ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Nace la leyenda

Daimaoh // Parte I: Nace la leyenda
“Supongo que eso me convierte a mí en un demonio.”
En el planeta Tierra reinaba la paz, hasta que un día… 
En la Tierra Sagrada de Karín, el sabio felino, solo en su torre, siente una terrible sensación.
– “Es horrible…” – murmura el gato.
Karín corre hasta la barandilla de su torre y mira al cielo, confuso y asustado.
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta.
En la Atalaya de Kamisama, dos namekianos idénticos se encuentran el uno frente al otro.
– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el namekiano vestido de blanco. – “¿Quién eres tú?” – le pregunta a su contrapartida, que viste de negro.
– “Interesante…” – sonríe éste, de forma terrorífica.
– “¿Cómo es posible?” – murmura el aprendiz de Kamisama.
El recién aparecido ser observa el kanji que luce el namekiano vestido de blanco.
– “Kami…” – murmura el personaje. – “Supongo que eso me convierte a mí en un demonio.” – sonríe. – “El Rey de los Demonio; Daimaoh.”
Con un chasquido de dedos, el kanji “Ma” aparece en su ropa.
– “¿De qué estás hablando?” – se impacienta el aprendiz de Kami.
– “Me siento bien.” – dice el demonio. – “Por primera vez, me siento libre de ataduras. Sin conciencia y sin nada que me detenga.”
En ese instante, Mr. Popo sale corriendo del palacio, pues también ha sentido la terrible energía del demonio.
– “¡ALTO!” – exclama el ayudante de Kamisama.
El namekiano vestido de negro clava su mirada en Popo y sonríe antes de darle la espalda.
– “Este sitio es aburrido…” – dice el demonio. – “Será mejor que baje a la Tierra a dar un paseo.”
– “¡ESPERA!” – intenta detenerla el aprendiz de Kami.
Pero es demasiado tarde. El demonio se marcha volando y desciende hacia la superficie del planeta.
El namekiano de blanco, muy preocupado, corre al palacio para informar a Kamisama, que se encuentra tumbado en la cama, muy débil. 
– “Señor… Lo siento mucho.” – se disculpa el aprendiz, que se arrodilla en el lateral de la cama. – “Ha sido culpa mía. Prometo que me encargaré de él. Solicito su permiso para bajar a la Tierra y…”
– “No…” – le interrumpe Kamisama. – “Tú no puedes detener a Daimaoh… Vuestras vidas están entrelazadas. Puedo sentirlo. Si uno muere, el otro también perecerá.”
– “¿Y qué debo hacer, señor?” – dice el joven namekiano.
– “La Tierra necesita un Kamisama.” – sonríe el Dios. – “Creo que ahora estás preparado para ocupar mi puesto.”
– “Señor…” – llora el aprendiz. – “Aún me queda mucho por aprender…”
– “Mr. Popo te acompañará en todo momento.” – dice Kamisama. – “Él es más sabio que yo…” – sonríe.
– “No diga eso…” – dice Popo, derramando una lágrima. 
– “Todo saldrá bien…” – dice el Dios. – “Los humanos son más fuertes y buenos de lo que ellos mismos creen; y sin duda, mucho mejores de lo que Daimaoh espera.”
– “Kamisama…” – llora el namekiano.
– “Mi bastón, señor Popo.” – le dice el débil Dios a su ayudante.
Mr. Popo trae el bastón de Kamisama.
– “Cógelo.” – le dice el Dios al namekiano. – “Y levántate.”
El aprendiz obedece.
– “Bien…” – sonríe el Dios. – “Mucha suerte, Kamisama.” – se despide, antes de exhalar su último aliento.
Al fallecer, su cuerpo desaparece, dejando las sábanas vacías.
En la Tierra, Piccolo Daimaoh ha llegado a la Ciudad del Oeste; una metrópolis por la que pasean carros tirados por caballos entre edificios majestuosos de arquitectura clásica.
El demonio desciende en mitad de la avenida principal, interponiéndose en el camino de una diligencia, que se ve obligada a esquivar al personaje, lo que provoca su vuelco.
La gente se queda estupefacta al ver al personaje descendido del cielo.
– “¿Quién es?” – pregunta un viandante. 
– “¡Ha llegado del cielo!” – exclama otro.
El conductor de la carroza, magullado y furioso, se acerca al namekiano para pedirle explicaciones.
– “¡MIRA POR DONDE VAS!” – exclama el conductor. – “¡MIRA LO QUE…!”
Pero Piccolo agarra al personaje por el cuello y lo estrangula delante de todos, lanzando después su cuerpo sobre la acera.
– “¡ESCUCHADME TODOS!” – exclama el demonio. – “¡YO SOY PICCOLO DAIMAOH! ¡EL REY DE LOS DEMONIOS!” – anuncia. – “¡Y DESDE AHORA, TAMBIÉN SOY VUESTRO SEÑOR!”
En ese instante, cuatro policías se acercan al namekiano. Dos le apuntan con un mosquetón y los otros desenvainan sus sables. 
– “¡ALTO!” – exclama un agente. – “¡Queda usted detenido!”
En un abrir y cerrar de ojos, Piccolo se sitúa detrás del policía que lleva la pistola y le parte el cuello con un rápido gesto.
Piccolo agarra la cabeza del segundo policía con arma de fuego y lo levanta del suelo. El policía, asustado, dispara su arma al cielo. El namekiano aplasta el cráneo del humano con una sola mano.
Uno de los policías restantes corre despavorido al ver la brutalidad con la que Piccolo ha asesinado a sus compañeros e intenta huir, pero Piccolo le paunta con su mano y le lanza un ataque de ki.
El humano cae al suelo envuelto en llamas y se retuerce de dolor hasta que fallece.
El último policía deja caer su espada, aterrado, y cae de rodillas.
– “Por favor…” – dice el policía. – “No me mate…”
Piccolo sonríe.
– “Me gusta la idea…” – dice el namekiano. – “¡ARRODILLAOS! ¡SEGUID SU EJEMPLO SI QUERÉIS VIVIR!”
Los viandantes, aterrorizados ante el poder demostrado por Piccolo, se arrodillan.
– “Bien…” – sonríe el namekiano.
Con los meses, el reino de terror de Piccolo Daimaoh se extiende por la Tierra. Todo el que se opone al Rey de los Demonios es asesinado. Ciudades y aldeas enteras son erradicadas por el demonio y sus secuaces; monstruos reptiloides nacidos de las propias entrañas del diablo.
En una aldea escondida bajo las montañas del bosque Fukkuro, un grupo de jóvenes aprendices de Artes Marciales se encuentran entrenando duro para poder plantar al demonio.
– “Es inútil…” – lamenta uno de ellos. – “Si lo que dicen es cierto, es inútil que sigamos entrenando… A lo mejor deberíamos huir.” 
– “No digas eso, Tsuru” – le replica un compañero. – “Nuestro maestro ha subido a las montañas para entrenar en solitario. ¡Seguro que logrará detener al demonio! ¡Y nosotros debemos estar listos para apoyarle!”
– “Puede que él también haya huido, Kame.” – responde su compañero.
– “¡El Maestro Mutaito nunca haría eso!” – replica Kame. – “¡No te atrevas a manchar su nombre!”
– “¡Algunos tenemos responsabilidades!” – dice Tsuru. – “¡Puede que tú solos seas amigo de una tortuga, pero yo tengo que pensar en mi hermano Tao!”
Los demás compañeros intentan poner paz entre los dos aprendices, pero en ese instante, un malherido compañero aparece del bosque y se desmaya frente a ellos.
– “¡Tora!” – exclama Kame, que corre a socorrer a su compañero.
– “¿Qué habrá pasado?” – pregunta otro luchador.
– “Está malherido…” – dice Kame, examinando sus heridas en forma de zarpazo.
– “¡Seguro que ha sido un demonio!” – exclama Tsuru. – “¡Deben estar cerca!”
– “Por suerte, ha logrado escapar con vida…” – dice Kame.
De repente, una demoníaca risa llama la atención de los presentes, que alzan su mirada al cielo para ver a un personaje alado de tez verde y ojos amarillos.
– “Le he dejado escapar.” – dice la criatura reptiliana. – “Sabía que me llevaría hasta su escondite.”

ESPECIAL DBSNL /// Planeta maldito // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Consecuencias

Planeta maldito / Parte III: Consecuencias 
“Tendremos que pasar desapercibidos durante un tiempo.”


En la metrópolis, Hildegarn se acerca a los tres konatsianos. 
– “¡Si la música podía contrarrestar la magia de los brujos, puede que también funcione contra el monstruo!” – sugiere el sacerdote Yuco.
Tapion y Minosha se encuentran afligidos por la muerte de su padre, pero saben que no hay tiempo para llorar su pérdida.
El monstruo proyecta un torrente de fuego por su boca hacia los konatsianos, que rápidamente saltan por los aires para evitar ser engullidos por el aliento d Hildegarn.
Mientras tanto, en el templo Yahirodono, el Amenoukihashi brilla intensamente, y en el centro de su ojo aparece una luz oscura; un fenómeno único del que emanan rayos negros y rojos.
Sidra y el Dai Kaioshin observan el monumento aterrados. 
– “No es posible…” – titubea Sidra.
Iwen aprovecha la distracción del Hakaishin para lanzarle un conjuro de fuego fatuo que el Dios logra esquivar en el último instante.

– “¡PRONTO OS ARRODILLARÉIS ANTE ÉL!” – exclama el brujo.
El Dai Kaioshin y Bibidí luchan por empujar una gran roca, que cada uno quiere lanzar sobre su rival, pero finalmente ésta estalla en el aire.
Las piedras resultantes son aprovechadas por el Dios y son proyectadas contra Bibidí, que las convierte en polvo de carbón con su magia antes de que puedan tocarle.
– “Dioses engreídos…” – murmura con desprecio el brujo, que se prepara para contraatacar con otro conjuro.
Bibidí lanza una extraña masa viscosa con carga eléctrica sobre el Dai Kaioshin, que queda atrapado y sufre una electrocución.
– “¡JAJAJA!” – ríe el brujo, mientras ve sufrir al Dios.
Cerca de allí, Madas hace brotar del suelo un centenar de raíces que detienen a los dos guerreros de piedra invocados por Arak.
El brujo, lejos de sorprenderse, invoca más guerreros.
– “¡No podrás con todos, viejo!” – se burla el Kashvar.

Cinco nuevos hombres de roca atacan al Kaioshin del Norte.
En ese instante, el Kaioshin del Este y el Kaioshin del Sur aparecen frente a Madas, dispuestos a ayudar.
– “Tienes mala cara, Madas” – se burla el Kaioshin del Sur al ver a su envejecido compañero.
El Kaioshin del Oeste, un orondo Dios con ojos rasgados, aparece frente al Dai Kaioshin, dispuesto a plantar cara a Bibidí.
– “Yo tomaré el relevo, Maestro” – dice el Dios, con una simpática sonrisa.
Champa se encuentra encerrado en una esfera de agua creada por Zunama, luchando por respirar.
Majora intenta protegerse de los golpes de Beerus, pero el gotokoneko, al ver a su hermano en peligro, se enfurece y supera al zorro fácilmente, noqueándolo con un puñetazo en la barbilla.
Beerus se abalanza sobre su hermano, atravesando la esfera de agua y sacándole por el otro lado.
– “No necesitaba tu ayuda” – refunfuña Champa.
Con tres Dioses más en el templo y con Majora fuera de combate, los planes de los Kashvar parece que se tuercen.
En la ciudad, Yuco se abalanza sobre Hildegarn espada en alto, pero el monstruo se convierte en humo, evitando así el ataque. 
– “Maldita sea…” – lamenta el sacerdote.
En el cielo, Campahri observa lo ocurrido.
– “Nunca pensé que pudiera existir una magia tan oscura y poderosa…” – murmura el ser celestial.
En el planeta de Zeno, el Daishinkan contempla la escena a través de los ojos de su ángel.
– “Parece que la leyenda es cierta…” – murmura el Gran Sacerdote.
– “He visto el Amenoukihashi con mis propios ojos” – responde Campahri.
– “Así que hay algo a lo que el señor Zeno tiene miedo…” – sonríe el Daishinkan.
Tapion y Minosha se han colocado sobre un elevado acueducto roto, a la altura de la cabeza del monstruo. Los dos hermanos empiezan a tocar las ocarinas y su melancólica música inunda las calles de Konats. 
El monstruo ruge con fuerza, pero parece que volverse más lento y torpe.
– “¿Está funcionando?” – se pregunta Tapion.
– “¡Podemos lograrlo!” – piensa Minosha. 
Yuco se pone en guardia, preparando la Espada Sagrada.
– “No podemos fallar…” – murmura el sacerdote. – “Nuestros antepasados nos observan.”
El sacerdote empieza a correr hacia el monstruo.
– “¡YAAAAAAAAH!” – grita Yuco, que salta hacia el monstruo y le propina un sablazo horizontal que lo corta por la mitad.
Las dos mitades, en lugar de caer al suelo, se convierten en humo y envuelven a Tapion y Minosha, que siguen tocando mientras éste se introduce en sus cuerpos.
En el templo Yahirodono, el Amenoukihashi ha dejado de brillar, alertando a los Kashvar.
– “¡NO!” – grita Bibidí. – “¡NO ES POSIBLE!”
El Kaioshin del Oeste aprovecha el despiste del brujo para empujarle con su poder mental y lanzarlo contra la pared.
– “Vuestras fechorías acaban aquí” – dice el Dios, que prepara una espada de ki en su mano derecha.
En ese momento, Salabim inunda la sala de oscuridad, mostrando a todos los presentes posibles futuros terribles.
– “¡Ya son nuestros!” – exclama Hoi, al ver a los Dioses doblegarse ante el poder de su compañero.
– “¡NOS VAMOS!” – exclama Salabim.
– “¿Qué?” – se extraña Hoi.
– “¡Con el Amenoukihashi cerrado, pronto recuperaran su poder divino!” – interviene Iwen.
– “Maldita sea…” refunfuña Hoi.
Bibidí, que ha estado a punto de morir a manos del horondo Kaioshin, lo mira con rabia.
– “Juro que me vengaré…” – dice el brujo.
Mientras tanto, en la oscuridad, el malherido Dai Kaioshin y el Kaioshin del Oeste comparten su visión, y pueden ver una extraña silueta infantil con ojos rojos y una sonrisa aterradora.
– “¡JIJIJIJI!” – ríe el fantasma.
Beerus, en cambio, puede ver la silueta de un Kaioshin envuelta en oscuridad. El Dios activa una espada de energía y se abalanza contra el gotokoneko, pero alguien se interpone en su camino. Un hombre envuelto en luz blanca ha aparecido, pero Beerus es incapaz de reconocerlo.
Sidra se ve a sí mismo confrontando a sus dos aprendices, mientras sus manos están manchadas de sangre. Pero de repente, ellos se desvanecen y aparece una silueta que camina hacia él; un demonio del frío capitanea un gran ejército.

Los brujos se reúnen.
– “Hemos fracasado…” – lamenta Arak.
– “Volveremos cuando seamos más fuertes…” – dice Hoi.
– “Ahora será mejor que nos separemos.” – sugiere Zunama. – “Tendremos que pasar desapercibidos durante un tiempo.”
– “Pero debemos proteger este lugar.” – dice Salabim. – “Usaremos la poca energía que ha recogido el Amenoukihashi para sellar el templo.”
Bibidí alza sus manos.
– “¡PAPARAPÁ!” – exclama al teletransportar a los Dioses fuera del recinto.
El poder divino de los Dioses regresa y éstos quedan libres de la oscuridad de Salabim.
– “¿Dónde estamos?” – pregunta Champa, al ver que ya no están en el templo.
– “Nos han echado.” – dice Sidra.
De repente, cuatro paredes de energía negra y roja se alzan alrededor del templo Yahirodomo, y en un instante se tornan invisible.
Beerus lanza una esfera de ki contra la entrada, pero éste se desintegra sin causar ningún efecto.
– “Han sellado el lugar.” – dice el gotokoneko.
– “Con una magia poderosa.” – añade Madas.
– “Aún nos queda un asunto por atender.” – dice el Dai Kaioshin.
En la ciudad, Yuco se acerca a los hermanos, que se encuentran arrodillados y débiles.
– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta el sacerdote.
– “Puedo sentirlo en mi interior” – dice Tapion.
– “Está débil… pero quiere salir.” – añade Minosha.
– “Encontraremos una forma de detenerlo” – dice Yuco. – “Aguantad.”
El Dai Kaioshin y Madas aparecen entre los tres personajes.
– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el sacerdote, alzando su espada.
– “Estamos de vuestro lado.” – dice Madas. – “Tranquilos.”
– “Parece que necesitáis ayuda.” – dice el Dai Kaioshin.

Los cinco regresan al templo.
Madas observa detenidamente a los dos hermanos.
– “Si queréis retener a ese monstruo en vuestro interior, necesitáis ser más fuertes.” – murmura el viejo. – “Y creo que puedo ayudaros.” – guiña un ojo.
El Dai Kaioshin pide la Espada Sagrada a Yuco.
– “Es una espada impresionante…” – dice el Dai Kaioshin. – “Un objeto sagrado. Sin duda tiene poderes otorgados por los Dioses; igual que esas dos ocarinas.”
– “Eso dice la leyenda.” – responde el sacerdote.
– “Necesito las espadas de los muchachos.” – dice el Dai Kaioshin. – “Les transferiré este poder, para que puedan enfrentarse al monstruo si fuera necesario.”
Encima del altar, Madas ha empezado a bailar alrededor de los dos hermanos, que permanecen de pie, firmes.
– “¿Cuánto va a tardar, señor?” – pregunta Tapion.
– “Creo que solo serán unas horas.” – responde Madas.
Tras la ceremonia, el Dai Kaioshin reúne a los dos hermanos.
– “¿Sois conscientes de la carga que lleváis en vuestros hombros?” – pregunta el Dios.
– “Sí, señor” – responde los konatsianos.
– “Cargaremos con este pesar, por nuestros hermanos konatsianos.” – dice Tapion.
– “Bien.” – suspira el Dios. – “¿Habéis elegido cada uno un objeto, tal y como os pedí?”
Tapion y Minosha saca dos viejas cajas de música.
– “Son estos.” – dice el mayor de los hermanos.
– “¿Dos cajas de música?” – pregunta el Dios, que al examinarlas empiezan sonar con la melodía de la canción del viejo albor.
– “Nuestro padre las construyó” – dice Tapion. – “Estaba trabajando en la primera cuando nací yo, y consideró que le había dado buena suerte… Así que fabricó otra cuando iba a nacer mi hermano.”
– “Muy bien” – sonríe el Dios, enternecido por la historia.
Los dos personajes se preparan, de pie el uno al lado del otro.
– “Mucha suerte, hermano” – sonríe Tapion.
– “Hasta pronto” – se despide Minosha.
El Dai Kaioshin sella a los dos guerreros en las cajas de música
El Dios entrega las cajas al sacerdote konatsiano.
– “Llévatelas de este planeta” – dice el Dios. – “Escóndelas en un lugar donde jamás puedan ser encontradas.”
– “De acuerdo, señor” – responde Yuco.
El sacerdote entrega su Espada Sagrada al Dai Kaioshin.
– “Ya no la necesito, señor.” – dice Yuco. – “Es un objeto sagrado, así que le pertenece. Llévesela como agradecimiento. Sería un honor.”
– “Acepto tu ofrenda” – sonríe el Dios. – “Mucha suerte, Yuco.”
Los Dioses, tras una victoria agridulce, regresan al Planeta Sagrado, acompañados por Campahri.
Sidra parece preocupado por sus visiones y toma una decisión.
– “Ha llegado el momento de dar un paso al lado.” – dice el Hakaishin. – “Voy a nombrar a mi sucesor.”
– “¡¿Cómo dice?!” – se sorprenden Beerus y Champa.
– “Creo que Beerus ha demostrado estar a la altura de las circunstancias” – dice el Dios. – “Así que él será quien ocupe mi lugar.”
El Hakaishin saca de su cinturón un objeto que ha robado a los Kashvar; la semilla del Árbol Sagrado.
– “Creo que mi deber ahora debe ser otro.” – murmura Sidra. – “Esto no puede caer en malas manos.”
– “¿Cree que estoy preparado?” – pregunta Beerus.
– “Nunca se está preparado para ser un Dios de la Destrucción.” – dice el Hakaishin.
Campahri transfiere los poderes de Hakaishin a Beerus, ante la cara de pocos amigos de Champa.
Sidra le pide a Campahri para que le lleve a otro lugar, en el mundo mortal, donde poder llevar a cabo su nueva tarea. El ángel desaparece con el viejo Dios.
Los Kaioshin parecen sorprendidos por la decisión de Sidra, pero hacen nuna reverencia al nuevo Hakaishin, mostrando sus respetos.
– “Tú…” – dice Beerus, señalando a Madas.
Los Dioses se miran entre ellos, confusos.
– “¿Qué ocurre, señor Beerus?” – pregunta Madas.
– “Tu magia te hace peligroso.” – dice el Hakaishin.
El Dai Kaioshin se interpone entre los dos interlocutores.
– “Él ha intentado advertirnos de la amenaza de los Kashvar.” – dice el Dios.
– “Un brujo es un brujo” – dice Beerus. – “No podemos asegurar que sus alianzas no hayan cambiado. Su magia es poderosa.”
– “Señor Beerus…” – dice Madas. – “Creo que entiendo su postura.”
– “¿Madas?” – se extraña el Dai Kaioshin.
– “Creo ha visto algo en la oscuridad de Salabim.” – dice el Kaioshin del Norte. – “Yo también he visto cosas.”
Beerus extiende su mano hacia el Dai Kaioshin. 
– “Dame la espada.” – dice el gotokoneko.
– “¿Qué?” – se sorprende el Dios.
– “Esa espada.” – dice Beerus. – “Tiene un conjuro de sellado en ella, ¿no es así?”
– “Señor Beerus…” – dice el Dai Kaioshin.
Champa se acerca a su hermano.
– “¿Qué estás haciendo?” – le increpa.
– “No seré yo quien empiece un conflicto eliminando a un Kaioshin…” – dice el gotokoneko. – “Pero no voy a permitir que alguien tan peligroso camine libre.”
Madas hinca una rodilla, aceptando su castigo.
– “Adiós, Madas.” – dice el felino, alzando su espada.
– “Hasta la vista, señor Beerus” – sonríe el anciano.
Beerus asesta el espadazo al Dios, que se desvanece y queda sellado en la espada.

DBSNL // Capítulo 130: Maji-Kayo

DBSNL // Capítulo 130: Maji-Kayo
“Nos ha engañado…”

En la aldea de Jiren, en la pequeña luna Magorza, Vegeta y el justiciero se encuentran hablando sobre la situación.
– “Esto es todo lo que queda de mi gente.” – explica Jiren. – “Estamos reconstruyendo el lugar.”
– “Estáis haciendo un buen trabajo.” – esboza una media sonrisa Vegeta, que empatiza con el haiirotoko, mientras mira a unos niños correteando alegremente.
– “¿A qué has venido?” – le pregunta Jiren.
– “Necesito hacerme más fuerte.” – responde el saiyajín.
– “¿Y recurres a mí?” – se sorprende el hombre gris.
– “Recurro al mejor” – dice Vegeta. – “¿Cuál es tu secreto?”
Jiren se sorprende ante el halago del saiyajín.
– “Mi raza es poderosa.” – explica el hombre gris.
– “Ellos no son como tú.” – le interrumpe Vegeta, observando a los otros aldeanos. – “Puede que tu raza tenga un gran potencial, igual que la mía, pero eso no lo es todo. Ni siquiera con el favor del viejo Kaioshin. A mí no me engañas.” – esboza una pícara sonrisa.
– “Bien…” – murmura Jiren. – “Acompáñame. Te enseñaré algo.”
En la Tierra, nuestros héroes continúan con su plan. El monstruo persigue a Gohan, Ub y Katopesla con sus tentáculos, mientras Videl y Pan ayudan a la policía a evacuar la zona.

Los tres guerreros han conseguido que Maji-Kayo se expanda lo suficiente y la luz de la barrera de la Número 18 puede vislumbrarse a través de una fina capa de masa viscosa.
– “¡Alguien tiene que sacarla de ahí! ¡Ahora!” – exclama Gohan. 
– “¡Estoy ocupado!” – responde Katopesla, que lucha entre tres grandes tentáculos para no ser atrapado.
– “¡Voy a intentarlo!” – exclama Ub, que se libra de los múltiples persiguen que lo persiguen y vuela hacia Lázuli a toda velocidad.
De repente, un muro de masa azulada se alza ante él como un tsunami.
– “¡Cuidado!” – exclama Gohan.
El chico se ve obligado a detenerse y retroceder para esquivar el ataque.
– “Maldita sea…” – lamenta Ub.
En ese instante, Pan se lanza a por la androide, sorprendiendo a todos.
– “¡Ya casi la tengo!” – grita Pan.

Pero un tentáculo surge del suelo y golpea por sorpresa a la mestiza en el abdomen violentamente, lanzándola por los aires y haciendo que pierda su transformación.
– “¡PAN!” – grita Gohan, preocupado por su hija.
El tentáculo se alza sobre Pan y se prepara para darle el golpe de gracia.
– “¡NO TE ATREVAS!” – grita Gohan, que sale volando hacia ella.
En ese instante, un kienzan corta el tentáculo que amenazaba a la muchacha.
Pan se precipita contra el suelo, pero Gohan llega a tiempo para sujetarla.
– “¿Krilín?” – se pregunta el mestizo, buscando a su viejo amigo con la mirada.
En el interior del monstruo, la barrera de la Número 18 se debilita.
– “No aguanto más…” – sufre Lázuli.
Su barrera se desvanece y el líquido que la rodea se abalanza sobre la androide.
– “¡¡NO!!” – grita Katopesla.
– “¡Maldición!” – lamenta Ub.
En el último momento, alguien interviene. Como un rayo amarillo y naranja, un personaje atraviesa al monstruo y rescata a Lázuli, cogiéndola en brazos.
– “¿Papá?” – se sorprende Gohan.
Pero no es Goku, sino Son Goten, que ha llegado en el último instante, vestido con su gi de la escuela Kame y transformado en Súper Saiyajín 2.
– “Por los pelos” – suspira el mestizo.
– “¡Goten!” – sonríe Gohan. – “Entonces…”
Gohan busca a su alrededor y divisa a Marron en la azotea de un edificio cercano. La chica le saluda con el símbolo de la victoria.
– “Justo a tiempo” – sonríe la muchacha, autora del Kienzan salvador.
Goten mira a Marron y levanta el pulgar. Lázuli se encuentra agotada, pero a salvo.
Son Gohan suspira.
– “Me alegro mucho de veros, chicos.” – sonríe el Gran Saiyaman.
– “¡Un trabajo excelente!” – les felicita Videl.
Ub se pone serio.
– “Ahora ya no tenemos que preocuparnos por nada.” – dice el chico. – “Acabemos con él.”
– “¡Sí!” – exclaman todos.
En Monmaas, Son Goku habla con el viejo Kaioshin.
– “¿Qué hace usted aquí?” – le pregunta el saiyajín.
– “Monmaas es un lugar especial. Este planeta alberga muchos secretos.” – dice el anciano. – “Pensé que podía dedicar mis últimos años a estudiar sus misterios.”
– “Ese Zamas…” – murmura Goku, enfurruñado. – “No me ha dicho nada.”
– “Le pedí que no revelara mis intenciones.” – responde Madas. – “Este planeta debe permanecer oculto.”
– “¿Y qué se supone que debo hacer aquí?” – pregunta Goku. – “Entiendo que la energía vital que emana de este lugar lo hace especial, pero… ¿cómo afecta eso a mi entrenamiento?”
– “Antes has dicho que no notaste mi presencia.” – dice el anciano. – “¿No es así?”
– “Es cierto.” – dice Goku. – “De hecho, no distingo la presencia de los seres vivos de este lugar. Es muy extraño…”
– “Eso es porque todos forman parte de una misma unidad, que es lo único que eres capaz de sentir.” – explica el viejo Kaioshin.
– “¿Una unidad?” – se pregunta Goku.
– “De la misma forma que todas las partes de tu cuerpo forman parte de ti, cada ser vivo de este planeta forma parte de Monmaas.” – explica Madas.
– “Creo que lo entiendo…” – dice el saiyajín. – “Partes de un todo…”
– “Tu control sobre la energía genki es extraordinario.” – dice el anciano Kaioshin. – “Es posible que ningún mortal haya logrado llegar tan lejos como tú… pero siempre se puede mejorar.” – añade. – “Se acercan tiempos oscuros, Son Goku.”
– “Mojito…” – murmura Goku.
– “No estoy seguro.” – responde Madas, sorprendiendo a Goku. – “Creo que lo oscuridad que se cierne sobre nosotros puede ser mucho más antigua y poderosa…”
En la Tierra, una voz alerta a nuestros amigos por el comunicador.
– “¿Me recibís?” – dice Trunks, que ha tomado el asiento de Bulma en la Corporación, mientras ella ya trabaja en el dispositivo electromagnético.
– “¡Trunks!” – saluda Gohan. – “¡Por supuesto! ¿Qué ocurre? ¿Tenéis listo el artefacto?”
– “Aún no” – responde Trunks. – “Pero ocurre algo extraño.” – anuncia el mestizo. – “Han aparecido varias señales en el mapa.”
– “¡¿Qué?!” – se sorprenden todos.
– “Han surgido de la nada.” – explica Trunks. – “En todas las principales ciudades.”
De repente, el teléfono de la Corporación Cápsula empieza a sonar, y es el Dr. Brief quien lo coge. Tras escuchar atentamente, el doctor avisa a Trunks, asustado.
– “¡Es el Rey!” – exclama Brief. – “¡Los reactores de todas las capitales se han apagado!”
– “Maldición…” – murmura Trunks.
En el mapa, Trunks puede ver como las distintas señales avanzan rápidamente hacia la Capital del Oeste.
– “¡Van hacia vosotros!” – exclama el hijo de Vegeta.
– “¡¿Hacia aquí?!” – pregunta Gohan.
– “¡Yo no veo nada!” – dice Videl, que se eleva para otear el horizonte.
– “¡Bajo tierra!” – exclama Katopesla, capaz de detectar la energía del enemigo con su visor.
En ese instante, la masa azulada parece reaccionar, sufriendo una extraña convulsión, para después empezar a disminuir su tamaño lentamente.
– “¿Qué demonios está pasando?” – se pregunta Ub.
– “¿Qué significa esto?” – murmura Videl.
– “Nos ha engañado…” – dice Katopesla. – “Hemos caído en su trampa.”
Finalmente, Maji-Kayo ha dejado de cambiar y revela una forma humanoide.
– “Estable, al fin.” – sonríe el extraterrestre de manera aterradora.
Gohan le da una semilla senzu a Pan, que se recupera rápidamente.
– “¿Qué ha pasado?” – pregunta la muchacha, buscando al enemigo. – “¿Ese es Maji-Kayo?” – pregunta al ver al nuevo ser.
– “Sí.” – responde Gohan, preocupado. – “Parece que se ha transformado.”
Ub se acerca a Katopesla.
– “¿Y ahora qué?” – pregunta el chico de Isla Papaya.
– “No lo sé…” – responde el justiciero espacial. – “Nunca había visto esta forma…”
Maji-Kayo alza su mirada y observa a los héroes que le rodean.
Trunks les habla de nuevo por el comunicador.
– “¿Estáis todos bien?” – pregunta el hijo de Vegeta. – “¿Necesitáis ayuda?”
– “Nosotros nos encargamos.” – dice Gohan. – “Pero tendréis que daros prisa con el dispositivo…”