ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Cold dawn

Cold Chronicles / Parte I: Cold dawn
“Puede que este plan sea un error”
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…
En el helado planeta Kelvin, lugar de origen de los demonios del frío, la Kaioshin del Oeste y su ayudante se encuentran acompañados por cinco demonios del frío, dos de ellos adultos. Los siete avanzan por el hielo entre la fuerte ventisca y solo iluminados por la tenue luz que rodea al agujero negro al rededor del cual orbita el sistema planetario del que forma parte el planeta en el que se encuentran. Finalmente, llegan a la entrada de una gigantesca cueva y la Kaioshin se detiene.

– “Es aquí” – dice la Kaioshin. – “Puedo sentir la oscuridad que envuelve este lugar.”
– “Preparaos” – añade su ayudante. – “Ese brujo es poderoso y seguro que no está solo.”
– “No nos digáis cómo luchar” – responde el mayor de los demonios del frío. 
– “Insolentes…” – murmura el ayudante de la Kaioshin.
– “Tranquilo, Suketto” – le calma la Diosa. – “Al fin y al cabo, somos nosotros los que les hemos pedido ayuda.”
– “Ese tipo ha atacado nuestras ciudades y masacrado a nuestra gente” – añade otro de los demonios. – “Le haremos pagar. 

Todos se adentran en la tenebrosa cueva.

Mientras tanto, en lo más profundo de la gruta, un pequeño y afeado mago se encuentra inyectando una extraña urna en un gran cascarón esférico. A su lado, dos peculiares seres con una “M” tatuada en su frente le acompañan.

– “¡Ya queda poco para que despierte!” – exclama el brujo.
– “¡Oh, gran Bibidí!” – celebran sus secuaces.
El mago, al darse la vuelta, puede ver en su bola de cristal a los intrusos entrando en su guarida.

– “¡Ya han llegado!” – sonríe Bibidí. – “¡Tal y como había planeado! Sal a recibirlos, Hyssop.”
De repente, el sonido de pisadas alerta al grupo de guerreros liderados por la Diosa Kaioshin.

– “Sabe que estamos aquí” – dice la Diosa.
Una neblina helada inunda la sala. El aliento de los presentes se congela.
De las profundidades de la cueva aparece un gigantesco ser de tez azul, cuya piel es tan rugosa que parece de piedra en el dorso de sus antebrazos y en su espalda, donde presenta una decena de puntas que parecen hechas para facilitarle el camuflaje en el paraje helado. Viste solo pantalones de tela de saco. En su frente, una “M” dibujada.

– “¡¿Eso es un…?!” – se sorprende Suketto.
– “Un koriwa” – responde Cold. – “Su tribu vive no muy lejos de aquí. Son territoriales, pero generalmente pacíficos.”
– “Bibidí le controla” – dice la Kaioshin al ver la marca del brujo en el sujeto.
– “Yo me encargo” – dice un joven demonio del frío.
El demonio se abalanza sobre su adversario sin dudar, pero Hyssop le intercepta agarrándole la cabeza y le estampa contra el suelo.
El demonio del frío agarra el brazo del monstruo, luchando por liberarse, pero sus manos empiezan a helarse, igual que su rostro, mientras el enemigo sigue apretándole el cráneo con fuerza.
Finalmente, la cabeza helada del demonio del frío estalla en mil pedazos.
Suketto y la Diosa se asustan ante semejante poder.

– “Nunca había visto a un koriwa comportarse así…” – murmura uno de los demonios adultos.
– “Bibidí se aprovecha de la maldad de la gente para aumentar su poder” – explica la Kaioshin.
– “Icicle ha sido descuidado” – dice Cold.
El guerrero koriwa se agacha y coloca sus manos sobre el suelo, que enseguida se convierte en una masa de hielo que se expande hasta atrapar a los Dioses y a dos demonios del frío. Dos demonios han saltado a tiempo y han evitado el hielo. Uno de los adultos y el joven Cold.

– “¡Maldita sea!” – se asusta Suketto.
El hielo asciende lentamente por los cuerpos de los personajes aprisionados. Los dos demonios libres se envuelven en una esfera de ki fucsia.

– “No podemos tocarle” – dice el adulto.
– “Eso ha quedado claro, Blizzard” – responde Cold.
Los demonios atacan al koriwa, que intenta agarrarles sin éxito. Los movimientos posibles dentro de la cueva son muy limitados, pero los dos demonios son muy hábiles. Cold y Blizzard consiguen flanquear a Hyssop y usan su poder mental para lanzarle varias rocas. El koriwa se cubre torpemente con sus brazos, evitando que las rocas le hagan daño.
Blizzard y Cold aprovechan el momento para continuar avasallando al enemigo y hacen estallar el suelo bajo sus pies, haciendo que Hyssop se estrelle contra el techo de la cueva y lo derrumbe, quedando sepultado entre las rocas, que no tardan en helarse.

– “Se acabó” – suspira Blizzard.
Cold se dispone a fundir el hielo que aprisiona a los demás con un rayo de ki de su dedo índice.
De repente, las rocas heladas que sepultaban al koriwa estallan, y el monstruoso enemigo sorprende a todos los presentes, golpeando a Blizzard y estrellándole contra una de las paredes de la cueva.
El demonio del frío, con la mejilla cubierta de escarcha, consigue levantarse.

– “Bastardo…” – murmura Blizzard.
El koriwa ataca a Cold, pero éste logra zafarse y alejarse del enemigo.
Blizzard, envuelto en su barrera de energía, realiza un ataque directo contra el monstruo, empujándole contra una de las paredes de la cueva.

– “¡AHORA, COLD!” – grita Blizzard al retroceder.
Cold alza su mano abierta y sobre cada uno de sus dedos se forma una pequeña esfera de ki brillante como una diminuta estrella. El demonio las lanza contra el enemigo, generando cinco gigantescas explosiones consecutivas que hacen estallar parte de la cueva y la montaña bajo la que se encuentra.
Bibidí observa lo ocurrido en su bola de cristal.

– “Son muy fuertes…” – sonríe el brujo. – “A este paso, pronto despertarán a Majin Bu”.
Suketto, asombrado ante el poder de Cold, observa la destrucción a su alrededor.

– “La cueva y la montaña… ¡han desaparecido!” – titubea el ayudante de la Kaioshin del Oeste al ver el cielo sobre su cabeza.
Los guerreros atrapados en el hielo ya han sido liberados.

– “Continuemos” – dice Blizzard.
– “¿Cuántos monstruos tiene el brujo?” – pregunta otro demonio.
– “Bibidí utiliza la maldad oculta en el interior de cada individuo para tomar el control de su mente” – explica la Diosa.
– “Puede que este plan sea un error” – murmura Cold.
De repente, otro luchador se presenta ante ellos. Este enemigo tiene forma de dragón humanoide. Su piel brilla como si fuera una armadura.

– “¿De dónde sale este?” – se sorprende Blizzard.
– “¡¿Un tetsuhada?!” – exclama Suketto, que parece preocupado.
– “No perdamos más el tiempo.” – dice Cold, que apunta al enemigo con su dedo índice y le lanza un rayo mortal.
Por sorpresa de todos, el ataque de Cold sale repelido al impactar contra el enemigo.

– “Pero, ¿cómo…?” – se extraña el joven demonio.
– “Su piel es impenetrable” – aclara la Kaioshin. – “Su planeta está situado muy cerca de una potente estrella. Sus escamas tienen trazas de metal que le permiten soportar cualquier daño y unas temperaturas muy elevadas. Le aíslan por completo.”
Blizzard da un paso al frente.

– “Cold, Cryo, Snow, ya lo habéis oído.” – dice el demonio. – “Debemos ser precavidos.”

Cryo utiliza su poder mental para lanzar una roca gigantesca contra el enemigo, que la golpea al vuelo haciéndola estallar.

– “Vais a necesitar más que esto…” – sonríe el dragón.
Cold sonríe en tono burlón.

– “Este parece que habla…” – dice el demonio del frío.
– “Si queréis llegar hasta mi señor, tendréis que derrotarme.” – explica el tetsuhada.
El dragón abre su boca y escupe una llamarada que obliga a los demonios y a los Dioses a esquivarla. La llama derrite todo lo que encuentra a su paso.
Cold, Cryo, Snow y Blizzard se elevan y rodean al tetsuhada, disparándole unos poderosos ataques de ki que impactan de lleno contra el enemigo. 
La presión que ejercen los ataques obliga al dragón a arrodillarse, mientras el suelo se resquebraja a sus pies. Sus escamas se calientan cada vez más.

Finalmente, los demonios del frío cesan el ataque.

– “¿Lo hemos logrado?” – se pregunta Snow.
Al disiparse la humareda y el vapor generados, el dragón sigue en el centro del cráter, brillando al rojo vivo.

– “Mi turno” – sonríe el tetsuhada.
El enemigo se eleva rápidamente y sorprende a Snow, atravesándole con sus garras.

– “Uno menos” – dice el dragón, que lanza el cuerpo del demonio del frío por los aires y lo derrite con su aliento de fuego.
Cryo, Blizzard y Cold se ponen en guardia y se rodean por su barrera de ki.
El tesuhada les ataca sin miedo y los demonios pronto se dan cuenta de que el dragón es inmune a la barrera. Sus golpes la atraviesan sin problemas.
La Diosa Kaioshin intenta detener al enemigo con su poder mental, inmovilizando al dragón durante un instante, pero pronto se libera lanzando una llamarada hacia la Diosa, que se ve obligada a esquivarla y lanzarse al suelo.
Suketto observa el combate, asombrado ante los poderes del tetsuhada. Los demonios son muy fuertes, pero no parece que puedan detener a este enemigo.
El ayudante de la Kaioshin mira al cielo y se fija en el agujero negro que domina el sistema en el que orbita el planeta.
La Diosa Kaioshin, con la ropa chamuscada, se pone de nuevo en pie. 

– “Maldita sea…” – lamenta la Kaioshin.
De repente, Suketto aparece detrás del dragón y lo agarra, inmovilizándole.
Todos los presentes se sorprenden ante la hazaña y se quedan confusos.

– “¡SUKETTO!” – exclama la Diosa.
– “¿Qué pretende?” – se pregunta Cold.
El ayudante de la Kaioshin esboza una sonrisa.

– “¡Yo me encargo de él!” – exclama. – “¡Detened a Bibidí!”
En ese instante, Suketto y el tetsuhada desaparecen.

– “¿A dónde han ido?” – se pregunta Blizzard.
La Kaioshin se deja caer de rodillas, abatida.

– “Suketto…” – suspira mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
Suketto y el tetsuhada aparecen cerca del agujero negro y la fuerza gravitatoria les absorbe rápidamente.

– “¡HAAAA!” – grita el enemigo mientras lucha inútilmente contra la fuerza del astro.
El ayudante de la Kaioshin intenta el teletransportarse de regreso, pero solo logra avanzar unos pocos metros. La gravedad es demasiado fuerte. Suketto, satisfecho de servir a los Dioses y aceptando su final, se deja arrastrar por la gravedad.
En el planeta helado, la Diosa Kaioshin llora la muerte de su compañero.

– “Ha sido valiente…” – murmura Cold.
– “Lo sé” – responde la Diosa.
– “Acabemos con esto de una vez” – dice Blizzard.
Los tres guerreros y la Kaioshin se disponen a continuar hacia el interior de la cueva. Bibidí les observa a través de su bola de cristal.

– “Esto no ha terminado…” – sonríe el brujo. – “Cheppil no era mi último guerrero. Solo me hace falta un poco más de energía…”
En ese instante, Cryo grita de dolor y se agarra la cabeza.

– “¡HAAAAAAA!” – exclama desesperado el demonio del frío.
– “¡¿Qué ocurre?!” – pregunta Blizzard.
– “¡Es Bibidí!” – responde la Kaioshin. – “¡Está intentando controlarle!”
Una “M” empieza a dibujarse en la frente del demonio.

– “¡Lucha contra él!” – exclama la Kaioshin, animando al demonio a resistir la posesión.
De repente, un rayo mortal atraviesa el corazón de Cryo. La Kaioshin se sorprende al ver que ha sido Cold quien ha disparado.

– “No tenemos tiempo para esto” – sentencia el demonio del frío, que se encarga de rematar a su compañero lanzándole una decena de rayos más. – “Lo siento, Cryo”.
La Kaioshin se queda pasmada ante la frialdad de Cold.

– “¡JAJAJAJAJA!” – ríe a plena carcajada una voz estridente desde el interior de la cueva. – “¡YA TENGO ENERGÍA SUFICIENTE!”
– “Bibidí…” – murmura la Diosa asustada.
– “¡DESPIERTA, MAJIN BU!” – grita el brujo.
El huevo que adoraba Bibidí es rodeado por un torbellino de humo negro. El cascarón se abre, liberando la energía recolectada, que se mezcla con el humo tornándolo de color rosado. Finalmente, la humareda se condensa y toma forma humanoide, generando a un monstruo con el aspecto de un niño.

– “¡JIJIJI!” – ríe la recién nacida criatura.
Bibidí sonríe, con lágrimas en los ojos.

– “¡Majin Bu!” – grita el brujo. – “¡Mi creación!”
La Diosa Kaioshin, Blizzard y Cold, irrumpen en la sala central, donde se encuentran con el brujo y su monstruo. Bibidí pronto se da cuenta de su presencia.

– “Diosa Kaioshin… ¡Bienvenida!” – sonríe el mago.
– “¡Bibidí! ¡Detente!” – grita la Diosa.
– “¡Llegas tarde!” – exclama el brujo. – “¡Majin Bu ya ha nacido!”
Blizzard y Cold observan al monstruo algo confusos ante su extraño aspecto.

– “Ahora, los Dioses pagaréis vuestra prepotencia.” – dice el mago. – “¡Acabaré con cada uno de vosotros y gobernaré el Universo! ¡No podéis detenerme!”
La Diosa se pone en guardia.
Blizzard da un paso al frente.

– “No parece gran cosa…” – se burla el demonio del frío.
Majin Bu observa a sus enemigos y esboza una macabra sonrisa.

– “¡ACABA CON ELLOS, MAJIN BU!” – ordena Bibidí.
– “¡HAAAAAAAAAA!” – grita el monstruo, ensordeciendo a los presentes.
Blizzard prepara un disco cortante de ki y lo lanza contra su adversario, partiendo al monstruo en dos y silenciándolo.

– “No ha sido tan difícil…” – murmura Blizzard.
Antes de que el torso de Bu pueda caer al suelo, dos apéndices de aspecto gomoso surgen de sus dos mitades y se entrelaza, regenerando la herida y uniendo de nuevo a Majin Bu.

– “¡JIJIJI!” – ríe Bu.
En un instante, el monstruo se abalanza sobre Blizzard y hace estallar su cabeza de un puñetazo.
Cold se queda petrificado. Nunca antes ha visto a un ser tan poderoso como ese. Su simple presencia crea un malestar que afecta a lo más profundo de su ser.

Majin Bu se fija en Cold y se prepara para atacar, pero la Diosa empuja al monstruo con su poder mental, lanzándole contra una pared.

El demonio del frío, aterrado, agarra a la Diosa por el brazo y tira de ella, arrastrándola a través de la cueva hasta encontrar la salida.

– “¡Tenemos que detenerle!” – exclama la Kaioshin.
– “¡No podemos!” – responde Cold. 
En un instante, el demonio del frío se detiene.

– “No puede ser…” – titubea Cold.

Frente a ellos se encuentra Majin Bu.
La Diosa da un paso al frente.

– “Esta es mi guerra” – dice la Kaioshin. – “Siento que tu planeta haya sido involucrado en esto… Ahora, ¡vete de aquí!”
Cold se queda quieto. No quiere huir como un cobarde, pero sabe que no puede detener a este enemigo.

– “¡Huye!” – continúa la Kaioshin. – “¡Coge una nave y abandona el planeta!”
Majin Bu se abalanza sobre ellos y la Diosa le detiene con su poder mental.

– “¡VETE!” – grita la Diosa.
Cold se aleja a toda velocidad y sin mirar atrás. Nunca antes había volado tan rápido.
Majin Bu supera el poder de la Kaioshin y le propina un puñetazo, estrellándola contra el suelo helado del planeta, creando una gran y profunda grieta por la que cae la Diosa. El monstruo la sigue.
Cold llega hasta la ciudad, donde avanza entre sus compañeros hasta llegar a una nave.

– “Pero, ¿dónde va Cold?” – se pregunta un demonio del frío, al ver las prisas del joven.

En un instante, la nave abandona el planeta. 
Mientras tanto, Majin Bu sale de la grieta helada. Bibidí le espera en la superficie. 

– “Increíble…” – dice el mago, sorprendido ante el poder de su creación. – “Has acabado con un Kaioshin.”
– “¡JIJIJI!” – ríe Bu, que parece sobreexcitado y empieza a golpear su pecho.
– “Bien.” – responde el brujo. – “¡Diviértete! ¡Acaba con los habitantes de este planeta! ¡Muéstrame de lo que eres capaz!”
– “¡BUUUUUUU!” – grita el monstruo mientras alza el vuelo a toda velocidad.
En unos minutos, Cold puede ver desde su nave la destrucción de su planeta natal.


El demonio, abatido y aterrado, busca en los datos de la nave el planeta más remoto posible, intentando que ese monstruo no pueda encontrarle jamás.

ESPECIAL DBSNL /// Kingdome come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Golpe de estado

Kingdom come / Parte V: Golpe de estado
“Un Súper Saiyajín…”


Con el paso de los años, la relación entre el Rey Vegeta y Páragus, aunque siempre cordial, se ha ido enfriando. La desconfianza entre ambos aumenta. El Rey ya no se fía del que fue su amigo y hombre de confianza. Por su parte, Páragus considera que la conformidad de Vegeta está condenando a los saiyajín, y ha planeado durante años el momento perfecto para destronarle, confiando en que el Príncipe, gracias a su espíritu, sea la luz que guiará a los saiyajín a una nueva etapa de esplendor. 
Páragus se encuentra frente a sus seguidores, animándolos.

– “¡Hoy es el gran día!” – exclama Páragus, que es coreado por sus hombres. – “¡Hoy tomaremos de nuevo el control de nuestras vidas! ¡Devolveremos el resplandor a los saiyajín! ¡Recuperaremos nuestro espíritu!”
Mientras tanto, el escuadrón de Bardock acaba de llegar de una misión.

– “Tenemos cinco días libres” – dice Panppukin. – “Voy a beber hasta que pierda el conocimiento”.
– “¡JAJA!” – ríe Toteppo. – “¡Me apunto!”
– “Mal momento para buscar juergas, chicos” – replica Toma. – “La mayoría de soldados parecen estar fuera, en alguna misión.”
– “¡Más mujeres para nosotros!” – celebra Panppukin.
– “¿Qué vas a hacer tú, Bardock?” – pregunta Seripa.
– “¡Eso!” – insiste Panppukin. – “¿Te unes a nosotros?”
– “Tu hijo nacerá pronto, ¿no es así?” – recuerda Toma. – “¡Deberías celebrarlo!” 
– “Aún faltan varias semanas” – responde el saiyajín. – “Aprovecharé estos días para descansar.”
– “Es una buena idea” – dice Seripa. – “Ekur y Kanassa no serán fáciles de conquistar”.
En la nave imperial, Freezer se encuentra reunido con Dodoria y Zarbon, que ponen al día al tirano sobre los avances de sus negocios.

– “Los saiyajín siguen en auge, señor” – explica Dodoria. – “Odio a esos monos, pero admito que fueron una gran adquisición.”
– “Temo que eso pueda cambiar pronto…” – replica Zarbon. – “Nuestros informadores indican que hay división en sus filas.”
El comentario llama la atención de Freezer.

– “¿División?” – pregunta el demonio del frío.
– “Una de sus facciones más tradicional parece que quiere tomar el control” – explica Zarbon. – “Pero, si usted da la orden, podríamos ayudar al Rey Vegeta a aplacar la posible rebelión.” – sugiere.
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “¿Y qué pretenden? Les he dado guerra y comodidades. ¿No es eso lo que anhelan los saiyajín?”
– “Son unos desagradecidos” – refunfuña Dodoria. – “¡Dejemos que se maten entre ellos!”
– “Según los rumores, pretenden que el Príncipe Vegeta tome el mando” – continúa Zarbon. – “Y no dejan de hablar de algo a lo que llaman el Súper Saiyajín”.
Dodoria estalla en una carcajada.

– “¿Y qué eso?” – se burla el soldado. – “Suena ridículo”.
– “Al parecer, es una leyenda del folclore tradicional saiyajín” – explica Zarbon. – “Según cuenta la historia, cada mil años aparece un guerrero saiyajín con un poder extraordinario”.
– “¡Bobadas!” – exclama Dodoria.
Freezer acerca su silla al ojo de buey de la nave y mira al espacio mientras parece meditar las palabras de Zarbon.

– “Un Súper Saiyajín…” – murmura el tirano.
– “Es posible que crean que ese súper guerrero podría ser el Príncipe Vegeta?” – añade Zarbon. 
– “Señor” – interviene Dodoria. – “Son solo cuentos para niños… Pero si le preocupa, ordenaremos el asesinato de ese crío.”
– “No” – responde Freezer de forma tajante. – “Eso haría que los saiyajín se unieran contra mí.”
– “¿Y qué sugiere, señor?” – pregunta Zarbon.
Freezer esboza una terrorífica sonrisa.
En el planeta Vegeta, un grupo de saiyajín vestidos con las armaduras tradicionales de cuero ozaru está dando una paliza a un joven Raditz en mitad de la calle. El chico viste una armadura del Imperio. 

– “¡Quítate esa armadura!” – grita uno de los saiyajín, que le empuja.
– “¡¿Es que no eres un saiyajín?!” – se burla otro antes de golpearle y tirarle al suelo.
– “¡A lo mejor prefiere ser un soldado de Freezer! ¡JAJAJA!” – ríe un tercero mientras le propina una patada en el abdomen.
– “Escoria de clase baja” – murmura otro. – “¿Crees que ser fiel al Imperio te hace mejor que nosotros?”
Raditz, magullado, intenta levantarse.

– “¡Eres basura!” – exclama uno de los abusones, que se dispone a propinarle un puñetazo.
En el último instante, alguien ha detenido el golpe.

– “B… Bardock…” – titubea el abusón al ver al saiyajín.
– “¿Hay algún problema?” – pregunta Bardock en tono desafiante.
– “Tu hijo se niega a unirse a nosotros” – responde otro. – “¡Es un traidor!”
– “Yo… Solo iba a una misión…” – se excusa Raditz.
– “¡Se acabaron las misiones!” – insiste otro.
Bardock mira de reojo a su hijo.

– “Márchate” – le dice a Raditz.
– “¡¿Cómo?!” – se escandaliza uno de los saiyajín. – “¡¿Tu también nos traicionas?!”
Raditz corre hacia el puerto espacial.

– “No sé de que trata todo esto, pero no me interesa” – dice Bardock. – “¡Largaos!”.
– “¡¿Nos das la espalda?!” – le pregunta el saiyajín alarmado.
Uno de los saiyajín alza su mano apuntando al hijo de Bardock.

– “¡Esa sabandija no escapará!” – grita el saiyajín, furioso.
Bardock aparece frente a él y le agarra el brazo.

– “Os he dado una oportunidad…” – susurra Bardock.
Mientras tanto, una horda de saiyajín tradicionales avanza hacia el Palacio Real.
El Rey Vegeta, en la sala del trono, se sorprende al escuchar las explosiones en el exterior.

– “¿Qué está ocurriendo?” – pregunta el Rey.
– “¡Nos atacan!” – exclama un soldado.
– “¿Invasores?” – pregunta Su Majestad.
De repente, la pared de la sala del trono estalla en mil pedazos y dos saiyajín entran en el palacio.

– “¡¿Qué es esto?!” – pregunta Vegeta. – “¡¿Traición?!”
Los saiyajín atacan al Rey, pero Vegeta consigue noquearles con relativa facilidad.
Páragus entra en la sala del trono.

– “¡Páragus!” – exclama el Su Majestad. – “¡Nos atacan!”
El hombre de confianza del Rey alza su mano y le dispara, haciendo que éste choque contra el trono de piedra, partiéndolo por la mitad.

– “Lo siento, viejo amigo” – dice Páragus, que parece dolido por sus propias acciones. – “Es por el bien de nuestra gente”.
– “Lo tenías… Lo tenías todo planeado…” – murmura Vegeta, que fracasa al intentar levantarse.

Uno de los hombres de Páragus entra en la sala del trono.

– “Hemos tomado el palacio, señor Páragus” – anuncia el soldado.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta Vegeta. – “¿Ser Rey?”
– “No” – responde Páragus. – “El Príncipe Vegeta gobernará.”
– “¿Mi hijo?” – se sorprende el Rey. – “No está preparado… Es joven e impulsivo.” – explica. – “Si os enfrentáis a Freezer, será el fin…”
En ese instante, nuevas explosiones ocurren en el exterior y sorprenden a ambos contendientes.
Páragus se acerca al boquete de la pared y ve como varios saiyajín se están enfrentando a sus hombres en los jardines del palacio.

– “Pero, ¿quiénes son esos?” – se pregunta el líder rebelde.
De repente, un ataque de ki impacta en Páragus y le noquea. El Rey se sorprende al ver que han llegado unos refuerzos inesperados. Acto seguido, Bardock entra a la sala del trono por la misma apertura.
Páragus, ahora malherido, se pone en pie.

– “Idiota…” – murmura el rebelde. – “¿Por qué le defiendes? Estás condenando a nuestra raza…”
Bardock no responde.

– “Eres… un guerrero de clase baja…” – continúa Páragus. – “Deberías estar de nuestro lado… ¡¿Es que no tienes orgullo saiyajín?!”
– “No me importan tus complejos” – responde Bardock. – “Tus hombres han convertido esto en algo personal.”
El Rey les interrumpe.

– “Me has traicionado, Páragus…” – interviene Vegeta.
– “El Súper Saiyajín…” – insiste Páragus. – “El Súper Saiyajín de la leyenda está apunto de aparecer…”
– “Esos cuentos han envenenado tu mente, viejo amigo” – responde el Rey, que ha conseguido levantarse.

Páragus, que ha visto su triunfo muy cerca, no puede evitar llorar de rabia.

– “Estáis condenando a nuestra raza…” – insiste Páragus. – “Estáis convirtiendo a nuestros hijos en esclavos…”
Bardock parece tener un momento de duda. Aunque los hombres de Páragus hayan atacado a su familia, él comparte su sentimiento de impotencia.
Páragus aprovecha el momento de confusión para lanzar un ataque al techo, que se derrumba sobre Bardock y Vegeta.
Los dos saiyajín logran salir de entre los escombros en unos minutos, pero el líder rebelde ya ha escapado.

– “Maldición…” – lamenta Su Majestad.
– “Está herido” – dice Bardock, que puede ver un rastro de sangre en el suelo. – “No irá muy lejos.”
El Rey se acerca al joven saiyajín y coloca la mano en su hombro.

– “Gracias, Bardock” – dice el Rey.
– “Me sorprende que sepas mi nombre” – dice Bardock con cierto desdén.
– “Perdonaré está insolencia…” – responde el Rey. – “Ya que te debo la vida” – sonríe.
Varios saiyajín de la corte, que han sobrevivido al ataque rebele, entran a socorrer al Rey.

– “¡Su Majestad!” – exclama uno. – “¿Está usted bien?”
– “¡Apártate!” – le dice otro a Bardock, empujándole. 
– “¿Está usted bien, Rey Vegeta?” – pregunta un tercero.
Bardock se aleja lentamente y sale de palacio. Pronto es recibido por el resto de su escuadrón.

– “¿Van a premiarnos?” – pregunta Panppukin.
– “Lo dudo” – responde Bardock.
– “Ha sido divertido” – sonríe Toma.
– “Luchar contra otros saiyajín es extraño…” – dice Seripa. – “Pero admito que es bastante satisfactorio.” – sonríe de forma chulesca.
Mientras tanto, Páragus ha logrado llegar hasta una cápsula en el puerto espacial y se prepara para huir.

– “Esto no ha terminado…” – piensa Páragus mientras programa la ruta de viaje en el ordenador de la nave. – “Algún día pagarás por esto, Vegeta.”
La nave se eleva mientras es rodeada por múltiples saiyajín, que disparan sin cesar contra el aparato, pero ninguno consigue alcanzarlo. La nave desaparece en el cielo en un instante.
Cerca de allí, el escuadrón de Bardock ha contemplado la escena.

– “Ha huido” – dice Toma.
– “Cobarde” – añade Toteppo.
Bardock sigue en silencio. Simplemente mira al cielo ensimismado, pensando en las palabras de Páragus.

Tras semanas de viaje, Páragus llega a un remoto planeta desértico. Su superficie parece estar hecha de una roca amarilla anaranjada, posiblemente rica en azufre. 
Al aterrizar, el saiyajín sale de su nave, casi sin fuerzas, y cae al suelo tras dar unos pocos pasos. Dos figuras encapuchadas salen de una gruta cercana y se acercan a él.

Mientras tanto, en un planeta en guerra, el Príncipe Vegeta recibe las noticias a través de su scouter.

– “Un golpe de estado, ¿eh?” – murmura el Príncipe – “Ridículo.”

Unas horas después, Páragus despierta en una cueva. Varios hombres cubiertos por capas marrones hechas de viejos harapos le rodean.

– “Ya ha despertado” – anuncia uno.
– “¿Cómo te sientes, Páragus?” – le pregunta otro.
– “Siento haberos fallado” – murmura el saiyajín.
– “No lo has hecho” – le corrige el primero. – “Nos has mostrado el camino”.
Los dos personajes se acercan a Páragus y resultan ser saiyajín. Uno de ellos es Leek.
Entre los dos le ayudan a levantarse.

– “Tu gente te espera” – dice Leek.

Páragus camina por una gruta hasta llegar a una cueva más grande, en la que decenas de saiyajín le reciben con honores.

– “¡Páragus! ¡Páragus!” – corean su nombre.
El saiyajín alza su mano y todos se quedan en silencio.

– “Hoy, hermanos, la raza saiyajín ha caído en desgracia” – explica Páragus. – “Pero renaceremos de nuestras cenizas. ¡El Súper Saiyajín nos salvará! ¡Él no abandonará a su raza! Hasta ahora creía que ese guerrero podría ser el Príncipe Vegeta… ¡Pero me equivocaba! ¡Estoy seguro de que el Súper Saiyajín nacerá entre nosotros! ¡Su pueblo!”
La gente celebra enloquecida.

– “Y gracias a él, ¡tendremos justicia!” – grita Páragus. – “¡El Rey Vegeta pagará su traición! Y después… “¡¡Acabaremos con Freezer!!”

ESPECIAL DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte V: Golpe de estado

Especial DBSNL // U3, U5, U6 y U7 / Parte V: Golpe de estado
“Un Súper Saiyajín…”


Con el paso de los años, la relación entre el Rey Vegeta y Páragus, aunque siempre cordial, se ha ido enfriando. La desconfianza entre ambos aumenta. El Rey ya no se fía del que fue su amigo y hombre de confianza. Por su parte, Páragus considera que la conformidad de Vegeta está condenando a los saiyajín, y ha planeado durante años el momento perfecto para destronarle, confiando en que el Príncipe, gracias a su espíritu, sea la luz que guiará a los saiyajín a una nueva etapa de esplendor. 
Páragus se encuentra frente a sus seguidores, animándolos.

– “¡Hoy es el gran día!” – exclama Páragus, que es coreado por sus hombres. – “¡Hoy tomaremos de nuevo el control de nuestras vidas! ¡Devolveremos el resplandor a los saiyajín! ¡Recuperaremos nuestro espíritu!”
Mientras tanto, el escuadrón de Bardock acaba de llegar de una misión.

– “Tenemos cinco días libres” – dice Panppukin. – “Voy a beber hasta que pierda el conocimiento”.
– “¡JAJA!” – ríe Toteppo. – “¡Me apunto!”
– “Mal momento para buscar juergas, chicos” – replica Toma. – “La mayoría de soldados parecen estar fuera, en alguna misión.”
– “¡Más mujeres para nosotros!” – celebra Panppukin.
– “¿Qué vas a hacer tú, Bardock?” – pregunta Seripa.
– “¡Eso!” – insiste Panppukin. – “¿Te unes a nosotros?”
– “Tu hijo nacerá pronto, ¿no es así?” – recuerda Toma. – “¡Deberías celebrarlo!” 
– “Aún faltan varias semanas” – responde el saiyajín. – “Aprovecharé estos días para descansar.”
– “Es una buena idea” – dice Seripa. – “Ekur y Kanassa no serán fáciles de conquistar”.
En la nave imperial, Freezer se encuentra reunido con Dodoria y Zarbon, que ponen al día al tirano sobre los avances de sus negocios.

– “Los saiyajín siguen en auge, señor” – explica Dodoria. – “Odio a esos monos, pero admito que fueron una gran adquisición.”
– “Temo que eso pueda cambiar pronto…” – replica Zarbon. – “Nuestros informadores indican que hay división en sus filas.”
El comentario llama la atención de Freezer.

– “¿División?” – pregunta el demonio del frío.
– “Una de sus facciones más tradicional parece que quiere tomar el control” – explica Zarbon. – “Pero, si usted da la orden, podríamos ayudar al Rey Vegeta a aplacar la posible rebelión.” – sugiere.
– “Jujuju” – ríe Freezer. – “¿Y qué pretenden? Les he dado guerra y comodidades. ¿No es eso lo que anhelan los saiyajín?”
– “Son unos desagradecidos” – refunfuña Dodoria. – “¡Dejemos que se maten entre ellos!”
– “Según los rumores, pretenden que el Príncipe Vegeta tome el mando” – continúa Zarbon. – “Y no dejan de hablar de algo a lo que llaman el Súper Saiyajín”.
Dodoria estalla en una carcajada.

– “¿Y qué eso?” – se burla el soldado. – “Suena ridículo”.
– “Al parecer, es una leyenda del folclore tradicional saiyajín” – explica Zarbon. – “Según cuenta la historia, cada mil años aparece un guerrero saiyajín con un poder extraordinario”.
– “¡Bobadas!” – exclama Dodoria.
Freezer acerca su silla al ojo de buey de la nave y mira al espacio mientras parece meditar las palabras de Zarbon.

– “Un Súper Saiyajín…” – murmura el tirano.
– “Es posible que crean que ese súper guerrero podría ser el Príncipe Vegeta?” – añade Zarbon. 
– “Señor” – interviene Dodoria. – “Son solo cuentos para niños… Pero si le preocupa, ordenaremos el asesinato de ese crío.”
– “No” – responde Freezer de forma tajante. – “Eso haría que los saiyajín se unieran contra mí.”
– “¿Y qué sugiere, señor?” – pregunta Zarbon.
Freezer esboza una terrorífica sonrisa.
En el planeta Vegeta, un grupo de saiyajín vestidos con las armaduras tradicionales de cuero ozaru está dando una paliza a un joven Raditz en mitad de la calle. El chico viste una armadura del Imperio. 

– “¡Quítate esa armadura!” – grita uno de los saiyajín, que le empuja.
– “¡¿Es que no eres un saiyajín?!” – se burla otro antes de golpearle y tirarle al suelo.
– “¡A lo mejor prefiere ser un soldado de Freezer! ¡JAJAJA!” – ríe un tercero mientras le propina una patada en el abdomen.
– “Escoria de clase baja” – murmura otro. – “¿Crees que ser fiel al Imperio te hace mejor que nosotros?”
Raditz, magullado, intenta levantarse.

– “¡Eres basura!” – exclama uno de los abusones, que se dispone a propinarle un puñetazo.
En el último instante, alguien ha detenido el golpe.

– “B… Bardock…” – titubea el abusón al ver al saiyajín.
– “¿Hay algún problema?” – pregunta Bardock en tono desafiante.
– “Tu hijo se niega a unirse a nosotros” – responde otro. – “¡Es un traidor!”
– “Yo… Solo iba a una misión…” – se excusa Raditz.
– “¡Se acabaron las misiones!” – insiste otro.
Bardock mira de reojo a su hijo.

– “Márchate” – le dice a Raditz.
– “¡¿Cómo?!” – se escandaliza uno de los saiyajín. – “¡¿Tu también nos traicionas?!”
Raditz corre hacia el puerto espacial.

– “No sé de que trata todo esto, pero no me interesa” – dice Bardock. – “¡Largaos!”.
– “¡¿Nos das la espalda?!” – le pregunta el saiyajín alarmado.
Uno de los saiyajín alza su mano apuntando al hijo de Bardock.

– “¡Esa sabandija no escapará!” – grita el saiyajín, furioso.
Bardock aparece frente a él y le agarra el brazo.

– “Os he dado una oportunidad…” – susurra Bardock.
Mientras tanto, una horda de saiyajín tradicionales avanza hacia el Palacio Real.
El Rey Vegeta, en la sala del trono, se sorprende al escuchar las explosiones en el exterior.

– “¿Qué está ocurriendo?” – pregunta el Rey.
– “¡Nos atacan!” – exclama un soldado.
– “¿Invasores?” – pregunta Su Majestad.
De repente, la pared de la sala del trono estalla en mil pedazos y dos saiyajín entran en el palacio.

– “¡¿Qué es esto?!” – pregunta Vegeta. – “¡¿Traición?!”
Los saiyajín atacan al Rey, pero Vegeta consigue noquearles con relativa facilidad.
Páragus entra en la sala del trono.

– “¡Páragus!” – exclama el Su Majestad. – “¡Nos atacan!”
El hombre de confianza del Rey alza su mano y le dispara, haciendo que éste choque contra el trono de piedra, partiéndolo por la mitad.

– “Lo siento, viejo amigo” – dice Páragus, que parece dolido por sus propias acciones. – “Es por el bien de nuestra gente”.
– “Lo tenías… Lo tenías todo planeado…” – murmura Vegeta, que fracasa al intentar levantarse.

Uno de los hombres de Páragus entra en la sala del trono.

– “Hemos tomado el palacio, señor Páragus” – anuncia el soldado.
– “¿Qué pretendes?” – pregunta Vegeta. – “¿Ser Rey?”
– “No” – responde Páragus. – “El Príncipe Vegeta gobernará.”
– “¿Mi hijo?” – se sorprende el Rey. – “No está preparado… Es joven e impulsivo.” – explica. – “Si os enfrentáis a Freezer, será el fin…”
En ese instante, nuevas explosiones ocurren en el exterior y sorprenden a ambos contendientes.
Páragus se acerca al boquete de la pared y ve como varios saiyajín se están enfrentando a sus hombres en los jardines del palacio.

– “Pero, ¿quiénes son esos?” – se pregunta el líder rebelde.
De repente, un ataque de ki impacta en Páragus y le noquea. El Rey se sorprende al ver que han llegado unos refuerzos inesperados. Acto seguido, Bardock entra a la sala del trono por la misma apertura.
Páragus, ahora malherido, se pone en pie.

– “Idiota…” – murmura el rebelde. – “¿Por qué le defiendes? Estás condenando a nuestra raza…”
Bardock no responde.

– “Eres… un guerrero de clase baja…” – continúa Páragus. – “Deberías estar de nuestro lado… ¡¿Es que no tienes orgullo saiyajín?!”
– “No me importan tus complejos” – responde Bardock. – “Tus hombres han convertido esto en algo personal.”
El Rey les interrumpe.

– “Me has traicionado, Páragus…” – interviene Vegeta.
– “El Súper Saiyajín…” – insiste Páragus. – “El Súper Saiyajín de la leyenda está apunto de aparecer…”
– “Esos cuentos han envenenado tu mente, viejo amigo” – responde el Rey, que ha conseguido levantarse.

Páragus, que ha visto su triunfo muy cerca, no puede evitar llorar de rabia.

– “Estáis condenando a nuestra raza…” – insiste Páragus. – “Estáis convirtiendo a nuestros hijos en esclavos…”
Bardock parece tener un momento de duda. Aunque los hombres de Páragus hayan atacado a su familia, él comparte su sentimiento de impotencia.
Páragus aprovecha el momento de confusión para lanzar un ataque al techo, que se derrumba sobre Bardock y Vegeta.
Los dos saiyajín logran salir de entre los escombros en unos minutos, pero el líder rebelde ya ha escapado.

– “Maldición…” – lamenta Su Majestad.
– “Está herido” – dice Bardock, que puede ver un rastro de sangre en el suelo. – “No irá muy lejos.”
El Rey se acerca al joven saiyajín y coloca la mano en su hombro.

– “Gracias, Bardock” – dice el Rey.
– “Me sorprende que sepas mi nombre” – dice Bardock con cierto desdén.
– “Perdonaré está insolencia…” – responde el Rey. – “Ya que te debo la vida” – sonríe.
Varios saiyajín de la corte, que han sobrevivido al ataque rebele, entran a socorrer al Rey.

– “¡Su Majestad!” – exclama uno. – “¿Está usted bien?”
– “¡Apártate!” – le dice otro a Bardock, empujándole. 
– “¿Está usted bien, Rey Vegeta?” – pregunta un tercero.
Bardock se aleja lentamente y sale de palacio. Pronto es recibido por el resto de su escuadrón.

– “¿Van a premiarnos?” – pregunta Panppukin.
– “Lo dudo” – responde Bardock.
– “Ha sido divertido” – sonríe Toma.
– “Luchar contra otros saiyajín es extraño…” – dice Seripa. – “Pero admito que es bastante satisfactorio.” – sonríe de forma chulesca.
Mientras tanto, Páragus ha logrado llegar hasta una cápsula en el puerto espacial y se prepara para huir.

– “Esto no ha terminado…” – piensa Páragus mientras programa la ruta de viaje en el ordenador de la nave. – “Algún día pagarás por esto, Vegeta.”
La nave se eleva mientras es rodeada por múltiples saiyajín, que disparan sin cesar contra el aparato, pero ninguno consigue alcanzarlo. La nave desaparece en el cielo en un instante.
Cerca de allí, el escuadrón de Bardock ha contemplado la escena.

– “Ha huido” – dice Toma.
– “Cobarde” – añade Toteppo.
Bardock sigue en silencio. Simplemente mira al cielo ensimismado, pensando en las palabras de Páragus.

Tras semanas de viaje, Páragus llega a un remoto planeta desértico. Su superficie parece estar hecha de una roca amarilla anaranjada, posiblemente rica en azufre. 
Al aterrizar, el saiyajín sale de su nave, casi sin fuerzas, y cae al suelo tras dar unos pocos pasos. Dos figuras encapuchadas salen de una gruta cercana y se acercan a él.

Mientras tanto, en un planeta en guerra, el Príncipe Vegeta recibe las noticias a través de su scouter.

– “Un golpe de estado, ¿eh?” – murmura el Príncipe – “Ridículo.”

Unas horas después, Páragus despierta en una cueva. Varios hombres cubiertos por capas marrones hechas de viejos harapos le rodean.

– “Ya ha despertado” – anuncia uno.
– “¿Cómo te sientes, Páragus?” – le pregunta otro.
– “Siento haberos fallado” – murmura el saiyajín.
– “No lo has hecho” – le corrige el primero. – “Nos has mostrado el camino”.
Los dos personajes se acercan a Páragus y resultan ser saiyajín. Uno de ellos es Leek.
Entre los dos le ayudan a levantarse.

– “Tu gente te espera” – dice Leek.

Páragus camina por una gruta hasta llegar a una cueva más grande, en la que decenas de saiyajín le reciben con honores.

– “¡Páragus! ¡Páragus!” – corean su nombre.
El saiyajín alza su mano y todos se quedan en silencio.

– “Hoy, hermanos, la raza saiyajín ha caído en desgracia” – explica Páragus. – “Pero renaceremos de nuestras cenizas. ¡El Súper Saiyajín nos salvará! ¡Él no abandonará a su raza! Hasta ahora creía que ese guerrero podría ser el Príncipe Vegeta… ¡Pero me equivocaba! ¡Estoy seguro de que el Súper Saiyajín nacerá entre nosotros! ¡Su pueblo!”
La gente celebra enloquecida.

– “Y gracias a él, ¡tendremos justicia!” – grita Páragus. – “¡El Rey Vegeta pagará su traición! Y después… “¡¡Acabaremos con Freezer!!”

ESPECIAL DBSNL /// Kingdom come // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IV: Dudas

Kingdom come / Parte IV: Dudas
“¿Por qué luchamos?”
Tras varios días de viaje, el escuadrón de Bardock aterriza en el planeta Vegeta, pero pronto se dan cuenta de que algo no va bien. Una de las cápsulas no se abre. Nappa, Bardock, Toma, Seripa, Panpukkin y Toteppo han llegado sin problemas, pero Leek está inconsciente.

– “¿Qué ha pasado?” – se extraña Bardock. – “¿Te has dormido, Leek?” – dice mientras se acerca a su nave.
Al llegar a la escotilla, se da cuenta de que su compañero ha perdido el conocimiento. 

– “¡Abrid su nave!” – exclama Bardock al personal de cubierta. – “¡Sacadle de ahí!” – dice preocupado.
Nappa se da la vuelta y se aleja.

– “Escoria de clase baja” – murmura el saiyajín.
Toteppo agarra a Nappa del brazo.

– “No hables así de un compañero” – le advierte el grandullón.
– “¿Un compañero?” – se burla Nappa.
– “Leek es un saiyajín como tú” – añade Toma.
– “No me hagas reír” – responde Nappa mientras hace que Toteppo le suelte. – “Yo soy un guerreros de élite.” – añade antes de marcharse.
Bardock arrastra a Leek fuera de su nave.

– “¡Vamos! ¡Hay que llevarle a la cámara de regeneración!” – apresura a los presentes.
Mientras tanto, en el planeta Freezer-79, el tirano, acompañado por Zarbon, admira los talleres en los que se construyen las armaduras y armas de asalto de su ejército.

– “Fantástico” – sonríe el demonio del frío.
– “Con la tecnología tsufur hemos podido dar un salto de calidad extraordinario” – explica uno de los técnicos de la fábrica.
De repente, una señal en el scouter alerta a Zarbon. 

– “Señor, nos acaba de llegar un aviso de las Fuerzas Especiales Ginyu” – anuncia el soldado.
– “Espero que sean buenas noticias” – dice Freezer.
– “El Capitán Ginyu confirma la conquista del planeta Kabocha” – responde Zarbon.
– “Estupendo” – celebra Freezer. – “Las Fuerzas Ginyu nunca fallan.”
– “¡Y en solo un día!” – añade Zarbon.
Otra señal les interrumpe.

– “Otro mensaje, señor” – anuncia Zarbon. – “Es… es sobre…” – tartamudea el soldado, que teme la reacción de su señor al escuchar la noticia que él acaba de recibir. – “Es sobre su hermano”.
La sala se queda en silencio solo un instante, pero que se hace eterno para todos los presentes, a la espera de la respuesta del tirano.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Freezer.
– “Su nave ha sido vista en el Sector 42” – dice Zarbon. – “¿Debo contactar con Immega para que confirmen el avistamiento?”
– “No.” – responde Freezer tajante. – “De momento, Cooler no es mi problema. Que se encargue mi padre”.
En el planeta Kabocha, Ginyu y sus hombres se preparan para partir.

– “El equipo de reconocimiento llegará en doce días” – dice el Capitán.
– “¿No deberíamos esperarles?” – pregunta Jeese.
– “No hay nada más que hacer en este lugar” – responde Burter. – “Solo quedan escombros”.
– “Eso es porque Recoom se ha excedido” – dice Guldo.
– “Parecían más fuertes…” – intenta excusarse Recoom.
Los soldados abandonan el planeta, y entre los escombros, un niño aún con vida maldice su destino y jura venganza.
En el planeta Vegeta, Bardock y sus hombres, que ya han salido de sus respectivas cámaras de regeneración, reciben malas noticias.

– “La hoja con la que Leek fue apuñalado estaba envenenada” – dice el doctor Malaka. – “No hemos podido hacer nada por él.”
El escuadrón se queda perplejo. Nunca se habían topado con un veneno que fuera tan potente como para terminar con la vida de un saiyajín.
Bardock abandona la habitación, claramente frustrado, y sale al balcón del centro médico, donde se puede contemplar la ciudad principal del planeta. Sus compañeros le siguen.

– “Ya sabemos que esto puede ocurrir” – dice Toma.
– “Mejor él que nosotros” – intenta bromear Panppukin.
Seripa le da un codazo para que se calle, pues nota que Bardock está molesto.

– “Puede que sí” – murmura Bardock.
Bardock observa la gente en las calles de la metrópolis. Todos los saiyajín están vestidos con ropas del Imperio.

– “¿Por qué luchamos?” – pregunta Bardock.
– “¡Por diversión!” – responde Toteppo.
– “¡Por gloria!” – dice Toma.
– “¿La de quién?” – se pregunta Bardock.
En las cámaras de entrenamiento, el Príncipe Vegeta lucha contra cinco saibamen de clase B. A su alrededor, se ha creado cierta expectación. Todos los soldados presentes contemplan el increíble poder del niño prodigio. Junto a ellos, Páragus.

– “¡El Príncipe Vegeta es increíble!” – exclama un soldado.
– “¡Su poder pronto superará al de su padre!” – dice Raditz.
– “¿Será el Súper Saiyajín de la leyenda?” – se pregunta un tercero.
– “Su espíritu es fuerte” – dice Páragus. – “Será un gran Rey” – murmura. – “El Rey que necesitamos.”