ESPECIAL DBSNL // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Historias paralelas

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte III: Historias paralelas
“¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!”


En el planeta Seth, Bardock y sus compañeros están rodeados por cientos de perros humanoides delgados, de tez negra, pelaje corto y orejas puntiagudas. 
El escuadrón de saiyajín se escabulle hacia el interior de un templo en ruinas huyendo de los cánidos, que no dejan de dispararles con unas extrañas armas en forma de lanzas con un cañón en su extremo.

– “Esto no debería estar pasando…” – lamenta Panppukin.
– “¿Quién iba a pensar que sacrificarían su propia luna?” – responde Seripa.
– “Hay que admitir que tienen agallas” – añade Toma.
– “Llevamos varios días masacrándoles y parece que no se acaban nunca” –protesta Leek. – “A este paso vamos a agotarnos”.
– “¡Basta de chácara!” – les interrumpe Bardock. – “Necesitamos un plan.”
– “¿¡Un plan!?” – refunfuña Toteppo entre dientes – “¡Yo os daré un plan!” – exclama saliendo de su cobertura y carga contra las tropas enemigas. – “¡HAAAAA!” – grita mientras golpea a todos los cánidos que se encuentra a su paso.
La impulsividad de Toteppo parece molestar a Leek.

– “Menudo idiota” – dice el saiyajín. – “Va a hacer que le maten.”
De repente, Toma y Seripa también salen de su cobertura.

– “¡Hora de divertirse!” – sonríe Toma.
Los dos saiyajín también se lanzan al ataque.

– “¡Esperad!” – exclama Leek.
– “No te esfuerces” – responde Bardock.
Panppukin y Bardock también se unen a la ofensiva.
Leek, a regañadientes, también se dispone a ayudar a sus compañeros.

– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín, que carga contra sus enemigos.
Mientras tanto, en el planeta Vegeta, de noche, Páragus camina por las calles de la ciudad cuando se encuentra con un saiyajín que sale a trompicones de una taberna, borracho, y que se tambalea sin rumbo hasta tropezarse y caer al suelo inconsciente.
Páragus se detiene y observa con desprecio a su compatriota. Después mira a la taberna y, furioso, se dirige allí.
En el local, un gran número de saiyajín jóvenes se encuentran bebiendo, comiendo y celebrando como si fuera una fiesta.

– “¡BASTA!” – interviene Páragus irrumpiendo en la taberna. – “¡Esto es denigrante!”
El local se queda en silencio y todos miran a Páragus.

– “¡Señor Páragus!” – exclama un soldado extrañado al verle en un local así.
– “Solo… nos estamos divirtiendo…” – se excusa otro saiyajín, algo confuso.
– “¡¿Es que no os dais cuenta?!” – continúa Páragus. – “¡Os estáis acomodando! ¡Freezer es el enemigo!”
– “Creo que está exagerando…” – responde un solado.
– “Freezer es quien provee todo esto” – añade otro.
– “¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!” – se mofa otro mientras alza su jarra.
La taberna se llena de celebraciones y carcajadas.
Páragus agacha la cabeza, frustrado, al ver que sus peores temores se convierten en realidad.
De repente, Páragus agarra la jarra del saiyajín y la estampa contra el suelo. Después le agarra de la armadura y le zarandea con fuerza.

– “¡Estúpido inconsciente!” – le dice Páragus antes de propinarle un puñetazo y hacerle caer al suelo.
Enseguida varios saiyajín se lanzan sobre Páragus y su rival para separarles.

– “¡Viejo infeliz!” – le insulta el saiyajín.
Los saiyajín sacan a Páragus del local.
En el planeta Seth, el escuadrón de Bardock se encuentra inmerso en una terrible escaramuza en la que aporrean a enemigos a diestro y siniestro.

– “¡No podremos con todos!” – exclama Leek.
– “¡Sigue luchando!” – responde Toma, que disfruta del combate.
– “¡Esto no se acaba nunca!” – insiste Leek.
– “¡Lo sé! ¡¿No es increíble?!” – celebra Seripa.
– “Eres un quejica, Leek” – se burla Bardock.
En ese instante, Leek es apuñalado con una lanza en el costado por uno de los cánidos.

– “¡Leek!” – exclama Panppukin.
Bardock dispara y pulveriza al seth que ha herido a su compañero.

– “Maldita sea” – dice Leek, que extrae la hoja rota y la tira lejos de él.
– “¿Estás bien?” – pregunta Bardock.
– “Sobreviviré” – responde Leek.
En ese momento, los perros empiezan a aullar y una extraña señal aparece en el scouter de los saiyajín.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Toma.
– “Es… grande…” – dice Toteppo.
– “No…” – le corrige Bardock ampliando la señal. – “¡Es que son muchos!”
– “¡¿Más refuerzos?!” – exclama Panppukin.
– “Maldita sea…” – lamenta Toma. – “Hemos sido demasiado confiados…”
Frente a ellos, por la ladera de una colina cercana, un ejército de perros humanoides desciende corriendo y ladrando.

– “Maldición…” – dice Bardock, que se pone en guardia.
De repente, la colina entera estalla sin previo aviso, lanzando a todos los enemigos por los aires y dejando a los saiyajín boquiabiertos.
Al darse la vuelta, pueden ver que Nappa ha llegado y ha sido el artífice de la explosión realizando un simple gesto con dos dedos.

– “¿Y estos son los que os estaban causando problemas?” – se burla el saiyajín. – “Sois lamentables.”
– “¿Qué haces tú aquí?” – pregunta Toma.
– “El Rey me ha enviado para hacer vuestro trabajo” – responde Nappa con chulería.
– “¡Podíamos hacerlo nosotros!” – responde Toteppo.
– “Ya lo veo” – responde el saiyajín de élite con desprecio mientras abandona la escena.
En unas horas, el Rey Vegeta se ha enterado del incidente en la taberna y reclama la presencia de Páragus, que acude a la sala del trono.

– “Su Majestad” – saluda el saiyajín hincando la rodilla.
– “¿Qué ha pasado, Páragus?” – le pregunta el Rey.
– “Esos estúpidos niñatos…” – responde Páragus. – “He perdido los estribos”.
– “No necesitamos crear división entre nosotros” – dice Su Majestad.
– “¡Alguien tiene que decir la verdad!” – exclama Páragus.
– “¡Basta!” – grita Vegeta poniéndose en pie.
– “Lo siento” – responde Páragus cabizbajo.
– “Por favor, Páragus” – dice Vegeta. – “No me lo pongas más difícil.”
– “No volverá a ocurrir” – responde el saiyajín.
Vegeta no parece convencido, pero aún así decide aceptar las disculpas de su amigo.

– “Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?” – le pregunta el Rey.
Páragus no responde.

– “Puedes retirarte” – sentencia Vegeta.
Páragus abandona la sala y el Rey se queda en silencio.

– “¿Qué te ocurre, Páragus?” – piensa Vegeta. – “¿Qué estás tramando?”
El consejero saiyajín, tras abandonar palacio, se dirige a un local sombrío oculto en la zona más marginal de la ciudad. En él, un grupo de saiyajín vestidos con armaduras de piel tradicionales se encuentra reunido y a la espera de su llegada.
El saiyajín entra en la sala y todos se ponen en pie. Páragus preside la reunión.

– “¡No permitiremos que nuestra raza se convierta en sumisa!” – dice Páragus. – “¡No dejaremos que Freezer rompa nuestro espíritu!”

Los presentes celebran las palabras del saiyajín.

– “Cuando llegue el momento, ¡lucharemos!” – sentencia Páragus.

Mientras tanto, el Príncipe Vegeta espera su turno impaciente para entrar a una de las cámaras especiales de entrenamiento. Finalmente, la compuerta se abre y un saiyajín de su edad, de pelo largo, sale de la cámara agotado.

– “Es una vergüenza que yo tenga que esperar para que tú pierdas el tiempo ahí dentro” – le espeta Vegeta. – “¿A qué te has enfrentado? ¿Dos saibamen de clase C?”
– “Clase D” – responde el chico.
– “¡JA!” – se burla el Príncipe. – “Por eso eres un guerrero de clase baja, Raditz. Si hubieran existido los bebés de infiltración cuando naciste, seguro que estarías en algún planeta remoto luchando contra seres insignificantes.”
Vegeta se prepara para entrar en la cámara.

– “Mira y aprende” – fanfarronea el Príncipe.
Mientras tanto, en un remoto planeta del borde exterior del Imperio de Freezer, una cápsula espacial atraviesa la atmósfera a toda velocidad.
En su interior, un bebé saiyajín no deja de llorar. Algo parece que no va bien. Un error de cálculo ha hecho que la nave empiece a girar a toda velocidad y se haya desviado de su trayectoria, haciendo que la nave se dirija a toda velocidad contra la superficie del planeta en su cara nocturna.
En el centro de mando saiyajín, un un soldado ve como una señal desaparece de su pantalla.

– “Hemos perdido al bebé de infiltración Turles.” – anuncia el técnico por radio. – “Ha habido una avería en la cápsula y parece que se ha estrellado.”

En ese remoto lugar, el bebé, malherido, parece que tiene dificultades para respirar. Finalmente, el niño logra abrir los ojos y ver la luna del planeta. Su corazón pronto empieza a latir con fuerza.

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“¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!”


En el planeta Seth, Bardock y sus compañeros están rodeados por cientos de perros humanoides delgados, de tez negra, pelaje corto y orejas puntiagudas. 
El escuadrón de saiyajín se escabulle hacia el interior de un templo en ruinas huyendo de los cánidos, que no dejan de dispararles con unas extrañas armas en forma de lanzas con un cañón en su extremo.

– “Esto no debería estar pasando…” – lamenta Panppukin.
– “¿Quién iba a pensar que sacrificarían su propia luna?” – responde Seripa.
– “Hay que admitir que tienen agallas” – añade Toma.
– “Llevamos varios días masacrándoles y parece que no se acaban nunca” –protesta Leek. – “A este paso vamos a agotarnos”.
– “¡Basta de chácara!” – les interrumpe Bardock. – “Necesitamos un plan.”
– “¿¡Un plan!?” – refunfuña Toteppo entre dientes – “¡Yo os daré un plan!” – exclama saliendo de su cobertura y carga contra las tropas enemigas. – “¡HAAAAA!” – grita mientras golpea a todos los cánidos que se encuentra a su paso.
La impulsividad de Toteppo parece molestar a Leek.

– “Menudo idiota” – dice el saiyajín. – “Va a hacer que le maten.”
De repente, Toma y Seripa también salen de su cobertura.

– “¡Hora de divertirse!” – sonríe Toma.
Los dos saiyajín también se lanzan al ataque.

– “¡Esperad!” – exclama Leek.
– “No te esfuerces” – responde Bardock.
Panppukin y Bardock también se unen a la ofensiva.
Leek, a regañadientes, también se dispone a ayudar a sus compañeros.

– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín, que carga contra sus enemigos.
Mientras tanto, en el planeta Vegeta, de noche, Páragus camina por las calles de la ciudad cuando se encuentra con un saiyajín que sale a trompicones de una taberna, borracho, y que se tambalea sin rumbo hasta tropezarse y caer al suelo inconsciente.
Páragus se detiene y observa con desprecio a su compatriota. Después mira a la taberna y, furioso, se dirige allí.
En el local, un gran número de saiyajín jóvenes se encuentran bebiendo, comiendo y celebrando como si fuera una fiesta.

– “¡BASTA!” – interviene Páragus irrumpiendo en la taberna. – “¡Esto es denigrante!”
El local se queda en silencio y todos miran a Páragus.

– “¡Señor Páragus!” – exclama un soldado extrañado al verle en un local así.
– “Solo… nos estamos divirtiendo…” – se excusa otro saiyajín, algo confuso.
– “¡¿Es que no os dais cuenta?!” – continúa Páragus. – “¡Os estáis acomodando! ¡Freezer es el enemigo!”
– “Creo que está exagerando…” – responde un solado.
– “Freezer es quien provee todo esto” – añade otro.
– “¡El Imperio nos paga por hacer algo que haríamos gratis!” – se mofa otro mientras alza su jarra.
La taberna se llena de celebraciones y carcajadas.
Páragus agacha la cabeza, frustrado, al ver que sus peores temores se convierten en realidad.
De repente, Páragus agarra la jarra del saiyajín y la estampa contra el suelo. Después le agarra de la armadura y le zarandea con fuerza.

– “¡Estúpido inconsciente!” – le dice Páragus antes de propinarle un puñetazo y hacerle caer al suelo.
Enseguida varios saiyajín se lanzan sobre Páragus y su rival para separarles.

– “¡Viejo infeliz!” – le insulta el saiyajín.
Los saiyajín sacan a Páragus del local.
En el planeta Seth, el escuadrón de Bardock se encuentra inmerso en una terrible escaramuza en la que aporrean a enemigos a diestro y siniestro.

– “¡No podremos con todos!” – exclama Leek.
– “¡Sigue luchando!” – responde Toma, que disfruta del combate.
– “¡Esto no se acaba nunca!” – insiste Leek.
– “¡Lo sé! ¡¿No es increíble?!” – celebra Seripa.
– “Eres un quejica, Leek” – se burla Bardock.
En ese instante, Leek es apuñalado con una lanza en el costado por uno de los cánidos.

– “¡Leek!” – exclama Panppukin.
Bardock dispara y pulveriza al seth que ha herido a su compañero.

– “Maldita sea” – dice Leek, que extrae la hoja rota y la tira lejos de él.
– “¿Estás bien?” – pregunta Bardock.
– “Sobreviviré” – responde Leek.
En ese momento, los perros empiezan a aullar y una extraña señal aparece en el scouter de los saiyajín.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Toma.
– “Es… grande…” – dice Toteppo.
– “No…” – le corrige Bardock ampliando la señal. – “¡Es que son muchos!”
– “¡¿Más refuerzos?!” – exclama Panppukin.
– “Maldita sea…” – lamenta Toma. – “Hemos sido demasiado confiados…”
Frente a ellos, por la ladera de una colina cercana, un ejército de perros humanoides desciende corriendo y ladrando.

– “Maldición…” – dice Bardock, que se pone en guardia.
De repente, la colina entera estalla sin previo aviso, lanzando a todos los enemigos por los aires y dejando a los saiyajín boquiabiertos.
Al darse la vuelta, pueden ver que Nappa ha llegado y ha sido el artífice de la explosión realizando un simple gesto con dos dedos.

– “¿Y estos son los que os estaban causando problemas?” – se burla el saiyajín. – “Sois lamentables.”
– “¿Qué haces tú aquí?” – pregunta Toma.
– “El Rey me ha enviado para hacer vuestro trabajo” – responde Nappa con chulería.
– “¡Podíamos hacerlo nosotros!” – responde Toteppo.
– “Ya lo veo” – responde el saiyajín de élite con desprecio mientras abandona la escena.
En unas horas, el Rey Vegeta se ha enterado del incidente en la taberna y reclama la presencia de Páragus, que acude a la sala del trono.

– “Su Majestad” – saluda el saiyajín hincando la rodilla.
– “¿Qué ha pasado, Páragus?” – le pregunta el Rey.
– “Esos estúpidos niñatos…” – responde Páragus. – “He perdido los estribos”.
– “No necesitamos crear división entre nosotros” – dice Su Majestad.
– “¡Alguien tiene que decir la verdad!” – exclama Páragus.
– “¡Basta!” – grita Vegeta poniéndose en pie.
– “Lo siento” – responde Páragus cabizbajo.
– “Por favor, Páragus” – dice Vegeta. – “No me lo pongas más difícil.”
– “No volverá a ocurrir” – responde el saiyajín.
Vegeta no parece convencido, pero aún así decide aceptar las disculpas de su amigo.

– “Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad?” – le pregunta el Rey.
Páragus no responde.

– “Puedes retirarte” – sentencia Vegeta.
Páragus abandona la sala y el Rey se queda en silencio.

– “¿Qué te ocurre, Páragus?” – piensa Vegeta. – “¿Qué estás tramando?”
El consejero saiyajín, tras abandonar palacio, se dirige a un local sombrío oculto en la zona más marginal de la ciudad. En él, un grupo de saiyajín vestidos con armaduras de piel tradicionales se encuentra reunido y a la espera de su llegada.
El saiyajín entra en la sala y todos se ponen en pie. Páragus preside la reunión.

– “¡No permitiremos que nuestra raza se convierta en sumisa!” – dice Páragus. – “¡No dejaremos que Freezer rompa nuestro espíritu!”

Los presentes celebran las palabras del saiyajín.

– “Cuando llegue el momento, ¡lucharemos!” – sentencia Páragus.

Mientras tanto, el Príncipe Vegeta espera su turno impaciente para entrar a una de las cámaras especiales de entrenamiento. Finalmente, la compuerta se abre y un saiyajín de su edad, de pelo largo, sale de la cámara agotado.

– “Es una vergüenza que yo tenga que esperar para que tú pierdas el tiempo ahí dentro” – le espeta Vegeta. – “¿A qué te has enfrentado? ¿Dos saibamen de clase C?”
– “Clase D” – responde el chico.
– “¡JA!” – se burla el Príncipe. – “Por eso eres un guerrero de clase baja, Raditz. Si hubieran existido los bebés de infiltración cuando naciste, seguro que estarías en algún planeta remoto luchando contra seres insignificantes.”
Vegeta se prepara para entrar en la cámara.

– “Mira y aprende” – fanfarronea el Príncipe.
Mientras tanto, en un remoto planeta del borde exterior del Imperio de Freezer, una cápsula espacial atraviesa la atmósfera a toda velocidad.
En su interior, un bebé saiyajín no deja de llorar. Algo parece que no va bien. Un error de cálculo ha hecho que la nave empiece a girar a toda velocidad y se haya desviado de su trayectoria, haciendo que la nave se dirija a toda velocidad contra la superficie del planeta en su cara nocturna.
En el centro de mando saiyajín, un un soldado ve como una señal desaparece de su pantalla.

– “Hemos perdido al bebé de infiltración Turles.” – anuncia el técnico por radio. – “Ha habido una avería en la cápsula y parece que se ha estrellado.”

En ese remoto lugar, el bebé, malherido, parece que tiene dificultades para respirar. Finalmente, el niño logra abrir los ojos y ver la luna del planeta. Su corazón pronto empieza a latir con fuerza.

ESPECIAL DBSNL /// Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Subordinados

Kingdom come / Parte II: Subordinados
“No puedo soportar esta humillación ni un minuto más”


Una nave Imperial sobrevuela el planeta Vegeta.
Vegeta y Páragus, vestidos con armaduras del Imperio, caminan por el largo pasillo principal de la nave escoltados por soldados de Freezer.
En una enorme sala con un gigantesco ojo de buey, el tirano les espera sentado en su trono flotante y admirando el paisaje, acompañado de sus dos hombres de confianza: Zarbon y Dodoria.
Los dos saiyajín son recibidos y enseguida se arrodillan ante el tirano.

– “Señor Freezer” – saluda el Rey Vegeta mirando al suelo.
– “Rey Vegeta…” – responde el demonio del frío en tono sarcástico sin ni siquiera darse la vuelta.
– “Le informamos de que la conquista del planeta Enki ha sido un éxito” – anuncia el Rey.
– “Impresionante” – responde Freezer complacido. – “No esperaba esa noticia tan pronto.”
– “Me alegra complacerle, señor” – dice el Rey, intentando articular esas palabras con la mayor naturalidad posible.
– “Cinco planetas más estarán en sus manos en unos pocos días.” – añade Páragus.
– “Celebro esa noticia” – responde Freezer. – “Os doy mi enhorabuena”.
– “Gracias, señor” – responde el Rey.
– “Podéis retiraros” – sentencia Freezer.
Los dos saiyajín abandonan la sala dejando al tirano a solas con sus hombres.

– “Parece que al final han sido una incorporación muy provechosa” – se burla Dodoria.  Y la tecnología tsufur es una maravilla  añade mientras estira el cuello elástico de su armadura.
Su compañero no parece convencido.

– “¿Qué ocurre, Zarbon?” – le pregunta Freezer.
– “Sus resultados son cada vez mejores” – responde el soldado.
– “¿Y eso es malo?” – pregunta Dodoria confuso.
– “Parece que cada vez son más fuertes” – insiste Zarbon. – “Es como si su fuerza aumentara con cada derrota. Además, parece que cada nueva generación tiene un potencial mayor que la anterior.”
– “¿Lo dices por ese mocoso hijo del Rey?” – pregunta Dodoria, que no se toma en serio a su compañero.
– “El joven Vegeta está muy por encima de la media” – responde Zarbon. – “Si en un futuro ascendiese al trono y convenciera a los demás para luchar, podría ser un problema.”
– “¡Jajaja!” – se ríe Dodoria. – “¿Crees que esos animales son capaces de plantarnos cara? Te tenía por alguien más valiente, Zarbon.”
– “No soy ajeno a esa idea” – le interrumpe Freezer. – “De momento, son útiles. Disfrutan peleando y masacrando planetas, y yo les premio por ello. Están controlados.” – sentencia esbozando una sonrisa.
Vegeta y Páragus bajan de la nave que los ha llevado de vuelta al Palacio Real y caminan hacia la sala del trono.

– “No puedo soportar esta humillación ni un minuto más” – refunfuña Páragus.
– “Tranquilo, amigo” – intenta calmarle Vegeta. – “De momento Freezer está cumpliendo su palabra. Incluso nos ha dejado mantener el nombre del planeta.”
– “No dejes que tu ego te ciegue, Vegeta” – responde Páragus. – “Está jugando con nosotros.”
– “¡¿Crees que no lo sé?!” – exclama el Rey, que no puede fingir más. – “Las cosas nos están saliendo bien. ¡Los muy idiotas nos están entrenando! ¡Nos han facilitado todas las herramientas que los llevarán a su caída!”
– “Es cierto que los bebés de infiltración y los niños soldado están funcionando” – dice Páragus. – “Nuestros hombres son cada vez más fuertes. Pero estamos perdiendo nuestra tradición. ¡El espíritu de nuestra raza está cayendo presa de las comodidades que nos ofrece el Imperio! ¡Se les está olvidando el objetivo de todo esto!”
– “Siguen siendo saiyajín” – responde el Rey.
– “¡No lo tengo tan claro!” – le increpa Páragus. – “Si dejan de ver al Imperio como el enemigo, seremos esclavos para siempre.”
Vegeta llega hasta el trono y se sienta en él, cabizbajo y pensativo.

– “¿Qué propones?” – pregunta el Rey.
– “La leyenda del Súper Saiyajín puede darnos esperanza.” – responde Páragus.
– “¿Otra vez con eso?” – suspira Vegeta. – “Son historias para niños.”
– “Tu hijo es el mejor ejemplo de que cada vez somos más fuertes.” – insiste Páragus. – “Siendo un crío ya tiene más fuerza que muchos de nuestros mejores hombres.”
– “Ha entrenado muy duro” – responde el Rey.
– “Parece que él sí entiende lo que hay en juego.” – dice Páragus.
– “¡Suficiente!” – exclama Vegeta poniéndose en pie.
Páragus no se deja intimidar.

– “¡Necesitamos al Súper Saiyajín!” – exclama Páragus.
– “¡Estoy haciéndolo lo mejor que puedo!” – responde el Rey golpeando el reposabrazos del trono de piedra y partiéndolo. – “¡No puedo hacerlo solo, Páragus!”
– “No tienes que hacerlo solo” – responde Páragus suavizando su tono. – “Intento ayudarte.”
De repente, el scouter del Rey le alerta de una comunicación entrante. Vegeta lo agarra de su cinturón y se lo coloca en la oreja.

– “Está bien, déjale pasar” – dice el Rey.
Las gigantescas puertas de la sala se abren para dar paso a un saiyajín fortachón.

– “Bienvenido, Nappa” – dice el Rey. – “¿Ha ido todo bien?”
– “Su Majestad” – saluda Nappa colocando el puño en su pecho, sobre su corazón. – “La misión ha sido un éxito. El Príncipe Vegeta sigue sorprendiéndome cada día.”
– “Eso son buenas noticias” – suspira Vegeta.
– “Muy buenas” – añade Páragus.
El dispositivo del Rey vuelve a emitir una señal y éste responde. El mensaje parece preocuparle.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta su hombre de confianza.
– “Hay problemas en el planeta Seth” – dice Vegeta.
– “¿Quién está ahí?” – pregunta Páragus.
– “El equipo de Bardock” – responde el Rey.
– “Son guerreros de clase baja, pero no deberían tener problemas…” – reflexiona Páragus.
– “Deje que yo me encargue, señor” – interviene Nappa.
Páragus y Vegeta escuchan al soldado.

– “Mi próxima misión es dentro de cinco días.” – explica Nappa. – “En ese tiempo puedo viajar hasta Seth y solucionar el problema.”
– “¿Estás seguro?” – pregunta Páragus.
– “Sí, señor” – responde Nappa. – “Incluso puede que esos dos debiluchos aprendan algo.” – se burla confiado.

El Rey Vegeta accede a la propuesta de Nappa y éste se marcha con intención de prepararse para la misión.
Al abandonar la sala del trono, el guerrero saiyajín se topa topa con el Príncipe Vegeta.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta el joven.
– “Voy a encargarme de un asunto en Seth” – responde Nappa. – “Pero estaré de vuelta para nuestra próxima misión.”
– “Eso espero” – responde Vegeta con soberbia. – “O me marcharé sin ti”.
– “Sí, señor” – asiente Nappa.
El joven Príncipe sigue caminando hacia la sala del trono y ahora se cruza con Páragus.

– “¡Príncipe Vegeta!” – saluda el saiyajín.
– “Tío Páragus” – responde el Príncipe sin detenerse.
– “Ya he oído las nuevas” – le felicita Páragus. – “¡Enhorabuena por la victoria!”
– “Fue fácil” – responde Vegeta.
– “A este paso, ¡puede que te conviertas en el Súper Saiyajín de la leyenda!” – dice su tío.
Vegeta detiene el paso.

– “Siempre hablas de esa historia” – dice el Príncipe. – “Es solo un mito.”
– “Es un conocimiento que se ha transmitido de generación en generación” – responde Páragus. – “El Súper Saiyajín aparece cada mil años. ¿Quién sabe? Puede que tú seas ese súper guerrero.”
– “Un Súper Saiyajín…” – murmura Vegeta.
En ese instante, el Rey interrumpe la conversación.

– “¡Páragus!” – exclama el Rey. – “Basta de cháchara.”
– “Padre” – saluda el Príncipe.
– “Tenemos mucho de qué hablar” – dice el Rey.
Páragus se aleja, pero el joven Vegeta sigue observándole de reojo. Sin duda esa historia ha despertado cierto interés en él.

ESPECIAL DBSNL // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Subordinados

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte II: Subordinados
“No puedo soportar esta humillación ni un minuto más”


Una nave Imperial sobrevuela el planeta Vegeta.
Vegeta y Páragus, vestidos con armaduras del Imperio, caminan por el largo pasillo principal de la nave escoltados por soldados de Freezer.
En una enorme sala con un gigantesco ojo de buey, el tirano les espera sentado en su trono flotante y admirando el paisaje, acompañado de sus dos hombres de confianza: Zarbon y Dodoria.
Los dos saiyajín son recibidos y enseguida se arrodillan ante el tirano.

– “Señor Freezer” – saluda el Rey Vegeta mirando al suelo.
– “Rey Vegeta…” – responde el demonio del frío en tono sarcástico sin ni siquiera darse la vuelta.
– “Le informamos de que la conquista del planeta Enki ha sido un éxito” – anuncia el Rey.
– “Impresionante” – responde Freezer complacido. – “No esperaba esa noticia tan pronto.”
– “Me alegra complacerle, señor” – dice el Rey, intentando articular esas palabras con la mayor naturalidad posible.
– “Cinco planetas más estarán en sus manos en unos pocos días.” – añade Páragus.
– “Celebro esa noticia” – responde Freezer. – “Os doy mi enhorabuena”.
– “Gracias, señor” – responde el Rey.
– “Podéis retiraros” – sentencia Freezer.
Los dos saiyajín abandonan la sala dejando al tirano a solas con sus hombres.

– “Parece que al final han sido una incorporación muy provechosa” – se burla Dodoria.  Y la tecnología tsufur es una maravilla  añade mientras estira el cuello elástico de su armadura.
Su compañero no parece convencido.

– “¿Qué ocurre, Zarbon?” – le pregunta Freezer.
– “Sus resultados son cada vez mejores” – responde el soldado.
– “¿Y eso es malo?” – pregunta Dodoria confuso.
– “Parece que cada vez son más fuertes” – insiste Zarbon. – “Es como si su fuerza aumentara con cada derrota. Además, parece que cada nueva generación tiene un potencial mayor que la anterior.”
– “¿Lo dices por ese mocoso hijo del Rey?” – pregunta Dodoria, que no se toma en serio a su compañero.
– “El joven Vegeta está muy por encima de la media” – responde Zarbon. – “Si en un futuro ascendiese al trono y convenciera a los demás para luchar, podría ser un problema.”
– “¡Jajaja!” – se ríe Dodoria. – “¿Crees que esos animales son capaces de plantarnos cara? Te tenía por alguien más valiente, Zarbon.”
– “No soy ajeno a esa idea” – le interrumpe Freezer. – “De momento, son útiles. Disfrutan peleando y masacrando planetas, y yo les premio por ello. Están controlados.” – sentencia esbozando una sonrisa.
Vegeta y Páragus bajan de la nave que los ha llevado de vuelta al Palacio Real y caminan hacia la sala del trono.

– “No puedo soportar esta humillación ni un minuto más” – refunfuña Páragus.
– “Tranquilo, amigo” – intenta calmarle Vegeta. – “De momento Freezer está cumpliendo su palabra. Incluso nos ha dejado mantener el nombre del planeta.”
– “No dejes que tu ego te ciegue, Vegeta” – responde Páragus. – “Está jugando con nosotros.”
– “¡¿Crees que no lo sé?!” – exclama el Rey, que no puede fingir más. – “Las cosas nos están saliendo bien. ¡Los muy idiotas nos están entrenando! ¡Nos han facilitado todas las herramientas que los llevarán a su caída!”
– “Es cierto que los bebés de infiltración y los niños soldado están funcionando” – dice Páragus. – “Nuestros hombres son cada vez más fuertes. Pero estamos perdiendo nuestra tradición. ¡El espíritu de nuestra raza está cayendo presa de las comodidades que nos ofrece el Imperio! ¡Se les está olvidando el objetivo de todo esto!”
– “Siguen siendo saiyajín” – responde el Rey.
– “¡No lo tengo tan claro!” – le increpa Páragus. – “Si dejan de ver al Imperio como el enemigo, seremos esclavos para siempre.”
Vegeta llega hasta el trono y se sienta en él, cabizbajo y pensativo.

– “¿Qué propones?” – pregunta el Rey.
– “La leyenda del Súper Saiyajín puede darnos esperanza.” – responde Páragus.
– “¿Otra vez con eso?” – suspira Vegeta. – “Son historias para niños.”
– “Tu hijo es el mejor ejemplo de que cada vez somos más fuertes.” – insiste Páragus. – “Siendo un crío ya tiene más fuerza que muchos de nuestros mejores hombres.”
– “Ha entrenado muy duro” – responde el Rey.
– “Parece que él sí entiende lo que hay en juego.” – dice Páragus.
– “¡Suficiente!” – exclama Vegeta poniéndose en pie.
Páragus no se deja intimidar.

– “¡Necesitamos al Súper Saiyajín!” – exclama Páragus.
– “¡Estoy haciéndolo lo mejor que puedo!” – responde el Rey golpeando el reposabrazos del trono de piedra y partiéndolo. – “¡No puedo hacerlo solo, Páragus!”
– “No tienes que hacerlo solo” – responde Páragus suavizando su tono. – “Intento ayudarte.”
De repente, el scouter del Rey le alerta de una comunicación entrante. Vegeta lo agarra de su cinturón y se lo coloca en la oreja.

– “Está bien, déjale pasar” – dice el Rey.
Las gigantescas puertas de la sala se abren para dar paso a un saiyajín fortachón.

– “Bienvenido, Nappa” – dice el Rey. – “¿Ha ido todo bien?”
– “Su Majestad” – saluda Nappa colocando el puño en su pecho, sobre su corazón. – “La misión ha sido un éxito. El Príncipe Vegeta sigue sorprendiéndome cada día.”
– “Eso son buenas noticias” – suspira Vegeta.
– “Muy buenas” – añade Páragus.
El dispositivo del Rey vuelve a emitir una señal y éste responde. El mensaje parece preocuparle.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta su hombre de confianza.
– “Hay problemas en el planeta Seth” – dice Vegeta.
– “¿Quién está ahí?” – pregunta Páragus.
– “El equipo de Bardock” – responde el Rey.
– “Son guerreros de clase baja, pero no deberían tener problemas…” – reflexiona Páragus.
– “Deje que yo me encargue, señor” – interviene Nappa.
Páragus y Vegeta escuchan al soldado.

– “Mi próxima misión es dentro de cinco días.” – explica Nappa. – “En ese tiempo puedo viajar hasta Seth y solucionar el problema.”
– “¿Estás seguro?” – pregunta Páragus.
– “Sí, señor” – responde Nappa. – “Incluso puede que esos dos debiluchos aprendan algo.” – se burla confiado.

El Rey Vegeta accede a la propuesta de Nappa y éste se marcha con intención de prepararse para la misión.
Al abandonar la sala del trono, el guerrero saiyajín se topa topa con el Príncipe Vegeta.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta el joven.
– “Voy a encargarme de un asunto en Seth” – responde Nappa. – “Pero estaré de vuelta para nuestra próxima misión.”
– “Eso espero” – responde Vegeta con soberbia. – “O me marcharé sin ti”.
– “Sí, señor” – asiente Nappa.
El joven Príncipe sigue caminando hacia la sala del trono y ahora se cruza con Páragus.

– “¡Príncipe Vegeta!” – saluda el saiyajín.
– “Tío Páragus” – responde el Príncipe sin detenerse.
– “Ya he oído las nuevas” – le felicita Páragus. – “¡Enhorabuena por la victoria!”
– “Fue fácil” – responde Vegeta.
– “A este paso, ¡puede que te conviertas en el Súper Saiyajín de la leyenda!” – dice su tío.
Vegeta detiene el paso.

– “Siempre hablas de esa historia” – dice el Príncipe. – “Es solo un mito.”
– “Es un conocimiento que se ha transmitido de generación en generación” – responde Páragus. – “El Súper Saiyajín aparece cada mil años. ¿Quién sabe? Puede que tú seas ese súper guerrero.”
– “Un Súper Saiyajín…” – murmura Vegeta.
En ese instante, el Rey interrumpe la conversación.

– “¡Páragus!” – exclama el Rey. – “Basta de cháchara.”
– “Padre” – saluda el Príncipe.
– “Tenemos mucho de qué hablar” – dice el Rey.
Páragus se aleja, pero el joven Vegeta sigue observándole de reojo. Sin duda esa historia ha despertado cierto interés en él.