ESPECIAL DBSNL /// Terror // Universo 7 / Parte II: Sadala

Terror / Parte II: Sadala
“¿Hay noticias de esos brujos que mencionó el tsufur?”
En un planeta remoto, antes llamado \”Freezer 82\”, a los saiyajín se les ha dado un nuevo hogar. La Patrulla Galáctica ha entregado un planeta que el viejo Imperio había conquistado y dejado inhabitado a los nuevos saiyajín. El planeta ha sido renombrado como \”Sadala\”, en honor a una antigua leyenda saiyajín. 
Una zona de viviendas residenciales prefabricadas se ha construido para que los nuevos habitantes puedan establecerse, a cambio de que sus mejores guerreros apoyen la causa de la Patrulla.
Leek se ha convertido en el líder de los saiyajín y es quien negocia directamente con el patrullero Lemon. Tras la ayuda recibida por Broly, Kale y Tarble en Vampa, los justicieros y los saiyajín gozan de relaciones fluidas.
Lemon se encuentra actualmente en el planeta supervisando la adaptación de los saiyajín a su nuevo hogar. 
– “¿Estáis cómodos?” – pregunta Lemon.
– “Agradecemos vuestros esfuerzos” – responde Leek. 
– “Es lo mínimo que podemos hacer.” – sonríe el patrullero.
– “¿Hay noticias de esos brujos que mencionó el tsufur?” – pregunta Leek, conocedor de lo ocurrido en Vampa. 
– “De momento no tenemos nada” – dice Lemon. – “Estamos siguiendo un viejo rastro… Recuperamos cierta información que pertenecía al Imperio. Un preso tsufur fue capturado hace años con un objeto desconocido que el Imperio consideraba de vital importancia… Pero se escapó.”
– “Así que quedan tsufur con vida…” – murmura Leek.
En ese instante, una alarma suena en el comunicador de Lemon.
– “¿Qué está pasando?” – se pregunta el patrullero, que responde al mensaje.
Kahseral, líder de la Patrulla Galáctica, informa a Lemon de la situación, que se ha complicado aún más. Los presos fugados y otros malhechores bajo las órdenes de Garlick y Shiras están atacando múltiples planetas. La Patrulla tiene problemas para acudir a todas las llamadas de socorro, que llegan desde todos los rincones del Universo.
Mientras tanto, en el planeta \”Freezer 73\”, ahora renombrado \”Ikonda\”, recuperando así el nombre previo a su conquista a manos de las Fuerzas Ginyu del Imperio de Freezer, una raza de guerreros de piel arrugada y rosada, con ojos amarillos sin pupilas visibles y vestidos con armaduras metálicas plateadas de alta tecnología, lucha contra varios presos fugados con la ayuda de tres saiyajín y dos patrulleros. Broly, Tarble y Kale, acompañados por Ganos y Obni, repelen a las fuerzas enemigas.
En plena escaramuza, Ganos recibe un mensaje de Lemon en su comunicador que le informa de todo lo ocurrido.
– “Parece que las cosas se complican” – transmite el mensaje Ganos a Tarble. – “Nuestra ayuda es requerida en varios planetas.”
– “Será mejor que nos separemos.” – dice Tarble.
– “Obni y yo iremos a Mayonnai” – anuncia Ganos. – “¿Vosotros podéis encargaros del Planeta Popol?”
– “Por supuesto” – asiente el saiyajín. – “Cuando acabemos con esto, podremos…”
De repente, una gigantesca explosión silencia el lugar, dejando a todos los guerreros ikonda asombrados. 

Tras un breve momento, Broly desciende junto a Tarble y Ganos.
– “Listo” – dice el saiyajín.
Kale sonríe orgullosa de su compañero, que ha acabado con la guerra en un instante.
Los guerreros nativos se acercan a Broly y le hacen una reverencia, pero el saiyajín los ignora.
Tarble parece algo avergonzado.
– “Bueno… Partiremos cuanto antes.” – dice el saiyajín.
En el planeta Sadala, Lemon se despide de Leek y regresa al Cuartel General de la Patrulla Galáctica, pues sus servicios son requeridos para paliar el caos que se está creando alrededor del universo.
No muy lejos del lugar de despegue de su nave, una figura encapuchada observa la escena. Su ojo robótico brilla de color rojo.
– “Una nueva colonia…” – murmura la figura encapuchada, que observa la zona residencial. – “Qué interesante…”

De repente, el personaje cae de rodillas y parece sufrir una fuerte jaqueca.
En el planeta M2, los datos recibidos a través de los ojos del misterioso personaje son analizados y recopilados en una gran pantalla, que ahora parpadea hasta apagarse.
A su lado, una máquina hecha para escanear y analizar la caja de música parece que no ha tenido el éxito esperado. Se encuentra inactiva.
En una sala contigua, el cuerpo mutilado de Cooler se encuentra flotando en un extraño líquido que lo mantiene con vida, pero inconsciente. Su cuerpo está conectado a un centenar de cables, que nutren de energía al planeta.
El astro tiembla. Sus partes parecen desensamblarse lentamente. El gran planeta M2 se está convirtiendo en basura espacial. 

Entre los escombros, una pequeña nave tech-tech abandona el lugar a toda velocidad.
En el corazón del planeta, Rildo se arrastra hasta el tanque en el que se encuentra el demonio el frío y pone la mano en el cilindro metálico, intentando recolectar un poco más de energía, pero pronto se convierte en un charco de metal líquido inerte, revelando en su interior una piedra Shintai.
A su espalda, una figura avanza entre las sombras hasta revelar su identidad; es Shiras.
El villano camina sobre el charco de metal, pisando la esférica piedra y haciéndola estallar, y continúa hasta la máquina que supuestamente alberga la caja konatsiana, pero al abrirla no la encuentra.
– “Maldito…” – murmura Shiras. – “¿Dónde la habrá escondido?”
Muy lejos de allí, un tsufur y un pequeño robot acompañan a dos tech-tech en su nave. El tsufur tiene en sus manos la caja de música. El robot parece estropeado; se ha apagado.
– “A estado cerca…” – suspira Merlot.
Un nuevo temblor sacude M2, que sigue resquebrajándose.
– “Será mejor que vuelva a Rudeze e informe a Garlick.” – dice Shiras antes de desaparecer.
En el tanque de Cooler, los cables de alimentación se están separando del demonio del frio, pues el planeta se está convirtiendo en una gran masa de basura espacial sin vida. De repente, la mano del hermano de Freezer reacciona y agarra un puñado de cables.
En la nave, los tech-tech parecen nerviosos.
– “¿A dónde vamos, tsufur?” – pregunta Pinot. – “No pienso llevar esa cosa a mi planeta.” – dice señalando la caja de música.
– “No lo sé…” – suspira el tsufur.
De repente, el ojo del robot se ilumina de nuevo y enfoca a los presentes.
– “La Capital del Imperio” – dice el robot. – “Necesito hablar con Liquir.”
En el planeta Sadala, Turles, aún de rodillas, contempla sus manos robóticas con asombro.
– “¿Qué significa esto?” – se pregunta el saiyajín. – “¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?”

ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Mafuba

Daimaoh / Parte III: Mafuba 
“Tienes una fuerza solo superada por tu maldad.”

Piccolo Daimaoh se encuentra frente a los dos aterrorizados aprendices de Artes Marciales.
El demonio echa un vistazo al gran cráter creado por el Kiko-ho.
– “Así que vosotros habéis matado a Bongo…” – murmura Piccolo. – “Puede que haya subestimado el poder de algunos terrícolas.”
Tsuru, pese a estar agotado, intenta ponerse en pie, pero le fallan las piernas y cae de rodillas.
Kame da un paso al frente y se coloca delante de su compañero.
– “¿Qué haces?” – le pregunta Tsuru.
– “Ya has hecho suficiente, amigo” – dice Kame.
– “Idiota…” – refunfuña Tsuru. – “¿Crees que puedes derrotar al demonio?”
Kame esboza una media sonrisa que sorprende a Tsuru.
– “No” – dice Kame, que embiste a Piccolo.
Tsuru se queda sombrado al ver a su amigo avanzar directamente hacia una muerte casi segura.
El joven Tortuga intenta propinar un puñetazo al demonio, pero éste lo detiene con una sola mano.
El luchador una voltereta hacia atrás para recuperar la distancia con su adversario y se abalanza de nuevo contra él, insistiendo con una tormenta de puñetazos y patadas que Piccolo detiene con una mano mientras se mofa de Kame con un exagerado bostezo.
El joven luchador retrocede e intenta recuperar el aliento.
– “No puede ser…” – murmura Kame. – “Es un verdadero monstruo…”
Piccolo sonríe.
– “Mi turno” – sentencia el demonio.
El demonio lanza un rayo de ki con su dedo que impacta en la rodilla de Kame, que cae al suelo.
– “¡AAAAAH!” – grita de dolor el luchador.
Piccolo se abalanza sobre su enemigo a toda velocidad, pero en el último instante, Tsuru se interpone en su camino.
– “¡TAIYO-KEN!” – exclama el joven Grulla.
Un resplandor intenso sorprende al demonio, que queda cegado durante unos segundos.
– “Maldito bastardo…” – gruñe Piccolo mientras tapa los ojos.
Al recuperar la vista, el demonio se da cuenta de que sus dos adversarios han desaparecido.
– “¿Dónde diablos están?” – dice el namekiano. – “¡Salid! ¡Cobardes!”
Cerca de allí, detrás del tronco de un gran árbol, Kame y Tsuru se encuentran escondidos.
– “Gracias” – dice Kame.
– “Cállate” – responde Tsuru.
Piccolo mira a su alrededor, frustrado.
– “Esta bien…” – murmura mientras dibuja una terrorífica sonrisa en su rostro.
El demonio hace un gesto con su mano, generando una gran explosión que desintegra gran parte del bosque.
Los dos luchadores siguen agazapados tras el árbol.
– “Si llega a disparar en esta dirección, seríamos polvo…” – titubea Tsuru, aterrado ante la demostración de poder de Piccolo.
De repente, una voz conocida calma a los dos luchadores.
– “¿Estáis bien?” – les pregunta la anciana voz.
– “Maestro…” – dice Kame, mientras sus ojos brillan vidriosos.
– “¡Maestro Mutaito!” – exclama Tsuru.
– “He sentido vuestra energía peleando.” – dice Mutaito. – “Os habéis hecho muy fuertes.”
– “No lo suficiente, maestro” – dice Kame. – “No somos rivales para este demonio.”
– “Es un monstruo” – dice Tsuru.
Mutaito sonríe. Parece muy calmado a pesar de la terrible situación. Kame y Tsuru parecen confusos ante ese gesto tranquilo de su maestro.
– “Os habéis convertido en dos verdaderos maestros de las Artes Marciales” – dice Mutaito. – “Ya no tengo nada más que enseñaros.”
– “Maestro…” – murmura Kame.
– “Las próximas generaciones están en buenas manos.” – continúa Mutaito. – “Estoy seguro.”
Mutaito, con las manos en la espalda, se aleja de sus discípulos y se adentra en el claro en el que se encuentra Piccolo Daimaoh.
– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el demonio al verlo.
– “Me llaman Mutaito.” – dice el anciano luchador.
– “¿Tú también quieres enfrentarte a mí?” – fanfarronea Piccolo. – “¿No vas a huir como los otros dos?”
Mutaito revela una olla de arroz con un sello de papel pegado y la coloca en el suelo.
– “Ha llegado tu final, Rey de los Demonios.” – dice Mutaito, muy serio.
– “No me digas…” – se burla Piccolo. – “¿Vas a derrotarme?”
– “Tu poder está muy lejos de mi alcance” – dice Mutaito. – “Jamás imaginé que alguien como tú pudiera existir. Tienes una fuerza solo superada por tu maldad.”
– “Me halagas.” – sonríe el namekiano.
Mutaito extiende sus manos hacia Piccolo, que ni siquiera se pone en guardia y menosprecia a su adversario.
– “¡VOY A ENCERRARTE PARA SIEMPRE! ¡¡MAFUBA!!” – exclama el maestro de Artes Marciales. 
Un torbellino verde de energía avanza hacia Piccolo y lo engulle, levantándole del suelo y atrapándole en esa violenta espiral de corriente.
– “¡NO ES POSIBLE!” – grita el demonio, aterrado. – “¡NO! ¡SOY EL REY DE LOS DEMONIOS!”
Mutaito dirige su energía hacia la olla de arroz y proyecta al demonio hacia su interior. Al caer dentro, la olla se cierra
El claro se queda en silencio. Mutaito lo ha logrado. Ha encerrado al demonio.
Kame y Tsuru salen de su escondite e intenta correr torpemente hacia su maestro.
Mutaito los mira y esboza una tierna sonrisa, pero enseguida se desmaya. Su cuerpo ca el a suelo, sin vida.
– “Maestro…” – murmura Tsuru.
– “No…” – suspira Kame.
Los dos se acercan a Mutaito e intentan socorrerle, pero ya es demasiado tarde. Su maestro ha dado la vida para encerrar a Piccolo Daimaoh.
En las ciudades y pueblos alrededor del mundo, los hijos de Piccolo sienten que algo no va bien. Los demonios deciden retroceder y huyen hacia bosques, montañas y desiertos para escapar del conflicto hasta que regrese su señor.
Con la retirada de los enemigos, el mundo celebra que empieza una época de paz.
En el bosque Fukkuro, Kame y Tsuru han enterrado a su querido maestro y le dedican un último saludo.
Tsuru recoge la olla de arroz y la observa detenidamente.
– “Esto no puede caer en malas manos.” – dice el joven Grulla.
– “Ningunas manos son seguras” – añade Kame. – “Debemos deshacernos de ella.”
En unas horas ya se encuentran en mar abierto a borde de un pequeño bote.
– “Hasta nunca, demonio” – dice Kame, que deja caer la olla al agua.
En la Torre de Karín, el Duende sonríe mientras observa el horizonte.
– “Muy interesante…” – murmura el felino. – “Qué dos tipos tan fascinantes.”
En la Atalaya de Kamisama, el Dios mira la Tierra.
– “Hermano Piccolo…” – piensa el namekiano. – “Has subestimado a los humanos y te han dado una lección. El sacrificio es una cualidad que jamás podrás entender con tu corazón negro, pero es lo que lo que hace que los terrícolas sean una gente tan interesante…” – suspira. – “Ellos han demostrado estar a la altura de las circunstancias… y ahora debo intentar estarlo yo. Como muestra de agradecimiento, les he otorgado la herramienta para deshacer el mal que has causado. Espero que usen las Dragon Balls con moderación.” 
De vuelta a la zona de entrenamiento del bosque Fukkuro, Kame y Tsuru observan el terreno destruido por su combate con Piccolo Daimaoh.
– “¿Deberíamos reconstruirlo?” – pregunta Tsuru. – “Podríamos continuar desde donde nuestro maestro lo ha dejado…”
– “Creo que es demasiado pronto.” – dice Kame.
– “¿Pronto?” – pregunta Tsuru.
– “No me siento preparado para ocupar el lugar del maestro Mutaito.” – dice el joven Tortuga. – “Creo que aún tenemos mucho que aprender.”
– “Es posible…” – dice Tsuru. – “¿Qué piensas hacer?”
– “Quiero viajar” – dice su amigo. – “Creo que investigaré algunas viejas leyendas que de las que he oído hablar a mi hermana… Siempre me han parecido fascinantes.”
– “Viajar, ¿eh?” – sonríe el joven Grulla. – “Creo que también emprenderé mi camino y entrenaré a mi hermano Tao.”
Kame asiente.
– “Parece una buena idea.” – dice el joven luchador, que se da la vuelta, dispuesto a emprender su camino. 
– “¿Por dónde empezaras tu camino?” – pregunta Tsuru.
– “Lo sabes muy bien, amigo mío.” – dice Kame, muy serio. – “¡El bar de striptease de Yahhoi!”

Tsuru cae de espaldas al suelo, avergonzado por el lado pervertida de su compañero.

ESPECIAL DBSNL /// Terror // Universo 7 / Parte I: Imegga

Terror / Parter I: Imegga
“No puedo permanecer en este planeta…”
En el planeta Imegga, en un mercado callejero, un personaje encapuchado ha comprado una manzana con una moneda de plata.
El personaje camina entre las empobrecidas calles, abarrotadas de gente, de los barrios bajos de la metrópolis. Los mercaderes gritan ofreciendo sus mercancías. Carne, fruta y todo tipo de alimentos en dudoso estado se encuentran expuestos en varios puestos de comida.
La gran torre del señor Don Kee puede verse por encima de los demás edificios, siempre recordando a los habitantes de la ciudad quién está por encima de ellos y quién manda.
Una patrulla formada por cinco soldados irrumpe en el mercado, causando un alboroto. La gente se aparta para dar paso a los hombres del Gobernador, que parecen estar buscando a alguien.
Finalmente, los soldados se detienen en un puesto de venta de fruta.
– “¿En qué puedo ayudarles?” – dice temeroso el mercader.
El líder de la patrulla, un individuo de tez morena, calvo y con barba pelirroja, sin mediar palabra, propina una patada a las cajas de género del puesto, echando a perder toda la mercancía, que rueda por el suelo.
El personaje encapuchado observa desde la distancia.
El mercader, un individuo de piel celeste, de mediana edad, pero con claros problemas de salud, se agacha a recoger la fruta, mientras los soldados se ríen.
– “¿Dónde está nuestro dinero, Futopa?” – le pregunta el soldado.
– “Lo siento, Capitán Gale” – responde el mercader. – “No he podido reunirlo…” – se disculpa mientras sigue recogiendo su mercancía.
– “¡Excusas!” – exclama el soldado. – “¿Es así como agradeces mi protección?”
El Capitán Gale propina una patada al mercader en el costado, dejándole en el suelo, acurricado.
– “Sois basura…” – le espeta Gale.
La hija del mercader corre a socorrer a su padre.
– “¡Basta!” – dice la muchacha, de piel celeste y cabello naranja. – “Por favor, no hagáis daño a mi padre… Está enfermo.”
Gale sonríe al ver a la bella chica.
– “¿Qué tenemos aquí?” – dice en tono fanfarrón, acercándose a la joven. – “¿Cómo te llamas, preciosa?”
La chica ignora al Capitán, y éste la agarra del brazo.
– “¿Qué te parece si discutimos las deudas del viejo tú y yo a solas?” – dice el soldado.
En ese instante, el Capitán Gale siente que alguien le llama la atención tocándole el hombro.
Gale se da la vuelta, pero enseguida recibe un golpe que lo lanza contra un puesto de venta cercano.
El personaje encapuchado ha intervenido.
Los cuatro soldados restantes apuntan con sus armas al misterioso individuo, pero éste se encarga de todos con pasmosa facilidad.
La gente corre despavorida hacia sus casas, temiendo tanto al forastero como a la segura reprimenda de Don Kee.
La muchacha intenta levantar a su padre, aterrada ante lo ocurrido.
El encapuchado la mira y le lanza una pequeña bolsa de monedas.
– “Espero que esto os ayude.” – dice el personaje.
La chica no responde.
Cuando el encapuchado se da la vuelta, la joven susurra un débil y tímido “gracias”.
El misterioso personaje desaparece rápidamente, saltando sobre los tejados de los edificios colindantes.
En unos minutos, Don Kee ha sido informado de lo ocurrido. En su despacho el Gobernador se levanta de la silla y se acerca al balcón para observar su ciudad. Su guardaespaldas se encuentra de pie, a su lado, en completo silencio.
– “No puedo tolerar una insubordinación así.” – dice el estrafalario personaje. – “¿Puedes echar un vistazo, Ledgic?”
– “Por supuesto.” – responde el guerrero.
Mientras tanto, el personaje encapuchado ya se está en las afueras de la metrópolis, dentro de una cueva en la que se encuentra una extraña nave de tecnología muy antigua.
El encapuchado entra en la nave y teclea unas coordenadas.
– “No puedo permanecer en este planeta…” – suspira apenando.
En ese instante, el individuo siente una extraña presencia a su espalda.
– “¿Quién eres?” – pregunta sin darse la vuelta.
– “Esperaba un poco más de respeto por parte de un inushi” – sonríe el recién llegado.
El encapuchado se sorprende al ver que alguien le ha reconocido y se quita la capucha mientras se da la vuelta.
– “¿Y por qué debería mostrar resp…?” – dice el inushi.
Pero al ver a su acompañante se queda sin palabras.
– “Eres… usted es… es un…” – titubea el guerrero perruno. – “Un Kaioshin.”
– “Cerca.” – sonríe Zamas. – “Soy el Dai Kaioshin.”
El inushi se arrodilla ante el ser celestial.
– “Lo siento, señor…” – dice el cánido. – “Le suplico que perdone mi insolencia…”
– “Tranquilo, Nasjorin.” – dice Zamas.
– “¿Sabe mi nombre?” – se sorprende el inushi. – “¿A qué debo tal honor?”
– “Están pasando cosas terribles.” – explica el Dai Kaioshin. – “Y necesitamos toda la ayuda posible.”
– “¿Mi ayuda?” – dice Nasjorin. – “¿El Dai Kaioshin ha visitado el mundo de los mortales para solicitar mi ayuda?”
Zamas suspira.
– “Sé que esto no es fácil de comprender…” – explica el Dios. – “Pero en otro universo ocupabas mi puesto.”
– “¡¿Yo?!” – no sale de su asombro el inushi. – “¡¿Un Dios?!” – pero enseguida se da cuenta de que algo no cuadra. – “Espere… ¿Otro universo?”
– “Hay mucho que debes aprender.” – sonríe Zamas.
En el mercado de la ciudad, Ledgic observa el lugar de los hechos. Dos soldados le acompañan. La calle se encuentra desierta. La gente se ha encerrado en sus casas. Solo algún curioso osa mirar por la venta a la mano derecha del Gobernador; una imagen poco habitual.
Los cuerpos de los soldados aún siguen en el suelo. Nadie los ha recogido.
Un soldado se acerca a Ledgic.
– “Un informador nos ha dicho que fue obra de un solo hombre.” – dice el soldado.
Ledgic se acerca al cuerpo del Capitán Gale y lo observa detenidamente. El guerrero se fija en un pelo extraño sobre el cuerpo del soldado.
Ledgic lo agarra y lo examina detenidamente y después lo huele.
– “¿Ha encontrado algo, señor?” – pregunta un soldado.

El guerrero ignora a su hombre y se mete el pelo en la boca para después masticarlo.
– “No es imegga…” – murmura Ledgic. – “Es…”
De repente, Ledgic siente una extraña presencia. Sin mediar palabra, el guerrero se eleva rápidamente y alza su mirada al cielo.
– “¿Qué demonios…?” – se pregunta el guerrero.
En la torre de Don Kee, el Gobernador observa aterrado la misma escena.
Una nave ha entrado en la atmósfera del planeta y de ella salen varias docenas de personajes vestidos con monos naranjas con el símbolo de la Patrulla Galáctica.

ESPECIAL DBSNL /// Daimaoh // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Las Dragon Balls

Daimaoh // Parte II: Las Dragon Balls
“Empecemos cuanto antes.”


El demonio reptiliano desciende frente a los aterrorizados aprendices de artes marciales. 
Kame, Tsuru y otros dos luchadores experimentados se ponen en guardia, mientras los demás recogen al malherido Tora e intentan ponerse a salvo.
– “No iréis a ninguna parte” – sonríe el demonio alado. 
Con una velocidad sobrehumana se escurre entre los cuatro luchadores y atraviesa con su garra el pecho del moribundo Tora.
– “¡MALDITO SEAS!” – grita Kame.
El demonio dibuja en su rostro una mueca terrorífica.
– “Esto es lo que le pasa a todo aquel que se opone al Rey de los Demonios; Piccolo.”
Uno de los cuatro luchadores, furioso ante la visión de su compañero asesinado, embiste al demonio.
– “¡HAAAAA!” – grita el artista marcial.
– “¡ESPERA, KUMA!” – le advierte el joven Tortuga.
El luchador agarra al demonio por la cintura y lo empuja, demostrando una gran fuerza física.
– “Muy bien…” – se burla el diablo. – “No está nada mal para un humano.”
El demonio agarra al guerrero por la cintura y lo levanta boca abajo sobre su cabeza, para un instante después estamparle contra el suelo y partirle el cuello.
Kame y Tsuru se quedan boquiabiertos ante la brutalidad del enemigo.
– “¡CORRED!” – advierte Kame a sus compañeros.
Tsuru alza su dedo índice y concentra su ki en él.
– “¡DODONPA!” – exclama el luchador, que lanza su concentrado ataque contra el enemigo.
El demonio lo esquiva fácilmente, inclinándose a un lado para dejar pasar de largo el ataque.
– “Muy lento” – se burla el ser reptiliano.
– “Mi… mi técnica…” – titubea el joven Grulla, humillado por el enemigo.
Un luchador ataca al demonio con una tormenta de golpes. El guerrero tiene los dedos agrupados como si sus manos fueran aguijones e intenta asestar un golpe en algún punto vital del enemigo, pero sin éxito. El diablo esquiva todos los ataques con facilidad.
De repente, el demonio agarra por el cuello al luchador y lo estruja hasta partírselo.
– “¡SASORI!” – lamenta Kame. – “Maldición…”
El demonio deja caer el cadáver del luchador al suelo.
– “Solo quedáis dos…” – dice con desprecio.
El joven Kame se prepara para realizar su mejor técnica.
– “Ka… Me…” – recita. – “Ha… Me…”
El diablo no parece preocupado.
– “¡HAAAAAAA!” – dispara el luchador.
El reptiliano demonio extiende su mano y detiene el Kamehameha, que estalla sin causarle ningún daño.
– “¿Eso es todo?” – se burla el enemigo.
Kame sonríe, desconcertando al demonio, que enseguida se da cuenta de que ha perdido de vista al otro guerrero.
Al no encontrarlo, decide levantar su vista al cielo. Ahí está Tsuru, levitando sobre el enemigo y con sus manos formando un cuadrado en el que enmarca al demonio.
– “¡AHORA VERÁS!” – exclama Tsuru. – “¡KIKO-HO!”
Un torrente de ki cae sobre el enemigo. El pánico se apodera del demonio, que nada puede hacer para defenderse de tal ataque.
Una gran explosión de luz ilumina el lugar. 
Cuando Kame recupera la visión, se da cuenta de que en el suelo se ha formado un gran agujero cuadrangular del que no se puede ver el fondo.
– “Impresionante…” – murmura el aprendiz. – “No sabía que Tsuru se había vuelto tan fuerte…”
Tras el titánico esfuerzo, Tsuru se desmaya y cae al suelo. Kame enseguida corre a atenderle. 
– “¿Estás bien?” – le pregunta Kame. – “Has puesto mucha energía en esa técnica.”
– “¿Está muerto?” – pregunta Tsuru.
– “Creo que sí…” – responde su compañero.
Muy lejos de allí, Piccolo Daimaoh, que se encuentra masacrando un batallón de soldados que ha osado oponerse a su conquista, siente una extraña presencia.
– “Alguien ha matado a mi hijo Bongo…” – murmura sorprendido el demonio.
Furioso, Piccolo abandona el lugar y se dirige hacia Fukkuro.
En la Atalaya de Kamisama, Dios observa la Tierra con semblante preocupado.
– “Esos humanos son fuertes…” – murmura Kamisama. – “Pero no creo que sean capaces de detener a Piccolo.”
Mr. Popo interrumpe el pensamiento del Dios.
– “He reunido las piedras que me pidió, señor.” – dice Popo. – “Y he construido la figura que me encomendó.” – añade, mostrando un dragón chino hecho de barro en una urna de cristal. – “¿Le gusta? No sabía muy bien como lo quería, así que he improvisado un poco…”
– “Gracias, Popo. Es perfecto.” – sonríe Kamisama. – “Empecemos cuanto antes.”
El ayudante de Kamisama coloca las siete rocas esféricas en el suelo de la Atalaya, rodeando al dragón, y después se aparta.
Kamisama extiende sus manos hacia las piedras y empieza a recitar un extraño conjuro en una lengua antigua y desconocida incluso para Mr. Popo. Su poder es transferido a a la urna de cristal que guarda al dragón y de ahí se reparte a las siete rocas, que brillan intensamente y cristalizan, adquiriendo un color anaranjado. Un patrón de estrellas aparece en cada una de ellas; de una a siete.
De repente, las siete esferas empiezan a girar mientras se elevan hacia el cielo, y tras un estallido de energía salen proyectadas hacia puntos opuestos, desapareciendo en el horizonte.
El namekiano cae de rodillas, cansado.
– “¿Está bien, Kamisama?” – pregunta Popo, que se acerca para socorrer a su señor.
– “Estoy bien…” – responde el Dios. – “Guarda el Dragón en un lugar seguro, por favor.”
Mr. Popo recoge la escultura de barro y se la lleva al interior del palacio.
Kamisama, agarrado a su bastón, intenta ponerse en pie.
– “Yo no puedo intervenir…” – piensa el namekiano. – “Pero espero que las Dragon Balls traigan esperanza a la Tierra en un momento tan oscuro como éste.”
Mientras tanto, en la Tierra, en el bosque Fukkuro, Tsuru y Kame se recuperan de su combate.
– “No sabía que te habías vuelto tan fuerte…” – dice Kame.
– “¿Celoso?” – se burla Tsuru.
– “Un poco…” – responde su compañero. – “Tienes una habilidad fascinante pare crear técnicas destructivas.”
– “El objetivo de un luchador es derrotar a sus enemigos.” – dice Tsuru.
– “En eso discrepamos.” – responde Kame. – “Un luchador debe proteger, no destruir. Ese es el verdadero objetivo de las Artes Marciales.”
Tsuru esboza una sonrisa burlona.
– “Siempre has sido un ingenuo.” – responde el joven Grulla.
– “Puede ser…” – sonríe Kame.
En ese instante, alguien desciende del cielo frente a ellos, llamando su atención.
Los dos luchadores observan con horror al recién llegado.
– “No… No es posible…” – titubea el joven Tortuga.
– “Es él…” – murmura Tsuru. – “Piccolo Daimaoh…”