ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Proyecto de futuro

Shingeki no Saiyajín / Parte VIII: Proyecto de futuro
“Tenemos que detenerle, hermano”

Yamoshi, transformado en ozaru dorado, clava su enfurecida mirada en Kinkarn.

Raichi, desde su laboratorio en Vampa, sonríe satisfecho al ver que podrá poner a prueba sus creaciones.

El gigantesco simio se abalanza sobre el Súper Tsufur, dispuesto a aplastarlo con su puño derecho, pero Kinkarn alza sus manos y detiene el golpe. Un cráter se forma bajo sus pies. 
Un coletazo de Yamoshi sorprende al tsufur y lo lanza a varios metros de distancia, pero pronto Kinkarn consigue frenarse en el aire y recuperar la estabilidad. 
Yamoshi abre su enorme boca y dispara un poderoso torrente de ki que engulle al enemigo.
Cuando se disipa el ataque, Kinkarn revela estar protegido por una barrera de energía invisible.
El Súper Saiyajín, furioso, se prepara para una nueva acometida, pero el Súper Tsufur reacciona rápidamente disparando tres minúsculas partículas de energía como la que utilizó contra Zangya.
Las minúsculas esferas de ki se insertan en la piel del ozaru, que intenta protegerse del ataque. Los dos primeros impactan en su antebrazo y hombro izquierdos, y un tercero en su rodilla derecha. Tras un breve instante estallan, lastimando a Yamoshi.
Kinkarn se eleva lentamente y apunta con su dedo índice a la cabeza de Yamoshi. Una pequeña partícula roja de energía se materializa y es proyectada hacia el saiyajín.
En el último instante, un ozaru se interpone en el camino del ataque, recibiendo el impacto en su pecho, que tras unos segundos estalla, matando al saiyajín.
Kinkarn se da cuenta de que varias docenas de simios avanzan hacia él. Dos de ellos han saltado para sorprender al tsufur.
El androide alza su mano y dispara dos ataques de ki que impactan de lleno contra los ozaru, elevándolos hacia el cielo.
Tres ozaru disparan con sus bocas, pero Kinkarn alza una barrera que le protege de los ataques.
Yamoshi, malherido, observa la ofensiva de sus compañeros, sintiéndose impotente como cuando era niño.
Mientras tanto, Gokua a recobrado el conocimiento y se acerca a su amigo caminando tórpidamente.
– “Tenemos que detenerle, hermano” – dice el herajín. – “Ahora ya es tarde para la retirada.”
– “Grrgh…” – gruñe Yamoshi.
– “Le haremos pagar.” – dice Gokua, que se transforma de en Súper Herajín, utilizando todas las fuerzas que le quedan. – “Por madre.”
Kinkarn corre de un ozaru a otro, derribándoles a todos fácilmente. El tsufur agarra a uno por la cola y lo hace girar hasta lanzarlo contra otro.
En Vampa, Raichi parece aburrido.
– “Esto ha durado demasiado” – sentencia el científico. – “La superioridad del Proyecto ST ha quedado demostrada.”
En ese instante, Gokua se abalanza contra el tsufur por sorpresa, acumulando toda la energía que le queda en su puño derecho, que brilla con luz verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita el herajín.
Kinkarn reacciona rápidamente y se protege del golpe con su brazo derecho. Aún así, el tsufur sale repelido hasta chocar contra la barrera de la ciudad, y después cae al suelo.
El guerrero tsufur parece no sentir dolor, pero al ponerse en pie, el brazo que ha recibido el impacto se resquebraja, revelando parte de sus mejoras robóticas internas.
Kinkarn se prepara para contraatacar, pero se da cuenta de que Gokua está sonriendo.
De repente, el herajín hace un gesto de atracción con la misma mano con la que golpeó al androide, revelando que una decena de hilos de ki han sido enrollados alrededor del brazo del tsufur.
Kinkarn es desequilibrado por una técnica que no esperaba. Su brazo se resquebraja aún más.
El tsufur se dispone a disparar a Gokua, pero se da cuenta de que, cerca de allí, Yamoshi prepara una esfera de ki en su mano derecha.
En su laboratorio, Raichi se acerca asombrado a la pantalla de su ordenador.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama el tsufur.
Los ojos de Yamoshi han cambiado. El color rojo de su interior ha retrocedido ligeramente y sus pupilas verdes pueden intuirse.
– “¡GALACTIC – HO!” – exclama el ozaru, extendiendo su mano hacia el enemigo.
El ataque avanza rápidamente hacia el enemigo, que intenta recuperar su posición y liberarse del agarre de Gokua. Su brazo se parte en el forcejeo.
La técnica de Yamoshi engulle al tsufur y choca contra la barrera de la ciudad, que estalla, dejando la metrópolis expuesta.
Raichi se queda boquiabierto ante lo que acaba de acontecer. Es la primera vez que el tsufur ve a un ozaru utilizar una técnica mínimamente compleja.
Tras un instante de confusión, el tsufur esboza una media sonrisa de satisfacción.
– “Parece que he subestimado al Proyecto 317” – piensa el científico. – “Si ha sido capaz de lograr algo así en unos años, su futuro es prometedor…”
Cuando se disipa la polvareda, el androide tsufur aparece entre los escombros. Su barrera personal ha logrado mitigar los daños recibidos, pero su piel muestra múltiples laceraciones, en las que se pueden ver sus mecanismos internos. Uno de los desgarros recorre su esternón, revelando una luz verde en el interior de su caja torácica. 
Yamoshi, que ha puesto todas sus fuerzas en ese ataque, pierde su transformación, y su pelaje dorado se torna marrón, como el del ozaru común.
Gokua también ha perdido su transformación. Débil y malherido, lucha para mantenerse en pie.
De repente, el herajín se da cuenta de que algo en Kinkarn ha cambiado. Su rostro muestra una emoción por primera vez. El Súper Tsúfur está furioso.
En el laboratorio, Raichi intenta detener a su androide, pues se ha dado cuenta de que la investigación que le interesa conservar es la 317. 
– “No responde… El ataque debe haber dañado su núcleo.” – lamenta el científico. – “¡Maldición!”
Kinkarn se abalanza sobre Gokua, pero un compañero ozaru se interpone en su camino.
El tsufur, llevado por la rabia, se abalanza contra el simio y le propina un puñetazo en la barbilla, haciendo que varios dientes salten por los aires. Pero los daños sobre el androide son excesivos, y su antebrazo estalla en mil pedazos, dejándole manco.
Kinkarn, que ahora ha perdido sus dos manos, la primera contra Gokua y la segunda en su último puñetazo, embiste al herajín, dispuesto a propinarle una patada.
El herajín retrocede mientras esquiva apuradamente los múltiples intentos del tsufur.
Yamoshi intenta intervenir, pero cae al suelo al intentar acercarse. Está muy débil.
Gokua pretende alejarse del enemigo, pero Kinkarn es muy insistente. El herajín, tras saltar por encima del tsufur dando una pirueta, logra propinarle una patada en la cara, pero no le causa ningún efecto. Sin poder transformarse, la fuerza de Gokua no es suficiente para plantar cara al enemigo.
Gokua retrocede, pero el tsufur corre de nuevo hacia él.
De repente, el herajín tiene una idea. Gokua utiliza sus hilos de ki para alcanzar un colmillo de ozaru que se encuentra en el suelo, cerca de él, y lo lanza contra Kinkarn.
El androide patea el colmillo hacia el cielo, pero Gokua vuelve a agarrarlo con su técnica y lo lanza de nuevo sobre Kinkarn. 
El tsufur se detiene repentinamente, dejando que el colmillo pase frente a él, a escasos centímetros, y se clave en el suelo.
Gokua aprovecha la distracción para abalanzarse contra el tsufur y propinarle una patada con ambos pies en su pecho, que logra hacerle retroceder. 
El herajín vuelve enrollar sus hilos de ki alrededor del colmillo y lo lanza una vez más contra el tsufur. 
Esta vez, el colmillo se clava en el pecho del tsufur que, a pesar de todo, logra mantenerse en pie.
Pero la ofensiva de Gokua no ha terminado. El herajín se lanza sobre el enemigo y propina un puñetazo al extremo el colmillo, clavándolo más profundamente. El golpe provoca un sonido de cristal roto, tras el cual un estallido de luz verde emana de todos los desgarros del androide, que pronto estalla, creando un gigantesco cráter.
Sin Kinkarn y sin la barrera protectora, la ciudad queda a merced de los saiyajín, que arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
En el exterior, Yamoshi y Gokua han perdido el conocimiento, pero una sonrisa luce en el rostro de ambos guerreros.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Dolor y rabia

Shingeki no Saiyajín / Parte VII: Dolor y rabia
“¡Es una trampa!”


Kinkarn camina hacia Yamoshi y Gokua, que se ponen en guardia, listos para enfrentarse al enemigo.
– “No podemos confiarnos.” – advierte el herajín. – “Este tipo es muy fuerte. Lo más sensato sería intentar resistir hasta que salga la luna llena.”
Yamoshi, descontrolado por la rabia que conlleva la transformación de Súper Saiyajín, no escucha a su compañero y ataca al tsufur.
– “¡NO! ¡ESPERA!” – exclama Gokua.
El saiyajín intenta propinar un puñetazo a Kinkarn, pero éste le agarra el brazo y contraataca con un golpe en su abdomen y después abre su puño para disparar un ataque de ki que empuja a Yamoshi hacia el cielo.
Gokua interviene, abalanzándose sobre el tsufur a toda velocidad y propinándole un cabezazo en la nariz que le hace retroceder un paso. Pero Kinkarn enseguida reacciona y propina una patada en el abdomen al herajín, que le deja sin fuerzas, y después golpea su espalda con ambos puños, estampando a Gokua contra el suelo.
Kinkarn se prepara para rematar a su adversario, pero Yamoshi aprovecha su descenso para ganar energía cinética y propina una patada en la cara al tsufur, alejándole de su amigo.
Gokua, dolorido, se pone en pie.
– “Es más fuerte de lo que esperaba…” – murmura el herajín.
Una gota de líquido oscuro gotea por la nariz del tsufur. Gokua se da cuenta.
– “Eso no es sangre…” – piensa el herajín. – “¡Un momento! Las cicatrices; ese líquido… ¡¿Acaso es…?!”
El tsufur apunta a nuestros amigos con sus manos y dispara un poderoso ataque de ki rojo que Yamoshi y Gokua se ven obligados a esquivar.
Kinkarn corre hacia Yamoshi a toda velocidad, le agarra la cara y lo estampa contra el suelo, arrastrándole mientras continúa corriendo hacia una montaña cercana.
Gokua persigue al tsufur, intentando ayudar a su amigo, pero Kinkarn se detiene de repente y lanza a Yamoshi contra el herajín, que se ve obligado a sujetarle.
Kinkarn dispara una ráfaga de ki y Gokua se da la vuelta, intentando proteger a su compañero, exponiendo su espalda al ataque.
Múltiples explosiones tienen lugar, alzando una gran nube de polvo y humo.
En una colina cercana, los saiyajín esperan la luna llena para atacar la ciudad, pero ahora parecen tener dudas al ver el poder del Súper Tsufur.
Zangya sufre al ver a su hijo y a Yamoshi enfrentarse al tsufur, pero intenta mantener la calma.
Cuando la polvareda se disipa, Gokua aparece tumbado en el suelo, bocabajo, con su espalda quemada por el ataque de Kinkarn. Yamoshi se encuentra a su lado, con heridas mucho más leves, gracias a la protección de su amigo.
En Vampa, Raichi observa el combate a través de la pantalla.
– “A este paso, no podré comprobar el poder completo del proyecto…” – murmura el científico. – “Aún falta un poco para la luna llena.”
Los dos guerreros intentan levantarse, pero a Gokua le fallan las fuerzas. Yamoshi se acerca a él e intenta ayudarle.
– “Ordena la retirada… y huye.” – dice el herajín. – “Si le atacamos, será una masacre. Es demasiado fuerte.”
– “Nosotros… luchamos…” – responde Yamoshi.
– “No lo entiendes…” – dice Gokua. – “Él no es un tsufur corriente. No creo que sienta dolor. Creo que lo han modificado para que sea capaz de contener este poder.”
Kinkarn no se mueve. Solo observa a nuestros amigos.
Zangya observa al tsufur y se da cuenta de su extraña actitud.
– “No les ataca…” – piensa la herajín. – “No parece que proteja la ciudad… ¡Los pone a prueba!”
Yamoshi ignora los consejos de su compañero y clava su mirada furiosa en Kinkarn.
– “No lo hagas…” – le pide Gokua, mientras se pone de nuevo en pie.
El Súper Tsufur sigue esperando impertérrito a que el saiyajín tome la iniciativa. 
De repente, una luz brilla en el cielo, sobre Kinkarn, y eso llama la atención de Yamoshi y Gokua.
Kinkarn se da cuenta de que algo ocurre y alza su mirada, buscando qué es lo que sus enemigos han visto.
A cientos de metros de altura, Zangya prepara una poderosa técnica. Con sus brazos en cruz, dos esferas de ki verde aumentan de tamaño en sus manos.
– “¡GALACTIC BUSTER!” – grita al juntar las manos y dispara un poderoso torrente de ki sobre el tsufur.
El ataque impacta de forma directa sobre Kinkarn, generando una gigantesca explosión.
Yamoshi y Gokua se sorprenden al ver que la herajín ha intervenido en el combate.
Zangya desciende rápidamente y se acerca a los dos guerreros.
– “¡Es una trampa!” – les advierte la herajín. – “¡Los tsufur os están analizando! ¡Tenemos que irnos!”
En Vampa, Raichi observa desde el punto de vista de Kinkarn, y el radar busca a sus tres enemigos a través de la polvareda levantada.
– “Parece que ya se han dado cuenta…” – sonríe el doctor. – “Puede que esto ponga las cosas más interesantes.”
El Súper Tsufur alza su dedo índice y dispara una minúscula partícula de energía que avanza rápidamente hasta incrustarse en la espalda de Zangya.
La herajín se queda en silencio. Yamoshi y Gokua observan a la herajín ser alcanzada. Durante un breve instante, el mundo se mueve a cámara lenta para nuestros amigos mientras Zangya cae al suelo de rodillas.
– “Mamá…” – titubea Gokua.
Yamoshi se queda petrificado ante lo sucedido. Gokua se acerca a ella para intentar socorrerla.
– “Mamá…” – llora el herajín. – “No…”
– “Lo siento…” – responde Zangya. – “Tenéis que sobrevivir…” – dice acariciando el rostro de su hijo, que tanto le recuerda a su hermano.
En ese instante, la herajín siente que algo no va bien; nota que algo le quema por dentro.
Zangya utiliza las pocas energías que le quedan para generar una barrera a su alrededor que empuja a Gokua y a Yamoshi.
De repente, una gran explosión de energía roja llena la barrera de Zangya, que un instante después estalla y crea una gran onda expansiva que arrasa el lugar. La turbulencia alcanza a los saiyajín que se encontraban observando el combate, que se ven obligados a ponerse a cubierto.
El páramo queda desierto. Kinkarn es el único que sigue en pie, sin inmutarse.
Raichi observa los acontecimientos.
Yamoshi surge de entre los escombros, magullado. A escasos metros, el saiyajín puede ver a su compañero, semienterrado, malherido e inconsciente.
El saiyajín, que ha vuelto a su estado base, se pone en pie. La sangre de sus heridas cubre su cuerpo y gotea en el suelo. Yamoshi aprieta con rabia sus puños. La ira le embarga.
Kinkarn le observa detenidamente. Raichi sonríe al ver que su experimento ha sobrevivido.
– “Eso es…” – murmura el científico tsufur.
Su mente es inundada por escenas de su infancia encerrado junto a Zangya y Gokua. Sus ojos se tornan de color verde, su cabello se eriza y brilla de color dorado. Rayos de energía chasquean a su alrededor, mientras el aura amarilla del Súper Saiyajín le envuelve.
En el cielo, una tenue luna llena empieza a revelarse. 
La cola del saiyajín reacciona a la luz de la luna. Su corazón late con fuerza y hace palpitar su pecho; suena como un tambor. Sus colmillos empiezan a crecer y sus ojos inyectan en sangre, tornándose rojos. Su cabello crece y todo su cuerpo empieza a cubrirse por un abundante pelaje dorado. Su masa muscular aumenta exponencialmente. El suelo se resquebraja bajo sus pies.
Finalmente, el saiyajín aumenta de tamaño hasta convertirse en un ozaru.
Raichi sonríe.
– “Muéstrame todo tu poder…” – murmura el tsufur.

Un furioso pero doloroso rugido de Yamoshi inunda el lugar. 

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: Proyecto ST

Shingeki no Saiyajín / Parte VI: Proyecto ST
“Los tsufur aprenden rápido.”


Gokua ha descubierto una nave siniestrada en la que viajaba un piloto herajín y se lo hace saber a su madre. Zangya, muy sorprendida ante tal hallazgo, le pide a su hijo que le lleve hasta el lugar del accidente.
Una vez allí, la herajín examina la nave y a su piloto.
– “Creía que nuestro planeta había caído…” – dice Gokua.
– “Es posible que hubiera supervivientes.” – dice la herajín. – “Pero esta tecnología no es nuestra.”
– “A lo mejor, los herajín que lograron escapar fueron acogidos en otro planeta.” – sugiere Gokua.
– “Nuestra reputación no era la mejor…” – responde Zangya. – “Muchas razas temerían tenernos en su hogar.”
– “¡Lo importante es que aún queda gente como nosotros!” – dice Gokua, emocionado ante tal descubrimiento. – “¡Nuestro pueblo sobrevivió!”
Zangya no responde. Sus sentimientos son contradictorios. La herajín se alegra de saber que su gente sigue con vida, pero teme la ambición de su raza, que ya los llevó a la catástrofe una vez. Además, su hijo es la progenie de Bojack, y desconoce cuál podría ser la opinión de actual de Hera sobre el líder que los llevó a esa situación. Incluso contempla la posibilidad de que los estén buscando.
– “No debemos adelantarnos a los acontecimientos” – dice finalmente la herajín. – “Podría ser un caso aislado; un único superviviente.”
– “¿Y ha caído aquí por casualidad?” – pregunta Gokua. – “¡Eso es que hay muchos más ahí fuera, viajando entre planetas!”
– “No lo sabemos” – insiste Zangya.
– “¿La nave se puede reparar?” – pregunta el herajín.
– “Desconozco esta tecnología” – dice Zangya.
– “Podríamos obligar a algún tsufur a ayudarnos.” – dice Gokua. – “En el próximo ataque, me encargaré de dejar a un científico con vida.”
– “No me parece una buena idea.” – dice su madre. – “Lo mejor sería olvidarnos de esto.”
– “¡¿Olvidarnos de que nuestro pueblo sigue con vida?!” – exclama Gokua, confuso y algo enfadado. – “¡¿Cómo puedes decir eso?!”
– “¡BASTA!” – exclama Zangya, tajante. – “¡No sabemos lo que está pasando ahí fuera!”
– “Pero…” – responde Gokua.
En ese instante, el viejo líder saiyajín, ahora hombre de confianza de Yamoshi, se acerca a ellos e interrumpe la discusión.
– “Dos días… luna llena… atacamos.” – dice el guerrero nativo. – “Yamoshi… reunión.”
– “De acuerdo, Lettus” – responde Zangya. – “Volvemos al campamento.”
Gokua agacha la cabeza, triste, pero decide aplazar la discusión para después del ataque. Al fin y al cabo, esta es una oportunidad perfecta para secuestrar a un científico tsufur.
Horas después, en el campamento, Yamoshi se encuentra sobre una colina, acompañado por dos pequeños saiyajín, un niño y una niña, observando la ciudad tsufur que tienen como objetivo. 

Zangya y Gokua se acercan al líder saiyajín.
– “¿Qué tenemos?” – pregunta Gokua.
– “Muy tranquilo…” – murmura Yamoshi.
– “Deben haber mejorado su barrera una vez más” – dice Zangya. – “Los tsufur aprenden rápido.”
– “Dos días…” – dice el saiyajín.
– “Sí, con luna llena deberían sucumbir” – dice Gokua. – “Tu poder no tiene rival.”
Yamoshi sonríe.
Gokua le propina un ligero golpe en la oreja del chico, de forma cariñosa, y el saiyajín enseguida se da la vuelta y ataca al herajín.
Gokua detiene el puñetazo del pequeño.
– “¡Muy bien!” – sonríe Gokua.
La niña enseguida se une al combate, intentando dar una patada a Gokua, que éste esquiva fácilmente.
– “Dos contra uno, ¿eh?” – sonríe el herajín.
Yamoshi observa satisfecho a sus hijos pelear alegremente contra Gokua, una imagen muy distinta a los días en que ellos dos eran prisioneros y luchaban contra los robots tsufur para satisfacer las investigaciones de Raichi.
Mientras tanto, en el laboratorio de la ciudad, el doctor supervisa a su ayudante robótico, Mu, que teclea frente a una pantalla de ordenador.
– “Estamos listos” – dice Mu.
– “Bien…” – sonríe Raichi.
– “¿Empezamos?” – pregunta el robot.
– “No” – responde el Doctor. – “Si queremos poner a prueba nuestro éxito, debemos darle al enemigo la oportunidad de utilizar todo su poder. Esperaremos.”
Tras dos días de preparativos, los saiyajín están listos para atacar la ciudad, y esperan a que la luna aparezca en el cielo. Yamoshi, Gokua y Lettus observan la ciudad desde la colina.
– “No hay ni rastro del ejército tsufur…” – dice el herajín. – “Esto no me gusta.”
De repente, un personaje atraviesa la barrera en solitario, dirigiéndose hacia donde se encuentran los saiyajín.
– “¿Quién es ese?” – se pregunta Gokua.
Yamoshi, sin decir nada, desciende la colina de un salto y se dirige al encuentro con el enemigo.
– “Qué impaciente es…” – suspira el herajín, al ver que su amigo busca el enfrentamiento.
Gokua y el viejo líder aceleran el paso para acompañar a Yamoshi.
– “Traman algo” – advierte el herajín. – “No te precipites.”
Yamoshi no responde y continúa con paso firme hacia el enemigo.
Finalmente, los cuatro personajes se encuentran cara a cara. Desde esa distancia, el viejo líder reconoce al enemigo.
– “Grrr…” – gruñe el saiyajín, confuso ante la presencia del tsufur, que debería estar muerto.
– “¿Qué ocurre, Lettus?” – se sorprende Gokua. 
– “Kinkarn…” – dice el saiyajín.
El tsufuro ni se inmuta. El aspecto del Capitán Kinkarn ha cambiado mucho desde su combate con Lettus. Ahora es claramente más alto que un saiyajín. Lleva el torso al descubierto y éste está repleto de cicatrices quirúrgicas. Viste un pantalón verde con botas y guantes marrones, del estilo austero tsufur. Su rostro es inexpresivo y ha perdido las cejas. Su cabello es lacio, despeinado, y de color blanco.
Gokua se siente incómodo ante la impasible actitud del enemigo.
– “¿Qué quieres?” – le pregunta Gokua.
El tsufur, en silencio, alza su mano y apunta al viejo saiyajín.
Antes de que nuestros amigos puedan reaccionar, el enemigo dispara un poderoso ataque de ki rojo que desintegra al viejo saiyajín, dejando perplejos a Yamoshi y Gokua.
– “¡MALDITO!” – exclama Gokua.
El herajín propina un puñetazo al tsufur en su rostro, pero éste se muestra indiferente; ni pestañea.
– “¿Qué demonios…?” – se sorprende Gokua.
El tsufur aparta al herajín, empujándole a varios metros de distancia, y centra su atención en Yamoshi.
El saiyajín da un paso atrás para logar la distancia suficiente para contraatacar y apunta al enemigo con ambas manos y lanza un poderoso ataque de energía que engulle al tsufur y levanta una gran nube de polvo y humo.
De entre la polvareda, una mano agarra a Yamoshi por el cuello. La piel de Kinkarn ahora es azulada, y pronto se revela que su masa muscular a aumentado y su cabello se ha erizado, adquiriendo un color anaranjado intenso.
Yamoshi lucha por liberarse, pero no parece capaz.

En ese instante, Gokua, transformado, aparece a toda velocidad para propinar una patada al tsufur y apartarle de Yamoshi.

El saiyajín parece confuso ante el poder del enemigo.
– “Fuerte…” – murmura Yamoshi.
– “Debe ser el nuevo juguete de los tsufur…” – dice Gokua.
Desde la colina, Zangya, acompañada por otros saiyajín, observa los acontecimientos.
– “Esos tsufur… ¡¿Han conseguido potenciar a un de los suyos con nuestro poder?!” – murmura enfadada la herajín. – “Me repugna sentir nuestra energía en ese individuo.”
 Yamoshi aprieta con rabia sus puños y su cabello se eriza mientras sus pupilas brillan de color verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita mientras su poder estalla, su cabello se torna dorado y se envuelve en un aura de ki del mismo color.
Gokua y Yamoshi se ponen en guardia, listos para enfrentarse al enemigo, que también parece preparado para el combate.
Muy lejos de allí, en el remoto planeta Vampa, Raichi observa la pantalla de su ordenador. 

– “Proyecto Súper Tsufur a pleno rendimiento” – anuncia la computadora.

ESPECIAL DBSNL /// Emperador Freezer // Universos 3 y 5 / Parte X: Tapion y Minosha

Emperador Freezer / Parte X: Tapion y Minosha
“Lo he visto en el fuego… Él regresará…”
Hildegarn ha despertado y está completo. El monstruo ruge con fuerza, sacudiendo a todos los que se encuentran a su alrededor. Salabim sonríe satisfecho al contemplar la creación de los Kashvar de nuevo en acción.
Freezer, dispuesto a detener al gigantesco enemigo, prepara dos discos cortantes de ki.
– “Veamos de qué eres capaz…” – sonríe el demonio del frío.
El tirano lanza su doble ataque y el monstruo se convierte en humo, evadiendo la acometida.
Freezer puede sentir como el denso vapor creado se concentra a su espalda y rápidamente hace que sus discos viajen en esa dirección, obligando a Hildegarn a desvanecerse de nuevo.
– “Parece que empiezo a entender tus habilidades…” – parece satisfecho el tirano. 
Mientras tanto, Salabim se acerca a Tapion, dispuesto a eliminarle antes de que despierte.
– “No dejaré que nos lo arrebatéis de nuevo.” – dice el brujo.
Salabim se muerde su pulgar y escribe un símbolo en el suelo con sangre. Después. el brujo coloca la palma de su mano sobre su escritura y la levanta lentamente, haciendo que una retorcida daga brote del suelo.
El brujo alza su arma sobre Tapion.
– “¡MUERE!” – exclama Salabim.
En ese instante, una espada brota del pecho del brujo. Minosha ha ensartado a Salabim por la espalda con su arma.
– “No te acerques a mi hermano…” – dice el joven konatsiano.
Minosha extrae su hoja del cuerpo del brujo. Salabim se da la vuelta y retrocede lentamente hasta tropezar con Tapion y caer al suelo.
– “No…” – lamenta Salabim. – “No puede ser… No tenía que ocurrir esto…”
Minosha, que se encuentra agotado por el trauma sufrido durante la liberación del monstruo, avanza tambaleándose hacia el brujo.
– “No dejaremos que los Kashvar recuperen el control…” – dice el joven.
– “Esto no tenía que terminar así…” – dice Salabim. – “Lo he visto en el fuego… Él regresará…”
– “No permitiremos que lleves a cabo tus planes.” – sentencia Minosha, que propina un espadazo al brujo, encallando la espada en su cráneo y acabando con la vida del kasvhar.
El pequeño konatsiano se apresura en socorrer a su hermano, que lentamente recobra la consciencia.
– “¡Arriba, Tapion!” – le sacude el chico. – “¡Tenemos que detener a Hildegarn!”
Cerca de allí, Freezer sigue intentando cazar al monstruo con sus discos cortantes teledirigidos.
– “Me estoy hartando…” – refunfuña Freezer, que empieza a frustrarse.
De repente, Hildegarn se desvanece por completo y reaparece a varios kilómetros de distancia, donde los discos de Freezer no pueden alcanzarle a tiempo para evitar que tome forma corpórea.
El monstruo abre su enorme boca y de ella emana un extraño chorro de fuego que baña todo el pantano y carboniza todo lo que encuentra a su paso.
Freezer, al ver que tal magno peligro se aproxima, genera un gran muro de roca, alzando todo el terreno frente a él con su telequinesis.
Sus hombres abandonan la nave y se alejan del lugar a toda prisa.
– “¡Salgamos de aquí!” – les dirige Tagoma. – “¡No debemos estorbar al señor Freezer!”
El fuego consigue perforar el gigantesco muro de piedra y sorprender a Freezer, que se envuelve en una barrera de ki rosado con la esperanza de evitar ser dañado por la llama.
Tras unos segundos, Hildegarn cesa en su ataque. No hay rastro de Freezer.
Hildegarn ruge hacia el cielo y después golpea el suelo con sus puños, desatado.
Tagoma observa lo ocurrido.
– “Su poder es devastador…” – murmura el soldado.
A su lado, Freezer aparece intacto.
– “Ese maldito bastardo…” – dice el tirano, enfadado. – “No creía que pudiera ser tan poderoso…”
– “¿Se encuentra bien, señor?” – pregunta Tagoma.
Freezer ignora a Tagoma y asciende de nuevo hacia el cielo, donde se queda observando al enemigo.
– “Mis ataques no le afectan y yo soy inmortal… Podemos estar así por toda la eternidad.” – sonríe Freezer. – “¡HAAAAAAA!” – exclama mientras adquiere su forma musculosa, al utilizar el cien por cien de su poder.
El tirano se envuelve de nuevo por su barrera de energía y embiste a Hildegarn, que le intercepta con un coletazo y le estampa contra el suelo.
De repente, el tirano brota del suelo y embiste a al monstruo, propinándole un golpe en la barbilla y haciéndole caer de espaldas.
– “Así que se te puede coger desprevenido…” – sonríe el tirano.
Hildegarn se desvanece y reaparece de pie, dispuestos a utilizar de nuevo su aliento de fuego.
Freezer se pone en guardia, preparado para el combate.
Pero, en ese instante, una suave melodía inunda el lugar.
– “¿Qué es eso?” – se pregunta el tirano.
Hildegarn empieza a retroceder y gruñir, como si tan bello sonido le causase un terrible malestar.
De repente, los dos konatsianos se elevan lentamente y se dirigen hacia el monstruo haciendo sonar sus ocarinas.
– “¿Esa música es lo que le detiene?” – se sorprende Freezer. – “¿Qué clase de magia es esta?”
Tapion mira a Freezer.
– “¡Atácale ahora!” – dice Tapion. – “¡La música le hace vulnerable!”
– “¡No me des órdenes, muchacho!” – responde Freezer.
– “¡Dese prisa!” – exclama Minosha.
Freezer, frustrado y resignado, entiende que no tiene otra opción que seguir los consejos de los konatsianos.
El tirano alza sus manos al cielo y genera un gigantesco disco cortante de ki.
– “¡HAAAA!” – exclama al lanzar su ataque.

El disco se dirige hacia el monstruo y finalmente le corta por la mitad.
Las dos mitades del monstruo, antes de que caigan al suelo, se convierten en humo y se dirigen a Tapion y Minosha, entrando en sus cuerpos.
Los dos konatsianos dejan de tocar y descienden hasta el suelo.
– “Lo hemos logrado…” – sonríe el hermano mayor, mirando de reojo al pequeño.
– “Jeje” – sonríe también Minosha.
Freezer, que ha recuperado su forma original, se acerca a ellos.
– “¿Me vais a explicar lo que acaba de ocurrir?” – pregunta Freezer.
– “No le has dividido usando mi espada, así que no tardará mucho tiempo en intentar completarse de nuevo.” – advierte Tapion. – “Tiene que prestar atención.”
El tirano escucha atentamente al konatsiano.
– “Los Kashvar eran una secta de brujos que despertaron a un viejo monstruo en nuestro planeta; Konats.” – dice Tapion.
– “Esos brujos pretenden alzarse sobre los Dioses.” – dice Minosha. – “Creen que los mortales son solo un entretenimiento para alguien superior. Se sienten manipulados y buscan venganza.”
– “¿Alguien superior?” – pregunta Freezer.
– “Creen que existe un plano de existencia por encima del nuestro.” – dice Tapion. – “Algo superior a nuestra realidad.”
– “Siguen las enseñanzas de un viejo brujo.” – explica Minosha. – “Alguien que, según las leyendas, logró ver en persona a ese Dios supremo.”
– “A ese brujo lo llaman…” – dice Tapion.
De repente, un terrible dolor embarga a los konatsianos.
Tapion desenvaina su espada y se la ofrece a Freezer.
– “¡No hay tiempo que perder!” – dice el konatsiano. – “¡Hildegarn intenta salir!”
Freezer parece confuso ante la ofrenda de Tapion.
– “¡Tiene que matarnos usando esta espada!” – dice el konatsiano. – “¡AHORA!”

El tirano acepta la espada y la observa detenidamente.
– “¿No hay otra forma?” – pregunta Freezer. – “Tenéis información que me resultaría muy útil…”
– “Eres frío…” – fuerza una sonrisa Tapion. – “Eso facilitará las cosas.”
Freezer alza la espada sobre el cuello del konatsiano.
– “Tenéis agallas” – dice Freezer. – “Recordaré vuestros nombres, Tapion y Minosha, leyendas de Konats.”
El tirano decapita a Tapion de un solo espadazo. Los ojos de Minosha se llenan de lágrimas.
Freezer camina hacia el pequeño konats, que ofrece su cuello.
– “Es un buen hombre, Emperador Freezer.” – sonríe Minosha.
El demonio del frío esboza una irónica sonrisa.
– “Algunos discreparían” – dice Freezer, antes de acabar con la vida del chico.
El planeta Numa se queda en silencio. Los hombres del Emperador se acercan cautelosamente al intuir que todo a terminado.
– “Solicitad una evacuación al centro de mando” – ordena Tagoma a sus soldados. – “La nave ha quedado para el arrastre.”
Freezer clava la espada en el suelo y se aleja caminando.
– “¿A dónde va, señor?” – pregunta Tagoma.
– “Necesito pensar.” – dice el tirano.
El Emperador regresa a la cueva de Salabim para investigar el lugar. El tirano estudia con detenimiento los jeroglíficos de las paredes y uno llama especialmente su atención. El símbolo está formado por tres columnas, dos laterales más cortas una central más alta y terminada con un círculo.
En ese instante, un personaje aparece de la nada.
– “Impresionante, señor Freezer” – sonríe el individuo.
Freezer le mira desconfiado.
– “¿Quién eres tú?” – pregunta el tirano.
– “Los mortales soléis llamarnos ángeles.” – responde el misterioso personaje. – “Vengo a ofrecerle una oportunidad.”