DBSNL // Capítulo 359: Reitan, el vengador

DBSNL // Capítulo 359: Reitan, el vengador

“El origen de vuestro poder es también vuestra mayor debilidad.”

El árbol sigue creciendo en el planeta oscuro gracias a la energía robada a los herajín.

Mirai Trunks contempla con horror lo sucedido a su compañero.

– “Reitan…” – murmura el mestizo. – “No…”

Onisen analiza a sus adversarios, que esperan en guardia y con miedo a ser los siguientes. 

Las raíces brotan del suelo alrededor del androide y bailan a su alrededor como serpientes encantadas, como si respondieran a su voluntad.

Bra, Pan y Ub, en guardia, observan al enemigo.

– “¿Ha estado jugando con nosotros hasta ahora?” – se pregunta Bra. – “Qué humillante…”

– “¿Crees que podemos acercarnos sin ser atrapadas por esas cosas?” – pregunta Pan.

Ub se fija en las raíces, que siguen creciendo.

– “El árbol cada vez es más fuerte…” – dice el terrícola. – “A este paso, todos acabaremos convertidos en abono.”

Goten, Trunks, Ikose y Marron, reunidos en otro punto del bosque, también esperan en guardia.

– “Ese tipo ha acabado con esos dos guerreros herajín en un santiamén.” – aprieta los puños Goten, frustrado.

– “Qué muerte tan horrible…” – murmura Marron, asustada.

– “No podemos rendirnos…” – dice Ikose.

– “Mamá…” – piensa Trunks. – “Date prisa… ¡Te necesitamos!”

En el interior de Raichi, Bulma sigue corriendo por la autopista virtual, agotada, pero sin tiempo para recuperar el aliento.

– “¡YA LLEGO!” – exclama ella, intentando motivarse.

La torre de luz está cada vez más cerca y su entrada ya puede intuirse desde la distancia.

En el planeta oscuro, Granola y Piccolo también estudian con atención al enemigo.

– “Raichi es un verdadero monstruo…” – dice el cereliano. – “Solo le mueve el conocimiento; el descubrimiento. No tiene escrúpulos.”

– “Tú le conoces más que nosotros.” – responde Piccolo.

– “Es un psicópata, pero…” – responde Granola. – “Sus cálculos no fallan.”

– “¿Te das por vencido?” – sonríe Piccolo, intentando provocar al cereliano.

– “No he dicho eso…” – responde Granola, apretando los puños.

Zamas observa el campo de batalla desde una colina. Las raíces cubren casi por completo la superficie del planeta y se extienden hacia el cielo, perdiéndose en la oscuridad del espacio.

A su lado, Champa coloca su mano sobre una raíz, intentando eliminarla con el Hakai, sin éxito.

– “No funciona…” – refunfuña el gotokoneko. 

Zamas se deja caer de rodillas.

– “Hemos fracasado…”- murmura el Dai Kaioshin. – “Como Dioses… hemos fallado.”

– “Si Beerus hubiera estado aquí…” – murmura el Hakaishin. – “Puede que él hubiera hecho mejor las cosas…”

La superficie rocosa del planeta ya no es visible bajo las raíces.

Son Gohan, malherido y cansado, lucha para no ser enterrado completamente por las raíces cuando, de repente, Broly le da la mano y tira de él con fuerza para sacarlo del embrollo.

El saiyajín pone al mestizo sobre el su hombro como si fuera un saco.

– “¿Estas bien?” – pregunta Broly.

– “Me has salvado.” – sonríe Gohan aliviado, pero sin fuerzas. – “Gracias.”

– “Je…” – sonríe el saiyajín.

Dabra aterriza a su lado.

– “Son Gohan…” – refunfuña el diablo. – “No nos sirve en este estado…”

– “Lo siento…” – sonríe Gohan. – “Me ha dado… una buena paliza…” – responde con sinceridad.

Cell se une al grupo.

– “Si su energía se une a la del árbol, tendríamos problemas serios.” – dice el insecto. – “¿No crees?”

– “Tsk…” – protesta el Rey de los Demonios.

Onisen clava su mirada en el grupo. Ha elegido a su próxima víctima.

– “Maldita sea…” – gruñe Dabra, invocando su espada.

– “Ahí viene.” – se pone en guardia Cell.

Broly da un paso atrás, preocupado por Gohan.

De repente, las raíces dejan de crecer.

– “¡¿EH?!” – se sorprende Ub. 

Pan se dan cuenta de que su compañero ha sentido algo.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta ella.

– “No estoy seguro…” – dice Ub.

El chico de Isla Papaya mira a la vaina que encierra al guerrero herajín.

– “Parece que el árbol ha dejado de recibir energía…” – dice Ub. – “Pero…”

Onisen, que ya caminaba hacia Gohan y los demás, se detiene.

– “¿Eh?” – mira a su derecha.

Mirai Trunks, furioso, se abalanza sobre él.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita el mestizo, armado con la espada de Whis.

El espadazo pasa a través del enemigo como si nada.

– “¡TE MATARÉ!” – grita el mestizo, airado por la muerte de su compañero.

Dabra y Cell miran al mestizo con cierta decepción.

– “Ese idiota hará que lo maten…” – refunfuña el Dabra.

– “No parece propio de él…” – añade Cell.

Gohan no puede ver el combate, pero sufre por su amigo, pues puede sentir la desesperación en su energía.

– “Trunks…” – murmura el mestizo.

El mestizo propina espadazos sin ton ni son ante la inexpresiva mirada de Onisen.

– “Patético…” – suspira el androide, con cierto tono de aburrimiento.

El androide desarma a Trunks con un revés con la mano derecha en la muñeca del mestizo y con la misma mano le propina un guantazo que le hace escupir una muela.

– “El origen de vuestro poder es también vuestra mayor debilidad.” – sentencia Raichi.

Trunks retrocede y apunta al enemigo con las dos manos. Su aura se transforma en un orbe de ki toma forma a su alrededor y se expande, desintegrando las raíces que toca.

Onisen lo mira poco impresionado.

El aura genera una corriente giratoria que se revuelve concentrándose frente a las manos de Trunks.

– “¡¡MUEREEEE!!” – dispara el mestizo.

Del aura nace un torrente de energía que se proyecta directo hacia el enemigo.

Broly, Cell y Dabra se ponen a cubierto.

El destello del ataque ilumina el planeta.

Todos los guerreros tienen que cubrirse ante la cegadora luz y la violenta y ardiente ventisca desatada por la técnica del mestizo. 

El ataque desintegra el entramado de raíces que encuentra a su paso antes de abandonar el planeta y perderse en el espacio infinito.

– “Ah… ah…” – respira con dificultad un agotado Mirai Trunks.

Cooler y Liquir se levantan entre la polvareda levantada. Detrás de ellos, el cuerpo de Turles está protegido por una cúpula de energía fucsia.

– “Qué poder tan increíble…” – murmura el kurama.

– “¿Aún le quedaba tanta energía?” – se pregunta el demonio del frío.

Freezer aterriza entre ellos.

– “Sería una demostración de poder impresionante…” – dice el tirano. – “Si no fuera completamente inútil.” – sentencia.

Cuando la polvareda se disipa, Onisen sigue en pie e impertérrito en mitad del surco dejado por la técnica de Trunks.

Cell se levanta y mira al agotado mestizo.

– “Te has dejado llevar por las emociones y has malgastado todas tus fuerzas…” – piensa Cell. – “Esta vez, eso no funcionará.”

Onisen camina hacia el mestizo con paso firme pero tranquilo hasta llegar a él.

Antes de que Trunks tenga fuerzas para reaccionar, el androide lo agarra del cuello.

Trunks extiende su mano, reclamando su espada, que vuela rápidamente a su mano.

El mestizo intenta propinar un espadazo al enemigo, pero éste le agarra el antebrazo.

– “Ya he tenido suficiente.” – sonríe Onisen.

El androide dispara su rayo ocular a la espada. 

Trunks la sujeta con fuerza para no perderla de nuevo, pero Onisen mantiene su ataque, insistente.

La espada empieza a calentarse, poniéndose al rojo vivo.

Trunks resiste. Con su mano libre agarra el brazo de Onisen, intentado forcejear inútilmente. 

La empuñadura quema al hijo de Vegeta.

– “¡¡AAAAAAH!!” – grita Trunks, que se niega a soltarla.

La hoja empieza a derretirse como la cera de una vela.

Mirai Trunks, incapaz de soportar más el dolor, deja caer la espada.

– “Je…” – sonríe Onisen, satisfecho.

La palma de la mano del mestizo está completamente quemada, con colgajos de piel desprendiéndose de ella, dejando al descubierto parte de su musculatura.

Mientras tanto, Pan, Bra y Ub se han acercado a la vaina de raíces que aprisiona al guerrero herajín.

– “Ub… ¿estás seguro…?” – pregunta Pan.

– “Puedo sentirlo…” – responde Ub. 

Algo se mueve en el interior del capullo.

– “¡RÁPIDO!” – exclama el muchacho de Isla Papaya al darse cuenta. – “¡Ayudadme a…!”

En ese instante, una decrépita mano rompe la vaina de madera, sorprendiendo a los tres terrícolas.

– “¡AH!” – exclaman.

El grito de los muchachos ha llamado la atención de los presentes en el campo de batalla.

Las raíces ceden y dejan caer a un demacrado y consumido herajín, que hinca la rodilla sobre el suelo.

Instintivamente, Bra, Pan y Ub dan un paso atrás.

El caquéctico cuerpo se levanta lentamente, temblando y con dificultad para mantenerse en pie.

Onisen mira al cadavérico herajín, confundido ante su inesperado regreso. 

Trunks, aún agarrado por el cuello, mira de reojo a su compañero.

– “Reitan…” – suspira el mestizo, casi sin voz.

Dibujado por Ipocrito

Reitan, cuyos ojos parecen haber perdido el brillo de los vivos, mira al androide.

La respiración del androide es ronca y sibilante.

– “P… pagarás… lo que has hecho…” – dice Reitan con una voz grave que parece un estertor de muerte.

Onisen sonríe.

El androide lanza a Trunks hacia un lado, pues ha perdido el interés en él.

– “No me gustan los cabos sueltos.” – refunfuña Onisen.

Onisen dispara su rayo ocular contra Trunks que impacta contra su pecho y lo hunde en el pavimento.

Reitan da un paso al frente, torpe y e inestable.

– “Voy a… voy a vengarla…” – dice el herajín.

Reitan da otro paso, sutilmente más seguro.

– “O… Okure…” – murmura.

Un tercer paso, más firme.

– “Te vengare…” – repite. – “¡¡OKUREE!!” – ruge con voz de ultratumba.

Con un estallido de ki momentáneo, Reitan se abalanza sobre Onisen.

El androide sonríe con prepotencia al ver al herajín alzando el puño para golpearlo.

Pero para sorpresa de todos, el derechazo de Reitan impacta contra la mejilla de Onisen y éste es empujado hacia atrás y obligado a dar tres pasos para mantener el equilibrio.

– “¿Cómo…?” – se pregunta el androide.

Varias raíces pueden verse sobresaliendo de las heridas del herajín, pues invadieron su cuerpo para consumirlo.

Freezer lo observan detenidamente.

– “Casi no le quedan fuerzas…” – dice el tirano.

Cooler y Liquir miran con asombro al guerrero que ambos conocen.

– “Su determinación no flaquea…” – dice Cooler.

– “Reitan, el vengador.” – murmura el kurama.

Onisen recupera la compostura y sonríe al ver que la mano del herajín con la que ha le ha golpeado se ha roto con el impacto, quedando casi irreconocible.

– “Te niegas a morir…” – dice Raichi. – “Pero eres débil y tu cuerpo es frágil. Te queda solo un hálito de vida.”

Reitan ataca de nuevo sin dudarlo, dispuesto a propinarle un zurdazo.

Pero el androide intercepta el golpe agarrándole del antebrazo.

Sin mediar palabra, Onisen aprieta con fuerza la extremidad de Reitan hasta casi cerrar su puño, aplastando los huesos del guerrero herajín y dejando su antebrazo roto colgando como si fuera de trapo.

Pero como si fuera incapaz de sentir dolor, Reitan contraataca propinándole un codazo ascendente directo al mentón con su brazo libre, sorprendiendo al androide una vez más, levantando su barbilla.

Cuando Onisen baja de nuevo la cabeza, se encuentra con un cabezazo de Reitan directo al rostro que lo hace retroceder un paso atrás.

El herajín sangra por la frente tras el golpe, pero una vez más embiste al enemigo.

La mirada de Onisen se torna severa.

– “Suficiente.” – sentencia el androide.

Con un disparo de sus ojos, Onisen cercena la pierna derecha de Reitan por debajo de la rodilla, haciendo que éste caiga de cara contra el suelo.

Onisen lo mira con prepotencia, de pie frente a él, dando por acabado el combate.

– “Grrraggh…” – gruñe Reitan.

– “¡¿Hmm?!” – se extraña Onisen.

El herajín usa su brazo derecho para arrastrarse hacia el enemigo.

– “O… Okure…” – murmura con voz ronca.

Onisen coloca su pie sobre la cabeza del herajín, apretándola contra el suelo.

– “Grraagh…” – gruñe Reitan.

El androide aprieta sobre el cráneo del herajín.

Pero de repente, el suelo cede bajo sus pies y estalla en silencio, convirtiéndose en polvo luminoso.

– “Hmm…” – se eleva Onisen, retrocediendo hasta el borde del cráter recién formado.

El cadavérico Reitan se precipita al vacío.

Champa se encuentra al otro lado del cráter y ha destruido el suelo con su poder divino.

– “Hakaishin…” – murmura Onisen.

Zamas aparece detrás del gotokoneko con el herajín en brazos.

– “Dai Kaioshin…” – murmura el androide.

El ira-aru posa a Reitan en el suelo.

– “¿Sigue vivo?” – pregunta Champa.

– “A penas…” – responde Zamas. – “Pero sus heridas están más allá de mi poder.”

El Doctor Kamakiri sale de su escondite y camina hacia los Dioses.

– “Déjelo en mis manos.” – dice el doctor.

– “Cuide de él.” – asiente Zamas.

– “Haré lo posible.” – responde Kamakiri, arrodillándose junto al moribundo Reitan.

Zamas se levanta y se une a Champa. 

Onisen y los Dioses se miran fijamente desde ambos lados del cráter.

Cooler y Liquir dan un paso al frente, dispuestos a intervenir.

– “Ya han tomado una decisión.” – les interrumpe Freezer, haciendo que se detengan inmediatamente. – “Como Dioses, son los responsables del destino del Universo.”

– “¿Quieres que los dejemos morir?” – replica Liquir. – “¿Facilitaría eso tus planes?” – clava su airada mirara en el tirano.

Cooler aprieta los puños con impotencia.

– “Pelearán porque saben que su legado está asegurado.” – responde Freezer.

Liquir entiende que hay verdad en las palabras del tirano.

– “Confiemos en nuestro maestro, esta vez.” – dice Cooler, recordando a Sidra.

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

DBSNL // Capítulo 358: El legado de Bojack

“Necesita más tiempo para poder dar frutos.”

En el planeta oscuro, el paisaje ha cambiado una vez más. El bosque de raíces se ha expandido más allá de la superficie del planeta y se expande por el universo.

Onisen sonríe al verse más cerca del mundo que ha soñado.

Los supervivientes observan el paraje, sobre el que se alza el gran árbol, más alto que antes.

– “El árbol sigue creciendo…” – dice Pan, impresionada.

– “No solo eso…” – responde Ub. – “Puedo sentir cómo ha aumentado su poder…”

– “¿Acaso ha absorbido al viejo Kaioshin?” – pregunta Bra.

Onisen alza la vista hacia la copa del árbol, aún poco formada.

– “Necesita más tiempo para poder dar frutos.” – murmura el androide. – “Más nutrientes.”

Onisen mira a los cansados guerreros esparcidos por el bosque.

– “¿Quién puede ser el siguiente?” – sonríe.

Nuestros amigos observan al androide, en silencio en mitad del bosque de raíces, con una calma que los inquieta.

– “¿Cómo podemos detenerlo?” – se pregunta Cooler.

– “Parece inmortal…” – murmura Liquir.

Reitan, magullado, abre los ojos de repente, tirado en el suelo bocarriba.

– “¡Ah!” – reacciona al darse cuenta de lo ocurrido, dándose la vuelta y agazapándose entre raíces.

El herajín se da cuenta de que se encuentra solo a unos pocos metros de distancia de la espalda del enemigo.

– “¿Cómo he llegado hasta aquí…?” – piensa Reitan. – “Perdí el conocimiento…”

El herajín mira al enemigo.

– “¿No se ha dado cuenta?” – se pregunta Reitan.

Onisen escanea el campo de batalla hasta que se detiene en un objetivo.

– “Son Gohan…” – sonríe el androide, centrando su mirada en el malherido mestizo. – “Sin duda es uno de los más problemáticos… Será mejor que acabe con él ahora.”

Reitan mira a su alrededor, entre las raíces, y se da cuenta de que la espada morada de Zahha se encuentra en el suelo, al alcance de su mano.

– “¡Es mi oportunidad!” – entiende el herajín.

Onisen sigue escaneando a sus enemigos.

Reitan se levanta repentinamente, transformándose mientras empuña el arma del espadachín del futuro, y se abalanza sobre el enemigo por la espalda.

– “¡AAH!” – exclama mientras se dispone propinarle una estocada.

Una media sonrisa delata a Onisen. 

Raíces brotan del suelo a su alrededor.

– “¡¿AH?!” – se asusta el herajín. 

Las raíces se enrollan alrededor del cuerpo de Reitan, frenando su avance e inmovilizando sus extremidades.

– “Tsk…” – se esfuerza el guerrero, intentando liberarse. – “Maldición… ¡Maldita sea!” – exclama, frustrado y desesperado.

Onisen se acerca a Reitan mientras alarga ligeramente el dedo índice de su mano derecha y lo transforma en un punzón.

– “Herajín…” – murmura el androide. – “Aprendí mucho de tu raza…”

El androide clava su dedo en el pecho de Reitan, sobre su corazón, haciéndolo sangrar.

– “La ambición de un conquistador… el amor de una madre… el dolor de dos hermanos…” – murmura Raichi mientras marca al herajín, haciéndole una herida que cruza su pecho de lado a lado. – “El origen de una raza superior…”

Las raíces aprietan cada vez más fuerte las muñecas de Reitan, obligándole a soltar la espada, que cae al suelo y queda clavada.

La sangre se derrama por el pecho de Reitan, deslizándose por su abdomen hasta gotear sobre el suelo.

– “Tendrás el honor de alimentar mi nuevo mundo.” – sonríe Raichi.

En ese instante, Okure se abalanza sobre el Onisen por la espalda, transformada en Súper Herajín y furiosa.

– “¡¡YAAAAAAH!!” – grita ella, armada con un trozo de raíz a modo de garrote.

El ataque coge desprevenido a Onisen, que no se esperaba tal artimaña, y recibe un golpe en el costado que, pese a no hacerle daño, lo aleja unos pocos metros de Reitan.

Onisen logra mantenerse en pie, sin perder el equilibrio.

– “Muy inteligente…” – sonríe con burla.

Las raíces empiezan a enrollarse alrededor del cuerpo de Reitan, reclamándolo como alimento.

– “¡OKURE!” – se sorprende y preocupa el herajín al ver intervenir a su compañera.

Ella agarra las raíces que lo aprisionan e intenta arrancarlas, pero su éxito es limitado, pues aunque logra liberarlo parcialmente, las raíces pronto crecen de nuevo, haciendo vanos sus intentos. 

– “¡¡ES DEMASIADO TARDE!!” – advierte Reitan. – “¡ESCAPA!”

Onisen camina hacia ellos.

Pero Okure, lejos de huir, se pone en guardia, garrote en mano.

– “¡¿QUÉ HACES?!” – exclama Reitan. – “¡OKURE!”

– “Es mejor luchar para proteger algo que tener que vengarlo.” – responde Okure, recitándole sus propias palabras.

– “Okure…” – se preocupa el herajín.

La guerrera herajín reclama el poder que el mismísimo Raichi le otorgó antes. Su musculatura aumenta exageradamente y su aura estalla.

– “¡¡OKURE!!” – sufre Reitan.

La asalvajada mujer se abalanza sobre Onisen, cayendo sobre él, intentando atizarlo con el garrote.

El androide retrocede de un salto, evitando el golpe, que impacta contra el suelo y lo resquebraja.

– “¡¡GRAAAAAAH!!” – brama la monstruosa herajín.

La guerrera se abalanza de nuevo contra el enemigo, que una vez más esquiva el golpe.

– “Je…” – sonríe Onisen con prepotencia.

Okure ataca de nuevo, esta vez usando el garrote como un bate de béisbol… pero un disparo ocular de Onisen hace que el arma estalle en mil pedazos.

Furiosa, Okure no se rinde y desata un poderoso torrente de ki con su mano derecha sobre el enemigo, haciendo que los testigos más cercanos tengan que cubrirse ante onda expansiva de la explosión.

Onisen, intacto, aparece detrás de la herajín.

Ella se revuelve e intenta propinarle un puñetazo, pero Onisen, intangible, deja pasar el golpe a través de él para después agarrarle el brazo.

– “Un esfuerzo admirable.” – dice Onisen, que aprieta el brazo de la herajín hasta que se oye el crujido de sus huesos. – “Pero inútil.”

Pese al dolor, Okure intenta golpear de nuevo al enemigo, pero éste detiene el zurdazo y contraataca con un puñetazo directo a su barriga, doblando a la herajín sobre sí misma.

Onisen ahora toma la iniciativa, propinando un rodillazo en la cara de la herajín, lanzándola hacia atrás y luego saltando sobre ella, clavándola al suelo con una fuerte patada en su abdomen.

Onisen retrocede, esperando la respuesta de la herajín.

Dolorida, sujetándose el vientre, ella se levanta de nuevo.

– “Okure…” – piensa Reitan, que está siendo engullido de nuevo por las raíces, que ya forman un capullo a su alrededor. – “¿Qué estás haciendo…? ¿Por qué…?”

Okure hinca la rodilla y perdiendo su transformación.

– “Reitan…” – piensa ella, mirando de reojo la vaina de raíces por la que puede adivinarse aún parte del rostro del herajín.

Una tierna sonrisa se dibuja en el rostro de la muchacha… que pronto es eclipsado por la mano agrandada de Onisen.

Las raíces cubren por completo el rostro de Reitan, impidiéndole ver lo que sucede… pero el quebrantar de huesos revela el destino de su compañera.

– “No… Okure…” – llora en silencio el herajín. – “Okure…”

El ataúd de raíces se cierra por completo.

Dabra observa desde la distancia una escena que hace estremecer al mismísimo diablo.

– “Es… es un monstruo…” – murmura el antiguo Rey de los Demonios.

Onisen observa cómo las raíces del gran árbol ahora reclaman el cuerpo de la muchacha herajín.

– “Otra molestia menos.” – sentencia el androide.

Todos los guerreros que siguen en pie se ponen en guardia… todos con el miedo de ser los siguientes.

El suelo tiembla una vez más. Las raíces empiezan a crecer de nuevo, alimentadas con la energía de los herajín.

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

DBSNL // Capítulo 357: El saiyajín olvidado

“Descansa, compañero.”

El cuerpo humeante de Turles se precipita frente a la mirada aterrada de todos los presentes.

Onisen sonríe viendo la caída del saiyajín.

Turles choca contra el pavimento como un muñeco de trapo.

Onisen lo analiza, captando signos de vida aún en él. Su cuerpo ha sufrido graves quemaduras. Su armadura y ropa se han desintegrado casi por completo y solo una parte de su pantalón morado queda a modo de calzón. 

– “Te niegas a morir…” – sonríe el androide. – “Permíteme insistir.”

Onisen lanza un disparo de ki al moribundo Turles… pero en el último momento alguien se interpone entre el saiyajín y el ataque.

La explosión sacude la zona, pero al disiparse la polvareda se revela que ha sido Liquir quien ha protegido al saiyajín usando sus colas como escudo.

– “Cobarde.” – refunfuña el kurama. – “Ya no puede pelear.”

Pero para sorpresa de Liquir, Turles se ha puesto en pie.

– “Saiyajín…” – se sorprende el kurama. 

Cooler observa desde la distancia, en silencio.

Reitan desciende al lado de Turles.

Los ojos del saiyajín están en blanco.

– “No… no está consciente…” – lo observa el herajín.

– “Se ha levantado… solo por instinto…” – murmura el kurama, asombrado.

– “Sus ganas de pelear…” – piensa Trunks, que lo observa desde el aire. – “Son tan fuertes que se niega a detenerse… pese a que no le quedan fuerzas…”

Vegeta, en la distancia, esboza una media sonrisa triste pero orgullosa.

– “Ese es el espíritu de un verdadero saiyajín.” – murmura el viejo Príncipe.

Liquir reacciona.

– “¡¿Dónde está el anciano…?!” – busca a Gowas sobre el campo de batalla.

– “Es demasiado tarde…” – lamenta Reitan.

Turles cae de rodillas.

Broly se golpea el pecho con el puño.

– “Lo que hiciste por Sadala… siempre será recordado.” – dice el hijo de Páragus.

El saiyajín se desploma de cara contra el suelo.

– “Descansa, compañero.” – murmura un triste Reitan.

Onisen sonríe ante la muerte de su enemigo.

– “¿Quién será el siguiente?” – se mofa mientras mira a cada uno de los presentes.

El androide se fija en Gowas, que sigue curando a Son Gohan frente a Okure.

– “Je…” – sonríe Onisen.

En un parpadeo, Onisen se presenta detrás de Gowas y le agarra la nuca y lo levanta del suelo. 

Okure se la da la vuelta e intenta atacar, pero Onisen la noquea con un simple revés.

Los dedos del androide se alargan y se enrollan alrededor del cuello del anciano ira-aru.

– “Tu presencia es excesivamente molesta…” – dice Raichi. – “Y tu traición revela la debilidad de tus convicciones…”

– “¡Ghagh…!” – sufre Gowas.

Gohan agarra el tobillo de Onisen.

– “¡Suéltalo…!” – exclama el mestizo, que intenta levantarse.

Pero Onisen le propina una patada y lo empuja a través del páramo desértico.

Zamas mira con horror la escena; el sufrimiento de su anciano maestro.

– “¡¡GOWAS!!” – grita el Dai Kaioshin.

– “Mis convicciones… eran erróneas…” – sufre el anciano, que intenta liberarse.

– “Las mías no.” – sentencia Onisen.

Onisen aumenta la fuerza de su agarre, estrangulando al ira-aru.

– “Ghagh…” – intenta inspirar Gowas, sin éxito.

El ira-aru pierde la fuerza en sus brazos, cesando su lucha y perdiendo el conocimiento.

Son Gohan, malherido, observa con horror lo ocurrido.

– “Maldita sea…” – gruñe el mestizo.


Onisen afloja su agarre ligeramente, permitiendo al ira-aru inspirar levemente, pese a seguir inconsciente.

Todos se sorprenden ante tan inesperado gesto.

Onisen sonríe.

– “Tengo otro uso para ti.” – sentencia Raichi.

El androide chamusca la espalda de Gowas con un rayo ocular, quemando su ropa y haciéndolo sangrar.

La sangre recorre su cuerpo hasta los pies hasta gotea sobre el suelo.

Algo se mueve bajo tierra.

Las raíces del árbol brotan del suelo como serpientes encantadas y ascienden por el cuerpo de Gowas, enrollándose a su alrededor y lentamente envolviéndolo en un capullo.

Ninguna de nuestros amigos entiende lo que está ocurriendo; solo Zahha, con el peso de la derrota en su mirada.

– “Ya ha empezado…” – gruñe el espadachín. – “Así es como termina…”

Freezer lo escucha, mirándolo con recelo.

Onisen da un paso atrás, dejando que el ataúd de madera se cierre alrededor del viejo ira-aru.

Zahha se quita el casco y lo lanza contra el suelo, frustrado.

– “Es demasiado tarde…” – aprieta los dientes. – “He fracasado… ¡Otra vez!”

El espadachín toca su dedo corazón de la mano derecha, donde puede adivinarse un anillo debajo del guante.

– “Tengo que…” – dice nervioso.

Pero un destello fucsia, el rayo mortal de Freezer, hace saltar por los aires el dedo de Zahha.

– “¡AAAH!” – exclama el guerrero del futuro. 

Con horror en su mirada, Zahha se torna hacia el demonio del frío.

– “¡¿Qué…?!” – pregunta, incrédulo. – “¡¿Qué está haciendo?!”

Freezer reclama el anillo con su poder mental y éste vuela hasta su mano.

– “¡¡FREEZER!!” – grita Zahha, desesperado.

– “Uno no puede huir cada vez que las cosas se complican.” – dice el tirano. 

– “No… no lo entiende…” – gruñe el espadachín. – “¡HEMOS PERDIDO!”

Freezer cierra su mano, con el anillo en su palma.

– “Esto no se ha terminado.” – sentencia el demonio del frío.

Ub, que se encuentra ayudando a Pan, apoyada en su hombro, siente como si un latido retumbara en el corazón del planeta.

– “¿Qué…?” – se sorprende el terrícola. – “¿Qué ha sido eso?”

En ese instante, el suelo empieza a temblar.

– “¡¿Qué está pasando ahora?!” – se sorprende Marron.

Las raíces del árbol crecen de nuevo, extendiéndose en todas direcciones y ascendiendo hacia el cielo.

Las raíces recuperan el terreno perdido, rellenando los cráteres que se habían formado durante la batalla.

Nuestros amigos alzan el vuelo, intentando no ser atrapados por ellas.

Cell, Ikose y Gamma 2 protegen a los que tienen a su alrededor con barreras de ki. Dabra y Mirai Trunks cortan cada raíz que se aproxima a ellos con sus espadas. Marron usa el Kienzan. Champa sus garras. Zamas su espada de ki. Otros guerreros intentan defenderse interceptando las raíces con disparos de energía. Todos hacen lo posible para sobrevivir.

Una enorme raíz se aproxima al cuerpo de Turles… cuando un destello de luz morada la corta por la mitad, deteniendo su avance y dejando una fina y profunda zanja que recorre el planeta; Cooler.

En tan solo unos minutos, las raíces se detienen tras haber ganado terreno, continuando la terraformación del planeta oscuro y expandiéndose hacia el espacio. 

DBSNL // Capítulo 356: Koorogi, Kabuto y Ka

DBSNL // Capítulo 356: Koorogi, Kabuto y Ka

“Cada vez es distinto.”

En el planeta oscuro, un Turles sediento de pelea desafía a Onisen con la mirada.

El androide lo mira con menosprecio.

Reitan se acerca a Turles.

– “Ataquemos de nuevo.” – dice el herajín. – “Y esta vez, no hagas la guerra por tu cuenta.”

– “¿Puedes seguirme el ritmo?” – sonríe Turles con prepotencia.

– “¿Vamos a tener que soportar esta actitud chulesca a partir de ahora?” – refunfuña Reitan.

El herajín aviva su aura, que iguala a la de Turles.

– “Je…” – sonríe Reitan.

En un parpadeo, Onisen aparece detrás de los dos guerreros, de espaldas a ellos, mirando de frente a Trunks.

– “¡¿AH?!” – se quedan helados.

El androide les propina un codazo en la espalda a cada uno simultáneamente que los lanza lejos.

El mestizo se queda a solas con Onisen.

Rápidamente, Trunks intenta propinarle un espadazo, pero su arma pasa a través de su cuerpo sin dañarlo.

Onisen agarra a Trunks del cuello.

Turles y Reitan se levantan rápidamente y disparan una ráfaga de ki contra el enemigo.

– “Insolentes.” – murmura el androide.

Para no soltar a Trunks, Onisen agranda su mano y la usa de escudo para protegerse de la lluvia de fuego.

Mientras tanto, en su interior, Pino sigue enfrentándose a los tamagami.

El androide, que ha perdido un antebrazo tras el martillazo de uno de los enemigos, dispara con su ametralladora al guerrero espadachín, que cae sobre él con la intención de cortarlo por la mitad.

Pino salta hacia atrás en el último momento, evadiendo el golpe.

De reojo, Pino puede ver como el tamagami del tridente ha perdido el interés en él y sale volando para perseguir a Bulma.

– “¡No tan rápido!” – exclama Pino, que lanza su puño hacia él.

La mano de Pino agarra el tobillo del insecto y lo arrastra hasta el suelo.

– “¡No dejaré que te marches!” – gruñe Pino. – “¡No hemos terminado!”

Pero el insecto del martillo sorprende a nuestro amigo por la espalda, atizándole con su arma y lanzándolo por los aires hasta una carretera paralela.

Mientras el androide intenta levantarse, los tres tamagami aterrizan frente a él.

– “Maldita sea…” – piensa el androide. – “Son realmente fuertes… Pero necesito ganar tiempo.”

El tamagami del tridente lleva el puño de Pino en la mano y lo lanza al suelo frente a él para después pisarlo, haciéndolo añicos.

El androide los mira detenidamente.

– “Sois unos enemigos formidables.” – les dice. – “¿Tenéis nombre?”

Ninguno responde.

– “¿Qué os parece si os pongo uno?” – continúa Pino. – “Veamos… a ti te llamaré Ka.” – dice mirando al del tridente. – “Tú serás Kabuto.” – le dice al del martillo. – “Y tú… Koorogi.” – le dice al espadachín. – “¿Qué os parece?”

El recién bautizado Ka ataca a Pino, golpeándole con el reverso de su tridente en la barbilla y luego clavándole ese mismo lado en el abdomen… aunque Pino logra frenar el arma tras entrar solo levemente en su cuerpo.

– “Ya veo que no te ha gustado…” – sonríe Pino.

Ka empuja a Pino con una patada, recuperando su arma y haciendo que el androide caiga de espaldas al suelo.

Pino intenta levantarse, pero es sorprendido por un martillazo que lo lanza de nuevo contra el suelo.

Con dificultad, el androide se intenta levantar usando su cabeza para apoyarse, pues sus manos han sido destruidas, logrando ponerse de rodillas.

Ka se marcha volando detrás de Bulma.

Koorogi levanta su espada sobre Pino, listo para decapitarlo.

En el planeta oscuro, Onisen se ha protegido de los disparos de Reitan y Turles gracias a su gigantesca mano, que ha servido de escudo.

Trunks sigue agarrado por el cuello.

El hijo de Vegeta agarra el brazo de Onisen con ambas manos y apoya sus pies en el pecho del androide, tirando con fuerza de su brazo.

– “¡¡GYAAAAH!!” – grita Trunks, invocando todas sus fuerzas.

– “Tsk…” – protesta Onisen.

El androide, al sentir que Trunks quiere arrancarle el brazo, se torna intangible, liberando al mestizo.

En ese instante, Reitan y Turles aterrizan a cada lado del androide, cada uno preparando un poderoso ataque; la Supernova Vengativa y el Galactic Buster son disparados a la vez, encontrándose en el enemigo y provocando una gigantesca explosión.

Reitan y Turles miran la explosión, con la esperanza de que su ataque haya tenido algún efecto.

Pero de repente, detrás de Reitan y sin hacer ruido, del suelo asciende Onisen.

El androide convierte su mano en un taladro y ataca al herajín, dispuesto a ensartarlo, cuando un certero disparo de ki le destruye la mano.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden tanto Reitan, que se da cuenta de lo cerca que ha estado de morir, como Onisen.

El disparo ha sido de Granola.

Onisen dispara al cereliano con los ojos, pero Cell se interpone al ataque y lo detiene con su barrera de energía. 

Reitan se revuelve, dispuesto a pelear, pero es detenido por un grito de Turles.

– “¡¡APÁRTATE!!” – exclama el saiyajín, que vuela a toda velocidad a través de la polvareda levantada por la explosión.

Reitan se hace a un lado y deja pasar al saiyajín, que lanza un fuerte puñetazo contra Onisen.

Pero el androide detiene el golpe con una mano.

En ese instante, Onsien es aprisionado por una esfera de ki fucsia.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el androide.

Cooler se encuentra detrás de él y lo ha atrapado en su prisión de energía.

Desde la distancia, Dabra invoca el fuego negro sobre Onisen, que arde en el interior de la trampa de Cooler.

Pero haciéndose intangible, Onisen sale volando, elevándose sobre todos.

Turles lo persigue.

Entre las raíces, Freezer sigue hablando con Zahha.

– “¿Cuántas veces hemos llegado tan lejos?” – pregunta el demonio del frío.

– “Cada vez es distinto.” – responde el espadachín del futuro. – “Pero al final… solo hay muerte.”

Turles prepara una nueva Supernova Vengativa mientras embiste al enemigo.

La estrella naranja arde sobre la palma del saiyajín.

– “¡¡YAAAH!!” – grita lanzando su ataque.

Pero Onisen dispara su rayo ocular, que impacta directamente contra la técnica de Turles, haciéndola estallar poco después de abandonar la mano del saiyajín.

El cielo es sacudido por la explosión.

El brazo derecho del saiyajín, quemado, sangra profusamente tras recibir el impacto.

– “Ah… ah…” – jadea Turles. – “Maldita sea…”

Onisen, intacto, sonríe con prepotencia.

– “Aquí termina tu historia, saiyajín.” – anuncia el androide.

Turles, a pesar de las heridas, sonríe.

– “El dolor de mis huesos… El escozor de mis heridas…” – piensa el saiyajín, centrándose en todas sus sensaciones. – “La sangre sobre mi piel…”

Onisen parece confuso ante tal reacción.

– “Soy un saiyajín… ¡Un Súper Saiyajín!” – advierte el saiyajín. – “Mientras quede un hálito de vida en mí, el combate no ha terminado.”

Onisen se pone serio.

– “Que así sea.” – sentencia el androide.

Turles reaviva su aura de Súper Saiyajín 2.

Trunks asciende rápidamente hacia su compañero.

– “¡¡TURLES!!” – exclama el hijo de Vegeta.

Pero el saiyajín hace oídos sordos y embiste a Onisen.

Turles propina un puñetazo directo al enemigo, que ni se inmuta. 

Lo sigue con una patada y un codazo.

Mismo resultado.

– “Tsk…” – protesta Turles.

Onisen contraataca con un codazo sobre la cabeza del saiyajín, dejándolo aturdido.

Antes de que Turles pierda sus fuerzas y se precipite al suelo, Onisen lo agarra del pelo y lo levanta para ponerlo a su altura.

– “Hasta nunca.” – sentencia Onisen.

El androide coloca su mano a pocos centímetros del pecho del saiyajín y dispara un ataque de energía que lo engulle por completo ante la mirada aterrada de todos los presentes.

En el interior del núcleo, Bulma sigue avanzando hacia la torre de luz verde que ilumina el lugar.