ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Una salida

El Campeón // Parte IV: Una salida

“¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”

En la Capital del Este, Mark visita a su esposa en el hospital.

Miguel, una hermosa mujer morena de ojos azules y cabello largo recogido en una coleta que reposa sobre su hombro, está tumbada en la cama. La mujer sonríe, pero parece cansada. Viste el pijama del hospital y está tapada con una manta verde.

Flores frescas en la mesita de noche.

Mark está sentado a su lado y le acaricia la mano para reconfortarla, compartiendo un pequeño momento de ternura.

Mark ha salido del hospital y conduce por una congestionada autopista.

De repente, dos meteoritos sobrevuelan la zona en dirección contraria al tráfico.

– “¡¿Eh?!”- se extraña Mark.

Muchos coches se detienen para observar el fenómeno. Algunos conductores sacan la cabeza por la ventanilla para ver lo que ocurre. Se genera un atasco.

Un gran estruendo sacude la zona tras el paso de esas dos bolas de fuego. Suenan algunas alarmas.

La gente se baja de sus coches para ver qué ha pasado. Mark también.

Una humareda parece emerger de la Capital del Este.

Mark saca su teléfono móvil, pero mientras teclea, un estallido de luz cegadora inunda la carretera.

Un instante después, un estrepitoso estallido y una onda expansiva barren la zona, lanzando por los aires a personas y vehículos hasta alcanzar a Mark.

En su cama, Mark despierta empapado en sudor frío.

Amanece en Orange City. La pequeña Videl abre los ojos. Adormilada, salta de la cama.

Videl camina por el pasillo mientras escucha ruido en la cocina. Huele a gofres.

Al llegar al salón, la niña se detiene. Hay una muchacha durmiendo en el sofá.

Pizza está despeinada, espatarrada y tapada con una manta.

Mark pone un plato de gofres sobre la mesa.

– “¿Quién es?” – pregunta Videl.

– “Una amiga.” – responde Mark.

– “¿No tiene casa?” – pregunta ella, un poco confundida.

Un fuerte bostezo de Pizza, mientras hace un exagerado estiramiento, interrumpe la conversación.

– “¡Qué bien huele!” – exclama ella.

Pizza se levanta del sofá. Viste un albornoz de Mark.

– “He hecho para las dos.” – dice Mark.

– “¡Gracias!” – se le ilumina el rostro a la muchacha.

Pizza se sienta a la mesa.

– “Hola.” – saluda a Videl con una sonrisa.

– “Hola.” – responde la niña, un poco recelosa.

– “Me llamo Pizza.” – se presenta.

– “Yo, Videl.” – dice ella.

Pizza se fija en el pijama de Videl.

– “¿Te gustan las Aventuras de Olibu?” – pregunta ella.

Videl asiente.

– “Es genial, ¿eh?” – sonríe Pizza. – “¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”

– “Hmm…” – piensa Videl. – “CleanGod, ¡porque puede volar!” – responde.

Mark se sienta con ellas.

– “¿A ti también te gustan esas historias?” – suspira el padre.

– “¿A quién no le gustan los héroes?” – pregunta Pizza.

Videl asiente, convencida.

Pizza sonríe al sentir el reconocimiento de la pequeña.

Unos minutos más tarde, Videl se marcha corriendo a clase con el gofre en la boca.

– “¡Hstlego!” – se despide con la boca llena, saliendo por la puerta.

Mark y Pizza se quedan a solas.

Mark se sirve una copa.

– “¿Bourbon de buena mañana?” – pregunta Pizza.

– “Hoy no tengo que trabajar…” – responde Mark.

Pizza se sienta en el sofá, con las piernas recogidas.

– “Siento mucho lo que pasó.” – dice ella, cabizbaja.

– “La gente como Fulov es peligrosa.” – responde Mark.

– “Soy una estúpida.” – dice Pizza. – “Yo solo… quería…” – sus ojos se llenan de lágrimas.

Pizza empieza a llorar.

Mark, incómodo, se sienta a su lado.

– “Lo siento… lo siento mucho…” – dice Pizza, sollozando.

– “No pasa nada.” – dice Mark, acariciándole la espalda. – “Ya está…”

Ella apoya su cabeza en el pecho de Mark.

– “Gracias por ayudarme, Mark…” – dice ella, un poco más tranquila.

De repente, suena el teléfono.

Mark, muy incómodo, aprovecha la oportunidad para levantarse.

Mark mira el teléfono; número oculto. Preocupado por si es Cash, cuelga la llamada.

Tocan a la puerta. 

Con recelo, Mark se acerca a la mirilla.

Golpean la puerta de nuevo.

– “¡MARK!” – exclama German. – “¡Soy yo! ¡Abre!”

Mark suspira. Aliviado, pero a la vez molesto.

Abre la puerta.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.

German se abre paso y entra en la casa.

El agente se detiene al ver a Pizza, vestida con el albornoz de Mark, sentada en el sofá.

– “Hola.” – saluda ella.

– “Eh… Mark…” – dice German, descompuesto. – “Creo que… mejor volveré en otro momento…”

Mark cierra la puerta.

– “Es una amiga.” – dice Mark. – “¿Qué ocurre?” 

– “He hablado de nuevo con Shota.” – dice German. – “Parece que nuestra querida estrella de cine se está planteando buscar otro contrincante para su homenaje.”

– “Bien.” – responde Mark. – “Ya te dije que no me interesa.”

– “Si aún no han encontrado un contrincante decente es porque los bichos raros que participan en el Torneo Mundial de Artes Marciales son realmente difíciles de localizar.” – suspira German.

Mark se sienta en el sofá.

– “No me interesa.” – insiste el luchador.

– “¿Por qué no?” – pregunta Pizza.

Mark se toma un momento.

– “Me duele la rodilla.” – responde finalmente.

– “Mark…” – suspira German, cansado de sus excusas.

El agente se fija en el puño de Mark, cuyos nudillos muestran claros signos de pelea. 

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta German, señalándole la mano.

Mark se mira el dorso de la mano.

– “Que me he quedado sin trabajo.” – responde antes de frotarse los ojos como si aún tuviera sueño, pero a la vez revelando cierta vergüenza por su situación.

Pizza frunce el ceño, intentando comprender lo que está pasando.

– “Espera…” – dice ella. – “¿Te están ofreciendo un combate y lo vas a rechazar?”

– “¡Eso digo yo!” – exclama German al sentirse apoyado.

– “Me duele la rodilla.” – responde Mark, con cierto hastío.

Pizza se levanta de un salto.

– “¿Quién es el contrincante?” – pregunta ella.

– “Un actor famoso de la Capital del Sur.” – responde German.

– “Si es famoso, ¿paga bien?” – pregunta Pizza.

– “¡Por supuesto!” – responde el agente. – “¡ZTV patrocinará el combate!”

Pizza mira a Mark confusa, decepcionada e incluso un poco enojada.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, cortando la conversación y despidiendo a su agente.

German asiente, desilusionado.

El agente se marcha, dejando a Pizza y Mark a solas.

– “Mark…” – dice ella, con cierta ternura, intentando buscar la mano del luchador.

El teléfono suena de nuevo.

Mark aprovecha la excusa para levantarse. 

De nuevo, número oculto. Pero esta vez, Mark responde.

– “¿Dígame?” – dice Mark.

Mark escucha la voz al otro lado del teléfono y se queda confundido.

– “¿Quién es?” – pregunta Pizza, curiosa.

Esa misma tarde, Mark se encuentra de compras en el centro comercial, acompañando a la hermosa esposa de Cash.

Los dos caminan por el lugar. Ella va por delante y él la sigue cargando con sus bolsas.

– “¿Te sorprendió mi llamada?” – pregunta ella, en tono juguetón.

– “Imagino que Fulov no sabe nada…” – responde Mark.

– “No te preocupes por mi marido.” – dice ella. – “Solo sabe lo quiero que sepa.” – le guiña un ojo.

Mark aparta la mirada.

Ella se detiene y agarra la mano derecha de Mark y la mira de cerca.

– “Le diste fuerte…” – dice ella. – “¿Qué pasó?”

– “¿No se lo ha contado?” – pregunta Mark, apartando la mano.

– “No hablamos mucho.” – responde ella. – “¿Está bien la muchacha?”

Mark levanta una ceja, un poco confundido por la respuesta contradictoria de la mujer.

– “No me tomes por tonta, Mark.” – dice la mujer. 

– “Está bien.” – responde él.

La mujer sigue su camino. Mark detrás.

– “¿Cómo puede aguantar a alguien como Fulov?” – pregunta él.

Ella, sin detenerse, busca en su bolso y saca una tarjeta de crédito dorada a nombre de Fulov Cash.

Mark sonríe.

– “Y deja de tratarme de usted.” – dice ella. – “Mi marido ya no es tu jefe.”

– “¿Cómo prefiere que la llame?” – pregunta Mark.

– “Me llamo Ranfan.” – responde ella.

Al anochecer, Mark regresa a su casa.

Para su sorpresa, es abordado repentinamente por una docena de cámaras y periodistas.

– “¡MARK!” – grita uno. – “¡MARK!”

– “¡¿ESTÁS PREPARADO PARA EL EVENTO?!” – pregunta otro.

– “¡HA PASADO MÁS DE UN AÑO DESDE SU ÚLTIMO COMBATE!” – dice otro. – “¡¿CÓMO VA AFRONTAR ESTA PELEA?!”

Mark acelera el ritmo se escurre entre ellos sin responder a nada, logrando llegar a su casa.

Después de cerrar la puerta, se apoya en ella y suspira aliviado.

– “¿Qué demonios…?” – se pregunta.

La televisión está puesta; KBC News.

Pizza lo recibe.

– “Hola.” – dice ella con tono especialmente inocente.

Mark, suspicaz, levanta una ceja.

– “¿Pizza…?” – responde pidiendo explicaciones.

– “En el bar…” – dice ella. – “Una vez me preguntaste si no tenía mejores salidas que esa, ¿lo recuerdas?”

Mark se pasa la mano por la cara, sobrepasado por la situación.

– “Pizza, no puedes…” – responde él. – “No tienes derecho a…”

En el exterior se escucha a German gritando a los periodistas.

– “¡HOY NO VA A HACER DECLARACIONES!” – dice el agente. – “¡HAREMOS UNA RUEDA DE PRENSA EN UNOS DÍAS!”

Mark abre la puerta y German entra con Videl de la mano.

– “La pobre no podía pasar con todo el alboroto.” – dice German.

– “¡PAPÁ!” – exclama Videl, ilusionada, saltando sobre su padre. – “¡¿Es cierto que vas a volver a pelear?!”

Mark levanta a Videl en brazos, sentándola sobre su brazo, pegada a su pecho.

Mark mira a Pizza con cierto recelo.

Silencio.

German se extraña, mira a Pizza y a Mark. La cara de culpable de ella la delata.

El agente se lleva las manos a la cara pensando en cómo va a salir de esta. Ya se imagina escribiendo un comunicado a todas las cadenas de televisión y teniendo que pedir disculpas al equipo del actor.

Mark mira a su hija. La niña rebosa ilusión.

Finalmente, Mark sonríe.

– “¡Por supuesto!” – responde.

German mira a Mark con sorpresa. 

Pizza sonríe aliviada.

A Videl se le ilumina el rostro.

– “¡¿EN SERIO?!” – pregunta ella.

Mark asiente.

En ese instante, en KBC New aparece el contrincante de Mark.

Un hombre de piel morena y cabello rizado vestido con un traje blanco, cortaba roja y gafas de sol responde las preguntas de la prensa a pie de calle.

– “Será una gran noche.” – dice el luchador.

– “¿Qué le parece que se hable tanto del regreso de Dynamite Mark?” – pregunta un periodista.

– “Todo lo que genere atención sobre el evento, es bueno.” – responde el luchador. – “Aunque si lo ven por él, es posible que no les guste el resultado.” – añade en tono chulesco.

– “¿Tiene miedo de que Dynamite Mark le arruine la noche?” – pregunta otro periodista.

– “Para nada.” – responde el luchador, riendo. – “Me han dicho que ha sido difícil convencerle. Supongo que tenía miedo.”

– “¿Tiene algún mensaje para él?” – pregunta un tercero.

El luchador agarra el micro del periodista y mira a cámara.

– “¡MARK!” – exclama el tipo. – “¡DINAMITA MOJADA MARK! ¡Prepárate para pelear contra el Campeón Pamputt! ¡Nos veremos en el viejo estadio de Isla Papaya! Espero que estés preparado, porque sería una pena que el combate durara solo un asalto. ¡No me decepciones!”

Mark, Pizza, Germán y Videl observan al contrincante de Mark en televisión.

German frunce el ceño, molesto.

– “Tsk… Menudo fanfarrón…” – refunfuña el agente.

Mark y Pamputt se miran a los ojos a través de la pantalla.

El evento del año está por venir.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dinamita

El Campeón // Parte III: Dinamita

“Solo estoy aquí por su seguridad, señora.”

Mark despide a su hija, que se marcha a clase con la vecina y su pequeño amigo.

Mark se sienta en su sillón, bourbon en mano, y se prepara para echar una siesta.

El teléfono suena. Mark suspira. Lo ignora hasta que la llamada termina.

Mark cierra los ojos, tranquilo.

RING. Suena de nuevo el teléfono.

– “Maldita sea…” – refunfuña Mark. – “¿Qué te pasa ahora, Ger…?”

Pero al agarrar el móvil se da cuenta de que no es su agente; número oculto.

– “¿Dígame?” – responde Mark.

– “¡Hey!” – exclama la voz ronca de su jefe. – “Tengo un trabajo para ti.”

– “Señor, son las 8 de la mañana…” – responde Mark, extrañado.

– “Paga extra. Vístete bien y ven al club.” – responde rápidamente Cash, antes de colgar.

En poco más de media hora, Mark, vestido con pantalón negro, jersey beige, chaqueta de cuero negra y su fedora de la suerte, se encuentra acompañando a una bella mujer por las tiendas más caras de Orange City.

La mujer, de figura esbelta y cabellera lila rizada, viste un elegante vestido negro, tacones altos, gafas de sol, un collar de perlas y varias pulseras y anillos de oro y piedras preciosas.

Frente a un espejo se coloca encima varios bañadores sin sacarlos del perchero, intentando ver cuál le podría quedar mejor.

Mark, a su lado, le sujeta un exuberante abrigo de visón.

– “¿Qué te parece este?” – pregunta ella.

– “Solo estoy aquí por su seguridad, señora.” – responde Mark con cierto desinterés.

– “¿Señora?” – protesta ella. – “¿Cuántos años tienes? ¿Dos menos que yo?”

– “Es la mujer de mi jefe.” – responde él. – “Así que, señora me parece lo adecuado.”

Ella suspira.

– “Vaya…” – sonríe ella. – “Apuesto y educado.” – le guiña un ojo.

Mark agacha la cabeza, un poco incómodo.

Ella entra en el probador.

– “¿Por qué estás trabajando para mi marido?” – pregunta ella desde el otro lado de la cortina.

– “Es un buen trabajo.” – responde Mark.

– “¿Para Dynamite Mark?” – insiste ella con cierto retintín.

– “¿Es usted una aficionada a la lucha?” – pregunta Mark.

– “Algo así.” – responde ella.

Ella sale del probador, vestida con un bikini rosado que expone su tonificado cuerpo.

– “¿Qué me dices, Mark?” – pregunta ella con tono sensual. – “¿Qué tal me queda?” – añade haciendo algunas posturas de modelo de lencería.

Mark se sonroja ligeramente y aparta la mirada.

Ella sonríe satisfecha, como si ponerle nervioso hubiera sido su objetivo desde el principio.

La mujer se acerca a Mark y le agarra la barbilla delicadamente con la mano, guiando su cabeza para que la mire a los ojos.

– “Dime, Mark… ¿de verdad eres dinamita?” – le dice mientras se acerca lentamente a él.

Pero Mark le agarra la mano y se la aparta.

– “Basta.” – dice él, muy asertivo.

– “Tsk…” – protesta ella, soltándose y dándole la espalda. – “Qué aburrido…”

Mark se cruza de brazos, molesto.

Ella vuelve al probador.

Mark inspira profundamente y expira. Intentando recuperar la compostura. Es un trabajo.

Mientras tanto, en el colegio de Videl, en clase, un chico rubio de ojos marrones le quita el estuche a una niña rubia.

– “¡Devuélvemelo!” – grita ella.

El niño le lanza el estuche a un amigo y éste se lo pasa a otro mientras ríen.

– “¡Devuévemelooo!” – insiste la niña, con los ojos llorosos.

– “¡JAJAJA!” – ríen los críos.

De repente, el estuche desaparece un instante ante de que llegue a manos del primer niño.

– “¿Eh?” – se sorprende el chico.

Videl ha cazado el estuche al vuelo y se lo devuelve a su compañera.

– “Gracias.” – dice la chica con una sonrisa, secándose las lágrimas con el brazo.

El chico se acerca a Videl.

– “¿Por qué te metes en nuestro juego?” – pregunta el niño, con chulería.

Videl se pone con los brazos en jarra y la barbilla alta, cual super héroe.

– “Porque eso no está bien.” – anuncia ella, luciendo en su camiseta un dibujo de CleanGod.

El chico se acerca a Videl, amenazante.

– “¿Te crees mejor que nosotros?” – protesta el niño.

El chico es más alto que Videl, pero ella no se deja amedrentar.

– “Mi madre dice que tu padre es un perdedor.” – dice el chico.

El chico empuja a Videl, que cae de culo al suelo.

Los niños ríen.

– “¡Mi padre es el hombre más fuerte del mundo!” – replica ella.

Su amiga ayuda a Videl a levantarse.

– “¿Y por qué no hizo nada cuando los extraterrestres atacaron la Capital del Este?” – se burla el chico. – “¿Por qué no salvó a tu ma…?”

Antes de que pueda terminar la frase, Videl le propina un puñetazo en la cara y le hace saltar dos dientes de leche.

La niña se sienta sobre su compañero y le propina puñetazos en la cara mientras él grita asustado.

Los demás salen corriendo.

La maestra no tarda en intervenir, agarra el brazo de la niña para apartarla de su compañero, pero ella sigue dando pelea.

Una media hora después, Videl está sentada en el despacho del director del centro cuando entra Mark.

– “Buenos días.” – saluda el director. – “Adelante, siéntese.”

Mark mira a su hija con cierto pesar. Ella agacha la cabeza, avergonzada.

Cuando salen del despacho, Mark se agacha frente a Videl.

– “¿Por qué has hecho eso?” – pregunta el preocupado padre.


Ella no responde.

– “Sabes que no debes pelear con tus compañeros.” – dice Mark. – “Las artes marciales solo se usan para defenderse.”

– “Y en torneos.” – murmura ella.

– “Exacto, listilla.” – responde Mark. – “Eso es porque los dos participantes se han puesto de acuerdo.”

Videl se queda callada.

– “Prométeme que no volverás a hacerlo.” – dice Mark.

– “Dijo que eras un fracasado.” – responde ella.

Mark suspira.

– “No importa lo que la gente diga, Videl.” – insiste él. – “Tú no puedes…”

– “Dijo que eres débil porque no pudiste salvar a mamá.” – añade ella.

Silencio.

Para Mark, el tiempo se detiene durante unos segundos eternos.

El hombre se rompe en silencio, intentando no reflejar el dolor en su rostro y abraza a su hija con fuerza.

Esa noche, Mark deja a Videl mirar la televisión tanto como quiera para que se distraiga, y cuando cae rendida la lleva a la cama.

Mark se sienta a su lado. El teléfono suena. Número oculto.

Mark se pone en pie, pero Videl le agarra la mano.

– “Papá.” – dice ella.

– “Dime, cielo.” – responde él.

– “Quédate un rato conmigo.” – dice con voz tierna.

El padre mira el teléfono un instante, pero decide no responder. 

– “Pero solo un ratito, ¿eh?” – dice Mark. – “Duérmete, que es tarde.”

Mark se tumba al lado de Videl. Ella sonríe y se acurruca junto a su padre.

Mark llega al trabajo. Piroshki está en la puerta.

– “Estas no son horas…” – dice el portero.

– “Lo sé…” – responde Mark. – “Un día jodido…”

Mark entra al local y busca a Cash para poder disculparse, pero no está en su reservado.

Mark se acerca a la barra, pero Pizza no está. Otra de las camareras está ocupando su puesto.

– “¿Hoy no trabaja Pizza?” – pregunta Mark.

La camarera responde levantando la barbilla, indicando a Mark lo que tiene que mirar.

Mark ve a Fulov Chash salir del backstage refunfuñando, claramente enfadado.

Mark se levanta sin decir nada y cruza el local hacia el backstage.

Al entrar a la zona privada, puede oír llorar a una mujer.

Mark entra en el despacho de Cash y se encuentra a Pizza sentada en un sofá, con un tirante del vestido roto, sujetándoselo avergonzada.

Los dos se quedan mirándose en silencio, como si ninguno esperara al otro.

Mark se da la vuelta y se marcha decidido.

– “¡MARK!” – grita ella. – “¡MARK, NO! ¡NO HA PASADO NADA! ¡MARK!”

Pero él no escucha a nadie.

Sale del backstage abriendo la puerta de golpe y cruza la pista de baile directo hacia el reservado de Cash.

– “¡Hey, Mark!” – lo saluda Cash.

Sin mediar palabra, Mark agarra a Cash de la solapa con su mano izquierda, haciendo que se ponga de pie sobre el sofá y le propina un derechazo que le rompe las gafas y la ceja, y un segundo derechazo que le abre el pómulo.

– “¡AAH!” – grita Cash asustado. – “¡¡AYUDA!!”

Mark lo agarra del traje con las dos manos y le propina un cabezazo que le rompe la nariz y lo lanza por encima del sofá, dejándolo tirado en el suelo.

Mark da la vuelta al sofá, directo hacia Cash. La sangre le hierve como nunca.

– “Cabrón…” – refunfuña Mark. – “Es una cría…”

– “¡NO… NO HA PASADO NADA!” – se excusa Cash. – “¡LO JURO!”

Mark no puede calmarse. Lo levanta de nuevo, agarrándolo de la chaqueta y le propina otro puñetazo.

Pizza sale corriendo del backstage y agarra el brazo de Mark.

– “¡MARK! ¡BASTA!” – insiste ella. – “¡POR FAVOR!”

Mark la mira con una rabia contenida que la hace encogerse instintivamente. Él se da cuenta, lo que frena su ira.

– “Nos vamos.” – le dice Mark

– “Pero…” – protesta ella.

Mark la agarra del brazo como si fuera una niña y tira de ella hacia la puerta.

Cash se incorpora, con la cara ensangrentada.

– “Bastardo…” – gruñe Fulov. – “¡VOY A HACER QUE TE MATEN!”

Piroshki ha entrado al local al oír el alboroto y está frente a la puerta, bloqueando el paso.

Mark se detiene frente a él.

– “Mark…” – dice Piroshki, con una mezcla de asombro y miedo.

– “Apártate, Piroshki.” – dice Mark, tajante. – “No me hagas insistir.”

Piroshki levanta las manos y se aparta lentamente.

Mark empuja a Pizza para que pase delante de él.

Cash intenta levantarse, pero no puede. Intenta gatear hasta un taburete para ayudarse. La parte izquierda de su rostro está completamente ensangrentada.

Piroshki se acerca para ayudarle, pero Cash rechaza su mano, furioso.

El hombre escupe al suelo y se le caen dos dientes.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Fulov Fun

El Campeón // Parte II: Fulov Fun

“No me jodas, Mark.”

El sol ha salido en Orange City. Mark ha preparado el desayuno a su hija; huevos revueltos con beicon.

La pequeña devora el desayuno mientras Mark recoge la mochila de su hija de suelo y comprueba que esté bien cerrada.

En ese instante, suena el teléfono móvil. Mark lo mira desde la distancia, pero decide ignóralo.

Suena el timbre.

Videl apura su desayuno y salta de la silla. Corre hacia la puerta y arrebata la mochila de las manos de su padre por el camino.

– “¡Ten cuidado!” – advierte Mark. – “¡Y pórtate bien!”

– “¡Sí, papá!” – exclama ella, que se estira para llegar al pomo de la puerta.

Mark ya regresa a la cocina, con su vaso de bourbon en mente.

– “¡Hola, tío German!” – exclama Videl.

German es un hombre de 30 años. Cabello corto y oscuro, ojos marrones. Su complexión es delgada. Viste pantalón beige, camisa blanca y chaqueta verde oliva. 

– “¡Hola, pequeñaja!” – lo saluda el agente de Mark. – “¿Cómo estás?”

– “¡Muy bien!” – responde ella. – “¡He estado practicando!”

– “¿En serio?” – dice German.

German se pone en cuclillas. 

– “¡Veamos esa derecha!” – exclama mientras levanta su mano izquierda.


Videl la golpea con gracia.

– “¡Yah! ¡Ha!” – da varios golpes.

– “¡Izquierda!” – dice German cambiando de mano.

– “¡Yeh! ¡Hyo!” – se esfuerza ella.

– “¡Muy bien!” – exclama él.

Mark se acerca a la puerta.

– “Vas a llegar tarde.” – suspira Mark.

Videl se da cuenta de que unos metros detrás de German espera la vecina con su hijo.

– “¡AH!” – exclama ella. – “¡Ya me marcho!”

Videl sale corriendo.

La vecina saluda a German y a Mark y los dos levantan la mano amablemente.

– “¡ADIÓS, PAPÁ!” – grita Videl mientras corre hacia su amigo.

German y Mark se quedan a solas.

Mark da la espalda a su agente y regresa al salón. German lo sigue y cierra la puerta tras él.

Mark se sienta en su sillón con desgana.

German camina por el salón echando un vistazo a su alrededor, intentando analizar así el estado de Mark.

– “Acabemos con esto.” – suspira Mark. – “¿Qué quieres?”

German se detiene y pone su atención en su cliente.

– “Tengo un combate listo para ti.” – dice el agente.

– “Ya te lo he dicho.” – responde Mark. – “No puedo pelear con mi rodilla así.”

– “Escúchame” – insiste German. – “He estado hablando con Shota, ¿sabes quién es?”

– “Sí, sí… el tipo de ZTV.” – responde Mark con desgana.

– “¡El de ZTV!” – exclama German, intentando dar emoción a su historia. – “¿Y sabes qué me ha dicho?”

Mark no responde. Mira molesto a su agente, pues siente que lo está tratando como a un niño.

– “Un antiguo campeón quiere organizar un combate. Cuestiones de ego. Es una estrella de cine, pero últimamente no está teniendo mucho éxito… y quiere su minuto de gloria; volver a ser portada.”

– “¿Y qué pinto yo en esto?” – pregunta Mark.

– “¡Es tu momento!” – exclama German. – “El regreso de Dynamite Mark.”

– “¿Quieres que mi primer combate sea directamente contra un campeón?” – levanta la ceja Mark, desconfiando. 

– “No es un campeón.” – resopla German. – “Es una estrella de cine con nostalgia. Dicen que la última vez que participó en el Torneo Mundial de Artes Marciales perdió contra un crío… Si te pones un poco en forma, te lo meriendas sin despeinarte.”

Mark se cruza de brazos.

– “Aunque quisiera pelear, mi rodilla está hecha polvo.” – protesta Mark. 

– “¡Espera!” – exclama German. – “¡Qué no te he dicho aún dónde se disputaría el combate!”

– “¿Hmm?” – levanta la ceja de nuevo Mark.

– “En las ruinas del viejo estadio. ¡En Isla Papaya! ¡Donde se disputaba el Torneo Mundial de Artes Marciales!” – revela German, intentando dar emoción a su oferta. – “Hay rumores de que quieren reconstruir el lugar, pero parece que no hay mucho consenso… las artes marciales están un poco pasadas de moda… Así que quieren que este combate revitalice la afición por la lucha. ¡Es perfecto!”

Mark se levanta e ignora a German. Camina hasta la concina y se sirve una copa de bourbon.

– “No voy a pelear.” – responde Mark.

El agente levanta los brazos en señal de sorpresa.

– “No me jodas, Mark.” – protesta German.

– “Tendría que ponerme a entrenar. Eso sin contar la rehabilitación de mi rodilla. ¿Quién cuidaría de Videl?” – pregunta Mark.

– “Le encontraremos una niñera…” – responde su agente.

– “¿Con qué dinero?” – protesta el luchador. – “Ya no tengo sponsors.”

– “¡El combate te los dará!” – insiste German. – “¡Será un éxito!”

– “No puedo permitírmelo.” – responde Mark. – “La decisión está tomada.”

Silencio.

German se cruza de brazos. Su semblante se torna serio.

– “Mark…” – dice el agente. – “He oído que te han visto por el Fulov Fun”.

Mark no responde.

– “¿En qué te metes, Mark?” – insiste German.

Mark da un trago a su bourbon.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, tajante.

El silencio se apodera de nuevo de la escena. 

Se miran a los ojos.

German agacha la cabeza. 

El agente se dirige a la puerta, pero se detiene tras dar unos pocos pasos. Se da la vuelta, pero no llega a decir nada. Vuelve a encarar la puerta y se marcha.

El día transcurre con normalidad. 

La noche ha caído. Videl duerme.

Mark regresa al club para otra noche de trabajo. 

Piroshki lo saluda en la entrada. Mark entra y camina hasta la barra, donde le recibe Pizza con un refresco.

– “¿Cómo se presenta la noche?” – pregunta Mark.

– “Una más.” – responde la muchacha.

En el fondo de la pista de baile, Fulov Cash guía a una de sus mujeres hacia el backstage, agarrándola del trasero.

Mark se bebe el refresco entero.

De repente, un estruendo en el exterior que se cuela en el garito a pesar de la música alta.

Mark deja el botellín vacío.

En el callejón, Piroshki agarra la cara de un tipo y lo estampa contra la pared, noqueándolo.

Otro yace ya en el suelo, inconsciente.

Tres tipos más lo rodean. Uno va armado con una barra de hierro y otro con una cadena de moto. Entre los cinco destaca el chico rubio de la noche anterior, armado con un cuchillo.

– “¡Te voy a rajar, cabrón!” – grita el tipo.

Piroshki tiene un ojo morado y el brazo derecho ensangrentado por un golpe de la cadena.

Piroshki se pone en guardia.

– “Malditos niñatos…” – gruñe el grandullón.

El rubio es el primero en atacar con la intención de apuñalar al portero, pero Mark interviene, agarrándolo del brazo con el que empuña el arma.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el muchacho, que no lo vio llegar.

Mark proyecta al chico por encima de su espalda con una llave de judo, estampándolo contra el suelo.

Con el impacto, el chico pierde el cuchillo.

El tipo de la barra de hierro se abalanza sobre Mark, arma en alto, sujetándola con las dos manos, pero Mark se revuelve y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a unos pocos metros de distancia y lo estampa contra una moto, que cae al suelo.

El tipo de la cadena se abalanza sobre Mark por la espalda, pero Pisroshki carga contra él con el hombro y del empujón lo lanza contra una puerta de garaje, abollándola y noqueando al muchacho.

Poco a poco, esos tres se recuperan y no dudan en huir. Uno intenta arrastrar a un compañero inconsciente, pero desiste rápidamente por miedo a otra paliza.

Piroshki se mira el moratón del brazo.

– “¿Estás bien?” – pregunta Mark.

– “No es nada.” – responde el grandullón. 


Mark camina hasta la moto caída y la levanta.

– “Dile a Pizza que llame a una ambulancia para estos.” – dice Mark. – “Y desinféctate eso. Yo me quedo aquí mientras tanto.”

– “Gracias, Mark.” – asiente Piroshki.

La ambulancia no tarda en llegar y dos jóvenes sanitarios atienden a los dos heridos, que con poco ya vuelven en sí.


Con excusas y miedo, los dos muchachos se niegan a ser llevados al hospital y se marchan rápidamente, pese andar tambaleándose. 

– “Siempre igual…” – suspira un sanitario. – “No hay nada bueno a estas horas.”

Su compañero se queda mirando a Mark.

– “Disculpa… ¿eres Dynamite Mark?” – le pregunta.

Mark no responde, incomodo, y eso le delata.

– “¡¡DYNAMITE MARK!!” – exclama el chico.

– “¿Quién?” – pregunta el otro.

– “¡Tío, tienes que hacerme una foto!” – le dice al compañero. – “¡Toma mi teléfono!” – le da su móvil.

Mark no parece convencido, pero acaba aceptando.

– “¡Me has alegrado la noche!” – le dice el sanitario a Mark.

– “Me alegro.” – responde sin mucho entusiasmo el luchador, forzando una sonrisa para la foto.

– “Mis sobrinos van a alucinar cuando les diga que te he conocido.” – dice el joven, ilusionado. – “¡Muchas gracias!”

Los sanitarios se despiden y no tardan en subirse a la ambulancia y marcharse.

Mark se queda solo en el callejón. Se apoya en la pared al lado de la entrada, cruzado de brazos, mientras espera, con la mirada perdida en el suelo.

Pasados unos minutos, Piroshki sale de nuevo. Lleva el brazo vendado.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Mark.

– “Ya te dije que no es nada.” – responde el grandullón. – “¿Por quién me tomas?”

Mark choca el puño con Piroshki y regresa al interior del local.

Cuando entra, va directo a la barra. Pizza está preparando un cóctel.

– “¿El moscow mule del jefe?” – pregunta Mark.

– “No bebe otra cosa.” – responde ella, que lo pone en una bandeja y se marcha.

Pizza se acerca al reservado del jefe y deja el cóctel sobre la mesa.

Fulov Cash parece ocupado con su bella acompañante.

Pero cuando Pizza se marcha, Fulov la llama de nuevo, levantando la mano y chasqueando los dedos para reclamar su atención.

La muchacha regresa rápidamente y él le entrega una propina; unos cuantos billetes. Ella lo acepta y cuando se da la vuelta, Fulov le da una palmada en el trasero.

Pizza lo mira de reojo y fuerza una sonrisa antes de regresar al bar.

Mark lo observa todo desde la barra. 

Cuando Pizza pasa por su lado, Mark la mira con gesto de desaprobación.

Pizza levanta las cejas y le enseña los billetes mientras vuelve a su trabajo.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Mark

El Campeón // Parte I: Mark

“Me sigue doliendo la rodilla.”

Mark, un hombre joven de 26 de ojos azules, alto, fornido y peludo, con cabello encrespado, bigote prominente y barba más corta pero descuidada, se despierta con el sonido del despertador; desganado lo apaga y se queda tumbado bocarriba unos instantes, con su mirada fija en el techo, luego cierra los ojos un momento y resopla, cogiendo fuerzas para afrontar el día. En la mesita hay una fotografía de una hermosa mujer de cabellera morena.

Mark se levanta de la cama, vestido solo con un bóxer blanco, y camina con inapetencia hasta el baño; enciende la ducha, espera hasta que sale agua caliente y entra. Tras una breve ducha, se seca y se detiene ante el espejo del lavabo; se rasca su descuidada barba, mira la maquinilla de afeitar de reojo durante unos segundos, pero finalmente se marcha sin afeitarse. 

Mark regresa al dormitorio, pasando por delante de la puerta de la habitación de su hija, decorada con pegatinas y dibujos de superhéroes. En el dormitorio se viste; pantalón de chándal rojo y una camiseta de tirantes blanca.

Mark se dirige a la cocina y prepara tortitas para su hija, mientras él se sirve un vaso de bourbon sin hielos y le da un trago. El despertador de la niña suena y él se apresura en dejar el vaso y terminar de preparar el desayuno. 

La niña de 5 años aparece vestida con un pijama de la serie de dibujos animados basada en el héroe mitológico Olibu, y escala la silla para poder sentarse a la mesa. 

Mark finge una sonrisa mientras le sirve dos tortitas que inunda en jarabe de arce mientas la niña aplaude contenta.

El padre despeina a la chiquilla, que ya ha empezado a devorar el desayuno, y se va al salón, donde encuentra la mochila de su hija, decorada con un dibujo del superhéroe CleanGod, tirada por el suelo y abierta, con lápices de colores esparcidos por todas partes. 

Mark los recoge y los mete en un estuche que luego introduce en la mochila y la cierra. 

En la cocina, la niña ha terminado de comer y espera a su padre, que le dice que se vaya a vestir o llegará tarde al colegio.

Mark regresa a su vaso de bourbon y le da otro trago.

El timbre suena y Mark va a abrir, pero antes esconde el vaso en una mesa cerca de la puerta de la entrada, donde las visitas no puedan verlo cuando abre. Es su vecina, que ha ido a recoger a la niña para llevarla a clase junto a su hijo, de la misma edad.

Mark, con una tierna sonrisa, se despide de su hija, que cuando ha oído el timbre ha terminado de vestirse rápidamente y sale escopeteada de la casa, contenta de ver a su amigo.

Mark cierra la puerta y su rostro vuelve a ser apático. Recupera su vaso casi vacío y lo apura mientras va a la cocina para servirse otro… pero acaba agarrando la botella antes de ir a sentarse en el sofá del salón para ver la televisión, que al encenderlo muestra KBC News y las últimas noticias sobre la reconstrucción de la Capital del Este. Coloca la botella sobre la mesa, se sirve otra copa y cambia de canal. Una estantería con trofeos de lucha repletos de polvo adorna la habitación. Él sigue haciendo zapping hasta que se topa con un partido de béisbol.

La casa es bonita, pero parece desatendida. No está sucia, pero sí desordenada.

Mark da otro sorbo a su bebida, luego inclina su cabeza hacia atrás y cierra los ojos, pero una llamada a su teléfono móvil, que vibra sobre la mesa, le saca de su trance; es su agente, German. Mark se queda mirando el número un rato, dudando si responder, y finalmente termina haciéndolo. 

– “¡Buenos días, Mark!” – exclama el agente. – “¿Cómo está mi campeón?”

No hay respuesta.

– “He hablado con Shota, el tipo de ZTV, y me ha estado vendiendo un combate muy interesante para ti.” – dice el agente. – “Conoce a un tipo con un perfil muy perfecto para tu regreso y que podría estar interesado en…”

Mark lo interrumpe.

– “Me sigue doliendo la rodilla.” – responde con hastío. – “No puedo pelear así. Ya lo sabes.”

– “¡Aún no lo has oído todo!” – exclama el agente. – “¡El combate se celebraría en…!”

Mark no le deja terminar y le cuelga el teléfono para después lanzarlo a la esquina del sofá antes de cerrar los ojos y volver a la posición en la que estaba.

El timbre suena de nuevo y despierta a Mark que, confuso, mira un reloj de pared; son las tres del mediodía. Se levanta con jaqueca, sus movimientos son torpes, choca contra la mesita que hay frente al sofá y la botella de bourbon vacía se tambalea. 

Mark abre la puerta; es su vecina, que ha regresado con los niños. 

Videl entra corriendo, contenta, tira la mochila sobre el sofá y enciende el televisor.

– “¡YA EMPIEZA CLEANGOD!” – exclama ella.

La mujer mira a Mark detenidamente y enseguida se percata de su estado. Amablemente, se ofrece para invitar a la niña a comer a su casa, diciendo que así los pequeños podrán jugar un rato.

Mark rechaza la oferta y se muestra antipático. Interpreta el gesto de su vecina como un ataque y eso le molesta.

– “Videl comerá en su casa con su padre.” – dice Mark.

La vecina se encoje de hombros.

– “Solo intento ayudar, Mark.” – dice ella con ternura. – “Me preocupa la niña y también tú. Desde que falleció Miguel…”

Mark le cierra la puerta en la cara. La mujer se estremece con el portazo.

Mark se frota la sien con vehemencia, intentando aliviar así su jaqueca.

Videl mira entusiasmada la serie de televisión. CleanGod hace una pose de héroe y una explosión ocurre a su espalda, dejando su silueta a contraluz.

El héroe se abalanza sobre un grupo de enemigos untados en barro y los noquea con facilidad, uno tras otro.

Videl se pone en pie e imita al héroe.

– “¡YA!” – exclama ella. – “¡HYAA!” – da patadas y puñetazos al aire.

Mark, anímicamente agotado, se sienta de nuevo en el sillón y sonríe al ver a su hija contenta.

Las horas pasan y anochece.

Videl ha caído rendida sobre la alfombra, frente al televisor.

Mark la coge en brazos y se la lleva a su habitación.

– “¿Ya es hora de dormir?” – pregunta Videl. – “Estaba viendo la tele…”

Mark la coloca en la cama y la tapa.

– “Qué mentirosa.” – responde su padre, sonriendo. – “Estabas bien dormida.”

– “No es verdad.” – protesta ella mientras se acurruca bajo la sábana.

– “Que descanses, preciosa.” – Mark le besa la frente.

Videl, no responde, pues ya se ha dormido de nuevo.

Mark sale de la habitación y cierra la puerta tras él. Su sonrisa se desvanece.

Mark se dirige a su habitación y abre el armario. Su interior es caótico. Hay ropa colgada, pero la mayoría está amontonada, como si hubiera tenido cierta intención de plegarla, pero lo hubiera hecho sin ningún empeño antes de lanzarla al fondo de los estantes.

Mark se viste con un pantalón negro, una camiseta interior de tirantes blanca, un jersey gris encima y una cazadora de cuero, y se dirige a la puerta.

Mark ha forzado su encrespado cabello hacia atrás con un poco de gomina y antes de salir de su casa, agarra de un perchero cerca de la entrada un sombrero fedora negro.

Mientras se lo coloca frente a un pequeño espejo en la pared, su teléfono móvil suena de nuevo. Esta vez es un número oculto. Mark descuelga.

– “¡Mark!” – dice una voz masculina. – “¿Qué cojones estás haciendo? Deberías estar aquí hace quince minutos.”

– “Estoy de camino.” – responde Mark.

– “He dado la cara por ti, colega.” – responde el tipo. – “No me jodas.”

– “Está bien.” – respondo Mark. – “Está bien.”

Mark guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y sale de su casa.

En un callejón de Orange City, Mark entra en un local de dudosa reputación. Es un antro de fiesta. Música alta. Oscuro y con luces de colores iluminando la pista de baile. Algunas mesas rodean la pista, a modo de pequeños reservados, destacando un gran reservado central que preside la sala, opuesto a un pequeño escenario en el que en ese momento está tocando un DJ.

Al entrar, un gigantesco y horondo hombre calvo con perilla que está en la puerta recibe a Mark.

– “Ya creía que no ibas a venir.” – dice el portero.

– “¿Te he fallado alguna vez, Piroshki?” – pregunta Mark.

– “Tío, tienes que tener cuidado.” – responde el grandullón. – “Esta gente no se anda con chiquitas. Yo he dado mi palabra por ti y vas a joderme el tinglado…”

En el reservado presidencial, un tipo bajito y rechoncho, con un traje beige de finas rayas azules, gafas doradas con cristales tintados de marrón y un puro en la boca, está sentado acompañado de dos bellas mujeres.

El hombre levanta la mano y reclama la atención de Piroshki y Mark sin necesidad de palabras.

– “Maldita sea…” – refunfuña el grandullón. – “Nos llama el jefe.”

Los dos hombres se acercan al reservado.

– “¡Al fin aparece!” – se burla el jefe. – “¿Cómo se llamaba tu amigo, Piroshki?”

– “Se llama Mark.” – responde el grandullón.

– “Siento el retraso, señor Cash.” – dice Mark.

– “Lo sientes.” – asiente Cash. – “Esto está bien.” – da una calada a su puro. – “¿Qué opinas, Piroshki?” 

– “Mark es un gran tipo.” – respondo el portero. – “Creo que aún no se ha adaptado a este trabajo, pero lo hará bien.”

Fullov Cash da otra calda a su puro.

– “¿Qué tal esa rodilla?” – pregunta Cash.

– “Mejorando, señor.” – responde Mark.

– “Me alegro.” – dice el jefe.

Fullov Cash da otra calada mientras despide a Piroshki con un simple gesto. El grandullón agacha la cabeza y regresa a su puesto.

– “Dile a la chiquilla que me traiga otra copa.” – le dice el jefe a Mark. – “Y luego ponte a trabajar.”

– “Por supuesto, señor Cash” – dice Mark haciendo una pequeña reverencia.

Mark acude a la barra, en el fondo del local.

– “¡Buenas noches, Mark!” – le saluda con alegría una joven muchacha de cabellera naranja y ojos miel, embutida en un vestido rojo ligeramente escotado. – “¿Qué te pongo?”

– “A mí nada.” – suspira Mark, apoyándose en la barra. – “Pero el jefe quiere otra copa.”

– “Supongo que lo de siempre…” – suspira ella.

– “¿No tienes clase mañana?” – pregunta Mark.

– “Ja. Ja. Muy gracioso.” – responde ella con retintín mientras prepara un cóctel.

– “Tienes que tener mejores salidas que esta, Pizza.” – insiste Mark.

– “¿Y tú no?” – pregunta ella.

– “Ahora mismo, tengo prioridades.” – responde Mark.

Mark y Pizza miran de reojo el reservado presidencial, donde Cash pone su cabeza entre los pechos de una las mujeres que lo acompañan.

– “No es gratis.” – dice Pizza.

– “Es un cerdo.” – dice Mark.

– “Un cerdo con mucho dinero.” – responde ella.

Pizza agarra el cóctel recién preparado y sale de detrás de la barra y se dirige al reservado.

Ella coloca la bebida en la mesa de Cash con una sonrisa y se marcha.

El jefe le mira descaradamente el trasero mientras ella regresa a la barra.

Mark observa el gesto y sacude la cabeza con desaprobación.

De repente, una pelea empieza en la sala de baile.

Piroshki da un paso al frente con la intención de intervenir, pero Mark le levanta la mano para que se detenga mientras se dirige hacia la escaramuza.

Un tipo grande y musculado, rubio, vestido con un polo blanco con rajas azules y un pantalón vaquero, parece estar causando problemas. El muchacho lleva unas copas de más y está empujando a los que tiene a su alrededor.

– “Algún problema, caballero.” – dice Mark, agarrando al tipo del hombro.

El muchacho se revuelve y aparta la mano de Mark.

– “Estos tipos están ocupando mi espacio.” – dice el tipo. – “Deberías hacer algo.”

– “Si eso es todo, caballeros, agradecería que zanjáramos el asunto sin armar mucho jaleo.” – insiste Mark.

El tipo se acerca a Mark para intentar intimidarlo. Pese a la estatura de nuestro amigo, el muchacho es aún más alto.

– “¿Y si quiero armar jaleo?” – dice el tipo, que procede a empujar a Mark.

Mark retrocede dos pasos y pierde su fedora.

– “Esta bien.” – suspira antes de ponerse en guardia.

Mark propina un puñetazo directo al abdomen del muchacho, que se dobla sobre sí mismo.

Mark lo agarra del pescuezo y del cinturón y lo lleva hacia la salida. La gente se aparta para dejarles paso.

Piroshki ya espera con la puerta abierta, y Mark lo lanza fuera del local.

– “Cabrón…” – dice el tipo. – “Me las vas a pagar…”

Mark lo ignora. La puerta se cierra. Piroshki se queda fuera.

– “Lárgate, muchacho.” – dice el grandullón. – “No busques más problemas.”

– “Esto no va a quedar así…” – protesta el tipo, que se marcha con el rabo entre las piernas.

Dentro del local, Mark se recoloca la chaqueta.

Cash esboza una media sonrisa desde su reservado, antes de dar otra calada a su puro.

Pizza pasa por al lado de Mark y le devuelve su fedora.

– “Súper Mark al rescate.” – le guiña el ojo. – “Si no te conociera, me darías miedo.”

– “¿Miedo por qué?” – pregunta él.

– “Eres un buen tipo… pero peleas como un demonio.” – responde ella.