DBSNL // Capítulo 178: Revelaciones

DBSNL // Capítulo 178: Revelaciones

“Si Goku ha sido derrotado… ¿Qué podemos hacer nosotros?”

En la Corporación Cápsula, Krilín y Baba han embarcado en el vehículo de Yamcha. Krilín pilota y la bruja le acompaña. 

La aeronave se eleva y pone rumbo al palacio de Uranai Baba.

En el salón, Gohan, Mai y Ten Shin Han esperan, cuando el Dr. Brief entra corriendo y sin aliento.

– “¡Chicos…! Ah… ah… ¡Yo…! Ah… ¡Trabajando…! ¡Y…! ah… ¡El teléfono…!” – jadea el anciano.

– “Tranquilo, doctor.” – dice Gohan. – “¿Qué ha pasado?”

– “Estaba con Pino…” – intenta calmarse el doctor. – “¡Y he recibido una llamada!”

– “¡¿UNA LLAMADA?!” – se sorprenden todos.

Brief asiente.

– “Queda gente con vida…” – revela el anciano. – “¡Una villa entera!”

– “¿Qué villa?” – pregunta Gohan.

Mientras tanto, Cell aterriza en el viejo laboratorio de Yuzambito. El insecto camina por las galerías poco iluminadas hasta llegar al ordenador principal.

– “Vamos…” – gruñe el insecto, que empieza a teclear. – “Dime que lo has visto todo…”

En pantalla se muestran múltiples secuencias de Shiras en su combate contra Broly en Popol. Una sonrisa se dibuja en el rostro de Cell.

– “Buena chica…” – dice el insecto, que alza su dedo índice para que una mosca aterrice sobre él.

Mientras tanto, en Popol, Kale y Tarble vagan por el planeta en busca de alimento. Los saiyajín se han adentrado en una zona pantanosa.

De repente, ambos notan un pequeño temblor.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Kale.

– “No lo sé…” – dice Tarble.

La sacudida se repite, esta vez con mayor intensidad.

– “Algo se mueve…” – dice la saiyajín.

El suelo tiembla una tercera vez, aún más fuerte.

– “¡Algo se acerca!” – exclama Tarble.

En ese instante, una gigantesca rana cae cerca de ellos, provocando un nuevo temblor, y enseguida coge impulso para saltar de nuevo. Su espalda es fangosa, cubierta por moho. Sus ojos son rojos. Sus saltos son kilométricos.

– “¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESO?!” – se asusta Kale.

– “No estoy seguro…” – responde Tarble, asombrado ante la criatura. – “¡Pero parece comestible!” – sonríe entusiasmado, mientras babea.

Los dos se disponen a perseguir al anfibio.

En el planeta Konats, Meerus ha explicado la situación a Hit y Trunks. El despertar de Moro, su relación con los kashvar, su alianza con Mojito, Garlick, Shiras y Piccolo, la destrucción del Cuartel General de la Patrulla Galáctica y las derrotas de Son Goku y Vegeta.

– “Si Goku y mi padre han sido derrotados… ¿Qué podemos hacer nosotros?” – sufre Trunks.

– “Shiras sigue siendo nuestro objetivo principal…” – dice Hit. – “Pero la situación es peor de lo que pensaba…”

– “Intenté sabotear sus planes informando a la Patrulla… pero no fue suficiente” – dice el expatrullero. – “Ahora mismo, no hay nada que podamos hacer; ni siquiera vosotros.” – lamenta. – “No sois rivales para esos demonios.”

– “No vamos a quedarnos de brazos cruzados” – replica Trunks.

– “Lo sé.” – responde Meerus. – “Y cuento con eso.”

El patrullero saca un reproductor de hologramas y lo activa, generando una representación de un sistema planetario de cinco astros girando alrededor de una estrella.

– “Ahora mismo, tengo a unos hombres transportando un encargo.” – revela Meerus. – “Por ahora, esta es una de nuestras pocas bazas.”

– “¿De qué se trata?” – pregunta Hit.

– “No necesitáis saberlo” – responde Meerus.

Hit y Trunks se miran de reojo, desconfiando del mercenario, pero éste se da cuenta.

– “Es más seguro que no lo sepáis” – rectifica Meerus. – “Es solo una pieza más del rompecabezas.”

– “¿Y qué quieres de nosotros?” – pregunta Trunks, un poco impaciente.

– “Mi nuevo patrón tiene un trabajo para vosotros.” – dice el expatrullero. – “Uno vital para salvar el universo.”

En el Makai, Goten y Trunks siguen el desfile de demonios ocultos entre las candentes rocas del infierno.

– “Se preparan para algo…” – dice Goten.

– “No esperes nada bueno…” – añade Trunks.

En el planeta Ryu, Ub está siendo atendido por un chaman de la tribu de los dragones en una de sus casas de barro.

– “¿Se pondrá bien?” – sufre Pan, que no se aparta del lado de su amigo.

– “Paciencia, muchacha” – responde Maraikoh. – “Haremos todo lo posible.”

Fuera de la casa, Madas y Bra esperan. El viejo Kaioshin, ahora sin poderes mágicos ni divinos, se sujeta la cabeza con ambas manos, nervioso y desanimado, sentado en un banco. Bra espera de pie, apoyada en la pared.

– “¿Qué le ocurre?” – pregunta Bra.

– “Sabía que esto ocurriría…” – dice Madas. – “La bruja ya predijo la llegada de este mal hace miles de años… Y he fallado.”

– “Te rindes pronto para ser un Dios…” – suspira Bra.

– “No lo entiendes, muchachita…” – protesta Madas. – “¡No tienes ni idea de a qué nos enfrentamos!”

– “Sé que le haremos frente.” – dice Bra, apartándose de la pared. 

Madas niega con la cabeza.

– “Moriremos todos…” – murmura el antiguo Dios.

 En ese momento, Pan sale de la cabaña.

– “¿Cómo está Ub?” – le pregunta Bra.

– “Descansando…” – responde la hija de Gohan, sin mucho ánimo.

Maraikoh se une a nuestros amigos.

– “Mi pueblo cuidará del muchacho.” – dice el dragón bípedo. – “Pero ustedes también necesitan descansar y comer… Permitidme el honor de ser vuestro anfitrión.” – hace una reverencia.

– “Eso estaría muy bien.” – fuerza una sonrisa Pan. – “Gracias.”

– “Necesitamos recuperar energías…” – suspira Bra.

– “Mañana empezaremos a entrenar.” – dice Pan, que se pone seria de repente.

Bra sonríe al oír a su amiga.

– “Justo lo que estaba pensando.” – dice la hija de Vegeta.

– “De momento parece que estamos atrapados en este planeta…” – dice Pan. – “No perdamos el tiempo.”

Madas mira atentamente a las dos muchachas y puede ver cierta conexión entre las dos que durante un breve instante le aporta una calma inesperada.

– “Saiyajín…” – suspira el viejo Dios, recordando con nostalgia viejos tiempos.

Madas se pone en pie. Su rostro muestra el dolor que siente por lo que va a revelar a continuación.

– “Si queréis prepararos para esto…” – dice el viejo. – “Debéis saber todo lo que ha ocurrido.”

En la Corporación Cápsula, Mai ha ido a buscar a Baicha en la habitación donde dormía, pero la ha encontrado vacía.

– “¿Dónde se habrá metido?” – se extraña la mujer. – “¿Baicha?”

Mientras tanto, Krilín y Uranai Baba han llegado al viejo palacio de la bruja. La extraña pareja baja de su vehículo y se adentra en la estructura, pasando por el puente sobre el lago y rodeando el ring circular.

– “Este lugar me trae recuerdos…” – suspira Krilín con nostalgia.

La bruja sonríe.

– “Sí…” – suspira la bruja. – “Éramos jóvenes…”

– “Yo la veo igual…” – piensa Krilín,.

De repente, frente a ellos, una silueta alada sale a recibirlos.

– “¡Bienvenidos!” – saluda el personaje.

– “¡Alguien con vida!” – se sorprende Baba. – “¡Akkuman!” – exclama al reconocer a su luchador.

Baba intenta acercarse a su guerrero, pero Krilín la detiene.

– “¿Qué ocurre?” – dice ella confusa.

El terrícola parece nervioso.

– “Esa sensación de nuevo…” – dice Krilín. – “No se confíe, Baba…”

Akkuman sonríe.

– “Je, je, je…” – ríe el demonio.

Baba sufre por su viejo amigo.

– “¡AKKUMAN!” – exclama ella. – “¡¿Qué estás haciendo?!”

Krilín se prepara para pelear.

– “Ya no es su amigo…” – dice el terrícola. – “El Makai le ha afectado.”

El demonio, con su cara desencajada en una mueca terrorífica, extiende su mano derecha y materializa un tridente.

DBZ – SAGA BU REWRITE / Capítulo 13: La legendaria Espada Z

DBZ – Saga Bu Rewrite / Capítulo 13: La legendaria Espada Z

En el Planeta Sagrado, Son Gohan se ha reunido con su fallecido padre gracias al Kaioshin del Este. Ahora, vestido con la ropa característica de los Dioses, espera conocer qué se espera de él.

– “¿Una antigua leyenda?” – pregunta Gohan.

– “Así es.” – responde Shin. – “Creo que podrías derrotar al monstruo Bu con la legendaria Espada Z.”

– “Así que ya me cree, ¿eh?” – sonríe Goku, fanfarrón.

– “Lo siento, Son Goku.” – se disculpa el Dios. – “Pero lo que me contabas… un mortal con ese poder… sonaba increíble.”

– “Lo sé” – responde el saiyajín. – “Pero es verdad.”

Shin asiente.

– “¿De qué estáis hablando?” – pregunta Gohan, confuso.

– “En este planeta hay una antigua espada atrapada en una piedra.” – explica Shin. – “La leyenda cuenta que quien sea capaz de arrancarla logrará un poder extraordinario. ¡Un poder superior al del mismísimo Majin Bu!”

– “Vaya…” – suspira Gohan. – “¿Y porqué no lo ha intentado papá?”

– “Ya lo hice…” – revela Goku. – “Pero fracasé.”

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el mestizo. – “¡¿No pudiste arrancarla?!”

Goku sonríe.

– “No la moví ni un centímetro.” – responde el saiyajín.

– “¿Y qué oportunidad tengo de hacerlo yo?” – se pregunta el mestizo, preocupado.

– “No pierdes nada por probarlo.” – dice Goku. – “Yo confío en ti.” – dice poniéndole la mano en el hombro.

Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo sale de la Sala del Espíritu y el Tiempo con la ropa hecha trizas.

Mr. Popo es el primeo en percibir su energía y encontrarse con él.

– “Ya has salido…” – dice el ayudante de Kamisama. – “¿Y el chico?” – le pregunta.

El namekiano regenera su ropa mágicamente.

– “Trunks está entrenando.” – responde Piccolo. – “He salido a ver si había noticias.”

– “Pues…” – Popo se dispone a contarle al namekiano todo lo sucedido.

Lejos de allí, Videl ha seguido la señal del radar y ha llegado a una pequeña aldea.

– “La señal se ha detenido aquí…” – piensa ella, observando el radar. – “¿Dónde estará esa Dragon Ball?”

Una voz llama la atención de la muchacha.

– “¡Te dije que quería zumo de naranja!” – protesta una voz masculina áspera y malhumorada. – “¡Esto es soda!”

– “Lo siento, señor…” – se disculpa otro hombre. – “No tenían…”

Videl investiga las voces. En una estación de servicio cercana, un hombre bajito de tez azul y orejas puntiagudas, regaña a un hombre perro junto a un coche rojo. A su lado, una mujer morena de larga cabellera pone gasolina al vehículo.

– “No importa…” – desiste el pequeño hombre azul. – “Esta vez lo dejaré pasar…”

– “Gracias, señor Pilaf.” – responde el perro.

– “Tienes suerte de que estoy de buen humor…” – añade Pilaf, mientras saca de entre su ropa una esfera cristalina de color naranja.

Videl se sorprende al ver la bola.

– “¡Eso tiene que ser una Dragon Ball!” – exclama la muchacha, comprobando que sea igual a las que lleva en el saco. – “¡Sí, no hay duda!” – corrobora.

En el planeta de los Kaioshin, Gohan, Goku y Shin se encuentran sobre la cima de una montaña cilíndrica y negra en la que se encuentra incrustada la famosa Espada Z.

– “¿Y no podríamos destruir la montaña?” – pregunta el mestizo.

– “Esto que pisas es hierro Katchin” – responde Shin. – “El material más duro del universo. Imposible.”

– “Vaya…” – suspira Gohan.

El mestizo hace unos estiramientos para calentar y se dispone a probar suerte.

– “¡Vamos allá!” – se anima él mismo.

El chico se agacha y agarra la empuñadura de la espada.

– “Grrrr…” – se esfuerza Gohan. – “GRRRR…KKKK… ¡¡uuuUAAAAHHHH!!!”

Sus manos resbalan y el chico cae de espaldas al suelo.

– “¡Pues vaya…!” – lamenta el muchacho. – “Sí que está bien clavada… Ni se ha movido…”

Shin parece preocupado por el fracaso, pero Goku mantiene la sonrisa en su rostro.

– “Vuelve a intentarlo.” – dice el saiyajíjn.

Gohan se pone en pie.

– “Está bien…” – asiente Gohan. 

El mestizo se transforma en Súper Saiyajín antes agarrar de nuevo el arma.

Shin mira de reojo a Goku.

– “Súper Saiyajín…” – murmura el Dios. – “¿Crees que así podrá hacerlo? Pareces muy confiado…”

– “Tranquilo” – le calma Goku. – “Tú observa.”

Gohan intenta de nuevo la proeza.

– “Grrrr… yyyyyyAAAAAAH!” – grita Gohan. 

Pero parece que el hierro Katchin no está dispuesto a ceder.

Goku observa atentamente a su hijo.

– “Vamos…” – piensa el padre.

El mestizo sigue esforzándose. Rayos de energía empiezan a chasquear a su alrededor y su cabello se eriza aún más, alcanzando el Súper Saiyajín 2.

– “Vamos…” – murmura Goku.

Gohan empieza a desesperarse. En su mirada puede verse la pérdida de ánimo.

– “No puedo hacerlo…” – piensa el mestizo. – “Es imposible…”

– “No te rindas…” – piensa Goku, cuya mirada ahora parece de preocupación. – “¡Gohan!”

En la mente del chico, imágenes de su infancia regresan. Goku intentando protegerle de Raditz, Krilín intentando defenderle ante Nappa, el sacrificio de Piccolo, Vegeta y el namekiano salvándole de Freezer, la muerte del Número 16, la despedida de Goku ante Cell, la ayuda de su padre desde el Más Allá en ese último Kamehameha de los Cell Games, los androides, Ten Shin Han, Chaoz, Shin y Satán ayudándole contra Majin Bu… Su agarre sobre la espada empieza a perder fuerza.

– “Siempre he necesitado ayuda…” – piensa el mestizo. – “Sigo comportándome como un niño…”

Goku observa detenidamente a su hijo. Shin, a su lado, se cubre ante la ventisca alzada por el poder del mestizo.

– “Es mi turno… Tengo que dar un paso al frente…” – se repite el mestizo.

El pequeño Trunks se cruza en su mente.


– “¡WOW!” – exclama el niño. – “¡Pareces un héroe de cómic!” 

Y también Videl. 


– “Es una suerte que aparecieras… Has vuelto a salvar del día. – suspira Videl. – “Creo que esto se te da mucho mejor que a mí.” – resuena su voz. – “La ciudad está más segura contigo. Yo no puedo hacer lo que tú haces.”

La mirada de Gohan cambia y ahora rezuma determinación. Su agarre vuelve a ser firme. Sus músculos se tensan y las venas se marcan en su piel.

– “No voy a rendirme…” – gruñe el mestizo. – “¡Cuentan conmigo! ¡Voy a proteger la Tierra!”

La espada cede lentamente. Los metales chirrían con la fricción.

El Kaioshin abre los ojos como platos.

– “¡LA ESPADA Z!” – exclama el Dios. – “¡Está cediendo!”

La sonrisa regresa al rostro de Goku.

Gohan sigue tirando del arma con fuerza.

– “¡¡YAAAAAAAAH!!” – grita el mestizo a pleno pulmón.

El chico finalmente arranca la espada con tanta fuerza que sale volando, elevándose sobre el Planeta Sagrado.

– “¡LO HA CONSEGUIDO!” – exclama un asombrado Shin.

Goku sigue sonriendo.

– “Bien hecho, Son Gohan. Parece que tu poder ya no nace de la ira… si no de la esperanza.” – piensa el saiyajín. – “Estoy orgulloso de ti.”

Mientras tanto, en la Tierra, Piccolo ha recibido las terribles noticias. Se encuentra reunido con Krilín, Yamcha, Dende y Roshi.

– “Ese monstruo…” – sufre el namekiano. – “Incluso a Gohan…”

– “No queda nadie.” – afirma Dende.

– “La Número 18, el Número 17, Ten, Chaoz…” – murmura Krilín.

– “El chico es nuestra última esperanza.” – dice Yamcha. – “¿Crees que puede pelear?”

– “Aún no.” – responde el namekiano. – “Está entrenando duro y es muy fuerte, pero es solo un niño… Ni siquiera Gohan ha podido contra Majin Bu.”

– “Maldita sea…” – lamenta Roshi.

En la pequeña aldea al Sur del continente, Videl se acerca a los tres tipos de la gasolinera.

– “Hola, chicos.” – saluda la muchacha.

Pilaf mira con desconfianza a Videl.

– “¿La conoce, señor Pilaf?” – pregunta Mai.

– “No la recuerdo…” – responde Pilaf. – “Debe de ser una admiradora…”

Shu mira atentamente a la chica.

– “A mí me suena de algo…” – murmura el perro.

– “¿Qué?” – se extraña Pilaf. – “Es muy mona para que tú la conozcas…”

Videl se impacienta.

– “Veréis…” – dice la muchacha.

– “¡YA LA RECONOZCO!” – exclama Shu. – “¡ES LA HIJA DE MISTER SATÁN!”

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprenden Pilaf y Mai. – “¿La hija del Campeón?”

Pilaf la mira detenidamente y se da cuenta de lo que la muchacha lleva en la mano.

– “Y… y eso…” – titubea Pilaf. – “¿No será…?”

– “¡Es el radar!” – exclama Mai la fijarse.

– “Oye…” – se acerca Pilaf cautelosamente a la chica. – “Tú no conocerás a un tal Son Goku…”

– “¿Son Goku?” – repita Videl. – “Bueno, voy a clase con su hijo…”

– “¡¡AAAAH!!” – retroceden aterrados los tres malhechores.

Pilaf lanza la Dragon Ball a Videl, que la coge al vuelo antes de que se caiga.

– “¡Ya estoy mayor para esto!” – protesta Pilaf. – “¡PASO!”

El pequeño hombre se sube al coche, y sus secuaces le acompañan. La mujer conduce.

– “¡Vámonos, Mai!” – ordena Pilaf.

– “Pero señor…” – duda la mujer.

– “¡He dicho que vamos!” – insiste él.

El coche arranca y se marcha hacia el norte, dejando a Videl allí de pie, sola y sin palabras.

– “Pero… ¿Qué acaba de suceder?” – se pregunta la confusa muchacha.

En el Planeta Sagrado, Gohan, que ha regresado a su estado base, se prepara para empezar su entrenamiento con la legendaria espada.

– “Pesa mucho…” – dice el mestizo, que zarandea el arma de forma torpe. – “Pero no parece que tenga nada de especial… Parece solo una espada…”

– “¿No te sientes distinto?” – pregunta Shin.

– “No…” – responde Gohan.

– “¿Puedo probar?” – pregunta Goku.

Gohan entrega la espada a su padre, pero al intentar sujetarla, Goku cede y el arma cae al suelo, sorprendiendo a los presentes.

– “¿Se te ha resbalado?” – pregunta Gohan.

– “No…” – responde Goku, confuso.

El saiyajín se agacha para intentar levantarla, pero es incapaz de moverla.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se pregunta Goku. – “¡Pesa muchísimo!”

– “Es pesada… pero no tanto…” – dice Gohan.

El mestizo la recoge del suelo y logra empuñarla de nuevo sin dificultad.

– “¿Ves?” – dice Gohan.

– “Increíble…” – se sorprende Goku. 

– “¿Será un hechizo?” – sugiere Shin. – “Parece que solo el que la ha liberado puede empuñarla…”

– “Que alucinante…” – añade Gohan. – “Me siento como el Rey Arturo…”

Mientras tano, en la Tierra, en el hogar de Majin Bu, Satán despide al monstruo, que se eleva lentamente.

– “¡Voy a matar gente!” – dice Bu. – “Volveré en unas horas.”

– “¿Eh…? ¿Matar gente…?” – titubea el Campeón.

– “¡Hasta pronto!” – se marcha el monstruo.

Bu desaparece en el cielo.

Satán aprieta sus puños, impotente y frustrado.

– “Esto es humillante…” – gruñe el terrícola. – “Yo… El Campeón… Haciendo de chacha de un monstruo asesino…”

Las horas pasan. En el Planeta Sagrado, Son Gohan ha seguido practicando con la Espada Z y ahora logra manejarla con facilidad.

– “¡Progresas muy rápidamente, Son Gohan!” – celebra Shin.

– “Es cierto…” – dice Goku, poco convencido. – “Pero no veo que su poder aumente significativamente…”

– “Supongo que esto será un proceso largo…” – excusa el Kaioshin. – “¿Y si hacemos el entrenamiento más dinámico?”

Shin usa su poder mental para arranca un árbol del suelo.

– “¿Puedes cortarlo al vuelo?” – pregunta el Dios.

Gohan se pone en guardia.

– “Probemos.” – sonríe el mestizo.

El Dios lanza el árbol contra el chico, que dando un salto corta el tronco por la mitad de forma longitudinal.

– “¡Impresionante!” – sonríe Goku.

Shin parece satisfecho. El Dios usa su telekinesis para arrancar varios árboles más.

– “¿Lo hacemos más interesante?” – sugiere el Kaioshin.

Gohan se prepara.

– “Estoy listo.” – dice el mestizo.

En la Tierra, Videl ha reunido las Dragon Balls y ahora se dirige a la Tierra Sagrada de Karín, tal y como le indicó la Número 18, en un vehículo requisado.

Cerca de la carretera, una pareja de ancianos cargados con maletas se aleja del pueblo.

– “Los núcleos urbanos son poco seguros…” – dice el señor. – “Nos esconderemos en la montaña…”

De repente, la anciana que lo acompaña recibe un disparo en la cabeza y se desploma sin vida.

– “¡Abuela!” – grita asustado su marido.

En una colina cercana, un hombre ha apretado el gatillo del su rifle.

– “¡Le he dado de lleno!” – celebra el asesino.

El tirador es un hombre joven y delgado de cabello largo y rubio recogido en una coleta. Viste pantalón marrón, botas y camiseta negra. 

– “¡Buen disparo, señorito!” – le anima su acompañante, que observa la escena a través de unos prismáticos.

Su compañero es un señor mayor vestido con pantalón beige, botas negras, chaleco marrón oscuro sobre una camisa y corbata roja.

– “¡Ahora que ese monstruo está atacando ciudades, yo puedo hacer lo que me plazca!” – dice el asesino. – “La policía está ocupada…”

El tirador aprieta de nuevo el gatillo y mata al anciano que intentaba socorrer a su esposa.

– “¡Otro excelente disparo!” – celebra el acompañante.

En la casita de Bu, el monstruo ha regresado. Satán sale a recibirle vestido con un delantal rosa.

– “¡Bienvenido!” – hace una reverencia el Campeón.

Bu lleva un pequeño cachorro en brazos.

– “¿Y ese perrito?” – pregunta Satán.

– “Parece que no me tiene miedo… No huye.” – dice el monstruo. – “Le he preguntado qué le pasa, pero no entiendo lo que dice.”

– “¿Eh?” – se extraña Satán, que observa al perro con atención. – “Bueno… parece que tiene una pata rota… puede que por eso no pueda escapar…”

– “¡Oh!” – dice Bu. – “Así que es por eso…”

Bu pone su mano sobre el cachorro.

– “Te curaré para que puedas huir aterrado” – dice el monstruo.

Su manopla se ilumina y el perro es curado.

Bu lo deja en el suelo.

– “¡Venga, huye!” – le dice el monstruo. – “¡Que te voy a matar!”

Pero el cachorro, lejos de tener miedo, se acerca a Bu y se restriega en su bota.

– “¿Y ahora qué le pasa?” – dice un confuso Majin Bu.

– “¡Está agradecido porque le ha curado la patita!” – responde Satán. – “¡Parece que le ha cogido cariño…!”

Bu se aleja del perro, pero éste le sigue contento.

El monstruo se detiene y el perro hace lo mismo. Bu arranca de nuevo y el cachorro le sigue moviendo el rabo. Se detienen otra vez.

– “¿Crees que me quiere?” – le pregunta Bu a Satán.

– “¡Por supuesto!” – responde el Campeón. – “¡Y parece que mucho! ¡Mire como menea la cola!”

El rostro de Bu se ilumina con una sonrisa.

– “¡Qué bien!” – celebra Bu – “¡Es mi primer amigo!”

El monstruo mira a Satán.

– “Bueno…” – se rasca la barbilla. – “¿Tú eres mi amigo?”

– “¡Pues claro!” – se apresura a decir Satán, un poco asustado. 

– “¡Ya tengo dos amigos!” – celebra Bu.

Bu empieza a correr por la zona, perseguido por el perrito.

Majin Bu se sienta en el suelo y el cachorro se sube en su barriga, lamiéndole la cara… y el monstruo responde de la misma forma, lamiendo al perrito.

Satán se queda sin palabras, confuso ante la extraña actitud del monstruo.

– “¿Este es el terrible Majin Bu?” – piensa el Campeón.

En la Atalaya de Kamisama, Piccolo y Dende observan la Tierra.

– “Es increíble…” – dice Kamisama. – “Parece que Bu se ha calmado…”

– “No podemos confiarnos…” – responde Piccolo. – “Puede que esto nos de un poco de tiempo hasta que Trunks esté listo…”

En la Sala del Espíritu y el Tiempo, Trunks duerme tirado en la cama.

En el Planeta Sagrado, Gohan ha superado las pruebas de Shin.

– “¡Esta espada es tremenda!” – dice el mestizo.

– “Está afilada… ¿Pero de verdad puede derrotar a Majin Bu?” – se pregunta Goku.

– “Ya veo que nada te convence…” – dice Shin, un poco molesto con las dudas del saiyajín.

El Dios alza su mano hacia el suelo e invoca un bloque metálico de color negro.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Goku.

– “Hierro Katchin” – dice el Dios. – “Como el que mantenía la espada apresada.”

Shin le pasa el bloque a Goku, que lo sujeta sobre su cabeza.

– “Vaya…” – suspira el saiyajín. – “Pues parece muy resistente…”

– “¡Eso sí que es un reto!” – dice Gohan, arremangándose antes de ponerse en guardia.

Shin sonríe.

– “¿Listo, Gohan?” – pregunta Goku.

– “¡Listo!” – responde el mestizo.

El saiyajín lanza el bloque de metal hacia su hijo con todas sus fuerzas.

Gohan se dispone a cortar el hierro Katchin en dos, pero al propinarle un espadazo, el arma se parte en dos, dejando a todos boquiabiertos.

– “Oh, no…” – sufre Gohan.

– “La… la Espada Z…” – titubea el Kaioshin. – “La legendaria Espada Z…”

– “La idea de lanzarle eso fue suya…” – se excusa Goku.

– “Pero… pero se supone que esa espada otorga un poder extraordinario…” – dice Shin, asustado.

Una voz sorprende a nuestros amigos.

– “Eso no es del todo así… Jeje” – dice una voz masculina anciana.

Un viejo anciano vestido con ropas de Kaioshin ha aparecido de la nada en el Planeta Sagrado.

En la Tierra, Majin Bu y Satán juegan con el cachorro, lanzándole un palo para que vaya a recogerlo.

– “¡Mire como se divierte!” – dice Satán.

Bu asiente.

– “¡Yo para divertirme mato gente!” – dice el monstruo.

Una gota de sudor frío recorre la sien de Satán.

– “Y… ¿por qué hace eso?” – pregunta el Campeón.

– “Es lo que me enseñó mi creador.” – responde Bu.

– “¿Y no cree que esto es más divertido?” – pregunta Satán con temor.

– “Es posible…” – se rasca la barbilla Bu.

– “¡Pues no tiene que matar más!” – dice Satán.

Bu mira a Satán atentamente y en silencio, cosa que aterra al Campeón.

– “O… bueno… haga lo que quiera…” – se acobarda Satán.

– “¿Tú crees que matar está mal?” – pregunta Bu.

– “Sí… Claro…” – responde el Campeón.

– “Pues no mataré más.” – sonríe el monstruo.

– “¿No matarás a nadie más?” – pregunta Satán, confuso.

– “No.” – responde Majin Bu.

– “¡Eso es fantástico!” – celebra Satán.

De repente, un disparo lejano rompe el momento.

Satán se da la vuelta, y él y Majin Bu son testigos de la terrible escena. El cachorro ha sido recibido un disparo y ha caído al suelo.

ESPECIAL DBSNL /// El que vio // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte II: Zeno

El que vio // Parte II: Zeno
“La oscuridad te consumirá para el resto de la eternidad.” 

El Dai Kaioshin y el Hakaishin se han reunido con los supervivientes de Konats en la plaza de la ciudad. Los representantes del pueblo rodean a los Dioses para escuchar sus peticiones. 

Un joven ira-aru aparece de la nada al lado del Dios. En sus manos lleva una gran espada.

– “Está todo listo.” – dice el recién llegado.

– “Gracias, Toshisei” – responde el Dai Kaioshin. – “Siento las molestias… No he podido sellar la esencia del monstruo por completo…”

El cuerpo del Dios tiembla. La oscuridad que contiene en su interior, el monstruo Hildegarn, lucha por salir.

El joven ofrece la espada al Dios, pero éste la rechaza.

– “Tendrás que hacerlo tú” – fuerza una sonrisa el Dai Kaioshin.

– “Si esas son sus órdenes…” – agacha la cabeza el ira-aru solemnemente.

Mientras tanto, Kawa sale tambaleándose de la gruta. Sus ojos están abiertos como platos, incrédulo ante lo que acaba de ver; un mortal ha derrotado a los Dioses.

Ramushi siente la energía de su pupilo y se teletransporta a su lado.

– “Kawa…” – dice asustado al ver el estado del gotokoneko. – “¿Y los Kaioshin?” – pregunta.

El aprendiz sigue en silencio.

– “Kawa… ¡Respóndeme!” – insiste Ramushi.

Al salir de la cueva, Kawa siente que sus fuerzas se recuperan lentamente.

– “Asesinados…” – revela el gotokoneko. – “…por un mortal.”

– “¿Qué?” – se sorprende el Dios de la Destrucción.

– “Jamás había visto un poder como ese…” – gruñe Kawa. – “Nos doblegó a su voluntad… No pudimos hacer nada…”

– “¿Y dónde está ese mortal?” – pregunta el Hakaishin.

Mientras tanto, en el planeta de Zeno, el pequeño Dios del Todo se encuentra sentado en su trono cuando siente una presencia que le perturba.

En la sala contigua, el brujo encapuchado ha aparecido de la nada.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta el hechicero. – “¿Es este el mundo real?”

El brujo ve unas puertas gigantescas frente a él y se aproxima a ellas. Tras examinarlas, decide empujarlas para abrirlas.

Las puertas chirrían mientras se abren y revelan la sala del trono, donde el Dios del Todo le espera.

– “¿Qué hace un mortal aquí?” – pregunta el Dios.

– “Tú…” – dice asombrado el brujo. – “Eres… ¿Qué significa esto?”

El Dios no responde.

– “Pero… No puede ser…” – titubea el hechicero. – “Es… un niño…”

Zeno se pone en pie y levita para acercarse al brujo hasta quedarse a unos pocos metros de él.

– “Cuida tus palabras, mortal.” – le amenaza el Dios del Todo. – “¿Quién eres?”

– “Me llamo Moro” – se presenta el hechicero.

– “¿A qué has venido?” – pregunta Zeno.

– “Busco respuestas.” – revela el brujo. – “¿Por qué existo? ¿Cuál es el propósito de nuestro mundo? ¿Por qué nos creaste?”

– “No necesito una razón.” – responde el Dios del Todo.

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Moro.

Zeno da la espalda al brujo, ofendiendéndolo.

– “He logrado llegar hasta aquí…” – gruñe el hechicero. – “¡Estoy cara a cara contigo! ¡En tu plano de existencia! ¡Exijo respuestas!”

El Dios del Todo se da la vuelta y clava una mirada de desprecio en el brujo.

– “Eres solo una serpiente que ha salido del terrario.” – dice Zeno.

Los dientes de Moro rechinan. El brujo aprieta los puños con rabia.

– “¿Cómo te atreves…?” – protesta Moro.

– “Un mortal no merece respuestas.” – dice Zeno. – “Ni yo necesito razones.”

Una extraña oscuridad empieza a rodear a Moro como un torbellino de tinieblas.

– “No he llegado hasta aquí para nada…” – amenaza el brujo.

Zeno observa las sombras que nacen de su adversario.

– “¿Qué poder es este?” – murmura el Dios.

– “Es el rencor de tu creación” – responde Moro.

Zeno frunce el ceño, preocupado por lo que está presenciando.

Mientras tanto, en Konats, el Dai Kaioshin ha imbuido el mandoble con su propia técnica de sellado.

– “En caso de que Hildegarn regrese, esto debería detenerle.” – explica el Dios.

El Dai Kaioshin hinca la rodilla, agotado.

Toshisei entrega la espada a los sabios de Konats.

Ramushi y Kawa han regresado a la plaza. Ahora es el Hakaishin quien imbuye dos pequeños instrumentos musicales con su técnica sonora.

– “Esto os ayudará.” – dice el Dios. – “Os dejo una parte de mi poder en estas ocarinas.”

Toshisei es de nuevo quien recoge los instrumentos y los entrega a los sabios.

La gente de Konats agradece los obsequios con una reverencia. Kawa sigue ensimismado, absorto en sus pensamientos.

El Dai Kaioshin fuerza una sonrisa.

– “Es el momento, Ramushi.” – dice el Dios.

– “¿Estás seguro?” – pregunta el Hakaishin.

– “No hay otra opción.” – responde el Kaioshin.

El Hakaishin se coloca frente al Dios.

– “Has salvado a esta gente.” – sentencia el paquidermo.

El Dai Kaioshin mira de reojo a Toshisei.

– “Dejo en tus manos el futuro de los Kaioshin” – dice el Dios.

Toshisei asiente.

Ramushi apunta al Dios protector con la mano derecha.

– “Hakai” – sentencia el Dios de la Destrucción solemnemente.

En el planeta de Zeno, Moro invoca poderes que el mismísimo Dios del Todo desconoce.

– “Mi poder es la respuesta a su desidia.” – gruñe el brujo.

– “No debería existir un poder como ese…” – piensa Zeno. – “El ki divino es puro.”

– “Toda luz genera sombras.” – sonríe Moro. – “¡Soy la encarnación de esa oscuridad!”

La mirada de Zeno se torna severa.

Moro se abalanza sobre el Dios con su mano derecha en alto.

– “Desaparece” – sentencia Zeno.

El brujo es sacudido por una corriente de aire que le frena.

Los dos adversarios se quedan perplejos ante lo ocurrido.

– “¿Qué?” – se preguntan los dos.

Moro observa sus manos atentamente.

– “Ja… jaja… jajaja… ¡JAJAJAJA!” – estalla en una sonora carcajada.

Una gota de sudor recorre la sien de Zeno.

– “¡No puedes detenerme!” – celebra Moro. 

Zeno alza su mano hacia el cielo y un estallido de luz inunda el lugar.

– “¿Qué haces?” – pregunta Moro, confuso.

– “Dejaré que te pudras en tu odio.” – sentencia Zeno.

– “¿Cómo dices?” – se extraña el brujo.

– “La oscuridad te consumirá para el resto de la eternidad.” – dice el Dios. – “Encerrado en este mundo. Tu propio reino de tinieblas.”

Zeno se eleva lentamente.

– “¡¿Intentas escapar?!” – gruñe el brujo.

De repente, los pies del brujo quedan atrapados en hielo.

– “¡¿QUÉ?!” – se asusta Moro. – “¡¿QUÉ ES ESTO?!”

El hielo se extiende por las piernas de Moro. Zeno sigue elevándose.

– “¡¡MALDITO SEAS!!” – grita el brujo. – “¡COBARDE!”

El Dios del Todo desaparece.

Los días pasan y, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, Toshisei presenta a Ramushi y Kawa a los nuevos Dioses

– “Bienvenidos, Kaioshin.” – saluda el Hakaishin.

– “Son débiles.” – gruñe Kawa.

– “¿Qué has dicho?” – protesta Ramushi.

De repente, un nuevo personaje aparece en el cielo del planeta y desciende hasta el suelo.

– “¿Quién es?” – se preguntan los Kaioshin.

El joven personaje de piel celeste, ojos grises y cabello blanco sonríe.

– “Vengo en nombre del señor Zeno.” – revela el ángel. – “Soy el Daishinkan.”

– “¿Sumo Sacerdote?” – frunce el ceño Ramushi.

Kawa aprieta sus puños con rabia.

– “Es una trampa…” – gruñe el aprendiz de Hakaishin. – “¡¡Seguro que es un truco del brujo!!” – exclama.

El gotokoneko se abalanza sobre el Daishinkan.

– “¡¡DETENTE, KAWA!!” – exclama Ramushi.

Un golpe de vara en la frente del felino lo remite de nuevo al suelo.

– “Veo que los ánimos están caldeados…” – sonríe el ángel.

Zeno aparece junto a su consejero.

– “El Daishinkan habla en mi nombre.” – revela Zeno. 

Todos los presentes se quedan asombrados al ver al Dios del Todo.

– “¡Señor Zeno!” – exclaman al unísono antes de arrodillarse.

– “Los eventos recientes han revelado que la creación necesita una mejor supervisión.” – explica el Dios. – “El ángel os ayudará en vuestro cometido.”

– “¿Y el brujo?” – pregunta un magullado Kawa.

– “El señor Zeno se ha encargado del mortal” – responde el Daishinkan.

Los Dioses aceptan las ordenes de Zeno sin rechistar.

En la cárcel de Moro, el brujo se encuentra encerrado en un pilar de hielo. Las sombras se filtran a través de finas grietas y se expanden por la superficie del planeta, corrompiendo todo lo que encuentran a su paso.

DBSNL // Capítulo 177: Cenizas

DBSNL // Capítulo 177: Cenizas

“Os enfrentáis a un mal muy antiguo y poderoso”

En la Tierra, Gohan ha colocado los cuerpos de Videl y Satán en su cama y los ha cubierto con una sábana. El viejo Bee llora con Gohan.

– “Lo sé, amigo…” – le dice el mestizo mientras le acaricia la cabeza. – “Lo sé…”

En la Corporación Cápsula, Pino ha sido llevado al taller y Brief se prepara para repararlo. Los demás esperan en el salón. Cell está en el balcón, mirando al horizonte.

– “Pobre Gohan…” – se preocupa Mai.

– “Todos hemos sufrido un duro golpe…” – suspira Ten.

– “Ojalá Son Goku estuviera aquí…” – murmura Krilín.

Mientras tanto, en Ryusei, Maraikoh ha llevado en brazos a Ub hasta su aldea, hecha de grandes casas de barro. Los habitantes del pueblo se arrodillan al ver pasar a un Kaioshin. Pan y Bra siguen al dragón avergonzadas por la situación.

– “¿Quiénes son estos tipos?” – susurra Pan.

– “No lo sé…” – responde Bra. – “Pero adoran al viejo…”

– “¿Debería decirles que ya no soy un Kaioshin?” – susurra Madas.

– “¡Ni se le ocurra!” – replican las chicas.

Gohan ahora ha visitado el Monte Paoz y ha dado reposo a Gyuma y Chichi. Bee espera acurrucado en la entrada.

En la Corporación Cápsula, Brief trabaja. Baicha sigue descansando. Cell sigue en el balcón. El resto de nuestros amigos se encuentra en el salón adyacente, recapacitando sobre lo mucho que han perdido hoy. 

Krilín está sentado en el sofá, cabizbajo. Mai está sentada en un sillón, tomando una taza de té. Ten Shin Han está de pie, apoyado en la pared.

– “¿Qué vamos a hacer?” – se pregunta el Ten.

Son Gohan entra en el salón, acompañado por el anciano perro.

– “Lo siento…” – se disculpa el mestizo por su repentina marcha. – “Tenía cosas que hacer.”

– “No te preocupes, Gohan.” – responde Krilín.

El perro camina hasta un rincón de la habitación y se pone cómodo.

– “¿Ese es Bee?” – pregunta Krilín, que no veía al perro desde hace años.

– “Sí…” – dice Gohan. – “No quería dejarle solo.”

El mestizo agacha la cabeza y clava su mirada en el suelo.

– “Krilín…” – dice el mestizo. – “Aún pude sentir la energía de Majin Bu en ellos… Por favor… Cuéntame lo qué ha pasado.”

En el planeta Popol, Kale y Tarble se han sentado apoyados en su nave averiada, abatidos ante la pérdida de su amigo.

– “¡Broly nos necesita!” – protesta Kale, impotente. – “¿Cómo saldremos de este planeta?”

– “Lo primero es sobrevivir… Las comunicaciones no funcionan…” – dice Tarble. – “Y yo me muero de hambre…” – dice mientras su barriga ruge.

– “No hemos visto a nadie…” – dice la saiyajín. – “¿Qué se puede comer en este planeta?”

Krilín le ha contado todo lo sucedido a Gohan. El mestizo está cabizbajo, intentando comprenderlo.

– “¿Y no hay rastro de papá? – pregunta Gohan. – “¿Ni de Vegeta?”

– “Nada.” – responde Mai.

– “Y Piccolo…” – gruñe el mestizo, apretando sus puños. – “Maldita sea…”

– “Lo siento, Gohan.” – dice Krilín.

– “Y sin Dende…” – suspira Ten. – “No hay Dragon Balls.”

En el balcón, Cell escucha la conversación en silencio.

Mientras tanto, Baba parece recuperar el conocimiento.

– “¡Baba!” – se alegra Krilín. 

– “Estoy bien…” – responde ella, un poco adormilada. – “Son Gohan… Me alegro de verte.” – dice al ver al mestizo.

– “Hola, Baba” – fuerza una sonrisa el hijo de Goku.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado…” – dice la bruja. – “Ese hombre… Pude verlo…”

– “¿Ver a quién?” – pregunta Gohan.

– “La fuente de la oscuridad…” – dice Baba. 

Gohan frunce el ceño.

– “¿Puede encontrarlo?” – pregunta el mestizo.

– “Gohan…” – interviene Krilín. – “¿No estarás pensando en…?”

– “Voy a hacérselo pagar.” – dice Gohan. – “Vengaré a Videl y a Pan… A todos.”

– “No te apresures…” – sugiere Ten. – “A todos nos duele lo que ha pasado… Es mejor esperar y…”

– “¿Puede encontrar a ese tipo, Baba?” – insiste Gohan, ignorando a sus amigos.

El ímpetu del mestizo dibuja una sonrisa en el rostro de Cell.

– “Me gusta verte así, Son Gohan…” – interviene el insecto. – “Motivado…”

– “No estoy de humor, Cell.” – responde el mestizo.

Baba finalmente responde.

– “Necesitaré otra bola de cristal.” – dice la bruja.

– “¿Y dónde podemos encontrar una?” – pregunta Gohan.

– “En mi palacio…” – responde Baba. – “Tengo una de repuesto.”

– “Podemos usarla para encontrar a Goku y Vegeta” – dice Krilín. – “Buscar a ese tipo no es lo más sensato, Gohan.”

– “Voy a por ella” – dice el mestizo, caminando hacia la puerta.

Krilín se interpone en su camino.

– “¿Qué haces?” – le dice Gohan.

– “Yo iré a buscar la bola.” – dice el terrícola. – “Conozco el Palacio de Baba.”

El terrícola intenta reconfortar a su amigo agarrándole el brazo.

– “Estás enfadado.” – dice Krilín. – “Es normal… Pero sabes que no es el momento. Necesitas calmarte y pensar con claridad. Encontraremos una solución.”

Gohan aprieta los puños y sus ojos se llenan de lágrimas.

– “Ya las echo de menos, Krilín…” – dice el mestizo.

– “Lo sé, chico.” – dice su amigo. – “Yo también…”

Uranai Baba se pone en pie.

– “Necesitarás mi ayuda” – dice la bruja. – “Mi magia es necesaria para acceder a ciertas zonas del palacio.”

– “Está bien.” – asiente Krilín.

– “Os esperaremos aquí.” – dice Mai.

– “Mucha suerte.” – añade Ten.

Cell se da la vuelta y regresa al balcón.

– “Yo tengo cosas que hacer” – dice el insecto. – “Ya nos veremos.”

– “¿A dónde vas?” – pregunta Gohan.

Cell sonríe burlonamente.

– “No es asunto tuyo.” – responde el insecto.

La creación de Gero abre sus alas y se eleva antes de salir volando y desaparecer en el cielo.

Mientras tanto, en el taller, Brief repara al Número 16.

– “Siento mucho todo lo que ha pasado, Doctor” – dice Pino. – “Bulma y usted me recibieron como si fuera de la familia.”

– “Ha sido un día largo…” – suspira Brief.  – “Pero hablando de familia… Creo que tenemos que hablar.”

– “¿Qué ocurre?” – pregunta el robot.

– “¿Te suena de algo el nombre “Coronel Green”? – pregunta Brief, mientras trastea dentro del robot.

– “Aparece en mis archivos.” – responde Pino. – “Miembro de la Red Ribbon. Muerto en combate.”

– “¿Nada más?” – insiste el Doctor.

– “No.” – responde el androide.

– “¿Y la Doctora Oli?” – pregunta Brief.

– “No aparece en mi memoria.” – responde Pino. – “¿Debería?”

– “Creo que sí…” – suspira Brief. – “Verás…”

De repente, el teléfono de Brief empieza a sonar.

– “Qué momento tan inoportuno…” – protesta el doctor. – “Qué se esperen…”

Pino, sorprendido, mira al Doctor.

– “Pero…” – dice el robot.

– “Será algún vendedor…” – protesta mientras agarra una nueva herramienta.

– “Doctor Brief…” – insiste Pino, intentando hacer entrar en razón al viejo.

Brief al fin se da cuenta de lo que ocurre.

– “¡ALGUIEN ME LLAMA!” – se sobresalta, y enseguida corre hacia el teléfono, tropezándose con todo lo que encuentra a su paso.

Muy lejos de allí, en Konats, Hit, Trunks y Meerus se encuentran cara a cara en la puerta del templo Yahirodono.

– “Os enfrentáis a un mal muy antiguo y poderoso” – dice Meerus. – “Supongo que buscáis a Shiras… pero él es el menor de vuestros problemas.”

– “¿Cómo lo sabes?” – pregunta Trunks.

– “He trabajado con ellos” – dice el expatrullero.

– “¡Lo sabía!” – exclama el mestizo, que desenvaina su espada y se transforma en Súper Saiyajín.

Meerus sonríe.

– “No me creas tan estúpido…” – dice el mercenario. – “Tú y el legendario Hit podéis derrotarme en un santiamén. No busco pelear.”

– “Me conoces…” – dice Hit.

– “Y me decepciona que no me conozcas tú a mí…” – suspira Meerus.

– “¡Basta de juegos!” – se impacienta Trunks.

– “Voy a contaros todo lo que sé” – dice el mercenario. – “Debemos detener a ese tipo.”

– “¿Por qué?” – pregunta Hit. – “¿No trabajabas para él?”

– “Trabajo para el mejor postor” – dice Meerus. – “Y ha dejado de ser él. No acepto muerte y tinieblas como pago por mi trabajo.”

– “¿Y quién te paga ahora?” – pregunta Trunks.

– “Eso es confidencial.” – sonríe Meerus. – “Pero por ahora podéis considerar a mi benefactor como un aliado.”

Trunks sigue desconfiando del expatrullero.

– “Seguidme” – dice Meerus, entrando en el templo. – “Os enseñaré algo.”