Sin Futuro / Parte X: Zahha
“Mi maestro me enseñó a no rendirme…”
El hombre recién nacido del fruto del Árbol Universal parece confuso, observando sus manos sin comprender lo que ocurre. Sus pupilas son amarillas.
Rajah se acerca a él y le pone la mano en el hombro.
- “Bienvenido, hermano.” – dice Rajah. – “Has renacido como un niwashi. Disfrutas de una vida nueva y gloriosa sirviendo al Gran Árbol, como nosotros.”
- “Niwashi…” – repite el recién nacido.
De repente, una voz los detiene.
- “No le hagas caso.” – dice Trunks.
Rajah, Cenia y el nuevo niwashi miran al mestizo, sobre una rama del árbol, con el muñón recién cercenado atado con su cinturón.
- “Trunks…” – sonríe Rajah al verlo en ese deplorable estado. – “No tienes muy buen aspecto…” – se mofa.
- “Punch…” – dice Trunks, con lágrimas en los ojos. – “No tienes por qué unirte a ellos…”
- “Lo siento, pero tu amigo ya no existe.” – dice Cenia. – “¿No lo entiendes? Pensé que estas alturas ya lo habías comprendido.”
Rajah da un paso al frente, callando a Cenia.
- “No vale la pena.” – dice el líder. – “Acabaré con esta molestia aquí y ahora.”
- “Pero…” – se sorprende Cenia. – “Estamos en terreno sagrado…”
- “Creo que es demasiado tarde para lamentar eso.” – le interrumpe Rajah. – “Es mejor zanjar el asunto.” – insiste. – “Pediremos perdón al Árbol con una nueva ofrenda.”
Desde la capilla, inmersa en una guerra entre los centinelas y los niwashi, se oye el retumbar de cada golpe en el cielo, hasta que como si de un meteorito se tratara, algo se precipita contra el suelo con un gran impacto.
Trunks se encuentra bocarriba en el centro del cráter y Rajah sobre él, apretándole la cabeza contra el pavimento.
- “Se acabó, Trunks…” – se jacta Rajah. – “Este es tu final.” – sentencia.
Pero el líder niwashi levanta la cabeza un momento para ver como los dos centinelas de Zeno pelean contra sus hombres.
- “¿Qué diablos está pasando aquí?” – se pregunta Rajah, alarmado.
El mestizo, con el ojo medio cerrado y el otro cubierto por la mano de Rajah, ve de reojo los combates.
Rajah se pone en pie e incrusta de un pisotón a Trunks aún más en el suelo.
El líder niwashi vuela rápidamente hacia el primer guardián, que está a punto de atizar a Sarra y detiene su vara con la mano, impidiéndole asestar el golpe.
Rajah prepara su garra y mientras materializa en ella una esfera de ki rojo la estrella contra el abdomen del centinela, haciendo que este salga disparado contra el techo.
Trunks, pese a estar en las últimas, intenta levantarse.
- “Los centinelas… aquí… aquí son más débiles…” – piensa el mestizo. – “Mucho más que en el jardín…”
Al caer al suelo el centinela, Rajah lanza una ráfaga de ki directa contra su espalda, provocando una docena de explosiones.
El otro centinela, que peleaba contra Lusitan, da un paso atrás al ver que va a tener que enfrentarse a Rajah.
El líder niwashi camina hacia el centinela y alza su mano hacia Lusitan sin mirarle, y éste entiende rápidamente que está reclamando su arma.
Lusitan le lanza su otsuchi, que Rajah caza al vuelo.
Con el largo martillo de madera, el líder niwashi no duda en propinar un fuerte martillazo en la rodilla del centinela que lo hace caer de rodillas, y lo remata con otro martillazo directo a su cabeza, que lo hace caer redondo al suelo.
Rajah le devuelve el martillo a Lusitan, que enseguida se ensaña con el moribundo guardián.
El líder Niwashi centra de nuevo su atención en Trunks, que se ha puesto de pie.
- “Es mejor que te rindas…” – dice Rajah. – “Será más rápido.”
- “Lo siento…” – sonríe Trunks. – “Mi maestro me enseñó a no rendirme…”
Rajah lanza un disparo de ki a Trunks que impacta en su pecho y lo empuja hasta el tronco del árbol, donde estalla.
El mestizo queda incrustado en el gigantesco tronco.
Cenia y el recién nacido niwashi, vestido con una austera túnica roja, descienden hasta la capilla.
Rajah camina hacia él con paso firme.
- “¡Observa!” – exclama Rajah, llamando al nuevo. – “Así es como se lidia a los herejes.”
Rajah agarra la cara de Trunks y lo saca del árbol para luego lanzarlo contra el suelo. El mestizo da varias vueltas sobre sí mismo hasta detenerse.
Rajah camina hasta él y le propina una patada que lo hace rodar de nuevo.
- “Ah… ah…” – sufre el mestizo.
A Trunks le cuesta respirar. Tiene varias costillas rotas y cada vez que abre la boca escupe sangre.
- “Nos has causado tantos problemas…” – gruñe Rajah. – “Que siento que entregarte al árbol es ofrecerte un honor que no mereces.”
Rajah recoge a Trunks, agarrándolo del cabello, y le propina dos puñetazos directos a la cara y después un rodillazo.
El recién nacido niwashi observa la escena con atención y Rajah se da cuenta.
El líder lanza a Trunks hacia el joven.
- “Mátalo.” – ordena Rajah.
El niwashi mira al moribundo Trunks.
El mestizo, con toda la fuerza que le queda, se incorpora hasta ponerse de rodillas mientras el joven camina hasta él.
- “Ah… ah…” – sufre Trunks.
- “Hereje…” – murmura el niwashi.
Cenia lanza una rama larga al niwashi para que la use como arma, y el joven la caza vuelo instintivamente.
Como si siempre hubiera empuñado un bastón, el niwashi lo hace girar a su alrededor para después amenazar a Trunks con él, poniéndoselo a un centímetro de su corazón.
Perlo lejos de tener miedo, el gesto hace sonreír al mestizo.
Sin piedad, el demonio ensarta el pecho de Trunks, atravesando su corazón con la rama.
- “Je…” – sonríe Rajah.
De repente, una docena de columnas de luz verde descienden alrededor de los niwashi.
Más centinelas de Zeno.
La batalla entre los guardianes y los niwashi estalla de nuevo.
El joven extrae la estaca de Trunks y la usa a modo de bastón para pelear contra los centinelas.
Como si de una coreografía se tratara, él y los centinelas se mueven de forma casi idéntica, dejando extrañados a los guardianes de Zeno, que se miran entre ellos, confusos.
El cuerpo de Trunks reposa en el suelo, desangrándose.
Rajah y los demás niwashi pelean contra los centinelas. Los combates son igualados y solo Rajah destaca sobre los demás, librándose de los guardianes con facilidad. A medida que pelean, parece que los centinelas se debiliten.
Entre todo el barullo, un centinela comprueba el cuerpo de Trunks y le levanta el brazo, buscando el anillo Toki en su mano, pero no lo encuentra.
Un guardián ataca a Zahha por la espalda con un bastonazo descendente que el niwashi intenta detener con su raíz, pero ésta se parte en dos, obligándolo a retroceder.
Con la raíz partida, el recién nacido usa las dos partes como si fueran espadas y pronto logra asesinar al centinela al que se enfrentaba.
Entre los escombros de la capilla, otro centinela ha encontrado el brazo de Trunks… pero para su sorpresa, tampoco tiene el anillo.
Mientras tanto, en un gran asteroide helado y en penumbra, lejos de cualquier otro planeta, vagando por el vacío del Universo, un demonio del frío adulto está sentado en la oscuridad, en un trono de hielo, en el interior de una cueva en el corazón de una red de túneles.
- “Debes estar muy desesperado si has recurrido a mí…” – dice el demonio, que observa el anillo Toki en la palma de su mano.
- “En su momento, los Dioses confiaron en el Rey Cold.” – dice Trunks. – “Y hasta cierto punto, Son Goku y mi padre confiaron en ti, Freezer.” – sonríe.
- “Tsk…” – protesta el tirano con una mueca de asco. – “Ya podrías haber venido en persona, si es tan importante.”
Trunks sonríe.
A los pies del Gran Árbol, el corazón de Trunks cada vez late más despacio.
- “Yo no podré llevarlo a cabo…” – murmura el moribundo Trunks.
- “…pero él te encontrará.” – dice el mestizo ante Freezer.
El clon temporal se desvanece, dejando a Freezer solo en su cueva.
En la capilla, la batalla está llegando a su fin. Rajah y el nuevo niwashi poco a poco han acabado con todos los centinelas, aunque ha habido bajas también en la secta.
El recién nacido se fija en el cuerpo de Trunks y se agacha a su lado.
- “Está muerto.” – dice Rajah, desde la distancia. – “Tendremos que buscar otro sacrificio.”
Una lágrima se derrama por la mejilla del joven niwashi, cuyos ojos se han tornado grises.
