ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte III: Secretos

Los últimos / Parte III: Secretos

“¿Y el otro es todavía más fuerte?”

Bonacala ha activado el \”Modo Ultra\” de su traje y está listo para zanjar el combate de una vez por todas.

Raditz se pone en guardia, preparado para enfrentarse al toreristo, pero preocupado por las habilidades con las que puede sorprenderle esta nueva versión de su armadura.

Cerca de allí, una nube de polvo se ha alzado tras el impacto del proyectil lanzado por los sautén sobre Vegeta. En la colina, los tres sautén siguen atentos al resultado del ataque.

– “¿Estado del objetivo?” – pregunta el cabecilla del grupo.

– “El impacto ha sido directo, Gryll” – responde el tirador.

– “Eso no es lo que he preguntado…” – insiste el líder sautén.

Nappa busca a los enemigos y logra identificarlos sobre la montaña.

– “¡Ahí están!” – exclama enfadado el saiyajín.

El grandullón reúne una gran cantidad de ki en su mano derecha y se prepara para lanzarlo como si fuera una pelota de béisbol.

– “¡ESTÁIS MUERTOS!” – grita mientras lanza el ataque con fuerza.

El ataque describe una gran parábola como si fuera un disparo de mortero directo sobre los enemigos, que enseguida abandonan sus posiciones e intentan huir saltando colina abajo. 

– “¡MOVEOS!” – advierte Gryll. – “¡RÁPIDO!”

El ataque de Nappa estalla sobre la loma, convirtiéndola en una árida llanura.

Los tres sautén se quedan tumbados en el suelo, con algunos magullados y con algunos huesos rotos por la caída y los escombros.

Gryll intenta levantarse, cuando se da cuenta de que frente a él se encuentra Vegeta, que no ha sufrido ningún rasguño.

– “Un pelotón de cinco sautén…” – murmura el saiyajín.

Vegeta dispara a los dos compañeros de Gryll y los desintegra a sangre fría.

– “Ahora tú y yo vamos a tener una pequeña charla.” – sonríe el Príncipe.

Mientras tanto, Bonacala se ha abalanzado sobre Raditz y le ha propinado un puñetazo en el abdomen que ha resquebrajado su armadura. El saiyajín ni siquiera ha sido capaz de ver a su enemigo aproximarse.

Bonacala propina un codazo en la nariz de Raditz, que sale propulsado a varios metros de distancia. 

El toreristo enseguida mira de reojo a los otros dos saiyajín. 

– “Tengo que acabar esto cuanto antes” – piensa Bonacala. – “Mis reservas de energía son limitadas.”

El toreristo salta por los aires y choca los puños frente a su pecho, imbuyéndolos con energía flamígera.

Raditz, que se estaba levantando, recibe la alerta de su scouter y retrocede rápidamente, evitando el golpe de Bonacala, que hace estallar el suelo contra el que impacta como si detonara una bomba.  

Nappa, harto de la incompetencia de su compañero, decide intervenir en el combate y embiste al toreristo por la espalda.

– “¡YA ERES MÍO!” – grita el grandullón.

Pero Bonacala da una pirueta en el aire y deja pasar de largo a Nappa para después dispararle un rayo zigzagueante que propina una terrible descarga eléctrica que inmoviliza al saiyajín.

Nappa, furioso, se esfuerza en sobreponerse a esa energía que recorre su cuerpo y finalmente logra zafarse de esa prisión eléctrica.

Bonacala retrocede asombrado.

– “Es la primera vez que veo a alguien liberarse…” – murmura el toreristo.

Nappa se da la vuelta y clava su airada mirada en Bonacala.

– “Se acabaron los juegos” – dice el saiyajín. – “Ahora yo me encargaré de ti.”

Raditz intenta intervenir.

– “¡Es mi combate, Nappa!” – protesta el hermano de Kakarotto.

– “¡Has perdido tu oportunidad!” – replica Nappa. – “¡Es mi turno!”

Bonacala se pone en guardia y analiza a sus enemigos.

– “¿Y el otro es todavía más fuerte?” – se pregunta mirando a Vegeta.

El Príncipe patea continuamente a Gryll, que se lamenta en el suelo.

– “¡Habla de una vez!” – exige Vegeta. – “¡Pronto me quedaré sin huesos que romperte!”

Mientras tanto, bajo los escombros del edificio central, el malherido caballero que observaba el ataque saiyajín desde su lujoso despacho se encuentra apresado entre cascotes, intentando alcanzar su bastón, al que casi puede rozar con la yema de los dedos.

– “Malditos…” – lamenta el toreristo. – “No dejaré que el Imperio se salga con la suya…”

En la superficie, Bonacala vuelve a imbuir sus puños de energía y se abalanza sobre Nappa, que se prepara para detener el golpe, pero en el último instante es sorprendido por un cambio de ritmo del toreristo que logra conectar su puñetazo en la mejilla del saiyajín.

Una gran explosión tiene lugar y Nappa sale disparado por los aires, dando varias vueltas de campana sorbe el suelo hasta que choca contra las ruinas de un edificio.

Raditz mira asombrado la situación, pues jamás había visto a alguien golpear de esa forma a su compañero.

Nappa sale de entre los escombros más furioso que nunca.

– “¡¡ESTOY HARTO DE ESTE IMBÉCIL Y SUS TRUCOS!!” – grita el saiyajín. 

Bonacala se sorprende una vez más del aguante de Nappa.

– “Ha encajado un puñetazo de mi traje en \”Modo Ultra\” y se levanta como si nada…” – se pregunta el toreristo. – “¿A qué clase de monstruos me estoy enfrentando?”

El saiyajín embiste a su enemigo.

– “¡VAS A MORIR!” – grita desquiciado. 

Bonacala choca sus puños de nuevo y los prende de nuevo antes de responder a Nappa de la misma forma.

Los dos se acerca el uno al otro como dos trenes de alta velocidad hacia un choque frontal inevitable.

– “A esta velocidad no puede maniobrar con facilidad” – piensa Bonacala. – “Si me anticipo a su golpe puedo terminar el combate.”

De forma repentina, Nappa abre su boca y proyecta un torrente de energía que sorprende a Bonacala.

El toreristo que no puede evitar recibir el impacto directo del ataque. Una gran explosión sacude la zona.

Cuando la polvareda se disipa, revela a Bonacala tumbado en el suelo, con parte de su traje chamuscado y medio casco roto.

Una gran sonrisa se dibuja en el rostro de Nappa.

Raditz no parece muy satisfecho por la aparente victoria de su compañero.

No muy lejos de allí, Vegeta se ha dejado al sautén hecho unos zorros. Parece que a Gryll solo le queda un soplo de vida.

– “¡¿Qué habéis venido a hacer aquí?!” – insiste el saiyajín. – “¡Habla de una vez!”

– “Supongo que lo mismo que vosotros…” – responde el sautén.

De repente, bajo los escombros del edificio central, el toreristo ha alcanzado su bastón y la esfera que adorna su pomo brilla intensamente.

– “No puede caer en manos del Imperio…” – murmura el malherido personaje.

En la luna que orbita alrededor del planeta Toreri, ahora en fase menguante, en un laboratorio subterráneo, los sistemas se sobrescriben; los trabajadores pierden el control de las instalaciones.

– “¡¿Qué está pasando?!” – pregunta un científico toreristo alarmado.

– “¡Los terminales no responden!” – responde otro.

En ese instante, se da cuenta de un anuncio en panel que le aterra.

– “El… el sector 0…” – titubea el toreristo. 

En una de las salas del complejo, una compuerta se abre, revelando un cáliz lleno de una sustancia viscosa morada colocado en el centro de una sala vacía.

Uno de los científicos se da cuenta de lo que ocurre y se apresura en ponerse un traje aislante.

– “¡La puerta del Comméson!” – exclama el toreristo, alertando a sus compañeros por su comunicador.

La sustancia morada empieza a reaccionar por sí sola, saliendo de su hibernación, y parece que aumente de tamaño lentamente.

El científico, pese a no haberse colocado el traje por completo, corre desesperado hacia la compuerta para intentar cerrarla.

El sujeto intenta usar el panel de comandos, pero no funciona, así que procede a cerrar la sala de forma manual. La compuerta pesa mucho, pero el toreristo pone todas sus fuerzas en ello.

El Commesón sigue despertando y de repente genera un tentáculo que agarra el brazo del científico.

– “¡AAAH!” – grita el torersito. – “¡AYUDA!” – exclama mientras sigue esforzándose en cerrar la puerta.

Varios trabajadores han acudido a su llamada, pero al ver el tentáculo de Commesón enseguida retroceden y echan a correr.

La sustancia viscosa avanza por el cuerpo del toreristo hasta consumirlo por completo, convirtiéndolo en parte de sí mismo. 

En unos instantes, el Commesón ya se extiende por los pasillos del complejo y atrapa a cualquiera a su paso. 

De repente, Vegeta, Nappa y Raditz reciben una señal de alerta en sus scouter y alzan la vista al cielo.

– “¿Qué demonios es eso?” – se pregunta Nappa.

– “Supera las 9000 unidades…” – dice Raditz. – “¡Y sigue en aumento!”

– “¡Eso no es posible!” – replica Nappa.

Los scouter de los tres saiyajín estallan de repente, dejándoles sin palabras.

El moribundo Gryll sonríe.

– “Parece que buscábamos en el lugar equivocado…” – dice el sautén.

Vegeta mira boquiabierto la media luna.

En la superficie del satélite, el Commesón se filtra entre las compuertas del laboratorio y conforma una silueta humanoide. 

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Bonacala

Los últimos / Parte II: Bonacala

“Justo hoy tenía que aparecer el Imperio…”

En el centro del cráter en el que antes se alzaba la ciudad, Bonacala y los tres saiyajín miran fijamente cuando Vegeta estalla en una carcajada.

– “¡Jajaja! ¡No me hagas reír!” – dice el Príncipe. – “¿Crees que tienes una oportunidad contra nosotros?”

El toreristo mira de arriba a abajo a los tres guerreros. 

– “Saiyajín…” – murmura Bonacala.

Raditz da un paso al frente mientras hace crujir sus puños.

– “Deja que yo me encargue, Vegeta” – dice el saiyajín.

– “Está bien.” – responde el Príncipe.

– “¿Estás seguro, Raditz?” – se burla Nappa.

El hermano de Goku ignora a su compañero y activa su scouter para analizar al enemigo.

– “Su fuerza de combate es minúscula.” – piensa Raditz. – “Acabaré con esto de un solo golpe.”

El saiyajín alza su mano y apunta a Bonacala.

– “¡Hasta nunca, imbécil!” – exclama Raditz antes de disparar un potente ataque de energía.

Una gran explosión tiene lugar en el interior del cráter en el que están peleando.

Raditz luce una media sonrisa victoriosa.

– “¿Ya está?” – se pregunta Nappa. – “Vaya decepción.”

Vegeta se mantiene serio.

– “¡IDIOTA!” – exclama repentinamente el Príncipe. – “¡ESTÁ DETRÁS DE TI!” – advierte a Raditz.

El hermano de Kakarotto se da la vuelta rápidamente, pero es sorprendido por un rodillazo de Bonacala en la nariz que lo derriba y lo deja sentado en el suelo.

El saiyajín se limpia la sangre de la nariz, frustrado, mientras se pone en pie.

– “¿Cómo…?” – refunfuña Raditz. – “¿Cómo es posible…?”

Bonacala ahora luce un traje rojo y blanco con una letra \”S\” en la hebilla de su cinturón

– “Esto es solo una muestra de mi \”Modo Speed\”” – dice el toreristo.

Nappa también ha sido sorprendido por la velocidad del enemigo y vuelve a analizarlo con su scouter.

– “Pero… su fuerza de combate sigue siendo la misma…” – murmura el grandullón.

Vegeta no dice nada, pero pone toda su atención en el traje del guerrero toreristo.

. “¿Será eso?” – se pregunta el Príncipe. 

Raditz se pone en guardia, listo para luchar, pero Bonacala desaparece frente a sus ojos.

– “¡Es muy rápido!” – exclama Nappa.

Vegeta es el único capaz de seguir al enemigo con la mirada.

– “¡LO TIENES ENCIMA!” – advierte el Príncipe a su compañero.

Raditz mira al cielo y se encuentra con el toreristo, con su traje negro y amarillo, con una \”B\” en su hebilla. El guerrero tiene los brazos formando una cruz frente a su pecho.

. “¡HAAAAA!” – dispara un rayo zigzagueante amarillo.

Raditz retrocede de un salto y esquiva el ataque, que impacta contra el suelo e imbuye una área de unos pocos metros de diámetro con energía chispeante. Bonacala desciende en el centro.

El toreristo mira de reojo a Vegeta.

– “Él parece el más fuerte de los tres” – piensa Bonacala. – “Tengo que reservar energía suficiente para ese combate.”

Raditz aprieta su puño con rabia.

– “¡BASTA DE JUEGOS!” – exclama el enfurecido saiyajín.

El saiyajín se abalanza sobre Bonacala, pero al entrar en el área afectada por el ataque previo parece sufrir una descarga que lo deja aturdido durante un breve instante. Bonacala aprovecha el momento para embestir al saiyajín y propinarle una patada en el abdomen, lanzándole a varios metros de distancia. 

Nappa aprieta los dientes enfadado con su compañero.

– “Raditz nos está haciendo quedar como idiotas…” – gruñe el grandullón. – “¡Yo me encargaré del toreristo!” – añade mientras da un paso al frente.

– “No” – le detiene Vegeta.

– “Pero… Vegeta…” – insiste Nappa.

– “He dicho que no” – añade Vegeta mirando a su compañero de reojo. – “Este es combate es de Raditz.”

– “Está… está bien…” – se clama Nappa, retrocediendo.

Raditz se levanta una vez más y mira de reojo a sus dos compañeros.

– “Maldita sea…” – gruñe el hermano de Goku. – “Voy a quedar como un tonto delante de esos dos…” – lamenta. – “¡No lo permitiré!”

El guerrero embiste a Bonacala e intenta golpearle con una tormenta de puñetazos y patadas, pero el toreristo retrocede esquivando todos los ataques del saiyajín.

Vegeta observa el combate con atención, cuando el scouter le indica que hay alguien más en la zona.

El saiyajín mira en la dirección que le marca el scouter y se da cuenta de que hay dos individuos sautén reptando entre los escombros de la metrópolis.

Los dos reptilianos avanzan hacia el lugar en el que se encontraba el edificio central.

– “Justo hoy tenía que aparecer el Imperio…” – lamenta uno.

– “¡Deja de lamentarte!” – replica su compañero con un susurro. – “Aún podemos conseguirlo. Esos cabezahuecas están ocupados con el toreristo. Solo tenemos que tener cuidado y…”

De repente, una sombre aparece sobre ellos. Aterrados, los dos sautén alzan su mirada y se encuentran con Vegeta levitando sobre sus cabezas.

– “¿Ibais a alguna parte?” – les pregunta el saiyajín con una media sonrisa fanfarrona.

Raditz sigue inmerso en su frustrante pelea con Bonacala, que sigue evadiendo al saiyajín sin permitirle conectar ni un solo puñetazo.

El saiyajín no puede evitar pensar en todas las burlas que ha sufrido por parte de Nappa y las que seguirá teniendo que soportar después de este combate, y las continuas faltas de respeto de Vegeta.

– “Maldito…” – gruñe Raditz. – “¡MALDITO SEAS!” – exclama al intentar propinarle un fuerte puñetazo. 

El golpe conecta con el adversario, resquebrajando la visera de su casco y lanzándole contra el suelo.

Un pitido del scouter alerta a Nappa.

– “¿Qué demonios ha sido eso?” – se pregunta el grandullón.

Nappa intenta revisar su dispositivo, pero la lectura ya ha desaparecido.

– “¿Un error?” – se pregunta el saiyajín. – “Estos cacharros…”

Bonacala se recupera rápidamente y mira con recelo a Raditz.

Mientras tanto, Vegeta ya ha ejecutado a uno de los sautén y ahora coloca su bota sobre la garganta del segundo, que se encuentra malherido en el suelo.

– “¿Qué hacéis aquí?” – le pregunta. – “Respóndeme y no te haré sufrir.”

De repente, un misil cae sobre Vegeta y explota.

En una colina lejana, un sautén observa con unos binoculares, mientras otro sostiene un humeante lanzacohetes. Un tercero contempla la escena de brazos cruzados.

– “Blanco alcanzado” – anuncia el tirador.

La explosión alerta a Nappa, Raditz y Bonacala.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el grandullón. – “¿Más enemigos?”

Bonacala, al ver que la situación se complica, decide ponerse serio. Apretando un botón de la hebilla de su cinturón, la \”B\” que lucía se convierte en una \”U\” y su traje se torna blanco y morado.

– “¡\”Modo Utra\” activado!” – exclama mientras luce una pose de combate estrafalaria. – “¡Este es vuestro fin, enemigos de la justicia!”

ESPECIAL DBSNL /// Los últimos // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Recaderos

Los últimos / Parte I: Recaderos

“Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

En la capital del planeta Toreri, por la megafonía de las calles suenan las alarmas. La metrópolis está siendo atacada.

Los habitantes de la ciudad, humanoides de piel azul y cabello rubio, vestidos con ropas futuristas y coloridas, corren despavoridos hacia zonas seguras repartidas por toda la metrópolis que dan acceso a los búnkeres subterráneos. 

En la avenida principal, una gran calle que desemboca en un gigantesco rascacielos, los tanques se acumulan frente al edificio para protegerlo. Múltiples explosiones a varias manzanas de distancia ensordecen el lugar.

– “¡EL OBJETIVO SE APROXIMA!” – exclama un soldado.

– “¡VAMOS! ¡VAMOS! ¡VAMOS!” – ordena un Coronel, haciendo señales a los soldados que se sitúan entre los tanques con sus fusiles láser de asalto preparados.

De repente, las explosiones cesan. La ciudad se queda en silencio.

– “Ya están aquí…” – murmura el Coronel.

Entre la polvareda, el humo y el fuego que cubren la avenida pueden verse tres figuras humanas caminando hacia la barricada.

La silueta central es de un hombre de baja estatura y cabello encrespado, flanqueado por un gigantón calvo a su derecha y otro guerrero de larga cabellera negra a su izquierda.

En lo alto del edifico, en un despacho grande y lujoso, un hombre mira preocupado la escena. El caballero luce un tupé rizado rubio y viste un elegante traje blanco con cuello alto, un monóculo y se apoya en un bastón adornado con una esfera cristalina de color verde en el pomo.

Los soldados se impacientan viendo que el enemigo camina hacia ellos.

– “¡¡FUEGO!!” – ordena el Coronel.

Los tanques y los soldados disparan a discreción contra los extraños. La ciudad se inunda de fuego durante varios minutos. Las fuerzas locales atacan insistentemente a los invasores con todo lo que tienen hasta escuchar el chasquido metálico de sus armas sin munición.

Una gota de sudor frío recorre la sien del hombre en la torre.

Los soldados se miran los unos a los otros sin atreverse a celebrar la victoria.

Una voz les revela su fracaso.

– “¿Habéis terminado?” – dice el más bajito de los enemigos.

Los soldados retroceden aterrados.

– “Creo que nos toca.” – añade el guerrero que viste de azul con una armadura verde y marrón. – “Haz los honores, Nappa.”

– “Por supuesto, Vegeta” – sonríe el grandullón.

Nappa alza sus dedos índice y corazón y provoca una gran explosión que arrasa con todos los enemigos presentes e incluso con los edificios de los alrededores.

Cuando la polvareda se disipa se revela un gran cráter en el centro de la ciudad. 

– “Creo que me he pasado…” – dice Nappa.

– “Siempre tienes que dar la nota.” – le recrimina Raditz.

– “Tú lo tienes muy fácil” – responde el grandullón con una sonrisa burlona. – “Como no tienes que preocuparte por causar grandes destrozos…” 

– “¡¿Qué insinúas?!” – replica Raditz.

– “Ya lo sabes” – responde Nappa.

– “¡BASTA!”- estalla Vegeta. – “¡Si tengo que escuchar vuestras discusiones un segundo más os daré una lección a los dos!”

Nappa y Raditz se callan inmediatamente.

– “Discúlpanos, Vegeta” – dice Nappa.

– “Sí, lo sentimos.” – añade Raditz.

Vegeta resopla para calmarse y echa un vistazo a los restos del edificio central.

– “Esto no era necesario, Nappa.” – dice el Príncipe saiyajín. – “Ahora tendremos que buscar entre la basura.”

Raditz esboza una media sonrisa y mira de reojo a Nappa, presumiendo de que Vegeta le haya dado la razón. Nappa responde con un gruñido, pero se traga su frustración por miedo a la reprimenda del Príncipe. 

– “Debería estar conquistando planetas para mi propio Imperio…” – refunfuña Vegeta, apretando su puño con rabia. – “¡…y no haciendo de recadero para esa sucia sabandija!”

De repente, una nave interrumpe la escena sobrevolando la zona a poca altura, alzando una gran corriente de aire que alerta a los tres saiyajín.

La nave se alza de nuevo y se queda suspendida en el aire.

Vegeta mira de reojo el aparato.

– “¿La Patrulla Galáctica?” – se pregunta Nappa, extrañado al ver el logotipo del vehículo.

– “Se suponía que no iban a aparecer…” – dice Raditz.

De la nave sale un guerrero con un traje negro y amarillo, su rostro está cubierto por un casco, y un cinturón con una letra \”B\” en la hebilla. En su pecho luce una pegatina con el logotipo de la Patrulla Galáctica.

El recién llegado mira el desolado paisaje.

– “Malditos bastardos…” – murmura el patrullero apretando sus puños.

Vegeta da un paso al frente.

– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta el saiyajín. – “¿Y qué haces aquí?”

– “¿Te has perdido?” – añade Nappa con tono burlón. – “No deberías entrometerte en los asuntos del Imperio.”

El soldado se arranca la pegatina de la Patrulla Galáctica del pecho y deja que el viento se la lleve. Tal acto sorprende a los saiyajín.

– “Mi nombre es Bonacala” – se presenta el guerrero. – “No me importan las órdenes de la Patrulla. Éste es mi planeta y voy a protegerlo.”

ESPECIAL DBSNL /// Sermones del predicador // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: El muñeco de Mule

Sermones del predicador / Parte I: El muñeco de Mule

“¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor!”

En el planeta Luud, en una mañana de oración, el predicador Dolltaki narra esta historia a sus feligreses:

– “Hace miles de años, en este mismo planeta, entonces llamado Equus, una larga guerra tuvo lugar.


El planeta estaba en continuo conflicto. Los habitantes estaban divididos en ducados, cada una con distintos ideales y motivaciones. Los cuerpos se amontonabas en las fronteras. Todos querían imponer su punto de vista a los demás, a los que tildaban de blasfemos.


Uno de los habitantes del planeta, Mule, un pequeño individuo de tez de color vino tinto y cuernos negros, comandaba las tropas de su territorio bajo el título de Duque. Su ejército era capaz de mantener su ducado bajo control, mas incapaz de imponerse a los territorios rivales y terminar la guerra.


El pequeño personaje se sentía impotente viendo como se derramaba la sangre de sus hermanos por todo Equus.


Un día, mientras Mule dormía, una extraño ser le visitó en sus sueños. Una presencia mágica hizo su aparición para hablarle. El misterioso personaje le otorgó un conocimiento hasta entonces inalcanzable para los habitantes de Equus y le prometió que con eso podría poner fin a la eterna guerra. 


Cuando despertó a la mañana siguiente, el Duque sabía lo que tenía que hacer. Ordenó a los mejores herreros y artesanos de su ducado que siguieran sus indicaciones para construir un gran armazón a partir de los minerales más preciados del planeta; entre ellos el precioso metal verde \”batetsu\”.


Ese armazón, tras meses de trabajo, terminó convirtiéndose en una máquina de guerra gigantesca con una cabina central a la que Mule podía acceder.


El Duque se sentó en la cabina, pero fue incapaz de mover al cíclope de metal.


Abatido tras el estrepitoso fracaso, Mule pasó días de penuria. Había usado todo el rico material de su territorio en esa armadura, creyendo que así podría traer la paz a su planeta. Ese ser que apareció en sus sueños se lo había prometido. ¿Había sido solo un sueño? El Duque se negaba a pensar eso. Para él fue real.


Los rumores sobre el muñeco de Mule, al que así llamaban con sorna sus enemigos, se extendieron por todo Equus. El Duque se convirtió rápidamente en el hazmerreír, y los enemigos ya afilaban sus cuchillos pensando en repartirse su territorio.


Una fatídica noche, meses después, Mule fue alertado por múltiples emisarios de que las fronteras de su tierra estaban siendo atacadas por sus enemigos.


El Duque, desesperado, corrió una última vez al taller y se subió a la máquina de guerra, esperando un milagro. Pero ésta no se movió.


Mule rompió a llorar, maldiciendo al cielo y a los Dioses.


Pero de repente, una voz sonó en su cabeza.


– “Debe tener fe, Duque” – dijo esa misteriosa ilusión.


Mule reconoció perfectamente esa voz. Era el mismo individuo que le habló en sus sueños.


– “¡Hice lo que me pediste!” – replicó el Duque. – “¡He construido la máquina! ¡¿Qué más quieres de mí?!”

– “Debe creer en mí.” – respondió la voz. – “Debe someterse a mí si quiere salvar a su pueblo.”


Mule se asustó ante tal petición, pero en el horizonte podía oír los gritos de sus hombres siendo masacrados.


– “¡Está bien!” – exclamó el Duque. – “¡Mi voluntad es vuestra!”

– “Bien.” – respondió la voz. – “Cree en mí y camina.”


De repente, un torbellino de energía imbuyó la máquina de guerra, que empezó a moverse automáticamente según las intenciones de Mule.


En el campo de batalla, la muerte avanzaba hacia el interior de la provincia. Los pequeños soldados autóctonos eran incapaces de contener a los invasores, que ya creían tocar la victoria con sus dedos.


Pero en ese instante, un gigante verde apareció ante ellos, dejando el lugar en silencio. 


– “¿Qué es esa cosa?” – se preguntaba uno.

– “Eso es…” – tartamudeó un soldado. – “¡Es el muñeco! ¡El muñeco de Mule!”


El hombre de metal golpeó el suelo con fuerza y se formó una gran fisura que engulló a gran parte del ejército enemigo.


Muchos soldados desertaron en ese mismo momento, pero aún eran muchos los que decidieron oponerse fútilmente a Mule. Sus golpes de espada y lanza eran incapaces de penetrar la armadura de \”batetsu\”.


El hombre de hierro repartía golpes a diestro y siniestro, levantando a decenas de soldados del suelo con cada aspaviento.


En unos pocos minutos, una guerra que parecía no tener fin había terminado. 


Los rumores empezaron a extenderse por Equus. El muñeco de Mule pasó de ser motivo de mofa a causar el terror entre sus enemigos, que no tardaron en deponer sus armas y aceptar la autoridad del Duque. 


La paz llegó así a Equus gracias a la fe de Mule.

Dolltaki observa a sus seguidores, que lo escuchan atentamente.

– “¡Y fe es lo que os pido!” – exclama el predicador. – “¡El Dios Luud lo exige a cambio de su favor! ¡Demostrad vuestra fe, tal y como hizo el Duque!”

La gente adora la figura gigantesca del Dios que adorna el altar mientras recitan oraciones en su honor.

– “Y eso fue solo el principio…” – continúa con una media sonrisa.

Desde el balcón interior, el brujo Hoi contempla satisfecho la escena.