ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte V: El otro Súper Saiyajín

El saiyajín olvidado / Parte V: El otro Súper Saiyajín

“¡No voy a morir!”

Liquir se acerca a Turles, que sigue tumbado en el suelo semiinconsciente, dispuesto a matarlo.

De repente, el saiyajín se mueve, sorprendiendo al zorro.

Turles se levanta con dificultad.

– “¿Aún tienes fuerzas para ponerte en pie?” – se burla el kurama.

El saiyajín tiene la vista borrosa.

– “No hemos terminado…” – dice Turles.

Liquir alza su mano hacia el enemigo y le dispara un ataque de ki que estalla en el pecho del saiyajín y lo derriba de nuevo.

– “Yo creo que sí.” – fanfarronea el zorro.

Turles, tumbado en el suelo, abre los ojos y puede ver un cielo que reconoce y le provoca una dolorosa nostalgia. Es el cielo nocturno de Tazba, el astro en el que su nave se estrelló cuando era un bebé.

El saiyajín se incorpora y pronto se da cuenta de que sus heridas han desaparecido.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta. – “¿Estoy muerto?”

Turles se da cuenta de que se encuentra en el centro de una ciudad en llamas, rodeado solo por destrucción y muerte. En el suelo pueden verse las pisadas del ozaru. 

El saiyajín se pone en pie y ahora se encuentra al lado de la averiada cápsula espacial con la que llegó a tan remoto destino.

Una luz se ilumina en el cielo. Una nave imperial.

De repente, Turles se encuentra a bordo de la nave, en una sala de entrenamiento, enfrentándose a múltiples saibamen. Cooler observa la escena detrás de un cristal junto al solado Sauza.

– “¿Cree que la leyenda es cierta, señor?” – pregunta el brench.

– “He visto suficiente como para no descartar nada.” – responde Cooler.

Ahora Turles se encuentra arrodillado frente al demonio del frío.

– “Mi hermano exterminó a tu raza.” – dice Cooler. – “Quiero que me ayudes a derrocarle, Turles. Ayúdame a recuperar el Imperio y tendrás tu venganza.”

De repente, Turles despierta en Kurama.

Liquir se sorprende al volver a sentir el ki de Turles, que por un instante había desaparecido.

Turles se pone en pie de nuevo.

– “Eres muy terco…” – dice Liquir.

– “Soy un saiyajín.” – sonríe Turles.

Los hombres de Turles llegan al lugar del duelo y rodean al kurama.

– “¿Estáis de broma?” – sonríe el zorro.

Con un movimiento de sus cinco colas, el zorro genera una corriente de aire que derriba a los soldados.

– “¡AAAAH!” – gritan ellos.

– “¡No molestéis!” – dice Liquir.

Turles aprieta sus puños con rabia.

– “No tengo nada…” – refunfuña Turles. – “Mi raza fue aniquilada. He dejado que Cooler me utilizara… Me he tragado mi orgullo, porque creía que en algún momento lograría el poder suficiente para plantarle cara a él y a Freezer… Si muero hoy, todo habrá sido en vano.”

Liquir alza de nuevo su mano y se prepara para disparar a Turles, pero una extraña y violenta aura amarilla envuelve al saiyajín. Su cabello se eriza y sus ojos se tornan verdes.

– “¡No voy a morir!” – exclama Turles. – “¡VOY A ACABAR CON ELLOS CON MIS PROPIAS MANOS! ¡Y NO DEJARÉ QUE TÚ ME LO IMPIDAS!”

El aura arde con fuerza y su cabello se tiñe de oro.

– “¡¡YAAAAAAAAAHHHH!!” – grita el saiyajín.

Una explosión de ki empuja a Liquir y lo hace retroceder.

– “¿Qué demonios…?” – se sorprende el kurama.

El cuerpo de Turles brilla con luz propia.

Sus hombres le miran asustados.

– “¿Qué le ha pasado?” – se pregunta Almond.

– “Acaso…” – se pregunta Daiz. – “Es eso… es el…”

El kurama se prepara para el combate pero, antes de que pueda ponerse en guardia, Turles le embiste con toda su rabia y le propina un puñetazo en el hocico. 

Liquir sale despedido, rebotando varias veces contra el suelo, mientras intenta recuperar la estabilidad, pero es perseguido por el saiyajín.

El kurama se detiene en el aire y revela una sexta cola. 

Turles intenta golpearle de nuevo, pero el kurama cruza sus brazos frente a su rostro en el último instante y encaja el golpe, pero aún así su poder no es suficiente para detener al enfurecido Súper Saiyajín, y sale repelido de nuevo. 

Turles apunta al zorro con sus manos y dispara una terrible esfera de ki que irradia energía en todas direcciones.

El zorro se cubre con sus colas y recibe el impacto directo.

Una gigantesca explosión barre el lugar, creando un gigantesco cráter.

El Súper Saiyajín se detiene y observa entusiasmado el resultado de su poder.

– “¡JAJAJA!” – ríe el guerrero. – “¡Seguro que con este poder podría derrotar a los demonios del frío! ¡Soy el Súper Saiyajín de la leyenda!”

Pero del cráter sale caminando con naturalidad el zorro, que ahora luce siete colas.

– “Se acabaron los juegos, saiyajín” – dice el zorro. – “No sé de dónde emana ese nuevo poder, pero no es suficiente para derrotar al Guardián del Fruto.”

Turles se sorprende al sentir el nuevo poder del zorro, que una vez más supera sus expectativas.

El saiyajín aprieta los dientes.

– “No…” – refunfuña Turles. – “Nadie debería superar al Súper Saiyajín de la leyenda… ¡Eso es imposible!”

Liquir abre su boca y dispara un potente rayo.

Turles lo esquiva por los pelos, pero antes de que pueda reaccionar se da cuenta de que Liquir se ha abalanzado sobre él y le propina un puñetazo que el saiyajín logra desviar.

El zorro muerde el brazo de Turles. El saiyajín grita de dolor mientras intenta sacudir al kurama, que se niega a soltar a su víctima.

Tras un breve forcejeo, Liquir libera a Turles y le propina una patada en el abdomen que lo estampa contra el suelo. 

Liquir se alza sobre el saiyajín y prepara una esfera de ki entre sus manos que después lanza sobre él.

Turles recibe el impacto directo del ataque. Una nueva explosión sacude el planeta. La onda expansiva barre el lugar y empuja a los hombres del saiyajín, que se encontraban en las proximidades. 

En el Templo Sagrado, Sidra observa la luz en el horizonte con semblante serio.

Liquir, que muestra signos claros de cansancio, ha dejado de percibir el ki de Turles.

– “Se acabó.” – sentencia el zorro.

Daiz intenta levantarse, pero sus fuerzas flaquean.

– “Turles…” – murmura el kabocha. – “Maldita sea…”

De repente, Turles se encuentra de nuevo en Tazba. El saiyajín vuelve a ser un bebé, tumbado entre los restos ardientes de su cápsula espacial estrellada. El ensangrentado y malherido niño mira fijamente al cielo mientras su corazón late cade vez más despacio. Pero una nube se aparta y revela la luna llena, cuya luz baña al pequeño Turles. El corazón del niño se reanima y empieza a palpitar con vitalidad, como un tambor.

Liquir se detiene. Puede sentir de nuevo el ki de su enemigo.

– “No es posible…” – murmura el zorro. – “¿Sigue vivo?”

En ese instante, del cráter formado surge un ozaru; un gigantesco mono gigante que ruge violentamente.

Daiz observa asombrado a su líder alzarse.

– “El ozaru…” – murmura el kabocha. – “Pero… ¡¿Cómo es posible?!” – se da cuenta Daiz. – “¡No hay luna!”

El mono sale del cráter y ruge una vez más. Su pelaje empieza a brillar de forma tenue, pero pronto aumenta de intensidad hasta estallar en una explosión de luz y tornarse dorado. 

Liquir retrocede asustado ante el poder que puede sentir.

– “¡¿Qué clase de monstruo es este?!” – se pregunta el kurama.

Turles clava su mirada en el zorro y abre su gigantesca boca, de la que emana un torrente de ki morado que se precipita sobre el kurama. 

El zorro es sorprendido por tal poder y solo puede intentar cubrirse ante semejante ataque.

Cuando la polvareda se disipa, Liquir revela que su octava cola no ha logrado brotar por completo a tiempo y se desvanece, provocando que el zorro hinque la rodilla.

Turles alza su gigantesco puño e intenta aplastar al kurama, que salta hacia un lado justo a tiempo para evitar el ataque, pero el saiyajín usa esa misma mano para propinar un revés al zorro y lanzarlo a cientos de metros de distancia y estrellarlo contra una montaña.

Liquir, incrustado en la roca, con sus brazos en cruz, puede ver como el gigantesco mono camina hacia él.

Ha empezado a llover.

– “Maldita sea…” – murmura el kurama. – “Jamás imaginé que existiera alguien con un poder así…”

El zorro intenta liberarse y cae al suelo de rodillas, perdiendo tres de sus colas, luciendo ahora solo cuatro.

– “No me quedan fuerzas…” – lamenta Liquir.

El gigantesco ozaru, justo cuando está apunto de alcanzar al zorro, pierde su pelaje dorado y disminuye de tamaño hasta convertirse de nuevo en Turles.

El saiyajín también cae de rodillas al suelo e intenta recuperar el aliento.

– “Creo que éste es mi límite…” – murmura Turles.

El zorro se pone en pie con dificultad.

– “Supongo que no aceptarás un empate…” – dice Liquir.

– “Sólo si me das el Fruto…” – sonríe el saiyajín, que también se levanta.

Los dos contrincantes se encuentran cara a cara. Los dos con una media sonrisa en sus rostros.

– “Acabemos con esto.” – dice Liquir.

Turles asiente.

– “Sí.” – dice el saiyajín. – “Está durando demasiado.”

Tras un breve silencio, los dos guerreros embisten el uno contra el otro y empieza un intercambio de golpes crudo y brutal. Ya no hay fuegos de artificio. Es un duelo a muerte, mano a mano. Una pelea cruel y sucia entre dos guerreros a los que casi no les quedan fuerzas.

Los dos luchadores solo se centran en conectar sus golpes. No ha tiempo para intentar defenderse. Es un intercambio de puñetazos directos que va a decidirse por quién pueda aguantar un mayor castigo.

A medida que dura el combate, la fuerza del saiyajín disminuye y las colas del zorro desaparecen. El terreno se llena de barro.

Finalmente, cuando a Liquir solo le queda una cola, Turles aprovecha un desequilibrio del kurama para situarse detrás de él y rodear su cuelo con su brazo.

– “Grrrr…” – gruñe el zorro, que pelea por liberarse.

Pero con un violento movimiento, Turles parte el cuello del kurama, cuyo cuerpo se desploma inerte contra el suelo.

Turles se deja caer de rodillas, agotado, y finalmente se desmaya tumbado bocabajo en el barro.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte IV: Zenkai

El saiyajín olvidado / Parte IV: Zenkai

“No trabajo para el Imperio”

Turles y Liquir se dirigen raudos a su mutuo encuentro.

Sidra espera en el viejo templo, cabizbajo.

– “Tengo un mal presentimiento.” – murmura el anciano.

Los hombres de Turles pueden ver en sus scouters cómo su líder se mueve hacia otra fuerza que ha aparecido en sus visores.

– “¡¿20.000u?!” – anuncia Razin.

– “Eso no representa un problema para Turles.” – dice Almond con desprecio.

– “Sigamos con nuestra búsqueda.” – sugiere Lakasei.

Daiz se queda mirando dubitativo la lectura de su pantalla.

En mitad del desierto, el Guardián del Fruto y el saiyajín se encuentran cara a cara y se detienen en el aire.

Los dos personajes se miran atentamente con suspicacia.

– “¿Qué hacéis en mi planeta?” – pregunta Liquir.

– “Buscamos el Fruto Sagrado…” – dice Turles.

La ropa del kurama lo delata. Un grabado del árbol adorna su collar.

– “…y veo que estamos en el lugar adecuado.” – sonríe el saiyajín.

Liquir esboza una media sonrisa.

– “¿Y de dónde sales tú? ¿Te envía el Imperio?” – pregunta el kurama, que pronto se fija en la cola del guerrero. – “Un saiyajín…”

– “No trabajo para el Imperio” – responde Turles, ofendido por tal idea.

– “Morirás de todas formas.” – responde Liquir.

El kurama revela una segunda cola, duplicando su poder.

Turles percibe el aumento de fuerza de su adversario y frunce el ceño.

Una tercera cola aparece.

Los hombres de Turles ya volaban hacia la siguiente aldea, cuando una nueva señal activa las alarmas de sus scouters.

– “¡¿40.000 unidades?!” – exclama Lakasei.

Los cinco personajes se detienen al instante.

– “No puede ser…” – murmura Rasin. 

– “¡Espera!” – interviene Lakasei. – “¡Ha vuelto a aumentar!”

Una nueva cifra aparece en los visores.

– “120…” – titubea Almond. – “120.000…”

– “¡Tiene que ser un error!” – exclama Lakasei.

Mientras tanto, Liquir se abalanza sobre Turles y le propina un puñetazo directo en la nariz que lo hace retroceder ligeramente.

– “Jejeje…” – ríe el saiyajín.

Liquir parece confuso ante la respuesta de su enemigo, que no ha intentado defenderse y que ha reaccionado de tan extraña forma.

Turles se limpia con su puño una minúscula gota de sangre que brota de su nariz.

– “No está nada mal…” – dice el saiyajín. – “Y no me refiero a tu poder, si no al mío.”

Turles observa sus manos un instante antes de cerrar sus puños con fuerza.

– “Gracias a mi último combate, ¡soy más fuerte que nunca!” – exclama emocionado el saiyajín. – “¡He sobrepasado mis límites!”

Liquir revela una nueva cola y se pone en guardia de nuevo.

– “Deja de fanfarronear y pelea.” – insiste el kurama, muy serio.

– “Has aumentado mucho tu poder…” – sonríe Turles. – “Pero eso también puedo hacerlo yo.”

Turles se prepara para concentrar su energía ante la mirada atenta de Liquir.

– “¡¡YAAAAAAAAAAH!!” – grita mientras su ki aumenta rápidamente.

El suelo del planeta tiembla.

Los hombres de Turles reciben una nueva lectura de sus scouter.

– “¡El poder del enemigo ha vuelto a aumentar!” – exclama Rasin. – “¡Supera las 400.000 unidades!”

– “¡Y ha aparecido otro poderoso ki!” – exclama Almond. – “¡200.000 unidades!”

– “No…” – dice Daiz. – “¡Ese es Turles!”

– “¡¿Qué?!” – se sorprenden los beenz.

– “300.000…” – dice Almond. – “…400.000…” – anuncia. – “…500…”

En ese instante estallan todos sus visores.

Turles clava su mirada en el zorro, que retrocede al sentir el poder de su adversario.

El saiyajín embiste al kurama y le propina un codazo en el hocico que lo hace retroceder.

Liquir se estabiliza en el aire, pero antes de que pueda contraatacar se da cuenta de que Turles está detrás de él y le propina una patada en la espalda que lo lanza contra el suelo.

Turles apunta con su mano al enemigo y prepara una onda de energía.

– “¡HA!” – exclama el saiyajín, que dispara un rayo de ki hacia su enemigo.

El ataque cae sobre Liquir y provoca una gigantesca explosión.

El saiyajín sonríe, pero su gesto pronto cambia, borrando la sonrisa de su rostro, pues puede sentir como el poder de su enemigo ha aumentado una vez más.

La humareda se disipa lentamente y revela al kurama que ahora luce cinco colas.

El zorro abre su boca y de ella emana un chorro de energía que Turles intenta esquivar, pero éste sufre algunas quemaduras.

Desde la distancia, los secuaces del saiyajín, que vuelan hacia el lugar del combate, pueden ver el ataque de Liquir perderse en el cielo.

Turles siente que su enemigo le supera de nuevo y eso le preocupa.

Liquir desaparece de la vista del saiyajín y reaparece sobre él, propinándole un golpe con sus colas que lo estrella contra el suelo.

El zorro desciende rápidamente y corre alrededor de Turles, que es incapaz de seguirle el ritmo.

– “Maldita sea…” – murmura el saiyajín, mientras una gota de sudor frío recorre su frente.

Liquir dispara de nuevo desde su boca y el chorro de energía impacta de lleno contra Turles, empujándole a varios metros de distancia y dejándole en el suelo, fuera de combate.

El Guardián del Fruto prepara su garra derecha mientras camina lentamente hasta el malherido saiyajín para darle el golpe de gracia.

– “Jamás deberíais haber venido a mi planeta.” – dice el kurama.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte III: El Guardián

El saiyajín olvidado / Parte III: El Guardián

“Venimos a por el Fruto Sagrado.”



El cuerpo de Furog flota en el espacio.

En la nave de Turles, el saiyajín se sigue recuperando del combate con Ledgic, tumbado en su cama, envuelto en vendajes que Cacao revisa.

Rasin y Lakasei han puesto rumbo al misterioso planeta Kurama.

– “¿Esta vez está seguro?” – le pregunta Daiz a Almond.

– “No creo que se haya atrevido a mentir otra vez…” – dice el nuts. – “Aunque tampoco podemos preguntarle de nuevo…”

– “A lo mejor no tenías que matarlo.” – suspira el kabocha.

– “Demasiadas oportunidades le hemos dado.” – responde Almond.

Cacao sale del camarote de Turles.

– “¿Cómo está?” – pregunta Daiz.

– “Se recuperará.” – responde el ikonda.

Almond suspira aliviado.

– “Jamás había visto a un tipo capaz de plantar cara a Turles…” – dice el nuts.

– “El universo es vasto.” – dice Daiz, que de niño fue testigo de cómo las Fuerzas Especiales Ginyu arrasaron su planeta.

Tras varios días de viaje, Turles y sus hombres llegan a Kurama y aterrizan en la superficie del planeta.

Turles se ha recuperado de sus heridas, pero sigue llevando vendajes en su torso y antebrazos. 

– “¿Deberíamos informar a Cooler?” – pregunta Rasin, aún sentado en el asiento de piloto.

– “No.” – responde Turles. – “Preferiría hacerlo cuando tengamos algo más que una pista. Además, no podemos acusar a Don Kee sin pruebas. Lo negaría.”

– “De acuerdo.” – responde Lakasei, al lado de su hermano.

El saiyajín aún está afligido por su última batalla, algo que se vuelve evidente para todos cuando intenta ponerse una nueva armadura.

– “Puedes quedarte en la nave” – sugiere Daiz. – “Estamos en un planeta primitivo. No debería ser un problema para nosotros.”

– “¿Queréis dejarme al margen?” – sonríe Turles.

– “Es mejor que te recuperes.” – insiste Daiz. – “Si nos topamos de nuevo con tipo de Imegga, te necesitaremos en plenas condiciones.”

Turles suspira y decide no ponerse la armadura.

– “Está bien.” – responde el saiyajín. – “Dejaré esta misión en vuestras manos.”

– “Será pan comido.” – interviene Almond.

En unos minutos, los hombres de Turles llegan a la primera aldea kurama. El saiyajín se ha quedado descansando en la nave.

– “Venimos a por el Fruto Sagrado.” – anuncia Daiz. – “¿Sabéis algo?”

Los aldeanos rodean a los soldados.

– “Otra vez esto…” – suspira Almond.

– “¿Al menos entendéis nuestro idioma?” – pregunta Daiz a los nativos.

Uno de los aldeanos da un paso al frente.

– “Hablamos la lengua común” – dice el zorro. – “Pero no sabemos nada del fruto.”

Daiz sonríe.

– “No me lo trago.” – dice el kabocha. – “Vamos a tener que insistir.”

Daiz alza su mano y empuja con su ki al zorro, que se estrella contra una cabaña cercana.

Los guerreros kurama de la ladea se ponen en guardia, mientras los demás huyen.

El zorro que había sido empujado se levanta de entre los escombros y revela una segunda cola.

Los scouters de los soldados de Turles se activan los alertan del peligro.

– “¡¿Qué significa esto?!” – se sorprende Cacao.

– “¡Su fuerza de combate ha aumentado!” – exclama Almond.

– “Tiene 8.000…” – titubea Rasin. – “…8.000 unidades…”

Daiz examina a los demás kurama.

– “Los otros tienen casi 3.000…” – murmura el kabocha.

Daiz da un paso al frente.

– “Yo me encargo de éste.” – dice el kabocha. – “Los demás son vuestros.”

Turles, tumbado en su nave, siente el ki de sus soldados peleando con los kurama y sonríe.

– “Parece que van a divertirse…” – murmura el saiyajín.

Los hombres de Turles luchan contra los aldeanos. Cacao, gracias a las capacidades de su armadura ikondana, logra imponerse fácilmente a su enemigo. Almond aprovecha su superioridad física para dominar el combate. Rasin y Lakasei son los que más sufren, pero aprovechan su movilidad y su pequeño tamaño para sorprender a sus enemigos. 

Mientras tanto, Daiz se enzarza en un combate igualado contra el guerrero kurama. 

El nativo parece superar en velocidad al kabocha y le propina un fuerte puñetazo en el rostro a Daiz, y lo remata con una patada giratoria en el pecho que lo lanza contra una montaña cercana.

Creyéndose vencedor, el kurama mira de reojo a los otros soldados, dispuesto a atacarles, pero antes de que pueda actuar se da cuenta de que Daiz sigue con vida.

– “Los kabocha somos muy resistentes, zorrito” – sonríe el ensangrentado soldado. – “Aún no hemos terminado.”

Daiz abre su boca y emite un torrente de energía que sorprende al kurama y lo engulle.

En la nave, Turles sonríe.

– “Les ha sido más fácil de lo que esperaba…” – murmura el saiyajín.

De repente, una presencia alerta a Turles, que se incorpora en la cama.

– “¿Qué ha sido eso?” – se pregunta el saiyajín. – “Ese poder… ¿Quién puede ser?”

En un templo escarbado en la montaña, un kurama ataviado con ropajes similares a los de los Hakaishin, se encuentra en el portal, mirando al horizonte, con sus puños apretados por la rabia.

– “Tranquilo, Liquir” – dice una voz desde el interior del templo.

– “Esos tipos están masacrando a mi gente.” – responde el kurama.

– “Si revelas tu existencia, sabrán que algo se esconde aquí.” – insiste la voz, que resulta ser de Sidra.

El pequeño anciano sale de las sombras y se acerca a su pupilo.

– “La paciencia es una virtud que el Guardián del Fruto debe dominar.” – dice el antiguo Dios de la Destrucción.

Turles sale de su nave sin ponerse su armadura y fija su mirada en el horizonte.

– “Era por allí…” – murmura antes de partir en esa dirección.

Mientras tanto, Daiz ha logrado someter al kurama. El zorro se encuentra tumbado en el suelo y el kabocha tiene la suela de su bota sobre su cuello.

– “¿Dónde está el fruto?” – pregunta Daiz.

– “Jamás hablaremos.” – dice el zorro.

– “Pues moriréis.” – responde el kabocha.

De repente, un pitido del scouter alerta a Daiz.

– “¿Qué?” – se sorprende. – “¿Turles? ¿A dónde va?” – se pregunta al ver la energía de su líder en movimiento.

En el templo, Liquir ha sentido la presencia del saiyajín aproximándose.

– “Uno se acerca.” – dice el zorro.

Sidra suspira.

– “Te advertí de que esto pasaría…” – dice el anciano.

Liquir cruje sus puños, listo para pelear.

– “No se preocupe, maestro.” – dice el kurama. – “No dejaré que se acerquen al templo.”

El kurama se eleva lentamente y sale a toda velocidad al encuentro de Turles.

ESPECIAL DBSNL /// El saiyajín olvidado // Universos 3 y 5 / Parte II: Duelo

El saiyajín olvidado / Parte II: Duelo

“Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee”



En el planeta Babarian, Zauyogi sale apresuradamente de la nave de Turles para alertar a sus compañeros, Razin y Lakasei, que siguen esperando en el tejado del aparato

– “¡Es una trampa!” – grita el extraterrestre. – “¡Los imeg…!”

En ese instante, una lanza atraviesa su torso y se inserta en el suelo, dejándolo ensartado.

Ledgic desciende a su lado. Razin y Lacasei se ponen en guardia.

El guardaespaldas de Don Kee mira a los dos soldados sin decir nada.

Razin y Lakasei se abalanzan sobre el enemigo, pero Ledgic esquiva al primero e intercepta al segundo sin dificultad, propinándole un rodillazo en el abdomen y con codazo en la espalda.

Razin intenta reaccionar, pero antes de que pueda hacerlo recibe un puñetazo en el rostro que lo lanza contra el suelo a varios metros de distancia.

Lakasei se levanta e intenta atacar a Ledgic por la espalda, pero el soldado de Imegga lo esquiva con una voltereta y le propina una patada en la nuca que lo lanza directo contra su hermano.

Ledgic dispara un ataque de ki contra los beenz para rematarlos, pero algo intercepta el ataque. Turles se ha interpuesto en su camino y ha golpeado la esfera de energía con el dorso de su puño.

De repente, una lluvia de fuego se precipita sobre Ledgic, que se ve obligado a retroceder. Es un ataque de Cacao.

Dos nuevos ataques de energía caen sobre el imegga, que se ve obligado a cubrirse para paliar el daño. Una gran explosión tiene lugar. Daiz y Almond se han unido al combate.

Los tres hombres de Turles descienden junto a su líder.

La polvareda se disipa lentamente y revela a Ledgic intacto.

Una media sonrisa se dibuja en el rostro del saiyajín.

– “Eres fuerte…” – dice Turles. – “¿Quién eres?”

Ledgic se sacude el polvo de su ropa con una inquietante calma.

– “Os habéis entrometido en los negocios de Don Kee” – dice el imegga.

– “¿Don Kee?” – se extraña el saiyajín, que conoce su trato con Cooler.

Ledgic desenfunda dos sables.

– “Ahora moriréis.” – sentencia el guerrero.

Los hombres de Turles se preparan para pelear, pero el saiyajín alza su mano.

– “Es mío.” – advierte a sus soldados mientras da un paso al frente. – “Me apetece hacer ejercicio.”

Ledgic y Turles se abalanzan el uno contra el otro a toda velocidad. 

El imegga intenta rebanar la cabeza del saiyajín con un espadazo, pero éste esquiva el golpe agachándose.

Turles intenta contraatacar con un puñetazo, pero en el último instante se ve obligado a cambiar de acción y detener un segundo espadazo de la otra arma del imegga que caía sobre él.

Ledgic intenta sorprender al saiyajín con una patada, pero Turles la detiene.

Los dos retroceden y sonríen. Hacía tiempo que no encontraban a un adversario de tan alto nivel.

Los hombres de Turles observan el duelo con interés.

– “Ese tipo es realmente fuerte…” – murmura Almond. – “¡Casi tanto como Turles!”

– “Ninguno está luchando en serio…” – dice Daiz. – “Esto va a ser interesante.”

El saiyajín alza su mano y dispara un poderoso ataque de ki contra Ledgic.

El imegga salta por los aires para esquivar el ataque, pero resulta que el saiyajín ya le espera en el cielo y le propuna un golpe en la espalda con sus manos unidas unidas formando un puño y lo lanza contra el suelo.

Ledgic, tras dar unas cuantas volteretas en el aire, frena su caída y se estabiliza antes de llegar al suelo, pero en ese instante se da cuenta de que una ráfaga de ki se precipita sobre él.

Turles está disparando a discreción sobre el imegga. 

Ledgic desvía y repele varios ataques con sus espadas, pero pronto sucumbe ante la insistente acometida del saiyajín.

Tras unos segundos, Turles detiene sus ataques y sonríe, creyéndose vencedor.

En ese instante, de la humareda brotan cinco misiles de ki rojo que sorprenden a Turles. El saiyajín se cubre para intentar protegerse de las explosiones. 

Almond se preocupa por su líder.

– “¡TURLES!” – exclama en soldado de Nuts.

Envuelto en la polvareda, el saiyajín, cuya armadura se ha roto parcialmente, dejando al descubierto su hombro y pectoral derechos, busca al enemigo entre las sombras.

Ledgic aparece a su espalda, espada en mano, también con la parte superior de su ropa destrozada, y propina un sablazo al saiyajín, que se da la vuelta rápidamente y detiene el ataque con su antebrazo. 

La espada de Ledgic se inserta en el guantelete de Turles y alcanza su piel. Una gota de sangre recorre el brazo del saiyajín. 

Los dos guerreros extienden su mano libre y disparan un poderoso ataque de ki. El ataque de Ledgic es de un color rojo intenso, y el de Turles emite un brillo morado. 

La explosión en cielo repele a los dos guerreros.

Turles cae de pie, pero durante un breve instante muestra signos de fatiga que alertan a sus hombres.

– “¡Turles!” – exclama Razin. – “¿Necesitas ayuda?”

– “No” – responde el saiyajín. – “Manteneos al margen.”

– “Claro que no necesita ayuda” – corrige Lakasei a su hermano. – “Esto no es nada para él.”

Daiz mira al saiyajín con preocupación.

– “No seas idiota, Turles…” – piensa el kabocha, que se da cuenta de que algo no va bien.

Turles se pone en guardia, listo para continuar.

La polvareda de la explosión ha caído frente a él como una cortina de humo, que con el tiempo se vuelve más y más fina, hasta que revela la silueta de Ledgic al otro lado.

El guerrero de Imegga se encuentra en perfecto estado, a pesar de tener la ropa rota, y se sacude el polvo con desdén. Ha perdido su espada.

– “No está mal para un saiyajín.” – dice Ledgic.

A Turles le llama la atención que su rival haya reconocido su raza.

– “Creía que ya no quedaba ninguno con vida.” – añade el enemigo.

– “Has tenido la mala suerte de toparte con el último.” – sonríe Turles.

Ledgic desaparece de la vista de Turles, avanzando hacia él a una velocidad supersónica, y propina un golpe en el pecho al saiyajín que hace estallar la armadura en mil pedazos.

Turles y sus hombres se quedan sin palabras. El saiyajín se queda sin aliento con el golpe.

Ledgic continúa su acometida con una tormenta de puñetazos y patadas que dejan al saiyajín tirado en el suelo, malherido. Ninguno de los presentes esperaba que el guerrero ocultara tan inmenso poder.

– “Se acabó el combate.” – dice el imegga. – “Esperaba más del último saiyajín.” – añade con desprecio. 

Ledgic alza su mano, listo para eliminar a Turles, pero el saiyajín intenta ponerse en pie.

– “El orgullo no siempre es bueno.” – dice Ledgic. – “Será menos doloroso si dejas de pelear. No te levantes.”

– “Los saiyajín… no nos rendimos…” – gruñe Turles.

– “Como quieras.” – sentencia el imegga, que concentra su ki en la mano.

De repente, los hombres de Turles cargan sobre Ledgic.

Cacao abre las compuertas de su armadura y emite un flash de luz que ciega al imegga, que es sorprendido al instante con una carga con el hombro de Daiz que lo repele, para después recibir el impacto directo de una esfera de ki morada creada por Lakasei.

Mientras tanto, Almond ha agarrado al malherido Turles y lo ha llevado a la nave, acompañado por Razin.

– “¿Qué hacéis?” – dice un molesto saiyajín.

– “Salvarte la vida.” – responde Almond.

Razin pone la nave en marcha.

Daiz, Cacao y Lakasei vuelan hacia ella mientras ésta ya se eleva y suben abordo.

– “¡Vámonos ya!” – exclama el kabocha.

– “¡Vamos! ¡Vamos!” – insiste Almond.

Razin teclea en el tablero de comandos, y Lakasei se une a él.

En un instante la nave desaparece en el cielo.

Ledgic se ha quedado en la superficie de Babarian contemplando en silencio la huida de su rival.

La nave imegga que le había traído aterriza cerca de él, que pronto sube a bordo.

– “¿Qué ha ocurrido, señor?” – dice un solado. – “¿Les perseguimos?”

– “¿Les habéis colocado el rastreador?” – pregunta Ledgic.

– “Por supuesto, señor.” – responde el soldado.

– “Bien.” – dice Ledgic. – “Volvamos a Imegga. Monitorizaremos sus movimientos y les arrebataremos el fruto cuando ya lo hayan encontrado.”

– “¿Y nuestro informador?” – pregunta el hombre de Don Kee. – “¿No deberíamos rescatarlo?”

– “Estará muerto en unas horas.” – dice Ledgic. – “Ya no podemos hacer nada por él.”

En la nave de Turles, el saiyajín se encuentra tumbado en su cama, seminconsciente. Cacao intenta aplicarle un ungüento sobre las heridas.

– “¿Qué haremos ahora?” – pregunta Lakasei.

– “Interrogaremos de nuevo a Furog.” – dice Daiz.

En la celda de la bodega, Almond cierra la puerta tras él. Furog lo mira aterrorizado.

– “Esta vez, nada de juegos” – dice el Nuts.

– “Hablaré… ¡Hablaré!” – dice el Patrullero.

– “De eso estoy seguro.” – dice Almond, antes de propinarle un puñetazo en la cara.