ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte VI: Reitan, el vengador

Prodigal son / Parte VI: Reitan, el vengador
“Mi pueblo fue masacrado por vosotros…”

En el planeta Litt, Liquir ha revelado su cuarta cola y ha dejado fuera de combate a Meerus y a los hermanos Pastafresca.
La banda de piratas espaciales liderada por Spade ha aprovechado el momento para sorprender al kurama y encerrarlo en una jaula de ki.

Cuando parecía que el combate se había terminado, un misterioso cazarrecompensas del Sector Dormideus, armado con una cimitarra, ha aparecido en escena.

– “¿Quién demonios eres tú?” – pregunta Spade.

Sin mediar palabra, el misterioso guerrero alza su espada.
Spade se pone en guardia, preparando su arpón de ki.

– “Tú…” – murmura Spade, que parece reconocer al cazarrecompensas. – “Eres Reitan, el vengador.” – añade asustado.

Los piratas parecen asustados. El cazarrecompensas sigue en silencio. 

– “Puede que… Puede que podamos llegar a un acuerdo…” – intenta negociar Spade.

Reitan apunta a Spade con su espada.

– “No me importa la recompensa” – dice el bandido. – “Liberadle”.
– “¿Qué?” – responde Spade, confuso. – “¿Vas a ayudarle?”

El misterioso bandido no responde. Los cazadores espaciales se miran entre ellos confusos y aterrados.

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Dmond.
– “Sabía que esto no podía salir bien…” – refunfuña Hart.
– “Soltadle” – ordena Spade. – “No podemos enfrentarnos a los dos”.

Los piratas desvanecen su jaula de ki y Liquir queda libre.

– “Gracias, extraño” – dice el kurama.

Reitan ahora apunta a Liquir con su arma, amenazante.

– “Guardián del Fruto…” – murmura el cazarrecompensas. – “Hoy llevaré a cabo mi venganza.”
– “¿Qué? ¿Tu venganza?” – se sorprende Liquir.

Reitan se abalanza sobre el zorro, que se ve obligado a esquivar rápidamente los ataques de su inesperado adversario.

– “¡¿Quién eres?!” – pregunta Liquir. – “¡¿Qué te he hecho yo?!”

El cazarrecompensas lanza su espada hacia el kurama, que la esquiva, pero parece que unos hilos de ki conectan el arma a Reitan, que tira de ellos y la hace regresar, distrayendo a Liquir. Reitan aprovecha la confusión para asestarle un codazo en el hocico y una patada giratoria que lo lanza contra unas rocas.
Liquir se levanta entre los escombros.

– “Maldición…” – murmura el kurama. – “Este tipo es más fuerte que los demás…”

Los cazadores retroceden lentamente. No quieren entrometerse en una pelea a este nivel.

– “¿Qué hacemos?” – pregunta Klub.
– “Esperar” – responde Spade.

Reitan se acerca a Liquir.

– “Tú…” – murmura el cazarrecompensas. – “Mi pueblo cuenta historias sobre la llegada del Guardián del Fruto.”


Liquir escucha atentamente.

– “Con el fruto en su poder, mi pueblo había prosperado bajo el mando de un poderoso líder” – narra Reitan. – “Pero el Guardián no podía permitir que otro disfrutara de esa fuerza.”

El cazarrecompensas descubre su rostro, revelando unas características que enseguida reconocen los presentes.

– “Eres…” – se sorprende Liquir.
– “¡Pagarás por la destrucción de Hera!” – exclama Reitan.

Liquir se pone en guardia.

– “De eso hace mucho tiempo” – dice el kurama. – “Yo ni siquiera había nacido.”
– “Fue tu orden.” – responde Reitan. – “¡Tu credo!”
– “Mi objetivo ahora es el Imperio” – dice Liquir. – “El universo corre peligro.”
– “¡NO ME IMPORTA!” – le interrumpe el herajín.

El kurama se envuelve en una extraña aura morada mientras revela su quinta cola.

– “Tú lo has querido” – dice el zorro.

Liquir se abalanza sobre Reitan, que es sorprendido por el aumento de fuerza del zorro. El kurama propina un puñetazo en la nariz al cazarrecompensas, que pierde su espada. 
Reitan, mientras retrocede, lanza un poderoso ataque de ki verde hacia su enemigo, pero Liquir se cubre con sus colas, protegiéndose de la explosión.
Los dos se abalanzan de nuevo el uno contra el otro, y un intercambio de golpes estalla. El combate es muy igualado. Ninguno logra sobreponerse a su adversario. 
Finalmente, ambos dan una voltereta hacia atrás, recuperando la distancia y poniéndose en guardia.

– “No está mal…” – sonríe Reitan.
– “Eres un guerrero hábil” – le felicita Liquir.
– “Aún no lo has visto todo.” – responde el herajín.

De repente, la piel del cazarrecompensas se torna más clara y su cabello rojizo toma un color anaranjado. Una explosión de poder barre el lugar.
Liquir observa asombrado al herajín.

– “Ese poder…” – titubea el kurama. – “¡Es el Fruto!”
– “El poder del Fruto Sagrado quedó impreso en nuestros genes” – sonríe Reitan. – “¡Vas a enfrentarte al poder que proteges!”

Liquir revela su sexta cola, listo para luchar.

– “Maldita sea…” – murmura el kurama, preocupado. – “Es mucho más fuerte de lo que esperaba.”

En un abrir y cerrar de ojos, el herajín se transporta delante del kurama y le propina un puñetazo en el abdomen.

– “Creo que no me tomas en serio” – le susurra Reitan.


El herajín agarra a Liquir por una de sus colas y le hace girar hasta lanzarle contra una montaña cercana.


Los piratas observan asombrados.

– “¿Le ha matado?” – se pregunta Hart.

De repente, los escombros estallan en mil pedazos, revelando a Liquir, envuelto en su aura y con siete colas visibles.

– “Está bien, Reitan” – dice el kurama. – “¡Lucharemos en serio!”

El herajín sonríe al ver a su rival preparado.

– “Voy a disfrutar” – sonríe Reitan.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en Kurama, Cooler se prepara para beber un extraño brebaje que ha preparado Sidra.

– “Ha llegado el momento de saber si el entrenamiento ha surgido efecto” – dice Sidra.
– “Me siento preparado” – responde el demonio del frío.
– “Sabes que puedes morir, ¿verdad?” – le pregunta el anciano. – “El agua de la Semilla Sagrada te otorgará un increíble poder, pero tu mente y tu cuerpo sufrirán en consecuencia.”
– “Estoy preparado” – repite Cooler.

El demonio del frío se bebe todo el tazón de un trago. Siente que su garganta arde como fuego.

– “¡AAAAAHHH!” – exclama Cooler con un grito sin voz, mientras se agarra el cuello.

El hijo de Cold se derrumba mientras se retuerce de dolor.
Sidra se sienta en el suelo mientras observa a su alumno agonizando.

– “No hay nada que pueda hacer” – murmura el anciano. – “Ahora todo depende de tu voluntad.”

Mientras tanto, en Litt, el combate continúa. Liquir se mueve rápidamente, avanzando hacia Reitan, que se prepara para interceptar al kurama. En el último instante, Liquir salta por los aires y apunta con sus colas al herajín, liberando una tormenta de ataques de ki que impactan sobre el enemigo.
De repente, de entre la polvareda surge Reitan, que sorprende al Kurama atizándole un puñetazo en el abdomen. Liquir clava sus zarpas en el brazo del herajín y abre sus enormes fauces, lanzando una gigantesca ola de ki a boca de jarro que engulle a Reitan y le lanza contra el suelo.
Liquir desciende lentamente, creyéndose vencedor.
Los cazadores espaciales retroceden lentamente.

– “Su poder es increíble…” – titubea Klub.
– “No tenemos ninguna oportunidad…” – añade Dmond.
– “Idiotas” – les interrumpe Spade. – “Fijaos bien. No os dejéis llevar por el miedo.” 

Los piratas observan detenidamente al kurama.
De repente, son interrumpidos por Meerus, que se acerca tórpidamente.

– “Su respiración es forzada y acelerada, sus manos tiemblan ligeramente…” – dice el expatrullero. – “Está cansado.”

Klub, Hart y Dmond se ponen en guardia, pero Spade parece tranquilo.

– “Aún así nos supera” – dice Meerus.
– “¿Propones que colaboremos?” – sonríe Spade.

Liquir siente que pierde fuerza. Nunca antes ha tenido que utilizar el poder de siete colas para enfrentarse a alguien que no fuera su maestro.

– “Ahora tengo que encargarme de los otros…” – piensa el kurama.

En ese instante, se escucha un ruido entre los escombros.

– “No es posible…” – se sorprende Liquir.

Reitan se levante entre las rocas, malherido, ensangrentado y con la ropa hecha trizas, pero dispuesto a continuar.

– “Mi pueblo fue masacrado por vosotros…” – murmura el herajín. – “¡Voy a vengarlo!”

Liquir se pone de nuevo en guardia.

– “¡Maldición! Tengo que darme prisa…” – piensa el kurama. – “No puedo resistir así mucho tiempo.”

Mientras tanto, en la Capital del Imperio, Tagoma recibe a un prisionero en la sala del trono. El malhechor llega escoltado por Curd.

– “¿Quién eres?” – pregunta la mano derecha del Emperador, ahora líder en funciones.

El prisionero no responde.

– “Le han capturado en el borde exterior” – anuncia el soldado brench. – “Al parecer se negó a que nuestros hombres inspeccionaran su nave y les atacó. Llevaba una armadura de camuflaje óptico avanzado. Mató a una decena los nuestros.”

Tagoma se acerca al prisionero.

– “¿A dónde ibas?” – le pregunta.


El prisionero sigue en silencio.
Curd da un paso al frente y entrega un objeto a Tagoma.

– “Hemos encontrado esto escondido en su nave” – dice el soldado brench entregándole una caja de música.

Tagoma se queda sin palabras al ver el milenario artefacto.

– “Así que tú eres el ladrón…” – murmura mientras inspecciona la caja. – “¿Dónde está la otra?”

El prisionero ignora a Tagoma.
Curd propina un codazo en la espalda del malhechor, haciendo que caiga de rodillas.

– “¡Responde!” – le ordena el brench.

De repente, el prisionero empieza a reír.

– “¿Qué te parece tan gracioso?” – pregunta Tagoma, que empieza a impacientarse.
– “No sé dónde está.” – responde el prisionero.

En el remoto planeta Gelbo, más allá del borde exterior, un grupo de campesinos ve un extraño objeto caer del cielo y estrellare cerca de su aldea.
Los habitantes de Gelbo, asustados ante un suceso que no comprenden, se acercan al lugar del impacto. Un valiente se aventura hasta el humeante epicentro del cráter, donde encuentran una extraña objeto; una misteriosa caja.
El campesino observa el objeto detenidamente y descubre un extraño mecanismo con una manivela. El valiente intenta hacer girar el mecanismo, pero todos sus esfuerzos son en vano.
La misteriosa caja es llevada al centro de la plaza de la villa, donde los hombres más fuertes e intrépidos del lugar se turnan para intentar hacer girar la manivela; pero todos fracasan.
Finalmente, el chamán de la aldea, una criatura extraña de gran tamaño, cola, largos bigotes, una aleta en la espalda y aspecto de pez gato, al que los locales llaman “Zunama”, estudia el objeto con detenimiento.
El chamán dibuja un extraño símbolo circular en el suelo, coloca la caja de música en el centro y alza sus manos al cielo, recitando unas palabras en una legua antigua, desconocida incluso por los aldeanos.
De repente, la manivela empieza a girar lentamente mientras suena una preciosa música.

ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte V: Temporada de zorro

Prodigal son / Parte V: Temporada de zorro
“El juego es más divertido si hay más jugadores.”


El planeta Litt, uno de los principales centros de adiestramiento militar del Imperio, ha sido liberado por Liquir, que no ha necesitado más que dos de sus colas para llevar a cabo tal hazaña.
Como agradecimiento, los litt supervivientes se arrodillan ante el kurama, ofreciendo su lealtad.

– “Le serviremos, señor Liquir” – dice el soldado de mayor rango.
– “No busco un ejército” – responde el zorro. – “Estoy satisfecho con que dejéis de luchar por el Imperio.”
– “Es una tradición de nuestro pueblo” – insiste el soldado. – “Usted ha demostrado fuerza y honor. Le seguiremos.”
– “Ya os he dicho que no necesi…” – repite Liquir.

En ese instante, Liquir siente una perturbación en el aire que le alerta de un peligro cercano y esquiva por los pelos un disparo de energía que deja un rasguño en su mejilla.

– “¿Qué demonios…?” – se pregunta el kurama.
– “¡Proteged a vuestro señor!” – exclama el soldado litt.

Liquir ignora a sus nuevas tropas y se eleva rápidamente intentando localizar a su agresor.
En una montaña cercana, el cazarrecompensas con uniforme de la Patrulla Galáctica ha sido quien ha realizado el disparo. 

– “Maldita sea…” – murmura el personaje, que desenrosca el cañón que había añadido a su pistola para aumentar la precisión. – “Es ágil…”

Mientras tanto, la banda de piratas espaciales se encuentra agazapada tras unos matorrales, cerca de la zona que ahora sobrevuela Liquir.

– “¡Diablos!” – maldice Hart.
– “Parece que no somos los primeros en llegar…” – dice Dmond.
– “No voy a permitir que otro se quede con mi recompensa” – murmura entre dientes Klub.
– “Sabíamos que esto podía pasar” – les calma Spade. – “El juego es más divertido si hay más jugadores.” – sonríe.
– “Además, ¿dónde está tu espíritu de cazador, Klub?” – le provoca Dmond. – “¡Vamos a cazar un kurama!”

En ese instante, cuatro motocicletas aerodeslizantes aparecen en el horizonte, acompañadas por una bestia de aspecto canino y fiero. Sobre los vehículos, cuatro jinetes con rostro idéntico, cara alargada con mentón prominente, tez grisácea y bigote, y vestidos de la misma forma, con pantalón negro y camisa verde, con un poncho marrón encima, un pañuelo rojo al cuello, y botas y sombrero de cowboy. La única diferencia entre ellos es su estatura, distinta en cada uno. Sus motocicletas rugen mientras se acercan a toda velocidad.
Spade y sus hombres los observan desde la distancia.

– “Maldita sea…” – lamenta Hart. – “Los hermanos Pastafresca”.
– “Tan ruidosos como siempre” – añade Dmond.

Liquir enseguida escucha a a los bandidos acercarse.

– “¿Quiénes son esos?” – se pregunta el zorro al verlos.

Los cuatro jinetes se colocan en formación en punta flecha, con su mascota al frente, a medida que se aproximan a su objetivo.

– “¡A por él, Patapum!” – grita el hermano de menor estatura, que lidera la banda.

El perro se adelanta a los bandidos y se abalanza sobre Liquir, mordiéndole un brazo. El kurama sacude el brazo para liberarse, apartando al perro, pero la bestia insiste mientras los hermanos se acercan, así que Liquir, algo confuso ante la situación, intentar escabullirse.
Los hermanos y su mascota le persiguen y recortan distancia fácilmente.

– “¡Ya es mío!” – exclama el más alto de los bandidos, que hace girar un lazo de energía sobre su cabeza y después lo lanza sobre el zorro, atrapándole por el cuello.

– “¡Buen trabajo, Fettucine!” – celebra el hermano más bajo.

Liquir se ve obligado a detenerse e intenta liberarse, pero el segundo más alto de los hermanos atrapa su brazo derecho con otro lazo.

– “¡Ya es nuestro!” – celebra el bandido.
– “¡No le sueltes, Macaroni!” – le anima Fettucine.

Otro lazo, lanzado por el segundo hermano más bajo, atrapa el brazo izquierdo del kurama, que sigue luchando por liberarse.

– “¡No te resistas!” – le grita el bandido.
– “¡Tira más fuerte, Tagliatelle!” – exclama Macaroni.

Macaroni y Tagliatelle atan las cuerdas a sus motocicletas y así logran tensarlas, dejando a Liquir inmovilizado.
Mientras tanto, Fettucine aumenta la energía que recorre su lazo, electrocutando al kurama hasta aturdirle.
El hermano de menor estatura y su mascota se acercan al zorro.

– “Nos van a dar una gran recompensa por tu cabeza…” – sonríe el bandido.
– “¡Mucho dinero!” – grita Macaroni.
– “¡Seremos ricos!” – exclama Fetuccine.
– “¡Silencio!” – ordena el líder.
– “Lo siento, Gnocci” – se disculpa el más alto.
– “Nos hemos dejado llevar…” – añade Macaroni.
– “¡SHHHH!” – insiste Gnocci. – “¡Basta!”

El bandido saca un cuchillo e intenta colocarlo en el cuello de Liquir, pero no llega.

– “Maldita sea…” – refunfuña Gnocci. – “¡Patapum, ven aquí!”

Mientras tanto, los piratas espaciales se acercan al lugar.

– “¡Van a quitarnos la recompensa!” – refunfuña Klub.
– “Tendremos nuestra oportunidad” – le calma Spade.

El perro se coloca delante de Gnocci y el bandido se sube a él, poniéndose de pie, alcanzando así el cuello de Liquir.
– “Bien…” – sonríe el bandido.
– “No sabía que había bandidos en miniatura” – se burla Liquir.
– “¡Cállate!” – se enfurece Gnocci. – “¡Voy a rebanarte el cuello!”
Un sonido de pisadas alerta a los bandidos. Alguien se acerca.

– “¡Hola, muchachos!” – dice el guerrero con armadura de patrullero.
– “¡Meerus!” – se asustan los bandidos.
– “Los bandidos más temidos de la Galaxia del Oeste. ¡Los hijos del temible Spaghetti Pastafresca!” – sonríe Meerus. – “Ha pasado mucho tiempo…”
– “¡¿Qué hace aquí la Patrulla Galáctica?!” – pregunta Macaroni.

Fettuccine desenfunda su arma, dispuesto a sorprender a Meerus y acabar con él, pero éste es más rápido y le desarma disparando a su pistola.

– “Ya sabéis quién es el más rápido” – se burla Meerus.
– “La Patrulla Galáctica… ¡Siempre entrometiéndose en nuestros planes!” – refunfuña Gnocci.

Liquir se limita a observar la escena en silencio.

– “A este paso, se eliminarán entre ellos” – piense el kurama. – “Será mejor esperar…”

Meerus se acerca a Liquir y le observa detenidamente. 

– “El Imperio te ha puesto un precio alto” – sonríe el guerrero. – “¿Crees que puedes engañarme?”

Liquir sospecha que Meerus ha descubierto su farol.
Gnocci, al lado de Meerus, se da cuenta de que el símbolo de la patrulla en su armadura ha sido borrado.

– “¡Espera un momento!” – exclama el bandido. – “¡¿Ya no eres un patrullero?!”
– “No ganaba lo suficiente” – responde Meerus.
– “¡JAJAJA!” – ríe Gnocci. – “¡Al final acabarás cabalgando a nuestro lado!”
– “No he caído tan bajo” – responde el ex-patrullero.
– “Y dime, Meerus, ¿sería posible llegar a un acuerdo?” – pregunta tímidamente.

La propuesta llama la atención del ex-patrullero. 

– “¿Qué tipo de acuerdo?” – pregunta Meerus.
– “Podríamos dividir la recompensa entre los cinco, a partes iguales…” – sugiere Gnocci.
– “Estoy de acuerdo en repartirlo a partes iguales” – sonríe el ex-patrullero. – “Pero somos dos partes, vosotros y yo.”
– “¡¿Estás de broma?!” – exclama el bandido. – “¡Nosotros hemos hecho todo el trabajo!”

Meerus pone la mano en su pistola lentamente.

– “No seáis estúpidos” – dice el ex-soldado. – “La caza va a empezar ahora.”

De repente, Liquir genera una poderosa explosión de energía que repele a todos los presentes. Las cuerdas de energía se rompen. La tercera cola aparece en el kurama.
Meerus desenfunda su arma y dispara, pero Liquir esquiva los disparos y le propina una patada, lanzándole contra unas rocas cercanas.
Los cuatro bandidos también disparan, pero ninguno logra acertar.
Liquir lanza una ráfaga de ki que hace saltar a los hermanos por los aires, noqueándoles.
Patapum salta sobre el zorro por la espalda y le muerde una de las colas, agarrándose a ella. Liquir la sacude y estampa al perro contra el suelo, dejándole fuera de combate.
Meerus se ha levantado y apunta al kurama con un pequeño cañón que ha aparecido en su brazalete derecho. Al apretar un botón, una barrera de energía sale proyectada de ese artefacto y envuelve a Liquir, atrapándole como si fuera un saco de energía.

– “¡Te tengo!” – exclama el ex-patrullero, que aprieta otro botón y hace que Liquir reciba una descarga eléctrica. – “Ya eres mío…”

Liquir parece estar sufriendo.

– “Tecnología tsufur” – sonríe Meerus. – “Está hecho para atrapar a tipos más grandes y fuertes que tú”.

De repente, la barrera estalla en mil pedazos que se desintegran y Meerus sale repelido al instante, chocando contra la moto de uno de los bandidos y quedando aturdido en el suelo. La cuarta cola ha aparecido en el kurama.

– “Se acabó el juego” – dice Liquir, que apunta a Meerus con su mano y prepara una onda de ki.

Pero, justo en ese instante, una jaula de ki morado se genera a su alrededor.

– “¡Le tenemos!” – exclama Dmond.

Hart, Klub y Dmond han rodeado a Liquir y han generado una jaula de energía entre los tres.
Spade materializa un arpón de ki en su mano y se acerca al kurama.

– “¡Ya eres nuestro!” – sonríe el pirata.

Liquir echa un vistazo a su alrededor. Los cuatro banidos y Meerus están noqueados. Solo los cuatro piratas le rodean.

– “Sois valientes” – dice el kurama. – “Así que os haré una propuesta: Marchaos y viviréis.”
– “No estás en condiciones de negociar” – responde Spade.

De repente, un nuevo individuo aparece en escena. Es el misterioso personaje del sector Dormideus. Sus pasos alertan a los piratas.

– “¿Quién demonios eres tú?” – le pregunta Spade.

El guerrero camina lentamente hacia ellos, en silencio, y desenfunda su cimitarra.

ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte IV: Cambio de planes

Prodigal son / Parte IV: Cambio de planes
“¿Son esas tus verdaderas intenciones, hijo de Cold?”


En el templo del planeta Kurama, Sidra ha guiado a Cooler hasta una gran sala presidida por un altar en el que se halla expuesta una pequeña caja.

– “Eso es…” – titubea el demonio del frío sorprendido.
– “La semilla del Árbol Sagrado” – dice Sidra.
Cooler se acerca al altar y mira la caja ensimismado.

– “Existe…” – suspira Cooler, que no sale de su asombro.
– “Tras varios incidentes en el pasado, decidí encargarme personalmente de su protección.” – explica Sidra. – “Puede ser muy peligroso fuera de su hábitat natural.”
El Emperador agarra la caja y la abre, revelando la semilla.

– “¿Para qué la quieres?” – pregunta Sidra.
– “Si la historia de las cajas de música es cierta, la necesito para detener al monstruo” – responde Cooler.
– “¿Son esas tus verdaderas intenciones, hijo de Cold?” – insiste el anciano.
Cooler mira fijamente a Sidra.

– “Yo no soy como mi padre” – responde el demonio del frío.
– “Te equivocas” – responde el viejo. – “Eres su viva imagen”.
– “¿Le conocías?” – se sorprende el demonio.
– “Era un gran guerrero” – responde Sidra. – “Poderoso, inteligente y ambicioso… Demasiado ambicioso. Aunque, cuando tienes un poder tal, es difícil no serlo.
– “Conozco sus historias de conquista” – responde Cooler. – “Crecí escuchándolas.”
Sidra sonríe.

– “Sus hazañas van más allá de sus victorias, joven Cooler” – dice el anciano.
– “¿A qué te refieres?” – pregunta el demonio del frío.
– “Se le encomendó la protección de las cajas por una razón” – responde Sidra.
De repente, Cooler siente como si una losa cayera sobre él. Toda su vida sufre un cambio de sentido. El acto que le condenó al destierro, el robo de las cajas de la cámara Imperial, adquiere un nuevo significado.

– “Él… las estaba protegiendo…” – murmura Cooler, mientras el embarga la rabia. – “Esa sabandija…” – refunfuña mientras aprieta los puños con fuerza.
– “Salabim es un brujo astuto y poderoso” – interviene Sidra. – “Sabe utilizar los las miedos de la gente. Nunca tuviste una oportunidad.”
Cooler intenta calmarse. Se siente frustrado y utilizado. Su orgullo ha sido herido.

– “Podemos detener a Salabim.” – dice Sidra. – “Podemos derrotarle antes de que despierte a Hildegarn.”
De repente, la voz de Tagoma suena en su scouter.

– “Señor Cooler, ¿me recibe?” – dice el soldado.
El Emperador respira hondo.

– “Adelante, Tagoma” – responde Cooler.
– “No hay ni rastro de las cajas, señor” – explica el soldado. – “Nada en las cámaras o sensores. Se han desvanecido.”
Cooler, al escuchar tal mensaje, mira a Sidra, que puede leer perfectamente la situación en el rostro del Emperador.

– “Aún hay tiempo” – dice Sidra.
– “Tagoma…” – dice Cooler por el scouter. – “Dejo el Imperio en tus manos. Confío en tu criterio.”
– “Pero… señor Cooler…” – se sorprende Tagoma. – “¡El Imperio…!”
El demonio del frío se quita el scouter y lo destruye en su mano.
Sidra sonríe al ver la decisión de su nuevo aprendiz.
En el planeta Numa, Liquir se recupera después de las visiones del pasado que el fuego le ha mostrado.

– “Hildegarn…” – murmura el kurama.
– “Ese monstruo consumirá el universo si no lo detenemos.” – dice Salabim.
– “¿Y cómo podemos detenerle?” – pregunta Liquir.
– “Encontrando las cajas de música antes que el Imperio” – responde el brujo.
– “El Imperio…” – refunfuña el zorro. – “¿Es por eso que vinieron aquí? ¿Por eso buscan el Fruto?”
– “El Imperio busca poder a cualquier precio” – responde Salabim. – “Ya has visto la destrucción que llevaron a tu planeta.”
Liquir se pone en pie.

– “Acabaré con el Imperio antes de que encuentren las cajas” – sentencia el zorro.
Salabim sonríe satisfecho.

– “Y el Universo te lo agradecerá…” – dice el brujo.
Los meses pasan. Tagoma está al mando del Imperio. En la sala del trono, el soldado se reúne con sus consejeros.

– “Perdemos un planeta cada pocas semanas, señor” – explica uno de sus hombres.
– “El kurama…” – murmura Tagoma.
– “Ese tipo… ¡Acabará con el Imperio!” – exclama otro consejero.
– “Mucha gente le sigue…” – añade otro. – “¡Le ven como a un salvador!”
Tagoma se pone en pie.

– “Solo el señor Cooler podría hacerle frente…” – dice el soldado, impotente ante una amenaza que le supera. – “¿Se sabe algo de las cajas?”
– “No señor” – responde un consejero. – “Ni rastro”.
Tagoma suspira profundamente.

– “¿Cuál es la última localización del kurama?” – pregunta el soldado.
– “Está atacando el planeta Litt” – responde un consejero.
– “Llamad a los mejores cazarrecompensas de la galaxia.” – ordena Tagoma. – “Ofreced una recompensa abierta por la cabeza del kurama.”
En unas horas, una nave pirata tripulada por cuatro personajes recibe el mensaje y sus pantallas se iluminan.

– “¿Qué ocurre, Hart?” – pregunta el Capitán de la nave.
– “Hay una nueva recompensa disponible, Capitán Spade” – responde el pirata. – “Un kurama. En Litt.”
– “¿Un kurama? ¿En el planeta Litt?” – se sorprende Spade. – “¿Qué demonios hace un kurama tan lejos de casa?”
– “Nunca hemos cazado uno.” – responde un tercer cazarrecompensas.
– “Podría ser divertido” – sonríe el cuarto.
– “¡La recompensa es excelente!” – confirma Hart.
– “¿Quién ha puesto el anuncio?” – pregunta el Capitán.
El pirata sigue leyendo la información detallada del trabajo y parece sorprenderse.

– “El… el Imperio” – titubea Hart.
– “Al menos sabemos que van a pagar…” – sonríe el tercer pirata.
– “Klub tiene razón” – dice el cuarto pirata.
Spade se detiene un instante para pensar.

– “Está bien” – decide finalmente. – “Acepta la oferta.”
– “Es abierta” – responde Hart.
– “Entonces esto es una carrera…” – murmura Spade. – “Será aún más interesante.”
En un planeta del antiguo Sector Dormideus, hogar de piratas, un ser humanoide de tez verde azulada, oculto tras un turbante que le cobre solo revela ojos, vestido con botas de color ocre y detalles negros, pantalón blanco, faja negra, torso descubierto, antebrazos ventados y una cimitarra a su espalda, ve el anuncio publicado en una pared

En otro planeta, un ser de piel morada, ojos grises y cabello gris en forma de casco, recibe la misma oferta en su reloj de pulsera. El personaje viste el uniforme de la Patrulla Galáctica, pero su emblema ha sido borrado, como si lo hubieran rascado con una navaja.

ESPECIAL DBSNL /// Prodigal son // Universos 6 y 7 / Parte III: Un monstruo

Prodigal son / Parte III: Un monstruo
“Sé muchas cosas”

En Kurama, los cuerpos sin vida de Doore y Neiz yacen en el suelo. Liquir sujeta por el cuello a un magullado,  ensangrentado y malherido Sauza.

– “El señor Cooler… acabará contigo” – le amenaza Sauza. – “Has declarado la guerra al Imperio”.
– “Vosotros sois los que habéis traído la guerra a mi planeta” – responde Liquir. – “Habéis aniquilado a mi gente”.
– “Tú… Tú les has dejado morir…” – sonríe Sauza.
Liquir aprieta el cuello de Sauza con más fuerza.

– “Podías haberles salvado…” – insiste el soldado, luchando por hablar. – “Pero tus objetivos eran más importantes que ellos… Igual que los nuestros…”
El zorro, frustrado y furioso, termina partiendo el cuello del brench. Después, lanza su cadáver a un lado, con desprecio, y sale volando a toda velocidad.
Tras cruzar medio planeta, llega a un viejo templo con un gran árbol esculpido en su fachada, en el que desciende mientras hace desaparecer dos de sus colas. Una figura le espera entre las sombras.

– “Te dije que no fueras” – dice la la el misterioso personaje, que viste las mismas ropas que el zorro, pero no es de su  raza.
– “Lo siento, señor” – responde Liquir. – “Pero mi gente estaba siendo masacrada”.
– “Luchamos por algo más importante, Liquir” – dice ese personaje, un anciano de poca estatura, de tez verde oliva y barba roja.
– “El Imperio amenaza esa lucha” – insiste Liquir. – “Buscaban el Fruto”.
– “Y ahora sabrán que está aquí” – replica su superior.
– “¡Ahora son vulnerables! ¡Cooler es el único demonio del frío que queda!” – exclama el kurama. – “¡Tengo el poder suficiente para destruir el Imperio! ¡Es ahora o nunca!”
La misteriosa figura agacha la cabeza y se da la vuelta, dando la espalda a Liquir.

– “Me equivoqué al creer en ti” – dice el anciano. – “Las pasiones te controlan, igual que al resto.” – suspira. – “Elegir discípulos nunca ha sido mi fuerte…” – añade mientras se aleja. – “Suerte en tu empresa.”
Liquir agacha la cabeza.

– “Lo siento, señor Sidra” – refunfuña el kurama. – “Le prometo que volveré cuando haya acabado con ellos.”
Unas semanas más tarde, Cooler ha llegado al planeta Luud y se ha reunido con Dolltaki.

– “Voy a ser breve” – dice el demonio del frío. – “Sé que posees las cajas de música konatsianas.”
– “Le compré las cajas al gobernador Don Kee” – responde el predicado. – “Ahora son de mi propiedad.”
– “Mi único objetivo es que estén a buen recaudo” – dice Cooler. – “Si me convences de que lo están, para mí será suficiente.”

El Emperador sigue a Dolltaki a través de su lujoso palacio hasta llegar a su cámara acorazada.

– “Traednos las cajas” – ordena el predicador a uno de sus hombres.
Tras unos minutos de espera en completo silencio, que se hacen interminables para el predicador, su sirviente regresa corriendo y alarmado.

– “¡No están!” – exclama el luud.
– “¿¡Cómo?!” – se asusta Dolltaki.
– “¡Las cajas han desaparecido!” – repite su sirviente.
Cooler, de brazos cruzados, derriba repentinamente al predicador zancadilleándole con su cola, y empieza a propinarle latigazos con ella.

– “¡Piedad!” – grita Dolltaki. – “¡Señor! ¡Por favor!” – suplica.
Los hombres del predicador no se atreven a actuar. Solo se limitan a observar la escena, mientras Cooler sigue castigando sin cesar a su señor, escuchando el estallido de sus huesos.
Finalmente, el Emperador rodea el cuello de Dolltaki con su cola y le levanta del suelo.

– “No tienes ni idea de lo importantes que son esas cajas, ¿no es cierto?” – dice Cooler. – “Vives solo pendiente de tu miserable culto y tus riquezas.”
Dolltaki no tiene fuerzas para hablar.

– “Averigua qué ha ocurrido con las cajas o te prometo que sufrirás un castigo peor que la muerte” – le amenaza antes de soltarle, dejándole caer.

Cooler se da la vuelta y vuelve a su nave, donde Tagoma le espera. El Emperador se sienta en sus aposentos, claramente desanimado.

– “¿Tenemos noticias de Sauza y los demás?” – pregunta Cooler.
– “No, señor” – responde Tagoma. – “Perdimos el contacto con ellos hace semanas”.
Cooler respira profundamente, intentando calmarse, pues siente que todos sus planes se están derrumbando.

– “Quédate aquí y asegúrate de que ese predicador de pacotilla averigüe dónde están las cajas.” – dice Cooler. – “Yo viajaré a Kurama.”
Las semanas pasan. Liquir, ha utilizado una de las cápsulas de los hombres de Cooler para viajar hasta el lugar del que partieron; el planeta Numa.
Al aterrizar, Liquir parece decepcionado.

– “Esperaba que vinieran de su Capital…” – dice Liquir. – “¿Qué hacían en un planeta como este?”

De repente, Liquir siente que una extraña sensación le embarga. La oscuridad le rodea de repente.

– “¡Qué sorpresa!” – dice una voz en su interior. – “¡El Guardián del Fruto ha venido hasta mí!”
– “¡¿Quién eres?!” – exclama Liquir. – “¡Sal de mi cabeza!”
– “¿Buscas vengar a tu gente?” – dice la voz. – “¿A la gente a la que dejaste morir?”
El kurama se agarra la cabeza y cae de rodillas.

– “¡Déjame!” – grita Liquir.
– “Ellos murieron por tu misión…” – insiste la voz. – “Pero ahora la has dejado de lado porque te sientes culpable. Has fracasado en los dos frentes.” – dice mientras le muestra los cadáveres de los kurama.
– “¿Qué magia oscura es esta?” – se pregunta Liquir.
– “Ese viejo Sidra…” – se burla el brujo. – “Siempre tan intransigente.”
Entre la oscuridad se forma la figura de su maestro.

– “¿Señor Sidra?” – se sorprende Liquir.
– “Él ha intentado detenerte…” – continúa el mago. – “¡No le importa tu gente! ¡Es tu enemigo!”
– “No…” – gruñe el zorro, que intenta enfrentarse a esa magia. – “¡NOOOO!” – exclama. – “¡El Imperio es mi enemigo!” 

De repente, la oscuridad se disipa. Salabim se encuentra frente al kurama. Parece satisfecho.

– “Eres un tipo interesante, Liquir” – sonríe el brujo.
El zorro, confuso, observa a su alrededor. No comprende lo ocurrido.

– “¿Quién eres?” – pregunta mientras hace aparecer sus colas segunda y tercera, esperándose lo peor.
– “Tranquilo, muchacho” – responde Salabim. – “Puede que no seamos enemigos, al fin y al cabo.” – añade esbozando una pícara sonrisa.
Mientras tanto, en Kurama, Cooler ha encontrado el viejo templo y se dispone a adentrarse en él cuando alguien le detiene.

– “No deberías estar aquí” – dice una extraña voz.
El demonio del frío se da la vuelta y ve al anciano Sidra.

– “¿Tú eres quien ha matado a mis hombres?” – le pregunta Cooler.
– “Yo solo soy un viejo ermitaño” – responde Sidra.
– “Busco el Fruto Sagrado” – dice el demonio. – “Y éste templo está claramente dedicado a él. ¿Qué sabes?”
– “Sé muchas cosas” – responde el anciano. – “Conocimiento es lo poco que me queda.”
– “Soy todo oídos” – sonríe Cooler.
– “¿Qué te hace pensar que lo mereces?” – pregunta Sidra.
– “Ahora soy el Emperador” – responde el demonio del frío.
– “Emperador” – se burla el viejo. – “No… Tú no crees en palabras vacías. No eres como tu hermano.”
Cooler se sorprende al escuchar mencionar a Freezer.

– “¿Quién eres?” – pregunta intrigado el Emperador.
– “Nadie.” – responde Sidra. – “Podría explicarte quién fui, pero ahora no es importante”.
– “Necesito el Fruto” – insiste Cooler. – “Una gran amenaza…”
– “Ya te he dicho que sé muchas cosas” – le interrumpe Sidra.
– “¿Y a qué esperas para dármelo?” – insiste el Emperador.
Sidra agacha la cabeza, pensativo.

– “Creo que será mejor que entremos” – dice Sidra. – “Acompáñame.” – añade mientras camina hacia el interior del templo. – “Quiero mostrarte algo.”
Cooler, confuso, sigue al extraño anciano.
En Numa, Salabim ha guiado a Liquir hasta su cueva, donde le muestra una hoguera en el centro de la sala. 

– “Siéntate” – le dice el brujo al kurama.
– “¿Qué pretendes?” – responde Liquir, a la defensiva.
– “No seas terco.” – insiste Salabim. – “Quiero mostrarte algo”.
El zorro obedece y se sienta junto al fuego.

– “Mira atentamente la hoguera” – dice Salabim.
El kurama mira el fuego atentamente, pero nada ocurre.

– “No veo nada… Solo fuego.” – dice Liquir.
– “Deja que te ayude” – dice Salabim colocando su mano sobre la cabeza del zorro.
Las sombras envuelven de nuevo a Liquir. Todo está oscuro excepto el fuego que crepita frente a él.

De repente, la llama le envuelve. Liquir se pone en pie, asustado, pero pronto se da cuenta de que no se está quemando.

– “¿Qué demonios…?” – se extraña el kurama.
En ese instante, se da cuenta de que se encuentra en mitad de una ciudad antigua en llamas. Centenares de personas a su alrededor corren despavoridas. Su aspecto es peculiar, su tez es pálida, tienen orejas puntiagudas, llevan peinados extravagantes y de distintos colores, y visten túnicas austeras.

– “¿Dónde estoy?” – se pregunta Liquir.
Un rugido ensordecedor inunda la ciudad. El kurama alza la mirada hacia el cielo, cubierto por el humo de los incendios que le rodean. Liquir logra adivinar una monstruosa silueta del tamaño de una montaña que le deja perplejo.
El zorro retrocede lentamente, aterrado, cuando de repente escucha una bella melodía que durante un momento parece devolver la calma a esa urbe en llamas. 
En lo alto de dos edificios, dos pequeñas siluetas humanoides parecen ser las artífices de tan encandiladora música.
De repente, un guerrero armado con una espada pasa corriendo por la izquierda de Liquir y salta sobre el gigantesco monstruo.
En ese instante, todo se desvanece y Liquir vuelve a estar en la cueva con Salabim.

– “¿Qué ha pasado?” – se pregunta el kurama agitado. – “¿Dónde estaba? ¿Qué era esa cosa? ¿Un monstruo? ¿Un demonio?”
– “Puede que ambos…” – suspira el brujo. – “Los konatsianos lo llamaron… Hildegarn”.