ESPECIAL DBSNL /// Kamakiri // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Pandemia

Kamakiri // Parte I: Pandemia

“He conseguido uno de esos libros que tanto le gustan.”


En un mundo remoto azotado por una terrible pandemia parasitaria, un doctor trabaja para encontrar una cura en el sótano de una cabaña de madera en la montaña. El lugar ha sido convertido en un improvisado laboratorio, adaptado de la mejor manera posible. Cortinas de plástico semitransparente dividen el habitáculo en distintas zonas, y una docena de mesas metálicas llenas de frascos de cristal y probetas selladas están repartidos por el sótano, conformando distintas estaciones de trabajo.

El doctor, vestido con una bata blanca y llevando una mascara aislante, trabaja en una cura para la enfermedad que azota el planeta.

Una tos aguda en el piso de arriba interrumpe al científico, que no duda en abandonar sus experimentos. El personaje camina hasta uno de los \”box\” formados con las cortinas y se quita la bata, avanza hasta el siguiente y se desnuda, y continúa hasta un tercero, en el rincón del sótano, donde hay una vieja ducha, y procede a lavarse con productos químicos desinfectantes y un áspero estropajo. Su piel está seca y quebradiza por el abuso de ese tipo de productos, y el poco cabello que le queda se cae a mechones.

En unos minutos, el doctor se ha cambiado de ropa, ahora vestido con ropa de calle, y ha subido a la vivienda, donde su hija pequeña se ha despertado y se ha sentado delante de la venta, desde donde contempla el paisaje exterior.

– “¿Ya te has despertado?” – pregunta el doctor. – “Es muy pronto. Aún puedes dormir un rato más, si quieres.”

– “Tengo hambre.” – responde la niña.

– “Está bien.” – sonríe su padre. – “Te prepararé el desayuno.”

El doctor abre una despensa casi vacía. Comida enlatada, alimentos conservados en tarros de cristal, sacos de cereales y legumbres. El hombre agarra un bote de mermelada y regresa a la cocina, pero el horror le invade al encontrar a la pequeña desfallecida en el suelo.

– “¡Cariño!” – grita mientras corre a socorrerla. 

El hombre abraza a su hija, que no responde.

– “¡Despierta!” – exclama, mientras la sacude intentando que reaccione. – “No me hagas esto…” – suplica. – “Tú también no…” – llora.

Cinco años después del terrible suceso, el médico, vestido con una bata negra y una máscara de gas, camina por las calles de una ciudad vacía con una bandolera colgada. Solo unos pocos se atreven a salir de sus casas, siempre ataviados con máscaras y equipamiento aislante.

El doctor camina por las calles de la metrópolis hasta un barrio de chabolas. En este lugar, mucha gente no lleva protección. Algunos se cubren la boca con pañuelos, pero es inútil. Su fatal destino es cuestión de tiempo.

El hombre se adentra en el barrio hasta encontrarse con un tipo esperando en una esquina. Un individuo vestido con un traje de repartidor y una mascarilla con doble filtro. El personaje tiene la tez color salmón, ojos rasgados, orejas puntiagudas y labios rosados, y carga con un carrito de reparto. 

– “Buenos días, Dr. Kamakiri” – saluda el misterioso individuo.

– “¿Qué tienes para mí, Monaka?” – pregunta el doctor.

– “He conseguido uno de esos libros que tanto le gustan.” – dice el repartidor, entregándole el documento. – “Viene de las ruinas del planeta Aknon.”

– “¿Es original?” – pregunta Kamakiri, que ojea rápidamente el documento.

– “El coleccionista que lo compró, lo pagó a ese precio.” – responde Monaka. – “Y no estará contento cuando se entere que su paquete se ha extraviado…”

Kamakiri guarda el libro en su mochila.

– “Gracias” – dice el doctor, que de otro compartimento de la misma bolsa saca cuatro viales de una sustancia azul celeste. – “Con esto tendréis para dos meses. He mejorado la fórmula.”

– “Quince días por vial…” – murmura el repartidor. – “Esto es todo lo que tenemos, ¿eh?”

– “Es todo lo que he logrado.” – responde el doctor.

– “Es mejor que nada.” – suspira Monaka. – “Gracias.” – añade guardando los viales. – “Espero poder tener algo nuevo para ti antes.”

– “Lo mismo digo.” – dice el doctor. – “Nos vemos en dos meses.”

Los dos individuos se separan. El repartidor debe seguir con su trabajo, y el doctor regresa a casa.

Horas más tarde, Kamakiri, en su laboratorio, realiza fotografías al libro comprado a través de un contenedor aislante de metacrilato con guantes, para poder estudiarlo mejor.

En el documento se narran las leyendas del planeta Aknon y una vieja civilización que recuerda a los antiguos egipcios de la Tierra. En el libro vienen descritos antiguos ritos mágicos en los que se sana a los enfermos y se resucita a los muertos.

El doctor sigue sacando fotografías cuando algo le llama la atención.

– “Otra vez estos símbolos…” – murmura Kamakiri. – “El ojo pintado y el pájaro… Los he visto antes.”

Kamakiri se acerca a su ordenador y recorre todos sus archivos hasta encontrar lo que busca. El ojo y el pájaro aparecen en otras obras de civilizaciones lejanas en el tiempo y el espacio.

El médico lee con atención los documentos, comparando los relatos y deteniéndose a tomar apuntes cuando lo cree necesario, pero no se deja llevar por la esperanza. Hasta ahora, todos los textos antiguos que ha encontrado han resultado no ser más que patrañas. 

Finalmente, tras horas de trabajo sin descanso, Kamakiri ha reunido toda la información que considera relevante, combinando todos los relatos para revelar un a hilo común entre ellos; Las historias narran la llegada de una Diosa alada que trajo prosperidad a esos planetas mediante poderes desconocidos. 

Los textos describen a una mujer tan bella que era capaz de doblegar ejércitos con una mirada. Ningún hombre era capaz de sobrevivir al mero roce de sus labios.

Esta mujer era adorada como una Reina en cada civilización que visitaba y alabada por la prosperidad que traía, pero pronto se convertía en una tirana que doblegaba la voluntad de los que estaban a su mando para que la complacieran con exigencias cada vez más exquisitas, esclavizando con chantajes al pueblo que antes la ensalzó hasta que estos no eran capaces de satisfacerla. Entonces, ella se marchaba y dejaba esa civilización al borde del colapso. 

Pero en Aknon, el relato tiene un final distinto. Un hombre se alzó de entre el sometido pueblo para enfrentarse a la Diosa opresora. La leyenda narra que el guerrero mató a la Diosa trece veces en un épico combate que duró cinco días, pero la muerte era extraña para esa mujer. La Diosa fue finalmente sellada con vida en un ataúd dorado en el interior de un gran templo que antes había sido alzado en su honor.

El doctor, sorprendido ante tal hallazgo, se sienta en su silla para intentar calmarse. Su mente le dice que es solo una leyenda, pero su corazón llora por una oportunidad de descubrir la fuente de ese poder. Una magia que podría traer de vuelta a su hija.

El hombre se acerca a dos sarcófagos de criogenización. A través del cristal de uno de ellos puede verse el helado rostro de la niña. El doctor acaricia a su hija a través del frío vidrio.

Tras dos largos meses de preparativos, Kamakiri está listo para emprender su viaje. Con su traje de aislamiento puesto, el doctor se dirige de nuevo a la ciudad, al encuentro con el repartidor, que ya le espera en el lugar de siempre.

– “Hola, Doctor Kamakiri” – saluda Monaka. – “Creo que…”

– “Tenemos que hablar” – le interrumpe el médico. – “¿Cuánto quieres por llevarme a Aknon?”

– “¿Qué?” – se extraña el repartidor. – “¿Aknon?”

– “Tengo que investigar un viejo templo.” – dice Kamakiri. – “Puede ser importante. Podría ser la respuesta a…”

– “Lo siento, doctor, pero…” – interviene Monaka, pero enseguida vuelve a ser interrumpido.

– “Tengo más viales.” – dice Kamakiri, algo agitado. – “Y si esto sale bien…”

– “No se trata de eso, doctor. Verá…” – intenta explicarse el repartidor.

– “¡¿Es que no quieres salvar a tu familia?!” – se enfada el doctor.

– “Mi esposa ha muerto.” – revela Monaka. 

Kamakiri se queda en silencio.

– “Lo siento, doctor.” – dice Monaka. – “Pero nuestros negocios terminan aquí.” – dice Monaka. – “Le deseo mucha suerte.”

– “¿Y si…?” – le agarra del brazo el médico. – “¿Y si hubiera una forma de traerla de vuelta?”

Monaka mira confuso al doctor.

– “¿De qué está hablando?” – le pregunta al científico.

– “Creo que…” – dice Kamakiri. – “Creo que en Aknon se oculta un poder con el que se puede resucitar a los muertos.”

El repartidor se queda sin palabras.

– “¿Lo dices en serio?” – le pregunta Monaka, incrédulo, pero esperanzado.

– “Necesito llegar a Aknon.” – insiste Kamakiri. – “Llévame allí y lo descubriremos.”

En unos minutos, los dos personajes han subido a la nave de reparto de Monaka.


El repartidor se agacha bajo el panel de comandos y con un destornillador abre una caja de cables.

– “¿Qué estás haciendo?” – pregunta el doctor.

– “Todas nuestras naves llevan una baliza rastreadora para seguir las entregas.” – dice Monaka. – “Si quieres ir a Aknon, vamos a tener que librarnos de esto.”

En unos minutos, Monaka y Kamakiri parten hacia el misterioso planeta en busca de una forma de resucitar a sus seres queridos.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XXI: Vida nueva

Cold Chronicles / Parte XXI: Vida nueva
“Algo me dice que nos volveremos a ver”


El combate ha terminado.

Mojito agacha la cabeza, decepcionado con su aprendiz.

– “Tendremos que esperar a que aparezca otro candidato…” – suspira el ángel. – “Alguien con la frialdad suficiente para esperar el momento adecuado.” – piensa.

Cold, agotado, regresa a su forma de toro bípedo.

El asesino Hit se ha quedado sin palabras ante el sacrificio de su compañero.

Muy lejos de allí, en el planeta Numa, Salabim ha estado observando lo ocurrido.

La familia de Hit, al darse cuenta de que todo se ha quedado en silencio, sale de la cabaña y corren hacia el asesino.

Punch y Kik abrazan a su padre.

Strai se acerca a Hit cautelosamente, con claras dudas.

Hit abraza a los niños y les invita a regresar a la cabaña.

– “Dejadme hablar con vuestra madre un momento” – dice el asesino.

Los niños corren hacia su casa, dejando a solas a los dos adultos.

– “Tú no eres…” – dice Strai.
– “No.” – responde Hit. – “Lo siento.”

Los ojos de Strai se llenan de lágrimas.

El ángel camina a lo largo del surco dejado por el ataque de Cold hasta encontrar un pequeño objeto brillante en el suelo. El anillo Toki de Shiras.

– “Aquí estás” – sonríe Mojito.

Mientras tanto, Cold se acerca al asesino.

– “Vas a tener que explicarme muchas cosas, asesino” – dice el demonio del frío.
– “Ahora ya no importan” – responde Hit.

El ángel interrumpe la conversación y extiende su mano hacia Hit.

– “Tienes algo que no te pertenece.” – dice Mojito.

Hit se saca el anillo del dedo y se lo entrega al ángel.

– “Aceptaré las consecuencias” – dice el asesino.
– “Creo que estamos en paz” – responde Mojito, sorprendiendo al asesino.
– “¿En paz?” – repite Hit.
– “Shiras se había convertido en un problema.” – dice Mojito. 

Mojito mira a Cold de reojo durante un breve instante.

– “Te mantendré vigilado, Rey Cold” – dice el ángel.

El demonio del frío parece molesto por el comentario, pero no responde.

El ángel se aleja un poco caminando, pero pronto se detiene para mirar de reojo a los dos personajes.

– “Algo me dice que nos volveremos a ver” – sonríe Mojito antes de desaparecer.

Cold suspira aliviado con la marcha del ángel.

– “Creo que es el momento de regresar a mi Imperio.” – dice Cold. – “Tengo trabajo que hacer.”
– “Buena suerte” – dice Hit. 
– “Te recomiendo desaparecer de nuevo.” – sugiere Cold. – “Este combate ha llamado la atención de muchas miradas a través del Universo.”
– “Gracias” – responde el asesino.

Cold asiente y se eleva lentamente hasta tomar altura para después estallar en una explosión de ki y adentrarse en el espacio.

Hit y Strai se quedan a solas.

– “¿Qué piensas hacer ahora?” – le pregunta la mujer.
– “No lo sé…” – responde Hit.
– “¿Quieres entrar y tomar algo?” – le invita Strai.

Una amable sonrisa se dibuja en el rostro de Hit.

– “Me encantaría.” – asiente.

En el planeta del Hakaishin, un adormilado Beerus se rasca la oreja mientras se acurruca en la cama.

Cerca de allí, en el balcón del palacio, Mojito se encuentra concentrado y con los ojos cerrados, comunicándose con sus compañeros celestiales.

– “Parece que todo ha salido bien” – dice el Daishinkan. – “A pesar de los descuidos de Campahri.” – dice con retintín.
– “Lo siento, padre.” – hace una reverencia el ángel. – “No volverá a ocurrir.”
– “Pueden pasar eones hasta que encontremos a un nuevo sujeto capacitado para ocupar el rol de Shiras” – suspira Mojito.
– “Esperaremos cuanto sea necesario” – sonríe el Supremo Sacerdote.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XX: Desenlace

Cold Chronicels / Parte XX: Desenlace
“Me habéis engañado…”


La batalla final estalla en el pequeño y remoto planeta. 

Cold apunta con sus dedos a Shiras y le lanza una ráfaga de rayos mortales que el patrullero repele haciendo girar su vara.

Los dos Hit se abalanzan sobre el enemigo, pero Shiras, sin dejar de hacer girar su vara con una mano para protegerse de los ataques de Cold, dispara un ataque de ki contra ellos. 

Los Hit se separan y saltan por los aires mientras crean una pantalla de humo que envuelve a Shiras.

El patrullero intenta disipar la humareda haciendo girar su vara, pero pronto es sorprendido por Cold, que aparece de entre las tinieblas transformado en su forma más rocambolesca y agarra a Shiras por los hombros, empujándole fuera del humo.

Cold propina un cabezazo a Shiras y éste se inclina hacia atrás para poder contraatacar con una doble patada en el abdomen del demonio del frío, librándose de él y lanzándolo por los aires.

Shiras se pone en pie rápidamente y se encuentra entre los dos asesinos.

– “Sólo uno puede sorprenderme…” – piensa Shiras, fijándose en el Anillo Toki del Hit del futuro. – “¡Solo tengo que centrarme en ese!”

El Hit sin anillo se abalanza sobre Shiras por la espalda, pero el patrullero, sin mirar atrás, le propina un golpe con el dorso de su puño.

Shiras ataca al Hit con anillo. El asesino cierra su puño, pero antes de poder activar el poder del antiguo artefacto recibe un golpe con la vara de Shiras en el abdomen, doblegándose del dolor.
Shiras mira de reojo al Hit sin anillo, que está demasiado lejos para intervenir.

– “¡ERES MÍO!” – celebra Shiras, alzando su vara.

La vara de Shiras desciende sobre el arrodillado Hit, pero de repente, un golpe en la espalda del patrullero le hace perder fuerza en las manos y su vara se cae al suelo.

– “¿Cómo…?” – titubea Shiras. – “¿Cómo es posible…?”

El Hit sin anillo ha aparecido detrás de Shiras y le ha propinado un certero golpe en la columna.

– “He aprendido a hacer ciertos trucos sin anillo” – sonríe el asesino.
– “Me habéis engañado…” – se da cuenta Shiras. – “Os habéis cambiado el anillo…”

El Hit joven, que se encontraba arrodillado, se levanta propinando un puñetazo en la barbilla de Shiras, derribándole de espaldas al suelo.

Cold desciende y se coloca al lado de los dos Hit.

Incrédulo, Shiras se queda inmóvil en el suelo durante un instante.

Mojito, que ha estado observando todo el combate, sigue atento a la escena.

Shiras intenta reaccionar, pero su cuerpo no responde.

– “No puedes moverte” – le dice Hit. – “Se acabó. No volverás a pelear.”

Una media sonrisa se dibuja en el rostro del patrullero.

– “Es pronto pare celebrar.” – murmura mientras su anillo brilla y su cuerpo se desvanece.

De repente, un nuevo Shiras golpea al Emperador por la espalda, lanzándole lejos de los asesinos.

Los dos Hit se dan la vuelta, pero el nuevo Shiras les propina una tormenta de puñetazos que los derriba fácilmente.

– “¿Era un clon temporal?” – se sorprende el viejo Hit. – “¿Cuándo?”
– “El humo no solo os da cobertura a vosotros.” – sonríe el patrullero. – “Eres un guerrero hábil que ha estado preparando su venganza durante años. Suponía que tenías un plan mejor que atacarme de frente.”

De repente, una explosión llama la atención de los presentes. Cold se ha transformado y ha regresado a su forma original. 

El Emperador ataca a Shiras y le sorprende con un terrible puñetazo en el rostro que lo lanza contra una montaña cercana.

Cold está sufriendo su exceso de poder. En su rostro se refleja el dolor que siente. Su aura es inestable y algunos rayos de energía son emitidos involuntariamente y chasquean los alrededores, causando algunas explosiones.

Shiras no tarda en ponerse en pie.

– “Insolente…” – refunfuña antes se lanzar un sanguinolento escupitajo al suelo.

Los Hit, malheridos, se ponen en pie.

– “No puedo aguantar esta transformación mucho tiempo” – les advierte el demonio del frío. – “¡Pensad algún modo de detenerle!”

Cold se abalanza sobre el Shiras y los dos se enzarzan en un violento intercambio de puñetazos.

Los Hit observan el combate. El joven asesino tiene una idea.

– “Shiras parece más lento que antes…” – dice Hit.
– “Crear un clon le habrá drenado mucha energía” – dice el viejo. – “Hacer algo así tiene un coste alto.”
– “Eso significa que no puede hacerlo otra vez.” – advierte el joven.
– “Tenemos que acabar con él de una vez por todas.” – dice el viejo asesino.
– “Tengo una idea.” – dice el joven.

Cold insiste en sus golpes, pero no son consistentes. Algunos tienen una fuerza y velocidad dignos de sus mejores días, pero otros son torpes y débiles. Su control del ki es deficiente a causa del esfuerzo realizado tiempo atrás para detener al planeta M2.

Shiras percibe las flaquezas del Emperador y enseguida reacciona en consecuencia, ganando terreno rápidamente.

– “¡Esperaba más del proclamado Emperador Cold!” – se burla el patrullero antes de propinarle un acrobático puntapié en la barbilla mientras da una voltereta hacia atrás, seguida de una doble patada en el pecho del demonio, que lo lanza contra el suelo.

Dos Hit se abalanzan sobre Shiras por la espalda, pero éste se percata de su presencia y los intercepta fácilmente, agarrándolos por el cuello a ambos.

– “Se acabó el juego” – dice el patrullero.

Pero Shiras no tarda en darse cuenta de que los dos asesinos llevan un anillo Toki.

– “¡¿QUÉ?!” – se alarma el patrullero.

Uno de los Hit desaparece. Era un clon.

El joven Hit sorprende a Shiras por la espalda, rodeándole el cuello con su brazo.

Shiras suelta al viejo Hit para intentar liberarse del agarre del joven, que no cede.

– “¡MALDITOS SEÁIS!” – exclama el patrullero.

Shiras y Hit se precipitan contra el suelo, pero el asesino sigue insistiendo en su agarre. 

El viejo Hit ha utilizado toda la energía que le quedaba en ese doble, y también cae al suelo sin fuerzas.

El Emperador Cold aprovecha la situación para preparar un poderoso ataque. Su aura se vuelve circular, pese a tener destellos de inestabilidad. El demonio del frío se coloca de perfil y apunta con su dedo índice a Shiras y Hit.


Shiras se da cuenta de lo que está ocurriendo y se desespera, pero Hit sigue luchando para mantener inmovilizado al patrullero. 

El viejo Hit intenta ponerse en pie para ayudar al joven, pero sus piernas le fallan y cae al suelo de rodillas.

El joven Hit mira a su futuro un instante y sonríe.

– “¡Cuida de ellos!” – le pide a su futuro. – “Ahora son tu familia.”

Cold no puede contener más su poder y dispara.

– “¡¡CASTIGADOR IMPERIAL!!” – exclama el Emperador.

Un poderoso rayo de energía avanza hacia Shiras y Hit mientras arrasa con todo lo que encuentra a su paso, creando un gigantesco surco en el suelo.

– “¡¡NO!!” – exclama Hit. – “¡¡NOOO!!”

El ataque engulle a los dos luchadores. Uno acepta su destino con terror y el otro con calma y una sonrisa en su rostro.

El ataque sigue su curso y se adentra en el espacio profundo. 

El planeta se queda en silencio. Todo ha terminado.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte XIX: Double team

Cold Chronicles / Parte XIX: Double team
“Esta vez, todo saldrá bien.”


Hit ha entrenado durante años para vengarse y ahora comprende los poderes del anillo Toki que robó. El asesino pretende utilizar el misterioso artefacto para viajar al pasado y proteger a su familia de la ira de Shiras.

Hit se ha preparado para pelear. Situando en el centro de las ruinas del que fue su hogar, el asesino dedica una reverencia a las simbólicas tumbas de su familia.

– “Os protegeré o me uniré a vosotros.” – dice Hit. – “Sea como sea, pronto estaremos juntos.”

El asesino se coloca el anillo y cierra su puño con fuerza. El artefacto brilla intensamente y un potente zumbido sacude a Hit. 

Tras unos instantes, el ruido cesa y el asesino abre los ojos. Se encuentra en el sótano de su casa, ahora intacta.

– “¿Ha funcionado?” – se pregunta Hit.

El asesino identifica su propia voz proveniente del exterior de la casa.

– “Ve con tu madre” – dice la voz. – “Ya sabes lo que hacer.”

Unos pasos hacen crujir la madera del suelo de la cabaña, sobre la cabeza de Hit. La trampilla se abre y revela a su esposa y sus dos hijos, que entran rápidamente en el sótano.

Una lágrima recorre el rostro de Hit, que se queda en silencio admirando a su familia.

– “¿Hit?” – se sorprende su esposa al verlo. – “¿Cómo has…?”

El asesino se acerca a su mujer y acaricia su rostro.

– “Strai…” – murmura Hit.
– “¿Qué ocurre?” – se pregunta ella.

Hit se agacha y abraza a sus hijos.

– “Punch, Kik…” – sonríe el asesino. – “Os he echado de menos…”

Strai nota algo extraño en el comportamiento de su marido.

– “Tú… no eres Hit…” – murmura la mujer.
– “Lo soy. Lo fui. Pero no soy el que conoces. No soy el Hit de este momento.” – responde el asesino.
– “¿Qué significa eso?” – pregunta Strai.
– “Ahora no importa.” – dice Hit. – “Esta vez, todo saldrá bien.”
– “¿Esta vez?” – repite su mujer.

En el exterior, Hit ha salido a recibir a Shiras para mantenerlo lejos de su casa.

– “¿Quién eres?” – pregunta Hit, que enseguida se percata del símbolo de la Patrulla Galáctica en el pecho del misterioso personaje. – “Este planeta está muy lejos de vuestra jurisdicción.”

De repente, un golpe invisible en la nariz de Hit lo lanza por los aires, pero el asesino da una ágil voltereta y cae de pie, en guardia.

El asesino se limpia un hilo de sangre que brota de su nariz.

– “Tú eres quien elimino a las Fuerzas Especiales…” – se da cuenta el asesino.

Shiras agarra con fuerza su bastón.

– “Tú y el Emperador me habéis arrebatado la Patrulla Galáctica.” – dice Shiras.
– “Para mí solo era un contrato.” – dice el asesino.

Hit puede percibir un pequeño movimiento en el pie derecho de Shiras y rápidamente responde alzando una nube de humo negro con un soplido. 

Entre el humo aparece Shiras, intentando propinarle un golpe con su vara, pero Hit se agacha para esquivarlo y retrocede. 

Hit es perseguido por su enemigo, que intenta propinarle un golpe descendente con su vara, pero Hit logra evitarlo en el último instante. El golpe impacta contra el suelo y crea un gigantesco cráter.

Hit recupera las distancias, sorprendido por el poder devastador de su enemigo.

Shiras parece calmarse. El legendario patrullero respira profundamente para mantener la compostura.

– “Eres hábil.” – dice Shiras.

De repente, Hit recibe un puñetazo invisible en el abdomen que le obliga a caer de rodillas.

– “Pero yo hace tiempo que sobrepasé las capacidades de los mortales.” – dice Shiras, que ha aparecido enfrente de Hit.

Shiras hace girar su vara y propina un golpe a Hit bajo la barbilla que lo lanza por los aires.

El asesino cae al suelo, dolorido y sorprendido una vez más por el poder devastador de su adversario.

En ese instante, Shiras mira de reojo la cabaña de Hit.

– “Voy a darte una lección.” – dice el antiguo patrullero.

Antes de que el legendario patrullero se mueva, éste se da cuenta de algo extraño. Un personaje surge de la cabaña.

– “¿Qué?” – se extraña Shiras. – “¿Qué truco es este?”

Un nuevo Hit camina hacia él.

Hit y Shiras parecen igualmente confusos al ver al nuevo individuo.

– “¿Quién es?” – se pregunta el joven Hit.
– “Soy tú, pero vengo del futuro” – responde el viejo.

Shiras, que se encuentra ahora entre los dos asesinos, enseguida se percata del anillo en la mano del segundo.

– “Eso es un…” – murmura el patrullero.
– “Es el tuyo” – dice Hit, que le muestra el artefacto en su dedo.
– “¿Cómo es posible?” – gruñe Shiras.
– “En el futuro has sido derrotado.” – dice Hit.

Shiras parece frustrado ante esa revelación, pero una sonrisa no tarda en dibujarse en su rostro.

– “Si he perdido, ¿porqué has venido?” – pregunta el patrullero.

Hit aprieta sus puños con fuerza, y eso hace que Shiras entienda lo ocurrido.

– “Ya veo…” – sonríe el patrullero. – “Es personal, ¿verdad?”

El otro Hit asiste perplejo a la situación.

– “¿De qué estáis hablando?” – se pregunta el asesino. – “¿El futuro?”

Nuestro Hit responde a su versión pasada.

– “Shiras, un día como hoy, mató a mi familia.” – dice Hit. – “Y ahora iba a matar a la tuya. La nuestra.”

Shiras sonríe.

– “¿A cuántas familias has matado tú?” – dice el patrullero. – “¿A cuantos niños has dejado huérfanos?”

Hit no responde. 

De repente, un nuevo personaje entra en escena, materializándose al lado de Shiras. Es un ángel. 

– “No te entrometas, Mojito” – dice Shiras.
– “No deberías estar aquí, Shiras.” – dice Mojito. – “Y tú tampoco…” – le dice a Hit.

Hit se sorprende al ver a un ángel que no reconoce.

– “¿Quién eres tú?” – le pregunta el asesino, algo confuso.
– “Tú puedes reconocer mi nueva apariencia, porque has conocido a mis hermanos.” – explica Mojito. – “Ya ves que no soy Campahri… pero para todos los seres de este universo siempre he tenido esta forma. Nunca he sido otro y nunca lo seré.”

Shiras parece molesto.

– “Este asesino ha usado el anillo Toki para cambiar el curso de la historia.” – dice Shiras. – “Eso va en contra de las normas establecidas. Debo actuar.”
– “¿Ahora vas a acogerte a las reglas?” – le pregunta Mojito.
– “Mantente al margen.” – exclama Shiras. – “Beerus duerme. Yo me encargaré de esto.”

Mojito mira atentamente a los dos Hit. El ángel sonríe, agacha la cabeza y da un paso atrás.

– “Está bien.” – responde el ser celestial. – “Resolved vuestros asuntos.”

El joven Hit, al escuchar la conversación entiende que su versión futura dice la verdad, así que se pone en guardia, dispuesto a pelear.

Los dos Hit y Shiras se encuentran cara a cara. La venganza los ha llevado a todos hasta aquí.

Shiras hace un leve movimiento, pero antes de poder atacar se encuentra con el viejo Hit detrás de él, que le propina una patada. El legendario patrullero se defiende con su vara. 

En un instante, los dos guerreros son envueltos por una densa niebla negra creada por el joven asesino. 

Dentro de la nube de humo pueden oírse un centenar de golpes continuos.

En el sótano de la cabaña, las paredes tiemblan con cada impacto. Strai intenta proteger a sus hijos abrazándolos.

De repente, Shiras sale repelido de la humareda. Los dos Hit le persiguen.

El patrullero golpea el suelo con su vara y eso provoca que los dos asesinos reciban una tormenta de puñetazos y patadas invisibles que los lanzan por los aires. 

El viejo Hit agarra el brazo del joven y lo lanza contra Shiras. 

El patrullero lo intercepta con un golpe de vara del que Hit logra protegerse, pero sale repelido contra el suelo.

Shiras se prepara para enfrentarse al viejo Hit, pero éste ha desaparecido. 

Hit aparece detrás de él, dispuesto a propinarle un preciso golpe en la nuca, pero Shiras se revuelve y le propina una patada en el costado, lanzándole contra el otro Hit.

Los dos asesinos, magullados, se preparan para seguir peleando. 

Shiras sonríe. Parece tranquilo.

– “No podéis vencerme.” – dice el patrullero. – “Mi poder es muy superior al vuestro. No sé cómo lograste detenerme en tu tiempo, pero no vas a hacerlo ahora.”

De repente, una corriente de aire sacude el lugar. La explosión de energía ha ocurrido detrás del patrullero. 

Mojito sonríe satisfecho. Parece estar divirtiéndose.

Shiras se da la vuelta y se da cuenta de que un nuevo contrincante se ha unido a ellos.

– “Creo que me has estado buscando, patrullero” – sonríe Cold, en su forma de toro bípedo. – “Aquí me tienes.”