OLD MAN GOHAN // Capítulo 23: Las dos torres

OMG // Capítulo 23: Las dos torres
En el laboratorio de la Muscle Tower, el Doctor Normaki, Erasa y el resto de su equipo científico examinan el sarcófago, que ha sido conectado al ordenador principal.

– “El Doctor Gero era un hombre brillante…” – murmura Senbei mientras estudia los datos que aparecen en la pantalla.
– “El General Silver le tiene en alta estima” – le dice Erasa. – “¿Formaba usted parte del equipo del Doctor Gero?”
– “No, nada de eso” – responde el doctor. – “Siempre he trabajado solo en mi pequeño laboratorio de Villa Pingüino”.
– “¿Y qué hace aquí si no trabajaba para la Red Ribbon?” – insiste Erasa.
– “Me uní a la causa hace muchos años, cuando la villa fue atacada por los androides” – responde Senbei. – “Mi especialidad es la robótica, así que pensé que podría encontrar una forma de detenerles… Pero nunca pude imaginar que las creaciones del Doctor Gero fueran tan complejas. Parecen ciencia ficción”.
Senbei teclea a rápido, analizando y desgranando cada línea de código de la programación del sarcófago.

– “Número 16…” – murmura el doctor. – “Supongo que fue el precursor de los androides 17 y 18.”
– “¡¿Otro androide?!” – exclama Erasa sorprendida y algo asustada.
– “No exactamente” – responde el Dr. Norimaki. – “Este es un robot completamente mecánico.”
En las montañas rocosas, los androides recuperan la vista gradualmente.

– “¡¿Dónde se han metido?!” – pregunta la Número 18 mientras intenta abrir los ojos. – “¿Dónde están?”
– “Deben haber huido” – responde el 17. – “¡Maldita sea!” – añade furioso.
La Número 18 asciende para buscar a sus enemigos.

– “¡Viajan al Este!” – exclama la androide, que puede ver una nube de humo alejarse en el horizonte.
Los supervivientes han subido a los vehículos que quedaban en funcionamiento y se dirigen, con gran apremio, de vuelta a la Muscle Tower.

– “¿Desde cuándo sabes hacer eso?” – le pregunta Shapner a Videl, sorprendido ante la nueva habilidad demostrada por la Sargento.
– “Son Gohan me lo enseñó” – responde Videl. – “Supongo que, después de todo, no eran sólo trucos” – añade con una sonrisa.
– “¿Son…?” – se extraña Pilaf, sentado en el asiento de atrás entre Mai y Shu.
Suno mira hacia atrás a cada instante, temerosa de que los androides les persigan.

– “Es cuestión de tiempo que nos alcancen.” – dice la Coronel.
– “En la Muscle Tower podremos resistir hasta que llegue Son Gohan” – responde Videl.
– “¿Son Gohan?” – pregunta Suno.
– “Son Gohan no sabe lo que está pasando” – responde Shapner. – “¡Quedamos con él en reunirnos en la Capital del Oeste!”
– “Vendrá” – responde Videl con total seguridad. – “Sé que vendrá”.
En la Tierra Sagrada de Karín, Son Gohan ha llegado a la base de la torre.

– “Bien, no tengo tiempo que perder” – piensa el mestizo, antes de coger impulso.
De repente, una lanza pasa a escasos centímetros de su oreja, sorprendiéndole.

– “¡Alto!” – dice una voz, que resulta ser un hombre adulto de piel morena y vestimenta indígena.
Son Gohan se detiene y mira al extraño individuo.

– “No tengo tiempo para esto.” – le dice el mestizo. – “Tengo que escalar la torre”.
El extraño hombre se fija en la ropa de Gohan.

– “Esa ropa…” – murmura sorprendido. – “¿Eres amigo de Goku?” – dice con genuina ilusión en sus ojos.
– “¿Conocías a mi padre?” – pregunta desconcertado Gohan.
Los androides persiguen a nuestros amigos, que ya se acercan a la Muscle Tower.
Erasa recibe un mensaje en su computadora de muñeca. Videl y el resto están acercándose a la torre.

– “¡Qué salgan todos los robots de combate!” – responde Erasa. – “¡Hay que ganar tiempo!”
Mientras tanto, el Doctor Norimaki sigue estudiando la programación del Número 16.

– “¡Es sorprendente!” – exclama Senbei. – “Según las notas del Doctor Gero, este robot fue considerado defectuoso… ¡por ser pacífico!”
– “¿Pacífico?” – se extraña Erasa.
– “Es el mismo error que tenía el Número 8.” – responde Senbei. – “Parece que el Doctor Gero nunca fue capaz de solucionar ese problema y por eso pasó a utilizar androides con base humana”.
– “¿Está diciendo que este robot puede estar de nuestro lado?” – le dice Erasa, que no entiende la relación entre ese cambio y el error en los robots.
– “No.” – responde tajante Senbei. – “Creo que si nosotros fuésemos un problema, nos eliminaría sin dudarlo. Pero en estos momentos, el problema de la Tierra no somos nosotros…”
– “Es mejor que nada…” – suspira Erasa. 
– “Espera, hay una línea de código que se repite en toda su programación, como si fuese una obsesión de Gero…” – dice el Doctor, mientras sigue investigando. – “Matar a… ¡¿Son Goku?!” – exclama al reconocer ese nombre.
Los supervivientes de la batalla del desfiladero han llegado a la base, mientras los robots tripulados salen a recibir a los androides.

– “¡Preparaos para el combate!” – exclama Suno mientras baja de la camioneta. – “¡Preparad la barrera!”
– “¿Qué barrera?” – pregunta Shapner.
– “Esto es una fortaleza” – responde la Coronel orgullosa. – “No les será fácil entrar”.
Una barrera protectora parecida a la de los androides envuelve la Muscle Tower.

– “¡Increíble!” – exclama Ikose, que acude a recibir a sus amigos. – “¿Estáis todos bien?”
– “¿Dónde está Erasa?” – le pregunta la Sargento.
– “En el laboratorio” – responde el joven soldado.
En la base de la Torre de Karín, el indígena parece haberse calmado.

– “Así que eres el hijo de Son Goku…” – dice emocionado el hombre. – “Siento haberte atacado. Me llamo Upa”. – se presenta.
– “¡¿Upa?!” – se sorprende Gohan. – “¿El de las historias de mi padre? ¿El que luchó junto a él en el palacio de Uranai Baba?”
– “Me alegra ver que Goku te ha hablado de mí” – responde Upa contento y algo avergonzado. – “¿Cómo está Son Goku?” – le pregunta.
– “Lo siento, Upa.” – responde Gohan. – “Mi padre murió hace muchos años de una enfermedad cardíaca”.
– “Lo siento mucho” – responde Upa, claramente afligido. – “Eso explica que los androides sigan campando a sus anchas.”
– “No te preocupes.” – responde Gohan. – “Lo ha dejado en mis manos.” – añade apretando fuerte el puño. – “Tengo que escalar la torre y llegar al la Atalaya de Kamisama. Creo que hallaré respuestas allí”.
Upa se acerca a Gohan y le ofrece su mano.

– “Siento el malentendido” – dice Upa.
– “No te preocupes” – responde Gohan estrechando su mano.
– “Espero que encuentres lo que buscas, por el bien de la Tierra” – añade el indígena.
– “Gracias” – responde Gohan, mientras se da la vuelta y mira hacia arriba, incapaz de divisar la cima de la torre.
Upa también mira hacia arriba.

– “No es una escalada fácil…” – dice Upa.
– “¡Vamos allá!” – exclama Gohan, dando un salto hasta agarrarse a un saliente de la torre e impulsándose hacia arriba, para desaparecer inmediatamente entre las nubes.
Upa se queda con la boca abierta ante tal demostración de fuerza y agilidad.

– “Sin duda es hijo de Son Goku…” – murmura con una sonrisa de esperanza.
En la Muscle Tower, los androides han llegado y sobrevuelan la base.

– “La Muscle Tower…” – dice la Número 18. 
– “Veo que los humanos están aprovechándose de los recursos de la Red Ribbon” – añade el 17, que extiende su mano apuntando a la base. 
El androide dispara y su ataque estalla en el aire contra la invisible barrera.

– “Pero, ¿qué demonios ocurre?” – se extraña el Número 17, que repite su ataque con el mismo resultado.
– “Una barrera…” – responde la 18. – “Qué interesante…” – sonríe.
Suno, Shapner, Ikose, el Número 8 y la banda de Pilaf observan desde el suelo a los androides.

– “Espero que aguante…” – murmura la Coronel.
En el laboratorio, Erasa le ha contado a Senbei lo que conoce sobre la muerte de Goku y la misión de Son Gohan.

– “No sabemos si, al no estar Son Goku, su hijo se convertirá en su objetivo…” – reflexiona Erasa.
– “Apartaos del sarcófago” – les dice el Doctor a los científicos que lo rodean.
– “Doctor Norimaki, no podemos arriesgarnos a…” – dice Erasa.
– “¡Apartaos todos!” – insiste el Doctor, mientras se acerca al botón de activación del robot.
En ese instante, Videl entra en el laboratorio y desenfunda su pistola.

– “¡Apártese de ese botón!” – le grita al Doctor Norimaki.
El Doctor levanta las manos y se queda quieto.

– “¡Tenemos que detener a esos androides!” – exclama el Doctor.
– “No permitiré que despierte a otro monstruo” – responde Videl mientras apunta al Doctor.
– “Tranquila, Videl” – interfiere Erasa. – “Este robot es distinto a los androides 17 y 18”.
– “Tu misma has dicho que puede tener como objetivo matar a Son Gohan.” – responde la Sargento, que ha escuchado la conversación.
– “Pero nos libraría de los androides” – responde Senbei.
– “¿A cambio del Guerrero Dorado?” – le insiste Videl. – “No podemos permitirnos esa pérdida”.
– “¿No podemos?” – le dice Erasa. – “¿O no puedes?” – le recrimina.
Videl se siente atacada por su amiga, que hace que analice durante un instante si sus sentimientos están en conflicto con la misión.

– “Esas cosas mataron a mi familia” – le dice furioso el Dr. Norimaki. – “No me importa lo que tenga que dar a cambio de verlos morir.” – dice mientras se acerca al botón de activación.
– “Por favor, Doctor.” – le dice Videl. – “Le necesitamos para retomar el Proyecto Hope. No me obligue a disparar.”

En la superficie, los androides disparan sin cesar contra la barrera, que de momento resiste sin dificultad.
Mientras tanto, Gohan ya ha llegado a la cima de la Torre de Karín.

– “¿Hay alguien?” – pregunta Gohan mientras sube la escalera hacia la plataforma.
– “¡Bienvenido, Son Gohan!” – le dice el longevo felino.
– “¿Qué hay de nuevo, chaval?” – añade Yajirobe, con aspecto anciano, mientras se acerca a Gohan y le da un puñetazo cariñoso en el estómago. – “¡Veo que sigues en forma!”

Son Gohan se abraza a Yajirobe.

– “Bueno, vale ya de abrazos, que hueles a rayos” – le dice Yajirobe mientras se aparta.
– “Has subido la torre de forma legal” – le dice Karín. – “¡Y llevas el bastón mágico!” – exclama. – “Supongo que te diriges al palacio de Kamisama”.

Son Gohan asiente.

– “Me parece una buena idea” – responde Karín. – “En ningún lugar se puede entrenar como en la Atalaya” – añade con una pícara sonrisa.

Yajirobe mira con recelo al gato.

– “¿Ya empezamos?” – le dice a Karín. – “La última vez que vi esa cara fue cuando no le dijiste a Goku que Kamisama y Piccolo Daimaoh eran la misma persona. ¿Qué le estás ocultando al chico?”
– “¡¿Yo?!” – se sorprende el felino, que se da cuenta de que su compañero le ha pillado con otra de sus tretas. – “¡Nada, nada!”

Son Gohan sonríe al ver la extraña relación entre Karín y Yajirobe.

– “Supongo que lo descubriré cuando llegue” – interrumpe Gohan. – “¡Tengo que seguir mi camino!” – dice mientras se dispone a subir al tejado.
– “¡Espera!” – le dice Yajirobe, que busca algo en su Gi. – “Tengo algo para ti. Es la última, así que aprovéchala”.

Yajirobe le lanza un pequeño objeto a Gohan, que lo atrapa al vuelo. Al mirarlo, Gohan se sorprende sobremanera.

– “Esto es… ¡una semilla senzu!” – exclama el mestizo.
– “¡La última!” – le dice Yajirobe.

Gohan aprieta con fuerza su puño, sabiendo la importancia que tiene esa semilla y recordando durante un instante la última vez que tuvo una en sus manos.

– “Muchas gracias” – responde el mestizo.
– “¡Espera!” – le dice Karín. – “Yo soy el Duende Karín…” – murmura algo enfadado con Yajirobe – “Se supone que soy yo el que debe dar regalos místicos…” – protesta en voz baja.
– “¿Qué refunfuñas, viejo gato?” – le dice Yajirobe.
– “¡Nada, nada!” – responde Karín. – “Toma esto, Son Gohan” – le dice acercándose y ofreciéndole un pequeño frasco.


Son Gohan lo coge y lo observa con detenimiento.

– “¿Qué es?” – pregunta curioso.
– “Es lo que queda del Agua Ultradivina” – responde Karín. – “Se dice que esta agua despierta el poder oculto de cualquier individuo.”
– “¿Puede hacerme más fuerte?” – pregunta Gohan.
– “Varios luchadores han escalado la Torre en busca de este agua desde que aparecieron los androides. Todos eran maestros en las artes marciales y grandes guerreros.” – responde Karín. – “Y muchos otros lo hicieron antes”.
– “Sólo Son Goku ha sobrevivido a eso” – responde Yajirobe. – “El resto murieron”.

Son Gohan sigue mirando el frasco mientras escucha la historia.

– “No sé qué efecto puede tener en ti, Son Gohan” – continúa Karín. – “Son Goku era un saiyajín puro y resistió sus efectos tóxicos después de una noche de agonía, pero tú eres medio humano. Puede que esta cosa te mate”.

Son Gohan se cuelga el pequeño frasco del cuello.

– “Gracias, Duende Karín.” – responde el mestizo. – “Será mi último recurso.”

Yajirobe mira a Son Gohan sorprendido ante su decisión.

– “Tan temerario como su padre” – afirma sonriendo el viejo amigo de Goku.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 22: Corazón de metal

OMG // Capítulo 22: Corazón de metal

Videl y el resto del pelotón respiran aliviados por la llegada de los refuerzos.

– “¡El mensaje llegó!” – celebra Erasa.
– “¡Eres un hacha, Erasa!” – la felicita Shapner.
El Ejército Real hace retroceder al ejército de Pilaf, que ahora se ve superado en número.
El Número 8 mira de reojo a Videl mientras retiene el puño de la “Super Pilaf Machine”.

– “¿Estáis bien?” – pregunta el robot.
Videl asiente.

– “Muchas gracias, Hatchan” – le dice Videl con una sonrisa cómplice.
El robot sonríe enternecido, pues no es la primera vez que le llaman de esa forma.
Pilaf contempla asombrado como el gigantón ha detenido el puñetazo de su Pilaf Machine.

– “Pero, ¿quién es este tipo?” – titubea Shu.
– “¡No importa!” – exclama Pilaf. – “¡Nadie detiene la Super Pilaf Machine!”
Pilaf zarandea las palancas de su tablero de comandos.

– “¡Le aplastaremos!” – exclama furioso.
El gigantesco robot intenta levantar el brazo, pero el Número 8 lo mantiene sujeto.

– “¿Qué ocurre?” – se pregunta Pilaf. – “¡Mai! ¿Qué está pasando?”
Mai aporrea su tablero de comandos y la Pilaf Machine intenta sacudir su brazo para liberarse del agarre del Número 8.

– “¡Ese tipo nos tiene agarrados!” – exclama la mujer.
– “¡Shu! ¡Fríele!” – grita Pilaf.
– “¡No puedo!” – responde Shu. – “¡Ese niñato de antes ha inutilizado el lanzallamas!”
– “¡Maldita sea!” – se lamenta Pilaf.
El Número 8 aprieta con fuerza el puño de la Pilaf Machine hasta clavar sus dedos en él y tira con fuerza arrancándole el brazo al robot y rompiendo el engranaje que lo unía al torso.

– “Que… que fuerza tan extraordinaria…” – titubea Mai.
– “No veía a nadie tan fuerte desde S…” – dice Shu.
– “¡Silencio!” – le interrumpe Pilaf. – “¡No digas ese nombre!”
El Número 8 levanta el brazo del robot como si fuera un bate de béisbol.

– “¡Nunca os metáis con mis amigos!” – exclama antes de aporrear a la Pilaf Machine con su propia extremidad.
El golpe derriba al robot y deja toda la maquinaria del lateral de su torso al descubierto. 
El Número 8 suelta el brazo del robot, que ha quedado destrozado por el impacto.
En el otro lado del mundo, Gohan corre hacia la Torre de Karin, preocupado por lo que ha visto en el palacio de Uranai Baba, pero contento por haberse reencontrado con su padre.

– “No voy a fallarte, papá” – piensa el mestizo. – “Voy a acabar con esto, te lo prometo.”
En las montañas, Suno se acerca a Videl.

– “¿Llegamos tarde?” – le dice la Coronel Red guiñándole el ojo.
– “Justo a tiempo” – responde sonriente la Sargento.
El ejército de Pilaf se bate en retirada.

– “Hemos ganado esta batalla” – dice Shapner.
Los soldados cargan el sarcófago en una de las camionetas del Ejército Real.
La Pilaf Machine intenta levantarse.

– “¡Esto no ha terminado!” – grita Pilaf, incapaz de aceptar la derrota.
De repente, una voz femenina interrumpe la batalla.

– “¿Qué te parece, Número 17? ¡Se están divirtiendo sin nosotros!” – dice esa voz, que resulta claramente familiar.
Los soldados de ambos ejércitos se quedan petrificados al escuchar esa voz. Algunos buscan su origen, mientras otros se quedan inmóviles con miedo a confirmar sus temores.
Sobre una espigada roca del desfiladero, los gemelos observan la trifulca.

– “¿Es que ya no les gusta jugar con nosotros?” – dice el Número 17 con una aterradora sonrisa.
Videl y el resto tiemblan al ver los androides.

– “¡Retirada hacia la Muscle Tower!” – ordena Videl.
A los soldados les cuesta reaccionar. Les tiemblan las piernas.
Videl, al ver que Suno tampoco responde, la agarra por la pechera.

– “¡Reacciona!” – grita la Sargento. – “¡Llevad el sarcófago a la Muscle Tower! ¡Ahora!”
La Coronel Red sale de su trance.

– “¡De acuerdo!” – dice la Coronel. – “¡Vamos! ¡Pelotón Delta, proteged el sarcófago! ¡Aseguraos de que llega íntegro a casa!”
– “¡Sí, señora!” – responde el pelotón, que termina de preparar la camioneta con el sarcófago.
– “¡El resto de pelotones seguid las órdenes de la Sargento Violet!” – ordena la Coronel.
Videl mira a Suno algo sorprendida de que la Coronel le delegue el mando.

– “Vosotros os habéis enfrentado a ellos antes y seguís vivos” – le dice Suno. – “Confío en tu experiencia”.
– “La última vez contábamos con toda la fuerza de nuestro ejército y con Son Gohan…” – responde Videl preocupada, mientras una gota de sudor resbala por su frente.
La Coronel se sorprende al escuchar el nombre “Son” después de tanto tiempo.

– “Son…” – murmura desconcertada, intentando atar cabos.
La Sargento toma aire y suspira profundamente, intentando calmar su mente y concentrarse.

– “¡Erasa, ve con el pelotón Delta!” – le dice a su amiga. 
– “Sí, Sargento” – responde la analista.
– “¡Ikose, tu también!” – le ordena al joven soldado.
– “¡Yo quiero pelear!” – responde valiente Ikose.
– “¡Ya llegará tu momento, pero no es este!” – responde Videl.
– “Pero…” – insiste el soldado.
– “¡Protege a Erasa y el sarcófago!” – le interrumpe Shapner. – “¡De esto nos encargaremos nosotros!”
El joven soldado acepta resignado y se dirige junto a Erasa hacia la camioneta del pelotón Delta, que ya está preparada, y parten hacia la Muscle Tower.
El Número 17 y la Número 18 disparan a discreción hacia los soldados, sin discriminar entre el Ejército Real y los hombres de Pilaf.

– “¡Son los androides!” – exclama Mai.
– “¡Hay que escapar!” – añade Shu.
– “¡Activad la formación…!” – grita Pilaf, pero es interrumpido por una explosión que acaba destrozando una pierna de la Pilaf Machine. – “¡Maldición!” – grita desesperado.
Videl observa su alrededor, analizando los operativos con los que cuenta.

– “Maldita sea…” – murmura la Sargento. – “No tenemos armamento pesado”.
– “Aún tengo esto” – dice Shapner mostrándole el cañón de energía que le dio Erasa.
– “No será suficiente…” – responde Videl, que sigue examinando su entorno.
La Sargento se fija en la Pilaf Machine, donde siguen atrapados Pilaf, Mai y Shu.

– “¡Fuego a discreción sobre los androides!” – exclama Videl. – “¡Mantenedles ocupados!”
– “¡Vosotros!” – les dice Shapner a un grupo de hombres de Pilaf. – “¡Si queréis salir de esta con vida, será mejor que colaboréis con nosotros!”
Los hombres de Pilaf entienden que no tienen otra opción y tras un instante de duda disparan a los androides.
La Sargento y Suno corren hacia la Super Pilaf Machine.

– “¡Esta puerta no se abre!” – grita Shu.
– “¡Ah!” – se sobresalta Pilaf al ver a Videl frente a su luneta.
– “¿Esta cosa tiene armamento disponible?” – le pregunta la Sargento a Pilaf.
El Número 8 mira a los androides con cierta tristeza. Se siente cercano a ellos, pero a la vez los ve muy distintos. Él nunca sería capaz de causar el daño que ellos han infringido a los humanos.

– “¡Hatchan!” – le llama Videl. – “¡Te necesitamos!”
Shapner apunta al Número 17 y le dispara con el cañón de energía, haciendo que el androide retroceda al recibir el impacto por sorpresa.

– “Cada vez tienen juguetes más divertidos” – ríe la Número 18.
El 17 se repone del ataque y apunta a con su mano a Shapner, dispuesto a matarle.
Hatchan, siguiendo las indicaciones de Videl, atraviesa la armadura del brazo derecho de la Pilaf Machine y arranca su sistema de lanzacohetes, lo carga sobre su hombro y apunta al Número 17.

– “¡Fuego!” – exclama la Sargento.
Decenas de misiles se dirigen hacia los androides, que activan sus barreras en el último instante.
Al disiparse la humareda, los androides se fijan en Videl.

– “Otra vez esa chica…” – murmura el 17. 
– “Siempre incordiando” – añade la 18.
Ambos androides descienden, desafiando a la Sargento con la mirada, y empiezan a caminar hacia ella. 
El Número 8 se interpone entre Videl y los androides.

– “¿Quién eres tu?” – le pregunta el 17.
– “No dejaré que hagáis daño a mis nuevos amigos” – responde el Número 8.
Suno corre hacia el robot.

– “¡No!” – exclama. – “¡No puedes enfrentarte a ellos, Número 8!”
– “¿Número 8?” – se sorprende la androide 18.
– “¿Eres un robot de la Red Ribbon?” – le pregunta el 17 algo confuso.
– “Soy el androide Número 8” – responde Hatchan. – “Un robot creado por la Red Ribbon y el Doctor Gero.”
– “Qué interesante…” – dice la Número 18.
– “Vamos a hacerte una oferta.” – responde el Número 17. – “Eres un modelo obsoleto, pero supongo que en cierto modo eres nuestro hermano mayor…” – dice el androide. – “Únete a nosotros y te dejaremos vivir”.
– “No puedo hacer eso” – responde Hatchan. – “Sois gente mala. A mí no me gusta luchar, pero lo hago para proteger a mis amigos… tal y como me enseñó Son Goku”.
– “Son Goku…” – murmura el 17. – “Vayamos donde vayamos, siempre alguien nos recuerda ese nombre.”
– “¡Son Goku está muerto!” – exclama la 18.
Hatchan sonríe y da un paso al frente.

– “Mientras la Tierra siga luchando, Son Goku seguirá vivo” – responde el robot.
Lejos de allí, Son Gohan ya puede divisar la Torre de Karin en el horizonte.

– “¡Ya la veo!” – exclama. – “¡Ya casi he llegado!”
Mientras tanto, la camioneta con el sarcófago se acerca a la Muscle Tower.

– “¡Que preparen el laboratorio!” – ordena Erasa. – “Espero que ese científico sea tan bueno como promete el General Silver”
El número 17 sonríe con desprecio ante las palabras del Número 8.

– “Entonces morirás con ellos” – murmura el 17.
Los gemelos se abalanzan sobre el Número 8 pero, en el último instante, Videl se interpone entre ellos y Hatchan.

– “¡Cerrad los ojos!” – exclama mientras se pone ambas manos extendidas delante de la cara. – “¡TAIYO-KEN!”
Una luz cegadora inunda el terreno de combate, pillando desprevenidos a los androides.
En la Muslce Tower, Erasa y los demás ya han llegado al hangar principal y los soldados descargan el enorme féretro.

– “¡Al laboratorio!” – exclama Erasa. – “¡Vamos! ¡Rápido!”
En la puerta del laboratorio, varios científicos esperan impacientes la llegada del sarcófago.

– “¿Quién está al mando?” – pregunta la analista de datos.
– “Ese soy yo” – responde uno de los científicos. – “Para servirle, señorita” – añade besándole la mano.
El científico es un hombre de cabello moreno, corto y revuelto, que ya peina canas; baja estatura, algo rechoncho y con un tímido bigote.

– “Me llamo Senbei Norimaki” – dice el científico.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 21: Guerra en dos frentes

OLD MAN GOHAN // Capítulo 21: Guerra en dos frentes
Uranai Baba interrumpe el abrazo de los dos saiyajín.
– “Al saber que venías, fui a buscar a Son Goku al Más Allá.” – dice sonriente la bruja.
Son Gohan parece ilusionado.

– “¡Ahora que estás aquí podremos derrotar a los androides!” – exclama el mestizo.
– “Lo siento, Son Gohan, pero eso no es posible” – dice Baba.
– “¿Cómo dice?” – le pregunta extrañado Gohan.
– “El permiso de Goku es sólo para visita.” – responde la bruja. – “No puede intervenir en los asuntos de la Tierra.”
– “¿Pero como es eso posible?” – exclama Gohan enfadado.
– “Es cierto, Gohan” – responde Goku. – “El Rey Enma ha sido claro. Si intervengo, mi alma volverá al Más Allá y perderé los privilegios que me han sido otorgados, como es el de conservar mi cuerpo”.
Gohan agacha la cabeza, triste y decepcionado.

– “Pero no me necesitas, Son Gohan” – añade Goku. – “Tú eres el presente y el futuro de la Tierra”.
– “No soy rival para los androides y Cell” – responde Gohan.
– “Aún no.” – le corrige Goku. – “Pero lo conseguirás. Eres mucho más fuerte de lo que yo jamás fui en vida.”
Uranai Baba se baja de su bola de cristal.

– “¡Pongámonos manos a la obra!” – dice mientras extiende sus manos hacia la esfera. – “Veamos de qué se trata esa nueva amenaza que azota los alrededores de la aldea de los Gilas”
Goku y Gohan observan con atención.

– “Ya-ya-ya-yatta-yatta-ya…” – recita la bruja.
En ese instante, la bola de cristal empieza a brillar con fuerza. En su interior no puede verse más que oscuridad.

– “Mmmm…” – murmura la bruja. – “Qué extraño…”
– “¿Qué ocurre?” – susurra Gohan.
Unas voces se oyen a través de la bola.

– “¡Sois unos inútiles!” – grita una voz chirriante. – “¡Así nunca conseguiremos despertarle! ¡Necesitamos más energía!”
– “Lo siento, señor, hacemos lo que podemos.” – responde otra voz. – “Este planeta está asolado. Es difícil encontrar habitantes con una fuerza significativa…”
– “¡Silencio!” – grita la primera voz. – “Noto una extraña presencia…”
Uranai Baba retrocede atemorizada.

– “No puede ser…” – titubea Baba. – “No pueden saber que estamos…”
– “¡Alguien nos observa!” – grita esa chirriante voz. 
En la bola de cristal aparece un ojo verde saltón, con los párpados de color ocre amarillo.

– “¡Largo de mi nave!” – exclama esa voz. – “¡PAPARAPÁ!”
De repente, unos rayos de color rosado rodean la bola de cristal. Baba retrocede asustada ante la mirada sorprendida de Gohan y Goku. 
Finalmente, la bola de cristal se parte en dos de forma violenta y ambas partes caen al suelo.

– “¿Qué ha sido eso?” – pregunta Goku.
Uranai Baba cae de rodillas.

– “Una magia muy superior a la mía” – responde Baba sorprendida e inquieta por lo sucedido.
En las montañas rocosas, los ejércitos han dejado de disparar. Todos siguen tras sus coberturas esperando que el enemigo de un paso en falso.

– “Parece que pasaremos un tiempo aquí…” – suspira Ikose.
– “Me es imposible contactar directamente con la Muscle Tower” – se lamenta Erasa. – “He conseguido mandar un mensaje por un canal antiguo, pero no sé si lo recibirán”.
La paciencia de Pilaf parece estar agotándose.

– “¡Shu! ¡Mai!” – llama a sus subordinados. – “¡Que traigan la “Super Pilaf Machine”! ¡Nos encargaremos nosotros personalmente!”
– “¡Sí, señor Pilaf!” – responden a la vez.
Un soldado de su ejército trae una caja rectangular y plana y la abre frente a sus tres superiores, ofreciéndoles las tres cápsulas que hay en su interior.
Cada uno de coge una y la activa, generando tres robots. El primero es de color azul oscuro con un cuerpo redondo del que salen sus piernas y sus brazos. El segundo es de color rosa con un cuerpo rectangular del que salen sus piernas y unos poderosos brazos terminados en grandes pinzas. Y el tercero es de color verde y de cuerpo redondo, con unas piernas largas y unos brazos cortos terminados en ametralladoras y también tiene una cola larga con un lanzallamas en su extremo.
Videl y el resto oyen el ruido de la activación de las cápsulas y miran por encima de su cobertura.

– “¡Preparaos!” – exclama Shapner. – “¡Van a atacar!”
– “No estamos preparados para esto…” – murmura Videl asustada ante las tres máquinas de combate.
Pilaf, Mai y Shu saltan a bordo de sus robots y se abalanzan contra el Ejército Real.

– “¡Acabemos con esto de una vez!” – exclama Pilaf. – “¡Quiero ese sarcófago!”
El robot de Mai golpea el cobijo tras el que se escondía el equipo Zulú, que se escabulle en el último instante y se dispersa.
El Ejército Real abre fuego contra los robots, pero no logran causarles el menor daño.

– “¡Es inútil!” – grita un soldado aterrorizado. – “¡No podemos luchar contra ellos!”
Erasa introduce un código en su brazalete y éste expende una cápsula por una pequeña ranura. La analista se la lanza rápidamente a Shapner, que la activa, materializándose entonces un lanzacohetes.

– “¡Al suelo!” – advierte Shapner a sus compañeros, mientras apunta al robot rosa, antes de apretar el gatillo.
Un potente rayo de energía impacta contra el robot de Mai, causando daños en su coraza y derribándolo de espaldas.

– “¿Qué demonios es esto?” – dice Shapner, que se esperaba un lanzacohetes corriente.
– “¡Tecnología Red Ribbon!” – le responde Erasa, sonriendo orgullosa.
Mientras tanto, Pilaf y Shu causan estragos entre los soldados del Ejército Real y se acercan al sarcófago. Pilaf aparta a los soldados enemigos a manotazo limpio, mientras Shu los carboniza con su lanzallamas.
Videl se percata del avance de sus enemigos y decide contraatacar.

– “¡Ikose, ven conmigo!” – le dice a su joven subordinado.
En el Palacio de Uranai Baba, Goku, Gohan y la bruja siguen atónitos ante lo ocurrido.

– “No conozco a nadie con un poder así…” – dice la bruja.
– “¿A quién quieren despertar?” – se pregunta Gohan.
– “No hay tiempo que perder” – sentencia Goku. – “Esto me da muy mala espina.”
– “Papá, ¿qué debo hacer?” – le pregunta Gohan, buscando algún tipo de guía.
– “Confía en tu instinto” – le responde Goku. – “Debes triunfar donde yo fracasé”.
– “Tu padre no puede revelarte ningún tipo de información, Son Gohan.” – explica Uranai Baba. – “Son las normas”.

Son Gohan suspira resignado. Una nueva amenaza se avecina y él vuelve a sentirse sobrepasado por la situación. Tiene a su padre frente a él, pero éste no puede guiarle.
El mestizo se saca el cascabel del cinturón y se lo muestra a su padre.

– “Me dirijo a la Atalaya de Kamisama” – dice Gohan. – “Creo que encontraré respuestas allí.”
Son Goku sonríe satisfecho, como si intentara darle alguna pista a su hijo. 

– “Te deseo mucha suerte, hijo” – dice Goku.
– “Creo que debes irte, Son Gohan” – les interrumpe Baba. – “Tu no tienes tiempo que perder y yo tengo que informar a mis superiores de lo ocurrido”.
Son Gohan asiente y vuelve a abrazar a su padre.

– “Confío en ti, Son Gohan” – le reconforta Goku.
El mestizo se separa de su padre y se seca las lágrimas con su muñequera.

– “Te prometo que devolveré la paz a la Tierra.” – dice Gohan, que por primera vez parece seguro de sí mismo. – “Díselo a todos. Diles que siento lo ocurrido, pero que ya no voy a huir. Nunca más.”
Son Goku se siente orgulloso de su hijo.

– “Ahora ya no volveremos a vernos hasta que cruces al Más Allá” – dice Goku. – “Siento mucho no haber estado ahí para verte crecer” – se lamenta.
– “Siempre has estado ahí” – responde Gohan. – “Piccolo, Krilín, Vegeta… Mamá decía que había un poco de ti en cada uno de ellos.”
Uranai Baba escucha con los ojos llorosos.

– “Tenemos que irnos, Goku” – le apresura la bruja.
– “Está bien” – dice Goku.
Goku se dirige de nuevo a su hijo.

– “El Más Allá me espera.” – dice Goku. – “No es tan malo como parece, ¿sabes? Supongo que, en un mundo tan terrible como el de ahora, sería reconfortante saber que hay algo más allá de lo que conocemos”.
Gohan se percata de algo extraño en las palabras de su padre. ¿A qué viene ese transcendental comentario? ¿Intenta decirle algo?
Son Goku levanta su mano para despedirse de Gohan.

– “¡Hasta que nos volvamos a ver!” – exclama con una sonrisa.
– “Gracias, papá.” – murmura Gohan, mientras le dice adiós.
En las montañas rocosas, Videl ha agarrado un cilindro de hierro, posiblemente desprendido de una tanqueta destruida.

– “¡Distrae al piernas-largas!” – le ordena la Sargento a Ikose.
El soldado dispara al robot, que enseguida se vuelve hacia él.
Videl corre hacia la máquina por la espalda, pero Pilaf se da cuenta e interviene, lanzándola contra la pared del desfiladero.

– “¡Videl!” – grita preocupado Shapner.
– “¡Proteged a la Sargento!” – ordena Erasa a los soldados.
Todos intentan detener el avance de Pilaf y Shu.
Ikose se percata de que el cilindro de metal se ha quedado en el suelo, corre hacia él y lo agarra.

– “Yo me encargo” – murmura el chico.
El joven soldado corre hacia el piernas-largas y se lanza sobre él, agarrando su cola. Shu se nota que tiene a alguien enganchado detrás y empieza a zarandear al soldado violentamente.

– “¡No voy a fallar!” – murmura Ikose mientras lucha por no caer. 
Finalmente, el soldado consigue clavar el cilindro en la embocadura del lanzallamas de Shu antes de soltarse y salir despedido contra unas rocas.
La cola del robot empieza a sobrecalentarse y crecer de tamaño. Una alarma suena dentro de la cabina del robot.

– “¡¿Qué está pasando?!” – exclama Shu, que ve como la temperatura del robot empieza a subir de forma descontrolada.
Finalmente, la cola del robot estalla en mil pedazos.
Pilaf, Shu y Mai tienen más problemas de los esperados con el Ejército Real.

– “¡Maldita sea!” – grita furioso Pilaf. – “¡Unámonos!”
El robot verde esconde sus brazos, mientras el robot rosa esconde sus piernas y se coloca sobre el verde, y finalmente, el azul oculta todas sus extremidades y se sitúa encima del rosa. Juntos forman un gigantesco robot.

– “¡Jajajaja!” – ríe maléficamente Pilaf. – “¿Qué os parece ahora nuestro poder?”
Videl se reincorpora algo dolorida.

– “Que el Pelotón Delta se dirija a la base con el sarcófago” – ordena la Sargento. – “El resto intentaremos ganar tiempo hasta que lleguen refuerzos”.
La Sargento se prepara para abrir fuego contra la “Pilaf Machine”.

– “¡Esa chica es un incordio!” – exclama Pilaf, antes de hacer que el robot le de un puñetazo.
El puño de la “Super Pilaf Machine” se acerca rápidamente hacia Videl, que no puede defenderse ante la fuerza de la máquina.
Pero en el ultimo instante, alguien se ha interpuesto entre la Sargento y el gigantesco puño. El Número 8 ha detenido el golpe con ambas manos.

– “¡No dejaré que hagáis daño a mis nuevos amigos!” – dice el gigantesco hombretón con mirada seria.
Un nuevo pelotón, dirigido por la mismísima Coronel Red, acaba de llegar al lugar de la batalla.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 20: ¿Una nueva amenaza?

OMG // Capítulo 20: ¿Una nueva amenaza?
Son Gohan le ha contado a Bacterian todo lo sucedido recientemente. 

– “Necesitamos llegar a la Tierra Sagrada de Karin” – le dice Gohan al pirata.
– “Si de verdad eres el Guerrero Dorado, no dejaré que el futuro de la Tierra pese sobre mis hombros” – responde Bacterian. – “Te llevaremos hasta la Tierra Sagrada.”
Son Gohan se siente aliviado.
En ese instante, Gohan divisa a lo lejos una torre de humo en la costa.

– “¿Qué ha ocurrido allí?” – se pregunta Gohan.
Bacterian y Punta contemplan la humareda.

– “¿No está en esa dirección la aldea de los Gilas?” – dice Bacterian.
– “¿Los Guerreros Dinosaurio?” – dice Punta. – “¿Qué estarán tramando ahora?”
Son Gohan escucha a los piratas y sigue mirando al horizonte.

– “Hay algo extraño…” – murmura el mestizo. – “¿Serán los androides?” – piensa.
– “¿Algo extraño?” – dice Bacterian.
– “Esos Dinosaurios siempre están armando alboroto” – dice Punta. 
– “Creo que he notado una presencia” – dice Gohan. – “¿Será Cell?” – piensa.
Los piratas se miran sin comprender al mestizo, ya que ellos no entienden a qué se refiere Gohan, pues no pueden sentir el ki.

– “Voy a echar un vistazo” – dice el mestizo. – “Continuaré hacia la Tierra Sagrada a pie”.
– “¿A pie?” – se sorprende Punta. – “¡Está muy lejos!” 
– “Necesito saber qué ha ocurrido en esa aldea.” – sentencia Gohan.
El mestizo se acerca a Punta y Bacterian y estrecha la mano de ambos.

– “Muchas gracias por todo” – dice Gohan. – “Espero volver a veros”.
– “Estamos contigo, Guerrero Dorado” – le responde Punta.
El mestizo coge aire con la máscara puesta y se la quita antes de lanzarse al mar para nadar hacia la costa.

– “¿Crees que tiene alguna oportunidad de derrotar a los androides?” – le pregunta Punta a Bacterian.
– “Si alguien puede hacerlo, es alguien con el nombre Son” – sonríe Bacterian.
En el Norte, el Pelotón Zulú avanza en un convoy junto a varias patrullas de la Muscle Tower hacia las montañas rocosas, donde el Pelotón Delta se comunicó por última vez.
Gohan ha llegado a la costa y se acerca al origen del humo, que efectivamente, es la aldea de los Gilas.
La aldea se encuentra destrozada, con signos de lucha y cadáveres dispersos por todas partes.

– “¿Han sido los androides?” – se pregunta Gohan.
Al acercarse a uno de los cadáveres para examinarlo, el mestizo se percata de que tiene la marca de un aguijón en el costado izquierdo.

– “¿Qué es esto?” – se sorprende Gohan. – “¿Ha sido Cell?”
Gohan se palpa la cicatriz de su hombro que le dejó el aguijón de la criatura.

– “No parece lo mismo…” – murmura. – “Cell absorbe materia orgánica y energía por igual, pero en el caso del Gilas parece que los bordes de sus heridas están intactos…”
Tras examinar los cuerpos, Gohan se percata de que varios presentan esa herida punzante.

– “No sé que ha atacado esta villa, pero parece que los ha matado absorbiendo su energía.” – reflexiona el mestizo. – “¿Es que hay otra creación de la Red Ribbon suelta? Esto se pone cada vez peor. Los androides ya son el menor de nuestros problemas. ¡Maldita sea! ¡Necesito respuestas!”
Al levantar su mirada, Gohan ve un enorme cartel publicitario cerca de la carretera con el siguiente reclamo: “¡Soy la hermosa Uranai Baba! ¿Qué quieres saber?”. Una imagen muy retocada de la bruja mirando su bola de cristal adorna el letrero.

– “¡Uranai Baba!” – exclama Gohan emocionado al ver el rótulo. – “¡Eso es!”
Mientras tanto, el convoy Real se acerca al pie de las montañas.
Dentro de la tanqueta en la que viaja el Pelotón Zulú, se oyen interferencias extrañas por radio. 

– “¿Nos… cibe.. guien?” – escuchan por radio.
– “Recibimos algo” – anuncia el soldado encargado de las comunicaciones.
– “Déjame a mí” – dice Erasa, que conecta la radio a su brazalete. – “Filtraré la señal”.
– “Somos el Pelotón Delta. ¿Nos recibe alguien?” – se escucha ahora claramente por el altavoz del brazalete.
– “Aquí el Equipo de Rescate” – responde Erasa. – “¿Estáis bien? ¿Cuál es vuestra posición?”
– “Nos tendieron una emboscada en el desfiladero” – dice el soldado por radio.
– “¿Bandidos?” – pregunta Erasa.
– “Estaban muy organizados. Eran fuerzas profesionales entrenadas.” – responde el soldado.
Videl y los demás escuchan con atención.

– “¿Un ejército?” – se pregunta la Sargento.
Erasa continúa hablando con el soldado.

– “Está bien. Llegaremos enseguida. Dadnos vuestra posición y permaneced alerta” – dice la analista.
Son Gohan ya corre raudo hacia el palacio de Uranai Baba.

– “Me estoy retrasando demasiado…” – piensa Gohan mientras corre lo más rápido posible sin alertar a Cell. – “Espero que los demás se encuentren bien.”
El Equipo de Rescate avanza por un desfiladero entre las montañas cuando empieza a oír explosiones cercanas a ellos.
Erasa se apresura a contactar por radio con el Pelotón Delta.

– “¿Me recibís? ¿Qué está pasando? Hemos oído explosiones.” – dice la analista.
– “¡Nos están atacando! ¡Nos han encontrado!” – dice el soldado por radio.
De repente, algo impacta cerca de la tanqueta del Pelotón Zulú.

– “¡Nos atacan!” – grita un soldado.
Videl y el resto salen del vehículo y se ponen a cubierto mientras las ametralladoras de la tanqueta ofrecen fuego de cobertura.
Las colinas que rodean el desfiladero están repletas de soldados con uniformes de color azul marino oscuro, en los que destaca un emblema de fondo blanco y letras rojas: “Chaofan” (Arroz Frito).
En la cima de la colina más alta, un pequeño y anciano ser azulado contempla el campo de batalla.

– “¡Quiero lo que sea que hayan robado esos soldados!” – les grita a sus tropas.
Una mujer de mediana edad se encuentra a su lado.

– “¡Ya habéis oído al comandante Pilaf!” – grita la mujer.
Un pequeño hombre-zorro se acerca a ellos.

– “¡Parece que han llegado sus refuerzos!” – dice el zorro. – “¿Qué hacemos?”
Videl identifica a Pilaf y recarga su arma.

– “¿Qué hace Pilaf tan lejos de su castillo?” – se pregunta la Sargento.
Erasa mira el radar de su brazalete. 

– “¡Nos superan en número!” – exclama alarmada.
Shapner ve que el Pelotón Delta esta cerca y está siendo acorralado por los hombres de Pilaf.

– “¡Hay que llegar hasta el Pelotón Delta y asegurar ese sarcófago!” – ordena a sus hombres.
– “¡Son demasiados!” – grita Ikose. 
El ejército de Pilaf sigue disparando a discreción. Las balas sobrevuelan a nuestros compañeros, que están atrapados tras sus coberturas.
Mientras tanto, Son Gohan ha llegado al palacio de Uranai Baba y un pequeño fantasma rosado con un sombrero de paja le da la bienvenida.

– “Uranai Baba te estaba esperando” – dice el fantasma.
– “Así que este es su palacio…” – murmura Gohan impresionado.
Son Gohan es guiado por los pasadizos hasta el edificio principal, donde le recibe la bruja flotando sentada sobre su bola de cristal. El fantasma les deja solos.

– “¡Son Gohan! ¡Cuánto tiempo!” – se alegra la Baba.
– “¡Me alegro de que esté bien!” – responde Gohan.
– “Ya sé lo que te trae por aquí” – dice la bruja. – “Así que pongámonos a ello cuanto antes”.
El semblante de Gohan se vuelve serio enseguida.

– “Siento mucho lo del Maestro Roshi” – se lamenta Gohan. – “Fue culpa mía”.
– “No. No lo fue.” – responde Baba.
Son Gohan mira a la bruja extrañado.

– “Mi hermano sabía lo que ocurriría si iba a rescatarte a Orange City.” – le responde la bruja. – “Fue su decisión. Debes respetar eso.”
El mestizo agacha el cabeza avergonzado.

– “Te esperan grandes cosas, Son Gohan” – le dice Uranai Baba. – “No hace falta una bola de cristal para saber eso. Eres hijo de Son Goku y alumno de Piccolo Daimaoh. Has aprendido artes marciales de los mejores.”
– “Y aún así no puedo hacer nada…” – dice Gohan desanimado.
– “Vegeta, Ten Shin Han, Krilín, Yamcha, Chaoz, Bulma, Trunks, Roshi, Lunch… Una parte de ellos te acompaña en tu viaje.” – dice la vieja bruja. – “Tienes que aprender a vivir con eso. Tu sentimiento de culpa es lo que te impide avanzar.”
– “Soy responsable de sus muertes.” – responde Gohan.
– “No hay manera” – suspira Baba resignada. – “El niño es muy tozudo. Se parece a ti” – dice mirando a un oscuro portal en un lateral de la habitación.
De repente, se oyen unos pasos que se acercan por ese portal.
Son Gohan contempla incrédulo como una figura se define en la oscuridad.

– “Hola, hijo” – dice un sonriente Son Goku con una aureola sobre su cabeza.
– “¿Papá?” – titubea Gohan mientras sus ojos se llenan de lágrimas. – “¡Papá!” 
El mestizo corre hacia su padre y le abraza con fuerza.
Son Goku abraza a su hijo y le consuela mientras el mestizo llora.
Uranai Baba se enternece ante tal escena. 
Son Gohan, el Guerrero Dorado, parece sólo un niño. Su fachada de tipo duro y despiadado ha caído por completo al ver a su padre después de tantos años.

– “Lo siento, Son Gohan” – dice Goku. – “Siento mucho no haber estado ahí”.
– “No he estado a la altura, papá.” – responde Gohan llorando. – “Lo siento mucho.”
– “Lo has hecho bien.” – le reconforta su padre. – “Estoy orgulloso de ti”.