DBSNL // Capítulo 360: Ateo

DBSNL // Capítulo 360: Ateo

“Que la muerte de los Dioses alimente el nuevo mundo.”

El Dai Kaioshin y el Hakaishin asumen el reto de enfrentarse a Onisen.

Los Dioses y el androide se miran fijamente desde lados opuestos del abismo que los separa.

Cooler, Liquir y Freezer contemplan la escena desde la distancia. Los dos alumnos de Champa están preocupados por su maestro, pero han decidido respetar su decisión.

– “Confiemos en nuestro maestro, esta vez.” – dice Cooler, recordando a Sidra.

Champa alza sus manos y materializa sobre él una esfera de ki morado semitransparente dentro de la cual deambulan dos esferas menores, que rebotan entre sí y contra el orbe que las contiene, como si se tratara de un cascabel.

Onisen mira con decepción como el gotokoneko prepara su ataque.

– “Eso no funcionará.” – murmura el androide.

Zamas apunta con una mano al enemigo y materializa un bloque de hierro katchin que instantáneamente sale disparado hacia él.

Onisen es atravesado por el bloque metálico sin recibir ningún daño.

– “Eso tampoco.” – añade el androide.

Pero cuando el metal ha pasado de largo, Onisen se da cuenta de que Zamas le ha lanzado otro.

– “¿Es todo lo que sabes hacer, Kaioshin?” – se burla el androide.

El cubo que había pasado de largo se detiene en el aire un instante antes de regresar sobre sus pasos a toda velocidad.

Los dos bloques chocan el uno contra el otro con la intención de aplastar al enemigo entre ellos.

Zamas mira con atención los cubos, esperando que Onisen los se revele, pues ya imagina que se ha vuelto intangible para salir del apuro.

Pero el androide brota del suelo detrás de Zamas y lo agarra al Kaioshin por la nuca.

– “Os hacéis llamar Dioses…” – dice Raichi. – “Pero sois simples mortales.”

Champa lanza su cascabel de energía directo contra ellos.

Zamas sonríe.

Sin entender lo sucedido, Onisen se encuentra en el corazón del ataque Champa, atrapado entre las dos esferas menores que rebotaban en su interior… sin embargo, su brazo sale del ataque y Zamas se encuentra fuera, libre.

– “Je…” – sonríe el ira-aru.

Zamas utiliza su espada de ki para liberarse del agarre de Onisen y éste es arrastrado por el cascabel hasta el suelo, donde el ataque impacta generando una gran explosión.

El ira-aru se sujeta el cuello, pues se ha hecho un pequeño corte con su propia espada. Zamas mira su mano ensangrentada, pero no le da importancia. Champa se da cuenta.

– “¿Estas bien?” – pregunta el gotokoneko.

– “Es solo un corte.” – responde el ira-aru.

– “¿No te lo curas?” – insiste Champa.

– “No puedo malgastar energía en algo tan insignificante.” – responde Zamas.

El Hakaishin sonríe, pues respeta y comprende la determinación de su compañero, que iguala la suya.

Los Dioses toman tierra.

– “¿Dónde se ha metido?” – pregunta Zamas.

Champa frunce el ceño, se agacha y pone su mano en el suelo.

– “Hakai.” – sentencia.

Un perímetro de más de cincuenta metros a su alrededor se convierte en polvo luminoso, revelando a Onisen bajo sus pies.

Zamas le apunta con su mano derecha y proyecta tres cubos katchin consecutivos que caen sobre el androide, pero éste los atraviesa sin detenerse.

Onisen intenta golpear a Zamas, pero el ira-aru usa su teletransportación para evadir el puñetazo y aparecer en el fondo del cráter creado por Champa, donde espera la caída de sus cubos de hierro para repelerlos y ahora hacerlos ascender.

Champa embiste a Onisen con sus zarpas preparadas, pero el androide le detiene agarrándole de las muñecas.

– “Demasiado lento, Hakaishin.” – dice Onisen.

En ese instante, el primer bloque katchin impacta contra Onisen, haciendo que suelte al gotokoneko.

– “Je.” – sonríe Champa.

Onisen parece resistir el impacto, retrocediendo solo unos metros, pero el segundo cubo choca contra el primero, haciéndolo retroceder más, y finalmente el tercero impacta contra los demás, lanzándolos por los aires.

Piccolo y Granola observan desde la distancia.

– “No soy un admirador de los Dioses…” – dice el cereliano. – “Pero lo están haciendo bien.”

– “Yo mismo he entrenado a Zamas.” – sonríe el namekiano, orgulloso de su pupilo. – “Pero por desgracia, no creo que sea suficiente.”

Broly ha llevado a Gohan con Pan, Bra y Ub. El gigantón deja a nuestro herido amigo en el suelo.

– “¡Papá!” – se preocupa Pan, arrodillándose a su lado. – “¿Estás bien?”

– “He estado mejor…” – fuerza una sonrisa Gohan. 

Ub hace una media reverencia a Broly.

– “Gracias por ayudarle.” – dice el chico de Isla Papaya.

– “Mantenedlo a salvo.” – responde el saiyajín. – “Así no puede pelear.”

Cell y Dabra se han quedado atrás y observan el combate de los Dioses.

– “¿Quieres apostar?” – dice la creación de Gero con tono jocoso.

– “¿Te parece conveniente jugar al azar con el diablo?” – responde Dabra, con una media sonrisa chulesca.

El insecto levanta los hombros, poco preocupado.

– “Tengo células tuyas.” – dice Cell.

– “Eso es asqueroso.” – refunfuña el demonio.

En el interior del núcleo de Raichi, Bulma se encuentra en el centro del mundo virtual, a las puertas de una gigantesca torre desde la que es proyectado al cielo poderoso pilar de luz verde que ilumina todo el mundo.

Bulma se detiene y se poya en sus rodillas, intentando recuperar el aliento tras tal maratón.

– “Ah… ah… No tengo… ah… edad… para esto… aaah” – sufre, agotada.

Cuando Bulma da un paso al frente, las piernas le fallan y cae de rodillas, con la gran suerte de que así esquiva el tridente de Ka, que pasa rozándole el cabello y se clava en el suelo delante de ella.

El alma de Bulma abandona su cuerpo durante un instante, quedando paralizada y aterrada ante la que podría haber sido su muerte.

Lentamente mira hacia atrás, adivinando en la distancia la silueta del tamagami en el cielo, volando hacia allí a toda velocidad.

El enemigo reclama su tridente mientras Bulma se adentra en la torre.

La mujer se encuentra frente a la base del pilar de luz, que parece ser la fuente de energía de todo el mundo virtual. Una escalera en espiral asciende hasta lo más alto de la torre.

– “¡Tienes que estar de broma!” – exclama Bulma.

La mujer suspira resignada antes de emprender el ascenso.

Mientras tanto, en el planeta oscuro, Zamas reclama varios trozos de raíz con su poder mental y los lanza contra Onisen.

El androide los desintegra con un disparo ocular.

De la polvareda sale Champa con las garras por delante imbuidas con ki morado, abalanzándose contra Onisen como felino sobre su presa.

El androide deja pasar de largo al Hakaishin.

El gotokoneko clava sus garras en el suelo.

– “¡Hakai!” – exclama. 

El suelo desaparece bajo sus pies y los de Onisen.

El instante que tarda el androide en empezar a flotar lo aprovecha Zamas, que desde la distancia usa un cañonazo de ki invisible proyectado con sus ojos para empujar al enemigo lo necesario para que el felino para darle una doble patada en la espalda.

Onisen sale empujado hacia el cielo.

Zamas se aparece con la teletransportación frente a él con su sable de ki activado en su mano derecha.

– “¡YAAAH!” – exclama el ira-aru, con su brazo derecho preparado para realizar un corte horizontal de izquierda a derecha.

Pero Onisen deja que el Kaioshin pase de largo sin poder tocarlo, y se vuelve tangible de nuevo a su espalda, revolviéndose y agarrándole el brazo izquierdo, retorciéndoselo en la espalda hasta inmovilizarlo.

Onisen empieza su descenso hacia el suelo con la intención de estampar al ira-aru, pero Zamas se teletransporta directo a la superficie del planeta y chocando contra ella, reduciendo así la fuerza del impacto.

– “Muy astuto.” – sonríe Onisen.

El androide retuerce el brazo de Zamas hasta rompérselo. 

Champa lanza un zarpazo imbuido en ki morado desde la distancia, generando cuatro rayos cortantes de energía que rápidamente vuelan hacia Onisen.

El androide se vuelve intangible, dejando pasar el ataque a través de él y soltando así a Zamas.

Onisen retrocede, poniendo distancia entre él y el malherido ira-aru.

Zamas se levanta dolorido. Champa pronto vuela hasta él.

– “Gracias.” – dice el Kaioshin.

– “¿Puedes seguir peleando?” – pregunta el gotokoneko.

Zamas se sujeta el brazo roto. Su mano brilla con ki verde, sanándolo.

El Kaioshin flexiona su brazo y cierra su puño con fuerza.

– “Sí.” – responde Zamas. – “No te preocupes.”


Los dos comparten una media sonrisa cómplice.

Pero los ojos de Onisen analizan a sus adversarios, realizando cálculos a toda velocidad hasta que un pitido en su cabeza le alerta del resultado.

– “Me toca.” – sonríe Raichi.

El androide dispara con sus ojos un rayo que marca una frontera frente a los Dioses y levanta una cortina de humo.

Champa y Zamas se cubren ante la polvareda.

De repente, los brazos de Onisen brotan del suelo bajo sus pies.

Zamas utiliza la teletransportación, mientras Champa se cubre con los brazos en cruz frente a su pecho.

Los ojos de Onisen analizan su entorno rápidamente mientras analizan una nube de probabilidad, mostrándole finalmente un resultado.

Sin dudarlo, el androide dispara su rayo ocular a ese punto concreto, cazando a Zamas en el instante justo en el que aparecía.

El impacto desintegra la parte superior de los ropajes del Dai Kaioshin, derribándolo y dejando su torso humeante.

Champa embiste a Onisen, pero llega a tan solo unos metros del enemigo cuando se topa con una barrera de energía invisible que lo detiene y después lo repele, lanzándolo a través del campo de batalla.

Onisen se centra de nuevo en Zamas, que sigue tumbado de espaldas en el suelo, con el torso chamuscado. El Dios tiene una mueca de dolor en su rostro, con los ojos cerrados y los dientes apretados.

– “Tsk… Tsah…” – sufre Zamas.

Onisen camina hasta él y sonríe al verlo en ese estado.

– “Tus habilidades te hacen especialmente molesto.” – reconoce el androide.

Zamas abre ligeramente un ojo para ver a su enemigo.

El Dios levanta su mano hacia el cielo y un cubo de hierro katchin se materializa en el aire, sobre sus cabezas, y se desploma sobre ellos.

Pero Onisen, sin apartar la mirada del ira-aru, levanta su mano izquierda y detiene el cubo con la yema de sus cinco dedos.

– “Es inútil.” – dice Raichi.

El androide hace bota ligeramente el bloque de hierro y lo remata con un puñetazo de esa misma mano, quebrándolo y lanzándolo por los aires.

– “Morirás aquí, Dai Kaioshin.” – sentencia Raichi, convirtiendo su brazo derecho en una gran estaca. – “Y nutrirás el nuevo mundo.”

El androide se dispone a clavar la estaca en el corazón de Zamas, pero el ira-aru pone la palma de su mano sobre el suelo y materializa otra pieza de hierro que asciende repentinamente empujando al Kaioshin, sorprendiendo a Onisen.

Zamas, tumbado sobre el cubo de hierro, es elevado hacia el cielo.

– “Tsk…” – protesta Onisen.

El androide hace brillar sus ojos intensamente y dispara un potente rayo ocular contra el bloque, que con el impacto brilla como hierro candente.

Zamas aparece agazapado en el bosque de raíces un breve instante antes de desaparecer de nuevo.

El Dios reaparece detrás de Onisen con su espada de ki activa en su mano derecha, listo para decapitar al androide… pero el enemigo alarga uno de sus afilados tentáculos capilares y atraviesa el brazo de Zamas, clavándolo en su propio pecho, inmovilizándolo.

Onisen se da la vuelta para ver la cara de frustración del Dios.

– “Muy predecible.” – presume Raichi.

Zamas, pese al dolor, intenta propinar un puñetazo con su mano libre al androide, pero otro tentáculo se alarga y enrolla en su brazo, frenando el golpe.

Los ojos de Onisen se iluminan, dispuesto a terminar el combate.

Pero el ira-aru abre su mano izquierda, dejando caer un puñado de tierra.

– “¿Eh?” – lo analiza Onisen.

Zamas, con un empujón de ki invisible proyectado con sus ojos, lanza la tierra contra el androide.


Cuando Onisen puede analizar el contenido ya es demasiado tarde; diminutos fragmentos de madera se clavan en su piel. 

– “Je…” – sonríe Zamas.

Raichi, frustrado, dispara con sus ojos a bocajarro contra Zamas, quemando su pecho de nuevo y su rostro, y empujándolo a través del páramo.

– “Bastardo…” – gruñe el androide.

En ese instante, una ráfaga de ki morado impacta contra la espalda de Onisen, que se revuelve rápidamente, furioso.

Champa está corriendo hacia él.

– “¡Está bien!” – exclama Onisen. – “Acabaré contigo primero.”

La carrera bípeda del gotokoneko se convierte en un galope animal.

El androide intenta interceptar a Champa con un puñetazo, pero Dios se mueve ágilmente, como el felino que es, y se escurre entre los golpes del enemigo logrando asestare un puñetazo ascendente en la barbilla seguido de un zarpazo en el abdomen.

– “Mis cálculos nunca fallan…” – recapacita Onisen. – “¿Ha estado ocultando su estilo de combate hasta ahora?”

Champa se lame las zarpas.

– “Te demostraré como pelea un gotokoneko.” – avisa el felino.

Antes de que Onisen pueda estimar su próximo paso, Champa se abalanza sobre él.

Los movimientos del felino son erráticos pero certeros. Su estilo de combate recuerda a la técnica del borracho del maestro Mutenroshi. Sus golpes varían en ritmo y velocidad continuamente, algunas veces contorsionándose como si sus huesos fueran maleables.

A Onisen le cuesta calcular los movimientos de Champa, que poco a poco está castigando al androide con golpes y arañazos.

Cooler y Liquir, impresionados ante la demostración de su maestro, dan un paso al frente.

– “¡Lo está consiguiendo!” – exclama el demonio del frío, emocionado.

– “Maestro…” – murmura el kurama con admiración.

Onisen intenta disparar su rayo ocular a bocajarro contra el felino, pero Champa se inclina hacia atrás, evadiendo el rayo, usando su cola para apoyarse y, en el instante en el que el androide cesa su ataque, saltar como un resorte sobre él y clavar las garras en su pecho.

– “¡KHYYYY!” – sisea cual gato, enseñándole los dientes.

Onisen empuja al felino con ambas manos hasta quitárselo de encima.

Champa derrapa sobre el suelo y pronto carga de nuevo.

El androide abre su boca, emitiendo un chirrido ultrasónico que sorprende al felino y lo frena repentinamente.

El gotokoneko se tapa los oídos, sufriendo un terrible dolor, cayendo de rodillas al suelo.

– “¡AAAAAH!” – grita Champa.

Liquir y Piccolo también sufren el tormento auditivo.

– “¡AAH!” – se tapan los oídos el namekiano y el kurama.

– “¡¿Qué ocurre?!” – le pregunta Granola a Piccolo.

– “¡Liquir!” – se sorprende Cooler al ver a su compañero caer de rodillas.

Cell y Dabra sufren en menor medida.

– “Qué molesto…” – refunfuña el insecto.

– “¿Es que ellos no lo oyen?” – se pregunta Dabra, mirando como los saiyajín y los terrícolas no parecen afectados.

El Hakaishin se retuerce de dolor en el suelo. Sus oídos sangran.

Onisen aprovecha el punto el punto débil de felino para propinarle un rodillazo en la cara y derribarlo.

El androide reduce su tamaño durante un breve instante y así se libra de los fragmentos de raíz que le había clavado Zamas.


Champa intenta ponerse en pie, pero se tambalea y cae de nuevo.

– “Con tu oído afectado, ya no podrás moverte como antes.” – dice Onisen, ya en su tamaño habitual.

El felino logra levantarse, pero cuando intenta dar un paso al frente se tambalea como si hubiera bebido.

– “Tu sentido del equilibrio no volverá a ser el mismo.” – sonríe el androide.

Champa intenta atacar, pero Onisen se adelanta propinándole un latigazo en la cara con uno de sus tentáculos capilares.


El felino retrocede, manteniéndose a duras penas en pie, pero antes de que pueda reponerse completamente, otro latigazo le atiza de nuevo.

Onisen desata una tormenta de azotes con los tentáculos de su cabeza que generan centenares de heridas al felino.

Champa intenta cubrirse, pero termina cayendo al suelo, lo que no detiene al androide, que sigue sometiéndolo al doloroso castigo.

– “Estás a mi merced, Hakaishin.” – sonríe Raichi.


Llamados por la sangre del Dios, los tentáculos brotan del suelo y reclaman su cuerpo.

Lejos de allí, el cuerpo de Zamas también está siendo engullido por las raíces.

Onisen se detiene y observa con satisfacción como las raíces envuelven a Champa.

– “Que la muerte de los Dioses alimente el nuevo mundo.” – sentencia Raichi.

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

“Necesita más tiempo para poder dar frutos.”

En el planeta oscuro, el paisaje ha cambiado una vez más. El bosque de raíces se ha expandido más allá de la superficie del planeta y se expande por el universo.

Onisen sonríe al verse más cerca del mundo que ha soñado.

Los supervivientes observan el paraje, sobre el que se alza el gran árbol, más alto que antes.

– “El árbol sigue creciendo…” – dice Pan, impresionada.

– “No solo eso…” – responde Ub. – “Puedo sentir cómo ha aumentado su poder…”

– “¿Acaso ha absorbido al viejo Kaioshin?” – pregunta Bra.

Onisen alza la vista hacia la copa del árbol, aún poco formada.

– “Necesita más tiempo para poder dar frutos.” – murmura el androide. – “Más nutrientes.”

Onisen mira a los cansados guerreros esparcidos por el bosque.

– “¿Quién puede ser el siguiente?” – sonríe.

Nuestros amigos observan al androide, en silencio en mitad del bosque de raíces, con una calma que los inquieta.

– “¿Cómo podemos detenerlo?” – se pregunta Cooler.

– “Parece inmortal…” – murmura Liquir.

Reitan, magullado, abre los ojos de repente, tirado en el suelo bocarriba.

– “¡Ah!” – reacciona al darse cuenta de lo ocurrido, dándose la vuelta y agazapándose entre raíces.

El herajín se da cuenta de que se encuentra solo a unos pocos metros de distancia de la espalda del enemigo.

– “¿Cómo he llegado hasta aquí…?” – piensa Reitan. – “Perdí el conocimiento…”

El herajín mira al enemigo.

– “¿No se ha dado cuenta?” – se pregunta Reitan.

Onisen escanea el campo de batalla hasta que se detiene en un objetivo.

– “Son Gohan…” – sonríe el androide, centrando su mirada en el malherido mestizo. – “Sin duda es uno de los más problemáticos… Será mejor que acabe con él ahora.”

Reitan mira a su alrededor, entre las raíces, y se da cuenta de que la espada morada de Zahha se encuentra en el suelo, al alcance de su mano.

– “¡Es mi oportunidad!” – entiende el herajín.

Onisen sigue escaneando a sus enemigos.

Reitan se levanta repentinamente, transformándose mientras empuña el arma del espadachín del futuro, y se abalanza sobre el enemigo por la espalda.

– “¡AAH!” – exclama mientras se dispone propinarle una estocada.

Una media sonrisa delata a Onisen. 

Raíces brotan del suelo a su alrededor.

– “¡¿AH?!” – se asusta el herajín. 

Las raíces se enrollan alrededor del cuerpo de Reitan, frenando su avance e inmovilizando sus extremidades.

– “Tsk…” – se esfuerza el guerrero, intentando liberarse. – “Maldición… ¡Maldita sea!” – exclama, frustrado y desesperado.

Onisen se acerca a Reitan mientras alarga ligeramente el dedo índice de su mano derecha y lo transforma en un punzón.

– “Herajín…” – murmura el androide. – “Aprendí mucho de tu raza…”

El androide clava su dedo en el pecho de Reitan, sobre su corazón, haciéndolo sangrar.

– “La ambición de un conquistador… el amor de una madre… el dolor de dos hermanos…” – murmura Raichi mientras marca al herajín, haciéndole una herida que cruza su pecho de lado a lado. – “El origen de una raza superior…”

Las raíces aprietan cada vez más fuerte las muñecas de Reitan, obligándole a soltar la espada, que cae al suelo y queda clavada.

La sangre se derrama por el pecho de Reitan, deslizándose por su abdomen hasta gotear sobre el suelo.

– “Tendrás el honor de alimentar mi nuevo mundo.” – sonríe Raichi.

En ese instante, Okure se abalanza sobre el Onisen por la espalda, transformada en Súper Herajín y furiosa.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita ella, armada con un trozo de raíz a modo de garrote.

El ataque coge desprevenido a Onisen, que no se esperaba tal artimaña, y recibe un golpe en el costado que, pese a no hacerle daño, lo aleja unos pocos metros de Reitan.

Onisen logra mantenerse en pie, sin perder el equilibrio.

– “Muy inteligente…” – sonríe con burla.

Las raíces empiezan a enrollarse alrededor del cuerpo de Reitan, reclamándolo como alimento.

– “¡OKURE!” – se sorprende y preocupa el herajín al ver intervenir a su compañera.

Ella agarra las raíces que lo aprisionan e intenta arrancarlas, pero su éxito es limitado, pues aunque logra liberarlo parcialmente, las raíces pronto crecen de nuevo, haciendo vanos sus intentos. 

– “¡¡ES DEMASIADO TARDE!!” – advierte Reitan. – “¡ESCAPA!”

Onisen camina hacia ellos.

Pero Okure, lejos de huir, se pone en guardia, garrote en mano.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Reitan. – “¡OKURE!”

– “Es mejor luchar para proteger algo que tener que vengarlo.” – responde Okure, recitándole sus propias palabras.

– “Okure…” – se preocupa el herajín.

La guerrera herajín reclama el poder que el mismísimo Raichi le otorgó antes. Su musculatura aumenta exageradamente y su aura estalla.

– “¡¡OKURE!!” – sufre Reitan.

La asalvajada mujer se abalanza sobre Onisen, cayendo sobre él, intentando atizarlo con el garrote.

El androide retrocede de un salto, evitando el golpe, que impacta contra el suelo y lo resquebraja.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – brama la monstruosa herajín.

La guerrera se abalanza de nuevo contra el enemigo, que una vez más esquiva el golpe.

– “Je…” – sonríe Onisen con prepotencia.

Okure ataca de nuevo, esta vez usando el garrote como un bate de béisbol… pero un disparo ocular de Onisen hace que el arma estalle en mil pedazos.

Furiosa, Okure no se rinde y desata un poderoso torrente de ki con su mano derecha sobre el enemigo, haciendo que los testigos más cercanos tengan que cubrirse ante onda expansiva de la explosión.

Onisen, intacto, aparece detrás de la herajín.

Ella se revuelve e intenta propinarle un puñetazo, pero Onisen, intangible, deja pasar el golpe a través de él para después agarrarle el brazo.

– “Un esfuerzo admirable.” – dice Onisen, que aprieta el brazo de la herajín hasta que se oye el crujido de sus huesos. – “Pero inútil.”

Pese al dolor, Okure intenta golpear de nuevo al enemigo, pero éste detiene el zurdazo y contraataca con un puñetazo directo a su barriga, doblando a la herajín sobre sí misma.

Onisen ahora toma la iniciativa, propinando un rodillazo en la cara de la herajín, lanzándola hacia atrás y luego saltando sobre ella, clavándola al suelo con una fuerte patada en su abdomen.

Onisen retrocede, esperando la respuesta de la herajín.

Dolorida, sujetándose el vientre, ella se levanta de nuevo.

– “Okure…” – piensa Reitan, que está siendo engullido de nuevo por las raíces, que ya forman un capullo a su alrededor. – “¿Qué estás haciendo…? ¿Por qué…?”

Okure hinca la rodilla y perdiendo su transformación.

– “Reitan…” – piensa ella, mirando de reojo la vaina de raíces por la que puede adivinarse aún parte del rostro del herajín.

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de la muchacha… que pronto es eclipsado por la mano agrandada de Onisen.

Las raíces cubren por completo el rostro de Reitan, impidiéndole ver lo que sucede… pero el quebrantar de huesos revela el destino de su compañera.

– “No… Okure…” – llora en silencio el herajín. – “Okure…”

El ataúd de raíces se cierra por completo.

Dabra observa desde la distancia una escena que hace estremecer al mismísimo diablo.

– “Es… es un monstruo…” – murmura el antiguo Rey de los Demonios.

Onisen observa cómo las raíces del gran árbol ahora reclaman el cuerpo de la muchacha herajín.

– “Otra molestia menos.” – sentencia el androide.

Todos los guerreros que siguen en pie se ponen en guardia… todos con el miedo de ser los siguientes.

El suelo tiembla una vez más. Las raíces empiezan a crecer de nuevo, alimentadas con la energía de los herajín.

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

“Descansa, compañero.”

El cuerpo humeante de Turles se precipita frente a la mirada aterrada de todos los presentes.

Onisen sonríe viendo la caída del saiyajín.

Turles choca contra el pavimento como un muñeco de trapo.

Onisen lo analiza, captando signos de vida aún en él. Su cuerpo ha sufrido graves quemaduras. Su armadura y ropa se han desintegrado casi por completo y solo una parte de su pantalón morado queda a modo de calzón. 

– “Te niegas a morir…” – sonríe el androide. – “Permíteme insistir.”

Onisen lanza un disparo de ki al moribundo Turles… pero en el último momento alguien se interpone entre el saiyajín y el ataque.

La explosión sacude la zona, pero al disiparse la polvareda se revela que ha sido Liquir quien ha protegido al saiyajín usando sus colas como escudo.

– “Cobarde.” – refunfuña el kurama. – “Ya no puede pelear.”

Pero para sorpresa de Liquir, Turles se ha puesto en pie.

– “Saiyajín…” – se sorprende el kurama. 

Cooler observa desde la distancia, en silencio.

Reitan desciende al lado de Turles.

Los ojos del saiyajín están en blanco.

– “No… no está consciente…” – lo observa el herajín.

– “Se ha levantado… solo por instinto…” – murmura el kurama, asombrado.

– “Sus ganas de pelear…” – piensa Trunks, que lo observa desde el aire. – “Son tan fuertes que se niega a detenerse… pese a que no le quedan fuerzas…”

Vegeta, en la distancia, esboza una media sonrisa triste pero orgullosa.

– “Ese es el espíritu de un verdadero saiyajín.” – murmura el viejo Príncipe.

Liquir reacciona.

– “¡¿Dónde está el anciano…?!” – busca a Gowas sobre el campo de batalla.

– “Es demasiado tarde…” – lamenta Reitan.

Turles cae de rodillas.

Broly se golpea el pecho con el puño.

– “Lo que hiciste por Sadala… siempre será recordado.” – dice el hijo de Páragus.

El saiyajín se desploma de cara contra el suelo.

– “Descansa, compañero.” – murmura un triste Reitan.

Onisen sonríe ante la muerte de su enemigo.

– “¿Quién será el siguiente?” – se mofa mientras mira a cada uno de los presentes.

El androide se fija en Gowas, que sigue curando a Son Gohan frente a Okure.

– “Je…” – sonríe Onisen.

En un parpadeo, Onisen se presenta detrás de Gowas y le agarra la nuca y lo levanta del suelo. 

Okure se la da la vuelta e intenta atacar, pero Onisen la noquea con un simple revés.

Los dedos del androide se alargan y se enrollan alrededor del cuello del anciano ira-aru.

– “Tu presencia es excesivamente molesta…” – dice Raichi. – “Y tu traición revela la debilidad de tus convicciones…”

– “¡Ghagh…!” – sufre Gowas.

Gohan agarra el tobillo de Onisen.

– “¡Suéltalo…!” – exclama el mestizo, que intenta levantarse.

Pero Onisen le propina una patada y lo empuja a través del páramo desértico.

Zamas mira con horror la escena; el sufrimiento de su anciano maestro.

– “¡¡GOWAS!!” – grita el Dai Kaioshin.

– “Mis convicciones… eran erróneas…” – sufre el anciano, que intenta liberarse.

– “Las mías no.” – sentencia Onisen.

Onisen aumenta la fuerza de su agarre, estrangulando al ira-aru.

– “Ghagh…” – intenta inspirar Gowas, sin éxito.

El ira-aru pierde la fuerza en sus brazos, cesando su lucha y perdiendo el conocimiento.

Son Gohan, malherido, observa con horror lo ocurrido.

– “Maldita sea…” – gruñe el mestizo.


Onisen afloja su agarre ligeramente, permitiendo al ira-aru inspirar levemente, pese a seguir inconsciente.

Todos se sorprenden ante tan inesperado gesto.

Onisen sonríe.

– “Tengo otro uso para ti.” – sentencia Raichi.

El androide chamusca la espalda de Gowas con un rayo ocular, quemando su ropa y haciéndolo sangrar.

La sangre recorre su cuerpo hasta los pies hasta gotea sobre el suelo.

Algo se mueve bajo tierra.

Las raíces del árbol brotan del suelo como serpientes encantadas y ascienden por el cuerpo de Gowas, enrollándose a su alrededor y lentamente envolviéndolo en un capullo.

Ninguna de nuestros amigos entiende lo que está ocurriendo; solo Zahha, con el peso de la derrota en su mirada.

– “Ya ha empezado…” – gruñe el espadachín. – “Así es como termina…”

Freezer lo escucha, mirándolo con recelo.

Onisen da un paso atrás, dejando que el ataúd de madera se cierre alrededor del viejo ira-aru.

Zahha se quita el casco y lo lanza contra el suelo, frustrado.

– “Es demasiado tarde…” – aprieta los dientes. – “He fracasado… ¡Otra vez!”

El espadachín toca su dedo corazón de la mano derecha, donde puede adivinarse un anillo debajo del guante.

– “Tengo que…” – dice nervioso.

Pero un destello fucsia, el rayo mortal de Freezer, hace saltar por los aires el dedo de Zahha.

– “¡AAAH!” – exclama el guerrero del futuro. 

Con horror en su mirada, Zahha se torna hacia el demonio del frío.

– “¡¿Qué…?!” – pregunta, incrédulo. – “¡¿Qué está haciendo?!”

Freezer reclama el anillo con su poder mental y éste vuela hasta su mano.

– “¡¡FREEZER!!” – grita Zahha, desesperado.

– “Uno no puede huir cada vez que las cosas se complican.” – dice el tirano. 

– “No… no lo entiende…” – gruñe el espadachín. – “¡HEMOS PERDIDO!”

Freezer cierra su mano, con el anillo en su palma.

– “Esto no se ha terminado.” – sentencia el demonio del frío.

Ub, que se encuentra ayudando a Pan, apoyada en su hombro, siente como si un latido retumbara en el corazón del planeta.

– “¿Qué…?” – se sorprende el terrícola. – “¿Qué ha sido eso?”

En ese instante, el suelo empieza a temblar.

– “¡¿Qué está pasando ahora?!” – se sorprende Marron.

Las raíces del árbol crecen de nuevo, extendiéndose en todas direcciones y ascendiendo hacia el cielo.

Las raíces recuperan el terreno perdido, rellenando los cráteres que se habían formado durante la batalla.

Nuestros amigos alzan el vuelo, intentando no ser atrapados por ellas.

Cell, Ikose y Gamma 2 protegen a los que tienen a su alrededor con barreras de ki. Dabra y Mirai Trunks cortan cada raíz que se aproxima a ellos con sus espadas. Marron usa el Kienzan. Champa sus garras. Zamas su espada de ki. Otros guerreros intentan defenderse interceptando las raíces con disparos de energía. Todos hacen lo posible para sobrevivir.

Una enorme raíz se aproxima al cuerpo de Turles… cuando un destello de luz morada la corta por la mitad, deteniendo su avance y dejando una fina y profunda zanja que recorre el planeta; Cooler.

En tan solo unos minutos, las raíces se detienen tras haber ganado terreno, continuando la terraformación del planeta oscuro y expandiéndose hacia el espacio. 

DBSNL // Capítulo 355: Tamagami

DBSNL // Capítulo 355: Tamagami

“No sois los únicos con una misión.”

En el mundo virtual que conforma la mente de Raichi, Bulma corre por la autopista semitransparente, mientras Pino se enfrenta a los enemigos que han aparecido para detener la incursión.

Pino se ve superado por la fuerza del enemigo, cuya atención está puesta en Bulma; pero antes que dejarle marchar, Pino decide disparar al suelo con su ametralladora de antebrazo, provocando su derrumbe y haciendo que los dos caigan a carriles inferiores.

En el planeta oscuro, Gowas ya está curando a Gohan. El mestizo está tumbado en el suelo con el ira-aru arrodillado a su lado, imponiendo las manos sobre él. Mirai Trunks, Reitan y Okure los rodean.

– “Un poder como el suyo no es fácil de reponer…” – refunfuña el viejo.

– “Gracias, anciano.” – dice Trunks.

Onisen ya ha superado el impacto del Taiyoken del hijo de Vegeta y busca a sus contrincantes.

Una gota de sudor recorre la frente de Reitan.

– “¿Tienes algún plan, Trunks?” – pregunta el herajín.

– “Creíamos que fragmentar su cuerpo y atacar sus núcleos era nuestra mejor opción.” – responde Trunks. – “Pero ya no sé qué pensar… Además, hemos perdido las espadas.”

Reitan mira de reojo al malherido Gohan.

– “Vas a necesitar ayuda.” – dice el herajín.

– “No quiero sonar brusco…” – responde Trunks. – “Pero este enemigo…”

– “Cállate.” – le interrumpe Reitan. – “No necesito compasión.”

– “No pretendía ofenderte.” – sonríe el mestizo saiyajín.

Reitan da un paso al frente y se transforma en Súper Herajín, imbuyéndose en su aura verde.

– “Saiyajín…” – murmura Reitan. – “Siempre tan pedantes.”

– “Je.” – sonríe Trunks.

Otro personaje entra en escena.

– “¿Es que pensáis enfrentaros a él sin mí?” – dice Turles que, magullado por completo, se acerca a sus dos compañeros de patrulla.

– “¡Turles!” – se sorprende Trunks.

El saiyajín se acerca a Gowas.

– “¡Tú! ¡Viejo!” – exclama Turles.

– “¿Eh?” – lo mira sorprendido el ira-aru.

– “¡Cúrame!” – exige.

Reitan mira extrañado a su compañero.

– “Turles…” – dice el herajín. – “No creo que…”

– “Soy más fácil de curar que el nieto de Bardock.” – dice el saiyajín. – “¡Vamos!”

Gowas, ante tan extraña petición, mira a Trunks, buscando algún tipo de respuesta.

Pero es Gohan quien agarra al ira-aru del brazo.

– “Cu… cúrele…” – dice un débil Son Gohan.

– “Pero…” – se extraña Gowas.

– “Puedo sentir… sus ansias de pelear…” – sonríe con esfuerzo el mestizo. – “Y Trunks… necesita ayuda.”

– “Ya ha oído al muchacho.” – sonríe Turles. – “¡Cúrame de una vez!”

Gowas agarra el tobillo de Turles y en un instante el saiyajín ya se siente totalmente sanado.

– “¡Eso es!” – sonríe el saiyajín. – “¿Tan difícil era?” – mira con recelo a Gowas.

– “Gracias.” – murmura Gohan, antes de soltar el brazo del ira-aru.

– “Sois todos de lo más peculiar…” – refunfuña Gowas.

Turles camina hasta colocarse al lado de Reitan y se transforma en Súper Saiyajín.

Trunks se une a ellos, colocándose entre ambos.

– “Gracias, compañeros.” – sonríe el mestizo.

Okure frunce el ceño.

– “¡Reitan!” – exclama ella.

– “Lo sé, lo sé…” – responde el herajín. – “Tendré cuidado.”

– “¡No digas tonterías!” – protesta ella, sonrojada. – “¡Haz lo que te plazca!”

– “Protege a Son Gohan y al anciano.” – responde Reitan.

– “¡No me des órdenes!” – replica ella.

– “Por favor.” – sonríe él.

– “Tsk…” – protesta Okure.

Trunks le da un codazo a Reitan.

– “La tienes en el bote.” – murmura el mestizo.

– “¡¿Es que no pensáis tomaros esto en serio?!” – gruñe Turles.

Los tres guerreros miran al frente, donde Onisen ya les ha puesto el ojo encima.

Trunks extiende su mano, reclamando la espada de Whis, que vuela hasta él.

– “¡VAMOS!” – exclama el mestizo.

Los tres guerreros se abalanzan sobre Onisen.

– “Malditos…” – gruñe el androide.

Onisen dispara su rayo ocular, pero Trunks lo repele con su espada.

El mestizo centra su atención en la espada morada de Zahha que empuñaba Gohan, que sigue clavada en el suelo, cerca del enemigo.

– “¡Necesito recuperarla!” – piensa el mestizo.


Reitan, sin detener el avance, dispara una ráfaga de ki que cae alrededor del enemigo… pero el androide, intangible, sigue impertérrito. 

Turles acelera, inyectando un extra de energía a su aura, adelantando a Trunks y Reitan.

– “¡NO TE PRECIPITES!” – exclama Trunks.

El saiyajín carga directamente contra Onisen con los pies por delante, pero lo atraviesa sin dañarlo.

– “Tsk…” – protesta el saiyajín.

Tal cual toca el suelo con los pies, Turles se impulsa de nuevo contra el enemigo con la intención de propinarle otro golpe.

Onisen encaja un puñetazo directo en la nuca sin inmutarse.

– “¿Eh?” – se queda de piedra el saiyajín.

– “No merece la pena esquivarte.” – sentencia el androide.

– “Grrrh…” – gruñe Turles.

El saiyajín, furioso, intentan contraatacar, pero Onisen se revuelve y agarra su brazo y se lo retuerce antes de propinarle un fuerte codazo que lo lanza lejos de allí.

Trunks, espada en mano, intenta cortar a Onisen atacándole por la espalda, pero éste se hace intangible de nuevo.

– “Demasiado lento, Trunks.” – se mofa el androide.

Reitan cae detrás de Onisen e intenta sorprenderle con una patada giratoria, pero el androide sigue siendo intocable.

– “Maldición…” – lamenta el herajín.

– “Saiyajín… herajín…” – murmura Onisen. – “Compartiréis tumba en este planeta.”

Pero de repente, un estallido de energía llama la atención de los tres. 

Turles se pone en pie, envuelto por una gran aura de Súper Saiyajín, con rayos de energía chasqueando a su alrededor.

– “¡¿Qué…?!” – se sorprende Reitan.

Mirai Trunks sonríe.

Turles aprieta los puños con rabia. Sus ojos se quedan en blanco.

– “¡¡YAAAAAAAAAH!!” – grita el saiyajín.

Su aura estalla, generando una violenta onda expansiva cuyos vientos sacuden la zona.

Las pupilas regresan a los ojos de Turles. Su cabello se ha erizado más.

– “Se ha transformado…” – murmura Reitan.

– “El Súper Saiyajín 2.” – confirma Trunks.

Turles levanta su mano derecha y concentra ahí su energía, materializando una esfera de ki anaranjado en la palma de su mano que parece atraer el aire a su alrededor.

El saiyajín lanza la esfera con todas sus fuerzas.

– “¡¡SUPERNOVA VENGATIVA!!” – exclama Turles.

La esfera de energía, que parece una versión reducida del ataque estrella de Cooler, viaja a toda velocidad hacia Onisen… y, por lo tanto, hacia Reitan y Trunks.

– “¡¡ESO ES PELIGROSO!!” – se asusta el herajín.

Una gran explosión sacude el planeta y lo tiñe de naranja.

Mientras tanto, en el interior de Raichi, Pino sigue enzarzado en su combate.

El Número 16 está rodeado por los tres guardianes del núcleo; tamagami.

En la Corporación Cápsula, todos sufren por Pino. 

El androide, conectado al ordenador principal, yace sentado en el suelo, inerte, como si estuviera desactivado.

– “¿Por qué no reacciona como la abuela?” – pregunta Gohan Jr. – “No se mueve…”

– “Él puede desconectar sus funciones motrices.” – responde Hedo.

Pino intenta mantener a raya al espadachín, disparándole con su ametralladora de antebrazo, pero éste se protege con su espada.

El tamagami del martillo aprovecha para abalanzarse sobre Pino por detrás, pero el androide reacciona rápidamente lanzando un cañonazo con su otro antebrazo, empujando al enemigo, aunque no parece hacerle ningún daño.

En ese instante, el tridente del tercer tamagami se clava el pecho de Pino y éste cae de espaldas al suelo.

El tamagami desciende sobre él y recupera su tridente, arrancándoselo del pecho al androide.

El insecto levanta su tridente y parece dispuesto a darle el golpe de gracia… pero las manos voladoras el androide detienen los brazos del tamagami y liberan una descarga eléctrica que lo aturde y lo desarma.

Pino se incorpora repentinamente y dispara sus dos cañones de ki contra el pecho del enemigo, lanzándolo al vacío.

El espadachín se abalanza sobre Pino, pero éste recupera sus brazos, que han recogido al vuelo el tridente, y con él detiene la espada serrada.

– “No me deis por vencido tan fácilmente.” – sonríe Pino. – “No sois los únicos con una misión.”

El tamagami del martillo salta sobre Pino, dispuesto a aplastarlo de un solo golpe.

El Número 16, sin dejar de forcejear con el espadachín, intenta detener el golpe con la mano y, pese a frenar el terrible impacto, ésta es aplastada.

– “Tsk…” – protesta Pino, frente a la inexpresiva mirada de sus enemigos.

Mientras tanto, Bulma sigue corriendo.

En el planeta oscuro, la explosión de la técnica de Turles ha creado una cúpula de fuego.

Trunks y Reitan, gracias al salto temporal del primero, aparecen sanos y salvos fuera del alcance de la explosión, detrás del saiyajín.

– “Turles…” – suspira el herajín, aliviado. – “Maldito lunático…”

– “Ha llevado su cuerpo al límite en sus últimos combates…” – piensa Trunks. – “Y eso le ha llevado al siguiente nivel.”

Turles sonríe con chulería tras desatar su nuevo poder.

Pero Onisen, sin ningún rasguño, sale caminando del domo de fuego, que lentamente se desvanece.

– “¿Es este tu límite, saiyajín?” – se mofa Onisen.

Turles aprieta los dientes, frustrado.

– “No he llegado tan lejos para perder este combate.” – gruñe el saiyajín. – “¡Reitan!” – mira de reojo a su compañero. – “¡Ya estoy a tu altura! ¿Te has dado cuenta?”

– “¿Y eso qué importa?” – se extraña el herajín.

– “¡Trunks!” – sonríe el saiyajín con prepotencia. – “¡Tú eres mi próximo objetivo!”

– “Cuando quieras.” – asiente Trunks, que comprende el fuego que arde en el interior del saiyajín olvidado.

Turles aprieta los puños, reavivando al máximo su aura.

– “Mi cuerpo…” – piensa el saiyajín. – “Puedo sentirlo… el suelo bajo mis pies… el aire contra mi piel… el frio en el ambiente y el calor de mi poder…”

La ventisca sacude a Reitan y Trunks.

– “Soy un saiyajín…” – piensa Turles. – “Las heridas de la batalla me han hecho más fuerte… La muerte me acecha… ¡Qué sensación! Un sentimiento que tenía olvidado… ¡Estoy aquí! ¡Estoy despierto! ¡ESTOY VIVO!”

Onisen mira con desdén al emocionado guerrero.

El saiyajín se prepara para atacar.