– “¿Quién demonios eres tú?” – pregunta Spade.
– “Tú…” – murmura Spade, que parece reconocer al cazarrecompensas. – “Eres Reitan, el vengador.” – añade asustado.
– “Puede que… Puede que podamos llegar a un acuerdo…” – intenta negociar Spade.
– “No me importa la recompensa” – dice el bandido. – “Liberadle”.
– “¿Qué?” – responde Spade, confuso. – “¿Vas a ayudarle?”
– “¿Qué hacemos?” – pregunta Dmond.
– “Sabía que esto no podía salir bien…” – refunfuña Hart.
– “Soltadle” – ordena Spade. – “No podemos enfrentarnos a los dos”.
– “Gracias, extraño” – dice el kurama.
– “Guardián del Fruto…” – murmura el cazarrecompensas. – “Hoy llevaré a cabo mi venganza.”
– “¿Qué? ¿Tu venganza?” – se sorprende Liquir.
– “¡¿Quién eres?!” – pregunta Liquir. – “¡¿Qué te he hecho yo?!”
– “Maldición…” – murmura el kurama. – “Este tipo es más fuerte que los demás…”
– “¿Qué hacemos?” – pregunta Klub.
– “Esperar” – responde Spade.
– “Tú…” – murmura el cazarrecompensas. – “Mi pueblo cuenta historias sobre la llegada del Guardián del Fruto.”
Liquir escucha atentamente.
– “Con el fruto en su poder, mi pueblo había prosperado bajo el mando de un poderoso líder” – narra Reitan. – “Pero el Guardián no podía permitir que otro disfrutara de esa fuerza.”
– “Eres…” – se sorprende Liquir.
– “¡Pagarás por la destrucción de Hera!” – exclama Reitan.
– “De eso hace mucho tiempo” – dice el kurama. – “Yo ni siquiera había nacido.”
– “Fue tu orden.” – responde Reitan. – “¡Tu credo!”
– “Mi objetivo ahora es el Imperio” – dice Liquir. – “El universo corre peligro.”
– “¡NO ME IMPORTA!” – le interrumpe el herajín.
– “Tú lo has querido” – dice el zorro.
– “No está mal…” – sonríe Reitan.
– “Eres un guerrero hábil” – le felicita Liquir.
– “Aún no lo has visto todo.” – responde el herajín.
– “Ese poder…” – titubea el kurama. – “¡Es el Fruto!”
– “El poder del Fruto Sagrado quedó impreso en nuestros genes” – sonríe Reitan. – “¡Vas a enfrentarte al poder que proteges!”
– “Maldita sea…” – murmura el kurama, preocupado. – “Es mucho más fuerte de lo que esperaba.”
– “Creo que no me tomas en serio” – le susurra Reitan.
El herajín agarra a Liquir por una de sus colas y le hace girar hasta lanzarle contra una montaña cercana.
Los piratas observan asombrados.
De repente, los escombros estallan en mil pedazos, revelando a Liquir, envuelto en su aura y con siete colas visibles.
– “Está bien, Reitan” – dice el kurama. – “¡Lucharemos en serio!”
– “Voy a disfrutar” – sonríe Reitan.
– “Ha llegado el momento de saber si el entrenamiento ha surgido efecto” – dice Sidra.
– “Me siento preparado” – responde el demonio del frío.
– “Sabes que puedes morir, ¿verdad?” – le pregunta el anciano. – “El agua de la Semilla Sagrada te otorgará un increíble poder, pero tu mente y tu cuerpo sufrirán en consecuencia.”
– “Estoy preparado” – repite Cooler.
– “¡AAAAAHHH!” – exclama Cooler con un grito sin voz, mientras se agarra el cuello.
– “No hay nada que pueda hacer” – murmura el anciano. – “Ahora todo depende de tu voluntad.”
– “Su poder es increíble…” – titubea Klub.
– “No tenemos ninguna oportunidad…” – añade Dmond.
– “Idiotas” – les interrumpe Spade. – “Fijaos bien. No os dejéis llevar por el miedo.”
– “Su respiración es forzada y acelerada, sus manos tiemblan ligeramente…” – dice el expatrullero. – “Está cansado.”
– “Aún así nos supera” – dice Meerus.
– “¿Propones que colaboremos?” – sonríe Spade.
– “Ahora tengo que encargarme de los otros…” – piensa el kurama.
– “No es posible…” – se sorprende Liquir.
– “Mi pueblo fue masacrado por vosotros…” – murmura el herajín. – “¡Voy a vengarlo!”
– “¡Maldición! Tengo que darme prisa…” – piensa el kurama. – “No puedo resistir así mucho tiempo.”
– “¿Quién eres?” – pregunta la mano derecha del Emperador, ahora líder en funciones.
– “Le han capturado en el borde exterior” – anuncia el soldado brench. – “Al parecer se negó a que nuestros hombres inspeccionaran su nave y les atacó. Llevaba una armadura de camuflaje óptico avanzado. Mató a una decena los nuestros.”
– “¿A dónde ibas?” – le pregunta.
El prisionero sigue en silencio.
– “Hemos encontrado esto escondido en su nave” – dice el soldado brench entregándole una caja de música.
– “Así que tú eres el ladrón…” – murmura mientras inspecciona la caja. – “¿Dónde está la otra?”
– “¡Responde!” – le ordena el brench.
– “¿Qué te parece tan gracioso?” – pregunta Tagoma, que empieza a impacientarse.
– “No sé dónde está.” – responde el prisionero.

