DBSNL // Capítulo 379: La cueva

DBSNL // Capítulo 379: La cueva

“No confía en nosotros.”

En el desfiladero del Valle de los Sordos, Broly, envuelto en su aura, pero sin transformarse, cae sobre la espalda del trol que sujetaba el garrote para golpear a Gladyola y lo incrusta en el suelo, partiéndole la espalda.

El brillo de su aura se refleja en los ojos abiertos de Panzy.

Los trols que sujetaban a la guerrera la sueltan para atacar a Broly, pero éste salta por encima de ellos con una pirueta, dejándolos pasar de largo.

Cuando ellos se dan la vuelta, Broly les lanza una esfera de energía verde del tamaño de un puño a cada uno en el abdomen y los empuja a través del desfiladero hasta que estallan.

Sambuco cae de culo al suelo.

– “Ay… ay…” – tiembla el viejo.

Ahora todos los trols gruñen con su atención puesta en el saiyajín.

Gladyola, magullada, se levanta.

– “¿Has estado ocultando tu fuerza?” – pregunta la guerrera, un poco ofendida y celosa.

– “Je” – sonríe Broly.

Panzy observa anonadada al patrullero.

– “Pero, ¿quiénes son estos tipos?” – se pregunta la princesa.

El trol que llevaba el hacha saca un cuerno vacío que llevaba atado en su cinturón y sopla en él para hacerlo sonar. Su bramido retumba en el valle.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Broly.

– “Creo que… han pedido refuerzos…” – titubea Sambuco.

– “Tsk…” – aprieta los dientes el Gladyola. – “Será mejor que salgamos de aquí.”

Broly asiente.

Gladyola agarra a Panzy y carga con ella debajo del brazo, mientras tira de la mano de Sambuco, poniéndolo en pie de un tirón y obligándolo a correr tras ella.

Nuestros amigos pueden oír varios cuernos responder en la distancia.

El saiyajín apunta con su mano derecha a los enemigos. Un orbe de ki verde brilla a su alrededor.

Los trols restantes cargan contra Broly para intentar detener la huida, pero justo en ese instante, la esfera de energía en su mano se deshace en múltiples blast menores que bombardean la zona, golpeando a los trols y todo a su alrededor, incluyendo los muros del desfiladero, que se desmoronan.

Broly y los demás aprovechan la polvareda y el estruendo para escapar.

En la ciudad, Hybis regresa a su casa cargando con una gran olla. 

Tarble espera en mitad de la calle, inquieto, mirando al horizonte.

Hybis se pone a su lado, mirando en la misma dirección que el saiyajín, pero no ve nada extraño.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta él.

– “He sentido el ki de Broly.” – responde Tarble. – “Han tenido que pelear.”

Hybis no parece inmutarse y decide entrar en su casa.

– “He traído un caldo de bichos de Peonia.” – dice mientras abre la puerta. – “Le dije que era para tu amigo, para que pusiera los bichos más grandes.”

Tarble suspira.

– “Estarán bien.” – piensa el saiyajín. – “No sé por qué me preocupo.” – sonríe.

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr viajan hacia Erezúant.

– “De acuerdo, Lemon.” – dice Cheelai, al comunicador. – “Los recogeremos y nos pondremos en contacto de nuevo, a la espera de instrucciones.”

– “Según nuestro informador, el Rey Kadan tiene un espíritu pacífico.” – informa Lemon. – “Pero ciertas zonas del planeta pueden ser conflictivas.” – reflexiona. – “No podemos tomar decisiones sin tener más información.”

– “Lo entendemos.” – confirma la patrullera. – “Seremos diplomáticos.”

– “Estaría más tranquilo si os acompañara Toppo.” – suspira Lemon.

– “Al final vas a ofenderme…” – refunfuña Cheelai.

– “Buena suerte, chicos.” – responde el jefe.

Finaliza la llamada.

Gohan se cruza de brazos.

– “No confía en nosotros.” – protesta el muchacho. 

– “Lemon se preocupa.” – sonríe Cheelai. – “Todos los patrulleros somos su responsabilidad.”

– “Tsk…” – gruñe mientras mira de reojo por la ventana. – “Supongo que sí…” – le cuesta admitir.

El sol se ha puesto en Erezúant. Una noche oscura. La tenue aurora boreal magenta en el cielo.

Sobre una colina, en una cueva, Broly, Gladyola, Panzy y Sambuco han encendido una hoguera.

– “Aquí estaremos bien.” – suspira Gladyola, mientras da la vuelta a una rama prendida, con la intención de avivar el fuego. – “Pasaremos la noche.”

La barriga de Sambuco ruge.

– “¿No tenemos raciones?” – pregunta el viejo.

– “Jaja” – ríe Broly. – “Yo también tengo hambre…”

Los dos miran a Gladyola con ojos de cachorro abandonado.

La guerrera sucumbe y saca un puñado de frutos diminutos y deshidratados de un pequeño bolsillo de su cinturón, detrás de su espalda y se los muestra a los demás.

– “Necesitaremos agua.” – dice ella.

– “¡¿Esa es la cena?!” – se preocupa el saiyajín.

– “¡Excelente!” – celebra el viejo.

Sambuco se levanta.

– “Yo me encargo del agua.” – dice mientras se sacude el polvo del pantalón. – “He visto una zona con vegetación no muy lejos de aquí.”

– “¿Eh?” – se sorprende Broly, al verlo contento ante tal despropósito.

Panzy le lanza una piedra a Broly en la cabeza.

– “¡AY!” – se queja el saiyajín.

– “¡Eso es un manjar!” – protesta la princesa. – “¡UN RESPETO!”

– “Que mal humor…” – refunfuña el saiyajín. – “No digo que no esté bueno… pero parece muy poca cosa…”

La Princesa se levanta, ofendida, y rebusca en su bandolera hasta encontrar una bengala que enciende frotándola contra la pared de la cueva.

– “¿De dónde has sacado eso?” – se sorprende Gladyola.

– “Lo hice yo.” – protesta ella, tajante. – “Me voy a investigar.”

– “No te alejes mucho.” – dice la guerrera.

Panzy no responde, y se adentra en la cueva.

Broly observa a la princesa alejarse, sin comprender muy bien lo que le ocurre.

– “¿Y el viejo encontrará agua en este lugar?” – pregunta el saiyajín.

– “La niebla que has visto de día, se condensa por la noche.” – responde la Gladyola. – “Es un ciclo muy corto, pero es suficiente para formar charcas en algunas zonas y que crezca vegetación.” 

– “Vaaya…” – se sorprende Broly.

En el exterior, Sambuco se adentra en una zona boscosa a los pies de la colina sobre la que se encuentra la cueva en la que se ocultan.

– “Espero tener suerte…” – piensa el viejo, apartando matorrales.

Un extraño ruido animal lo alerta.

– “¡Ah!” – se asusta el anciano.

De nuevo, el mismo llanto animal; mugidos.

Mientras tanto, en la cueva, Panzy sigue avanzando en la oscuridad, iluminada por su bengala casera.

– “Esos patrulleros…” – refunfuña. – “Vienen aquí como si tuvieran a que salvarnos… ¡No los necesitamos!” – patea una piedra con rabia.

La piedra rebota por el suelo y se adentra en lo más oscuro de la gruta.

Un fuerte bufido en el fundo de la cueva.

– “¡¿Ah?!” – se asusta Princesa, deteniéndose al instante.

En el bosque, con cautela, Sambuco sigue avanzando entre los matorrales hasta que atisba el final.

El viejo se detiene.

– “Ooh…” – observa asombrado.

Frente a él, cerca de allí, un grupo de bandidos de distintas razas está sometiendo a un animal parecido a una vaca, de pelaje violeta, cabellera frondosa de color índigo y grandes cuernos.

– “¡Estate quieta!” – exige un bandido, mientras dos más están ayudándole a tirar de una cuerda atada a su cornamenta.

– “¡Se está cansando!” – celebra otro, que con otros tres tiran de un cabo atado una de sus patas traseras.

Sambuco observa como a alrededor de la criatura hay varias parcelas delimitadas por vallas de madera en las que otros animales como ese están aprisionados y, al lado de cada parcela, hay varias lecheras metálicas amontonadas.

– “Pobres criaturas…” – se preocupa el anciano.

Sentados alrededor de la fogata, Broly observa detenidamente uno de los frutos deshidratados que le ha dado Gladyola.

– “¿De verdad que esto llena?” – pregunta el saiyajín.

– “Alimenta a un soldado para una semana.” – asiente ella. – “Solo hay que ponerle agua para revitalizarlo.”

– “¡Qué curioso!” – sonríe Broly. – “Este es un planeta muy interesante… ¡y está lleno de gente fuerte!”

Sambuco entra en la cueva.

– “¡Chicos!” – los llama el anciano, un poco alterado. – “¡Ahí fuera hay…!”

Pero un grito de Panzy los interrumpe.

– “¡KYAAAAAAAAH!” – grita la princesa, aterrada.

– “¡PANZY!” – se levanta Gladyola, empuñando su arma.

Los pasos acelerados de la muchacha retumban en la cueva.

– “¡KYAAH!” – grita de nuevo, saliendo de las sombras y corriendo para ponerse detrás de Gladyola.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta ella.

Unas fuertes pisadas hacen retumbar la cueva. Un fuerte bufido en la oscuridad provoca una brisa repentina.

Broly se levanta.

Unos ojos rojos entre las sombras.

Sambuco retrocede lentamente.

– “Creo que… será mejor que nos marchemos…” – sugiere tímidamente.

Un minotauro gigantesco sale de la oscuridad, con pelaje violeta, melena alrededor de los hombros de color índigo y empuñando un arma fabricada a partir de una quijada de toro.

– “¡¡MUUUOOOOH!!” – su mugido retumba en las paredes de la cueva. 

Gladyola da un paso al frente, empuñado su espadón, dispuesta a proteger a su princesa.

– “¡ATRÁS, BESTIA! – advierte la guerrera.

– “¡¿OSÁIS ADENTRAROS EN MI MORADA?!” – replica el minotauro, furioso.

El toro levanta su arma y ataca a Gladyola, pero ella bloquea el golpe con su espadón.

– “¡Yo lo detendré!” – dice ella. – “¡Salid de aquí!”

– “¡ES UN MINOTAURO!” – exclama Sambuco. – “¡NO SEAS ESTÚPIDA!”

La espada queda atascada entre dos muelas de la quijada. El minotauro hace un gesto brusco con su arma que desarma a Gladyola; su espadón acaba incrustado en una de las paredes de la cueva.

– “¡GLADYOLA!” – se preocupa Panzy.

La bestia propina una cornada a la guerrera, pero por suerte no logra ensartarla; la levanta del suelo y la estrella contra el techo de la cueva.

Gladyola cae al suelo.

– “¡¿NO TENÉIS SUFICIENTE?!” – protesta el minotauro. – “¡¿AHORA VENÍS A POR MÍ?!”

– “¡Cree que somos bandidos!” – advierte Sambuco.

– “¿Eh?” – se extraña Broly.

Gladyola se levanta dolorida y desenvaina su pistola, como último recurso.

– “¡OS MATARÉ A TODOS!” – grita el minotauro.

Broly camina hacia la bestia, adelantando a Gladyola.

– “¡¿Qué?!” – lo mira ella, confundida.

El minotauro se sorprende al ver al patrullero acercarse a él.

El rostro de Broly es amigable, incluso parece sonreír.

– “¡¿Te burlas de mí, forastero?!” – refunfuña la bestia.

– “No tenemos que pelear.” – dice Broly. – “Solo estamos de paso.”

– “¡¡CÁLLATE!!” – estalla el toro, levantando su arma, listo para atacar al saiyajín.

La mirada de Broly se torna severa. Un estallido de energía verde.

En un parpadeo propina un codazo en el abdomen del minotauro.

Dibujado por Ipocrito

La bestia deja caer su arma y se sujeta el abdomen con ambas manos.

Cae de rodillas al suelo. Retumba la cueva.

– “Ay… ah…” – sufre el minotauro, con su hocico contra el suelo.

Broly muestra su rostro gentil de nuevo y se agacha de cuclillas frente al toro, que lo mira con sorpresa y confusión, incluso con miedo.

– “¿Quién… eres…?” – pregunta el minotauro.

– “No somos tus enemigos.” – sonríe el saiyajín. – “Me llamo Broly.”

DBSNL // Capítulo 378: El Valle de los Sordos

DBSNL // Capítulo 378: El Valle de los Sordos

“Tendremos que posponer nuestros planes.”

En el planeta Erezúant, Hybis, con unos auriculares puestos, trastea el comunicador, moviendo la antena mientras hace girar dos diales alternamente, ante la impaciente vigilancia de Tarble.

– “¿Aún no?” – insiste el saiyajín.

– “En este sector no hay satélites de repetición.” – responde Hybis. – “Esto es casi un arte.”

Suenan interferencias.

– “¿Y cómo contactaremos con el Cuartel General?” – se preocupa Tarble.

– “No podemos.” – responde Hybis. 

– “¡¿Eh?!” – se preocupa el saiyajín.

– “Tengo un amigo en el Imperio.” – explica Hybis. – “Él hace rebotar nuestra señal desde su base.”

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Tarble.

– “¿Tú no tienes amigos?” – pregunta Hybis.

– “¡NO EN EL IMPERIO!” – protesta el saiyajín.

– “Es un buen tipo.” – dice Hybis. – “Colecciona figuras de acción de la línea Teikoku Rekidai Tokusentai Seiei Figuaa.”

Tarble lo mira boquiabierto, sin comprender las palabras que salen de la boca de su compañero.

Hybis sigue moviendo los diales.

De repente, la señal parece aclararse lentamente.

– “Freezer FR 85.” – dicen desde el otro lado. – “Freezer FR 85. Le recibimos.”

– “Una pizza familiar de la casa.” – responde Hybis.

– “¿Congelada?” – replican en la radio.

– “Es para llevar.” – dice nuestro amigo.

Tarble no entiende nada.

– “Hola, Hybis.” – saludan amablemente.

– “¡Hola!” – responde él.

– “Te conecto ahora.” – dice el funcionario del Imperio.

– “Gracias, Peral.” – responde Hybis.

Al otro lado de la comunicación, Peral, un personaje de piel verde y ojos amarillos saltones, con dos antenas sobre su cabeza, con unos cascos puestos, teclea frente a una pantalla.

– “Por cierto, ya me ha llegado la figura especial del Capitán Ginyu desayunando magdalenas.” – explica el funcionario.

– “¿Esa no la tenías ya?” – pregunta Hybis.

– “¡No!” – responde rápidamente. – “¡En la figura que yo tenía, el Capitán desayunaba croissants! ¡Nada que ver!” – lo corrige.

– “Aaah…” – entiende Hybis. – “¡Eso lo cambia todo!” – exclama.

– “¡EXACTO!” – se emociona Peral.

Tarble se tapa el rostro, avergonzado.

Mientras tanto, Lady Gladyola, Broly y Sambuco caminan por un desfiladero en el corazón del Valle de los Sordos, bajo una densa capa de niebla que parece formar un techo rojizo, pues el polvo tiñe la luz que lo atraviesa. 

– “No se ve el cielo…” – observa el saiyajín.

– “En cualquier momento puede aparecer otro tragacielos.” – murmura Sambuco. – “Permanezcamos atentos.”

Desde la distancia, una figura encapuchada y enmascarada acecha a nuestros amigos, oculta entre las rocas.

En casa de Hybis, Peral sigue intentando contactar con la Patrulla Galáctica.

– “No consigo conectarte al Cuartel General.” – anuncia Peral. – “Parece que la cadena de satélites que usé la última vez no funciona.”

– “Eeeeh…” – se decepciona Hybis.

– “Lo siento.” – se disculpa el funcionario imperial.

– “¿No hay nada más que podamos hacer?” – le pregunta Tarble a Hybis.

– “Intentaré contactar con alguien más cercano…” – se escucha teclear a Peral.

Tarble se sienta al lado de Hybis, impaciente.

– “Eso servirá.” – asiente el saiyajín. – “Ellos ya se encargarán de pasar el mensaje.”

– “¿Este quién es?” – pregunta Peral, desconfiado, al escuchar a Tarble.

– “Un compañero de trabajo.” – responde Hybis. – “No es muy agradable.”

– “Tsk…” – protesta Tarble. – “¿Eso hacía falta?” – refunfuña.

– “Yo tengo muchos así.” – suspira Peral. – “Te entiendo. Mucho ánimo.”

– “De momento, lo llevo bien.” – responde Hybis. – “Gracias.”

Tarble agacha la cabeza, sintiéndose incomodo y avergonzado.

– “¿Cómo pueden estar hablando así de mí, si estoy delante…?” – piensa el saiyajín. – “Qué poca vergüenza…”

Vuelven las interferencias.

– “Ya casi estoy…” – dice Peral.

De repente, una voz femenina.

– “A… lant…” – se entrecorta el mensaje. – “¿Hay alg… ahí? Adelante.” – mejora ligeramente.

– “¡¡AQUÍ EL PATRULLERO TARBLE!!” – exclama el saiyajín. – “¿ME RECIBEN?”

– “¡Te recibo, Tarble!” – responde la mujer. – “¡Aquí Cheelai!”

En el desfiladero del Valle de los Sordos, nuestros amigos siguen avanzando cuando, de repente, Broly se detiene.

– “Alguien nos sigue.” – anuncia el saiyajín.

– “¿También te has dado cuenta?” – confirma Gladyola, agarrando la empuñadura de su espada.

Sambuco mira a su alrededor, asustado.

Lady Gladyola se revuelve, desenvainando su espadón.

– “¡DA LA CARA!” – exclama ella, que se abalanza sobre el enemigo.

La figura enmascarada y cubierta por una capa verde con capucha, oculta tras una roca, salta hacia un lado para salvar su vida. La roca es partida por la mitad por el arma de Gladyola.

La guerrera se prepara para atacar de nuevo, pero se da cuenta de que hay dos pequeñas bombas en el suelo hechas de papel cuya mecha está a punto de acabarse.

– “¡Ah!” – se preocupa Gladyola.

Las dos bombas estallan y llenan la zona de humo verde.

– “Cofcof” – tose Gladyola, cubriéndose la boca con el antebrazo. – “Pero, ¿qué…?”

El enmascarado, de baja estatura y complexión delgada, corre para ocultarse de nuevo.

La humareda es consistente, pues en el desfiladero ha quedado atrapada entre sus altas paredes.

– “Maldita sea…” – gruñe Gladyola.

– “Me lloran los ojos…” – sufre Sambuco, frotándoselos agresivamente.

Broly sonríe.

– “No está nada mal.” – murmura el saiyajín.

El saiyajín aprieta los puños y, con un minúsculo estallido de su ki despeja la humareda verde, empujándola fuera del desfiladero.

– “¡Si vas a seguirnos, es mejor que vengas con nosotros!” – dice Broly.

– “¿Eh?” – se extraña Gladyola.

El enmascarado sigue oculto tras una roca.

– “¡Puede salir, Su Alteza!” – insiste Broly.

– “¡¿EEEH?!” – exclaman al unísono Gladyola y Sambuco.

El individuo sale de su escondite y deja caer su máscara al suelo. Se quita la capucha.

– “¿Cómo has sabido que era yo?” – refunfuña ella.

Gladyola envaina su espada rápidamente.

– “¡PRINCESA PANZY!” – se asusta, entendiendo que ha podido matarla.

La guerrera se arrodilla frente a la Princesa y la estudia de pies a cabeza, buscando si ha sufrido alguna herida.

– “¡¿Qué hace aquí?! ¡¿Se encuentra bien?!” – pregunta Gladyola.

– “¡Respóndeme!” – Panzy ignora a su protectora e insiste a Broly.

El saiyajín se toca la nariz.

– “Su Alteza lleva perfume.” – responde Broly.

– “¿Mi perfume?” – se huele Panzy.

– “¡Qué olfato tan fino!” – se sorprende Sambuco.

– “Jeje” – sonríe el saiyajín.

En ese instante, una roca cae desde lo más alto del desfiladero cerca de ellos.

– “No estamos solos…” – advierte Gladyola.

– “Y huelen mucho peor.” – confirma Broly.

Nuestros amigos alzan la vista y se encuentran con dos figuras humanoides de gran envergadura parecidas a trols. Su piel es de un color verde pastel casi enfermizo, su cuerpo está lleno de tatuajes azules. Sus rostros son monstruosos, con orejas puntiagudas, ojos amarillos, cráneos pequeños y sin cabello. Van semidesnudos, solo con un taparrabos y con armadura de cuero en sus antebrazos, espinillas y hombros. Uno lleva un garrote en la mano y el segundo lleva un arco.

– “¿Es que vive alguien en este lugar?” – se pregunta Broly.

– “Renegados…” – responde Gladyola. – “La leyenda dice que negaron la palabra del profeta y fueron exiliados, castigados a vagar por el valle para siempre.”

El trol apunta a nuestros amigos con el arco y lo tensa lentamente.

– “¡CUIDADO!” – advierte Gladyola, alarmada.

El trol libera la flecha.

Silencio.

La flecha se clava en el suelo, levantando una gran polvareda.

¡BOOM! Un estallido sónico; la flecha ha roto la barrera del sonido.

Broly, que no esperaba tal fuerza de sus enemigos, ha tardado en reaccionar.

Sambuco se ha abalanzado sobre Panzy y la ha apartado de la trayectoria de la flecha en el último momento y ahora los dos yacen en el suelo.

– “¡PRINCESA!” – exclama Gladyola.

Broly aprieta los dientes, enfadado, y sale volando hacia los enemigos a toda velocidad.

Cuando llega a la cima del acantilado se encuentra con una docena de trols esperando. Cuatro van armados con arcos, tres con lanzas con punta de piedra, cuatro con garrotes y uno con un hacha con la cabeza de piedra.

– “¡¿Ahrf…?!” – parecen confusos los trols al ver al saiyajín volando.

El trol que blande el hacha la levanta.

– “¡GRAAAH!” – grita.

Los arqueros salen de su confusión y apuntan rápidamente a Broly, mientras los trols armados con lanzas y garrotes se lanzan por el acantilado para atacar Gladyola y a los demás. 

El saiyajín tiñe su aura de verde y ésta gira como un remolino hasta tornarse un orbe de ki que lo rodea completamente.

Los trols disparan, pero las flechas se consumen al entrar en el orbe, antes de poder alcanzar al saiyajín en su interior.

– “¿Ahrf?” – gruñe uno de los tiradores, más confuso que antes.

Broly desvanece su aura y en un parpadeo aparece frente a uno de los arqueros y le propina un puñetazo en la cara que lo empuja a través del páramo.

El trol se levanta con la mandíbula desencajada.

– “Ahrf…” – gruñe mientras se la coloca con un fuerte clac.

– “¿Eeeh?” – se sorprende el saiyajín. – “En este planeta sois todos realmente fuertes…”

En el desfiladero, Gladyola desvía el ataque de un lancero que la supera en tamaño, y con su espadón, contraataca y le corta un brazo. 

– “¡¡GRAAAAH!!” – brama el trol.

Gladyola le ensarta la espada en la boca, matándolo.

La guerrera, que protege a Panzy y Sambuco, es rodeada por los otros enemigos, que rugen con rabia al ver a su compañero fallecido.

En la ciudad, Tarble ha informado por radio a Cheelai de la situación.

– “Después de todo este tiempo…” – murmura la brench, sorprendida e inquieta. – “Moro…”

– “Hemos tenido suerte de poder contactar con vosotros.” – suspira Tarble, aliviado. – “Nos hemos quedado tirados en este lugar.”

– “No te preocupes.” – dice Cheelai. – “Informaremos al Cuartel General y pondremos rumbo a Erezúant para poder recogeros.”

– “Muchas gracias.” – sonríe Tarble. – “Aquí estaremos.”

En la nave de Cheelai, la patrullera teclea el nuevo rumbo.

– “¿Están muy lejos?” – pregunta Gohan Jr.

– “Tendremos que posponer nuestros planes.” – suspira Cheelai. – “Lo siento.”

Hybis apaga el comunicador.

– “Parece simpática.” – dice él. – “¿Es guapa?”

– “Tiene pareja.” – responde Tarble, un poco molesto con el comentario.

– “No soy celoso.” – insiste Hybis.

En el desfiladero, Broly propina una patada a un trol, lanzándolo contra el acantilado al otro lado del desfiladero.

El trol cae cerca de Gladyola y los demás… y no tarda en levantarse de nuevo.

La guerrera repele a un enemigo empujándolo con una patada, pero otros dos la agarran por la espalda y la derriban, intentando someterla contra el suelo.

– “¡GRAAH!” – lucha ella con todas sus fuerzas para impedirlo.

Panzy, al ver a Gladyola sufriendo, intenta correr hacia ella.

– “¡GLADYOLA!” – grita la Princesa.

 Sambuco la detiene, agarrándola del brazo.

– “¡ESPERE!” – exclama el anciano. – “¡ES PELIGROSO!” – la sujeta con fuerza, abrazándola por la espalda.

– “¡SUÉLTAME!” – intenta revolverse la Princesa. – “¡GLADYOLA!”

Los otros trols amenazan a Sambuco y a la muchacha, caminando hacia ellos y arrinconándolos poco a poco contra la pared del desfiladero.

El anciano, tembloroso, da un paso al frente colocándose delante de la princesa y empujándola ligeramente hacia atrás.

– “Ay… ay…” – lamenta mientras castañean sus rodillas, chocando la una contra la otra.

El anciano levanta su mano hacia los trols, como si les pidiera que se detuvieran, pero parece incapaz de verbalizar una súplica.

Sobre el acantilado, tres trols se abalanzan sobre Broly e intentan someterlo como han hecho con la guerrera. Dos agarran sus brazos, inmovilizándolo, mientras otro le sujeta por la espalda, rodeándole el cuello con el brazo.

Un cuarto trol camina hacia el saiyajín con el hacha en alto, listo para darle el golpe de gracia.

En el desfiladero, Panzy ve como uno de los trols que sujeta a Gladyola la agarra la cabeza y la empuja violentamente hacia abajo, haciendo que se estrelle contra el suelo.

– “¡GLADYOLA!” – se asusta la Princesa.

Un trol camina hasta la guerrera y levanta el garrote sobre su cabeza.

– “¡LA VA A MATAR!” – grita Panzy.

Broly escucha los gritos de la muchacha.

Los trols siguen acechando a Sambuco y a Panzy, acercándose a ellos cada vez más.

El anciano deja de temblar. Su mirada se torna serena; su mano firme.

Sobre el acantilado, un estallido de luz verde.

– “¡YAAAAAH!” – grita el saiyajín.

Una columna de energía se alza hacia el cielo, tiñendo de verde el desfiladero y despejando las nubes que cubren el Valle de los Sordos.

– “¿EH?” – se sorprende el anciano.

Los trols que sujetaban a Broly salen volando por los aires con el estallido de energía.

En un parpadeo, Broly, envuelto en su aura, pero sin transformarse, cae sobre la espalda del trol que sujetaba el garrote para golpear a Gladyola y lo incrusta en el suelo, partiéndole la espalda.

Los ojos de Panzy, abiertos como platos, brillan con la luz verde del saiyajín.

DBSNL // Capítulo 377: Travesía

DBSNL // Capítulo 377: Travesía

“Parece un buen chico.”

En la aldea bajo el castillo del Rey Kadan, en una casa construida con barro y decorada con motivos florales en el exterior y con un interior austero, con tan solo una mesa redonda de madera, una silla y una cama, Hybis rebusca debajo de la cama. Tarble espera sentado en la silla, apoyado sobre la mesa, sujetándose la cabeza con ambas manos.

– “Qué frustrante…” – refunfuña el saiyajín.

– “Podrías haber ido con ellos.” – responde Hybis.

– “¿Y dejarte solo con esta responsabilidad?” – responde Tarble, con retintín.

– “Deberías confiar más en la gente.” – insiste Hybis.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Finalmente, Hybis logra alcanzar un maletín blanco que luce el logotipo de la Patrulla Galáctica. 

Mientras tanto, en el desierto, Lady Gladyola, Broly y el viejo Sambuco cabalgan.

La montura de la comandante de los ejércitos del Rey es una enorme criatura cuadrúpeda de piel naranja parecida a un perro con dos antenas en su redonda cabeza. Gladyola está subida en su lomo.

El saiyajín y Sambuco, en cambio, cabalgan el lomo de dos roedores de color gris azulado, sin cola, parecidos a hámsteres.

El anciano mira la montura de Gladyola.

– “Un bello animal…” – sonríe Sambuco.

El perro lo mira de reojo.

– “Me recuerda a un viejo amigo.” – sonríe Broly.

– “Se llama Torn.” – dice Gladyola. – “Aún es joven, pero es un valiente aliado en batalla.” – explica. – “Cuando crezca, protegerá al Rey.”

– “¿Cuándo crezca?” – se sorprende Broly.

– “Seguro que sí.” – dice el anciano.

– “Pero ahora es solo un cachorro.” – añade Gladyola, acariciándole la cabeza.

El perro sonríe y cierra los ojos, disfrutando el mimo de su jinete.

– “Parece un buen chico.” – añade Sambuco.

Sin aminorar la marcha, Torn acerca su hocico al viejo y lo huele antes de darle un gran lametón en la cara que casi lo hace caerse de su montura.

– “¡Cuidado!” – protesta Sambuco con una sonrisa.

– “Jajaja” – ríe Broly.

En el horizonte, nubes bajas muy parecen indicar que nuestros amigos se acercan a un lugar peligroso.

En la aldea, Hybis ha abierto el maletín y, sentado en el suelo, ya está montando la antena parabólica que contenía mientras tararea.

– “¿Falta mucho?” – pregunta Tarble.

Hybis no responde.

– “¿Es que no me oyes?” – insiste Tarble. – “¡HYBIS!”

– “He decidido que no hablaré contigo hasta que termine.” – responde Hybis. – “No es eficiente.”

– “¿Estás de broma?” – protesta el saiyajín.

– “Eres una persona muy negativa.” – dice Hybis.

– “Tsk…” – gruñe Tarble.

Mientras tanto, en el lejano planeta Gossamu, de noche, un reptil humanoide de más de dos metros de altura y gran envergadura corre por los callejones de su capital cargando con una gran bolsa de deporte a su espalda.

– “¡SE ESCAPA!” – grita Cheelai, que corre tras él sin poder alcanzarlo.

– “¡MIO!” – exclama Gohan Jr, envolviéndose en su aura incolora y adelantando a su madre volando a toda velocidad.

– “¡ESPERA!” – se preocupa ella.

Gohan adelanta al lagarto y se coloca frente a él con los brazos en cruz.

– “¡DETENTE!” – le ordena el joven patrullero.

Pero el lagarto lo aparta de un manotazo, lanzándolo contra una farola.

– “¡GOHAN!” – grita la madre, que desenfunda su arma reglamentaria y dispara al enemigo.

Los proyectiles de energía rebotan en las escamas del monstruoso individuo, que sigue corriendo sin mirar atrás.

Gohan se pone en pie, agarrándose el costado, dolorido.

– “Ahora verás…” – refunfuña.

El mestizo prepara una esfera de energía en su mano y la lanza hacia el fugitivo.

El ataque estalla en la espalda del lagarto, generando una onda expansiva que destruye los cristales de los alrededores.

El lagarto sale propulsado fuera del callejón, cayendo entre el tráfico de una calle principal.

– “¡AAH!” – grita aterrada la gente; alienígenas de distintas razas.

La explosión ha hecho saltar por los aires la bolsa de dinero y llueven billetes.

El reptil, se pone en pie rápidamente, sacude su cabeza para deshacerse del aturdimiento y sigue corriendo, ahora entre los coches, que se apartan a su paso, provocando varios accidentes.

Cheelai alcanza a Gohan.

– “¡¿Estás bien?!” – pregunta ella.

– “Maldito…” – gruñe Gohan.

El muchacho sale volando.

Desde el cielo, puede ver al fugitivo corriendo.

– “¡NO ESCAPARÁS!” – grita, enfadado, antes de salir disparado a por él.

El lagarto sigue corriendo y aparta un coche de su camino de un manotazo.

Pero de repente, sobre él cae Toppo, que con la mano derecha en su espalda lo estampa contra el suelo, incrustándolo en el pavimente.

– “¡GRAAH!” – grita de dolor el fugitivo.

Gohan se detiene rápidamente en el aire al ver que su mentor se ha adelantado.

Bajo el brazo izquierdo de Toppo, el patrullero carga con otro malhechor; un tipo con un traje de dos colores, negro y morado, inconsciente.

El lagarto intenta moverse, pero la mano de Toppo se ilumina.

– “No te muevas.” – advierte el patrullero.

El fugitivo desiste.

Gohan aterriza a su lado.

– “¿Estás bien?” – pregunta Toppo.

– “Sí.” – responde el muchacho. – “Ya casi lo tenía.”

Toppo mira hacia atrás de reojo. Varios coches se han estrellado. Dinero por todas partes. Cristales rotos. Gente asustada.

Unas horas más tarde, en el puerto espacial de la ciudad, varios patrulleros escoltan a los malhechores esposados hacia una de sus naves, para ser transportados a la prisión más cercana.

– “Nos toca escribir el informe.” – suspira Cheelai.

– “Este tipo no es un delincuente común.” – dice Toppo. – “Escoltaré su transporte. Puedo escribir el informe durante el viaje.”

– “¿Estás seguro?” – responde ella.

Toppo asiente.

– “Vosotros podéis volver al Cuartel General.” – dice el grandullón. – “Creo que el muchacho necesita descansar.”

– “¿Eh?” – se extraña Gohan. – “Pero si estoy bien…”

– “Has sido descuidado.” – dice Cheelai, en tono severo.

– “¡Podría haberlo atrapado!” – protesta él, poniéndose a la defensiva.

– “Atrapar al criminal es solo una parte del trabajo.” – dice Toppo. – “Eres fuerte y hábil. Es muy probable que al final hubieras logrado detenerlo…” – admite. – “Pero, ¿has visto cómo ha quedado la ciudad?”

Gohan agacha la cabeza.

– “Tienes que fijarte más en tu entorno para no poner en peligro a inocentes.” – explica Cheelai.

– “Solo quería ayudar.” – suspira él, con los hombros caídos.

Toppo y Cheelai se miran y sonríen.

– “Por eso tienes madera de patrullero.” – dice el grandullón. – “Aprenderás.”

– “Si quieres ayudar a la gente, tienes que esforzarte mucho.” – dice Cheelai, poniéndole la mano en el hombro.

Gohan sonríe.

– “Sí.” – asiente con decisión.

– “Volveremos a la base.” – dice Cheelai. – “Tu padre regresará a casa en unos días, así que podemos planear algo que hacer juntos.”

– “¡Genial!” – celebra el chico. 

En el desierto de Erezúant, los tres viajeros se encuentran frente a un valle que se extiende sin fin. Frente a ellos, una inclinada pendiente que se adentra en la bruma. 

– “El valle de los sordos…” – murmura Sambuco.

– “Parece no tener fin…” – dice Broly, mirando a izquierda y derecha.

– “Por eso se tarda tanto tiempo en rodearlo.” – dice Gladyola. – “Cruzarlo es demasiado peligroso.”

Gladyola se baja de Torn.

– “Será mejor que vuelvas a casa, pequeño.” – le dice la guerrera.

El perro le da un lametón.

Broly y Sambuco también bajan de sus monturas.

– “Vosotros también.” – dice el anciano.

Torn empuja con el hocico a uno de los roedores, indicándole que hay que volver a casa, y los dos hámsteres se ponen en camino. Torn los sigue.

Los tres viajeros miran el abismo con decisión.

– “En marcha.” – dice Gladyola.

Cuando Broly da un paso al frente, un chillido estremecedor emana del fondo del valle. 

El saiyajín se detiene al instante.

Un gigantesco monstruo emerge de entre la niebla batiendo sus alas y con sus gigantescas fauces abiertas.

Nuestros amigos retroceden. Gladyola desenfunda su espadón.

El monstruo, que parece un renacuajo con alas de murciélago, con una larga cola, grandes ojos redondos y amarillos y una enorme boca con afilados dientes por la que asoma una larga lengua azul.

– “¡OOooH!” – exclama Broly, asombrado ante tal criatura.

– “¡Un tragacielos!” – advierte Sambuco, aterrado.

– “Antes volaban por todo el planeta, pero ahora su territorio ha quedado reducido al valle.” – aclara Gladyola.

El monstruo da una pirueta en el aire y se precipita sobre nuestros amigos.

Gladyola empuña su espada con ambas manos.

-“Ahí viene.” – piensa ella, lista para el combate.

Sambuco sale corriendo, lo que llama la atención de la criatura, que se desvía y se dirige hacia él, levantando una ventisca sobre los demás, pues pasa justo por encima de ellos.

– “¡Ay, ay…!” – sufre el anciano, aterrado.

– “¡Anciano!” – se preocupa Broly.

La criatura alcanza a Sambuco y abre sus fauces, listo para engullirlo. 

¡ÑAC! Falla por unos centímetros.

El monstruo se ha detenido, pese a seguir batiendo sus alas.

El anciano se cae al suelo.

– “¿Eh?” – se da la vuelta sin comprender cómo sigue vivo.

Broly ha agarrado al tragacielos por su larga cola.

– “Qué muchacho tan fuerte…” – murmura, impresionado.

Cuando el monstruo intenta revolverse, Broly tira de él, levantándolo por los aires y lo estampa contra el suelo, haciendo que se muerda la lengua.

– “¡GRIIIIIICH!” – chirría el animal.

Sin soltarlo, el saiyajín gira sobre sí mismo para coger fuerza, haciéndolo dar varias vueltas y después lo lanza por los aires.

La criatura abre sus alas, logrando estabilizarse en el aire… pero en ese instante se da cuenta de que Broly lo ha adelantado y lo espera con las manos levantadas y juntas en un puño, para propinarle un martillazo que lo devuelve a lo más profundo del valle.

– “¡¡GRIIIiiiich!” – se desvanece el grito lentamente.

El saiyajín desciende lentamente, reuniéndose con los demás. 

– “¿Estáis todos bien?” – pregunta el saiyajín.

Gladyola envaina su espada.

Sambuco mira asombrado a los saiyajín.

– “¿De dónde ha salido este chico?” – le pregunta a Gladyola.

– “Hemos tenido suerte…” – suspira Gladyola, aliviada, ignorando al anciano. – “Era solo una cría.”

– “¡OOH!” – se sorprende Broly.

Gladyola se pone en marcha.

– “¿Lo dice en serio?” – le pregunta a Sambuco, susurrando.

– “Muy en serio.” – responde el viejo.

Sambuco puede ver una emoción casi infantil en los ojos del saiyajín.

– “Hmm…” – murmura el anciano, que acaba dibujando una sonrisa en su rostro.

Broly se pone en marcha y sigue a Gladyola con paso firme.

– “¡HEY!” – protesta el viejo. – “¡Pero no me dejéis atrás!” – camina rápido para alcanzarlos.

Mientras tanto, lejos de allí, Toppo y los patrulleros que escoltan a los prisioneros ya han puesto rumbo a la prisión.

Cheelai y Gohan Jr viajan en su nave de regreso al Cuartel General de la Patrulla Galáctica.

Suena un aviso en su radio.

– “Adelante.” – responde Cheelai.

Interferencias.

– “¿Adelante?” – insiste la brench. – “¿Hola?”

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

DBSNL // Capítulo 376: Cerveza de onibana

“Los forasteros nunca traen nada bueno…”

Hybis y Broly siguen en la taberna, integrados entre las gentes de Erezúant.

Hybis baila de pie, solo con los pies, como si fuera irlandés, mientras los locales y Broly aplauden al ritmo mientras beben.

En las afueras, donde estaba estacionada la nave, Tarble observa con desánimo uno de los pocos tornillos que los ladrones han dejado atrás.

– “Se la han llevado…” – suspira con pesar.

– “Lo lamento.” – dice Gladyola. – “El desierto que rodea los principales núcleos urbanos es un lugar conflictivo.”

– “No te preocupes.” – sonríe el saiyajín, apretando el puño. – “¿Dónde se la han llevado? La recuperaré en un santiamén y les daré una lección.”

– “No es tan fácil…” – responde Gladyola.

– “¿Por qué no?” – se sorprende Tarble.

En la taberna, el viejo barbudo que estaba vigilando a los patrulleros desde la distancia se acerca a Broly cerveza en mano, mientras Hybis sigue dando espectáculo.

– “Buenas tardes, forastero.” – dice el anciano, cerveza en mano.

– “Buenas tardes.” – saluda Broly educadamente. – “¿Puedo ayudarle en algo?”

El viejo se sienta a su lado, agarra un puñado de los bichos karikari de Broly y se los come.

– “Sois de la patrulla, ¿verdad?” – pregunta el extraño mientras mastica con la boca abierta. – “¿Estáis aquí por el robo?”

– “Así es.” – asiente el saiyajín.

El viejo da un trago a su cerveza, dejando su barba chorreando de espuma, pero se limpia con el antebrazo.

La tabernera pasa cerca, llevando bebida a otro cliente.

– “¡SAMBUCO!” – protesta ella, sin desviarse de su camino. – “¡Deja de molestar al forastero!”

– “¡CÁLLATE, VIEJA PIRUJA!” – replica él, escupiendo por todas partes.

– “Está bien, está bien…” – intenta poner paz el saiyajín.

El viejo agarra otro puñado de bichos y se los come de golpe.

– “Ese tipo no era de fiar…” – continúa. – “¡Lo dije desde el principio!” – exclama. – “Pero nadie me hace caso… Nadie…” – come de nuevo.

– “¿Habla del ladrón?” – pregunta Broly.

– “Los forasteros nunca traen nada bueno…” – protesta antes de tomar otro trago de cerveza.

Broly suspira desanimado, pues entiende que es solo un viejo borracho.

– “Lo vi salir de la ciudad.” – dice mientras golpe la mesa con la jarra.

– “¿En serio?” – se sorprende Broly, prestándole atención de nuevo.

– “Yo estaba buscando un lugar tranquilo para… bueno, ya sabes… estaba un poco indispuesto. Los guardias siempre protestan cuando lo hago dentro de la ciudad, ¿sabes?” – narra. – “Era de madrugada y Peonia ya había cerrado.” – señala con la jarra a la tabernera. – “Había encontrado un buen lugar cuando, de repente, ¡BOOM!” – exclama con grandes aspavientos. – “¡Un estruendo! ¡En el castillo! ¡Parecía que el cielo se venía abajo!” – bebe de nuevo y eructa.

Hybis regresa a su asiento entre los aplausos de los clientes y escucha la conversación.

– “¿Y qué vio?” – pregunta Broly.

– “Había unos tipos raros esperando en las afueras.” – explica Sambuco. – “¡El forastero voló hasta allí y…”


En ese momento, dos tipos se levantan de una mesa cercana y se acercan por detrás del anciano.

– “¿Qué pasa, viejo?” – interviene un extraño que parece una gárgola de piel amarilla, descamisado para no limitar sus alas de murciélago; solo viste un pantalón marrón austero.

– “Creo que hablas demasiado.” – dice su compañero, un tipo de piel azul y orejas puntiagudas, con una cresta blanca sobre su cabeza, vestido con camiseta blanca bajo una chaqueta amarilla y pantalón beige, con un cinturón rojo. – “¿Por qué no te vas a dormir la mona?” – añade mientras le pone la mano en el hombro. 

Broly frunce el ceño.

Pero antes de que el saiyajín pueda decir nada, Sambuco eructa de nuevo.

– “¡BURP!” – eructa el anciano. – “Lo siento…” – se disculpa.

La gárgola da un paso atrás mientras intenta deshacerse del olor con la mano.

– “Creo que tiene razón… He bebido mucho…” – añade el viejo.

– “Eso es…” – sonríe el tipo azul brabucón. – “Vete a tu casa y…”

Sambuco se levanta repentinamente y choca su cabeza contra la barbilla del tipo azul, haciendo que éste se muerda la lengua.

– “¡AAggh!” – se tapa la boca el tipo, sangrando.

– “¡Oh!” – se sorprende el anciano. – “Lo siento mucho…” – dice mientras se tambalea. – “¡OH!” – exclama el viejo. – “Creo que me suenan vuestras caras… ¡Vosotros…!”

– “Viejo estúpido…” – gruñe la gárgola.

La criatura abre sus alas, empujando dos mesas que tenía a su alrededor, molestando a los otros clientes y llamando la atención de todos.

La gárgola se abalanza sobre Sambuco con el puño en alto y éste huye corriendo.

– “¡Ay, ay!” – grita el viejo.

El anciano se tropieza y se cae al suelo, con la aparente suerte de que al caerse propina una patada en el costado de la gárgola.

El maleante se encorva, sujetando la zona golpeada, dolorido.

– “Maldito viejo…” – gruñe la gárgola. – “¡Te vas a enterar!” – saca una navaja del bolsillo.

Sambuco gatea hacia atrás, aterrado.

Broly ya se ha levantado y da un paso al frente, colocándose delante del anciano.

– “Ya es suficiente.” – dice el saiyajín.

El tipo de la cresta se une a su compañero, los dos rabiosos.

– “Voy a sacarte las tripas, grandullón.” – gruñe la gárgola. – “¡Aquí la Patrulla no pinta nada!”

Pero un sartenazo en la cabeza, por la espalda, noquea a la gárgola, que se desploma contra el suelo.

– “¡SINVERGÜENZAS!” – grita la tabernera, blandiendo su sartén como un bate de béisbol.

– “Estúpida entrometida…” – gruñe el otro maleante.

Dos clientes se abalanzan sobre él por la espalda.

– “¡NO OS QUEREMOS EN NUESTRA TABERNA!” – grita uno.

– “¡FUERA!” – grita otro sentado a lo lejos.

Broly observa asombrado la actuación de los clientes y la tabernera.

Hybis agarra su jarra de cerveza.

– “Esto aquí es habitual.” – dice antes de dar un trago. – “Ya stá caliente…” – refunfuña. – “¿Me pones otra, Peonia?”

Los clientes arrastran a los malhechores fuera del local.

– “¡Por supuesto!” – sonríe la tabernera. – “¿Y tú quieres otra, guapo?” – le pregunta a Broly.

– “Estoy bien… gracias…” – dice Broly, un poco conmocionado.

– “¡A mí ponme otra también!” – exclama Sambuco, que levanta su silla del suelo y se sienta.

– “¡Tú ya me debes demasiadas!” – protesta ella, sacando de nuevo su temperamento.

Unos minutos más tarde, Tarble y Gladyola llegan a la taberna, y al acercarse ven a dos guardias llevarse a los maleantes maniatados.

– “¿Qué ha pasado aquí?” – se pregunta Tarble.

– “Preguntaré a mis hombres.” – dice Gladyola.

El saiyajín entra al local y se sorprende al ver que todos actúan como si nada hubiera pasado. Las mesas están en su sitio y la gente bebe y canta mientras Hybis está bailando de nuevo.

– “¡Hola!” – saluda Broly, levantando su jarra de cerveza.

Un rato después, Hybis, Tarble y Broly están reunidos en una de las mesas de la taberna.

– “Sin nave, ¿cómo nos comunicaremos con el Cuartel?” – pregunta Broly.

– “Si Hybis pudo avisar a la Patrulla, seguro que podemos contactar.” – dice Tarble. – “El problema es salir de aquí.”

– “Os dejaré usar mi antena si me invitáis a otra ración de bichos.” – avisa Hybis.

– “¿Es que no trabajas para la Patrulla Galáctica?” – protesta Tarble.

– “¿Vas a poner una queja?” – responde Hybis. – “¿Cómo piensas hacerlo?”

– “Aprovechado…” – gruñe Tarble.

– “¡Otra de bichos!” – levanta la mano Hybis.

– “¡Marchando!” – responde Peonia a lo lejos.

Mientras tanto llega Gladyola y se sienta con ellos.

– “Ya he hablado con los guardias y con el viejo Sambuco.” – dice ella. – “Parece que esos dos tipos esperaron a Glorio en las afueras y le proporcionaron un vehículo para escapar.”

– “¿Y a dónde ha ido?” – pregunta Broly.

– “El desierto es vasto…” – suspira Gladyola. – “Pero por suerte, esos dos no son muy listos. Cuando los han cacheado, mis hombres han descubierto que uno de ellos escondía semillas de onibana.”

– “¿Y eso es una pista?” – pregunta Tarble.

– “¿Onibana? ¿Como la cerveza?” – pregunta Broly.

– “Las semillas son un bien preciado en este planeta.” – explica Hybis. – “Se usan para el contrabando.”

– “Hay un asentamiento de forajidos al otro lado del Valle de los sordos.” – revela Gladyola. – “A unos veinte días de viaje, si rodeamos el Valle de los sordos.” – continúa. – “Estoy segura de que allí encontraremos respuestas.”

– “¡¿Veinte días?!” – se sobresalta Tarble.

– “Eso es mucho tiempo…” – murmura Broly.

– “Además, ahí se mueve la mayoría del mercado negro de la zona, así que es muy probable que podamos dar con vuestra nave.” – aclara la guerrera.

– “O, al menos, la mayoría de sus piezas.” – añade Hybis.

– “¡Ah!” – tiene una idea Tarble. – “¡Supongo que no has tenido en cuenta que nosotros podemos volar! Iremos Broly y yo. Seguro que podemos hacer el viaje en menos de un día.”

Broly asiente, contento.

– “Mientras tanto, Hybis puede intentar contactar con el Cuartel General e informar de nuestra situación.” – añade Tarble.

– “Cuando me acabe mis bichos.” – responde Hybis.

– “No tan rápido.” – les interrumpe Gladyola. – “Es cierto que volando podríais ir más rápido, pero no serviría de nada.”

– “Ah, ¿no?” – pregunta Tarble.

– “El asentamiento está oculto en las montañas.” – explica la guerrera. – “Dudo que podáis encontrarlo desde el cielo. Es un lugar casi imposible de encontrar sin alguien que haya estado allí antes.”

– “Pues toca ir por tierra…” – suspira Tarble.

– “No he terminado.” – lo interrumpe Gladyola. – “El lugar que buscamos está al otro lado del Valle de los sordos.” – explica la guerrera. – “Un lugar muy peligroso, pues en él habitan criaturas realmente terribles; caníbales, monstruos totalmente ajenos a todo uso de razón. Por eso debemos rodearlo.” 

– “¿Monstruos?” – repite Tarble, poco impresionado.

– “Son verdaderos demonios.” – dice Gladyola, poniéndose tensa, apretando los puños. – “Incluso para mí.”

Tarble se sorprende al ver a la guerrera sufriendo, pues entiende que realmente no deben subestimar el peligro.

– “¿Y si ese tipo se marcha con vuestra nave?” – pregunta Hybis.

– “¿Eh?” – lo miran Gladyola y los saiyajín.

– “¡TIENE RAZÓN!” – se alarma Tarble, llevándose las manos a la cabeza. – “¡ESE TIPO PODRÍA SALIR DEL PLANETA CON NUESTRA NAVE!”

Gladyola golpea la mesa con rabia.

– “Ese bastardo…” – refunfuña ella. – “Si queremos llegar hasta ese asentamiento antes de que sea demasiado tarde… tendremos que cruzar el valle.” – sentencia.

Tarble aprieta el puño con decisión.

– “Podemos hacerlo.” – asiente Tarble. – “¿Verdad, Broly?” – mira a su compañero.

Broly asiente.

– “No se hable más.” – se levanta Tarble.

– “Necesitamos un guía.” – le recuerda Gladyola.

– “Es cierto.” – se sienta Tarble, un poco avergonzado.

– “Iré con vosotros.” – dice el viejo borracho.

Sambuco se acerca a la mesa, jarra de cerveza en mano.

– “¿Eh?” – lo mira Tarble de arriba abajo. – “¿De dónde sale este tipo…?” – piensa al ver su deplorable aspecto.

– “¿Conoces ese lugar, Sambuco?” – pregunta Hybis.

– “¡Por supuesto!” – responde él, tambaleándose. – “Como la palma de mi mano.”

Gladyola se pone en pie.

– “¿Puedes guiarnos?” – pregunta ella, decidida.

El viejo eructa sonoramente; después asiente.

– “Tiene que ser una broma…” – piensa Tarble, desconfiado.

Broly sonríe.

– “Solicitaré vuestras monturas al Rey Kadan y raciones para el viaje.” – dice Gladyola. – “Si partimos de inmediato, podremos llegar antes del quinto amanecer.”

Tarble y Broly se levantan. Hybis sigue comiendo.

– “Está decidido.” – asiente Tarble. – “¡En marcha!”