ESPECIAL DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte V: Golpe de estado

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte V: Golpe de estado
“Un Súper Saiyajín…”


Con el paso de los años, la relación entre el Rey Vegeta y Páragus, aunque siempre cordial, se ha ido enfriando. La desconfianza entre ambos aumenta. El Rey ya no se fía del que fue su amigo y hombre de confianza. Por su parte, Páragus considera que la conformidad de Vegeta está condenando a los saiyajín, y ha planeado durante años el momento perfecto para destronarle, confiando en que el Príncipe, gracias a su espíritu, sea la luz que guiará a los saiyajín a una nueva etapa de esplendor. 
Páragus se encuentra frente a sus seguidores, animándolos.

– “¡Hoy es el gran día!” – exclama Páragus, que es coreado por sus hombres. – “¡Hoy tomaremos de nuevo el control de nuestras vidas! ¡Devolveremos el resplandor a los saiyajín! ¡Recuperaremos nuestro espíritu!”
Mientras tanto, el escuadrón de Bardock acaba de llegar de una misión.

– “Tenemos cinco días libres” – dice Panppukin. – “Voy a beber hasta que pierda el conocimiento”.
– “¡JAJA!” – ríe Toteppo. – “¡Me apunto!”
– “Mal momento para buscar juergas, chicos” – replica Toma. – “La mayoría de soldados parecen estar fuera, en alguna misión.”
– “¡Más mujeres para nosotros!” – celebra Panppukin.
– “¿Qué vas a hacer tú, Bardock?” – pregunta Seripa.
– “¡Eso!” – insiste Panppukin. – “¿Te unes a nosotros?”
– “Tu hijo nacerá pronto, ¿no es así?” – recuerda Toma. – “¡Deberías celebrarlo!” 
– “Aún faltan varias semanas” – responde el saiyajín. – “Aprovecharé estos días para descansar.”
– “Es una buena idea” – dice Seripa. – “Ekur y Kanassa no serán fáciles de conquistar”.
En la nave imperial, Freezer se encuentra reunido con Dodoria y Zarbon, que ponen al día al tirano sobre los avances de sus negocios.

– “Los saiyajín siguen en auge, señor” – explica Dodoria. – “Odio a esos monos, pero admito que fueron una gran adquisición.”
– “Temo que eso pueda cambiar pronto…” – replica Zarbon. – “Nuestros informadores indican que hay división en sus filas.”
El comentario llama la atención de Freezer.

– “¿División?” – pregunta el demonio del frío.
– “Una de sus facciones más tradicional parece que quiere tomar el control” – explica Zarbon. – “Pero, si usted da la orden, podríamos ayudar al Rey Vegeta a aplacar la posible rebelión.” – sugiere.
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “¿Y qué pretenden? Les he dado guerra y comodidades. ¿No es eso lo que anhelan los saiyajín?”
– “Son unos desagradecidos” – refunfuña Dodoria. – “¡Dejemos que se maten entre ellos!”
– “Según los rumores, pretenden que el Príncipe Vegeta tome el mando” – continúa Zarbon. – “Y no dejan de hablar de algo a lo que llaman el Súper Saiyajín”.
Dodoria estalla en una carcajada.

– “¿Y qué eso?” – se burla el soldado. – “Suena ridículo”.
– “Al parecer, es una leyenda del folclore tradicional saiyajín” – explica Zarbon. – “Según cuenta la historia, cada mil años aparece un guerrero saiyajín con un poder extraordinario”.
– “¡Bobadas!” – exclama Dodoria.
Freezer acerca su silla al ojo de buey de la nave y mira al espacio mientras parece meditar las palabras de Zarbon.

– “Un Súper Saiyajín…” – murmura el tirano.
– “Es posible que crean que ese súper guerrero podría ser el Príncipe Vegeta?” – añade Zarbon. 
– “Señor” – interviene Dodoria. – “Son solo cuentos para niños… Pero si le preocupa, ordenaremos el asesinato de ese crío.”
– “No” – responde Freezer de forma tajante. – “Eso haría que los saiyajín se unieran contra mí.”
– “¿Y qué sugiere, señor?” – pregunta Zarbon.
Freezer esboza una terrorífica sonrisa.
En el planeta Vegeta, un grupo de saiyajín vestidos con las armaduras tradicionales de cuero ozaru está dando una paliza a un joven Raditz en mitad de la calle. El chico viste una armadura del Imperio. 

– “¡Quítate esa armadura!” – grita uno de los saiyajín, que le empuja.
– “¡¿Es que no eres un saiyajín?!” – se burla otro antes de golpearle y tirarle al suelo.
– “¡A lo mejor prefiere ser un soldado de Freezer! ¡JAJAJA!” – ríe un tercero mientras le propina una patada en el abdomen.
– “Escoria de clase baja” – murmura otro. – “¿Crees que ser fiel al Imperio te hace mejor que nosotros?”
Raditz, magullado, intenta levantarse.

– “¡Eres basura!” – exclama uno de los abusones, que se dispone a propinarle un puñetazo.
En el último instante, alguien ha detenido el golpe.

– “B… Bardock…” – titubea el abusón al ver al saiyajín.
– “¿Hay algún problema?” – pregunta Bardock en tono desafiante.
– “Tu hijo se niega a unirse a nosotros” – responde otro. – “¡Es un traidor!”
– “Yo… Solo iba a una misión…” – se excusa Raditz.
– “¡Se acabaron las misiones!” – insiste otro.
Bardock mira de reojo a su hijo.

– “Márchate” – le dice a Raditz.
– “¡¿Cómo?!” – se escandaliza uno de los saiyajín. – “¡¿Tu también nos traicionas?!”
Raditz corre hacia el puerto espacial.

– “No sé de que trata todo esto, pero no me interesa” – dice Bardock. – “¡Largaos!”.
– “¡¿Nos das la espalda?!” – le pregunta el saiyajín alarmado.
Uno de los saiyajín alza su mano apuntando al hijo de Bardock.

– “¡Esa sabandija no escapará!” – grita el saiyajín, furioso.
Bardock aparece frente a él y le agarra el brazo.

– “Os he dado una oportunidad…” – susurra Bardock.
Mientras tanto, una horda de saiyajín tradicionales avanza hacia el Palacio Real.
El Rey Vegeta, en la sala del trono, se sorprende al escuchar las explosiones en el exterior.

– “¿Qué está ocurriendo?” – pregunta el Rey.
– “¡Nos atacan!” – exclama un soldado.
– “¿Invasores?” – pregunta Su Majestad.
De repente, la pared de la sala del trono estalla en mil pedazos y dos saiyajín entran en el palacio.

– “¡¿Qué es esto?!” – pregunta Vegeta. – “¡¿Traición?!”
Los saiyajín atacan al Rey, pero Vegeta consigue noquearles con relativa facilidad.
Páragus entra en la sala del trono.

– “¡Páragus!” – exclama el Su Majestad. – “¡Nos atacan!”
El hombre de confianza del Rey alza su mano y le dispara, haciendo que éste choque contra el trono de piedra, partiéndolo por la mitad.

– “Lo siento, viejo amigo” – dice Páragus, que parece dolido por sus propias acciones. – “Es por el bien de nuestra gente”.
– “Lo tenías… Lo tenías todo planeado…” – murmura Vegeta, que fracasa al intentar levantarse.

Uno de los hombres de Páragus entra en la sala del trono.

– “Hemos tomado el palacio, señor Páragus” – anuncia el soldado.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta Vegeta. – “¿Ser Rey?”
– “No” – responde Páragus. – “El Príncipe Vegeta gobernará.”
– “¿Mi hijo?” – se sorprende el Rey. – “No está preparado… Es joven e impulsivo.” – explica. – “Si os enfrentáis a Freezer, será el fin…”
En ese instante, nuevas explosiones ocurren en el exterior y sorprenden a ambos contendientes.
Páragus se acerca al boquete de la pared y ve como varios saiyajín se están enfrentando a sus hombres en los jardines del palacio.

– “Pero, ¿quiénes son esos?” – se pregunta el líder rebelde.
De repente, un ataque de ki impacta en Páragus y le noquea. El Rey se sorprende al ver que han llegado unos refuerzos inesperados. Acto seguido, Bardock entra a la sala del trono por la misma apertura.
Páragus, ahora malherido, se pone en pie.

– “Idiota…” – murmura el rebelde. – “¿Por qué le defiendes? Estás condenando a nuestra raza…”
Bardock no responde.

– “Eres… un guerrero de clase baja…” – continúa Páragus. – “Deberías estar de nuestro lado… ¡¿Es que no tienes orgullo saiyajín?!”
– “No me importan tus complejos” – responde Bardock. – “Tus hombres han convertido esto en algo personal.”
El Rey les interrumpe.

– “Me has traicionado, Páragus…” – interviene Vegeta.
– “El Súper Saiyajín…” – insiste Páragus. – “El Súper Saiyajín de la leyenda está apunto de aparecer…”
– “Esos cuentos han envenenado tu mente, viejo amigo” – responde el Rey, que ha conseguido levantarse.

Páragus, que ha visto su triunfo muy cerca, no puede evitar llorar de rabia.

– “Estáis condenando a nuestra raza…” – insiste Páragus. – “Estáis convirtiendo a nuestros hijos en esclavos…”
Bardock parece tener un momento de duda. Aunque los hombres de Páragus hayan atacado a su familia, él comparte su sentimiento de impotencia.
Páragus aprovecha el momento de confusión para lanzar un ataque al techo, que se derrumba sobre Bardock y Vegeta.
Los dos saiyajín logran salir de entre los escombros en unos minutos, pero el líder rebelde ya ha escapado.

– “Maldición…” – lamenta Su Majestad.
– “Está herido” – dice Bardock, que puede ver un rastro de sangre en el suelo. – “No irá muy lejos.”
El Rey se acerca al joven saiyajín y coloca la mano en su hombro.

– “Gracias, Bardock” – dice el Rey.
– “Me sorprende que sepas mi nombre” – dice Bardock con cierto desdén.
– “Perdonaré está insolencia…” – responde el Rey. – “Ya que te debo la vida” – sonríe.
Varios saiyajín de la corte, que han sobrevivido al ataque rebele, entran a socorrer al Rey.

– “¡Su Majestad!” – exclama uno. – “¿Está usted bien?”
– “¡Apártate!” – le dice otro a Bardock, empujándole. 
– “¿Está usted bien, Rey Vegeta?” – pregunta un tercero.
Bardock se aleja lentamente y sale de palacio. Pronto es recibido por el resto de su escuadrón.

– “¿Van a premiarnos?” – pregunta Panppukin.
– “Lo dudo” – responde Bardock.
– “Ha sido divertido” – sonríe Toma.
– “Luchar contra otros saiyajín es extraño…” – dice Seripa. – “Pero admito que es bastante satisfactorio.” – sonríe de forma chulesca.
Mientras tanto, Páragus ha logrado llegar hasta una cápsula en el puerto espacial y se prepara para huir.

– “Esto no ha terminado…” – piensa Páragus mientras programa la ruta de viaje en el ordenador de la nave. – “Algún día pagarás por esto, Vegeta.”
La nave se eleva mientras es rodeada por múltiples saiyajín, que disparan sin cesar contra el aparato, pero ninguno consigue alcanzarlo. La nave desaparece en el cielo en un instante.
Cerca de allí, el escuadrón de Bardock ha contemplado la escena.

– “Ha huido” – dice Toma.
– “Cobarde” – añade Toteppo.
Bardock sigue en silencio. Simplemente mira al cielo ensimismado, pensando en las palabras de Páragus.

Tras semanas de viaje, Páragus llega a un remoto planeta desértico. Su superficie parece estar hecha de una roca amarilla anaranjada, posiblemente rica en azufre. 
Al aterrizar, el saiyajín sale de su nave, casi sin fuerzas, y cae al suelo tras dar unos pocos pasos. Dos figuras encapuchadas salen de una gruta cercana y se acercan a él.

Mientras tanto, en un planeta en guerra, el Príncipe Vegeta recibe las noticias a través de su scouter.

– “Un golpe de estado, ¿eh?” – murmura el Príncipe – “Ridículo.”

Unas horas después, Páragus despierta en una cueva. Varios hombres cubiertos por capas marrones hechas de viejos harapos le rodean.

– “Ya ha despertado” – anuncia uno.
– “¿Cómo te sientes, Páragus?” – le pregunta otro.
– “Siento haberos fallado” – murmura el saiyajín.
– “No lo has hecho” – le corrige el primero. – “Nos has mostrado el camino”.
Los dos personajes se acercan a Páragus y resultan ser saiyajín. Uno de ellos es Leek.
Entre los dos le ayudan a levantarse.

– “Tu gente te espera” – dice Leek.

Páragus camina por una gruta hasta llegar a una cueva más grande, en la que decenas de saiyajín le reciben con honores.

– “¡Páragus! ¡Páragus!” – corean su nombre.
El saiyajín alza su mano y todos se quedan en silencio.

– “Hoy, hermanos, la raza saiyajín ha caído en desgracia” – explica Páragus. – “Pero renaceremos de nuestras cenizas. ¡El Súper Saiyajín nos salvará! ¡Él no abandonará a su raza! Hasta ahora creía que ese guerrero podría ser el Príncipe Vegeta… ¡Pero me equivocaba! ¡Estoy seguro de que el Súper Saiyajín nacerá entre nosotros! ¡Su pueblo!”
La gente celebra enloquecida.

– “Y gracias a él, ¡tendremos justicia!” – grita Páragus. – “¡El Rey Vegeta pagará su traición! Y después… “¡¡Acabaremos con Freezer!!”

ESPECIAL DBSNL /// Kingdome come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Golpe de estado

Kingdom come / Parte V: Golpe de estado
“Un Súper Saiyajín…”


Con el paso de los años, la relación entre el Rey Vegeta y Páragus, aunque siempre cordial, se ha ido enfriando. La desconfianza entre ambos aumenta. El Rey ya no se fía del que fue su amigo y hombre de confianza. Por su parte, Páragus considera que la conformidad de Vegeta está condenando a los saiyajín, y ha planeado durante años el momento perfecto para destronarle, confiando en que el Príncipe, gracias a su espíritu, sea la luz que guiará a los saiyajín a una nueva etapa de esplendor. 
Páragus se encuentra frente a sus seguidores, animándolos.

– “¡Hoy es el gran día!” – exclama Páragus, que es coreado por sus hombres. – “¡Hoy tomaremos de nuevo el control de nuestras vidas! ¡Devolveremos el resplandor a los saiyajín! ¡Recuperaremos nuestro espíritu!”
Mientras tanto, el escuadrón de Bardock acaba de llegar de una misión.

– “Tenemos cinco días libres” – dice Panppukin. – “Voy a beber hasta que pierda el conocimiento”.
– “¡JAJA!” – ríe Toteppo. – “¡Me apunto!”
– “Mal momento para buscar juergas, chicos” – replica Toma. – “La mayoría de soldados parecen estar fuera, en alguna misión.”
– “¡Más mujeres para nosotros!” – celebra Panppukin.
– “¿Qué vas a hacer tú, Bardock?” – pregunta Seripa.
– “¡Eso!” – insiste Panppukin. – “¿Te unes a nosotros?”
– “Tu hijo nacerá pronto, ¿no es así?” – recuerda Toma. – “¡Deberías celebrarlo!” 
– “Aún faltan varias semanas” – responde el saiyajín. – “Aprovecharé estos días para descansar.”
– “Es una buena idea” – dice Seripa. – “Ekur y Kanassa no serán fáciles de conquistar”.
En la nave imperial, Freezer se encuentra reunido con Dodoria y Zarbon, que ponen al día al tirano sobre los avances de sus negocios.

– “Los saiyajín siguen en auge, señor” – explica Dodoria. – “Odio a esos monos, pero admito que fueron una gran adquisición.”
– “Temo que eso pueda cambiar pronto…” – replica Zarbon. – “Nuestros informadores indican que hay división en sus filas.”
El comentario llama la atención de Freezer.

– “¿División?” – pregunta el demonio del frío.
– “Una de sus facciones más tradicional parece que quiere tomar el control” – explica Zarbon. – “Pero, si usted da la orden, podríamos ayudar al Rey Vegeta a aplacar la posible rebelión.” – sugiere.
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “¿Y qué pretenden? Les he dado guerra y comodidades. ¿No es eso lo que anhelan los saiyajín?”
– “Son unos desagradecidos” – refunfuña Dodoria. – “¡Dejemos que se maten entre ellos!”
– “Según los rumores, pretenden que el Príncipe Vegeta tome el mando” – continúa Zarbon. – “Y no dejan de hablar de algo a lo que llaman el Súper Saiyajín”.
Dodoria estalla en una carcajada.

– “¿Y qué eso?” – se burla el soldado. – “Suena ridículo”.
– “Al parecer, es una leyenda del folclore tradicional saiyajín” – explica Zarbon. – “Según cuenta la historia, cada mil años aparece un guerrero saiyajín con un poder extraordinario”.
– “¡Bobadas!” – exclama Dodoria.
Freezer acerca su silla al ojo de buey de la nave y mira al espacio mientras parece meditar las palabras de Zarbon.

– “Un Súper Saiyajín…” – murmura el tirano.
– “Es posible que crean que ese súper guerrero podría ser el Príncipe Vegeta?” – añade Zarbon. 
– “Señor” – interviene Dodoria. – “Son solo cuentos para niños… Pero si le preocupa, ordenaremos el asesinato de ese crío.”
– “No” – responde Freezer de forma tajante. – “Eso haría que los saiyajín se unieran contra mí.”
– “¿Y qué sugiere, señor?” – pregunta Zarbon.
Freezer esboza una terrorífica sonrisa.
En el planeta Vegeta, un grupo de saiyajín vestidos con las armaduras tradicionales de cuero ozaru está dando una paliza a un joven Raditz en mitad de la calle. El chico viste una armadura del Imperio. 

– “¡Quítate esa armadura!” – grita uno de los saiyajín, que le empuja.
– “¡¿Es que no eres un saiyajín?!” – se burla otro antes de golpearle y tirarle al suelo.
– “¡A lo mejor prefiere ser un soldado de Freezer! ¡JAJAJA!” – ríe un tercero mientras le propina una patada en el abdomen.
– “Escoria de clase baja” – murmura otro. – “¿Crees que ser fiel al Imperio te hace mejor que nosotros?”
Raditz, magullado, intenta levantarse.

– “¡Eres basura!” – exclama uno de los abusones, que se dispone a propinarle un puñetazo.
En el último instante, alguien ha detenido el golpe.

– “B… Bardock…” – titubea el abusón al ver al saiyajín.
– “¿Hay algún problema?” – pregunta Bardock en tono desafiante.
– “Tu hijo se niega a unirse a nosotros” – responde otro. – “¡Es un traidor!”
– “Yo… Solo iba a una misión…” – se excusa Raditz.
– “¡Se acabaron las misiones!” – insiste otro.
Bardock mira de reojo a su hijo.

– “Márchate” – le dice a Raditz.
– “¡¿Cómo?!” – se escandaliza uno de los saiyajín. – “¡¿Tu también nos traicionas?!”
Raditz corre hacia el puerto espacial.

– “No sé de que trata todo esto, pero no me interesa” – dice Bardock. – “¡Largaos!”.
– “¡¿Nos das la espalda?!” – le pregunta el saiyajín alarmado.
Uno de los saiyajín alza su mano apuntando al hijo de Bardock.

– “¡Esa sabandija no escapará!” – grita el saiyajín, furioso.
Bardock aparece frente a él y le agarra el brazo.

– “Os he dado una oportunidad…” – susurra Bardock.
Mientras tanto, una horda de saiyajín tradicionales avanza hacia el Palacio Real.
El Rey Vegeta, en la sala del trono, se sorprende al escuchar las explosiones en el exterior.

– “¿Qué está ocurriendo?” – pregunta el Rey.
– “¡Nos atacan!” – exclama un soldado.
– “¿Invasores?” – pregunta Su Majestad.
De repente, la pared de la sala del trono estalla en mil pedazos y dos saiyajín entran en el palacio.

– “¡¿Qué es esto?!” – pregunta Vegeta. – “¡¿Traición?!”
Los saiyajín atacan al Rey, pero Vegeta consigue noquearles con relativa facilidad.
Páragus entra en la sala del trono.

– “¡Páragus!” – exclama el Su Majestad. – “¡Nos atacan!”
El hombre de confianza del Rey alza su mano y le dispara, haciendo que éste choque contra el trono de piedra, partiéndolo por la mitad.

– “Lo siento, viejo amigo” – dice Páragus, que parece dolido por sus propias acciones. – “Es por el bien de nuestra gente”.
– “Lo tenías… Lo tenías todo planeado…” – murmura Vegeta, que fracasa al intentar levantarse.

Uno de los hombres de Páragus entra en la sala del trono.

– “Hemos tomado el palacio, señor Páragus” – anuncia el soldado.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta Vegeta. – “¿Ser Rey?”
– “No” – responde Páragus. – “El Príncipe Vegeta gobernará.”
– “¿Mi hijo?” – se sorprende el Rey. – “No está preparado… Es joven e impulsivo.” – explica. – “Si os enfrentáis a Freezer, será el fin…”
En ese instante, nuevas explosiones ocurren en el exterior y sorprenden a ambos contendientes.
Páragus se acerca al boquete de la pared y ve como varios saiyajín se están enfrentando a sus hombres en los jardines del palacio.

– “Pero, ¿quiénes son esos?” – se pregunta el líder rebelde.
De repente, un ataque de ki impacta en Páragus y le noquea. El Rey se sorprende al ver que han llegado unos refuerzos inesperados. Acto seguido, Bardock entra a la sala del trono por la misma apertura.
Páragus, ahora malherido, se pone en pie.

– “Idiota…” – murmura el rebelde. – “¿Por qué le defiendes? Estás condenando a nuestra raza…”
Bardock no responde.

– “Eres… un guerrero de clase baja…” – continúa Páragus. – “Deberías estar de nuestro lado… ¡¿Es que no tienes orgullo saiyajín?!”
– “No me importan tus complejos” – responde Bardock. – “Tus hombres han convertido esto en algo personal.”
El Rey les interrumpe.

– “Me has traicionado, Páragus…” – interviene Vegeta.
– “El Súper Saiyajín…” – insiste Páragus. – “El Súper Saiyajín de la leyenda está apunto de aparecer…”
– “Esos cuentos han envenenado tu mente, viejo amigo” – responde el Rey, que ha conseguido levantarse.

Páragus, que ha visto su triunfo muy cerca, no puede evitar llorar de rabia.

– “Estáis condenando a nuestra raza…” – insiste Páragus. – “Estáis convirtiendo a nuestros hijos en esclavos…”
Bardock parece tener un momento de duda. Aunque los hombres de Páragus hayan atacado a su familia, él comparte su sentimiento de impotencia.
Páragus aprovecha el momento de confusión para lanzar un ataque al techo, que se derrumba sobre Bardock y Vegeta.
Los dos saiyajín logran salir de entre los escombros en unos minutos, pero el líder rebelde ya ha escapado.

– “Maldición…” – lamenta Su Majestad.
– “Está herido” – dice Bardock, que puede ver un rastro de sangre en el suelo. – “No irá muy lejos.”
El Rey se acerca al joven saiyajín y coloca la mano en su hombro.

– “Gracias, Bardock” – dice el Rey.
– “Me sorprende que sepas mi nombre” – dice Bardock con cierto desdén.
– “Perdonaré está insolencia…” – responde el Rey. – “Ya que te debo la vida” – sonríe.
Varios saiyajín de la corte, que han sobrevivido al ataque rebele, entran a socorrer al Rey.

– “¡Su Majestad!” – exclama uno. – “¿Está usted bien?”
– “¡Apártate!” – le dice otro a Bardock, empujándole. 
– “¿Está usted bien, Rey Vegeta?” – pregunta un tercero.
Bardock se aleja lentamente y sale de palacio. Pronto es recibido por el resto de su escuadrón.

– “¿Van a premiarnos?” – pregunta Panppukin.
– “Lo dudo” – responde Bardock.
– “Ha sido divertido” – sonríe Toma.
– “Luchar contra otros saiyajín es extraño…” – dice Seripa. – “Pero admito que es bastante satisfactorio.” – sonríe de forma chulesca.
Mientras tanto, Páragus ha logrado llegar hasta una cápsula en el puerto espacial y se prepara para huir.

– “Esto no ha terminado…” – piensa Páragus mientras programa la ruta de viaje en el ordenador de la nave. – “Algún día pagarás por esto, Vegeta.”
La nave se eleva mientras es rodeada por múltiples saiyajín, que disparan sin cesar contra el aparato, pero ninguno consigue alcanzarlo. La nave desaparece en el cielo en un instante.
Cerca de allí, el escuadrón de Bardock ha contemplado la escena.

– “Ha huido” – dice Toma.
– “Cobarde” – añade Toteppo.
Bardock sigue en silencio. Simplemente mira al cielo ensimismado, pensando en las palabras de Páragus.

Tras semanas de viaje, Páragus llega a un remoto planeta desértico. Su superficie parece estar hecha de una roca amarilla anaranjada, posiblemente rica en azufre. 
Al aterrizar, el saiyajín sale de su nave, casi sin fuerzas, y cae al suelo tras dar unos pocos pasos. Dos figuras encapuchadas salen de una gruta cercana y se acercan a él.

Mientras tanto, en un planeta en guerra, el Príncipe Vegeta recibe las noticias a través de su scouter.

– “Un golpe de estado, ¿eh?” – murmura el Príncipe – “Ridículo.”

Unas horas después, Páragus despierta en una cueva. Varios hombres cubiertos por capas marrones hechas de viejos harapos le rodean.

– “Ya ha despertado” – anuncia uno.
– “¿Cómo te sientes, Páragus?” – le pregunta otro.
– “Siento haberos fallado” – murmura el saiyajín.
– “No lo has hecho” – le corrige el primero. – “Nos has mostrado el camino”.
Los dos personajes se acercan a Páragus y resultan ser saiyajín. Uno de ellos es Leek.
Entre los dos le ayudan a levantarse.

– “Tu gente te espera” – dice Leek.

Páragus camina por una gruta hasta llegar a una cueva más grande, en la que decenas de saiyajín le reciben con honores.

– “¡Páragus! ¡Páragus!” – corean su nombre.
El saiyajín alza su mano y todos se quedan en silencio.

– “Hoy, hermanos, la raza saiyajín ha caído en desgracia” – explica Páragus. – “Pero renaceremos de nuestras cenizas. ¡El Súper Saiyajín nos salvará! ¡Él no abandonará a su raza! Hasta ahora creía que ese guerrero podría ser el Príncipe Vegeta… ¡Pero me equivocaba! ¡Estoy seguro de que el Súper Saiyajín nacerá entre nosotros! ¡Su pueblo!”
La gente celebra enloquecida.

– “Y gracias a él, ¡tendremos justicia!” – grita Páragus. – “¡El Rey Vegeta pagará su traición! Y después… “¡¡Acabaremos con Freezer!!”

ESPECIAL DBSNL // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Dudas

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte IV: Dudas
“¿Por qué luchamos?”
Tras varios días de viaje, el escuadrón de Bardock aterriza en el planeta Vegeta, pero pronto se dan cuenta de que algo no va bien. Una de las cápsulas no se abre. Nappa, Bardock, Toma, Seripa, Panpukkin y Toteppo han llegado sin problemas, pero Leek está inconsciente.

– “¿Qué ha pasado?” – se extraña Bardock. – “¿Te has dormido, Leek?” – dice mientras se acerca a su nave.
Al llegar a la escotilla, se da cuenta de que su compañero ha perdido el conocimiento. 

– “¡Abrid su nave!” – exclama Bardock al personal de cubierta. – “¡Sacadle de ahí!” – dice preocupado.
Nappa se da la vuelta y se aleja.

– “Escoria de clase baja” – murmura el saiyajín.
Toteppo agarra a Nappa del brazo.

– “No hables así de un compañero” – le advierte el grandullón.
– “¿Un compañero?” – se burla Nappa.
– “Leek es un saiyajín como tú” – añade Toma.
– “No me hagas reír” – responde Nappa mientras hace que Toteppo le suelte. – “Yo soy un guerreros de élite.” – añade antes de marcharse.
Bardock arrastra a Leek fuera de su nave.

– “¡Vamos! ¡Hay que llevarle a la cámara de regeneración!” – apresura a los presentes.
Mientras tanto, en el planeta Freezer-79, el tirano, acompañado por Zarbon, admira los talleres en los que se construyen las armaduras y armas de asalto de su ejército.

– “Fantástico” – sonríe el demonio del frío.
– “Con la tecnología tsufur hemos podido dar un salto de calidad extraordinario” – explica uno de los técnicos de la fábrica.
De repente, una señal en el scouter alerta a Zarbon. 

– “Señor, nos acaba de llegar un aviso de las Fuerzas Especiales Ginyu” – anuncia el soldado.
– “Espero que sean buenas noticias” – dice Freezer.
– “El Capitán Ginyu confirma la conquista del planeta Kabocha” – responde Zarbon.
– “Estupendo” – celebra Freezer. – “Las Fuerzas Ginyu nunca fallan.”
– “¡Y en solo un día!” – añade Zarbon.
Otra señal les interrumpe.

– “Otro mensaje, señor” – anuncia Zarbon. – “Es… es sobre…” – tartamudea el soldado, que teme la reacción de su señor al escuchar la noticia que él acaba de recibir. – “Es sobre su hermano”.
La sala se queda en silencio solo un instante, pero que se hace eterno para todos los presentes, a la espera de la respuesta del tirano.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Freezer.
– “Su nave ha sido vista en el Sector 42” – dice Zarbon. – “¿Debo contactar con Immega para que confirmen el avistamiento?”
– “No.” – responde Freezer tajante. – “De momento, Cooler no es mi problema. Que se encargue mi padre”.
En el planeta Kabocha, Ginyu y sus hombres se preparan para partir.

– “El equipo de reconocimiento llegará en doce días” – dice el Capitán.
– “¿No deberíamos esperarles?” – pregunta Jeese.
– “No hay nada más que hacer en este lugar” – responde Burter. – “Solo quedan escombros”.
– “Eso es porque Recoom se ha excedido” – dice Guldo.
– “Parecían más fuertes…” – intenta excusarse Recoom.
Los soldados abandonan el planeta, y entre los escombros, un niño aún con vida maldice su destino y jura venganza.
En el planeta Vegeta, Bardock y sus hombres, que ya han salido de sus respectivas cámaras de regeneración, reciben malas noticias.

– “La hoja con la que Leek fue apuñalado estaba envenenada” – dice el doctor Malaka. – “No hemos podido hacer nada por él.”
El escuadrón se queda perplejo. Nunca se habían topado con un veneno que fuera tan potente como para terminar con la vida de un saiyajín.
Bardock abandona la habitación, claramente frustrado, y sale al balcón del centro médico, donde se puede contemplar la ciudad principal del planeta. Sus compañeros le siguen.

– “Ya sabemos que esto puede ocurrir” – dice Toma.
– “Mejor él que nosotros” – intenta bromear Panppukin.
Seripa le da un codazo para que se calle, pues nota que Bardock está molesto.

– “Puede que sí” – murmura Bardock.
Bardock observa la gente en las calles de la metrópolis. Todos los saiyajín están vestidos con ropas del Imperio.

– “¿Por qué luchamos?” – pregunta Bardock.
– “¡Por diversión!” – responde Toteppo.
– “¡Por gloria!” – dice Toma.
– “¿La de quién?” – se pregunta Bardock.
En las cámaras de entrenamiento, el Príncipe Vegeta lucha contra cinco saibamen de clase B. A su alrededor, se ha creado cierta expectación. Todos los soldados presentes contemplan el increíble poder del niño prodigio. Junto a ellos, Páragus.

– “¡El Príncipe Vegeta es increíble!” – exclama un soldado.
– “¡Su poder pronto superará al de su padre!” – dice Raditz.
– “¿Será el Súper Saiyajín de la leyenda?” – se pregunta un tercero.
– “Su espíritu es fuerte” – dice Páragus. – “Será un gran Rey” – murmura. – “El Rey que necesitamos.”

ESPECIAL DBSNL /// Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Dudas

Kingdom come / Parte IV: Dudas
“¿Por qué luchamos?”
Tras varios días de viaje, el escuadrón de Bardock aterriza en el planeta Vegeta, pero pronto se dan cuenta de que algo no va bien. Una de las cápsulas no se abre. Nappa, Bardock, Toma, Seripa, Panpukkin y Toteppo han llegado sin problemas, pero Leek está inconsciente.

– “¿Qué ha pasado?” – se extraña Bardock. – “¿Te has dormido, Leek?” – dice mientras se acerca a su nave.
Al llegar a la escotilla, se da cuenta de que su compañero ha perdido el conocimiento. 

– “¡Abrid su nave!” – exclama Bardock al personal de cubierta. – “¡Sacadle de ahí!” – dice preocupado.
Nappa se da la vuelta y se aleja.

– “Escoria de clase baja” – murmura el saiyajín.
Toteppo agarra a Nappa del brazo.

– “No hables así de un compañero” – le advierte el grandullón.
– “¿Un compañero?” – se burla Nappa.
– “Leek es un saiyajín como tú” – añade Toma.
– “No me hagas reír” – responde Nappa mientras hace que Toteppo le suelte. – “Yo soy un guerreros de élite.” – añade antes de marcharse.
Bardock arrastra a Leek fuera de su nave.

– “¡Vamos! ¡Hay que llevarle a la cámara de regeneración!” – apresura a los presentes.
Mientras tanto, en el planeta Freezer-79, el tirano, acompañado por Zarbon, admira los talleres en los que se construyen las armaduras y armas de asalto de su ejército.

– “Fantástico” – sonríe el demonio del frío.
– “Con la tecnología tsufur hemos podido dar un salto de calidad extraordinario” – explica uno de los técnicos de la fábrica.
De repente, una señal en el scouter alerta a Zarbon. 

– “Señor, nos acaba de llegar un aviso de las Fuerzas Especiales Ginyu” – anuncia el soldado.
– “Espero que sean buenas noticias” – dice Freezer.
– “El Capitán Ginyu confirma la conquista del planeta Kabocha” – responde Zarbon.
– “Estupendo” – celebra Freezer. – “Las Fuerzas Ginyu nunca fallan.”
– “¡Y en solo un día!” – añade Zarbon.
Otra señal les interrumpe.

– “Otro mensaje, señor” – anuncia Zarbon. – “Es… es sobre…” – tartamudea el soldado, que teme la reacción de su señor al escuchar la noticia que él acaba de recibir. – “Es sobre su hermano”.
La sala se queda en silencio solo un instante, pero que se hace eterno para todos los presentes, a la espera de la respuesta del tirano.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Freezer.
– “Su nave ha sido vista en el Sector 42” – dice Zarbon. – “¿Debo contactar con Immega para que confirmen el avistamiento?”
– “No.” – responde Freezer tajante. – “De momento, Cooler no es mi problema. Que se encargue mi padre”.
En el planeta Kabocha, Ginyu y sus hombres se preparan para partir.

– “El equipo de reconocimiento llegará en doce días” – dice el Capitán.
– “¿No deberíamos esperarles?” – pregunta Jeese.
– “No hay nada más que hacer en este lugar” – responde Burter. – “Solo quedan escombros”.
– “Eso es porque Recoom se ha excedido” – dice Guldo.
– “Parecían más fuertes…” – intenta excusarse Recoom.
Los soldados abandonan el planeta, y entre los escombros, un niño aún con vida maldice su destino y jura venganza.
En el planeta Vegeta, Bardock y sus hombres, que ya han salido de sus respectivas cámaras de regeneración, reciben malas noticias.

– “La hoja con la que Leek fue apuñalado estaba envenenada” – dice el doctor Malaka. – “No hemos podido hacer nada por él.”
El escuadrón se queda perplejo. Nunca se habían topado con un veneno que fuera tan potente como para terminar con la vida de un saiyajín.
Bardock abandona la habitación, claramente frustrado, y sale al balcón del centro médico, donde se puede contemplar la ciudad principal del planeta. Sus compañeros le siguen.

– “Ya sabemos que esto puede ocurrir” – dice Toma.
– “Mejor él que nosotros” – intenta bromear Panppukin.
Seripa le da un codazo para que se calle, pues nota que Bardock está molesto.

– “Puede que sí” – murmura Bardock.
Bardock observa la gente en las calles de la metrópolis. Todos los saiyajín están vestidos con ropas del Imperio.

– “¿Por qué luchamos?” – pregunta Bardock.
– “¡Por diversión!” – responde Toteppo.
– “¡Por gloria!” – dice Toma.
– “¿La de quién?” – se pregunta Bardock.
En las cámaras de entrenamiento, el Príncipe Vegeta lucha contra cinco saibamen de clase B. A su alrededor, se ha creado cierta expectación. Todos los soldados presentes contemplan el increíble poder del niño prodigio. Junto a ellos, Páragus.

– “¡El Príncipe Vegeta es increíble!” – exclama un soldado.
– “¡Su poder pronto superará al de su padre!” – dice Raditz.
– “¿Será el Súper Saiyajín de la leyenda?” – se pregunta un tercero.
– “Su espíritu es fuerte” – dice Páragus. – “Será un gran Rey” – murmura. – “El Rey que necesitamos.”