ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte V: Las piedras shintai

El Saiyajín Dios / Parte V: Las piedras shintai
“Así es como funciona mi tecnología.”

Raichi observa asombrado a los tres saiyajín dispuestos a enfrentarse a su creación. 
El aura roja de Broly tiñe las auras amarillas de sus dos compañeros. El cabello de Kale y Tarble sigue siendo dorado y sus ojos verdes, pero sus auras han adoptado el tono rojizo del ki del hijo de Páragus. Broly conserva su constitución natural.
Ganos y Obni asisten asombrados a la transformación de los saiyajín.
Broly es el primero en atacar. En un abrir y cerrar de ojos, el saiyajín aparece frente a Hatchiyack e intenta propinarle un puñetazo en la cara, pero el androide detiene el golpe con su mano izquierda, haciendo brillar la piedra de su antebrazo.
En ese instante, Kale y Tarble flanquean al enemigo. Tarble por la izquierda de Broly y Kale por su derecha. Hatchiyack logra detener el ataque de chico con su mano libre, pero la saiyajín le propina una patada en la nuca que hace que el androide incline su cabeza hacia delante.
Broly aprovecha la ocasión para propinar un rodillazo en la cara del enemigo y continúa con una combinación de puñetazos en el abdomen que empujan a Hatchiyack. Kale y Tarble saltan sobre el androide propinándole una doble patada que lo lanza al interior del surco creado previamente por Broly.
Raichi contempla la escena, intentando entender lo que ocurre.
– “El poder de Broly… ¡lo están compartiendo!” – murmura el científico tsufur. – “¿Cómo es posible? ¿Es por su relación con las piedras shintai? ¿Acaso comparte sus características?”
Hatchiyack pronto resurge y asciende hasta la superficie del planeta Vampa, perseguido por los tres saiyajín.
En el laboratorio, Obni y Ganos deciden aprovechar el momento para investigar el lugar.
– “¿Cómo desconectamos todo esto?” – pregunta Ganos.
– “Tiene que haber una fuente de energía…” – dice Obni.
Raichi les interrumpe.
– “Una vez puesto en marcha, mi laboratorio no necesita fuentes externas.” – dice Raichi.
– “Mientes.” – responde Ganos. – “Nuestros compañeros tuvieron que reactivarlo.”
– “Hatchiyack consumía muchos recursos.” – se burla el tsufur. – “Pero ahora ya es autosuficiente.”
En la superficie, los tres saiyajín se combinan para castigar al enemigo, pero a pesar de golpearle, Hatchiyack no sufre ningún daño. Incluso parece que su poder aumenta durante la pelea.
Tarble prepara su \”Riot Javelin\” y dispara al androide, pero éste repele el ataque sin dificultad, y éste se pierde en el horizonte, causando una explosión lejana.
Kale intenta sorprender al enemigo por la espalda, dispuesta a golpearle con ambas manos unidas en un puño, pero Hatchiyack se da la vuelta rápidamente y agarra el brazo derecho de la saiyajín. Las gemas de su cuerpo brillan y el androide propina un rodillazo al abdomen de su contrincante.
Broly se abalanza sobre Hatchiyack y le agarra por la espalda, intentando inmovilizarle, rodeándole el cuello con sus brazos.
Las piedras shintai del androide brillan intensamente. Broly puede sentir como su agarre se vuele más débil. Hatchiyack logra liberarse y al darse la vuelta dispara una esfera de ki verde en el abdomen del saiyajín que lo empuja contra el suelo, donde estalla.
– “¡BROLY!” – se preocupa Kale.
Hatchiyack se prepara para golpear a la saiyajín, pero Tarble ataca al androide, que reacciona rápidamente y agarra la cabeza del saiyajín.
Tarble lucha por liberarse, pero las esferas de Hatchiyack brillan de nuevo y los intentos del saiyajín se pierden su ferocidad.
El androide suelta a Tarble y le propina un puñetazo que lo lanza contra el suelo.
Kale vuela apresuradamente hacia su compañero y lo alcanza en el último instante para amortiguar su caída. 
Desde el suelo, los tres saiyajín, magullados y cansados, contemplan a Hatchiyack.
En el laboratorio, Ganos y Obni sacan varias baterías de su cinturón y el primero las reúne.
– “Es toda nuestra munición…” – dice Obni.
– “Volaremos este lugar.” – afirma Ganos.
El holograma de Raichi sonríe.
– “No entendéis nada.” – les dice el tsufur. – “Mi mente no está atada a este laboratorio. Todo gracias a las piedras shintai.”
– “¿Qué son esas piedras?” – pregunta Gano.
– “Lo son todo. El Alfa y el Omega.” – responde Raichi. – “Sus peculiares características permiten su interacción con la energía de los seres vivos.”
– “¿Qué significa eso?” – pregunta Obni.
– “Las piedras shintai no solo pueden almacenar energía o transferirla, si no que también pueden ser imbuidas con una consciencia.” – explica el científico.

Obni y Ganos se miran de reojo, asombrados por las palabras del tsufur, que no terminan de comprender.
– “Así es como funciona mi tecnología.” – continúa Raichi. – “Por eso no podéis detenerme.”
En la superficie, Tarble, frustrado, lanza un escupitajo ensangrentado contra el suelo.
– “¡Maldición!” – dice el saiyajin.
– “Lo habéis notado, ¿verdad?” – pregunta Kale. – “Él parece hacerse más fuerte, pero nosotros cada vez estamos más cansados, a pesar de solo haber luchado unos minutos.”
– “Absorbe nuestra energía…” – refunfuña Tarble. – “Tal y como hacían las joyas de Broly.”
El androide cruza sus antebrazos frente a su cuerpo y esas dos gemas brillan intensamente. Al instante, una gran esfera de ki verde es disparada hacia nuestros amigos.

Broly, al sentir el poder del ataque, asciende y se dirige directamente hacia él.
– “¡BROLY! ¡NO!” – exclaman sus amigos.
El saiyajín se coloca frente a la gran esfera de energía e intenta detenerla con sus manos.
– “Grrr…” – gruñe Broly.
En ese instante, el saiyajín recuerda todas las ocasiones en las que el dispositivo que utilizaba Páragus fue activado. Sus sensaciones durante el instante en que ese aparato ejercía su efecto. 
– “¡HAAAA!” – grita el saiyajín.
De repente, una gran explosión de luz ilumina el cielo de forma completamente silenciosa.
El cuerpo humeante de Broly se precipita contra el suelo.
– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta Raichi
Los saiyajín socorren a su amigo, preocupados por su estado, pero enseguida se dan cuenta de que se encuentra bien. Puede levantarse sin ayuda.
– “¡Estás bien!” – celebra Kale.
– “¿Qué ha ocurrido?” – le pregunta Tarble.
Broly esboza una media sonríe.
– “Podemos… ganar.” – dice el saiyajín, sorprendiendo a sus compañeros.
Raichi observa a los saiyajín a través de los ojos de Hatchiyack.
– “El poder de los saiyajín proviene de mis investigaciones con las piedras shintai…” – piensa el tsufur. – “Tiene que ser eso… ¿Acaso Broly puede utilizar su poder como lo harían las gemas?”
El poder de Broly vuelve a teñir las auras de sus compañeros.

– “Nuestro poder…” – piensa Kale. – “¡Ha regresado!”
– “¡Hagámoslo!” – exclama Tarble.
– “¡Sí!” – gritan los tres.
Kale y Tarble se abalanzan sobre Hatchiyack, que se pone en guardia, pero los dos se apartan en el último momento para dar paso a Broly, que agarra al androide por la cabeza con ambas manos y le propina un cabezazo.
Hatchiyack agarra a Broly por los hombros, y los dos personajes chocan de nuevo sus cabezas. Los dos se mantienen la mirada y descienden hasta el suelo, donde siguen agarrados.
Las gemas del androide brillan intensamente. Broly nota como el androide absorbe su poder. Su aura se vuelve más tenue.
– “¡Está ocurriendo!” – exclama Tarble.
– “Vamos, Broly…” – sufre Kale.
El saiyajín no está dispuesto a rendirse y hace aumenta su ki. Su aura crece y su musculatura aumenta mientras sus ojos se ponen en blanco.
La intensidad de la luz de las joyas de Hatchiyack también aumenta. 
Raichi esboza una media sonrisa.
– “He ganado.” – dice el tsufur. – “Tu poder me pertenece.”
De repente, la piedra del brazo derecho de Hatchiyack se resquebraja.
– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende el científico.
Broly sonríe.
Raichi parece asombrado y asustado ante el poder del siayajín.
– “Es… ¡Es demasiado!” – titubea el tsufur.
Hatchiyack suelta a Broly, pero éste le agarra el brazo para no dejarle marchar.
El androide lucha por liberarse, pero Broly sigue aumentando su energía. Las piedras que componen a Hatchiyack se resquebrajan. 
– “¡HAAAAAAAA!” – grita el saiyajín.
La creación de Raichi sigue absorbiendo energía. Varias de las piedras shintai, completamente rotas, pierden su brillo.
– “¡HAAAAAAAA!” – continúa Broly.
– “¡HHHHHH!” – emite un grito mudo el androide.
– “¡NOOOOOO!” – grita Raichi.
Finalmente, las piedras que componen al androide estallan en mil pedazos, generando una gran explosión y emitiendo una gigantesca onda expansiva de color verde que barre el lugar.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Proyecto de futuro

Shingeki no Saiyajín / Parte VIII: Proyecto de futuro
“Tenemos que detenerle, hermano”

Yamoshi, transformado en ozaru dorado, clava su enfurecida mirada en Kinkarn.

Raichi, desde su laboratorio en Vampa, sonríe satisfecho al ver que podrá poner a prueba sus creaciones.

El gigantesco simio se abalanza sobre el Súper Tsufur, dispuesto a aplastarlo con su puño derecho, pero Kinkarn alza sus manos y detiene el golpe. Un cráter se forma bajo sus pies. 
Un coletazo de Yamoshi sorprende al tsufur y lo lanza a varios metros de distancia, pero pronto Kinkarn consigue frenarse en el aire y recuperar la estabilidad. 
Yamoshi abre su enorme boca y dispara un poderoso torrente de ki que engulle al enemigo.
Cuando se disipa el ataque, Kinkarn revela estar protegido por una barrera de energía invisible.
El Súper Saiyajín, furioso, se prepara para una nueva acometida, pero el Súper Tsufur reacciona rápidamente disparando tres minúsculas partículas de energía como la que utilizó contra Zangya.
Las minúsculas esferas de ki se insertan en la piel del ozaru, que intenta protegerse del ataque. Los dos primeros impactan en su antebrazo y hombro izquierdos, y un tercero en su rodilla derecha. Tras un breve instante estallan, lastimando a Yamoshi.
Kinkarn se eleva lentamente y apunta con su dedo índice a la cabeza de Yamoshi. Una pequeña partícula roja de energía se materializa y es proyectada hacia el saiyajín.
En el último instante, un ozaru se interpone en el camino del ataque, recibiendo el impacto en su pecho, que tras unos segundos estalla, matando al saiyajín.
Kinkarn se da cuenta de que varias docenas de simios avanzan hacia él. Dos de ellos han saltado para sorprender al tsufur.
El androide alza su mano y dispara dos ataques de ki que impactan de lleno contra los ozaru, elevándolos hacia el cielo.
Tres ozaru disparan con sus bocas, pero Kinkarn alza una barrera que le protege de los ataques.
Yamoshi, malherido, observa la ofensiva de sus compañeros, sintiéndose impotente como cuando era niño.
Mientras tanto, Gokua a recobrado el conocimiento y se acerca a su amigo caminando tórpidamente.
– “Tenemos que detenerle, hermano” – dice el herajín. – “Ahora ya es tarde para la retirada.”
– “Grrgh…” – gruñe Yamoshi.
– “Le haremos pagar.” – dice Gokua, que se transforma de en Súper Herajín, utilizando todas las fuerzas que le quedan. – “Por madre.”
Kinkarn corre de un ozaru a otro, derribándoles a todos fácilmente. El tsufur agarra a uno por la cola y lo hace girar hasta lanzarlo contra otro.
En Vampa, Raichi parece aburrido.
– “Esto ha durado demasiado” – sentencia el científico. – “La superioridad del Proyecto ST ha quedado demostrada.”
En ese instante, Gokua se abalanza contra el tsufur por sorpresa, acumulando toda la energía que le queda en su puño derecho, que brilla con luz verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita el herajín.
Kinkarn reacciona rápidamente y se protege del golpe con su brazo derecho. Aún así, el tsufur sale repelido hasta chocar contra la barrera de la ciudad, y después cae al suelo.
El guerrero tsufur parece no sentir dolor, pero al ponerse en pie, el brazo que ha recibido el impacto se resquebraja, revelando parte de sus mejoras robóticas internas.
Kinkarn se prepara para contraatacar, pero se da cuenta de que Gokua está sonriendo.
De repente, el herajín hace un gesto de atracción con la misma mano con la que golpeó al androide, revelando que una decena de hilos de ki han sido enrollados alrededor del brazo del tsufur.
Kinkarn es desequilibrado por una técnica que no esperaba. Su brazo se resquebraja aún más.
El tsufur se dispone a disparar a Gokua, pero se da cuenta de que, cerca de allí, Yamoshi prepara una esfera de ki en su mano derecha.
En su laboratorio, Raichi se acerca asombrado a la pantalla de su ordenador.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama el tsufur.
Los ojos de Yamoshi han cambiado. El color rojo de su interior ha retrocedido ligeramente y sus pupilas verdes pueden intuirse.
– “¡GALACTIC – HO!” – exclama el ozaru, extendiendo su mano hacia el enemigo.
El ataque avanza rápidamente hacia el enemigo, que intenta recuperar su posición y liberarse del agarre de Gokua. Su brazo se parte en el forcejeo.
La técnica de Yamoshi engulle al tsufur y choca contra la barrera de la ciudad, que estalla, dejando la metrópolis expuesta.
Raichi se queda boquiabierto ante lo que acaba de acontecer. Es la primera vez que el tsufur ve a un ozaru utilizar una técnica mínimamente compleja.
Tras un instante de confusión, el tsufur esboza una media sonrisa de satisfacción.
– “Parece que he subestimado al Proyecto 317” – piensa el científico. – “Si ha sido capaz de lograr algo así en unos años, su futuro es prometedor…”
Cuando se disipa la polvareda, el androide tsufur aparece entre los escombros. Su barrera personal ha logrado mitigar los daños recibidos, pero su piel muestra múltiples laceraciones, en las que se pueden ver sus mecanismos internos. Uno de los desgarros recorre su esternón, revelando una luz verde en el interior de su caja torácica. 
Yamoshi, que ha puesto todas sus fuerzas en ese ataque, pierde su transformación, y su pelaje dorado se torna marrón, como el del ozaru común.
Gokua también ha perdido su transformación. Débil y malherido, lucha para mantenerse en pie.
De repente, el herajín se da cuenta de que algo en Kinkarn ha cambiado. Su rostro muestra una emoción por primera vez. El Súper Tsúfur está furioso.
En el laboratorio, Raichi intenta detener a su androide, pues se ha dado cuenta de que la investigación que le interesa conservar es la 317. 
– “No responde… El ataque debe haber dañado su núcleo.” – lamenta el científico. – “¡Maldición!”
Kinkarn se abalanza sobre Gokua, pero un compañero ozaru se interpone en su camino.
El tsufur, llevado por la rabia, se abalanza contra el simio y le propina un puñetazo en la barbilla, haciendo que varios dientes salten por los aires. Pero los daños sobre el androide son excesivos, y su antebrazo estalla en mil pedazos, dejándole manco.
Kinkarn, que ahora ha perdido sus dos manos, la primera contra Gokua y la segunda en su último puñetazo, embiste al herajín, dispuesto a propinarle una patada.
El herajín retrocede mientras esquiva apuradamente los múltiples intentos del tsufur.
Yamoshi intenta intervenir, pero cae al suelo al intentar acercarse. Está muy débil.
Gokua pretende alejarse del enemigo, pero Kinkarn es muy insistente. El herajín, tras saltar por encima del tsufur dando una pirueta, logra propinarle una patada en la cara, pero no le causa ningún efecto. Sin poder transformarse, la fuerza de Gokua no es suficiente para plantar cara al enemigo.
Gokua retrocede, pero el tsufur corre de nuevo hacia él.
De repente, el herajín tiene una idea. Gokua utiliza sus hilos de ki para alcanzar un colmillo de ozaru que se encuentra en el suelo, cerca de él, y lo lanza contra Kinkarn.
El androide patea el colmillo hacia el cielo, pero Gokua vuelve a agarrarlo con su técnica y lo lanza de nuevo sobre Kinkarn. 
El tsufur se detiene repentinamente, dejando que el colmillo pase frente a él, a escasos centímetros, y se clave en el suelo.
Gokua aprovecha la distracción para abalanzarse contra el tsufur y propinarle una patada con ambos pies en su pecho, que logra hacerle retroceder. 
El herajín vuelve enrollar sus hilos de ki alrededor del colmillo y lo lanza una vez más contra el tsufur. 
Esta vez, el colmillo se clava en el pecho del tsufur que, a pesar de todo, logra mantenerse en pie.
Pero la ofensiva de Gokua no ha terminado. El herajín se lanza sobre el enemigo y propina un puñetazo al extremo el colmillo, clavándolo más profundamente. El golpe provoca un sonido de cristal roto, tras el cual un estallido de luz verde emana de todos los desgarros del androide, que pronto estalla, creando un gigantesco cráter.
Sin Kinkarn y sin la barrera protectora, la ciudad queda a merced de los saiyajín, que arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
En el exterior, Yamoshi y Gokua han perdido el conocimiento, pero una sonrisa luce en el rostro de ambos guerreros.

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte IV: Hatchiyack

El Saiyajín Dios / Parte IV: Hatchiyack
“¡No dejaré que hagas daño a Broly!”


Un ser de gran envergadura sale de su confinamiento. Las esferas verdes que forman parte de su cuerpo brillan intensamente.
Obni y Ganos han quedado aturdidos. Tarble y Kale se ponen en guardia.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama Tarble, nervioso ante la presencia del enemigo.
La voz de Raichi responde.
– “Mi Gran Obra” – dice el tsufur.
Broly clava su mirada en la creación de Raichi, que ni se inmuta ante al saiyajín.
De repente, Broly se abalanza sobre Hatchiyack dispuesto a propinarle un puñetazo, pero el androide lo detiene con una sola mano, dejando a todos asombrados. Sus gemas brillan de nuevo.
– “No es posible…” – murmura Tarble, aterrado.
Hatchiyack propina un gancho a la barbilla de Broly que desconcierta al saiyajín, y acto seguido continúa con una combinación de golpes brutales, todos dirigidos a la cabeza de Broly; swings, crochet y directos de derecha e izquierda; una tormenta de puñetazos ante la que el saiyajín es incapaz de reaccionar. Con cada golpe, las piedras de su cuerpo se iluminan.
Kale y Tarble sufren al ver a su amigo recibir esa paliza, pues es la primera vez que ven a alguien capaz de propinarle tal castigo. 
Finalmente, Broly es noqueado y cae de espaldas al suelo. Hatchiyack se detiene.
Kale, temblorosa, da un paso hacia su amigo.
– “No…” – dice la saiyajín. – “Broly no puede perder…”
– “Nunca había visto algo igual…” – murmura Tarble. – “Ni siquiera esos saiyajín terrícolas…”
Broly, con el rostro ensangrentado, se vuelve a poner en pie.
– “Los saiyajín sois especialmente testarudos…” – murmura Raichi.
Tarble prepara una esfera de ki azulado en su mano derecha.
– “¡RIOT JAVELIN!” – exclama saiyajín, disparando a Hatchiyack por la espalda.
El ataque estalla al impactar contra el androide, que ni se inmuta.
– “Maldita sea…” – lamenta el saiyajín. 
Hatchiyack mira de reojo a Tarble.
– “No os entrometáis” – dice Raichi.
El androide dispara una ráfaga de ki contra los saiyajín, pero Obni y Ganos se lanzan sobre ellos, evitando que sean alcanzados por el ataque, que impacta contra la pared del laboratorio y causa un pequeño derrumbe.
En la mente de Broly, los recuerdos de su infancia vuelven a aflorar. El pequeño saiyajín se encuentra llorando en silencio, sentado en la entrada de una gruta colapsada, mientras varios saiyajín ayudan a un ensangrentado Páragus a buscar a Kabasha entre los escombros.
Broly sujeta su cabeza con ambas manos mientras grita con todas sus fuerzas y emite un gran chorro de ki por su boca, directo contra Hatchiyack.
El ataque del saiyajín crea un gran surco en el planeta, formando una trinchera de varios kilómetros de distancia y cientos de metros de profundidad.
Al disiparse la polvareda, Hatchiyack, que sigue intacto, agarra a Broly por el cuello. El saiyajín sujeta el brazo del androide, intentando liberarse, pero las gemas del enemigo empiezan a brillar y el poder de Broly parece desaparecer lentamente, como si éstas estuvieran drenando su energía.
La voz de Raichi habla de nuevo.
– “Tu padre era un ingenuo” – dice el tsufur. – “Se agarraba a una fantasía, porque era demasiado débil para asumir la realidad. ¡Yo he creado vuestra historia! ¡La leyenda Súper Saiyajín nació en mi laboratorio!”
Tarble, malherido, sale de entre los escombros y se levanta.
El tsufur continúa su discurso.
– “Antes de mi intervención, solo erais una raza de monos salvajes.” – continúa el tsufur.
– “No es cierto…” – dice Tarble.
– “No tengo razones para mentir.” – responde Raichi.
– “¿Y por qué lo hiciste?” – pregunta el saiyajín.
– “Para comprobar los límites de mis capacidades.” – responde el tsufur. – “Puede que eso lo tengamos en común, al fin y al cabo. El deseo de saber hasta donde puedo llegar. Descubrir las barreras que nos limitan para poder superarlas y alcanzar el siguiente nivel. Quiero respuestas. Comprender un mundo que va más allá de lo que se nos muestra. Quiero ver.”
Hatchiyack ha absorbido el poder de Broly, que ha vuelto a su estado base y ha quedado inconsciente.
Tarble, a pesar de tan terrible situación, esboza una media sonrisa.
– “Todo en lo que he creído…” – dice el saiyajín. – “Todo se ha desmoronado en estos últimos meses. El universo ha resultado ser mucho más grande de lo que jamás había imaginado criándome en este planeta.”

Raichi escucha con atención al chico.
– “Los tsufur invadisteis el planeta Plant e intentasteis exterminarnos… Y ahora, de nuevo, atacáis nuestro hogar…” – dice Tarble.
– “Yo os traje hasta aquí…” – dice Raichi.
– “No me importa” – le interrumpe Tarble. – “Broly, Kale y yo, al igual que muchos otros saiyajín, hemos nacido y crecido en Vampa. Esta es nuestra casa.”
Hatchiyack suelta a Broly, que se desploma contra el suelo, y centra su atención en Tarble.
– “Puede que yo no sea tan fuerte como Broly.” – dice Tarble. – “No tengo el poder de un Dios, ni el de una leyenda. Mi padre es un guerrero saiyajín que abandonó Vegeta buscando un futuro mejor para su raza. ¡Protegeré ese futuro!”
Los ojos de Tarble brillan de color verde de forma intermitente y el chico se abalanza sobre Hatchiyack, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero éste le intercepta con un puñetazo en el abdomen que le detiene bruscamente, haciéndole escupir sangre. Acto seguido, Hatchiyack propina un golpe con el dorso de su puño a al chico, lanzándole contra la pared de laboratorio.
Broly, en su estado base, aturdido y casi sin fuerzas, se abalanza sobre Hatchiyack y le agarra por la cintura, intentando derribarle, pero es incapaz de ni tan solo moverle. El androide propina un codazo en la cabeza del saiyajín y éste cae al suelo.
Mientras tanto, Ganos ha salido de los escombros y dispara a Hatchiyack con su pistola, pero los disparos salen desviados, sin causarle ningún daño.
Cerca de allí, Kale ayuda a Obni, que ha quedado atrapado.
Broly agarra el pie de Hatchiyack, en un desesperado intento de seguir oponiéndose al enemigo.
Raichi suspira, decepcionado.
– “Esperaba más de ti, Broly.” – dice el tsufur. – “Cuando tu padre recurrió a la sabiduría de mi laboratorio, parecías muy prometedor. Tu poder reaccionaba a este planeta de una forma peculiar.”
– “Grr…” – gruñe Broly.
– “Escapabas a su control.” – dice Raichi. – “Así que le proporcioné los medios necesarios para encadenarte a su voluntad… y a la mía. Tu interacción con las piedras shintai era un misterio que debía resolver.”
Hatchiyack coloca su pie sobre la cabeza de Broly y empieza a pisarla contra el suelo, aumentando su fuerza gradualmente.
En la mente de Broly, éste recuerda a su padre colocándole su diadema después de vestirle con las piezas doradas que le torturarían durante el resto de su vida.
– “Es por tu bien, hijo.” – le dice Páragus. – “Esto te ayudará a controlar tu poder.”
En el laboratorio, Ganos dispara al panel de comandos, intentando desconectar el sistema de forma desesperada.
– “No seáis ridículos.” – dice Raichi. – “Dejé de necesitar eso hace mucho tiempo.”
– “¡Tiene que haber un modo de pararlo!” – exclama Obni, que ha salido de los escombros.
– “Mi tecnología está muy lejos de vuestro entendimiento” – dice el tsufur.
Hatchiyack sigue apretando la cabeza de Broly, que se incrusta en el suelo.
– “El guerrero que tienes ante ti ha nacido de esas investigaciones.” – dice Raichi. – “Ya no te necesito.” – sentencia.

El gigantesco androide se prepara para dar el pisotón final al saiyajín, pero en ese instante, Kale embiste a Hatchiyack con todas sus fuerzas, empujándole ligeramente; lo suficiente para liberar a Broly.
– “¿Qué?” – se sorprenden todos.
Los ojos de Kale brillan intensamente de color verde y el cabello de su coleta ondea ligeramente. Un aura amarilla rodea su cuerpo.
– “¡No dejaré que hagas daño a Broly!” – dice la saiyajín.
En ese instante, un malherido Broly alza su mirada y ve a su madre, de pie frente a él.
– “¡Es solo un niño!” – dice el espejismo.
Kale se prepara para enfrentarse al enemigo.
– “Hemos estado tan cegados pensando en el Súper Saiyajín de la leyenda, que se nos ha olvidado lo que realmente nos hacía poderosos… ¡Nuestra fuerza conjunta!” –  exclama Kale. – “El Rey Vegeta y el señor Páragus cometieron el mismo error. Lo entendí cuando vi a esos dos terrícolas.”
Tarble, malherido, se levanta lentamente.
– “Kale…” – murmura el saiyajín.
– “El destino de nuestra raza no recae sobre Broly.” – dice Kale. – “¡Depende de todos nosotros!”
Hatchiyack analiza detenidamente a su contrincante.
– “Eres insignificante.” – dice Raichi.
Tarble camina tórpidamente hasta colocarse junto a Kale.
Al ver a sus dos amigos, Broly recuerda su infancia de nuevo. El chico se encuentra sentado en un rincón, magullado por los golpes recibidos por los duros castigos de su padre, cuando un niño se acerca a él. 
– “¡Hola!” – saluda el alegre muchacho. – “Tú eres Broly, ¿verdad?”
Broly no responde. El pequeño saiyajín no está acostumbrado a relacionarse con otros niños, porque todos le tienen miedo.
– “Me llamo Tarble” – saluda el chico. – “¡Nuestros padres son amigos! Supongo que eso hace que nosotros también lo seamos…”
En ese momento, una pequeña saiyajín se acerca a Tarble.
– “¿Qué haces, Tarble?” – pregunta la muchacha.
– “¡Te presento a mi amigo!” – sonríe el chico. – “Se llama Broly.
– “¡¿Broly?!” – se asusta Kale. – “Mis padres me han dicho que no debo jugar con él…” – susurra la saiyajín.
– “¡Eso es porque no le conocen como yo!” – exclama Tarble. 
– “¿Desde cuando sois amigos?” – pregunta Kale.
– “Bueno… verás…” – se avergüenza Tarble. – “Es que…”
Broly se levanta en silencio y se aleja de los dos.
En el laboratorio, los ojos de Tarble se iluminan y un aura dorada envuelve su cuerpo. 
Broly se levanta lentamente, a pesar de sus heridas, sorpendiendo a Raichi.
– “¿Aún le quedan fuerzas?” – se pregunta el científico.
En el recuerdo de Broly, Tarble agarra la mano de Broly, deteniendo su marcha.
– “¿Dónde vas?” – le pregunta el saiyajín. – “¡Ven con nosotros a jugar! ¡Vamos a ir a cazar odani cerca de las grutas Bah-bah!”
Broly intenta ignorar al chico, pero su otra mano es agarrada por Kale.
– “Puede ser divertido…” – dice ella, muy sonrojada. – “¡Vamos a jugar!”
Los dos chicos tiran de los brazos de Broly, obligándole a unirse a ellos. El chico, por primera vez, se siente parte de algo; querido, y una disimulada sonrisa se dibuja en su rostro.
Broly se ha levantado y se ha colocado entre Tarble y Kale, cuyas auras doradas estallan, prendiendo sus cabellos y tornándolos del mismo color.
El ki de los dos saiyajín envuelve a Broly como un torbellino, haciendo que su poder resurja y tornando sus pupilas de color rojo. Su aura rojiza le envuelve y tiñe ligeramente las auras de sus amigos.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Dolor y rabia

Shingeki no Saiyajín / Parte VII: Dolor y rabia
“¡Es una trampa!”


Kinkarn camina hacia Yamoshi y Gokua, que se ponen en guardia, listos para enfrentarse al enemigo.
– “No podemos confiarnos.” – advierte el herajín. – “Este tipo es muy fuerte. Lo más sensato sería intentar resistir hasta que salga la luna llena.”
Yamoshi, descontrolado por la rabia que conlleva la transformación de Súper Saiyajín, no escucha a su compañero y ataca al tsufur.
– “¡NO! ¡ESPERA!” – exclama Gokua.
El saiyajín intenta propinar un puñetazo a Kinkarn, pero éste le agarra el brazo y contraataca con un golpe en su abdomen y después abre su puño para disparar un ataque de ki que empuja a Yamoshi hacia el cielo.
Gokua interviene, abalanzándose sobre el tsufur a toda velocidad y propinándole un cabezazo en la nariz que le hace retroceder un paso. Pero Kinkarn enseguida reacciona y propina una patada en el abdomen al herajín, que le deja sin fuerzas, y después golpea su espalda con ambos puños, estampando a Gokua contra el suelo.
Kinkarn se prepara para rematar a su adversario, pero Yamoshi aprovecha su descenso para ganar energía cinética y propina una patada en la cara al tsufur, alejándole de su amigo.
Gokua, dolorido, se pone en pie.
– “Es más fuerte de lo que esperaba…” – murmura el herajín.
Una gota de líquido oscuro gotea por la nariz del tsufur. Gokua se da cuenta.
– “Eso no es sangre…” – piensa el herajín. – “¡Un momento! Las cicatrices; ese líquido… ¡¿Acaso es…?!”
El tsufur apunta a nuestros amigos con sus manos y dispara un poderoso ataque de ki rojo que Yamoshi y Gokua se ven obligados a esquivar.
Kinkarn corre hacia Yamoshi a toda velocidad, le agarra la cara y lo estampa contra el suelo, arrastrándole mientras continúa corriendo hacia una montaña cercana.
Gokua persigue al tsufur, intentando ayudar a su amigo, pero Kinkarn se detiene de repente y lanza a Yamoshi contra el herajín, que se ve obligado a sujetarle.
Kinkarn dispara una ráfaga de ki y Gokua se da la vuelta, intentando proteger a su compañero, exponiendo su espalda al ataque.
Múltiples explosiones tienen lugar, alzando una gran nube de polvo y humo.
En una colina cercana, los saiyajín esperan la luna llena para atacar la ciudad, pero ahora parecen tener dudas al ver el poder del Súper Tsufur.
Zangya sufre al ver a su hijo y a Yamoshi enfrentarse al tsufur, pero intenta mantener la calma.
Cuando la polvareda se disipa, Gokua aparece tumbado en el suelo, bocabajo, con su espalda quemada por el ataque de Kinkarn. Yamoshi se encuentra a su lado, con heridas mucho más leves, gracias a la protección de su amigo.
En Vampa, Raichi observa el combate a través de la pantalla.
– “A este paso, no podré comprobar el poder completo del proyecto…” – murmura el científico. – “Aún falta un poco para la luna llena.”
Los dos guerreros intentan levantarse, pero a Gokua le fallan las fuerzas. Yamoshi se acerca a él e intenta ayudarle.
– “Ordena la retirada… y huye.” – dice el herajín. – “Si le atacamos, será una masacre. Es demasiado fuerte.”
– “Nosotros… luchamos…” – responde Yamoshi.
– “No lo entiendes…” – dice Gokua. – “Él no es un tsufur corriente. No creo que sienta dolor. Creo que lo han modificado para que sea capaz de contener este poder.”
Kinkarn no se mueve. Solo observa a nuestros amigos.
Zangya observa al tsufur y se da cuenta de su extraña actitud.
– “No les ataca…” – piensa la herajín. – “No parece que proteja la ciudad… ¡Los pone a prueba!”
Yamoshi ignora los consejos de su compañero y clava su mirada furiosa en Kinkarn.
– “No lo hagas…” – le pide Gokua, mientras se pone de nuevo en pie.
El Súper Tsufur sigue esperando impertérrito a que el saiyajín tome la iniciativa. 
De repente, una luz brilla en el cielo, sobre Kinkarn, y eso llama la atención de Yamoshi y Gokua.
Kinkarn se da cuenta de que algo ocurre y alza su mirada, buscando qué es lo que sus enemigos han visto.
A cientos de metros de altura, Zangya prepara una poderosa técnica. Con sus brazos en cruz, dos esferas de ki verde aumentan de tamaño en sus manos.
– “¡GALACTIC BUSTER!” – grita al juntar las manos y dispara un poderoso torrente de ki sobre el tsufur.
El ataque impacta de forma directa sobre Kinkarn, generando una gigantesca explosión.
Yamoshi y Gokua se sorprenden al ver que la herajín ha intervenido en el combate.
Zangya desciende rápidamente y se acerca a los dos guerreros.
– “¡Es una trampa!” – les advierte la herajín. – “¡Los tsufur os están analizando! ¡Tenemos que irnos!”
En Vampa, Raichi observa desde el punto de vista de Kinkarn, y el radar busca a sus tres enemigos a través de la polvareda levantada.
– “Parece que ya se han dado cuenta…” – sonríe el doctor. – “Puede que esto ponga las cosas más interesantes.”
El Súper Tsufur alza su dedo índice y dispara una minúscula partícula de energía que avanza rápidamente hasta incrustarse en la espalda de Zangya.
La herajín se queda en silencio. Yamoshi y Gokua observan a la herajín ser alcanzada. Durante un breve instante, el mundo se mueve a cámara lenta para nuestros amigos mientras Zangya cae al suelo de rodillas.
– “Mamá…” – titubea Gokua.
Yamoshi se queda petrificado ante lo sucedido. Gokua se acerca a ella para intentar socorrerla.
– “Mamá…” – llora el herajín. – “No…”
– “Lo siento…” – responde Zangya. – “Tenéis que sobrevivir…” – dice acariciando el rostro de su hijo, que tanto le recuerda a su hermano.
En ese instante, la herajín siente que algo no va bien; nota que algo le quema por dentro.
Zangya utiliza las pocas energías que le quedan para generar una barrera a su alrededor que empuja a Gokua y a Yamoshi.
De repente, una gran explosión de energía roja llena la barrera de Zangya, que un instante después estalla y crea una gran onda expansiva que arrasa el lugar. La turbulencia alcanza a los saiyajín que se encontraban observando el combate, que se ven obligados a ponerse a cubierto.
El páramo queda desierto. Kinkarn es el único que sigue en pie, sin inmutarse.
Raichi observa los acontecimientos.
Yamoshi surge de entre los escombros, magullado. A escasos metros, el saiyajín puede ver a su compañero, semienterrado, malherido e inconsciente.
El saiyajín, que ha vuelto a su estado base, se pone en pie. La sangre de sus heridas cubre su cuerpo y gotea en el suelo. Yamoshi aprieta con rabia sus puños. La ira le embarga.
Kinkarn le observa detenidamente. Raichi sonríe al ver que su experimento ha sobrevivido.
– “Eso es…” – murmura el científico tsufur.
Su mente es inundada por escenas de su infancia encerrado junto a Zangya y Gokua. Sus ojos se tornan de color verde, su cabello se eriza y brilla de color dorado. Rayos de energía chasquean a su alrededor, mientras el aura amarilla del Súper Saiyajín le envuelve.
En el cielo, una tenue luna llena empieza a revelarse. 
La cola del saiyajín reacciona a la luz de la luna. Su corazón late con fuerza y hace palpitar su pecho; suena como un tambor. Sus colmillos empiezan a crecer y sus ojos inyectan en sangre, tornándose rojos. Su cabello crece y todo su cuerpo empieza a cubrirse por un abundante pelaje dorado. Su masa muscular aumenta exponencialmente. El suelo se resquebraja bajo sus pies.
Finalmente, el saiyajín aumenta de tamaño hasta convertirse en un ozaru.
Raichi sonríe.
– “Muéstrame todo tu poder…” – murmura el tsufur.

Un furioso pero doloroso rugido de Yamoshi inunda el lugar.