DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 1: El instituto de Satán City

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 1: El instituto de Satán City

Gracias al sacrifico de Son Goku y a la valentía de Son Gohan, la Tierra fue rescatada de las garras de Cell todos pudieron volver a su vida tranquila y pacífica… pero no pasó mucho tiempo hasta que el mundo volvió a dar la paz por sentada, y la gente recuperó sus comportamientos egoístas y maliciosos; así somos los seres humanos.

Los habitantes de la Tierra creían que Míster Satán había salvado el planeta, aunque en realidad no había sido así. Por eso, la ciudad dónde el Campeón vivía cambió de nombre en su honor. 

Han pasado siete años desde la lucha contra Cell. Nos encontramos en Satán City.

En el banco de la ciudad, un grupo maleantes está cometiendo un atraco y disparan a todo el que se interpone en su camino.

Mientras tanto, ajeno al delito, un adolescente Gohan vuela sobre Kinton hacia la metrópolis. El muchacho ya ha cumplido 16 años. Ha estado estudiando a distancia, ya que vive alejado de la civilización, pero su madre ha decidido que eso ya no es suficiente y que ha llegado el momento de asistir al instituto. Empieza hoy.

– “Ya estoy en las afueras…” – piensa el mestizo. – “Me bajaré aquí.” – dice al saltar de la nube. – “¡Hasta luego, Kinton!” – se despide. – “¡Te llamaré para volver a casa!”

El muchacho lleva una bandolera al hombro y viste pantalón marrón, camiseta blanca y chaleco negro, luciendo una chapa en el pecho con la insignia de su nuevo instituto; una estrella naranja.

Gohan empieza a caminar, pero al mirar el reloj se da cuenta de que llega un poco tarde.

– “Me lo he tomado con demasiada calma…” – piensa el chico.

Tras mirar a su alrededor y ver que no hay nadie observándole, una pícara sonrisa se dibuja en su rostro. El mestizo echa a correr, adelantando vehículos cuyos conductores miran extrañados el misterioso borrón que los rebasa. 

Después de recorrer unas cuantas calles, el sonido de disparos alerta a Gohan, que se detiene para investigar de qué se trata.

Es el banco. Los atracadores han subido a una camioneta y están disparando contra la policía. Los agentes buscan parapeto tras sus coches.

Gohan contempla la escena.

– “Otra vez… Esta ciudad… No tiene remedio…” – murmura mientras se quita la mochila y la deja oculta tras unos setos. – “Me transformaré para que no me reconozcan.” – piensa mientras su cabello se torna rubio.  

El saiyajín interviene en la disputa y en un solo instante deja fuera de combate a los ladrones y vuelva el coche en el que intentaban escapar con un empujón de energía invisible. 

Cuando la policía se da cuenta de lo sucedido, él ya ha desaparecido.

Gohan, que ha vuelto a su estado base, recupera su mochila y suspira. Ha logrado actuar sin ser visto.

En ese momento, una muchacha le sobresalta.

– “¡Oye!” – exclama ella; una bonita chica de pelo negro y coletas, que viste un short negro y una camiseta blanca decorada con la misma chapa que lleva Gohan. – “¿Quién ha hecho eso?” – pregunta. – “No creo que haya sido la policía…” – dice al fijarse en el coche bocabajo.

– “No lo sé…” – responde un nervioso Gohan. – “Yo no he visto nada…” – dice mientras retrocede para marcharse.

La chica ignora a Gohan al ver que no sabe nada.

– “¡Y yo que he venido corriendo!” – se queja ella cruzándose de brazos. – “¿Quién habrá sido?”

Gohan aprovecha el momento para marcharse sin levantar sospechas.

Un viandante, un señor trajeado, se acerca a la muchacha.

– “¡Señorita Videl!” – exclama el hombre. – “¡Lo he visto todo! ¡Ha sido el Guerrero Dorado!”

– “¿El Guerrero Dorado? ¡¿Otra vez…?!” – murmura ella.

– “¡Es un tipo muy fuerte y rápido!” – continúa el señor. – “Emitió una extraña energía… ¡y el coche de los atracadores dio una vuelta de campana!”

Videl escucha atentamente al caballero, pero no puede evitar pensar que el hombre está exagerando.

– “¡Y creo que era un alumno de su instituto!” – exclama el señor al ver la chapa de Videl. – “¡El Orange Star High School! ¡Llevaba esa misma insignia!”

– “¡¿Qué?!” – exclama la chica. – “¿Alguien de mi instituto…?” – reflexiona. – “No conozco a nadie de cabello dorado…”

Media hora más tarde, en el Instituto Orange Star, Videl comenta lo ocurrido con sus compañeros de aula. El grupo está sentado en la penúltima fila del gran anfiteatro.

– “Shapner…” – le dice Videl a un amigo fortachón de pelo rubio y largo sentado a su derecha. – “¿Tú no serás el Guerrero Dorado…?”

– “Lo siento, pero yo no tengo tiempo para esas cosas” – dice con chulería. – “He estado entrenando con el club de béisbol toda la mañana.”

Otra compañera de Videl, sentada a su izquierda, se mete en la conversación.

– “Oye, Videl…” – dice la muchacha rubia de pelo corto. – “¿Crees que ese tipo podría ser más fuerte que tu padre?”

Un tercer personaje, sentado en una fila inferior, se entromete en la discusión.

– “¡No digas tonterías, Erasa!” – dice el chico, con prepotencia. – “¡No hay nadie en el mundo más fuerte que Míster Satán!”

En ese instante, el profesor entra en el aula y todos los estudiantes se apresuran a sentarse correctamente y en silencio.

– “¡Bien!” – empieza el maestro. – “Os voy a presentar un alumno nuevo…” – anuncia. – “¡Adelante!”

Gohan entra en la clase con cierta vergüenza.

– “Buenos días. Me llamo Son Gohan…” – se presenta el chico. – “Encantado.”

Erasa le mira sonriente.

– “Es muy guapo…” – dice la muchacha. – “¡Justo mi tipo!”

– “¿Ha dicho que se llama Gohan?” – dice el uno. – “Qué nombre tan raro…”

– “Creo que le he visto en alguna parte…” – piensa Videl.

– “Ju, ju, ju” – ríe Shapner. – “Vaya pinta de niño mimado y empollón…”

El profesor invita a Gohan a sentarse.

Gohan busca un sitio libre, pero antes de que pueda decidirse, Erasa le reclama.

– “¡Aquí, aquí!” – exclama ella, señalando el asiento libre a su izquierda.

Gohan sube las escaleras hasta su asiento.

– “Gracias…” – dice el mestizo tímidamente.

– “Me llamo Erasa. ¡Encantada de conocerte!” – se presenta ella. – “Y mi amiga es Videl.”

Gohan reconoce a la muchacha con la que habló esta mañana.

– “¡Su padre es Míster Satán!” – dice Erasa.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende Gohan. – “¡¿Míster Satán?!”

– “¡Jajaja!” – ríe Erasa. – “Pareces muy sorprendido…”

La clase empieza, pero los chicos siguen hablando en voz baja.

– “Un poco…” – se disculpa Gohan.

– “¡No te preocupes! ¡Es normal!” – dice Erasa. – “Al fin y al cabo, estamos vivos gracias a él.”

Videl ha estado mirando a Gohan desde que ha entrado y finalmente le recuerda.

– “¡Oye!” – exclama la hija de Satán. – “¡Tú eres el chico de esta mañana! ¡El que estaba en el lugar del atraco!”

– “Ah… sí…” – responde Gohan.

– “¡Oh!” – exclama Erasa. – “¿Y pudiste ver al Guerrero Dorado?”

– “¿El Guerrero Dorado?” – pregunta Gohan, desconcertado. – “¿Quién es ese?”

– “Claro… No lo conoces porque acabas de llegar.” – dice Erasa. – “¡Es un guerrero que ha aparecido tres veces en los últimos diez días! ¡Siempre para defender el bien y la justicia!” – explica. – “¡Dicen que es un muchacho de cabello dorado! ¡Y que es muy fuerte! Ya es famoso en la ciudad…”

Gohan no dice nada y traga saliva nervioso.

– “Maldita sea… Parece que me vieron cuando vine a visitar el instituto por primera vez y también cuando volví para matricularme…” – se preocupa el mestizo.

Videl sigue atenta a Gohan y a sus reacciones.

– “Me han dicho los testigos que el Guerrero Dorado llevaba una insignia del instituto…” – dice la hija de Satán. – “Pantalón marrón, camisa blanca y chaleco negro… Parece que encajas en la descripción.”

– “Pues es cierto…” – dice Erasa.

Gohan ríe nervioso.

– “¡Qué casualidad…! ¡Jajaja!” – intenta disimular.

El profesor oye a Gohan alzar la voz y detiene la clase para pedir silencio.

Tras un breve instante, la case continúa y los chicos siguen conversando. 

– “¡Jujuju!” – ríe Shapner. – “Pero miradle bien… ¿Tiene pinta de guerrero?” – se burla. – “¡Pero si ni siquiera es rubio!”

– “¡Jiji!” – sonríe Erasa. – “Es cierto… No te ofendas, Gohan, pero no pareces muy fuerte…”

– “¡Jaja!” – ríe el mestizo para disimular. – “No, no me gustan las peleas…”

Videl sigue estudiando al recién llegado.

– “No creo que sea él…” – piensa la hija de Satán. – “Aunque en aquel video antiguo de mi padre luchando contar Cell aparecen unos extraños hombres de cabello dorado… Mi padre siempre dijo que era solo un truco… Pero, ¿tendrán alguna relación con ese Guerrero Dorado?”

Mientras tanto, Erasa sigue dando conversación a nuestro amigo.

– “Y dime, Gohan… ¿Vienes cada día a la ciudad o has alquilado un apartamento aquí?” – pregunta ella.

– “Vengo cada día desde casa” – responde el mestizo.

– “¿Y dónde vives?” – dice Erasa.

– “En la zona 439 del Este, en las montañas…” – responde Gohan.

Erasa se levanta sobresaltada.

– “¡¿HAS DICHO 439 DEL ESTE?!” – exclama sorprendida. – “¡ESO ESTÁ A 1000 KILÓMETROS!” 

El profesor se molesta al escuchar el grito.

– “¡Silencio, por favor!” – insiste el docente.

Erasa se vuelve a sentar y se esconde tras su cuaderno.

– “¿Y cómo…? ¿Cómo vienes a clase?” susurra la muchacha. – ¡Incluso en Jet-Flyer se tarda más de cinco horas!” 

– “Eh… Esto…” – tartamudea Gohan. – “¡Por eso he llegado tarde! ¡Jaja!”

Tras unas cuantas clases en el aula ha llegado la hora de gimnasia. Los estudiantes se han puesto ropa deportiva y salen al patio, todos con la misma gorra del instituto. 

El profesor de gimnasia, un hombre fortachón de cabello negro y frondoso bigote, organiza un partido de béisbol.

– “¿Tú sabes jugar a béisbol?” – le pregunta Shapner a Gohan.

– “Bueno… Mi tío me enseñó las reglas.” – responde el mestizo.

Shapner le mira con aires de superioridad.

– “Vaya paleto…” – piensa Shapner, mientras se prepara para batear. – “Esto va a ser divertido…”

Videl es la lanzadora.

– “Gohan, tú cubrirás el flanco derecho, ¿lo entiendes?” – pregunta ella.

– “Claro” – sonríe el chico.

Gohan camina hasta su posición, algo nervioso.

– “Mamá y Bulma me han dicho que oculte mi fuerza para pasar desapercibido…” – piensa Gohan. – “Intentaré comportarme como los demás.”

Videl se prepara para lanzar.

– “¡Esta ni la verás!” – piensa ella, que lanza la bola con todas sus fuerzas.

Shapner batea con rabia. Es un golpe perfecto. La pelota se eleva rápidamente y él suelta el bate para correr hasta la siguiente base, dando por hecho el “Home run”.

Gohan, sin ningún esfuerzo, salta y atrapa la pelota en el aire.

Los presentes se quedan boquiabiertos al ver al chico unos ocho metros por encima de sus cabezas.

– “A ver… Si la lanzo a la tercera base creo que elimino a ese…” – piensa Gohan. – “Pero tengo que hacerlo flojito…”

Gohan lanza la pelota y el compañero de dicha base la recibe, cayendo de espaldas al suelo por la velocidad que llevaba la bola.

El mestizo aterriza sonriente.

– “Creo que ha salido bien…” – piensa Gohan.

Pero pronto se da cuenta de que nadie sigue la jugada. Todos se han quedado boquiabiertos ante tal exhibición de cualidades físicas. 

– “Maldición…” – piensa Gohan, intentando ocultarse tras la visera de su gorra. – “Parece que me he pasado…”

El profesor de gimnasia se acerca a Gohan.

– “Eres muy ágil…” – dice el asombrado maestro. – “¿Qué has saltado…? ¿Diez metros?”

– “¡Jaja!” – ríe Gohan. – “¡Habrá sido suerte!”

– “¿Y ese tiro también ha sido suerte?” – dice Erasa.

– “No lo sé… No había jugado nunca… ¡Jaja!” – se excusa Gohan.

– “A lo mejor deberías plantearte ser profesional…” – dice el profesor.

El partido sigue y ahora a Gohan le toca batear.

– “A ver cómo lo hace de bateador…” – dice Erasa.

– “Veamos…” – piensa Videl.

Gohan se prepara. Pronto se da cuenta de que todas las miradas están fijas en él.

– “No puedo llamar más la atención…” – piensa el mestizo.

– “Oye, muchacho…” – dice el profesor de gimnasia. – “¿Eres zurdo?”

– “No…” – responde Gohan.

– “Entonces estás en el lado equivocado…” – explica el docente.

– “Ah, vaya…” – se sonroja el mestizo.

– “Y además tienes las manos colocadas al revés…” – continúa el profesor.

– “¡Jaja!” – ríe Gohan.

Gohan corrige su posición y su agarre.

– “Será mejor que ni golpee la pelota…” – piensa el chico.

Shapner es el lanzador y observa la escena.

– “Ese paleto me ha fastidiado el “Home run”…” – dice entre dientes. – “Voy a darle un susto.” – se prepara para lanzar. – “¡Si no la esquiva, le dolerá de verdad!”

El chico lanza la pelota con todas sus fuerzas, y ésta se dirige directa a Gohan.

– “¡CUIDADO!” – exclama Videl, que conoce a Shapner y ve sus intenciones. 

La pelota impacta en la cara del mestizo, asustando a todos los presentes.

– “Ese idiota…” – dice Shapner, asustado por el daño que puede haber causado a su compañero. – “Tenía que esquivarla… Yo no pretendía…”

Pero Gohan ni se ha movido y ahora mira la pelota en el suelo con inocencia.

– “Esto se llama “Dead Ball”, ¿verdad?” – pregunta Gohan a su profesor.

– “Sí… así es…” – responde el perplejo maestro.

– “¡Genial!” – celebra Gohan.

El mestizo corre hacia la primera base.

– “¡Puedo avanzar a la primera base sin necesidad de batear!” – sonríe alegremente. – “¡Me he librado!”

Todos lo miran estupefactos.

– “¿De dónde sale este tipo?” – se pregunta Shapner.

– “Todo esto es muy sospechoso…” – piensa Videl.

Tras un largo día, las clases finalizan y Gohan está ordenando su taquilla cuando Shapner le interrumpe.

– “¿Ya has escogido alguna actividad extraescolar?” – pregunta el chico. – “¿Algún deporte?”

– “No, no he elegido nada…” – responde Gohan.

– “¿Has pensado en hacer boxeo?” – sugiere Shapner. – “Eres ágil y creo que más fuerte de lo que crees…”

– “No me gustan los deportes de contacto…” – insiste el mestizo.

– “Puedes probar el béisbol…” – dice Shapner. – “Parece que tienes un talento innato para ello…”

Erasa interviene.

– “Si vive tan lejos no creo que tenga tiempo para hacer extraescolares…” – dice la muchacha.

– “¡Sí! Es eso…” – responde Gohan, aprovechando la excusa que le ha pueso en bandeja Erasa.

– “Oye, nos vamos juntos, ¿no?” – coquetea ella. – “¿Me llevas a casa?”

– “Eh… Lo siento… Mi coche es monoplaza” – dice Gohan.

– “Ven a vivir a Satán City, hombre” – le dice Shapner.

Gohan no tarda en ponerse en camino, pero pronto se da cuenta de alguien lo observa. 

La hija de Satán lo sigue, ocultándose tras cada esquina.

– “Vive muy lejos… ¿Y no va en coche ni en jet?” – se pregunta Videl.

Tras caminar unas cuantas calles, Gohan dobla la esquina. Videl corre para no perderle el rastro, pero al girar se da cuenta de que el chico ha desaparecido.

– “Maldita sea…” – lamenta ella. – “¿Dónde se ha metido?”

Gohan ha saltado hasta la azotea de un bloque de pisos.

– “Uf…” – suspira el mestizo. – “Qué insistente…”

El chico llama a Kinton y pone rumbo a casa.

– “Esto es más agotador de lo que esperaba…” – piensa el chico. – “Y lo del Guerrero Dorado… Debo tener más cuidado.” – reflexiona. – “Puede que Bulma tenga alguna idea para ocultar mejor mi identidad… ¡Le haré una visita!”

Son Gohan decide visitar la Capital del Oeste.

Ya en la Corporación Cápsula, Gohan se ha reunido con Bulma.

– “Mmm…” – cabila Bulma. – “Así que quieres un disfraz…”

– “Sí…” – responde Gohan. – “¿Es posible?”

– “¡Por supuesto!” – exclama ella, arremangándose. – “No olvides que soy un genio” – le guiña el ojo. – “Podrías llevarlo instalado en alguna parte del cuerpo… Un disfraz comprimido en una cápsula…”

– “¡Suena genial!” – celebra Gohan.

– “Una identidad secreta para luchar contra el crimen…” – sonríe Bulma. – “Lo tendré listo en un par de horas.”

– “¡Muchas gracias!” – dice el mestizo. – “¿Dónde está Trunks? Podríamos jugar mientras espero. Siempre tiene los mejores videojuegos.”

– “Creo que está en su habitación leyendo un cómic nuevo” – dice Bulma. – “¡Seguro que se alegra de verte!”

Son Gohan recorre los largos pasillos de la Corporación hasta llegar a la habitación de Trunks y llama a la puerta.

– “¡Adelante!” – se oye una voz a través de la puerta.

– “¡Hola, Trunks!” – saluda Gohan.

– “¡Son Gohan!” – exclama ilusionado el hijo de Vegeta, que ahora tiene ocho años, mientras se levanta de la cama en la que estaba tumbado y lanza su cómic sobre el escritorio. – “¿Cuándo has llegado? ¿Qué haces aquí?” 

– “He venido a hablar con tu madre” – dice Gohan. – “¡Va a hacerme un disfraz para luchar contra el crimen!”

– “¡WOW!” – exclama Trunks, con ojos como platos. – “¡Eso suena fascinante!”

– “Jeje” – ríe Gohan. – “Tengo un par de horas hasta que Bulma lo tenga listo, así que… ¿Qué te apetece hacer?”

– “¡Jugar a las peleas!” – exclama Trunks, sin dudar ni un momento.

– “Me encantaría… Pero si rompo esta ropa, mi madre me matará.” – se excusa Gohan.

– “Joo…” – lamenta el niño. – “Mi padre tampoco quiere nunca…”

Gohan se cruza de brazos, pensativo.

– “¡Ya lo sé!” – tiene una idea el mestizo. – “¿Tienes ropa para prestarme?”

– “Ni yo ni mi padre tenemos tu talla…” – dice Trunks. – “¡Excepto…! ¡Sígueme!”

Trunks agarra del brazo a Gohan y lo lleva hasta un gran vestuario hecho de mármol, mejor que el de cualquier gimnasio, con taquillas, duchas, jacuzzi, y bancos para sentarse.

– “Esto es impresionante…” – piensa Gohan. – “Esta casa tiene de todo…”

Trunks busca en una estantería y saca una ropa que entrega a Gohan.

– “¡Ponte esto!” – dice Trunks.

Gohan reconoce enseguida esa ropa.

– “Esto es…” – murmura el mestizo.

– “¡No te preocupes!” – insiste el niño. – “Mi padre ya no la usa.”

En unos minutos los dos chicos ya pelean en la Sala de Gravedad, que marca 1G; la gravedad habitual de la Tierra.

Los dos muchachos visten armaduras saiyajín hechas por Bulma. Trunks insiste en sus ataques contra Gohan, pero el mestizo detiene todos los puñetazos y patadas que el pequeño propina. 

– “¡Oye!” – exclama Gohan. – “¿Te has hecho más fuerte desde la última vez que jugamos o me lo parece a mí?”

– “He entrenado por mi cuenta” – sonríe Trunks.

– “¡No está nada mal!” – dice Gohan.

– “Mi padre no quiere entrenar conmigo.” – dice el hijo de Vegeta, apenado.

– “Vaya…” – suspira Gohan. – “Sigue con esas, ¿eh?”

Trunks se detiene.

– “Mi madre dice que él y tu padre eran grandes guerreros…” – dice Trunks. – “Pero ya no sé qué creer.”

– “Te aseguro que lo eran.” – dice Gohan. – “Tu padre era realmente fuerte… Temible, me atrevería a decir.”

– “Pero ya no pelea…” – agacha la cabeza Trunks.

– “La muerte de mi padre nos afectó a todos de forma distinta.” – suspira Gohan.

Trunks parece algo desanimado.

Gohan le propina un coscorrón por sorpresa.

– “¡Pero bueno!” – exclama Trunks. – “¡Eso no vale!”

– “¡Has bajado la guardia!” – se burla Gohan.

– “¡Me vengaré!” – grita Trunks, que se abalanza contra su compañero.

– “Jeje” – ríe Gohan.

Tras un buen rato de pelea, Gohan y Trunks se sientan en el suelo, agotados.

– “Cada día eres más fuerte” – dice el hijo de Goku. – “¡A este ritmo vas a alcanzarme pronto!”

– “No te burles…” – dice Trunks. – “Sé que nunca peleas en serio.”

– “Así que lo sabes, ¿eh?” – sonríe Gohan.

Gohan ve a Trunks vestido con la armadura saiyajín y sonríe de forma nostálgica, recordando a Mirai Trunks y su propio entrenamiento en la sala con Goku.

En ese instante, Gohan se da cuenta de que Vegeta les observa por el ojo de buey de la puerta.

– “¡Hola, Vegeta!” – saluda Gohan.

Pero el saiyajín lo ignora y se marcha.

Gohan y Trunks se duchan y se están cambiando de ropa cuando Bulma entra en el vestuario, sorprendiendo a un desnudo Gohan, que se apresura en taparse.

– “Ya está listo” – anuncia Bulma.

En unos minutos, Gohan se ha puesto el reloj que le ha entregado la madre de Trunks.

– “Así que aprieto este botón rojo, ¿no?” – dice Gohan.

– “¡Yo también quiero uno!” – exclama Trunks.

– “¡Venga, pruébalo!” – insiste Bulma.

Gohan activa el dispositivo y un estrafalario traje se materializa sobre su ropa. Un mono negro, con un gi verde sobre la parte superior, botas y guantes blancos parecidos a los de saiyajín, una capa roja y un casco naranja con visera negra y dos antenas.

Gohan se mira en el espejo.

– “¡Me encanta!” – exclama el mestizo, ilusionado. – “¡Justo lo que tenía en mente!”

Bulma le guiña un ojo.

Trunks se queda maravillado.

– “¡WOW!” – exclama el niño. – “¡Pareces un héroe de comic!”

– “¡Con este traje no tendré problemas nunca más!” – celebra Gohan. – “Aunque aún tengo que pensar un nombre…”

El mestizo desactiva su traje y se da cuenta de que ya se ha hecho tarde.

Gohan sale al jardín y llama a Kinton para marcharse.

– “Me queda un largo camino a casa…” – se despide Gohan. – “¡Hasta luego! ¡Y gracias por todo!”

– “¡Hasta pronto, Gohan!” – se despide Trunks.

El chico vuela sobre su nube hacia el Monte Paoz.

– “Con este traje incluso podré volar al instituto cada día sin ayuda de Kinton…” – murmura Gohan. – “Me ahorraré un buen rato. Yo vuelo más rápido.”

Gohan se pone en pie sobre la nube.

– “¿Quieres comprobarlo, Kinton?” – dice el chico. 

El mestizo activa su traje y se coloca al lado de la nube.

– “Te hecho una carrera hasta la Satan City” – dice Gohan. – “¿Listo? – le reta. – “¡YA!” 

Los dos salen disparados a toda velocidad, pero Gohan pronto toma la delantera.

– “¡Eres rápido…!” – dice Gohan. – “¡Pero yo aún puedo serlo más!”

En un instante el chico llega a la ciudad.

El chirrido de ruedas llama la atención del saiyajín. Un coche deportivo recorre la avenida principal a gran velocidad, conduciendo de forma temeraria. 

– “¡Ese idiota va a provocar un accidente!” – exclama Gohan.

El mestizo desciende y se planta frente al vehículo, que tiene que frenar hasta detenerse para no chocar con él. 

El conductor, un hombre con malas pintas, se asoma por la ventanilla.

– “¡¿Qué haces, imbécil?!” – dice el tipo. – “¡Podría haberte atropellado!”

– “¡No se puede conducir de esa forma!” – exclama Gohan. – “¡A partir de ahora, prométeme que seguirás las normas de circulación y conducirás con precaución!”

El hombre sale del coche.

– “¿Pero de qué hablas, idiota?” – dice mientras saca una navaja. – “¿Dónde vas con esas pintas? ¿A una fiesta de disfraces?” ¿Quién te crees que eres?”

Son Gohan se queda dubitativo.

– “¿Quién soy…?” – piensa el mestizo. – “Pues… A ver…”

El conductor parece confuso ante la reacción de tan estrafalario individuo.

– “¡Soy alguien que lucha por la paz y la justicia!” – exclama Gohan, mientras hace varias poses que recuerdan a las Fuerzas Ginyu. – “¡Soy el Gran Saiyaman!”

El malhechor se queda perplejo ante tan extravagante despliegue, pero pronto estalla en una enorme carcajada.

– “¡Mira que eres ridículo, payaso! ¡JAJAJA!” – ríe el tipejo. – “¡Eres aún más estúpido que tu traje!”

Gohan se enfurece y pisa el suelo con fuerza, creando un socavón. 

– “¡NO TE BURLES DE MÍ!” – grita Gohan. – “¡Este traje ha costado horas de trabajo!”

El tipo retrocede asustado.

– “Bueno… Ahora que me fijo… Es bastante bonito…” – se excusa el conductor, mientras vuelve a meterse en el coche. – “Prometo que conduciré con más cuidado… ¿De acuerdo?”

Gohan mantiene la mirada con el tipejo mientras éste da la vuelta y marcha conduciendo adecuadamente.

– “Parece que lo ha entendido…” – piensa Gohan.

Y así fue como por Satán City se extendió el rumor de que había aparecido un nuevo héroe… ¡el Gran Saiyaman!

DBSNL // Capítulo 161: Gelbo

DBSNL // Capítulo 161: Gelbo

“¡Apártate de mí, brujo!”

En la Atalaya de Kamisama, Krilín y Ten Shin Han han llevado a Lapis hasta uno de los fragmentos del palacio que quedan en pie y lo han tumbado en el suelo.

– “Lo siento, chicos…” – dice el androide.

– “Tranquilo, Lapis” – dice Krilín, que sujeta la mano del androide. – “Te llevaremos a la Corporación Cápsula.”

Ten agacha la cabeza.

– “Creo que ya no hay nadie allí.” – lamenta el guerrero de tres ojos.

– “Maldita sea…” – llora Krilín.

– “Marchaos.” – dice Lapis. – “Ese demonio podría volver en cualquier momento.”

Ten Shin Han se acerca al borde de la Atalaya y cierra los ojos para concentrarse.

– “Vamos…” – refunfuña Ten. – “Tiene que quedar alguien con vida…”

De repente, la mano del androide pierde su fuerza.

– “Maldita sea…” – llora Krilín. – “¡MALDITA SEA!”

En el planeta de Hit, el asesino espera impaciente a Trunks junto a Cheelai. El mestizo llega tarde al entrenamiento.

– “¿Dónde se ha metido?” – se pregunta Hit.

– “Creo que por las noches entrena por su cuenta.” – dice Cheelai. – “Ya le he visto fugarse en varias ocasiones.”

– “No debería forzar tanto su cuerpo.” – suspira Hit. – “Entrenar demasiado, a veces, puede ser tan malo como no entrenar lo suficiente.”

De repente, una luz brilla en el cielo.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Cheelai. – “¿Una nave?”

Hit observa detenidamente el objeto volador no identificado que desciende sobre un claro cerca del valle.

– “Ha aterrizado.” – dice Hit. – “No puede ser nada bueno. Nadie debería conocer este planeta.”

Cheelai aprieta un botón de su ordenador de pulsera.

– “La nave no aparece en mi radar.” – dice Cheelai. – “Debe tener algún tipo de dispositivo de camuflaje.” – deduce la patrullera. – “Deberíamos investigar.”

– “No hará falta.” – dice Hit. – “Ya viene.”

Una esfera de energía aparece en el horizonte, avanzando lentamente hacia ellos.

– “¡¿Un señuelo?!” – se sorprende Hit.

De repente, el sicario Koros se abalanza sobre el asesino por la espalda y le propina un golpe certero en la nuca; pero Hit resulta ser una imagen residual.

Koros sonríe.

– “No esperaba menos del legendario asesino.” – murmura el sicario.

En la cabaña de madera, Hit aparece con Cheelai en brazos, sorprendiendo a su familia.

– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta Strai.

– “Han descubierto nuestro escondite.” – dice el asesino, dejando a Cheelai en el suelo.

– “¡Te ayudaré a luchar!” – dice Punch.

– “Yo me encargo.” – responde Hit, poniendo la mano sobre hombro de su hijo. – “Necesito que tú ayudes a Cheelai a proteger a tu madre y a tu hermana, ¿de acuerdo?”

El muchacho asiente.

– “Trunks volverá de un momento a otro” – dice Cheelai.

– “Creo que ese tipo ha venido a por mí.” – dice Hit. – “Y por su forma de moverse parece un asesino experimentado.”

– “¿Un asesino?” – se sorprende la patrullera.

Hit no tarda en salir de la cabaña. Koros le está esperando.

– “He oído historias sobre ti.” – dice Koros.

– “Pues yo no sé quién eres.” – responde el asesino, que parece tranquilo, con las manos en los bolsillos.

Las palabras de Hit frustran a Koros, pero disimula con una sonrisa falsa.

– “Hit, el legendario asesino…” – murmura el sicario.

– “Estoy retirado.” – responde Hit.

– “Lo sé.” – responde Koros. – “Supongo que tus habilidades ya no son lo que eran.”

Cuando Koros termina su frase, se da cuenta de que Hit ha desaparecido.

– “Tranquilo” – dice Hit, que ahora se encuentra detrás del sicario. – “Siguen siendo suficiente para lidiar con escoria como tú.”

El asesino propina una patada al costado de Koros, que se cubre rápidamente para encajar el golpe, pero sale repelido varios metros deslizándose sobre el suelo, pero sin perder pie.

– “No está mal para ser una vieja gloria…” – fanfarronea Koros.

Mientras tanto, en Gelbo, Freezer ha entregado la caja de música a Zunama. El brujo ha dibujado un círculo de jeroglíficos con su propia sangre en el suelo y ha colocado el artefacto en el centro. Ahora recita un conjuro en lengua antigua.

La manivela de la caja de música empieza a girar y una melancólica música inunda el lugar. Un oscuro humo brota de la caja y un guerrero konantsiano aparece entre tinieblas.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el guerrero, que no tarda en percatarse de la presencia de los personajes que le acompañan.

Tapion desenfunda su arma asustado.

– “¡Apártate de mí, brujo!” – exclama al ver a Zunama.

Freezer utiliza su poder mental sobre el muchacho y lo inmoviliza.

– “Tranquilo, chico.” – dice el tirano.

– “¿Quién…?” – intenta hablar Tapion. – “¿Quién eres tú?”

El demonio del frío no responde y obliga al konatsiano a arrodillarse. Su espada cae al suelo.

Zunama se acerca y coloca su pulgar en la frente del muchacho, haciendo que un denso humo negro brote del cuerpo del konatsiano.

El kashvar ríe a pleno pulmón. El humo que emana de Tapion se introduce en el cuerpo de Zunama.

– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo.

Zunama se aparta de Tapion. La mitad superior de Hildegarn ahora le pertenece.

– “¡YA TENEMOS LA VIEJA LLAVE!” – celebra el brujo. – “¡HILDEGARN VUELVE A ESTAR COMPLETO!”

– “¿C… Completo?” – gruñe Tapion. – “¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI HERMANO?!” – exclama desesperado.

El brujo sonríe.

– “Ese mocoso está muerto.” – responde Zunama.

El kashvar da la espalda a Tapion y camina hasta cruzarse con Freezer.

– “Mátale.” – ordena el brujo. – “Ya no le necesitamos.”

Freezer atrae la espada de Tapion hasta su mano con su poder mental.

– “No…” – intenta luchar inútilmente el muchacho contra el control del demonio del frío. – “Tienes que…”

El tirano usa su poder para obligar al konatsiano a agachar la cabeza y exponer su nuca. Freezer levanta la espada sobre la cabeza del muchacho.

– “¿Porqué…?” – insiste el konatsiano. – “¡¿Quién eres?!”

Una media sonrisa se dibuja en el rostro de Freezer.

El demonio del frío se da la vuelta y con un rápido espadazo decapita a Zunama. El kashvar no ha tenido ninguna oportunidad de reaccionar.

Tapion ha quedado libre del control mental de Freezer y contempla pasmado y confuso la escena.

– “Se llamaba Minosha.” – murmura el demonio del frío en voz baja.

Freezer le devuelve la espada a al konatisano.

– “No esperaba volver a verte, Tapion de Konats.” – sonríe el tirano.

– “¿Nos conocemos?” – pregunta el confuso guerrero.

En ese momento, Liquir, magullado, se acerca a los dos supervivientes.

– “No hacía falta que me golpearas tan fuerte…” – se queja el kurama.

– “Tenía que ser creíble.” – responde Freezer. – “Además, no me caes bien.” – sonríe.

Tapion no entiende nada de lo ocurrido.

– “¿Qué significa todo esto?” – se pregunta el konatsiano.

Freezer suspira y mira al cielo.

– “Tenemos trabajo que hacer.” – sentencia el demonio del frío.

En Konats, Salabim siente la muerte de su compañero.

– “¡NOO!” – grita furioso. – “Maldita sea… Ahora solo nos queda una oportunidad… ¡Estábamos tan cerca!”

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shiras.

– “¡Habíamos recuperado la antigua llave de mi Maestro!” – responde Salabim. – “Pero ese demonio del frío la ha destruido…”

– “Nos dijiste que teníais una nueva llave.” – interviene Garlick.

– “Shiras envió a esa mujer a recogerla.” – responde Salabim.

– “Helles cumplirá su tarea.” – dice Shiras.

Garlick utiliza su ojo de ángel para ver lo que ocurre en Popol y se da cuenta de que Helles ha sido derrotada.

– “Va a resultar que eres más incompetente de lo que esperaba, Shiras” – dice el demonio.

– “¿Qué?” – se sorprende el legendario patrullero.

– “Alguien se ha encargado de Helles.” – dice Garlick.

– “Eso no… Eso no es posible…” – dice Shiras. – “¡Es inmortal!”

– “Hoy en día eso ya no es una garantía.” – suspira el demonio.

– “Deja que yo me encargue de recuperar el Amenonuhoko.” – dice Shiras, con una reverencia. – “Solventaré el error de Helles.”

– “Por ahora solo acumulas fracasos…” – murmura el demonio.

Shiras da un paso al frente y se coloca a escasos centímetros de Garlick.

– “He matado al ángel y a los Dioses” – dice el patrullero en tono amenazante. – “Deberías tener cuidado.”

– “Los has matado con el poder que yo te di” – dice el demonio, clavando su ojo gris en Shiras. – “No lo olvides.”

Shiras suspira enfadado y se da la vuelta.

– “Me encargaré de la llave” – sentencia el patrullero.

– “No falles.” – le amenaza el demonio.

En el exterior del templo Yahirodono, Piccolo y Slug están enzarzados en un violento combate. 

Tras un violento intercambio de golpes para ponerse a prueba, El hijo de Katattsu y su rival han entrelazados los dedos de sus manos y se empujan mutuamente en un duelo de fuerza.

– “Siento múltiples presencias en ti…” – dice Piccolo. – “¿Quién eres en realidad?”

– “¿Y tú me lo preguntas?” – se burla Slug.

Piccolo y Slug se disparan mutuamente rayos con los ojos que estallan al chocar, repeliendo a los dos contrincantes.

Slug mira detenidamente a su adversario, cuyo poder sobrepasa ampliamente el suyo.

– “No puedo ganar este combate…” – piensa el milenario guerrero. – “Su poder supera el de cualquier mortal.”

Piccolo abre su boca y proyecta una ola de energía destructiva hacia su enemigo.

Una gran explosión tiene lugar, engullendo a Slug y destruyendo todo lo que encuentra a su paso.

Piccolo Daimaoh, con su prepotencia habitual, se acerca al cráter y sonríe seguro de su victoria.

De repente, de entre los escombros surge un brazo namekiano que se alarga hacia el diablo. Un malherido Slug, con su cuerpo ensangrentado y su otro brazo cercenado, ha sobrevivido.

Slug logra agarrar la cabeza de Piccolo durante un breve instante.

La consciencia del milenario guerrero aparece en una zona oscura y vacía.

Mientras tanto, en Sadala, Turles ayuda a Leek y a sus hombres a recuperar el planeta. La batalla es dura, pero gracias al saiyajín logran hacer retroceder a los bandidos.

En la Tierra, Krilín y Ten Shin Han han descendido a la Tierra Sagrada de Karín. No hay rastro de vida en la torre ni en la aldea. 

Entre los dos han enterrado a los fallecidos, entre ellos Yajirobe y Chaoz, pero también a Lapis y Karín. Krilín ha recogido el saco de semillas.

Ten Shin Han se aleja de las tumbas, pero Krilín le detiene.

– “¿A dónde vas?” – pregunta Krilín.

– “A Fukurou” – dice Ten.

El guerrero de tres ojos alza el vuelo y parte hacia el norte.

Krilín observa a su amigo marchar antes de tener que secarse las lágrimas una vez más.

Tras un suspiro para reunir fuerzas, el guerrero de la escuela Kame se marcha volando hacia el Este.

¡ATENCIÓN!

Hola a todos,

Últimamente estoy teniendo algunos problemas para mantener el ritmo de publicación de los Especiales. 

La trama principal no sufrirá ningún cambio, tendremos capítulo cada miércoles, pero no puedo prometer lo mismo con los Especiales de los viernes y domingos.

Una posible solución viene reflejada en la encuesta que os adjunto. A veces se critica la saga Bu de DBZ por el retorno prematuro de Goku o el polémico uso de los niños y/o Gohan, así que se me ha ocurrido que podría dar \”mi versión\” de esta saga. Sería una historia alternativa e independiente de OMG y DBSNL. Al seguir la guía de la original creo que me ocuparía menos tiempo que los Especiales, y eso me permitiría adelantar la trama principal adecuadamente y sin prisas, además de mantener el ritmo de publicación habitual.

Espero vuestras opiniones.

ENCUESTA

Disculpad las molestias,

Batosai_91

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Historias de fantasmas

Los últimos / Parte IV: Historias de fantasmas

“Estáis ante una fuerza más antigua que todos nosotros”

Los tres saiyajín miran el astro creciente en el cielo, asombrados por el poder detectado por sus ahora destruidos scouters. El moribundo Gryll sonríe.

En la superficie lunar, el Commeson ha adoptado forma humanoide y cae sobre Toreri.

Vegeta se da cuenta de que el misterioso enemigo se dirige hacia él y retrocede de un salto.

El Commesón cae sobre Gryll y se deforma, convirtiéndose en un gran charco viscoso, antes de rebotar y recuperar su forma antropomórfica.

Los saiyajín se ponen en guardia, nerviosos ante un enemigo que no comprenden. 

El rostro de la masa gelatinosa cambia continuamente, revelando características de los toreristos absorbidos y ahora también del sautén.

Bonacala, malherido en el suelo, se incorpora con esfuerzo para ver al Commesón.

– “Se ha liberado…” – murmura el toreristo. – “Es el final…”

Raditz mira de reojo al patrullero.

– “¡¿De qué estás hablando?!” – exige el saiyajín.

– “Estáis ante una fuerza más antigua que todos nosotros” – responde Bonacala.  – “La encontramos en unas ruinas antiguas… Sus capacidades superan nuestro entendimiento…”

Vegeta esboza una media sonrisa prepotente.

– “Supongo que esto es lo que Freezer quiere que le traigamos.” – dice el saiyajín.

Bonacala intenta levantarse, pero las fuerzas le fallan y cae al suelo.

– “Idiotas…” – dice el toreristo. – “No podéis enfrentaros al Commesón…”

– “Pues mírame” – sonríe Vegeta.

El humanoide morado se abalanza sobre el saiyajín, pero éste le apunta rápidamente con dos dedos.

– “¡HA!” – exclama el Príncipe.

El Commesón estalla en mil pedazos.

Nappa ríe burlándose de Bonacala.

– “¿Eso es todo?” – dice el grandullón. – “Vaya decepción…”

– “¿Qué le diremos a Freezer?” – pregunta Raditz.

– “La verdad” – dice Vegeta. – “Que lo que hemos encontrado aquí no valía la pena. Solo eran historias.”

En el planeta Freezer-51, en una de las celdas de la base, un menudo anciano barbudo de tez azul se encuentra sentado en una esquina. Su rostro y su cuerpo, cubiertos con una mugrienta tela marrón, muestran claras señales de tortura.

En el salón principal, Freezer está sentado en su trono flotante en su forma de máxima reducción. Sus hombres de confianza, Dodoria y Zarbon, lo flanquean. 

Un soldado se encuentra arrodillado ante el demonio del frío y reporta información. Su piel es morada, tiene dos protrusiones huecas en la cabeza y luce dos bigotes pedunculares mandibulares.

– “No hemos recibido ningún mensaje de su hermano, señor” – dice el soldado.

Freezer lo escucha pensativo.

– “¿Le robamos un prisionero y no dice nada?” – murmura Zarbon. – “Es extraño…”

– “Ese cobarde no se atreve a enfrentarse al señor Freezer” – fanfarronea Dodoria.

– “Cooler sabe que cualquier movimiento podría revelar sus intenciones” – dice Freezer. – “Sabe que a estas alturas ya habremos sonsacado toda la información a su prisionero…”

– “¿Nos concede la victoria?” – se extraña Zarbon.

Freezer, ensimismado, tarda en responder, pero finalmente sale de su trance.

– “Puedes retirarte, Kiwi” – le dice al soldado.

– “A sus órdenes, señor Freezer” – hace una reverencia el hombre antes de abandonar la sala. 

Freezer se dirije a sus hombres.

– “Dejadme solo.” – dice el tirano.

Zarbon y Dodoria hacen una reverencia y salen de la sala.

Freezer levita en su trono hasta el ventanal del palacio y pierde su mirada en el cielo.

– “¿Qué tramas, hermanito?” – refunfuña Freezer.

El ventanal se resquebraja de arriba abajo repentinamente.

En Toreri, Nappa agarra a Bonacala del brazo y lo levanta.

– “¿Qué hago con este, Vegeta?” – pregunta el saiyajín.

– “No me importa” – dice el Príncipe.

Nappa sonríe y propina un violento puñetazo al toreristo en el abdomen que lo hace escupir sangre y luego lo lanza a un lado con desprecio.

– “Está acabado.” – sentencia el saiyajín.

Vegeta, Raditz y Nappa se alejan de la zona en la que han estado luchando y regresan hacia sus naves.

– “Esto ha sido una pérdida de tiempo.” – protesta Raditz.

– “Vegeta lo ha destruido de un solo golpe” – ríe Nappa. – “¡JAJAJA!”

– “Freezer debería darse cuenta del verdadero poder de nuestra raza y dejar de perseguir viejas historias de fantasmas.” – dice Raditz.

– “¿Crees que el Imperio reclamará este planeta, Vegeta?” – le pregunta Nappa al Príncipe.

El saiyajín no responde.

– “¿Vegeta?” – insiste Nappa.

– “Que hagan lo que quieran.” – sentencia el Príncipe, malhumorado.

Mientras tanto, bajo sus pies, el viscoso líquido morado se filtra por el suelo, colándose entre las ruinas de la ciudad hasta llegar al toreri que sostiene el bastón. 

La esfera del pomo brilla intensamente mientras el Commesón la recubre y absorbe su energía, cambiando de color y tornándose azul.

El cuerpo del toreri empieza a convulsionar de forma extraña.

– “Hoy reclamo uno de vuestros monstruos…” – dice con voz robótica antes de quedarse sin energía.

En un planeta árido y remoto, en un laboratorio subterráneo, una computadora analiza los datos recibidos. Un fantasma sonríe.

Muy lejos de allí, Cooler se encuentra en el puesto de mando de su nave cuando un susurro invade su mente.

– “Has fallado…” – dice la voz.

El demonio del frío aprieta su puño, frustrado.

– “Mi hermano se ha entrometido…” – intenta excusarse Cooler. – “Y Gryll y sus hombres no han conseguido…”

– “Es tu error…” – replica el susurro. – “Tú me has fallado…”

– “Enmendaré mi torpeza, Salabim.” – murmura el hermano de Freezer. – “No volveré a fallar.”

Horas después de que las tres cápsulas espaciales saiyajín se alejan de Toreri, las ciudades vecinas llegan a las ruinas de la ciudad para socorrer a sus compatriotas.

Unos soldados encuentran al moribundo Bonacala en el suelo e intentan ayudarle.

– “¡Agente Bonacala!” – intenta hacerle reaccionar un soldado. – “¡¿Qué ha pasado aquí?!”

De repente brota del suelo un gran tentáculo azul y sacude a un grupo de soldados, lanzándolos por los aires.

Los soldados disparan a discreción, pero el enemigo genera más tentáculos que aplastan o golpean a todo el que se acerca.

En el otro extremo del universo, en el planeta Zoon, una guerra civil está teniendo lugar. Los ciudadanos se matan los unos a los otros en las calles. 

Entre los charcos de sangre, un pequeño individuo de piel amarilla y ojos saltones camina escoltado por un demonio de tez rosada, que viste un traje azul y capa blanca.

– “Llevo siglos intentando recrear el monstruo de mi padre sin éxito” – dice el renacuajo. – “Pero eso se acabó.” – sonríe.

– “¿Alguna novedad, Amo Babidí?” – pregunta el diablo.

– “Creo que lo he encontrado.” – sentencia el brujo.