ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte II: Un nuevo hogar

Sin Futuro / Parte II: Un nuevo hogar

“Somos gente de costumbres.”

En un lugar remoto del Universo, un Punch adulto, vestido con una gabardina remendada de Koros, camina por un campo de hongos gigantes mustios cubiertos por centímetros de nieve cuando un insecto humanoide sale a recibirlo armado con un rudimentario blaster, hecho posiblemente de piezas viejas de otras armas.

  • “Tranquilo, granjero.” – dice Punch, levantando las manos. – “Solo estoy de visita.”

Punch sonríe.

  • “Parece que Dorakiya tiene tan poco sustrato que el árbol casi no ha arraigado aquí…” – piensa el hijo de Hit. – “La teoría de la doctora Oli era cierta. Podríamos establecer una nueva base en este lugar…”

Pero de repente, Punch siente dos presencias detrás de él.

  • “¡¿EH?!” – se asusta el hijo de Hit.

Un individuo de apariencia infantil de piel verde lima de orejas puntiagudas y cabello rojo desaliñado, con el tatuaje rojo de raíces asomando por su cuello, vestido con pantalón bombacho negro, descamisado y con una larga bufanda roja alrededor del cuello va armado con tekko kagi (guanteletes con tres garras metálicas que se extienden desde los nudillos simulado zarpas). 

Lo acompaña una mujer de piel rosada con cabellera rubia vestida con vestido negro adornado con un corpiño azul, luciendo el tatuaje en sus brazos y en su cuello. Va armada con dos afilados abanicos que abre al sentir que Punch ha detectado su presencia.

Mientras tanto, en otro punto del Universo, Trunks abre los ojos, tumbado en el interior de lo que parece ser un laboratorio.

  • “Ya era hora…” – suspira una voz de mujer.

El mestizo mira la mujer que se encuentra a su lado, vestida con una bata blanca de laboratorio, y durante un instante cree ver a su madre… pero resulta ser Oli.

  • “Doctora Oli…” – murmura Trunks.
  • “¿Cómo te encuentras, muchacho?” – pregunta ella.
  • “Cansado.” – responde el mestizo.
  • “Pino dice que, si no llega a ser por ellos, esta vez no lo cuentas.” – dice Oli.
  • “Exagera.” – sonríe el hijo de Bulma.
  • “Lo digo en serio, Trunks.” – dice la doctora, canalizando su pesar de madre. – “Si sigues así, un día…”

En ese instante, Ikose entra por la puerta con alegría, vestido con un poncho marrón y pantalón morado.

  • “¿Ya se ha despertado?” – pregunta el aún joven terrícola.
  • “Justo ahora.” – responde Oli.
  • “Hola, Ikose.” – sonríe Trunks. – “¿Hay noticias de Punch?”

En Dorakiya, el granjero yace en el suelo hecho trizas. 

Punch retrocede tras ser empujado por el viento generado por los abanicos de su adversaria.

  • “Je…” – sonríe Punch, confiado.

El enemigo pelirrojo se abalanza sobre él por la espalda, pero Punch escupe una nube de humo negro denso que pronto se expande y lo oculta por completo.

El enemigo se adentra en la nube negra.

  • “Tsk…” – refunfuña.

Con un golpe de abanico, la mujer hace desvanecer la humareda, revelando a su compañero, pero sin rastro de Punch.

  • “¿Dónde se ha metido?” – murmura el pelirrojo. – “¡Cenia! ¡¿Le has visto huir?!”
  • “No he visto nada.” – responde ella. – “No me digas que se te ha escapado…”
  • “¡A mí no se me ha escapado!” – protesta él.
  • “Sarra…” – gruñe ella, frustrada.
  • “¡Tenías que estar atenta!” – insiste el pelirrojo.

De repente, el suelo bajo los pies de Sarra se ilumina, alarmando al joven, que pronto es engullido por una gigantesca explosión.

Cenia mira a su alrededor, nerviosa, cuando Punch aparece detrás de ella.

  • “¿Me buscabas?” – dice él en todo amenazante.

La mujer se revuelve, intentando cortar con su abanico a su adversario, pero Punch detiene el golpe agarrándola de la muñeca y contraataca con un fuerte rodillazo en su espalda.

  • “¡AH!” – sufre ella.

Punch, que sigue agarrándola, la proyecta con una técnica de judo hacia un chamuscado Sarra, contra el que choca.

  • “¡¿Qué haces?!” – protesta él.

Punch realiza un rápido gesto de manos, anunciando su próximo ataque.

  • “¡¡BURNING ATTACK!!” – dispara.

La esfera de energía avanza rápidamente hacia los enemigos, pero Sarra intenta detenerla cruzando sus garras frente al orbe de ki.

  • “Tsk…” – resiste el enemigo.

Punch sonríe y apunta a su propio ataque con los dedos índice y corazón de su mano derecha.

  • “¡HA!” – exclama.

El ataque estalla, engullendo a sus contrincantes.

  • “Je…” – sonríe Punch, satisfecho.

Pero de repente, un tercer enemigo aparece frente a él, descendiendo en mitad de la nube de polvo generada y desvaneciéndola al pisar el suelo con un pequeño estallido de ki invisible.

El enemigo luce dos cuernos negros retorcidos que destacan con su piel amarilla y sus labios azules. Viste una túnica negra sobre la que lleva un chaleco morado que parece unido a una gran capa del mismo color. Lleva un otsuchi, un gran martillo de madera con larga empuñadora, apoyado en su hombro. 

Punch frunce el ceño.

Al disipar la polvareda, se revela que Sarra y Cenia, pese a haber recibido daños menores, siguen listos para seguir peleando.

  • “Lusitan…” – murmura Sarra.
  • “¿No os habéis cansado de jugar?” – dice el recién llegado, serio.
  • “Solo le poníamos a prueba…” – se excusa Cenia.

Punch se cruza de brazos con cierta chulería.

  • “Me preguntaba dónde estaba el tercero…” – dice el ahijado de Trunks.
  • “Parece que ya conoces nuestros métodos.” – sonríe Lusitan.
  • “Sois predecibles.” – responde Punch.
  • “Somos gente de costumbres.” – replica Lusitan. – “Y pronto serás el protagonista de la más importante.”

Punch se quita la gabardina y el viento se la lleva.

  • “Tenéis mucha fe en vuestro culto.” – dice el hijo de Hit.
  • “El árbol dicta el futuro de todos.” – dice Lusitan, recitando cuál monje.
  • “Él cosecha. Él provee.” – continúa Sarra.
  • “Somos sus siervos. Él nos bendice.” – añade Cenia.

Punch se pone en guardia.

En la base en la que ha despertado el hijo de Vegeta, él e Ikose caminan por un túnel cristalino que deja ver el exterior; un páramo completamente nevado, con un cielo negro y sin estrellas. Trunks tiene la mayoría de su cuerpo vendado y camina con una muleta.

  • “Cada vez que miro por la ventana me cuesta creer que ahora llamemos a esto hogar.” – dice murmura Ikose.

En ese instante, un zoon se cruza con él y lo mira de reojo.

  • “Lo siento, lo siento…” – se excusa Ikose. – “No quería…”

El zoon sigue su camino mientras refunfuña, molesto.

  • “Solo los planetas escasos en recursos sobreviven a las raíces.” – dice Trunks.
  • “Lo sé.” – dice Ikose. 

Mientras tanto, Pino lidera a un grupo de soldados de distintas razas en una expedición por la superficie nevada del planeta; algunos de ellos llevan escafandras para poder resistir la pobre atmósfera y la gravedad del planeta.

Los soldados analizan una de las gigantescas raíces que se adentran en el planeta y toman muestras, cuando de repente un trozo de raíz se desintegra con suma facilidad, revelando un túnel en su interior.

  • “¡General Pino!” – exclama el soldado.

Pino se acerca al agujero y mira en su interior, donde puede identificar una red de túneles que recorren la raíz.

Pino se quita uno de sus puños y apunta con su cañón de antebrazo al interior del túnel.

  • “¡HAAAAAA!” – dispara. 

El cañonazo de energía inunda los túneles, cuyo brillo puede verse desde el exterior, recorriendo la raíz en ambas direcciones.

Varios agujeros se revelan a lo largo de la raíz, y al emanar la luz del ataque de Pino por ellos se escuchan chillidos de criaturas que estremecen a los soldados.

De uno de los agujeros salen chamuscados dos engendros rosados con cierto parecido a la los crustáceos, con ojos saltones amarillos y exoesqueleto.

Los dos recorren la raíz a cuatro patas mientras chillan.

  • “¡CUIDADO!” – advierte un soldado.

Pero uno de los monstruos se abalanza sobre él y le muerte el cuello.

Rápidamente, la energía vital del soldado se desvanece, quedándose deshidratado, pues la criatura bebe toda su agua.

Las alarmas suenan en la base, alarmando a Trunks e Ikose.

  • “¡¿Otra vez ellos?!” – se preocupa el mestizo.

Pero la voz de megafonía pronto les saca de dudas.

  • “Plaga identificada en el sector 32.” –  anuncia.
  • “Pino lidera el escuadrón de reconocimiento.” – dice Ikose, tranquilizando a Trunks. – “No te preocupes.”

Pino lanza su puño volador y de un golpe aplasta el cráneo de uno de los crustáceos contra la raíz.

El otro enemigo salta ágilmente, buscando la espalda del androide y se abalanza sobre él, mordiéndole el cuello.

Pino ni se inmuta.

Pero el crustáceo deja de morder al androide al notar el amargo sabor de su sangre artificial.

Pino agarra a la criatura y la lanza contra el suelo para después pisarle la cabeza.

Los soldados que lo acompañan respiran aliviados.

Pino se coloca de nuevo el puño.

  • “Sellad los túneles.” – dice el General. – “No deberían causar más problemas.”
  • “¡Sí, señor!” – responden sus hombres.

ESPECIAL DBSNL /// Sin Futuro // Universo 7 / Parte I: El árbol que rige el Universo

Sin Futuro // Parte I: El árbol que rige el Universo

“El árbol reclama tu sacrificio.”

De noche, en un páramo nevado, azotado por una fuerte ventisca, un hombre vestido con un anorak negro adornado con pelo marrón en el cuello, con una funda de enfundada en su espalda empuña el arma en su mano.

El veterano guerrero luce una cabellera lila recogida en una coleta y barba del mismo color, con dos cicatrices en el lado derecho de su rostro, una en la mejilla y otra en la frente sobre su ceja. Es un envejecido y curtido Mirai Trunks.

Dibujado por Ipocrito

Su aliento se congela al instante de emanar de su boca.

El guerrero frunce el ceño y aprieta los dientes mientras agarra con fuerza la empuñadura de su espada.

Dos enemigos flanquean al espadachín. 

El primero de ellos es un ser con alas de murciélago que luce una túnica rosada con una coraza amarilla; su piel es gris y tiene orejas puntiagudas. Va armado con una lanza serrada adornada con una empuñadura dorada en forma de estrella. Un extraño tatuaje rojo se deja ver por su cuello y manos; parecen raíces. 

El segundo es una mujer de piel azulada y cabello anaranjado, vestida con una túnica rosada adornada con un cinturón amarillo. El mismo tatuaje puede verse por las zonas no cubiertas por su ropa. Armada con una guadaña de mano conectada a una cadena que termina en un peso.

De repente, un tercer enemigo se presenta ante Trunks. Un hombre de gran envergadura y piel morena, con perilla fina negra, sin cejas, ojos rasgados amarillos, orejas puntiagudas y cabellera negra larga. Con pantalón blanco y descamisado, el tatuaje de un árbol investido luce en su espalda.

La actitud de los dos primeros es más agresiva, relamiéndose con ojos que reclaman sangre. Mientras la del tercer es mucho más tranquila, pues tiene los brazos cruzados y no blande ningún arma.

  • “Es inevitable, Trunks.” – dice el último, que parece estar al mando. – “El árbol reclama tu sacrificio.”
  • “Con tu muerte seguro que nos obsequia con un delicioso fruto…” – se relame la mujer. 
  • “¡Uno como ningún otro!” – exclama la criatura alada.

El ojo gris de Mirai Trunks se deja ver.

  • “Tsk…” – se prepara el mestizo.

El líder enemigo sonríe.

  • “¡Aldro! ¡Vanda!” – exclama el enemigo.

El lancero y la mujer de la guadaña se abalanzan sobre el mestizo.

El guerrero de la lanza ataca con una estocada, mientras que la mujer hace girar el peso conectado a su cadena y lo lanza contra el mestizo.

Trunks detiene la cadena con su espada y ésta se enrolla en ella, mientras que detiene la lanza agarrándola su otra mano.

  • “Tsk…” – protesta el mestizo.

La mujer clava su guadaña en el muslo de Trunks.

  • “¡AAH!” – protesta el mestizo.
  • “Puedo saborear tu sangre…” – se relame de nuevo la mujer.

De repente, el líder se abalanza sobre Trunks y le propina una fuerte patada en el abdomen que lo lanza a través de la nieve, dejando un surco a su paso.

Trunks se levanta de un salto y se pone de nuevo en guardia. Su muslo derecho rezuma sangre.

  • “Maldita sea…” – protesta el mestizo.

Su ojo gris se desvanece.

  • “Casi no me quedan fuerzas…” – piensa el mestizo.

El líder enemigo camina hacia él, escoltado por los otros dos.

  • “Acaba con él, Rajah” – dice el lancero.
  • “Déjamelo a mí…” – dice la mujer, impaciente. – “¡Quiero festejar con su sacrificio!”

Vanda se abalanza sobre el mestizo a toda velocidad, haciendo girar su cadena.

  • “¡JAJAJAJA!” – ríe mientras ataca.

Pero de repente, la mujer recibe una doble patada en la cara que la remite hasta sus socios. 

Lápiz y Lázuli aterrizan frente a Trunks. Él vestido con un pantalón vaquero, camiseta negra y una chaqueta marrón. Ella vestida con un chándal morado con sudadera.


Rajah frunce el ceño.

  • “Hmm…” – murmura el enemigo.
  • “Más sacrificios…” – sonríe Aldro.
  • “No.” – dice Rajah, tajante. – “Ellos son diferentes.”
  • “¿Eh?” – replica un confuso Aldro.

Vanda se levanta, furiosa.

  • “¡Los mataré a todos!” – exclama.
  • “Nos retiramos.” – dice Rajah.
  • “¡¿Cómo?!” – replica Vanda, airada.

Rajah clava su mirada en ella, lo que parece asustarla.

  • “Además…” – dice Rajah, mirando detrás de él por encima de su hombro.

Un hombre de gran envergadura, cresta pelirroja y vestido con pantalón negro y jersey de lana verde está de pie detrás de ellos.

  • “El ritual debe hacerse en las condiciones adecuadas.” – dice Rajah. – “La presencia de estas cosas desvirtuaría un momento tan especial.”

Vanda baja su guadaña.

  • “Como tu digas, Rajah.” – dice ella.
  • “Te has librado…” – gruñe Aldro, mirando a Trunks.

Rajah se cruza de brazos y sonríe mientras se eleva, seguido por sus dos hombres.

  • “Hasta la próxima, Trunks.” – se despide.

Los tres salen volando, desapareciendo entre las nubes de tormenta.

Lapis y Pino se miran con preocupación, mientras que Lázuli se preocupa por Trunks.

  • “¿Estás bien?” – le pregunta ella.
  • “Sí…” – dice Trunks. – “Solo necesito descans…”

Trunks se desploma sobre la nieve.