ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Pamputt

El Campeón // Parte V: Pamputt

“Mucha suerte en el combate.”

El gran evento ha sido anunciado. Dynamite Mark y Pamputt se enfrentarán en el viejo estadio del Torneo Mundial de Artes Marciales en tan solo dos meses, emitido por ZTV en prime time.

En la cadena emiten un documental sobre como el estadio, completamente arrasado tras el último evento, inició su reconstrucción ese mismo año, pero por desinterés del público y falta de patrocinadores, la obra fue abandonada poco después. El público actual prefiere los deportes colectivos como el béisbol, revelan varias entrevistas a pie de calle a vecinos de la Capital del Sur.

Mark sale a correr. Vestido con un pantalón de chándal blanco y una sudadera marrón, el luchador recorre las calles nubladas de Orange City.

La mayoría de gente lo ignora. Nadie lo reconoce, hasta que se cruza con un horondo motorista embutido en un pantalón y una chaqueta de cuero, de cabello largo y barba descuidada, montado en una motocicleta estilo chopper con manillar alto.

– “¡DYNAMITE MAAAARK!” – exclama el grandullón, levantando el puño en un saludo.

Mark sonríe tímidamente cuando el motorista pasa por su lado… pero su semblante se torna en uno de horror al percatarse de un terrible hedor a sobaco que lo embarga de repente y lo subyuga.

Mark, pálido como la cal, tiene que detenerse un instante. Se apoya en la pared con una mano mientras se tapa la boca con la otra.

Una mujer que caminaba detrás de nuestro amigo se desmaya y tiene que ser socorrida por su marido.

Un cuervo cae muerto del cielo.

Mientras tanto, Pamputt descansa tumbado bocarriba en la camilla de masaje de su mansión y recibe la atención de una bella terapeuta asiática. El luchador tiene la cara tapada por un pañuelo blanco.

– “Sobre todo me molesta el aductor …” – dice el luchador.

– “Entendido.” – asiente ella con una sonrisa antes de ponerse a masajear esa zona.


El agente de Pamputt, oriundo de Isla Papaya, vestido con pantalón negro, camisa y corbata negras, una vistosa americana morada y gafas de sol, entra en sala. El hombre parece entrando en sus cincuentas, pero con varias cirugías ha estirado su rostro. Lleva la barba perfectamente recortada y perfilada, una parte parece incluso tatuada, y su cabello está afeitado por los lados con un gran tupé que parece una cresta de gallo tumbada hacia un lado.

– “¿Cómo está mi campeón?” – pregunta el manager.

– “¿Ya no tocas a la puerta, Prati?” – responde el luchador, con cierto retintín.

Prati ignora el comentario y con un gesto hace que la masagista se aparte, tomando él el relevo.

– “¿Listo para el combate?” – pregunta el agente.

– “Tsk…” – protesta Pamputt. – “Ese tipo está prácticamente retirado… Le ganaré sin despeinarme.”

– “No te confíes…” – dice Prati. – “Le he visto pelear y…”

Pamputt, levanta el trapo de su rostro para mirar a su agente.

– “¿Vas a pelear tu?” – pregunta con retintín.

Prati no responde.

– “Haz que me preparen el jacuzzi.” – dice Pamputt, echándole con un gesto.

El luchador se tapa de nuevo el rostro.

– “Tú sigue, guapa.” – le dice a la masajista, señalándose el aductor.

Prati mira con recelo a su luchador mientras se marcha.

El agente cruza el enorme gimnasio privado de la mansión mientras saca su teléfono móvil.

Mark ya ha regresado a casa, agotado.

Se sienta en el sillón, espatarrado, dejando que su cuerpo se deslice por él, escurriéndose hasta acomodarse.

Videl le trae una toalla húmeda enrollada y se la pone en la frente, agarrándola de un extremo y teniendo que saltar para poder ponérsela. “Choff”.

Pizza le trae una bebida isotónica.

Mark resopla.

– “Gracias, chicas…” – dice sin fuerzas.

Videl saca un cronómetro.

– “Tienes cinco minutos.” – dice la pequeña.

– “¿Eh?” – la mira de reojo.

– “Has corrido 10 kilómetros…” – murmura ella.

– “¡Muy bien!” – exclama Pizza. – “Eso significa que esta mañana solo te falta hacer 100 flexiones, 100 abdominales y 100 sentadillas.”

Mark se agarra la rodilla derecha, masajeándola levemente.

– “No creo que pueda…” – protesta el luchador. – “Ya empieza a dolerme…”

Sin decir nada, Videl le propina una patada en la espinilla izquierda.

– “¡¡AAAY!!” – exclama Mark.

El luchador se pone en pie de un salto.

– “¡¿PERO SE PUEDE SABER A QUÉ HA VENIDO ESO?!” – protesta, furioso.

– “¡Mira qué rápido se puso de pie!” – exclama Pizza. – “¿No te lo dije?” – le dice a la pequeña.

– “¡OOOH!” – exclama una asombrada Videl. – “¡Tenías razón! ¡Qué lista eres, Pizza!”

– “Je, je…” – ríe ella, presumida.

Mark se sienta de nuevo, aguantándose el enfado.

– “¿Pero qué cosas le enseñas a la niña…?” – protesta, frotándose la espinilla, dolorido.

Videl mira el cronómetro.

– “Tres minutos.” – revela.

– “¡PERO SI NO ME HABÉIS DEJADO DESCANSAR!” – se queja Mark.

El día pasa. Mark hace sus ejercicios en casa, bajo la inquisitiva supervisión de Pizza y Videl, que le marcan los tiempos.

Por las tardes, de vez en cuando, Mark acompaña a Ranfan de compras, como su guardaespaldas personal.

Pasan los días. El bourbon de la mañana ha sido sustituido por dos huevos crudos que Mark engulle tapándose la nariz.

Mark ahora hace las flexiones con la pequeña Videl subida encima. Pizza las cuenta.

Ranfan se prueba collares en una joyería. Mark es forzado a decirle cuál le queda mejor.

Una semana después, Mark ya no tiene que taparse la nariz para desayunar.

Para hacer las flexiones, ahora es Pizza la que está sentada con las piernas cruzadas sobre Mark, mientras Videl los anima.

Ranfan se compra un abrigo de visón. Mark carga con cinco más en sus brazos.

Con el tiempo, Videl está subida a los hombros de Pizza, las dos encima de Mark, mientras él hace las flexiones.

Mark se mira al espejo, sin camiseta. Su cuerpo ha recuperado el tono físico que luce en unas fotos tomadas unos años antes durante un campeonato, y que Pizza usa como comparación.

– “Vaaaaya…” – dice ella, mirando la fotografía al lado del luchador. – “Estás… en forma…” – dice con cierta vergüenza.

– “¡GRAAAAAH!” – ruge Mark frente al espejo, sacando bíceps en ambos brazos, hercúleo. – “¡JAJAJA!”

La pequeña Videl imita a su padre.

– “¡Graaaah!” – gruñe ella, con sus diminutos bracitos flexionados.

– “¡JAJAJA!” – ríe Mark al verla.

– “¡GRAaaah!” – lo intenta ella de nuevo.

– “¡MÁS ACTITUD!” – exclama él. – “¡¡GRAAAAAH!!” – ruge de nuevo.

– “¡GRAaaaaH!” – lo sigue intentado.

Pizza sonríe enternecida al ver a padre e hija.

German, que estaba ateniendo una llamada, entra en el salón.

– “Veo que te lo has tomando en serio.” – sonríe el agente.

– “Estas dos no me han dado tregua…” – responde Mark.

Videl salta y se cuelga el bíceps de su padre, que aguanta como si nada mientras ella se balancea como un mono.

– “He estado hablando con Shota.” – dice German. – “Me ha conseguido unas cintas. Son peleas de Pamputt.”

– “¿Tienes la de su derrota contra un crío?” – pregunta Mark, confiado, mientras se deja caer en el sofá.

– “En aquel momento, ZTV no televisaba el torneo.” – responde el agente.

– “Una pena…” – suspira Mark. – “Habría sido motivador.” – sonríe, fanfarrón.

Suena la alarma de Mark.

El luchador, cansado, gruñe con hastío.

– “Tengo trabajo…” – murmura mientras se levanta.

– “¿De qué estás trabajando, exactamente?” – se extraña German.

– “Seguridad privada.” – dice mientras agarra una bebida isotónica de la nevera.

En el centro comercial, Mark espera frente a un probador de lencería.

Ranfan sale vestida con un conjunto rosa y modela frente al espejo.

– “Esto me trae recuerdos…” – sonríe, nostálgica.

Por el reflejo, ella se fija en Mark.

– “Te veo más en forma.” – tontea ella. – “¿Estás preparado para enfrentarte a Pamputt?”

– “Aún no estoy al cien por cien.” – sonríe Mark, cruzándose de brazos con chulería. – “Pero no estoy preocupado.” – levanta el dedo índice, como si fuera a dar una lección. – “¿Te has fijado en su físico? Es un enclenque comparado conmigo.”

Ranfan se pone sería.

– “Voy a darte un consejo.” – dice ella.

– “¿Un consejo?” – sonríe él con prepotencia. – “Soy un luchador profesional. No creo que una aficionada pueda…”

– “Pamputt es más fuerte de lo que crees.” – le interrumpe. – “Pero, sobre todo, es realmente rápido.”

– “¿Hmm?” – se extraña Mark.

– “Su estilo de lucha es una mezcla de kickboxing y muay thai”. – explica ella. – “Dos estilos de pelea que destacan por su gran explosividad. Su envergadura puede hacerte pensar lo contrario, pero te aseguro que es un contrincante al que no debes subestimar.” 

– “¿Eres fan del tipo o qué?” – refunfuña Mark.

Mark agacha la cabeza, molesto. Su confianza ha sufrido un duro golpe.

La mujer camina sensualmente hasta Mark y le levanta la barbilla con el dedo índice. 

– “Mark…” – dice ella.

– “¿Eh?” – se sorprende él al verla tan cerca.

De repente, Ranfan le propina un rápido y potente gancho corto en el costado derecho, sobre el hígado, que hace que el hombre se doble sobre sí mismo.

– “Agghhh…” – sufre Mark, que se ha quedado sin aliento.

– “Je.” – sonríe ella, presumida.

Una gota de sudor frío recorre la sien de Mark, sorprendido ante la habilidad de la esposa de Cash.

– “Espero que te sirva de lección.” – dice ella, sin perder su pícara sonrisa.

Ranfan se acerca de nuevo a Mark, que sigue sin recuperarse del golpe, y le da un beso en la mejilla.

– “Mucha suerte en el combate.” – dice.

La mujer se pone el abrigo directamente sobre la ropa interior y se marcha. 

– “Ah…” – se detiene ella para mirarle por encima del hombro y guíñale el ojo. – “Y estás despedido.”

Cae la noche. En la mansión de Pamputt, el actor es el anfitrión de una fiesta llena de estrellas de cine y gente famosa y adinerada tanto de la Capital del Sur como del mundo de la fanfarria y el espectáculo en general.

Pamputt está tonteando con un grupo de mujeres mientras beben champán.

– “¡Pamputt!” – lo saluda Prati.

– “Estoy un poco ocupado.” – responde el kickboxer, haciéndole un gesto a su agente para que no le moleste.

– “Te quiero presentar a alguien.” – insiste Prati.

Pamputt fuerza una sonrisa.

– “Dadme un momentito, guapas.” – les dice a las mujeres. – “Tengo trabajo.” – les guiña el ojo. – “¿Por qué no os servís otra copa y luego os busco? ¿Sí?”

Las chicas asienten entre risas y van hacia la mesa de catering.

El actor presta ahora atención a su agente.

– “Dime, mi querido y oportuno amigo.” – dice Pamputt, agarrando del hombro a su agente sin perder la sonrisa falsa.

– “Este es Fulov Cash”. – dice el agente, acompañado por el hombre de negocios. 

Pamputt y Cash se dan la mano.

–  “Es un gran empresario de Orange City.” – continúa Prato. – “Ha hecho una generosa donación para ayudar a patrocinarte.”

– “Muchas gracias, entonces.” – dice Pamputt.

– “No es nada.” – responde Cash. – “Pero tiene que darle una buena a ese tipo, ¿eh?”

– “Pan comido.” – sonríe el kickboxer, que de reojo ya está mirando a una exuberante pelirroja.

Fulov se da cuenta y sonríe.

– “¿Se la presento?” – dice el sibilino empresario.

– “¿Cómo?” – se sorprende Pamputt.

El luchador mira de nuevo a la mujer, y luego a Cash.

– “Espere… ¿Dijo que se llama Fulov?” – se sorprende Pamputt. – “Fulov… ¡¿como en Fulov Gals?!”

– “¿Un fan?” – responde Cash, presumido. – “Es un cine un poco distinto al que hace usted…” – sonríe con picardía.

Pamputt agarra a Prati del hombro de nuevo.

– “Tráele otra copa al señor Fulov, anda.” – dice el luchador.

Mientras tanto, Mark se encuentra con German en el aparcamiento del Instituto Orange Star.

– “Esto es una locura…” – dice el agente, preocupado. – “Te acabarás haciendo daño…”

El conserje los mira desde la distancia, de brazos cruzados. Un hombre fornido, castaño, con el pelo desaliñado y bigote, vestido con vaqueros, una camiseta de tirantes blanca y una gorra roja.

– “¡10.000 zenis!” – les recuerda.

– “Sí, sí…” – refunfuña German, sacando la cartera.

Frente al autobús escolar, Mark agarra dos cadenas que conectan con el vehículo.

– “¿Has visto las cintas?” – pregunta Mark.

– “¿Las cintas…?” – pregunta German. – “¿Las peleas de Pamputt?”

– “Las he estado viendo cuando volví del trabajo…” – dice el luchador. – “Ese tipo… es más rápido y ágil que yo…” 

– “¿De verdad?” – se sorprende el agente.

– “Pero tengo un plan…” – sonríe Mark, que agarra fuerte las cadenas y las carga en sus hombros.

Mark empieza a tirar con fuerza de las cadenas, intentando mover el autobús.

German observa con un nudo en la garganta.

Mark tira con fuerza. Su rodilla tiembla.

El autobús empieza a moverse. Mark da un paso al frente.

– “¡¡GRAAAAAAAH!!” – grita el luchador, dando otro paso.

Mark recuerda una los vídeos que ha mirado con Pizza y Videl esa tarde.

En el primer vídeo, Pamputt evade los golpes de sus contrincantes y contraataca con una veloz combinación de puñetazos. En el segundo, doblega a al rival con un golpe con la tibia en las costillas. En el tercero, derrota a su contrincante de un codazo en el abdomen. 

Luchadores de todos los tamaños y de todos los estilos caen frente a Pamputt.

Pero en una de las cintas, Pamputt es entrevistado en un programa de ZTV.

– “¿Cómo explica lo que pasó ese día?” – pregunta el periodista.

– “No lo entiendo…” – responde el kickboxer, visiblemente perturbado por la pregunta. – “Fue una… fue como una pesadilla…”.

– “¿Pasó miedo?” – pregunta el periodista.

Pamputt no responde, ensimismado en un terrible momento.

– “Ese monstruo…” – dice el luchador. – “Era… un demonio… su piel escamada… esa macabra sonrisa… esas alas de murciélago… Era un demonio… enviado por el mismísimo Satanás…”

– “Creo que… le daremos un momento al campeón para que pueda tomar un vaso de agua… y volveremos enseguida…” – dice el presentador, preocupado, dando paso a publicidad.

Mark detiene la grabación.

Videl se acerca a su padre, asustada por lo que acaba de oír.

– “Qué miedo…” – dice la pequeña.

– “Tuvo que ser terrible…” – dice Pizza.

Mark sonríe, sorprendiendo a las muchachas.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Pizza.

Mark se pone en pie.

– “Ya que es mi regreso a la lucha, creo que ha llegado el momento de renovar mi marca.” – dice, confiado.

– “¿Tu marca?” – dice Pizza, confusa.

– “Voy a convertirme en su peor pesadilla…” – dice Mark, apretando el puño con decisión.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Una salida

El Campeón // Parte IV: Una salida

“¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”

En la Capital del Este, Mark visita a su esposa en el hospital.

Miguel, una hermosa mujer morena de ojos azules y cabello largo recogido en una coleta que reposa sobre su hombro, está tumbada en la cama. La mujer sonríe, pero parece cansada. Viste el pijama del hospital y está tapada con una manta verde.

Flores frescas en la mesita de noche.

Mark está sentado a su lado y le acaricia la mano para reconfortarla, compartiendo un pequeño momento de ternura.

Mark ha salido del hospital y conduce por una congestionada autopista.

De repente, dos meteoritos sobrevuelan la zona en dirección contraria al tráfico.

– “¡¿Eh?!”- se extraña Mark.

Muchos coches se detienen para observar el fenómeno. Algunos conductores sacan la cabeza por la ventanilla para ver lo que ocurre. Se genera un atasco.

Un gran estruendo sacude la zona tras el paso de esas dos bolas de fuego. Suenan algunas alarmas.

La gente se baja de sus coches para ver qué ha pasado. Mark también.

Una humareda parece emerger de la Capital del Este.

Mark saca su teléfono móvil, pero mientras teclea, un estallido de luz cegadora inunda la carretera.

Un instante después, un estrepitoso estallido y una onda expansiva barren la zona, lanzando por los aires a personas y vehículos hasta alcanzar a Mark.

En su cama, Mark despierta empapado en sudor frío.

Amanece en Orange City. La pequeña Videl abre los ojos. Adormilada, salta de la cama.

Videl camina por el pasillo mientras escucha ruido en la cocina. Huele a gofres.

Al llegar al salón, la niña se detiene. Hay una muchacha durmiendo en el sofá.

Pizza está despeinada, espatarrada y tapada con una manta.

Mark pone un plato de gofres sobre la mesa.

– “¿Quién es?” – pregunta Videl.

– “Una amiga.” – responde Mark.

– “¿No tiene casa?” – pregunta ella, un poco confundida.

Un fuerte bostezo de Pizza, mientras hace un exagerado estiramiento, interrumpe la conversación.

– “¡Qué bien huele!” – exclama ella.

Pizza se levanta del sofá. Viste un albornoz de Mark.

– “He hecho para las dos.” – dice Mark.

– “¡Gracias!” – se le ilumina el rostro a la muchacha.

Pizza se sienta a la mesa.

– “Hola.” – saluda a Videl con una sonrisa.

– “Hola.” – responde la niña, un poco recelosa.

– “Me llamo Pizza.” – se presenta.

– “Yo, Videl.” – dice ella.

Pizza se fija en el pijama de Videl.

– “¿Te gustan las Aventuras de Olibu?” – pregunta ella.

Videl asiente.

– “Es genial, ¿eh?” – sonríe Pizza. – “¿Quién crees que es más fuerte, Olibu o CleanGod?”

– “Hmm…” – piensa Videl. – “CleanGod, ¡porque puede volar!” – responde.

Mark se sienta con ellas.

– “¿A ti también te gustan esas historias?” – suspira el padre.

– “¿A quién no le gustan los héroes?” – pregunta Pizza.

Videl asiente, convencida.

Pizza sonríe al sentir el reconocimiento de la pequeña.

Unos minutos más tarde, Videl se marcha corriendo a clase con el gofre en la boca.

– “¡Hstlego!” – se despide con la boca llena, saliendo por la puerta.

Mark y Pizza se quedan a solas.

Mark se sirve una copa.

– “¿Bourbon de buena mañana?” – pregunta Pizza.

– “Hoy no tengo que trabajar…” – responde Mark.

Pizza se sienta en el sofá, con las piernas recogidas.

– “Siento mucho lo que pasó.” – dice ella, cabizbaja.

– “La gente como Fulov es peligrosa.” – responde Mark.

– “Soy una estúpida.” – dice Pizza. – “Yo solo… quería…” – sus ojos se llenan de lágrimas.

Pizza empieza a llorar.

Mark, incómodo, se sienta a su lado.

– “Lo siento… lo siento mucho…” – dice Pizza, sollozando.

– “No pasa nada.” – dice Mark, acariciándole la espalda. – “Ya está…”

Ella apoya su cabeza en el pecho de Mark.

– “Gracias por ayudarme, Mark…” – dice ella, un poco más tranquila.

De repente, suena el teléfono.

Mark, muy incómodo, aprovecha la oportunidad para levantarse.

Mark mira el teléfono; número oculto. Preocupado por si es Cash, cuelga la llamada.

Tocan a la puerta. 

Con recelo, Mark se acerca a la mirilla.

Golpean la puerta de nuevo.

– “¡MARK!” – exclama German. – “¡Soy yo! ¡Abre!”

Mark suspira. Aliviado, pero a la vez molesto.

Abre la puerta.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Mark.

German se abre paso y entra en la casa.

El agente se detiene al ver a Pizza, vestida con el albornoz de Mark, sentada en el sofá.

– “Hola.” – saluda ella.

– “Eh… Mark…” – dice German, descompuesto. – “Creo que… mejor volveré en otro momento…”

Mark cierra la puerta.

– “Es una amiga.” – dice Mark. – “¿Qué ocurre?” 

– “He hablado de nuevo con Shota.” – dice German. – “Parece que nuestra querida estrella de cine se está planteando buscar otro contrincante para su homenaje.”

– “Bien.” – responde Mark. – “Ya te dije que no me interesa.”

– “Si aún no han encontrado un contrincante decente es porque los bichos raros que participan en el Torneo Mundial de Artes Marciales son realmente difíciles de localizar.” – suspira German.

Mark se sienta en el sofá.

– “No me interesa.” – insiste el luchador.

– “¿Por qué no?” – pregunta Pizza.

Mark se toma un momento.

– “Me duele la rodilla.” – responde finalmente.

– “Mark…” – suspira German, cansado de sus excusas.

El agente se fija en el puño de Mark, cuyos nudillos muestran claros signos de pelea. 

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta German, señalándole la mano.

Mark se mira el dorso de la mano.

– “Que me he quedado sin trabajo.” – responde antes de frotarse los ojos como si aún tuviera sueño, pero a la vez revelando cierta vergüenza por su situación.

Pizza frunce el ceño, intentando comprender lo que está pasando.

– “Espera…” – dice ella. – “¿Te están ofreciendo un combate y lo vas a rechazar?”

– “¡Eso digo yo!” – exclama German al sentirse apoyado.

– “Me duele la rodilla.” – responde Mark, con cierto hastío.

Pizza se levanta de un salto.

– “¿Quién es el contrincante?” – pregunta ella.

– “Un actor famoso de la Capital del Sur.” – responde German.

– “Si es famoso, ¿paga bien?” – pregunta Pizza.

– “¡Por supuesto!” – responde el agente. – “¡ZTV patrocinará el combate!”

Pizza mira a Mark confusa, decepcionada e incluso un poco enojada.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, cortando la conversación y despidiendo a su agente.

German asiente, desilusionado.

El agente se marcha, dejando a Pizza y Mark a solas.

– “Mark…” – dice ella, con cierta ternura, intentando buscar la mano del luchador.

El teléfono suena de nuevo.

Mark aprovecha la excusa para levantarse. 

De nuevo, número oculto. Pero esta vez, Mark responde.

– “¿Dígame?” – dice Mark.

Mark escucha la voz al otro lado del teléfono y se queda confundido.

– “¿Quién es?” – pregunta Pizza, curiosa.

Esa misma tarde, Mark se encuentra de compras en el centro comercial, acompañando a la hermosa esposa de Cash.

Los dos caminan por el lugar. Ella va por delante y él la sigue cargando con sus bolsas.

– “¿Te sorprendió mi llamada?” – pregunta ella, en tono juguetón.

– “Imagino que Fulov no sabe nada…” – responde Mark.

– “No te preocupes por mi marido.” – dice ella. – “Solo sabe lo quiero que sepa.” – le guiña un ojo.

Mark aparta la mirada.

Ella se detiene y agarra la mano derecha de Mark y la mira de cerca.

– “Le diste fuerte…” – dice ella. – “¿Qué pasó?”

– “¿No se lo ha contado?” – pregunta Mark, apartando la mano.

– “No hablamos mucho.” – responde ella. – “¿Está bien la muchacha?”

Mark levanta una ceja, un poco confundido por la respuesta contradictoria de la mujer.

– “No me tomes por tonta, Mark.” – dice la mujer. 

– “Está bien.” – responde él.

La mujer sigue su camino. Mark detrás.

– “¿Cómo puede aguantar a alguien como Fulov?” – pregunta él.

Ella, sin detenerse, busca en su bolso y saca una tarjeta de crédito dorada a nombre de Fulov Cash.

Mark sonríe.

– “Y deja de tratarme de usted.” – dice ella. – “Mi marido ya no es tu jefe.”

– “¿Cómo prefiere que la llame?” – pregunta Mark.

– “Me llamo Ranfan.” – responde ella.

Al anochecer, Mark regresa a su casa.

Para su sorpresa, es abordado repentinamente por una docena de cámaras y periodistas.

– “¡MARK!” – grita uno. – “¡MARK!”

– “¡¿ESTÁS PREPARADO PARA EL EVENTO?!” – pregunta otro.

– “¡HA PASADO MÁS DE UN AÑO DESDE SU ÚLTIMO COMBATE!” – dice otro. – “¡¿CÓMO VA AFRONTAR ESTA PELEA?!”

Mark acelera el ritmo se escurre entre ellos sin responder a nada, logrando llegar a su casa.

Después de cerrar la puerta, se apoya en ella y suspira aliviado.

– “¿Qué demonios…?” – se pregunta.

La televisión está puesta; KBC News.

Pizza lo recibe.

– “Hola.” – dice ella con tono especialmente inocente.

Mark, suspicaz, levanta una ceja.

– “¿Pizza…?” – responde pidiendo explicaciones.

– “En el bar…” – dice ella. – “Una vez me preguntaste si no tenía mejores salidas que esa, ¿lo recuerdas?”

Mark se pasa la mano por la cara, sobrepasado por la situación.

– “Pizza, no puedes…” – responde él. – “No tienes derecho a…”

En el exterior se escucha a German gritando a los periodistas.

– “¡HOY NO VA A HACER DECLARACIONES!” – dice el agente. – “¡HAREMOS UNA RUEDA DE PRENSA EN UNOS DÍAS!”

Mark abre la puerta y German entra con Videl de la mano.

– “La pobre no podía pasar con todo el alboroto.” – dice German.

– “¡PAPÁ!” – exclama Videl, ilusionada, saltando sobre su padre. – “¡¿Es cierto que vas a volver a pelear?!”

Mark levanta a Videl en brazos, sentándola sobre su brazo, pegada a su pecho.

Mark mira a Pizza con cierto recelo.

Silencio.

German se extraña, mira a Pizza y a Mark. La cara de culpable de ella la delata.

El agente se lleva las manos a la cara pensando en cómo va a salir de esta. Ya se imagina escribiendo un comunicado a todas las cadenas de televisión y teniendo que pedir disculpas al equipo del actor.

Mark mira a su hija. La niña rebosa ilusión.

Finalmente, Mark sonríe.

– “¡Por supuesto!” – responde.

German mira a Mark con sorpresa. 

Pizza sonríe aliviada.

A Videl se le ilumina el rostro.

– “¡¿EN SERIO?!” – pregunta ella.

Mark asiente.

En ese instante, en KBC New aparece el contrincante de Mark.

Un hombre de piel morena y cabello rizado vestido con un traje blanco, cortaba roja y gafas de sol responde las preguntas de la prensa a pie de calle.

– “Será una gran noche.” – dice el luchador.

– “¿Qué le parece que se hable tanto del regreso de Dynamite Mark?” – pregunta un periodista.

– “Todo lo que genere atención sobre el evento, es bueno.” – responde el luchador. – “Aunque si lo ven por él, es posible que no les guste el resultado.” – añade en tono chulesco.

– “¿Tiene miedo de que Dynamite Mark le arruine la noche?” – pregunta otro periodista.

– “Para nada.” – responde el luchador, riendo. – “Me han dicho que ha sido difícil convencerle. Supongo que tenía miedo.”

– “¿Tiene algún mensaje para él?” – pregunta un tercero.

El luchador agarra el micro del periodista y mira a cámara.

– “¡MARK!” – exclama el tipo. – “¡DINAMITA MOJADA MARK! ¡Prepárate para pelear contra el Campeón Pamputt! ¡Nos veremos en el viejo estadio de Isla Papaya! Espero que estés preparado, porque sería una pena que el combate durara solo un asalto. ¡No me decepciones!”

Mark, Pizza, Germán y Videl observan al contrincante de Mark en televisión.

German frunce el ceño, molesto.

– “Tsk… Menudo fanfarrón…” – refunfuña el agente.

Mark y Pamputt se miran a los ojos a través de la pantalla.

El evento del año está por venir.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dinamita

El Campeón // Parte III: Dinamita

“Solo estoy aquí por su seguridad, señora.”

Mark despide a su hija, que se marcha a clase con la vecina y su pequeño amigo.

Mark se sienta en su sillón, bourbon en mano, y se prepara para echar una siesta.

El teléfono suena. Mark suspira. Lo ignora hasta que la llamada termina.

Mark cierra los ojos, tranquilo.

RING. Suena de nuevo el teléfono.

– “Maldita sea…” – refunfuña Mark. – “¿Qué te pasa ahora, Ger…?”

Pero al agarrar el móvil se da cuenta de que no es su agente; número oculto.

– “¿Dígame?” – responde Mark.

– “¡Hey!” – exclama la voz ronca de su jefe. – “Tengo un trabajo para ti.”

– “Señor, son las 8 de la mañana…” – responde Mark, extrañado.

– “Paga extra. Vístete bien y ven al club.” – responde rápidamente Cash, antes de colgar.

En poco más de media hora, Mark, vestido con pantalón negro, jersey beige, chaqueta de cuero negra y su fedora de la suerte, se encuentra acompañando a una bella mujer por las tiendas más caras de Orange City.

La mujer, de figura esbelta y cabellera lila rizada, viste un elegante vestido negro, tacones altos, gafas de sol, un collar de perlas y varias pulseras y anillos de oro y piedras preciosas.

Frente a un espejo se coloca encima varios bañadores sin sacarlos del perchero, intentando ver cuál le podría quedar mejor.

Mark, a su lado, le sujeta un exuberante abrigo de visón.

– “¿Qué te parece este?” – pregunta ella.

– “Solo estoy aquí por su seguridad, señora.” – responde Mark con cierto desinterés.

– “¿Señora?” – protesta ella. – “¿Cuántos años tienes? ¿Dos menos que yo?”

– “Es la mujer de mi jefe.” – responde él. – “Así que, señora me parece lo adecuado.”

Ella suspira.

– “Vaya…” – sonríe ella. – “Apuesto y educado.” – le guiña un ojo.

Mark agacha la cabeza, un poco incómodo.

Ella entra en el probador.

– “¿Por qué estás trabajando para mi marido?” – pregunta ella desde el otro lado de la cortina.

– “Es un buen trabajo.” – responde Mark.

– “¿Para Dynamite Mark?” – insiste ella con cierto retintín.

– “¿Es usted una aficionada a la lucha?” – pregunta Mark.

– “Algo así.” – responde ella.

Ella sale del probador, vestida con un bikini rosado que expone su tonificado cuerpo.

– “¿Qué me dices, Mark?” – pregunta ella con tono sensual. – “¿Qué tal me queda?” – añade haciendo algunas posturas de modelo de lencería.

Mark se sonroja ligeramente y aparta la mirada.

Ella sonríe satisfecha, como si ponerle nervioso hubiera sido su objetivo desde el principio.

La mujer se acerca a Mark y le agarra la barbilla delicadamente con la mano, guiando su cabeza para que la mire a los ojos.

– “Dime, Mark… ¿de verdad eres dinamita?” – le dice mientras se acerca lentamente a él.

Pero Mark le agarra la mano y se la aparta.

– “Basta.” – dice él, muy asertivo.

– “Tsk…” – protesta ella, soltándose y dándole la espalda. – “Qué aburrido…”

Mark se cruza de brazos, molesto.

Ella vuelve al probador.

Mark inspira profundamente y expira. Intentando recuperar la compostura. Es un trabajo.

Mientras tanto, en el colegio de Videl, en clase, un chico rubio de ojos marrones le quita el estuche a una niña rubia.

– “¡Devuélvemelo!” – grita ella.

El niño le lanza el estuche a un amigo y éste se lo pasa a otro mientras ríen.

– “¡Devuévemelooo!” – insiste la niña, con los ojos llorosos.

– “¡JAJAJA!” – ríen los críos.

De repente, el estuche desaparece un instante ante de que llegue a manos del primer niño.

– “¿Eh?” – se sorprende el chico.

Videl ha cazado el estuche al vuelo y se lo devuelve a su compañera.

– “Gracias.” – dice la chica con una sonrisa, secándose las lágrimas con el brazo.

El chico se acerca a Videl.

– “¿Por qué te metes en nuestro juego?” – pregunta el niño, con chulería.

Videl se pone con los brazos en jarra y la barbilla alta, cual super héroe.

– “Porque eso no está bien.” – anuncia ella, luciendo en su camiseta un dibujo de CleanGod.

El chico se acerca a Videl, amenazante.

– “¿Te crees mejor que nosotros?” – protesta el niño.

El chico es más alto que Videl, pero ella no se deja amedrentar.

– “Mi madre dice que tu padre es un perdedor.” – dice el chico.

El chico empuja a Videl, que cae de culo al suelo.

Los niños ríen.

– “¡Mi padre es el hombre más fuerte del mundo!” – replica ella.

Su amiga ayuda a Videl a levantarse.

– “¿Y por qué no hizo nada cuando los extraterrestres atacaron la Capital del Este?” – se burla el chico. – “¿Por qué no salvó a tu ma…?”

Antes de que pueda terminar la frase, Videl le propina un puñetazo en la cara y le hace saltar dos dientes de leche.

La niña se sienta sobre su compañero y le propina puñetazos en la cara mientras él grita asustado.

Los demás salen corriendo.

La maestra no tarda en intervenir, agarra el brazo de la niña para apartarla de su compañero, pero ella sigue dando pelea.

Una media hora después, Videl está sentada en el despacho del director del centro cuando entra Mark.

– “Buenos días.” – saluda el director. – “Adelante, siéntese.”

Mark mira a su hija con cierto pesar. Ella agacha la cabeza, avergonzada.

Cuando salen del despacho, Mark se agacha frente a Videl.

– “¿Por qué has hecho eso?” – pregunta el preocupado padre.


Ella no responde.

– “Sabes que no debes pelear con tus compañeros.” – dice Mark. – “Las artes marciales solo se usan para defenderse.”

– “Y en torneos.” – murmura ella.

– “Exacto, listilla.” – responde Mark. – “Eso es porque los dos participantes se han puesto de acuerdo.”

Videl se queda callada.

– “Prométeme que no volverás a hacerlo.” – dice Mark.

– “Dijo que eras un fracasado.” – responde ella.

Mark suspira.

– “No importa lo que la gente diga, Videl.” – insiste él. – “Tú no puedes…”

– “Dijo que eres débil porque no pudiste salvar a mamá.” – añade ella.

Silencio.

Para Mark, el tiempo se detiene durante unos segundos eternos.

El hombre se rompe en silencio, intentando no reflejar el dolor en su rostro y abraza a su hija con fuerza.

Esa noche, Mark deja a Videl mirar la televisión tanto como quiera para que se distraiga, y cuando cae rendida la lleva a la cama.

Mark se sienta a su lado. El teléfono suena. Número oculto.

Mark se pone en pie, pero Videl le agarra la mano.

– “Papá.” – dice ella.

– “Dime, cielo.” – responde él.

– “Quédate un rato conmigo.” – dice con voz tierna.

El padre mira el teléfono un instante, pero decide no responder. 

– “Pero solo un ratito, ¿eh?” – dice Mark. – “Duérmete, que es tarde.”

Mark se tumba al lado de Videl. Ella sonríe y se acurruca junto a su padre.

Mark llega al trabajo. Piroshki está en la puerta.

– “Estas no son horas…” – dice el portero.

– “Lo sé…” – responde Mark. – “Un día jodido…”

Mark entra al local y busca a Cash para poder disculparse, pero no está en su reservado.

Mark se acerca a la barra, pero Pizza no está. Otra de las camareras está ocupando su puesto.

– “¿Hoy no trabaja Pizza?” – pregunta Mark.

La camarera responde levantando la barbilla, indicando a Mark lo que tiene que mirar.

Mark ve a Fulov Chash salir del backstage refunfuñando, claramente enfadado.

Mark se levanta sin decir nada y cruza el local hacia el backstage.

Al entrar a la zona privada, puede oír llorar a una mujer.

Mark entra en el despacho de Cash y se encuentra a Pizza sentada en un sofá, con un tirante del vestido roto, sujetándoselo avergonzada.

Los dos se quedan mirándose en silencio, como si ninguno esperara al otro.

Mark se da la vuelta y se marcha decidido.

– “¡MARK!” – grita ella. – “¡MARK, NO! ¡NO HA PASADO NADA! ¡MARK!”

Pero él no escucha a nadie.

Sale del backstage abriendo la puerta de golpe y cruza la pista de baile directo hacia el reservado de Cash.

– “¡Hey, Mark!” – lo saluda Cash.

Sin mediar palabra, Mark agarra a Cash de la solapa con su mano izquierda, haciendo que se ponga de pie sobre el sofá y le propina un derechazo que le rompe las gafas y la ceja, y un segundo derechazo que le abre el pómulo.

– “¡AAH!” – grita Cash asustado. – “¡¡AYUDA!!”

Mark lo agarra del traje con las dos manos y le propina un cabezazo que le rompe la nariz y lo lanza por encima del sofá, dejándolo tirado en el suelo.

Mark da la vuelta al sofá, directo hacia Cash. La sangre le hierve como nunca.

– “Cabrón…” – refunfuña Mark. – “Es una cría…”

– “¡NO… NO HA PASADO NADA!” – se excusa Cash. – “¡LO JURO!”

Mark no puede calmarse. Lo levanta de nuevo, agarrándolo de la chaqueta y le propina otro puñetazo.

Pizza sale corriendo del backstage y agarra el brazo de Mark.

– “¡MARK! ¡BASTA!” – insiste ella. – “¡POR FAVOR!”

Mark la mira con una rabia contenida que la hace encogerse instintivamente. Él se da cuenta, lo que frena su ira.

– “Nos vamos.” – le dice Mark

– “Pero…” – protesta ella.

Mark la agarra del brazo como si fuera una niña y tira de ella hacia la puerta.

Cash se incorpora, con la cara ensangrentada.

– “Bastardo…” – gruñe Fulov. – “¡VOY A HACER QUE TE MATEN!”

Piroshki ha entrado al local al oír el alboroto y está frente a la puerta, bloqueando el paso.

Mark se detiene frente a él.

– “Mark…” – dice Piroshki, con una mezcla de asombro y miedo.

– “Apártate, Piroshki.” – dice Mark, tajante. – “No me hagas insistir.”

Piroshki levanta las manos y se aparta lentamente.

Mark empuja a Pizza para que pase delante de él.

Cash intenta levantarse, pero no puede. Intenta gatear hasta un taburete para ayudarse. La parte izquierda de su rostro está completamente ensangrentada.

Piroshki se acerca para ayudarle, pero Cash rechaza su mano, furioso.

El hombre escupe al suelo y se le caen dos dientes.

ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Fulov Fun

El Campeón // Parte II: Fulov Fun

“No me jodas, Mark.”

El sol ha salido en Orange City. Mark ha preparado el desayuno a su hija; huevos revueltos con beicon.

La pequeña devora el desayuno mientras Mark recoge la mochila de su hija de suelo y comprueba que esté bien cerrada.

En ese instante, suena el teléfono móvil. Mark lo mira desde la distancia, pero decide ignóralo.

Suena el timbre.

Videl apura su desayuno y salta de la silla. Corre hacia la puerta y arrebata la mochila de las manos de su padre por el camino.

– “¡Ten cuidado!” – advierte Mark. – “¡Y pórtate bien!”

– “¡Sí, papá!” – exclama ella, que se estira para llegar al pomo de la puerta.

Mark ya regresa a la cocina, con su vaso de bourbon en mente.

– “¡Hola, tío German!” – exclama Videl.

German es un hombre de 30 años. Cabello corto y oscuro, ojos marrones. Su complexión es delgada. Viste pantalón beige, camisa blanca y chaqueta verde oliva. 

– “¡Hola, pequeñaja!” – lo saluda el agente de Mark. – “¿Cómo estás?”

– “¡Muy bien!” – responde ella. – “¡He estado practicando!”

– “¿En serio?” – dice German.

German se pone en cuclillas. 

– “¡Veamos esa derecha!” – exclama mientras levanta su mano izquierda.


Videl la golpea con gracia.

– “¡Yah! ¡Ha!” – da varios golpes.

– “¡Izquierda!” – dice German cambiando de mano.

– “¡Yeh! ¡Hyo!” – se esfuerza ella.

– “¡Muy bien!” – exclama él.

Mark se acerca a la puerta.

– “Vas a llegar tarde.” – suspira Mark.

Videl se da cuenta de que unos metros detrás de German espera la vecina con su hijo.

– “¡AH!” – exclama ella. – “¡Ya me marcho!”

Videl sale corriendo.

La vecina saluda a German y a Mark y los dos levantan la mano amablemente.

– “¡ADIÓS, PAPÁ!” – grita Videl mientras corre hacia su amigo.

German y Mark se quedan a solas.

Mark da la espalda a su agente y regresa al salón. German lo sigue y cierra la puerta tras él.

Mark se sienta en su sillón con desgana.

German camina por el salón echando un vistazo a su alrededor, intentando analizar así el estado de Mark.

– “Acabemos con esto.” – suspira Mark. – “¿Qué quieres?”

German se detiene y pone su atención en su cliente.

– “Tengo un combate listo para ti.” – dice el agente.

– “Ya te lo he dicho.” – responde Mark. – “No puedo pelear con mi rodilla así.”

– “Escúchame” – insiste German. – “He estado hablando con Shota, ¿sabes quién es?”

– “Sí, sí… el tipo de ZTV.” – responde Mark con desgana.

– “¡El de ZTV!” – exclama German, intentando dar emoción a su historia. – “¿Y sabes qué me ha dicho?”

Mark no responde. Mira molesto a su agente, pues siente que lo está tratando como a un niño.

– “Un antiguo campeón quiere organizar un combate. Cuestiones de ego. Es una estrella de cine, pero últimamente no está teniendo mucho éxito… y quiere su minuto de gloria; volver a ser portada.”

– “¿Y qué pinto yo en esto?” – pregunta Mark.

– “¡Es tu momento!” – exclama German. – “El regreso de Dynamite Mark.”

– “¿Quieres que mi primer combate sea directamente contra un campeón?” – levanta la ceja Mark, desconfiando. 

– “No es un campeón.” – resopla German. – “Es una estrella de cine con nostalgia. Dicen que la última vez que participó en el Torneo Mundial de Artes Marciales perdió contra un crío… Si te pones un poco en forma, te lo meriendas sin despeinarte.”

Mark se cruza de brazos.

– “Aunque quisiera pelear, mi rodilla está hecha polvo.” – protesta Mark. 

– “¡Espera!” – exclama German. – “¡Qué no te he dicho aún dónde se disputaría el combate!”

– “¿Hmm?” – levanta la ceja de nuevo Mark.

– “En las ruinas del viejo estadio. ¡En Isla Papaya! ¡Donde se disputaba el Torneo Mundial de Artes Marciales!” – revela German, intentando dar emoción a su oferta. – “Hay rumores de que quieren reconstruir el lugar, pero parece que no hay mucho consenso… las artes marciales están un poco pasadas de moda… Así que quieren que este combate revitalice la afición por la lucha. ¡Es perfecto!”

Mark se levanta e ignora a German. Camina hasta la concina y se sirve una copa de bourbon.

– “No voy a pelear.” – responde Mark.

El agente levanta los brazos en señal de sorpresa.

– “No me jodas, Mark.” – protesta German.

– “Tendría que ponerme a entrenar. Eso sin contar la rehabilitación de mi rodilla. ¿Quién cuidaría de Videl?” – pregunta Mark.

– “Le encontraremos una niñera…” – responde su agente.

– “¿Con qué dinero?” – protesta el luchador. – “Ya no tengo sponsors.”

– “¡El combate te los dará!” – insiste German. – “¡Será un éxito!”

– “No puedo permitírmelo.” – responde Mark. – “La decisión está tomada.”

Silencio.

German se cruza de brazos. Su semblante se torna serio.

– “Mark…” – dice el agente. – “He oído que te han visto por el Fulov Fun”.

Mark no responde.

– “¿En qué te metes, Mark?” – insiste German.

Mark da un trago a su bourbon.

– “Gracias por venir, German.” – responde Mark, tajante.

El silencio se apodera de nuevo de la escena. 

Se miran a los ojos.

German agacha la cabeza. 

El agente se dirige a la puerta, pero se detiene tras dar unos pocos pasos. Se da la vuelta, pero no llega a decir nada. Vuelve a encarar la puerta y se marcha.

El día transcurre con normalidad. 

La noche ha caído. Videl duerme.

Mark regresa al club para otra noche de trabajo. 

Piroshki lo saluda en la entrada. Mark entra y camina hasta la barra, donde le recibe Pizza con un refresco.

– “¿Cómo se presenta la noche?” – pregunta Mark.

– “Una más.” – responde la muchacha.

En el fondo de la pista de baile, Fulov Cash guía a una de sus mujeres hacia el backstage, agarrándola del trasero.

Mark se bebe el refresco entero.

De repente, un estruendo en el exterior que se cuela en el garito a pesar de la música alta.

Mark deja el botellín vacío.

En el callejón, Piroshki agarra la cara de un tipo y lo estampa contra la pared, noqueándolo.

Otro yace ya en el suelo, inconsciente.

Tres tipos más lo rodean. Uno va armado con una barra de hierro y otro con una cadena de moto. Entre los cinco destaca el chico rubio de la noche anterior, armado con un cuchillo.

– “¡Te voy a rajar, cabrón!” – grita el tipo.

Piroshki tiene un ojo morado y el brazo derecho ensangrentado por un golpe de la cadena.

Piroshki se pone en guardia.

– “Malditos niñatos…” – gruñe el grandullón.

El rubio es el primero en atacar con la intención de apuñalar al portero, pero Mark interviene, agarrándolo del brazo con el que empuña el arma.

– “¡¿EH?!” – se sorprende el muchacho, que no lo vio llegar.

Mark proyecta al chico por encima de su espalda con una llave de judo, estampándolo contra el suelo.

Con el impacto, el chico pierde el cuchillo.

El tipo de la barra de hierro se abalanza sobre Mark, arma en alto, sujetándola con las dos manos, pero Mark se revuelve y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a unos pocos metros de distancia y lo estampa contra una moto, que cae al suelo.

El tipo de la cadena se abalanza sobre Mark por la espalda, pero Pisroshki carga contra él con el hombro y del empujón lo lanza contra una puerta de garaje, abollándola y noqueando al muchacho.

Poco a poco, esos tres se recuperan y no dudan en huir. Uno intenta arrastrar a un compañero inconsciente, pero desiste rápidamente por miedo a otra paliza.

Piroshki se mira el moratón del brazo.

– “¿Estás bien?” – pregunta Mark.

– “No es nada.” – responde el grandullón. 


Mark camina hasta la moto caída y la levanta.

– “Dile a Pizza que llame a una ambulancia para estos.” – dice Mark. – “Y desinféctate eso. Yo me quedo aquí mientras tanto.”

– “Gracias, Mark.” – asiente Piroshki.

La ambulancia no tarda en llegar y dos jóvenes sanitarios atienden a los dos heridos, que con poco ya vuelven en sí.


Con excusas y miedo, los dos muchachos se niegan a ser llevados al hospital y se marchan rápidamente, pese andar tambaleándose. 

– “Siempre igual…” – suspira un sanitario. – “No hay nada bueno a estas horas.”

Su compañero se queda mirando a Mark.

– “Disculpa… ¿eres Dynamite Mark?” – le pregunta.

Mark no responde, incomodo, y eso le delata.

– “¡¡DYNAMITE MARK!!” – exclama el chico.

– “¿Quién?” – pregunta el otro.

– “¡Tío, tienes que hacerme una foto!” – le dice al compañero. – “¡Toma mi teléfono!” – le da su móvil.

Mark no parece convencido, pero acaba aceptando.

– “¡Me has alegrado la noche!” – le dice el sanitario a Mark.

– “Me alegro.” – responde sin mucho entusiasmo el luchador, forzando una sonrisa para la foto.

– “Mis sobrinos van a alucinar cuando les diga que te he conocido.” – dice el joven, ilusionado. – “¡Muchas gracias!”

Los sanitarios se despiden y no tardan en subirse a la ambulancia y marcharse.

Mark se queda solo en el callejón. Se apoya en la pared al lado de la entrada, cruzado de brazos, mientras espera, con la mirada perdida en el suelo.

Pasados unos minutos, Piroshki sale de nuevo. Lleva el brazo vendado.

– “¿Cómo te encuentras?” – pregunta Mark.

– “Ya te dije que no es nada.” – responde el grandullón. – “¿Por quién me tomas?”

Mark choca el puño con Piroshki y regresa al interior del local.

Cuando entra, va directo a la barra. Pizza está preparando un cóctel.

– “¿El moscow mule del jefe?” – pregunta Mark.

– “No bebe otra cosa.” – responde ella, que lo pone en una bandeja y se marcha.

Pizza se acerca al reservado del jefe y deja el cóctel sobre la mesa.

Fulov Cash parece ocupado con su bella acompañante.

Pero cuando Pizza se marcha, Fulov la llama de nuevo, levantando la mano y chasqueando los dedos para reclamar su atención.

La muchacha regresa rápidamente y él le entrega una propina; unos cuantos billetes. Ella lo acepta y cuando se da la vuelta, Fulov le da una palmada en el trasero.

Pizza lo mira de reojo y fuerza una sonrisa antes de regresar al bar.

Mark lo observa todo desde la barra. 

Cuando Pizza pasa por su lado, Mark la mira con gesto de desaprobación.

Pizza levanta las cejas y le enseña los billetes mientras vuelve a su trabajo.