DBSNL // Capítulo 373: Misión diplomatica
“Soy el contacto.”
Una nave de la Patrulla Galáctica surca el espacio.
En su interior, Tarble y Broly se preparan.
– “20 minutos para llegar al destino.” – anuncia la inteligencia artificial de la nave. – “Planeta Erezúant.”
Tarble se enfunda su coraza de patrullero, mientras Broly se coloca sus muñequeras.
– “¿Kale sigue enfadada?” – pregunta Tarble.
– “Mucho.” – responde Broly.
– “Mira que no permitirle participar en misiones…” – refunfuña Tarble.
– “La patrulla no entiende a los saiyajín.” – dice Broly.
– “No están acostumbrados a lidiar con una raza guerrera.” – se golpea el pecho Tarble.
Broly tira de su muñequera elásticas y la suelta, y cierra su mano para comprobar que está debidamente ajustadas.
– “¿Qué me cuentas de la misión?” – pregunta Broly.
– “No te has leído el informe.” – lo mira Tarble de reojo, juzgándolo.
– “Jeje…” – sonríe Broly.
Tarble se cruza de brazos.
– “Al parecer se trata solo de un robo.” – explica el saiyajín. – “El planeta está más allá de los límites de la Patrulla Galáctica, pero aun así han solicitado nuestra ayuda.” – continúa. – “Así que tenemos que ser muy diplomáticos…” – advierte. – “Un contacto nos espera para contarnos los detalles y hacer las debidas presentaciones.”
– “¿Un contacto?” – pregunta Broly.
– “Aunque la Patrulla no tiene presencia oficial en algunos planetas, siempre intenta estar al tanto de todo mediante informadores; agentes que viven en secreto en el planeta e informan al Cuartel General cuando aparece una amenaza u ocurre algo que pueda ser de interés para proteger el universo.” – explica.
– “¡Qué interesante!” – exclama Broly.
– “No sé cómo aprobaste el examen…” – suspira Tarble.
– “Soy fuerte.” – responde el saiyajín, sacando bíceps.
Un nuevo anuncio.
– “15 minutos para llegar al destino. Planeta Erezúant.” – anuncia la nave. – “Se requiere supervisión para realizar la aproximación.”
Tarble suspira.
– “Ya voy…” – murmura.
La nave surca el cielo morado del planeta, sobrevolando un castillo sobre un acantilado y una austera villa de casas de arcilla.
La nave aterriza en las afueras.
Tarble y Broly se apean.
– “¿Y ahora adónde vamos?” – pregunta Broly.
– “Al castillo del Rey Kadan.” – responde Tarble. – “Es probable que los habitantes de este planeta nos miren con recelo… La Patrulla Galáctica puede ser vista como una fuerza opresora en algunos sectores… Al fin y al cabo, representamos un poder exterior que puede malinterpretarse como invasor…” – cavila, cruzándose de brazos. – “Será mejor que intentemos no llamar la atención.”
Broly señala a alguien frente a ellos.
Un tipo de baja estatura y cuerpo ancho con piel rosada, labios carnosos, ojos negros minúsculos, y orejas puntiagudas, con un pelaje de color azul grisáceo que sobresale como un mechón sobre su cabeza, les espera con un cartel en sus manos que pone “PATRULLA GALÁCTICA”. El extraño personaje viste un atuendo color mostaza de mangas abotonadas y un patrón de zigzag en la parte inferior, sobre un pantalón marrón; todo adornado con un cinturón de cuero con una hebilla con el sello real: una estrella negra de nueve puntas con un círculo blanco en su interior.
– “¿Eh?” – se sorprende Tarble.
– “¡Hola!” – levanta el brazo el extraño.
Broly camina hasta él.
– “¿Quién eres tú?” – pregunta el saiyajín.
– “Soy el contacto.” – responde el extraño.
– “Encantado.” – le da la mano el saiyajín. – “Me llamo Broly” – se presenta. – “Y él es Tarble.”
– “Hybis.” – responde el tipo.
Tarble se acerca.
– “¿No deberías… pasar un poco más desapercibido?” – pregunta Tarble.
– “No os preocupéis.” – responde Hybis, con un tono de voz que parece inalterable. – “Solo lo saben mis amigos.”
Hybis guía a Tarble y Broly a través del pueblo.
– “¡Hola, Hybis!” – saluda una anciana. – “¡Veo que ya han llegado tus amigos de la Patrulla!”
– “¡Os invito a un aperitivo en mi taberna!” – exclama un hombre. – “¡Los amigos de Hybis son bienvenidos!”
Tarble agacha la cabeza, un poco avergonzado.
– “Parece que lo sabe todo el pueblo…” – refunfuña el saiyajín.
– “Son amigos.” – responde Hybis.
A los pies del acantilado, unas largas escaleras de roca esculpidas en la montaña llevan hasta el castillo.
Tras una larga caminata, llegan hasta la las puertas del castillo, custodiada por dos guardias armados con lanzas.
– “¡Hola, Hybis!” – saluda uno de los guardias al reconocer al peculiar personaje.
– “Hola” – levanta la mano él.
– “¡Adelante!” – abre la puerta el otro guardia. – “Bienvenidos.”
Los tres se adentran en el castillo.
– “Oye…” – susurra Tarble, con una gota de sudor recorriendo su sien.
Pero un local con aspecto gárgola, vestido con una túnica roja les recibe.
– “Por aquí, Hybis.” – dice el pequeño ser. – “¿Habéis tenido un buen viaje?”
– “Sí, gracias.” – responde Broly con una sonrisa.
Tarble mira de reojo a Hybis y éste se da cuenta.
– “Tengo muchos amigos.” – dice él.
La gárgola guía al trío hasta la gran sala del trono.
Al final de la sala, sobre un altar escalonado y ante una gran cristalera con el sello real, el Rey está en su trono, un asiento de piedra grande pero austero, hablando con su hija, la princesa, sentada sobre el reposabrazos.
La sala es grande y luminosa, con columnas adornándola a ambos lados del pasillo central, delimitado por una larga alfombra roja que lleva desde la entrada hasta el trono.
En el lado derecho del altar, una mujer guerrera de gran envergadura espera de pie; brazos cruzados. Un gigantesco espadón, casi tan largo como ella, está apoyado contra la pared, a su lado. Cuando se han abierto las puertas, ella clava su mirada en los recién llegados.
La gárgola se detiene en la entrada, dejando que pasen nuestros amigos.
– “¡La Patrulla Galáctica!” – anuncia.
Hybis camina hasta el trono, Tarble y Broly lo siguen.
Su Majestad es un hombre imponente, grande y orondo, de piel verde pastel, orejas puntiagudas, cabeza calva a excepción de un único pechón de pelo en forma de palmera. Una cicatriz recorre el lado izquierdo de su rostro. Viste una armadura del color del cobre oxidado como la de sus hombres, que cubre su pecho, cuello y parte de su abdomen, adornada con su sello, y una capa de color morado; unos brazaletes a juego con la armadura sobre unas mangas de color azul, un slip negro, calcetines largos azules y unas botas amarillas.
El Rey se pone en pie. La princesa sigue sentada en el reposabrazos del trono.
– “Bienvenidos.” – saluda el Rey.
– “Hey” – levanta la mano Hybis.
– “Rey Kadan.” – dice Tarble, mientras él y Broly hacen una reverencia.
El Rey los observa detenidamente.
– “¿Esto es lo que envía la Patrulla cuando pedimos ayuda?” – refunfuña entre dientes.
– “Ese es nuestro cometido.” – responde Tarble.
Kadan ignora a Tarble.
– “Hybis, ¿tus amigos son de fiar?” – pregunta el Rey.
– “No los conozco.” – responde Hybis.
– “Tsk…” – protesta Tarble, con dificultad para ocultar que el extraño personaje le pone de los nervios.
El Rey sonríe.
– “La sinceridad de Hybis siempre se agradece.” – dice Kadan. – “Una virtud que no abunda…”
La princesa observa desde el reposabrazos del trono, con los codos apoyados en sus rodillas y la cabeza sobre sus manos, con una mueca de desengaño.
Kadan se golpea la barriga.
– “Dime, Hybis, he estado haciendo ejercicio últimamente, ¿qué te parece?” – pregunta el Rey.
– “No se le nota.” – responde él.
– “¡JAJAJAJA!” – Kadan estalla en una enorme carcajada.
Broly sonríe con sinceridad ante lo que percibe como un ambiente amable.
En cambio, una gota de sudor recorre la sien de Tarble, que parece confuso ante la actitud de Kadan y de tan pintoresco personaje.
– “Su Majestad…” – interrumpe el saiyajín. – “Estamos aquí para asistirles en todo lo posible.”
Kadan deja de reír de forma repentina. Se aclara la garganta con una pequeña tos.
– “Ya veo…” – responde el Rey.
– “No me fio de ellos.” – interviene la princesa.
Tarble y Broly miran a la muchacha, que hasta ahora solo había estado observando en silencio.
– “Hmm…” – cavila Kadan. – “Está bien… Dejemos que su fuerza hable por ellos.”
– “¿Nuestra fuerza?” – murmura Tarble.
– “Lady Gladyola, acércate, por favor.” – dice Kadan.
– “Su Excelencia.” – responde la mujer guerrera que esperaba en el lado derecho del altar.
La mujer guerrera avanza hacia el Rey hasta colocarse a su derecha.
– “Uno de los dos va a tener que enfrentarse a ella.” – explica Kadan. – “Lady Gladyola; Comandante de mis ejércitos y mi mejor guerrero.”
– “¿Es necesario?” – pregunta Tarble. – “No estamos aquí buscando pelea.”
– “La fuerza de un individuo dice mucho de él.” – responde Kadan. – “Si demostráis vuestra valía, os ganaréis mi confianza.”
Tarble hace otra reverencia. Una media sonrisa victoriosa se le escapa.
– “¡Está bien!” – se incorpora de repente, apretando su puño con decisión. – “¡BROLY! ¡ENCÁRGATE DE ELLA!”
– “No.” – responde tajante el saiyajín.
Silencio en la sala.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Tarble.
Broly se cruza de brazos.
– “Si sigues recurriendo a mí para estas cosas, no crecerás como guerrero.” – dice el saiyajín.
– “Así que él es el listo.” – murmura Hybis.
– “Hmmm…” – reflexiona Kadan, acariciándose el bigote.
– “Tsk…” – protesta Tarble. – “Está bien… está bien…”
Gladyola camina hasta su espada y la empuña con una mano, cargándola sobre su hombro.
El Rey regresa a su trono, desde donde su hija sigue mirando.
Broly y Hybis se hacen a un lado, dejando a Tarble solo en el centro de la enorme sala.
Gladyola baja del altar y agarra su sable con las dos manos, dirigiéndolo hacia el saiyajín, indicando que está preparada.
Hybis se acerca a Broly.
– “¿A tu amigo que flores le gustan?” – pregunta él.
– “Oye…” – refunfuña Tarble entre dientes. – “¿Es que estás preparando mi funeral?”
Kadan levanta la mano, llamando la atención de los dos luchadores.
– “¡LISTOS!” – exclama el Rey.
Tarble se pone en guardia apresuradamente.
– “¡ADELANTE!” – da el pistoletazo de salida.
