ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte VII: Llave y cerradura

El Saiyajín Dios / Parte VII: Llave y cerradura
“Ellos os encontrarán”
Kale ayuda a Broly a llegar hasta el laboratorio, donde Tarble y Ganos hablan con Raichi. 
– “No tenéis mucho tiempo.” – dice el tsufur. – “Su regreso está cerca.”
– “No lo permitiremos” – responde Ganos. – “La Patrulla Galácticas protegerá el universo de cualquier amenaza.”
– “Ingenuos” – responde Raichi, despreciando al patrullero.
 En lo más profundo de la mina de piedras shintai, Obni coloca los explosivos alrededor de la réplica del Amenoukihashi.
– “Debemos asegurarnos de que esto nunca sea utilizado.” – murmura el patrullero.
Raichi observa detenidamente a Broly.
– “Tu poder me ha sorprendido, muchacho” – sonríe el tsufur en tono burlón. – “Al verte, siento que el destino se ríe de mí, entregándote todo el poder en el que yo he trabajado para conseguir. Aunque puede que no sea solo casualidad…” – añade Raichi, muy suspicaz.
Broly parece molesto ante las palabras el tsufur.
– “Creo que hay algo que debes ver…” – dice el científico.
De repente, un nuevo holograma de unos jóvenes Páragus y Leek aparece entre las ruinas del laboratorio.
– “¿Padre?” – se pregunta Broly.
– “¿Qué es esto?” – murmura Tarble.
Páragus se encuentra hablando con Leek.
– “¿Y si me he equivocado?” – pregunta Páragus, muy apenado.
– “El destino de nuestra raza depende de Broly” – dice Leek. – “Eso dice la leyenda. ¡Él es el Súper Saiyajín!”
– “Sí…” – responde Páragus, cabizbajo e inseguro. – “Pero…”
Leek le mira dubitativo.
– “Es posible que…” – continúa Páragus.
– “¿Qué ocurre, Páragus?” – pregunta Leek, preocupado por su compañero.
– “Me gustaría poder contártelo.” – responde el saiyajín, mientras una lágrima se desliza por su rostro.
– “Sabes que puedo guardar un secreto” – dice Leek.
– “Lo sé, Leek” – dice Páragus. – “Pero yo no puedo revelarlo.”
– “¿A qué te refieres?” – se extraña su compañero.
– “Lo hice por nosotros…” – dice Páragus. – “Por nuestra raza.”
Su compañero, preocupado, coloca la mano en el hombro de Páragus.
– “No puedo ayudarte si no me lo cuentas.” – insiste Leek.
Cuando Páragus se dispone a hablar, algo parece arder en su brazo, haciendo que el saiyajín caiga arrodillado.
– “No puedo hacerlo…” – dice Páragus.
En la parte interna de su antebrazo ha aparecido una extraña marca negra que recuerda al Amenoukihashi.
– “¿Qué has hecho, Páragus?” – le pregunta Leek, asustado.
– “Ellos… aparecieron en mis sueños…” – dice el saiyajín. – “Era nuestra única oportunidad, Leek.”
Broly y los demás observan el holograma sin comprender completamente lo que sucede.
De repente, la marca negra aparece también en el antebrazo de Broly, asustando al saiyajín y alarmando a todos los presentes.
– “Una maldición Kashvar…” – dice Raichi. – “Eso lo explica todo.”
– “¡¿QUÉ LE HABÉIS HECHO?!” – pregunta Kale.
– “Esto no es obra mía, saiyajín” – responde el tsufur. – “Parece que Páragus hizo tratos con más de una persona…”
– “¡Quítaselo!” – dice Tarble.
– “Ya os lo dije” – responde Raichi. – “La magia Kashvar supera mis conocimientos.”
– “¡¿Y qué significa esa marca?!” – pregunta Ganos.
En ese instante, Obni sale de la mina.
– “¡Tenemos que salir de aquí!” – exclama el patrullero.
Los explosivos estallan, destruyendo el monumento y provocando que la cueva empiece a derrumbarse.
– “¡Necesitamos respuestas!” – insiste Tarble.
– “Ellos os encontrarán” – dice Raichi, mientras varios cascotes atraviesan su holograma. – “Él es el Amenonuhoko. Es la llave.”
Ganos agarra el brazo de Tarble.
– “¡Vámonos!” – exclama el patrullero.
– “¡¿La llave para qué?!” – pregunta el saiyajín.
Raichi ya no responde. Su holograma se desvanece, mientras el derrumbe avanza.
– “Intenté crear una llave artificial cuando tenía la original ante mis ojos…” – sonríe Raichi, riéndose de su propio error.
Todos corren por las grutas subterráneas de Vampa hasta lograr salir al exterior en el último momento.
Una vez fuera, se detienen, dejándose caer al suelo, agotados, intentando recobran el aliento.
– “Ha estado cerca…” – suspira Ganos.
– “Maldición…” – lamenta Tarble.
La marca de Broly ha desaparecido. El mestizo acaricia su brazo, intentando comprender lo que sucede.

En ese instante, una nave con forma de pulpo aterriza cerca de ellos.

– “Refuerzos” – dice Obni.
– “Ya no hacen falta” – añade Ganos.

De la nave desembarcan Trunks y Cheelai.
– “¿Estáis todos bien?” – pregunta la patrullera brench. – “¿Qué ha pasado aquí?”
– “El Cuartel General nos ha pedido que nos acercáramos a echaros una mano cuando perdieron vuestra señal.” – dice Trunks. – “¿Va todo bien?”
Ganos sonríe.
– “Llegáis un poco tarde” – dice el patrullero. – “La fiesta ya ha terminado.”
– “Yo no pienso escribir este informe” – dice Obni. – “Va a ser una pesadilla recopilar todo lo que ha sucedido.”
– “Supongo que esta vez me toca a mí…” – suspira Ganos.
Cheelai saca una pequeña caja con píldoras senzu y se dispone a repartirlas entre los heridos.
Trunks se acerca a Broly y le ofrece su mano para ayudarle a levantarse.
Broly, con una sonrisa cómplice, acepta la ayuda.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte X: Despedida

Shingeki no Saiyajín / Parte X: Despedida
“Tsufur matan saiyajín”


Kamin ha explicado sus descubrimientos a Gokua. Raichi derribó la nave del piloto herajín, que volaba bajo las órdenes de un demonio del frío a quién se dirigía como Rey Cold.
– “Cold…” – murmura Gokua. – “Podría ser el demonio del frío que derrotó a Bojack.” – ata cabos. – “Pero creía que era un Guardián del Fruto Sagrado… ¿Y ahora tiene a un herajín trabajando para él? Me resulta extraño.”
– “El Doctor Raichi nos ha tenido engañados” – dice Kamin. – “Su control del planeta es superior del que los propios tsufur conocemos.”
– “Tenemos que informar a Yamoshi” – dice Gokua.
Tras unas horas, Gokua y Kamin se han reunido con el líder saiyajín en las cuevas donde habitan. Yamoshi, por las graves heridas recibidas en la batalla contra Kinkarn, ha perdido su brazo izquierdo.
– “Parece que la verdadera amenaza tsufur no son las ciudades, Yamoshi” – reflexiona Gokua. – “Es el científico Raichi.”
– “Ni siquiera sus habitantes conocen hasta dónde llega el control del doctor” – añade Kamin. – “Creo que nos está enfrentando.”
– “Tsufur matan saiyajín.” – dice Yamoshi, contrariado.
– “Y los saiyajín matan tsufur” – responde Gokua.
El líder saiyajín mira su amigo con recelo al sentir que está defendiendo al enemigo.
– “Creo que deberíamos informar a los tsufur.” – intenta proponer el herajín. – “Deberíamos asegurarnos de que conocen la realidad, antes de seguir con esta guerra eterna.”
– “A mí me creerán” – dice Kamin.
– “No.” – dice Yamoshi, tajantemente. – “Tú… sabes mucho. No puedes marchar.”
– “Creo que podemos confiar en ella, hermano.” – dice Gokua.
– “NO” – repite el saiyajín.
Yamoshi abandona la cueva, pues su decisión está tomada.
– “¡Espera!” – le detiene el herajín, que ha salido tras él. – “Hay más.”
– “¿Más?” – pregunta el saiyajín.
– “He decidido marcharme.” – anuncia Gokua. – “Necesito saber qué ocurrió con mi planeta y mi raza. Voy a regresar a Hera.”
El saiyajín agacha la cabeza, entristecido por la posible marcha de su hermano.
– “¿Y la guerra?” – pregunta Yamoshi.
– “Ya conoces mi opinión.” – responde Gokua.
– “Opinión de tsufur.” – dice el saiyajín.
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta el herajín.
– “La mujer…” – responde su hermano.
– “¿Crees que he cambiado de opinión por ella?” – dice Gokua, intentando que tal cosa parezca un disparate.
– “Ellos la mataron.” – dice Yamoshi.
– “Raichi lo hizo.” – responde Gokua. – “Pero no sabemos dónde está.”
Yamoshi no responde y se aleja de su hermano.
– “Mañana tendrás provisiones.” – sentencia el saiyajín.
Gokua agacha la cabeza, triste por el punto de vista de Yamoshi.
El herajín regresa a la cueva, donde le espera Kamin.
– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta la tsufur.
– “Yamoshi es tozudo…” – lamenta Gokua. – “No va a detener esta guerra.”
– “¿Podemos hacer algo?” – dice Kamin.
– “Lo dudo.” – responde el herajín. – “La lucha es la forma de vida de los saiyajín. A veces me pregunto si echar a los tsufur de Plant es solo una excusa para pelear…”
Kamin agarra la mano de Gokua.
– “Podemos marcharnos.” – dice la tsufur.
– “¿Marcharnos?” – se sorprende el herajín, algo confuso por las palabras de Kamin. – “¿Quieres venir conmigo a Hera?”
– “Los saiyajín no me dejarán volver con los míos” – dice la mujer. – “Y si me quedo con ellos, no sé que harán cuando no puedas protegerme.”
Gokua se levanta y se dirige hacia la salida de la tienda.
– “¿A dónde vas?” – pregunta Kamin.
– “Necesito tomar el aire” – dice el herajín.
Gokua sobrevuela el planeta en solitario hasta llegar a la ciudad donde estuvo preso durante tantos años y se adentra en sus ruinas hasta llegar a la torre principal, donde encuentra un acceso al laboratorio.
El herajín recorre los pasillos de tan sombrío lugar acariciando sus paredes con la mano, hasta encontrar la celda donde estuvo con su madre y Yamoshi. Las compuertas fueron arrancadas por la explosión, que se extendió por todo el centro de investigación.

– “Sé que mamá no quería que regresara a Hera…” – reflexiona Gokua. – “Pero necesito saber más sobre mi pasado. En Plant me siento un extraño. Esta no era nuestra guerra… Pero tampoco puedo abandonar a Yamoshi y a los saiyajín.” – el herajín está hecho un lío. – “¡Maldita sea!” – exclama. – “¿Qué puedo hacer?”
De repente, una vieja computadora parece ponerse en marcha, y un holograma parpadeante aparece junto a Gokua.
– “Bienvenido a casa, muchacho” – dice una voz anciana que enseguida reconoce.
– “¡¿Raichi?!” – exclama Gokua, furioso, poniéndose en guardia.
– “Parece que has encontrado la nave derribada…” – dice el tsufur.
– “¡¿Cómo sabes eso?!” – pregunta el herajín.
– “Considérala un regalo.” – responde Raichi.
– “¿Qué?” – Gokua parece confuso.
– “Mis objetivos para ti han terminado, Gokua” – explica el doctor. – “Ahora eres un estorbo.”
Gokua, furioso ante la manipulación del científico intenta golpear el holograma, atravesándolo.
– “Maldición…” – lamenta el herajín. – “¡DA LA CARA!” 
– “Eso no va a ser posible.” – sonríe el holograma. – “Estoy en otro planeta, muy lejos de aquí.”
– “¡¿Qué quieres de mí?!” – pregunta Gokua.
– “Ya te lo he dicho.” – responde Raichi. – “Quiero que abandones Plant.”
– “¡¿Por qué?!” – insiste el herajín.
– “Quiero estudiar el desarrollo de los saiyajín.” – explica Raichi. – “Quiero observar el destino de Plant y hasta dónde puede llegar el Súper Saiyajín. Aún tengo muchas preguntas por responder.”
– “¿No quieres eliminarlos?” – pregunta Gokua, confundido ante el discurso del científico.
– “Por supuesto que no” – responde Raichi. – “Yo soy un hombre de ciencia. Me interesa el progreso… y los saiyajín mejoran a pasos agigantados.”
– “¿No te importan los tsufur?” – pregunta Gokua.
– “Son una parte importante de mi experimento, si es eso a lo que te refieres.” – responde el doctor. 
A Gokua le cuesta comprender el punto de vista de Raichi.
– “¿Y Kinkarn?” – pregunta Gokua.
– “No voy a engañarte…” – sonríe Raichi. – “Creía que el Súper Tsufur sería superior… Pero me equivoqué. No fui consciente de las verdaderas posibilidades del Súper Saiyajín hasta que os vi luchar contra el viejo Capitán.”
– “Eres un monstruo…” – murmura el herajín.
Raichi ignora las palabras del herjaín.
– “Ahora, quiero hacerte una oferta.” – dice el tsufur.
– “¿Una oferta?” – pregunta Gokua.
– “Si tú abandonas el planeta, yo dejaré de participar activamente en el desarrollo de la historia de Plant.” – ofrece Raichi. – “Me dedicaré a observar los acontecimientos. No habrá más Súper Tsufur.”
– “¿Y si me niego?” – pregunta Gokua.
– “Ya has visto de lo que es capaz mi ciencia, chico” – dice el doctor. – “Yamoshi y tú sobrevivisteis por los pelos. ¿Crees que podríais derrotar a otro Súper Tsufur? ¿Crees que Yamoshi está en condiciones de librar otro combate igual? ¿O cuánto crees que tardaría en formar un pequeño ejército?”
– “Bastardo…” – dice Gokua al darse cuenta de que Raichi conoce el estado de su hermano.
– “Así que… dime, Gokua” – sonríe el tsufur. – “¿Qué vas a hacer?”
Al amanecer, Gokua ya ha regresado al campamento saiyajín. Kamin prepara los suministros para el viaje.
– “No me puedo creer que vaya a abandonar este planeta…” – suspira Kamin.
– “Yo tampoco.” – responde Gokua. – “Pero es lo que debo hacer.”

De repente, Yamoshi se acerca al herajín. En sus manos lleva un obsequio para su hermano. El objeto es alargado y está envuelto en pieles.
– “¿Qué es esto?” – pregunta Gokua.
El herajín desenvuelve el regalo y resulta ser una cimitarra hecha a partir de un colmillo de ozaru.
– “Nuestra fuerza…” – dice Yamoshi. – “Contigo.”
– “Gracias, hermano” – le abraza Gokua. – “Siento mucho tener que irme.” – derrama una lágrima el herajín.
– “Mucha suerte.” – responde el saiyajín.

Los hijos de Yamoshi se abalanzan sobre su tío y lo abrazan.
– “Os echaré de menos” – sonríe Gokua. – “Entrenad mucho.”
Gokua y Kamin suben a la nave Real y se preparan para partir.
– “Sabes pilotar esto, ¿verdad?” – pregunta Gokua.
– “Eso creo…” – responde Kamin. – “No debe ser muy distinto a un aerodeslizador, ¿no?”
El herajín mira asustado a su compañera, que responde con un guiño y esbozando una sonrisa burlona.
La nave se eleva lentamente y, en un abrir y cerrar de ojos, desaparece en el cielo ante los ojos de los saiyajín, que se despiden de su compañero, al que llegaron a considerar uno de los suyos.

Mientras tanto, en Vampa, Raichi observa su monitor con una misteriosa sonrisa.

ESPECIAL DBSNL /// El Saiyajín Dios // Universo 7 / Parte VI: Ciencia y magia

El Saiyajín Dios / Parte VI: Ciencia y magia
“La magia no es más que ciencia por descubrir.”
Tras la explosión, en el centro de un gigantesco cráter, el cuerpo de Hatchiyack se encuentra tirado en el suelo, como un juguete roto; ahora con los huecos vacíos donde antes se encontraban las piedras shintai, que han estallado al ser sobrecargadas por Broly. 
En el laboratorio, los patrulleros se levantan entre los escombros.
– “¿Qué ha ocurrido?” – se pregunta Obni.
– “Creo que…” – dice Ganos, que esboza una sonrisa. – “Creo que hemos ganado.”
En la superficie del planeta, Tarble y Kale buscan a su compañero en el interior del cráter.
– “¡No le encuentro!” – dice Kale, preocupada.
– “¡Tiene que estar por aquí! ¡Bajo los escombros!” – dice Tarble. – “¡Sigue buscando!”
De repente, el sonido de una pequeña piedra cayendo alerta a Kale.
– “¡Broly!” – exclama la saiyajín, que corre hacia un montón de rocas y empieza a apartarlas.
Finalmente, bajo los cascotes encuentra a su amigo. Broly ha regresado a su estado base.
– “¡Tarble! ¡Está aquí!” – grita Kale.
La saiyajín desentierra a su compañero e intenta reincorporarle, colocando la cabeza del chico en su regazo.
– “¡¿Estás bien?!” – pregunta Kale.

Broly, magullado y agotado, abre los ojos ligeramente.
– “Kale…” – sonríe Broly.
Tarble se acerca a sus amigos.
– “Nos has dado un buen susto…” – dice el saiyajín.
– “Jeje” – ríe Broly.
En el laboratorio, Raichi reflexiona sobre lo acontencido.
– “He subestimado el poder del chico…” – murmura el científico tsufur. – “Sus habilidades han resultado una anomalía que no tenía en cuenta.”
Los ordenadores, que aún se encuentra en funcionamiento, parecen estar procesando la información obtenida.
Ganos se da cuenta de que una compuerta oculta en el suelo ha sido dañada durante la explosión, quedando expuesta la escotilla, y de su interior emana una extraña luz verde.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta el patrullero.
Obni y Ganos arrancan la compuerta y descienden deslizándose por una rudimentaria escalera de pared que parece no tener fin. Con cada metro que descienden, la luz verde se vuelve más brillante.
Al llegar al fondo, la luz es cegadora. Los patrulleros se encuentran en mitad de una cueva natural que parece que Raichi ha convertido en una mina. 
– “Es increíble…” – dice Ganos, asombrado.
– “Esto son…” – murmura Obni.
La luz verde proviene de cientos de piedras incrustadas en la corteza del planeta.
– “Son piedras shintai” – dice Ganos.
– “Por eso Raichi se estableció en este planeta.” – murmura Obni. – “Ese bastardo…”
– “Tenemos que avisar a los saiyajín.” – dice su compañero.
– “Adelante” – coincide Obni. – “Yo inspeccionaré la zona, a ver si hay algo más de interés aquí abajo.”
Ganos asciende por de nuevo por la escalera hasta llegar al laboratorio, donde se encuentra con Tarble, que acudía al lugar para informar a los patrulleros de que ellos se encontraban bien.
– “Tenéis que ver esto” – le dice Ganos al saiyajín.
– “¿Un sótano secreto?” – pregunta Tarble.
– “Una mina de piedras shintai” – responde el patrullero.
El holograma de Raichi aparece frente a los dos personajes.
– “Esas piedras son el trabajo de toda una vida” – dice el tsufur. – “Desde mis inicios en mi planeta natal, Kudan, hasta hoy, he pasado miles de años investigando sus secretos” – explica. – “Esas piedras son la prueba de que existe un ser creador. Alguien por encima de los meros mortales como nosotros.”
– “¿De qué hablas, viejo?” – dice Tarble. – “No intentes excusar tus acciones.”
– “No lo hago” – responde el científico. – “No me arrepiento de ninguno de mis actos, pues cada uno me ha acercado más a la verdad.”
– “¿Qué verdad?” – pregunta Ganos.
Raichi se queda en silencio un instante, pensativo, ignorando la pregunta del patrullero.
– “Kudan sufrió un horrible destino.” – continúa Raichi. – “Un misterioso viajero me mostró las posibilidades de las piedras shintai y, desde ese día, no he podido apartar la mirada de su brillante luz. El conocimiento al que abrían acceso me cegó. ¿Qué hay más importante que resolver los misterios del universo? Yo también quería ver.”
– “¿De quién hablas?” – pregunta Ganos.
– “Él era visto por todos como un charlatán, pero incluso un hombre ciencia como yo podía ver que había algo más. La verdad tras sus palabras fue confirmada cuando apareció un Dios castigador y purgó los pecados de los tsufur.” – responde el científico. – “Los supervivientes intentaron reconstruir nuestro pueblo en Plant, pero mi forma de ver el mundo había cambiado para siempre. La venda de mis ojos había caído. La magia no es más que ciencia por descubrir. Secretos antiguos que aún no han sido revelados. ¡Me prometí revelar los secretos del universo! ¡Ninguna magia puede ser más fuerte que la verdad de mi ciencia!”
En la mina, Obni examina la gruta, avanzando hasta las profundidades hasta que el camino desemboca en una gran cueva, en el centro de la cual se encuentra una extraña estructura tecnológica formada por tres pilares. Los pilares laterales son cortos, y el pilar central termina formando un gran ojo de piedra. Un centenar de cables conectan las columnas entre ellas. 
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el patrullero.
En la superficie del planeta, Broly descansa apoyado en Kale, que limpia sus heridas con la manga arrancada de su camiseta.
En el laboratorio, Ganos recibe un mensaje de su compañero informándole de sus hallazgos.
– “¿Qué es lo que has construido en la mina, Raichi?” – le pregunta Ganos directamente.
– “Supongo que habéis encontrado mi reconstrucción del Amenoukihashi” – responde el tsufur. – “No os preocupéis. No funciona.” – suspira. – “Ahora es solo un monumento a mi fracaso.”
– “¿Qué es?” – insiste el patrullero.
– “Mi verdadero anhelo.” – responde Raichi. – “Pero a pesar de mis esfuerzos, mi ciencia nunca ha logrado estar a la altura de su magia. Lo he intentado, pero incluso mis conocimientos han encontrado su límite. Y ahora, sin Hatchiyack, no hay forma de cosechar la energía necesaria para dar el siguiente paso.”
– “¿De qué está hablando?” – se pregunta Tarble.
– “Los acólitos del brujo son poderosos, pero por ahora solo dan palos de ciego.” – explica Raichi. – “Ellos han fallado en los intentos de seguir sus pasos y ahora solo sueñan con su regreso.”
– “¿El regreso de quién?” – pregunta Ganos.
– “Los Kashvar le llaman \”El que vio\”.” – responde Raichi.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas

Shingeki no Saiyajín / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas
“No son solo monos, Kamin”
Tras una larga noche, los saiyajín han arrasado la ciudad tsufur. Las ruinas de la metrópolis permanecen en silencio. La luna ha desaparecido del cielo y los ozaru han vuelto a la normalidad. 
Yamoshi y Gokua han sido atendidos por una joven saiyajín, que ha cubierto sus heridas con un ungüento creado a partir de hojas masticadas y barro. 
El saiyajín se encuentra en peor estado y permanece tumbado en el suelo. Gokua, en cambio, enseguida se pone en marcha hacia el interior de la ciudad.
Cerca de allí, los saiyajín recogen la piel de sus hermanos ozaru caídos para usarla como protección en futuras batallas.
El herajín recorre las calles desiertas, dirigiéndose hacia las ruinas de la torre principal, donde se encuentran los puertos de los aerodeslizadores tsufur y el acceso principal a los laboratorios.
En Vampa, Raichi parece más interesado que nunca en el poder del Súper Saiyajín.
– “El Proyecto 317 ha resultado ser un éxito mayor del que había imaginado…” – sonríe satisfecho el científico tsufur. – “Será muy interesante observar sus progresos.”
Entre los escombros de un hangar, Gokua encuentra a una mujer tsufur. Su pierna derecha ha quedado atrapada entre los cascotes. La chica viste con las ropas típicas de su raza. Su cabello es blanco y corto.
El herajín se acerca a ella, pero la tsufur se asusta al ver al que considera un enemigo.
– “¡No te acerques!” – grita la mujer. – “¡Aléjate de mí!”
Gokua se acerca a ella y se agacha.
– “¿Eres mecánico?” – pregunta el herajín.
La mujer continúa gritando. Gokua no tiene paciencia y le tapa la boca con su mano.
– “No te lo preguntaré otra vez.” – le amenaza el herajín. – “Deja de gritar y responde.”
La tsufur se queda en silencio y Gokua aparta su mano.
– “Soy ingeniera.” – responde le mujer.
– “Bien. ¿Cómo te llamas?” – pregunta Gokua.
– “Kamin” – dice ella.
Gokua esboza una media sonrisa.
– “Está bien, Kamin” – dice el herajín. – “Es tu día de suerte. Necesito que alguien repare una nave.”
– “No piensa ayudarte.” – responde ella. – “Estás con los saiyajín.”
El herajín se pone en pie.
– “Si no vas a ayudarme, no te necesito.” – dice Gokua, apuntando a la mujer con su mano. – “Ha sido un placer, Kamin.”
Una esfera de ki verde aparece en la mano de Gokua. El rostro de la mujer se descompone por el miedo.
– “¡NO! ¡ESPERA! ¡ESPERA!” – grita la tsufur.
La energía de Gokua se disipa.
– “¿Has cambiado de opinión?” – le pregunta el herajín, en tono burlón.
– “Repararé tu nave.” – claudica Kamin.
Gokua asiente.
– “Me alegra oír eso.” – dice el herajín, que enseguida libera a la tsufur y le ayuda a ponerse en pie.
Kamin, a pesar de estar cojeando, intenta escapar de Gokua, pero éste utiliza rápidamente sus hilos de ki para atrapar a la mujer, que cae de boca contra el suelo.
– “Teníamos un trato” – dice Gokua.
– “Maldito…” – refunfuña ella.
El herajín lleva a la prisionera al campamento saiyajín. La mayoría de los presentes muestran sus colmillos a la tsufur, molestos de tener a un enemigo entre ellos.
– “Tranquilos, tranquilos…” – les calma Gokua. – “Está conmigo. La necesito.”
En una tienda de campaña, Yamoshi se encuentra tumbado en el suelo, descansando, cubierto en ungüento. Sus hijos le acompañan.
Gokua se acerca a la mujer saiyajín que trató sus heridas en el campo de batalla.
– “Necesito que trates su pierna” – le dice el herajín, señalando la pierna de Kamin.
La mujer saiyajín se niega a ayudar a la tsufur y lo demuestra gruñendo y marchándose.
– “No caes bien a mucha gente…” – suspira Gokua.
– “Son salvajes.” – responde Kamin. – “No me importa su opinión. Son solo monos.”
– “Monos cuyo planeta habéis invadido.” – dice el herajín.
– “Nuestro planeta fue destruido hace miles de años.” – explica Kamin. – “Los supervivientes se estrellaron aquí y se establecieron. No eligieron este destino.”
– “¿Qué ocurrió en vuestro planeta?” – pregunta Gokua.
– “Éramos una civilización próspera. Nuestra ciencia y tecnología era muy superior a lo que ves ahora.” – dice la tsufur. – “Ese fue nuestro pecado. Volamos demasiado cerca del Sol.”
Gokua agacha la cabeza, recordando las historias que su madre le contaba sobre la muerte de su raza bajo el mando de Bojack.
– “Los mortales somos egoístas y arrogantes” – dice Kamin. – “Nunca tenemos suficiente. Siempre nos creemos merecedores de más.”
– “Parece que esa historia se repite en todas partes.” – suspira Gokua.
De repente, la hija de Yamoshi se acerca a Kamin y le entrega un cuenco lleno de ungüento mientras luce una tierna sonrisa.

La tsufur parece confusa ante la amabilidad de la niña.
– “No son solo monos, Kamin” – dice Gokua.
La muchacha es obligada a convivir con los salvajes, siempre bajo la protección de Gokua y con el consentimiento de Yamoshi, que acepta la petición de su amigo. 
Kamin trabaja cada día en la nave siniestrada. La tecnología alienígena pone a prueba sus conocimientos, pero poco a poco logra descifrar los secretos que esconde.
Después de meses de investigación, un día, mientras la tsufur trabajaba en el panel de comandos, la nave se pone en marcha y un holograma se proyecta sobre el tablero, mostrando la imagen de un demonio del frío de rocambolesco aspecto.

– “¿Qué ocurre, Capitán Zanko?” – pregunta el demonio.
– “Mi nave ha detectado una extraña señal en un sector cercano.” – responde el fallecido piloto herajín. – “Los sistemas planetarios de esta zona no deberían emitir este tipo de señales electromagnéticas. Solo una civilización avanzada proyectaría este rastro hacia el espacio, pero no aparece ninguna en las cartas de navegación.”
– “Tiene permiso para investigar la señal, Capitán.” – dice el demonio del frío. – “Manténgame informado de sus avances.”
– “Recibido, señor” – responde el herajín. – “Siempre a sus órdenes, Su Majestad.”
Kamin ha asistido asombrada a esa interacción guardada en la memoria del aparato.
– “¿Qué más hay aquí?” – se pregunta la tsufur.
La tsufur aprieta un botón del panel de comandos que hace que se reproduzca otra retransmisión, pero ésta vez solo con audio.

– “Ahora mismo me encuentro en órbita alrededor del planeta Plant.” – dice el piloto. – “Desde que me he aproximado al planeta, las comunicaciones se han vuelto locas.” – explica Zanko. – “Parece que algo o alguien las está alterando. Creo que no estoy solo. He decidido grabar mi acercamiento a la superficie del planeta para tenerlo documentado, ya que no logro contactar con el centro de mando. Me dispongo a salir de órbita y descender.”
Kamin aprieta otro botón, revelando una nueva retransmisión.

– “He entrado en la atmósfera del planeta.” – anuncia Zanko. – “Parece que veo algo… ¿una ciudad? ¿Qué demonios…?” – se sorprende el piloto. – “Creo que lo mejor será salir de aquí e informar al centro de mando.” 
– “No puedo permitir eso” – dice una voz que el herajín desconoce.
Múltiples alarmas suenen en la nave. El piloto pierde el control.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se asusta el Capitán. – “¡¿Quién es?! ¡Alguien ha tomado el control de mi nave!”
Por los sonidos de la emisión, parece que la el vehículo ha entrado en barrena.

– “¡Ayuda! ¡Socorro!” – intenta comunicarse por radio. – “¡Rey Cold!”
Finalmente, la grabación termina, dejando a Kamin boquiabierta.
– “¿Ese era…?” – titubea la tsufur. – “¿Era la voz del Doctor Raichi?”
Kamin, asustada, corre hacia un pequeño campamento establecido cerca de la nave, donde Gokua y dos saiyajín se encuentran entrenando.
– “¡GOKUA! ¡Gokua!” – grita la mujer.
– “¿Qué ocurre?” – dice el herajín. – “¿Ha pasado algo?”
– “La nave… se ha puesto en marcha…” – dice Kamin, intentando recuperar el aliento.
– “¡Eso es fantástico!” – celebra Gokua.
– “Y eso no es todo…” – continúa la tsufur. – “Sé de dónde venía y por qué se estrelló.”