DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 10: ¡El arma secreta de la Tierra!

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 10: ¡El arma secreta de la Tierra!

En un solo día, Majin Bu ha causado el pánico en el planeta Tierra. La gente abandona las grandes ciudades por miedo a un ataque del monstruo y se dirige a zonas rurales, donde esperan estar a salvo. Grandes atascos se forman en las salidas de las metrópolis.

Bu ha matado indiscriminadamente a todo el que ha encontrado en su camino, a veces por diversión y otras para saciar su apetito. 

El Rey del Mundo, desesperado, ha decidido recurrir al salvador de la Tierra; el hombre que liberó al mundo de las garras del terrible Cell.

Ese luchador legendario, el hombre más fuerte del planeta, ha respondido a la llamada del deber y al clamor popular. Un helicóptero recoge al Campeón en el jardín de su mansión, ante la atenta mirada de miles de fans amontonados a las puertas de su hogar, en la ciudad que lleva su nombre, y que claman a su salvador a viva voz.

– “¡SATÁN! ¡SATÁN! ¡SATÁN!” – corean al héroe en el que tienen puestas todas sus esperanzas.

Mientras tanto, en las montañas rocosas, Gohan entrena a las órdenes de Ten Shin Han y supervisado por Chaoz.

El mestizo, agotado, se encuentra rodeado de pequeños cráteres causados por intentos fallidos de realizar la técnica ancestral de sellado.

– “¡Tienes que coordinar mejor las dos manos!” – le corrige Ten. – “¡Otra vez!”

Gohan intenta recuperar el aliento y vuelve a prepararse para realizar el Mafuba.

– “Esto me recuerda a mis entrenamientos con Piccolo…” – piensa mientras una gota de sudor recorre su frente.

– “¡Otra vez!” – insiste Ten.

– “¡Sí!” – responde Gohan con convicción.

En la Atalaya de Kamisama, Dende observa las fechorías de Majin Bu. Los demás se encuentran en el interior del palacio, intentando matar el tiempo jugando a cartas. 

Bulma está apartada del resto, sentada en un banco cerca de la puerta de la Sala del Espíritu y el Tiempo, preocupada por su hijo y aún llorando la muerte de Vegeta. Yamcha intenta consolarla sin éxito.

Chichi se acerca y le hace un gesto a Yamcha para que le deje sitio. Yamcha se levanta y Chichi se sienta en su lugar.

– “¿Estás bien?” – pregunta la viuda de Goku a Bulma.

– “Sí, lo siento…” – responde Bulma. – “No debería estar llorando…”

– “No pasa nada.” – dice Chichi. – “Sé que es un momento difícil.”

– “Pero… Tú has perdido a Gohan…” – dice Bulma. – “Y pareces tan entera… Yo no sé que haría si perdiera también a Trunks…”

Chichi esboza una sonrisa que sorprende a Bulma.

– “Sé que está vivo.” – dice Chichi.

– “¿Eh?” – responde una confusa Bulma.

– “Gohan.” – dice Chichi. – “Estoy segura.”

Yamcha agacha la cabeza.

– “Chichi… Entiendo lo que sientes…” – dice el guerrero. – “Pero eso no es posible… Su energía…”

– “Te equivocas.” – le interrumpe Chichi. – “Gohan está vivo.”

Yamcha se queda en silencio, sin saber cómo reaccionar. Bulma sonríe.

– “Espero que tengas razón…” – dice la viuda de Vegeta. – “Le necesitamos.”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Trunks cae de espaldas al suelo. El chico, transformado en Súper Saiyajín y con su gi hecho trizas, ha sido noqueado por Piccolo.

Trunks derrama una lágrima y empieza a moquear, pero el chico aspira con fuerza por la nariz y se frota los ojos.

– “¿Es que necesitas un descanso?” – le pregunta Piccolo con tono condescendiente.

– “No” – responde Trunks, poniéndose en pie y reavivando su aura.

El namekiano se pone en guardia y esboza una media sonrisa.

– “Su determinación no debería sorprenderme…” – piensa Piccolo. – “Es Trunks, al fin y al cabo.”

Muy lejos de allí, Majin Bu sobrevuela la Tierra buscando una nueva fechoría que cometer cuando ve a un niño vagabundo caminando por una carretera montañosa, guiándose con un bastón.

– “¡No escapará nadie!” – se ilumina el rostro de Bu al ver a una nueva víctima.

El monstruo aterriza delante del chico.

– “¡HA!” – intenta sorprenderlo Bu con una pose de pelea.

El pequeño no parece intimidado.

– “Hola, señor” – saluda alegremente el vagabundo, con los ojos cerrados.

– “¿Eh?” – murmura un confuso Bu. – “¿Es que no sabes quién soy?”

– “Soy ciego…” – responde el chico. – “¿Quién es? ¿Acaso es usted famoso?”

– “No ves nada porque tienes los ojos cerrados. A mí también me pasa.” – responde Bu. – “¿Has intentado abrirlos?”

– “Jeje…” – ríe tiernamente el chico. – “Aunque los abriera no cambiaría nada.” – responde. – “Soy ciego desde que nací.”

– “Vaya… Así que no me tienes miedo porque no me has visto…” – refunfuña B, un poco frustrado.

El monstruo coloca su manopla sobre los ojos del chico y usa su magia sobre él.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – se sorprende el pequeño pordiosero, que ha sentido una extraña sensación sobre su rostro.

– “Pero abre los ojos, tonto…” – dice Bu.

– “¿Qué…?” – se extraña el chico.

El niño abre sus ojos y se da cuenta de que puede ver.

– “¡¡PUEDO VER!!” – celebra el chico. – “¡¡ES UN MILAGRO!!”

– “Jijiji…” – ríe Bu. – “¡Ahora ya puedes verme! ¡¿A que tienes miedo?!”

Pero el chico tira su bastón y se abalanza sobre Bu para abrazarle.

– “¡MUCHAS GRACIAS, SEÑOR!” – exclama el muchacho. – “¡¡GRACIAS!!”

– “¿Pero a éste que le pasa…?” – se pregunta Bu. – “¿Por qué no huye?”

Mientras tanto, en la cabaña del bosque, Shin ha puesto al día al Número 17. El Kaioshin está sentado en la cama y el androide en una silla. Lapis bebe café de un termo, mientras al Dios le ha preparado una taza de té.

– “Es terrible…” – murmura el androide, dando un sorbo a su bebida.

– “Es todo culpa mía…” – lamenta Shin, que llevado por la rabia hace estallar su taza y derrama el té caliente en el suelo. – “Lo siento…” – se disculpa enseguida.

– “No pasa nada.” – dice Lapis.

– “Mírame…” – lamenta el Kaioshin. – “Ni siquiera soy capaz de contener mis emociones… Soy un Dios patético.”

– “Las emociones no son una debilidad.” – dice Lapis. – “Nos hacen humanos.”

Shin agacha la cabeza, avergonzado.

El Número 17 se pone en pie y agarra su escopeta.

– “Lo siento, Kaioshin… perro tengo que bajar al pueblo esta noche.” – dice Lapis. – “Le he dejado un plato de guiso preparado en su mesilla. Volveré mañana a primera hora.”

– “¿A dónde vas?” – pregunta Shin.

– “Mis asuntos no son los de un Dios…” – sonríe el androide. – “Pero eso no significa que pueda descuidarlos.” 

En la carretera montañosa, Majin Bu y el chico se han sentado a charlar.

– “¿Y vives solo?” – le pregunta Majin Bu al pordiosero.

– “Vivo con mi hermano mayor.” – responde el chico. – “¿Y usted?”

– “Yo vivo solo.” – dice Bu.

– “¿Y no se aburre?” – pregunta el niño.

– “Salgo a divertirme de vez en cuando.” – dice Bu.

– “¿Tiene muchos amigos?” – pregunta el chico.

– “¿Amigos?” – murmura Bu, que no comprende el concepto.

– “Gente de confianza con la que pasarlo bien…” – dice el pordiosero.

– “Creo que no tengo…” – dice el monstruo. – “¡Pero me divierto sin amigos! La gente suele tenerme miedo y huyen… y yo los persigo.”

– “Es un juego un poco raro…” – responde el niño. – “Creo que huyen porque parece extranjero. Nunca había visto a nadie con eso en la cabeza.” – dice señalando su antena.

Bu parece triste y pensativo.

– “Siempre ha sido así…” – dice el monstruo. – “¿Por qué no estás con tu hermano?” – le pregunta. 

– “He ido a comprar leche.” – dice el muchacho. – “Mi hermano está trabajando en una granja cerca de aquí. Yo todavía soy demasiado joven para trabajar.”

Bu mira de reojo al horizonte hacia una columna de humo.

– “¿Y ya la has comprado?” – pregunta Bu.

– “No… Las tiendas estaban cerradas.” – dice el chico.

El monstruo Bu se pone en pie.

– “¿A dónde va?” – le pregunta el niño.

– “Espera aquí.” – dice Bu.

Majin Bu se marcha volando.

– “¡OH!” – exclama el pequeño. – “¡Los extranjeros vuelan!”

Bu no tarda en llegar a una aldea.

– “¡ES EL MONSTRUO BU!” – gritan todos asustados. – “¡HUYAMOS!”

En unos instantes, Bu regresa a la montaña con dos cartones de leche que entrega al chico.

– “Aquí tienes” – le dice al muchacho.

– “¡Es genial!” – exclama el pordiosero.

Bu se eleva de nuevo y se marcha sin decir nada.

– “¡MUCHAS GRACIAS, SEÑOR!” – se despide el chico. – “¡ADIÓS!”

El monstruo Bu desaparece en silencio en el horizonte con una tierna sonrisa dibujada en su rostro.

Mientras tanto, en Satán City, Videl se ha despedido de su padre, que ya vuela en helicóptero hacia la última localización conocida de Majin Bu. La muchacha ha decidido regresar a la Torre de Karín, pues se hace preguntas que cree que solo los amigos de Son Gohan le pueden resolver.

Videl sobrevuela el mar en dirección a la Tierra Sagrada.

En la Atalaya de Kamisama, Dende percibe algo.

– “¡Una energía!” – exclama Dios.

Krilín y Yamcha también lo han sentido y salen del palacio corriendo.

– “¡¿Quién es?!” – pregunta Krilín.

En las montañas rocosas, Gohan, Ten Shin Han y Chaoz también han sentido la presencia de la muchacha.

– “¡¿Alguien se mueve?!” – se pregunta Ten.

– “¡Es Videl!” – exclama el mestizo. – “¡¿QUÉ HACE?!”

Mientras tanto, Majin Bu regresaba a su casa, pero al sentir una energía en movimiento ha decidido cambiar de rumbo.

Nuestros amigos observan lo ocurrido desde la Atalaya.

– “Maldita sea…” – sufre Yamcha.

– “¡Debemos hacer algo!” – dice Krilín.

– “No hay nada que podamos hacer…” – aprieta los puños Dende, impotente.

– “Kamisama…” – sufre su amigo Popo.

De repente, sobre el mar, Majin Bu se presenta frente a Videl, obligándola a detenerse repentinamente.

La muchacha mira horrorizada al monstruo que reconoce de las noticias.

– “Tú… Tú eres…” – titubea Videl. – “El monstruo del que hablan…”

– “¡Hola!” – saluda el monstruo.

Videl se pone en guardia, asustada.

– “¿Qué has hecho con Gohan?” – pregunta la muchacha.

– “¿Quién es ese?” – pregunta Bu. – “¿Alguien que he matado?”

– “Maldito…” – aprieta los dientes Videl, intentando ser valiente.

Bu se acerca lentamente a la muchacha.

– “Dime una cosa…” – dice el monstruo, haciendo retroceder a Videl con su presencia. – “¿Soy guapo?”

– “¿Qué?” – pregunta una confusa Videl.

– “¿Crees que soy guapo?” – insiste Bu.

Videl no duda y le propina un puñetazo en la cara que se hunde en el rostro del monstruo.

Majin Bu ni se inmuta, y Videl retira su puño lentamente, aterrada ante el impávido monstruo. La cara de Bu recupera su forma original.

– “Eres una maleducada…” – gruñe Bu. – “¡TE MATARÉ!”

Pero de repente, Bu recibe una patada voladora que lo lanza al mar. Es la Número 18.

– “¿Eh?!” – se sorprende Videl al ver a la poderosa mujer.

La androide agarra a Videl del brazo.

– “¡VÁMONOS DE AQUÍ!” – exclama, tirando de la muchacha y arrastrándola por el cielo.

Videl desconoce la identidad de su salvadora, pero no duda de que, sea quien sea, es mejor opción que enfrentarse al monstruo.

La Número 18 viste un pantalón vaquero y camiseta negra con mangas blancas y pequeñas rayas horizontales negras.

La Número 18 y Videl llegan a tierra firme y descienden en un denso bosque.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta Videl, desconcertada y nerviosa. – “¡¿Quién eres?!”

– “¡¿Y quién demonios eres tú?!” – protesta la androide. – “¡¿Es que quieres morir?!”

Videl se detiene un instante y no tarda en atar cabos.

– “¿Eres amiga de Son Gohan?” – pregunta la muchacha.

– “Así que conoces al chico…” – se sorprende la Número 18. – “Majin Bu ha podido sentir tu energía. Volar ha sido una mala idea. Eres descuidada.”

– “¡¿Sabes si Gohan está bien?!” – pregunta Videl, emocionada.

La Número 18 tarda en responder.

– “No es el momento.” – dice la androide. – “¡Tienes que ocultar tu energía o nos matará! Has tenido suerte de que justo pasaba por aquí…”

Bu sale del agua. Está enojado.

– “¡¿Quién me ha golpeado?!” – protesta el monstruo.

De sus poros emana humo rosado a presión.

– “¡OS MATARÉ A TODOS!” – grita furioso, mientras expulsa una gran cantidad de energía que estalla sobre el mar como si fuera una bomba, provocando un maremoto cuyas gigantescas olas chocan contra la costa.

Mientras tanto, en un pueblo bajo la montaña, el Número 17 ha sentido temblar el suelo y ha salido de su pequeña pero acogedora casa. 

El androide mira al horizonte y puede ver un destello de luz rosada.

– “¿Qué ocurre, cariño?” – pregunta una voz femenina desde el interior del hogar.

– “Tengo que regresar a la cabaña…” – responde Lapis, intentando fingir calma. – “¿Por qué no me acompañáis?”

Bu sobrevuela el bosque, buscando a las dos fugitivas.

– “¡Os convertiré en galleta de chocolate y os comeré!” – refunfuña el monstruo.

La Número 18 y Videl corren bajo el amparo de los árboles, intentando pasar desapercibidas.

En las montañas rocosas, Gohan está cada vez más nervioso.

– “¡Ya no siento el ki de Videl! ¡¿Qué está pasando?!” – sufre el mestizo.

Bu se impacienta y dispara ataques de energía al azar, devastando el bosque varias parcelas de bosque.

La Número 18 se detiene de repente.

– “Odio esconderme…” – protesta la androide. – “¿Cómo te llamas, muchacha?”

– “¿Eh? Videl” – responde la muchacha.

La Número 18 le entrega el radar y una bolsa con las Bolas de Dragón que ha reunido.

– “Estas son las Dragon Balls.” – dice la androide. – “Hay seis. Falta una.”

– “¿Dragon Balls?” – se extraña Videl.

– “Esto es un radar.” – le indica la Número 18. – “Tienes que encontrar la última para que podamos resucitar a todo el mundo”

– “Las siete Dragon Balls…” – murmura Videl. – “Pero si son solo una vieja leyenda…”

La androide agarra a Videl de los hombros.

– “¡¿Pero de dónde sales tú?!” – protesta la 18. – “¡Busca la última! ¡Y que no te detecte Bu!” – insiste. – “¡Cuando las tengas, llévaselas a Karín, en la Tierra Sagrada!”

– “¿La Torre del gato?” – se extraña Videl.

– “¡Eso es!” – dice la androide. – “¡Vamos! ¡Márchate!”

– “¡¿Y qué vas a hacer tú?!” – se preocupa la muchacha.

La Número 18 esboza una media sonrisa nerviosa.

– “No te preocupes por mi” – responde la androide. – “¡Vete!”

Videl asiente y echa a correr.

La Número 18 suspira.

– “El pantalón era nuevo…” – protesta antes de empezar a elevarse.

Majin Bu iba a disparar de nuevo indiscriminadamente, pero se detiene al ver a la mujer, que surge de entre las copas de los árboles y asciende hasta ponerse a su altura.

– “¡¿Tú me has golpeado?!” – le increpa Bu. – “¡¿Por qué?!”

– “Porque tu cara de gordinflón me da asco.” – responde la androide.

– “¡¿Me estás llamando feo…?!” – gruñe el monstruo.

En la cabaña del bosque, Shin se ha levantado, pese a estar aún malherido, y con sus poderes reestablece su ropa.

El Dios camina a trompicones hasta la puerta, pero al abrirla se da cuenta de que una camioneta azul destartalada acaba de llegar. Lapis, su mujer y su hijo se bajan de ella.

La mujer es castaña, de cabello largo, y viste un peto vaquero azul, una camisa amarilla a cuadros y un pañuelo naranja en la cabeza. El pequeño es moreno y viste un pantalón corto azul, camiseta verde y un gran sombrero de paja.

El Número 17 y su mujer descargan unas cajas, mientras el pequeño se acerca al extraño con curiosidad.

– “¿Tú eres el forastero?” – pregunta el niño.

– “No seas maleducado…” – interviene el androide.

– “Lo siento…” – agacha la cabeza el pequeño. – “Me llamo Tori. Encantado de conocerle.” – saluda con una reverencia.

– “Eso está mejor” – sonríe Lapis.

Los dos adultos descargan la camioneta ante la mirada confusa de Shin.

El androide se despide de su mujer y de su hijo.

– “Voy a llevar a este amigo a su casa.” – dice Lapis. – “Aquí estaréis a salvo hasta que vuelva. Es un lugar tranquilo. Han dicho que las zonas rurales son más seguras.”

La mujer abraza al Número 17.

– “Ten mucho cuidado, Lapis.” – dice ella.

– “Siempre lo tengo.” – responde el androide.

Lapis se acerca a Shin y le pone la mano en la espalda.

– “¿Puede caminar?” – pregunta el androide.

– “Creo que sí.” – dice Shin.

– “Bien.” – asiente Lapis.

Los dos se alejan de la cabaña.

– “Bonita familia.” – dice Shin. – “Pero no saben quién eres…”

– “Puede que no conozcan mi pasado, pero saben quién soy.” – responde Lapis, sorprendiendo a Shin.

Mientras tanto, la Número 18 está sufriendo un duro castigo. La androide, con la ropa rota y ensangrentada, retrocede y apunta a Bu con su mano, disparando una ráfaga de ki, pero eso no detiene el avance del monstruo, que propina un cabezazo a la mujer y luego la remata con un golpe las manos juntas que la lanza contra el suelo.

La Número 18 atraviesa el techo del hangar de una base militar abandonada en medio del bosque y rebota rompiendo las puertas del susodicho, deslizándose sobre la pista de aterrizaje mientras intenta recuperar la estabilidad.

– “Maldición…” – gruñe la androide. – “Es un monstruo…”

En la Atalaya de Kamisama, Krilín y Yamcha intentan sentir lo que ocurre.

– “¡¿Qué está pasando?!” – se pregunta Yamcha. – “El ki de la muchacha ha desaparecido, ¡pero Majin Bu parece que esté peleando con alguien!”

Dende no responde. Una gota de sudor frío recorre su frente.

El miedo embarga a Krilín.

– “Número 18…” – sufre el terrícola. – “¡Voy a ayudarla!”

Yamcha agarra a su amigo del brazo.

– “¡No seas idiota!” – exclama Yamcha.

– “¡NO LA ABANDONARÉ!” – insiste Krilín.

– “¡PIENSA EN MARRON!” – replica Yamcha. – “¡¿Vas a dejarla sola?!”

Krilín se detiene y recapacita. Su ojos se inundan de lágrimas.

Dende cierra los ojos, abatido.

– “Si Majin Bu descubre este lugar… Todos moriremos.” – sentencia Kamisama.

Majin Bu agarra a la Número 18 del pelo, le propina un puñetazo en el abdomen, y luego la lanza contra un edifico que se derrumba sobre ella.

La androide sale de los escombros arrastrándose.

– “No voy a rendirme…” – dice ella, poniéndose en pie. – “Tengo energía ilimitada… ¡Pelearé hasta que me mates!”

Majin Bu alza su mano y, sin hacer ningún esfuerzo, dispara una gigantesca esfera de energía rosada que avanza rápidamente hacia la mujer.

Un gigantesco estallido arrasa la base abandonada, convirtiendo la zona en un páramo desierto.

La Número 18, que había cerrado los ojos con fuerza, pues no veía escapatoria a su final, los abre de nuevo y se sorprende al ver que sigue con vida. A su alrededor, una burbuja de energía verde la ha protegido.

– “Esto es…” – se sorprende ella.

– “Hola, hermanita.” – saluda Lapis, que ha alzado su barrera protectora. – “Ha pasado mucho tiempo…”

– “¡¿Número 17?!” – exclama ella. – “Pero… ¡¿Cómo has…?!”

– “He tenido ayuda.” – sonríe el androide.

Majin Bu mira a los dos gemelos confuso.

– “¡OH! ¿Ahora son dos?” – se extraña el monstruo, que se frota los ojos.

La Número 18 avanza hasta colocarse al lado de su hermano.

– “Esto me trae recuerdos…” – sonríe ella.

– “Como en los viejos tiempos…” – añade él.

La androide se pone seria.

– “Es un tipo terrible…” – advierte a su hermano. – “Parece inmortal. Vegeta y Gohan han muerto.”

– “¿Y Piccolo?” – pregunta Lapis.

– “Está entrenando al hijo de Vegeta.” – responde ella.

– “Ya veo…” – fuerza una sonrisa el androide. – “Así que ahora mismo somos lo mejor que tiene la Tierra… Irónico.”

– “Yo no lucho por la Tierra.” – responde la Número 18.

– “Yo tampoco.” – añade Lapis.

Los dos se miran de reojo y comparten una breve sonrisa antes de clavar sus miradas en el adversario.

– “Demostrémosle a esta bola de grasa como nos las gastamos.” – dice el Número 17.

Majin Bu frunce el ceño.

– “¡¿Me habéis insultado?!” – protesta el monstruo.

Cerca de allí, Shin espera escondido tras unas rocas.

– “Espero que esto salga bien…” – piensa el Dios, que respira con dificultad, pues se duele aún de sus heridas.

No muy lejos de allí, Videl se deja el alma corriendo a través del bosque.

Mientras tanto, el Campeón ya puede ver desde su helicóptero la pequeña casa de arcilla de Majin Bu.

– “Llegaremos en unos minutos, señor” – anuncia el piloto.

– “Bien, bien…” – dice Satán, fingiendo estoicidad. – “Estoy ansioso por enfrentarme a ese monstruo…” – su voz se quiebra de miedo y una gota de sudor frío recorre su sien.

DBSNL // Capítulo 169: Anochecer universal

DBSNL // Capítulo 169: Anochecer universal

“Ha pasado mucho tiempo…”

Un endemoniado Broly transformado en ozaru brama al cielo. 

Goku le mira preocupado.

– “¿Qué te han hecho?” – se pregunta el saiyajín.

El simio clava su fiera mirada en Goku y le muestra los dientes agresivamente. Nuestro amigo se pone en guardia.

Broly abre sus enormes fauces y dispara una gran esfera de ki rojo como lo sangre que se aproxima a Goku a gran velocidad.

Nuestro amigo utiliza el Shunkanido para esquivar el ataque, que sigue su camino hasta impactar con el tronco de uno de los árboles gigantescos de Monmaas y estallar, desintegrando todo lo que hay a su alrededor.

Goku queda asombrado ante el poder destructivo del ataque.

– “Maldición…” – murmura Goku.

Madas, que se encontraba en la entrada de la cueva, sufre los efectos de la explosión; una gran ventisca le empuja y lo tira al suelo.

– “¡Es terrible!” – exclama el anciano.

Son Goku se prepara para pelear, pero pronto se da cuenta de la sorprendente velocidad de Broly, que pese a ser un mono gigante se mueve a un ritmo de vértigo.

Broly avanza hacia Goku corriendo a cuatro patas y salta sobre él para propinarle un manotazo.

Goku recibe el golpe y sale disparado hacia el suelo, pero se estabiliza dando una serie de volteretas en el aire antes de pisar tierra.

El ozaru no le da descanso. Broly cae sobre el terrícola, dispuesto a pisarlo, y Goku tiene que saltar hacia atrás para esquivar al simio. 

Son Goku coloca las manos frente a su rostro.

– “¡TAIYO-KEN!” – exclama al usar la técnica de la escuela Grulla.

La luz ciega a Broly, que se frota los ojos con fuerza, nervioso.

Goku avanza y vuela decidido entre las piernas del simio.

– “¡Voy a terminar con esto!” – piensa mientras pone rumbo a la cola del su adversario.

Pero en ese momento, Garlick se interpone en su camino y le propina un traicionero puñetazo.

Goku retrocede.

– “Maldita sea…” – maldice entre dientes. – “¡FUERA DE MI CAMINO!” – exclama mientras da una voltereta en el aire y propina una patada con el tacón sobre la cabeza del diablo, lanzándole contra el suelo.

Ahora es Shiras quien aparece detrás de Goku e intenta golpearle con una de sus mazas, pero el saiyajín la detiene con la mano y la estruja hasta destruirla.

– “¡Ya estoy harto!” – dice Goku, que propina un violento puñetazo en el abdomen del patrullero, haciéndole escupir sangre, y después lo remata con sus manos unidas como un martillo, precipitándolo contra el suelo.

En ese instante, Son Goku se da cuenta de que está rodeado por cientos de esferas de ki que flotan a su alrededor.

– “¡HAAAAA!” – grita Piccolo, desde tierra firme, haciendo que todas las bolas de energía se dirijan a Goku.

El saiyajín aprieta los dientes.

– “¡YAAAAAAH!” – grita a continuación, emanando una onda expansiva de energía que hace estallar los ataques antes de que pueda impactar contra él.

Goku frunce el ceño, listo para continuar su combate, pero de entre la humareda resultante aparece el rostro del simiesco Broly, que abre sus fauces una vez más para atacar a nuestro amigo.

El terrícola se cubre cruzando los brazos frente a su rostro y el chorro de energía proyectado por el enemigo lo engulle. El gran torrente de ki rojo crea un gigantesco surco en el suelo del bosque de Monmaas.

Garlick y Shiras se ponen en pie. Con unos pocos golpes han sufrido mucho daño. 

– “Ese mono al final lo matará antes de tiempo…” – refunfuña Shiras. – “No creo que los brujos sean capaces de controlarlo.”

Broly ruge al cielo. 

Goku se levanta chamuscado y magullado. El ataque lo ha empujado a varios kilómetros de distancia.

– “Maldita sea… Me ha cogido desprevenido…” – murmura el saiyajín. – “No puedo descuidarme de nuevo o puede ser mi final…”

Broly carga otra vez contra Goku, que se pone en guardia.

De repente, una gigantesca ave vuela rasante sobre nuestro amigo y ataca al ozaru, que intenta defenderse. Las garras del pájaro se clavan en el antebrazo del mono.

– “¿Eh?” – se sorprende Goku.

Simio y ave se enzarzan en una salvaje escaramuza. El pájaro picotea al ozaru mientras bate sus alas, pero el saiyajín logra morderle una de ellas, impidiéndole alzar el vuelo.

Madas aparece junto a Goku.

– “Las criaturas de este planeta sienten que Broly es una entidad extraña…” – dice el anciano. – “Una figura disruptiva de la energía vital de Monmaas.”

– “Tengo que hacer algo…” – murmura Goku, preocupado por su alado amigo.

De repente, Shiras, Garlick y Piccolo aparecen para rodear al saiyajín y al viejo.

– “Madas…” – murmura Garlick. – “¿Qué haces tú en este planeta?”

El anciano clava su mirada en el ojo gris del Mojito y después se fija en Piccolo.

Goku se pone en guardia.

– “Yo me encargaré de ellos, anciano.” – dice el saiyajín, cuyos ojos se iluminan una vez más.

– “Está bien…” – responde Madas. – “Ten mucho cuidado.”

Shiras prepara la afilada empuñadura rota de su maza, listo para intentar asesinar al Kaioshin a traición, pero antes de que pueda dar ni un solo paso, Goku aparece delante de él, de espaldas para no perder de vista a sus otros dos contrincantes, y le propina un golpe en la nariz con el dorso de su puño. 

El golpe manda a volar a Shiras a través del bosque, perdiéndose rápidamente entre las gigantescas briznas de yerba.

Garlick y Piccolo embisten al saiyajín, pero Goku se mueve como un rayo e intercepta a Piccolo en el aire, repeliéndole y estampándole contra el tronco de un árbol, dejándole allí incrustado.

Garlick dispara una esfera de ki roja al terrícola, pero Goku la desvía hacia el cielo con un simple revés, y con esa misma mano emite un empujón de ki que lanza al demonio contra el suelo.

Goku mira atentamente a Garlick y, gracias a su entrenamiento, puede sentir la fuente de su poder; la esquirla cristalina que tiene incrustada en el brazo derecho.

El saiyajín desciende sobre el diablo, pero un desgarrador graznido llama su atención. Broly ha sometido al pájaro y prepara una esfera de ki en su boca para rematarlo.

Goku cambia de dirección y embiste al ozaru, propinándole un puñetazo en la mejilla que lo derriba. 

Mientras tanto, Madas se ha adentrado en la cueva y se ha topado con los dos kashvar. 

– “Ha pasado mucho tiempo…” – dice Madas.

– “Kaioshin…” – dice Arak. – “Tu magia puede protegerte parcialmente de la presencia de nuestro Maestro, pero no eres rival para nosotros.”

– “No nos detendrás esta vez…” – añade Salabim.

Arak invoca un guerrero de piedra que enseguida atacan a Madas.

El anciano intercepta al rocoso soldado y lo destruye de un puñetazo.

– “Muchas cosas han cambiado desde nuestro último encuentro en Konats…” – dice Madas.

Los dos brujos se sorprenden ante la fuerza del viejo Dios.

Mientras tanto, en el exterior, Broly intenta golpear a Goku, que vuela y se escurre entre los ataques del gigantesco simio, pero un golpe de cola lo sorprende y lo lanza contra una roca cercana.

Goku se pone en pie antes de que un nuevo ataque explosivo de Broly lo alcance.

– “Su poder va en aumento… Es increíble…” – murmura Goku, preocupado. – “¡Tengo que terminar esto ya!” – exclama mientras embiste a su enemigo.

Pero de repente, Broly grita y su aura estalla, generando cientos de esferas de ki que bombardean el bosque y sorprenden a Son Goku.

La cueva tiembla. 

Madas pelea contra una decena de guerreros de roca que se reconstruyen continuamente.

Goku ha recibido múltiples impactos, pero se levanta una vez más. Su aura genki ha desaparecido, pero él no está dispuesto a rendirse.

– “Lo siento, Broly…” – murmura el saiyajín. – “Pero no me queda otra opción.”

El saiyajín se envuelve de nuevo en el aura genki, que pronto se reduce para concentrarse en su mano derecha.

– “Espero que esto salga bien…” – sufre el saiyajín.

Goku abre la mano y se materializa una pequeña Genkidama. Sus ojos se apagan.

Broly clava su airada mirada en Goku. Enseguida abre su enorme boca y dispara un poderosísimo ataque de energía que se aproxima a nuestro amigo a toda velocidad.

– “¡HAAAA!” – lanza la esfera Goku.

La Genkidama se dirige al encuentro del ataque enemigo, dejando tras de sí una fina estela plateada. Los dos poderes impactan. La pequeña Genkidama contrasta con el gigantesco torrente de energía de Broly, pero tras un pequeño vaivén, la energía natural empieza a ganar terreno al poder destructivo enemigo.

La Genkidama hace retroceder el ataque de Broly y pronto lo desintegra, continuando su viaje hasta golpear al sorprendido ozaru, que nada puede hacer frente al impacto de la energía vital lanzada por Goku.

El ataque estalla, dividiéndose en siete rayos, algunos estallan en el bosque y otros se pierden en el cielo. Uno de los que ha ascendido empuja a Broly, que a medida que avanza se convierte en humano, pues su cola ha sido calcinada. 

Madas y los Kashvar pueden ver desde la cueva la nueva luz que ilumina Monmaas.

– “Habéis perdido…” – dice el viejo Kaioshin.

Salabim y Arak se ponen nerviosos.

La luz se desvanece. El cuerpo de Broly cae al suelo en lo más profundo del bosque. El saiyajín ha perdido el conocimiento, pero aún respira.

Goku recupera el aliento. Sus ojos ya no brillan. El saiyajín está agotado, pero satisfecho, pues puede sentir la tenue energía de Broly.

– “Jeje…” – sonríe Goku. – “Funcionó…” – suspira.

De repente, el saiyajín siente que algo se aproxima por su espalda y se da la vuelta rápidamente… Pero ya es demasiado tarde. Un Makankosappo de Piccolo le atraviesa el hombro izquierdo, cerca del corazón.

Goku cae de espaldas al suelo.

– “¡AAAAAAH!” – grita el saiyajín.

Shiras y Garlick se complacen de que Piccolo haya tenido éxito.

El namekiano se acerca al malherido Son Goku.

– “Te lo dije hace mucho tiempo…” – sonríe Piccolo. – “Ideé esta técnica con el objetivo de matarte.”

Goku aprieta los dientes.

– “Esperaba más honor por tu parte, Piccolo…” – dice el saiyajín.

El namekiano coloca su pie sobre la herida de Goku.

– “No esperes honor de un demonio.” – se burla Piccolo.

Daimaoh retuerce su pie.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el saiyajín.

En la cueva, los gritos de Son Goku retumban entre las paredes.

– “¡Tráelo aquí!” – ordena Salabim. – “¡Entre los pilares de fuego!”

El namekiano patea a Goku para desplazarlo hasta que cae por el agujero en el techo de la cueva, en el centro de los pilares antes encendidos por Arak.

– “Aaaahh…” – se queja el saiyajín.

– “¡GOKU!” – se preocupa Madas.

El Amenoukihashi empieza a brillar intensamente. 

Salabim y Arak se arrodillan frente a la estructura antigua.

– “¡Hazle daño más daño!” – grita Arak. – “¡Ya falta poco!”

– “¡Está casi listo!” – llora de alegría Salabim. – “¡Va a regresar!”

Madas se queda aterrado ante la escena. El viejo Kaioshin puede sentir como sus poderes están mermando.

– “No… Mi magia…” – se preocupa el anciano. – “A este paso…”

Madas se da cuenta de que su cuerpo empieza a temblar de forma extraña.

– “Vete…” – dice Goku, antes de recibir un otro pisotón de Piccolo. – “¡AAAAAAH!” – grita de nuevo.

– “Es demasiado tarde…” – lamenta el anciano. – “Lo siento, Son Goku” – se despide antes de que su cuerpo se divida en dos; un joven Kaioshin y una arrugada bruja se miran mutuamente, incrédulos.

En la Tierra, los supervivientes, reunidos en la Corporación Cápsula, observan atentamente la esfera de la bruja, que busca una señal a través del Universo.

– “¿Dónde están Goku y Vegeta?” – pregunta Krilín. – “¿No puede localizarlos?”

– “No es tan sencillo…” – responde Baba. – “Fuerzas oscuras están en movimiento… Nublan mi visión…”

– “¿Goten y Trunks?” – insiste Krilín. – “¿Pan y Bra?”

– “Lo siento…” – responde la bruja. – “No puedo verlos…”

– “¿Y Son Gohan?” – pregunta Ten Shin Han.

Uranai Baba empieza a frotar de nuevo su bola de cristal.

– “Veamos…” – murmura la anciana.

Pero de repente, antes de que la bruja pueda focalizar su magia, la bola de cristal se torna negra.

En Magorza, Vegeta habla con Iwen en la tenebrosa sala del templo.

– “Me necesitan” – dice Vegeta. – “Tengo que marcharme.”

– “No estás preparado…” – responde Iwen. – “Pero creo que ya lo sabes.”

– “Estoy dispuesto a correr ese riesgo.” – insiste Vegeta.

– “Si te marchas, te espera un destino peor que la muerte.” – dice el brujo. – “Puedo ver retazos de tu futuro entre las sombras.”

De repente, una terrible presencia inunda la sala.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Vegeta, que se da cuenta de que su cuerpo tiembla de miedo instintivamente. – “¿Qué es esta sensación?”

– “Es él…” – responde Iwen. – “Mi Maestro… \”El que vio.\””

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 9: La pesadilla regresa

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 9: La pesadilla regresa

Piccolo vuela en dirección a la Atalaya de Kamisama sin mirar atrás, pese a preguntarse si Vegeta habrá logrado detener definitivamente al monstruo Bu.

– “Debo poner al chico a salvo…” – piensa el namekiano.

En el centro del kilométrico cráter que ha dejado la explosión, Vegeta ha agotado toda su energía y su cuerpo se ha convertido en ceniza que se lleva el viento.

En la Atalaya de Kamisama, Dende observa atentamente lo ocurrido. La zona de la explosión ha quedado completamente arrasada.

– “Vegeta…” – murmura el namekiano. – “Lo has conseguido…”

Pero de repente, los minúsculos fragmentos gelatinosos del monstruo, que están esparcidos por todo el terreno, empiezan a moverse.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Kamisama.

Los pequeños trozos del monstruo cobran forma, transformándose en un millar de diminutos Majin Bu.

– “¡Buu! ¡Buu!” – canturrean todos a la vez.

– “No… no es… ¡No es posible!” – titubea un horrorizado Dende.

Los trozos del monstruo se reagrupan, mezclándose unos con otros y conformando una gran masa rosada que empieza a tomar forma antropomórfica.

– “¿Qué ocurre, Kamisama?” – se preocupa Mr. Popo, intentando asistir a Dios.

– “¡Ese monstruo sigue vivo!” – exclama Dende.

Bu se ha regenerado por completo.

– “¡BUUUUUU!” – celebra el monstruo.

Majin Bu bailotea por la zona, feliz como una perdiz.

Piccolo ha percibido la presencia del monstruo y acelera su vuelo.

– “Maldita sea…” – murmura el namekiano. – “¡Esto es terrible!”

En el cráter, de repente, el monstruo se da cuenta de que Babidí no está.

– “¿Eh?” – se rasca la cabeza el monstruo.

Bu vuela de un lado para otro, sobrevolando la zona, mirando debajo de cada piedra, hasta que confirma que su señor ha muerto.

– “¡Je, je, je! ¡JA, JA, JA!” – ríe contento.

El monstruo Bu es libre.

A varios kilómetros de distancia, en un río, el Kaioshin sale a la superficie, malherido y casi sin fuerzas, y se agarra a una roca de la orilla. 

– “No siento a Vegeta… tampoco a Gohan…” – piensa Shin. – “Por favor… alguien tiene que seguir vivo…”

En las montañas rocosas, Ten Shin Han y Chaoz avanzan a pie.

– “¡Estamos cerca!” – dice Ten. – “¡Es débil, pero puedo sentir su energía!”

– “¡Es allí!” – indica Chaoz. – “¡Ya le veo!”

Gohan se encuentra inconsciente en el suelo.

– “¡Son Gohan!” – exclama Ten.

Los dos guerreros se apresuran en socorrer al chico.

Mientras tanto, en la Atalaya de Kamisama, Piccolo ya ha llegado al palacio y ha acostado a Trunks en un dormitorio. Ahora él y Dende pasean por la Atalaya mientras cavilan. 

– “Aún tardará en despertar.” – dice Piccolo.

– “Su padre ha muerto… Pobre muchacho.” – dice Dende. – “¿Y Gohan? ¿Él también…?” – añade preocupado.

– “No lo sé…” – agacha la cabeza Piccolo. – “Pero no siento su energía…”

– “¿Qué haremos ahora?” – se pregunta Kamisama.

– “Tendremos que esperar…” – sugiere el namekiano. – “Aún no sabemos cómo actuará Majin Bu ahora que no tiene a Babidí para darle órdenes…”

Mientras tanto, Majin Bu vuela alegremente sobre el mar, dando piruetas en el aire, celebrando su recién conseguida independencia.

De repente, se da cuenta de que hay una ciudad bajo sus pies; es la Capital del Sur.

El rostro del monstruo se ilumina y él desciende lentamente.

– “Tengo hambre…” – sonríe Majin Bu.

El monstruo alza sus manos y las habitantes de la ciudad empieza a levitar.

– “¡AAAAH!” – grita la gente asustada y confusa. – “¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!”

– “¿En qué podría convertiros…?” – piensa Bu. – “¡Ya lo sé!” – exclama. – “¡¡Convertíos en caramelos!!”

Bu proyecta un rayo zigzagueante rosado de energía mágica con su antena, y éste se transmite de un humano a otro, convirtiéndolos a todos en dulces.

El monstruo aspira con fuerza y atrae a los caramelos hasta su boca, llenándola hasta rebosar, con sus mejillas hinchadas como un hámster.

El monstruo mastica los crujientes dulces, triturándolos, y después los engulle.

– “¡Deliciosos!” – celebra Bu.

Bu inspira profundamente, llenando sus pulmones de aire, y luego sopla con todas sus fuerzas, destruyendo toda la Capital de un soplido, conviertiendo la zona en un páramo llano y yermo.

– “¡Qué divertido!” – ríe Bu. – “¡Ji, ji, ji!”

En la Atalaya, Piccolo y Dende observan la escena aterrados.

– “Maldición…” – sufre Piccolo. – “Puede que haya cometido un error…”

En la Capital del Oeste, Bulma ve en el televisor del taller los sucesos de Satán City, cubiertos a pie de calle por el reportero Jimmy Firecracker. Las noticias muestran imágenes captadas por una cámara de seguridad en las que ella puede identificar a Vegeta, Gohan y Piccolo junto a un extraño cuarto individuo.

– “¿Qué ha pasado…?” – sufre ella, al ver a su marido atacar la metrópolis.

De repente, la emisión es interrumpida para contar un nuevo y terrible suceso; el ataque a la Capital del Sur.

Bulma no aguanta la incertidumbre y coge el radar de las Dragon Balls de un cajón de su mesa de trabajo y agarra su chaqueta morada de la Corporación Cápsula antes de salir de la habitación.

En Satán City, Videl y Satán, rodeados por la policía y otros viandantes, pueden ver las noticias en los televisores de un escaparate. Un helicóptero muestra imágenes aéreas de la devastada Capital del Sur.

– “¡Es terrible!” – cuchichea la gente. – “¡Qué desastre! ¿Qué puede haber causado esto? ¿Un ataque terrorista?”

– “Son Gohan…” – murmura Videl, preocupada. – “Por favor… Ten mucho cuidado…”

En las montañas rocosas, Chaoz y Ten Shin Han intentan mantener con vida a Gohan, ofreciéndole agua de una cantimplora, pero el mestizo casi no tiene fuerzas. Los dos guerreros han sentido las energías de la ciudad desaparecer.

– “Debemos llevarle a la Atalaya…” – sugiere Ten. – “Algo terrible está sucediendo.”

Chaoz rebusca en su cinturón.

– “¡A mí me queda una senzu!” – exclama Chaoz.

Mientras tanto, un joven guardabosques camina por una arboleda, escopeta en mano, cuando se topa con un individuo inconsciente en el suelo, bocabajo, vestido con ropajes extraños empapados, cerca de la orilla del río.

– “¿Está bien, amigo?” – pregunta el individuo. – “¡Oiga!” – insiste.

El joven se agacha y da la vuelta al forastero, para darse cuente enseguida de que su aspecto no es terrícola.

– “Pero, ¿quién eres tú?” – murmura guardabosques.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende siguen observando con horror a Majin Bu hacer de las suyas, cuando de repente aparece el avión de Bulma, que aterriza apresuradamente.

– “Bulma…” – murmura el namekiano, que se da cuenta de que va a tener que dar explicaciones.

La mujer sale de su avión y se acerca a Piccolo.

– “¡¿Dónde está Trunks?!” – pregunta ella, nerviosa. – “¡¿Y Vegeta?!”

El namekiano agacha la cabeza, apenado.

– “Trunks está bien. Está descansando en el palacio.” – dice el namekiano. – “Pero Vegeta…”

De repente, un nuevo avión aterriza en la Atalaya; es el vehículo de Yamcha. Chichi, Gyuma, Yamcha, Puar, Oolong, Roshi, Krilín y la Número 18, con la pequeña Marron en brazos, se apean.

Chichi camina decidida hasta Piccolo y le increpa. El namekiano retrocede un poco asustado.

– “¡TÚ!” – le dice Chichi al namekiano apuntándole con un dedo acusador. – “¡¿Dónde está mi Gohan?!”

Krilín da un paso al frente.

– “¿Qué ha pasado, Piccolo?” – pregunta el terrícola, con miedo a la respuesta.

Piccolo agacha la cabeza de nuevo.

– “Vegeta y Gohan… han muerto” – revela el namekiano.

Todos los presentes se quedan impactados por las palabras de Piccolo. Chichi se desmaya y tiene que ser atendida por Gyuma. Bulma se tapa la boca acongojada.

– “Vegeta… No… No puede ser…” – llora la viuda.

Piccolo continúa.

– “Un monstruo antiguo y malvado ha despertado.” – dice el namekiano. – “Y ahora vaga por la Tierra.”

Mr. Popo sale del palacio y interrumpe a Piccolo.

– “Siento interrumpir…” – dice el ayudante de Kamisama. – “Pero el chico ya se ha despertado.”

Mientras tanto, Gohan se ha comido la semilla y se pone en pie.

– “¿Estás bien, muchacho?” – pregunta Ten.

– “Sí…” – dice el mestizo. – “Muchas gracias.”

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta Chaoz.

– “Hemos sentido tu energía y la de Vegeta…” – dice Ten. – “Y luego ha aparecido otro poder terrible…”

– “Es una historia larga.” – dice Gohan. – “Pero no hay tiempo.” – dice mientras se aleja unos pasos, con su mirada fija en el horizonte.

– “¿Qué pretendes hacer?” – dice Ten. – “No irás a…”

– “No siento la energía de Vegeta, pero sí siento la del monstruo” – dice Gohan. – “Eso significa que soy el único capaz de detenerlo…”

– “Pude sentir vuestra energía mientras peleabais, Gohan.” – dice Ten. – “Si Vegeta ha fracasado…”

– “Ahora soy más fuerte.” – dice el mestizo. – “Puede que…”

– “No lo hagas…” – dice Chaoz. 

Gohan aprieta sus puños con rabia.

– “No puedo quedarme de brazos cruzados…” – gruñe Gohan. – “Mi padre no tiraría la toalla…”

– “Tu padre sabía cuando pelear.” – dice Ten. – “Si mueres en vano, la Tierra estará condenada.”

Muy lejos de allí, en la cabaña del guardabosques, Shin abre los ojos tumbado en una cama de madera, vistiendo solo el mono interior de su ropa sagrada. 

– “¿Qué…?” – se pregunta el Dios. – “¿Dónde estoy?”

Shin intenta echar un vistazo a su alrededor. Una alfombra de piel de oso cubre el suelo. Una fotografía del guardabosques con su mujer y su hijo se encuentra en la mesita de noche. El anfitrión se se encuentra sentado en una mesa, cerca de la entrada. La escopeta está apoyada en la pared, junto a la puerta.

– “Te encontré cerca del río.” – dice el guarda forestal. – “Estabas inconsciente.”

El Dios ve a un joven de ojos azules, con pelo negro lacio con corte a media melena y raya en medio. Viste un pantalón cargo marrón y una camiseta térmica negra. Está sentado en una mesa junto a la entrada.

– “Me has ayudado…” – murmura Shin, aún débil. – “Gracias…”

– “¿De dónde vienes?” – pregunta el joven. – “No pareces de por aquí.”

– “No…” – dice Shin. – “Soy del Este…”

– “¿De qué planeta, exactamente?” – sonríe el guardabosques.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Kaioshin al ver la calma con la que el forastero ha realizado la pregunta.

Shin se fija en el joven y se sorprende al percibir algo extraño.

– “Tú…” – dice el Dios. – “No eres… humano…”

– “Interesante…” – murmura el guardabosques ante la deducción de su invitado. – “Voy a empezar presentándome yo.” – dice el joven. – “Soy el Número 17, pero aquí me conocen como Lapis.” – dice ofreciéndole la mano.

El Dios sonríe al sentir las buenas intenciones de su huésped.

– “Shin” – sonríe el Dios, aceptando el apretón de manos. – “Kaioshin del Este.”

Mientras tanto, Majin Bu ha llegado a la Capital del Norte y corretea por sus calles, arrollando todos los vehículos con los que se encuentra a su paso. La gente huye despavorida.

– “¡YUJUUUU!” – disfruta el monstruo.

De repente, un policía dispara al monstruo, pero las balas rebotan en su barriga sin causarle ningún daño.

– “¿Eh?” – se detiene Bu, confuso.

El policía retrocede lentamente al ver que el monstruo le ha visto.

– “¿Quieres jugar?” – sonríe Bu.

El agente suelta el arma y echa a correr, pero Bu agarra la pistola del suelo.

– “Se ha dejado esto…” – piensa el monstruo.

Bu le lanza el arma y ésta se incrusta en la cabeza del policía, matándole.

– “¡Oh!” – se sorprende Bu. – “Que delicados son…”

Una muchacha que lo ha visto todo se encuentra agachada detrás de un coche, aterrada.

La chica intenta huir a gatas, pero pronto se topa con Majin Bu frente a ella.

– “Por favor… No me mates…” – suplica la muchacha. – “Por favor…”

Bu intenta poner su mejor sonrisa.

– “¿Crees que soy guapo?” – le pregunta el monstruo.

– “¿Eh?” – responde la confusa muchacha.

– “¿Soy guapo?” – insiste Bu.

– “Guapo… eh… ¡Sí! ¡SÍ!” – exclama ella. – “¡MUY GUAPO!”

– “Entonces… ¡Dame un beso!” – dice Bu, alargando sus labios como si fueran una trompeta.

– “¡YAAAAAAHHHH!” – grita ella, asqueada y asustada.

– “Me has mentido…” – dice un ofendido Majin Bu.

En ese instante, Bu ve un anuncio de colonia en una pared en el que aparece un hombre apuesto.

– “¿A las terrícolas os gustan así?” – se pregunta el monstruo, rascándose la barbilla. – “Está bien…”

Bu moldea su rostro con las manos como si fuera de arcilla y replica la cara del modelo.

– “¿Mejor ahora?” – sonríe el monstruo. – “¡Dame un besito!” – insiste alargando de nuevo sus labios.

– “¡¡YAAAAH!! ¡NOO!” – grita ella.

– “Eres una chica muy caprichosa…” – gruñe Bu, enfadado. – “¡Pues conviértete en azucarillo!”

El rayo mágico de la antena de Bu transforma a la muchacha en el dulce mencionado. Bu se lo come sin dudar.

– “Bueno…” – suspira el monstruo, apenado, mientras echa un vistazo a su alrededor. – “Parece que nadie quiere jugar conmigo…”

En unos instantes, Bu hace estallar la ciudad por completo.

En la Atalaya, Piccolo, Dende, Yamcha, Krilín con su hija en brazos, Roshi y Chichi siguen pendientes de lo que ocurre en la Tierra. Los demás han entrado en el palacio. 

Nuestros amigos perciben la repentina muerte de miles de personas.

– “Maldición…” – lamenta el namekiano.

– “La Capital del Norte…” – sufre Dende. – “Ha desaparecido…”

– “¡Podemos usar las Dragon Balls!” – sugiere Chichi. 

– “Es inútil resucitarlos ahora” – responde Krilín. – “Primero hay que detener a ese monstruo. No pueden resucitar dos veces.”

En el interior del Palacio, Bulma consuela a su hijo, que acaba de conocer la muerte de Vegeta.

– “¡¿Por qué no ha huido?!” – protesta Trunks, entre sollozos.

– “Lo hizo por nosotros…” – dice Bulma. – “Ha luchado por ti, por mí y por la Tierra…”

– “Pero no ha servido de nada…” – llora Trunks. – “¡Es un idiota!”

La Número 18, que se encuentra apoyada en la pared de la sala contigua, donde los demás están sentados esperando noticias, decide intervenir.

– “Tu padre es la persona más orgullosa a la que me he enfrentado.” – dice la androide. – “Nunca imaginé que Vegeta fuera capaz de dar su vida por alguien… pero lo ha hecho por ti. Sé agradecido. Haz que no sea en vano.”

La Número 18 abandona la sala y sale del palacio. El pequeño Trunks se queda conmocionado ante tan duras pero sinceras palabras y se seca los ojos con su antebrazo. Bulma sonríe con melancolía al ver que las palabras de la androide han tenido un efecto positivo en el chico.

Mientras tanto, el monstruo Bu sigue volando alrededor de la Tierra.

– “Me está entrando sueño…” – bosteza el monstruo.

Bu aterriza en mitad de un rancho.

– “¡¿Quién es ese?!” – se pregunta el ganadero. – “¡¿Ha llegado volando…?!”

El monstruo echa un vistazo a su alrededor.

– “Voy a construir una casa aquí y me echaré una siesta…” – dice Bu.

Majin Bu alza sus manos y hace volar al ganadero y a todo su ganado.

– “¡Convertíos en arcilla!” – exclama Bu, usando su magia para transmutarlos. 

La arcilla se concentra en una gran masa que flota en el cielo.

Bu limpia y allana la zona de un soplido y deja caer la arcilla al suelo.

– “¡Manos a la obra!” – sonríe Bu.

El monstruo empieza a moldear su nuevo hogar con calma y con cariño. Parece que se lo esté pasando bien construyendo su casa.

– “¡TACHÁN!” – celebra al terminar. – “¡Je, je, je!”

La casa tiene forma de gusano extraterrestre, con una apertura frontal circular y dos laterales, y consta de múltiples ventanas pequeñas con la misma forma a lo largo de la estructura.

El monstruo revisa que todo haya quedado a su gusto.

– “Aquí la mesa para comer…” – canturrea mientras pasea por el comedor. – “Aquí el baño…” – dice tumbado en la bañera. – “Aquí el lavabo…” – se sienta en la taza. – “Me lavaré los dientes…” – procede. – “¡Y aquí la cama!” – dice al tumbarse. 

Bu se duerme enseguida, pero se despierta al instante.

– “¡Habré dormido unos cinco segundos!” – celebra. – “Bien, bien…”

El monstruo sale de su casa y se pone con los brazos en jarra.

– “¡Ya he descansado!” – sonríe. – “¡A jugar! ¡A jugar!” – exclama antes de salir volando.

En la Atalaya, Yamcha se acerca a Piccolo.

– “A lo mejor sí que es una buena idea reunir las Dragon Balls ahora…” – dice el terrícola. – “Majin Bu podría destruir alguna por accidente en uno de sus ataques…”

– “Estaríamos perdidos…” – murmura Roshi.

– “Yo me encargaré” – dice Krilín, poniendo a Marron en el suelo. – “Las reuniré lo más rápido que pueda y las traeré aquí.”

– “No es seguro…” – dice Piccolo. – “Majin Bu podría sentir tu energía matarte… o seguirte hasta aquí y eliminarnos a todos… Yo solo he tenido suerte.”

– “Por eso me encargaré yo.” – interviene la Número 18.

– “18…” – se sorprende Krilín. – “¿Estás segura?”

– “Soy la mejor opción.” – dice la androide.

– “Pero…” – se preocupa su marido.

– “Ella tiene razón.” – la apoya Piccolo. – “Majin Bu seguro que no puede detectarla.”

Bulma y Trunks salen del palacio.

– “¿Tienes el radar de las Dragon Balls?” – le pregunta la Número 18 a Bulma.

– “Aquí está…” – dice ella, sacándoselo del bolsillo. – “Lo cogí cuando salí de casa, supuse que lo necesitaríamos.”

La androide coge el radar y lo activa.

– “Ten mucho cuidado…” – sufre Krilín.

La Número 18 sonríe y se agacha para hacer una carantoña a su hija.

– “Y si te encuentras con Bu… tienes que esconderte.” – dice su marido. – “Puede ser muy rápido y fuerte, pero no puede percibir tu presencia. Aprovéchalo parra darle esquinazo.”

– “¿Es que olvidas con quién estás tratando?” – fanfarronea la androide. – “Hace unos años era de mí de quién huíais.”

Yamcha se incomoda ante tal recuerdo.

La Número 18 camina hasta el borde de la Atalaya, en el que se encuentra Piccolo.

– “Mucha suerte.” – dice el namekiano.

– “Si algo va mal… Protégelos.” – susurra la androide.

El namekiano asiente.

La Número 18 se lanza al vacío y pronto emprende el vuelo, guiada por el radar.

Mientras tanto, Trunks se ha acercado a Piccolo y le tira de la capa.

El namekiano se da la vuelta y mira al pequeño mestizo, que luce una mirada de determinación sorprendente para su edad.

– “Entréname.” – dice el hijo de Vegeta.

– “¿Qué?” – se sorprende el namekiano junto a todos los presentes.

– “Tú entrenaste a Gohan, ¿no?” – dice Trunks. – “Pues entréname a mí. Quiero luchar.”

– “Trunks…” – sufre su madre.

Chichi coloca su mano sobre el hombro de Bulma.

– “Crecen muy rápido…” – dice ella, que puede ver en Trunks la misma determinación que tenía Gohan a su edad.

El namekiano sonríe.

– “Entrenar conmigo no será fácil…” – dice Piccolo. – “¿Estás dispuesto a sufrir?”

Trunks asiente.

– “Quiero hacerme más fuerte.” – insiste el mestizo. – “Más que papá y que Gohan.”

– “Bien.” – esboza una pícara sonrisa el namekiano.

Piccolo mira a Mr. Popo.

– “¡Señor Popo!” – le dice el namekiano. – “Prepare la Sala del Espíritu y el Tiempo.”

En la caseta del bosque, Shin descansa en la cama y el Número 17 prepara un guiso de conejo mientras mira de reojo a su invitado.

– “Un Dios… un monstruo milenario…” – suspira el androide. – “Apuesto a que Son Goku y sus amigos tienen algo que ver en todo esto…” – sonríe.

En las montañas rocosas, Gohan, Ten y Chaoz ocultan su ki.

– “¿Qué podemos hacer? Tener que ocular nuestra energía para sobrevivir es frustrante…” – gruñe Gohan. – “¿Cómo podemos detener a ese monstruo si no somos capaces de vencerlo?”

Ten Shin Han tiene una idea.

– “Creo que hay una forma…” – dice el terrícola.

– “No estarás pensando en…” – se asusta Chaoz.

– “La técnica que ya detuvo al diablo en una ocasión.” – dice Ten Shin Han. – “El Mafuba.”

 

En la Capital Central, en el Palacio Real, el Rey del Mundo está reunido con sus consejeros. Juntos revisan imágenes de lo sucedido en la Satán City, en la Capital del Sur y en la Capital del Norte. En algunas de ellas, grabadas por ciudadanos asustados, se identifica al Monstruo Bu. 

– “¡Debemos actuar!” – exclama un General. – “¡Deme la orden y enviaremos al ejército!”

– “Esto no es algo que podamos solucionar con métodos convencionales… ¡Estaríamos enviando a nuestros hombres a morir!” – replica un hombre del Rey.

– “¡¿Y qué sugieres?!” – protesta el militar.

– “Recurramos de nuevo al héroe que salvó la Tierra hace siete años…” – sugiere el consejero.

El Rey del Mundo está distraído, con su mirada fija en el joven muchacho que aparece en la grabación de seguridad de Satán City.

– “Su Majestad…” – le saca del trance uno de los consejeros.

– “¿Sí?” – pregunta el Rey, un poco aturdido.

– “Necesitamos su autorización…” – le dicen.

– “Está bien…” – suspira el Rey. – “Llamémosle.”

En Satán City, suena el busca de Mr. Satán.