OLD MAN GOHAN // Capítulo 48: La prueba de Karín

OMG // Capítulo 48: La prueba de Karín

Nuestros amigos contemplan al gigantesco murciélago que chirría frente a ellos.

– “¿De dónde han salido estos monstruos?” – se pregunta Ikose.
El vampiro intenta aplastar a Upa con su puño, pero éste le esquiva en el último instante.
Shapner apunta al monstruo con el cañón de su antebrazo.

– “Parece que me quedan dos cargas…” – dice el General observando un indicador de su arma.
– “Pues no falles” – responde Ikose, que golpea sus puños metálicos mientras avanza hacia el enemigo.
En ese momento, Lupo corre hacia el monstruo y le muerde el tobillo, agarrándose a él como un perro rabioso. El vampiro sacude su pierna para intentar librarse del lobo-hombre, que clava sus zarpas en la piel del murciélago.
Erasa apunta con su láser al enemigo y dispara, pero el murciélago se cubre con su ala derecha evitando que el ataque le lastime.
El vampiro abre su ancha boca y emite de nuevo un chirrido ensordecedor que hace retroceder a todos los presentes.
De repente, los puños de Ikose golpean al enemigo en la barbilla obligándole a cerrar la boca.

– “¡Ahora!” – exclama Erasa.
Videl se prepara para atacar, pero nota que su armadura empieza a fallar.

– “Maldita sea…” – se lamenta la Comandante. – “Necesito algo de tiempo.” – dice mientras cierra los ojos y empieza a concentrar su ki.
Shapner dispara su cañón, que arrasa el lugar e impacta contra el vampiro, el cual intenta protegerse con sus alas mientras es engullido por el poderoso ataque.
Mientras tanto, Gyuma sigue escalando la torre. Las fuerzas del joven guerrero empiezan a flaquear, y lucha para mantenerse consciente… pero fracasa, y se precipita al vacío. 
En ese momento, un extraño objeto amarillo aparece en escena procedente del cielo y le persigue a toda velocidad.
Cuando se disipa la polvareda levantada por el ataque de Shapner, se revela que el vampiro ha sobrevivido, pero ha perdido el tegumento de sus alas, que ahora se muestran esqueléticas.

– “Malditos…” – refunfuña el murciélago. – “¡Voy a beberme vuestra sangre!”
El vampiro intenta golpear a Videl, que sigue inmóvil, pero Ikose se interpone entre el enemigo y la Comandante y lanza sus puños metálicos contra el puño del vampiro, interceptándolo y deteniendo el golpe.

– “¿Aún no?” – le pregunta su compañero.
– “Un poco más…” – responde Videl.
Shapner empieza a cargar de nuevo su cañón.

– “Es mi último disparo…” – murmura el General.
Un grupo de indígenas lanzan sus lanzas atadas a cuerdas por encima del vampiro, intentando enredarle e inmovilizarle, pero todo es inútil frente al gigantesco enemigo.
Videl abre los ojos.

– “¡Estoy lista!” – exclama mientras su armadura empieza a emitir un extraño zumbido de refrigeración y emana vapor entre sus costuras.
– “¡Lista! ¡Lista!” – exclama Arale.
La Comandante ataca al enemigo y desaparece de la vista de todos.

– “¡Increíble!” – exclama Ikose. – “¡Se mueve como Son Gohan!”
Videl, gracias a la armadura, ha superado el límite humano. La Comandante da una patada al tobillo del vampiro, que se desequilibra y cae al suelo. Al intentar levantarse, Videl golpea la mano con la que se estaba apoyando y le derriba de nuevo.

– “¡Maldición!” – exclama el enemigo.
La Comandante salta por los aires y apunta al vampiro.

– “¡La armadura se está sobrecalentando!” – advierte Norimaki.
– “¿Lista, Arale?” – pregunta Videl a su nueva amiga.
– “¡Oyoyo!” – exclama Arale.
El vampiro se da la vuelta poniéndose panza arriba e intentando agarrar a Videl, pero Ikose lanza uno de sus puños para que la Comandante pueda usarlo de apoyo y esquivar al murciélago.

– “¡¡N’CHAAAAAA!!” – exclama Arale, lanzando su poderoso ataque contra el monstruo.
El ataque impacta de lleno contra el enemigo provocando una enorme explosión.
En la cima de la Torre de Karín, Gyuma despierta acompañado de un extraño ser felino.

– “Me tenías preocupado” – dice el gato.
– “¿Dónde estoy?” – pregunta Gyuma.
– “Estás en la cima de la Torre” – responde el felino. – “Soy el duende Karín”.
– “¡¿Usted es Karín?!” – se sorprende el joven luchador. – “¿Pero cómo he llegado hasta aquí?”
– “Te desmayaste mientras escalabas” – responde el Karín. – “Kinton te salvó”.
– “¿Kinton?” – pregunta Gyuma.
Una nube amarilla, que estaba dando vueltas impacientemente a la torre, se acerca a Gyuma y le rodea como si fuera un perro contento de ver a su amo.

– “¡Muchas gracias!” – dice Gyuma mientras acaricia la nube.
– “Supongo que le recuerdas a un viejo amigo…” – dice el duende.
– “¡No tengo tiempo que perder!” – exclama Gyuma de repente, poniéndose en pie. – “¡Tengo que llegar hasta la Atalaya!”
– “No tan rápido.” – responde Karín. – “No puedes seguir adelante. Ni siquiera has llegado hasta aquí de forma legal… No puedo dejar que continúes.”
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Gyuma.
– “Son las normas.” – insiste Karín.
– “¡Pero mis amigos…!”- intenta hacerle recapacitar el joven luchador.
– “Lo siento, chico.” – responde Karín. – “Baja y súbela de nuevo.”
Gyuma parece frustrado, pero se detiene un instante y respira profundamente.

– “Maldita sea…” – murmura el joven guerrero.
El mestizo se da la vuelta, corre hacia la barandilla y salta sobre ella, dispuesto a lanzarse al vacío.

– “¡Espera, muchacho!” – le interrumpe Karín.
El chico se detiene, algo confuso.

– “Tu intención será suficiente esta vez…” – sonríe Karín, que no puede evitar ver a un joven Son Goku reflejado en ese muchacho.
– “¿De verdad?” – exclama Gyuma aliviado. – “¡Muchas gracias!”
Mientras tanto, la polvareda se disipa y revela al vampiro, que ha vuelto a su forma original tumbado en el suelo, boca arriba, con los ojos en blanco.

– “Lo hemos conseguido…”  suspira Shapner.
– “¡Hemos ganado!”  celebra Ikose.
Pero de repente, el vampiro se despierta.

– “¡Cuidado!” – avisa Punta.  “¡Sigue vivo!”
Videl intenta reaccionar, pero la armadura casi no tiene energía.

– “¡Arale, tenemos que movernos!”  exclama Videl.
– “Tengo sueño…” – responde su amiga.
En ese instante, Upa se abalanza sobre el monstruo, armado con la empuñadura afilada de una lanza, y ensarta el corazón de la bestia con la improvisada estaca.

– “Se acabó” – suspira Upa.
En la nave de Babidí, el mago y Dabra contemplan la escena en su bola de cristal.

– “Son más hábiles de lo que esperaba”  refunfuña el brujo.
– “Estamos perdiendo muchos hombres”  dice Dabra.
– “Deben sufrir”  sonríe Babidí.  “Sólo así aparecerá su salvador”.
– “Son Gohan…”  murmura el Rey de los demonios.
Nuestros amigos respiran aliviados, pensando que su combate a terminado.
En la cima de la torre, Gyuma y Karín han subido a la azotea.

– “¿Así que este bastón ha formado parte del legado de mi familia?”  pregunta el mestizo.
– “Así es”  responde Karín.  “Fue de tu tatarabuelo, de tu abuelo y de tu padre”.
– “Vaya…”  suspira mientras contempla el báculo.
– “Colócalo en el orificio y te llevará hasta la Atalaya de Kamisama”  explica el duende.
Gyuma coloca el bastón y lo agarra con fuerza, listo para empezara el ascenso.

– “Mucha suerte, muchacho”  sonríe Karín.
– “Estoy algo nervioso…”  admite Gyuma.
– “Si alguien puede hacer regresar al Guerrero Dorado, ese eres tú”  dice Karín.
El joven luchador mira confuso a Karín.

– “¡Alárgate, bastón mágico!”  grita Karín antes de que Gyuma puede hacerle ninguna pregunta, haciendo que el joven empiece su ascenso y desaparezca entre las nubes en un abrir y cerrar de ojos.

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