ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: La derrota de Bibidí

Cold Chronicles / Parte IV: La derrota de Bibidí
“Nos veremos las caras de nuevo, Kaioshin.”


Bibidí y Majin Bu, ahora convertido en un personaje horondo y con cara de bobalicón, continúan su conquista por el espacio, tras derrotar al Dai Kaioshin y al Kaioshin del Sur. Sus muertes, unidas a las de los Kaioshin del Norte y del Oeste, dejan el Universo en bandeja de plata al brujo y su monstruo.
El Kaioshin del Este, gracias a su ayudante Kibito, ha logrado sobrevivir. Juntos se han refugiado en un lejano planeta, intentando pasar desapercibidos, esperando una oportunidad para poder enfrentarse al monstruo.
Mientras tanto, los Kaio son quienes observan al brujo, esperando que cometa algún error. Todos ven como Majin Bu cada día es más rebelde, y ya desafía con asiduidad las órdenes de su amo.
Un día, en un planeta en ruinas, Majin Bu ha convertido a toda la población en repostería y se ha sentado para comérselos tranquilamente.

– “¡¿Qué demonios haces?!” – le riñe Bibidí. – “¡No es momento para ponerte a comer! ¡Tenemos otro planeta que conquistar!”
Bu no responde.

– “¡No me ignores!” – grita furioso Bibidí.
– “Tengo hambre” – responde Bu.
– “¿Osas contrariar mis órdenes?” – dice el brujo.
– “No me gustas” – responde el monstruo.
Bibidí pierde la paciencia.

– “Si no me obedeces, ¡te encerraré!” – le amenaza el mago.
Majin Bu sigue ignorando a su amo.

– “Maldita sea…” – refunfuña el brujo. – “¿Cree que es un farol? Si quiero que me respete, no me queda otra opción…”
Bibidí alza sus manos.

– “¡¡¡PAPARAPÁ!!!” – conjura el brujo.
Una extraña humareda marrón rodea a Majin Bu como un torbellino, que en un instante se solidifica y se convierte en un extraño cascarón, encerrando al monstruo.

– “Así aprenderá” – suspira Bibidí. – “Unas horas encerrado le servirán de lección.”
De repente, el brujo siente como alguien aparece detrás de él. Bibidí intenta darse la vuelta, pero antes de poder hacerlo, una mano atraviesa su cuerpo. Es el Kaioshin del Este.

– “Hemos estado vigilándote, Bibidí” – le dice Shin.
Frente a él, aparece Kibito.

– “Se acabaron tus vilezas.” – dice el ayudante del Kaioshin.
El brujo no sale de su asombro. Ha bajado la guardia y le ha costado todo cuanto ha logrado.

– “No…” – titubea Bibidí. – “Malditos Kaioshin…”
Shin extrae su mano del brujo, que cae al suelo.
Kibito se acerca a la esfera de Bu para examinarla.

– “¿Qué hacemos con esto?” – pregunta Kibito. – “¿Podemos destruirlo?”
De repente, el brujo alza su mano y pone todas las fuerzas que le quedan en un último conjuro.

– “¡PAPARAPÁ!” – grita Bibidí, haciendo desaparecer el cascarón de Bu.
– “¡MALDITO!” – exclama Shin.
El Kaioshin agarra al brujo por la solaba.

– “¡¿Qué has hecho?!” – le pregunta el Dios. – “¡¿A dónde lo has enviado?!”
Bibidí sonríe.

– “Nos veremos las caras de nuevo, Kaioshin.” – dice el brujo antes de que su cuerpo se convierta en humo y se escurra entre las manos de Shin.
Mientras tanto, en la Academia Kaioshin del planeta Ira-aru, el Maestro Toshisei y un joven Zamas, entra en la sala del Altar del Tiempo, donde se custodia el Anillo Toki.
Uno de los sabios de la Academia se encuentra contemplando el artefacto.

– “¿Qué haces aquí, Gowas?” – le pregunta Toshisei.
– “Majin Bu ha causado muchos estragos.” – responde el anciano. – “Incluso el Dai Kaioshin ha perecido.”
– “Ahora todo depende de el Kaioshin del Este.” – dice el Maestro. – “Debemos esperar sus órdenes.”
Zamas escucha con atención, mientras Gowas sigue ensimismado, mirando en el anillo.

– “Podríamos arreglarlo…” – dice el sabio.
– “Eso no está permitido.” – responde Toshisei. – “Y lo sabes.”
– “Lo sé, maestro” – responde Gowas.
– “Tenemos mucho trabajo por delante.” – dice Toshisei. – “Debemos preparar a la próxima generación de Kaioshin.”
Toshisei se da la vuelta.

– “Zamas, acompaña a Gowas a sus aposentos.” – dice el sabio maestro. – “Creo que necesita descansar.”
– “Sí, maestro.” – responde Zamas, haciendo una reverencia.
El maestro abandona la sala, dejando a Zamas y Gowas junto al altar.

– “Le acompaño a su habitación, señor” – insiste Zamas.
Gowas parece ignorarle.

– “Hemos dado demasiada libertad a los mortales…” – murmura Gowas. – “Es increíble. Uno de ellos incluso se ha atrevido a retarnos, ¡y casi consigue aniquilarnos!”
– “Nuestro deber no es gobernar, señor” – dice Zamas. – “Nosotros mantenemos el equilibrio y protegemos la vida…”
– “Ese brujo ha destruido centenares de planetas.” – responde Gowas. – “Crees que lo habría logrado si el Universo estuviera bajo un control más estricto? Podríamos lograr la paz si quisiéramos, pero no nos atrevemos a actuar.”
– “Señor Gowas…” – dice Zamas, que es sorprendido por un discurso muy alejado del consenso de la Academia.
Gowas suspira y esboza una sonrisa cansada.

– “Lo siento, Zamas” – dice el anciano. – “Son solo quejas de un viejo cascarrabias.”
Zamas se relaja.

– “¿Te importa traerme un té?” – dice Gowas.
– “Por supuesto, señor” – responde Zamas.
El joven pupilo se dispone a cumplir el deseo del anciano, pero al darse la vuelta, una tormenta eléctrica se genera a su alrededor. Gowas se ha puesto el anillo y se desvanece en un instante.

– “¡SEÑOR GOWAS!” – grita Zamas.
La habitación se queda en silencio. Zamas corre por los pasillos de la Academia buscando al Maestro Toshisei.

– “¡MAESTRO! ¡MAESTRO!” – grita el joven aprendiz.
Tras escuchar a Zamas, Toshisei reune a un grupo de guardianes y se dirige al altar, donde encuentran a Gowas de regreso.

– “¿Qué has hecho?” – le pregunta Toshisei.
– “Solo tenía energía para permanecer allí unos segundos.” – responde Gowas.
– “Has alterado el curso natural del tiempo…” – dice Toshisei.
– “He salvado el Universo” – responde Gowas. – “Nos he dado una oportunidad.”
Toshisei parece decepcionado.

– “Siento que pienses de esa forma, viejo amigo” – responde el Maestro. – “¡Lleváoslo!” – ordena a los guardias.
Los guardias arrestan a Gowas, que no muestra resistencia. Parece satisfecho con lo que ha hecho. 

Zamas contempla la escena. Un germen de duda ha nacido en el joven aprendiz.
La paz ha vuelto al Universo. Los siglos transcurren con relativa normalidad. Shin y Kibito ponen todos sus esfuerzos en localizar a Majin Bu, sin éxito.
Mientras tanto, en un remoto planeta en penumbra, un hombre alto, de tez verde y ojo rojos aparece en la cueva de Cold. El personaje viste ropajes blancos, camiseta azul, botas marrones, cinturón de cuero oscuro con un sello dorado en el centro con un árbol gravado, y un gorro alargado a juego con el cinturón, envuelto en un turbando blanco.
El misterioso ser se adentra en la gruta hasta llegar al altar en el que Cold encontró la caja de música.
De repente, por detrás aparece una gigantesca criatura de cráneo alargado y repleta de cuernos y pinchos por todo su exoesqueleto.

– “¿Quién eres?” – pregunta la criatura.
– “He venido a hablar contigo, Cold” – sonríe el ser verde.
– “¿Cómo sabes mi nombre?” – pregunta el demonio del frío.
– “Mi maestro sabe muchas cosas.” – responde el visitante, buscando entre su túnica.
El personaje saca una caja de música idéntica a la que encontró Cold en esa misma cueva.

– “Vengo a ofrecerte respuestas” – dice el personaje.
– “¿Quién eres?” – pregunta Cold.
– “Me llamo Paikhuan” – responde el visitante. – “El maestro Sidra quiere verte.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Dioses caídos

Cold Chronicles / Parte III: Dioses caídos 
“Vosotros ya no dictáis las normas”


Tras el fracaso del Kaioshin del Norte, Bibidí y su monstruo siguen vagando a sus anchas por el Universo, destruyendo todo lo que se encuentran a su paso. Los intentos de detener al brujo por parte de los Dioses han fracasado. Dos Kaioshin ya han caído.
En la Galaxia del Sur, su Kaioshin, el más fuerte de los cuatro Dioses, ha decidido tomar cartas en el asunto y se presenta frente al brujo y su monstruo, dispuesto a acabar con su legado de terror.
El combate es feroz. El Dios es el primer guerrero que hasta ahora ha logrado plantarle cara a Majin Bu en un enfrentamiento uno contra uno.

– “Majin Bu…” – murmura asustado Bibidí, al ver a su monstruo igualado.
Mientras tanto, en el Planeta Sagrado de los Kaioshin, el Supremo Kaioshin, el Kaioshin del Este, y su ayudante, se encuentran expectantes.

– “¡Tenemos que ayudarle!” – exclama el joven Kaioshin del Este.
– “Él sabe lo que hacer” – responde Kibito. – “Dejémosle actuar.”
– “Pero…” – insiste Shin.
El Dai Kaioshin alza su mirada al cielo, preocupado.

– “¿Y si…?” – murmura el Dios Supremo.
– “¿Qué ocurre?” – pregunta Shin.
Pero el Dios enseguida agacha la cabeza mientras niega su propia idea.

– “No… Podría ser aún peor…” – sentencia el Dai Kaioshin.
El Kaioshin del Sur sigue enzarzado en su combate contra el monstruo de Bibidí. El Dios utiliza su poder mental para hacer que centenares de rocas se eleven alrededor de Bu y estallen en mil pedazos, generando metralla que utiliza para atacar al monstruo, triturándole. Pero en un instante, Bu se recompone con facilidad.

– “Empiezo a comprender sus poderes…” – piensa el Kaioshin. – “Ya entiendo porque los demás fracasaron.”
Majin Bu se abalanza sobre el Dios, pero éste esquiva sus ataques y contraataca con un poderoso empujón de ki, que repele al monstruo.
Bu se recoge en una esfera que gira a gran velocidad y que rebota contra el suelo, propulsándose hacia el enemigo. El Kaioshin se protege con ambos brazos ante su rostro y la bola impacta contra él, saliendo repelida, pero pronto cambia de trayectoria y vuelve a atacar al Dios.
El Kaioshin esquiva los ataques de Bu, que recupera su forma natural y alarga sus brazos para intentar sorprender a su enemigo, pero éste avanza entre las largas extremidades y activa una espada de ki en su mano derecha que corta a Bu por la mitad.
El tren inferior del monstruo se precipita contra el suelo. Bu parece sorprendido.
El Dios sonríe confiado, pero Majin Bu le devuelve la sonrisa. El Kaioshin parece confuso.

De repente, el tren inferior de Bu ataca por la espalda al Dios, que se da la vuelta rápidamente y logra protegerse de una patada.
Majin Bu aprovecha la confusión y le propina un puñetazo, haciéndole retroceder.

En un instante, el Dios se ve atrapado entre las dos mitades del monstruo, que le avasallan con una combinación incesante de puñetazos y patadas.

El Kaioshin agarra el brazo de Bu y tira de él con fuerza, proyectándole contra su otra mitad que, al chocar la una contra la otra, se unen de nuevo.
El Dios prepara una gran esfera de ki y la lanza contra el monstruo, generando una gran explosión.
Al disiparse la polvareda, Majin Bu aparece chamuscado y enfadado. Una gran cantidad de vapor emana de sus poros.
Bibidí contempla el combate preocupado.

– “Mi Majin Bu…” – murmura el brujo.
El Dios sonríe confiado.

– “¿Ya te has cansado?” – se burla del monstruo.
Bu grita furioso y el humo que nace de sus poros ahora sale a presión.
El monstruo se abalanza sobre el Kaioshin, que retrocede mientras detiene los golpes de su rival. El Dios agarra el brazo de Bu mientras empieza a girar sobre sí mismo, hasta que Bu sale disparado contra una montaña cercana.
El monstruo sale de entre los escombros, más enrabietado que nunca. 

El Dios se ha quedado con el brazo de Bu y se lo muestra.

– “Creo que esto es tuyo” – dice el Kaioshin.
Bibidí retrocede asustado.

– “No puede ser…” – sufre el brujo.
De repente, Bu esboza una sonrisa que inquieta al Dios.
El brazo de Bu se convierte en una masa rosa que se estira formando una gran mano que envuelve al Kaioshin.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el Dios, que lucha por liberarse.
Finalmente, el Kaioshin es cubierto por completo. Acto seguido, la masa vuela de regreso a Majin Bu, uniéndose al cuerpo del monstruo.
En el planeta de los Kaioshin, el Dios Supremo tiembla de terror.

– “No… Maldita sea…” – murmura el Dios.
– “¿Qué ha pasado?” – se preocupa Shin.
El monstruo Bu empieza a cambiar de forma, aumentando de tamaño, adoptando la apariencia musculosa del Kaioshin del Sur.

– “¡HAAAAAAAAAA!” – grita el nuevo Bu.
Bibidí se acerca con cautela a su criatura.

– “¿Bu?” – dice el brujo. – “¿Eres tú, Bu?”
El monstruo parece que pone a prueba su cuerpo, dando una combinación de puñetazos y patadas al aire. 

– “No sabía que podías hacer eso…” – se sorprende Bibidí. – “¡Eres increíble! ¡Nadie podrá detenernos jamás!”
De repente, Bu parece calmarse y mirar al cielo en una dirección concreta.
En Planeta Sagrado, el Dai Kaioshin reacciona rápidamente.

– “¡Kibito! ¡Llévate a Shin!” – grita el Dios.
– “¿Qué?” – se extraña el Kaioshin del Este. – “¿Acaso…?”
En ese instante, Bu y Bibidí aparecen en el planeta de los Dioses.

– “Demasiado tarde…” – lamenta el Dios.
Bibidí contempla a su alrededor, al verse por primera vez en el planeta de los Dioses.

– “¡Así que aquí es donde os escondíais como ratas!” – se burla el brujo.
Shin y Kibito se ponen en guardia, pero el Dai Kaioshin da un paso al frente.

– “¡No tienes derecho a pisar esta tierra sagrada!” – dice el Dios.
Bibidí sonríe.

– “Vosotros ya no dictáis las normas” – responde el brujo. – “¡Acaba con ellos, Bu!”
El monstruo lanza una poderosa onda de ki por la boca. El Dai Kaioshin utiliza su poder mental para detener el ataque antes de que les alcance, pero al estallar genera una devastadora explosión, cuya onda expansiva engulle a los Dioses.
Al disiparse la polvareda, los Dioses aparecen magullados.
El monstruo se abalanza sobre ellos, pero el Dai Kaioshin se pone en pie y utiliza su poder mental para inmovilizarle.
Majin Bu lucha por liberarse, y el Dios empieza a ceder.

– “¡Marchaos!” – insiste el Kaioshin.
Kibito agarra a un malherido Shin y desaparecen.
Majin Bu clava su pie en el suelo y éste surge debajo del Dai Kaioshin, golpeándole el mentón y lanzándole por los aires.
El monstruo ataca al Dios, que le repele con un cañón de ki proyectado desde sus ojos.
Mientras tanto, Kibito y Shin aparecen en mitad una llanura de yerba alta, en un planeta lejano.
Kibito pone sus manos sobre Shin y empieza a curarle.

– “Debemos… ir a Ira-aru…” – dice Shin.
– “Bu podría perseguirnos” – responde Kibito. – “Solo les pondríamos en peligro.”
– “Hay que detener a Bu…” – insiste Shin.
– “Confíe en el Dai Kaioshin.” – dice Kibito. – “Él sabe lo que hace.”
En el Planeta Sagrado, el Dai Kaioshin mantiene a raya a Majin Bu, pero empieza a sentirse cansado, cosa que no le ocurre al monstruo, que parece disfrutar del combate.

– “¡Pe… pelea!” – dice Bu con dificultad.
Bibidí se sorprende al escuchar a su monstruo.

– “¿Cuándo has aprendido a hablar?”
El Dai Kaioshin se percata de la situación.

– “¡Ahora lo entiendo!” – piensa el Dios. – “El cambio de apariencia. La localización de nuestro planeta. La capacidad de hablar. Incluso parece que disfruta del combate como un luchador…” – sonríe. – “Lo has aprendido del Kaioshin del Sur, ¿verdad?”
El monstruo Bu ataca de nuevo.
El Dios extiende sus manos hacia el monstruo y las separa de repente, partiendo a Bu por la mitad utilizando su poder mental, y después las hace chocar de nuevo la una contra la otra, que se unen formando a un deformado Majin Bu.
El monstruo recupera su forma natural y parece frustrado. Con su antena emite un rayo fucsia zigzagueante que el Dai Kaioshin esquiva. El rayo impacta contra un árbol y lo convierte en carbón.
Bu insiste con otro rayo, pero el Kaioshin lo detiene con su poder mental, y lo devuelve a su emisor, pero Bu lo esquiva y el rayo impacta contra otro árbol, convirtiéndolo en un caramelo.
Majin Bu se sorprende al ver que el Kaioshin ha alterado su magia.

– “Me gustan los dulces…” – se excusa el Dios.
Bu parece furioso.

– “Mis poderes superan los tuyos” – le dice el Dai Kaioshin. – “No vas a derrotarme si esto es todo lo que puedes hacer.” – le provoca.
Majin Bu se abalanza de nuevo contra el Dios, puño en alto, y antes de golpearle, el monstruo Bu se convierte en una gran masa rosa que engulle al Kaioshin.

– “¡Bien hecho, Bu!” – celebra Bibidí. – “¡Hemos ganado!”
Shin, ya recuperado, y Kibito, sienten el cambio en el ki del monstruo.

– “¡Maldición!” – lamenta Shin.
El cuerpo de Majin Bu empieza a cambiar. Su cuerpo musculoso ahora es rechoncho, y su ropa también ha cambiado, pues ahora lleva el chaleco y la capa del Dai Kaioshin.

– “¡BUUUUUU!” – sonríe el monstruo al finalizar su metamorfosis.
Bibidí se acerca boquiabierto al ver al nuevo Bu.

– “¿Qué demonios te ha pasado?” – dice el brujo.
Majin Bu esboza una gran sonrisa.

– “¡Hola!” – saluda alegremente, con cara de bonachón.
– “Bu…” – dice Bibidí, incrédulo. – “¿Qué significa esto?”
– “Tengo hambre” – responde el monstruo.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6, 7 / Parte II: Age of Bu

Cold Chronicles / Parte II: Age of Bu
“¡Si vuelves a hacer algo así, juro que te encerraré!”


Majin Bu, bajo las órdenes del malvado brujo Bibidí, siembra el terror en el Universo. El monstruo viaja de planeta en planeta portando caos y destrucción. Tras la muerte de la Kaioshin del Oeste, su sector queda desprotegido y es el primero en sufrir las consecuencias.
El Kaioshin del Norte, tras recibir las terribles noticias, decide reclutar un grupo de valientes guerreros de su galaxia para enfrentarse al monstruo.
Nadie conoce mejor a los guerreros de su sector que su Kaio, así que el Dios recurre al Kaio del Norte, que pronto reúne a un grupo reducido de voluntarios en su planeta.

– “Siento tener que pediros esto” – les dice el Kaioshin. – “Pero vuestra galaxia os necesita.”
Los cuatro guerreros responden con una reverencia.

– “Para ellos es un honor luchar al lado de su Kaioshin.” – dice Kaiosama. – “Pero, ¿no sería mejor contactar con los demás?”
– “La Kaioshin del Oeste se confió.” – responde el Dios. – “Ningún mortal puede superar el poder de un Kaioshin. Yo me encargaré de detener a ese brujo y su monstruo.”
– “Pero señor…” – insiste el Kaio.
El Kaioshin del Norte ignora a Kaiosama.

– “¿Cómo os llamáis?” – pregunta el Dios a los reclutas.
El primero es un luchador masala. Su aspecto es similar al de un humano, de baja estatura y tez violeta pálido. Su cabello es castaño, largo y lo lleva recogido en dos coletas. Un punto rojo adorna su frente. El guerrero viste con la ropa tradicional de su planeta, compuesta por un chaleco marrón sobre una camisa color verde claro, con unos pantalones del mismo color; lleva unas botas y unas muñequeras marrones, y un cinturón gris.

– “Sartay” – responde el guerrero.
El segundo es un inushu; un perro humanoide. Su tez es morada y viste un pantalón azul y botas marrones, con una camiseta morada, guantes blancos, y una capa corta de ese mismo color.

– “Mijorin” – se presenta.
Y el tercero, un guerrero centurio, grandullón, de piel azul y ojos rojos, vestido con una armadura dorada de estilo romano, con botas, guanteletes y casco a juego, y un quitón morado encima. En su mano lleva una gigantesca lanza gualda.

– “Sirloin” – dice el luchador.
El cuarto es un namekiano alto y fornido, que viste pantalón morado y un chaleco amarillo.

– “Nosotros no tenemos nombre.” – responde el guerrero. – “Pero lucharemos en nombre de Namek.”
El Dios asiente.

– “Gracias a todos” – responde el Dios.
El Kaioshin y sus reclutas se dirigen al planeta Ryu, donde los ryujin están siendo masacrados por Majin Bu.

– “¡Acaba con ellos, Bu!” – grita Bibidí.
El monstruo Bu ríe de forma macabra mientras avanza por las calles de una aldea disparando a discreción a todo el que se encuentra a su paso.
De repente, alguien golpea al monstruo y le estampa contra una vivienda.

– “¿Qué?” – se sorprende Bibidí. – “¡¿Quién osa golpear a mi pequeño Bu?!”
El Kaioshin del Norte, espada en mano, se posa sobre el tejado de una cabaña.

– “¡Tus maldades se acaban aquí, Bibidí!” – exclama el Dios.
El brujo se sorprende al ver al Kaioshin.

– “¿Qué haces tú aquí?” – le pregunta al Dios, pues ha aparecido en un sector que no le pertenece.
– “No dejaré que el terror llegue a mi galaxia” – responde el Kaioshin. – “¡Acabaremos con contigo!”
Majin Bu surge de entre los escombros mientras grita enfadado. Las rocas de su alrededor se elevan.

– “¡Mátale, Bu!” – ordena el brujo.

El monstruo se abalanza sobre el Kaioshin, pero un par de brazos namekianos surgen del suelo y agarran a Bu por sorpresa.
Sirloin se abalanza sobre él y le atraviesa con su lanza por la espalda y clavándola en el suelo.
Majin Bu se da la vuelta y golpea al centurio, lanzándole lejos. Pero, en ese instante, un puño gigante envuelto en fuego golpea al monstruo.
Sartay, que se encuentra meditando a una distancia prudencial del combate, ha utilizado el poder místico de su raza para proyectar una imagen suya gigantesca y con ocho brazos, envuelta en fuego.
Una tormenta de puñetazos castiga al monstruo Bu, que no logra defenderse.
De repente, Mijorin se abalanza sobre él. Su mano derecha brilla con luz blanca y pura.

– “¡LUZ DE INUGAMI!” – grita el inushu, que se dispone a golpear a Bu.
– “¡Lo hemos logrado!” – piensa el Kaioshin del Norte.
Pero en el último instante, Bu crea un agujero en su torso y deja pasar la mano del inushu sin que le toque.
El miedo embarga a todos los presentes. El inushu mira Majin Bu, cuyo rostro se encuentra a escasos centímetros del suyo, que esboza una aterradora sonrisa.

– “Jijiji” – ríe Bu.
Bu atrapa la cabeza de Mijorin en un aplauso mortal.

– “No…” – murmura el Kaioshin. – “Hemos estado tan cerca…” 
Bibidí celebra la victoria de su monstruo.

– “¡ESO ES! ¡BIEN HECHO, BU!” – exclama lleno de júbilo.
Sirloin se abalanza sobre el monstruo, pero éste le intercepta con una esfera de ki que le desintegra.
La proyección astral de Sartay golpea a Bu, lanzándole a varios cientos de metros de distancia.

– “¡Yo le detendré!” – grita el masala.
Pero sin que nadie se haya dado cuenta, una pequeña porción de Bu se ha arrastrado entre los escombros de la aldea hasta el lugar donde Sartay se encuentra meditando. La pequeña masa rosa asciende por el cuerpo del guerrero masala y se introduce en su cuerpo por la boca, obstruyendo sus vías respiratorias.
En el campo de batalla, Namek y el Kaioshin pueden ver como el gigante de fuego se desvanece.

– “Maldita sea…” – lamenta el Dios.
Bu se recupera rápidamente y asciende hacia el cielo.

– “¿A dónde va?” – se pregunta Namek.
Al alcanzar la estratosfera del planeta, el monstruo bombardea la zona con un centenar de rayos de ki.

– “¡Idiota!” – grita Bibidí. – “¡Yo también estoy aquí!” – dice mientras se protege con una barrera.
Cuando Majin Bu termina su ataque, desciende con una sonrisa de oreja a oreja.
Bibidí, que ha sobrevivido, se acerca a él.

– “¡¿Qué se supone que estás haciendo?!” – grita el brujo. – “¡Casi me matas!”
Majin Bu ignora al mago.

– “¡Si vuelves a hacer algo así, juro que te encerraré!” – grita Bibidí.
El Kaioshin y Namek se encuentran a cientos de kilómetros de distancia. En el último momento, el Dios ha podido teletransportar al namekiano a un lugar seguro.

– “¿Qué hacemos ahora?” – pregunta Namek.
– “No lo sé…” – responde el Dios. – “Hemos fracasado.”
– “Aún no” – responde el namekiano. – “Represento a los guerreros de mi planeta. No pienso rendirme.”
El Kaioshin sonríe al escuchar a Namek.

– “Ya has hecho suficiente” – le dice el Dios. – “Ahora me toca a mí.”
Al intentar caminar, el débil Kaioshin hinca la rodilla y revela una gran quemadura en su espalda. Parece que el ataque de Bu le alcanzó antes de poder escabullirse.

– “Será mejor que descanse, Kaioshin.” – sugiere el namekiano.
– “Lo siento…” – dice el Dios. – “Ni siquiera tengo fuerzas para escapar.”
Mientras tanto, Bibidí ha hecho aparecer su bola de cristal y busca un nuevo planeta al que atacar.

– “¿Dónde podríamos ir ahora?” – se pregunta el brujo. – “¡La galaxia del Norte y del Oeste ya son nuestras! ¡Ya no tienen ningún Kaioshin que las proteja!”
– “¡No tan rápido!” – exclama Namek.
El namekiano camina hacia Bibidí y Majin Bu.

– “¿Has sobrevivido?” – se sorprende el brujo. – “Seguro que el Kaioshin ha tenido algo que ver…”
– “No puedo dejar que os vayáis.” – dice Namek.
– “Si los Kaioshin no me han detenido, ¿crees que vas a hacerlo tú?” – se burla Bibidí.
Namek sonríe.

– “Kaioshin o no, alguien os detendrá.” – dice el namekiano. – “Puede que no sea yo, puede que no sea hoy, pero alguien os derrotará.”
– “Un discurso muy bonito” – se mofa el brujo. – “Pero te haré ver la realidad… ¡Mátale Bu!”
Majin Bu se abalanza sobre el namekiano, que también avanza hacia el monstruo. Los dos preparan una esfera de ki y la lanzan en el último instante, creando una gran explosión.
El Kaioshin, mientras tanto, intenta comunicarse con Kaiosama.

– “Tenías razón, Kaio…” – dice el Dios. – “He sido un idiota…”
– “Tranquilo” – responde Kaiosama. – “Le comunicaré lo ocurrido a los otros Kaioshin”.
Al disiparse la polvareda, ambos adversarios han perdido su brazo derecho.
Bu, sonriente, forma un nuevo brazo a partir de su muñón.

– “¡JAJAJA!” – ríe Bibidí. – “¡Se acabó!”
Namek sonríe.

– “Dos pueden jugar al mismo juego” – sonríe mientras regenera su extremidad lacerada.
– “¿Qué…? ¿Cómo…?” – se sorprende el brujo.
El namekiano se pone en guardia.

– “Me supera en todos los aspectos…” – piensa Namek. – “Solo puedo entretenerle un rato.”
Majin Bu se abalanza de nuevo contra el namekaino, pero la espada del Kaioshin del Norte le ensarta.

– “¿Ese aún sigue vivo?” – se sorprende Bibidí al ver al Dios, que ha lanzado su arma.
El Kaioshin avanza tambaleándose hasta el namekiano y coloca la mano en su hombro.

– “Eres un buen guerrero” – dice el Kaioshin. – “No es necesario que mueras aquí.”
– “He prometido defender mi galaxia.” – insiste Namek.
– “Y para eso, tienes que sobrevivir.” – sentencia el Dios.
De repente, Namek desaparece.

– “¿Dónde ha ido?” – se extraña Bibidí.
El Kaioshin da un paso al frente.

– “Esto es entre nosotros, brujo” – le provoca el Dios.
Majin Bu se arranca la espada y la tira a un lado mientras su herida se cierra.

– “Jijiji” – ríe el monstruo.
Namek ha aparecido en el planeta de Kaiosama.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el namekiano.
– “Te ha salvado” – responde el Kaio.
– “He… fracasado…” – lamenta Namek.
– “He avisado al los otros Kaioshin.” – dice Kaiosama. – “Ellos detendrán a ese monstruo.”
El namekiano se encuentra en estado de shock. Siente que ha fallado a su gente y a su galaxia. 

– “Lo has hecho bien.” – le consuela Kaiosama. – “Vuelve a tu planeta y…”
– “No” – le interrumpe el namekiano. – “No volveré a mi planeta hasta que haya cumplido mi propósito. Tampoco utilizaré su nombre hasta que vuelva a ser merecedor de ese honor.”
– “Pero…” – se preocupa el Kaio.
– “Desde ahora en adelante, soy Slug.” – sentencia el guerrero.
Mientras tanto, Cold, el único superviviente de los demonios del frío, se encuentra en un planeta remoto y oscuro, en el interior de una cueva.
De repente, el demonio siente que una extraña fuerza le llama desde el interior de la gruta. El demonio se adentra en la oscuridad, siguiendo una sensación que es incapaz de comprender.
Finalmente, llega a una caverna en la que se encuentra un extraño altar austero.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Cold mientras se acerca cautelosamente.
Sobre el altar, se encuentra una vieja caja de música de color marfil con adornos dorados.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Cold dawn

Cold Chronicles / Parte I: Cold dawn
“Puede que este plan sea un error”
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…
En el helado planeta Kelvin, lugar de origen de los demonios del frío, la Kaioshin del Oeste y su ayudante se encuentran acompañados por cinco demonios del frío, dos de ellos adultos. Los siete avanzan por el hielo entre la fuerte ventisca y solo iluminados por la tenue luz que rodea al agujero negro al rededor del cual orbita el sistema planetario del que forma parte el planeta en el que se encuentran. Finalmente, llegan a la entrada de una gigantesca cueva y la Kaioshin se detiene.

– “Es aquí” – dice la Kaioshin. – “Puedo sentir la oscuridad que envuelve este lugar.”
– “Preparaos” – añade su ayudante. – “Ese brujo es poderoso y seguro que no está solo.”
– “No nos digáis cómo luchar” – responde el mayor de los demonios del frío. 
– “Insolentes…” – murmura el ayudante de la Kaioshin.
– “Tranquilo, Suketto” – le calma la Diosa. – “Al fin y al cabo, somos nosotros los que les hemos pedido ayuda.”
– “Ese tipo ha atacado nuestras ciudades y masacrado a nuestra gente” – añade otro de los demonios. – “Le haremos pagar. 

Todos se adentran en la tenebrosa cueva.

Mientras tanto, en lo más profundo de la gruta, un pequeño y afeado mago se encuentra inyectando una extraña urna en un gran cascarón esférico. A su lado, dos peculiares seres con una “M” tatuada en su frente le acompañan.

– “¡Ya queda poco para que despierte!” – exclama el brujo.
– “¡Oh, gran Bibidí!” – celebran sus secuaces.
El mago, al darse la vuelta, puede ver en su bola de cristal a los intrusos entrando en su guarida.

– “¡Ya han llegado!” – sonríe Bibidí. – “¡Tal y como había planeado! Sal a recibirlos, Hyssop.”
De repente, el sonido de pisadas alerta al grupo de guerreros liderados por la Diosa Kaioshin.

– “Sabe que estamos aquí” – dice la Diosa.
Una neblina helada inunda la sala. El aliento de los presentes se congela.
De las profundidades de la cueva aparece un gigantesco ser de tez azul, cuya piel es tan rugosa que parece de piedra en el dorso de sus antebrazos y en su espalda, donde presenta una decena de puntas que parecen hechas para facilitarle el camuflaje en el paraje helado. Viste solo pantalones de tela de saco. En su frente, una “M” dibujada.

– “¡¿Eso es un…?!” – se sorprende Suketto.
– “Un koriwa” – responde Cold. – “Su tribu vive no muy lejos de aquí. Son territoriales, pero generalmente pacíficos.”
– “Bibidí le controla” – dice la Kaioshin al ver la marca del brujo en el sujeto.
– “Yo me encargo” – dice un joven demonio del frío.
El demonio se abalanza sobre su adversario sin dudar, pero Hyssop le intercepta agarrándole la cabeza y le estampa contra el suelo.
El demonio del frío agarra el brazo del monstruo, luchando por liberarse, pero sus manos empiezan a helarse, igual que su rostro, mientras el enemigo sigue apretándole el cráneo con fuerza.
Finalmente, la cabeza helada del demonio del frío estalla en mil pedazos.
Suketto y la Diosa se asustan ante semejante poder.

– “Nunca había visto a un koriwa comportarse así…” – murmura uno de los demonios adultos.
– “Bibidí se aprovecha de la maldad de la gente para aumentar su poder” – explica la Kaioshin.
– “Icicle ha sido descuidado” – dice Cold.
El guerrero koriwa se agacha y coloca sus manos sobre el suelo, que enseguida se convierte en una masa de hielo que se expande hasta atrapar a los Dioses y a dos demonios del frío. Dos demonios han saltado a tiempo y han evitado el hielo. Uno de los adultos y el joven Cold.

– “¡Maldita sea!” – se asusta Suketto.
El hielo asciende lentamente por los cuerpos de los personajes aprisionados. Los dos demonios libres se envuelven en una esfera de ki fucsia.

– “No podemos tocarle” – dice el adulto.
– “Eso ha quedado claro, Blizzard” – responde Cold.
Los demonios atacan al koriwa, que intenta agarrarles sin éxito. Los movimientos posibles dentro de la cueva son muy limitados, pero los dos demonios son muy hábiles. Cold y Blizzard consiguen flanquear a Hyssop y usan su poder mental para lanzarle varias rocas. El koriwa se cubre torpemente con sus brazos, evitando que las rocas le hagan daño.
Blizzard y Cold aprovechan el momento para continuar avasallando al enemigo y hacen estallar el suelo bajo sus pies, haciendo que Hyssop se estrelle contra el techo de la cueva y lo derrumbe, quedando sepultado entre las rocas, que no tardan en helarse.

– “Se acabó” – suspira Blizzard.
Cold se dispone a fundir el hielo que aprisiona a los demás con un rayo de ki de su dedo índice.
De repente, las rocas heladas que sepultaban al koriwa estallan, y el monstruoso enemigo sorprende a todos los presentes, golpeando a Blizzard y estrellándole contra una de las paredes de la cueva.
El demonio del frío, con la mejilla cubierta de escarcha, consigue levantarse.

– “Bastardo…” – murmura Blizzard.
El koriwa ataca a Cold, pero éste logra zafarse y alejarse del enemigo.
Blizzard, envuelto en su barrera de energía, realiza un ataque directo contra el monstruo, empujándole contra una de las paredes de la cueva.

– “¡AHORA, COLD!” – grita Blizzard al retroceder.
Cold alza su mano abierta y sobre cada uno de sus dedos se forma una pequeña esfera de ki brillante como una diminuta estrella. El demonio las lanza contra el enemigo, generando cinco gigantescas explosiones consecutivas que hacen estallar parte de la cueva y la montaña bajo la que se encuentra.
Bibidí observa lo ocurrido en su bola de cristal.

– “Son muy fuertes…” – sonríe el brujo. – “A este paso, pronto despertarán a Majin Bu”.
Suketto, asombrado ante el poder de Cold, observa la destrucción a su alrededor.

– “La cueva y la montaña… ¡han desaparecido!” – titubea el ayudante de la Kaioshin del Oeste al ver el cielo sobre su cabeza.
Los guerreros atrapados en el hielo ya han sido liberados.

– “Continuemos” – dice Blizzard.
– “¿Cuántos monstruos tiene el brujo?” – pregunta otro demonio.
– “Bibidí utiliza la maldad oculta en el interior de cada individuo para tomar el control de su mente” – explica la Diosa.
– “Puede que este plan sea un error” – murmura Cold.
De repente, otro luchador se presenta ante ellos. Este enemigo tiene forma de dragón humanoide. Su piel brilla como si fuera una armadura.

– “¿De dónde sale este?” – se sorprende Blizzard.
– “¡¿Un tetsuhada?!” – exclama Suketto, que parece preocupado.
– “No perdamos más el tiempo.” – dice Cold, que apunta al enemigo con su dedo índice y le lanza un rayo mortal.
Por sorpresa de todos, el ataque de Cold sale repelido al impactar contra el enemigo.

– “Pero, ¿cómo…?” – se extraña el joven demonio.
– “Su piel es impenetrable” – aclara la Kaioshin. – “Su planeta está situado muy cerca de una potente estrella. Sus escamas tienen trazas de metal que le permiten soportar cualquier daño y unas temperaturas muy elevadas. Le aíslan por completo.”
Blizzard da un paso al frente.

– “Cold, Cryo, Snow, ya lo habéis oído.” – dice el demonio. – “Debemos ser precavidos.”

Cryo utiliza su poder mental para lanzar una roca gigantesca contra el enemigo, que la golpea al vuelo haciéndola estallar.

– “Vais a necesitar más que esto…” – sonríe el dragón.
Cold sonríe en tono burlón.

– “Este parece que habla…” – dice el demonio del frío.
– “Si queréis llegar hasta mi señor, tendréis que derrotarme.” – explica el tetsuhada.
El dragón abre su boca y escupe una llamarada que obliga a los demonios y a los Dioses a esquivarla. La llama derrite todo lo que encuentra a su paso.
Cold, Cryo, Snow y Blizzard se elevan y rodean al tetsuhada, disparándole unos poderosos ataques de ki que impactan de lleno contra el enemigo. 
La presión que ejercen los ataques obliga al dragón a arrodillarse, mientras el suelo se resquebraja a sus pies. Sus escamas se calientan cada vez más.

Finalmente, los demonios del frío cesan el ataque.

– “¿Lo hemos logrado?” – se pregunta Snow.
Al disiparse la humareda y el vapor generados, el dragón sigue en el centro del cráter, brillando al rojo vivo.

– “Mi turno” – sonríe el tetsuhada.
El enemigo se eleva rápidamente y sorprende a Snow, atravesándole con sus garras.

– “Uno menos” – dice el dragón, que lanza el cuerpo del demonio del frío por los aires y lo derrite con su aliento de fuego.
Cryo, Blizzard y Cold se ponen en guardia y se rodean por su barrera de ki.
El tesuhada les ataca sin miedo y los demonios pronto se dan cuenta de que el dragón es inmune a la barrera. Sus golpes la atraviesan sin problemas.
La Diosa Kaioshin intenta detener al enemigo con su poder mental, inmovilizando al dragón durante un instante, pero pronto se libera lanzando una llamarada hacia la Diosa, que se ve obligada a esquivarla y lanzarse al suelo.
Suketto observa el combate, asombrado ante los poderes del tetsuhada. Los demonios son muy fuertes, pero no parece que puedan detener a este enemigo.
El ayudante de la Kaioshin mira al cielo y se fija en el agujero negro que domina el sistema en el que orbita el planeta.
La Diosa Kaioshin, con la ropa chamuscada, se pone de nuevo en pie. 

– “Maldita sea…” – lamenta la Kaioshin.
De repente, Suketto aparece detrás del dragón y lo agarra, inmovilizándole.
Todos los presentes se sorprenden ante la hazaña y se quedan confusos.

– “¡SUKETTO!” – exclama la Diosa.
– “¿Qué pretende?” – se pregunta Cold.
El ayudante de la Kaioshin esboza una sonrisa.

– “¡Yo me encargo de él!” – exclama. – “¡Detened a Bibidí!”
En ese instante, Suketto y el tetsuhada desaparecen.

– “¿A dónde han ido?” – se pregunta Blizzard.
La Kaioshin se deja caer de rodillas, abatida.

– “Suketto…” – suspira mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
Suketto y el tetsuhada aparecen cerca del agujero negro y la fuerza gravitatoria les absorbe rápidamente.

– “¡HAAAA!” – grita el enemigo mientras lucha inútilmente contra la fuerza del astro.
El ayudante de la Kaioshin intenta el teletransportarse de regreso, pero solo logra avanzar unos pocos metros. La gravedad es demasiado fuerte. Suketto, satisfecho de servir a los Dioses y aceptando su final, se deja arrastrar por la gravedad.
En el planeta helado, la Diosa Kaioshin llora la muerte de su compañero.

– “Ha sido valiente…” – murmura Cold.
– “Lo sé” – responde la Diosa.
– “Acabemos con esto de una vez” – dice Blizzard.
Los tres guerreros y la Kaioshin se disponen a continuar hacia el interior de la cueva. Bibidí les observa a través de su bola de cristal.

– “Esto no ha terminado…” – sonríe el brujo. – “Cheppil no era mi último guerrero. Solo me hace falta un poco más de energía…”
En ese instante, Cryo grita de dolor y se agarra la cabeza.

– “¡HAAAAAAA!” – exclama desesperado el demonio del frío.
– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Blizzard.
– “¡Es Bibidí!” – responde la Kaioshin. – “¡Está intentando controlarle!”
Una “M” empieza a dibujarse en la frente del demonio.

– “¡Lucha contra él!” – exclama la Kaioshin, animando al demonio a resistir la posesión.
De repente, un rayo mortal atraviesa el corazón de Cryo. La Kaioshin se sorprende al ver que ha sido Cold quien ha disparado.

– “No tenemos tiempo para esto” – sentencia el demonio del frío, que se encarga de rematar a su compañero lanzándole una decena de rayos más. – “Lo siento, Cryo”.
La Kaioshin se queda pasmada ante la frialdad de Cold.

– “¡JAJAJAJAJA!” – ríe a plena carcajada una voz estridente desde el interior de la cueva. – “¡YA TENGO ENERGÍA SUFICIENTE!”
– “Bibidí…” – murmura la Diosa asustada.
– “¡DESPIERTA, MAJIN BU!” – grita el brujo.
El huevo que adoraba Bibidí es rodeado por un torbellino de humo negro. El cascarón se abre, liberando la energía recolectada, que se mezcla con el humo tornándolo de color rosado. Finalmente, la humareda se condensa y toma forma humanoide, generando a un monstruo con el aspecto de un niño.

– “¡JIJIJI!” – ríe la recién nacida criatura.
Bibidí sonríe, con lágrimas en los ojos.

– “¡Majin Bu!” – grita el brujo. – “¡Mi creación!”
La Diosa Kaioshin, Blizzard y Cold, irrumpen en la sala central, donde se encuentran con el brujo y su monstruo. Bibidí pronto se da cuenta de su presencia.

– “Diosa Kaioshin… ¡Bienvenida!” – sonríe el mago.
– “¡Bibidí! ¡Detente!” – grita la Diosa.
– “¡Llegas tarde!” – exclama el brujo. – “¡Majin Bu ya ha nacido!”
Blizzard y Cold observan al monstruo algo confusos ante su extraño aspecto.

– “Ahora, los Dioses pagaréis vuestra prepotencia.” – dice el mago. – “¡Acabaré con cada uno de vosotros y gobernaré el Universo! ¡No podéis detenerme!”
La Diosa se pone en guardia.
Blizzard da un paso al frente.

– “No parece gran cosa…” – se burla el demonio del frío.
Majin Bu observa a sus enemigos y esboza una macabra sonrisa.

– “¡ACABA CON ELLOS, MAJIN BU!” – ordena Bibidí.
– “¡HAAAAAAAAAA!” – grita el monstruo, ensordeciendo a los presentes.
Blizzard prepara un disco cortante de ki y lo lanza contra su adversario, partiendo al monstruo en dos y silenciándolo.

– “No ha sido tan difícil…” – murmura Blizzard.
Antes de que el torso de Bu pueda caer al suelo, dos apéndices de aspecto gomoso surgen de sus dos mitades y se entrelaza, regenerando la herida y uniendo de nuevo a Majin Bu.

– “¡JIJIJI!” – ríe Bu.
En un instante, el monstruo se abalanza sobre Blizzard y hace estallar su cabeza de un puñetazo.
Cold se queda petrificado. Nunca antes ha visto a un ser tan poderoso como ese. Su simple presencia crea un malestar que afecta a lo más profundo de su ser.

Majin Bu se fija en Cold y se prepara para atacar, pero la Diosa empuja al monstruo con su poder mental, lanzándole contra una pared.

El demonio del frío, aterrado, agarra a la Diosa por el brazo y tira de ella, arrastrándola a través de la cueva hasta encontrar la salida.

– “¡Tenemos que detenerle!” – exclama la Kaioshin.
– “¡No podemos!” – responde Cold. 
En un instante, el demonio del frío se detiene.

– “No puede ser…” – titubea Cold.

Frente a ellos se encuentra Majin Bu.
La Diosa da un paso al frente.

– “Esta es mi guerra” – dice la Kaioshin. – “Siento que tu planeta haya sido involucrado en esto… Ahora, ¡vete de aquí!”
Cold se queda quieto. No quiere huir como un cobarde, pero sabe que no puede detener a este enemigo.

– “¡Huye!” – continúa la Kaioshin. – “¡Coge una nave y abandona el planeta!”
Majin Bu se abalanza sobre ellos y la Diosa le detiene con su poder mental.

– “¡VETE!” – grita la Diosa.
Cold se aleja a toda velocidad y sin mirar atrás. Nunca antes había volado tan rápido.
Majin Bu supera el poder de la Kaioshin y le propina un puñetazo, estrellándola contra el suelo helado del planeta, creando una gran y profunda grieta por la que cae la Diosa. El monstruo la sigue.
Cold llega hasta la ciudad, donde avanza entre sus compañeros hasta llegar a una nave.

– “Pero, ¿dónde va Cold?” – se pregunta un demonio del frío, al ver las prisas del joven.

En un instante, la nave abandona el planeta. 
Mientras tanto, Majin Bu sale de la grieta helada. Bibidí le espera en la superficie. 

– “Increíble…” – dice el mago, sorprendido ante el poder de su creación. – “Has acabado con un Kaioshin.”
– “¡JIJIJI!” – ríe Bu, que parece sobreexcitado y empieza a golpear su pecho.
– “Bien.” – responde el brujo. – “¡Diviértete! ¡Acaba con los habitantes de este planeta! ¡Muéstrame de lo que eres capaz!”
– “¡BUUUUUUU!” – grita el monstruo mientras alza el vuelo a toda velocidad.
En unos minutos, Cold puede ver desde su nave la destrucción de su planeta natal.


El demonio, abatido y aterrado, busca en los datos de la nave el planeta más remoto posible, intentando que ese monstruo no pueda encontrarle jamás.