ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte II: Vínculos

Shingeki no Saiyajín / Parte II: Vínculos
“Te pareces mucho a mi hermano…”


Tras varios meses de investigación, Raichi y Mu ponen a prueba su experimento. En una sala vacía, el joven saiyajín, que ha sido modificado genéticamente, recibe a dos extraños seres robóticos creados por los tsufur para poner a prueba sus habilidades de combate. Los dos científicos analizan la situación desde el centro de control, a través de sus monitores.
– “Ningún sujeto tsufur había sobrevivido tanto tiempo.” – dice Mu. – “Puede que lo haya logrado, Doctor Raichi. La idea de utilizar a uno de esos bárbaros ha funcionado.”
– “Aún es pronto para cantar victoria” – responde el doctor. – “Veamos cómo responde a una verdadera situación de estrés.”
Raichi teclea las órdenes en la computadora y los dos robots se abalanzan sobre el muchacho.
El saiyajín logra protegerse torpemente de los golpes y patalea para librarse de sus enemigos. El bárbaro es fuerte, pero lucha como un animal.
Uno de los robots le agarra el pie y le lanza contra una pared cercana. El chico se pone en pie rápidamente y carga contra sus enemigos, pero el otro robot le dispara una onda de energía que le estampa de nuevo contra el muro.
– “No es suficiente.” – dice Raichi. – “No detecto ningún signo del poder herajín.”
– “¿Subimos el estrés?” – pregunta Mu.
– “Intentémoslo.” – responde Raichi.
Los robots atacan de nuevo al chico, que no se rinde, pero pronto le superan. Tras una violenta paliza, el chico queda acurrucado en el suelo, intentando protegerse, mientras los robots le pisotean violentamente.
Raichi y Mu siguen observando las lecturas de sus monitores.
– “No funciona.” – dice Mu.
– “Otro fracaso…” – suspira Raichi, deteniendo la prueba e inundando la sala de gas adormecedor.
En ese momento, en otro monitor, Zangya se ha despertado e increpa a sus captores.
– “Otra vez…” – suspira Mu, que se prepara para liberar el gas en la celda de la herajín.
– “Espera.” – le detiene Raichi. – “Tengo una idea.”
Mientras tanto, en la superficie, en una tienda de campaña militar, el Capitán Kinkarn prepara a sus hombres para una nueva incursión en territorio enemigo.
– “Nos han informado de que varias tribus saiyajín se han asentado cerca de nuestra ciudad.” – anuncia un analista militar. – “Cada vez son más. Parece que intenten rodearnos.”
– “No son tan inteligentes.” – dice Kinkarn. – “Esos animales no diseñan estrategias. Se les habrá acabado la comida en su territorio.”
– “¿Qué deberíamos hacer?” – pregunta el soldado.
– “Prepararemos una batida.” – dice Kinkarn. – “Mermaremos sus números y les obligaremos dispersarse.”
En unas horas, un pelotón se prepara para salir al exterior de la barrera.
En el laboratorio, Zangya intenta liberarse de las cadenas que la aprisionan.
– “¡Soltadme! ¡Bastardos!” – grita la herajín.
De repente, la celda se abre y un soldado tsufur empuja a un chico de tez azul dentro de la celda. El chico se cae al suelo. La puerta se cierra de nuevo.
Zangya se queda sin palabras al ver al muchacho.
– “¿Hijo?” – se pregunta la herajín.
El chico, lleno de cicatrices causadas por múltiples experimentos, retrocede asustado al ver a Zangya.
– “Hijo mío…” – llora Zangya. – “Cuanto has crecido…”
El niño no entiende lo que ocurre y mira a la mujer desconfiado.
– “Tranquilo.” – sonríe Zangya. – “No voy a hacerte daño. Soy tu madre.”
La herajín extiende su mano hacia el chico, pero al hacerlo, tensa su cadena y recibe una fuerte descarga.
– “¡AAAAH!” – grita Zangya.
El chico se asusta. Zangya cae al suelo malherida y agotada.
El muchacho, al ver a la mujer indefensa, se acerca a ella e intenta reconfortarla. Zangya sonríe al ver a su hijo intentando cuidarla.
– “Te pareces mucho a mi hermano…” – dice Zangya. – “Gokua…”
En la sala de control, Raichi observa atentamente lo ocurrido.
– “Suficiente” – sonríe el doctor.
Mu aprieta el botón rojo y la celda de Zangya es inundada por un gas verdoso que pronto duerme a los dos herajín.
– “¿Qué ha descubierto, Doctor?” – pregunta Mu.
– “Puede que tengamos que cambiar nuestro enfoque…” – responde Raichi.
En el exterior de la barrera que protege la ciudad, a varias millas de la metrópolis, la patrulla de Kinkarn masacra a los saiyajín que encuentran a su paso, obligándoles a retroceder.
Las investigaciones continúan durante meses. Zangya y el pequeño Gokua ahora cohabitan en la misma celda. Los tsufur mantienen a Zangya débil para que no pueda utilizar su poder para liberarse, y siempre que lo intenta recibe una fuerte descarga. Gokua, en cambio, puede moverse libremente por la celda.
Lentamente, los dos herajín recuperan su vínculo familiar.
– “¿Quiénes son?” – se pregunta Gokua. – “¿Por qué nos hacen esto?”
– “Sólo sé que estamos en el planeta Plant” – responde Zangya.
– “¿Y nosotros no somos de aquí?” – pregunta Gokua.
– “No” – responde su madre. – “Nosotros somos de un planeta lejano llamado Hera.”
– “¿Y como es?” – se interesa el chico.
– “Fue un planeta precioso.” – sonríe Zangya nostálgicamente. – “Con una floreciente cultura y gran ambición… Pero el poder nos cegó y todo se vino abajo.”
– “¿Somos una raza fuerte?” – pregunta Gokua.
– “Muy fuerte.” – responde Zangya. – “Y tu padre era el más fuerte de todos.”
– “¿Cómo se llamaba?” – insiste el chico.
– “Bojack.” – responde Zangya. – “Era un líder ambicioso y audaz, pero arrogante. Él quería lo mejor para nuestro pueblo, pero al final, el poder le corrompió.”
De repente, dos robots entran en la celda.
– “¡¿Qué ocurre?!” – exclama el chico. – “¿Quiénes sois?”
Uno de los robots asesta una patada al chico, lanzándole al otro extremo de la celda.
– “¡GOKUA!” – exclama su madre, que enseguida clava su mirada enfurecida en los dos enemigos. – “Bastardos…” – murmura mientras su cabello se eriza y se torna rojo.
La rabia de Zangya es reprimida por una descarga de su cadena que le deja de nuevo sin fuerzas.
– “¡MAMÁ!” – grita el chico.
Uno de los robots agarra a Zangya por la cabellera y le asesta un puñetazo en la cara.
– “¡NO LA TOQUÉIS!” – grita Gokua, que intenta acercarse a ella, pero es interceptado por el otro robot, que le derriba de un puñetazo.
El primer robot lanza a Zangya contra el suelo y empieza a darle patadas. Gokua observa la escena con horror. 
De repente, el cabello naranja del joven herajín empieza a teñirse de rojo y su piel azul se vuelve verdosa.
– “¡DEJAD A MI MADRE EN PAZ!” – grita el chico, que se abalanza sobre el robot, asestándole un cabezazo en el abdomen que resquebraja su cobertura metálica.
En la sala de comandos, Raichi sonríe satisfecho.
– “Estrés emocional…” – murmura Mu.
– “Ya tenemos suficiente” – dice Raichi. – “Ahora sabemos que solo tenemos que provocar a ese pequeño bárbaro de la forma adecuada.”
– “¿Y cómo haremos eso?” – pregunta Mu. – “¿Quiere que capturemos a otro saiyajín?”
– “No” – responde Raichi. – “Pero ya es hora de que la familia conozca a su pequeño bastardo.”

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte I: Bárbaros

Shingeki no Saiyajín / Parte I: Bárbaros
“Necesitamos un candidato más fuerte.”
En el planeta Plant, Zangya despierta de un largo letargo. Le duele la cabeza y siente nauseas. Se encuentra en una extraña celda blanca e impoluta, con su tobillo atado a una cadena que surge de un pequeño agujero en el suelo del centro de la sala.
– “¿Dónde estoy?” – se pregunta la herajín. 

Zangya agarra su cadena y tira de ella, intentando romperla, pero recibe una inesperada descarga eléctrica.
– “¡AAAAH!” – grita de dolor la herajín antes de caer al suelo.
Zangya enseguida se toca la barriga y se da cuenta de que no siente nada.
– “¡No! ¡NO!” – grita desesperada. – “¡¿Qué ha ocurrido?! ¡Dónde está mi hijo?!”
Mientras tanto, en una habitación colindante repleta de ordenadores, un viejo científico tsufur se encuentra tecleando en su computadora, observando a la prisionera en una de sus pantallas.
– “Parece que ha despertado otra vez, Doctor Raichi” – dice su ayudante robótico.
– “Encárgate tú, Mu” – responde el doctor.
El ayudante se acerca a un panel de comandos y teclea un código que apaga la ventilación de la celda de Zangya y libera un extraño gas verdoso que inunda la sala.
– “Cof, cof, cof” – tose violentamente Zangua, que pronto se queda dormida.
En el exterior del laboratorio, cerca de la cúpula de energía que protege la ciudad, el líder de las tropas de expedición tsufur ha reunido a cien de sus hombres para marchar más allá de la barrera que protege la ciudad. Los hombres visten una casaca marrón, con botas y guantes blancos, pantalón y camisa azules, y una rudimentaria armadura blanca en su torso y un casco a juego.
– “¡Nuestros hermanos fueron emboscados por un grupo de salvajes hace dos días!” – explica el líder. – “Todos sabéis lo que eso significa… Tenemos pocas posibilidades de encontrarles con vida.” – añade. – “¡Pero son nuestros hermanos! ¡No les abandonaremos!” – exclama.
Sus hombres alzan la mano, celebrando las palabras de su líder.
– “¡Sí!” – gritan al unísono.
– “Y si ya es tarde para ellos…” – continúa el tsufur. – “¡Les vengaremos! ¡Acabaremos con tantos saiyajín como podamos!”
Todos sus hombres gritan de júbilo.
– “¡Viva el Capitán Kinkarn!” – celebran todos. – “¡VIVA!”
Los soldados se montan en sus aerodeslizadores y abandonan la ciudad a toda velocidad.
– “¡A por los bárbaros!” – grita un soldado.
– “¡Acabaremos con ellos!” – exclama otro.
La gente despide a esos hombres como héroes.
Horas más tarde, en el laboratorio, el Doctor Raichi y Mu siguen trabajando.
– “Otro fracaso…” – lamenta Raichi.
En una mesa de operaciones, un tsufur yace muerto. Mu examina el cuerpo.
– “Todo parece indicar que la biología tsufur es incapaz de asimilar los genes herajín modificados” – dice el ayudante. – “Necesitamos un candidato más fuerte.”
– “Un candidato más fuerte…” – murmura Raichi, que parece tener una idea. – “¡Llama al Capitán Kinkarn! ¡Deprisa!”
Mientras tanto, la patrulla de Kinkarn asciende por una colina con sus aerodeslizadores.
– “¡Nos acercamos a la zona enemiga!” – exclama el Capitán por su comunicador. – “¡Permaneced atentos!”
De repente, una humareda llama su atención en el horizonte.
– “¡Puede que sea un campamento bárbaro!” – grita Kinkarn. – “¡Preparaos para el combate!”
En unos minutos llegan a la fuente del humo, que resulta ser una zona arrasada por los saiyajín. En ella encuentran varios cuerpos de compañeros tsufur abatidos de manera brutal.
– “Malditos monos…” – lamenta Kinkarn.

En ese instante, el comunicador del Capitán recibe el mensaje de Raichi. El científico requiere un espécimen saiyajín vivo. Kinkarn no recibe las órdenes con agrado.
– “¡Está usted loco!” – exclama el Capitán. – “¡No pienso traer a un saiyajín vivo a la ciudad!”
– “Lo necesito” – responde Raichi. – “¡Estudiándoles estaremos un paso más cerca de acabar con su maldita raza!”
– “Me parece una locura…” – insiste Kinkarn.
– “No quiero faltarle al respeto, Capitán, pero aquí no es usted quien da las órdenes.” – sentencia Raichi, que interrumpe la conexión.
Kinkarn transmite las nuevas directrices a sus hombres, que parecen preocupados, pero todos están dispuestos a cumplir con su deber.
Los tsufur siguen el rastro dejado por los saiyajín y, tras unas horas de viaje, llegan a una gran cueva de la que emana una tenue luz parpadeante, posiblemente debida a las sinuosas llamas una hoguera.
Kinkarn y sus hombres se acercan con sigilo a la entrada. El Capitán activa el visor de su casco, que detecta múltiples fuentes de energía en el interior de la cueva.
– “Detecto una docena individuos” – anuncia a través de su comunicador. – “Pero las paredes de la cueva son gruesas. Podrían ser más.”
Los soldados parecen muy nerviosos.
– “Preparaos para entrar” – sentencia Kinkarn.
En el interior de la gruta, los saiyajín, semidesnudos, solo cubiertos con pieles mugrientas, se dan un festín con carne tsufur. Los bárbaros son mucho más altos y robustos que los soldados.
– “Este. ¡Sabroso!” – dice una mujer saiyajín.
– “¡Jajaja!” – ríe otro. – “¡Joven!”
Un tercer saiyajín, grandullón, se acerca a la pareja y les quita el trozo de carne de las manos.
– “¡Mío!” – exclama el saiyajín.
La mujer se lo arrebata de nuevo.
– “¡No!” – le dice la saiyajín.
El grandullón propina un puñetazo a la mujer, lanzándola contra una pared de la cueva.
– “¡MÍO!” – exclama el saiyajín.
Los demás saiyajín se ríen de lo sucedido.
En ese instante, cinco granadas de humo son lanzadas al interior de la gruta, que empiezan a emanar un vapor verdoso que parece aturdir a los saiyajín.
– “¡TSUFUR!” – grita un saiyajín.
Los soldados, armados con fusiles de energía, entran en la sala y abren fuego contra los saiyajín, abatiendo a los más débiles de inmediato.
El saiyajín grandullón, se cubre de los disparos enemigos y contraataca de forma brutal, agarrando a un tsufur de la cabeza y lanzándole contra un compañero, noqueando a ambos.
Otro saiyajín se abalanza sobre otro soldado, arrancándole la cabeza de un puñetazo. Una mujer saiyajín agarra el brazo de un soldado y se lo arranca. 
Los tsufur siguen disparando con sus poderosas armas. Los disparos atraviesan a los saiyajín.
El interior de la cueva se convierte en una horrible carnicería.
Tras unos minutos de macabro frenesí, el Capitán Kinkarn, malherido, sale de la cueva arrastrando a un joven saiyajín inconsciente.
El Capitán activa su comunicador.
– “Decidle a Raichi que tengo su espécimen.” – sentencia el tsufur.
Unos días después, el Doctor Raichi ya dispone de su cobaya, a la que tiene atada en una camilla del laboratorio.
– “Todo está listo, señor” – dice Mu. – “¿Procedemos?”
– “Adelante” – sonríe Raichi.
El Sol se pone en Plant. De repente, las alarmas suenan en toda la ciudad. Los habitantes corren a sus casas con relativa calma. Están acostumbrados a esta situación. 

– “Les recordamos que esta noche hay luna llena.” – anuncia la megafonía distribuida por las calles de la metrópolis. – “Se recomienda a todos los ciudadanos que se permanezcan en sus casas y sigan atentos a posibles notificaciones por parte del Departamento de Seguridad.”
En la Torre de Vigilancia Norte, Kinkarn observa a lontananza, cuando el eco de un poderoso rugido llega hasta su posición.
– “Preparaos” – advierte el Capitán, por radio. – “Tengo un mal presentimiento.”
En ese instante, en el horizonte aparecen una decena de Ozaru que avanzan rápidamente hacia la ciudad.
– “Va a ser una noche larga” – suspira Kinkarn, que aprieta un botón rojo en un control remoto.
En el exterior de la ciudad, varias torretas salen del suelo, apuntan a la amenaza Ozaru y abren fuego a discreción.
Los Ozaru intentan cubrirse ante esos ataques, pero el fuego es demasiado intenso. Ni siquiera su dura piel puede resistir ante un poder de esas proporciones. 
Muchos de los simios optan por retroceder, mientras unos pocos intentan continuar su avance, pero el fuego enemigo los abate fácilmente, convirtiendo la noche en una masacre.
En la Torre Norte, Kinkarn observa el sangriento espectáculo.
En el laboratorio, Mu extrae muestras del sujeto saiyajín mientras se oyen los lamentos de los Ozaru y los disparos de los cañones.
Raichi se acerca a uno de sus monitores y queda ensimismado observando la retrasmisión. En ella, se puedo ver a un pequeño niño de tez verde acurrucado en el rincón de una celda.
– “Si lo logramos, será el final de la guerra” – sonríe Raichi.

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VI: Bojack

Cold Chronicles // Parte VI: Bojack
“No va ha rendirse”

Cold ha regresado a su forma inicial y ha quedado libre de la técnica combinada de Bido y Bujin.
– “¿Qué os parece?” – se burla el demonio del frío. – “¿Peleamos en serio?”
Los dos herajin se ponen en guardia.

– “Maldito…” – refunfuña Bido.

Cold levanta su mano y hace que el suelo bajo los pies de sus dos enemigos estalle en mil pedazos, lanzándoles por los aires.
Bido y Bujin logran estabilizarse en el aire, pero son sorprendidos por una gran cantidad de escombros controlados telekinéticamente por el demonio del frío, que les rodean y encarcelan rápidamente.
Mientras tanto, Paikhuan se encuentra luchando contra Zangya y Gokua. El Guardián, ahora sin su ropa pesada de entrenamiento, se mueve a una velocidad extraordinaria que supera con creces a la de los dos herajín.
Paikhuan se mueve como una llamarada entre sus dos enemigos, golpeándoles por sorpresa y sin descanso; una y otra vez.
Bido golpea su cárcel de roca repetidamente hasta que logra liberarse, pero Cold le espera y le encierra en una esfera de energía fucsia que lanza contra Bujin, generando una gran explosión en el aire.
Los cuerpos de Bujin y Bido caen al suelo.

– “Dos idiotas menos” – dice Cold.

Paikhuan se mueve como un torbellino de fuego alrededor de Gokua. Zangya intenta ayudar a su hermano, pero es repelida por el anillo de fuego.

– “¡Gokua!” – exclama la herajin, preocupada por su hermano.

La espada del herajin sale disparada y se clava en el suelo, cerca de Zangya. Ella la agarra y se abalanza sobre Paikhuan, pero un rayo mortal de Cold golpea su muñeca y la desarma.
Cold sonríe y niega con el dedo.
Finalmente, el torbellino estalla en una gran bola de fuego que repele a Gokua.

– “¡HERMANO!” – exclama Zangya, que corre a socorrerle.

La herajin le agarra entes de que caiga al suelo.

– “¡Gokua! ¡Dime algo!” – exclama Zangya.

Pero Gokua ha fallecido.
La herajín contempla a su hermano y a sus compañeros caídos y se pone en pie, frustrada y furiosa.

– “¡MALDITOS BASTARDOS!” – llora Zangya, mientras sujeta su vientre con miedo. – “¡Bojack os matará!”

Cold apunta a la mujer con su dedo índice, pero es detenido por Paikhuan, que le agarra el brazo.

– “No” – dice el Guardián del Fruto.

El demonio del frío se fija en la herajin, y pronto entiende a su compañero.
De repente, un sonido de pisadas llama la atención de los dos guerreros. Un nuevo enemigo se acerca. Un herajin de cabello largo y rojo aparece.

– “Bojack…” – se acerca Zangya a su líder.
– “Esperaba más de vosotros” – responde Bojack tajantemente.
– “Lo siento…” – agacha la cabeza ella.
– “Ahora apártate y no me molestes.” – dice su líder.

La herajin retrocede lentamente, con lágrimas en los ojos. Bojack se eleva hasta llegar a la altura donde se encuentran Cold y Paikhuan.

– “Habéis venido a por el Fruto Sagrado…” – dice Bojack.
– “Así es” – responde Paikhuan. – “Lo robasteis y lo habéis usado con fines egoístas. Es un poder que no merecéis.”
– “Suenas como un fanático” – sonríe Bojack.

Cold comparte la sonrisa con su enemigo.

– “Yo he pensado lo mismo” – dice Cold.
– “¿No sois compañeros?” – se extraña Bojack.
– “Por conveniencia.” – responde Cold. – “Pero yo no soy de su secta.”

Bojack parece confuso. Paikhuan mira de reojo a Cold, algo sorprendido y avergonzado.

– “¿Podemos centrarnos en esto?” – susurra el Guardián.
– “Quería dejarlo claro.” – responde Cold.
– “¡Ya basta!” – exclama Bojack.

Paikhuan se pone serio.

– “No tenemos porqué luchar, Bojack.” – dice el Guardián. – “Ya he intentado explicárselo a tus hombres, pero no me han escuchado. Entréganos una semilla y déjanos destruir el Árbol Sagrado.”
– “No va ha rendirse” – dice Cold.

Paikhuan mira a Cold.

– “¿Qué?” – se extraña el Guardián.
– “Se tiene por un conquistador.” – dice el demonio del frío. – “Es el líder de un ejército y tiene el Sector Dormideus bajo su control. Su grandeza le ciega.”

Bojack sonríe al escuchar las palabras de Cold.

– “Me gusta cómo piensas.” – dice Bojack. – “Incluso podría ofrecerte un lugar en mi ejército…”
– “Jojojo” – ríe Cold. – “Muy amable.” – responde. – “Pero no soy de los que cumplen órdenes.”

Bojack aprieta sus puños con fuerza y su cabello ondula mientras se torna naranja.

– “Entonces, os mataré a los dos” – sentencia el herajín.

El poder de Bojack estalla, revelando su transformación.
Cold y Paikhuan se ponen en guardia.
Bojack se abalanza sobre sus enemigos. Cold intenta interceptarle con un puñetazo, pero el herajin le esquiva y le propina un golpe en el abdomen, haciendo que Cold se doble, y rematándole con un codazo en la espalda que le lanza contra el suelo.
Paikhuan, envuelto en llamas, se abalanza sobre Bojack. El herajin intenta sorprender al Guardián con un golpe con el dorso de su puño, pero Paikhuan es muy rápido y logra zafarse, contraatacando con un puñetazo en la barbilla de Bojack.
Paikhuan parece satisfecho, pero Bojack sonríe al encajar el golpe. No le ha causado ningún daño. 
El herajín agarra la cara de Paikhuan y le lleva hasta el suelo, estrellándole y formando un enorme cráter.
Cold, envuelto en una barrera de energía, se abalanza sobre Bojack y choca contra él, haciendo que salga repelido contra unos edificios cercanos.
Paikhuan se pone en pie al lado de Cold.

– “Este tipo es peligroso…” – dice el Guardián.

Bojack sale de entre los escombros y se prepara para atacar de nuevo.

– “Su resistencia es impresionante” – dice Cold.
– “Es todo gracias al fruto.” – responde Paikhuan.
– “¿Tienes algún plan?” – pregunta el demonio del frío.
– “No” – responde el Guardián.
– “Bien…” – responde Cold. – “¿Puedes conseguirme unos minutos?”

Bojack se abalanza sobre ellos.

– “¡Espero que esto funcione!” – exclama Paikhuan, que avanza envuelto en llamas para interceptar a su enemigo. 

Cold se prepara para concentrar toda su energía.
El Guardián esquiva los ataques de Bojack y forma un tornado de fuego a su alrededor, pero Bojack pronto lo disipa generando una gran barrera de ki.
Paikhuan retrocede y prepara un poderoso ataque, apuntando a su enemigo con ambos brazos.

– “¡Resplandor de Fuego!” – exclama el guerrero.

El ataque impacta de forma directa en Bojack, que avanza por el interior del ataque y aparece delante de Paikhuan, golpeándole y lanzándole contra una gran raíz del Árbol Sagrado.
Bojack se abalanza sobre el Guardián y le propina un duro castigo.

– “¡Así aprenderás a no enfrentarte al gran Bojack!” – exclama el herajín.

De repente, un Rayo Mortal sorprende a Bojack por la espalda y le hace un corte en su mejilla izquierda.
Bojack se da la vuelta enfadado.
Cold muestra una musculatura muy aumentada. Su poder está al máximo.
El herajín se limpia la herida y lame la sangre.

– “Esto va a ser divertido…” – murmura Bojack.

Los dos guerreros se lanzan el uno contra el otro, dispuestos a darse un puñetazo, pero ambos puños chocan en el aire, creando una gran explosión de energía que barre el lugar, arrasando con todo lo que encuentra a su paso.
Tras el golpe inicial, ambos luchadores se enzarzan en una tormenta de golpes que resuenan en todo el planeta.
Mientras tanto, el malherido Paikhuan, intenta ponerse en pie.

– “Lo dejo en tus manos, Cold” – murmura el Guardián. – “Yo me encargaré del Árbol Sagrado.”

Bojack prepara una gran esfera de ki verde que lanza contra Cold. El demonio la detiene alzando una barrera de escombros con su poder telekinético. Del interior de la explosión resultante aparece Bojack y propina un codazo a Cold en la cara.
Paikhuan vuela hacia el tronco del árbol, pero es interceptado por Zangya. Los dos se detienen en el aire.

– “No te dejaré pasar” – dice la herajín.
– “No tienes que hacer esto” – sugiera Paikhuan. – “Hera está condenado. Las raíces del Árbol Sagrado son tan profundas que es posible que, cuando muera, el planeta se torne inestable.”
– “¡Mientes!” – exclama la herajín. – “¡Bojack acabará con vosotros!”
– “No mueras por él” – dice Paikhuan. – “Vosotros no tenéis que morir aquí.”

Zangya pone la mano en su vientre. Parece recapacitar sobre las palabras del Guardián.

– “Abandona del planeta antes de que sea tarde” – dice Paikhuan, que sale volando hacia el Árbol.

La guerrera herajín observa a Paikhuan alejarse, en silencio y llena de dudas, y después mira el combate entre Bojack y Cold. 
Los dos titanes siguen inmersos en su feroz enfrentamiento. Ambos se encuentran magullados, sangrando, cansados.

– “¡No lo entiendes!” – exclama Bojack. – “¡Voy a formar un Impero! ¡Todo el universo estará bajo mi yugo!”
– “Grandeza…” – murmura Cold – “Eso es lo que buscas.”
– “¡Y la obtendré cuando os derrote! ¡Nadie podrá detenerme!” – grita Bojack.

Cold extiende sus brazos a los lados y hace aparecer dos discos cortantes de ki fucsia. El demonio esboza una media sonrisa.

– “Eres un gran guerrero, Bojack.” – dice Cold. – “Creo que estoy disfrutando de esto más de lo que debería.”

Bojack se sorprende antes las palabras de su enemigo y comparte su mismo gesto de complicidad.

– “Ya veo…” – responde el herajín. – “Puede que seas un rival digno, al fin y al cabo.”

Cold lanza sus discos contra Bojack.
Mientras tanto, lejos de allí, Paikhuan ha llegado hasta el Árbol Sagrado y asciende entre sus ramas, buscando un fruto que guardar.

– “Tiene que haber alguno…” – murmura el guerrero preocupado.

De repente, Paikhuan encuentra una.

– “¡Ahí está!” – exclama aliviado.

El Guardián se acerca al fruto y lo arranca.

– “Todo por esto…” – murmura entristecido antes de guardarlo entre sus ropajes.

Paikhuan asciende hasta sobrevolar el árbol, casi en la estratosfera del planeta.

– “Hora de acabar con esto” – dice mientras apunta al Árbol con sus puños. – “¡RESPLANDOR DE FUEGO!” – exclama al proyectar un poderoso torrente de fuego sobre el árbol.

El Árbol Sagrado empieza a arder rápidamente, pues por la poca energía que le quedaba a Hera ya se encontraba bastante seco.
Bojack esquiva los discos de Cold sin cesar, cuando de reojo ve el gran incendio.

– “¡EL ÁRBOL SAGRADO!” – exclama aterrorizado.

Cold hace que sus discos cortantes vuelvan a sus manos.

– “Se acabó, Bojack.” – dice el demonio del frío. – “Has perdido.”
– “¡OS MATARÉ!” – grita Bojack.

De repente, Zangya se acerca a los dos guerreros.

– “¡Bojack!” – exclama la herajín. – “Es demasiado tarde…” – dice con lágrimas en los ojos. – “¡Vámonos de aquí!”
– “¡¿Rendirme?!” – responde Bojack enfurecido.
– “Podemos empezar de nuevo en otro lugar.” – insiste Zangya, que se acerca lentamente a su amado hasta agarrarle el brazo con cariño. – “Por favor, Bojack.”


Cold contempla la escena expectante.
El líder herajin, enloquecido por su frustración, agarra a Zangya por el cuello.

– “¡¿ME TRAICIONAS?!” – exclama Bojack. – “¡¿CÓMO TE ATREVES A PEDIRME QUE ME RINDA?!”
– “Bo… Bojack…” – llora la herajín.

De repente, un disco de Cold corta el brazo derecho de Bojack, que estrangulaba a Zangya.

– “¡AAAAHH!” – grita Bojack.

Su brazo se precipita contra el suelo. Zangya se toca el cuello, dolorido, mientras mira a su amado con incredulidad.

– “Vete” – le dice Cold.

Zangya, llorando, se aleja del lugar.
Cold reclama su disco.

– “Has perdido la cabeza.” – dice el demonio del frío.
– “¡VOY A MATAROS A TODOS!” – grita Bojack.

Bojack apunta a Cold y dispara un poderoso ataque de ki verde.
El demonio del frío usa su kienzan como escudo, haciendo que el ataque se disipe en todas direcciones gracias a la fuerza rotatoria del disco.

– “Estás perdiendo fuerza” – dice Cold. – “Y, además, tu rabia hace que pierdas la concentración.”

Bojack se da cuenta de que Cold solo tiene un disco en la mano, y de repente el otro le sorprende por la espalda, cortando su costado derecho.

– “Maldito bastardo…” – refunfuña Bojack, que intenta taponarse la herida sin mucho éxito.
– “Se acabó.” – sentencia Cold.

En ese instante, el herajín, cada vez más débil por la pérdida de sangre, esboza una sonrisa que sorprende a Cold.

– “Serías un buen conquistador…” – dice Bojack antes de perder el conocimiento y precipitarse contra el suelo.

Cold se queda en silencio. Bojack ha sido su enemigo, pero respeta profundamente su ambición.
De repente, un fuerte temblor sacude el planeta. Paikhuan se acerca volando a toda velocidad.

– “¡Al planeta le queda poco tiempo!” – advierte el Guardián. – “¡Tenemos que salir de aquí!”

Cold alza su mirada al cielo y puede ver como una nave se aleja del lugar.
En el interior de la embarcación, Zangya pone rumbo lejos de allí.
El demonio del frío y Paikhuan se dirigen su propio transporte y se apresuran en despegar. 
Al salir de la estratosfera, pueden ver cómo un centenar de naves también están escapando.

– “¿A dónde irán?” – pregunta Paikhuan.
– “Vagarán por el espacio en busca de significado” – responde Cold, que se siente en armonía con los sentimientos de esa gente.

Paikhuan se da cuenta del pesar de Cold.

– “Y todo por un líder enloquecido por el poder del Fruto…” – lamenta el demonio.
– “O puede que simplemente fuera un bastardo arrogante” – responde Paikhuan.
– “Es posible” – murmura Cold.

Tras un largo viaje, los dos guerreros regresan al templo, donde les espera Sidra.
Paikhuan entrega la semilla del Fruto Sagrado a su maestro.

– “Habéis protegido al universo de un destino terrible” – dice Sidra. – “Cold, creo que te debo respuestas.”
– “No las quiero” – responde el demonio tajante mientras le da la espalda a Sidra.
– “¿Qué?” – se sorprende Paikhuan.

Sidra esboza una picaresca sonrisa.

– “Espera” – le detiene el anciano.

Sidra se acerca a Cold mientras busca algo entre sus ropajes.

– “Llévatelas” – dice el anciano, haciéndole entrega de las dos cajas de música.
– “¿Las cajas?” – se sorprende Cold. – “No me interesan.”
– “Por eso te las doy” – responde Sidra. – “Protégelas.”
– “¿No puede hacerlo tu lacayo?” – pregunta Cold con cierto desprecio.
– “Dos artefactos tan poderosos como las cajas y el fruto no pueden estar juntos.” – dice Sidra. – “Es demasiado peligroso.”

Cold coge las cajas y se aleja en silencio.

– “¿A dónde vas?” – le pregunta Paikhuan.
– “Ha buscar mi significado” – responde Cold, sin detener su marcha.

Paikhuan esboza una sonrisa de complicidad.

– “¿Le deja marchar?” – pregunta Paikhuan a su maestro.
– “Tiene potencial para ser un gran líder” – responde Sidra. – “Puede que sea lo que el universo necesita ahora mismo.”

Cold se lleva la nave y se adentra en el espacio.

Mientras tanto, Zangya ha perdió el conocimiento en su nave y se ha estrellado en un extraño planeta. En mitad de una gran ciudad.
Los habitantes del lugar pronto se acercan a socorrerla. La sacan de la nave y le colocan en una camilla. Los individuos tienen aspecto humano y visten pantalón y camisa azul, con una casca marrón.
Uno de los rescatadores clava una aguja en el hombro de la malherida mujer.

– “Sus unidades están cayendo en picado” – dice el individuo.
– “Necesita atención médica.” – responde otro.
– “Espera…” – murmura el primer individuo. – “Detecto otra fuente de energía…”
– “¿Está embarazada?” – se sorprende un tercero.


Con el ajetreo, Zangya abre los ojos.

– “¡Está consciente!” – se sorprende un rescatador.
– “¿Dónde…? ¿Dónde estoy?” – pregunta la herajín. – “¿Qué ha pasado?”
– “Se ha estrellado en el planeta Plant” – responde el individuo.

Tras meses de viaje, el demonio del frío regresa a Hera, que se encuentra en ruinas. Varios volcanes han entrado en erupción, ríos de lava recorren la superficie y el cielo está cubierto de ceniza.
Cold camina entre los escombros del palacio, en la antigua sala del trono. 
De repente, varios herajín le rodean.

– “¡Alto!” – gritan los guerreros de Hera. – “¡¿Quién va?!”

Cuando se acercan a él, varios le reconocen.

– “¡Es él!” – exclaman asustados los herajín. – “¡Es el hombre que mató a Bojack! ¡Ha venido a matarnos a todos!”

Cold les observa detenidamente. 

– “No he venido a matar a nadie” – dice el demonio del frío.

En el horizonte, Cold puede ver que varias naves herajín estacionadas.

– “Habéis vuelto a por los vuestros…” – murmura Cold.

Los herajín le observan asustados.

Cold se acerca al trono de piedra de Hera, que aún sigue en pie.

– “Sois valientes y fuertes. Un ejército poderoso… pero sin líder; sin propósito.” – dice Cold.


Finalmente, el demonio del frío se sienta en el trono que había ocupado Bojack.

– “¿Quiere…? ¿Quiere reconstruir Hera?” – pregunta un soldado.
– “¿Hera? Este planeta ha caído.” – responde Cold con desprecio. – “Y de sus cenizas nacerá un verdadero Imperio.”

ESPECIAL DBSNL /// Cold Chronicles // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte V: Hera

Cold Chronicles / Parte V: Hera
“Protegemos la semilla del Árbol”

Paikhuan ha llevado a Cold hasta su maestro, Sidra. Durante el viaje, el guerrero ha narrado la leyenda del planeta Konats al joven Cold, que parece escéptico ante ese tipo de relatos.
Los tres personajes se encuentran ahora en un viejo templo escarbado en la montaña en mitad de un planeta sombrío.

El anciano Sidra se acerca al demonio del frío y le observa detenidamente.

– “Así que tú eres Cold…” – murmura Sidra. – “Es la primera vez que veo a un demonio del frío con un aspecto tan rocambolesco”.
– “¿Qué quiere de mí?” – pregunta Cold. – “¿Por qué quería verme?”
– “Eres el único mortal que se ha enfrentado a Majin Bu y ha vivido para contarlo” – dice el anciano. – “Creo que eso te hace bastante interesante.”
– “Yo no me enfrenté a Majin Bu” – responde el demonio. – “Si lo hubiera hecho, hubiera perecido como el resto de mi raza.”

Sidra esboza una pícara sonrisa.

– “Honesto” – dice el anciano. – “Eso está bien.”


Cold no dice nada. Solo mira al anciano con cierto recelo.

– “Encontraste una caja que he estado buscando durante siglos” – dice Sidra.
– “Yo no la buscaba” – dice Cold. – “Fue casualidad.”
– “No creo en las casualidades” – responde el viejo.

El demonio del frío parece molesto ante Sidra y su misteriosa forma de hablar. 

– “¿Quiénes sois vosotros?” – pregunta Cold impaciente. – “¿Qué queréis?”
– “Somos los guardianes de la semilla del Árbol Sagrado” – dice Sidra.

Cold parece confuso. Nunca había oído hablar de tal artefacto.

– “La semilla proviene de los árboles del planeta Monmaas” – interviene Paikhuan.
– “¿El planeta de los gigantes?” – se sorprende Cold. – “¿Existe?”
– “Protegemos la semilla del Árbol” – continúa Paikuan. – “Codiciada por todo aquél que busca poder.”
– “Otra estúpida leyenda…” – murmura el demonio.
– “La semilla fue robada hace años” – explica Sidra. – “Necesitamos recuperarla.”

Cold parece confuso.

– “Si fue robada hace años… ¿por qué queréis recuperarla ahora?” – pregunta el demonio del frío.
– “Hasta hace poco no hemos tenido la oportunidad” – dice Paikhuan.
– “La robaron los habitantes del planeta Hera.” – explica Sidra. – “La plantaron en su planeta y utilizaron los poderosos frutos del Árbol Sagrado para elaborar un suero que les hacía extremadamente fuertes.”.
– “Normalmente, cuando un mortal ingiere el fruto, el poder bruto que desata le hace perder control.” – dice Paikuan. – “Pero ellos aprendieron a controlar su poder.”
– “El planeta Hera no tardó en entrar en una guerra civil.” – continúa Sidra. – “El Árbol Sagrado se alimentaba de la energía del planeta, que pronto se quedó sin recursos.” – explica. – “Pero sus líderes, con acceso al fruto y su poder, preferían hacer sufrir a sus hermanos antes que perder las capacidades que habían obtenido y su domino en el Sector Dormideus.”
– “Uno de sus soldados de élite, al que llaman Bojack, lideró la rebelión y acabó tomando el control del planeta.” – explica Paikhuan.
– “De lo que queda de él” – aclara Sidra.
– “Las guerras internas han continuado durante años. Sus tropas están mermadas” – continúa Paikhuan. – “Es nuestra oportunidad de intervenir. Tenemos que poner a salvo una semilla y destruir el Árbol Sagrado.”

Mientras tanto, en las ruinas de Hera, Bojack contempla el majestuoso árbol. Los habitantes de éste planeta tienen piel de color verde azulada y el cabello anaranjado.

– “Por ahora, toca esperar” – dice el líder herajin.
– “Cada vez tarda más en dar frutos…” – murmura uno de los secuaces, que lleva una espada en su cinturón. – “A este planeta le queda poca vida.”
– “El Árbol Sagrado pronto nos otorgará el poder suficiente para reclamar la Galaxia.” – sonríe el líder.
– “Ese Majin Bu nos hizo el trabajo sucio” – sonríe la única chica del grupo.
– “Sin la protección de los Kaioshin, el Universo será nuestro.” – añade un secuaz de baja estatura que lleva un turbante en la cabeza.
– “¡Todo gracias a nuestro líder! ¡Hurra por Bojack!” – celebra el último personaje, que luce una perilla.
– “¡HURRA!” – exclaman todos al unísono.

En el templo, Sidra y Paikhuan intentan convencer a Cold para que les ayude.

– “La última vez que me metí en los asuntos de los demás, mi planeta quedó arrasado” – dice el demonio del frío. – “No me interesa.”
– “Si Bojack y los suyos obtienen más poder, un reinado de terror se alzará en el universo” – explica Paikhuan.
– “Ya he oído eso antes.” – responde Cold con desprecio. – “Si queréis impresionarme, tendréis que contarme algo nuevo.”

Paikhuan se levanta y agarra a Cold por el exoesqueleto de su pecho.

– “Si ya has oído eso antes, sabes cuales son las consecuencias” – le espeta Paikhuan. – “¡Tu planeta desapareció! ¡Muchos lo hicieron! ¡Y volverá a ocurrir si no detenemos a Bojack!”
– “¿Qué gano yo?” – pregunta Cold.
– “¡¿Qué ganas?!” – se molesta Paikhuan. – “¡Bastardo egoísta!”

Sidra interviene.

– “Conocimiento” – dice el anciano.
– “¿Cómo dice?” – se extraña Cold.
– “Eso es lo que ganarás.” – insiste Sidra. – “Te contaré todo lo que sé del universo. Responderé a todas a tus preguntas.”

Cold parece reflexionar sobre la propuesta.

– “Interesante…” – sonríe Cold.

Paikhuan se sorprende de que el demonio del frío se conforme con saber, pues esperaba que alguien como él ansiara poder antes que respuestas.
Cold y Paikhuan viajan al Sector Dormideus siguiendo una poderosa señal de energía vital que ha aparecido en el radar de su rudimentaria nave.

– “Es ese planeta” – señala Paikhuan.

Al acercarse, un kilométrico y frondoso árbol puede verse en la superficie. Sus raíces cubren gran parte del planeta. 

– “¡Es increíble!” – exclama Cold asombrado.
– “Extrae la energía y los recursos del planeta” – dice Paikhuan. – “Y los concentra en sus frutos.”

En poco tiempo, los dos guerreros aterrizan en el desolado planeta y salen al exterior.

– “Debemos tener cuidado” – dice Paikhuan. – “Sus hombres seguro que han tomado el fruto.” 

Al desembarcar, una decena de soldados herajin.

– “¿Qué hacéis vosotros aquí?” – pregunta un soldado. – “¿Qué queréis?”
– “Soy el guardián del fruto” – dice Paikhuan.
– “¡JAJAJA!” – se ríen todos.
– “Ahora lo guardamos nosotros” – responde el soldado.

Paikhuan observa detenidamente a sus contrincantes.

– “No queremos pelear” – dice Paikhuan. – “Renunciad al Árbol Sagrado y…”
– “No tengo tiempo para esto” – le interrumpe Cold.

El demonio del frío alza su mano derecha y apunta con su dedo índice a los soldados enemigos, atravesando el pecho de cada uno de ellos con un Rayo Mortal.
Paikhuan se queda petrificado ante la frialdad del demonio.

– “¡No tenías que hacer eso!” – exclama el guardián.
– “Era solo el calentamiento” – responde Cold.

Dos de los secuaces de Bojack observan a los guerreros desde la distancia.

– “Parece que tenemos visita, Zangya” – dice el guerrero portador de una espada.
– “Así es, Gokua” – responde la chica. – “¿Listo para hacer un poco de ejercicio?”
– “Claro, hermanita” – sonríe el guerrero herajin desenvainando su arma.

Paikhuan siente que dos ki se acercan rápidamente.

– “¡Viene alguien!” – anuncia el guardián.

Gokua se abalanza sobre Cold, espada en alto, dispuesto a cortarle por la mitad de un espadazo, pero el demonio del frío detiene el ataque con el exoesqueleto de su antebrazo. Cold esboza una sonrisa burlona.
El guerrero herajin intenta propinar una patada al demonio, pero Cold se defiende y contraataca enrollando su cola alrededor del cuello del enemigo y propinándole una fuerte combinación de puñetazos en el abdomen, antes de soltarle y darle una patada que le lanza contra un edificio cercano.
Mientras tanto, Zangya intenta sorprener por la espalda a Paikhuan, pero el guardián puede sentir su presencia y esquiva el ataque. Paikhuan utiliza su endiablada velocidad para moverse alrededor de su enemiga, generando un torbellino que atrapa a la herajin y le propina una tormenta de golpes, hasta finalmente escupirla violentamente.
Los dos herajin, magullados, se recuperan rápidamente y se ponen en pie. No esperaban encontrar a dos enemigos tan poderosos.
Cold sonríe al ver a sus enemigos frustrados.

– “Puedes quedarte atrás” – fanfarronea el demonio del frío. – “¡Yo me encargo!” – exclama antes de abalanzarse sobre ellos.

Pero algo detiene a Cold en el aire. De repente, el demonio se encuentra atrapado en una maraña de hilos de ki.

– “¿Qué sucede?” – murmura el demonio. – “¿Qué es esto?” 

Dos nuevos guerreros herajin se han unido al combate y han enredado al demonio del frío con su extraña técnica combinada.

– “¡Quieto ahí, monstruo!” – se burla el recién llegado guerrero, el más pequeño de los presentes.
– “¡Ya es nuestro, Bujin!” – sonríe el otro enemigo, que luce una perilla.

Los dos nuevos participantes tienen un tono de piel más claro que los anteriores y su cabello es rojizo.

– “¡Dejad de jugar!” – exclama el guerrero con perilla.
– “Esta bien…” – dice Zangya, malhumorada. – “No hace falta que nos des órdenes, Bido.”

Zangya y Gokua concentran su ki y su piel se vuelve más pálida y verde, y su cabello se torna rojo, asumiendo la transformación que ya presentan sus compañeros.
Cold intenta liberarse de la telaraña, pero sin éxito.

– “Así que ese es el poder del fruto…” – murmura el demonio.

Paikhuan se abalanza sobre Bujin, con intención de liberar a su compañero, pero Zangya y Gokua se interponen en su camino.

– “Eres muy rápido…” – sonríe la chica. – “Pero ahora nosotros también lo somos.”

El guardián del fruto intenta esquivarles, pero ellos le atrapan cada vez que intenta sobrepasarles.
Finalmente, Paikhuan desciende hasta el suelo.

– “Está bien…” – dice mientras se quita su gorro con tranquilidad. – “Tendré que ponerme serio.” – añade mientras se quita el cinturón y parte de su ropa, que parece ser más pesada de lo normal.
– “¡JAJAJA!” – ríe Gokua. – “¿Crees que quitándote algo de ropa podrás…?”


En un instante, Paikhuan da un paso al frente. Se mueve tan rápido que provoca la combustión espontánea del oxígeno que le rodea. 
El guardián del fruto aparece frente a Gokua y le propina un puñetazo en el abdomen, haciendo que el enemigo se pliegue de dolor.
– “¡GOKUA!” – exclama Bujin, preocupado.
Cold esboza una aterradora sonrisa.

– “No os distraigáis” – les advierte el demonio del frío. – “Podríais pagarlo caro.”
– “¿Cómo dices?” – responde Bido.
– “Esa transformación os hace más fuertes” – dice Cold. – “Pero yo también puedo transformarme.”
– “¿Qué?” – se sorprenden los dos herajin.

Un estallido de luz rosada ciega a los presentes durante un instante. Cuando se disipa, revela a Cold, que ha vuelto a su estilizada forma original.

– “¿Qué os parece?” – se burla el demonio del frío. – “¿Peleamos en serio?”