ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Pamputt

El Campeón // Parte V: Pamputt

“Mucha suerte en el combate.”

El gran evento ha sido anunciado. Dynamite Mark y Pamputt se enfrentarán en el viejo estadio del Torneo Mundial de Artes Marciales en tan solo dos meses, emitido por ZTV en prime time.

En la cadena emiten un documental sobre como el estadio, completamente arrasado tras el último evento, inició su reconstrucción ese mismo año, pero por desinterés del público y falta de patrocinadores, la obra fue abandonada poco después. El público actual prefiere los deportes colectivos como el béisbol, revelan varias entrevistas a pie de calle a vecinos de la Capital del Sur.

Mark sale a correr. Vestido con un pantalón de chándal blanco y una sudadera marrón, el luchador recorre las calles nubladas de Orange City.

La mayoría de gente lo ignora. Nadie lo reconoce, hasta que se cruza con un horondo motorista embutido en un pantalón y una chaqueta de cuero, de cabello largo y barba descuidada, montado en una motocicleta estilo chopper con manillar alto.

– “¡DYNAMITE MAAAARK!” – exclama el grandullón, levantando el puño en un saludo.

Mark sonríe tímidamente cuando el motorista pasa por su lado… pero su semblante se torna en uno de horror al percatarse de un terrible hedor a sobaco que lo embarga de repente y lo subyuga.

Mark, pálido como la cal, tiene que detenerse un instante. Se apoya en la pared con una mano mientras se tapa la boca con la otra.

Una mujer que caminaba detrás de nuestro amigo se desmaya y tiene que ser socorrida por su marido.

Un cuervo cae muerto del cielo.

Mientras tanto, Pamputt descansa tumbado bocarriba en la camilla de masaje de su mansión y recibe la atención de una bella terapeuta asiática. El luchador tiene la cara tapada por un pañuelo blanco.

– “Sobre todo me molesta el aductor …” – dice el luchador.

– “Entendido.” – asiente ella con una sonrisa antes de ponerse a masajear esa zona.


El agente de Pamputt, oriundo de Isla Papaya, vestido con pantalón negro, camisa y corbata negras, una vistosa americana morada y gafas de sol, entra en sala. El hombre parece entrando en sus cincuentas, pero con varias cirugías ha estirado su rostro. Lleva la barba perfectamente recortada y perfilada, una parte parece incluso tatuada, y su cabello está afeitado por los lados con un gran tupé que parece una cresta de gallo tumbada hacia un lado.

– “¿Cómo está mi campeón?” – pregunta el manager.

– “¿Ya no tocas a la puerta, Prati?” – responde el luchador, con cierto retintín.

Prati ignora el comentario y con un gesto hace que la masagista se aparte, tomando él el relevo.

– “¿Listo para el combate?” – pregunta el agente.

– “Tsk…” – protesta Pamputt. – “Ese tipo está prácticamente retirado… Le ganaré sin despeinarme.”

– “No te confíes…” – dice Prati. – “Le he visto pelear y…”

Pamputt, levanta el trapo de su rostro para mirar a su agente.

– “¿Vas a pelear tu?” – pregunta con retintín.

Prati no responde.

– “Haz que me preparen el jacuzzi.” – dice Pamputt, echándole con un gesto.

El luchador se tapa de nuevo el rostro.

– “Tú sigue, guapa.” – le dice a la masajista, señalándose el aductor.

Prati mira con recelo a su luchador mientras se marcha.

El agente cruza el enorme gimnasio privado de la mansión mientras saca su teléfono móvil.

Mark ya ha regresado a casa, agotado.

Se sienta en el sillón, espatarrado, dejando que su cuerpo se deslice por él, escurriéndose hasta acomodarse.

Videl le trae una toalla húmeda enrollada y se la pone en la frente, agarrándola de un extremo y teniendo que saltar para poder ponérsela. “Choff”.

Pizza le trae una bebida isotónica.

Mark resopla.

– “Gracias, chicas…” – dice sin fuerzas.

Videl saca un cronómetro.

– “Tienes cinco minutos.” – dice la pequeña.

– “¿Eh?” – la mira de reojo.

– “Has corrido 10 kilómetros…” – murmura ella.

– “¡Muy bien!” – exclama Pizza. – “Eso significa que esta mañana solo te falta hacer 100 flexiones, 100 abdominales y 100 sentadillas.”

Mark se agarra la rodilla derecha, masajeándola levemente.

– “No creo que pueda…” – protesta el luchador. – “Ya empieza a dolerme…”

Sin decir nada, Videl le propina una patada en la espinilla izquierda.

– “¡¡AAAY!!” – exclama Mark.

El luchador se pone en pie de un salto.

– “¡¿PERO SE PUEDE SABER A QUÉ HA VENIDO ESO?!” – protesta, furioso.

– “¡Mira qué rápido se puso de pie!” – exclama Pizza. – “¿No te lo dije?” – le dice a la pequeña.

– “¡OOOH!” – exclama una asombrada Videl. – “¡Tenías razón! ¡Qué lista eres, Pizza!”

– “Je, je…” – ríe ella, presumida.

Mark se sienta de nuevo, aguantándose el enfado.

– “¿Pero qué cosas le enseñas a la niña…?” – protesta, frotándose la espinilla, dolorido.

Videl mira el cronómetro.

– “Tres minutos.” – revela.

– “¡PERO SI NO ME HABÉIS DEJADO DESCANSAR!” – se queja Mark.

El día pasa. Mark hace sus ejercicios en casa, bajo la inquisitiva supervisión de Pizza y Videl, que le marcan los tiempos.

Por las tardes, de vez en cuando, Mark acompaña a Ranfan de compras, como su guardaespaldas personal.

Pasan los días. El bourbon de la mañana ha sido sustituido por dos huevos crudos que Mark engulle tapándose la nariz.

Mark ahora hace las flexiones con la pequeña Videl subida encima. Pizza las cuenta.

Ranfan se prueba collares en una joyería. Mark es forzado a decirle cuál le queda mejor.

Una semana después, Mark ya no tiene que taparse la nariz para desayunar.

Para hacer las flexiones, ahora es Pizza la que está sentada con las piernas cruzadas sobre Mark, mientras Videl los anima.

Ranfan se compra un abrigo de visón. Mark carga con cinco más en sus brazos.

Con el tiempo, Videl está subida a los hombros de Pizza, las dos encima de Mark, mientras él hace las flexiones.

Mark se mira al espejo, sin camiseta. Su cuerpo ha recuperado el tono físico que luce en unas fotos tomadas unos años antes durante un campeonato, y que Pizza usa como comparación.

– “Vaaaaya…” – dice ella, mirando la fotografía al lado del luchador. – “Estás… en forma…” – dice con cierta vergüenza.

– “¡GRAAAAAH!” – ruge Mark frente al espejo, sacando bíceps en ambos brazos, hercúleo. – “¡JAJAJA!”

La pequeña Videl imita a su padre.

– “¡Graaaah!” – gruñe ella, con sus diminutos bracitos flexionados.

– “¡JAJAJA!” – ríe Mark al verla.

– “¡GRAaaah!” – lo intenta ella de nuevo.

– “¡MÁS ACTITUD!” – exclama él. – “¡¡GRAAAAAH!!” – ruge de nuevo.

– “¡GRAaaaaH!” – lo sigue intentado.

Pizza sonríe enternecida al ver a padre e hija.

German, que estaba ateniendo una llamada, entra en el salón.

– “Veo que te lo has tomando en serio.” – sonríe el agente.

– “Estas dos no me han dado tregua…” – responde Mark.

Videl salta y se cuelga el bíceps de su padre, que aguanta como si nada mientras ella se balancea como un mono.

– “He estado hablando con Shota.” – dice German. – “Me ha conseguido unas cintas. Son peleas de Pamputt.”

– “¿Tienes la de su derrota contra un crío?” – pregunta Mark, confiado, mientras se deja caer en el sofá.

– “En aquel momento, ZTV no televisaba el torneo.” – responde el agente.

– “Una pena…” – suspira Mark. – “Habría sido motivador.” – sonríe, fanfarrón.

Suena la alarma de Mark.

El luchador, cansado, gruñe con hastío.

– “Tengo trabajo…” – murmura mientras se levanta.

– “¿De qué estás trabajando, exactamente?” – se extraña German.

– “Seguridad privada.” – dice mientras agarra una bebida isotónica de la nevera.

En el centro comercial, Mark espera frente a un probador de lencería.

Ranfan sale vestida con un conjunto rosa y modela frente al espejo.

– “Esto me trae recuerdos…” – sonríe, nostálgica.

Por el reflejo, ella se fija en Mark.

– “Te veo más en forma.” – tontea ella. – “¿Estás preparado para enfrentarte a Pamputt?”

– “Aún no estoy al cien por cien.” – sonríe Mark, cruzándose de brazos con chulería. – “Pero no estoy preocupado.” – levanta el dedo índice, como si fuera a dar una lección. – “¿Te has fijado en su físico? Es un enclenque comparado conmigo.”

Ranfan se pone sería.

– “Voy a darte un consejo.” – dice ella.

– “¿Un consejo?” – sonríe él con prepotencia. – “Soy un luchador profesional. No creo que una aficionada pueda…”

– “Pamputt es más fuerte de lo que crees.” – le interrumpe. – “Pero, sobre todo, es realmente rápido.”

– “¿Hmm?” – se extraña Mark.

– “Su estilo de lucha es una mezcla de kickboxing y muay thai”. – explica ella. – “Dos estilos de pelea que destacan por su gran explosividad. Su envergadura puede hacerte pensar lo contrario, pero te aseguro que es un contrincante al que no debes subestimar.” 

– “¿Eres fan del tipo o qué?” – refunfuña Mark.

Mark agacha la cabeza, molesto. Su confianza ha sufrido un duro golpe.

La mujer camina sensualmente hasta Mark y le levanta la barbilla con el dedo índice. 

– “Mark…” – dice ella.

– “¿Eh?” – se sorprende él al verla tan cerca.

De repente, Ranfan le propina un rápido y potente gancho corto en el costado derecho, sobre el hígado, que hace que el hombre se doble sobre sí mismo.

– “Agghhh…” – sufre Mark, que se ha quedado sin aliento.

– “Je.” – sonríe ella, presumida.

Una gota de sudor frío recorre la sien de Mark, sorprendido ante la habilidad de la esposa de Cash.

– “Espero que te sirva de lección.” – dice ella, sin perder su pícara sonrisa.

Ranfan se acerca de nuevo a Mark, que sigue sin recuperarse del golpe, y le da un beso en la mejilla.

– “Mucha suerte en el combate.” – dice.

La mujer se pone el abrigo directamente sobre la ropa interior y se marcha. 

– “Ah…” – se detiene ella para mirarle por encima del hombro y guíñale el ojo. – “Y estás despedido.”

Cae la noche. En la mansión de Pamputt, el actor es el anfitrión de una fiesta llena de estrellas de cine y gente famosa y adinerada tanto de la Capital del Sur como del mundo de la fanfarria y el espectáculo en general.

Pamputt está tonteando con un grupo de mujeres mientras beben champán.

– “¡Pamputt!” – lo saluda Prati.

– “Estoy un poco ocupado.” – responde el kickboxer, haciéndole un gesto a su agente para que no le moleste.

– “Te quiero presentar a alguien.” – insiste Prati.

Pamputt fuerza una sonrisa.

– “Dadme un momentito, guapas.” – les dice a las mujeres. – “Tengo trabajo.” – les guiña el ojo. – “¿Por qué no os servís otra copa y luego os busco? ¿Sí?”

Las chicas asienten entre risas y van hacia la mesa de catering.

El actor presta ahora atención a su agente.

– “Dime, mi querido y oportuno amigo.” – dice Pamputt, agarrando del hombro a su agente sin perder la sonrisa falsa.

– “Este es Fulov Cash”. – dice el agente, acompañado por el hombre de negocios. 

Pamputt y Cash se dan la mano.

–  “Es un gran empresario de Orange City.” – continúa Prato. – “Ha hecho una generosa donación para ayudar a patrocinarte.”

– “Muchas gracias, entonces.” – dice Pamputt.

– “No es nada.” – responde Cash. – “Pero tiene que darle una buena a ese tipo, ¿eh?”

– “Pan comido.” – sonríe el kickboxer, que de reojo ya está mirando a una exuberante pelirroja.

Fulov se da cuenta y sonríe.

– “¿Se la presento?” – dice el sibilino empresario.

– “¿Cómo?” – se sorprende Pamputt.

El luchador mira de nuevo a la mujer, y luego a Cash.

– “Espere… ¿Dijo que se llama Fulov?” – se sorprende Pamputt. – “Fulov… ¡¿como en Fulov Gals?!”

– “¿Un fan?” – responde Cash, presumido. – “Es un cine un poco distinto al que hace usted…” – sonríe con picardía.

Pamputt agarra a Prati del hombro de nuevo.

– “Tráele otra copa al señor Fulov, anda.” – dice el luchador.

Mientras tanto, Mark se encuentra con German en el aparcamiento del Instituto Orange Star.

– “Esto es una locura…” – dice el agente, preocupado. – “Te acabarás haciendo daño…”

El conserje los mira desde la distancia, de brazos cruzados. Un hombre fornido, castaño, con el pelo desaliñado y bigote, vestido con vaqueros, una camiseta de tirantes blanca y una gorra roja.

– “¡10.000 zenis!” – les recuerda.

– “Sí, sí…” – refunfuña German, sacando la cartera.

Frente al autobús escolar, Mark agarra dos cadenas que conectan con el vehículo.

– “¿Has visto las cintas?” – pregunta Mark.

– “¿Las cintas…?” – pregunta German. – “¿Las peleas de Pamputt?”

– “Las he estado viendo cuando volví del trabajo…” – dice el luchador. – “Ese tipo… es más rápido y ágil que yo…” 

– “¿De verdad?” – se sorprende el agente.

– “Pero tengo un plan…” – sonríe Mark, que agarra fuerte las cadenas y las carga en sus hombros.

Mark empieza a tirar con fuerza de las cadenas, intentando mover el autobús.

German observa con un nudo en la garganta.

Mark tira con fuerza. Su rodilla tiembla.

El autobús empieza a moverse. Mark da un paso al frente.

– “¡¡GRAAAAAAAH!!” – grita el luchador, dando otro paso.

Mark recuerda una los vídeos que ha mirado con Pizza y Videl esa tarde.

En el primer vídeo, Pamputt evade los golpes de sus contrincantes y contraataca con una veloz combinación de puñetazos. En el segundo, doblega a al rival con un golpe con la tibia en las costillas. En el tercero, derrota a su contrincante de un codazo en el abdomen. 

Luchadores de todos los tamaños y de todos los estilos caen frente a Pamputt.

Pero en una de las cintas, Pamputt es entrevistado en un programa de ZTV.

– “¿Cómo explica lo que pasó ese día?” – pregunta el periodista.

– “No lo entiendo…” – responde el kickboxer, visiblemente perturbado por la pregunta. – “Fue una… fue como una pesadilla…”.

– “¿Pasó miedo?” – pregunta el periodista.

Pamputt no responde, ensimismado en un terrible momento.

– “Ese monstruo…” – dice el luchador. – “Era… un demonio… su piel escamada… esa macabra sonrisa… esas alas de murciélago… Era un demonio… enviado por el mismísimo Satanás…”

– “Creo que… le daremos un momento al campeón para que pueda tomar un vaso de agua… y volveremos enseguida…” – dice el presentador, preocupado, dando paso a publicidad.

Mark detiene la grabación.

Videl se acerca a su padre, asustada por lo que acaba de oír.

– “Qué miedo…” – dice la pequeña.

– “Tuvo que ser terrible…” – dice Pizza.

Mark sonríe, sorprendiendo a las muchachas.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Pizza.

Mark se pone en pie.

– “Ya que es mi regreso a la lucha, creo que ha llegado el momento de renovar mi marca.” – dice, confiado.

– “¿Tu marca?” – dice Pizza, confusa.

– “Voy a convertirme en su peor pesadilla…” – dice Mark, apretando el puño con decisión.

2 thoughts on “ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Pamputt

  1. y eso demuestra que los humanos son luchadores excepcionales, al final el ENORME problema de dragonball es que se han centrado en los aliens (saiyan, boo, namekianos), cuando debería haber sido una histora más coral y de superación.

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    1. No sé si eres lector habitual, porque comentas como “anónimo”, pero si te gusta el protagonismo de los terrícolas, mírate el Especial anterior, en un mundo en el que Goku y Piccolo jamás llegaron a la Tierra 😉 “Red World”.

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