ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte XI: El Báculo Sagrado


Red World / Parte XI: El Báculo Sagrado

“Descansar es incluso más importante que trabajar.”

En la Torre de Karín ha salido el sol y Ten Shin Han ha superado la prueba del Duende, sobreviviendo al Agua Sagrada y demostrando la fuerza de sus convicciones.

– “No me puedo creer que sigas vivo…” – dice Karín, sorprendido.

– “Me siento bien…” – murmura Ten, mirándose las manos. – “¿Este poder yacía oculto en mi interior?”

– “Fascinante…” – murmura el felino. – “Me pregunto cómo de fuerte te harás si entrenas con Kamisama…”

Ten Shin Han se alegra al oír al Duende.

– “¿Significa eso que me gané su confianza?” – pregunta Ten.

– “Mi confianza… puede que no.” – responde Karín. – “Pero mi respeto, sin duda.”

– “No se arrepentirá.” – dice Ten haciendo una reverencia.

Karín saca un cascabel dorado y se lo muestra a Ten.

– “Esta es la muestra de que apruebo tu ascenso.” – dice el gato.

– “¿Ascenso?” – pregunta Ten.


El felino se da la vuelta.

– “Acompáñame.” – dice el Duende.

Mientras tanto, en el Palacio de Uranai Baba, la bruja observa su bola de cristal.

La esfera muestra una silueta demoníaca caminando entre fuego y ruinas antes de que se enturbie, impidiendo a la bruja mirar más allá. 

– “El futuro de la Tierra es incierto…” – murmura la bruja.

Ten Shin Han y Karín han subido al tejado de la torre. 

Karín señala al cielo con el dedo.

– “La Atalaya de Kamisama, la morada del Guardián de la Tierra, se encuentra ahí arriba.” – revela el felino.

– “Fascinante…” – dice Ten, asombrado, mirando al cielo. – “Ni siquiera yo puedo verla…”

– “Pero para subir te hace falta una herramienta.” – anuncia el gato, señalando al suelo.

En el centro de la cúpula hay un pequeño ornamento con un agujero central.

– “Aquí se coloca el Báculo Sagrado.” – dice el Duende.

– “¿Un báculo?” – se extraña Ten.

– “Una reliquia mágica.” – dice Karín. – “Un bastón capaz de alargarse y conectar con la atalaya.”

Ten asiente, prestando interés.

– “¿Y dónde está ese báculo?” – pregunta el guerrero.

– “Pues…” – se rasca la barbilla el felino. – “Se lo presté a un viejo alumno.”

– “¡¿EH?!” – se sobresalta Ten.

– “Muy poca gente llega hasta la torre…” – se excusa Karín. – “… y los que lo hacen nunca son dignos del tiempo de Kamisama…”

Ten se cruza de brazos, un poco molesto.

– “Vaya faena…” – protesta el guerrero.

Ten alza la vista de nuevo.

– “Aunque creo que podría llegar volando…” – sonríe con cierta prepotencia. – “¡Sí!” – se reafirma. – “Con el poder que tengo ahora, seguro que lo logro.”

Karín hace un gruñido de desaprobación y Ten se da cuenta.

– “Hmm…” – refunfuña el Duende.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Ten.

Pero el propio Ten no tarda en darse cuenta y agacha la cabeza.

– “Ya veo…” – suspira el guerrero. – “Mis intenciones quedan reflejadas en mis acciones…” – murmura la frase que le dijo Bora.

El felino asiente.

– “Si crees que yo soy severo, te llevarás una sorpresa cuando llegues a la Atalaya.” – advierte Karín.

Ten suspira de nuevo.

– “¿Y sabe dónde puedo encontrar a su viejo alumno?” – pregunta el guerrero.

– “Por supuesto… Aunque el muy caradura regaló el báculo sin mi permiso…” – murmura el felino, rascándose la barbilla. – “De todas formas, es posible que puedas encontrar a su actual dueño…”

– “¿Dónde?” – pregunta Ten.

– “Al oeste de aquí, al otro lado del mar…” – dice Karín. – “En un solitario lugar al que llaman Monte Paoz.”

Ten camina en esa dirección, con la mirada puesta en el horizonte.

– “¿Por allí?” – pregunta Ten.

– “Ajá…” – asiente Karín.

– “De acuerdo.” – asiente el guerrero, avanzando hasta el límite del tejado.

– “¿Vas a ir a buscarlo?” – se sorprende el gato.

– “No tardaré mucho.” – sonríe Ten.

Karín saca una semilla senzu y se la lanza. Ten la caza al vuelo y se la guarda.

Sin decir nada más, el guerrero se lanza al vacío para luego salir volando como un cohete a reacción, desapareciendo en el horizonte en un instante.

Karín se queda mirando al oeste.

– “Fanfarrón.” – protesta el Duende.

Ten Shin Han surca el cielo haciendo varias piruetas, poniendo a prueba su nuevo poder, volando a una velocidad a la que jamás había viajado.

De repente, el guerrero frena en seco.

– “¿Eh?” – murmura, confuso. – “Qué extraño… Siento una sensación muy peculiar… Hay algo en esa dirección.”

Ten aterriza y camina entre cañas de bambú hasta que se topa con una humilde cabaña.

– “¿Una casa?” – se pregunta Ten.

– “¿Puedo ayudarte?” – le interrumpe una voz.

Ten se da la vuelta y se encuentra a un joven de baja estatura, con la cabeza afeitada y seis puntos tatuados en la frente, vestido con un gi morado y cinturón blanco, que transporta leña.

– “Busco el Monte Paoz.” – responde Ten.

– “Estás en el lugar correcto.” – responde el joven.

El muchacho sigue su camino hasta la cabaña, pasando por al lado de Ten.

– “Llegar hasta aquí no es tarea fácil… Nunca vemos a nadie.” – dice el muchacho. – “Acompáñame y te prepararé una taza de té.”

– “Muy amable.” – asiente Ten. – “Pero tengo prisa…”

– “Descansar es incluso más importante que trabajar.” – responde el joven, que sigue caminando hacia la pequeña casita.

Ten se dispone a seguir al muchacho al interior de la cabaña, cuando se da cuenta del objeto que luce en su espalda.

– “El… el báculo sagrado…” – murmura Ten al ver el bastón rojo enfundado en una vaina naranja.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, el Oficial del Estado Mayor Black se encuentra en su despacho, atendiendo una llamada.

Al otro lado del teléfono, en una sastrería de ropa de un pequeño pueblo, el Coronel Sliver.

– “Parece que ha pasado por aquí.” – confirma Silver.

– “Cuando encuentre al viejo, hágamelo saber.” – dice Black.

– “¿Quiere que lo mate?” – pregunta el soldado.

– “Cuide su ego, Coronel.” – dice el Oficial de Estado. – “Puede parecer un viejo carroza, pero Tsuru sigue siendo un experto en artes marciales…”

En el Monte Paoz, Ten Shin Han se ha dado cuenta de que el joven lleva la reliquia de Karín atada a la espalda.

– “¿Has dicho algo?” – pregunta el muchacho.

– “Ese báculo…” – dice Ten, sorprendido. – “¿De dónde…?”

– “¿Mi bastón mágico?” – se extraña el chico. – “Es un regalo de mi maestro.”

Ten hace una reverencia.

– “Necesito el báculo.” – dice Ten Shin Han. – “Préstamelo, por favor.”

– “¿Qué te preste mi bastón?” – se extraña de nuevo el joven. – “Ni hablar.”

– “El mundo está en peligro.” – insiste Ten. – “Y necesito esa reliquia sagrada para poder ascender hasta Kamisama y…”

– “¿Kamisama?” – repite el joven con una mueca de desconfianza. – “Ya, claro… Que no te lo doy.” – sentencia. – “Ya puedes irte por donde has venido.” – dice mientras le da la espalda.

El rostro de Ten Shin Han cambia de repente, tornándose serio y frío.

– “Lo he pedido por favor.” – advierte Ten.

– “Lo siento, extranjero.” – responde el joven, sin darse la vuelta.

En un parpadeo, Ten recorta la distancia entre ellos y agarra el bastón.

La leña cae al suelo. El joven se revuelve en un instante y lanza a Ten por los aires con una llave de lucha. 

Ten da una voltereta en el aire y cae de pie.

– “Sabes pelear…” – dice Ten. – “Por las marcas de tu frente, diría que eres un monje del Templo Orin… ¿Qué haces tan lejos de tu hogar?”

– “No toleraré que vengas hasta aquí y seas tú el que me pida explicaciones.” – responde el muchacho.

Los dos se miran fijamente. La brisa hace que los árboles se contoneen en el tranquilo Monte Paoz.

En un parpadeo, los artistas marciales se abalanzan el uno contra el otro.

Ten intenta propinar un puñetazo a su contrincante, pero éste lo esquiva y contraataca con una patada giratoria que Ten detiene.

Los dos retroceden, recuperando la distancia entre ellos.

– “No eres un simple monje…” – dice Ten.

– “Ni tu un extranjero cualquiera…” – responde el joven.

De nuevo, los luchadores se embisten e intercambian golpes, tanteándose.

Los dos dan un puñetazo a la vez, chocando sus puños.

– “¡Piedra!” – exclama el joven.

El monje sorprende a Ten metiéndole los dedos en los ojos, pillándolo por sorpresa.

– “¡Tijera!” – exclama.

Ten retrocede, dolorido, cerrando los ojos con fuerza.

– “¡Y PAPEL!” – anuncia el monje, listo para empujar a su contrincante.

Pero Ten le agarra el brazo. Su tercer ojo sigue abierto.

– “¡¿EH?!” – se sorprenden el joven.


Ten Shin Han lanza al joven contra un árbol con una técnica de judo.

El monje se levanta de un salto y se queja, sujetándose la espalda, dolorido.

– “Ay… ay…” – protesta el muchacho.

– “Maldita sea…” – Ten se frota los ojos. – “¿Cómo ha podido sorprenderme con una técnica tan simple…?” – se pregunta.

Ten levanta su dedo índice.

– “Te lo advierto, muchacho.” – amenaza con cierta vergüenza. – “Puede que no lo sepas, pero te estás enfrentando a Ten Shin Han.”

– “¿Tenshinhan?” – se extraña el joven. – “¿Cómo la tortilla de cangrejo?”

– “¡NADA QUE VER!” – protesta Ten.

El monje se pone en guardia.

– “Mira, muchacho… Yo me llamo Krilín.” – se presenta. – “No sé si debería conocerte o no, pero aquí arriba no llegan muchas noticias. No sé para qué quieres mi bastón, pero tampoco me interesa. Es un regalo y no te lo daré.”

Ten levanta de nuevo su dedo.

– “No me dejas alternativa.” – dice el guerrero de tres ojos con cierto pesar.

La punta de su dedo se ilumina.

– “¿Eh?” – se sorprende Krilín.

– “¡¡DODONPA!!” – Ten lanza su ataque.

Un rayo de energía amarillo avanza a toda velocidad hacia el monje, que reacciona instintivamente.

Desenfundando el bastón mágico, Krilín repele el Dodonpa de Ten hacia el cielo.

– “¡¿QUÉ?!” – se sorprende Ten.

Krilín apunta a Ten con el báculo.

– “¡Alárgate, bastón mágico!” – ordena el monje.

El báculo se alarga y sorprende a Ten, golpeándolo en el abdomen y empujándolo a través del bosque colindante.

El bastón no tarda en recuperar su tamaño original y Krilín lo enfunda.

– “Eso era muy peligroso…” – protesta el monje. – “Podrías matar a alguien con esa técnica.”

Pero como si nada, del bosque regresa Ten Shin Han, con una mano agarrándose el abdomen.

– “Esto me pasa por intentar contenerme…” – sonríe el guerrero de tres ojos.

– “Qué insistente eres…” – suspira Krilín.

En un parpadeo, Ten desaparece y reaparece detrás del monje.

– “¿EH?” – se sorprende Krilín, incapaz de seguir sus movimientos.

Con un codazo en la nuca, el monje es proyectado hacia delante, chocando de cara contra el suelo, creando un surco en el la tierra con su rostro.

Ten arranca el bastón de la espalda de Krilín. 

– “Lo siento, muchacho.” – dice Ten. – “Pero el destino de la Tierra depende de esto.”

Pero el monje aún no ha dicho su última palabra. Dolorido, intenta levantarse.

– “Vaya…” – refunfuña Ten, con sorpresa y hastío. – “Qué resistente…”

De repente, Ten se da cuenta de que el joven se ha convertido en un espejismo, y tres más se encuentran dando vueltas alrededor del guerrero de tres ojos.

– “No puedes engañar a mi vista…” – sonríe Ten, mirando a cada una de las figuras danzantes.

Krilín se abalanza sobre Ten, que detiene cada golpe del monje con el bastón aún enfundado, pero el monje logra golpear la muñeca de Ten, haciendo que el bastón salte por los aires y caiga a varios metros de distancia.

El monje retrocede, de nuevo en guardia.

– “¡Ka… Me…!” – recita Krilín, juntando las manos y llevándolas a su costado derecho de su cadera. – “¡Ha… Me…!”

Una esfera de energía azulada se manifiesta entre sus manos.

– “¡NO PUEDE SER!” – se sorprende Ten.

– “¡¡HAAAAA!!” – el monje proyecta su ataque.

Ten Shin Han se apresura a realizar una serie de sellos con sus manos mientras el ataque se aproxima.

– “¡¡KYAAAA!!” – grita Ten en el instante que iba a recibir impacto.

La esfera de energía azul se frena repentinamente; fenómeno al que Krilín asiste atónito.

Y como una exhalación, a una velocidad incluso superior a la que había sido lanzado, el Kamehameha regresa a su emisor.

Krilín intenta cubrirse rápidamente, pero recibe el impacto de su propia técnica, que estalla y lo lanza al suelo, haciendo trizas la parte superior de si gi.

Ten Shin Han recupera el bastón y camina hasta el joven.

– “El Kamehameha… La técnica insignia de la Escuela Tortuga…” – piensa Ten.

Ten se da cuenta de que el joven aún respira, quejoso.

– “¿Quién demonios es este tipo?” – se pregunta Ten.

Una tos ronca llama la atención de Ten. La continua tos proviene de la cabaña. 

Ten se queda un instante ensimismado. Después mira de nuevo al joven malherido, y de nuevo al Báculo Sagrado en su mano.

Ten Shin Han se agacha y saca la semilla senzu que le dio Karín y se la da a su contrincante.

– “Cómete esto.” – dice Ten. – “Verás como recuperas tus fuerzas.”

El joven la mastica con dificultad y de repente abre los ojos, completamente recuperado.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado?” – se pregunta Krilín, mirándose las manos.

– “Es una semilla mágica.” – dice Ten, levantándose.

Krilín se levanta de un salto.

– “Increíble…” – dice el monje. – “¡Me siento genial!”

Ten entrega el báculo a Krilín.

– “Toma.” – dice Ten Shin Han.

– “¿Me lo devuelves?” – se extraña el monje. – “¿Por qué?”

Ten da la espalda al monje mientras esboza una media sonrisa.

– “Buena suerte, Krilín.” – se despide antes de alzar el vuelo a toda velocidad.

El monje se queda perplejo al ver a un humano volando.

– “Qué tipo tan raro…” – murmura el monje.

La tos del anciano continúa.

– “¡Maestro!” – exclama Ten, apresurándose a entrar a la cabaña.

Ten Shin Han no tarda en regresar a la Torre de Karín, donde el Duende ya lo espera en el tejado.

– “¿Y bien?” – pregunta Karín.

– “Lo siento.” – se disculpa Ten. – “No traigo el báculo.”

– “Hmm…” – sonríe el gato. – “Puede que te haya subestimado…”

– “¿Eh?” – se extraña un confuso Ten.

Karín saca de nuevo el cascabel.

– “Aquí tienes.” – se lo entrega.

– “¿De verdad?” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Dijiste que podías llegar volando, ¿no es así?” – sonríe Karín.

– “Creo que sí…” – dice Ten, mirando al cielo.

– “Mucha suerte.” – se despide el felino.

– “Gracias, Duende Karín.” – asiente Ten, con una sonrisa en su rostro.

El guerrero de tres ojos alza el vuelo y desaparece en el cielo azul.

En la cabaña del Monte Paoz, Krilín acerca un vaso de agua a un anciano tumbado sobre un futón.

El viejo luce un gran bigote blanco y una camiseta interior de tirantes blanca, cubierto hasta el cuello por edredón.

– “Aquí tiene, maestro…” – dice Krilín, sujetándole la cabeza para que pueda beber.

– “Krilín…” – dice el anciano. – “Eres un buen chico…”

Krilín le limpia la boca y reposa de nuevo su cabeza en la almohada.

El joven se cambia la parte superior del gi por una nueva.

– “¿Qué ha pasado?” – pregunta el anciano.

– “Ha llegado un muchacho buscando pelea…” – responde Krilín, quitándole hierro al asunto.

– “Debía ser muy fuerte…” – dice el maestro.

– “Sí, mucho…” – dice Krilín, que sin darse cuenta esboza una media sonrisa.

El viejo maestro sonríe al ver a su alumno emocionado.

– “Ya veo…” – dice el anciano. – “Creo que… creo que ha llegado el momento de que sigas tu camino…” – dice el anciano.

– “¿Mi camino?” – se extraña Krilín. – “No voy a dejarle, maestro Gohan.”

Son Gohan sonríe y cierra los ojos.

– “El mundo es muy grande… y puede ser maravilloso…” – dice el anciano. – “Descubrirlo es una verdadera aventura mística.”

Krilín mira a su anciano maestro y sus ojos se llenan de lágrimas al ver que Son Gohan ha dejado esta vida con una sonrisa en su rostro.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte X: La Torre de Karín

Red World / Parte X: La Torre de Karín

“Beber del Agua Sagrada otorga un poder extraordinario.” 

Ten Shin Han ha escalado la Torre de Karín con relativa facilidad. Al anochecer, ya ha puede ver la cima.

En el Cuartel General de la Red Ribbon, Tsuru se escabulle entre los focos que iluminan el perímetro interior de la muralla.

De un salto la supera, pegándose enseguida a la pared para evadir otro foco que examina el exterior.

– “Hora de abandonar el barco…” – piensa el anciano. – “Con Ten Shin Han y Tao desaparecidos, no tardarán en pedirme explicaciones… ¡Esos dos no han sabido ver el buen negocio que teníamos!”

Ten Shin Han ha alcanzado la atalaya en lo más alto de la torre y se ha colado por uno de los agujeros en la base, accediendo así a su interior.

No hay nadie. Solo una pequeña cama y una docena de grandes tinajas decoradas con un rombo rojo.

Ten encuentra una escalera que sale al exterior y sube por ella al piso superior, donde se encuentra con una zona circular con vistas al mundo, rodeada por columnas, con una escultura central que soporta una bonita botella decorada con piedras preciosas.

Ten Shin Han se acerca a ella con curiosidad.

– “Has llegado a la cima.” – una voz sorprende a Ten.

El guerrero se da la vuelta y se encuentra con un pequeño y rechoncho gato blanco apoyado en un bastón.

– “Soy el Duende Karín.” – se presenta el felino.

Ten Shin Han hace una reverencia.

– “¿Por qué estás aquí?” – le interrumpe el gato con cierto recelo.

– “Un anciano me dijo…” – responde Ten.

– “No, no…” – niega Karín. – “Prueba otra vez.”

Ten Shin Han duda un instante.

– “Busco redención.” – rectifica Ten.

– “Hmm…” – murmura el gato. – “Redención… ¿No es lo que buscamos todos?”

– “He cometido muchos errores en mi vida.” – dice Ten. – “Quiero enderezar mi camino.”

– “Un objetivo noble…” – murmura Karín. – “Pero has hecho mucho mal… ¿qué te hace merecedor de tal redención? ¿Por qué un asesino como tú debería poder calmar su corazón? ¿Acaso no es el remordimiento la mínima condena merecida por tus actos?”

Ten Shin Han agacha la cabeza, pensativo.

– “Pensé que en la cima de la torre encontraría a Kamisama.” – dice Ten, molesto.

– “Kamisama…” – repite Karín. – “Yo seré quién decida si eres digno de su presencia.”

– “Pero él me dijo…” – insiste Ten.

– “Sé muy bien lo que te dijo.” – le interrumpe el felino.

Ten aprieta los puños, frustrado.

– “En pocos años, la Tierra será…” – explica Ten.

– “¡Oh! ¿La Tierra?” – Karín finge sorpresa. – “¿Ahora es la Tierra? Pensé que habías venido buscando redención…”

– “Tsk…” – protesta Ten.

El gato da la espalda a Ten Shin Han y camina hasta el pilar central.

– “¿Ves esa botella?” – pregunta Karín. – “Es el Agua Sagrada.”

– “¿Eh?” – se extraña Ten.

– “Beber del Agua Sagrada otorga un poder extraordinario.” – dice el gato.

– “¿Un poder extraordinario?” – se sorprende Ten Shin Han.

– “Tranquilo, esa de ahí es solo un truco.” – confiesa el gato.

– “¿Qué?” – replica un confuso Ten.

– “Escalar la torre y robarme el agua es mi pequeño ritual para fortalecer a todo el que llega hasta aquí.” – dice el gato. – “Al mismísimo Kamisama le costó tres años arrebatármela.” – sonríe.

– “¡¿Tres años?!” – exclama Ten.

Karín asiente.

– “Fue hace mucho tiempo.” – sonríe el felino.

– “Quiero intentarlo.” – responde Ten, motivado.

– “No seas ridículo.” – responde Karín, con cierto desdén. – “Para ti no sería ni un calentamiento.”

– “¿Eh?” – se sorprende una vez más el asesino. – “¿Qué significa eso?”

Karín se rasca la barbilla.

– “A lo mejor…” – refunfuña el gato.

– “¿Qué ocurre?” – insiste Ten.

El gato se marcha hacia la escalera.

– “Ahora vuelvo.” – se despide.

En el comedor del Cuartel General de la Red Ribbon, los androides 17 y 18 están sentados en una mesa, comiendo solos y en silencio, mientras los otros soldados están sentados en grandes grupos, hablando entre ellos. Todos comen de bandejas racionadas.

El 17 mira de reojo las otras mesas. La 18 mira fijamente su sopa.

– “No somos como ellos.” – dice la androide.

– “¿Eh?” – reacciona el 17.

– “No somos humanos.” – insiste ella.

– “Bueno, técnicamente…” – responde el 17.

De repente, un soldado se acerca a la mesa con una bandeja. Viste el uniforme regular con una gorra.

– “Hola.” – saluda el soldado. – “¿Me puedo sentar?”

Los androides se miran entre ellos, sorprendidos.

El soldado se sienta.

– “Así que sois los famosos androides de los que todos hablan.” – dice el soldado.

– “¿No nos tienes miedo?” – pregunta el 17.

– “¿Miedo?” – sonríe el soldado. – “No, yo no.”

– “¿Cómo te llamas?” – pregunta la 18.

– “Zendaki” – responde el soldado. – “Pero mis amigos me llaman Puar.”

Durante un instante, el Número 17 se queda perplejo, como si hubiera visto un fantasma.

– “¿Y por qué no te sientas con los demás?” – pregunta la 18, sacando al 17 de su trance. – “¿Eres el rarito del grupo?”

– “Más o menos… jaja” – ríe tímidamente el joven. – “Es que mañana me toca hacer guardia en el laboratorio y pensé que sería buena idea presentarme.”

– “Pues ya lo has hecho.” – replica la 18, tajante.

– “Sí, supongo que sí…” – responde tímidamente, mientras agarra su bandeja y se levanta. – “No quería molestar. Nos veremos mañana.”

El chico se despide.

– “Hasta luego…” – se despide el 17. – “…Puar.” – murmura.

El soldado se aleja rápidamente, agachando la cabeza para ocultar sus ojos lagrimosos bajo la visera de su gorra.

En la Torre de Karín, ya es de noche. El gato trae una tetera con un rombo rojo en el lateral con la inscripción en kanji “Kami” y la posa en el suelo, frente a Ten Shin Han.

– “¿Qué es eso?” – pregunta Ten.

– “Esta es la verdadera Agua Sagrada.” – responde Karín.

– “¿La verdadera?” – repite Ten, confuso.

Karín asiente.

– “La leyenda dice que quien beba de esta agua obtendrá un poder extraordinario.” – explica el felino.

– “¿Es otro truco?” – se extraña Ten.

Karín lo niega.

– “Pocas personas han bebido de esta agua.” – explica el felino. – “Y ninguna ha sobrevivido.”

– “¿Es una broma?” – protesta Ten. – “¿Y Kamisama?”

– “Ni el mismísimo Kamisama se atrevió a probarla.” – responde Karín.

– “¡¿Cómo?!” – se sorprende Ten.

– “Las leyendas que rodean el Agua Sagrada son diversas y confusas.” – explica Karín. – “Algunas se refieren a ella como el té de los Dioses… otras hablan de una infusión echa a partir de la semilla de un Árbol Sagrado que se erguía donde ahora se encuentra esta misma torre… incluso hay algún relato sobre cómo tal brebaje fue hervido sobre la llama que calienta el mismísimo horno de ocho divisiones…”

– “¿Pero funciona?” – interrumpe Ten. 

– “Hmm…” – murmura Karín. – “No sé si eres valiente o inconsciente… ¿Acaso no has oído mis palabras?”

– “Si me hará más fuerte, quiero intentarlo.” – insiste Ten Shin Han.

– “Superar una prueba como esta precisa de verdadera convicción.” – explica Karín.

– “Déjeme intentarlo.” – insiste Ten, una vez más. – “Parece que duda de mis intenciones, pero… ¿qué puede perder? Si muero, usted tendrá una preocupación menos. Y si sobrevivo, creo que habré probado la fuerza de mis convicciones.”

Karín se rasca la barbilla, pensativo.

– “Es posible…” – murmura el felino.

Ten Shin Han se arrodilla y se inclina hacia delante con ambas manos en el suelo, haciendo una reverencia.

– “Se lo suplico.” – insiste Ten. – “Déjeme intentarlo.”

El felino suspira.

– “Está bien.” – responde.


Ten se reincorpora, sentándose sobre sus pies, arrodillado.

– “Pero antes de empezar, tómate esto.” – dice el felino.

Karín lanza con su pulgar una pequeña semilla que Ten caza al vuelo.

– “¿Qué es?” – pregunta Ten Shin Han.

– “Una semilla senzu.” – responde el gato. – “Repondrá tus fuerzas.”

– “No estoy cansado.” – responde Ten.

– “Necesitarás cada onza de energía de tu cuerpo para superar el reto.” – dice Karín. – “Te aconsejo que te la tomes.”

Ten Shin Han engulle la semilla y no tarda en sentir sus efectos.

– “Oh…” – se sorprende el guerrero de tres ojos. – “Me siento lleno de energía…” – se mira las manos. – “Incluso siento mi estómago lleno…”

Karín agarra el vaso que taponaba el pico de la tetera y lo coloca frente a Ten.

– “Es el momento de la verdad…” – sentencia el Duende.

Karín le sirve.

– “Será doloroso.” – advierte el gato.

– “Estoy listo.” – afirma un estoico Ten Shin Han.

El guerrero de tres ojos agarra el vaso y observa el contenido fijamente, mentalizándose.

Finalmente, Ten Shin Han vacía el vaso de un trago.

Tras un momento de silencio, Ten siente como le arde la garganta. El guerrero se sujeta el cuello mientras se retuerce en el suelo en agonía.

En la oscuridad de su mente, dos figuras humanas se alzan sobre él, tornándose gigantes frente a un minúsculo Ten Shin Han.

Las dos figuras se transforman en dos grullas que intentan pisotear a Ten, que corre de un lado a otro, escabulléndose entre las largas piernas de las aves.

De repente, Ten se tropieza con una cinta roja que se ha enrollado en su tobillo.

El asesino intenta liberarse, pero la cinta repta por sus piernas, envolviéndolo en un capullo de seda roja.

Ten Shin Han grita, pero la cinta alcanza su boca, silenciándolo.

En la torre, Karín observa el cuerpo inmóvil de Ten y puede oír como su corazón late cada vez más despacio.

El Duende agacha la cabeza, apenado.

– “Lo siento, muchacho.” – suspira el felino.

En su pesadilla, Ten Shin Han abre los ojos. 

Una figura oscura y monstruosa, casi demoníaca, de cuatro brazos y tres ojos se presenta frente a él, con el kanji “Satsu” tatuado en rojo en su espalda.

Ten retrocede ante tan aterradora bestia, que clava su mirada airada en él.

El guerrero intenta usar el Taiyoken, pero el destello que emite es sombrío e incapaz de iluminar su entorno.

El monstruo embiste. Ten intenta defenderse, pero la bestia lo supera.

Como un animal rabioso, la monstruo estampa a Ten contra el suelo y le propina una paliza a base de puñetazos. Cada vez que Ten intenta defenderse, uno de los brazos de la bestia logra inmovilizarlo para poder seguir golpeándole con los demás.

Karín escucha como el corazón de Ten Shin Han se detiene por completo. 

Silencio en la Torre de Karín.

De repente, un destello de luz empuja al monstruo y lo aleja de Ten.

Confuso, el malherido guerrero observa como una figura luminosa de apariencia infantil aparece frente a él y avanza levitando a pocos centímetros del suelo hacia la bestia.

– “Chaoz…” – murmura Ten.

Karín puede oír al guerrero murmurar.

– “¿Hmm…?” – se sorprende el Duende.

El monstruo se abalanza sobre la figura de luz como un depredador sobre su presa.

Parece que la bestia la atrape entre sus manos, pero la figura se desvanece para reaparecer de nuevo detrás del monstruo.

El demonio lo intenta de nuevo, pero lo mismo sucede.

Karín se acerca al cuerpo de Ten, acercando su oreja a su rostro.

El monstruo lo intenta una vez más… y esta vez parece haberlo logrado.

Pero al darse la vuelta, la bestia se da cuenta de que la figura luminosa se encuentra montada en su espalda, agarrándose a los brazos que nacen de su espalda, sobre el gran tatuaje “Satsu”.

La luz de la figura es cada vez más intensa.

– “Chaoz…” – murmura de nuevo Ten.

– “Adiós, Ten…” – retumba la voz de su preciado amigo. – “No te olvides de mí, ¿eh?”

En la Torre de Karín, Ten Shin Han abre los ojos.

– “¡¡CHAOZ!!” – exclama el guerrero.

– “¡¡AAAAH!!” – se sobresalta el felino.

Ten Shin Han está confuso, mirando a su alrededor.

– “¿Qué…? ¿Qué ha pasado…?” – se pregunta el guerrero.

– “¡NO ME DES ESTOS SUSTOS!” – protesta Karín.

Ten observa el vaso vacío en el suelo.

– “¿Lo he… conseguido…?” – se pregunta, sorprendido.

– “Impresionante…” – piensa Karín. – “Es la primera vez que un humano sobrevive al brebaje…”

Y así, el primer rayo de luz del amanecer baña la Torre de Karín.

Ten Shin Han se pone en pie, observando sus manos mientras las abre y las cierra con cara de asombro.

– “¿Cómo te sientes?” – pregunta Karín.

– “Me siento…” – responde Ten, apretando los puños con fuerza. – “¡…mejor que nunca!” – sonríe.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Parte IX: La Tierra Sagrada

Red World / Parte IX: La Tierra Sagrada

“El chico ya no es tuyo para atormentar.”

En el Palacio de Uranai Baba, el fantasma sale a buscar nuevos clientes. Una gran cola de hombres fornidos y caballeros bien vestidos espera a las puertas del oasis.

– “¿Siguiente?” – pregunta el ayudante de la bruja.

El fantasma acompaña a un grupo de hombres fornidos al interior del palacio.

El tiempo pasa y el fantasma sale de nuevo a buscar clientes.

– “¿Siguiente?” – pregunta de forma rutinaria, sin levantar la mirada de una pequeña carpeta.

Pero al mirar a su alrededor, se encuentra con un páramo desértico. Solo una persona espera en la cola, rodeada por tres cadáveres en la arena.

– “Yo.” – responde el asesino Tao Pai Pai.

Han pasado tres días desde que Ten Shin Han ha desaparecido.

Muy lejos de allí, Ten Shin Han atraviesa un denso bosque que apenas deja ver el cielo.

De repente, Ten llega a un claro y se queda boquiabierto frente a una gran estructura que se alza frente a él.

– “¿Qué…? ¿Qué es eso?” – se pregunta el guerrero de tres ojos. – “¡Es impresionante!”

Una voz sobresalta a Ten.

– “Estás entrando en la Tierra Sagrada de Karín, extranjero.” – dice una voz profunda.

Ten mira a su alrededor y se encuentra con un hombre de gran tamaño, nativo de la zona, armado con una lanza.

– “Me llamo Bora.” – continúa el indígena. – “Y soy el guardián de la Tierra Sagrada.”

Ten Shin Han hace una pequeña reverencia.

– “Me llamo… Chaoz.” – responde Ten.

– “¿Chaoz?” – repite el indígena.


Ten asiente.

– “¿Qué intenciones tienes, Chaoz?” – pregunta Bora.

– “Hace unos años, un anciano me dijo que, si necesitaba ayuda, viniera a estas tierras.” – dice Ten.

– “Hmm…” – murmura Bora. – “¿Buscas fuerza? ¿Sabiduría?”

– “Perdón.” – responde Ten.

Bora sonríe.

– “Esa respuesta es nueva.” – dice Bora.

El indígena parece relajarse y deja su lanza clavada en el suelo.

Mientras tanto, en el Palacio de Uranai Baba, Tao Pai Pai se encuentra sobre una plataforma formada por las lenguas de dos entes demoníacos gigantes de piedra a decenas de metros de un pozo de ácido.

El asesino sostiene por el cuello a una corpulenta momia que mira con miedo el resplandor verde que emana del fondo del pozo.

– “Basta de juegos, vieja bruja.” – dice el asesino. – “He derrotado a tus patéticos guerreros, así que me debes una respuesta.”

– “Los años no te han hecho más sabio, Tao.” – dice Baba, sentada sobre su bola de cristal flotante.

– “¿Dónde está Ten Shin Han?” – insiste el asesino.

– “Suelta a mi luchador.” – dice Baba.

Tao sonríe.

– “Como desees.” – responde el asesino, que deja que la momia se precipite hacia el pozo de ácido.

– “Eres un miserable…” – dice la bruja, apretando los puños con rabia.

Una voz resuena desde la oscuridad de la boca de un gigante de piedra.

– “Tranquila, abuela.” – dice una voz masculina.

Un guerrero demoníaco con cuernos y alas de murciélago sale a la luz.

– “A mí no me ganará tan fácilmente.” – sentencia el diablo.

En el despacho del Rey del Mundo, el Comandante Red está siendo informado por teléfono, por el Oficial del Estado Mayor Black, de la desaparición de Ten Shin Han y Tao Pai Pai.

– “¿Cómo que habéis perdido contacto?” – pregunta confuso y enfadado.

– “Lo siento, señor.” – dice Black por el altavoz. – “Ten Shin Han salió a una misión, que llevó a cabo con éxito, y después perdimos contacto…” – explica. – “Tao Pai Pai fue informado y se ha marchado esta mañana.”

– “¿Estás seguro de que se ha marchado?” – pregunta Red.

Black mira hacia el balcón, donde falta otra columna.

– “Sí, señor.” – confirma el Oficial.

Red cuelga el teléfono repentinamente.

– “Esas ratas… ¿están abandonando el barco?” – refunfuña.

En el Palacio de Baba, sobre la lengua de los demonios, Akkuman recibe el impacto de del Dodonpa en el pecho y es empujado contra una de las estatuas de piedra, desfigurando el rostro del demonio rocoso.

Akkuman cae sobre la lengua pétrea, malherido.

– “Bastardo…” – refunfuña el diablo, que tose sangre.

– “No diré que esperaba más de un bicampeón del Torneo Mundial de Artes Marciales…” – dice Tao. – “…porque la idea de enfrentarse en un torneo tan lleno de normas siempre me ha parecido patética.”

– “Tsk…” – intenta levantarse Akkuman, sin éxito.

– “Pero de un demonio…” – sonríe Tao con prepotencia. – “Esperaba un poco más de instinto asesino.”

Baba se acerca a Tao Pai Pai por la espalda, flotando sobre su bola de cristal.

– “Está bien…” – dice Baba. – “Ya es suficiente…”

– “¿Dónde está Ten Shin Han?” – pregunta Tao, centrando su atención en la bruja, despreciando al demonio caído dándole la espalda.

– “El chico ya no es tuyo para atormentar.” – dice Baba. – “Aunque lo encuentres, no volverá contigo.”

– “Deja que de eso me encargue yo.” – sonríe el asesino.

De repente, un ataque espiral de energía mágica de color fucsia se aproxima a Tao por la espalda.

El asesino se revuelve y con prepotencia extiende su mano para detener el ataque.

Pero la energía fucsia ignora su gesto y al entrar en contacto con el asesino lo envuelve en una esfera de luz.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta Tao Pai Pai, confuso ante tan extraña técnica.

– “A… Akkuman…” – se sorprende Baba.

El demonio, malherido, se ha puesto en pie, con sangre derramándose por la boca, y ha lanzado el ataque con sus dedos.

– “El asesino Tao Pai Pai…” – dice Akkuman.

Tao puede sentir como en su interior algo se revuelve.

– “¡¿Aagh?!” – se queja, confuso, sujetándose el pecho como sufriera un infarto. – “¡¿Qué…?! ¡¿Qué me has hecho…?!”

– “Tu maldad será la causante de tu derrota.” – dice Akkuman.

– “¡¡AAAH!!” – se retuerce Tao, cayendo de rodillas.

Su espalda y su pecho revelan pequeños bultos que poco a poco crecen, como si algo en su interior intentara salir. El terror puede verse en sus ojos y contrasta con su gesto natural inexpresivo. 

La noche ha caído en la Tierra Sagrada. Ten Shin Han y Bora están sentados alrededor de una hoguera frente a un tipi. Cerca de allí, el hijo del guardián, Upa, persigue una luciérnaga.

– “Así que piensas intentar escalar la torre mañana…” – dice Bora, avivando el fuego con un palo.

Ten Shin Han asiente.

– “Volaré hasta la cima.” – dice Ten.

– “Hmm…” – murmura Bora. – “Si no subes de la forma correcta, serás rechazado.”

– “¿Rechazado?” – pregunta Ten.

Bora siente.

– “Tienes que subir sin ayudas.” – dice el guardián de la Tierra Sagrada.

– “Volar no es una ayuda.” – replica Ten. – “Es mi propia técnica.”

– “A veces, Chaoz…” – dice Bora. – “Las normas se siguen como una forma de respeto. Tus intenciones quedan reflejadas en tus acciones.”

De repente, un ruido entre la maleza los alerta. Bora se pone en pie y agarra su lanza, que reposaba a su lado.

– “¡Upa!” – exclama Bora. – “¡Entra en la tienda!” – ordena.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Ten. – “¿Un animal?”

– “No.” – responde Bora. – “Es otra cosa…”

Un zumbido aumenta rápidamente y pronto son rodeados por un escuadrón de Battle Mechs; robots automatizados derivados de las Battle Jackets con propulsores en lugar de piernas y armados con ametralladora en los brazos.

– “La Red Ribbon…” – murmura Ten, frunciendo el ceño.

Desde su despacho, el Comandante Red observa la situación a través del ojo rojo de los robots.

– “Ahí estás…” – gruñe el pequeño líder.

Un pitido de acoplamiento ensordece a Bora y a Ten antes de que se pueda oír la voz metalizada de Black, que habla desde su despacho.

– “¡ASESINO TEN SHIN HAN!” – dice el altavoz de uno de los robots. – “¡HAS SIDO ACUSADO DE TRAICIÓN A LA GRAN EJÉRCITO DE LA RED RIBBON!”

– “¿Ten Shin Han?” – murmura Bora, mirando de reojo y con desconfianza a su acompañante de tres ojos.

– “¡VUELVE A LA BASE AHORA MISMO PARA SER INTERROGADO Y JUZGADO!” – continúa Black.

Ten Shin Han identifica cada uno de los Mechs; cinco en total.

– “Asesino…” – gruñe Bora. – “Me has mentido… y has traído a la Red Ribbon hasta la Tierra Sagrada…”

– “Protege a tu hijo.” – responde Ten. – “Son asunto mío.”

Los Battle Mechs apuntan con sus ametralladoras al asesino.

En un parpadeo, Ten ha desaparecido de la vista de los robots y cae sobre uno de ellos, atravesando su cabeza de un puñetazo.

Los demás se giran para verlo.

– “¡FUEGO!” – ordena Black.

Los cuatro robots restantes disparan a discreción y masacran a su ya desactivado compañero, mientras Ten Shin Han desaparece de nuevo.

Ten reaparece detrás de un robot y le propina una fuerte patada que lo lanza contra otro, y ambos se estrellan contra el suelo.

– “Ahora veras…” – refunfuña Black.

Uno de los robots se inclina hacia delante, revelando un compartimento en su espalda del que sale proyectado un misil.

Ten no duda en interceptar el misil con una patada que lo lanza hacia arriba.

El misil estalla en el cielo, iluminando el bosque y lloviendo trozos de metralla ardiente.

Ten se abalanza contra el robot y usa su técnica del puño ametrallador para convertir en chatarra al robot.

De repente, los gritos de Upa alertan a Ten Shin Han. 

Bora yace en el suelo con el hombro ensangrentado, y el Mech restante tiene atrapado a Upa con un brazo mientras aún apunta a Bora con el otro. 

– “Suelta al chico, Black.” – dice el asesino.

– “A mí el chico no me importa.” – responde Black, que ahora apunta a Ten Shin Han. – “¡HAS DESERTADO DEL EJÉRCITO DE LA RED RIBBON! ¡AHORA ERES CONSIDERADO UN ENEMIGO DEL MUNDO! ¡TU SENTENCIA ES LA MUERTE!”

Ten Shin Han levanta el dedo índice y éste se ilumina.

El Mech deja de apuntar a Ten y ahora apunta a la cabeza de Upa.

– “¡DETENTE!” – exclama Black. – “¡VOY A MATAR AL…!”

– “¡DODONPA!” – dispara Ten.

Como un rayo de luz, el ataque de la Escuela Grulla atraviesa la cabeza del robot entrando por su ojo y saliendo por la nuca, desactivándolo al instante.

El robot cae y Upa queda libre.

El muchacho enseguida acude a socorrer a su padre herido.

– “Asesino…” – murmura Bora. – “Gracias…”

Ten Shin Han camina hasta uno de los robots derribados, que chispea por los daños, y se acerca a su ojo.

– “Black…” – murmura Ten. – “Y apuesto a que el enano gruñón también me está viendo…”

– “¡¿QUÉ ME HA LLAMADO?!” – protesta Red desde su despacho.

– “No soy un enemigo del mundo.” – dice Ten Shin Han. – “Soy consciente de la amenaza que nos acecha y pienso luchar a vuestro lado cuando llegue el día…”

– “Hmm…” – murmura Black.

– “Nos veremos en el campo de batalla.” – sentencia Ten.

Red ve en su ordenador como Ten golpea al robot y se pierde la señal.

– “¡¡NO PUEDO PERMITIR QUE ME HABLE ASÍ!!” – exclama Red. – “¡OFICIAL DEL ESTADO MAYOR BLACK! ¡LO QUIERO MUERTO! ¡¿ME OYE?! ¡MUERTO!”

– “Señor…” – dice Black. – “Comparto su opinión… Pero puede que no sea el momento.”

– “¡¿CÓMO DICES?!” – protesta Red, crispado. – “¡¿OSAS DESOBEDECER UNA ORDEN DIRECTA?!”

– “No, señor. No se me ocurriría.” – dice Black, mientras una gota de sudor frío recorre su frente. – “Pero parece que Ten Shin Han tiene intención de luchar a nuestro lado contra los extraterrestres.”

– “¡¿Y QUÉ?!” – sigue protestando el Comandante.

– “Podemos utilizarlo.” – dice Black. – “No cabe duda de que ese traidor sabe pelear. Creo que podemos usarlo a nuestro favor y después encargarnos de él, si es que los extraterrestres no lo hacen ya por nosotros.”

– “PERO… pero…” – duda Red, intentando calmarse. – “Me ha llamado enano…”

– “Usted está por encima de cualquier tipo de ofensa, señor.” – dice Black. 

– “Pero…” – insiste Red. – “Su marcha puede interpretarse como una muestra de debilidad…”

– “Ocultaremos el incidente al público.” – continúa Black. – “Nadie sabrá que el asesino ha desertado.”

– “Maldita sea…” – gruñe Red. – “¡Ya lo sé! ¡No diremos nada! ¡La gente seguirá creyendo que pelea en nuestro nombre!”

– “Eso es lo que yo…” – dice Black.

– “¿Cómo dices?” – pregunta Red, amenazante.

– “¡Una idea excelente, señor!” – rectifica Black. – “¡Bravo!”

Los primeros rayos de sol se filtran entre las hojas de los árboles de la Tierra Sagrada de Karín. 

Upa está vendando a Bora frente al tipi.

– “¿Te duele mucho, papá?” – pregunta su hijo.

– “No pasa nada.” – responde Bora.

– “Tu padre es un hombre fuerte.” – dice Ten Shin Han, saliendo del tipi.

Ten Shin Han camina hasta la base de la imponente torre.

– “Me mentiste.” – dice Bora.

– “Lo siento.” – responde Ten. – “Mi reputación no es buena.”

– “Chaoz…” – murmura Bora. – “¿Es ese nombre parte de tu nuevo camino?”

Ten Shin Han sonríe.

– “Ha sido un placer.” – alza la mano para despedirse.

Bora sonríe.

– “Te deseo suerte.” – responde el guardián.

Ten Shin Han empieza a escalar la Torre de Karín.

ESPECIAL DBSNL /// Red World // Universos 1 y 2 / Part VIII: A sueldo

Red World // Parte VIII: A sueldo

“El negocio es el negocio.” 

En el Cuartel General de la Red Ribbon, en el dojo, Ten Shin Han medita de rodillas y a oscuras sobre el tatami.

– “¡Ten!” – retumba la voz alegre de Chaoz. – “¡JAJA!”

– “Maestro.” – dice Ten. – “Creo que estoy preparado.”

– “¿Eso crees?” – pregunta Tsuru.

– “Si quieres ser un asesino, debes probar tu valía.” – dice Tao Pai Pai.

El sonido de una puerta metálica pesada abriéndose saca a Ten Shin Han del trance.

– “Señor.” – saluda un soldado, dejando entrar la luz exterior por una rendija. – “El Oficial del Estado Mayor Black solicita su presencia.”

En unos minutos, Ten Shin Han entra al despacho del Oficial, que se encuentra reunido con un soldado pasado de peso, vestido con pantalón corto y luciendo un pequeño bigotillo, que lleva un pergamino enrollado en su mano.

– “¿Quería verme, señor?” – pregunta Ten.

– “Así es.” – confirma Black. – “Le presento al Capitán Dark.” – presenta a su acompañante.

– “Un placer.” – asiente Dark.

– “¿En qué puedo ayudarles?” – pregunta Ten.

Dark extiende el pergamino sobre la mesa, revelando un mapa de la zona.

– “Para abastecer el Cuartel General y la nueva fábrica de armamento, la Red Ribbon ha reforzado una vieja presa en esta zona.” – señala con el dedo río al sur de la base. – “Eso ha provocado que esta aldea más al sur haya quedado poco abastecida de agua… Y no parecen demasiado contentos.”

– “Están intentando sabotear la presa cada dos por tres.” – añade Black.

– “¿Y sus hombres no pueden encargarse de una panda de campesinos?” – dice Ten.

– “Podrían.” – responde Dark. – “Pero eso implica varios pelotones, con su transporte, sus raciones…”

– “Yo había sugerido poner a prueba el nuevo escuadrón de Battle Mechs…” – dice Black. – “Pero el señor Tao Pai Pai ha sugerido que vaya usted.” – dice Black.

Ten observa el mapa durante un instante.

– “Si el maestro Tao Pai Pai lo ha sugerido, me encargaré de ello.” – asiente Ten.

– “Tendrá su transporte listo en media hora.” – dice Black, entregándole un pequeño comunicador discoidal.

– “No es necesario.” – dice Ten, guardándose el dispositivo en su gi.

– “Disculpe mi osadía, señor Ten Shin Han.” – dice Black. – “Pero la fachada del Cuartel General nos gusta tal y como está…”

– “No se preocupe.” – responde Ten, dirigiéndose al balcón. – “Me apetece hacer ejercicio.”

Ten sale al balcón y se sube en la barandilla ante la mirada atenta de Black y Dark. El Oficial del Estado Mayor se inclina sobre su mesa para poder ver lo que ocurre.

Ten Shin Han salta al vacío para después salir volando hacia el sur.

Tras unos minutos de vuelo, Ten nota vibrar su comunicador y se detiene en el aire para responder.

– “Adelante.” – dice al activarlo.

Una figura holográfica de Tao Pai Pai de unos 20 centímetros se presenta sobre la plataforma discoidal.

– “Hola, Ten Shin Han.” – saluda Tao.

– “Saludos, maestro.” – responde Ten.

– “Te sorprenderá que te haya propuesto para esta misión.” – dice Tao.

– “No pongo en duda sus motivos.” – responde Ten.

Tao sonríe.

– “Ju, ju…” – ríe Tao. – “Bien… Acaba rápido la misión, porque tenemos un cliente generoso cerca de allí.”

– “¿Un cliente?” – pregunta Ten, un poco confuso. – “Creía que teníamos un contrato de exclusividad con la Red Ribbon…”

– “El negocio es el negocio.” – responde Tao. – “Acaba tu misión y reúnete con él en las coordenadas que te mandaré. Parece un ajuste de cuentas. No creo que tardes mucho y además paga al contado. Un setenta para mí y un treinta para ti.”

– “Como desee, maestro.” – asiente Ten.

En unos minutos, Ten Shin Han aterriza en la entrada de la presa, donde varios soldados armados hacen guardia.

– “Señor Ten Shin Han” – se ponen firmes.

Entre los soldados hay varios gilas con camisas de la Red Ribbon.

Uno de ellos se acerca al asesino.

– “Buenos días, bicampeón.” – saluda el dragón con una reverencia.

– “¿Hmm?” – lo mira Ten, un poco molesto por la actitud cercana del gilas.

– “¡JAJAJA!” – ríe el dragón.

– “Giran…” – murmura Ten.

– “Sí… El Campeón Giran hasta que apareciste tú…” – responde el gilas.

Ten Shin Han mira a su alrededor, fijándose en los gilas.

– “¿Y no podíais solucionar el asunto vosotros?” – pregunta Ten.

– “Creo que es una cuestión de prensa…” – responde Giran. – “Tú puedes ser mucho más persuasivo y elegante.”

– “¿Quién lidera la aldea del sur?” – pregunta Ten.

– “Pues te vas a sorprender…” – sonríe pícaramente Giran.

Al atardecer, Ten Shin Han entra en la aldea, solo. El suelo desértico se resquebraja bajo sus pies.

La gente reconoce el gi del asesino y se escoden en sus casas.

El asesino camina hasta una plaza central, adornada con una fuente seca.

– “¡He venido a hablar con Nam!” – exclama Ten.

Nam, que estaba cargando una gran tinaja sobre su cabeza en un callejón cercano, al oír su nombre acude a la plaza. 

El aldeano camina hasta la fuente y deja la tinaja en el suelo.

– “¿En qué puedo ayudarte?” – pregunta Nam, que no tarda en darse cuenta de con quién está hablando. – “Asesino Ten Shin Han.” – añade con ofensa.

– “¿Me guardas rencor por eliminarte en el torneo?” – sonríe Ten.

– “Ganaste porque eras el mejor.” – responde Nam. – “Pero tu visión de las artes marciales dista mucho de la mía.”


Ten Shin Han se pone serio.

– “No he venido buscando tu aprobación.” – responde el asesino.

– “Ya veo.” – suspira Nam. – “¿Vas a hacerlo aquí?”

– “Que tu gente se rinda.” – responde Ten. – “Dejad la presa en paz.”

– “Eso es una sentencia de muerte para mi pueblo.” – insiste Nam. – “Echa un vistazo a tu alrededor.”

La aldea está desértica. Las pocas plantas que quedan están mustias. La gente tiene los labios cortados.

– “Cumplo órdenes.” – dice Ten.

– “Por supuesto.” – responde Nam. – “No esperaba otra cosa de ti.”

Ten Shin Han levanta su dedo índice, que empieza a brillar.

La noche ha caído cuando Ten Shin Han regresa a la presa, donde lo recibe Giran.

– “¿Cómo ha ido?” – pregunta el gilas.

– “Informa al Oficial de Estado Mayor Black.” – responde Ten, deteniéndose frente a él. – “Cesarán sus intentos de sabotaje.”

– “¡JAJAJA!” – ríe Giran. – “No esperaba menos de ti, asesino.”

Ten Shin Han sigue caminando y Giran se aparta para dejarlo pasar.

– “¿A dónde vas?” – pregunta el gilas.

El asesino no responde y sigue caminando.

– “Tengo un asunto que atender.” – responde Ten.

Al salir el sol, Ten Shin Han ya ha llegado a las coordinadas indicadas por Tao Pai Pai.

– “¿Qué es esto?” – se pregunta al ver una muchedumbre haciendo cola en la entrada de un palacio situado en el centro de un oasis en mitad del desierto.

Un hombre castaño repeinado, con entradas y bigote fino, vestido con un traje amarillo, camisa blanca y corbata marrón se acerca a Ten.

– “Tú debes de ser Ten Shin Han.” – dice el elegante caballero, ofreciendo su mano al asesino. – “Fulov Cash, el hombre más rico de Gingertown.”

Ten no se mueve, haciendo que el hombre baje la mano.

– “Tao Pai Pai te ha recomendado expresamente.” – continúa el hombre.

– “Estamos muy lejos de su casa.” – dice Ten, mirando a la muchedumbre. – “¿Qué hacemos aquí?”

– “Este es el Palacio de Uranai Baba” – responde el hombre. – “Baba, la adivina.”

– “¿Y bien?” – insiste el asesino.

– “Uranai Baba responde a cualquier pregunta…” – dice el hombre. – “Pagando su debido precio.” – añade. – “Pero si no se pueden pagar sus honorarios, hay que derrotar a sus luchadores más fuertes.”

– “Mis servicios no son baratos.” – responde Ten. – “¿No es mejor invertirlo en su pregunta?”

– “Esto ya no es cuestión de dinero…” – dice el millonario, poniéndose serio y apretando el puño.

De repente, un alegre fantasma se acerca flotando.

– “¡Hagan fila! ¡Hagan fila!” – exclama a los presentes. – “¡Ustedes también!” – les dice a Cash y Ten. – “¡Oh!” – se sorprende al ver al millonario. – “¿Usted de nuevo?”

– “¡Por supuesto!” – responde Cash. – “¡Y esta vez he venido acompañado!”

– “Uranai Baba no quiere su dinero.” – dice el pequeño fantasma.

– “Je, je… Esta vez no traigo dinero.” – responde el millonario. – “¡Vengo a retar a sus luchadores!”

El fantasma se queda en silencio.

– “¿Es eso cierto?” – pregunta luego, mirando a Ten Shin Han.

– “¡Eso he dicho!” – exclama el millonario.

– “Está bien.” – responde el fantasma. – “Son dos, ¿verdad?”

– “Sí, pero solo peleará él.” – Cash señala a Ten.

– “Qué sorpresa…” – dice el fantasma, con cierto retintín.

– “¡¿Qué insinúas?!” – se enfada Cash.

– “Esperen su turno.” – responde el fantasma, ignorando la rabieta del millonario y regresando al interior del palacio.

– “¿Esperar turno?” – se sulfura Cash. – “¡EH! ¡VOSOTROS!” – llama a un grupo de personas haciendo cola.


Los fornidos caballeros se dan la vuelta.

– “¡Tomad! ¡Dinero!” – el millonario se saca varios fajos de billetes y los lanza a la gente de la cola. – “¡Cogedlo y volved mañana! ¡Es un regalo!”

– “¿Esto es en serio?” – se pregunta uno.

– “¡Vamos!” – exclama Cash. – “¡Fuera de aquí!” – insiste.

Poco a poco, los presentes recogen el dinero y se marchan.

Cuando el fantasma vuelve, solo Ten Shin Han y el millonario quedan en la cola.

– “Vaya…” – se sorprende el fantasma. – “¿Qué ha pasado?”

– “¡Nos toca!” – sonríe Cash.

– “Sí…” – dice el fantasma. – “Pues acompáñenme, caballeros.”

El fantasma guía a los dos clientes a través de un puente sobre el lago hasta un tatami redondo en el centro del mismo.

La anciana bruja los espera frente al tatami, flotando sobre una bola de cristal. 

– “Otra vez tú…” – refunfuña Baba.

– “¡He vuelto!” – exclama Cash. – “¡Saca a tus hombres! ¡Vamos!”

Uranai Baba se fija en Ten Shin Han.

– “Bienvenido, muchacho.” – dice la bruja.

Cash se pone delante del asesino e increpa de nuevo a la bruja.

– “¡SI NO ACEPTAS MI DINERO, CONSEGUIRÉ MI RESPUESTA DE OTRA FORMA!” – le espeta el millonario. – “¡SACA YA A TUS HOMBRES!”

Baba mira de nuevo a Ten Shin Han y luego de nuevo a Cash.

– “¿Alguna vez has conseguido algo con tus propias manos?” – le pregunta.

– “¡¿Cómo dices, vieja bruja?!” – protesta el millonario.

– “Puedo verlo todo, hombrecito.” – dice Baba, acercándose al tipejo. – “Sé cómo te ganas la vida…”

Ten se impacienta.

– “Agradecería proceder cuanto antes.” – dice Ten.

Baba sonríe.

– “Alguien con buenos modales.” – asiente ella.

– “¿Contra quién debo pelear?” – pregunta Ten.

– “¡Eso! ¡Eso!” – insiste Cash. – “¡Saque a sus luchadores!”

Ten Shin Han se sube al ring.

– “Estoy listo.” – anuncia el asesino.

– “Aprecio demasiado la vida de mis muchachos para hacerlos luchar contigo…” – dice Baba. – “Tu fama te precede, muchacho.”

– “¡JAJAJA!” – ríe Cash.

– “Pero hay alguien que me lo ha pedido expresamente.” – continúa la bruja.

– “¿Eh?” – deja de reír el millonario.

Ten parece sorprendido.

– “¿Alguien quiere pelear conmigo?” – pregunta el asesino.

Ten mira hacia el lado opuesto del ring. Su contrincante hace acto de presencia, acercándose al tatami levitando a pocos centímetros del suelo, deslizándose grácilmente.

La cara de Ten Shin Han se descompone como si hubiera visto un fantasma.

El luchador avanza hasta el centro del ring. Es una persona pequeña, como un niño, de piel blanca, con topos rojos en sus mejillas. Viste pantalón negro con un cinturón rojo, camiseta de tirantes celeste y un gorro negro con una borla roja. Sobre su cabeza flota un halo dorado.

– “Hola, Ten.” – saluda sonriente. – “Ha pasado mucho tiempo.”


Ten Shin Han sigue descompuesto, sin reaccionar.

– “¿Ese es tu luchador?” – se mofa el millonario. – “¡JAJAJA!”

Ten Shin Han se deja caer de rodillas.

– “¿Cómo…?” – se pregunta Ten. – “¿Cómo es posible?”

– “¿Eh?” – se queda confuso Cash.

El pequeño luchador no pierde la sonrisa.

– “Te has hecho muy fuerte.” – dice el luchador.

Las lágrimas se derraman por el rostro del asesino.

– “Chaoz…” – murmura Ten. – “¿Eres tú?”

El luchador asiente.

– “Yo…” – titubea Ten.

El asesino coloca sus manos en el suelo y acerca su rostro al ring.

– “¡Lo siento!” – exclama con la voz rota. – “¡Lo siento, Chaoz! ¡Lo siento!” – repite una y otra vez, entre lágrimas.

– “Ten…” – murmura Chaoz con lágrimas en los ojos.

Poco a poco, el pequeño se acerca a Ten hasta colocarse frente a él.

– “Lo siento…” – sigue sollozando el asesino. – “Lo siento…”

– “No te preocupes, Ten.” – sonríe Chaoz, emocionado.

– “Me he equivocado…” – dice Ten Shin Han. – “Creía que sabía cuál era mi camino… Pero estoy perdido, Chaoz.” – llora. – “No sé qué hacer…”

La mente del asesino recuerda ese fatídico día.

En un dojo en penumbra, Tao Pai Pai y Tsuru se encuentran de pie frente a Ten Shin Han y Chaoz, ambos de rodillas.

– “Estoy preparado, maestro.” – dice Ten.

– “¿Eso crees?” – murmura Tsuru.

– “Si quieres ser un asesino, debes probar tu valía.” – dice Tao. – “Un asesino no debe sentir remordimientos ni cuestionarse sus actos.”

– “Sí, señor.” – asiente Ten.

– “Demuéstrame que puedes hacerlo.” – insiste Tao.

– “¿Cómo, maestro?” – pregunta Ten.

Tao Pai Pai mira a Chaoz mientras esboza una terrible media sonrisa.

Fulov Cash no entiende lo que está ocurriendo. Su asesino implacable está llorando a moco tendido sobre el ring frente a hombrecillo que debería ser insignificante.

– “¡¿Qué significa esto?!” – protesta el millonario.

Baba suspira.

– “Ya he aguantado lo suficiente…” – dice la bruja. – “Obake, ¿puedes acompañar al caballero?”

– “Por supuesto.” – responde el pequeño fantasma. – “Sígame, señor.”

– “Ya era hora…” – refunfuña el millonario.

El fantasma acompaña a Cash hasta la entrada del castillo, cuyo portal da lugar a la completa oscuridad.

– “Espérese aquí.” – sonríe el fantasma, dejando al hombre frente a las sombras y volviendo con Baba.

– “¿Eh?” – se extraña el tipejo. – “¿A dónde vas ahora?”

De repente, unas vendas sucias salen de la oscuridad y envuelven al millonario.

– “¡AH!” – se asusta Cash. – “¡AYUDA! ¡AYUHMMM!” – las vendas le tapan la boca.

El tipejo es arrastrado hacia las sombras, donde se puede oír el batir de alas y el chillido de un murciélago.

– “Qué tipo tan despreciable…” – murmura Baba.

Chaoz pone la mano sobre el hombro de Ten Shin Han.

– “Creo que los dos estábamos equivocados.” – sonríe el pequeño.

Ten mira a su viejo amigo y puede ver el perdón en sus ojos.

Ten Shin Han abraza a Chaoz y éste le corresponde. Los dos se funden en un abrazo.

El sol se pone en el Palacio de Uranai Baba. Ten Shin Han sale vestido solo con su gi interior morado y con una pequeña saca colgada a la espalda. 

Baba y Chaoz lo despiden en la puerta.

– “Mi tiempo aquí se acaba.” – sonríe Chaoz. – “Y tú debes seguir tu camino.”

– “Te echaré de menos, amigo.” – sonríe Ten, con los ojos llorosos.

– “El Más Allá es un lugar fascinante.” – dice Chaoz. – “Cuando llegue tu momento, te estaré esperando.”

– “Gracias, Chaoz.” – sonríe Ten. – “Siempre has sido mi salvación.”

Ten Shin Han hace una reverencia hacia la bruja.

– “Gracias, señora.” – dice Ten. – “Estoy en deuda con usted.”

– “No te preocupes, hijo.” – dice Baba.

– “Aunque temo por su seguridad…” – dice Ten. – “Mi viejo maestro podría venir buscando mi paradero…”

– “Tranquilo, muchacho.” – sonríe Baba con picardía. – “Si viene, lo recibiremos adecuadamente.”

Ten Shin Han se aleja con la puesta de sol. Un nuevo camino le aguarda.