OLD MAN GOHAN // Capítulo 60: El legado de Son Gohan

OMG // Capítulo 60: El legado de Son Gohan
En la Capital del Norte, los humanos, ahora libres, intentan entender lo que les ha ocurrido. Los que fueron controlados por Babidí recuerdan una terrible voz en su cabeza, e intentan explicar la situación a los demás.
Son muchos los que han hecho daño a sus seres queridos. Algunos se disculpan apenados y avergonzados ante ellos; otros han despertado demasiado tarde.
Mientras tanto, Trunks y los demás han llegado al Monte Paoz. Shapner e Ikose preparan la vieja casa de la familia Son, mientras el joven Gyuma descansa en la cama de su padre. En la habitación de al lado, Ikose venda el brazo de Lupo, improvisando un cabestrillo.
Fuera de la casa, Videl se sobresalta al escuchar la voz de Norimaki a través de Arale.

– “¡¡QUÉ AL ALGUIEN ME RESPONDA!!” – insiste el Doctor.
– “¡Doctor Norimaki!” – exclama Videl. – “¡Le oigo!”
– “¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien?” – pregunta Senbei.
– “¡Las comunicaciones se cortaron durante el combate!” – responde Videl.
– “Me alegro de oíros de nuevo. Eso significa que Arale está bien.”  suspira aliviado el doctor.
– “¡N’cha!” – saluda Arale.
– “¿Y tu muchacho?” – pregunta Senbei.
– “Gyuma está bien” – responde ella.
– “¡Bien! ¡Me alegro!” – celebra Norimaki. – “¿Qué ha pasado con el mago? Ha habido tantas interferencias… ¡Incluso me ha parecido oír a Son Gohan!”
Videl agacha la cabeza entristecida.

– “Son Gohan ha luchado a nuestro lado” – responde Videl con la voz entrecortada. – “Pero el monstruo ha despertado.”
– “¡¿SON GOHAN HA VUELTO?!” – exclama Senbei ilusionado. – “¡Eso son excelentes noticias!”
– “Son Gohan…” – titubea Videl.
Mientras tanto, Upa, Trunks y Karín presentan sus respetos ante la tumba del abuelo Gyuma.

– “Cuando el chico despierte, tendrás que contarle lo que le ha pasado a su padre” – dice el felino.
– “Lo sé” – responde Trunks. – “He entrenado durante muchos años… pero no para algo así. No imagino lo duro que tuvo que ser para Gohan darle la noticia a mi madre.”
– “Son Gohan vivió en un lugar oscuro durante muchos años…”  reflexiona Upa. – “Pero al final se convirtió en la luz que llenaba de esperanza este planeta.”
– “Y ahora ya no está” – suspira Trunks.
– “El legado de una persona no termina con su muerte” – le corrige el duende. – “Son Gohan no ha muerto. Gyuma y tú seguís aquí.”
– “Ojalá hubiera llegado un instante antes” – lamenta Trunks.
– “Son Gohan sabía que venías” – dice Karín. – “Intentar eliminar a Bu antes de que tuvieras que enfrentarte a él fue su modo de pedirte perdón.”
Los ojos de Trunks se tornan vidriosos al escuchar las palabras de Karín.

– “Le dije a Goku que tenía que ser él quien volviera…” – dice Trunks. – “Hace quince años, cuando descubrimos que Babidí había regresado, los Kaioshin vinieron al planeta de Kaiosama a buscar a un guerrero capaz de blandir la Espada Z. Todos estábamos de acuerdo en que tenía que ser Son Goku, pero él se negó. Dijo que su tiempo había pasado y que era yo quien debía prepararme para regresar.”
– “Típico de Goku” – sonríe Upa.
– “Ahora me pregunto si se equivocó…” – suspira Trunks.
– “¿Lo hizo?” – le pregunta el duende.
Trunks se sorprende ante la pregunta directa del sabio Karín.

– “No voy a rendirme” – responde Trunks.
– “Bien” – sonríe Karín. – “Puede que hayas entrenado con Goku, pero vas a necesitar el orgullo de tu padre si quieres derrotar a Majin Bu”.
Senbei y Videl siguen hablando por radio. Ella le ha contado todo lo ocurrido en la Tierra Sagrada de Karín, y el Doctor la ha puesto al día sobre los sucesos en la Capital del Norte.

– “Lo siento mucho, Videl” – dice apenado Norimaki.
– “Ahora tenemos que centrarnos en nuestro siguiente paso” – responde ella. – “Trunks ha vuelto y va a ayudarnos a derrotar a Majin Bu. Aún tenemos esperanza”
– “Al menos no todas las noticias son malas” – responde Senbei. – “El Rey Chapa ha mandado su flota al norte. Silver y Van Zant han muerto. El Ejército Plateado ha llegado a su fin.”
Mientras tanto, Majin Bu y Bacterian caminan por la llanura.

– “¿A dónde vamos?” – pregunta tímidamente el pirata.
– “No lo sé” – responde Bu. – “Este planeta parece aburrido. Puede que lo destruya.”
– “¡No hagas eso!” – exclama Bacterian asustado. – “¡Este planeta no es aburrido!”
– “A mí me lo parece” – insiste el monstruo.
– “¡Hay muchas cosas estupendas!” – dice el pirata.
– “¿Como cuales?” – pregunta Bu.
Bacterian se detiene un instante a pensar.

– “¡El mar!” – responde el pirata.
– “¿Eso qué es?” – pregunta confuso el monstruo.
– “¿No sabes qué es el mar?” – se extraña Bacterian.
– “No” – responde Bu. – “¿Se come?” 
– “No… ¡Pero hay un montón de cosas sabrosas en él!” – dice el pirata. – “Además, cuando surcas el océano en un barco tienes un maravillosa sensación de libertad. Sientes que nadie puede darte órdenes y gobiernas tu propio destino.”
– “Mmmm…” – reflexiona Bu. – “¡Eso me gusta! ¡Llévame al mar!”
En el Monte Paoz, Gyuma abre finalmente los ojos. Aturdido, se pone en pie y sale de la vieja habitación de Gohan, encontrándose con Shapner y Erasa en el comedor.

– “Me alegro de verte en pie, chico” – le dice Shapner.
– “¿Dónde estamos?” – pregunta Gyuma.
De repente, Videl, que ya no lleva la armadura, ha sentido el ki de su hijo y entra corriendo, abalanzándose sobre él, y abrazándole y besándole la mejilla.

– “¿Qué ha pasado? ¿Y papá?” – pregunta el muchacho confuso.
Videl abraza con más fuerza a su hijo.

– “Lo siento, Gyuma…” – llora Videl. – “Lo siento mucho.”
Gyuma se queda sin palabras.

– “No…” – dice casi sin voz. – “No… No…” – repite mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
El pobre chico, que había crecido sin su padre y ahora había logrado finalmente conocerle, siente como todas sus expectativas se derrumban de repente, estallando en un sonoro sollozo.
Los presentes agachan la cabeza en señal de respeto. Todos han pasado por situaciones similares en su vida, pues la batalla contra los androides fue ardua.
De repente, la mirada de Gyuma cambia por completo. La ira le embarga y aparta a su madre mientras se dirige a la puerta.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta Videl.
– “A buscar a Majin Bu” – responde tajante.
– “¡NO!” – exclama Videl, que le agarra por el brazo.
Gyuma sigue caminando, mientras su madre intenta detenerle.

– “¡Por favor, Gyuma! ¡No lo hagas!” – insiste desesperada.
Shapner e Ikose corren para interponerse entre él y la salida.

– “Tranquilízate, muchacho” – dice Shapner.
– “¡No seas imprudente!” – insiste Ikose.
Gyuma eleva su ki y una corriente de aire empuja a los dos soldados contra la pared.
El mestizo sale al exterior de la casa.

– “¡Suficiente!” – dice una voz que sorprende a Gyuma.
Un chico de su edad se encuentra apoyado en un árbol cercano.

– “¿Quién eres tú?” – pregunta el mestizo.
– “Me llamo Trunks.” – responde el chico. – “Y creo que tenemos muchas cosas de qué hablar.”
– “No me interesa” – dice Gyuma con desprecio mientras se prepara para partir.
– “Tienes que controlar tu temperamento” – responde Trunks. – “Tu ki es extraordinario, pero no sirve de nada si no lo tienes bajo control. Es algo que a tu padre le costó muchos años de entrenamiento.”
Gyuma se detiene.

– “¿Conocías a mi padre?” – le pregunta al muchacho.
– “Él fue mi maestro” – responde Trunks.
– “¿Y dónde has estado todos estos años?” – pregunta Gyuma.
– “Es una larga historia…” – responde Trunks.
– “Si no has luchado debe ser porque eres débil” – dice Gyuma.
Upa intenta acercarse al muchacho.

– “¡Tranquilízate! ¡Él…!” – exclama Upa, pero Karín le hace una señal con su bastón de que no intervenga.
Trunks se acerca a Gyuma.

– “Es posible” – responde Trunks. – “Pero tú también”.
– “Pero yo lucharé. ¡Yo no tengo miedo!” – dice Gyuma. – “Mi padre era un héroe ¡y yo también lo seré!”.
– “No me cabe duda” – sonríe Trunks. – “Llegará el momento en que puedas vengar a Gohan, pero aún no estás listo”.
Gyuma ignora a Trunks.

– “¡NUBE KINTON!” – grita el mestizo al cielo.
La nube desciende del cielo y Gyuma salta sobre ella, pero antes de poder hacerlo, Trunks le agarra del brazo y le estampa contra el suelo.
Gyuma se levanta enrabiado y se limpia la sangre del labio.
El chico se abalanza sobre Trunks, que le esquiva fácilmente. Gyuma se siente frustrado y ataca de nuevo, pero Trunks vuelve a esquivar sus ataques hasta que finalmente contraataca y le derriba de un puñetazo.

– “No vas a detenerme…” – dice Gyuma entre dientes mientras se pone en pie. – “¡Voy a vengar a mi padre! ¡Lucharé porque no tengo miedo! ¡No tengo miedo! ¡Apártate de mi camino!”
Trunks no responde. Simplemente se queda de pie frente al chico.
Gyuma ataca otra vez, pero Trunks le intercepta con un puñetazo en el abdomen y le repele con un codazo en la nariz.
El chico se levanta una vez más.

– “He dicho…” – murmura mientras su cabello se eriza levemente y sus pupilas se tornan de color verdes. – “¡…QUE ME DEJES PASAR!”  grita mientras un aura amarillenta aparece como un torbellino a su alrededor.
Todos contemplan la escena sorprendidos.
Gyuma se abalanza sobre Trunks intentando asestarle un puñetazo, pero el hijo de Vegeta detiene el golpe agarrando su puño.
El chico se detiene, parece confuso al ver los ojos de su rival, que ahora son verdes como los de su padre. De repente, Trunks estalla en una explosión de energía que repele a Gyuma. El hijo de Vegeta se ha transformado en Súper Saiyajín. 
Gyuma ha caído de espaldas al suelo. Sus ojos han vuelto a la normalidad y ha perdido su aura. El muchacho observa a Trunks confuso, viendo reflejada la imagen de su padre en esa transformación.

El chico intenta levantarse una vez más, pero cae de rodillas.

– “¡¡¡AAAAAAAHHHHH!!!” – grita Gyuma a pleno pulmón, intentando aliviar todo su dolor; sobrecogiendo a todos sus amigos. – “Yo… voy luchar…” – titubea mientras las lágrimas caen por su rostro. – “No tengo miedo… No quiero tener miedo.”

Trunks vuelve a su estado base y se acerca al muchacho, ofreciéndole su mano con una sonrisa.

– “Tenemos mucho trabajo que hacer” – dice Trunks.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Emperador Freezer / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3 y 5 / Parte VI: Planeta de metal

Especial DBSNL // U3 y U5 / Parte VI: Planeta de metal
“Has cometido un error viniendo aquí”


La nave de Freezer, tras varias semanas de viaje, se aproxima al planeta M2, que parece una gran masa metálica resplandeciente.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia uno de sus hombres.
– “Excelente” – celebra el tirano.
Al acercarse más a la superficie, un soldado irrumpe de nuevo en la cámara del Emperador con un nuevo anuncio.

– “Señor, según nuestros sensores, el planeta no tiene atmósfera” – dice el soldado.
– “No será un problema” – responde el demonio del frío. – “Detened la nave y preparad la escotilla superior. Saldré solo.”
Freezer abandona su nave y desciende hasta la superficie del planeta. 

– “Un desierto de metal…” – murmura el tirano al echar un vistazo a su alrededor. – “Que extraño” – dice algo inquieto. – “Siento un ki muy tenue en esa dirección…”
El tirano sale volando en busca de ese misterioso indicio de vida.
Mientras tanto, en la nave, Tagoma está al mando. Él supervisa las lecturas que la nave toma continuamente del planeta.

– “El señor Freezer está volando hacia el Este” – anuncia un soldado.
– “¿Alguna lectura relevante en esa dirección?” – pregunta Tagoma.
– “De momento no hay rastro de vida en el planeta, pero la corteza metálica podría causar interferencias.” – responde otro de sus hombres.
Freezer, tras unos minutos de vuelo, se topa con una gigantesca metrópolis, en cuyo epicentro se encuentra un gran edifico piramidal.
De repente, un pequeño robot se acerca al tirano. El autómata es de color blanco y forma redondeada, con un gran ojo central.

– “¡Alerta: Intruso! ¡Alerta: Intruso!” – repite el robot.
Freezer observa detenidamente a esos seres.

– “He venido a buscar información” – anuncia el tirano.
– “Forma de vida biológica detectada” – dice el autómata. – “Acceso no permitido.”
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “Eso ya lo veremos”.
El tirano alza su mano y apunta con su dedo al robot.

– “¡ALERTA: PELIGRO! ¡ALERTA: PELIGRO!” – repite el pequeño autómata.
Freezer dispara y el robot estalla en mil pedazos. 
El tirano sonríe satisfecho.
Unos segundos después, un zumbido creciente alerta a Freezer.
El tirano mira al suelo y se percata de que un enjambre de cientos de robots se aproxima a él a gran velocidad. Los autómatas tienen un aspecto similar al destruido, pero de color morado y con una larga cola naranja.
Freezer se eleva, perseguido por la turba.
El demonio del frío apunta a la multitud y dispara su Rayo Mortal a discreción, destruyendo decenas con cada ataque. Pero pronto se da cuenta de que más y más robots se unen a la batalla.
Tagoma, en la nave, puede ver las explosiones en el monitor.

– “¿¡Están atacando al señor Freezer!?” – pregunta alarmado.
El tirano se detiene en el cielo y se envuelve por una barrera esférica de energía morada y se lanza en picado contra el enjambre, causando cientos de explosiones a su paso, arrasando con todos los robots que encuentra en su camino, hasta que finalmente choca contra la superficie del planeta.
El demonio del frío mira de nuevo a su alrededor mientras aún lluven trozos de metal.

– “Chatarra…” – murmura con desprecio.
Pero pronto se da cuenta de que nuevos robos le rodean.

– “Se me acaba la paciencia…” – amenaza el tirano.
En ese instante, los autómatas se detienen.

– “¿Os rendís?” – fanfarronea Freezer.
Cuatro nuevos robots aterrizan y rodean al demonio.

– “¿Refuerzos?” – sonríe el Emperador.
Uno de los robots es humanoide, de color rojo, alto y estilizado. El segundo es grande, también antropomórfico, metálico y con detalles púrpuras. El tercero, tiene una estatura similar a Freezer, pero sin cabeza. Y el último es antropoide, pequeño y rechoncho, con partes de color verde.
En la cima de la torre central, otro autómata humanoide de tez azul y detalles dorados observa las cámaras de seguridad, repartidas por todo el planeta.

– “El Emperador Freezer… ¿Qué le trae por aquí?” – dice mientras le observa atentamente. – “Veamos de qué es capaz contra el Escuadrón Sigma”.
El gigantón robótico intenta golpear al tirano por su derecha, pero éste detiene el golpe fácilmente. El azul insiste por su izquierda, pero Freezer también le detiene. El más pequeño de ellos ataca al demonio por la espalda, pero con un golpe de su cola, el tirano lo despacha. En ese instante, el robot rojo intenta sorprender a Freezer atacándole de frente rápidamente, pero el demonio le detiene con un cañonazo de ki proyectado con sus ojos.
Freezer utiliza su poder mental para elevar al robot azul y lanzarlo contra el morado.
El pequeño robot verde vuelve a atacar al demonio, pero lo intercepta con su poder mental y lo estruja hasta convertirlo en una bola de chatarra.
El autómata rojo se eleva y dispara una tormenta de misiles contra Freezer, pero éste usa de nuevo su telekinesis para interponer al robot grandullón en el camino de éstos, haciendo que estalle en mil pedazos.
El robot azul carga de nuevo contra el tirano, pero éste moviliza los residuos metálicos esparcidos por el lugar y los lanza contra su enemigo como si fueran metralla, triturándolo.
El robot rojo embiste a Freezer, pero él alza su mano haciendo que el suelo estalle bajo el enemigo.
El autómata intenta localizar al tirano entre la polvareda, pero un disco cortante aparece por sorpresa. El robot logra evitarlo saltando, pero Freezer le espera en las alturas y le golpea con su cola, haciendo que el robot vuelva al suelo, donde un segundo disco lo rebana por la mitad.
La polvareda se disipa en unos instantes y Freezer desciende. La parte superior del robot rojo intenta gatear hasta el demonio del frío.

– “No sois más que chatarra” – murmura el tirano con desprecio antes de eliminar a su enemigo con un ataque de ki.
En la nave, Tagoma sigue pendiente de lo que sucede.

– “¡Lecturas!” – ordena a sus hombres.
– “El señor Freezer parece que sigue en perfecto estado” – responde un soldado. – “No vemos nada más.” 

Tagoma se acerca al gigantesco ojo de buey y contempla el horizonte, que resplandece por el reflejo de la luz procedente de una estrella cercana.

– “No me gusta este planeta” – murmura el soldado.
Freezer da la espalda a los restos de sus enemigos y se prepara para marcharse, pero un ruido llama su atención.
Unos extraños cables a modo de tentáculos se alzan desde el suelo metálico y se entrelazan entre sí, recogiendo los restos robóticos de sus enemigos caídos y reconectándolos.

– “Pero, ¿qué demonios es esto?” – se sorprende el de el demonio.

En un instante, los cuatro robots se han reconstruido.

– “Nunca había visto algo así…” – piensa Freezer.
Los autómatas se abalanzan sobre el Emperador, pero éste alza una poderosa corriente de aire con un gesto de su mano que barre y destruye de nuevo a sus enemigos.

Pero, en un instante, ellos vuelven a reconstruirse.

– “No pienso aguantar esto todo el día” – refunfuña el tirano.
De repente, una voz interrumpe el combate.

– “No puedes ganar, Freezer” – dice el personaje que antes vigilaba desde la torre y ahora ha decidido mostrarse.
El Emperador le mira con interés.

– “Me has reconocido” – sonríe el tirano. – “¿Tú eres quien manda aquí?”
– “¿Por qué has venido?” – pregunta el nuevo autómata.
– “Busco unas cajas de música robadas” – responde Freezer.
– “¿Y porqué aquí?” – insiste el robot.
– “El golpe solo puedo hacerse utilizando una tecnología incomprensible incluso para mis hombres, entre los que se encuentran los mejores especialistas del Universo” – responde el tirano.
– “¿Para qué querríamos unas cajas de música?” – pregunta el robot.
– “Eso aún no lo sé, chatarra” – dice Freezer.
– “Puedes llamarme Rildo” – responde el autómata.
– “¿Por qué debería poner nombre a un saco de tornillos?” – se mofa el tirano.
Rildo no reacciona ante las burlas.

– “Has cometido un error viniendo aquí” – le advierte el robot.
– “Dame la información que necesito” – insiste Freezer.
– “Estás buscando en el lugar equivocado” – responde Rildo.
– “¿Y dónde debería buscar?” – insiste el demonio del frío.
– “Ya no importa” – sonríe el robot. – “Porque no vas a abandonar este planeta”.
Rildo apunta al tirano con su mano y ésta se deforma revelando un cañón que dispara un poderoso ataque de ki que sorprende a Freezer, obligándole a protegerse.
Una gigantesca explosión barre el lugar. El autómata escanea la nube de humo y en busca de signos vitales.

De pronto, aparece una señal de alerta en el radar de Rildo. Freezer surge de la polvareda y se abalanza sobre su rival, propinándole un puñetazo y lanzándole contra unos edificios cercanos.

– “Tu ataque ha sido extraordinario” – dice el tirano. – “Me has cogido desprevenido. No he podido detectar tu energía. Pero eso no volverá a ocurrir” – añade mientras se eleva en el aire.
Rildo se pone en pie, pero se encuentra con una poderosa Bola Mortal aproximándose a gran velocidad.
El ataque del tirano impacta contra el enemigo y un gran estallido engulle parte de la ciudad.

Freezer desciende y se percata de que los robots que le rodeaban han dejado de funcionar.

– “Qué extraño…” – murmura el tirano. – “Supongo que él controlaba los autómatas de este planeta.”
En ese instante, una montaña de metal, que ahora se comporta como un líquido viscoso, se alza detrás de Freezer.
El tirano se da la vuelta y contempla el extraño fenómeno.
En lo alto de la montaña, una figura humanoide musculosa y brillante surge de su cima y se separa de ésta.

– “Yo soy el planeta” – sonríe Rildo, que ha tomado una nueva forma.

DBSNL // Capítulo 84: Dios del Todo

DBSNL // Capítulo 84: Dios del Todo
“Muéstrale a éste Dios de Nada el poder del Todo”

Zeno Zamas aleja a Jiren y Piccolo con una fuerte onda expansiva. En ese instante de descanso, ve algo por el rabillo del ojo que le llama la atención.
Piccolo mira en la misma dirección que Zeno y ve a Goku, por lo que ata cabos rápidamente.

– “¡Se ha dado cuenta!” – exclama Piccolo.
Jiren se prepara para atacar, pero es adelantado por Beerus, que ataca al Dios del Todo sin contenerse.
Zeno esquiva varios golpes del Hakaishin y contraataca rápidamente.
El Dios del Todo activa su espada y apuñala a Beerus en el abdomen.
El Hakasihin del Universo 7 escupe sangre sobre el hombro de Zeno.

– “Estoy harto de juegos” – le susurra Zeno Zamas al oído. – “Un Hakaishin que se opone al poder supremo debe ser castigado con algo peor que la muerte”.
Zeno extrae su hoja de ki y golpea a Beerus, lanzándole contra el suelo ante la mirada temerosa de todos.
Beerus se reincorpora, mareado, agotado, con la vista nublada.

– “No lo entiendes, Zamas” – le dice el Hakaishin. – “Y no te culpo, porque yo tardé en comprenderlo”.
– “¿De qué estás hablando?” – le dice Zeno.
– “Nuestro trabajo va más allá de mantener el orden.” – explica Beerus. – “Nuestro deber es ofrecer las herramientas para que los mortales lo mantengan.”
– “¡Yo soy el orden!” – exclama Zeno.
– “No, Zamas” – le corrige el Hakaishin. – “Tú eres el caos que lo precede.”
Zeno Zamas, ofendido ante el desprecio por parte del Hakaishin, extiende la palma de su mano hacia éste.

– “Desaparece” – susurra sonriendo.
El cuerpo de Beerus empieza a desvanecerse ante la mirada de todos nuestros amigos.

– “¡Señor Beerus!” – exclama Goku a lo lejos.
– “¡Beerus!” – grita Champa a su lado.
Beerus sonríe. Pese a saber que es su final, un sentimiento de paz le embarga.

– “Champa” – dice el Hakaishin. – “El Universo 7 queda en tus manos.”
– “Así no” – le responde Champa. – “No tiene gracia si no puedo presumir ante ti.”
– “Serás un buen Hakaishin” – responde Beerus.
Whis observa la escena desde la distancia.

– “Señor Beerus…” – murmura triste.
Beerus mira a Son Goku a lo lejos, le sonríe y asiente con la cabeza, algo a lo que Son Goku responde del mismo modo.

– “Muéstrale a este Dios de Nada el poder del Todo” – murmura antes de desaparecer por completo.


Dibujado por Ipocrito


El Daishinkan, furioso, avanza hacia Son Goku, pero es interceptado por Whis, que se pone en su camino.

– “Tú…” – murmura el Sacerdote. – “¡Traidor!”
– “Tú eres quien ha traicionado a los mortales” – le corrige Whis.
– “¡Apártate!” – le grita el Sumo Sacerdote.
Whis materializa su vara en su mano derecha.

– “No” – responde con mirada desafiante.
A su lado, el resto de luchadores van llegando, formando una barrera entre el Sacerdote y Goku.
Son Goku sigue acumulando energía. Un aura blanca sinuosa le envuelve, pero no hay ni rastro de la bola de energía.
Zeno Zamas, después de eliminar a Beerus, desciende hasta el suelo.

– “Sois un incordio mayor del que esperaba” – les dice a Piccolo, Jiren, Champa y Zamas.
El cuerpo del Daishinkan empieza a brillar.

– “No… ¡No!” – exclama el Sacerdote asustado. – “¡Zamas! ¡No!” – le grita al Dios del Todo. – “¡No es necesario! ¡NO! ¡IDIOTA!”
El Daishinkan se transforma en una esfera luminosa, al igual que hicieron los otros ángeles, y Zeno Zamas la reclama.
La esfera se une al cuerpo de Zeno, que aumenta su poder y extiende su mano para materializar la vara típica de los ángeles.

– “Ahora os enfrentaréis al poder de un Dios completo” – amenaza al resto mientras sonríe de forma terrorífica.



Dibujado por Ipocrito