DBSNL // Capítulo 388: Mithra
“Parecen pacíficos.”
La nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el cielo amarillo del Planeta Razan, cubierto de nubes densas.
– “¿Dónde se habrá metido?” – se pregunta Cheelai, viendo que en su radar no aparece ningún rastro de la nave que perseguían.
– “No se ve nada…” – dice Gohan Jr, mirando por la ventana. – “Deberíamos descender un poco más.” – sugiere.
– “No sabemos qué hay ahí abajo…” – se preocupa ella.
– “Pero el radar no detecta ninguna amenaza, ¿no?” – responde Gohan.
– “Ningún radar enemigo…” – teclea ella. – “Ningún sistema antiaéreo…”
– “Pues bajemos.” – insiste Gohan.
Cheelai sigue descendiendo y pronto salen de la densa capa de nubes. Un inmenso bosque de color granate y tonos violetas aparece frente a ellos, aparentemente cubriendo el planeta por completo.
– “Vaaaya…” – alucina Gohan. – “Es impresionante…”
– “Ahí hay un pequeño claro.” – señala Cheelai.
– “¡Aterricemos!” – exclama el chico, emocionado.
La nave se posa en el claro, rodeado de frondosos arbustos y árboles altos.
Cheelai y Gohan se apean, vestidos con el uniforme de la patrulla y casco.
– “¿De verdad tenemos que llevar esto?” – protesta Gohan, ajustándose el casco.
– “El aire tiene un alto contenido en azufre.” – dice Cheelai, mirando en su ordenador de pulsera. – “Estaremos más seguros si…”
Un ruido entre los arbustos los alerta. Algo se mueve.
– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Cheelai. – “¿Algún animal?”
Gohan frunce el ceño.
– “Hay alguien cerca…” – advierte el chico.
De repente, un zorro humanoide de pelaje negruzco se presenta frente a ellos. Está cubierto en con una capa de hojas rojizas como las de los arbustos donde se escondía. Sus pupilas son amarillas. Viste un taparrabos de un pelaje corto distinto al propio. Una mano cortada de simio cuelga de una cuerda alrededor de su cintura. Un colgante de madera tallada en forma de cabeza de cabra cuelga de su cuello.
Gohan y Cheelai se ponen en guardia. Ella desenfunda su arma.
El zorro parece desconfiado, pero su actitud no es hostil.
El extraño personaje da un paso hacia nuestros amigos.
– “¡DETENETE!” – lo amenaza ella, apuntándole con su pistola.
Ruido en las copas de los árboles.
– “¿Hay más?” – se pregunta Gohan.
De repente, una docena de criaturas simiescas cae del cielo, rodeando a los patrulleros y al zorro.
Los simios son grandes y musculados, sin cola; tienen un pelaje marrón oscuro y visten con una falda de hojas rojas. Su cabeza esta adornada con una falsa melena hecha de hojas del mismo color. Algunos de ellos lucen colas de zorro atadas en la falda.
Los simios muestran los dientes y se golpean el pecho, furiosos.
Cheelai y Gohan retroceden hacia la nave.
– “Tenemos que salir de aquí…” – susurra ella.
Los simios se abalanzan de repente sobre el zorro, que se escabulle entre los matorrales.
Los gritos de los cazadores son ensordecedores.
– “¡UH! ¡UH! ¡AAH!” – gritan los monos.
Los patrulleros aprovechan el momento para regresar a la nave, pero tres de los monos detienen su persecución y ponen su atención en ellos.
Desde los árboles, otros simios lanzan piedras sobre la nave.
– “¡MAMÁ!” – la apresura Gohan.
Cheelai, sentada a los mandos, hace que la nave se eleve lentamente.
– “¡PONTE EL CINTURÓN!” – responde ella.
Mientras se ponen en marcha, dos simios se lanzan sobre ellos y se agarran a su fuselaje.
Otros lo intentan, pero se quedan cortos en su salto y caen.
La nave sale volando hacia el cielo mientras los simios golpean con rabia el fuselaje y arrancan las partes que consiguen agarrar.
Saltan las alarmas en el interior de la nave.
– “¡NOS VAN A DERRIBAR!” – exclama Cheelai.
Uno de los simios arranca una de las armas defensivas de la nave, que estalla en su mano, haciendo que caiga al vacío.
El otro simio ha encontrado la ventanilla de la compuerta principal y la golpea con fuerza.
Gohan se desabrocha el cinturón y se levanta.
– “¡¿A dónde vas!?” – protesta su madre.
– “¡Abre la compuerta!” – dice Gohan.
– “¡Pero…!” – se preocupa ella.
– “¡ABRELA!” – insiste Gohan.
Cheelai aprieta los dientes, aceptando el riesgo, y aprieta el botón.
El simio se sobresalta al ver que la puerta se abre frente a él.
– “¡¿AH?!” – grita la bestia.
Una luz amarilla sorprende al simio.
– “¡¡MASENKO!!” – dispara Gohan.
El ataque impacta en el pecho del enemigo y lo empuja lejos de la nave.
Cheelai cierra de nuevo la compuerta.
Gohan suspira mientras regresa a su asiento.
Ella sonríe, orgullosa.
– “Buen trabajo.” – lo felicita.
Gohan sonríe al recibir el reconocimiento de su madre.
A medida que se alejan del planeta, pueden ver un gran volcán en la superficie del planeta que se revela lentamente con su rotación, del que emana una gran columna de humo que se extiende por todo el planeta, envolviéndolo.
– “Esa debe ser la fuente del azufre…” – murmura Cheelai.
– “Debía ser un lugar precioso antes de que entrara en erupción…” – dice Gohan.
– “Pero, ¿de verdad la nave que buscamos se dirigía aquí?” – se pregunta ella, confundida.
En ese instante, Gohan se da cuenta de algo. Un pequeño astro rojizo brilla en la oscuridad del espacio, reflejando la luz de la estrella Daeva.
– “¿Qué es eso?” – pregunta el muchacho. – “¿Una luna?”
Cheelai entrecierra los ojos para intentar verlo mejor.
– “Es posible…” – responde ella.
– “¿A lo mejor es allí donde iba?” – se pregunta Gohan.
La nave pone rumbo al satélite.
En el planeta Erezúant, Tarble y Gladyola observan el trabajo de los bandidos. Poco a poco, la nave va recuperando su aspecto original. Panzy aprieta un tornillo con una llave inglesa ante un impaciente Melone.
– “Pronto podréis seguir con la misión.” – dice la guerrera.
– “Recuperaremos vuestro tesoro.” – responde el saiyajín. – “Tenéis mi palabra.”
Ella sonríe.
– “La palabra de un Príncipe.” – dice con cierto retintín. – “Todo un honor.”
– “Yo no… en realidad…” – se excusa él, dispuesto a explicar toda la historia de su planeta.
– “Solo estoy bromeando.” – lo frena ella.
Hybis, comiendo bichos de un cuenco, sin decir nada, se acerca y se mete entre los dos, obligándolos a separarse un poco para dejarlo pasar.
Tarble y Gladyola lo miran un poco desconcertados.
– “¿Hay noticias de Cheelai?” – pregunta el saiyajín. – “¿Has podido hablar con Peral?”
– “No.” – responde Hybis. – “No hay novedades.”
Tarble y Gladyola se miran, sin entender muy bien a qué ha venido su compañero.
En la luna de Razan, la nave de la Patrulla Galáctica sobrevuela el terreno.
El satélite se parece mucho al planeta que orbita; el cielo es anaranjado, con un tono menos enfermo que el de Raza, y el suelo rojizo, con brillantes cristales morados repartidos por su superficie.
El lugar está habitado por seres parecidos a conejos humanoides, que viven en grutas escarbadas en la tierra, cuyas entradas están cerradas con puertas de madera, con pequeñas chimeneas.
Campos de cultivo se extienden alrededor de pequeñas aldeas que constan de varias grutas agrupadas.
Un conejo y su hijo levantan la vista al cielo al oír pasar la nave.
Gohan observa el paisaje por la ventana.
– “Parecen pacíficos.” – dice el muchacho.
A medida que nuestros amigos avanzan, se dan cuenta de que los campos de cultivo son cada vez más extensos y avanzados tecnológicamente, con cosechadoras y drones.
– “Este lugar no tiene nada que ver con Razan…” – piensa el chico.
Los campos se convierten en una urbe de edificios modernos construidos alrededor de una colina llena de grutas escarbadas en ella. Y sobre la montaña se yergue un espectacular edificio.
Cuatro pilares de cristal, frágiles en apariencia, sostienen una estructura gigantesca. Cuatro pirámides invertidas, una sobre cada pilar, recubiertas con un patrón de placas metálicas doradas triangulares que le dan un aspecto frío y, a la vez, casi sagrado. El espacio entre las pirámides invertidas está ocupado por una gran cristalera triangular, pero la luz del sol impide ver lo que hay dentro.
Cheelai rodea el edificio, estudiándolo, cuando se da cuenta de que hay una zona de aterrizaje cerca desde la que ya le están haciendo señales varios agentes locales.
– “Nos dicen que aterricemos…” – dice ella.
– “¡Genial!” – exclama Gohan. – “¡Investigaremos!”
Dos naves locales monoplaza en forma de disco vertical vuelan alrededor de la ciudad, pero parecen tener su atención puesta en nuestros amigos.
Cheelai teclea el código de aterrizaje.
– “No me gusta…” – piensa ella. – “Pero si ahora nos marchamos, será demasiado sospechoso.”
La nave se posa en el suelo con delicadeza. Cheelai y Gohan no tardan en desembarcar.
Dos centinelas conejo los reciben.
– “Bienvenidos, agentes.” – dice uno.
– “¿En qué podemos servirles?” – pregunta el otro.
– “Nuestra nave ha recibido algunos daños mientras inspeccionábamos este sector.” – dice Cheelai, ocultando los verdaderos motivos de su visita. – “Nos gustaría repararla.”
– “Por supuesto.” – asiente el primero. – “Déjenlo en nuestras manos.”
– “Oh, no es necesario…” – responde ella, sorprendida ante la hospitalidad.
El conejo levanta la mano, movilizando a varios operarios de la pista de aterrizaje.
– “Solo necesitamos algunas piezas y herramientas…” – insiste Cheelai.
– “Por favor, síganme.” – la interrumpe el segundo conejo. – “El Barón les está esperado.”
– “¿El Barón?” – levanta una ceja Gohan.
– “¿Nos esperan?” – se pregunta Cheelai.
El conejo guía a los patrulleros hasta el gran edificio, y juntos suben a un ascensor en uno de los cuatro pilares que sostienen tan impresionante infraestructura.
Las puertas se abren. El guardia les ofrece el paso.
Cheelai y Gohan salen del ascensor y se encuentran en el gigantesco despacho del Barón, en la cima de la gran cristalera triangular que pudieron ver desde el exterior.
– “Vaaya…” – alucina Gohan ante tanto lujo y modernidad.
– “No te separes de mí.” – dice Cheelai, desconfiada.
El centinela se queda en la puerta del ascensor.
El Barón sale a recibirlos; un ira-aru de piel rosada y ojos azules, con cabello blanco peinado hacia atrás, vestido con un uniforme casi militar blanco y rojo con detalles dorados, con una gran capa roja, guantes blancos y botas altas negras.
– “Bienvenidos a Mithra, agentes.” – les recibe con los brazos ligeramente extendidos hacia ellos y con las palmas hacia arriba. – “Me llamo Degesu.” – se presenta. – “¿Qué podemos hacer por la Patrulla Galáctica?”


Me ha gustado el capitulo, me parece interesante que degesu sea un barón de un planeta de conejo aliens, seguirá siendo hermano de shin aquí?
Ademas, estamos en el lugar de origen del jefe conejo? Normal que pudiera sobrevivir a la luna XD
(Ahora después de escribir eso último me entra la duda de si enserio la especie que degesu gobierna sea la raza del jefe conejo)
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¡Me alegro!
La raza de conejos esta basada en la de la gendarmería de Daima, aunque aquí tienen un aire más parecido a Dyspo.
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