ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XIII: Devorador de mundos

Cold Chronicles / Parte XIII: Devorador de mundos
“Tengo un mensaje urgente, señor”


Ha pasado más de una década desde que el Rey Cold y su Imperio se pusieron al mando de la Patrulla Galáctica.
Sorbet ha abandonado su puesto al frente de la Patrulla y ha regresado al lado del Emperador. El dinero del Imperio es suficiente para tener a los agentes bajo control.
El asesino Hit, a pesar de las múltiples ofertas del Rey Cold, ha roto sus lazos con el Imperio y ha desaparecido.
Un día, una señal de alarma suena en todo el Cuartel General de la Patrulla Galáctica.
– “¡¿Qué ocurre?!” – dice el nuevo líder de la patrulla.
– “Un… un planeta…” – titubea un agente al frente de un monitor. – “Yukata ha desaparecido.”
– “¿Hemos perdido la señal?” – pregunta su jefe. 
– “No, señor…” – responde el agente. – “Eso creíamos… hace unos días. Y por eso mandamos a una patrulla a investigar…”
El agente teclea en su computadora.
– “Tenemos visual desde nuestra nave” – dice el patrullero, ampliando una imagen en su pantalla.
Su superior se acerca y observa detenidamente la imagen.
– “No veo nada.” – refunfuña.
– “Exacto, señor.” – responde el agente. – “No hay nada.”
En ese instante, otro planeta desaparece del mapa.
– “¡HA VUELTO A OCURRIR!” – exclama otro agente. – “¡EL PLANETA KIMONO!”
– “¡¿QUÉ?!” – se alarma el jefe.
En la Capital del Imperio, Sorbet recibe un mensaje por su comunicador y es informado de la situación.
El consejero no tarda en hacer llegar las noticias al Emperador, acudiendo a la sala del trono, donde éste medita sentado en su sillón.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Cold.
– “Algo terrible, señor.” – dice Sorbet.
En unas horas, una nave de la Patrulla que se encontraba en un planeta cercano ha viajado hasta Kimono. Al aproximarse, pronto se dan cuenta de que algo extraño está ocurriendo.
– “¿Qué demonios es esa cosa?” – pregunta uno de los agentes.
– “Eso…” – titubea su compañero. – “¡¿Se está comiendo el planeta?!”
Una inmensa masa metálica parece haberse enganchado al planeta Kimono como si fuera un parásito.
Los patrulleros se acercan cautelosamente a la superficie del planeta y avanzan hacia la gran estructura de metal. El planeta se encuentra en un estado deplorable, sacudido por un sin fin de terremotos. Su corteza se encuentra fracturada y columnas de lava se alzan desde las grietas. Su atmósfera ha desaparecido.
Al aproximarse, los agentes se dan cuenta de que un apéndice de la estructura parasitaria se encuentra incrustado en el planeta. Tras realizar un escaneado, confirman sus peores temores.
– “Esa cosa está drenando la energía del núcleo del planeta…” – dice un agente. – “¡Es terrible!”
– “Envía los datos al Cuartel General y larguémonos de aquí” – responde su compañero.
De repente, un rostro se dibuja en la superficie de la masa metálica.
– “¡VÁMONOS!” – le apresura su compañero piloto.
La nave da un giro de 180 grados y se aleja a toda velocidad de la zona, pero una gran mano metálica brota de la masa parasítica que los alcanza, cerrándose finalmente a su alrededor.
Cold, tras ser informado de lo sucedido, decide viajar personalmente a investigar la anomalía que amenaza su Imperio. 

En unas horas, su nave ya está lista y el Emperador parte al encuentro de tan extraño enemigo.
Mientras tanto, en la Capital, Sorbet se ha quedado al mando del Imperio.
Un mensajero irrumpe en sala del trono, donde se encuentra el consejero con su guardia personal.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Sorbet.
– “Tengo un mensaje urgente, señor” – anuncia el mensajero.
– “Adelante.” – responde el consejero.
– “Es privado, señor.” – dice el mensajero.
– “Mis hombres son leales y discretos.” – responde Sorbet. – “Habla.”
– “Es sobre Numa.” – revela el mensajero.
Sorbet se queda perplejo. Hace años que no ha oído noticias del Capitán Ginyu, desde que fue enviado a Numa para hablar con Salabim.
– “Todo el mundo fuera.” – ordena el consejero.
Los guardias obedecen la orden y abandonan la sala del trono.
– “Y bien…” – dice Sorbet. – “¿Qué nuevas me traes?”
Una sonrisa se dibuja en el rostro del mensajero.
– “¡¿Qué?!” – se asusta Sorbet.
– “¡CHANGE!” – exclama Ginyu, abriendo sus brazos.
Tras el cambio de cuerpos, Sorbet, ahora en el cuerpo del mensajero, se queda pasmado.
– “¿Por qué?” – dice asustado.
– “Por el bien del Imperio, por supuesto.” – responde Ginyu. – “Salabim te considera un obstáculo.”
– “¡NO ESPERA!” – suplica Sorbet.
– “¡GUARDIAS!” – exclama Ginyu, en el cuerpo del consejero.
Los hombres del Imperio entran en la sala apresuradamente.
– “¡ESTE HOMBRE HA INTENTADO MATARME!” – exclama Ginyu.
– “¡NO! ¡NO!” – grita el mensajero. “¡YO SOY…!”
Los guardias abren fuego y masacran a Sorbet.
– “¿Está bien, señor?” – pregunta uno de los guardias.
– “Sí…” – responde Ginyu. – “Estoy bien. Muchas gracias, soldado.”
En el planeta Numa, Salabim observa lo ocurrido en la Capital del Imperio a través del fuego de su hoguera.
– “Bien…” – sonríe el brujo kashvar. – “Este soldadito resulta ser útil.”
Mientras tanto, en el planeta del Hakaishin, Beerus duerme, ajeno a todo. Shiras sigue entrenando bajo la supervisión de Campahri para dominar el poder del anillo Toki. 

El ángel lanza un centenar de rocas contra Shiras usando su telekinesis. Shiras permanece inmóvil. De repente, las rocas estallan en mil pedazos.
– “Buen trabajo, Shiras” – le felicita Campahri. – “Estás progresado mucho.”
En un lugar remoto, en un planeta alejado del Imperio y la Patrulla Galáctica, en una cabaña en mitad de un idílico prado, Hit descansa en su cama, mirando al techo.
– “¿Qué ocurre, Hit?” – le pregunta una voz femenina desde el marco de la puerta de la habitación. – “¿Echas de menos tu trabajo?”
– “Es posible.” – responde el asesino. – “Pero tomé la decisión correcta. Os exponía demasiado.”
– “Podrías haber aceptado el trabajo que te ofreció el Rey Cold…” – dice la mujer.
– “No me interesa. Demasiada política.” – responde Hit. – “Ese tipo de trabajos te hacen bajar la guardia. Crees que todos tus enemigos están enfrente y después te apuñalan por la espalda.”
– “Pues más te vale espabilar y enseñar bien a tu hijo a cosechar esos tubérculos, porque está haciendo un verdadero destrozo en el jardín.” – sonríe su mujer.
– “¿Y la pequeña?” – pregunta el asesino.
– “Se supone que estaba ayudando a su hermano, pero creo que se ha distraído persiguiendo una de esas ardiratas.” – ríe ella.
Hit se incorpora en la cama y se levanta.
– “Yo me encargo.” – sonríe el asesino.
Durante el largo viaje del Rey Cold, el ordenador de la nave no deja recibir mensajes sobre planetas desaparecidos.
– “Ha caído el planeta Obi” – anuncia uno de los soldados.
– “¿Cuál es el planeta más cercano?” – pregunta Cold.
– “Haori, señor.” – responde el soldado.
– “¿Y el próximo?” – replica el Emperador.
– “Hakama” – verifica el soldado en su computadora.
– “Ese es nuestro objetivo.” – dice Cold. – “Si intentamos perseguir a esa cosa, tardaremos demasiado en atraparla. La interceptaremos en Hakama. Deduzco que será su próximo objetivo.”
– “Eso significa que… ¿abandonaremos Haori a su suerte?” – pregunta un soldado. – “Mi familia… mi familia vive ahí, señor.”
Cold tiene su mirada perdida en el espacio.
– “Puedo ofrecerte venganza, soldado.” – dice el Emperador. – “No hay nada más que podamos hacer.” – sentencia.
El soldado asiente, intentando ocultar sus lágrimas.
– “Gracias, señor.” – responde el hombre, haciendo una reverencia.

DBSNL // Capítulo 135: Un viejo amigo

DBSNL // Capítulo 135: Un viejo amigo
“Me alegro de que te unas a nosotros.”
En la Capital del Oeste, Maji-Kayo no sabe qué hacer. Ub le ha superado.
En la azotea, nuestros amigos parecen satisfechos.
– “Tenías razón, Son Gohan.” – dice Piccolo. – “El chico lo ha logrado.”
– “Maji-Kayo es peligroso” – le interrumpe Katopesla. – “No os confiéis.”
– “Esto no ha terminado” – dice Gohan. – “Pero Ub podrá retenerle hasta que tengamos el dispositivo.”
El extraterrestre observa al chico de Isla Papaya mientras intenta idear un plan que le permita ganar esta batalla.
De repente, un pequeño brillo aparece en el cielo.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Marron.
– “¿Una nave?” – dice Piccolo.
Katopesla analiza la tenue luz con su visor.
– “¡Es una aeronave!” – dice el toreristo, intentando lograr un aumentar la imagen. – “¡Y es de la Patrulla Galáctica!” – exclama al ver su famoso emblema.
La nave se queda suspendida en el aire y dos patrulleros salen de ella. Uno de ellos es un metalman y el segundo es una mujer imegga.
– “¿Qué está pasando aquí?” – se pregunta la patrullera.
El metalman responde emitiendo una serie de pitidos con el vapor que sale de su cabeza.
– “Eso parece, Motto.” – responde ella. – “Pero, ¿quién puede estar enfrentándose a él?”
Maji-Kayo, al ver la nave de la patrulla, siente que está ante su única oportunidad de conseguir más energía.
– “¡HAAAAAA!” – grita al convertirse en múltiples tentáculos que se dispersan y avanzan hacia la nave.
Ub intenta atrapar uno de los apéndices, pero el extraterrestre se escurre entre sus dedos.
– “¡CUIDADO!” – advierte el chico a los patrulleros.
Maji-Kayo recupera su forma humanoide frente a los justicieros, con cuchillas en sus manos, dispuesto a asesinarlos, pero en ese instante una mano robótica voladora clava un dispositivo en la espalda del extraterrestre.
– “¡¿Qué?!” – se alarma Maji-Kayo.
Una fuerte descarga eléctrica sacude al alienígena, que parece perder fuerza mientras se precipita contra el suelo.
Ninguno de los presentes entiende lo que acaba de ocurrir. 
– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Goten.
– “Veamos qué ha pasado.” – dice Piccolo, que enseguida se dirige al lugar donde ha caído Maji-Kayo.
– “¡Sí!” – responden los demás.
Cuando llegan al lugar, un extraño personaje está colocándose la mano robótica en su antebrazo. En el suelo, Maji-Kayo ha encogido hasta convertirse en un deforme bebé, que ahora se encuentra envuelto en una barrera eléctrica y con el dispositivo aún clavado en su espalda.
Al ver al misterioso individuo, Son Goten se pone en guardia.
– “¡Atrás!” – exclama el mestizo, advirtiendo a los demás.
Un gigantesco e imponente hombre, luciendo una cresta de cabello naranja, ha aparecido frente a nuestros amigos. El personaje viste una indumentaria como la que usaba Vegeta cuando se enfrentó al Hakaishin Freezer, pero con el logotipo de la Corporación Cápsula en su armadura. 
Piccolo y Gohan se sorprenden al ver al personaje, como si vieran a un fantasma.
– “¿Número 16?” – pregunta Gohan.
– “Hola, Son Gohan.” – saluda el robot.
– “¿De verdad eres tú?” – sonríe el mestizo.
Videl parece confusa.
– “¿El Número 16?” – pregunta Videl. – “¿El robot que os ayudó en el Torneo de Cell?”
Por el comunicador, Trunks habla con los presentes.
– “¡Tranquilos! ¡Es de los nuestros!” – dice el mestizo.
– “¡¿Cómo es posible?!” – pregunta Gohan.
– “Gracias a todo lo que hemos descubierto en los últimos meses, mi padre ha logrado reconstruir al Número 16” – dice Bulma. – “Teníamos sus datos desde que lo reparé antes de los Cell Games, pero su I.A. era extremadamente avanzada para nosotros.”
– “Increíble…” – sonríe Gohan.
Los dos patrulleros se acercan a nuestros amigos.
– “¡¿Quienes sois?!” – pregunta la imegga.
– “Todos somos héroes justicieros” – dice Katopesla, quitándose el casco. – “Como vosotros.”
La patrullera reconoce a Katopesla.
– “¿Otra vez tú?” – dice la imegga.
– “Hola, Sheela” – saluda el toreristo.
– “¿Qué tienes que ver tú con todo esto?” – pregunta la patrullera.
Pan interviene en la conversación.
– “Él nos ha salvado.” – dice la mestiza.
– “¿Eh?” – se sorprenden todos.
– “Gracias a Katopesla, hemos podido derrotar al enemigo.” – explica Pan.
– “Sí, es cierto” – se une Ub. – “Gracias a él hemos podido proteger la Tierra.”
La patrullera parece confusa.
– “¿Es eso cierto?” – le pregunta a Katopesla.
– “Supongo que sí…” – se avergüenza el toreristo.
Sheela sonríe.
– “Eso no me lo esperaba” – admite la imegga.
Mientras tanto, el metalman Auta Motto recoge al encarcelado Maji-Kayo.
– “Así que éste es su aspecto original…” – dice Ub, acercándose y observándole detenidamente. – “Parece inofensivo.”
– “¡No te burles de mí!” – exclama el extraterrestre. – “¡¡OS MATARÉ A TODOS!!”
– “Enfadado es hasta gracioso” – sonríe Pan.
– “¡¿COMO OSÁIS?!” – se queja Maji-Kayo.
– “Gracias a todos” – dice Sheela. – “Le encerraremos de nuevo y nos encargaremos de que no vuelva a escapar.”
– “¿Cómo ha ocurrido?” – pregunta Gohan.
El gesto de Sheela se torna serio.
– “De hecho, de eso hemos venido a hablaros.” – dice la patrullera.
En el planeta de Jiren, Vegeta despierta en una rudimentaria cama, en una cabaña de madera. A su lado, el haiirotoko se encuentra preparando un guiso.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el saiyajín, con su mirada clavada en el techo. – “He perdido, ¿verdad?”
– “Así es” – responde Jiren.
– “He fracasado…” – murmura Vegeta.
– “No exactamente.” – responde el haiirotoko.
– “¿Qué?” – dice Vegeta, confuso.
– “Si tuvieras el poder para derrotarme, no habrías venido hasta aquí.” – responde Jiren. – “Has demostrado tener la determinación necesaria para aprender el Ikigai.”
– “¿Vas a enseñarme esa técnica?” – pregunta Vegeta, sorprendido.
Jiren llena un cuenco de guiso y se acerca a Vegeta para ofrecérselo.
– “Repón tus fuerzas” – sonríe Jiren. – “Mañana te espera un día duro.”
En la Tierra, la Patrulla Galáctica ha explicado la situación a nuestros amigos. Los presos fugados, bajo las órdenes de Garlick y Shiras, están causando problemas por todo el universo.
– “Es grave…” – murmura Gohan.
– “Trunks nos ha enviado aquí” – explica Sheela. – “Ha dicho que podríais ayudarnos.”
– “Sin duda tenemos que hacer algo…” – dice Goten. – “Pero la Tierra no puede quedar desprotegida.”
– “Ub debe permanecer aquí” – dice Piccolo.
– “Pero, señor Piccolo…” – protesta Ub. 
– “Estoy de acuerdo” – añade Gohan. – “Ahora mismo eres el principal defensor de este planeta.” – le guiña un ojo el mestizo.
– “Entonces…” – dice Goten.
Gohan suspira profundamente.
– “Iré yo” – anuncia Gohan.
– “¡¿Tú?!” – se sorprende Videl.
– “¡Yo te acompaño!” – interviene Pan.
– “No, Pan” – responde su padre. – “Iré yo solo.”
– “¿Por qué, Son Gohan?” – pregunta Piccolo, algo confuso.
– “La Tierra es un futuro objetivo de Mojito” – explica el mestizo. – “Sabemos que en algún momento puede intentar sorprendernos.”
– “¿Y te marchas?” – se extraña Goten.
– “Ub es el más fuerte de nosotros” – dice Gohan. – “Y con Pan hacen un equipo excelente.” – sonríe. – “Y tú, Goten… La Tierra necesita a un Gran Saiyaman.”
– “¡¿Cómo dices?!” – se sorprende su hermano.
Son Gohan se quita el reloj, haciendo que desaparezca su disfraz, y se lo entrega a Goten.
– “Póntelo.” – dice Gohan.
– “Pero, hermano…” – duda Goten.
– “Adelante, Son Goten” – insiste su hermano mayor.
Goten se pone el reloj de pulsera.
Videl sonríe enternecida al ver a Gohan pasar el testigo.
– “Supongo que ha llegado el momento…” – suspira Videl, quitándose el reloj.
– “¿Qué?” – se sorprenden todos.
La hija de Satán le entrega su reloj a Marron.
– “Es vuestro turno” – sonríe Videl.
Marron, sin palabras, acepta el obsequio.
– “No os fallaremos” – dice Goten.
– “Estamos seguros de eso” – sonríe Videl.
Goten y Marron activan los relojes, transformándose en Great Saiyaman y Great Saiyaman 2.
– “¡Os queda muy bien!” – exclama Pan.
– “¿Seguro?” – pregunta Goten, observando su disfraz. – “Me siento un poco ridículo…”
– “*Cof, cof*” – tose Gohan.
– “Lo siento, lo siento…” – se excusa Goten. – “¡Me parece genial!”
Katopesla asiente y saca su libreta.
– “Estupendo…” – dice mientras toma apuntes. – “Digno de un héroe…”
Los patrulleros asisten a la escena, pero no parecen convencidos.
– “Me alegro de que te unas a nosotros” – dice Sheela. – “Pero esperábamos contar con más gente.”
– “Lo siento, chicos” – dice Gohan. – “Pero este planeta no pasa por un buen momento…”
De repente, el Número 16 interviene. 

– “Permíteme unirme, Son Gohan.” – dice el 16.
– “¿Quieres acompañarme?” – se sorprende Gohan.
– “Según mis sensores, la mayoría de los presentes pueden proteger la Tierra mejor que yo, así que me gustaría aprovechar la ocasión para pagar mi deuda contigo.”
– “No tienes ninguna deuda, 16” – responde Gohan.
– “Yo creo que sí” – sonríe el androide.
Son Gohan también sonríe y le ofrece la mano.
– “Está bien” – dice Gohan.
El androide 16 le estrecha la mano.
– “Es un placer estar de vuelta” – dice el robot.
Sheela y Auta Motto parecen satisfechos.
– “Partiremos mañana a primera hora” – dice la imegga.
– “Bien” – asiente Gohan. – “Nos prepararemos para el viaje.”
En la azotea de un edificio cercano, Cell contempla la escena.
– “Esto puede ser divertido…” – sonríe el insecto.

ESPECIAL DBSNL /// Terror // Universo 7 / Parte III: Sector Dormideus

Terror / Parte III: Sector Dormideus
“Empezad de cero.”

En un planeta del sector Dormideus, de noche, los cuatro miembros de una banda de piratas espaciales descansan plácidamente frente al fuego, mientras se comen una gran criatura parecida a un ciempiés, a la que tienen tostándose, ensartada en un palo.

– “Dicen que estos bichos son parientes lejanos de los mouma de Bihe” – dice Hart.
– “¿Y cómo llegaron hasta aquí?” – pregunta Klub.
– “No lo sé…” – responde Hart. – “¿Un meteorito?”

De repente, múltiples luces cruzan el cielo a toda velocidad, como una lluvia de estrellas, pero sin penetrar en la atmósfera del planeta. 

– “¿Qué demonios son?” – pregunta Dmond.
– “Naves…” – dice Spade.
– “¿De dónde vienen?” – se sorprende Klub. – “¿Y a dónde van?”
– “No tengo ni idea…” – responde Spade.

En Ababwa, otro planeta del mismo sector, en una taberna repleta de velos y pañuelos de colores colgando del techo, con los clientes sentados en cojines en el suelo, un personaje de tez azulada y luciendo un turbante blanco descansa sentado en un rincón.
Cerca de él, dos fugitivos, aún luciendo los monos de la prisión, se han sentado y disfrutan de una copa. 

– “Te dije que aquí no nos pondrían problemas, Zauyogi” – dice una mujer de aspecto humanoide, con orejas puntiagudas y luciendo su cabello formando una cresta.
– “Parece que tenías razón, Miza.” – responde su compañero; un ser con apariencia reptiliana. – “En este sector a nadie le importa que seamos fugitivos.”
– “He vivido aquí mucho tiempo” – presume Miza. – “Nunca encontrarás un lugar como éste, tan lleno de maldad y vileza.”
– “¿Crees que hemos hecho lo correcto?” – pregunta Zauyogi. – “La oferta de ese Meerus era muy suculenta… Y si lo que dicen de ese Shiras es cierto, podríamos haber logrado grandes cosas.”
– “Esas \”cosas\” nunca acaban bien.” – dice Miza. – “Mi hermana Kikaza trabajó para el Imperio de Freezer. Parecía que nadie podía detener a ese tirano; un verdadero monstruo de la naturaleza… y ¡BAM!” – exclama mientras golpea la mesa. – “Aparece uno de esos monos en Namek y lo mata.”
– “¿No murió en la Tierra?” – pregunta Zauyogi, que también ha oído esas historias.
– “Sí, pero eso fue después.” – responde Miza. – “Además, es irrelevante. Lo que quería decir es que su Imperio se desmoronó después de eso. Parecía invencible, pero apareció alguien mejor. Siempre ocurre.”
– “Puede que tengas razón…” – dice Zauyogi. – “¿Y qué le pasó a tu hermana?”
– “Conoció a una tipa mientras estaba trabajando en la Capital del Imperio.” – explica Miza. – “La hermana del brench de las Fuerzas Especiales Ginyu.”
– “Siempre me han gustado esos tipos.” – dice Zauyogi. – “¡Burter era mi favorito! Tenía todas sus figuras de acción.”
– “Así que eras un fan del Imperio, ¿eh?” – se burla la fugitiva. – “Eso sí que no me lo esperaba.”
– “Invadieron mi planeta cuando yo era un niño.” – dice su compañero. – “Nos inculcaron sus valores desde jóvenes.”
– “¿Y qué salió mal?” – pregunta Miza.
– “Me reclutaron en su ejército.” – narra Zauyogi. – “Llegué a servir en varias campañas; Ikonda, Binz… Pero me hirieron de gravedad y fui abandonado en el campo de batalla de Nuts. Terminé en una cárcel de la Patrulla Galáctica establecida en ese mismo planeta. Ahí conocí a un tipo llamado Almond y me habló de su banda; un pelotón fantasma liderado por un saiyajín a las órdenes del hermano repudiado del futuro Emperador.”
– “Y te uniste a ellos…” – dice Miza.
– “Me sacaron de la prisión, así que tuve que agradecerles el favor…” – responde Zauyogi. – “Ahí conocí a varios soldados de planetas que yo había atacado. No tardé en darme cuenta de que había estado demonizando a los enemigos del Imperio. Solo buscaban lo mismo que yo. Un buen trabajo, proteger a su familia, defender su modo de vida…”
– “¿Te vas a poner sentimental?” – se burla su compañera.
– “¿Quieres que te lo cuente o no?” – responde el fugitivo, algo ofendido.
– “Claro, claro.” – dice ella.
– “Tras la muerte de Freezer y el Rey Cold, Cooler reclamó el trono… y supongo que dejamos de ser útiles.” – continúa. – “Un día estaba preparando la nave cuando el pelotón fue atacado por la élite de Cooler. Los masacraron.”
– “Pero sobreviviste…” – dice Miza. – “¿Cómo te terminaste de nuevo en una cárcel de la Patrulla Galáctica?”
– “Me entregué.” – responde Zauyogi. – “Tenía miedo de que los hombres de Cooler me encontraran y pensé que estaría más seguro en la cárcel.”
– “Vaya…” – suspira Miza.
– “¿Tú siempre has sido una bandida?” – pregunta Zauyogi.
– “Siempre he sido la oveja negra de la familia.” – sonríe la malhechora. – “¿Qué se le va a hacer?”

El hombre del turbante ha escuchado atentamente la conversación y se pone en pie. El bandido se acerca a la mesa de los fugitivos y coloca un pequeño saco de dinero en el centro.

– “¿Qué ocurre?” – se extraña Miza.
– “Empezad de cero.” – dice el herajín. – “Es vuestra oportunidad.”
– “¿Quién eres?” – dice Zauyogi, confuso ante intervención del misterioso personaje.

El individuo no responde y abandona el local.
Los dos fugitivos quedan pasmados y se miran entre sí.

– “¿Qué acaba de ocurrir?” – pregunta Miza.
– “Creo que ese era…” – dice Zauyogi. – “Reitan, el vengador.”

Mientras tanto, en el planeta Pital, un astro dedicado a la cura y atención médica de la Galaxia del Sur y a cargo de la Patrulla Galáctica, una nave aterriza y abre sus compuertas. Cuatro bandidos montados en aerodeslizadores, vestidos con gabardina y un sombrero vaquero, esperan impacientes, acompañados por su bestia.

– “¿Y qué pretende Meerus que hagamos aquí?” – pregunta el más alto de los bandidos.
– “Ha dicho que hagamos lo que hacemos siempre.” – responde el pequeño. – “Y eso haremos.”

Al abrirse las compuertas, los cuatro hermanos y su animal salen pegando tiros al cielo, creando el caos entre los enfermos y el personal sanitario.

– “¡¡ABRID PASO A LOS HERMANOS PASTAFRESCA!!” – grita el líder de los hermanos.

DBSNL // Capítulo 134: Recursos limitados

DBSNL // Capítulo 134: Recursos limitados
“¿Por qué tenemos uno de estos?”

En la Corporación Cápsula, Bulma y los demás han activado un generador secundario para intentar terminar el dispositivo, pero ahora el laboratorio tiene muy poco poder.
– “Ya casi lo teníamos…” – lamenta Bulma. – “Pero no podemos hacerlo funcionar solo con una fuente de energía secundaria…”
– “Este generador no será suficiente.” – dice Trunks. – “Iré a ayudarles. Puede que fusionándome con Goten logremos hacerle frente.”
– “¡Espera!” – le interrumpe Brief. – “Tengo una idea…”
Maji-Kayo incorpora a su ser la energía del generador de la Corporación Cápsula, haciendo que su cuerpo brille intermitentemente.
Son Gohan, transformado en Súper Saiyajín 3, se pone en guardia.
– “¡Yo me encargo de él!” – exclama el mestizo, haciendo un gesto a los demás para que se aparten.
Piccolo se siente impotente, pues sabe que ahora el poder del enemigo les supera. El namekiano está decepcionado y frustrado con su propio poder.
Ub avanza hasta colocarse junto a Gohan.
– “Déjame pelear.” – dice el chico.
– “Ub, tu poder es inestable… No podemos permitirnos tener que enfrentarnos también a ti” – le dice Gohan. – “Quédate al margen.”
– “No.” – responde Ub, de forma tajante, sorprendiendo a los presentes. – “No te ofendas, Son Gohan, pero creo que, ahora mismo, el enemigo te supera.”
Todos se quedan en silencio, pues es inusual ver a Ub hablar de esa forma, con tanta seguridad e incluso con un poco de soberbia.
– “¿Cómo dices?” – pregunta Gohan, sorprendido.
– “Mr. Bu y yo hemos estado trabajando duro” – responde Ub. – “Podemos ganar. Déjame luchar.”
– “Éste no es momento para fanfarronear, chico…” – le dice Piccolo.
Son Gohan se fija en la mirada de determinación del muchacho y esboza una media sonrisa.
De repente, Gohan vuelve a su estado base, sorprendiendo a todos.
– “Gohan…” – titubea Piccolo. – “¿Estás seguro?”
– “Creo que el chico tiene razón. No puedo ganar a Maji-Kayo.” – suspira Gohan. – “Abandono.” – dice. – “Es tu turno, Ub.”
El chico de Isla Papaya da un paso al frente y se envuelve en su aura fucsia, emitiendo una fuerte corriente de aire que sacude el lugar.
– “Gracias, Son Gohan.” – sonríe Ub. – “No te defraudaré.”
Maji-Kayo transforma sus brazos en dos látigos que brillan enérgicamente.
– “¿Vienes a por más, muchacho?” – se burla el extraterrestre.
Ub no responde. Tiene la mirada fija en su enemigo.
– “He estado observando el combate.” – piensa Ub. – “Es un tipo peligroso… casi impredecible; pero confía extremadamente en sus cambios de forma para sorprender a sus adversarios. Ha descuidado su guardia en múltiples ocasiones, porque se cree invulnerable. Tengo que aprovechar eso.”

Gohan, Piccolo, Pan y Goten ascienden lentamente hasta la azotea, donde se reúnen con Videl, Marron y Katopesla.
– “¿Crees que puede ganar, papa?” – pregunta Pan.
– “No lo sé.” – dice Gohan. – “Pero sé que yo no puedo. Ahora tenemos que confiar en él.”
– “Es solo un muchacho…” – sufre Videl.
– “Estará bien.” – dice Gohan.
Piccolo se da cuenta de lo que pasa por la mente de su pupilo y recuerda los Cell Games.
– “Son Gohan tiene razón.” – dice el namekiano. – “Debemos confiar en el chico.”
Maji-Kayo se abalanza sobre Ub, que esquiva los latigazos grácilmente.
– “La velocidad no es un problema” – piensa Ub. – “Puedo evitarle, pero…”
De repente, un gran punzón surge del pecho del enemigo, obligando a Ub a acelerar sus movimientos. Aún así, el chico recibe un corte en el brazo. 
Ub retrocede y su herida se cierra lentamente.
– “Bien…” – sonríe Ub. – “A eso me refería. Ese es su verdadero peligro.”
Maji-Kayo salta sobre Ub y de su cuerpo emanan cientos de pinchos que se alargan y se aproximan al chico, que retrocede dando una serie de volteretas, mientras los punzones se clavan en el suelo.
Ub abre su boca y dispara un poderoso ataque de ki que sorprende al enemigo, que rápidamente hace crecer sus piernas arqueadas para poder esquivar el ataque.
Maji-Kayo recupera la normalidad, pero se da cuenta de que está rodeado por una decena de copias de Ub, que dan vueltas a su alrededor mientras se burlan de él.
– “¡Aquí!” – dice uno.
– “No, ¡aquí!” – exclama otro.
– “¡No me pillas!” – dice un tercero, sacándole la lengua.
El enemigo se enfada ante tales provocaciones.
– “Maldito…” – refunfuña Maji-Kayo.
– “¡Estoy aquí!” – exclama Ub, apareciendo delante del extraterrestre y propinándole un rodillazo en la cara.
En la Corporación Cápsula, Brief dirige a Bulma, Trunks y Bra hasta un rincón del taller, donde teclea un código en el ordenador y un sarcófago metálico surge del suelo.
– “Esto es…” – se sorprende Bulma.
– “Le hice unos retoques cuando tuve que encerrarme aquí porque tú y tu madre intentabais matarme…” – dice el doctor.
– “¡Fue cosa de Wheelo!” – protesta su hija, sonrojada.
– “¿Por qué tenemos uno de estos?” – pregunta Trunks, confuso.
– “Gracias a la información que recuperasteis hace años de los laboratorios ocultos de la Red Ribbon y lo que hemos aprendido de Wheelo, creo que ahora podemos ponerlo en marcha.” – dice Brief. – “Sin duda tiene una fuente de energía lo suficientemente potente para usar el dispositivo, si se lo integramos.”
Bulma suspira.
– “No tenemos otra opción…” – dice la científica. – “Tenemos que intentarlo.”
– “Pero si esto sale mal…” – murmura Trunks. – “La situación podría empeorar.”
Brief reflexiona en silencio.
– “Y si…” – murmura el doctor, que enseguida se marcha hacia su viejo almacén.
En el campo de batalla, Ub y Maji-Kayo siguen peleando. El chico de Isla Papaya ahora lleva la iniciativa, haciendo retroceder al extraterrestre.
Maji-Kayo clava sus brazos en el suelo y cientos de espinas nacen bajo los pies de Ub, que enseguida se ve obligado ascender para evitar ser ensartado.
De repente, el cuerpo del extraterrestre se convierte en un cañón cuyo interior empieza a brillar intensamente.
En la azotea, nuestros amigos se alarman.
– “¡Eso es peligroso!” – exclama Goten.
– “¡CUIDADO, UB!” – intenta advertirle Gohan.
Una esfera de energía es emitida por el cañón y se dirige directamente contra el chico.
Ub inspira aire profundamente y sopla con todas sus fuerzas. El aire choca con el ataque y lo frena hasta dejarlo flotando torpemente, tambaleándose sin ir a ninguna parte.
El chico de Isla Papaya se acerca a la esfera de energía y la patea hacia el cielo, haciéndola desaparecer en el espacio, donde explota en silencio en mitad de la nada.
Nuestros amigos celebran la victoria.
– “¡Increíble!” – exclama la mestiza.
– “Bien hecho, chico.” – sonríe Piccolo.
Maji-Kayo recupera su forma humanoide. El extraterrestre parece frustrado.
– “Qué planeta tan extraño…” – murmura el enemigo. – “¿Desde cuando tienen gente tan peculiar?”
En la Corporación Cápsula, Brief busca algo en su almacén, mientras Bulma y Trunks esperan fuera, escuchando el estruendo del doctor, que rebusca entre cientos de cajas.
– “¿Qué buscas, abuelo?” – pregunta Trunks.
– “Hace tiempo, un viejo colega me mandó un prototipo de motor que no precisa un generador…” – dice Brief, que sigue buscando. – “¿Dónde lo habré metido?”
– “Si no tiene un generador, Maji-Kayo no podrá absorberlo…” – dice Trunks. – “¡Buena idea!”
– “¿Te refieres a tu amigo por correspondencia?” – pregunta Bulma. – “¿El doctor de Villa Pingüino?”
– “¡Sí, ese!” – responde Brief. – “Qué, por cierto, tiene una esposa preciosa. Le encanta presumir de ella. A veces me ha mandado fotos que…”
– “¡PAPÁ!” – le riñe Bulma, avergonzada.
– “¡Ya lo he encontrado!” – exclama el doctor.
Mientras tanto, en Monmaas, Son Goku se encuentra meditando en la copa de un árbol, bajo la supervisión de Madas.
– “Aprende rápido…” – piensa el anciano, que esboza una media sonrisa. – “Era de esperar, tratándose de Son Goku.”
En otro rincón del Universo, en el planeta que fue Capital del Imperio, Liquir percibe algo extraño.
– “Noto una terrible presencia…” – murmura el kurama. – “Me revuelve las tripas…”
Liquir sale al exterior del palacio en busca de la fuente de esa sensación y se encuentra con un pequeño demonio de piel azulada en sus puertas, acompañado de un personaje grandullón. Los dos individuos han sido rodeados por una tropa de soldados litt, que les apuntan con sus armas. El grandullón ha agarrado a uno de los soldados por el cuello y lo sostiene en el aire.
– “¿Quiénes sois?” – pregunta Liquir.
Garlick esboza una aterradora sonrisa.
– “Buscamos a alguien” – dice el demonio. – “Un brujo Kashvar.”
Liquir hace un gesto a sus hombres y éstos bajan las armas.
Garlick parece complacido y ordena a su acompañante que libere al soldado.
– “Suéltalo, Saganbo.” – dice el demonio. 
El grandullón lanza al litt a un lado con desprecio.
El kurama parece desconcertado. Desconoce la identidad del demonio, pero sólo sabe de un brujo.
– “Marchaos” – les amenaza Liquir.
De repente, una voz les interrumpe.
– “No te preocupes, Liquir” – dice Salabim, que sale del interior del palacio y se coloca junto al kurama. – “Me buscan a mí.”
Garlick sonríe al ver al brujo. Liquir está confuso.
Salabim observa detenidamente al demonio.
– “Siento la oscuridad del Makai en ti…” – murmura el brujo. – “Pero ese ojo…”
– “Tengo respuestas, kashvar.” – dice Mojito. – “Y sé que tú tienes preguntas.”
– “No has venido hasta aquí para ofrecerme sabiduría.” – replica Salabim. – “Me necesitas.”
Mojito parece sorprendido por la calma del mago.
– “Compartimos un objetivo, brujo.” – dice del demonio. – “Su retorno.”
Salabim se sorprende al comprender las palabras del misterioso personaje.
– “¡¿De verdad?!” – dice el brujo, emocionado.
Mojito asiente.
– “Traeremos un nuevo comienzo bajo su sabiduría y guía.” – responde Mojito.
Salabim, sin dudarlo ni un instante, se aleja de Liquir y se une a Garlick.
– “¡¿Dónde va?!” – pregunta el kurama.
– “Ya no te necesito, Liquir.” – responde el brujo.
El kurama se siente confuso y traicionado.
– “¡¿Cómo dice?!” – gruñe Liquir. – “¿Me ha estado utilizando?”
Salabim sonríe.
– “Nos vamos” – dice Garlick.
Liquir prepara sus garras y revela cinco colas de golpe. El kurama se abalanza sobre el mago, pero el grandullón le detiene agarrándole del brazo.
El kurama se sorprende ante el poder del enemigo, que enseguida le propina un puñetazo en la cara y lo lanza contra el suelo.
Liquir se pone en pie, revelando su sexta cola.
– “¡NO ESCAPARÉIS!” – exclama, mientras se abalanza sobre los enemigos. 
Pero al intentar propinarle un puñetazo al grandullón, los tres villanos desaparecen.
– “Maldita sea…” – lamenta Liquir. – “Me la ha estado jugando todos estos años…”

Las colas del kurama se desvanecen y él cae de rodillas, abatido ante los cientos de pensamientos que cruzan su mente, haciéndole replantearse su pasado.