DBSNL // Capítulo 379: La cueva

DBSNL // Capítulo 379: La cueva

“No confía en nosotros.”

En el desfiladero del Valle de los Sordos, Broly, envuelto en su aura, pero sin transformarse, cae sobre la espalda del trol que sujetaba el garrote para golpear a Gladyola y lo incrusta en el suelo, partiéndole la espalda.

El brillo de su aura se refleja en los ojos abiertos de Panzy.

Los trols que sujetaban a la guerrera la sueltan para atacar a Broly, pero éste salta por encima de ellos con una pirueta, dejándolos pasar de largo.

Cuando ellos se dan la vuelta, Broly les lanza una esfera de energía verde del tamaño de un puño a cada uno en el abdomen y los empuja a través del desfiladero hasta que estallan.

Sambuco cae de culo al suelo.

– “Ay… ay…” – tiembla el viejo.

Ahora todos los trols gruñen con su atención puesta en el saiyajín.

Gladyola, magullada, se levanta.

– “¿Has estado ocultando tu fuerza?” – pregunta la guerrera, un poco ofendida y celosa.

– “Je” – sonríe Broly.

Panzy observa anonadada al patrullero.

– “Pero, ¿quiénes son estos tipos?” – se pregunta la princesa.

El trol que llevaba el hacha saca un cuerno vacío que llevaba atado en su cinturón y sopla en él para hacerlo sonar. Su bramido retumba en el valle.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Broly.

– “Creo que… han pedido refuerzos…” – titubea Sambuco.

– “Tsk…” – aprieta los dientes el Gladyola. – “Será mejor que salgamos de aquí.”

Broly asiente.

Gladyola agarra a Panzy y carga con ella debajo del brazo, mientras tira de la mano de Sambuco, poniéndolo en pie de un tirón y obligándolo a correr tras ella.

Nuestros amigos pueden oír varios cuernos responder en la distancia.

El saiyajín apunta con su mano derecha a los enemigos. Un orbe de ki verde brilla a su alrededor.

Los trols restantes cargan contra Broly para intentar detener la huida, pero justo en ese instante, la esfera de energía en su mano se deshace en múltiples blast menores que bombardean la zona, golpeando a los trols y todo a su alrededor, incluyendo los muros del desfiladero, que se desmoronan.

Broly y los demás aprovechan la polvareda y el estruendo para escapar.

En la ciudad, Hybis regresa a su casa cargando con una gran olla. 

Tarble espera en mitad de la calle, inquieto, mirando al horizonte.

Hybis se pone a su lado, mirando en la misma dirección que el saiyajín, pero no ve nada extraño.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta él.

– “He sentido el ki de Broly.” – responde Tarble. – “Han tenido que pelear.”

Hybis no parece inmutarse y decide entrar en su casa.

– “He traído un caldo de bichos de Peonia.” – dice mientras abre la puerta. – “Le dije que era para tu amigo, para que pusiera los bichos más grandes.”

Tarble suspira.

– “Estarán bien.” – piensa el saiyajín. – “No sé por qué me preocupo.” – sonríe.

En el espacio, Cheelai y Gohan Jr viajan hacia Erezúant.

– “De acuerdo, Lemon.” – dice Cheelai, al comunicador. – “Los recogeremos y nos pondremos en contacto de nuevo, a la espera de instrucciones.”

– “Según nuestro informador, el Rey Kadan tiene un espíritu pacífico.” – informa Lemon. – “Pero ciertas zonas del planeta pueden ser conflictivas.” – reflexiona. – “No podemos tomar decisiones sin tener más información.”

– “Lo entendemos.” – confirma la patrullera. – “Seremos diplomáticos.”

– “Estaría más tranquilo si os acompañara Toppo.” – suspira Lemon.

– “Al final vas a ofenderme…” – refunfuña Cheelai.

– “Buena suerte, chicos.” – responde el jefe.

Finaliza la llamada.

Gohan se cruza de brazos.

– “No confía en nosotros.” – protesta el muchacho. 

– “Lemon se preocupa.” – sonríe Cheelai. – “Todos los patrulleros somos su responsabilidad.”

– “Tsk…” – gruñe mientras mira de reojo por la ventana. – “Supongo que sí…” – le cuesta admitir.

El sol se ha puesto en Erezúant. Una noche oscura. La tenue aurora boreal magenta en el cielo.

Sobre una colina, en una cueva, Broly, Gladyola, Panzy y Sambuco han encendido una hoguera.

– “Aquí estaremos bien.” – suspira Gladyola, mientras da la vuelta a una rama prendida, con la intención de avivar el fuego. – “Pasaremos la noche.”

La barriga de Sambuco ruge.

– “¿No tenemos raciones?” – pregunta el viejo.

– “Jaja” – ríe Broly. – “Yo también tengo hambre…”

Los dos miran a Gladyola con ojos de cachorro abandonado.

La guerrera sucumbe y saca un puñado de frutos diminutos y deshidratados de un pequeño bolsillo de su cinturón, detrás de su espalda y se los muestra a los demás.

– “Necesitaremos agua.” – dice ella.

– “¡¿Esa es la cena?!” – se preocupa el saiyajín.

– “¡Excelente!” – celebra el viejo.

Sambuco se levanta.

– “Yo me encargo del agua.” – dice mientras se sacude el polvo del pantalón. – “He visto una zona con vegetación no muy lejos de aquí.”

– “¿Eh?” – se sorprende Broly, al verlo contento ante tal despropósito.

Panzy le lanza una piedra a Broly en la cabeza.

– “¡AY!” – se queja el saiyajín.

– “¡Eso es un manjar!” – protesta la princesa. – “¡UN RESPETO!”

– “Que mal humor…” – refunfuña el saiyajín. – “No digo que no esté bueno… pero parece muy poca cosa…”

La Princesa se levanta, ofendida, y rebusca en su bandolera hasta encontrar una bengala que enciende frotándola contra la pared de la cueva.

– “¿De dónde has sacado eso?” – se sorprende Gladyola.

– “Lo hice yo.” – protesta ella, tajante. – “Me voy a investigar.”

– “No te alejes mucho.” – dice la guerrera.

Panzy no responde, y se adentra en la cueva.

Broly observa a la princesa alejarse, sin comprender muy bien lo que le ocurre.

– “¿Y el viejo encontrará agua en este lugar?” – pregunta el saiyajín.

– “La niebla que has visto de día, se condensa por la noche.” – responde la Gladyola. – “Es un ciclo muy corto, pero es suficiente para formar charcas en algunas zonas y que crezca vegetación.” 

– “Vaaya…” – se sorprende Broly.

En el exterior, Sambuco se adentra en una zona boscosa a los pies de la colina sobre la que se encuentra la cueva en la que se ocultan.

– “Espero tener suerte…” – piensa el viejo, apartando matorrales.

Un extraño ruido animal lo alerta.

– “¡Ah!” – se asusta el anciano.

De nuevo, el mismo llanto animal; mugidos.

Mientras tanto, en la cueva, Panzy sigue avanzando en la oscuridad, iluminada por su bengala casera.

– “Esos patrulleros…” – refunfuña. – “Vienen aquí como si tuvieran a que salvarnos… ¡No los necesitamos!” – patea una piedra con rabia.

La piedra rebota por el suelo y se adentra en lo más oscuro de la gruta.

Un fuerte bufido en el fundo de la cueva.

– “¡¿Ah?!” – se asusta Princesa, deteniéndose al instante.

En el bosque, con cautela, Sambuco sigue avanzando entre los matorrales hasta que atisba el final.

El viejo se detiene.

– “Ooh…” – observa asombrado.

Frente a él, cerca de allí, un grupo de bandidos de distintas razas está sometiendo a un animal parecido a una vaca, de pelaje violeta, cabellera frondosa de color índigo y grandes cuernos.

– “¡Estate quieta!” – exige un bandido, mientras dos más están ayudándole a tirar de una cuerda atada a su cornamenta.

– “¡Se está cansando!” – celebra otro, que con otros tres tiran de un cabo atado una de sus patas traseras.

Sambuco observa como a alrededor de la criatura hay varias parcelas delimitadas por vallas de madera en las que otros animales como ese están aprisionados y, al lado de cada parcela, hay varias lecheras metálicas amontonadas.

– “Pobres criaturas…” – se preocupa el anciano.

Sentados alrededor de la fogata, Broly observa detenidamente uno de los frutos deshidratados que le ha dado Gladyola.

– “¿De verdad que esto llena?” – pregunta el saiyajín.

– “Alimenta a un soldado para una semana.” – asiente ella. – “Solo hay que ponerle agua para revitalizarlo.”

– “¡Qué curioso!” – sonríe Broly. – “Este es un planeta muy interesante… ¡y está lleno de gente fuerte!”

Sambuco entra en la cueva.

– “¡Chicos!” – los llama el anciano, un poco alterado. – “¡Ahí fuera hay…!”

Pero un grito de Panzy los interrumpe.

– “¡KYAAAAAAAAH!” – grita la princesa, aterrada.

– “¡PANZY!” – se levanta Gladyola, empuñando su arma.

Los pasos acelerados de la muchacha retumban en la cueva.

– “¡KYAAH!” – grita de nuevo, saliendo de las sombras y corriendo para ponerse detrás de Gladyola.

– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta ella.

Unas fuertes pisadas hacen retumbar la cueva. Un fuerte bufido en la oscuridad provoca una brisa repentina.

Broly se levanta.

Unos ojos rojos entre las sombras.

Sambuco retrocede lentamente.

– “Creo que… será mejor que nos marchemos…” – sugiere tímidamente.

Un minotauro gigantesco sale de la oscuridad, con pelaje violeta, melena alrededor de los hombros de color índigo y empuñando un arma fabricada a partir de una quijada de toro.

– “¡¡MUUUOOOOH!!” – su mugido retumba en las paredes de la cueva. 

Gladyola da un paso al frente, empuñado su espadón, dispuesta a proteger a su princesa.

– “¡ATRÁS, BESTIA! – advierte la guerrera.

– “¡¿OSÁIS ADENTRAROS EN MI MORADA?!” – replica el minotauro, furioso.

El toro levanta su arma y ataca a Gladyola, pero ella bloquea el golpe con su espadón.

– “¡Yo lo detendré!” – dice ella. – “¡Salid de aquí!”

– “¡ES UN MINOTAURO!” – exclama Sambuco. – “¡NO SEAS ESTÚPIDA!”

La espada queda atascada entre dos muelas de la quijada. El minotauro hace un gesto brusco con su arma que desarma a Gladyola; su espadón acaba incrustado en una de las paredes de la cueva.

– “¡GLADYOLA!” – se preocupa Panzy.

La bestia propina una cornada a la guerrera, pero por suerte no logra ensartarla; la levanta del suelo y la estrella contra el techo de la cueva.

Gladyola cae al suelo.

– “¡¿NO TENÉIS SUFICIENTE?!” – protesta el minotauro. – “¡¿AHORA VENÍS A POR MÍ?!”

– “¡Cree que somos bandidos!” – advierte Sambuco.

– “¿Eh?” – se extraña Broly.

Gladyola se levanta dolorida y desenvaina su pistola, como último recurso.

– “¡OS MATARÉ A TODOS!” – grita el minotauro.

Broly camina hacia la bestia, adelantando a Gladyola.

– “¡¿Qué?!” – lo mira ella, confundida.

El minotauro se sorprende al ver al patrullero acercarse a él.

El rostro de Broly es amigable, incluso parece sonreír.

– “¡¿Te burlas de mí, forastero?!” – refunfuña la bestia.

– “No tenemos que pelear.” – dice Broly. – “Solo estamos de paso.”

– “¡¡CÁLLATE!!” – estalla el toro, levantando su arma, listo para atacar al saiyajín.

La mirada de Broly se torna severa. Un estallido de energía verde.

En un parpadeo propina un codazo en el abdomen del minotauro.

Dibujado por Ipocrito

La bestia deja caer su arma y se sujeta el abdomen con ambas manos.

Cae de rodillas al suelo. Retumba la cueva.

– “Ay… ah…” – sufre el minotauro, con su hocico contra el suelo.

Broly muestra su rostro gentil de nuevo y se agacha de cuclillas frente al toro, que lo mira con sorpresa y confusión, incluso con miedo.

– “¿Quién… eres…?” – pregunta el minotauro.

– “No somos tus enemigos.” – sonríe el saiyajín. – “Me llamo Broly.”

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