DBSNL // Capítulo 391: Gendarmeria

DBSNL // Capítulo 391: Gendarmeria

“Ni siquiera conoces el origen del poder que adoras, viejo.”

En la Tierra Sagrada de Karín, cerca de la torre, Piccolo ha sido arrastrado hasta el bosque, donde se defiende de los continuos ataques de una docena de clones enemigos que se ocultan entre las copas de los árboles y se abalanza sobre él uno tras otro.

En la cima de la Torre de Karín, Glorio destroza el lugar mientras busca el agua, mientras el Duende lo observa desde la escalera, con las manos en la espalda.

– “¿Dónde está…?” – refunfuña el ladrón.

Piccolo se cubre ante un ataque de ki enemigo. La explosión sacude el bosque.

– “Este es un lugar sagrado.” – protesta el namekiano.

Tres explosiones más.

De repente, los brazos del namekiano brotan del suelo bajo los pies de dos enemigos y les agarra una pierna.

– “¡¿KYAH?!” – se sorprenden.

Piccolo tira de ellos y los entierra por completo.

El namekiano sale de la polvareda, elevándose a toda velocidad.

Los clones salen volando a por él.

Piccolo sonríe, pues ha conseguido alejarlos del bosque.

Uno de los enemigos le alcanza y lo golpea… pero resulta que el namekiano al que perseguían es solo una imagen residual.

Desde tierra firme, Piccolo extiende sus brazos hacia sus adversarios, sorprendiéndolos por la espalda, enrollándolos en cada uno de ellos como una serpiente, sin dejarse ninguno, e inmovilizándolos.

– “¡¿AAAH?!” – se sorprenden todos. – “¡¡KYAAAH!!” – gritan.

Piccolo aumenta la fuerza de su agarre, estrujando cada vez más a sus enemigos hasta acabar con ellos.

– “Je.” – sonríe el namekiano, mientras sus brazos vuelven a la normalidad.

Pero rápidamente, un pequeño temblor llama su atención.

Dos montículos aparecen en el suelo, donde habían sido enterrados los dos clones, y de ellos brotan nuevas copias, algunas con extremidades rotas por la presión que han ejercido las unas contra las otras para lograr liberarse a base de multiplicarse hasta que han logrado alcanzar la superficie.

– “Ah… ah…” – respiran de nuevo, aliviados.

Piccolo frunce el ceño.

En Mithra, el Barón ha llamado a Shisami a su despacho. Gomah ha ido a recogerlo a sus aposentos y ya lo lleva de camino al ascensor.

Cheelai y Gohan Jr lo siguen de cerca, pero intentando no llamar la atención.

Cuando Gomah se detiene frente al elevador, Shisami parece no darse cuenta y lo golpea por la espalda, haciendo que el bufón se caiga de morros al suelo.

– “¡Mira por dónde vas!” – protesta el bufón.

– “Lo siento.” – responde Shisami. – “Eres muy pequeño.”

El akaburu lo agarra de la cabeza para ponerlo en pie.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – patalea Gomah.

Shisami lo sacude con la mano para quitarle el polvo.

– “¡SUÉLTAME!” – insiste el bufón.

La tarjeta de acceso de Gomah se cae al suelo y Shisami la pisa rápidamente para ocultarla.

El akaburu deja al bufón en el suelo.

Gomah se recoloca la capa, intentando recuperar su dignidad.

– “Salvajes…” – refunfuña el bufón. – “Eso es lo que son…”

El ascensor se abre y Gomah entra el primero.

Shisami aprovecha para patear sutilmente la tarjeta hacia atrás, hasta donde se encuentran sus compinches. 

Los dos se montan en el ascensor y se marchan hacia el despacho del Barón.

Cheelai recoge la tarjeta.

– “Eres un genio, Shisami.” – sonríe ella.

– “¿Esto funcionará?” – pregunta Gohan.

– “No tenemos mucho tiempo…” – responde Cheelai. – “¡Manos a la obra!”

En la Tierra, Glorio ha encontrado la tetera que alberga el agua Ultradivina. 

– “¿Qué pretendes?” – pregunta Karín. – “¿Hacerte más fuerte?”

– “No te importa.” – responde el ladrón.

– “¿Por qué profanas un lugar sagrado?” – insiste el Duende. 

– “Ni siquiera conoces el origen del poder que adoras, viejo.” – refunfuña Glorio.

Glorio se lleva la tetera, sube por la escalera y se sube al balcón.

Karín lo observa sin intención de detenerlo.

Piccolo atraviesa la cabeza de uno de los clones con un disparo láser de sus ojos.

– “¿EH?” – se da cuenta de que una nave ha aparecido de la nada en la cima de la torre, como si se hubiera hecho visible de repente.

El namekiano se prepara para salir volando, pero los clones se le echan encima.

La nave abre una su compuerta frente a Glorio, que se prepara para subir.

Pero de repente, una corriente de aire alerta al ladrón, que mira hacia atrás por encima de su hombro.

Ub ha aparecido con el Shunkanido y, con un rápido movimiento, le arrebata la tetera.

– “¡UB!” – se sorprende gratamente el Duende Karín.

El muchacho de Isla Papaya da un salto hacia atrás para poner distancia.

– “¿No te han enseñado que robar está mal?” – pregunta Ub.

Glorio se baja del balcón, claramente fastidiado.

– “Sé quién eres.” – dice el ladrón. – “Y permíteme decirte que esto te supera.”

Piccolo, mientras pelea con sus adversarios, puede ver un rayo salir de la torre.

Ub salta por el balcón, protegiendo la tetera en sus brazos. Ha evadido del disparo de Glorio.

En Mithra, Cheelai y Gohan Jr se suben al ascensor usando la llave de acceso de Goham.

En el despacho del Barón, Shisami habla con Degesu. Gomah está de pie frente a la mesa, escuchando atentamente.

– “No tengo intención de anexionar Mithra al Imperio.” – dice Degesu. – “Pero no me importaría abrir una ruta comercial para iniciar…”

– “Creo que no ha comprendido la posición del Imperio.” – lo interrumpe el akaburu.

– “Hmm…” – se molesta el Barón.

Gomah mira a Degesu temiendo su reacción.

– “No somos la Patrulla Galáctica.” – continúa Shisami. – “Y de momento, tampoco tienen un acuerdo con ellos, así que no están bajo su protección.”

Gomah golpea el suelo con su vara.

– “¿Cómo osas hablarle así al Barón?” – protesta el bufón, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

Shisami inclina ligeramente la cabeza como muestra de respeto a Degesu.

– “Solo pretendo dejar clara la postura del Imperio y del señor Cooler.” – dice el akaburu. – “No es mi intención ofender a nadie.”

Degesu afila su mirada.

Mientras tanto, Cheelai y Gohan Jr recorren las instalaciones subterráneas, pasando por grandes comedores vacíos, gimnasios y grandes habitaciones llenas de literas.

– “¿Qué clase de operación están llevando a cabo?” – se pregunta Cheelai.

Tras una puerta, llegan a un balcón que da a un gigantesco hangar.

– “Vaaaya…” – alucina Gohan.

Cientos de soldados conejo están formando y desfilando, recibiendo instrucción militar.

– “El Barón… se está preparando para la guerra.” – entiende Cheelai.

– “¿Contra quién?” – se pregunta Gohan.

Docenas de tanques de alta tecnología están siendo puestos a punto.

Una inmensa bandera del régimen de Degesu, con un ojo rodeado por un estilizado laurel rojo preside el hangar.

– “Cualquiera que se le oponga.” – responde la patrullera brench.

DBSNL // Capítulo 389: Degesu

DBSNL // Capítulo 389: Degesu

“Debemos tener cuidado.”

El Barón ha recibido a Cheelai y Gohan Jr en su lujoso despacho.

– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”

Cheelai hace una pequeña reverencia de cortesía al Barón y Gohan la imita.

– “Gracias por recibirnos.” – dice ella. – “Estábamos en una misión en este sistema, pero nuestra nave ha sufrido daños y…”

– “¿Qué hacía la Patrulla Galáctica en Razan?” – la interrumpe el ira-aru.

Cheelai levanta las cejas, un poco sorprendida.

– “Misión de reconocimiento.” – afirma la patrullera.

Degesu sonríe.

– “Desconocíamos la existencia de una civilización en este sistema.” – dice Cheelai. – “Nuestro deber ahora es informar al Cuartel General, para que se puedan iniciar contactos diplomáticos.”

– “Contactos diplomáticos.” – repite Degesu con cierto retintín. – “Parece que hoy es el día en que Mithra se abre al Universo.”

El Barón materializa una campanilla en su mano y la hace sonar.

En unos segundos, un pequeño ser vestido con un traje de arlequín negro y amarillo y una capa granate, con la cara blanca con dos marcas rojo bajo sus ojos entra en el despacho.

– “A sus órdenes, Barón.” – se presenta.

Dibujado por Ipocrito

– “Trae a nuestro invitado.” – dice Degesu.

El bufón se marcha con una reverencia.

Cheelai y Gohan se miran de reojo, con clara sospecha.

El bufón regresa acompañado de un gigantón de piel roja y cuernos negros, vestido con armadura imperial.

– “Gracias, Gomah.” – sonríe Degesu. – “Os presento al señor Shisami, Comandante del Imperio.”

– “Shisami…” – repite Cheelai, sorprendida de ver a alguien de tan alto rango en el Imperio en ese lugar.

– “Hmm…” – murmura Shisami.

La tensión es palpable entre la Patrulla Galáctica y el Imperio.

Mientras tanto, en el castillo del Rey Kadan, en Erezúant, Sambuco está apoyado en la barandilla del acantilado con vistas a la aldea, pero con la mirada puesta en el cielo.

Broly se acerca a él y se coloca a su lado.

– “¿Hay algo interesante ahí arriba?” – mira también al cielo.

– “Siempre.” – respondo el anciano.

Broly lo mira de reojo.

– “¿Quién eres?” – pregunta el saiyajín.

Sambuco lo mira, risueño.

– “Solo soy un pobre anciano.” – responde el viejo.

– “Je.” – sonríe Broly.

Sambuco se marcha hacia el castillo.

– “Me voy a la taberna.” – levanta la mano para despedirse, sin darse la vuelta. – “Seguro que Peonia me echa de menos. ¡Soy su mejor cliente!”

En Mithra, Gomah ha llevado a los invitados de Degesu hasta una sala presidida por una mesa llena de comida. 

Cheelai y Shisami se quedan apoyados cada uno en paredes opuestas de la sala, los dos con los brazos cruzados.

Gohan es el único que se acerca al banquete, hambriento, pero pronto se da cuenta de que todo es comida vegetariana. 

El muchacho agarra una verdura asada, parecida a una zanahoria, y la mira con desilusión.

Cheelai y Shisami se miran con desconfianza a través de la sala.

– “¿Qué se le ha perdido al Imperio en un sistema como este?” – se lanza Cheelai.

– “Nada que le importe a la Patrulla Galáctica.” – responde Shisami.

La patrullera frunce el ceño.

Gohan muerde la punta de la zanahoria.

– “No está mal…” – murmura el muchacho. – “Es mejor que las raciones.”

Cheelai resopla, hastiada por la actitud de Shisami.

– “Habéis interceptado nuestras comunicaciones, ¿no?” – refunfuña ella.

– “¿Las que hacíais con nuestros satélites?” – protesta el akaburu.

– “Entonces ya sabes a lo que hemos venido.” – dice Cheelai. – “Solo respondemos a una solicitud de ayuda.”

Shisami resopla por la nariz, un poco molesto.

– “Solo estamos investigando.” – revela el akaburu. – “Si la Patrulla Galáctica está expandiendo su zona de influencia, debo hacer un informe.”

El toro mira de reojo a Gomah. El bufón se ha subido a la mesa y hace girar un plato de comida sobre la punta de bastón, ante los aplausos de un entusiasmado Gohan Jr.

– “No esperaba encontrarme una civilización tan avanzada en este sistema.” – dice el akaburu.

– “Parece que toda su infraestructura se concentra alrededor de este edificio.” – confirma Cheelai.

– “Ese ira-aru que se hace llamar Barón amasa todo el poder.” – dice Shisami.

– “Debemos tener cuidado.” – dice Cheelai. – “Estoy seguro de que puede leerte la mente.”

– “Genial.” – refunfuña el akaburu.

Atardecer en Mithra. En su despacho, Degesu observa el paisaje frente a la enorme cristalera con las manos en su espalda.

Gomah y sea cerca al ira-aru con una reverencia.

– “Barón.” – dice el bufón. – “Nuestros invitados ya están en sus aposentos.”

– “Excelente.” – responde Degesu, sin dejar de mirar por la ventana.

– “¿Supone esto un problema en sus planes, señor?” – pregunta Gomah.

– “Es solo un… inconveniente.” – asiente el ira-aru. – “Que todos sigan trabajando como hasta ahora. Pronto estaremos listos.”

– “Por supuesto.” – responde Gomah con otra reverencia.

El bufón se retira.

– “Gomah.” – lo detiene Degesu.

– “Sí, señor.” – se gira rápidamente.

– “¿Dónde está Glorio?” – pregunta el Barón.

– “Ha abandonado el planeta.” – revela el bufón. – “Ella le ha encomendado una misión.”

Un instante de silencio que a Gomah se le hace eterno.

– “Entendido.” – responde finalmente el Barón.

En la oscuridad de un laboratorio, una ira-aru fuma de una larga boquilla, con su rostro iluminado solo por las múltiples pantallas de ordenador.

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

DBSNL // Capítulo 387: Rumbo a Razan

“Una nave ha entrado en el sistema Yazata.”

En la nave de la Patrulla Galáctica, Cheelai teclea en el panel de comandos, intentando recuperar la conexión con Erezúant.

– “Esta misión es un aburrimiento.” – se queja Gohan Jr.

– “Somos el apoyo de nuestros compañeros.” – dice Cheelai. – “No vas a ser siempre el protagonista.” – sonríe ella.

– “La próxima vez me voy con papá.” – la mira de reojo, buscando pelea.

– “A mí no me mires.” – responde ella. – “Las misiones las decide Lemon; yo no tengo nada que ver.”

– “No cuela.” – protesta él.

Mientras tanto, en Erezúant, en la sala del trono, Karza se arrodilla frente al Rey Kadan.

– “He oído el testimonio de la Patrulla Galáctica.” – dice el Rey. – “Y tendré en cuenta el arrepentimiento mostrado por el muchacho.”

Karza tiene la cabeza agachada y lágrimas en los ojos.

Lady Gladyola está de pie, firme, al lado del Rey.

Detrás del muchacho, esperando la resolución, se encuentran Panzy, Tarble, Broly, Hybis y Sambuco.

– “Pero, sobre todo…” – continúa Kada. – “…me guiaré por el testimonio de mi hija.” – revela. – “Pues el futuro de Erezúant depende de ella y de su juicio.” – comparte una mirada cómplice con Panzy.

Lady Gladyola contiene su sonrisa, pero sus ojos la delatan.

– “Karza queda a cargo de la Patrulla Galáctica.” – anuncia Kadan.

Broly da un paso al frente, sorprendiendo a Tarble.

El saiyajín coloca la mano sobre el hombro del muchacho.

– “Agradecemos su confianza, Majestad.” – dice Broly.

Kadan asiente.

– “Pero su abuelo, el saiyajín Torpin…” – dice el Rey, con gesto serio. – “Tras su negativa a aceptar la ley de su raza, la Corona de Erezúant se hará responsable de su destino.”

Lágrimas se deslizan por el rostro del joven mestizo.

Tarble da un paso al frente.

– “Creo que la Patrulla Galáctica tiene las medidas de contención óptimas para alguien como él, Majestad.” – dice el saiyajín.

– “Es probable.” – responde Kadan. – “Y agradecemos la ayuda de la Patrulla Galáctica.” – se toma unos segundos. – “Pero seguimos siendo un planeta soberano y, como tal, nuestro sistema de justicia sigue vigente.”

Tarble mira de reojo al afligido Karza. Le gustaría ayudar al joven, pero asumir el peso de las relaciones intergalácticas es parte del trabajo.

El patrullero hace una reverencia y da un paso atrás.

Kadan carraspea.

– “En cuanto a los bandidos detenidos al otro lado del Valle de los Sordos, cumplirán con sus trabajos asignados y después se les exigirá que abandonen el planeta.” – sentencia el Rey.

– “Me encargaré personalmente, Su Majestad.” – responde con una reverencia Gladyola.

– “Qué centren sus esfuerzos en arreglar la nave de los patrulleros.” – insiste el Rey. – “Queremos recuperar nuestro tesoro cuanto antes.”

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr están entrando en el sistema Yazata, donde el planeta Erezúant orbita la estrella Daeva.

– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico, con hastío.

– “Esperaremos.” – responde su madre. – “Deja de quejarte.”

– “¡No me he quejado!” – protesta Gohan.

En ese instante, una señal aparece en el radar de la nave. 

– “¿Qué ocurre?” – levanta una ceja el chico, deseando que sea algo interesante.

– “Una nave ha entrado en el sistema Yazata…” – dice Cheelai, tecleando en el panel de comandos, intentando averiguar algo más sobre el objeto no identificado.

– “¿Quién es?” – pregunta Gohan.

– “No parece de los nuestros…” – lee unos códigos en pantalla.

En el moderno despacho donde Glorio fue interrogado, un centinela conejo irrumpe para avisar al Barón.

– “Una nave no identificada se dirige hacia aquí.” – avisa el centinela.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – pregunta, molesto. – “¿Tan pronto?”

– “No, señor.” – responde el conejo. – “Viene desde el exterior de nuestro sistema.”

– “¿Hmm?” – se extraña el Barón.

El conejo se queda en silencio y se toca la oreja. Le hablan por un auricular.

– “Señor…” – dice el centinela. – “Parece que hay otra nave siguiendo a la primera.”

Cheelai y Gohan persiguen el rastro de la misteriosa nave.

– “Es muy rápida.” – protesta ella. – “A este paso, la perderemos.”

– “¿Seguro que vamos en la dirección correcta?” – pregunta Gohan.

– “La nave ha calculado su ruta…” – dice Cheelai, mirando el mapa dibujado por la computadora. – “Se dirige hacia este planeta de aquí.” – lo amplia. – “El segundo planeta del sistema Yazata; Razan.”

– “Genial.” – sonríe Gohan, listo para la acción.

Cheelai no parece convencida.

– “Creo que deberíamos esperar hasta contactar con Tarble y Broly.” – dice la patrullera.

– “¡Nooo!” – protesta Gohan de manera infantil. – “¡Se va a escapar!”

– “Es imprudente.” – insiste Cheelai.

– “Antes de que se cortara, hablaban de que ese tal Glorio había salido del planeta.” – replica Gohan. – “¡¿Y si es él?!”

– “Más motivo para ser cuidadosos.” – sentencia ella.

– “Mamá…” – se queja él.

El chico carraspea y recupera la compostura de patrullero.

– “Seamos prudentes. Está bien.” – acepta Gohan. – “Pero sigamos esa nave hasta su destino. Misión de reconocimiento.”

Cheelai suspira.

– “No me vas a dejar tranquila, ¿no?” – sonríe ella.

– “No.” – responde él, rápidamente.

– “Está bien…” – claudica Cheelai. – “Pero sin correr ningún riesgo.”

– “¡BIEEEN!” – celebra Gohan. – “Ehem…” – carraspea al darse cuenta. – “Quiero decir…” – recupera de nuevo la compostura. – “Afirmativo.”

Una cápsula circular individual del Imperio cruza el sistema en dirección al Planeta Razan. La Patrulla Galáctica la sigue desde una distancia prudente, esperado no ser detectados.

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

DBSNL // Capítulo 386: Día de descanso

“¿Qué le pasará a mi abuelo?”

Cheelai y Gohan Jr siguen volando hacia Erezúant. La patrullera intenta conectar con el Cuartel General de la Patrulla Galáctica para comunicarles su posición, pero sin éxito. El chico se ha quedado dormido en su silla.

Una llamada entrante la sobresalta.

– “Agente Cheelai al habla.” – responde ella. – “Adelante.”

– “Aquí Tarble.” – saluda el saiyajín.

– “Supongo que son buenas noticias.” – sonríe Cheelai.

– “Hemos capturado a un sospechoso. No quiere colaborar. Ni siquiera nos ha dado su nombre… así que por ahora lo llamamos Dokugan.” – informa el patrullero. – “Todo parece indicar que pertenece a una banda organizada, liderada por un tal Goichi. Voy a mandarte una posible insignia para que puedas introducirlo en la base de datos, a ver qué tenemos sobre ellos.”

– “Recibido.” – asiente Cheelai. – “Aunque tengo problemas para conectarme con el Cuartel General.” – advierte. – “¿Habéis recuperado vuestra nave?”

– “Estamos en ello…” – suspira Tarble.

– “Salúdala de mi parte.” – se escucha a Hybis de fondo.

Mientras tanto, al lado de los establos del palacio del Rey Kadan, la nave de la Patrulla Galáctica está siendo trasteada por un grupo de forasteros.

Los establos son una gran construcción de barro y madera en forma de salas y túneles, por los que de vez en cuando asoma la cabeza algún roedor de los que se usan como montura.

Entre los trabajadores, destaca el mercenario Melone. 

Panzy observa de cerca lo que hacen, con gran interés.

– “¿Y eso que es?” – pregunta la Princesa, señalando una parte del motor que está manipulando brench.

– “Es el hyperimpulsor” – responde Melone.

– “¿Y qué hace?” – pregunta ella.

Lady Gladyola hace guardia, apoyada en la pared del establo, sin quitarle el ojo de encima a la Princesa.

Melone da un martillazo, que cerca esta de pillarse el dedo, y se pone de mal humor.

– “¿Por qué no te vas a peinar muñecas, niña?” – protesta el brench.

Gladyola frunce el ceño y se incorpora.

Panzy suspira.

– “El Rey Kadan se ha portado muy bien con vosotros, creo.” – dice ella. – “Puede que vuestro lugar sea el calabozo, con vuestro amigo el tuerto.” – sonríe con picardía. – “¿Debería hablar con mi padre?”

Un forastero le lanza un tornillo a Melon en la cabeza.

– “¡BRENCH IDIOTA!” – lo recrimina. – “¡¿ES QUE QUIERES METERNOS EN OTRO LÍO?!”

– “Tsk…” – Melon se frota el chichón.

Gladyola vuelve a apoyarse en la pared, esbozando una media sonrisa, orgullosa al ver que la princesa puede defenderse sola.

En el calabozo, Dokugan está encerrado en una celda, esposado a la pared con los brazos en alto.

– “¡¡BASTARDOS!!” – protesta el cíclope. – “¡¡SOLTADME!!”

Dokugan desiste, agotado.

En la celda colindante, Torpin está en estasis en un sarcófago metálico con cubierta de cristal que luce el símbolo de la Patrulla Galáctica.

Dos centinelas del Rey custodian cada celada, armados con lanzas.

Desde un balcón del palacio, Karza está mirando la aldea bajo el acantilado. Broly lo acompaña.

– “¿Qué le pasará a mi abuelo?” – pregunta el joven, apenado.

– “Será juzgado.” – responde Broly, que se apoya en la barandilla.

– “¿Va a morir?” – insiste Karza.

– “El Rey Kadan tiene la palabra. Es su jurisdicción.” – responde el patrullero. – “No sé si Erezúant tiene los recursos para mantenerlo encerrado. Eso puede ser un problema.”

– “¿Y qué me pasará a mí?” – pregunta con miedo el muchacho.

Broly mira al suelo, pensativo.

– “Puedes intentar convencer al Su Majestad de que todo fue culpa de Torpin. Apelar al corazón del Rey.” – sugiere el patrullero. – “Explicar que tú no puedes controlar tu poder; que solo querías proteger a tu abuelo.”

– “¿Eso serviría de algo?” – pregunta Karza.

– “¿Me preguntas si podría librarte de un peor castigo? Es posible.” – dice Broly. – “¿Te ayudará a dormir mejor por las noches? No lo creo.”

Karza se cubre el rostro con las manos, avergonzado. Lágrimas en sus ojos.

– “Creo que… mi muerte sería lo mejor para todos…” – sufre el joven.

Broly esboza una media sonrisa, sintiéndose reflejado en el muchacho.

– “La gente que queremos, a veces puede guiarnos por caminos equivocados.” – comparte su experiencia el saiyajín.

– “¿Por qué…?” – pregunta el joven.

– “A veces, creen que están en lo cierto.” – responde Broly. – “Otras, simplemente no quieren caminar solos.”

Karza se limpia las lágrimas con el antebrazo. Broly coloca la mano sobre el hombro del chico.

– “Pero ahora, tú puedes decidir.” – dice el patrullero. – “No estás solo; pero es tu camino.”

El muchacho asiente repetidas veces, intentando convencerse de que debe hacer lo correcto.

En la plaza del pueblo, un centenar de soldados, con la ayuda de Oxyedas, arrastran el cadáver del tragacielos por las calles a modo de procesión, exhibiendo la victoria a su gente.

Los aldeanos observan incrédulos a la bestia. Los más jóvenes creían que esa criatura era solo una leyenda. Los más ancianos hacía siglos que no habían visto a uno en otro lugar que no fuera en sus pesadillas.

En una sala del palacio, Tarble sigue hablando por radio, con Hybis ocupándose de mantener la señal, trasteando los comandos de la antena parabólica.

– “¡Toda una aventura…!” – dice la patrullera, asombrada con el informe resumido que le ha hecho Tarble.

– “Y nosotros no estábamos…” – refunfuña Gohan. 

– “Dokugan no nos ha dado nada.” – suspira Tarble. – “Pero parece que el mestizo saiyajín está de nuestro lado.”

– “Pobre chico…” – murmura Cheelai, como madre, mirando de reojo a su hijo.

– “Al parecer, el ladrón que buscamos habló con el viejo saiyajín antes de llegar al asentamiento de bandidos.” – dice el patrullero. – “Creemos que consiguió una nave, así que debemos asumir que ha abandonado Erezúant.”

– “¿Sabemos a dónde ha podido ir?” – pregunta Cheelai.

– “Aún no lo sabemos.” – responde Tarble. – “Ha tenido tiempo de escapar a otro sistema.” – lamenta. – “A menos que el cíclope decida colaborar, será casi imposible encontrarlo.”

En el calabozo, Sambuco recorre el pasillo con las manos en la espalda hasta llegar a la celda de Dokugan.

Los guardias empuñan sus lanzas, apuntando al inesperado visitante.

– “¡ALTO!” – exclama uno.

– “¡¿A dónde te crees que vas, anciano?!” – pregunta el otro.

El cíclope abre su ojo al oír el alboroto.

Sambuco sonríe amablemente.

– “¿Os importaría abrir la celda y dejarnos a solas?”” – pregunta el viejo.

Sin mediar palabra, los solados bajan sus armas, como en un extraño trance. Abre la celda del cíclope y se marchan.

Dokugan, confuso, observa al anciano entrar en su celda.

– “¿Quién eres tú?” – se pregunta el cíclope. – “¿Qué quieres de mí, viejo?”

Sambuco no pierde su gesto amable.

– “Solo información.” – responde el anciano.

Sambuco se acerca al cíclope en silencio y extiende su mano hacia él.

– “¿Qué haces…?” – intenta apartarse Dokugan, asustado. – “¡No te acerques! ¡NO ME TOQUES! ¡AYUDA! ¡AAH!”

Tarble sigue hablando con Cheelai.

– “Estaremos ahí en unos días.” – calcula ella, tecleando en su panel de comandos.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Aunque si todo va bien, no necesitaremos vuestros refuerzos. Lamento haberos hecho venir hasta aquí.”

– “Yo también lo lamento.” – protesta Gohan. – “Qué aburrimiento.” – suspira.

– “Shht.” – lo calla Cheelai. – “No pasa nada.” – le responde a Tarble. – “Es nuestro deber.” – añade mirando de reojo a su hijo.

– “Gracias.” – responde el saiyajín.

– “Es un placer recibirlos.” – se escucha a Hybis. – “Ella puede quedarse en mi casa.”

– “Shht.” – lo calla Tarble.


En ese instante, Lady Gladyola entra en la sala.

– “Siento interrumpiros.” – dice la guerrera. – “Pero tenemos una confesión de Dokugan.”

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Tarble.

– “Glorio ha huido al Planeta Razan.” – revela Gladyola.

Interferencias la radio de Cheelai y Gohan Jr.

– “¿Qué ocurre?” – intenta recuperar la señal tecleando en la mesa de comandos. – “¿Se ha cortado?”

– “¿Otra vez?” – resopla el chico.

– “Vaya…” – se cruza de brazos la brench, frustrada.

En el centro de mando fronterizo del Imperio, Peral apaga su centralita. Está sudando, asustado.

– “Buen trabajo.” – dice una voz detrás de él.

Peral agacha la cabeza, apenado.

Una gran mano roja se coloca sobre el hombro del aterrado soldado.

– “Planeta Razan.” – repite la voz.