DBSNL // Capítulo 411: Escolta
“¿Nivel de precaución, señor?”
Son Goten, Ikose y Pino pasean por la ciudad guiados por el agente Bodara. La gran cabalgata puede oírse a lo lejos, aun marchando por las calles de Cefalia.
– “¡Ha sido impresionante!” – sigue emocionado Goten. – “Ni siguiera en la Capital Central se invierte tanto en espectáculos.”
– “Octo es un planeta muy rico.” – responde Bodara. – “Cefalia es la capital de la Galaxia. No podría ser de otra forma.”
– “Este tipo de festejos calman a la gente y les dan una agradable sensación de seguridad.” – apunta Pino.
– “A mí me parecen un gasto de dinero que solo celebra la vanidad del líder de turno…” – refunfuña Ikose.
– “Aguafiestas…” – suspira Goten.
Una llamada entrante alerta a Bodara, que responde activando el comunicador en su diminuta y casi invisible oreja.
– “Adelante.” – responde el agente. – “Afirmativo. No estoy lejos.”
– “¿No tenía el día libre?” – se pregunta Goten.
– “Sí, señor.” – sigue hablando Bodara por su comunicador. – “De inmediato.”
El agente acaba la llamada y suspira.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Pino. – “¿Una emergencia?”
– “No es nada grave…” – suspira Bodara. – “Tengo que ocuparme de un asunto. Órdenes.”
– “¿Y si te echamos una mano?” – pregunta Goten.
– “¿Eh?” – se extraña Bodara.
– “No tenemos nada que hacer y tú has sido muy amable con nosotros.” – dice el hijo de Goku.
– “Son Goten tiene razón.” – asiente Pino con una sonrisa. – “Podemos ayudarte y así no pierdes todo tu día libre.”
– “¿Lo decís en serio?” – se sorprende Bodara. – “Lo agradezco mucho, pero…”
– “Cuéntanos.” – dice Ikose. – “¿De qué se trata?”
– “¿Me lo puedes compartir por el GPad?” – pregunta Goten, emocionado por poder usarlo de nuevo.
Bodara niega con la cabeza.
– “Es una misión del tipo S-3c837A. Subclase 35c0L7A.” – dice el agente. – “Por seguridad, no se suben al dispositivo hasta que se han finalizado.”
– “Suena importante…” – dice Ikose, intrigado.
– “No puedo daros más información sin el permiso del centro de mando. Lo siento.” – dice Bodara. – “Pero no os preocupéis. Me espera mi compañero.”
– “Está bien.” – asiente Goten. – “No te preocupes.”
– “Estaremos por aquí si nos necesitas.” – dice Pino.
– “Gracias.” – asiente Bodara. – “Siento tener que marcharme.”
– “Que te sea leve.” – lo despide Goten.
Ikose levanta una ceja, desconfiado.
Mientras tanto, en Razan, Pan, vestida de nuevo con su gi, acompaña al viejo Oztohuah por las calles de la aldea repartiendo víveres a la gente, escoltados por el mismo guardián que custodiaba su cabaña.
– “Esto es mucho más cómodo… jeje.” – sonríe ella, haciendo algún estiramiento sutil. – “Muchas gracias por arreglarlo.”
Los cachorros se acercan a ellos con curiosidad, extrañados por la presencia de una extranjera.
– “¡KIHYY! ¡KIHYY!” – les aparta el anciano, indicándoles que no molesten.
– “No pasa nada.” – sonríe ella, que se agacha para hacerle una carantoña al chico más atrevido. – “¡Hola!” – lo saluda. – “¿Cómo te llamas?”
El pequeño retrocede tímidamente.
Pan sonríe con ternura, en su faceta más maternal.
De repente, una terrible sensación invade a Pan.
Un instante después, los zorros de la aldea empiezan a agitarse.
– “¡KIKIKI!” – grita un zorro a lo lejos.
– “¡KIKIKIKIKI!” – responde otro.
Pan mira a su alrededor. Zorros armados corren de un lado a otro.
– “¿Qué ocurre?” – se preocupa ella.
Oztohuah retrocede.
– “¡Tlahpixqui!” – le dice al guardián.
El guerrero empuña el espadón que cargaba en su espalda.
Gritos de simio llegan desde todas las direcciones.
– “Tsk…” – se pone en guardia Pan.
Los niños están aterrorizados.
Los enemigos invaden la aldea.
Los zorros intentan enfrentarse a ellos en el perímetro de la aldea, pero rápidamente la brutalidad del enemigo los abruma.
Oztohuah corre hacia los niños, cubriéndolos con su capa.
Pan los mira preocupada.
Un simio ha superado a los guerreros tribales y corre hacia al anciano.
El guardián intercepta al enemigo con un espadazo que le destripa el abdomen con las hojas afiladas de roca negra de su arma.
El simio retrocede, con sus tripas asomando, pero con una rabia incontrolable que parece mantenerlo en pie.
Tlahpixqui lo mira estupefacto, como si jamás hubiera visto nada igual.
Otro simio salta sobre un tejado cercano, evadiendo el enfrentamiento con el guerrero y se abalanza sobre el anciano y los niños.
Oztohuah da un paso al frente, dispuesto a morir por los cachorros.
Pero Pan cae sobre el enemigo con los dos pies por delante, estrellándolo contra el suelo, rompiéndole la espalda.
El enemigo queda incrustado en el suelo, inmóvil, aún con espasmos en sus manos.
En la frente del simio, Oztohuah se queda ensimismado mirando el simio caído. Una preocupante marca tatuada en su frente en forma de “M”.
– “¡Ozto!” – le dice Pan.
El anciano sale de su trance y asiente antes de guiar a los niños hacia el bosque.
El guardián sigue enzarzado en su combate contra el simio destripado, forcejeando por su espada.
Pan cae sobre el enemigo, sentada sobre su nuca. La guerrera rodea su cuello con las piernas y, como si diera una voltereta hacia atrás, con las manos apoyadas en el suelo, proyecta al enemigo lejos de allí.
El guardián se sorprende ante la fuerza de la muchacha.
Pan mira a su alrededor. Los zorros están cayendo ante la violencia extrema de los enemigos.
– “Protege a Ozto y a los niños.” – le dice Pan.
El guerrero parece confuso.
Pan señala el bosque, en dirección a la cueva.
– “¡OZTO!” – insiste ella.
El guardián aprieta fuerte su espada, revelando cierta frustración, pero acaba aceptando y corriendo tras ellos.
Pan se queda sola en el centro de la aldea, rodeada por enfrentamientos entre simios y zorros.
La muchacha se lleva la mano en la espalda. Un ligero sangrado atraviesa el gi.
– “Tsk…” – protesta ella.
Pan aprieta sus puños. Su cabello se eriza y se tiñe de dorado. Sus ojos se tornan verdes.
– “¡YAAAAAAAH!” – grita al transformarse en Súper Saiyajín.
Una onda de presión sacude la zona, alertando a todos los simios.
Pan aprieta los dientes.
– “Aquí estoy” – susurra.
En Cefalia, cerca del puerto espacial, Bodara se reúne con su compañero Kaihimo, un agente de piel azulada, demacrado, embutido en una escafandra en forma de huevo.
– “Ya estoy aquí.” – saluda Bodara.
– “Qué manera de fastidiarnos el día libre…” – refunfuña Kaihimo.
– “¿Ha llegado ya nuestro VIP?” – pregunta Bodara.
Una voz sale de las sombras.
– “Aquí está.” – dice.
Meerus sale de un callejón, acompañando a un pequeño personaje cubierto por una capa y encapuchado.
Bodara y Kaihimo se sorprenden al ver a Meerus.
– “Es…” – dice Bodara, sorprendido.
– “Sí que lo es…” – añade Kaihimo, impresionado.
Meerus sonríe.
– “Aquí tenéis al sujeto.” – insiste él. – “Necesita llegar a un piso franco. Yo también os escoltaré.”
– “Entendido.” – asiente Kaihimo.
Bodara teclea en su GPad.
– “Tenemos un piso franco libre no muy lejos de aquí.” – revela.
– “Buscamos uno en concreto.” – responde Meerus. – “Tengo las coordenadas.”
– “¿Nivel de precaución, señor?” – pregunta Kaihimo.
– “Máxima. La misión no puede ser inscrita en el registro hasta 72 horas después de que el objetivo abandone el piso.” – dice Meerus.
Bodara parece confundido.
– “Eso es… poco protocolario…” – observa.
Meerus levanta una ceja.
– “Ya sabéis de donde viene la orden.” – les recuerda el veterano.
– “Por supuesto.” – se apresura a rectificar Kaihimo. – “No hay problema.” – se pone firmes.
Bodara imita a su compañero.
– “Claro… Sin problema.” – responde el agente.
La figura encapuchada mira de reojo a Meerus, haciéndole saber así que las preguntas de los agentes no le gustaran.
– “Todo listo, entonces.” – lo ignora el experimentado patrullero.
Los cuatro se ponen en marcha.
Tras dar tan solo unos pasos, Meerus se detiene. El agente se da la vuelta y mira hacia los tejados de los edificios que los rodean.
No hay nadie.
El agente reanuda su marcha y regresa al grupo.
