ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dinamita

El Campeón // Parte III: Dinamita

“Solo estoy aquí por su seguridad, señora.”

Mark despide a su hija, que se marcha a clase con la vecina y su pequeño amigo.

Mark se sienta en su sillón, bourbon en mano, y se prepara para echar una siesta.

El teléfono suena. Mark suspira. Lo ignora hasta que la llamada termina.

Mark cierra los ojos, tranquilo.

RING. Suena de nuevo el teléfono.

– “Maldita sea…” – refunfuña Mark. – “¿Qué te pasa ahora, Ger…?”

Pero al agarrar el móvil se da cuenta de que no es su agente; número oculto.

– “¿Dígame?” – responde Mark.

– “¡Hey!” – exclama la voz ronca de su jefe. – “Tengo un trabajo para ti.”

– “Señor, son las 8 de la mañana…” – responde Mark, extrañado.

– “Paga extra. Vístete bien y ven al club.” – responde rápidamente Cash, antes de colgar.

En poco más de media hora, Mark, vestido con pantalón negro, jersey beige, chaqueta de cuero negra y su fedora de la suerte, se encuentra acompañando a una bella mujer por las tiendas más caras de Orange City.

La mujer, de figura esbelta y cabellera lila rizada, viste un elegante vestido negro, tacones altos, gafas de sol, un collar de perlas y varias pulseras y anillos de oro y piedras preciosas.

Frente a un espejo se coloca encima varios bañadores sin sacarlos del perchero, intentando ver cuál le podría quedar mejor.

Mark, a su lado, le sujeta un exuberante abrigo de visón.

– “¿Qué te parece este?” – pregunta ella.

– “Solo estoy aquí por su seguridad, señora.” – responde Mark con cierto desinterés.

– “¿Señora?” – protesta ella. – “¿Cuántos años tienes? ¿Dos menos que yo?”

– “Es la mujer de mi jefe.” – responde él. – “Así que, señora me parece lo adecuado.”

Ella suspira.

– “Vaya…” – sonríe ella. – “Apuesto y educado.” – le guiña un ojo.

Mark agacha la cabeza, un poco incómodo.

Ella entra en el probador.

– “¿Por qué estás trabajando para mi marido?” – pregunta ella desde el otro lado de la cortina.

– “Es un buen trabajo.” – responde Mark.

– “¿Para Dynamite Mark?” – insiste ella con cierto retintín.

– “¿Es usted una aficionada a la lucha?” – pregunta Mark.

– “Algo así.” – responde ella.

Ella sale del probador, vestida con un bikini rosado que expone su tonificado cuerpo.

– “¿Qué me dices, Mark?” – pregunta ella con tono sensual. – “¿Qué tal me queda?” – añade haciendo algunas posturas de modelo de lencería.

Mark se sonroja ligeramente y aparta la mirada.

Ella sonríe satisfecha, como si ponerle nervioso hubiera sido su objetivo desde el principio.

La mujer se acerca a Mark y le agarra la barbilla delicadamente con la mano, guiando su cabeza para que la mire a los ojos.

– “Dime, Mark… ¿de verdad eres dinamita?” – le dice mientras se acerca lentamente a él.

Pero Mark le agarra la mano y se la aparta.

– “Basta.” – dice él, muy asertivo.

– “Tsk…” – protesta ella, soltándose y dándole la espalda. – “Qué aburrido…”

Mark se cruza de brazos, molesto.

Ella vuelve al probador.

Mark inspira profundamente y expira. Intentando recuperar la compostura. Es un trabajo.

Mientras tanto, en el colegio de Videl, en clase, un chico rubio de ojos marrones le quita el estuche a una niña rubia.

– “¡Devuélvemelo!” – grita ella.

El niño le lanza el estuche a un amigo y éste se lo pasa a otro mientras ríen.

– “¡Devuévemelooo!” – insiste la niña, con los ojos llorosos.

– “¡JAJAJA!” – ríen los críos.

De repente, el estuche desaparece un instante ante de que llegue a manos del primer niño.

– “¿Eh?” – se sorprende el chico.

Videl ha cazado el estuche al vuelo y se lo devuelve a su compañera.

– “Gracias.” – dice la chica con una sonrisa, secándose las lágrimas con el brazo.

El chico se acerca a Videl.

– “¿Por qué te metes en nuestro juego?” – pregunta el niño, con chulería.

Videl se pone con los brazos en jarra y la barbilla alta, cual super héroe.

– “Porque eso no está bien.” – anuncia ella, luciendo en su camiseta un dibujo de CleanGod.

El chico se acerca a Videl, amenazante.

– “¿Te crees mejor que nosotros?” – protesta el niño.

El chico es más alto que Videl, pero ella no se deja amedrentar.

– “Mi madre dice que tu padre es un perdedor.” – dice el chico.

El chico empuja a Videl, que cae de culo al suelo.

Los niños ríen.

– “¡Mi padre es el hombre más fuerte del mundo!” – replica ella.

Su amiga ayuda a Videl a levantarse.

– “¿Y por qué no hizo nada cuando los extraterrestres atacaron la Capital del Este?” – se burla el chico. – “¿Por qué no salvó a tu ma…?”

Antes de que pueda terminar la frase, Videl le propina un puñetazo en la cara y le hace saltar dos dientes de leche.

La niña se sienta sobre su compañero y le propina puñetazos en la cara mientras él grita asustado.

Los demás salen corriendo.

La maestra no tarda en intervenir, agarra el brazo de la niña para apartarla de su compañero, pero ella sigue dando pelea.

Una media hora después, Videl está sentada en el despacho del director del centro cuando entra Mark.

– “Buenos días.” – saluda el director. – “Adelante, siéntese.”

Mark mira a su hija con cierto pesar. Ella agacha la cabeza, avergonzada.

Cuando salen del despacho, Mark se agacha frente a Videl.

– “¿Por qué has hecho eso?” – pregunta el preocupado padre.


Ella no responde.

– “Sabes que no debes pelear con tus compañeros.” – dice Mark. – “Las artes marciales solo se usan para defenderse.”

– “Y en torneos.” – murmura ella.

– “Exacto, listilla.” – responde Mark. – “Eso es porque los dos participantes se han puesto de acuerdo.”

Videl se queda callada.

– “Prométeme que no volverás a hacerlo.” – dice Mark.

– “Dijo que eras un fracasado.” – responde ella.

Mark suspira.

– “No importa lo que la gente diga, Videl.” – insiste él. – “Tú no puedes…”

– “Dijo que eres débil porque no pudiste salvar a mamá.” – añade ella.

Silencio.

Para Mark, el tiempo se detiene durante unos segundos eternos.

El hombre se rompe en silencio, intentando no reflejar el dolor en su rostro y abraza a su hija con fuerza.

Esa noche, Mark deja a Videl mirar la televisión tanto como quiera para que se distraiga, y cuando cae rendida la lleva a la cama.

Mark se sienta a su lado. El teléfono suena. Número oculto.

Mark se pone en pie, pero Videl le agarra la mano.

– “Papá.” – dice ella.

– “Dime, cielo.” – responde él.

– “Quédate un rato conmigo.” – dice con voz tierna.

El padre mira el teléfono un instante, pero decide no responder. 

– “Pero solo un ratito, ¿eh?” – dice Mark. – “Duérmete, que es tarde.”

Mark se tumba al lado de Videl. Ella sonríe y se acurruca junto a su padre.

Mark llega al trabajo. Piroshki está en la puerta.

– “Estas no son horas…” – dice el portero.

– “Lo sé…” – responde Mark. – “Un día jodido…”

Mark entra al local y busca a Cash para poder disculparse, pero no está en su reservado.

Mark se acerca a la barra, pero Pizza no está. Otra de las camareras está ocupando su puesto.

– “¿Hoy no trabaja Pizza?” – pregunta Mark.

La camarera responde levantando la barbilla, indicando a Mark lo que tiene que mirar.

Mark ve a Fulov Chash salir del backstage refunfuñando, claramente enfadado.

Mark se levanta sin decir nada y cruza el local hacia el backstage.

Al entrar a la zona privada, puede oír llorar a una mujer.

Mark entra en el despacho de Cash y se encuentra a Pizza sentada en un sofá, con un tirante del vestido roto, sujetándoselo avergonzada.

Los dos se quedan mirándose en silencio, como si ninguno esperara al otro.

Mark se da la vuelta y se marcha decidido.

– “¡MARK!” – grita ella. – “¡MARK, NO! ¡NO HA PASADO NADA! ¡MARK!”

Pero él no escucha a nadie.

Sale del backstage abriendo la puerta de golpe y cruza la pista de baile directo hacia el reservado de Cash.

– “¡Hey, Mark!” – lo saluda Cash.

Sin mediar palabra, Mark agarra a Cash de la solapa con su mano izquierda, haciendo que se ponga de pie sobre el sofá y le propina un derechazo que le rompe las gafas y la ceja, y un segundo derechazo que le abre el pómulo.

– “¡AAH!” – grita Cash asustado. – “¡¡AYUDA!!”

Mark lo agarra del traje con las dos manos y le propina un cabezazo que le rompe la nariz y lo lanza por encima del sofá, dejándolo tirado en el suelo.

Mark da la vuelta al sofá, directo hacia Cash. La sangre le hierve como nunca.

– “Cabrón…” – refunfuña Mark. – “Es una cría…”

– “¡NO… NO HA PASADO NADA!” – se excusa Cash. – “¡LO JURO!”

Mark no puede calmarse. Lo levanta de nuevo, agarrándolo de la chaqueta y le propina otro puñetazo.

Pizza sale corriendo del backstage y agarra el brazo de Mark.

– “¡MARK! ¡BASTA!” – insiste ella. – “¡POR FAVOR!”

Mark la mira con una rabia contenida que la hace encogerse instintivamente. Él se da cuenta, lo que frena su ira.

– “Nos vamos.” – le dice Mark

– “Pero…” – protesta ella.

Mark la agarra del brazo como si fuera una niña y tira de ella hacia la puerta.

Cash se incorpora, con la cara ensangrentada.

– “Bastardo…” – gruñe Fulov. – “¡VOY A HACER QUE TE MATEN!”

Piroshki ha entrado al local al oír el alboroto y está frente a la puerta, bloqueando el paso.

Mark se detiene frente a él.

– “Mark…” – dice Piroshki, con una mezcla de asombro y miedo.

– “Apártate, Piroshki.” – dice Mark, tajante. – “No me hagas insistir.”

Piroshki levanta las manos y se aparta lentamente.

Mark empuja a Pizza para que pase delante de él.

Cash intenta levantarse, pero no puede. Intenta gatear hasta un taburete para ayudarse. La parte izquierda de su rostro está completamente ensangrentada.

Piroshki se acerca para ayudarle, pero Cash rechaza su mano, furioso.

El hombre escupe al suelo y se le caen dos dientes.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Fulov Fun

El Campeón // Parte II: Fulov Fun

“No me jodas, Mark.”

El sol ha salido en Orange City. Mark ha preparado el desayuno a su hija; huevos revueltos con beicon.

La pequeña devora el desayuno mientras Mark recoge la mochila de su hija de suelo y comprueba que esté bien cerrada.

En ese instante, suena el teléfono móvil. Mark lo mira desde la distancia, pero decide ignóralo.

Suena el timbre.

Videl apura su desayuno y salta de la silla. Corre hacia la puerta y arrebata la mochila de las manos de su padre por el camino.

– “¡Ten cuidado!” – advierte Mark. – “¡Y pórtate bien!”

– “¡Sí, papá!” – exclama ella, que se estira para llegar al pomo de la puerta.

Mark ya regresa a la cocina, con su vaso de bourbon en mente.

– “¡Hola, tío German!” – exclama Videl.

German es un hombre de 30 años. Cabello corto y oscuro, ojos marrones. Su complexión es delgada. Viste pantalón beige, camisa blanca y chaqueta verde oliva. 

– “¡Hola, pequeñaja!” – lo saluda el agente de Mark. – “¿Cómo estás?”

– “¡Muy bien!” – responde ella. – “¡He estado practicando!”

– “¿En serio?” – dice German.

German se pone en cuclillas. 

– “¡Veamos esa derecha!” – exclama mientras levanta su mano izquierda.


Videl la golpea con gracia.

– “¡Yah! ¡Ha!” – da varios golpes.

– “¡Izquierda!” – dice German cambiando de mano.

– “¡Yeh! ¡Hyo!” – se esfuerza ella.

– “¡Muy bien!” – exclama él.

Mark se acerca a la puerta.

– “Vas a llegar tarde.” – suspira Mark.

Videl se da cuenta de que unos metros detrás de German espera la vecina con su hijo.

– “¡AH!” – exclama ella. – “¡Ya me marcho!”

Videl sale corriendo.

La vecina saluda a German y a Mark y los dos levantan la mano amablemente.

– “¡ADIÓS, PAPÁ!” – grita Videl mientras corre hacia su amigo.

German y Mark se quedan a solas.

Mark da la espalda a su agente y regresa al salón. German lo sigue y cierra la puerta tras él.

Mark se sienta en su sillón con desgana.

German camina por el salón echando un vistazo a su alrededor, intentando analizar así el estado de Mark.

– “Acabemos con esto.” – suspira Mark. – “¿Qué quieres?”

German se detiene y pone su atención en su cliente.

– “Tengo un combate listo para ti.” – dice el agente.

– “Ya te lo he dicho.” – responde Mark. – “No puedo pelear con mi rodilla así.”

– “Escúchame” – insiste German. – “He estado hablando con Shota, ¿sabes quién es?”

– “Sí, sí… el tipo de ZTV.” – responde Mark con desgana.

– “¡El de ZTV!” – exclama German, intentando dar emoción a su historia. – “¿Y sabes qué me ha dicho?”

Mark no responde. Mira molesto a su agente, pues siente que lo está tratando como a un niño.

– “Un antiguo campeón quiere organizar un combate. Cuestiones de ego. Es una estrella de cine, pero últimamente no está teniendo mucho éxito… y quiere su minuto de gloria; volver a ser portada.”

– “¿Y qué pinto yo en esto?” – pregunta Mark.

– “¡Es tu momento!” – exclama German. – “El regreso de Dynamite Mark.”

– “¿Quieres que mi primer combate sea directamente contra un campeón?” – levanta la ceja Mark, desconfiando. 

– “No es un campeón.” – resopla German. – “Es una estrella de cine con nostalgia. Dicen que la última vez que participó en el Torneo Mundial de Artes Marciales perdió contra un crío… Si te pones un poco en forma, te lo meriendas sin despeinarte.”

Mark se cruza de brazos.

– “Aunque quisiera pelear, mi rodilla está hecha polvo.” – protesta Mark. 

– “¡Espera!” – exclama German. – “¡Qué no te he dicho aún dónde se disputaría el combate!”

– “¿Hmm?” – levanta la ceja de nuevo Mark.

– “En las ruinas del viejo estadio. ¡En Isla Papaya! ¡Donde se disputaba el Torneo Mundial de Artes Marciales!” – revela German, intentando dar emoción a su oferta. – “Hay rumores de que quieren reconstruir el lugar, pero parece que no hay mucho consenso… las artes marciales están un poco pasadas de moda… Así que quieren que este combate revitalice la afición por la lucha. ¡Es perfecto!”

Mark se levanta e ignora a German. Camina hasta la concina y se sirve una copa de bourbon.

– “No voy a pelear.” – responde Mark.

El agente levanta los brazos en señal de sorpresa.

– “No me jodas, Mark.” – protesta German.

– “Tendría que ponerme a entrenar. Eso sin contar la rehabilitación de mi rodilla. ¿Quién cuidaría de Videl?” – pregunta Mark.

– “Le encontraremos una niñera…” – responde su agente.

– “¿Con qué dinero?” – protesta el luchador. – “Ya no tengo sponsors.”

– “¡El combate te los dará!” – insiste German. – “¡Será un éxito!”

– “No puedo permitírmelo.” – responde Mark. – “La decisión está tomada.”

Silencio.

German se cruza de brazos. Su semblante se torna serio.

– “Mark…” – dice el agente. – “He oído que te han visto por el Fulov Fun”.

Mark no responde.

– “¿En qué te metes, Mark?” – insiste German.

Mark da un trago a su bourbon.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, tajante.

El silencio se apodera de nuevo de la escena. 

Se miran a los ojos.

German agacha la cabeza. 

El agente se dirige a la puerta, pero se detiene tras dar unos pocos pasos. Se da la vuelta, pero no llega a decir nada. Vuelve a encarar la puerta y se marcha.

El día transcurre con normalidad. 

La noche ha caído. Videl duerme.

Mark regresa al club para otra noche de trabajo. 

Piroshki lo saluda en la entrada. Mark entra y camina hasta la barra, donde le recibe Pizza con un refresco.

– “¿Cómo se presenta la noche?” – pregunta Mark.

– “Una más.” – responde la muchacha.

En el fondo de la pista de baile, Fulov Cash guía a una de sus mujeres hacia el backstage, agarrándola del trasero.

Mark se bebe el refresco entero.

De repente, un estruendo en el exterior que se cuela en el garito a pesar de la música alta.

Mark deja el botellín vacío.

En el callejón, Piroshki agarra la cara de un tipo y lo estampa contra la pared, noqueándolo.

Otro yace ya en el suelo, inconsciente.

Tres tipos más lo rodean. Uno va armado con una barra de hierro y otro con una cadena de moto. Entre los cinco destaca el chico rubio de la noche anterior, armado con un cuchillo.

– “¡Te voy a rajar, cabrón!” – grita el tipo.

Piroshki tiene un ojo morado y el brazo derecho ensangrentado por un golpe de la cadena.

Piroshki se pone en guardia.

– “Malditos niñatos…” – gruñe el grandullón.

El rubio es el primero en atacar con la intención de apuñalar al portero, pero Mark interviene, agarrándolo del brazo con el que empuña el arma.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el muchacho, que no lo vio llegar.

Mark proyecta al chico por encima de su espalda con una llave de judo, estampándolo contra el suelo.

Con el impacto, el chico pierde el cuchillo.

El tipo de la barra de hierro se abalanza sobre Mark, arma en alto, sujetándola con las dos manos, pero Mark se revuelve y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a unos pocos metros de distancia y lo estampa contra una moto, que cae al suelo.

El tipo de la cadena se abalanza sobre Mark por la espalda, pero Pisroshki carga contra él con el hombro y del empujón lo lanza contra una puerta de garaje, abollándola y noqueando al muchacho.

Poco a poco, esos tres se recuperan y no dudan en huir. Uno intenta arrastrar a un compañero inconsciente, pero desiste rápidamente por miedo a otra paliza.

Piroshki se mira el moratón del brazo.

– “¿Estás bien?” – pregunta Mark.

– “No es nada.” – responde el grandullón. 


Mark camina hasta la moto caída y la levanta.

– “Dile a Pizza que llame a una ambulancia para estos.” – dice Mark. – “Y desinféctate eso. Yo me quedo aquí mientras tanto.”

– “Gracias, Mark.” – asiente Piroshki.

La ambulancia no tarda en llegar y dos jóvenes sanitarios atienden a los dos heridos, que con poco ya vuelven en sí.


Con excusas y miedo, los dos muchachos se niegan a ser llevados al hospital y se marchan rápidamente, pese andar tambaleándose. 

– “Siempre igual…” – suspira un sanitario. – “No hay nada bueno a estas horas.”

Su compañero se queda mirando a Mark.

– “Disculpa… ¿eres Dynamite Mark?” – le pregunta.

Mark no responde, incomodo, y eso le delata.

– “¡¡DYNAMITE MARK!!” – exclama el chico.

– “¿Quién?” – pregunta el otro.

– “¡Tío, tienes que hacerme una foto!” – le dice al compañero. – “¡Toma mi teléfono!” – le da su móvil.

Mark no parece convencido, pero acaba aceptando.

– “¡Me has alegrado la noche!” – le dice el sanitario a Mark.

– “Me alegro.” – responde sin mucho entusiasmo el luchador, forzando una sonrisa para la foto.

– “Mis sobrinos van a alucinar cuando les diga que te he conocido.” – dice el joven, ilusionado. – “¡Muchas gracias!”

Los sanitarios se despiden y no tardan en subirse a la ambulancia y marcharse.

Mark se queda solo en el callejón. Se apoya en la pared al lado de la entrada, cruzado de brazos, mientras espera, con la mirada perdida en el suelo.

Pasados unos minutos, Piroshki sale de nuevo. Lleva el brazo vendado.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Mark.

– “Ya te dije que no es nada.” – responde el grandullón. – “¿Por quién me tomas?”

Mark choca el puño con Piroshki y regresa al interior del local.

Cuando entra, va directo a la barra. Pizza está preparando un cóctel.

– “¿El moscow mule del jefe?” – pregunta Mark.

– “No bebe otra cosa.” – responde ella, que lo pone en una bandeja y se marcha.

Pizza se acerca al reservado del jefe y deja el cóctel sobre la mesa.

Fulov Cash parece ocupado con su bella acompañante.

Pero cuando Pizza se marcha, Fulov la llama de nuevo, levantando la mano y chasqueando los dedos para reclamar su atención.

La muchacha regresa rápidamente y él le entrega una propina; unos cuantos billetes. Ella lo acepta y cuando se da la vuelta, Fulov le da una palmada en el trasero.

Pizza lo mira de reojo y fuerza una sonrisa antes de regresar al bar.

Mark lo observa todo desde la barra. 

Cuando Pizza pasa por su lado, Mark la mira con gesto de desaprobación.

Pizza levanta las cejas y le enseña los billetes mientras vuelve a su trabajo.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Mark

El Campeón // Parte I: Mark

“Me sigue doliendo la rodilla.”

Mark, un hombre joven de 26 de ojos azules, alto, fornido y peludo, con cabello encrespado, bigote prominente y barba más corta pero descuidada, se despierta con el sonido del despertador; desganado lo apaga y se queda tumbado bocarriba unos instantes, con su mirada fija en el techo, luego cierra los ojos un momento y resopla, cogiendo fuerzas para afrontar el día. En la mesita hay una fotografía de una hermosa mujer de cabellera morena.

Mark se levanta de la cama, vestido solo con un bóxer blanco, y camina con inapetencia hasta el baño; enciende la ducha, espera hasta que sale agua caliente y entra. Tras una breve ducha, se seca y se detiene ante el espejo del lavabo; se rasca su descuidada barba, mira la maquinilla de afeitar de reojo durante unos segundos, pero finalmente se marcha sin afeitarse. 

Mark regresa al dormitorio, pasando por delante de la puerta de la habitación de su hija, decorada con pegatinas y dibujos de superhéroes. En el dormitorio se viste; pantalón de chándal rojo y una camiseta de tirantes blanca.

Mark se dirige a la cocina y prepara tortitas para su hija, mientras él se sirve un vaso de bourbon sin hielos y le da un trago. El despertador de la niña suena y él se apresura en dejar el vaso y terminar de preparar el desayuno. 

La niña de 5 años aparece vestida con un pijama de la serie de dibujos animados basada en el héroe mitológico Olibu, y escala la silla para poder sentarse a la mesa. 

Mark finge una sonrisa mientras le sirve dos tortitas que inunda en jarabe de arce mientas la niña aplaude contenta.

El padre despeina a la chiquilla, que ya ha empezado a devorar el desayuno, y se va al salón, donde encuentra la mochila de su hija, decorada con un dibujo del superhéroe CleanGod, tirada por el suelo y abierta, con lápices de colores esparcidos por todas partes. 

Mark los recoge y los mete en un estuche que luego introduce en la mochila y la cierra. 

En la cocina, la niña ha terminado de comer y espera a su padre, que le dice que se vaya a vestir o llegará tarde al colegio.

Mark regresa a su vaso de bourbon y le da otro trago.

El timbre suena y Mark va a abrir, pero antes esconde el vaso en una mesa cerca de la puerta de la entrada, donde las visitas no puedan verlo cuando abre. Es su vecina, que ha ido a recoger a la niña para llevarla a clase junto a su hijo, de la misma edad.

Mark, con una tierna sonrisa, se despide de su hija, que cuando ha oído el timbre ha terminado de vestirse rápidamente y sale escopeteada de la casa, contenta de ver a su amigo.

Mark cierra la puerta y su rostro vuelve a ser apático. Recupera su vaso casi vacío y lo apura mientras va a la cocina para servirse otro… pero acaba agarrando la botella antes de ir a sentarse en el sofá del salón para ver la televisión, que al encenderlo muestra KBC News y las últimas noticias sobre la reconstrucción de la Capital del Este. Coloca la botella sobre la mesa, se sirve otra copa y cambia de canal. Una estantería con trofeos de lucha repletos de polvo adorna la habitación. Él sigue haciendo zapping hasta que se topa con un partido de béisbol.

La casa es bonita, pero parece desatendida. No está sucia, pero sí desordenada.

Mark da otro sorbo a su bebida, luego inclina su cabeza hacia atrás y cierra los ojos, pero una llamada a su teléfono móvil, que vibra sobre la mesa, le saca de su trance; es su agente, German. Mark se queda mirando el número un rato, dudando si responder, y finalmente termina haciéndolo. 

– “¡Buenos días, Mark!” – exclama el agente. – “¿Cómo está mi campeón?”

No hay respuesta.

– “He hablado con Shota, el tipo de ZTV, y me ha estado vendiendo un combate muy interesante para ti.” – dice el agente. – “Conoce a un tipo con un perfil muy perfecto para tu regreso y que podría estar interesado en…”

Mark lo interrumpe.

– “Me sigue doliendo la rodilla.” – responde con hastío. – “No puedo pelear así. Ya lo sabes.”

– “¡Aún no lo has oído todo!” – exclama el agente. – “¡El combate se celebraría en…!”

Mark no le deja terminar y le cuelga el teléfono para después lanzarlo a la esquina del sofá antes de cerrar los ojos y volver a la posición en la que estaba.

El timbre suena de nuevo y despierta a Mark que, confuso, mira un reloj de pared; son las tres del mediodía. Se levanta con jaqueca, sus movimientos son torpes, choca contra la mesita que hay frente al sofá y la botella de bourbon vacía se tambalea. 

Mark abre la puerta; es su vecina, que ha regresado con los niños. 

Videl entra corriendo, contenta, tira la mochila sobre el sofá y enciende el televisor.

– “¡YA EMPIEZA CLEANGOD!” – exclama ella.

La mujer mira a Mark detenidamente y enseguida se percata de su estado. Amablemente, se ofrece para invitar a la niña a comer a su casa, diciendo que así los pequeños podrán jugar un rato.

Mark rechaza la oferta y se muestra antipático. Interpreta el gesto de su vecina como un ataque y eso le molesta.

– “Videl comerá en su casa con su padre.” – dice Mark.

La vecina se encoje de hombros.

– “Solo intento ayudar, Mark.” – dice ella con ternura. – “Me preocupa la niña y también tú. Desde que falleció Miguel…”

Mark le cierra la puerta en la cara. La mujer se estremece con el portazo.

Mark se frota la sien con vehemencia, intentando aliviar así su jaqueca.

Videl mira entusiasmada la serie de televisión. CleanGod hace una pose de héroe y una explosión ocurre a su espalda, dejando su silueta a contraluz.

El héroe se abalanza sobre un grupo de enemigos untados en barro y los noquea con facilidad, uno tras otro.

Videl se pone en pie e imita al héroe.

– “¡YA!” – exclama ella. – “¡HYAA!” – da patadas y puñetazos al aire.

Mark, anímicamente agotado, se sienta de nuevo en el sillón y sonríe al ver a su hija contenta.

Las horas pasan y anochece.

Videl ha caído rendida sobre la alfombra, frente al televisor.

Mark la coge en brazos y se la lleva a su habitación.

– “¿Ya es hora de dormir?” – pregunta Videl. – “Estaba viendo la tele…”

Mark la coloca en la cama y la tapa.

– “Qué mentirosa.” – responde su padre, sonriendo. – “Estabas bien dormida.”

– “No es verdad.” – protesta ella mientras se acurruca bajo la sábana.

– “Que descanses, preciosa.” – Mark le besa la frente.

Videl, no responde, pues ya se ha dormido de nuevo.

Mark sale de la habitación y cierra la puerta tras él. Su sonrisa se desvanece.

Mark se dirige a su habitación y abre el armario. Su interior es caótico. Hay ropa colgada, pero la mayoría está amontonada, como si hubiera tenido cierta intención de plegarla, pero lo hubiera hecho sin ningún empeño antes de lanzarla al fondo de los estantes.

Mark se viste con un pantalón negro, una camiseta interior de tirantes blanca, un jersey gris encima y una cazadora de cuero, y se dirige a la puerta.

Mark ha forzado su encrespado cabello hacia atrás con un poco de gomina y antes de salir de su casa, agarra de un perchero cerca de la entrada un sombrero fedora negro.

Mientras se lo coloca frente a un pequeño espejo en la pared, su teléfono móvil suena de nuevo. Esta vez es un número oculto. Mark descuelga.

– “¡Mark!” – dice una voz masculina. – “¿Qué cojones estás haciendo? Deberías estar aquí hace quince minutos.”

– “Estoy de camino.” – responde Mark.

– “He dado la cara por ti, colega.” – responde el tipo. – “No me jodas.”

– “Está bien.” – respondo Mark. – “Está bien.”

Mark guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y sale de su casa.

En un callejón de Orange City, Mark entra en un local de dudosa reputación. Es un antro de fiesta. Música alta. Oscuro y con luces de colores iluminando la pista de baile. Algunas mesas rodean la pista, a modo de pequeños reservados, destacando un gran reservado central que preside la sala, opuesto a un pequeño escenario en el que en ese momento está tocando un DJ.

Al entrar, un gigantesco y horondo hombre calvo con perilla que está en la puerta recibe a Mark.

– “Ya creía que no ibas a venir.” – dice el portero.

– “¿Te he fallado alguna vez, Piroshki?” – pregunta Mark.

– “Tío, tienes que tener cuidado.” – responde el grandullón. – “Esta gente no se anda con chiquitas. Yo he dado mi palabra por ti y vas a joderme el tinglado…”

En el reservado presidencial, un tipo bajito y rechoncho, con un traje beige de finas rayas azules, gafas doradas con cristales tintados de marrón y un puro en la boca, está sentado acompañado de dos bellas mujeres.

El hombre levanta la mano y reclama la atención de Piroshki y Mark sin necesidad de palabras.

– “Maldita sea…” – refunfuña el grandullón. – “Nos llama el jefe.”

Los dos hombres se acercan al reservado.

– “¡Al fin aparece!” – se burla el jefe. – “¿Cómo se llamaba tu amigo, Piroshki?”

– “Se llama Mark.” – responde el grandullón.

– “Siento el retraso, señor Cash.” – dice Mark.

– “Lo sientes.” – asiente Cash. – “Esto está bien.” – da una calada a su puro. – “¿Qué opinas, Piroshki?” 

– “Mark es un gran tipo.” – respondo el portero. – “Creo que aún no se ha adaptado a este trabajo, pero lo hará bien.”

Fullov Cash da otra calda a su puro.

– “¿Qué tal esa rodilla?” – pregunta Cash.

– “Mejorando, señor.” – responde Mark.

– “Me alegro.” – dice el jefe.

Fullov Cash da otra calada mientras despide a Piroshki con un simple gesto. El grandullón agacha la cabeza y regresa a su puesto.

– “Dile a la chiquilla que me traiga otra copa.” – le dice el jefe a Mark. – “Y luego ponte a trabajar.”

– “Por supuesto, señor Cash” – dice Mark haciendo una pequeña reverencia.

Mark acude a la barra, en el fondo del local.

– “¡Buenas noches, Mark!” – le saluda con alegría una joven muchacha de cabellera naranja y ojos miel, embutida en un vestido rojo ligeramente escotado. – “¿Qué te pongo?”

– “A mí nada.” – suspira Mark, apoyándose en la barra. – “Pero el jefe quiere otra copa.”

– “Supongo que lo de siempre…” – suspira ella.

– “¿No tienes clase mañana?” – pregunta Mark.

– “Ja. Ja. Muy gracioso.” – responde ella con retintín mientras prepara un cóctel.

– “Tienes que tener mejores salidas que esta, Pizza.” – insiste Mark.

– “¿Y tú no?” – pregunta ella.

– “Ahora mismo, tengo prioridades.” – responde Mark.

Mark y Pizza miran de reojo el reservado presidencial, donde Cash pone su cabeza entre los pechos de una las mujeres que lo acompañan.

– “No es gratis.” – dice Pizza.

– “Es un cerdo.” – dice Mark.

– “Un cerdo con mucho dinero.” – responde ella.

Pizza agarra el cóctel recién preparado y sale de detrás de la barra y se dirige al reservado.

Ella coloca la bebida en la mesa de Cash con una sonrisa y se marcha.

El jefe le mira descaradamente el trasero mientras ella regresa a la barra.

Mark observa el gesto y sacude la cabeza con desaprobación.

De repente, una pelea empieza en la sala de baile.

Piroshki da un paso al frente con la intención de intervenir, pero Mark le levanta la mano para que se detenga mientras se dirige hacia la escaramuza.

Un tipo grande y musculado, rubio, vestido con un polo blanco con rajas azules y un pantalón vaquero, parece estar causando problemas. El muchacho lleva unas copas de más y está empujando a los que tiene a su alrededor.

– “Algún problema, caballero.” – dice Mark, agarrando al tipo del hombro.

El muchacho se revuelve y aparta la mano de Mark.

– “Estos tipos están ocupando mi espacio.” – dice el tipo. – “Deberías hacer algo.”

– “Si eso es todo, caballeros, agradecería que zanjáramos el asunto sin armar mucho jaleo.” – insiste Mark.

El tipo se acerca a Mark para intentar intimidarlo. Pese a la estatura de nuestro amigo, el muchacho es aún más alto.

– “¿Y si quiero armar jaleo?” – dice el tipo, que procede a empujar a Mark.

Mark retrocede dos pasos y pierde su fedora.

– “Esta bien.” – suspira antes de ponerse en guardia.

Mark propina un puñetazo directo al abdomen del muchacho, que se dobla sobre sí mismo.

Mark lo agarra del pescuezo y del cinturón y lo lleva hacia la salida. La gente se aparta para dejarles paso.

Piroshki ya espera con la puerta abierta, y Mark lo lanza fuera del local.

– “Cabrón…” – dice el tipo. – “Me las vas a pagar…”

Mark lo ignora. La puerta se cierra. Piroshki se queda fuera.

– “Lárgate, muchacho.” – dice el grandullón. – “No busques más problemas.”

– “Esto no va a quedar así…” – protesta el tipo, que se marcha con el rabo entre las piernas.

Dentro del local, Mark se recoloca la chaqueta.

Cash esboza una media sonrisa desde su reservado, antes de dar otra calada a su puro.

Pizza pasa por al lado de Mark y le devuelve su fedora.

– “Súper Mark al rescate.” – le guiña el ojo. – “Si no te conociera, me darías miedo.”

– “¿Miedo por qué?” – pregunta él.

– “Eres un buen tipo… pero peleas como un demonio.” – responde ella.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XXXII: Victoria

Red World // Parte XXXII: Victoria

“La verdadera virtud yace en tomar decisiones difíciles todos los días.”

La calma ha regresado a la Tierra. Chilled ha sido derrotado.

En tierra firme, Ten Shin Han y Krilín sonríen aliviados al no sentir la energía del enemigo.

– “¿Hemos ganado?” – se pregunta Krilín. – “¿Puede ser cierto?”

– “No siento su energía…” – añade Ten.

– “¿Lo decís en serio?” – se ilusiona Chichi. – “¿Se acabó?”

Yamcha sonríe.

– “Ha funcionado…” – murmura el androide. – “Ese tipo lo ha conseguido.”

La alegría inicial se torna agridulce, pues todos respetan el sacrificio de Pino.

De repente, Ten Shin Han se fija en Kamisama.

El viejo Roshi se encuentra sentado de rodillas en mitad del campo de batalla, con los ojos cerrados.

– “Maestro…” – dice Ten.

El terrícola se levanta, tambaleándose por el esfuerzo.

Krilín intenta seguir a Ten, pero casi se cae. Chichi lo agarra del brazo a tiempo.

– “¿A dónde te crees que vas?” – protesta ella. – “Estás hecho polvo…”

– “Gracias.” – sonríe Krilín.

Ten Shin Han camina hasta Roshi.

– “Maestro…” – dice Ten. – “¿Se encuentra bien?”


No hay respuesta.

En la Atalaya de Kamisama, Mr. Popo llora.

– “Kamisama…” – lamenta su amado acólito.

Uranai Baba lo acompaña, flotando en su bola de cristal.

– “Mi hermano ha tomado una dura decisión.” – dice la anciana. – “Sabía cuál sería su destino cuando decidió intervenir.”

– “¿Qué haré yo ahora?” – pregunta Popo. – “Este lugar no será lo mismo sin él.”

– “No te preocupes, Popo.” – sonríe Baba. – “No estarás solo.”

Ten Shin Han extiende su mano hacia el hombro del anciano, pero antes de que pueda tocarlo, su cuerpo desaparece.

– “¿Eh?” – se sorprende Ten.

De repente, una corriente ascendente de aire sacude al guerrero de tres ojos. Su cuerpo sana repentinamente y una túnica blanca con el símbolo Kami lo envuelve.

– “¿Qué?” – se asusta un poco Ten. – “¿Qué significa esto?”

Krilín, apoyándose en Chichi, se acerca a su compañero.

– “Enhorabuena, Kamisama.” – se burla Krilín.

– “¿Kamisama?” – repita Chichi, sin terminar de entender lo sucedido.

Ten Shin Han sigue confuso, mirándose las manos.

– “¿Por qué yo?” – se pregunta. – “¿Por qué?”

La voz de Roshi retumba en el corazón de Ten desde el Más Allá.

– “Conoces el mal de primera mano.” – dice Roshi. – “Has caminado por la senda equivocada y has regresado al buen camino por voluntad propia.” – añade. – “La verdadera virtud yace en tomar decisiones difíciles todos los días.”

– “Maestro…” – mira al cielo Ten.

– “Buena suerte, Ten Shin Han.” – se despide Roshi.

Un gran bastón de madera aparece en la mano del nuevo Dios.

En el Palacio Real, Red recibe las noticias. Los satélites vuelven a funcionar y recuperan la señal.

Los presentes reciben la noticia. El enemigo ha sido eliminado gracias al sacrificio de Pino. 

El Comandante celebra exaltadamente.

El Oficial del Estado Mayor Black lo hace de forma más contenida, pues entiende lo que la noticia significa para el Doctor Gero.

El anciano se queda en silencio.

Sin decir nada, se retira.

Pero el Oficial del Estado Mayor le detiene.

– “Doctor.” – dice Black. – “La Tierra se lo debe todo a su hijo. Dígame que puedo hacer por usted y me aseguraré de…”

– “Ahórrese el discurso, señor.” – responde Gero, educado pero tajante, antes de seguir la marcha hacia la salida.

Gero sale del despacho. Red sigue celebrando. Black observa la marcha del doctor con cierto pesar.

En el hangar en el que trabajaba Pino, Oli se encierra en su despacho y llora desconsolada, sentada en el suelo, apoyada en la puerta.

En el campo de batalla, los helicópteros de la Red Ribbon no tardan en llegar.

El Coronel Silver es el primero en apearse.

– “Señores…” – saluda Silver. – “Señora.” – sonríe al ver a Chichi. – “Han hecho un gran trabajo. A la Red Ribbon le gustaría honrar su sacrificio y dedicación a…”

– “Ahórrate el discurso.” – interrumpe Ten.

Silver sonríe, que respeta cuando alguien ve a través de la palabrería burocrática.

– “Nos llevaremos al androide para su reparación.” – dice Silver. – “El Doctor Gero…”

– “Eso no va a ocurrir.” – interrumpe Chichi, agarrando su abanico.

Los soldados que siguen a Silver desenfundan sus armas.

Silver los detiene levantando la mano. El Coronel mira a sus hombres por encima del hombro con una mueca de desaprobación y reproche por intentar intimidar a Ten Shin Han y los demás.

– “¿Puedo saber qué planean hacer con el androide?” – pregunta Silver. – “Necesita ser reparado y no creo que ninguno de ustedes tenga la capacidad de hacerlo. Muy poca gente en el mundo la tiene.”

– “Encontraremos a alguien.” – dice Krilín. – “No se preocupe.”

Silver sonríe.

– “Está bien…” – responde el Coronel. – “En ese caso, puede que quieran visitar la Capital del Oeste.” – añade.

Silver se da la vuelta y se marcha, pasando entre sus soldados.

– “Pero señor…” – dice uno. – “Nuestras órdenes son…”

– “Si quieres morir, adelante.” – responde Silver. – “Yo ya he visto suficiente muerte hoy.”

Los soldados siguen a Silver. Muy pocos dudan, pero finalmente todos se marchan con él.

Krilín y Chichi cargan a Yamcha.

– “¿Qué vas a hacer ahora?” – pregunta Ten Shin Han a su compañero.

– “De momento, llevaremos a Yamcha hasta la Capital del Oeste.” – dice el terrícola.

– “¿Te fías de Silver?” – se sorprende Ten.

– “No.” – responde Krilín. – “Ese tipo trama algo… pero puede que así lo descubramos.”

– “¿Y después?” – pregunta Ten.

– “Es probable que regresa al Monte Paoz.” – dice Krilín. – “Es un lugar bonito y tranquilo… cuando no viene gente extraña buscando pelea.” – sonríe con complicidad.

Ten Shin Han comparte esa sonrisa.

– “Puede que te haga una visita.” – responde Ten. – “Esta vez, solo para charlar.”

– “Saluda a Mr. Popo de mi parte.” – se despide Krilín.

Ten asiente.

Yamcha tose, interrumpiendo la despedida.

– “Ten Shin Han…” – dice el bandido. – “No se me ha olvidado… Tenemos cuentas pendientes… Cuando pueda volver a pelear… quiero la revancha.”

– “Estaré esperando en la Atalaya, sobre la Tierra Sagrada de Karín.” – sonríe Ten.

– “Je, je…” – ríe Yamcha.

Nuestros amigos se despiden. La amenaza extraterrestre ha sido neutralizada. La paz ha regresado a la Tierra.

Un año después, la Tierra celebra el aniversario de su victoria. 

El Comandante Red inaugura una estatua al salvador de la Tierra en la plaza frente al Palacio Real; un gran Red de oro, con proporciones más estilizadas que el original, se yergue ante todos los presentes, que corean su nombre.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, Oli trabaja sola en un laboratorio bien iluminado. El robot que antes ayudaba a Pino, ahora es su asistente.

En la pared, una vieja fotografía de Pino enmarcada junto a una medalla de la Red Ribbon y una inscripción ensalzando los servicios prestados. Sobre la mesa, un ramo de flores frescas mandado por el Oficial del Estado Mayor Black.

Mientras tanto, en un laboratorio oculto en el norte, no muy lejos del lugar donde aterrizaron los aterrizaron lo extraterrestres, el Doctor Gero trabaja casi a oscuras; un tenue fluorescente blanca ilumina la sala, pero es el brillo morado de un pedrusco de wheeloita sin refinar el que tiñe la sala de morado.

En un lugar desconocido, Yamcha sale canturreando de la ducha en un baño moderno de azulejos verdes, mientras se seca un poco la cabeza con una toalla amarilla. Su cuerpo repleto de cicatrices.

El androide se acerca al espejo y pone en marcha un secador. Mientras se seca el pelo, ahora corto, lo estiliza hacia arriba. El secador negro tiene un logotipo claramente visible en blanco “Capsule Corp.”