Especial DBSNL /// Cold Chronicles / Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XII: Mano negra

Cold Chronicles / Parte XII: Mano negra
“No tolero la insubordinación.”
La nave del Rey Cold se aproxima al Cuartel General de la Patrulla Galáctica; una estación espacial gigantesca compuesta por varios anillos rotatorios en torno a un largo eje central.
El vehículo imperial solicita permiso para aterrizar en un hangar y la Patrulla se lo concede. Varios agentes son enviados al lugar para recibir al Emperador.
Una hermosa patrullera de larga melena verde claro y ojos azules recibe a Cold y Sorbet.
– “Bienvenido, señor Cold” – saluda la muchacha. – “Soy la agente Ribrianne.”
– “¿Se ha olvidado del título de mi señor, agente Ribrianne?” – responde Sorbet, molesto y con cierto retintín.
– “La Patrulla Galáctica no reconoce su Imperio como legítimo” – responde la patrullera.
– “¡¿Cómo osas?!” – se enfurece el consejero.
– “Tranquilo, Sorbet” – interviene Cold. – “No hemos venido a luchar.”
En ese instante, la nave de Hit se aproxima al Cuartel y el centro de mando se lo comunica a Ribrianne.
– “Otra nave imperial solicita permiso para aterrizar.” – dice la agente. – “¿Está con ustedes?” – pregunta la agente.
– “Debe ser Hit.” – murmura Cold. – “Sí, está conmigo.” – responde.
Mientras tanto, el Capitán Ginyu, en el cuerpo de Kettol, ha aterrizado en el planeta Numa.
El soldado se adentra en el misterioso pantano, cuando una pequeña rana salta frente a él.
– “Qué asco…” – murmura antes de patearla.
De repente, el Capitán siente que alguien le está observando.
– “¡Muéstrate, cobarde!” – exclama Ginyu.
En ese instante, la oscuridad envuelve al Capitán y dos sombras se materializan frente a él. La primera, Ginyu la identifica como el Rey Cold, pero la segunda, un pequeño ser con cuernos, es un misterio para él.
De repente, a su espalda, otra figura se manifiesta. Un ser humanoide de pelo desaliñado, cuya aura estalla de color amarillo y le hace caer de espaldas al suelo. La luz proyectada por esa silueta hace que se desvanezcan las otras sombras. 
– “No… ¡No existe un poder así!” – exclama el Capitán.
Finalmente, la oscuridad se desvanece y el brujo Salabim se presenta.
– “Bienvenido a mi hogar, Capitán Ginyu” – le saluda la pequeña criatura.
– “¿Quién diablos eres?” – pregunta el soldado, que se pone en pie de un salto.
– “Soy el que buscas” – sonríe el brujo.
En el Cuartel General de la Patrulla Galáctica, Hit se ha unido a Cold y Sorbet, y los tres se dirigen a la sala de mando, guiados por Ribrianne, para reunirse con el subcomandante de la Patrulla.
– “Así que tú eres el asesino…” – le dice Sorbet a Hit, mientras recorren los pasillos.
El asesino no responde e ignora al consejero.
– “No sé qué ha visto el Rey en ti…” – continúa Sorbet, que sigue sin lograr sacar una respuesta de Hit.
Finalmente, todos llegan a la sala principal, donde les espera el subcomandante, un personaje humanoide de avanzada edad, estatura media, delgado, piel anaranjada y bigote blanco, escoltado por dos chicas parecidas a Ribrianne, una de pelo morado, y la otra castaña.
– “Soy el subcomandante Zarbuto” – se presenta. – “¿A qué se debe vuestra visita?”
– “¿Cuál es vuestro problema con mis hombres?” – pregunta Cold, muy tajante. – “No esperaba que la Patrulla Galáctica se inmiscuyera en los asuntos del Imperio.” 
– “Nuestra organización no reconoce vuestro imperio.” – responde Zarbuto.
– “Y yo no reconozco vuestra autoridad” – dice el demonio del frío.
Las tres chicas se miran de reojo, pues prevén problemas.
– “Nos han llegado informes sobre la destrucción del planeta Hera…” – continúa Zarbuto. – “¿Es cierto lo que se dice?”
– “Sí.” – responde Cold, con seguridad.
La sala se queda en silencio. Incluso Hit, que intenta disimular, se ha sorprendido ante tal información.
– “¿Y te atreves a venir a nuestro Cuartel?” – dice Zarbuto, apretando sus puños.
– “No tolero la insubordinación.” – dice Cold. – “Pero lo que ocurra en mi territorio, no debería incumbir a la Patrulla Galáctica.”
Zarbuto da una señal a las tres agentes, que enseguida se transforman y revelan su verdadera forma, con piel azul y estrafalarios trajes.
– “Quedáis arrestados” – dice el subcomandante.
Una docena de patrulleros irrumpen en la sala y apuntan con sus armas al Rey, a Hit y a Sorbet.
Cold echa un vistazo a su alrededor y esboza una aterradora sonrisa.
– “Tenéis que estar de broma…” – dice el Rey.
El demonio del frío alza su mano y lanza a Zarbuto contra el techo, incrustando su cabeza en el sitio y dejando su cuerpo inerte colgando.
Los agentes disparan sus armas, pero los rayos quedan suspendidos en el aire, gracias al poder mental de Cold, que enseguida retorna los disparos y acaba con todos los agentes. Solo las tres muchachas permanecen en pie.
– “Im… impresionante…” – titubea Sorbet, algo asustado ante el poder de su propio señor.
Las tres patrulleras dan un paso al frente, dispuestas a cumplir con su deber.
– “¡Rozie! ¡Kakunsa!” – exclama Ribrianne.
– “¡SÍ!” – responde ellas.
Cold sonríe.
– “Son tuyas, Hit” – dice el Rey.
– “Esto no forma parte de mi contrato” – responde el asesino.
– “Tranquilo, seré generoso” – sonríe el demonio. – “Quiero ver de qué eres capaz.”
El asesino se abalanza sobre Ribrianne, que intenta interceptarle con un puñetazo, pero Hit lo esquiva y propina un puñetazo a la agente en el pecho, sobre su corazón, provocándole un paro cardíaco.
La patrullera cae de rodillas y pierde el conocimiento.
– “¡Ribrianne!” – grita asustada su compañera, Kakunsa.
Rozie, furiosa, se abalanza sobre el asesino.
– “¡MALDITO SEAS!” – grita la patrullera.
Rozie intenta propinar un puñetazo a Hit con su mano izquierda, pero Hit esquiva el golpe, agarrando su antebrazo y partiéndole el codo golpeándoselo con la mano derecha, para después rematarla con un certero golpe con dos nudillos en la sien. 
Kakunsa, asustada ante la muerte de sus amigas, intenta huir, pero Hit logra agarrarla del pie. El asesino tira de ella para acercársela y le propina un golpe descendente con el codo en la espada. El violento sonido de huesos rotos hace estremecer a Sorbet.
La patrullera cae al suelo. Dolorida e incapaz de mover sus piernas, Kakunsa intenta arrastrase, pero Hit se agacha sobre ella, y agarra su cabeza. Con brusco movimiento, el asesino parte el cuello de Kakunsa.
Cold aplaude lentamente.
– “Muy impresionante” – le felicita el demonio del frío. – “Tus honorarios son merecidos. No hay duda.”
El Rey se acerca al panel de mandos de la sala y echa un vistazo a la distribución de la Patrulla Galáctica en un mapa universal.
– “Estos tipos tienen un montado algo muy interesante…” – murmura Cold. – “Puede que merezca la pena conservarlo.”
– “¿Qué sugiere, Su Majestad?” – pregunta Sorbet.
– “De momento, tú tomarás el control de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Hit se quedará aquí contigo, para protegerte de quién se oponga al cambio.”
Sorbet no parece convencido.
– “Pero señor, ¿no cree que soy más útil a su lado?” – pregunta el consejero.
– “Ahora te necesito aquí.” – responde Cold.
– “Como desee, Su Majestad” – dice con una reverencia.
En el planeta del Hakaishin, Shiras estudia los poderes del anillo Toki.
Mientras tanto, Campahri, a través de su vara, ha observado lo ocurrido en Cuartel General de la Patrulla Galáctica, pero decide no decirle nada a su pupilo.
En Numa, Ginyu se ha calmado y ha seguido al brujo hasta su cueva, donde ambos se han sentado frente al fuelo.  Siguiendo su misión, el Capitán pregunta a Salabim por el asesino a sueldo del Rey.
– “Él es una pieza importante de la historia.” – responde el brujo. – “Pero no una que deba preocuparnos. Está cumpliendo con su función.”
– “Vas a tener que darme más, viejo” – insiste Ginyu.
– “Creo que Sorbet no ha entendido los términos de nuestro trato…” – murmura Salabim. – “Él es una marioneta. Quiere poder y eso le hace manipulable. Cree está utilizándome… Ingenuo.”
– “¿Estás diciendo que nos habéis manipulado a mí y al Rey Cold?” – pregunta Ginyu, clavando su mirada en el brujo.
– “Yo fui quien advirtió a Sorbet sobre los peligros de los herajín” – sonríe Salabim. – “El Rey Cold nunca habría tomado esa decisión si no hubiéramos acelerado los acontecimientos.”
Ginyu se pone en pie, furioso.
– “¡¿Cómo te atreves!?” – exclama apuntando al brujo con su mano.
– “Esta historia solo puede tener un final” – dice Salabim. – “Y será el que debe ser.”
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta Ginyu.
– “Los mortales sois solo piezas en un tablero de ajedrez que se escapa a vuestro entendimiento.” – dice el brujo. – “Esta partida se lleva jugando desde hace milenios, y cada movimiento nos aproxima al jaque-mate.”
Ginyu, muy confuso, baja su mano.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta el Capitán. – “¡Y HABLA CLARO!” – grita, frustrado e impaciente.
Salabim suspira, manteniendo la calma.
– “Eres un hombre leal.” – dice Salabim. – “Lo que hiciste en Hera lo demuestra.”
– “Me debo al Imperio.” – reafirma el Capitán.
– “Pues coincidirás conmigo en que Sorbet ha estado confabulando en contra del Emperador, ¿no es así?”
– “Igual que tú.” – dice Ginyu, amenazante.
– “Pero yo no soy el consejero del Rey” – sonríe Salabim. – “No podría haber echo nada sin él.”
– “¿Qué quieres?” – pregunta Ginyu.
– “Elimina a Sorbet y trae al Rey Cold hasta mí, para que pueda guiarle directamente.” – dice el brujo. – “¡Convertiré el Imperio en una fuerza imparable!”
El brujo sonríe al ver que sus palabras hacen reflexionar a Ginyu.
– “Las cajas de música pronto estarán en nuestras manos.” – piensa el Kashvar.

ESPECIAL DBSNL /// Planeta maldito // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: La caída de Konats

Planeta maldito / Parte I: La caída de Konats
“Y él segará, pues es su tarea.”
Una vieja bruja se encuentra trabajando en su palacio, en un remoto planeta, cuando una misteriosa imagen aparece en su bola de cristal, que flota en el centro de la habitación.
– “¿Qué diablos es esto?” – se pregunta la anciana.
Al echar un vistazo, el orbe brilla intensamente, como si se hubiera convertido en una bola de fuego, iluminando toda la sala.
– “¡¿Qué significa esto?!” – exclama la bruja.
En el interior de la esfera, la bruja logra ver un extraño símbolo que la perturba; un gran pilar central terminado en un gran ojo, flanqueado por dos columnas laterales más cortas.
De repente, la bola de cristal se resquebraja y se precipita contra el suelo, partiéndose por la mitad.
La bruja, aterrada, se arrodilla intentando recuperar la calma.
– “Eso era… el futuro…” – murmura ella. – “El Universo está en peligro…”
Mientras tanto, en el planeta Konats, la gente disfruta de un día de mercado en la ciudad. La cultura del lugar es próspera y recibe a gente de todos los planetas vecinos, pues es un punto de comercio importante.
En las afueras de la metrópolis, en lo más profundo del viejo templo Yahirodono, en una gigantesca y milenaria sala que recuerda a un laboratorio, pero repleto de objetos mágicos en lugar de tecnología, cinco brujos estudian distintos artefactos. En el centro de la sala, el legendario Amenoukihashi se yergue imponente; una escultura antigua de piedra, repleta de jeroglíficos, que consta de un pilar central terminado en un gran círculo, con dos pilares más pequeños, uno a cada lado.
Entre los magos, Bibidí, que está leyendo un viejo libro cuya portada está adornada con el símbolo que los Kashvar tomaron en honor a \”El que vio\”.
Un guerrero con aspecto de zorro, ciego, vistiendo túnica morada de largas y anchas mangas, y luciendo una \”M\” tatuada en su frente, se acerca a Bibidí.
– “¿Me ha llamado, señor?” – pregunta el feneco.
– “Así es, Majora” – responde el brujo. – “Tengo una misión para ti.”
En el planeta del Hakaishin, Sidra supervisa el entrenamiento de sus pupilos. Champa y Beerus se enfrentan al ángel Campahri.
– “Sois fuertes” – sonríe el ángel, mientras esquiva a los gotokonekos. – “Pero os falta coordinación.”
Los dos felinos se detienen y se miran de reojo, con cierto desprecio.
– “Beerus siempre está en medio.” – se queja Champa.
– “¡Tú eres el que estorba!” – replica Beerus.
Sidra suspira al ver la discusión, algo decepcionado con sus alumnos.
– “Aún no están preparados…” – piensa el Hakaishin, desanimado. – “Son demasiado arrogantes.”
En Konats, en el Templo Sagrado principal, frente a la plaza de la ciudad, una gran estatua del antiguo demonio Hildegarn luce en el altar. Decenas de habitantes rezan ante la figura, mientras un sacerdote pregona.
– “¡Esta estatua nos recuerda los males del pasado!” – exclama el konatsiano. – “¡El dolor de nuestros antepasados y su sacrificio para proteger a las futuras generaciones!”
Desde un rincón, Salabim contempla la gigantesca estatua, acompañado de otro brujo de tez roja y arrugada.
– “Es fascinante…” – murmura el brujo. – “Tanto poder reducido a esto…”
– “Nos falta poco, Salabim.” – dice el recién llegado. – “Una vez consigamos el corazón del Goshinboku, podremos despertarle. Y él segará, pues es su tarea.”
– “Bibidí ha mandado a Majora a encargarse del asunto.” – responde Salabim. – “No tardará mucho. Ten paciencia, Hoi.”
– “Compartir nuestro conocimiento con esta gente me revuelve las entrañas.” – refunfuña el brujo.
– “Pronto podremos abandonar esta pantomima” – sonríe Salabim.
En el planeta Numa, Majora aparece en mitad del pantanoso terreno, teletransportado por la magia de Bibidí.
– “Así que esto es Numa…” – murmura mientras escucha cada sonido que le rodea.
Majora pronto localiza una villa cercana, al poder escuchar a los aldeanos trabajando en el lago.
– “Están cerca.” – sonríe el zorro.
La bruja que ha visto el futuro aparece frente al Puesto Fronterizo, saltándose la cola de almas y corriendo hacia el Rey Enma. Los trabajadores intentan detenerla, pero ella lucha para seguir avanzando.
– “¡REY ENMA!” – exclama la anciana. – “¡ALGO TERRIBLE VA A OCURRIR!”
El juez oye los gritos de la anciana y ordena que la dejen pasar.
La bruja se arrodilla ante el Rey Enma.
– “Su Señoría, tiene que hacer algo.” – dice la anciana. – “¡He visto algo terrible en mi bola de cristal!”
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el juez.
– “¡Era el símbolo de \”El que vio\”!” – dice la bruja. – “¡Lo he visto!”
– “Eso no es posible…” – responde el Rey Enma. – “Además, esas historias no competen a los mortales.”
– “¡Sé lo que se me ha revelado!” – responde ella, muy nerviosa. – “¡Era él! ¡Era el sello de los Kashvar! ¡Era M…!”
El Rey Enma se pone en pie, exaltado.
– “¡NO TE ATREVAS A DECIR SU NOMBRE!” – grita el juez, dejando a toda la sala estupefacta y en silencio.
Enma recupera la compostura y se sienta de nuevo.
– “Es el deber de los Dioses encargarse de esos asuntos.” – dice el juez. – “No se pueden alterar las leyes de la naturaleza. Las predicciones solo crean caos… Y no quiero tener que lidiar con el Hakaishin.”
– “Pero, Rey Enma…” – insiste ella.
– “Lo siento, señora.” – dice el juez. – “No hay nada más que hablar.”
Dos trabajadores se acercan a la anciana y la invitan a abandonar el Puesto Fronterizo.
En Numa, Majora ha arrasado todos lo habitantes que se han interpuesto en su camino hasta encontrar una antigua cueva repleta de jeroglíficos antiguos.
– “Ha costado, pero al final han hablado. Es aquí…” – murmura el feneco. – “Siento una oscura presencia… Después de tantos milenios y aún queda el rastro de su energía… Esos brujos no exageran cuándo alaban a ese tipo.”
El zorro se adentra en la cueva y avanza por el oscuro lugar, siguiendo la energía residual que le sirve de guía.
En el Planeta Sagrado de los Kaioshin, un joven Madas retoza plácidamente bajo un árbol, sin sospechar que, cerca de allí, la bruja le observa escondida tras un arbusto.
– “Tengo que informar a los Kaioshin…” – piensa la anciana. – “Pero lo que estoy haciendo va en contra de las normas… Si no me creen, estaré condenada. Incluso puede que termine frente al Dios de la Destrucción…”
La anciana suspira, intentando reunir el coraje suficiente para tomar la decisión correcta.
– “Si el Universo está en peligro, no puedo ser egoísta.” – murmura la bruja. – “Tengo que arriesgarme. Pero… si hubiera un modo de que entendieran lo que vi…”
De repente, la anciana se fija en los pendientes del Kaioshin.
– “¡ESO ES!” – exclama, al tener una idea.
La anciana sorprende a Madas.
– “Hola, muchacho” – le saluda, intentando ganarse su confianza y acercarse a él.
El Kaioshin del Norte, mira a la bruja confuso, pues sabe que ella no debería estar allí.
– “Qué pendientes tan bonitos…” – dice la anciana, agarrando uno de los Pothala. – “¿Me lo puedo probar?” – añade mientras se lo coloca en la oreja.
– “¡NO!” – grita asustado el Dios. – “¡ESPERA!”
Ya es demasiado tarde. Los cuerpos de los dos personajes son atraídos el uno hacia el otro y chocan en una explosión de luz.
En Numa, Majora ha llegado a lo más profundo de la cueva, donde ha encontrado con un viejo tarro de cerámica cerrado con un tapón de corcho.
El guerrero no duda en abrir el tarro con su afilada uña. En el interior se halla un extraño fruto, que se pudre repentinamente al entrar en contacto con el aire, quedando reducido a dos semillas.
– “Tiene que ser esto.” – sonríe el feneco. – “El corazón del Goshinboku; La semilla del Árbol Sagrado.”
En el Planeta Sagrado, un envejecido Madas ha recurrido al Dai Kaioshin.
– “Madas… ¿Eres tú?” – se sorprende el Dios Supremo que, a pesar de poder identificar el alma de su compañero, el cambio de apariencia lo ha dejado boquiabierto. – “¿Qué ha ocurrido?”
En Konats, Majora ya ha regresado junto a su amo y le ha entregado las semillas.
En unas pocas horas, los Kashvar están listos para comenzar su ritual. Los siete magos, Salabim, Bibidí, Arak, Zunama, Hoi, Iwen y Rota, todos vestidos con sus túnicas encapuchadas, forman un corro alrededor de un círculo rúnico plasmado en el centro de la sala del templo Yahirodomo. En el centro del círculo, un caldero efervescente emana extraños vapores negros y rojos.
Mientras tanto, Madas y el Dai Kaioshin viajan al Planeta del Hakaishin, donde se encuentran con el ángel Campahri, y los discípulos de Dios de la Destrucción. 
– “Disculpad nuestra presencia.” – dice el Dai Kaioshin. – “Necesitamos hablar con el Hakaishin.”
– “Se encuentra descansando en el palacio.” – responde Campahri.
– “Podéis informarnos a nosotros” – dice Champa.
– “Es un algo de suma importancia.” – dice el Dai Kaioshin. – “Por favor, informen a Sidra.”
– “Seguro que estos muchachos pueden ayudar.” – dice Campahri.
– “¡Es importante!” – insiste Madas. – “¡No hay tiempo que perder!”
– “No me gusta tu tono, viejo” – dice Beerus.
– “¡El Universo está en peligro!” – responde Madas. – “¡HAKAISHIN SIDRA!” – grita.
Beerus mira al Kaioshin con desprecio.
– “Que pocos modales.” – refunfuña Champa.
– “¡NO HAY TIEMPO PARA MODALES!” – exclama Madas. – “¡ES EL FIN! ¡LO HE VISTO!”
Esa expresión mosquea a Beerus.
– “¿Lo has visto?” – dice el gotokoneko.
Beerus se fija detenidamente en Madas.
– “Ahora lo entiendo…” – dice el felino. – “Eres más de lo que pareces… Una aberración.”
De repente, Sidra sale del palacio. 
– “¡BASTA!” – exige silencio del Hakaishin. – “Escuchemos lo que tienen que decir nuestros invitados.”
En Konats, los siente brujos colocan sus manos en el suelo y transfieren su magia al caldero, que proyecta un foco de luz roja hacia el cielo.
La energía emitida viaja hasta el Templo Sagrado y cae sobre la estatua de Hildegarn, haciéndola brillar, por cada una de sus rendijas, sorprendiendo a todos los fieles.
Finalmente, el monstruo Hidelgarn cobra vida de nuevo. 

Al moverse, gran parte del templo se derrumba sobre los fieles.
El sacerdote contempla aterrado al monstruo. 
– “No… no puede ser…” – titubea el konatsiano.
En el planeta del Hakaishin, Sidra y los demás perciben la terrible energía del monstruo.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta Champa.
– “Nunca había sentido algo así…” – murmura Beerus.
– “Qué curioso…” – dice el ángel.
– “Son ellos.” – dice Madas, llamando la atención de los presentes. – “Son los Kashvar; los autoproclamados herederos de las enseñanzas de \”el que vio\”.”

DBSNL // Capítulo 128: Familia de héroes

DBSNL // Capítulo 128: Familia de héroes
“Es posible que ataque de nuevo…”

En la Tierra, Pan, Ub y Katopesla se han reunido con Gohan, Videl y Satán en su mansión. El perro Bee, ya anciano, se ha acercado a Ub y se ha sentado a su lado meneando la cola alegremente. El justiciero espacial les cuenta su historia.
– “La Patrulla Galáctica tenía a Maji-Kayo bajo control en una prisión diseñada específicamente para contenerle, pero de algún modo se ha escapado.” – dice Katopesla. – “Alguien ha tenido que ayudarle.”
– “¿Eres de la Patrulla?” – pregunta Videl. – “¿Conoces a Jaco?”
– “Todo el mundo ha oído hablar de Jaco… Pero no soy un patrullero.” – responde el justiciero, algo avergonzado. – “Mi familia siempre ha estado vinculada a la Patrulla Galáctica… pero yo nunca he logrado pasar las pruebas de acceso.” – explica, cabizbajo.
Eso crea un momento incómodo entre los presentes.
– “¿Y dices que se alimenta de fuentes de energía potentes?” – pregunta Gohan, cambiando de tema.
– “Así es.” – responde Katopesla.
– “Le hemos visto comerse un reactor” – dice Pan.
– “Y aún así puede ocultar su rastro…” – murmura Videl.
– “Podemos intentar alejarle de toda posible fuente” – dice Gohan.
– “¿Y cómo hacemos eso?” – pregunta Pan.
– “Le mandamos al espacio” – dice Ub, mientras acaricia a Bee.
– “Su cuerpo es semi-líquido” – les recuerda Katopesla. – “No es tan sencillo.”
– “¿Cómo lo contenía la Patrulla?” – pregunta Videl.
– “Con un campo electromagnético específicamente calibrado” – responde el justiciero. – “Pero yo no soy ingeniero. No tengo los conocimientos necesarios para crear un arma así.”
Gohan esboza una sonrisa esperanzadora. 
– “Por suerte, en la Tierra tenemos unas cuantas mentes brillantes.” – dice el mestizo.
Mientras tanto, en Mizusei, el payaso crea un castillo de naipes de energía a su alrededor, formando un cilíndro que perfora el techo de la prisión y asciende hacia la superficie del planeta, evaporando el agua de su interior y creando así una vía de escape.
El payaso asciende por el túnel, cuando de repente, la vía creada estalla, dejando al malhechor en mitad del gigantesco océano.
Tres guerreros mizujín rodean al fugitivo.
– “¡Detente, Belmod!” – exclama un Patrullero, que puede hablar bajo el agua de forma telepática. – “¡No escaparás!”
El payaso sonríe y coloca su mano derecha en la boca formando un pequeño cilindro, por el que sopla, generando un globo alargado de ki rojo. Belmod moldea esa energía con sus manos hasta que obtiene la forma de un pez.
El pez de energía rodea al payaso, como si tuviera vida propia, y después se abalanza repentinamente contra uno de los mizujín, estallando en mil pedazos.
Los dos guerreros restantes se abalanzan sobre el payaso, que detiene los ataques de sus enemigos. Pese a defenderse sin dificultad, Belmod no parece cómodo dentro del agua, que es el medio que dominan los mizujín.
El payaso genera una baraja de cartas de energía, que rápidamente se organizan formando una gigantesca esfera a su alrededor y hacen que se evapore el agua de su interior. A través de sus cartas puede ver a sus enemigos rodeándole, intentando buscar el momento adecuado para atacar.
Los dos mizujín apuntan con sus manos al payaso, haciendo que la presión del agua aumente alrededor de su enemigo, intentando quebrar su barrera protectora.
– “No está mal…” – murmura Belmod. – “Pero no estáis a mi altura.” – sonríe.
La barrera del payaso empieza a expandirse lentamente, multiplicando las cartas que la forman, a pesar de los esfuerzos de los dos patrulleros.
Belmod forma una segunda barrera interior y, finalmente, hace estallar la exterior, haciendo que las cartas salgan proyectadas hacia sus enemigos, masacrándolos.
El payaso, ahora sin obstáculos en su camino, continúa su ascenso hasta alcanzar la superficie, donde estalla en una enorme carcajada.
– “Has tardado mucho” – le sorprende una voz demoníaca.
– “Me gusta disfrutar de lo que hago” – responde Belmod. – “¡Arte y entretenimiento! Son las claves de mi juego y de todo espectáculo que se precie.”
– “Bien…” – sonríe Garlick.
En la Tierra, Gohan contacta con Bulma, le explica la situación y la idea de Katopesla sobre crear campo electromagnético.
– “Es posible…” – dice Bulma. – “Pero necesito más información sobre el sujeto para poder calibrar el dispositivo.”
– “Bien, te traeremos todo lo que tenemos” – dice Gohan. – “Gracias, Bulma.”
– “No hay problema” – responde Bulma, con un guiño. – “Siempre dispuesta a ayudar.”
Katopesla alucina con la Mansión Satán y los contactos de los héroes de Satán City.
– “¿Cuál es vuestra historia?” – le pregunta el justiciero a Pan.
– “¿Nuestra historia?” – se extraña la muchacha.
– “Sí, vuestro origen” – insiste Katopesla. – “Todos los héroes tienen una increíble historia de origen. ¿Sois extraterrestres? ¿Nacisteis de un experimento? ¿Os alcanzó un rayo?”
– “¿De dónde sacas esas cosas?” – responde Pan.
– “Mi padre es el extraterrestre. Un saiyajín.” – interviene Gohan. – “Satán y Videl son terrícolas, y Pan es nuestra hija.”
– “¿Y el muchacho?” – pregunta el justiciero, señalando a Ub.
– “Él es el alma reencarnada de un viejo enemigo.” – dice Gohan.
– “¡Oh!” – se sorprende Katopesla, que saca una libreta. – “Esa es buena… Me lo apunto…”
– “¿Y cuál es tu historia?” – pregunta Ub. – “¿Tienes algún tipo de poder especial?”
– “Este traje es de mi familia.” – responde Katopesla. – “Todos han sido justicieros. Es el negocio familiar.”
Pan le mira de reojo.
– “Pues vaya fiasco de origen…” – murmura la muchacha.
– “¡No todos podemos ser tan interesantes como vosotros!” – responde Katopesla, ofendido y sonrojado.
Satán, que se encontraba hablando por teléfono, cuelga y se acerca a los demás.
– “He hablado con el alcalde.” – dice Satán. – “El reactor de emergencia está funcionado y todo ha vuelto a la normalidad.”
– “Es posible que ataque de nuevo…” – dice Gohan.
– “No en esta ciudad.” – le interrumpe Katopesla. – “Se ha enfrentado a vosotros y ahora sabe que está protegida. Buscará otro objetivo, a poder ser, uno que le permita superaros.”
– “¿Dónde se encuentra el reactor más potente de la Tierra?” – pregunta Ub.
– “¡La Corporación Cápsula!” – exclama Gohan, alarmado.
– “¡Tenemos que avisar a Bulma!” – dice Videl. – “¡Papá, intenta contactar con ella! ¡Nosotros vamos para allá!”
– “¡De acuerdo!” – responde Satán. – “¡Mucha suerte! ¡Tened cuidado!”
Katopesla se acerca a Satán y le hace una reverencia.
– “¡Muchas gracias por dejarme utilizar sus instalaciones!” – dice el justiciero.
– “¡No hay de qué!” – responde Satán, encantado de que le muestren ese respeto. – “¡Los héroes debemos ayudarnos!”
Gohan, Videl, Pan, Ub y Katopesla salen volando.
– “¡No podemos confiarnos!” – dice Gohan. – “Podríamos estar equivocados.”
– “¿Qué sugieres?” – pregunta Videl.
– “Lo mejor será dividirnos.” – dice Gohan. – “¡Yo me encargaré de la Capital del Oeste!”
– “¡Yo iré al Sur!” – dice Ub.
– “¡Me encargaré de la Capital del Norte!” – dice Pan.
– “¡Yo iré al Este!” – dice Videl.
– “¡Katopesla!” – le dice Gohan. – “¡Tú vienes conmigo! Con los satélites de la Corporación Cápsula podrás amplificar el rango de tus sensores.”
– “¡De acuerdo!” – responde el justiciero.
– “¡El primero que detecte al enemigo, que avise a los demás!” – dice Gohan. – “¡Buena suerte a todos!”
Los guerreros se separan. Tienen un plan.
En Monmaas, Son Goku se encuentra cara a cara con un misterioso personaje encapuchado.
– “¡¿Quién eres?!” – pregunta Goku. – “¡¿Por qué no he detectado tu presencia?!”
El misterioso individuo sonríe.
– “Tus sentidos están abrumados por la energía vital de este lugar.” – explica el personaje. – “Tu presencia altera el equilibrio del planeta. No ha sido difícil encontrarte, Son Goku.”
– “¡¿Me conoces?!” – se sorprende el saiyajín.
– “Solo han pasado unos años y ya te has olvidado de mí…” – lamente al personaje, mientras se quita la capucha y revela su rostro.
El encapuchado resulta ser el Kaioshin de hace quince generaciones.
– “¡¿Viejo Kaioshin!?” – exclama Goku.
– “Ese título ya no me pertenece.” – sonríe el antiguo Dios. – “Sólo llámame Madas. ¿Cómo va todo?”
Mientras tanto, en otra prisión intergaláctica, en el corazón de la estrella Atsukos, Shiras camina por los pasillos mientras elimina a todo el que se interpone en su camino. 
Finalmente, el villano llega a una celda y hace estallar su puerta. En su interior, una mujer de piel bronceada, cabello negro y un pequeño lunar en la mejilla se encuentra encadenada a un aparato supresor de ki.
La mujer mira sorprendida a Shiras.
– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta ella.
– “Deberías alegrarte de verme, Helles” – responde el antiguo patrullero.
Tras un instante, más patrulleros acuden a la celda, pero una ráfaga de flechas de ki abate a todos los justicieros.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // U3, U5, U6 y U7 / Parte XI: El consejero

Cold Chronicles / Parte XI: El consejero 
“Eres un hombre leal, Kettol.”
Tras un largo viaje, Hit ha llegado al planeta Kabasei. El asesino examina el terreno y pronto se encuentra con los cuerpos de las Fuerzas Especiales del Imperio.
– “Qué raro…” – murmura el asesino. – “Hay signos de lucha por todo el planeta, pero justo en esta zona, donde ellos perecieron, parece que el combate fue breve.”
Hit se acerca al cadáver de Tupper y se agacha para observarlo detenidamente.
– “¿Les cogieron desprevenidos? ¿O es que el rival les superaba ampliamente?” – se pregunta el asesino. – “¿Es eso posible? Al fin y al cabo, son las Fuerzas Especiales…”
Mientras tanto, la nave del Emperador ya ha llegado a Hera. Cold observa el planeta desde el ojo de buey de su nave.
– “No esperaba tener que llegar a esto.” – murmura el demonio del frío.
– “Se lo advertí, señor” – dice Sorbet. – “Los herajín son fuertes y su nuevo líder es peligroso.”
– “Parece que tenías razón.” – suspira Cold.
Un soldado irrumpe en la cámara del Emperador.
– “Hemos recibido un mensaje de Hido, señor” – anuncia el soldado. – “Solicita reunirse con un emisario.”
Sorbet enseguida interviene.
– “Podría ser una trampa, señor” – dice el consejero Imperial. – “No debería premiar a los rebeldes con su presencia.” – añade. – “Permítame asistir a mí a tal encuentro. Acompañado por un soldado de élite, por su puesto…”
Cold valora sus opciones y decide seguir el consejo de Sorbet.
– “Mantenme informado” – dice el Emperador.
– “Por supuesto, señor” – responde el consejero, haciendo una reverencia.
En el planeta de Beerus, Campahri entrena a Shiras, luchando con sus bastones. Beerus duerme plácidamente en su palacio.
El patrullero hace girar su vara con precisión y golpea la mano del ángel, haciendo que pierda su arma, y después coloca el extremo de su bastón a escasos centímetros de su cara.
– “Tus habilidades son extraordinarias, Shiras” – le felicita Campahri.
Shiras baja su arma y sonríe.
– “Me has entrenado bien” – dice el patrullero.
El ángel, satisfecho con los progresos de su alumno, busca entre su ropa un pequeño objeto del que le hace entrega; un anillo.
– “Ha llegado el momento, Shiras” – sonríe Campahri.
Shiras acepta el regalo en la palma de su mano y lo observa detenidamente.
– “Es un anillo Toki” – dice el ángel. – “Su poder permite moldear el tiempo e incluso viajar a través de él.”
– “¿Qué debo hacer?” – pregunta Shiras.
– “Estudia las habilidades que te otorga el anillo.” – dice el ángel. – “Cuando llegue el momento, lo usarás para crear un nuevo mundo.”
El patrullero parece algo confuso.
– “¿Este anillo no debería estar bajo el cuidado de los Kaioshin en Ira-aru?” – pregunta Shiras.
– “Este anillo en particular no pertenece a este universo” – dice Campahri. – “Llegó hasta aquí cuando un Kaioshin se saltó las normas… Así que nadie lo busca.”
En Hera, Sorbet, acompañado de un soldado Imperial, abandonan la nave de Cold en un pequeño vehículo espacial y viajan a la reunión con Hido, que tendrá lugar en el palacio. El soldado es una criatura humanoide de color verde oliva, con orejas puntiagudas, escleras amarillas, pupilas rojas y dos extraños bigotes en su labio superior.
– “Es un honor acompañarle en esta misión, señor Sorbet” – dice soldado.
– “Me han hablado bien de ti, Kettol” – responde el consejero Imperial. – “Parece que has solicitado entrar en las Fuerzas Especiales, ¿no es cierto?”
– “Sí, señor.” – responde el soldado. – “Sería un honor. Todo por servir a al gran Rey Cold y al Imperio.”
– “Eres un hombre leal, Kettol.” – sonríe Sorbet.
– “Gracias, señor.” – dice el soldado, honrado con tal comentario.
Una vez en el palacio, los dos personajes son guiados por una patrulla herajín hasta la sala del trono, donde son recibidos por Hido, que está escoltado por uno de sus hombres.
Los cuatro personajes se quedan a solas.
– “¿Ya está todo listo?” – sonríe Sorbet.
– “La mayoría de soldados han regresado de sus misiones y se encuentran en el planeta.” – dice Hido. 
El líder herajín se pone en pie y con un rápido movimiento propina un golpe con el dorso de su puño al soldado que lo escolta, noqueándolo.
Kettol, sorprendido ante tal acción por parte del líder herajín, se pone en guardia.
– “¡¿Qué ocurre?!” – exclama el soldado. – “¿Qué significa esto?”
Hido hace un gesto para que se mantenga en silencio.
– “Soy el Capitán Ginyu” – dice Hido.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Kettol.
– “Así es” – confirma Sorbet.
Kettol, confuso, pero siempre a las órdenes del Imperio, se arrodilla ante el Capitán.
– “Es un honor, señor” – dice el soldado. – “Desconocía…”
– “No te preocupes, Kettol”. – dice Ginyu.
El soldado se sorprende de que el Capitán sepa su nombre.
– “Sorbet y yo hemos leído tu informe y te hemos elegido personalmente para llevar a cabo una misión de vital importancia.” – dice Ginyu.
– “Gracias, señor” – dice Kettol.
– “Ocuparás mi lugar como líder herajín y ordenarás a tus hombres que se preparen para la guerra.” – dice Ginyu. 
– “¿Contra el Imperio?” – se extraña Kettol. – “¿Por qué?”
– “Por el Imperio y nuestro Rey” – dice Sorbet.
Kettol asiente.
– “De acuerdo, señor” – responde el soldado.
– “Bien.” – sonríe Ginyu, mientras coloca sus brazos en cruz.
En Kabasei, Hit continúa la investigación sin encontrar nada relevante.
De repente, un suave pitido alarma al asesino, que enseguida busca su origen.
Cerca de allí, Auta Motrocco, con su estómago abierto y derramando lava, que cada vez es más viscosa porque se está enfriando, lucha para mantenerse con vida.
– “¿Quién os ha hecho esto?” – le pregunta Hit.
Motrocco, con su último aliento, señala un trozo de armadura que se encuentra en el suelo, con el símbolo de la Patrulla Galáctica, que pertenecía al fallecido Torbie.
En Hera, Sorbet y Kettol han regresado a la nave del Rey, con el que se han reunido.
– “No piensan rendirse, señor” – explica Sorbet.
– “Siento mucho que esta sea su decisión.” – dice Cold.
Un soldado entra en la sala e informa al Rey.
– “¡Los herajín han empezado a movilizarse, Su Majestad!” – dice el soldado.
Cold, con sumo pesar, responde a su hombre.
– “Que abran la escotilla superior” – dice el demonio del frío. – “Voy a salir.”
El Rey Cold sale de la nave y contempla el planeta Hera en silencio.
En la superficie del planeta, los soldados se preparan. Una decena de vehículos ya ha alzado el vuelo en dirección a la nave Imperial.
Cold alza su mano, con su dedo índice apuntando hacia arriba.
– “Que esto sirva de lección a los demás planetas” – murmura el Rey. – “No busco guerra, pero no puedo tolerar la insubordinación.”
Una pequeña mota de energía se materializa sobre el dedo del Rey, pero enseguida crece hasta convertirse en una gigantesca esfera que brilla como si de una estrella se tratara.
Los soldados herajín contemplan con horror y fascinación el nuevo astro que ha aparecido en el cielo.
En el balcón del palacio, Hido mira al cielo.
– “Larga vida al Imperio” – murmura el herajín.
Cold lanza su ataque y éste cae sobre Hera arrasando con todas las naves enemigas que encuentra en su camino. Finalmente, la esfera de energía impacta con la superficie del planeta y penetra en su corteza hasta alcanzar el núcleo, cuando estallar, desintegrando Hera en una gigantesca explosión de luz.
Sorbet y Ginyu observan lo ocurrido desde el ojo de buey de la nave.
– “El Imperio ahora es más fuerte. El Universo no olvidará esta lección.” – dice Sorbet. – “Ha cumplido su misión, Capitán Ginyu. Enhorabuena.” – felicita a su hombre de confianza.
– “Gracias, señor” – responde el Capitán.
Mientras tanto, el centro de comunicaciones está recibiendo el parte de Hit, y enseguida informan a Sorbet.

En el planeta del Hakaishin, Campahri alza su mirada al cielo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shiras.

En el palacio, Beerus mueve su oreja ligeramente, pero enseguida se agarra a la manta para seguir durmiendo.

En el Planeta Sagrado, Shin y Kibito también sienten lo ocurrido.

– “Hera…” – murmura Kibito.
– “Ya no existe…” – añade Shin.

En un templo sombrío, Sidra y Paikuhan pasean cuando al anciano lo invade una terrible sensación.

– “¿Se encuentra bien?” – pregunta Paikuhan.
– “Cold…” – murmura Sidra, preocupado.

Lejos de allí, el Rey regresa a su cámara, donde le espera su consejero.
– “Ha sido magnífico, señor” – dice Sorbet.
Cold ignora a su hombre.
– “Me han comunicado que su asesino ha averiguado cierta información sobre lo ocurrido en Kabasei.” – dice Sorbet.
– “¿Sabe quién ha eliminado a nuestras Fuerzas Especiales?” – pregunta Cold.
– “Aún desconoce la identidad del individuo, pero parece estar relacionado con la Patrulla Galáctica.” – dice el consejero.

Cold, de mal humor por las represalias que se ha visto obligado a tomar, se sienta en su silla con desgana.
– “Rumbo al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.” – ordena Cold. – “Informad a Hit. Nos veremos allí.”
– “De acuerdo, señor.” – dice Sorbet antes de retirarse.
Fuera de la cámara, Ginyu lo espera.
– “Así que la Patrulla, ¿eh?” – murmura el soldado. – “Voy a hacerles pagar la muerte de mis hombres.”
– “No tan rápido” – le interrumpe Sorbet. – “Tengo una nueva tarea para ti.” 
– “¿Qué puede ser más importante que esto?” – pregunta Ginyu.
– “Quiero información sobre ese asesino a sueldo.” – responde el consejero. – “Debemos saber si es una amenaza.”
Sorbet entrega un pequeño dispositivo de memoria al Capitán.
– “Sigue la ruta marcada hasta el planeta Numa.” – dice el consejero.
– “¿Quién es mi contacto?” – pregunta Ginyu.
– “No te preocupes.” – sonríe Sorbet. – “Él te encontrará.”