OLD MAN GOHAN // Capítulo 37: Los Kaioshin

OMG // Capítulo 37: Los Kaioshin
La Resistencia se reagrupa en el Castillo de Pilaf. Videl, Shapner e Ikose se han reunido con los misteriosos recién llegados. Tao Pai Pai ha sido atado y permanece inconsciente sentado en el suelo de la habitación. Un dispositivo PEM minúsculo ha sido insertado en la base de su cráneo para inhabilitar sus mejoras cibernéticas e impedir su movimiento en caso de que despierte.

– “¿Qué haremos ahora?” – se preocupa Ikose. – “Sin Pilaf…”
– “Seguiremos adelante” – responde Shapner. – “Videl asumirá el mando.”
– “Shapner… yo…” – titubea Videl.
– “Eres la persona más preparada, Comandante” – responde Shapner con una sonrisa, intentando transmitir confianza a su amiga. – “La gente confía en ti”.
– “Si creéis que es lo mejor para la Resistencia, lo haré” – asiente Videl. – “Pero será difícil que la gente recupere la esperanza en la causa. Pilaf era un gran líder al que muchos idolatraban.”
– “Sin Pilaf, Mai y Shu, esto se complica” – suspira Ikose.
– “Sin duda” – añade Shapner. – “El Rey Chappa confiaba en Pilaf. Es posible que esto dificulte las relaciones entre ambos territorios.”
– “Seguimos teniendo el mismo enemigo” – responde Videl. – “Tendrá que colaborar si quiere derrotar al Imperio Plateado”.
Shin escucha atentamente a los tres militares.

– “No quiero desanimaros…” – interviene el extraño ser. – “Pero vuestro principal problema no es ese Imperio Plateado.”
– “Un poderoso mago lleva años intentando despertar al monstruo que su padre creó” – añade Kibito.
– “¿Un mago?” – se pregunta Shapner.
– “¿Un monstruo?” – titubea Ikose.
– “El mago necesita una enorme cantidad de energía para poder despertar a su criatura” – explica Shin. – “Por suerte, la fuerza de los humanos es ínfima y la población ha sido muy mermada, así que no puede conseguirlo fácilmente.”
Videl se acerca a Shin y le mira atentamente intentando asimilar lo que está escuchando y la identidad de ese ser.

– “¿De verdad sois Dioses?” – le pregunta la nueva Comandante.
– “Soy el Kaioshin del Este” – responde Shin. – “Un Dios por encima de Kamisama, de los Kaios y del Gran Kaio. Él es mi ayudante: Kibito.”
– “¿Y no podéis deshaceros del mago?” – pregunta Shapner.
– “Su paradero es desconocido” – responde Shin.
– “El poder oscuro que temía Son Gohan…” – murmura Videl.
Kibito mira a Videl al escuchar ese nombre.

– “El Guerrero Dorado…” – murmura el ayudante del Kaioshin.
– “¡¿Conocéis a Gohan?!” – exclama la Comandante, sorprendida y emocionada por la posibilidad de tener noticias suyas.
– “Conocemos su historia” – responde Shin. – “Hemos estado investigando; buscando guerreros que pudieran ayudarnos en esta empresa”.
– “Pero su corazón y su mente han sido nublados por la duda y el miedo” – interviene Kibito. – “No puede enfrentarse a Babidí.”
– “Pero… ¿sabéis dónde está?” – pregunta Videl con los ojos vidriosos.
Shin, que puede sentir todas las emociones de Videl y oír sus pensamientos, sonríe de forma tierna.

– “Lo siento” – responde el Kaioshin. – “No lo sé.”
Kibito mira extrañado a Shin.
De repente, Tao Pai Pai parece despertarse lentamente de su sueño.

– “Estúpido…” – murmura el asesino. – “Estúpido Kaioshin…”
Shin y Kibito se sorprenden de que Tao Pai Pai les reconozca.

– “¿Crees que puedes detenerme?” – sonríe Tao Pai Pai.
– “Babidí…” – murmura Shin.
– “Majin Bu despertará pronto” – continúa el asesino. – “¡Y acabaré lo que mi padre empezó!”
– “Te detendremos, Babidí” – responde Kibito. – “El mal nunca triunfará”.
– “Idiotas” – responde tajante el asesino. – “Los humanos son fácilmente corruptibles…”
De repente, el asesino se fija en Videl.

– “Tú…” – sonríe Tao. – “Te reconozco… Estás en su mente…”
– “¿De qué estás hablando?” – se extraña Videl.
– “Él piensa mucho en ti y eso le hace débil…” – continúa el asesino.
Kibito da un paso al frente y alza su mano hacia Tao Pai Pai.

– “Suficiente” – dice el ayudante del Kaioshin.
– “¡NO!” – exclama Videl, que intenta apartar el brazo de Kibito. – “¡ESPERA!”
Kibito se detiene un instante y Tao Pai Pai sonríe.

– “¿Quieres saber dónde se encuentra?” – pregunta el asesino.
– “¡Dime dónde está!” – exclama Videl.
– “¡JAJAJA!” – ríe el enemigo.
Pero de repente, Kibito dispara al asesino y le desintegra.

– “¡NOOO!” – grita Videl.
La Comandante se abalanza sobre Kibito y le agarra por la solapa.

– “¡Él sabía dónde estaba Son Gohan!” – llora furiosa Videl. – “¡BASTARDO!”
Kibito agarra a la Comandante por el cuello y la levanta del suelo, clavando la mirada en sus ojos. Shapner e Ikose desenfundan rápidamente sus armas y apuntan al ayudante del Kaioshin.
En ese instante, el hijo de Videl entra en la habitación apresuradamente, pues ha estado escuchando toda la conversación a través de la puerta.

– “¡Suelta a mi madre!” – grita el chico.
Shin mira detenidamente al joven y sonríe.

– “Suficiente, Kibito” – dice el Kaioshin. – “Ellos no son nuestros enemigos”.
Kibito suelta a Videl, que cae al suelo. Gyuma corre a socorrerla, mientras Shapner e Ikose bajan sus armas lentamente.

– “Nuestro trabajo aquí ha terminado” – dice Shin. – “Ya hemos recopilado toda la información que necesitábamos.”
Kibito se acerca a Shin y pone la mano en su espalda.

– “Disculpad las molestias” – sonríe el Dios. – “¡Hasta otra!” – se despide antes de que ambos desaparezcan.
Videl, que ya ha recuperado el aliento, se levanta con ayuda de su hijo.

– “¿Estás bien?” – le pregunta Shapner.
– “Tenemos que encontrar a Gohan” – responde la Comandante.
En el Castillo Imperial, Silver ya conoce el resultado de la misión de Tao Pai Pai y se comunica con sus generales mediante un holograma.

– “Sin Pilaf son más débiles” – murmura el Comandante.
– “Pero Videl y Shapner han sobrevivido” – dice Killa. – “Ellos tomarán el mando”.
– “¡Es el momento de atacar!” – dice Ranfan. – “¡Hay que aprovechar su momento de confusión!”
– “Tienes razón.” – dice Silver. – “Tú y Killa atacaréis por ambos frentes. ¡Les aplastaremos como cucarachas!”
Mientras tanto, nuestros amigos se han reunido para debatir sus opciones y reflexionar sobre lo sucedido.

– “¡Gohan sigue vivo!” – insiste Videl. – “¡Le necesitamos!”
– “Shin ha dicho que no puede enfrentarse a ese mago…” – murmura Shapner.
– “¿Y te fías de él?” – pregunta la Comandante.
– “No podemos dejar a nuestra gente desprotegida mientras buscamos a Gohan” – responde Ikose.
– “Esta gente confía en nosotros” – dice Shapner. – “No podemos fallarles”.
– “Pero no podemos ganar sin él” – insiste Videl.
– “Eres la Comandante” – responde Shapner. – “Esta gente confía en ti para que les protejas”.
– “¡Yo iré!” – interrumpe Gyuma. – “¡Yo iré a buscar al Guerrero Dorado!”
Todos se sorprenden al escuchar al joven soldado.

– “Pero…” – dice Videl.
– “Si estás convencida de que le necesitamos para ganar la guerra y derrotar a ese brujo, yo iré a buscarle” – insiste el chico.
– “No puedes ir sólo” – responde Shapner. – “Es una locura. ¡Ni siquiera sabemos donde está!”
– “Lo he visto” – interrumpe Videl.
– “¿Cómo dices?” – se extraña Shapner.
– “He visto dónde está” – responde la Comandante. – “Por un instante, cuando Kibito ha matado al asesino, he visto una imagen en mi mente”.
– “Videl…” – murmura preocupado Ikose.
– “He visto la Tierra Sagrada de Karín” – dice Videl.
– “Es una trampa” – dice Shapner. – “Lo sabes, ¿verdad?”
– “Por supuesto” – responde la Comandante. – “Pero es todo lo que tenemos.”
– “¿Y mandarás a tu hijo allí?” – le pregunta Shapner.
En ese momento, un soldado interrumpe la reunión.

– “¡Un nuevo mensaje de Killa!” – exclama el soldado. – “¡Se acercan tropas enemigas por ambos frentes!”
Las alarmas suenan por todo el castillo y sus alrededores. Nuestros amigos se movilizan y se preparan para acometer la batalla.

– “¡No tenemos efectivos suficientes para hacer frente a dos ejércitos!” – exclama Shapner alarmado.
– “¡Retrocederemos hacia el Sur!” – dice Videl. – “¡Hacia el mar!”
– “¡¿Hacia el mar?!” – se extraña Ikose. – “¡Eso nos deja sin ruta de escape! ¡No podemos evacuar a todo el mundo!”
Videl, pese a no estar segura, intenta forzar una sonrisa para dar tranquilidad a sus compañeros mientras una gota de sudor recorre su sien.

– “Enviad una señal de auxilio al Rey Chappa” – dice la Comandante.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 36: Golpe a la Resistencia

OMG // Capítulo 36: Golpe a la Resistencia
Videl, Shapner, Ikose, Pilaf, Mai y Shu se reúnen para leer el mensaje cifrado de Killa.

– “Killa dice que debemos estar atentos.” – dice Videl. – “Silver tiene algo planeado para esta misma noche”.
– “¿Y si es una trampa?” – pregunta Shu.
– “Confío en Killa” – responde la Comandante. – “Su información siempre ha sido precisa y luchó a nuestro lado en Orange City.”
– “No ha habido ningún altercado en los alrededores del castillo…” – dice Mai. – “Nuestros hombres ya deberían haber visto algo…”
De repente, un gran estruendo suena en el exterior, como si se derrumbara parte del castillo.

– “¡¿Qué ha sido eso?!” – exclama Ikose.
– “¿Nos atacan?” – se pregunta Pilaf.
Shapner corre hacia la ventana, pero no avista nada extraño en los alrededores. Al mirar hacia abajo, ve un enorme pilar clavado en la pared del castillo.

– “¿Pero qué diablos…?” – se pregunta Shapner.
En ese instante, el techo se derrumba y aparece un extraño ser mitad humano y mitad robot, vestido con una túnica rosa y luciendo una larga coleta negra. El misterioso individuo se coloca rápidamente detrás de Pilaf y le atraviesa con una gran cuchilla que sale de su brazo izquierdo.

– “¡Pilaf!” – exclama Mai.
– “¡Maldito!” – grita Shu, que desenfunda su arma y dispara al asesino.
El individuo detiene todas las balas disparadas por el pequeño zorro para después dejarlas caer al suelo de una en una.

– “¡Ganaremos tiempo!” – exclama Mai, que también dispara el asesino. – “¡Salid de aquí!”
Videl se pone en guardia, pero Shapner la agarra del brazo y tira de ella hacia la salida.

– “¡NO!” – exclama Videl. – “¡No podemos dejarles aquí!”
– “¡La resistencia te necesita!” – insiste Ikose, que dispara al asesino mientras retrocede junto a Videl y Shapner.
El asesino alza su mano derecha, que revela un cañón, y apunta a Shu y Mai.

– “¡¡DODONPA!!” – exclama el ciborg, disparando un potente ataque de ki que causa una gran explosión y abre un enorme boquete en la pared del castillo.
El trío de amigos corre por los pasillos del castillo cuando encuentran al hijo de Videl, que se dirigía preocupado hacia el lugar de la explosión.

– “¡¿Qué ha pasado?!” – pregunta el chico.
– “¡El Imperio ha enviado a un asesino!” – exclama Ikose.
– “¡No es momento de explicaciones!” – les apremia Shapner.
Videl agarra a su hijo del brazo y tira de él para que les siga.

– “¡Vámonos!” – dice la General.
– “¿Y los demás?” – pregunta el joven soldado.
– “¡No podemos enfrentarnos a alguien como él!” – insiste Shapner.
Al salir del castillo y dar unos cuantos pasos, el asesino, con sus manos en la espalda, cae del cielo y les corta el paso.

– “¿Va a alguna parte, Sargento Violet?” – se burla el ciborg.
Videl, Shapner e Ikose se colocan frente al joven para protegerle.

– “Atrás” – le dice Shapner al chico.
– “Podemos hacerlo…” – murmura Ikose.
– “¿Estáis listos?” – les pregunta Videl.
El asesino sonríe despreocupado.

– “¡Taiyo-ken!” – exclama Videl emitiendo un fuerte destello.
– “Pero, ¿cómo…?” – se extraña el asesino.
Shapner e Ikose flanquean al enemigo y rápidamente se abalanzan sobre él, pero el asesino les repele con un codazo a Ikose y una patada en el abdomen a Shapner, que caen noqueados.

– “¿Pretendes sorprenderme con una de mis técnicas?” – sonríe el enemigo.
– “¿Tu… tu técnica?” – titubea Videl.
– “No sé dónde la has aprendido, pero te felicito.” – continúa el asesino. – “Si no fuera por mis ojos mejorados habría caído en la trampa”.
Videl se pone en guardia dispuesta a enfrentarse a su rival.

– “Mamá…” – dice preocupado el chico.
– “¡Aléjate!” – exclama ella. – “¡Huye!”
El joven no sabe qué hacer y permanece inmóvil a causa del miedo.
Videl concentra su ki en su mano derecha y se abalanza sobre el asesino, que le esquiva fácilmente con un salto lateral.
El puñetazo de Videl se estrella contra el suelo creando un pequeño cráter de poco más de un metro de diámetro.

– “¡Impresionante!” – se burla el enemigo.
Videl vuelve a arremeter contra el asesino, que vuelve a esquivarla una y otra vez.

– “Parece que tu nivel está muy por encima del de tu padre” – sonríe el asesino.
– “¡No te atrevas a hablar de él!” – grita Videl.
Finalmente, el enemigo detiene un puñetazo de la General y tira de ella hasta quedarse a escasos centímetros de su cara.

– “Matarle ni siquiera fue divertido” – le confiesa el asesino.
Videl se queda petrificada al enterarse de que está frente al hombre que asesinó a su padre.
El enemigo golpea a Videl y ella cae de espaldas y se desliza varios metros sobre el árido suelo.
La General no se rinde y se pone en pie de nuevo.

– “Orgullosa…” – se burla el asesino mientras prepara la cuchilla en su antebrazo.
– “Eres un asesino…” – murmura Videl enfadada.
– “Ese es mi trabajo” – responde sonriendo. – “Esto no es nada personal. No me importa el Imperio, ni la Resistencia. Pero unos pagan mejor que otros.”
Shapner intenta ponerse en pie. Ikose sigue inconsciente.

– “Huye… Videl…” – intenta advertirla el ahora General.
– “No voy a huir de alguien como tú” – dice la General. – “No te tengo ningún miedo”.
El asesino alza su cuchilla y se prepara para atacar.

– “Mejor” – responde sonriente. – “Eso me evita tener que perseguirte.”
El ciborg avanza hacia Videl rápidamente con la cuchilla por delante, dispuesto a atravesar el corazón de la General.
En el último instante, alguien se interpone entre ambos y golpea la cuchilla cruzando ambas manos, partiéndola en múltiples trozos. 
El asesino y el salvador de Videl quedan a varios centímetros el uno del otro y sus miradas se cruzan. 
El enemigo retrocede sorprendido.

– “Esos ojos…” – murmura el ciborg. – “Los he visto antes…”
El hijo de Videl ha salvado a su madre.
Shapner y Videl se sorprenden de la fuerza y velocidad demostrados por el chico.

– “Gyuma…” – murmura la madre.
El chico muestra una mirada seria y enfocada nunca vista antes en él, pero al instante parece salir del trance y recupera su carácter inocente habitual.

– “¿Crees que puedes retarme, chico?” – dice el asesino furioso.
El pánico se apodera del joven, que vuelve a quedarse petrificado por el miedo.
El asesino, enfadado y frustrado, apunta con su cañón al chico.

– “¡DODONPA!” – grita el ciborg.
Un poderoso y concentrado ataque de ki viaja a gran velocidad hacia el muchacho pero, de repente, alguien se interpone entre él y el ataque, desviándolo hacia el cielo.
Un extraño ser de tez violeta, orejas puntiagudas y pelo blanco en formando una cresta y vestido con un extraño ropaje de color azulado, ha aparecido de la nada y ha repelido el ataque con un ligero golpe con el dorso de su mano.

– “¿Qué?” – murmura el asesino confundido. – “¿Quién demonios eres tú?”
– “Deberías hablarle con más respeto” – dice una voz profunda a la espalda del ciborg. – “Estás ante un Dios”.
El asesino se da la vuelta y ve a un gran hombre de piel rosada y pelo largo, lacio y blanco, con semblante serio y aspecto anciano, con una ropa similar a la del pequeño ser, pero de color granate.
El ciborg retrocede nervioso y apunta a ese extraño hombre.

– “Tranquilo, Tao Pai Pai” – dice el pequeño de los dos.
– “¿Quiénes son estos?” – se pregunta el asesino en silencio. – “Esto empieza a complicarse más de lo esperado…”
– “Mi compañero ya te ha respondido a esa pregunta” – le dice el ser de tez violeta.
Videl se coloca delante de su hijo en actitud protectora y el extraño ser se percata.

– “No temas, Videl” – dice el pequeño ser. – “No pretendemos haceros daño”.
Tao Pai Pai, aterrorizado al presenciar las capacidades psíquicas y físicas de esos dos extraños seres, decide que su mejor opción es escapar, y de su antebrazo libera una cápsula que se convierte en una bomba de humo, que detona al tocar el suelo.

– “¡Va a huir!” – exclama Shapner.
El humo envuelve a todos los presentes ante la pasividad de los dos recién llegados.
Al disiparse la humareda, nuestros amigos pueden ver en el horizonte a Tao Pai Pai, que se aleja corriendo.

– “Todo tuyo, Kibito” – dice el pequeño de los seres.
El grandullón desaparece un instante y reaparece cargando con Tao Pai Pai bajo su brazo derecho, que se encuentra inconsciente.

– “Pero, ¿qué diablos…?” – murmura Shapner.
El pequeño sonríe de forma simpática y se acerca a Videl, que retrocede recelosa, y le ofrece su mano.

– “Siento no haberme presentado todavía” – dice el ser violeta. – “Me llamo Shin”.

OLD MAN GOHAN // Capítulo 35: Imperio Plateado

OMG // Capítulo 35: Imperio Plateado
Han transcurrido quince años desde que el General Silver dio un golpe de estado y se proclamó Comandante del Ejército Real, ahora convertido en Ejército Imperial.
La Tierra vive un periodo confuso, marcado por la reconstrucción de las ciudades y de la sociedad, pero bajo el control del gobierno autoritario militar del Comandante Silver y el Imperio Plateado, que ha establecido su base principal en la Capital Central tras reconstruir el viejo Palacio Real.
Los soldados patrullan las ciudades sin cesar y abusan de su autoridad impunemente. La opinión pública está dividida, pues gran parte de la sociedad apoya al Imperio por su labor en la recuperación de la Tierra, pero otros lo detestan por su régimen autoritario y vil.
Las revueltas son acalladas con violencia por el Imperio y las ejecuciones de ciudadanos catalogados de traidores están a la orden del día.
La gente que se opone al régimen totalitario del Imperio Plateado intenta organizarse de forma precaria para apoyarse entre ellos. Las ciudades están bajo el mando absoluto del Imperio y los núcleos de resistencia se reducen a un pequeño grupo de aldeas aisladas y ocultas a los ojos del Imperio como villas agrícolas o ganaderas. 
Sólo dos territorios siguen rechazando al Ejército Imperial y mantienen su soberanía: Isla Papaya, comandada por el viejo Rey Chappa, y el territorio comandado por un anciano Pilaf, que ha conseguido repeler al Ejército Imperial en múltiples ocasiones y proteger su viejo castillo.
En una aldea cercana al Castillo de Pilaf, en mitad de la noche, un pelotón de soldados asalta una pequeña villa para intentar arrebatársela a Pilaf.

– “¡Fuego a discreción!” – ordena un soldado. – “¡No dejéis supervivientes!”
Los soldados disparan a todos los aldeanos; hombres, mujeres y niños.

– “¡Por el Ejército Imperial!” – exclama el Sargento del pelotón.
De repente, alguien ataca a los soldados y abate a varios antes de que comprendan lo que está sucediendo.
Los supervivientes empiezan a sentir miedo y disparan a cualquier ruido que oyen.

– “¡¿Quién nos ataca?!” – exclama uno.
– “¡Muéstrate, cobarde!” – grita otro mientras dispara a la nada.
Sobre el tejado de una casa, un guerrero vestido con un gi naranja similar al de la escuela Kame observa de brazos cruzados a los soldados. El guerrero lleva un casco con un visor oscuro.

– “¿Ese es…?” – titubea uno.
– “¡El Guerrero Dorado!” – exclama otro antes de arrojar el arma y echar a correr.
Muchos soldados huyen despavoridos campo a través, mientras unos pocos apuntan al guerrero, pero este emite un fuerte destello que les ciega.
En unos instantes, el guerrero noquea a todos los presentes y termina con el asalto.

– “¡Gracias!” – exclama un aldeano agradecido. – “¡Nos has salvado!”
Unos soldados de la Resistencia llegan a la aldea.

– “Ocupaos de los prisioneros” – dice el misterioso guerrero.
– “¡Sí, General!” – exclama un soldado.
El guerrero se quita el casco y revela que es una mujer morena de pelo corto y con ojos azules.

– “Cada vez atacan con más frecuencia…” – murmura la mujer.
Un General rubio de ojos azules se acerca a la mujer y la reconforta.

– “Tranquila, Videl” – dice Shapner. – “Seguiremos resistiendo”.
– “Yo no soy el Guerrero Dorado” – responde Videl. – “No podemos ganar esta guerra sin él”.
– “Han pasado quince años…” – dice Shapner.
– “Sigue ahí fuera” – responde la General. – “Puedo sentirlo”.
En es momento, la radio les interrumpe.

– “¡Videl! ¡Shapner!” – dice una voz por la radio. – “¿Estáis ahí?”
Videl responde rápidamente.

– “¡Adelante, Ikose!” – responde la General. – “¿Qué ocurre?”
– “El Comandante Pilaf quiere hablar con vosotros” – explica Ikose. – “Han llegado noticias de Isla Papaya.”
– “Entendido. Estaremos de vuelta en el castillo en menos de una hora” – responde Videl.
En el antiguo Palacio Real, ahora Palacio Imperial, el Comandante Silver, sentado en el trono, planea su próximo paso acompañado de sus seis hombres de confianza, cada uno encargado de un territorio.

– “General Pamput, ¿cuál es la situación en el archipiélago Sur?” – pregunta Silver.
– “Los piratas siguen protegiendo el reino del Rey Chappa, señor” – responde el Coronel. – “Han rechazado todos nuestros ataques hasta el momento”.
– “General Caroni, ¿y nuestros hombres en la Tierra Sagrada de Karín?” – pregunta el Comandante.
– “La tribu indígena sigue resistiendo, señor” – responde el General tímidamente.
– “Caroni…” – murmura Silver decepcionado. – “Me han llegado informes de que los soldados se niegan a avanzar hacia el Sur…”
– “Tienen miedo, señor” – responde Caroni. – “Las aldeas que encontramos están repletas de cadáveres. Algo está atacando esa zona… ¡y cada vez está más cerca de nuestra base!”
– “No quiero oír más excusas…” – dice mientras desenfunda su revolver. – “No admito fracasos” – sentencia antes de apretar el gatillo y disparar al General en la cabeza.
El cuerpo sin vida de Caroni cae al suelo. Varios soldados irrumpen en la sala de mando alarmados por el disparo.

– “Que Piroshki tome el mando de esa zona” – dice Silver. – “Recoged el cuerpo y aseguraos de que sus hombres lo vean. Quiero que sirva como mensaje”.
– “¡Sí, señor!” – exclaman los soldados, que se apresuran en cumplir las órdenes.
– “Generales Ranfan y Killa…” – suspira Silver intentando recuperar la calma. – “Vosotros siempre me dais buenas noticias…”
– “La Capital del Oeste sigue bajo control, señor.” – responde orgullosa Ranfan.
– “Sin novedades en Orange City, Comandante” – responde Killa.
– “Bien… ¿Y el Norte y el Este, Generales Van Zant y Kirano?” – pregunta Silver.
– “Hemos acallado las revueltas en las aldeas cercanas, señor” – responde Kirano. – “Todo está bajo control.”
– “He mandado un mensaje claro a esos rebeldes…” – sonríe Van Zant de forma macabra. – “No volverán a molestarnos en un tiempo”.
– “No era necesario, General” – le responde Killa. – “Su manera de tratar estos asuntos crea desconfianza entre la población y aumenta nuestro número de enemigos”.
– “Ocúpate de tu territorio y no te entrometas, Killa” – responde Van Zant.
– “Su método funciona” – interrumpe Silver. – “Es todo lo que pido.”
– “¡Esa forma de actuar hace que la Resistencia y Pilaf tengan más seguidores!” – exclama Killa.
– “¡Pues acaba de una vez con ellos!” – grita Van Zant poniéndose en pie. – “¿O es que no quieres?”
– “¡¿Como osas insinuar tal cosa?!” – se levanta Killa.
– “¡Basta!” – les interrumpe Silver. – “¡Llevamos quince años luchando contra esa chusma! Ha llegado el momento de terminar con ellos de una vez.”
– “¿Qué sugiere, Comandante?” – pregunta Killa mientras vuelve a tomar asiento.
– “Ya me he encargado de todo” – responde Silver. – “Esta noche, el viejo enano morirá”.
En el Castillo de Pilaf, el viejo soberano, Shu, Mai, Videl y Shapner se encuentran reunidos.

– “¿Qué deberíamos hacer?” – pregunta Pilaf. – “La situación es cada vez peor”.
– “No podemos rendirnos” – responde Videl. – “¡El pueblo nos necesita!”.
– “Lo sabemos” – responde Shu. – “Pero el Imperio es cada vez más fuerte y nuestros recursos son cada vez más limitados.”
– “Karín y Papaya siguen resistiendo” – responde Shapner. – “Llevamos años hablando de recuperar la Capital del Oeste… ¡Puede que haya llegado el momento de coordinar un ataque conjunto y recuperar la ciudad!”
– “Eso nos haría vulnerables en los demás frentes” – responde Mai.
– “Debemos aguantar…” – dice Videl. – “Al menos hasta que vuelva…”
– “¡Quince años, Videl!” – exclama Shapner. – “¡No podemos seguir esperando!”
La General se sorprende de que Shapner le hable así.

– “Pero…” – titubea Videl.
– “No sé que le habrá pasado.” – continúa Shapner en un tono más sosegado. – “No sé si sigue con vida, si le han capturado o si no le importamos… Pero no va a volver”.
Videl, triste y enfadada, abandona la reunión en silencio.

– “Lo siento…” – intenta disculparse Shapner.
– “Déjame sola” – le responde Videl, que dirigiéndose a su habitación.
En la soledad de su dormitorio, Videl relee entre lágrimas una vez más la carta de Gohan, como ha hecho tantas noches.
“Querida Videl,

Siento mucho tener que marcharme de esta forma. 

Una nueva amenaza se cierne sobre la Tierra. Temo que el planeta corra un peligro mayor que el de las creaciones del Doctor Gero. Los poderes de nuestro enemigo son algo incomprensible incluso para mí.

Siento que una gran oscuridad me acecha desde que me enfrenté a Cell y temo por lo que pueda ocurrirte a ti y a los demás si me quedo con vosotros. 

Será mejor separarnos por el momento.

Gracias por sacarme del abismo y darme la luz que necesitaba. 

Nos veremos pronto. Cuídate mucho.

Siempre tuyo, 

Son Gohan.”
De repente, Videl escucha que alguien se acerca a su puerta apresuradamente.
Ella se sobresalta y enseguida se seca las lágrimas y esconde la carta.
Un chico joven abre la puerta sin llamar.

– “¡Ha llegado un mensaje cifrado del Coronel Killa!” – exclama el chico de pelo moreno y corto con ojos oscuros y mirada inocente.
Al ver a Videl con los ojos vidriosos, el chico se acerca a la General preocupado.

– “¿Va todo bien, mamá?” – le pregunta el joven soldado.

OLD MAN GOHAN // Epílogo: Un nuevo mundo

OMG // Epílogo: Un nuevo mundo
Videl se encuentra en su habitación, sentada en su cama, llorando y sosteniendo en su mano la carta que le ha dejado Gohan.
Shapner entra en la habitación y Videl se apresura a secarse las lágrimas, avergonzada de que su compañero la vea en esa situación.

– “Quiere protegerte” – le dice el teniente. – “Quiere protegernos a todos”.
Videl, triste y enfadada, estruja la carta en su mano.

– “No tiene que hacerlo” – responde la Sargento.
– “Si después de librarnos de Cell y de los androides, Gohan sigue preocupado, es porque teme que algo aún más peligroso se avecina” – insiste Shapner. – “Cuando lo haya solucionado volverá”.
– “Déjame sola” – le interrumpe Videl. – “Necesito pensar”.
– “Sabes que puedes contar conmigo e Ikose para lo que necesites, ¿verdad?” – le recuerda el teniente.
– “Gracias” – responde Videl.
Shapner abandona la habitación y Videl se acuesta en su cama, intentando poner en orden sus pensamientos.
Tras unos minutos de reflexión, Videl se levanta de un salto.
Al final del día, la noche cae en la base del Ejército Real y la Sargento, cargando una mochila con los recursos necesarios, se escabulle entre los pasillos de la base.
Cuando consigue llegar a la puerta del hangar, Satán la espera, interponiéndose entre ella y la puerta de salida.

– “Me voy, papá” – dice Videl.
– “La gente te necesita” – le dice Satán. – “Yo ya estoy viejo y tu podrías liderar el proceso de reconstrucción de la Tierra”.
– “He pasado demasiado tiempo luchando por la gente” – responde Videl.
– “Sabes que Silver no va a tomárselo bien, ¿verdad?” – le dice el General. – “Es posible que intente perseguirte por desertar”.
– “Que lo intente” – responde Videl decidida.
Satán sonríe y suspira.

– “Cada día me recuerdas más a tu madre” – dice Satán.
Videl se sorprende al escuchar a su padre hablar de su madre, pues no es algo habitual en él.
Satán camina hasta Videl y la agarra del brazo firmemente, pero con cariño.

– “¿Estás segura?” – le pregunta el General.
– “Completamente.” – responde Videl.
El General abraza a su hija y no puede evitar llorar, demostrando una mezcla de orgullo y tristeza.

– “Pues ve con él” – responde Satán. – “Búscale y tráele de vuelta”.
Videl, al escuchar la bendición de su padre, también llora emocionada.

– “Gracias, papá” – responde Videl.
La Sargento se aleja de la base, pero después de caminar un centenar de metros se detiene de repente.

– “Se os da muy mal esto de pasar desapercibidos” – sonríe Videl.
Ikose y Shapner salen de detrás de un arbusto cercano.

– “Pensaba que éramos un equipo” – le dice Shapner.
– “Se te ha olvidado avisarnos… – añade Ikose de forma irónica.
– “No puedo pediros que me acompañéis” – responde Videl. – “Desertar es un delito”.
– “Vaya” – suspira Ikose. – “Una pena que no lo supiéramos antes de abandonar la base… Ahora ya no podemos regresar”.
– “Chicos…” – sonríe Videl, emocionada al ver que sus amigos la apoyan.
– “Son Gohan nos dijo que quería ir al Monte Paoz antes de emprender su viaje” – dice el teniente. – “Con suerte, podremos encontrarle allí”.
– “Si queremos alcanzarle tendremos que darnos prisa. Nos lleva un día de ventaja” – dice Videl.
Shapner saca de su cinturón tres viejas cápsulas y las activa, materializando al momento tres motocicletas de una sola rueda.

– “Parece que nosotros hemos venido más preparados” – sonríe burlón el teniente.
En el despacho del Rey, una decena de hombres derriban la puerta y asaltan a Su Majestad.

– “¡¿Quiénes sois?!” – grita sorprendido. – “¿¡Qué estáis haciendo?!”
Una vez logran sujetarle, Silver entra en el despacho.

– “Arrodilladle” – dice el General.
– “¡General Silver!” – exclama el Rey. – “¡¿Qué está pasando?!”
– “¿Usted qué cree?” – se mofa Silver mientras coloca el cañón de su pistola en la frente del Su Majestad.
– “¡Esto es traición!” – grita el Rey.
– “Ha llegado el momento de construir un nuevo mundo” – le dice Silver. – “Y para eso, el viejo debe morir”.
En la Corporación Cápsula, varios de los soldados que montan guardia disparan a sus compañeros.
En el laboratorio, Norimaki y Erasa, que trabajaban analizando los datos recopilados de la Red Ribbon y los del ordenador de Bulma, se sobresaltan al escuchar los disparos.

– “¿Qué está pasando?” – exclama Norimaki.
Erasa desenfunda su pistola.

– “¡Póngase detrás de mí!” – le dice al Doctor, mientras los soldados irrumpen en el laboratorio.

En el Monte Paoz, Son Gohan ha colocado una gran piedra para simbolizar la tumba de su abuelo al lado de la de su madre.

– “Lo siento mucho, abuelo” – dice Gohan, arrodillado frente al improvisado altar. – “Gracias por salvar a Videl. Espero que nos veamos en el Más Allá”.
Son Gohan se pone en pie y clava un hacha de su abuelo en la piedra.

– “Descansa en paz” – dice mientras hace una reverencia de forma marcial.
De repente, Gohan nota una presencia a su alrededor.

– “Al fin te muestras” – dice desafiante.
En el tejado de la vieja caseta del abuelo Gohan, un ser de tez rosa y aspecto demoníaco, con un traje azul y una gran capa blanca observa al mestizo.
Un fuerte estruendo alarma a Videl y a los demás, que viajan a toda velocidad hacia el Monte Paoz.

– “¿Qué ocurre?” – se extraña Shapner.
– “¡Algo pasa!” – exclama Videl. – “¡Démonos prisa!” – añade mientras acelera al máximo.
En menos de una hora, la Sargento y sus amigos llegan al Monte Paoz, donde encuentran el lugar destrozado.

– “¿Qué diablos ha pasado aquí?” – se pregunta Ikose.
La casa de la familia Son y la caseta del abuelo están destrozadas y la roca de la tumba está partida en dos.

– “¿Y Gohan? ¿Dónde está Gohan?” – se desespera Videl, intentando encontrar algún indicio de su paradero, pero sin éxito.