OLD MAN GOHAN // Capítulo 13: El equipo más extraño

OMG // Capítulo 13: El equipo más extraño
Los androides están confusos ante la nueva amenaza. 
Son Gohan mira al que parece ser su aliado.

– “Dijo que su objetivo eran los androides y que me necesita mi energía…” – piensa el mestizo. – “Tengo que ir con cuidado, pero definitivamente necesito su ayuda”. – concluye resignado.

El número 17 dispara un ataque de ki a la criatura, intentando ponerla a prueba, pero ésta lo repele golpeándolo con su cola.

– “¿Quién será mi pareja de baile?” – pregunta el insecto con tono burlón pero amenazante.
Son Gohan se pone en guardia y hace que los androides se coloquen espalda contra espalda. La número 18 encara a Gohan, mientras el 17 mira a Cell.

– “Bien…” – murmura la criatura. – “Tú serás el primero” – añade relamiéndose.
El 17 se lanza sobre la criatura, que retrocede mientras intercambia golpes con el androide.
A su vez, la 18 se abalanza sobre Gohan, que se eleva intentando separar a los mellizos.
El número 17 apunta a la criatura con ambas manos y empieza a descargar una tormenta de ataques de ki que el insecto esquiva mientras asciende corriendo por la fachada de un edificio. Al llegar a la cima, se da la vuelta y contraataca con un Kamehameha, del que el androide se protege usando su barrera.
Gohan y la número 18 están enzarzados en un intercambio de golpes en el que la chica parece tener ventaja.
La polvareda levantada por la explosión del Kamehameha se disipa y 17 aparece sin ningún rasguño.

– “Qué decepción” – se burla el androide. Pero en seguida se percata de que la criatura ha desaparecido.
El androide rastrea su alrededor buscando al insecto, sin éxito.

– “¿Ya has huido?” – sigue fanfarroneando 17. – “Parece que eres un cobarde”.
Tras él, el insecto se ha acercado con sigilo y levanta su cola sobre él mientras el aguijón se dilata hasta formar una campana del tamaño necesario para engullir al androide y lo atrapa. El número 17 lucha por liberarse, mientras la criatura sonríe victoriosa.
Son Gohan se percata de lo ocurrido, mas no la número 18, que sigue atacando al mestizo.

– “¡Maldita sea!” – exclama Gohan. – “¡Detente!”
– “¿Te rindes?” – le pregunta ella.
Gohan consigue ganar la distancia necesaria durante un instante y lanza un Kienzan hacia la criatura, cortándole la cola y liberando al androide 17, que rápidamente se deshace de los restos del apéndice del insecto, asqueado.

– “¿Qué ha sido eso?” – dice asustado. – “¿Esa cosa ha intentado comerme?”
La 18 se ha detenido, confusa ante la situación.
La criatura retrocede y mira furioso a Son Gohan.

– “¡Estúpido!” – le grita.
Gohan desciende, seguido por la número 18, que sigue sin entender lo ocurrido.

– “Ya lo entiendo”. – dice Gohan. – “Tu objetivo es absorber a los androides. Eres otra creación del Doctor Gero, ¿verdad?”
– “¿Otra creación de Gero?” – se sorprende 18.
– “¿Quiere absorbernos?” – se pregunta 17.
– “Y como ya dijiste, mi energía vital te facilitaría mucho las cosas…” – añade Gohan.
Mientras tanto, la criatura regenera su cola sin problemas.

– “Eres un tipo inteligente, Son Gohan” – admite sonriendo. – “Dejad que me presente: Mi nombre es Cell.”
– “No sabía que el Doctor Gero estuviera creando otro androide” – dice 17.
– “No soy un androide” – le corrige Cell. – “Soy un ser biológico formado a partir de las células de los mejores guerreros del planeta, diseñado para perseguir y lograr la perfección de mi cuerpo.”
– “Y para eso les necesitas a ellos, ¿no es así?” – insiste Gohan.
– “Sus fuentes de energía infinita son necesarias para obtener la perfección.” – explica Cell.
Son Gohan observa a los androides y a Cell.

– “Esa cosa se ha vuelto más fuerte desde que nos enfrentamos” – piensa Gohan. – “¿Qué puedo hacer? Si los androides le atacan juntos creo que podrían ganarle sin mucha dificultad…”
El 17 se levanta y sonríe mientras se sacude el polvo de la ropa.

– “Antes me has pillado desprevenido” – se excusa el androide. – “Pero ahora que conozco tu objetivo, ¡voy a eliminarte!”.
La 18 se cruza de brazos.

– “¡Acaba con él, hermano!” – le anima. – “Es un incordio para nuestra diversión”.
Son Gohan se asusta al ver que piensan luchar por separado.

– “¡¿Estáis locos?!” – les grita Gohan. – “¡Atacadle juntos!”
– “¿Para que tú puedas escapar?” – le responde ella.
– “¡Si esa cosa absorbe a uno de vosotros, se acabó!” – les insiste el mestizo. – “¡Será el fin de la Tierra!”
– “Preocúpate por ti” – le dice la 18 mientras le apunta con su mano.
Cell sonríe al ver que todo se le pone a favor.
Videl observa la escena con unos prismáticos, que también le permiten escuchar la conversación. El Ejército Real se ha retirado a las montañas con éxito y sólo unos pocos permanecen en la zona de combate.

– “Cell…” – murmura la Sargento.
Un sonido de pasos hace que Videl se dé la vuelta.

– “Vaya estropicio…” – dice una voz familiar. – “Te dije que debíamos quedarnos en casa”
– “¡Tenemos que ayudar a nuestros amigos!” – le responde otra.
– “Espero que, al menos esta vez, la chica guapa sea más agradecida…” – responde el primero.

Mientras Cell y 17 continuan su combate, Son Gohan, en silencio cruza sus brazo, agarrándose los hombros y empieza a acumular ki, haciendo que el suelo tiemble.
La androide 18 sonríe, curiosa por averiguar qué pretende el mestizo.
El ki de Gohan se eleva exponencialmente e incluso llama la atención de Cell.

– “Esa técnica…” – murmura Cell. – “¡Es de Piccolo!” – exclama sorprendido.

Videl y los soldados se apresuran a ponerse a cubierto en las alcantarillas, aconsejados por uno de los recién llegados.
De repente, Son Gohan extiende sus brazos, causando una explosión gigantesca que arrasa la ciudad en ruinas. Los androides no pueden activar sus barreras protectoras a tiempo y son barridos por la fuerte onda expansiva.
Al disiparse el polvo generado, Cell, herido, resurge de entre los escombros.

– “Maldito Son Gohan…” – murmura. Pero en seguida se percata de que alguien está sobrevolándole.
Gohan, agotado, apunta a Cell con sus manos formando un rombo.
Cell se sorprende, pero enseguida estalla en una carcajada.

– “¡Jajajaja! No tienes energía para hacer eso. ¡Morirías!” – se mofa el insecto.
Las manos de Son Gohan empiezan a brillar con fuerza, algo que inquieta a Cell.

– “Si este es el final, voy a llevarte conmigo” – le dice Gohan, que vuelve a envolverse con el aura dorada del Súper Saiyajín.
– “¡No puede ser!” – exclama Cell aterrorizado. – “¡No puede quedarle tanta energía!”
– “¡¡KIKO-HO!!” – grita Gohan, desatando la poderosa técnica de Ten Shin Han sobre el insecto.
Una gran proyección de ki deja el característico agujero cuadrado en el suelo, sin rastro de Cell.
Gohan, agotado, pierde su transformación y cae al suelo inconsciente.
Al instante, los androides aparecen de entre los escombros, heridos y con la ropa muy dañada.

– “Maldita sea…” – murmura 17.
– “¿Dónde están esos dos?” – pregunta 18.
Ambos ven a Gohan en el suelo y el gran agujero frente a él.

– “Parece que el chico ha eliminado a esa cosa” – dice el 17. – “No pensé que tuviera tanta fuerza.”
– “Es peligroso” – añade la número 18. – “Será mejor que esta vez acabemos con él” – dice apuntándole con su mano.
Dos sombras proyectadas en el suelo, junto a Gohan, llaman la atención de los androides, que miran a los edificios en ruinas que tienen enfrente.

– “No puede ser…” – dice 17.
– “¿Ellos?” – añade 18.
Sobre los edificios, Son Goku y Vegeta miran de forma desafiante a los androides.

– “¡No puede ser!” – repite 17.
– “Vegeta… ¡y Son Goku!” – exclama 18.
Su programación entra en acción y hace que se olviden de Son Gohan y ataquen a los saiyajín.
Videl sale de una alcantarilla cercana, con el bastón mágico a su espalda, y corre a por Gohan.

– “Aguanta, Son Gohan” – le susurra la Sargento mientras lo arrastra de nuevo hacia la alcantarilla. – “Aguanta un poco”.
Goku y Vegeta se ponen en guardia cuando se les acercan los androides, pero 17 atraviesa el pecho de Goku de un puñetazo y 18 corta a Vegeta por la mitad con la mano.
Sus cuerpos inertes vuelven a la normalidad, revelando el sacrificio de Oolong y Puar.

– “¡¿Pero qué…?!– exclama el androide 18. – “Ya veo…” – se lamenta.
– “Por un momento creí que podríamos cumplir nuestro objetivo” – añade 17.
La número 18 enseguida se da cuenta de que Gohan ya no está.

– “¡Maldición!” – exclama la androide.
– “Tranquilo” – le dice 17 con una sonrisa. – “En el fondo, ¿no prefieres que podamos divertirnos más tiempo con él?”.
– “Supongo que tienes razón…” – responde resignada la número 18.
Ambos androides escrutan su alrededor.

– “Aquí ya no queda nadie” – dice 17. – “Larguémonos”.
Los androides se alejan volando de Orange City, en busca de otra ciudad a la que atormentar.
Mientras tanto, Cell, malherido, con la cola, un brazo y una mano amputados, asciende lentamente desde el agujero creado por el Kiko-ho.

– “Esto no ha terminado” – murmura cansado mientras regenera sus extremidades laceradas. – “Voy a conseguir la perfección. No podéis huir para siempre.”

OLD MAN GOHAN // Capítulo 12: El Guerrero Dorado

OMG // Capítulo 12: El Guerrero Dorado
Pese a los festejos de los soldados, Son Gohan parece preocupado. Los androides le superan ampliamente, pero no podía dejar a Videl y Shapner solos.
Los androides salen de los escombros y miran al mestizo.

– “¡Son Gohan!” – exclama sorprendida la número 18. – “¡Creíamos que habías muerto!”
– “¡Me alegro de verte!” – añade el número 17 en tono jocoso. – “Te hemos echado de menos, Son Gohan. Los humanos pueden llegar a ser muy aburridos.”
Son Gohan les observa en silencio desde lo alto del Instituto Orange Star, con mirada seria, mientras una gota de sudor resbala por su sien.
Los androides se abalanzan sobre él a toda velocidad.
Gohan salta y apunta con su mano al Número 17.

– “¡Big Bang Attack!” – exclama al disparar la técnica de Vegeta.
El poderoso ataque impacta en 17 que, pese a cubrirse, ve frenado su avance.
La número 18 y Son Gohan inician un violento intercambio de golpes.

– “Si consigo mantener el combate en un uno contra uno, resistiré hasta que los soldados logren escapar”. – piensa Gohan.
La androide intenta golpear a Gohan que la esquiva, dejándola pasar de largo y de una patada en la espalda la lanza contra el instituto.
El número 17 ya se ha recuperado y ataca a Gohan, que se defiende de los ataques cuerpo a cuerpo del androide.

– “¡Hacía años que no me divertía así!” – se burla 17.
La Número 18 asciende hacia el saiyajín a toda velocidad, pero él aparta a 17 con un empujón de ki y desenfunda su bastón.

– “¡Alárgate, bastón mágico!” – grita mientras apunta con el báculo a la androide que, sorprendida, no puede evitar que el bastón impacte en su abdomen y la empuje de nuevo hasta el suelo.
El bastón vuelve a la normalidad y Gohan vuelve a enfundarlo, mientras 17 vuelve a la carga.
Desde el suelo, una ráfaga de ki interrumpe el combate entre 17 y Gohan, que se separan para esquivar el ataque de la número 18.

– “¡Casi me alcanzas a mí!” – le recrimina 17.
– “¡Mira cómo ha quedado mi vestido!” – responde la número 18. – “¡Me las pagará!”
La androide asciende y se coloca delante de su hermano, indicándole que no se interponga.

– “¡El saiyajín es mío!” – dice ella.
Son Gohan se pone en guardia.

– “Bien…” – piensa. – “Esto puede salir bien después de todo.”
Cerca de allí, Videl intenta reagrupar a sus soldados.

– “¡Tenemos que ayudarle!” – dice un soldado.
– “Dejad que se encargue él solo” – responde Videl. – “Nosotros solo le estorbaríamos”.
– “¡Retirada a la base de las montañas!” – ordena Shapner.
Los soldados se movilizan, mientras la Sargento contempla preocupada la pelea de Son Gohan y la androide 18, ante la atenta mirada del Número 17.
Shapner se acerca a Videl y le pone la mano en su hombro.

– “Sabes que no podemos hacer nada” – dice el teniente. – “Él mismo lo dijo. Nuestro ejército está muy lejos de poder enfrentarse a los androides.”
Videl sabe que Shapner tiene razón, pero se siente impotente ante tal situación.
La androide, ahora se toma la pelea más en serio y parece no tener problemas contra Son Gohan.

– “¡Pareces más lento que la última vez!” – se burla ella. – “¿Esto es todo lo que puedes hacer?”
La 18 golpea en el abdomen a Gohan, haciéndole escupir sangre, y de un codazo en su espalda le lanza hacia el suelo, perdiendo el bastón, que cae lejos del combate, cerca de Videl y Shapner.
Gohan choca contra el tejado del Instituto atravesando todos sus pisos hasta llegar al sótano.
Los androides sobrevuelan el agujero, aguardando a que Gohan vuelva a la superficie.

– “¿Ya está?” – pregunta 17.
– “Puede que me haya pasado un poco con él” – se jacta ella.
– “Le recordaba más resistente” – dice 17.
– “En fin, ¿qué se le va a hacer?” – sentencia la 18, mientras apunta al cráter y prepara un ataque de ki.
De repente, el edificio se ilumina. Una luz dorada se filtra por todas sus ventanas y por el agujero del cráter, como un foco que ilumina el cielo.
Los androides retroceden y Son Gohan asciende lentamente hasta alcanzar su altura.

– “No hemos terminado” – dice el mestizo con mirada seria y determinada.
Los mellizos sonríen al ver que su diversión continúa.

– “Parece que será más divertido que la última vez, cuando nos interrumpieron esos dos vejest…”  – dice 17.
– “¡Masenko!” – le interrumpe Son Gohan.
La técnica del saiyajín impacta en 17 y Gohan se abalanza sobre él, golpeándole varias veces antes de que reaccione.

– “¡Jajaja!” – se ríe la 18 al ver la escena. – “¡Parece que necesitas ayuda, hermano!”
El 17 golpea a Gohan y le aparta, mientras la 18 se coloca a la espalda del mestizo.

– “Acabemos con esto” – dice ella.
– “Está bien” – responde 17.
Ambos atacan a Gohan, que se ve superado por la pareja y encaja un golpe tras otro y, abrumado por su poder, comprende que no tiene escapatoria.
La 18 le agarra el pie y le lanza contra el suelo, contra el que impacta.
Son Gohan, ensangrentado, se levanta de nuevo.

– “Parece que este es el final.” – piensa Gohan. – “Espero que al menos esto sirva para salvar a Videl y a los soldados… Pronto nos veremos, papá”.
Los androides se posan en el suelo frente a Gohan y ambos levantan una mano apuntándole.
Gohan se pone en guardia, listo para el siguiente asalto.
De repente, unas pisadas a las espaldas de los androides hacen que estos se den la vuelta.

– “Pero, ¿qué diablos eres tú?” – dice 17 al ver ante él a una extraña criatura.
– “Hola, chicos. ¿Os importa si me uno a la fiesta?” – responde el insecto.

Dibujado por Torrijos


OLD MAN GOHAN // Capítulo 11: Orange City

OMG // Capítulo 11: Orange City
Los tres jinetes cabalgan por el bosque en dirección a la ciudad.

– “¿Cuánto nos queda hasta Orange City?” – pregunta Shapner.
– “Llegaremos en menos de un día” – responde Johnny.
En Villa Chazke, un silencio sepulcral inunda sus calles repletas de prendas de ropa arrastradas por el viento. El hijo de Mask se esconde bajo el suelo de una de las casas mientras escucha como las pisadas de la criatura se acercan. El niño puede oír a la criatura caminar por los tablones encima de él hasta que de nuevo queda todo en silencio. El niño respira aliviado al pensar que la criatura ha marchado, pero de repente, la cola del insecto rompe los tablones y ensarta al niño.

– “Ya me parecía que quedaba uno…” – murmura la criatura con una sonrisa mientras absorbe la energía vital del crío.
Son Gohan se ha lavado en un río cercano a su casa y se prepara para partir hacia la Torre de Karin. Se ha cortado el pelo, se ha afeitado usando sus manos envueltas en ki y se ha vestido con un viejo Gi de su padre.

– “Lo más fácil es viajar por mar” – piensa el mestizo. – “Necesito encontrar una embarcación”.
Los jinetes ya han cruzado el bosque y galopan por la llanura.

– “¡Ahí está Orange City!” – exclama Videl al identificar el silueta de la ciudad en el horizonte.
Nuestros amigos sonríen satisfechos, pues ven su objetivo cerca. Pero su expresión cambia por completo al divisar varias columnas de humo en la ciudad.

– “¿Qué ha pasado?” – dice Shapner.
De repente, varias explosiones se oyen a lo lejos.

– “¡La ciudad está siendo atacada!” – exclama Videl. 
– “¿Son los androides?” – pregunta Johnny.
– “¡Tenemos que darnos prisa!” – dice Shapner.
El sonido de las explosiones llega de forma tenue hasta el bosque, donde una bandada de pájaros alza el vuelo y alerta a Gohan.
No muy lejos de allí, la criatura también es alertada por las explosiones.

– “Puede que sea mi día de suerte…” – dice sonriendo.
Al acercarse a la ciudad, nuestros amigos pueden ver a varios helicópteros sobrevolando la ciudad y abriendo fuego sobre un objetivo desconocido, pero algunos de ellos son derribados rápidamente.

– “Maldición…” – se lamenta Videl. – “Espero que no hayan descubierto la base secreta.” – piensa la Sargento. – “¡Seguidme!” – exclama cambiando de dirección.
– “¿Qué estás haciendo?” – le dice Shapner. – “¡Nuestra misión es informar al Alto Mando!”
– “¡No voy a dejar a esta gente sola!” – responde la Sargento. – “¡Vamos a luchar!”
En las calles se encuentran con varias patrullas, tanques, vehículos de guerra y robots pilotados.

– “¡Es la Sargento Violet!” – exclaman varios soldados esperanzados. – “¡Ha llegado la Sargento!”
Finalmente, los jinetes llegan a un puesto de mando avanzado. Desmontan y entran en una enorme tienda de campaña.

– “¡Sargento Violet!” – exclama el militar que parece estar al mando. Un hombre de tez negra, fuerte, de pelo corto.
– “Coronel Kila” – le saluda Videl.
– “Veo que sigues sin usar los nombres en clave” – dice el Coronel.
– “Coronel White” – le saluda Shapner.
– “¿Cuál es la situación?” – pregunta Videl.
– “Los androides están atacando la ciudad. Se encuentran al norte.” – explica el Coronel. – “Hemos conseguido retrasarles, pero no aguantaremos mucho tiempo. Hemos ordenado evacuar la ciudad.”
– “¿Dónde está mi padre?” – pregunta la Sargento.
– “En la base secreta, en las montañas” – responde Kila.
– “Que todo el mundo se dirija a esa base por los túneles” – dice la Sargento. – “Intentaremos ganar tiempo”.
Johnny observa la conversación. Videl parece ser admirada por las tropas y sus ideas son respetadas incluso por sus superiores.
La Sargento sale de la tienda de campaña y agarra un fusil de asalto. Shapner la sigue.

– “¡Quiero a un pelotón conmigo!” – grita Videl. – “¡Y a todos los robots de combate disponibles!”
Los soldados parecen organizarse tras ella. 

– “¿De cuántos bombarderos disponemos?” – pregunta Videl a uno de los soldados.
– “Sólo nos quedan cuatro” – responde el soldado.
– “¡Pues que se preparen!” – dice la Sargento.
Shapner se acerca a Johnny.

– “Ya has cumplido tu parte, abuelo” – le dice en tono burlón. – “Ya puedes volver a la villa”.
– “¿Estás de broma, chico?” – le responde Johnny agarrando un fusil y un cinturón de munición. – “Si todos los soldados son tan torpes como tú, vais a necesitarme”.
Los androides parecen avanzar por la ciudad divirtiéndose. Reciben fuego del Ejército Real sin apenas inmutarse.

– “¡Hacía tiempo que no me divertía tanto!” – exclama la Número 18 mientras dispara a discreción contra varios tanques.
– “¡Llevaba años sin ver a tantos soldados juntos!” – responde 17.
De repente, un proyectil de energía disparado por un robot de combate alcanza al androide 17 y le lanza contra un edificio.
Su hermana se ríe a plena carcajada al ver a su mellizo abatido de una forma que considera ridícula.
El androide 17 sale de entre los escombros peinándose con la mano.

– “Parece que han mejorado” – dice con una sonrisa maliciosa.
– “¡Tendrías que verte la cara! ¡Jajaja!” – sigue riendo la 18.
Mientras tanto, los robots de combate y el pelotón de Videl se sitúan en silencio en los tejados de los edificios colindantes, rodeando así a los androides.

– “Que los bombarderos se preparen” – le susurra Videl a la radio.
Johnny y Shapner, armados con fusiles de asalto, escoltan a la Sargento.

– “Tenemos que hacer que lleguen a la plaza” – dice Videl.
– “Necesitaremos un cebo” – responde Shapner.
– “Yo me encargo” – dice Johnny.
– “¡No!” – le dice la Sargento. – “¡Espera!”
Sin escuchar a la Sargento, Johnny sale en medio de la plaza y dispara a los androides llamando su atención.

– “Otro héroe con ganas de morir” – dice 17.
Los androides caminan hacia Johnny, que sigue disparando hasta quedarse sin munición.

Al tener a los androides a escasos metros de distancia, Johnny recuerda cómo cuando era un niño usó su tirachinas contra Oolong cuando éste aterrorizaba su aldea.


– “Lo siento, Pocawatha.” – murmura el cowboy con una sonrisa de satisfacción. – “Nunca he sido demasiado prudente”.
Videl y el resto observan la escena impotentes.

– “Maldita sea…” – se lamenta Shapner. – “¡Da la orden!” – le dice a Videl.
– “¡Fuego!” – ordena ella por radio.
Los robots de combate disparan desde los tejados a los androides, llenando la plaza de fuego y polvo.

– “¡Los bombarderos! ¡Ahora!” – dice Videl por radio.
Los aviones sobrevuelan la zona y sueltan las bombas sobre la plaza.
Videl y Shapner se alejan corriendo de la zona mientras las bombas explotan tras ellos.
La ciudad se queda en silencio, cubierta por una gran nube de ceniza y polvo.
La Sargento sale de su cobertura para contemplar el desolado paisaje que ha resultado de la explosión.
Los bombarderos han dado la vuelta y dan una segunda pasada para comprobar el resultado de la operación.

– “El impacto ha sido total” – anuncia un piloto por radio. – “Repito: Impacto total sobre el objetivo”.
Los soldados celebran su supuesta victoria, pero Videl está triste por Johnny.

– “Lo hemos logrado” – la reconforta Shapner. – “Gracias a ti. Gracias a Johnny”.
Pero la polvareda empieza a disiparse y en el centro de la plaza, ambos androides siguen en pie, rodeados por sus barreras protectoras. Además, 17 tiene a Johnny agarrado por el cuello y lo levanta varios palmos del suelo.
La número 18 alza su mano y dispara a uno de los bombarderos, derribándolo.

– “Sois ridículos” – dice 17.

Johnny hace un gesto con su mano y se escucha un click metálico. El número 17 ve como una pequeña anilla cae al suelo.

– “Vete al infierno” – murmura Johnny justo antes de que la granada haga explosión.
– “¡NOO!” – grita Videl.

La explosión es contenida dentro de la barrera creada por el androide, que desaparece escasos segundos después.

A pesar de todo, el número 17 reaparece con la ropa algo dañada, pero sin ninguna herida. No hay ni rastro de Johnny.

–  “¡Maldita sea!” – grita Videl.
–  “Inútil” – murmura la número 18.

La Sargento desenfunda su pistola con lágrimas en los ojos y dispara a los androides.

Shapner coge su radio.

– “¡Impacto negativo!” – avisa. – “Repito: ¡Impacto negativo! ¡Los androides siguen en pie!”
– “¡Retirada!” – ordena el Coronel White por radio.
La Sargento sigue disparando a discreción contra los androides, que caminan hacia ella con su calma habitual.

– “¡Videl, tenemos que irnos!” – le insiste Shapner.
– “¡Tú tienes que irte!” – le responde ella.
Videl sigue disparando, cegada por la rabia, mientras el teniente intenta hacer que reaccione.

– “¡Escapa! ¡Es una orden!” – insiste la Sargento. – “¡Tienes que informar al Alto Mando sobre la criatura!”
Shapner, muy a su pesar, sabe que la Sargento está en lo cierto, y por el bien de la humanidad, uno de ellos tiene que sobrevivir.

– “Tengo que ganar algo de tiempo” – piensa Videl. – “Lo siento, papá.” – murmura, asumiendo que éste es su fin y que su misión ha fracasado.
Pero en ese instante, una onda de energía de color azul celeste impacta contra los androides haciéndoles retroceder y causando una gigantesca explosión.
Tanto Videl como el resto de soldados en retirada alzan su mirada buscando el origen de tal proyectil.
Sobre el edificio más alto de los alrededores, el Instituto Orange Star, un hombre envuelto en fuego dorado se yergue impertérrito.

– “¿Son Gohan?” – murmura Videl con lágrimas en los ojos, pues le cuesta reconocer al vagabundo por su cambio de aspecto.
– “¡Es el Guerrero Dorado!” – grita un soldado. – “¡El Guerrero Dorado ha regresado!”
– “Creía que sólo eran leyendas…” – murmura otro.
– “¡Estamos salvados!” – exclama otro. – “¡El Guerrero Dorado está con nosotros!”
Todos los soldados celebran su llegada como si fuera una victoria y corean su nombre.
La esperanza ha vuelto a la Resistencia.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 10: Esperanza

OMG // Capítulo 10: Esperanza
En Villa Aru, todos han salido de sus casas y escuchan las explosiones a lo lejos, viendo los resplandores reflejados en el cielo.

– “Son Gohan…” – murmura Videl.
Finalmente, el estruendo cesa. El fuerte de los bandidos ha quedado arrasado. Unas pocas mujeres y niños salen de un sótano lleno de humo y Son Gohan clava en ellos su mirada llena de odio y alza su mano en su dirección. Ellos retroceden aterrorizados.
Son Gohan cierra los ojos con fuerza haciendo una mueca de dolor y vuelve a su estado base, dejando caer su mano.
Uno de los niños corre hacia el cadáver de Mask.

– “¡Papá!” – grita el niño llorando.
En ese instante, el mestizo parece darse cuenta del horror que ha causado.
El niño corre hacia él y le agarra el pantalón, golpeando con todas sus fuerzas al saiyajín, que sigue inmóvil y perplejo por la situación.  
Tras mirar un instante al crío y recordar cómo él se sintió ante la muerte de Piccolo y sus amigos frente a los androides, alza el vuelo rápidamente, haciendo que el niño caiga de espaldas al suelo, y se aleja del lugar a toda velocidad.
En Villa Aru, Shapner y Videl están reunidos con los jefes de la aldea, entre los que se encuentran la mujer que les recibió en la entrada, un hombre con sombrero de cowboy y una enorme tortuga marina posada en un enorme barreño con agua salada.

– “Son Gohan estará bien” – dice la mujer. – “Sabe cuidarse”.
– “¿Le conocéis?” – pregunta Videl.
– “Así es” – responde la mujer. – “Me llamo Pocawatha.”
– “¿Y cómo le conoció? ¿Vivía aquí?” – pregunta la Sargento.
– “Estuvo aquí durante un tiempo, pero su casa está en el Monte Paoz” – explica la mujer. – “Una mujer le trajo malherido después de que se enfrentara a los androides en Orange City”.
– “El Guerrero Dorado…” – murmura Shapner, que se siente forzado a admitir que las leyendas eran ciertas. 
– “¡Su leyenda es conocida por todo el mundo!” – exclama Videl. – “¡El guerrero que luchaba contra los androides! ¿Por qué perdió la esperanza?”
– “Dejó de creer” – responde Pocawatha. – “Decidió que no merecía la pena luchar para salvar a la humanidad.”
– “Cobarde…” – dice Shapner.
– “¡Ni se te ocurra faltarle al respeto otra vez!” – exclama el hombre con sombrero de cowboy, mientras se levanta ofendido y con actitud amenazante.
– “Tranquilo, Johnny” – le calma Pocawatha.
Son Gohan aterriza en la cabaña de su abuelo Gohan, entra en ella y se arrodilla frente al pequeño altar en el que está expuesta la Dragon Ball de cuatro estrellas, ahora convertida en una simple piedra.

– “Lo siento” – murmura llorando. – “Lo siento mucho, papá. Nunca seré el héroe que fuiste tú.”
Un rayo de luz entra por la ventana y se refleja en un pequeño objeto situando en una estantería cercana al altar.

Son Gohan se seca las lágrimas y se acerca al objeto, guiado por su brillo, y se percata de que es un pequeño cascabel.

En Villa Aru, Pocawatha les explica la continua lucha de Gohan contra los androides.

– “¿Qué le hizo cambiar?” – pregunta Videl.
– “Estuvo viviendo y entrenando aquí con su amiga Lunch durante unos meses” – responde Pocawatha. – “Hasta que un día, Lunch y varios de nuestros hombres fueron atacados por bandidos, en las montañas, mientras volvían con un convoy de suministros desde la Capital del Este. Perdimos a muchos hombres…”
La mujer parece afligida por el recuerdo y se le corta la voz.

– “Lunch fue capturada por los bandidos” – interviene la tortuga.
– “La torturaron intentando obtener información sobre nuestra villa” – añade Pocawatha llorando.
– “Tardamos varios días en localizar el escondite de los bandidos” – dice Johnny. – “Cuando lo supimos, Gohan corrió a rescatarla y acabó con su guarida, pero era demasiado tarde… Lunch murió en sus brazos”.
– “Cuando Son Gohan volvió a la villa ya no era el mismo.” – dice Pocawatha. –“Sus ojos… Su mirada había cambiado.”
Videl no puede evitar llorar al escuchar la historia. Shapner también parece conmovido.
En el Villa Chazke, los supervivientes lloran a sus seres queridos en silencio, pero un inconfundible sonido de pisadas acercándose altera la solemnidad del momento.
El viejo Rey Gyuma se encuentra sentado en su casa cuando escucha a Son Gohan llegar.
Gyuma sale de la casa para recibirle y le abraza con fuerza.

– “¿Estás bien, Son Gohan?” – le pregunta al verle cubierto de sangre.
– “Tengo que irme” – responde Gohan.
– “¿Cómo dices? ¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido?” – dice sorprendido su abuelo.

Son Gohan extiende su mano y le muestra el cascabel a su abuelo.
– “¿El cascabel del Duende Karin?” – dice el viejo Rey.
– “Tengo que ir a la Atalaya de Kamisama” – responde Gohan. – “Creo que allí encontraré respuestas”.
En Villa Aru, Videl y Shapner se preparan para reanudar su marcha. 

– “Aquí tenéis dos caballos. Varios de nuestros hombres os acompañaran hasta Orange City” – dice Pocawatha. 
– “Gracias por los caballos, señora Pocawatha” – responde Videl. – “Pero no vamos a poner en riesgo a vuestra gente. Esta es nuestra misión”.
– “Necesitáis a alguien que sepa guiaros por este bosque” – insiste la mujer.
– “Yo les acompañaré” – dice Johnny. 
– “No se ofenda, viejo, pero nos enlentecería” – dice Shapner.
– “No me gustaría tener que estropearte esa cara bonita, hijo” – le dice Johnny mientras se sitúa a escasos centímetros de la cara del teniente.
– “Tranquilos.” – dice Videl. – “Está bien, señor Johnny. Aceptamos su ayuda. Nos será más fácil llegar a Orange City si nos acompaña”.
Shapner, resignado, termina de cargar el caballo y se dispone a montar. Videl y Johnny hacen lo mismo.

– “Ten cuidado, Johnny” – le dice Pocawatha.
– “Ya me conoces” – responde el viejo cowboy. – “La prudencia nunca ha sido lo mío” – añade guiñándole el ojo.
Los tres jinetes se despiden de la villa y parten rumbo a Orange City.
Mientras tanto, Gohan prepara una mochila para marchar.

– “¿No vas a ir volando?” – le pregunta su abuelo.
– “Ha aparecido un nuevo enemigo que puede sentir mi ki” – responde el mestizo. – “En estos momentos debe estar viniendo hacia aquí. No puedo arriesgarme.”
– “¿Y Kinton?” – pregunta Gyuma.
– “Hace tiempo que dejó de ser una opción” – se lamenta Gohan.  – “Tú tienes que ir a Villa Aru, ahí estarás más seguro”.
– “Son Gohan… Tu madre nunca quiso abandonar esta casa y yo tampoco lo haré.” – responde Gyuma.
– “No digas tonterías. Es peligroso quedarse aquí” – insiste Gohan.
– “Lo sé muy bien” – responde Gyuma. – “Pero prefiero pasar mis últimos días aquí. En casa”.
– “Está bien, abuelo” – claudica Gohan.
Ambos se abrazan con fuerza.

– “Antes de que te vayas, tengo algo que darte” – dice el abuelo, entregándole un objeto alargado, envuelto en tela y atado con una cuerda.
Son Gohan deshace el envoltorio y se encuentra con el bastón mágico que una vez perteneció a su padre y a su otro abuelo.

– “El Duende Karin se lo dio a tu madre cuando murió Son Goku. Lo estaba guardando para dártelo el día de tu boda.” – explica el Rey Gyuma. – “Pero si vas a ir a la Atalaya, creo que lo necesitarás”.
– “¿Para mi boda? Dudo que eso ocurra” – responde Gohan algo incómodo.
– “El mundo no será un caos para siempre, Son Gohan” – dice Gyuma, agarrándole de los hombros. – “No pierdas la esperanza”.