OLD MAN GOHAN // Capítulo 9: Oscuridad

OMG // Capítulo 9: Oscuridad
Gohan, Videl y Shapner continuan su camino hacia Orange City. 
Al adentrarse en una zona boscosa, Gohan se detiene.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Videl.
Son Gohan parece ensimismado.

– “Seguid vosotros. Por este camino llegaréis a Villa Aru en poco tiempo y podréis pasar ahí la noche. Yo tengo algo que hacer” – responde el mestizo.
– “¿Nos abandonas?” – le pregunta Videl.
– “Dudo que la criatura nos haya seguido hasta aquí” – dice Gohan. – “No me necesitáis”.
– “No se trata de nosotros” – responde la Sargento. – “La humanidad te necesita, Son Gohan. Tienes que unirte a nuestra lucha” – insiste.
– “No es mi lucha” – responde tajante antes de empezar a alejarse en dirección opuesta.
– “¡Cobarde!” – le grita Videl. – “¡Eres un cobarde!”
– “Déjale, Videl” – le dice Shapner a su Sargento. – “Deja que se vaya”.
Videl y Shapner siguen su camino hacia Villa Aru. Mientras tanto, Gohan se ha desviado del camino y se dirige hacia el Monte Paoz, el que una vez fue su hogar.
Tras unas horas caminando llegan a la villa, rodeada por una empalizada de madera y un enorme cartel que anuncia su entrada, cerrada por una enorme puerta.

– “Ya hemos llegado” – dice Shapner, que se acerca al portón.
– “¡Alto!” – dice una voz desde lo alto de la empalizada.
Shapner levanta la vista y ve a una docena de hombres apuntándoles, algunos con escopetas y otros con arcos y flechas.

– “¡Somos del Ejército Real!” – dice Videl. – “Viajamos a Orange City. Sólo queremos pasar la noche”.
– “¡Soltad las armas y levantad las manos!” – grita el vigilante de la puerta.
Los militares obedecen. Sueltan sus armas y sus mochilas y alzan sus manos.
El portón se abre y una mujer de mediana edad, morena con canas y una pluma en la cabeza, escoltada por unos cuantos hombres, sale a recibir a nuestros amigos.

– “¿Así recibís al Ejército Real?” – le dice Shapner ofendido por el trato hostil.
– “No podemos fiarnos de nadie” – responde la mujer. – “Sabéis tan bien como yo que ese uniforme ya no significa nada.”
– “Somos la única salvación de la Tierra” – insiste Shapner. – “Deberíais mostrar respeto”.
– “¿Vosotros?” – le responde la mujer con superioridad. – “No tenéis ni idea de a qué os enfrentáis”.
– “Disculpe a mi teniente” – interviene Videl. – “Soy la Sargento Violet y él es el teniente Blue. Entendemos vuestras precauciones y agradecemos vuestra hospitalidad.”
– “Tú pareces más inteligente que el musculitos” – responde la mujer burlándose del teniente. – “¡Encadenadles y llevadles al calabozo!” – ordena a sus hombres.
Videl extiende sus brazos para facilitar la tarea a sus captores, como muestra de buena voluntad. Shapner, en cambio, muestra resistencia.

– “Ese Son Gohan nos la ha jugado” – murmura entre dientes mientras dos hombres intentan reducirle.
La mujer de la villa, que ya se alejaba, da media vuelta al escuchar ese nombre.

– “¿Has dicho Son Gohan?” – dice sorprendida.
Lejos de ahí, Son Gohan ha llegado a su antigua casa. Un fuerte sentimiento de nostalgia y tristeza le embarga de repente y sus ojos brillan vidriosos.
Son Gohan entra en la casa y contempla en silencio el lugar en el que tan feliz fue, recordando fiestas y momentos dichosos con su familia y amigos.
La casa se encuentra en muy mal estado, pero un plato de comida sucio en la mesa, que parece reciente, llama la atención de Gohan.
El mestizo sale de la casa y observa sus alrededores, intentando detectar un ki o escuchar un ruido que le indique si alguien anda cerca.
Finalmente, un crujido de ramas hace que mire a su derecha y de entre el frondoso bosque aparece una figura gigantesca. 

– “¿Son Gohan?” – dice el gigantón.
– “¿Abuelo?” – dice Gohan con la voz quebrada por la emoción.
El gran Rey Gyuma corre a abrazarse a Gohan, que rompe en llanto al reunirse con su abuelo.

– “Me alegro de que sigas vivo. ¡Creía que habías muerto!” – dice Gyuma.
– “¡Me alegro de verte!” – dice Gohan. – “¿Dónde está mamá?” – pregunta.
Gyuma suelta a Gohan y agacha la cabeza, incapaz de mirar al mestizo a los ojos.

– “Lo siento… Tu madre…” – dice el gigante.
– “¿Qué ocurrió?” – insiste Gohan, mientras su mirada se torna seria.
– “Yo había salido a buscar leña y una banda de saqueadores entró en casa buscando dinero…” – explica el viejo Rey. – “Ella se defendió, luchó, pero le dispararon y …”
La mirada de Gohan se llena de ira.

– “¿Dónde están?” – pregunta el enfurecido mestizo.
– “Son Gohan, tranquilo, ocurrió hace años…” – intenta calmarle su abuelo.
– “¡¿DÓNDE ESTÁN?!” – insiste Gohan desquiciado.
– “Se hacen llamar “Los enmascarados”. Construyeron su fuerte en Villa Chazke…” – responde finalmente Gyuma.
Son Gohan, sin decir nada más, sale volando a toda velocidad en busca de los bandidos, provocando que su abuelo caiga de espaldas al suelo.
En el fuerte de los bandidos, dos de sus dirigentes hablan frente al fuego, mientras el resto del campamento duerme.

– “Necesitamos más comida” – dice el más bajito de los dos. El bandido parece bastante mayor, tiene poco pelo, concentrado en los lados de su cabeza, y barba de varios días. Y en su mano sujeta una máscara de color azul agua marina y rebordes rojos en los orificios para los ojos y la boca.
– “Cada vez es más difícil encontrar alimentos, Mask” – responde su compañero. Alto, fuerte, moreno de pelo corto. – “Posiblemente tengan recursos en Villa Aru, pero están muy protegidos”.
– “Lo sé, Yamu.” – responde el otro. – “Pero nuestras familias son lo primero. Tendremos que organizarnos y asaltar la villa como sea.”
Son Gohan aterriza en mitad del campamento, interrumpiendo la charla.
Ambos bandidos agarran sus rifles y apuntan a Gohan.

– “¿Quién eres tú?” – le grita Yamu. – “¿Qué haces aquí?”
– “¡Alerta!” – grita su compañero. – “¡Un intruso!” 
Decenas de hombres rodean al mestizo.
Son Gohan no responde. Alza su mirada de forma repentina y hace que los bandidos retrocedan.

– “¡Matad a ese idiota!” – grita Yamu.
Los bandidos disparan a Gohan, que ni se inmuta ante el derroche de balas.

– “No puede ser…” – murmura Yamu. – “¿Un androide?”
De repente, Son Gohan se transforma en Súper Saiyajín. El brillo de su transformación ilumina el lugar.

– “No tenéis tanta suerte” – dice Gohan desafiante.
Un grupo de bandidos parece prepararse para huir con sus familias en un autobús escolar, que parece ya preparado en caso de ser atacados, pero Gohan, al percatarse del movimiento, alza su mano izquierda en esa dirección y lanza una onda de ki que hace estallar el vehículo en mil pedazos.

– “Nadie se va de aquí” – sentencia Gohan.
Los bandidos se abalanzan sobre Gohan, que acaba con ellos, uno tras otro, sin ningún tipo de compasión, quedando cubierto de sangre.
Uno de los bandidos, pelirrojo, de pelo largo y bigote fino, ataca a Gohan por la espalda. Gohan se da la vuelta y recibe un puñetazo en la cara, pero ni parpadea.
El mestizo agarra el brazo del bandido y lo aprieta con fuerza.

– “¡Spopovich, aléjate de él!” – grita Yamu.
Gohan sigue apretando su brazo entre los gritos del bandido hasta que finalmente se escucha el crujido de sus huesos.
Otros bandidos intentan atacar a Gohan, pero dándose media vuelta lanza una onda de ki que fulmina medio campamento.
Yamu salta sobre Gohan y le agarra con ambos brazos.

– “¡Mask! ¡Retírate con el resto y llévate a Spopocich!” – ordena a su compañero.
Son Gohan se libera fácilmente aumentando su ki y golpea a Yamu en la cara, rompiéndole casi todos los huesos faciales.
Los pocos bandidos restantes intentan huir, pero Gohan les lanza otro ataque de ki que acaba con ellos.

– “¡Es un monstruo!” – grita Mask.
Spopovich se levanta y pese a su brazo roto ataca a Gohan, que le intercepta con una patada en la cabeza y le desnuca. Su cuerpo cae al suelo sin vida.

– “Vais a pagar por matar a mi madre” – dice Gohan.
Mask retrocede y tropieza, cayendo de espaldas. Gohan camina hacia él lentamente.

– “¡Ni siquiera sé quién era tu madre!” – grita el bandido aterrorizado.
– “Mi madre vivía en el Monte Paoz” – responde Gohan mientras apunta al bandido con su mano derecha.
Mask parece intentar recordar a esa mujer a la que asaltaron en su casa.

– “¿La hija del Rey Gyuma?” – recuerda repentinamente el bandido.
La ira de Gohan aumenta al escucharle hablar de ella.

– “¡Fue un accidente!” – se excusa Mask. – “Pensamos que al ser hija del viejo Rey tendría algo de valor… ¡No esperábamos que ofreciera resistencia!”
Un ruido hace que Gohan se dé la vuelta y ve como Yamu intenta huir tambaleándose. El mestizo no duda y fulmina al bandido con una onda de ki.
Al volver a mirar a Mask, éste ha echado a correr.
Gohan alza su mano hacia el cielo y prepara un Kienzan mientras el desesperado bandido corre por su vida.
Lejos de ahí, en mitad del bosque, las pisadas características de la criatura que atacó al Pelotón Bravo perturban el silencio de la noche. 

– “Al fin te encuentro…” – murmura la criatura relamiéndose los labios y corriendo hacia la villa.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 8: Los androides

OMG // Capítulo 8: Los androides
Son Gohan se despoja rápidamente de la capa y extiende su brazo en un gesto protector hacia Videl y el teniente.

– “¡Alejaos de aquí!” – les grita nervioso.
Los androides siguen avanzando hacia ellos. El número 17 saca un rifle y enfila el arma hacia a nuestros amigos.

– “¡Dadnos todo lo que lleváis!” – dice el androide.
– “¡Somos los androides!” – les dice la número 18. – “¡Si no obedecéis os mataremos a todos!”
Gohan parece confundido ante el comportamiento de los mellizos.

– “¿Qué está pasando?” – piensa el mestizo.
La número 18 parece reconocer a nuestro vagabundo.

– “¿Son Gohan?” – dice la androide.
– “¿Qué?” – pregunta el número 17. – “¿Has dicho Son Gohan?” – dice mientras se fija en la cara tras la barba y el pelo largo y mugriento. – “¡Son Gohan!” – exclama en un tono jubiloso.
Gohan, Videl y Shapner están profundamente confusos ante esa situación.

– “¡Te dije que estaba con los androides!” – exclama Shapner, apuntando a Son Gohan con su fusil de asalto.
– “Me has mentido…” – murmura Videl, que se siente traicionada.
Son Gohan sonríe y parece relajarse.

– “No te he mentido. No estoy con los androides” – dice el mestizo.
De repente, el número 17 y la número 18 parecen sufrir una metamorfosis y recuperar su estado original. 

– “¡Oolong! ¡Puar!” – exclama Gohan alegre. – “¡Cuánto tiempo!”
Ambos metamorfos se abrazan a Gohan.

– “¡Sigues vivo!” – se alegra Oolong.
Videl y Shapner se miran desconcertados. No entienden nada.

– “¿Quiénes son estos?” – pregunta Videl.
– “Son viejos amigos míos” – responde Gohan.
– “¿A quién llamas viejo?” – se enfada Oolong bromeando. – “¿Te has visto la cara?”
Gohan bromea con sus amigos, mientras Videl se percata de que por primera vez está viendo al vagabundo sonreír genuinamente.
Los dos metamorfos guían a nuestros amigos hasta una cueva dentro de una pequeña montaña en mitad del desierto.

– “Este era el antiguo escondite del señor Yamcha” – explica Puar.
Shapner, Videl y Gohan dejan sus mochilas en el suelo, mientras Oolong les ofrece una cantimplora con agua.

– “Nos hemos ocultado aquí durante los últimos años” – dice Oolong. – “Viviendo de lo que conseguimos saqueando a viajeros descuidados” – añade.
– “Así que sois bandidos” – les dice Videl molesta.
– “¡No nos juzgues, chica!” – le responde Oolong. – “Aquí todos sobrevivimos como podemos”.
Videl mira con desaprobación al cerdo, que se acerca a ella para inspeccionarla de cerca.

– “No está nada mal…” – dice Oolong. – “Si queréis pasar la noche aquí, quiero sus braguitas.”
– “¡Oolong!” – le llama la atención Puar.
– “¡Encima que les salvamos la vida!” – insiste Oolong. – “Creo que sería una muestra de buena fe por su parte…”
– “¡Si te acercas a mí, hoy cenaremos cerdo a la brasa!” – dice Videl mientras le asesta un capón.
Gohan y Puar ríen como hacía tiempo que no hacían. Incluso a Shapner se le escapa una leve sonrisa.
La noche cae en la guarida del desierto y tras cenar un poco y ponerse al día, nuestros amigos ya se han acostado. Sólo Gohan ha subido al tejado de la guarida y se ha tumbado en el suelo para contemplar la noche estrellada.

– “Son Gohan” – dice Puar, que también ha subido al tejado.
– “¿Qué ocurre, Puar?” – le pregunta él.
– “Sé que ha pasado mucho tiempo…” – dice Puar.
– “Déjalo”. – le interrumpe Gohan. – “No quiero hablar del tema”.
– “Siento mucho lo ocurrido” – continúa Puar.
– “Te he dicho que no quiero hablar del tema.” – le repite Gohan algo enfadado. – “Los androides acaban con todo a su paso. La muerte es algo demasiado cotidiano.” 
– “Me refería a Lunch” – dice el felino.
Son Gohan se queda callado un instante.

– “Gracias” – responde tajante. – “Ahora, si no te importa, prefiero estar solo”.
– “Está bien” – dice Puar cabizbajo, antes de dejar a Gohan tranquilo.
Gohan despierta sobresaltado en una cama ajena. 

– “Al fin has despertado” – le dice una mujer de mediana edad, sonriente, con una túnica de piel de ciervo y una diadema en el pelo adornada con una pluma.
– “¿Dónde estoy?” – pregunta Gohan, que intenta incorporarse, pero le duele todo por la paliza recibida ante los androides. – “¿Qué ha pasado?”
– “Estás en Villa Aru. Al sur de Orange City. Llevas más de una semana durmiendo” – le responde la mujer. – “Al parecer te enfrentaste a los androides.”
– “Los androides…”- murmura Gohan. – “¡Roshi! ¡El Duende Tortuga estaba ahí! ¿Dónde está?” – pregunta.
– “Lo siento…” – le responde la mujer.
Gohan aprieta con fuerza los puños agarrando la sábana, mientras una lágrima desciende por su rostro. ¿Otra muerte por su culpa?

– “Lunch fue quien te trajo aquí.” – continúa la mujer.
– “¿Lunch?” – se sorprende Gohan. – “¿Dónde está?” 
– “Ha salido a buscar provisiones.” – responde la mujer. – “Pronto regresará”.
Un grito de Videl despierta a Gohan, que se da cuenta de que el Sol ya ha salido en el desierto.
La pared de la guarida se rompe con un fuerte estruendo y Oolong sale proyectado al exterior, parece que por un golpe de Videl.

– “¡No vuelvas a acercarte a mí!” – le amenaza la Sargento.
Oolong cae de cabeza contra el suelo y enseguida se lleva las manos a la cabeza por el dolor.

– “Estoy muy sólo aquí con Puar…” – murmura.
Una taza impacta en la cabeza de Oolong y le hace caer de espaldas, medio atontado.

– “¡No me importa!” – añade Videl.
Shapner ya ha preparado las mochilas y el trio parece estar listo para salir hacia Orange City.

– “Gracias por vuestra hospitalidad” – les dice Gohan a Puar y Oolong, que ahora lleva la cabeza vendada.
– “¿Seguro que no queréis quedaros?” – pregunta Puar.
– “Tenemos que llegar a Orange City lo antes posible”. – responde Gohan. – “No podemos quedarnos más tiempo”.
Tras las despedidas pertinentes, nuestros amigos parten hacia la ciudad.
Puar y Oolong observan a sus amigos partir.

– “¿Deberíamos acompañarles?” – pregunta Puar.
– “¿Estás loco?” – le responde Oolong. – “Aquí estamos a salvo.”
– “Se lo debemos a Son Goku” – insiste Puar.
– “Yo no debo nada a nadie.” – responde Oolong. – “Goku está muerto. Al igual que Yamcha y el resto. Ahora se trata de sobrevivir”– añade antes de volver a la guarida.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 7: Camino

OMG // Capítulo 7: Camino

Son Gohan es avasallado por 17 y 18, que golpean al saiyajín como si disputaran un partido de tenis. 
El mestizo casi ha perdido la consciencia, su visión es borrosa y difícilmente puede abrir un ojo. Su cuerpo magullado y ensangrentado ya no ofrece resistencia ante los golpes propinados por los androides.
Como salida de la nada, una luz cálida y azul brilla a lo lejos.

– “¿Papá?” – murmura Gohan.
Un Kamehameha golpea de lleno a los androides y causa una gran explosión.
Roshi, vistiendo con su Gi negro, aparece frente a Gohan y comprueba su pulso carotídeo.

– “Aún está vivo…” – murmura Roshi. – “Creo que hemos llegado a tiempo”.
Lunch, con su melena rubia, corre hacia Gohan y activa una cápsula con la que se genera una motocicleta.

– “¡Llévatelo de aquí!” – dice el Duende Tortuga.

Mientras tanto, otro anciano con un Gi verde y amarillo desciende lentamente a su lado.
Lunch carga a Gohan sobre su moto y tras dar la vuelta con un fuerte derrape, se aleja a toda velocidad sin mirar atrás.
El anciano Mutenroshi se quita la parte superior de su Gi y la lanza a un lado mientras los androides salen de entre la polvareda, caminando hacia él con su típica calma inquietante.

– “¿Preparado?” – le dice Roshi a su acompañante.
– “Nunca pensé que moriría a tu lado, viejo amigo” – responde el Duende Grulla, preparándose para lanzar el Kiko-ho.
– “Krilín, Yamcha, Ten Shin Han, Chaoz… Son Goku” – murmura Mutenroshi, mientras una lágrima resbala por su rostro. – “Sentimos no haberos podido preparar para algo así”.
Roshi aumenta su musculatura al máximo y se dispone a realizar su mejor Kamehameha.

– “¡Venid a por nosotros, criaturas del diablo! ¡Aún quedan guerreros con vida en la Tierra!” – grita Roshi.
De repente, una pedrada de Videl en la cabeza de Gohan le saca de su trance y casi le hace caer del árbol.
El Sol ha salido y Videl y su teniente ya están listos para partir, cada uno cargando una mochila llena de suministros y un rifle de asalto.

– “¡Nos vamos!” – le grita Videl.
Son Gohan se apea tranquilamente y se acerca a ellos ofreciéndoles la mano.

– “Suerte” – dice Gohan.
Videl le desprecia el gesto y se da la vuelta. 

– “Es tarde” – dice mientras se aleja. – “¡Vámonos, Shapner!”
– “Sí, Sargento” – responde el teniente, que la sigue.
Son Gohan observa en silencio a ambos soldados marcharse.

– “Idiotas” – piensa Gohan, molesto, mientras regresa a su cueva.
Videl y Shapner emprenden su camino hacia Orange City, descendiendo el Monte Frypan hacia el Este.
El teniente sigue desconfiando del extraño vagabundo.

– “No sabemos si ese Gohan está de nuestro lado. Podría ser un enemigo.” – dice Shapner.
– “Nos salvó de esa cosa” – responde la Sargento.
– “Pero esa criatura le reconoció” – insiste el teniente.
– “Estoy segura de que luchó contra los androides” – le replica Videl. – “Mi padre siempre habla de unos guerreros que se enfrentaron a esas cosas cuando aparecieron en la Isla del Sur. ¡Puede que fuese uno de ellos!”
– “¡De eso ya hace mucho tiempo, Videl!” – le responde Shapner, harto del tono fantasioso de la Sargento. – “¡Asúmelo! ¡Estamos solos en esto!”.
Videl se detiene y fija su mirada desafiante en el teniente.

– “¡Soy tu sargento! ¡No vuelvas a hablarme en ese tono!” – le responde de forma asertiva.
Shapner no se queda atrás y le responde de la misma manera.

– “¡Ya no hay pelotón! ¿Es que no lo ves?” – insiste el teniente. – “¡Se acabó! Los androides ya eran demasiado, ¿pero ahora también tenemos que preocuparnos por esa cosa?”
– “¡Nos ocuparemos de lo que haga falta!” – responde Videl. – “¡Dos androides, tres o veintitrés! ¡Somos la única esperanza de la humanidad!”
Una voz interrumpe a la pareja de soldados.

– “Hablas como mi padre” – dice la voz del vagabundo.
Videl y Shapner se dan la vuelta y ven a Son Gohan, vestido con su Gi naranja cubierto por una capa marrón a modo de túnica.

– “¡Son Gohan!” – exclama Videl sorprendida.
Shapner mira a la Sargento con desconfianza al detectar alegría en su tono.

– “Os acompañaré hasta Orange City. Esa cosa puede seguir ahí fuera y ya tengo suficiente desgracia a mis espaldas.” – dice Gohan mientras pasa entre los soldados y sigue hacia delante.
Videl se apresura a seguirle y Shapner hace lo mismo, pero con clara desgana.
Caminan durante días casi en silencio, descansando por la noche, cuando encuentra un lugar apropiado.
La tensión entre Shapner y Videl va en aumento, pues sus posturas están cada vez más distanciadas. Shapner desconfía del vagabundo y teme que sea un enemigo, en cambio Videl ve en él una pequeña chispa de esperanza.
Tras varios días intentando mantener una conversación con Gohan más allá de unas escasas palabras, Videl se atreve a preguntarle directamente sobre su pasado.

– “He oído historias de unos guerreros que se enfrentaron a los androides.” – le dice Videl.
Gohan no responde.

– “Dicen que se movían como ellos; que eran capaces de volar y hacer cosas extraordinarias. Aunque mi padre cree que eran trucos.” – insiste la Sargento.
Gohan sigue caminando, indiferente a las palabras de Videl.

– “Lo que Shapner me ha contado de tu enfrentamiento con esa cosa me ha recordado a esas leyendas. A las historias del Guerrero Dorado.” – insiste.
– “¿El Guerrero Dorado?” – pregunta Gohan.
– “Sí. El guerrero que se enfrentó a los androides en múltiples ocasiones, acudiendo al auxilio de las ciudades que estaban siendo atacadas. Dicen que su cuerpo emitía una brillante y cálida luz dorada” – explica Videl. – “Eras tú, ¿verdad?”
Son Gohan se siente afligido ante la admiración y esperanza que denotan las palabras de Videl.

– “¿Conocías a alguno de esos guerreros?” – le pregunta la Sargento, intentando obtener alguna respuesta del vagabundo.
Shapner pasa entre Gohan y Videl, apartándoles con malos modales para ponerse a la cabeza mientras desprecia tales historias.

– “No son más que cuentos para niños” – dice el teniente.
Son Gohan mira a Shapner algo molesto.

– “Discúlpale” – dice Videl. – “Su familia vivía en una pequeña isla del archipiélago Sur. Fue uno de los primeros lugares que atacaron los androides. Sólo él sobrevivió.”
Gohan y los soldados han dejado atrás los bosques que rodean el Monte Frypan y se adentran en un árido desierto en el que no parece haber ningún rastro de vida.
Unas enormes rocas de forma tubular son la única sombra que encuentran de vez en cuando para protegerse de un implacable Sol castigador.

– “Se nos ha acabado el agua” – dice Shapner. – “No sobreviviremos mucho tiempo si no encontramos algo para beber.”
Son Gohan se siente impotente ante esa situación, pues sabe que si intenta volar y buscar un lugar cercano con agua, podría alertar a la criatura.
De repente, a lo lejos, Son Gohan visualiza dos siluetas que le dejan petrificado. 

– “No puede ser…” – murmura Gohan.
Videl se percata de la reacción de Gohan y busca en el horizonte lo que ha visto, confirmando las peores sospechas del mestizo.

– “¡Esos son…!” – exclama Videl aterrorizada.
– “¡Los androides!” – confirma Shapner mientras da un paso atrás.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 6: Penitencia

OMG // Capítulo 6: Penitencia

Son Gohan inca la rodilla, su respiración es rápida, algo ahogada. Hacía tiempo que no tenía que luchar en serio y transformarse en Súper Saiyajín. Ha agotado sus fuerzas.
Videl se acerca a él algo temerosa.

– “¿Qué era esa cosa?” – pregunta la Sargento.
– “No lo sé” – responde Son Gohan.
– “¿Y tú?” – añade Videl. – “¿Eres el Guerrero Dorado?”
Son Gohan no responde. Shapner mira a Gohan con recelo. Ha escuchado su conversación con la criatura. El insecto parecía conocer a Gohan y parte de su pasado, y también a los androides.

Gohan se levanta y se aleja caminando. 

– “¿A dónde crees que vas?” – le pregunta Videl.
– “A mi casa” – responde el mestizo. – “Y vosotros deberíais hacer lo mismo”.
– “¿A casa?” – pregunta Videl enfadada. – “¿Crees que nos iremos a casa después de descubrir que existe esa cosa? ¡Tenemos que avisar al Ejército Real y prepararnos para enfrentarnos a…!”.
– “¡No sois nada frente a esa criatura o los androides!” – la interrumpe Gohan, harto de escuchar a los humanos hablar de los androides cómo si fueran una amenaza a la que pueden plantar cara. – “¡La única razón por la que la humanidad no ha sido erradicada es porque les divierte mataros lentamente! ¡Vuestro ejército es ridículo!”
Videl se queda callada ante la rabia de Gohan. Los ojos de la Sargento brillan vidriosos, inundándose de lágrimas de impotencia.
Sin decir nada, ella se da la vuelta y se va a ayudar a Shapner.
– “Vamos.” – le dice a su compañero. – “Nos queda un largo camino hasta la base”.
Gohan enseguida se arrepiente de haber gritado a Videl de esa forma. Pese a saber que sus palabras son ciertas, la Sargento y el teniente acaban de perder a todo su pelotón. No era el momento para señalarles la incompetencia de su ejército. Al fin y al cabo, el Ejército Real lo hace lo mejor que puede.

– “Venid conmigo” – les dice Gohan. – “Esa criatura aún puede seguir por los aledaños. Tengo algunas provisiones en la cueva. Podéis comer, curar vuestras heridas, descansar y salir mañana a primera hora.”
– “Nos las apañaremos solos” – responde Videl, aún dolida por sus gritos.
– “Haz lo que quieras” – responde Gohan antes de empiezar a caminar de vuelta al monte Frypan.
El insecto sigue oculto entre los árboles, observando a Gohan alejarse y cómo Videl, ayudando a Shapner, empieza a seguir a Gohan.

– “Tu energía vital es muy apetitosa, Son Gohan. Podría darme el empujón que necesito para enfrentarme a los androides” – piensa la criatura. – “Pero tendré que esperar. Pronto volveremos a vernos”.
Gohan y sus dos acompañantes ya recorren el camino de vuelta a la cueva de Gohan. El saiyajín lleva la delantera, y a esos metros, Videl y Shapner intentan seguir su marcha, cuando el teniente le hace una señal a la Sargento para que vaya más despacio.

– “¿Qué ocurre?” – pregunta Videl. 
– “Ese Son Gohan… oculta algo” – le susurra Shapner. – “Esa cosa le conocía”.
– “¿Pero de qué estás hablando?” – se sorprende Videl.
– “Esa cosa le ha llamado por su nombre. No podemos fiarnos de él” – insiste el teniente.
Videl no responde, pero mira a Gohan con recelo. 
Después de horas caminando en silencio consiguen llegar a la cueva. Shapner se dirige hacia el río para lavarse, mientras Videl se dispone a suturarse la laceración en su cabeza con aguja e hilo que le ha proporcionado Gohan, tras desinfectarse la herida con alcohol.
Gohan observa a la Sargento, que pese al dolor sigue adelante.

– “Dejaste el walkie-talkie en mi puerta…” – le dice Gohan. – “¿Por qué?”
– “Sabía que escondías algo” – le responde Videl mientras se da una puntada de sutura. – “Tuve la sensación de que podrías ser útil a la Resistencia, aunque no esperaba que fueras capaz de moverte como un androide”.
– “No soy capaz de moverme como ellos” – responde Gohan con resignación. – “Te lo aseguro”.
– “Sin duda no te mueves como un humano” – le insiste Videl.
Gohan agacha la cabeza, ya que no se siente con fuerzas para dar explicaciones.

– “Shapner dice que esa criatura te conocía” – le dice Videl, mientras examina su reacción.
– “Tiene razón. Parecía conocerme.” – responde el mestizo. – “Pero yo no la había visto nunca.”
– “¿Y cómo puede ser eso?” – pregunta la Sargento.
– “No lo sé.” – responde Gohan.
Videl termina de suturarse la herida.

– “Mañana saldremos hacia la base principal, en las afueras de Orange City” – dice Videl.
– “¿Orange City?” – repite Gohan con algo de tristeza.
– “Así es, al norte del Monte Paoz” – responde Videl.
Gohan se da la vuelta y se aleja.

– “Yo no voy a acompañaros” – responde tajante el sayiajín. – “Coged las provisiones que necesitéis y largaos de aquí a primera hora”.
Videl se percata del impacto que han causado sus palabras en el vagabundo y se apresura a perseguirle.

– “¡Espera!” – dice mientras le adelante y se interpone en su camino. – “¿Cuál es tu problema? ¿Por qué no me cuentas que te pasa?” – dice algo enfadada por la actitud de Gohan.
– “No me importa tu cruzada contra los androides. Ya no es mi guerra” – responde Gohan algo irritado mientras aparta a la Sargento.
– “¿Ya no?” – le pregunta Videl, percatándose de que lo fue en algún momento.
Son Gohan evita la pregunta y mira a Videl a los ojos con expresión seria.

– “Ya te lo he dicho. No podéis detener a los androides. La humanidad está sentenciada” – responde Gohan. – “No vale la pena luchar”.
Videl mira al trotamundos a los ojos un instante.

– “¿Qué te pasó, Son Gohan?” – le pregunta con voz tierna al ver algo más allá de la fría fachada de vagabundo solitario.
Son Gohan le aparta la mirada y se aleja sin responder.

– “¡Siempre vale la pena luchar!” – le grita Videl.
La noche cae en el Monte Frypan. Shapner y Videl se han acomodado en la cueva de Gohan, mientras éste intenta poner en orden sus pensamientos posado en la copa de un árbol, sentado en una rama y apoyado en el tronco, mientras da un sorbo a su petaca.
Son Gohan, con aspecto desaliñado, se encuentra bebiendo en la casa abandonada de su abuelo, en el Monte Paoz, mientras se lamenta por las muertes de Trunks y Bulma.

– “No pude hacerlo” – llora desconsolado. – “Lo siento, papá. Soy un cobarde”.
En ese instante, la radio anuncia la llegada de los androides a Orange City. La alarma de la ciudad apenas se oye en el horizonte.
Son Gohan, furioso, no duda en transformarse en Súper Saiyajín y dirigirse a toda velocidad a su encuentro.
Los androides están destruyendo la ciudad mientras ríen y se mofan de sus víctimas.
Gohan aparece de la nada y golpea al número 17, lanzándole contra un edificio.

– “¿Otra vez tú?” – se sorprende la número 18. – “Creíamos que habías muerto”.
– “¡Voy a acabar con vosotros!” – grita Gohan mientras concentra su ki y ataca a la 18.
La androide le esquiva con suma facilidad.

– “¿Dónde está tu compañero?” – le pregunta ella. – “¿Le has dejado en casa?” 
El número 17 aparece entre ella y Gohan y golpea a éste, haciéndole chocar contra un camión, que explota en mil pedazos.
Son Gohan aparece de entre las llamas, aún más furioso.

– “¿Acaso tu amigo está muerto?” – se burla 17.

La expresión de Gohan aclara que 17 está en lo cierto.

– “¡Parece que tienes razón, 17!” – dice la número 18. – “Creo que nos pasamos un poco con el chico.”
– “Ese niñato era un debilucho.” – responde 17. – “Igual que el resto de tus amigos”.
Gohan aprieta con rabia los puños.

– “¡No habléis así de mis amigos!” – grita furioso. – “¡Vais a pagar por la muerte de Trunks!”
Una fuerte corriente de aire provocada por el ki de Gohan sorprende a los androides, que antes de poder reaccionar se encuentran al mestizo a escasos centímetros de ellos.
Son Gohan golpea a 17 arrojándole lejos. La 18 intenta atacarle, pero Gohan la esquiva y la repele con un ataque de ki en su abdomen que la lanza por los aires.
El número 17 consigue detenerse en el aire, pero Gohan ya se encuentra de nuevo frente a él y vuelve a golpearle. 
La 18 detiene a su hermano antes de que impacte contra un edificio.

– “¿De dónde ha sacado tanta fuerza?” – se pregunta 17.
– “No lo sé” – responde 18. – “¿Pero acaso no es más divertido?”
17 sonríe.

– “Sin duda” – responde el androide.
Gohan vuelve a atacarles, pero esta vez 17 le esquiva y le da un rodillazo en el abdomen, deteniendo a Gohan en el acto.
El mestizo cae arrodillado, estupefacto ante el poder del androide.

– “Por un instante creíste que tenías una oportunidad, ¿verdad?” – le dice 17.
– “¿Creías que hasta ahora habíamos luchado en serio?” – añade 18.
– “Mírate. Tienes muy mal aspecto y apestas a alcohol.” – insiste 17.
La 18 le da una patada y le lanza contra un edificio, que se derrumba sobre Gohan.

– “¿Qué hacemos con él, 18?” – pregunta 17.
– “Si le matamos se acabará nuestra diversión” – responde 18. – “Pero eso no significa que no podamos jugar un poco…”