ESPECIAL DBSNL /// El Campeón // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Mark

El Campeón // Parte I: Mark

“Me sigue doliendo la rodilla.”

Mark, un hombre joven de 26 de ojos azules, alto, fornido y peludo, con cabello encrespado, bigote prominente y barba más corta pero descuidada, se despierta con el sonido del despertador; desganado lo apaga y se queda tumbado bocarriba unos instantes, con su mirada fija en el techo, luego cierra los ojos un momento y resopla, cogiendo fuerzas para afrontar el día. En la mesita hay una fotografía de una hermosa mujer de cabellera morena.

Mark se levanta de la cama, vestido solo con un bóxer blanco, y camina con inapetencia hasta el baño; enciende la ducha, espera hasta que sale agua caliente y entra. Tras una breve ducha, se seca y se detiene ante el espejo del lavabo; se rasca su descuidada barba, mira la maquinilla de afeitar de reojo durante unos segundos, pero finalmente se marcha sin afeitarse. 

Mark regresa al dormitorio, pasando por delante de la puerta de la habitación de su hija, decorada con pegatinas y dibujos de superhéroes. En el dormitorio se viste; pantalón de chándal rojo y una camiseta de tirantes blanca.

Mark se dirige a la cocina y prepara tortitas para su hija, mientras él se sirve un vaso de bourbon sin hielos y le da un trago. El despertador de la niña suena y él se apresura en dejar el vaso y terminar de preparar el desayuno. 

La niña de 5 años aparece vestida con un pijama de la serie de dibujos animados basada en el héroe mitológico Olibu, y escala la silla para poder sentarse a la mesa. 

Mark finge una sonrisa mientras le sirve dos tortitas que inunda en jarabe de arce mientas la niña aplaude contenta.

El padre despeina a la chiquilla, que ya ha empezado a devorar el desayuno, y se va al salón, donde encuentra la mochila de su hija, decorada con un dibujo del superhéroe CleanGod, tirada por el suelo y abierta, con lápices de colores esparcidos por todas partes. 

Mark los recoge y los mete en un estuche que luego introduce en la mochila y la cierra. 

En la cocina, la niña ha terminado de comer y espera a su padre, que le dice que se vaya a vestir o llegará tarde al colegio.

Mark regresa a su vaso de bourbon y le da otro trago.

El timbre suena y Mark va a abrir, pero antes esconde el vaso en una mesa cerca de la puerta de la entrada, donde las visitas no puedan verlo cuando abre. Es su vecina, que ha ido a recoger a la niña para llevarla a clase junto a su hijo, de la misma edad.

Mark, con una tierna sonrisa, se despide de su hija, que cuando ha oído el timbre ha terminado de vestirse rápidamente y sale escopeteada de la casa, contenta de ver a su amigo.

Mark cierra la puerta y su rostro vuelve a ser apático. Recupera su vaso casi vacío y lo apura mientras va a la cocina para servirse otro… pero acaba agarrando la botella antes de ir a sentarse en el sofá del salón para ver la televisión, que al encenderlo muestra KBC News y las últimas noticias sobre la reconstrucción de la Capital del Este. Coloca la botella sobre la mesa, se sirve otra copa y cambia de canal. Una estantería con trofeos de lucha repletos de polvo adorna la habitación. Él sigue haciendo zapping hasta que se topa con un partido de béisbol.

La casa es bonita, pero parece desatendida. No está sucia, pero sí desordenada.

Mark da otro sorbo a su bebida, luego inclina su cabeza hacia atrás y cierra los ojos, pero una llamada a su teléfono móvil, que vibra sobre la mesa, le saca de su trance; es su agente, German. Mark se queda mirando el número un rato, dudando si responder, y finalmente termina haciéndolo. 

– “¡Buenos días, Mark!” – exclama el agente. – “¿Cómo está mi campeón?”

No hay respuesta.

– “He hablado con Shota, el tipo de ZTV, y me ha estado vendiendo un combate muy interesante para ti.” – dice el agente. – “Conoce a un tipo con un perfil muy perfecto para tu regreso y que podría estar interesado en…”

Mark lo interrumpe.

– “Me sigue doliendo la rodilla.” – responde con hastío. – “No puedo pelear así. Ya lo sabes.”

– “¡Aún no lo has oído todo!” – exclama el agente. – “¡El combate se celebraría en…!”

Mark no le deja terminar y le cuelga el teléfono para después lanzarlo a la esquina del sofá antes de cerrar los ojos y volver a la posición en la que estaba.

El timbre suena de nuevo y despierta a Mark que, confuso, mira un reloj de pared; son las tres del mediodía. Se levanta con jaqueca, sus movimientos son torpes, choca contra la mesita que hay frente al sofá y la botella de bourbon vacía se tambalea. 

Mark abre la puerta; es su vecina, que ha regresado con los niños. 

Videl entra corriendo, contenta, tira la mochila sobre el sofá y enciende el televisor.

– “¡YA EMPIEZA CLEANGOD!” – exclama ella.

La mujer mira a Mark detenidamente y enseguida se percata de su estado. Amablemente, se ofrece para invitar a la niña a comer a su casa, diciendo que así los pequeños podrán jugar un rato.

Mark rechaza la oferta y se muestra antipático. Interpreta el gesto de su vecina como un ataque y eso le molesta.

– “Videl comerá en su casa con su padre.” – dice Mark.

La vecina se encoje de hombros.

– “Solo intento ayudar, Mark.” – dice ella con ternura. – “Me preocupa la niña y también tú. Desde que falleció Miguel…”

Mark le cierra la puerta en la cara. La mujer se estremece con el portazo.

Mark se frota la sien con vehemencia, intentando aliviar así su jaqueca.

Videl mira entusiasmada la serie de televisión. CleanGod hace una pose de héroe y una explosión ocurre a su espalda, dejando su silueta a contraluz.

El héroe se abalanza sobre un grupo de enemigos untados en barro y los noquea con facilidad, uno tras otro.

Videl se pone en pie e imita al héroe.

– “¡YA!” – exclama ella. – “¡HYAA!” – da patadas y puñetazos al aire.

Mark, anímicamente agotado, se sienta de nuevo en el sillón y sonríe al ver a su hija contenta.

Las horas pasan y anochece.

Videl ha caído rendida sobre la alfombra, frente al televisor.

Mark la coge en brazos y se la lleva a su habitación.

– “¿Ya es hora de dormir?” – pregunta Videl. – “Estaba viendo la tele…”

Mark la coloca en la cama y la tapa.

– “Qué mentirosa.” – responde su padre, sonriendo. – “Estabas bien dormida.”

– “No es verdad.” – protesta ella mientras se acurruca bajo la sábana.

– “Que descanses, preciosa.” – Mark le besa la frente.

Videl, no responde, pues ya se ha dormido de nuevo.

Mark sale de la habitación y cierra la puerta tras él. Su sonrisa se desvanece.

Mark se dirige a su habitación y abre el armario. Su interior es caótico. Hay ropa colgada, pero la mayoría está amontonada, como si hubiera tenido cierta intención de plegarla, pero lo hubiera hecho sin ningún empeño antes de lanzarla al fondo de los estantes.

Mark se viste con un pantalón negro, una camiseta interior de tirantes blanca, un jersey gris encima y una cazadora de cuero, y se dirige a la puerta.

Mark ha forzado su encrespado cabello hacia atrás con un poco de gomina y antes de salir de su casa, agarra de un perchero cerca de la entrada un sombrero fedora negro.

Mientras se lo coloca frente a un pequeño espejo en la pared, su teléfono móvil suena de nuevo. Esta vez es un número oculto. Mark descuelga.

– “¡Mark!” – dice una voz masculina. – “¿Qué cojones estás haciendo? Deberías estar aquí hace quince minutos.”

– “Estoy de camino.” – responde Mark.

– “He dado la cara por ti, colega.” – responde el tipo. – “No me jodas.”

– “Está bien.” – respondo Mark. – “Está bien.”

Mark guarda el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y sale de su casa.

En un callejón de Orange City, Mark entra en un local de dudosa reputación. Es un antro de fiesta. Música alta. Oscuro y con luces de colores iluminando la pista de baile. Algunas mesas rodean la pista, a modo de pequeños reservados, destacando un gran reservado central que preside la sala, opuesto a un pequeño escenario en el que en ese momento está tocando un DJ.

Al entrar, un gigantesco y horondo hombre calvo con perilla que está en la puerta recibe a Mark.

– “Ya creía que no ibas a venir.” – dice el portero.

– “¿Te he fallado alguna vez, Piroshki?” – pregunta Mark.

– “Tío, tienes que tener cuidado.” – responde el grandullón. – “Esta gente no se anda con chiquitas. Yo he dado mi palabra por ti y vas a joderme el tinglado…”

En el reservado presidencial, un tipo bajito y rechoncho, con un traje beige de finas rayas azules, gafas doradas con cristales tintados de marrón y un puro en la boca, está sentado acompañado de dos bellas mujeres.

El hombre levanta la mano y reclama la atención de Piroshki y Mark sin necesidad de palabras.

– “Maldita sea…” – refunfuña el grandullón. – “Nos llama el jefe.”

Los dos hombres se acercan al reservado.

– “¡Al fin aparece!” – se burla el jefe. – “¿Cómo se llamaba tu amigo, Piroshki?”

– “Se llama Mark.” – responde el grandullón.

– “Siento el retraso, señor Cash.” – dice Mark.

– “Lo sientes.” – asiente Cash. – “Esto está bien.” – da una calada a su puro. – “¿Qué opinas, Piroshki?” 

– “Mark es un gran tipo.” – respondo el portero. – “Creo que aún no se ha adaptado a este trabajo, pero lo hará bien.”

Fullov Cash da otra calda a su puro.

– “¿Qué tal esa rodilla?” – pregunta Cash.

– “Mejorando, señor.” – responde Mark.

– “Me alegro.” – dice el jefe.

Fullov Cash da otra calada mientras despide a Piroshki con un simple gesto. El grandullón agacha la cabeza y regresa a su puesto.

– “Dile a la chiquilla que me traiga otra copa.” – le dice el jefe a Mark. – “Y luego ponte a trabajar.”

– “Por supuesto, señor Cash” – dice Mark haciendo una pequeña reverencia.

Mark acude a la barra, en el fondo del local.

– “¡Buenas noches, Mark!” – le saluda con alegría una joven muchacha de cabellera naranja y ojos miel, embutida en un vestido rojo ligeramente escotado. – “¿Qué te pongo?”

– “A mí nada.” – suspira Mark, apoyándose en la barra. – “Pero el jefe quiere otra copa.”

– “Supongo que lo de siempre…” – suspira ella.

– “¿No tienes clase mañana?” – pregunta Mark.

– “Ja. Ja. Muy gracioso.” – responde ella con retintín mientras prepara un cóctel.

– “Tienes que tener mejores salidas que esta, Pizza.” – insiste Mark.

– “¿Y tú no?” – pregunta ella.

– “Ahora mismo, tengo prioridades.” – responde Mark.

Mark y Pizza miran de reojo el reservado presidencial, donde Cash pone su cabeza entre los pechos de una las mujeres que lo acompañan.

– “No es gratis.” – dice Pizza.

– “Es un cerdo.” – dice Mark.

– “Un cerdo con mucho dinero.” – responde ella.

Pizza agarra el cóctel recién preparado y sale de detrás de la barra y se dirige al reservado.

Ella coloca la bebida en la mesa de Cash con una sonrisa y se marcha.

El jefe le mira descaradamente el trasero mientras ella regresa a la barra.

Mark observa el gesto y sacude la cabeza con desaprobación.

De repente, una pelea empieza en la sala de baile.

Piroshki da un paso al frente con la intención de intervenir, pero Mark le levanta la mano para que se detenga mientras se dirige hacia la escaramuza.

Un tipo grande y musculado, rubio, vestido con un polo blanco con rajas azules y un pantalón vaquero, parece estar causando problemas. El muchacho lleva unas copas de más y está empujando a los que tiene a su alrededor.

– “Algún problema, caballero.” – dice Mark, agarrando al tipo del hombro.

El muchacho se revuelve y aparta la mano de Mark.

– “Estos tipos están ocupando mi espacio.” – dice el tipo. – “Deberías hacer algo.”

– “Si eso es todo, caballeros, agradecería que zanjáramos el asunto sin armar mucho jaleo.” – insiste Mark.

El tipo se acerca a Mark para intentar intimidarlo. Pese a la estatura de nuestro amigo, el muchacho es aún más alto.

– “¿Y si quiero armar jaleo?” – dice el tipo, que procede a empujar a Mark.

Mark retrocede dos pasos y pierde su fedora.

– “Esta bien.” – suspira antes de ponerse en guardia.

Mark propina un puñetazo directo al abdomen del muchacho, que se dobla sobre sí mismo.

Mark lo agarra del pescuezo y del cinturón y lo lleva hacia la salida. La gente se aparta para dejarles paso.

Piroshki ya espera con la puerta abierta, y Mark lo lanza fuera del local.

– “Cabrón…” – dice el tipo. – “Me las vas a pagar…”

Mark lo ignora. La puerta se cierra. Piroshki se queda fuera.

– “Lárgate, muchacho.” – dice el grandullón. – “No busques más problemas.”

– “Esto no va a quedar así…” – protesta el tipo, que se marcha con el rabo entre las piernas.

Dentro del local, Mark se recoloca la chaqueta.

Cash esboza una media sonrisa desde su reservado, antes de dar otra calada a su puro.

Pizza pasa por al lado de Mark y le devuelve su fedora.

– “Súper Mark al rescate.” – le guiña el ojo. – “Si no te conociera, me darías miedo.”

– “¿Miedo por qué?” – pregunta él.

– “Eres un buen tipo… pero peleas como un demonio.” – responde ella.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte X: Zahha

Sin Futuro / Parte X: Zahha

“Mi maestro me enseñó a no rendirme…”

El hombre recién nacido del fruto del Árbol Universal parece confuso, observando sus manos sin comprender lo que ocurre. Sus pupilas son amarillas.

Rajah se acerca a él y le pone la mano en el hombro.

  • “Bienvenido, hermano.” – dice Rajah. – “Has renacido como un niwashi. Disfrutas de una vida nueva y gloriosa sirviendo al Gran Árbol, como nosotros.”
  • “Niwashi…” – repite el recién nacido.

De repente, una voz los detiene.

  • “No le hagas caso.” – dice Trunks.


Rajah, Cenia y el nuevo niwashi miran al mestizo, sobre una rama del árbol, con el muñón recién cercenado atado con su cinturón. 

  • “Trunks…” – sonríe Rajah al verlo en ese deplorable estado. – “No tienes muy buen aspecto…” – se mofa.
  • “Punch…” – dice Trunks, con lágrimas en los ojos. – “No tienes por qué unirte a ellos…”
  • “Lo siento, pero tu amigo ya no existe.” – dice Cenia. – “¿No lo entiendes? Pensé que estas alturas ya lo habías comprendido.”

Rajah da un paso al frente, callando a Cenia.

  • “No vale la pena.” – dice el líder. – “Acabaré con esta molestia aquí y ahora.”
  • “Pero…” – se sorprende Cenia. – “Estamos en terreno sagrado…”
  • “Creo que es demasiado tarde para lamentar eso.” – le interrumpe Rajah. – “Es mejor zanjar el asunto.” – insiste. – “Pediremos perdón al Árbol con una nueva ofrenda.”

Desde la capilla, inmersa en una guerra entre los centinelas y los niwashi, se oye el retumbar de cada golpe en el cielo, hasta que como si de un meteorito se tratara, algo se precipita contra el suelo con un gran impacto.

Trunks se encuentra bocarriba en el centro del cráter y Rajah sobre él, apretándole la cabeza contra el pavimento.

  • “Se acabó, Trunks…” – se jacta Rajah. – “Este es tu final.” – sentencia.

Pero el líder niwashi levanta la cabeza un momento para ver como los dos centinelas de Zeno pelean contra sus hombres.

  • “¿Qué diablos está pasando aquí?” – se pregunta Rajah, alarmado.

El mestizo, con el ojo medio cerrado y el otro cubierto por la mano de Rajah, ve de reojo los combates.

Rajah se pone en pie e incrusta de un pisotón a Trunks aún más en el suelo.

El líder niwashi vuela rápidamente hacia el primer guardián, que está a punto de atizar a Sarra y detiene su vara con la mano, impidiéndole asestar el golpe.

Rajah prepara su garra y mientras materializa en ella una esfera de ki rojo la estrella contra el abdomen del centinela, haciendo que este salga disparado contra el techo.

Trunks, pese a estar en las últimas, intenta levantarse.

  • “Los centinelas… aquí… aquí son más débiles…” – piensa el mestizo. – “Mucho más que en el jardín…”

Al caer al suelo el centinela, Rajah lanza una ráfaga de ki directa contra su espalda, provocando una docena de explosiones.

El otro centinela, que peleaba contra Lusitan, da un paso atrás al ver que va a tener que enfrentarse a Rajah.

El líder niwashi camina hacia el centinela y alza su mano hacia Lusitan sin mirarle, y éste entiende rápidamente que está reclamando su arma. 

Lusitan le lanza su otsuchi, que Rajah caza al vuelo.

Con el largo martillo de madera, el líder niwashi no duda en propinar un fuerte martillazo en la rodilla del centinela que lo hace caer de rodillas, y lo remata con otro martillazo directo a su cabeza, que lo hace caer redondo al suelo.

Rajah le devuelve el martillo a Lusitan, que enseguida se ensaña con el moribundo guardián.

El líder Niwashi centra de nuevo su atención en Trunks, que se ha puesto de pie.

  • “Es mejor que te rindas…” – dice Rajah. – “Será más rápido.”
  • “Lo siento…” – sonríe Trunks. – “Mi maestro me enseñó a no rendirme…”

Rajah lanza un disparo de ki a Trunks que impacta en su pecho y lo empuja hasta el tronco del árbol, donde estalla.

El mestizo queda incrustado en el gigantesco tronco.

Cenia y el recién nacido niwashi, vestido con una austera túnica roja, descienden hasta la capilla.

Rajah camina hacia él con paso firme.

  • “¡Observa!” – exclama Rajah, llamando al nuevo. – “Así es como se lidia a los herejes.”

Rajah agarra la cara de Trunks y lo saca del árbol para luego lanzarlo contra el suelo. El mestizo da varias vueltas sobre sí mismo hasta detenerse.

Rajah camina hasta él y le propina una patada que lo hace rodar de nuevo.

  • “Ah… ah…” – sufre el mestizo.


A Trunks le cuesta respirar. Tiene varias costillas rotas y cada vez que abre la boca escupe sangre.

  • “Nos has causado tantos problemas…” – gruñe Rajah. – “Que siento que entregarte al árbol es ofrecerte un honor que no mereces.”

Rajah recoge a Trunks, agarrándolo del cabello, y le propina dos puñetazos directos a la cara y después un rodillazo.

El recién nacido niwashi observa la escena con atención y Rajah se da cuenta.

El líder lanza a Trunks hacia el joven.

  • “Mátalo.” – ordena Rajah.

El niwashi mira al moribundo Trunks.

El mestizo, con toda la fuerza que le queda, se incorpora hasta ponerse de rodillas mientras el joven camina hasta él.

  • “Ah… ah…” – sufre Trunks.
  • “Hereje…” – murmura el niwashi.

Cenia lanza una rama larga al niwashi para que la use como arma, y el joven la caza vuelo instintivamente.

Como si siempre hubiera empuñado un bastón, el niwashi lo hace girar a su alrededor para después amenazar a Trunks con él, poniéndoselo a un centímetro de su corazón.

Perlo lejos de tener miedo, el gesto hace sonreír al mestizo.

Sin piedad, el demonio ensarta el pecho de Trunks, atravesando su corazón con la rama.

  • “Je…” – sonríe Rajah.

De repente, una docena de columnas de luz verde descienden alrededor de los niwashi.

Más centinelas de Zeno.

La batalla entre los guardianes y los niwashi estalla de nuevo.

El joven extrae la estaca de Trunks y la usa a modo de bastón para pelear contra los centinelas.

Como si de una coreografía se tratara, él y los centinelas se mueven de forma casi idéntica, dejando extrañados a los guardianes de Zeno, que se miran entre ellos, confusos.

El cuerpo de Trunks reposa en el suelo, desangrándose.

Rajah y los demás niwashi pelean contra los centinelas. Los combates son igualados y solo Rajah destaca sobre los demás, librándose de los guardianes con facilidad. A medida que pelean, parece que los centinelas se debiliten.

Entre todo el barullo, un centinela comprueba el cuerpo de Trunks y le levanta el brazo, buscando el anillo Toki en su mano, pero no lo encuentra.

Un guardián ataca a Zahha por la espalda con un bastonazo descendente que el niwashi intenta detener con su raíz, pero ésta se parte en dos, obligándolo a retroceder.

Con la raíz partida, el recién nacido usa las dos partes como si fueran espadas y pronto logra asesinar al centinela al que se enfrentaba.

Entre los escombros de la capilla, otro centinela ha encontrado el brazo de Trunks… pero para su sorpresa, tampoco tiene el anillo.

Mientras tanto, en un gran asteroide helado y en penumbra, lejos de cualquier otro planeta, vagando por el vacío del Universo, un demonio del frío adulto está sentado en la oscuridad, en un trono de hielo, en el interior de una cueva en el corazón de una red de túneles.

  • “Debes estar muy desesperado si has recurrido a mí…” – dice el demonio, que observa el anillo Toki en la palma de su mano.
  • “En su momento, los Dioses confiaron en el Rey Cold.” – dice Trunks. – “Y hasta cierto punto, Son Goku y mi padre confiaron en ti, Freezer.” – sonríe.
  • “Tsk…” – protesta el tirano con una mueca de asco. – “Ya podrías haber venido en persona, si es tan importante.”

Trunks sonríe.

A los pies del Gran Árbol, el corazón de Trunks cada vez late más despacio.

  • “Yo no podré llevarlo a cabo…” – murmura el moribundo Trunks.
  • “…pero él te encontrará.” – dice el mestizo ante Freezer.

El clon temporal se desvanece, dejando a Freezer solo en su cueva.

En la capilla, la batalla está llegando a su fin. Rajah y el nuevo niwashi poco a poco han acabado con todos los centinelas, aunque ha habido bajas también en la secta.

El recién nacido se fija en el cuerpo de Trunks y se agacha a su lado.

  • “Está muerto.” – dice Rajah, desde la distancia. – “Tendremos que buscar otro sacrificio.”

Una lágrima se derrama por la mejilla del joven niwashi, cuyos ojos se han tornado grises.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte IX: El ritual

Sin Futuro / Parte IX: El ritual

A los pies del Árbol Universal, el ritual ha empezado. 

En una capilla escarbada en el gigantesco tronco, Lusitan preside la macabra ofrenda ante un centenar de seguidores.

Punch, inconsciente, es subido por Sarra y Aldro en el altar y sentado en un trono de madera viva.

Los sectarios se retiran, dejando solo a Lusitan y a Punch sobre el altar. 

El sacerdote Niwashi se acerca al hijo de Hit y desenvaina una pequeña daga.

  • “Esta es nuestra ofrenda, ¡oh, Árbol Sagrado!” – clama.

Lusitan clava la daga en la palma derecha de Punch y la coloca sobre el reposabrazos del trono.

Al entrar en contacto con la madera, pequeñas raíces brotan del trono y no solo rodean el brazo de Punch, si no que algunas se introducen en sus heridas, entrando en su torrente sanguíneo y siguiendo el camino por sus venas y arterias.

Lusitan hace lo mismo con su mano izquierda, donde se induce el mismo proceso.

Rajah, impaciente, sale de la capilla.

  • “Voy a esperar en la copa.” – dice el líder niwashi. – “Quiero ver cómo el árbol florece.”
  • “Le acompañaré.” – dice Cenia.

Rajah y Cenia ascienden hacia la copa del inmenso árbol.

Poco a poco, las raíces avanzan por el cuerpo de Punch, tanto por su interior como por el exterior, envolviendo su cuerpo y arraigándolo al trono.

De repente, un estallido de luz verde ilumina la capilla desde el exterior.

Los Niwashi se dan la vuelta y ven a Trunks frente a ellos. La luz verde ha desaparecido para dar lugar al brillo magenta del Ikigai.

  • “Es el hereje…” – murmura Aldro.
  • “¿Cómo osa interrumpir la ceremonia?” – gruñe Lusitan.

Sarra y Aldro avanzan hasta la entrada de la capilla, armas en mano, dispuestos a detener al hijo de Vegeta.

Trunks mira desafiante a los dos demonios. En su mano derecha lleva la empuñadura sin hoja de la espada de Whis y en la izquierda lleva la cadena de Vanda, que acaba en un plomo. Sus nudillos están ensangrentados, igual que su ropa rota.

Al ver el nuevo aspecto de Trunks, los dos demonios agarran con fuerza sus armas, listos para pelear.

Trunks puede ver en el altar como Punch está siendo engullido por las raíces, desprovisto de su energía vital, quedándose cada vez más desnutrido mientras un capullo de raíces se forma a su alrededor hasta ocultarlo por completo.

El mestizo levanta las cejas sorprendido antes de fruncir el ceño con rabia, lo que provoca el ataque de los dos niwashi, que se abalanzan sobre él.

Sin pensarlo, Trunks levanta el peso del suelo unos pocos centímetros y lo patea, lanzándoselo a Sarra a toda velocidad, que se ve sorprendido por el ataque.

El peso impacta en el pecho de Sarra, que no logra detener el ataque a tiempo con sus tekko kagi, y su avance se ve frenado al instante.

Aldro, con su lanza, intenta ensartar a Trunks, pero éste desvía el arma con la empuñadura de la espada de Whis y luego contraataca propinándole un golpe en la frente con el pomo, haciéndolo retroceder.

Los niwashi presentes en la ceremonia se alborotan. Todos están de pie, escandalizados al ver mancillado su lugar sagrado, sin saber si atacar al mestizo o huir.

Lusitan camina entre la multitud por el pasillo central de la capilla, hacia Mirai Trunks, mientras Aldro y Sarra se ponen en pie para continuar el combate.

  • “Estás en un lugar sagrado, hereje.” – advierte el sacerdote niwashi. – “¡¿Cómo osas?!” – añade, mientras un siervo le trae su otsuchi para que pueda empuñarlo.

Trunks levanta su mano derecha apuntando a Lusitan.

Un Big Bang Attack rojo emana de su mano directo hacia Lusitan, pero el sacerdote usa su martillo de madera para repeler el ataque, que impacta contra el techo de la capilla cerca de la obertura principal.

Trunks aprovecha la polvareda para abalanzarse sobre Lusitan, y con una fuerte patada en su rostro lo manda al fondo de la habitación, detrás del altar.

Trunks corre hacia el trono ya cubierto por un cascarón de madera.

  • “¡PUNCH!” – exclama el mestizo. – “¡ESTOY AQUÍ!”

El mestizo agarra las raíces que forman el capullo con sus manos y empieza a arrancarlas, pero éstas se regeneran continuamente y cada vez más rápido.

  • “¡¡PUNCH!!” – grita Trunks, desesperado.

Mientras tanto, en la casi infinita copa del árbol, Cenia sigue a Rajah entre las ramas.

De repente, el líder se detiene.

  • “Es aquí…” – sonríe ilusionado.


Frente a él, un capullo está brotando de una rama, evolucionando rápidamente hasta empezar a florecer.

  • “Maravilloso…” – suspira Cenia, emocionada ante la belleza de tal fenómeno.

Trunks sigue luchando contra las raíces, sin éxito.

  • “¡Maldita sea!” – refunfuña mientras sigue arrancándolas, haciéndose cortes en las manos y clavándose astillas.

El mestizo agarra una de las raíces y tira con fuerza, cuando se da cuenta de que de ésta brotan otras minúsculas que empiezan a introducirse en sus heridas.

  • “¡¡AAH!!” – grita Trunks, que siente como su energía es absorbida por el árbol.

El mestizo suelta la raíz y se mira las manos, sorprendido.

Lusitan, Aldro y Sarra rodean al mestizo.

  • “Es demasiado tarde.” – dice Aldro.
  • “Pero no debes llorar su perdida.” – añade Sarra.
  • “Su sacrificio dará lugar a un fruto fuerte.” – dice Lusitan. – “Un fruto digno de este nuevo mundo. Un hijo del Gran Árbol, como nosotros.”

Trunks poco a poco parece comprender el funcionamiento del árbol.

Desesperado, el mestizo agarra la empuñadura de su arma.

  • “Cuida de él, como has cuidado de mí…” – murmura Trunks.

De repente, el mestizo ensarta la empuñadora en el interior del capullo, con la violencia de un puñetazo.

Las raíces rápidamente se enrollan en su brazo y empiezan a progresar por su cuerpo.

Trunks lucha por liberarse, gritando de dolor.

  • “¡¡YAAAAAAHHH!!” – sufre el mestizo.

Finalmente, Trunks logra sacar su brazo del capullo de raíces. Varias de ellas, rotas, aún están clavadas en su brazo. Su extremidad está desnutrida y cuelga inmóvil. 

  • “Ah… ah…” – se recupera del esfuerzo con dificultad, sujetándose el hombro.

Lusitan lo mira furioso.

  • “¿Qué has hecho…?” – refunfuña el sacerdote.

El rostro de sufrimiento del mestizo, lentamente revela una débil media sonrisa.

Las raíces se retiran del altar, desmontando la vaina que encapsulaba a Punch, revelando un trono vacío con la empuñadura rota sobre él, en la que se puede ver a través de una grieta que hay una esquirla de cristal ahora transparente.

En la copa del Árbol Universal, el capullo florece en un bello espectáculo.

  • “¡Ya ha nacido!” – se ilusiona Cenia.
  • “Un nuevo fruto.” – sonríe Rajah. – “Un nuevo niwashi.”

Un guerrero de piel aguamarina y cabellera blanca yace en el interior de la flor.

Mientras tanto, en la capilla, Lusitan, Aldro y Sarra se acercan a Trunks con cautela. El guerrero está agotado, pero se mantiene en pie.

  • “Este es tu final, hereje.” – advierte Lusitan.

Rápidamente, Trunks coloca la mano izquierda frente su rostro.

  • “¡¡TAIYO-KEN!!” – exclama.


El destello inunda la capilla y ciega a los niwashi.

  • “¡MALDITA SEA!” – protesta Lusitan.
  • “¡No veo nada!” – exclama Aldro.


Poco a poco, abren los ojos de nuevo.

  • “¡¿Dónde se ha metido?!” – pregunta Sarra.

No muy lejos de allí, detrás del altar, Trunks se coloca el cinturón alrededor de su brazo muerto y lo aprieta fuerte con los dientes.

  • “Ggrr…” – gruñe el mestizo, que imbuye de ki su mano izquierda. – “No puedo morir…” – piensa el mestizo. – “Aún no…”

Los niwashi buscan por la capilla.

  • “No puede haber ido muy lejos en ese estado…” – refunfuña Lusitan. – “¡TIENE QUE ESTAR AQUÍ!” – advierte a los demás.

Trunks se corta el brazo, luchando por no gritar de dolor.

Pero su quejido alerta a Sarra.

  • “No te escondas, hereje…” – sonríe el niwashi, que camina con cautela hacia el altar.

En se instante, dos destellos de luz verde en la entrada de la capilla inundan por completo el lugar.

  • “¡¿Qué ha sido eso?!” – gruñe Lusitan.

Los centinelas de Zeno hacen acto de presencia.

  • “¡¿Me han seguido hasta aquí?!” – se sorprende Trunks.

Lusitan frunce el ceño.

  • “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta el sacerdote, inquisitivo.

Los guardianes no responden.

  • “Esos ojos…” – murmura Aldro.
  • “¿Habéis venido buscando al hereje?” – pregunta Lusitan.

Sarra, prepotente, camina hacia ellos, adelantándose al sacerdote.

  • “Estáis en un lugar sagrado.” – advierte el pequeño niwashi. – “No podéis…”

De un golpe de vara en su mejilla, Sarra sale despedido contra la pared de la capilla.

Sin mediar palabra, estalla el combate entre lo niwashi y los centinelas. 

Lusitan se abalanza sobre uno dispuesto a propinarle un martillazo que el guardián detiene con su vara.

Aldro intenta enserar al otro guardia, pero éste desvía el golpe y contrataca con un golpe ascendente certero a la barbilla del niwashi que lo estrella contra el techo.

Trunks observa desde detrás del altar.

  • “He tenido suerte…” – piensa el mestizo.

Mientras tanto, la flor se ha abierto por completo. Su fruto se pone en pie dentro de la hermosa flor. 

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte VIII: Represalias

Sin Futuro / Parte VIII: Represalias

“¿Qué ha pasado…?”

En mitad de un Palacio de Cristal en ruinas, Mirai Trunks mira a su alrededor sin saber lo que ha sucedido.

  • “¿Qué ha pasado aquí…?” – se pregunta, confuso.

El mestizo ha conseguido en el anillo Toki, pero al salir del Reloj de Arena se ha encontrado el lugar destruido.

De repente, un quejido llama su atención.

  • “¡HANAMI!” – exclama Trunks, que corre a socorrer a la Kaioshin.

La Diosa se encuentra sentada en el suelo, apoyada contra una pared, sujetándose el abdomen ensangrentado. La pared está manchada de sangre que se desliza hasta la malherida Kaioshin.

  • “¡Hanami!” – se agacha Trunks. – “¡¿Qué ha sucedido?!” – intenta taponarle la herida.

La Diosa intenta hablar, pero solo sangre sale de su boca.

El hijo de Vegeta aprieta fuerte los dientes, con rabia. 

Pero pronto parece que tiene una idea. 

El mestizo cierra los ojos y se concentra. La mano que tapona la herida de la Kaioshin se ilumina y poco a poco parece que Hanami recupera las fuerzas.

  • “¿Eh?” – se sorprende la mismísima Diosa. – “El anillo…” – murmura con sorpresa. – “Lo has conseguido…” – sonríe, aún débil.
  • “¿Quién te ha hecho esto?” – pregunta Trunks. – “Ningún enemigo debería ser capaz de llegar hasta aquí…”

Pero un grupo de pisadas interrumpe la escena.

Los dos guardianes del jardín de Zunoh se presentan ante Trunks.

  • “Zeno …” – gruñe el mestizo con su mano aún sobre el abdomen de Hanami. – “Bastardo… ¿Tan bajo has caído?”

Los guardianes se ponen en guardia.

  • “Tsk…” – protesta Trunks, que mira preocupado a la débil Kaioshin del Tiempo.

Hanami, con las pocas fuerzas que ha podido recuperar, devuelve el mango de la espada a su dueño.

  • “¿Eh?” – murmura un Trunks confuso.
  • “Marchaos…” – susurra Hanami. – “¡Llévatelo de aquí, Whis!” – exclama antes de empujar al mestizo con el poco ki que le queda.
  • “¡NO!” – exclama Trunks.

Los guardianes dan un paso al frente, pero se quedan con un palmo de narices al ver como Trunks es teletransportado lejos de allí por un torrente de energía verde.

La Diosa sonríe de nuevo, pero su alegría se ve opacada por una sangrienta tos repentina.

  • “Buena suerte, Trunks.” – sentencia Hanami con su último aliento de vida.

En un abrir y cerrar de ojos, Trunks aparece en el taller de Oli.

  • “¡HANAMI!” – exclama, aún sin darse cuenta de dónde está. – “¿Eh? Estoy en Zoon…”

Un gran estruendo sacude el lugar, haciendo que tiemble todo a su alrededor.

  • “¡¿Qué está pasando?!” – se preocupa el mestizo, que no duda en salir corriendo al exterior.

Por los pasillos de la base no encuentra a nadie, solo destrucción y silencio.

Al llegar al jardín artificial, se queda perplejo al ver que el techo de cristal ha sido destruido. La estatua de Bulma también ha sufrido daños y solo el pilar con la inscripción “HOPE!!” queda en pie.

Al lado del pilar, un puño de Pino roto en el suelo.

  • “¿Qué ha pasado…?” – se pregunta con miedo en su voz. – “¿Qué ha pasado aquí?”

Cerca de allí, tirada en el suelo, atrapada bajo una gran viga de hierro, Oli.

  • “¡Doctora Oli!” – exclama Trunks.

El mestizo se agacha para socorrerla, pero se da cuenta de que es demasiado tarde.

  • “No…” – murmura Trunks.
  • “Han sido ellos…” – dice una débil voz.

Trunks mira a su derecha y se encuentra a Ikose malherido, bocarriba, con el pecho abierto y parte de su esqueleto metálico expuesto.

  • “Han sido… ellos…” – dice el androide. – “Los Niwashi…”
  • “¡Ikose!” – exclama Trunks, que se levanta para ir en su ayuda.

Pero Vanda desciende sobre el muchacho, poniendo un pie sobre su caja torácica expuesta.

  • “Parece que a una de estas cosas aún le queda batería…” – sonríe la sectaria de forma macabra.

La mujer va armada con su kusarigama; blande la hoz en su mano izquierda mientras hace girar el peso que pende de la cadera en la mano derecha, jugando con él a modo de provocación.

Trunks se detiene y mira a la mujer con rabia.

  • “Pagaréis por todo esto…” – frunce el ceño el mestizo.
  • “Tienen… tienen a Punch…” – dice Ikose. – “Se lo han llevado…”

El hijo de Vegeta aprieta los puños.

  • “Lo siento…” – continúa Ikose. – “No hemos podido evitarlo…”

En ese instante, Vanda hace caer el peso de su kusarigama sobre la cabeza de Ikose, acabando con la vida del muchacho.

Trunks se queda en estado de shock ante tal vileza.

Vanda se mira su falda ensangrentada con asco.

  • “Maldita basura…” – murmura la sectaria. – “Espero que esto se quite…”

Un estallido de ki sacude la zona. El aura del Ikigai envuelve a Trunks.

  • “Hmm…” – murmura Vanda al verlo. – “Noto algo es distinto en ti…”

El cabello del mestizo cambia de color, completando su transformación.

Vanda sonríe hace girar su peso de nuevo, preparada para pelear.

Mientras tanto, al pie del Gran Árbol, un moribundo Punch es arrastrado por Rajah hasta ser lanzado a los pies de Lusitan.

  • “Pongámonos en marcha.” – sentencia Rajah.