Garlick clava la esquirla de la esfera de Mojito en su cuerpo y nota como un inmenso poder le invade. De repente, la pupila de su ojo derecho se vuelve de color gris.
– “¡Y esos mortales pagarán la ofensa!” – sonríe el demonio de forma terrorífica.
– “¡Y esos mortales pagarán la ofensa!” – sonríe el demonio de forma terrorífica.
– “Le serviremos, señor Liquir” – dice el soldado de mayor rango.
– “No busco un ejército” – responde el zorro. – “Estoy satisfecho con que dejéis de luchar por el Imperio.”
– “Es una tradición de nuestro pueblo” – insiste el soldado. – “Usted ha demostrado fuerza y honor. Le seguiremos.”
– “Ya os he dicho que no necesi…” – repite Liquir.
– “¿Qué demonios…?” – se pregunta el kurama.
– “¡Proteged a vuestro señor!” – exclama el soldado litt.
– “Maldita sea…” – murmura el personaje, que desenrosca el cañón que había añadido a su pistola para aumentar la precisión. – “Es ágil…”
– “¡Diablos!” – maldice Hart.
– “Parece que no somos los primeros en llegar…” – dice Dmond.
– “No voy a permitir que otro se quede con mi recompensa” – murmura entre dientes Klub.
– “Sabíamos que esto podía pasar” – les calma Spade. – “El juego es más divertido si hay más jugadores.” – sonríe.
– “Además, ¿dónde está tu espíritu de cazador, Klub?” – le provoca Dmond. – “¡Vamos a cazar un kurama!”
– “Maldita sea…” – lamenta Hart. – “Los hermanos Pastafresca”.
– “Tan ruidosos como siempre” – añade Dmond.
– “¿Quiénes son esos?” – se pregunta el zorro al verlos.
– “¡A por él, Patapum!” – grita el hermano de menor estatura, que lidera la banda.
– “¡Ya es mío!” – exclama el más alto de los bandidos, que hace girar un lazo de energía sobre su cabeza y después lo lanza sobre el zorro, atrapándole por el cuello.
– “¡Buen trabajo, Fettucine!” – celebra el hermano más bajo.
– “¡Ya es nuestro!” – celebra el bandido.
– “¡No le sueltes, Macaroni!” – le anima Fettucine.
– “¡No te resistas!” – le grita el bandido.
– “¡Tira más fuerte, Tagliatelle!” – exclama Macaroni.
– “Nos van a dar una gran recompensa por tu cabeza…” – sonríe el bandido.
– “¡Mucho dinero!” – grita Macaroni.
– “¡Seremos ricos!” – exclama Fetuccine.
– “¡Silencio!” – ordena el líder.
– “Lo siento, Gnocci” – se disculpa el más alto.
– “Nos hemos dejado llevar…” – añade Macaroni.
– “¡SHHHH!” – insiste Gnocci. – “¡Basta!”
– “Maldita sea…” – refunfuña Gnocci. – “¡Patapum, ven aquí!”
– “¡Van a quitarnos la recompensa!” – refunfuña Klub.
– “Tendremos nuestra oportunidad” – le calma Spade.
– “¡Hola, muchachos!” – dice el guerrero con armadura de patrullero.
– “¡Meerus!” – se asustan los bandidos.
– “Los bandidos más temidos de la Galaxia del Oeste. ¡Los hijos del temible Spaghetti Pastafresca!” – sonríe Meerus. – “Ha pasado mucho tiempo…”
– “¡¿Qué hace aquí la Patrulla Galáctica?!” – pregunta Macaroni.
– “Ya sabéis quién es el más rápido” – se burla Meerus.
– “La Patrulla Galáctica… ¡Siempre entrometiéndose en nuestros planes!” – refunfuña Gnocci.
– “A este paso, se eliminarán entre ellos” – piense el kurama. – “Será mejor esperar…”
– “El Imperio te ha puesto un precio alto” – sonríe el guerrero. – “¿Crees que puedes engañarme?”
– “¡Espera un momento!” – exclama el bandido. – “¡¿Ya no eres un patrullero?!”
– “No ganaba lo suficiente” – responde Meerus.
– “¡JAJAJA!” – ríe Gnocci. – “¡Al final acabarás cabalgando a nuestro lado!”
– “No he caído tan bajo” – responde el ex-patrullero.
– “Y dime, Meerus, ¿sería posible llegar a un acuerdo?” – pregunta tímidamente.
– “¿Qué tipo de acuerdo?” – pregunta Meerus.
– “Podríamos dividir la recompensa entre los cinco, a partes iguales…” – sugiere Gnocci.
– “Estoy de acuerdo en repartirlo a partes iguales” – sonríe el ex-patrullero. – “Pero somos dos partes, vosotros y yo.”
– “¡¿Estás de broma?!” – exclama el bandido. – “¡Nosotros hemos hecho todo el trabajo!”
– “No seáis estúpidos” – dice el ex-soldado. – “La caza va a empezar ahora.”
– “¡Te tengo!” – exclama el ex-patrullero, que aprieta otro botón y hace que Liquir reciba una descarga eléctrica. – “Ya eres mío…”
– “Tecnología tsufur” – sonríe Meerus. – “Está hecho para atrapar a tipos más grandes y fuertes que tú”.
– “Se acabó el juego” – dice Liquir, que apunta a Meerus con su mano y prepara una onda de ki.
– “¡Le tenemos!” – exclama Dmond.
– “¡Ya eres nuestro!” – sonríe el pirata.
– “Sois valientes” – dice el kurama. – “Así que os haré una propuesta: Marchaos y viviréis.”
– “No estás en condiciones de negociar” – responde Spade.
– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta Spade.