OMG // Capítulo 1: Otro día en el infierno terrestre
Son Gohan, muy a su pesar, se despierta un día más. Por simple rutina se levanta y camina descalzo hacia el riachuelo cercano, donde mete los pies en remojo y se lava la cara con desgana. A su alrededor, los sonidos del bosque le envuelven.
Algunos peces nadan entre sus piernas río arriba, y sin dificultad él agarra uno. Es su desayuno, ¿o puede que su comida? Hace tiempo que dejó de tener en cuenta las horas del día.
En la orilla del río ya tiene algunas ramas viejas que utiliza como leña. Hecha unas cuantas a una improvisada fogata y las enciende con una pequeña onda de ki.
Se sienta al lado del fuego con desgana y con una rama fina, afilada, ensarta el pescado y lo sujeta sobre el fuego.
Mirando el fuego crepitante, Gohan deja su mente en blanco por un instante, pero en seguida recurre a su cinturón en busca de su único amigo; una vieja petaca decorada con el símbolo del rey Gyuma.
Son Gohan bebe un gran trago de su petaca y la agita después. Está casi vacía. El alcohol es un recurso escaso ahora que nadie lo produce.
Gohan guarda su petaca y escupe una flema al suelo. Enfadado con el mundo. Asqueado por el mundo en el que vive.
En poco tiempo el pescado está listo y él lo devora con ansia. Durante un instante recuerda con nostalgia los enormes peces que había pescado cuando era niño junto a su padre en el Monte Paoz. Una sutil sonrisa se dibuja en su cara, pero en seguida vuelve a buscar su petaca, y de otro trago la deja vacía.
Son Gohan vuelve a su cueva y se calza sus botas de color ocre, y sobre los pantalones negros que lleva atados con una cuerda se pone una vieja camiseta del mismo color; sobre ella se coloca una tela marrón oscuro a modo de túnica con la que pasar desapercibido en su viaje a la villa más cercana en busca de las preciadas provisiones.
Gohan camina por el bosque durante horas antes de encontrar un sendero y lo sigue hasta llegar a la carretera que lleva al pueblo.
Al poco tiempo de caminar por la carretera, se topa con una mujer joven pidiendo auxilio junto a un coche estrellado. La chica grita desconsolada que ha tenido un accidente y necesita ayuda para llegar a la ciudad.
Pero Gohan pasa por su lado sin inmutarse.
– “¡¿Es que no vas a ayudarme?!” – le implora la mujer.
Son Gohan se detiene por un instante y responde sin ni tan solo mirar a la mujer.
– “¿Ayudarte a ti? ¿O a los cinco hombres que hay escondidos preparando la emboscada?”
La mujer se sorprende al escuchar a nuestro vagabundo y los cinco hombres salen de sus escondrijos y enseguida rodean a Son Gohan.
Le apuntan con ametralladoras y pistolas. Varios de ellos llevan un viejo uniforme azul marino con hombreras rojas y un casco de tela marrón claro, con restos de un adorno en la cabeza que ahora está roto.
– “¡Arriba las manos!” – exclama el que parece el líder. – “¡Danos todo lo que llevas encima o te llenaremos de plomo!”.
Son Gohan no parece inmutarse ante la amenaza.
– “No llevo nada de valor” – responde Gohan.
Uno de los asaltantes da un paso al frente y Gohan clava su mirada en él.
El gesto de Gohan parece poner nerviosos a los bandidos.
Un asalto en la carretera usando una mujer como cebo es una práctica común en un mundo sumido en el caos. Todo el mundo sobrevive como puede. Los delitos están a la orden del día. Robos, violaciones, asesinatos… La humanidad vive su peor momento. Y a eso hay que sumarle la incertidumbre. En cualquier momento pueden llegar los androides a tu localidad y arrasarlo todo por simple diversión.
– “Las balas son un bien escaso. No las malgastéis conmigo”. – les aconseja el mestizo saiyajín.
El asaltante se acerca a Gohan y saca un cuchillo.
– “¿Crees que estás en condiciones de vacilarnos?” – dice el bandido mostrándole el cuchillo. – “¡Voy a sacarte las tripas si no nos das lo que…!”
Una onda expansiva de ki emitida por Gohan parece desequilibrar a todos los bandidos. Algunos disparan sin pensárselo, con miedo ante tal muestra de brujería. Pero Gohan desaparece ante sus ojos y les golpea uno a uno dejándoles inconscientes.
La mujer gatea lejos de allí y se acurruca al lado el coche estrellado.
– “Por favor, no me hagas daño…” – dice la mujer aterrorizada.
Son Gohan sigue caminando alejándose de ellos, sin ni tan solo mirar a la mujer.
Uno de los bandidos se arrastra hasta alcanzar una pistola y dispara a Gohan por la espalda. La bala rebota en la nuca del mestizo.
Son Gohan se detiene de repente. Sólo pasa un instante hasta que se da la vuelta, pero parece una eternidad para el bandido, que ha visto como una bala directa a la cabeza no ha afectado al extraño trotamundos.
Gohan se gira con rabia, y sin pensárselo dos veces desintegra al bandido con una onda de ki con su mano izquierda.
La mujer grita desesperada ante tal muestra de lo que ella considera magia negra.
– “Él se lo ha buscado” – le dice Gohan, que pese a aparentar indiferencia siente que debe justificarse ante la desconocida.
Y Son Gohan sigue su camino en silencio.
