ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte X: Despedida

Shingeki no Saiyajín / Parte X: Despedida
“Tsufur matan saiyajín”


Kamin ha explicado sus descubrimientos a Gokua. Raichi derribó la nave del piloto herajín, que volaba bajo las órdenes de un demonio del frío a quién se dirigía como Rey Cold.
– “Cold…” – murmura Gokua. – “Podría ser el demonio del frío que derrotó a Bojack.” – ata cabos. – “Pero creía que era un Guardián del Fruto Sagrado… ¿Y ahora tiene a un herajín trabajando para él? Me resulta extraño.”
– “El Doctor Raichi nos ha tenido engañados” – dice Kamin. – “Su control del planeta es superior del que los propios tsufur conocemos.”
– “Tenemos que informar a Yamoshi” – dice Gokua.
Tras unas horas, Gokua y Kamin se han reunido con el líder saiyajín en las cuevas donde habitan. Yamoshi, por las graves heridas recibidas en la batalla contra Kinkarn, ha perdido su brazo izquierdo.
– “Parece que la verdadera amenaza tsufur no son las ciudades, Yamoshi” – reflexiona Gokua. – “Es el científico Raichi.”
– “Ni siquiera sus habitantes conocen hasta dónde llega el control del doctor” – añade Kamin. – “Creo que nos está enfrentando.”
– “Tsufur matan saiyajín.” – dice Yamoshi, contrariado.
– “Y los saiyajín matan tsufur” – responde Gokua.
El líder saiyajín mira su amigo con recelo al sentir que está defendiendo al enemigo.
– “Creo que deberíamos informar a los tsufur.” – intenta proponer el herajín. – “Deberíamos asegurarnos de que conocen la realidad, antes de seguir con esta guerra eterna.”
– “A mí me creerán” – dice Kamin.
– “No.” – dice Yamoshi, tajantemente. – “Tú… sabes mucho. No puedes marchar.”
– “Creo que podemos confiar en ella, hermano.” – dice Gokua.
– “NO” – repite el saiyajín.
Yamoshi abandona la cueva, pues su decisión está tomada.
– “¡Espera!” – le detiene el herajín, que ha salido tras él. – “Hay más.”
– “¿Más?” – pregunta el saiyajín.
– “He decidido marcharme.” – anuncia Gokua. – “Necesito saber qué ocurrió con mi planeta y mi raza. Voy a regresar a Hera.”
El saiyajín agacha la cabeza, entristecido por la posible marcha de su hermano.
– “¿Y la guerra?” – pregunta Yamoshi.
– “Ya conoces mi opinión.” – responde Gokua.
– “Opinión de tsufur.” – dice el saiyajín.
– “¿De qué estás hablando?” – pregunta el herajín.
– “La mujer…” – responde su hermano.
– “¿Crees que he cambiado de opinión por ella?” – dice Gokua, intentando que tal cosa parezca un disparate.
– “Ellos la mataron.” – dice Yamoshi.
– “Raichi lo hizo.” – responde Gokua. – “Pero no sabemos dónde está.”
Yamoshi no responde y se aleja de su hermano.
– “Mañana tendrás provisiones.” – sentencia el saiyajín.
Gokua agacha la cabeza, triste por el punto de vista de Yamoshi.
El herajín regresa a la cueva, donde le espera Kamin.
– “¿Qué ha ocurrido?” – pregunta la tsufur.
– “Yamoshi es tozudo…” – lamenta Gokua. – “No va a detener esta guerra.”
– “¿Podemos hacer algo?” – dice Kamin.
– “Lo dudo.” – responde el herajín. – “La lucha es la forma de vida de los saiyajín. A veces me pregunto si echar a los tsufur de Plant es solo una excusa para pelear…”
Kamin agarra la mano de Gokua.
– “Podemos marcharnos.” – dice la tsufur.
– “¿Marcharnos?” – se sorprende el herajín, algo confuso por las palabras de Kamin. – “¿Quieres venir conmigo a Hera?”
– “Los saiyajín no me dejarán volver con los míos” – dice la mujer. – “Y si me quedo con ellos, no sé que harán cuando no puedas protegerme.”
Gokua se levanta y se dirige hacia la salida de la tienda.
– “¿A dónde vas?” – pregunta Kamin.
– “Necesito tomar el aire” – dice el herajín.
Gokua sobrevuela el planeta en solitario hasta llegar a la ciudad donde estuvo preso durante tantos años y se adentra en sus ruinas hasta llegar a la torre principal, donde encuentra un acceso al laboratorio.
El herajín recorre los pasillos de tan sombrío lugar acariciando sus paredes con la mano, hasta encontrar la celda donde estuvo con su madre y Yamoshi. Las compuertas fueron arrancadas por la explosión, que se extendió por todo el centro de investigación.

– “Sé que mamá no quería que regresara a Hera…” – reflexiona Gokua. – “Pero necesito saber más sobre mi pasado. En Plant me siento un extraño. Esta no era nuestra guerra… Pero tampoco puedo abandonar a Yamoshi y a los saiyajín.” – el herajín está hecho un lío. – “¡Maldita sea!” – exclama. – “¿Qué puedo hacer?”
De repente, una vieja computadora parece ponerse en marcha, y un holograma parpadeante aparece junto a Gokua.
– “Bienvenido a casa, muchacho” – dice una voz anciana que enseguida reconoce.
– “¡¿Raichi?!” – exclama Gokua, furioso, poniéndose en guardia.
– “Parece que has encontrado la nave derribada…” – dice el tsufur.
– “¡¿Cómo sabes eso?!” – pregunta el herajín.
– “Considérala un regalo.” – responde Raichi.
– “¿Qué?” – Gokua parece confuso.
– “Mis objetivos para ti han terminado, Gokua” – explica el doctor. – “Ahora eres un estorbo.”
Gokua, furioso ante la manipulación del científico intenta golpear el holograma, atravesándolo.
– “Maldición…” – lamenta el herajín. – “¡DA LA CARA!” 
– “Eso no va a ser posible.” – sonríe el holograma. – “Estoy en otro planeta, muy lejos de aquí.”
– “¡¿Qué quieres de mí?!” – pregunta Gokua.
– “Ya te lo he dicho.” – responde Raichi. – “Quiero que abandones Plant.”
– “¡¿Por qué?!” – insiste el herajín.
– “Quiero estudiar el desarrollo de los saiyajín.” – explica Raichi. – “Quiero observar el destino de Plant y hasta dónde puede llegar el Súper Saiyajín. Aún tengo muchas preguntas por responder.”
– “¿No quieres eliminarlos?” – pregunta Gokua, confundido ante el discurso del científico.
– “Por supuesto que no” – responde Raichi. – “Yo soy un hombre de ciencia. Me interesa el progreso… y los saiyajín mejoran a pasos agigantados.”
– “¿No te importan los tsufur?” – pregunta Gokua.
– “Son una parte importante de mi experimento, si es eso a lo que te refieres.” – responde el doctor. 
A Gokua le cuesta comprender el punto de vista de Raichi.
– “¿Y Kinkarn?” – pregunta Gokua.
– “No voy a engañarte…” – sonríe Raichi. – “Creía que el Súper Tsufur sería superior… Pero me equivoqué. No fui consciente de las verdaderas posibilidades del Súper Saiyajín hasta que os vi luchar contra el viejo Capitán.”
– “Eres un monstruo…” – murmura el herajín.
Raichi ignora las palabras del herjaín.
– “Ahora, quiero hacerte una oferta.” – dice el tsufur.
– “¿Una oferta?” – pregunta Gokua.
– “Si tú abandonas el planeta, yo dejaré de participar activamente en el desarrollo de la historia de Plant.” – ofrece Raichi. – “Me dedicaré a observar los acontecimientos. No habrá más Súper Tsufur.”
– “¿Y si me niego?” – pregunta Gokua.
– “Ya has visto de lo que es capaz mi ciencia, chico” – dice el doctor. – “Yamoshi y tú sobrevivisteis por los pelos. ¿Crees que podríais derrotar a otro Súper Tsufur? ¿Crees que Yamoshi está en condiciones de librar otro combate igual? ¿O cuánto crees que tardaría en formar un pequeño ejército?”
– “Bastardo…” – dice Gokua al darse cuenta de que Raichi conoce el estado de su hermano.
– “Así que… dime, Gokua” – sonríe el tsufur. – “¿Qué vas a hacer?”
Al amanecer, Gokua ya ha regresado al campamento saiyajín. Kamin prepara los suministros para el viaje.
– “No me puedo creer que vaya a abandonar este planeta…” – suspira Kamin.
– “Yo tampoco.” – responde Gokua. – “Pero es lo que debo hacer.”

De repente, Yamoshi se acerca al herajín. En sus manos lleva un obsequio para su hermano. El objeto es alargado y está envuelto en pieles.
– “¿Qué es esto?” – pregunta Gokua.
El herajín desenvuelve el regalo y resulta ser una cimitarra hecha a partir de un colmillo de ozaru.
– “Nuestra fuerza…” – dice Yamoshi. – “Contigo.”
– “Gracias, hermano” – le abraza Gokua. – “Siento mucho tener que irme.” – derrama una lágrima el herajín.
– “Mucha suerte.” – responde el saiyajín.

Los hijos de Yamoshi se abalanzan sobre su tío y lo abrazan.
– “Os echaré de menos” – sonríe Gokua. – “Entrenad mucho.”
Gokua y Kamin suben a la nave Real y se preparan para partir.
– “Sabes pilotar esto, ¿verdad?” – pregunta Gokua.
– “Eso creo…” – responde Kamin. – “No debe ser muy distinto a un aerodeslizador, ¿no?”
El herajín mira asustado a su compañera, que responde con un guiño y esbozando una sonrisa burlona.
La nave se eleva lentamente y, en un abrir y cerrar de ojos, desaparece en el cielo ante los ojos de los saiyajín, que se despiden de su compañero, al que llegaron a considerar uno de los suyos.

Mientras tanto, en Vampa, Raichi observa su monitor con una misteriosa sonrisa.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas

Shingeki no Saiyajín / Parte IX: Misterios más allá de las estrellas
“No son solo monos, Kamin”
Tras una larga noche, los saiyajín han arrasado la ciudad tsufur. Las ruinas de la metrópolis permanecen en silencio. La luna ha desaparecido del cielo y los ozaru han vuelto a la normalidad. 
Yamoshi y Gokua han sido atendidos por una joven saiyajín, que ha cubierto sus heridas con un ungüento creado a partir de hojas masticadas y barro. 
El saiyajín se encuentra en peor estado y permanece tumbado en el suelo. Gokua, en cambio, enseguida se pone en marcha hacia el interior de la ciudad.
Cerca de allí, los saiyajín recogen la piel de sus hermanos ozaru caídos para usarla como protección en futuras batallas.
El herajín recorre las calles desiertas, dirigiéndose hacia las ruinas de la torre principal, donde se encuentran los puertos de los aerodeslizadores tsufur y el acceso principal a los laboratorios.
En Vampa, Raichi parece más interesado que nunca en el poder del Súper Saiyajín.
– “El Proyecto 317 ha resultado ser un éxito mayor del que había imaginado…” – sonríe satisfecho el científico tsufur. – “Será muy interesante observar sus progresos.”
Entre los escombros de un hangar, Gokua encuentra a una mujer tsufur. Su pierna derecha ha quedado atrapada entre los cascotes. La chica viste con las ropas típicas de su raza. Su cabello es blanco y corto.
El herajín se acerca a ella, pero la tsufur se asusta al ver al que considera un enemigo.
– “¡No te acerques!” – grita la mujer. – “¡Aléjate de mí!”
Gokua se acerca a ella y se agacha.
– “¿Eres mecánico?” – pregunta el herajín.
La mujer continúa gritando. Gokua no tiene paciencia y le tapa la boca con su mano.
– “No te lo preguntaré otra vez.” – le amenaza el herajín. – “Deja de gritar y responde.”
La tsufur se queda en silencio y Gokua aparta su mano.
– “Soy ingeniera.” – responde le mujer.
– “Bien. ¿Cómo te llamas?” – pregunta Gokua.
– “Kamin” – dice ella.
Gokua esboza una media sonrisa.
– “Está bien, Kamin” – dice el herajín. – “Es tu día de suerte. Necesito que alguien repare una nave.”
– “No piensa ayudarte.” – responde ella. – “Estás con los saiyajín.”
El herajín se pone en pie.
– “Si no vas a ayudarme, no te necesito.” – dice Gokua, apuntando a la mujer con su mano. – “Ha sido un placer, Kamin.”
Una esfera de ki verde aparece en la mano de Gokua. El rostro de la mujer se descompone por el miedo.
– “¡NO! ¡ESPERA! ¡ESPERA!” – grita la tsufur.
La energía de Gokua se disipa.
– “¿Has cambiado de opinión?” – le pregunta el herajín, en tono burlón.
– “Repararé tu nave.” – claudica Kamin.
Gokua asiente.
– “Me alegra oír eso.” – dice el herajín, que enseguida libera a la tsufur y le ayuda a ponerse en pie.
Kamin, a pesar de estar cojeando, intenta escapar de Gokua, pero éste utiliza rápidamente sus hilos de ki para atrapar a la mujer, que cae de boca contra el suelo.
– “Teníamos un trato” – dice Gokua.
– “Maldito…” – refunfuña ella.
El herajín lleva a la prisionera al campamento saiyajín. La mayoría de los presentes muestran sus colmillos a la tsufur, molestos de tener a un enemigo entre ellos.
– “Tranquilos, tranquilos…” – les calma Gokua. – “Está conmigo. La necesito.”
En una tienda de campaña, Yamoshi se encuentra tumbado en el suelo, descansando, cubierto en ungüento. Sus hijos le acompañan.
Gokua se acerca a la mujer saiyajín que trató sus heridas en el campo de batalla.
– “Necesito que trates su pierna” – le dice el herajín, señalando la pierna de Kamin.
La mujer saiyajín se niega a ayudar a la tsufur y lo demuestra gruñendo y marchándose.
– “No caes bien a mucha gente…” – suspira Gokua.
– “Son salvajes.” – responde Kamin. – “No me importa su opinión. Son solo monos.”
– “Monos cuyo planeta habéis invadido.” – dice el herajín.
– “Nuestro planeta fue destruido hace miles de años.” – explica Kamin. – “Los supervivientes se estrellaron aquí y se establecieron. No eligieron este destino.”
– “¿Qué ocurrió en vuestro planeta?” – pregunta Gokua.
– “Éramos una civilización próspera. Nuestra ciencia y tecnología era muy superior a lo que ves ahora.” – dice la tsufur. – “Ese fue nuestro pecado. Volamos demasiado cerca del Sol.”
Gokua agacha la cabeza, recordando las historias que su madre le contaba sobre la muerte de su raza bajo el mando de Bojack.
– “Los mortales somos egoístas y arrogantes” – dice Kamin. – “Nunca tenemos suficiente. Siempre nos creemos merecedores de más.”
– “Parece que esa historia se repite en todas partes.” – suspira Gokua.
De repente, la hija de Yamoshi se acerca a Kamin y le entrega un cuenco lleno de ungüento mientras luce una tierna sonrisa.

La tsufur parece confusa ante la amabilidad de la niña.
– “No son solo monos, Kamin” – dice Gokua.
La muchacha es obligada a convivir con los salvajes, siempre bajo la protección de Gokua y con el consentimiento de Yamoshi, que acepta la petición de su amigo. 
Kamin trabaja cada día en la nave siniestrada. La tecnología alienígena pone a prueba sus conocimientos, pero poco a poco logra descifrar los secretos que esconde.
Después de meses de investigación, un día, mientras la tsufur trabajaba en el panel de comandos, la nave se pone en marcha y un holograma se proyecta sobre el tablero, mostrando la imagen de un demonio del frío de rocambolesco aspecto.

– “¿Qué ocurre, Capitán Zanko?” – pregunta el demonio.
– “Mi nave ha detectado una extraña señal en un sector cercano.” – responde el fallecido piloto herajín. – “Los sistemas planetarios de esta zona no deberían emitir este tipo de señales electromagnéticas. Solo una civilización avanzada proyectaría este rastro hacia el espacio, pero no aparece ninguna en las cartas de navegación.”
– “Tiene permiso para investigar la señal, Capitán.” – dice el demonio del frío. – “Manténgame informado de sus avances.”
– “Recibido, señor” – responde el herajín. – “Siempre a sus órdenes, Su Majestad.”
Kamin ha asistido asombrada a esa interacción guardada en la memoria del aparato.
– “¿Qué más hay aquí?” – se pregunta la tsufur.
La tsufur aprieta un botón del panel de comandos que hace que se reproduzca otra retransmisión, pero ésta vez solo con audio.

– “Ahora mismo me encuentro en órbita alrededor del planeta Plant.” – dice el piloto. – “Desde que me he aproximado al planeta, las comunicaciones se han vuelto locas.” – explica Zanko. – “Parece que algo o alguien las está alterando. Creo que no estoy solo. He decidido grabar mi acercamiento a la superficie del planeta para tenerlo documentado, ya que no logro contactar con el centro de mando. Me dispongo a salir de órbita y descender.”
Kamin aprieta otro botón, revelando una nueva retransmisión.

– “He entrado en la atmósfera del planeta.” – anuncia Zanko. – “Parece que veo algo… ¿una ciudad? ¿Qué demonios…?” – se sorprende el piloto. – “Creo que lo mejor será salir de aquí e informar al centro de mando.” 
– “No puedo permitir eso” – dice una voz que el herajín desconoce.
Múltiples alarmas suenen en la nave. El piloto pierde el control.

– “¡¿Qué ocurre?!” – se asusta el Capitán. – “¡¿Quién es?! ¡Alguien ha tomado el control de mi nave!”
Por los sonidos de la emisión, parece que la el vehículo ha entrado en barrena.

– “¡Ayuda! ¡Socorro!” – intenta comunicarse por radio. – “¡Rey Cold!”
Finalmente, la grabación termina, dejando a Kamin boquiabierta.
– “¿Ese era…?” – titubea la tsufur. – “¿Era la voz del Doctor Raichi?”
Kamin, asustada, corre hacia un pequeño campamento establecido cerca de la nave, donde Gokua y dos saiyajín se encuentran entrenando.
– “¡GOKUA! ¡Gokua!” – grita la mujer.
– “¿Qué ocurre?” – dice el herajín. – “¿Ha pasado algo?”
– “La nave… se ha puesto en marcha…” – dice Kamin, intentando recuperar el aliento.
– “¡Eso es fantástico!” – celebra Gokua.
– “Y eso no es todo…” – continúa la tsufur. – “Sé de dónde venía y por qué se estrelló.”

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VIII: Proyecto de futuro

Shingeki no Saiyajín / Parte VIII: Proyecto de futuro
“Tenemos que detenerle, hermano”

Yamoshi, transformado en ozaru dorado, clava su enfurecida mirada en Kinkarn.

Raichi, desde su laboratorio en Vampa, sonríe satisfecho al ver que podrá poner a prueba sus creaciones.

El gigantesco simio se abalanza sobre el Súper Tsufur, dispuesto a aplastarlo con su puño derecho, pero Kinkarn alza sus manos y detiene el golpe. Un cráter se forma bajo sus pies. 
Un coletazo de Yamoshi sorprende al tsufur y lo lanza a varios metros de distancia, pero pronto Kinkarn consigue frenarse en el aire y recuperar la estabilidad. 
Yamoshi abre su enorme boca y dispara un poderoso torrente de ki que engulle al enemigo.
Cuando se disipa el ataque, Kinkarn revela estar protegido por una barrera de energía invisible.
El Súper Saiyajín, furioso, se prepara para una nueva acometida, pero el Súper Tsufur reacciona rápidamente disparando tres minúsculas partículas de energía como la que utilizó contra Zangya.
Las minúsculas esferas de ki se insertan en la piel del ozaru, que intenta protegerse del ataque. Los dos primeros impactan en su antebrazo y hombro izquierdos, y un tercero en su rodilla derecha. Tras un breve instante estallan, lastimando a Yamoshi.
Kinkarn se eleva lentamente y apunta con su dedo índice a la cabeza de Yamoshi. Una pequeña partícula roja de energía se materializa y es proyectada hacia el saiyajín.
En el último instante, un ozaru se interpone en el camino del ataque, recibiendo el impacto en su pecho, que tras unos segundos estalla, matando al saiyajín.
Kinkarn se da cuenta de que varias docenas de simios avanzan hacia él. Dos de ellos han saltado para sorprender al tsufur.
El androide alza su mano y dispara dos ataques de ki que impactan de lleno contra los ozaru, elevándolos hacia el cielo.
Tres ozaru disparan con sus bocas, pero Kinkarn alza una barrera que le protege de los ataques.
Yamoshi, malherido, observa la ofensiva de sus compañeros, sintiéndose impotente como cuando era niño.
Mientras tanto, Gokua a recobrado el conocimiento y se acerca a su amigo caminando tórpidamente.
– “Tenemos que detenerle, hermano” – dice el herajín. – “Ahora ya es tarde para la retirada.”
– “Grrgh…” – gruñe Yamoshi.
– “Le haremos pagar.” – dice Gokua, que se transforma de en Súper Herajín, utilizando todas las fuerzas que le quedan. – “Por madre.”
Kinkarn corre de un ozaru a otro, derribándoles a todos fácilmente. El tsufur agarra a uno por la cola y lo hace girar hasta lanzarlo contra otro.
En Vampa, Raichi parece aburrido.
– “Esto ha durado demasiado” – sentencia el científico. – “La superioridad del Proyecto ST ha quedado demostrada.”
En ese instante, Gokua se abalanza contra el tsufur por sorpresa, acumulando toda la energía que le queda en su puño derecho, que brilla con luz verde.
– “¡HAAAAAAA!” – grita el herajín.
Kinkarn reacciona rápidamente y se protege del golpe con su brazo derecho. Aún así, el tsufur sale repelido hasta chocar contra la barrera de la ciudad, y después cae al suelo.
El guerrero tsufur parece no sentir dolor, pero al ponerse en pie, el brazo que ha recibido el impacto se resquebraja, revelando parte de sus mejoras robóticas internas.
Kinkarn se prepara para contraatacar, pero se da cuenta de que Gokua está sonriendo.
De repente, el herajín hace un gesto de atracción con la misma mano con la que golpeó al androide, revelando que una decena de hilos de ki han sido enrollados alrededor del brazo del tsufur.
Kinkarn es desequilibrado por una técnica que no esperaba. Su brazo se resquebraja aún más.
El tsufur se dispone a disparar a Gokua, pero se da cuenta de que, cerca de allí, Yamoshi prepara una esfera de ki en su mano derecha.
En su laboratorio, Raichi se acerca asombrado a la pantalla de su ordenador.
– “¡¿Qué es eso?!” – exclama el tsufur.
Los ojos de Yamoshi han cambiado. El color rojo de su interior ha retrocedido ligeramente y sus pupilas verdes pueden intuirse.
– “¡GALACTIC – HO!” – exclama el ozaru, extendiendo su mano hacia el enemigo.
El ataque avanza rápidamente hacia el enemigo, que intenta recuperar su posición y liberarse del agarre de Gokua. Su brazo se parte en el forcejeo.
La técnica de Yamoshi engulle al tsufur y choca contra la barrera de la ciudad, que estalla, dejando la metrópolis expuesta.
Raichi se queda boquiabierto ante lo que acaba de acontecer. Es la primera vez que el tsufur ve a un ozaru utilizar una técnica mínimamente compleja.
Tras un instante de confusión, el tsufur esboza una media sonrisa de satisfacción.
– “Parece que he subestimado al Proyecto 317” – piensa el científico. – “Si ha sido capaz de lograr algo así en unos años, su futuro es prometedor…”
Cuando se disipa la polvareda, el androide tsufur aparece entre los escombros. Su barrera personal ha logrado mitigar los daños recibidos, pero su piel muestra múltiples laceraciones, en las que se pueden ver sus mecanismos internos. Uno de los desgarros recorre su esternón, revelando una luz verde en el interior de su caja torácica. 
Yamoshi, que ha puesto todas sus fuerzas en ese ataque, pierde su transformación, y su pelaje dorado se torna marrón, como el del ozaru común.
Gokua también ha perdido su transformación. Débil y malherido, lucha para mantenerse en pie.
De repente, el herajín se da cuenta de que algo en Kinkarn ha cambiado. Su rostro muestra una emoción por primera vez. El Súper Tsúfur está furioso.
En el laboratorio, Raichi intenta detener a su androide, pues se ha dado cuenta de que la investigación que le interesa conservar es la 317. 
– “No responde… El ataque debe haber dañado su núcleo.” – lamenta el científico. – “¡Maldición!”
Kinkarn se abalanza sobre Gokua, pero un compañero ozaru se interpone en su camino.
El tsufur, llevado por la rabia, se abalanza contra el simio y le propina un puñetazo en la barbilla, haciendo que varios dientes salten por los aires. Pero los daños sobre el androide son excesivos, y su antebrazo estalla en mil pedazos, dejándole manco.
Kinkarn, que ahora ha perdido sus dos manos, la primera contra Gokua y la segunda en su último puñetazo, embiste al herajín, dispuesto a propinarle una patada.
El herajín retrocede mientras esquiva apuradamente los múltiples intentos del tsufur.
Yamoshi intenta intervenir, pero cae al suelo al intentar acercarse. Está muy débil.
Gokua pretende alejarse del enemigo, pero Kinkarn es muy insistente. El herajín, tras saltar por encima del tsufur dando una pirueta, logra propinarle una patada en la cara, pero no le causa ningún efecto. Sin poder transformarse, la fuerza de Gokua no es suficiente para plantar cara al enemigo.
Gokua retrocede, pero el tsufur corre de nuevo hacia él.
De repente, el herajín tiene una idea. Gokua utiliza sus hilos de ki para alcanzar un colmillo de ozaru que se encuentra en el suelo, cerca de él, y lo lanza contra Kinkarn.
El androide patea el colmillo hacia el cielo, pero Gokua vuelve a agarrarlo con su técnica y lo lanza de nuevo sobre Kinkarn. 
El tsufur se detiene repentinamente, dejando que el colmillo pase frente a él, a escasos centímetros, y se clave en el suelo.
Gokua aprovecha la distracción para abalanzarse contra el tsufur y propinarle una patada con ambos pies en su pecho, que logra hacerle retroceder. 
El herajín vuelve enrollar sus hilos de ki alrededor del colmillo y lo lanza una vez más contra el tsufur. 
Esta vez, el colmillo se clava en el pecho del tsufur que, a pesar de todo, logra mantenerse en pie.
Pero la ofensiva de Gokua no ha terminado. El herajín se lanza sobre el enemigo y propina un puñetazo al extremo el colmillo, clavándolo más profundamente. El golpe provoca un sonido de cristal roto, tras el cual un estallido de luz verde emana de todos los desgarros del androide, que pronto estalla, creando un gigantesco cráter.
Sin Kinkarn y sin la barrera protectora, la ciudad queda a merced de los saiyajín, que arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
En el exterior, Yamoshi y Gokua han perdido el conocimiento, pero una sonrisa luce en el rostro de ambos guerreros.

ESPECIAL DBSNL /// Shingeki no Saiyajín // Universos 3, 5, 6 y 7 / Parte VII: Dolor y rabia

Shingeki no Saiyajín / Parte VII: Dolor y rabia
“¡Es una trampa!”


Kinkarn camina hacia Yamoshi y Gokua, que se ponen en guardia, listos para enfrentarse al enemigo.
– “No podemos confiarnos.” – advierte el herajín. – “Este tipo es muy fuerte. Lo más sensato sería intentar resistir hasta que salga la luna llena.”
Yamoshi, descontrolado por la rabia que conlleva la transformación de Súper Saiyajín, no escucha a su compañero y ataca al tsufur.
– “¡NO! ¡ESPERA!” – exclama Gokua.
El saiyajín intenta propinar un puñetazo a Kinkarn, pero éste le agarra el brazo y contraataca con un golpe en su abdomen y después abre su puño para disparar un ataque de ki que empuja a Yamoshi hacia el cielo.
Gokua interviene, abalanzándose sobre el tsufur a toda velocidad y propinándole un cabezazo en la nariz que le hace retroceder un paso. Pero Kinkarn enseguida reacciona y propina una patada en el abdomen al herajín, que le deja sin fuerzas, y después golpea su espalda con ambos puños, estampando a Gokua contra el suelo.
Kinkarn se prepara para rematar a su adversario, pero Yamoshi aprovecha su descenso para ganar energía cinética y propina una patada en la cara al tsufur, alejándole de su amigo.
Gokua, dolorido, se pone en pie.
– “Es más fuerte de lo que esperaba…” – murmura el herajín.
Una gota de líquido oscuro gotea por la nariz del tsufur. Gokua se da cuenta.
– “Eso no es sangre…” – piensa el herajín. – “¡Un momento! Las cicatrices; ese líquido… ¡¿Acaso es…?!”
El tsufur apunta a nuestros amigos con sus manos y dispara un poderoso ataque de ki rojo que Yamoshi y Gokua se ven obligados a esquivar.
Kinkarn corre hacia Yamoshi a toda velocidad, le agarra la cara y lo estampa contra el suelo, arrastrándole mientras continúa corriendo hacia una montaña cercana.
Gokua persigue al tsufur, intentando ayudar a su amigo, pero Kinkarn se detiene de repente y lanza a Yamoshi contra el herajín, que se ve obligado a sujetarle.
Kinkarn dispara una ráfaga de ki y Gokua se da la vuelta, intentando proteger a su compañero, exponiendo su espalda al ataque.
Múltiples explosiones tienen lugar, alzando una gran nube de polvo y humo.
En una colina cercana, los saiyajín esperan la luna llena para atacar la ciudad, pero ahora parecen tener dudas al ver el poder del Súper Tsufur.
Zangya sufre al ver a su hijo y a Yamoshi enfrentarse al tsufur, pero intenta mantener la calma.
Cuando la polvareda se disipa, Gokua aparece tumbado en el suelo, bocabajo, con su espalda quemada por el ataque de Kinkarn. Yamoshi se encuentra a su lado, con heridas mucho más leves, gracias a la protección de su amigo.
En Vampa, Raichi observa el combate a través de la pantalla.
– “A este paso, no podré comprobar el poder completo del proyecto…” – murmura el científico. – “Aún falta un poco para la luna llena.”
Los dos guerreros intentan levantarse, pero a Gokua le fallan las fuerzas. Yamoshi se acerca a él e intenta ayudarle.
– “Ordena la retirada… y huye.” – dice el herajín. – “Si le atacamos, será una masacre. Es demasiado fuerte.”
– “Nosotros… luchamos…” – responde Yamoshi.
– “No lo entiendes…” – dice Gokua. – “Él no es un tsufur corriente. No creo que sienta dolor. Creo que lo han modificado para que sea capaz de contener este poder.”
Kinkarn no se mueve. Solo observa a nuestros amigos.
Zangya observa al tsufur y se da cuenta de su extraña actitud.
– “No les ataca…” – piensa la herajín. – “No parece que proteja la ciudad… ¡Los pone a prueba!”
Yamoshi ignora los consejos de su compañero y clava su mirada furiosa en Kinkarn.
– “No lo hagas…” – le pide Gokua, mientras se pone de nuevo en pie.
El Súper Tsufur sigue esperando impertérrito a que el saiyajín tome la iniciativa. 
De repente, una luz brilla en el cielo, sobre Kinkarn, y eso llama la atención de Yamoshi y Gokua.
Kinkarn se da cuenta de que algo ocurre y alza su mirada, buscando qué es lo que sus enemigos han visto.
A cientos de metros de altura, Zangya prepara una poderosa técnica. Con sus brazos en cruz, dos esferas de ki verde aumentan de tamaño en sus manos.
– “¡GALACTIC BUSTER!” – grita al juntar las manos y dispara un poderoso torrente de ki sobre el tsufur.
El ataque impacta de forma directa sobre Kinkarn, generando una gigantesca explosión.
Yamoshi y Gokua se sorprenden al ver que la herajín ha intervenido en el combate.
Zangya desciende rápidamente y se acerca a los dos guerreros.
– “¡Es una trampa!” – les advierte la herajín. – “¡Los tsufur os están analizando! ¡Tenemos que irnos!”
En Vampa, Raichi observa desde el punto de vista de Kinkarn, y el radar busca a sus tres enemigos a través de la polvareda levantada.
– “Parece que ya se han dado cuenta…” – sonríe el doctor. – “Puede que esto ponga las cosas más interesantes.”
El Súper Tsufur alza su dedo índice y dispara una minúscula partícula de energía que avanza rápidamente hasta incrustarse en la espalda de Zangya.
La herajín se queda en silencio. Yamoshi y Gokua observan a la herajín ser alcanzada. Durante un breve instante, el mundo se mueve a cámara lenta para nuestros amigos mientras Zangya cae al suelo de rodillas.
– “Mamá…” – titubea Gokua.
Yamoshi se queda petrificado ante lo sucedido. Gokua se acerca a ella para intentar socorrerla.
– “Mamá…” – llora el herajín. – “No…”
– “Lo siento…” – responde Zangya. – “Tenéis que sobrevivir…” – dice acariciando el rostro de su hijo, que tanto le recuerda a su hermano.
En ese instante, la herajín siente que algo no va bien; nota que algo le quema por dentro.
Zangya utiliza las pocas energías que le quedan para generar una barrera a su alrededor que empuja a Gokua y a Yamoshi.
De repente, una gran explosión de energía roja llena la barrera de Zangya, que un instante después estalla y crea una gran onda expansiva que arrasa el lugar. La turbulencia alcanza a los saiyajín que se encontraban observando el combate, que se ven obligados a ponerse a cubierto.
El páramo queda desierto. Kinkarn es el único que sigue en pie, sin inmutarse.
Raichi observa los acontecimientos.
Yamoshi surge de entre los escombros, magullado. A escasos metros, el saiyajín puede ver a su compañero, semienterrado, malherido e inconsciente.
El saiyajín, que ha vuelto a su estado base, se pone en pie. La sangre de sus heridas cubre su cuerpo y gotea en el suelo. Yamoshi aprieta con rabia sus puños. La ira le embarga.
Kinkarn le observa detenidamente. Raichi sonríe al ver que su experimento ha sobrevivido.
– “Eso es…” – murmura el científico tsufur.
Su mente es inundada por escenas de su infancia encerrado junto a Zangya y Gokua. Sus ojos se tornan de color verde, su cabello se eriza y brilla de color dorado. Rayos de energía chasquean a su alrededor, mientras el aura amarilla del Súper Saiyajín le envuelve.
En el cielo, una tenue luna llena empieza a revelarse. 
La cola del saiyajín reacciona a la luz de la luna. Su corazón late con fuerza y hace palpitar su pecho; suena como un tambor. Sus colmillos empiezan a crecer y sus ojos inyectan en sangre, tornándose rojos. Su cabello crece y todo su cuerpo empieza a cubrirse por un abundante pelaje dorado. Su masa muscular aumenta exponencialmente. El suelo se resquebraja bajo sus pies.
Finalmente, el saiyajín aumenta de tamaño hasta convertirse en un ozaru.
Raichi sonríe.
– “Muéstrame todo tu poder…” – murmura el tsufur.

Un furioso pero doloroso rugido de Yamoshi inunda el lugar.