucionar esto sin que hubiera bajas” – le apoya Shapner.
– “Eso, eso” – dice Gohan intentando escaquearse de la discusión.
Videl resopla resignada y se marcha a su camarote.
– “Me debes una” – le susurra Shapner a Gohan.
El pirata Punta se acerca al teniente y a Gohan.
– “Para disculparme por mi arrogancia, permitidme invitaros a pasar la noche con nosotros” – dice Punta. – “¡Tenemos ron y comida para un pequeño banquete!”
En ese instante, las tripas del teniente resuenan con fuerza.
– “No nos iría mal comer algo de verdad…” – responde Shapner, harto de las raciones militares. – “Está bien. Muchas gracias por vuestra hospitalidad”.
– “Es lo mínimo que podemos hacer después de todo este alboroto”. – responde el pirata.
Los piratas y los soldados del Ejército Real preparan un apetitoso banquete. Ambos bandos ríen y beben juntos.
– “¿Por qué no me has consultado esto?” – le dice la Sargento al teniente, que está sentada entre Erasa y Shapner.
– “Tenía hambre…” – se excusa Shapner.
– “¡¿Has retrasado nuestra misión porque tenias hambre?!” – le increpa Videl.
– “Lo que quiere decir es que nuestros hombres tenían hambre” – interviene Gohan. – “Creo que esto les subirá el ánimo… Además, siempre es bueno tener aliados”.
– “Supongo que tenéis razón…” – responde Videl.
Shapner suspira y Gohan, a su lado, le da un codazo de forma cómplice.
– “Estamos en paz” – se burla.
Punta, sentado frente a Videl, se levanta y sirve ron a sus nuevos amigos hasta llegar a Gohan.
– “¿Un poco de ron, Guerrero Dorado?” – le dice Punta.
– “No bebo” – responde Gohan tapando la copa con su mano.
El pirata vuelve a sentarse y se dirige a la Sargento.
– “¿Cuál es vuestro destino?” – pregunta.
– “Primero nos dirigiremos al Sur para llegar a la antigua Muscle Tower.” – responde la Sargento. – “Tras cumplir nuestro cometido allí, viajaremos al Este hasta la Tierra Sagrada de Karin”.
– “¿La Tierra Sagrada?” – se extraña Punta. – “¿Qué os lleva hasta ahí?”
– “Voy a visitar a un viejo amigo” – responde Gohan.
– “Esa costa está bajo la supervisión de un amigo mío” – dice Punta. – “Pero él no es tan buen anfitrión como yo…” – añade. – “Si sólo viajas tú, ¿quieres que te llevemos?” – le dice a Gohan.
Son Gohan reflexiona unos instantes mientras recuerda la conversación con Satán.
– “Podría reducir el tiempo de la misión…” – dice el mestizo.
– “¿Quieres abandonarnos otra vez?” – le dice Shapner.
– “Podríamos reagruparnos en la Capital del Oeste” – añade Erasa.
A Videl no parece gustarle el plan, pero reconoce que sería más práctico.
– “Podría funcionar” – murmura.
– “¡Entonces está decidido!” – exclama Punta. – “Son Gohan, ¡bienvenido a mi tripulación!”
Unas horas después del banquete, Videl se encuentra sola en el muelle y contempla el agua del muelle, ensimismada. Gohan se le acerca por la espalda.
– “¿Todo bien?” – le pregunta el mestizo.
– “Supongo que sí” – responde Videl.
– “Creo que viajar por separado es una buena idea.” – dice Gohan. – “No sabemos en qué momento Cell puede absorber a los androides y acabar con todo. No tenemos tiempo que perder”.
– “Lo sé” – responde tajante la Sargento. – “Espero que todo esto salga bien”.
– “Saldrá bien” – la anima Gohan poniendo la mano sobre su hombro y lanzando al mar su petaca.
Videl sonríe al verle deshacerse de ella, que se hunde lentamente.
– “Aún quedan unas horas antes de zarpar” – añade el mestizo. – “Ven conmigo. Quiero enseñarte algo”.