ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Recaderos

Los últimos / Parte I: Recaderos

“Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

En la capital del planeta Toreri, por la megafonía de las calles suenan las alarmas. La metrópolis está siendo atacada.

Los habitantes de la ciudad, humanoides de piel azul y cabello rubio, vestidos con ropas futuristas y coloridas, corren despavoridos hacia zonas seguras repartidas por toda la metrópolis que dan acceso a los búnkeres subterráneos. 

En la avenida principal, una gran calle que desemboca en un gigantesco rascacielos, los tanques se acumulan frente al edificio para protegerlo. Múltiples explosiones a varias manzanas de distancia ensordecen el lugar.

– “¡EL OBJETIVO SE APROXIMA!” – exclama un soldado.

– “¡VAMOS! ¡VAMOS! ¡VAMOS!” – ordena un Coronel, haciendo señales a los soldados que se sitúan entre los tanques con sus fusiles láser de asalto preparados.

De repente, las explosiones cesan. La ciudad se queda en silencio.

– “Ya están aquí…” – murmura el Coronel.

Entre la polvareda, el humo y el fuego que cubren la avenida pueden verse tres figuras humanas caminando hacia la barricada.

La silueta central es de un hombre de baja estatura y cabello encrespado, flanqueado por un gigantón calvo a su derecha y otro guerrero de larga cabellera negra a su izquierda.

En lo alto del edifico, en un despacho grande y lujoso, un hombre mira preocupado la escena. El caballero luce un tupé rizado rubio y viste un elegante traje blanco con cuello alto, un monóculo y se apoya en un bastón adornado con una esfera cristalina de color verde en el pomo.

Los soldados se impacientan viendo que el enemigo camina hacia ellos.

– “¡¡FUEGO!!” – ordena el Coronel.

Los tanques y los soldados disparan a discreción contra los extraños. La ciudad se inunda de fuego durante varios minutos. Las fuerzas locales atacan insistentemente a los invasores con todo lo que tienen hasta escuchar el chasquido metálico de sus armas sin munición.

Una gota de sudor frío recorre la sien del hombre en la torre.

Los soldados se miran los unos a los otros sin atreverse a celebrar la victoria.

Una voz les revela su fracaso.

– “¿Habéis terminado?” – dice el más bajito de los enemigos.

Los soldados retroceden aterrados.

– “Creo que nos toca.” – añade el guerrero que viste de azul con una armadura verde y marrón. – “Haz los honores, Nappa.”

– “Por supuesto, Vegeta” – sonríe el grandullón.

Nappa alza sus dedos índice y corazón y provoca una gran explosión que arrasa con todos los enemigos presentes e incluso con los edificios de los alrededores.

Cuando la polvareda se disipa se revela un gran cráter en el centro de la ciudad. 

– “Creo que me he pasado…” – dice Nappa.

– “Siempre tienes que dar la nota.” – le recrimina Raditz.

– “Tú lo tienes muy fácil” – responde el grandullón con una sonrisa burlona. – “Como no tienes que preocuparte por causar grandes destrozos…” 

– “¡¿Qué insinúas?!” – replica Raditz.

– “Ya lo sabes” – responde Nappa.

– “¡BASTA!”- estalla Vegeta. – “¡Si tengo que escuchar vuestras discusiones un segundo más os daré una lección a los dos!”

Nappa y Raditz se callan inmediatamente.

– “Discúlpanos, Vegeta” – dice Nappa.

– “Sí, lo sentimos.” – añade Raditz.

Vegeta resopla para calmarse y echa un vistazo a los restos del edificio central.

– “Esto no era necesario, Nappa.” – dice el Príncipe saiyajín. – “Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

Raditz esboza una media sonrisa y mira de reojo a Nappa, presumiendo de que Vegeta le haya dado la razón. Nappa responde con un gruñido, pero se traga su frustración por miedo a la reprimenda del Príncipe. 

– “Debería estar conquistando planetas para mi propio Imperio…” – refunfuña Vegeta, apretando su puño con rabia. – “¡…y no haciendo de recadero para esa sucia sabandija!”

De repente, una nave interrumpe la escena sobrevolando la zona a poca altura, alzando una gran corriente de aire que alerta a los tres saiyajín.

La nave se alza de nuevo y se queda suspendida en el aire.

Vegeta mira de reojo el aparato.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – se pregunta Nappa, extrañado al ver el logotipo del vehículo.

– “Se suponía que no iban a aparecer…” – dice Raditz.

De la nave sale un guerrero con un traje negro y amarillo, su rostro está cubierto por un casco, y un cinturón con una letra \”B\” en la hebilla. En su pecho luce una pegatina con el logotipo de la Patrulla Galáctica.

El recién llegado mira el desolado paisaje.

– “Malditos bastardos…” – murmura el patrullero apretando sus puños.

Vegeta da un paso al frente.

– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta el saiyajín. – “¿Y qué haces aquí?”

– “¿Te has perdido?” – añade Nappa con tono burlón. – “No deberías entrometerte en los asuntos del Imperio.”

El soldado se arranca la pegatina de la Patrulla Galáctica del pecho y deja que el viento se la lleve. Tal acto sorprende a los saiyajín.

– “Mi nombre es Bonacala” – se presenta el guerrero. – “No me importan las órdenes de la Patrulla. Éste es mi planeta y voy a protegerlo.”

DBSNL // Capítulo 158: Sin cuartel

DBSNL // Capítulo 158: Sin cuartel

“Me preguntaba cuando apareceríais.”

En la Tierra, Janemba ha herido gravemente a la Número 18 y a Yamcha.

Marron ha logrado detener la caída de su madre a tiempo.

– “Mamá…” – llora Marron, al ver la herida en el abdomen de la androide, que ha perdido el conocimiento.

Un instante después de recogerla, se da cuenta de que Yamcha también se precipita contra la superficie terrestre, pero esta vez es Dende quien asciende rápidamente desde la Tierra Sagrada para recoger al guerrero.

En la Atalaya, Krilín, Ten Shin Han, Chaoz y Lapis se ponen en guardia. Krilín está furioso.

Janemba se divierte con el sufrimiento de los terrícolas.

En el Makai, a Goten y Trunks se les ha terminado el tiempo de fusión. Cansados y heridos por el eterno combate contra las hordas demoníacas, han conseguido escapar y se esconden en una cueva oscura escarbada en la fría roca del reino de los demonios. 

– “Tenemos que recuperar fuerzas…” – dice Goten. – “Son demasiados.”

– “¿Cómo saldremos de aquí?” – se pregunta Trunks.

– “Tiene que haber algún modo.” – dice el hijo de Goku.

– “Ya hemos intentado gritar.” – responde Trunks. – “No funciona.”

– “No tenemos suficiente poder.” – lamenta Goten.

En el planeta Snack, Son Gohan ha llevado a Pino hasta la nave, y ahora ha regresado al exterior para despedirse de Galbi.

– “Muchas gracias” – dice el guerrero leonino. – “Habéis salvado mi planeta.”

– “Nos alegramos de haberos ayudado.” – dice Gohan.

– “Nos espera un largo camino hasta volver a la normalidad” – dice Galbi. – “Pero reuniré a todos los supervivientes y empezaremos a reconstruir nuestro hogar.”

– “Estoy seguro de que lo lograréis” – sonríe Gohan.

Los dos guerreros comparten un apretón de manos.

En el planeta Popol, los saiyajín se acercan a Cell, que ha derrotado a Helles.

– “¿Estabas fingiendo?” – se sorprende Tarble.

– “Bajó la guardia.” – responde el insecto.

Broly sigue inconsciente y es atendido por Kale.

– “¿Cómo se encuentra?” – pregunta Cell.

– “Débil.” – responde Kale. – “Compartir su poder contigo le ha dejado agotado.”

– “Así que este era el poder que escondías, ¿eh?” – murmura el insecto. – “Ahora entiendo que Goku y Vegeta tuvieran problemas…”

En Luud, Nasjorin ha derrotado al falso dios. Hoi, asustado ante el poder del inushi, corre despavorido por los pasillos del templo. El aprendiz de Kaioshin le persigue. 

Nasjorin recorre los pasadizos que cada vez se tornan más lúgubres hasta encontrarse sumido en la más profunda oscuridad. 

– “¡Has caído en mi trampa!” – ríe el Kashvar, que aparece de detrás de una esquina y se dirige hacia el inushi.

De repente, un estallido de luz que emana del cuerpo del guerrero perruno y hace desaparecer las tinieblas que lo rodeaban. 

– “¿Cómo…?” – se sorprende Hoi, que intenta retroceder, pero se tropieza con su túnica y cae de espaldas al suelo. – “¡¿Cómo es posible?! ¡¿De dónde sale esa luz!?”

– “La Luz de Inugami es un resplandor más antiguo que vosotros.” – dice el inushi, que camina hacia el Kashvar.

El aprendiz de Kaioshin extiende su mano hacia el brujo y su palma empieza a brillar.

Hoi intenta apartarse, pero choca con una pared. El inushi continúa acercándose hasta tocarle la frente. En ese instante, la piel del brujo empieza a resquebrajarse, emitiendo luz blanca desde su interior y finalmente el cuerpo del kashvar estalla en una explosión de energía pura.

En el exterior del templo, una nave de la Patrulla Galáctica aterriza en una plaza, y Ganos y Obni desembarcan. 

– “Recibimos la llamada de socorro.” – dice Ganos. – “¿Estáis todos bien?” 

– “Sí, estamos bien.” – responde Sheela. 

Motto entrega a los prisioneros Dolltaki y Mutchy a los nuevos agentes, y uno de ellos los escolta al interior de la nave.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Obni.

– “No estoy segura.” – suspira Sheela. – “Todo esto supera mi entendimiento.”

Katopesla interviene en la conversación.

– “Estoy intentando informar al Cuartel General, pero creo que mi comunicador está roto.” – dice Obni.

– “No es tu comunicador” – responde el toreristo. – “Nosotros también hemos perdido contacto con el Cuartel hace unos minutos.”

En el centro de mando del Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Shiras ha masacrado a todos los presentes. El lugar se encuentra en llamas. Grandes fragmentos de la inmensa estructura espacial flotan alrededor de los restos del complejo junto a un gran número de cadáveres. Muy pocos agentes han logrado escapar mediante naves y cápsulas de salvamento.

Shiras camina entre los escombros del centro de mando, cuando siente que dos presencias se han manifestado en el lugar.

– “Vosotros…” – murmura Shiras. – “Me preguntaba cuando apareceríais.”

El Hakaishin Champa y el Dai Kaioshin Zamas han llegado.

Mientras tanto, en el planeta Sadala sigue la guerra entre los saiyajín y los fugitivos de Garlick. El anciano Leek y sus hombres pelean para proteger su nuevo hogar, pero los enemigos son poderosos. 

Entre los villanos, un pequeño extraterrestre de aspecto humanoide, de piel verde oliva y con tentáculos en su cabeza, está causando estragos entre los saiyajín.

Dos jóvenes guerreros se colocan delante de Leek para protegerle. Uno de ellos es un joven guerrero de pelo encrespado y un pequeño mechón adornando su frente; la otra es una muchacha de cabello alborotado y grandes ojos negros. 

No muy lejos de allí, en una cueva, Turles sigue intentando controlar su cuerpo biomecánico sin éxito, cuando de repente sus sistemas se reactivan.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta el saiyajín.

En su cabeza, una voz que él reconoce enseguida le habla.

– “¿Estás dispuesto a hacer un trato?” – pregunta la voz.

– “Cooler…” – murmura Tules, furioso, que fue traicionado en el pasado por el demonio del frío.

En la aldea saiyajín, el fugitivo, envuelto en un electrizante ki azulado ha abatido a los guerreros que protegían a su líder y ahora se aproxima a Leek dispuesto a asesinarle.

El villano se abalanza sobre el anciano con su mano preparada para atravesarle el corazón, pero alguien le detiene. Turles ha aparecido y le ha agarrado el brazo.

Tanto Leek como el enemigo se sorprenden ante la llegada del misterioso personaje.

El villano intenta liberarse del agarre de Turles, pero no lo consigue hasta que el propio saiyajín decide soltarle.

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el enemigo. – “¿Qué eres?” – añade al fijarse en sus partes mecánicas.

– “Me llamo Turles” – dice el recién llegado. – “Y soy un saiyajín.”

Las palabras del guerrero sorprenden a Leek, que desconocía que quedara otro saiyajín con vida en el universo.

En el planeta Imegga, Ledgic y sus soldados pelean contra el ejército invasor. Los hombres de Don Kee superan en número a los enemigos, pero éstos son mucho mejores luchadores. Solo Ledgic puede mantener a raya a los bandidos.

De repente, mientras el guerrero se encuentra despachando a varios malhechores de pacotilla, recibe un golpe por la espalda que lo lanza contra el suelo y lo estrella en un edificio.

Ledgic sale de los escombros y sacude la cabeza, algo aturdido. Cuatro enemigos le rodean.

El guardaespaldas de Don Kee los mira con atención.

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el guerrero.

Los cuatro bandidos sonríen.

– “¡Somos los cuatro luchadores más temibles de la Galaxia del Este!” – dice uno de ellos; un guerrero de piel rosada, grande y orondo, con un rostro porcino, vestido como un luchador de sumo. – “¿No es así, Murichim?”

– “Por supuesto, Napapa” – responde su compañero, alto y musculoso, de piel anaranjada, con la cabeza afeitada y vestido como un monje Shaolin.

Ledgic no parece impresionado.

– “Parece que no nos conoce” – dice un tercer guerrero de piel rojiza, que viste como pantalón corto y guantes de boxeador. – “¿Nos presentamos, Rubalt?” 

– “Claro, Murisam.” – responde el cuarto luchador, de piel morena que luce su cabello recogido en rastas y un ancho turbante blanco, y viste un pantalón largo del mismo color, con el torso al descubierto; como un luchador de capoeira.

Los cuatro luchadores realizan poses de lucha típicas de las artes marciales previamente mencionadas.

– “¡Somos cuatro campeones históricos del torneo del prestigioso torneo \”Saikyo no Senshi\” de la Galaxia del Este!” – dicen al unísono.

En Konats, Piccolo y Garlick se han librado de las fuerzas enemigas. 

Salabim y el diablillo se acercan a la puerta de piedra del templo Yahirodono. El demonio con el ojo celestial crea un pequeño portal y utiliza el poder del Makai para abrir la entrada del santuario maldito.

Los tres personajes se adentran en el lugar y caminan por sus lúgubres pasillos hasta llegar a la sala central, donde se alza el gran Amenoukihashi.

– “Después de tanto tiempo…” – celebra el brujo, emocionado. – “¡ÉL RENACERÁ!”

– “Bien…” – sonríe Garlick. – “Estamos muy cerca.”

En Monmaas, Goku no puede usar ki divino y regresa a su estado base. Arak parece satisfecho.

El kashvar se acerca a Goku. A su alrededor, la oscuridad muestra imágenes del universo y sus galaxias y sistemas, que enseguida se convierten en escenas de batalla; Imegga, Luud, Snack, Popol, Sadala… y finalmente, la Tierra.

Goku se da cuenta de que sus amigos corren peligro.

– “¡DETENEOS!” – exclama el saiyajín. – “¡AHORA!”

Arak sonríe.

– “¿O qué?” – pregunta el brujo. – “Este planeta está demasiado lejos. No puedes acudir a su llamada. Los has dejado solos.”

Son Goku se siente impotente ante los escenarios que el brujo le muestra.