ESPECIAL DBSNL /// El que vio // Universos 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 / Parte I: El brujo y su monstruo

El que vio // Parte I: El brujo y su monstruo

“Vuestros sacrificios liberarán este mundo.” 

Esta historia ocurrió hace mucho tiempo; antes de que el primer ángel naciera.

En el planeta Konats, un gigantesco monstruo con una larga cola destruye todo lo que encuentra a su paso. Su aliento de fuego inunda las calles de la ciudad, aniquilando a sus habitantes, que corren despavoridos buscando cobijo.

En el Planeta Sagrado, los Kaioshin observan lo ocurrido con sus ojos divinos.

– “¿Eso es una creación de los mortales?” – pregunta el Kaioshin del Norte.

– “Es una magia poderosa…” – murmura el Dai Kaioshin.

– “¿Deberíamos intervenir?” – se pregunta el Kaioshin del Este.

Mientras tanto, el Hakaishin Ramushi y su discípulo, el gotokoneko Kawa, también están atentos a lo que sucede.

– “¿Qué está pasando, maestro?” – pregunta Kawa.

En Konats, el monstruo al que llaman Hildegarn sigue sembrando el caos. Varios guerreros konatsianos intentan detenerle, pero sus espadas no son capaces de dañar ni lo más mínimo al demonio.

Un niño corre por las calles, huyendo de la muerte personificada, pero el monstruo se fija en él y proyecta su terrible aliento de fuego contra el chico, bañando la calle en llamas.

En un instante, Kawa aparece en la azotea de un edificio, a varios kilómetros de distancia, con el niño en brazos. Lo ha salvado. El chico se asusta aún más al ver al gotokoneko, que enseguida lo deja en el suelo.

– “Largo.” – le dice el aprendiz de Hakaishin, haciendo que el niño eche a correr.

Cerca de allí, el vigente Dios de la Destrucción observa al monstruo, que sigue avanzando por las calles de Konats.

Kawa se acerca al Hakaishin.

– “¿Qué debemos hacer, maestro?” – pregunta el gotokoneko.

– “Yo me encargaré de eliminar esta abominación.” – dice Ramushi. – “Tú investiga su origen.”

– “Sí, señor.” – responde Kawa.

El monstruo sigue incendiando la ciudad, pero de repente, Ramushi aparece frente a él, flotando a la altura de su rostro.

– “Se acabó, criatura.” – dice el elefante en tono severo, mientras apunta con la palma de su mano al enemigo. – “Hakai.” – sentencia.

Pero nada ocurre.

– “¿Qué?” – se sorprende Ramushi.

En ese instante, el monstruo propina un fuerte manotazo al Dios y lo estampa contra un edificio cercano.

– “¡¡¡GRRRAAAAAAAHHH!!!” – ruge Hildegarn, antes de proyectar una fuerte llamarada contra el Hakaishin.

Ramushi apunta con su mano a la llama, que se aproxima rápidamente.

– “¡Hakai!” – vuelve a probar suerte el Dios, con estéril resultado.

El fuego baña el edificio, que se derrite como una vela.

Lejos de allí, a una distancia segura, el Dai Kaioshin aparece acompañado por Ramushi.

– “Gracias, Dai Kaioshin.” – dice el Hakaishin

– “Un placer.” – sonríe el Dios.

Los cuatro Kaioshin cardinales se encuentran a su lado y observan el desastre.

– “Ese fuego parece extraño.” – dice el Kaioshin del Norte.

– “Si esa criatura es inmune al poder del Dios de la Destrucción, no sé que podemos hacer nosotros para detenerlo…” – murmura el Kaioshin del Sur.

El Dai Kaioshin y el Hakaishin se unen a ellos.

– “No podemos actuar sin un plan.” – dice Ramushi.

– “Debemos ser cautelosos.” – sugiere el Dai Kaioshin.

Los Kaioshin escuchan a sus superiores atentamente, pero de repente, el Kaioshin del Norte interrumpe alarmado.

– “¡Ha desaparecido!” – exclama el Dios.

– “¡¿Qué?!” – se sorprenden todos.

– “¡El monstruo ya no está!” – insiste el Kaioshin.

– “¿Cómo es posible?” – se pregunta el Dai Kaioshin.

Todos los Dioses buscan al monstruo en el horizonte, pero pronto se dan cuenta de que un extraño humo está cobrando forma a sus espaldas.

– “Pero, ¿qué demonios…?” – murmura el Hakaishin.

Hildegarn se materializa a partir del torbellino de humo e intenta golpear a los Dioses, que se ven obligados a dispersarse para esquivarlo. 

Mientras tanto, Kawa sigue el rastro de destrucción que ha dejado el monstruo hasta su posible origen, en las afueras de la ciudad, atravesando un gran bosque incinerado.

El gotokoneko encuentra un gran socavón en el suelo y se adentra en él. Al llegar a lo más profundo del abismo, el aprendiz de Hakaishin encuentra que éste conecta con una red de túneles.

– “¿Qué es todo esto?” – se pregunta Kawa.

Las paredes de la gruta se encuentran repletas de jeroglíficos antiguos que describen un mundo desconocido para el aprendiz de Dios.

En la ciudad, los Dioses se preparan para luchar. Los cuatro Kaioshin se colocan junto a sus superiores.

– “¡¿Qué hacemos, señor?!” – se preguntan los Kaioshin cardinales.

– “Dejádnoslo a nosotros.” – dice el Dai Kaioshin.

– “Buscad a mi aprendiz y ayudadle.” – ordena Ramushi.

Los cuatro Kaioshin asienten y enseguida se marchan, dejando al los dos Dioses supremos frente al monstruo.

– “Debemos ser precavidos, Ramushi.” – sugiere el Dai Kaioshin.

– “Debe tener un punto débil.” – dice el Hakaishin. – “Tenemos que averiguarlo.”

Mientras tanto, Kawa investiga la gruta y avanza por sus túneles hasta llegar a una gran sala con una extraña estructura central que consta de tres pilares. Las dos columnas laterales son más cortas que la columna central, cuya cima termina en un gran círculo, como el ojo de una aguja.

Kawa contempla la gran estructura, cuyo origen y función desconoce.

De repente, una voz le sorprende.

– “Bienvenido, joven Dios.” – dice una voz ronca.

Kawa se da la vuelta alarmado.

– “¿Quién eres?” – pregunta el aprendiz de Hakaishin.

Entre las sombras, Kawa puede ver a un personaje encapuchado, envuelto en una larga túnica negra.

– “Alguien que busca respuestas.” – responde el personaje.

– “Supongo que eres el responsable de todo esto…” – dice Kawa. – “¡Tú has creado ese monstruo!”

– “Solo soy un mortal.” – sonríe el misterioso personaje.

– “¡Estás jugando con fuerzas que no comprendes!” – exclama Kawa.

– “Las comprendo muy bien.” – responde el individuo.

– “¡¿Por qué lo has hecho?!” – insiste el aprendiz de Hakaishin.

– “Quería poner a prueba mis habilidades.” – responde el personaje.

– “Estás loco.” – dice Kawa.

– “¡¿Loco?!” – se ofende el individuo. – “¡Sé que hay un poder por encima de mí y de vosotros! ¡Alguien que ha decidido jugar con mi destino y el de todos los mortales! ¡Para él solo somos un terrario al que observar para entretenerse!”

– “¿Conoces la existencia del señor Zeno?” – se sorprende Kawa. – “¿Cómo es posible?”

– “Zeno…” – sonríe la sombra. – “No sabía su nombre…”

De repente, una luz aparece en el centro del gran ojo de la columna central.

– “¿Qué es eso?” – se pregunta Kawa.

– “Hildegarn está cosechando energía.” – dice la sombra. – “¡Gracias a él podré salir de este plano existencial y tocar la realidad con mis dedos! ¡Podré ver más allá!”

En la ciudad, Hildegarn destruye todo lo que encuentra a su paso, acabando con la vida de cientos de personas. El Dai Kaioshin y el Hakaishin intentan detenerle.

Ramushi se envuelve en ki morado y se agacha, colocando sus manos en el suelo como si fuera a empezar una carrera, y embiste a Hildegarn con todas sus fuerzas, pero el monstruo se convierte en humo y deja que el Dios pase a través de él.

– “Maldito…” – murmura el Hakaishin.

El humo se condensa de nuevo y ahora es el Dia Kaioshin quien intenta interceptarlo lanzándole un centenar de cascotes con su poder mental, pero el monstruo se vuelve intangible de nuevo.

– “Esto es muy frustrante…” – lamenta el Dios.

En la gruta, Kawa y la sombra continúan hablando.

– “No permitiré que lleves a cabo tu plan” – dice el aprendiz de Dios, poniéndose en guardia y envolviéndose en un aura morada.

Kawa se abalanza sobre el enemigo, dispuesto a propinarle un puñetazo, pero la sombra extiende su brazo y detiene el golpe del aprendiz, cuya aura de desvanece al instante.

El rostro de Kawa muestra una mezcla de sorpresa, confusión y miedo al ver que ese mortal ha podido detenerle.

De repente, el aprendiz de Hakaishin sale repelido al otro lado de la sala y se estrella contra la pared.

– “No deberías considerarme un enemigo.” – dice la sombra. – “Estás atrapado en este mundo como el resto de mortales.”

Kawa se pone en pie, magullado y con un corte sobre su ojo derecho.

– “Mi deber como futuro Hakaishin es mantener el orden en el universo.” – dice Kawa. – “Y eliminar a los agentes del caos como tú.”

– “Una voluntad fuerte.” – dice la sombra. – “Pero ya te habrás dado cuenta de que la mía también lo es.”

En la metrópolis, el Hakaishin apunta al enemigo con su trompa y sopla con fuerza, emitiendo un ruido ensordecedor que arrasa con todo a su paso, como si fuera un gran cañón de aire emitido por una trompeta.

El invisible ataque logra sorprender a Hildegarn, que parece quedar aturdido.

Al ver que el ataque ha tenido efecto, Ramushi sigue insistiendo en su ofensiva.

El Dai Kaioshin junta sus manos delante de su rostro y concentra su ki de color verde mientras recita una oración en la lengua de los Dioses.

Finalmente, el Dios separa sus manos, que brillan con intensidad.

– “Espero que esto funcione…” – piensa el Dios.

El Dai Kaioshin apunta al monstruo, emitiendo un rayo de energía que envuelve a Hildegarn tras el impacto. El Dios abre sus brazos hasta colocarlos en cruz, y eso hace que una oscura presencia salga del monstruo y viaje a través del rayo de energía hasta el Dai Kaioshin, introduciéndose en su cuerpo.

De repente, la figura de Hildegarn empieza a convertirse en piedra, transformándose en una inmensa estatua.

El Dai Kaioshin, agotado, desciende hasta el suelo y cae de rodillas. Ramushi enseguida se acerca a él.

– “Lo hemos logrado.” – suspira el Dai Kaioshin.

– “Eso parece.” – sonríe el Hakaishin. – “¿Cómo te encuentras?”

– “No podré retener su presencia eternamente.” – dice el Dios. – “Será mejor que nos demos prisa.”

Mientras tanto, en la gruta, Kawa y la sombra siguen cara a cara. De forma repentina, la luz de la estructura empieza a atenuarse.

– “Parece que has fracasado.” – sonríe Kawa.

En ese instante, los cuatro Kaioshin llegan al lugar y se colocan junto al aprendiz de Hakaishin.

– “¿Quién es ese tipo?” – pregunta uno de ellos.

– “¿Es el causante de todo esto?” – añade otro.

La sombra esboza una terrorífica sonrisa.

– “Justo lo que necesitaba.” – murmura el enemigo.

En ese momento, los cuatro Kaioshin y Kawa sienten que una fuerza poderosa es ejercida sobre ellos, como si la gravedad hubiera aumentado exageradamente, forzándoles a ponerse de rodillas.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se pregunta sorprendido uno de los Dioses.

La sombra se acerca a ellos lentamente.

– “Vuestros sacrificios liberarán este mundo.” – dice la sombra.

De repente, un extraño fuego negro envuelve al primer Kaioshin, y con su muerte la luz de la columna brilla con más intensidad. Lo mismo ocurre con el segundo y el tercero, ante la aterrada mirada de sus compañeros. Con la muerte del cuarto Kaioshin, la luz estalla y se genera un portal en el interior del círculo de piedra.

– “Bien…” – sonríe satisfecha la sombra, que mira al aprendiz de Hakaishin. – “Has tenido suerte. Parece que no necesito tu sacrificio.”

Kawa alza su mirada y puede ver por primera vez el rostro del misterioso individuo encapuchado; un ser con aspecto de carnero, con pelaje azul, ojos rojos y cuernos curvados.

El individuo da la espalda al aprendiz de Hakaishin y se acerca al portal.

– “Ha llegado el momento.” – sonríe antes de cruzarlo.

Un instante después, el portal se apaga y Kawa queda libre de la fuerza que lo retenía.

El joven aprendiz de Hakaishin se queda de rodillas, en estado de shock, con su rostro desencajado. Jamás había imaginado la posibilidad de que pudiera existir alguien así; un mortal capaz de doblegar a los Dioses.

ESPECIAL DBSNL /// Justice // Universo 2 / Parte III: Paz y orden

Justice / Parte III: Paz y orden
“La verdadera justicia está por encima del individuo.”


En la Academia Kaioshin del planeta Ira-aru, el Dai Kaioshin Madas, acompañado por sus dos hombres de confianza, Toppo y Jiren, y el ángel Cucatail, informan de sus planes para el Universo, ahora sin un Dios de la Destrucción.
Los aprendices de Kaioshin, liderados por un Toshisei en su mejor momento, dudan ante el nuevo sistema que pretende establecer el anciano.

– “No dudo que tus intenciones son buenas, Madas” – dice Toshisei. – “Pero lo que propones es peligroso.”
– “No permitiré que la corrupción tome el control de nuevo” – responde Madas. – “Las Tropas de la Justicia se encargarán de mantener el orden.”
– “¿Orden?” – dice el maestro. – “Considerabas que Kawa era un monstruo… y tu propuesta se parece demasiado a la suya.”
– “La decisión está tomada.” – sentencia Madas. – “Y espero que colaboréis.”
– “¿Usted no tiene nada que decir?” – le pregunta Toshisei a Cucatail.
– “Mi deber consiste solo en observar y llevar a cabo alguna labor que el Dai Kaioshin considere oportuna, sin interferir en el desarrollo de los acontecimientos.” – responde el ángel. – “Mi opinión no es relevante.”

Toshisei agacha la cabeza. El maestro no quiere poner en problemas a sus discípulos, pero no está de acuerdo con el nuevo Dai Kaioshin.
Mientras tanto, a lo largo del Universo, las Tropas de la Justicia eliminan todas las amenazas que encuentran en su camino. 
Las primeras razas castigadas son las que apoyaron el régimen del Hakaishin Kawa. Los demonios del frío, los coleópteros, los zoon, los ryujín… Las Tropas de la Justicia acaban con todos los posibles enemigos en nombre de la paz y el orden.
En la Academia, Toshisei siente como aumenta la tiranía de su antiguo discípulo, incapaz de tolerar a nadie que piense de forma distinta a la suya.
El sabio maestro, finalmente, toma una controvertida decisión. Toshisei se dirige a la sala del Anillo Toki, dispuesto a cambiar el pasado, pero al llegar a la sala se encuentra con un justiciero dinojín custodiando la puerta.

– “No puede acceder a esta sala, señor” – dice el guerrero con aspecto de dinosaurio.
– “Soy el maestro Toshisei.” – dice el sabio. – “La Academia y el Anillo Toki están bajo mi protección.”
– “Ya no” – responde el justiciero. – “Órdenes del señor Madas.”

Toshisei da un paso al frente, ignorando la respuesta del soldado, pero el éste se interpone en su camino.

– “No quieres hacer esto, Vewon” – le dice Toshisei.
– “Sabe mi nombre…” – murmura el guerrero. – “Es uno de los trucos mentales de los Kaioshin. Madas ya me ha advertido.”
– “Voy a darte otra oportunidad.” – añade el sabio, clavando su mirada en los ojos del dinojín. – “Apártate, hijo.”
– “¡Mi deber es custodiar esta sala!” – insiste el guerrero.
– “Bien.” – murmura Toshisei.

De repente, el dinojín siente que despierta de un sueño.

– “¡¿Qué?!” – se sorprende el Vewon, que enseguida se da cuenta de que Toshisei ha desaparecido. – “¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Otro truco?!”

Vewon se da la vuelta y se da cuenta de que la puerta que defendía está abierta.

– “¡MALDITA SEA!” – exclama el justiciero.

Al entrar, el anillo Toki y Toshisei han desaparecido.
En unos minutos, Madas ya ha sido alertado de lo ocurrido y ha llegado a la Academia. En la sala del anillo, el Dai Kaioshin, acompañado por Cucatail y Jiren, habla con Vewon.

– “Lo siento mucho, señor” – se disculpa el justiciero. – “¡Me engañó! ¡Se metió en mi cabeza!”
– “Lo entiendo.” – responde el Dios. – “Toshisei es un gran maestro. Esperaba que entendiera la situación. Lo que ha sucedido ha sido culpa mía.”
– “Modificar el tiempo es algo que entraña graves consecuencias.” – dice Cucatail.

Vewon se arrodilla ante el ángel.

– “Asumo la responsabilidad, señor.” – dice el justiciero.

Madas agacha la cabeza, pensativo.

– “¿Puedes mostrarme a Toshisei, Cucatail?” – le pregunta Madas al ángel.
– “Es posible.” – dice Cucatail, haciendo brillar la esfera verde de su vara. – “Mi hermano ya debe haber aparecido.”

En la esfera aparece la imagen de Toshisei en el palacio del Dios de la Destrucción, hablando con un Dios con aspecto de elefante humanoide de piel rosada.

– “Ese es… ¡Ramushi! ¡El predecesor de Kawa!” – se sorprende Madas. – “¡¿Cómo ha podido viajar tan atrás en el tiempo?!”
– “Ha transferido su propia energía al anillo.” – dice Cucatail. – “Ha dado su vida por cambiar la historia.”

Madas se queda en silencio. Durante un instante, las dudas le embargan al ver a alguien a quien respeta oponerse a él con tanta convicción.
De repente, un crujido le saca de su trance. Jiren ha partido el cuello a Vewon.

– “¿Qué haces, Jiren?” – pregunta Madas, sorprendido ante la frialdad de su hombre.
– “La verdadera justicia está por encima del individuo.” – responde Jiren. – “Si mostramos debilidad, el caos volverá al universo. Nadie puede saber lo ocurrido.”

Madas se siente confuso, se ha quedado petrificado ante la actuación de Jiren. 

– “Váyase.” – dice Jiren. – “Yo me encargo.”

El Dai Kaioshin asiente tímidamente, y él y Cucatail se marchan usando la teletransportación divina.
En unos instantes, el planeta Ira-aru estalla en silencio, iluminando durante un breve instante el oscuro universo.
Unos días más tarde, en el Planeta Sagrado, Madas se encuentra meditando. Con la destrucción de Ira-aru, su conexión con lo terrenal ha desaparecido y entiende que debe alzarse como un Dios para traer el orden y la paz al universo.

En ese momento, Cucatail aparece a su lado.

– “Le traigo su encargo, señor Madas” – dice el ángel.

Madas se pone en pie.

– “Gracias, Cucatail.” – dice el Dios, aceptando el objeto del que el ángel le hace entrega.

El Dai Kaioshin se coloca su máscara con el kanji “Dai”.

– “La justicia debe reinar el universo.” – murmura el Dios. – “A cualquier precio.”

ESPECIAL DBSNL /// Justice // Universo 2 / Part II: Justicia a cualquier precio

Justice / Parte II: Justicia a cualquier precio
“La ley del más fuerte…”


El Hakaishin aparece en el planeta del Gran Kaio,  persiguiendo el rastro de Madas, pero el Kaioshin hace tiempo que se ha marchado.

– “¿Puedo ayudarte en algo, Kawa?” – le dice el Gran Kaio.
– “¿Kawa?” – se extraña el Hakaishin. – “¿Ya no me trata con respeto, Gran Kaio?”
– “¿Debería?” – le responde desafiante el Dios.
– “Sé que esconde al Kaioshin.” – le dice Kawa. – “Entréguemelo y puede que le perdone la vida a usted y a sus Kaio.”
– “Al igual que yo, cada uno de ellos dará su vida orgulloso para detenerte” – responde el Gran Kaio.
– “Que así sea” – dice mientras alza su mano y se dispone a realizar el Hakai.
Durante los próximos siglos, Madas viaja de planeta en planeta siguiendo las coordenadas proporcionadas por los Kaio de cada galaxia, reuniendo a los mejores guerreros que encuentra, en busca de un ser con el potencial suficiente para enfrentarse al Hakaishin.
Mientras tanto, el Dios de la destrucción divide el Universo en cuatro sectores y nombra a cuatro caudillos para que los gobiernen a su antojo y acallen cualquier grito de rebelión. Las primeras razas en recibir tal honor son los demonios del frío, los caleopteros, los ryujin, y los zoon. La ley del más fuerte prevalece en el Universo. Las razas que no se arrodillan frente al Hakaishin son aniquiladas sin compasión. 
Kawa, satisfecho con su nuevo sistema de gobierno, descansa en su palacio mientras su aprendiz dirige a los caudillos. El Hakaishin raramente supervisa las conquistas de sus hombres.
Un día, durante el ataque a un planeta rebelde, el Hakaishin y su aprendiz se ven obligados a intervenir para aplacar la revuelta. Kawa se da cuenta de que el poder de su aprendiz ha crecido de forma desmesurada y empieza a rivalizar con el suyo.
Tras acabar con la rebelión, ambos contemplan el humeante campo de batalla.

– “Te has hecho muy fuerte” – le felicita el Hakaishin.
– “Gracias, maestro” – responde Gin. – “Ha sido gracias a su entrenamiento.”
– “¿Crees en la ley del más fuerte?” – le pregunta Kawa.
– “Por supuesto, maestro.” – responde su aprendiz. – “Los fuertes merecen gobernar a los débiles”. – añade mientras contempla el planeta en ruinas, contento con su victoria.
– “Así es, Gin.” – responde el Hakaishin, mientras coloca la palma de su mano en la espalda de su aprendiz. – “Hakai” – susurra.
Mientras tanto, Zeno se ha entera de lo sucedido y decide crear al Daishinkan para que vigile los Universos. Dos ángeles nacen a partir del Sumo Sacerdote y son adjudicados a ambos Hakaishin como meros observadores. El Dios del Todo no pretende controlar su creación, pero siente interés por conocer su desarrollo y ver de lo que son capaces.
Tras siglos de viaje, Madas y un pelotón de guerreros llegan a un planeta que esta siendo atacado por uno de los caudillos del Hakaishin, pero encuentran el planeta en ruinas y lleno de cadáveres de nativos e invasores.

– “Sin duda ha sido una batalla feroz…” – dice Madas entristecido.
– “Noto una fuerte presencia” – dice un gigantón de tez marrón, bigote blanco y ojos amarillos.
– “Tened cuidado” – les dice el Kaioshin a sus hombres. – “Tiene un poder abrumador…”
De repente, se oye un crujir de ramas y todos se dan la vuelta. Un joven de tez gris y ojos negros como el azabache se acerca a ellos cubierto de sangre y arrastrando el cadáver de un demonio del frío adulto por la cola.

– “¿Es ese el caudillo?” – pregunta sorprendido uno de los hombres del Kaioshin.
– “Así es…” – confirma Madas.
El gigantón bigotudo se acerca cautelosamente al misterioso joven.

– “Hola, chico” – dice el guerrero. – “Me llamo Toppo. ¿Cómo te llamas? ¿Te encuentras bien?”
El joven suelta el cadáver y mira al gigante.

– “Me llamo Jiren.” – responde sin mostrar ninguna emoción.
– “¿Qué ha ocurrido, Jiren?” – le pregunta Toppo.
– “Estos demonios atacaron nuestro planeta.” – responde el joven. – “Masacraron a mi familia, a mi gente… Y yo he acabado con ellos.”
Madas se sorprende al escuchar al chico.

– “¿Ha derrotado a un ejército de demonios del frío siendo solo un chico? ¿Acaso es éste el guerrero que estamos buscando?” – piensa el Kaioshin.
– “No pasa nada” – le reconforta Toppo, algo inquieto ante la inexpresividad del chico. – “Has hecho justicia”.
– “Justicia…” – repite Jiren en voz baja.
Pasan los siglos y Madas y sus hombres ganan terreno al Hakaishin lentamente. El Kaioshin ha formado un ejército de guerreros increíbles gracias a la magia que obtuvo de la bruja, que le permite desbloquear el poder oculto de todos sus luchadores.
Tras ganar varias batallas frente a los caudillos y recuperar parte del universo, una noche, Madas teletransporta a todo sus hombres al planeta del Hakaishin, atacándole por sorpresa, dispuesto a acabar con el sufrimiento que azota el Universo.
Kawa, pese a estar solo, supera ampliamente a los guerreros del Kaioshin. Al ver que no suponen un problema, el Hakaishin se divierte golpeándoles y aniquilándoles con ondas de ki.

– “¡Sois débiles! ” – les dice el Dios. – “¿Qué ocurre, Madas? ¿De verdad pretendes derrotarme con un ejército tan ridículo? ”
De repente, múltiples ataques estallan en su espalda sin que se lo espera y le hacen hincar la rodilla un instante.

– “No está nada mal…” – murmura el Hakaishin al ver a Toppo.
El Dios de la destrucción se abalanza sobre el luchador y le propina un duro castigo. Toppo sucumbe impotente ante el gotokoneko.
Finalmente, Toppo cae de rodillas y parece que Kawa se ha hartado de jugar. El Hakaishin alza su mano y la coloca a escasos centímetros de la cara del gigantón.

– “Eres fuerte, pero no lo suficiente. Si estuvieras de mi lado, podrías convertirte en uno de mis caudillos…” – le dice el Dios.
– “Jamás…” – responde Toppo. “Yo creo en la justicia…”.
– “Justicia…” – murmura Kawa. “La única justicia es la ley del más fuerte. Los débiles son carne; los fuertes comen”.

El Hakaishin se dispone a realizar el Hakai, pero alguien aparece de la nada y agarra su brazo, interrumpiendo su técnica.

– “Jiren…” – titubea Toppo.
El joven guerrero levanta la mano del Hakaishin, que se sorprende ante el poder de Jiren.

– “Interesante… ” – murmura Kawa, que se sorprende al sentir el poder de su nuevo enemigo. 
Jiren golpea el abdomen del Dios, que se dobla de dolor.

El Dios, tras un instante de incredulidad, sonríe.
Todos los supervivientes contemplan asombrados la escena.
El Hakaishin alza su mano hacia Jiren, pero el guerrero se la agarra y aprieta hasta partirle el brazo y hacerle gritar de dolor.
– “¿Hemos ganado?” – murmura Madas incrédulo.
El Hakaishin, pese al dolor, no puede borrar la sonrisa de su rostro.
– “¿Lo veis?” – ríe el Dios. – “La ley del más fuerte…”
Jiren apunta al Hakaishin con su mano, preparando una esfera de ki de color rojo intenso.

– “La ley del más fuerte…” – murmura Kawa sonriente un instante antes antes de ser eliminado por Jiren.

Tras siglos de terror, el reinado del Hakaishin ha terminado. 

Cuando las cosas vuelven a la calma, Madas entra en el palacio del Dios de la destrucción, escoltado por Jiren y Toppo. En mitad de la sala, se encuentran con el ángel Cucatail, que saluda con una reverencia al Kaioshin y le explica la razón de su presencia.

– “Y bien…” – dice el ángel. – “Supongo que va a restablecer el orden, ¿verdad? ” – pregunta. – “Debo buscar a un nuevo Hakaishin o ya tiene un candidato en mente?”  añade mirando de reojo a Jiren.
– “No” – responde Madas ante la sorpresa de los presentes. – “Sería irresponsable por mi parte permitir que algo así vuelva a suceder. No necesitamos más destrucción.”
Horas después, Madas sale al balcón del palacio para dar la noticia. A sus pies, las tropas supervivientes le esperan. Sus hombres escuchan con atención las palabras del Dios, que les explica su plan de gobierno.

El Universo será dividido en sectores, y cada uno de sus luchadores estará a cargo de la protección de un sector. La paz reinará en el Universo gracias a las \”Tropas de la Justicia\”.

Todos celebran el final de su discurso con un grito al unísono: – “¡Justice!”

Y así, el Kaioshin del Norte, ahora convertido en Dai Kaioshin, asume el control del Universo.

ESPECIAL DBSNL // Universo 2 / Part II: Justicia a cualquier precio

Especial DBSNL // U2 / Parte II: Justicia a cualquier precio
“La ley del más fuerte…”


El Hakaishin aparece en el planeta del Gran Kaio,  persiguiendo el rastro de Madas, pero el Kaioshin hace tiempo que se ha marchado.

– “¿Puedo ayudarte en algo, Kawa?” – le dice el Gran Kaio.
– “¿Kawa?” – se extraña el Hakaishin. – “¿Ya no me trata con respeto, Gran Kaio?”
– “¿Debería?” – le responde desafiante el Dios.
– “Sé que esconde al Kaioshin.” – le dice Kawa. – “Entréguemelo y puede que le perdone la vida a usted y a sus Kaio.”
– “Al igual que yo, cada uno de ellos dará su vida orgulloso para detenerte” – responde el Gran Kaio.
– “Que así sea” – dice mientras alza su mano y se dispone a realizar el Hakai.
Durante los próximos siglos, Madas viaja de planeta en planeta siguiendo las coordenadas proporcionadas por los Kaio de cada galaxia, reuniendo a los mejores guerreros que encuentra, en busca de un ser con el potencial suficiente para enfrentarse al Hakaishin.
Mientras tanto, el Dios de la destrucción divide el Universo en cuatro sectores y nombra a cuatro caudillos para que los gobiernen a su antojo y acallen cualquier grito de rebelión. Las primeras razas en recibir tal honor son los demonios del frío, los caleopteros, los ryujin, y los zoon. La ley del más fuerte prevalece en el Universo. Las razas que no se arrodillan frente al Hakaishin son aniquiladas sin compasión. 
Kawa, satisfecho con su nuevo sistema de gobierno, descansa en su palacio mientras su aprendiz dirige a los caudillos. El Hakaishin raramente supervisa las conquistas de sus hombres.
Un día, durante el ataque a un planeta rebelde, el Hakaishin y su aprendiz se ven obligados a intervenir para aplacar la revuelta. Kawa se da cuenta de que el poder de su aprendiz ha crecido de forma desmesurada y empieza a rivalizar con el suyo.
Tras acabar con la rebelión, ambos contemplan el humeante campo de batalla.

– “Te has hecho muy fuerte” – le felicita el Hakaishin.
– “Gracias, maestro” – responde Gin. – “Ha sido gracias a su entrenamiento.”
– “¿Crees en la ley del más fuerte?” – le pregunta Kawa.
– “Por supuesto, maestro.” – responde su aprendiz. – “Los fuertes merecen gobernar a los débiles”. – añade mientras contempla el planeta en ruinas, contento con su victoria.
– “Así es, Gin.” – responde el Hakaishin, mientras coloca la palma de su mano en la espalda de su aprendiz. – “Hakai” – susurra.
Mientras tanto, Zeno se ha entera de lo sucedido y decide crear al Daishinkan para que vigile los Universos. Dos ángeles nacen a partir del Sumo Sacerdote y son adjudicados a ambos Hakaishin como meros observadores. El Dios del Todo no pretende controlar su creación, pero siente interés por conocer su desarrollo y ver de lo que son capaces.
Tras siglos de viaje, Madas y un pelotón de guerreros llegan a un planeta que esta siendo atacado por uno de los caudillos del Hakaishin, pero encuentran el planeta en ruinas y lleno de cadáveres de nativos e invasores.

– “Sin duda ha sido una batalla feroz…” – dice Madas entristecido.
– “Noto una fuerte presencia” – dice un gigantón de tez marrón, bigote blanco y ojos amarillos.
– “Tened cuidado” – les dice el Kaioshin a sus hombres. – “Tiene un poder abrumador…”
De repente, se oye un crujir de ramas y todos se dan la vuelta. Un joven de tez gris y ojos negros como el azabache se acerca a ellos cubierto de sangre y arrastrando el cadáver de un demonio del frío adulto por la cola.

– “¿Es ese el caudillo?” – pregunta sorprendido uno de los hombres del Kaioshin.
– “Así es…” – confirma Madas.
El gigantón bigotudo se acerca cautelosamente al misterioso joven.

– “Hola, chico” – dice el guerrero. – “Me llamo Toppo. ¿Cómo te llamas? ¿Te encuentras bien?”
El joven suelta el cadáver y mira al gigante.

– “Me llamo Jiren.” – responde sin mostrar ninguna emoción.
– “¿Qué ha ocurrido, Jiren?” – le pregunta Toppo.
– “Estos demonios atacaron nuestro planeta.” – responde el joven. – “Masacraron a mi familia, a mi gente… Y yo he acabado con ellos.”
Madas se sorprende al escuchar al chico.

– “¿Ha derrotado a un ejército de demonios del frío siendo solo un chico? ¿Acaso es éste el guerrero que estamos buscando?” – piensa el Kaioshin.
– “No pasa nada” – le reconforta Toppo, algo inquieto ante la inexpresividad del chico. – “Has hecho justicia”.
– “Justicia…” – repite Jiren en voz baja.
Pasan los siglos y Madas y sus hombres ganan terreno al Hakaishin lentamente. El Kaioshin ha formado un ejército de guerreros increíbles gracias a la magia que obtuvo de la bruja, que le permite desbloquear el poder oculto de todos sus luchadores.
Tras ganar varias batallas frente a los caudillos y recuperar parte del universo, una noche, Madas teletransporta a todo sus hombres al planeta del Hakaishin, atacándole por sorpresa, dispuesto a acabar con el sufrimiento que azota el Universo.
Kawa, pese a estar solo, supera ampliamente a los guerreros del Kaioshin. Al ver que no suponen un problema, el Hakaishin se divierte golpeándoles y aniquilándoles con ondas de ki.

– “¡Sois débiles! ” – les dice el Dios. – “¿Qué ocurre, Madas? ¿De verdad pretendes derrotarme con un ejército tan ridículo? ”
De repente, múltiples ataques estallan en su espalda sin que se lo espera y le hacen hincar la rodilla un instante.

– “No está nada mal…” – murmura el Hakaishin al ver a Toppo.
El Dios de la destrucción se abalanza sobre el luchador y le propina un duro castigo. Toppo sucumbe impotente ante el gotokoneko.
Finalmente, Toppo cae de rodillas y parece que Kawa se ha hartado de jugar. El Hakaishin alza su mano y la coloca a escasos centímetros de la cara del gigantón.

– “Eres fuerte, pero no lo suficiente. Si estuvieras de mi lado, podrías convertirte en uno de mis caudillos…” – le dice el Dios.
– “Jamás…” – responde Toppo. “Yo creo en la justicia…”.
– “Justicia…” – murmura Kawa. “La única justicia es la ley del más fuerte. Los débiles son carne; los fuertes comen”.

El Hakaishin se dispone a realizar el Hakai, pero alguien aparece de la nada y agarra su brazo, interrumpiendo su técnica.

– “Jiren…” – titubea Toppo.
El joven guerrero levanta la mano del Hakaishin, que se sorprende ante el poder de Jiren.

– “Interesante… ” – murmura Kawa, que se sorprende al sentir el poder de su nuevo enemigo. 
Jiren golpea el abdomen del Dios, que se dobla de dolor.

El Dios, tras un instante de incredulidad, sonríe.
Todos los supervivientes contemplan asombrados la escena.
El Hakaishin alza su mano hacia Jiren, pero el guerrero se la agarra y aprieta hasta partirle el brazo y hacerle gritar de dolor.
– “¿Hemos ganado?” – murmura Madas incrédulo.
El Hakaishin, pese al dolor, no puede borrar la sonrisa de su rostro.
– “¿Lo veis?” – ríe el Dios. – “La ley del más fuerte…”
Jiren apunta al Hakaishin con su mano, preparando una esfera de ki de color rojo intenso.

– “La ley del más fuerte…” – murmura Kawa sonriente un instante antes antes de ser eliminado por Jiren.

Tras siglos de terror, el reinado del Hakaishin ha terminado. 

Cuando las cosas vuelven a la calma, Madas entra en el palacio del Dios de la destrucción, escoltado por Jiren y Toppo. En mitad de la sala, se encuentran con el ángel Cucatail, que saluda con una reverencia al Kaioshin y le explica la razón de su presencia.

– “Y bien…” – dice el ángel. – “Supongo que va a restablecer el orden, ¿verdad? ” – pregunta. – “Debo buscar a un nuevo Hakaishin o ya tiene un candidato en mente?”  añade mirando de reojo a Jiren.
– “No” – responde Madas ante la sorpresa de los presentes. – “Sería irresponsable por mi parte permitir que algo así vuelva a suceder. No necesitamos más destrucción.”
Horas después, Madas sale al balcón del palacio para dar la noticia. A sus pies, las tropas supervivientes le esperan. Sus hombres escuchan con atención las palabras del Dios, que les explica su plan de gobierno.

El Universo será dividido en sectores, y cada uno de sus luchadores estará a cargo de la protección de un sector. La paz reinará en el Universo gracias a las “Tropas de la Justicia”.

Todos celebran el final de su discurso con un grito al unísono: – “¡Justice!”

Y así, el Kaioshin del Norte, ahora convertido en Dai Kaioshin, asume el control del Universo.